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ARQ (Santiago)

versión On-line ISSN 0717-6996

ARQ (Santiago)  no.105 Santiago ago. 2020

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-69962020000200012 

Diálogos

Fernando Castillo Velasco: una arquitectura de resistencia

Fernando Castillo Velasco

Francisco Díaz1 

Hugo Bertolotto2 

1 Profesor asistente, Pontificia Universidad Católica de Chile, Santiago, Chile.

2 Arquitecto, Pontificia Universidad Católica de Chile, Santiago, Chile.

Resumen:

Desde la política, la profesión o la universidad, el arquitecto chileno Fernando Castillo Velasco (FCV) resistió las convenciones y desafió cualquier clasificación posible. Pero más allá de lo evidente, se puede argumentar que la propia idea de enclaves autónomos que se protegen del entorno, resistiendo por medio de la solidaridad - que FCV exploró en diversos formatos -, es en sí misma una arquitectura de resistencia.

Palabras clave: resistencia; construcción; comunidad; política; entrevista

No es muy habitual que un arquitecto destaque en tantas facetas distintas de la profesión. En sus 94 años de vida (1918-2013) Fernando Castillo Velasco demostró que esto no era imposible. Socio de la oficina Bresciani Valdés Castillo Huidobro (BVCH) entre 1947 y 1966; alcalde de la comuna de La Reina en tres períodos (1966-1967, 1992-1993 y 1996-2004); rector democráticamente elegido de la Universidad Católica entre 1967 y 1973 (primer rector laico en la historia de la universidad); activo opositor a la dictadura, tanto desde el exilio (1974-1978) como luego de su retorno a Chile; intendente de la Región Metropolitana (1994) y cofundador de la Universidad ARCIS.

En esta trayectoria - que permanentemente resistió la especialización - hay quizás sólo una cosa que Castillo Velasco nunca dejó de ser: un referente moral. Esta condición no sólo se reflejó en que sus colegas lo galardonaran con el Premio Nacional de Arquitectura en 1983, sino también en el respeto que hasta el día de hoy le tienen sus pares en la academia y en la política.

Pero más allá de ser una persona que logró resistir las etiquetas, Castillo Velasco también proyectó arquitecturas de resistencia. La lógica de enclaves autónomos que se protegen del entorno para resistir por medio de la solidaridad colectiva es visible no sólo en las comunida-des que desarrolló a partir de los años setenta, sino tam-bién en proyectos como la Villa La Reina (1966) (Figura 1), el Conjunto Andalucía (1992) (Figura 2) o, incluso, en el sistema de departamentos que implementó durante su período como rector de la Universidad Católica.

Fuente: En viaje no. 399, 1967.

Figura 1 Villa La Reina, Santiago, 1967. 

Fuente: © Humberto Eliash

Figura 2 Villa Andalucía, Santiago, 1991-1994. 

La siguiente entrevista, realizada el jueves 15 de julio del 2010 por Francisco Díaz y Hugo Bertolotto en su casa a un costado de la Quinta Michita en La Reina, recorre la carrera de este destacado arquitecto con un énfasis en preguntas referidas a esa lógica de enclaves que, sin embargo, Castillo Velasco hábilmente resiste1.

Fuente: © Hugo Bertolotto, 2010.

Figura 3 Fernando Castillo Velasco 

FD, HB: El Plan Regulador Intercomunal de Santiago (PRIS) de 1960, de Juan Honold y Pastor Correa, trabajaba con la idea de ‘ciudad-sistema’ planteando el crecimiento urbano en base a núcleos autónomos y autosustentables conectados por infraestructuras. Esos principios coinciden con muchos de los temas que se plantean en la Villa Portales que proyectaron en BVCH entre 1954 y 1966. ¿Ustedes tenían conocimiento de estas ideas? ¿O esos temas estaban en el aire?

FCV: No. Nosotros teníamos una gran influencia de Le Corbusier en esa época. Con respecto a la trama, yo he estado yendo mucho a la Unidad Vecinal Portales este último tiempo - porque están transformándola - y me doy cuenta de que hoy no la haría así. Pero en ese entonces nos planteamos una cuestión absolutamente subjetiva en un sentido, pero bien objetiva en otro. Pensamos que debíamos respetar la trama urbana, pero respetarla de una manera en que cumpliéramos con las consignas de nuestra arquitectura y urbanismo. Entonces, la cuadra se manifiesta en la longitud del edificio y la separación del edificio se manifiesta también en la cuadra. O sea, nosotros pensábamos que, al ir de un edificio al otro, la gente debía sentirlo como una cuadra y que la longitud del edificio era otra cuadra. Entonces, eso era como la trama urbana de Santiago, que nosotros decíamos «la respetamos». Ahora, los dos edificios que son más altos es porque, en ese entonces, uno parado ahí miraba la cordillera de una forma impresionante. Pensamos que Santiago tenía su límite poniente ahí y por tanto había que atajar el espacio con obras de arquitectura.

FD, HB: ¿Entonces ustedes pensaron este edificio dentro de la cuadrícula de Santiago, no dentro de este nuevo esquema de núcleos autónomos?

FCV: Dentro del Santiago urbano. Y pensamos otra cosa: que la arquitectura debía darse desde la vegetación que había ahí, porque había unas avenidas de encinas. Los edificios de cinco pisos son las encinas, las casas que están en primer y segundo piso son los árboles frutales que también estaban ahí. Estos eran de gran contención espacial para el gran valle de Santiago.

FD, HB: A mediados de los años sesenta, en diversas partes del mundo aparecen una serie de corrientes participacionistas en el arte, que luego se traspasan a la arquitectura a comienzos de los años setenta. En ese sentido, la Villa La Reina, iniciada en el año 1966, sería pionera en este tipo de participacionismo en arquitectura. ¿Estaba usted informado de esas tendencias artísticas o se trata efectivamente de un anticipo?

FCV: Fíjate que lo hice instintivamente. Cuando llegué de alcalde me encontré con que había un decreto de expulsión de los pobladores que estaban viviendo en sitios eriazos. Estaba ese decreto sobre la mesa y llamé a las organizaciones de los pobladores - que desde la elección presidencial del 1964 estaban politizadas - y les dije: «Yo voy a romper este decreto delante de ustedes, ustedes son vecinos de La Reina igual que cualquier otro, y me comprometo a que busquemos formas de lograr que tengan su casa propia como vecinos de La Reina». Entonces, cuando estaba de profesor de la Escuela de Arquitectura (de la Pontificia Universidad Católica de Chile), hice estudiar un proyecto para ellos en el fundo La Reina. Llevé a las directivas de los pobladores a la escuela a ver los proyectos y a ellos no les gustaron las casas. Entonces, me adelanté y les dije a los estudiantes: «Perdónenme, pero aquí se hace lo que ellos quieren porque ellos van a construir sus casas, así que por favor saquemos estos planos». Y los pobladores se hicieron parte. Fue una cosa muy imprevista. Por ejemplo, en la Villa Portales nosotros debimos haber pedido hablar con los futuros clientes, que eran imponentes de la Caja de Empleados Particulares. Pero no se nos ocurrió. Y en La Reina sí se nos ocurrió, tal vez por la desavenencia que hubo con el proyecto presentado por los alumnos de la escuela.

FD, HB: En 1967, tras las protestas estudiantiles, usted es elegido rector de la Universidad Católica (el primero electo de forma democrática y además el primer laico en alcanzar esa posición). En su período como rector usted instauró el sistema de departamentos, que consiste en comunidades académicas relativamente autorreguladas que producen conocimiento de forma autónoma. ¿De dónde surge esta idea? ¿Qué relación tiene esta idea de ‘comunidad académica’ con lo que sucedía en el Instituto de Arquitectura en Valparaíso? ¿Podemos considerar esta idea como una visión de mundo que luego se traslada a la arquitectura por medio de las comunidades?

FCV: La departamentalización no era un invento nuestro, lo usaban muchas universidades en Estados Unidos. La idea era la intercomunicación, porque en la universidad se crearon las facultades, que salvan los nichos de mayor o menor potencia, conviviendo internamente, pero no tienen ninguna permeabilidad hacia otras ciencias o actividades humanas. Entonces la departamentalización era una trama de distintos departamentos en que el alumno se hacía su propia historia cultural, diciendo «quiero estudiar esto, esto y esto», con un tutor. Eso lo pusimos en práctica cuando todavía no existía el computador, así que armarlo fue un tremendo caos. Yo creo que lo de Valparaíso es bien distinto a lo que postulaba la universidad (Católica de Santiago). La universidad postulaba a su plena y total participación en la cultura del pueblo chileno y su objetivo era mejorar esas virtudes y esa calidad a través de la investigación científica y del quehacer. La idea era formar un profesional sin anteojeras, uno con un gran abanico de posibilidades. No importaba tanto alcanzar un título, sino capacitar a una persona esencialmente culta, pero con la cultura propia. Fui muy intransigente acerca de ‘qué’ iban a estudiar afuera los estudiantes que mandábamos. Tenían que estudiar cómo sacarle partido a lo que ellos hacían allá, pero no para traerlo para acá. En otras palabras, formarse personalmente, pero no para traer las formas de actuar de allá.

FD, HB: Resulta interesante comparar nuevamente esta idea de ‘ciudad sistema’ que estaba en el aire con el PRIS de 1960 y lo que usted instauró con los departamentos en la Universidad Católica: el principio de interconexión entre distintas partes autónomas, muy similar a lo que se había pensado en el PRIS para una ciudad, esta vez trasladado a la escala de una universidad. Se percibe una relación entre ellas. ¿Estaban ustedes conscientes de eso?

FCV: No, no. El mundo estaba yendo para allá. Es curioso cómo ha sufrido un retroceso tan grande. Porque en esos años había desde luego una voluntad colectiva. Chile era un paraíso, ustedes no habían nacido. Bueno, era una euforia colectiva, un optimismo, una esperanza y creo que el presidente Frei hizo los esfuerzos para que esta cosa resultara, pero no le resultó.

FD, HB: Lo que ocurrió con Frei fue que las aspiraciones que incentivó en la gente sobrepasaron lo que era capaz de hacer, ¿no? La gente tuvo tantas expectativas que estaban muy por sobre lo que efectivamente se podía cumplir...

FCV: Claro. Pasó con los estudiantes de mi época, los dirigentes estudiantiles que sobrepasaron a Frei y se fueron, no se conformaron. Al término de su gobierno, un año antes, Frei tuvo que nombrar a un nuevo ministro de Vivienda, porque Juan Hamilton se había ido al Senado, entonces me invitó. Me tomó del brazo, nos paseamos por los corredores de La Moneda y me dijo: «¿Cómo soportas tú esta cosa de los jóvenes?, vente aquí al ministerio y hagamos construcciones». Mi respuesta fue: «Fíjese, presidente, que me satisfago más íntimamente siendo ministro de Vivienda que siendo rector de la universidad», cuestión que era equivocada también. Pero llegué a la universidad y me encontré que estaba el patio lleno de gente, todos gritando que yo no me podía ir. ¿Cómo se supo? Se corrió (la voz) antes de que yo llegara de vuelta. Pero yo le advertí a Frei que tenía que arreglar la cosa con la universidad. Me fascinó mucho la idea de ser ministro de Vivienda, aunque le quedaba poco tiempo. Yo había ayudado bastante a Hamilton - y por eso creo que Hamilton le habló de mí a Frei - en un plan de ahorro y de construcción, que no recuerdo en qué consistía, pero era una casa crece-dora (dinámica) y una transferencia de dinero a la familia según sus etapas, pero quedó en nada ese plan. Bueno, y después me ofreció lo mismo Allende. Yo le acepté también. Él me dijo: «yo quiero un buen arquitecto de ministro de la Vivienda». Y yo le dije: «Sí, presidente, yo le acepto ser ministro de Vivienda, pero creo que no vamos a hacer ninguna casa». Estábamos a sólo dos meses del Golpe... Allende me dijo: «Sí, está bien fregada la situación». Y le respondí: «Esta es una cuestión política; si yo le acepto y me voy al ministerio y mi partido me echa, usted queda con bultos y no sabrá qué hacer conmigo, así que tiene que ser con permiso del partido, tiene que hablar con Patricio Aylwin». «Eso lo consigo, yo hablo por teléfono con Aylwin», me dijo. «No, no es por teléfono la cosa, tiene que ser más de fondo la conversación», le dije yo. Al día siguiente me llama y me dice: «Mire, me está yendo muy bien, así que usted que anda sin corbata, póngase corbata». Al final, se perdió en la votación del consejo en el PDC (Partido Demócrata Cristiano, en el que militaba Castillo Velasco) por seis votos contra ocho, algo así. Ahí Allende me encontró razón, que si no tenía el con-sentimiento del partido hubiese estado sin respaldo.

FD, HB: Según ha comentado en entrevistas anteriores, la oficina BVCH rechazó muchos proyectos por seguir la arquitectura moderna. Pero en una entrevista de 1971 también comenta que sus primeros edificios fueron mucho más deshumanizados debido a la preocupación formal y estilística. Como protagonista de una de las oficinas más activas en los años de la implantación de la arquitectura moderna en Chile, ¿cómo evalúa las preocupaciones arquitectónicas de esa época?

FCV: Yo creo que me refería a la Unidad Vecinal Portales. Era tanto el afán de ser moderno, como un principio, no como un estilo. Porque no lo mirábamos como un estilo, sino que como algo que era propio del arquitecto y lo demás era una traición en un sentido moral: era ilícito pensar en hacer una casa estilo francés o georgian. Así que, cuando nosotros rechazábamos clientes, no fue en BVCH, donde ya teníamos un nivel en el cual no teníamos que rechazar, sino en la primera época cuando parientes o amigos nos decían «hagan una casa estilo francés».

FD, HB: En la misma entrevista de Adriana Valdés (1971), usted comenta que es posible adaptar al presente modelos de la arquitectura chilena tradicional, poniendo como ejemplo la Villa Santa Adela, en Cerrillos. Considerando que la recuperación de la tradición local era un tema tabú en la arquitectura moderna, ¿de dónde surgían esas nuevas problemáticas de adaptación de lo tradicional?

FCV: Lo que pasa es que (esa entrevista) se refiere a una cuestión de plástica arquitectónica, muy distinta a cómo se vive la arquitectura, o sea, pueden convivir ambos puntos. Es decir, yo quiero aceptarme en el pasado y hacer arquitectura moderna, ser intransigente en lo moderno, porque todo evoluciona en la vida. Se pueden implantar ciertas cosas que no son valores en sí, como el techo de teja o los palillos en las ventanas, cosas que le dan características a un estilo. Pero en esa entrevista no me refería a eso, sino, más bien, al sentido de cómo se vive.

FD, HB: Entonces se podría pensar que la arquitectura moderna tenía consigo una forma de vida también, no era sólo una plástica...

FCV: Es que era una plástica... creo que no pensábamos para nada en qué pasaba con la gente. Sufríamos sí, porque cuan-do hacíamos nuestras propias casas, sufríamos el sol.

FD, HB: Desde ese punto de vista ético y humano al que hace referencia, ¿hay alguna autocrítica que usted haga de su obra?

FCV: Creo que en la Unidad Vecinal Portales no tomamos conciencia de la escala de lo que estábamos haciendo. Era imposible meter a doce mil personas en una comunidad de la misma forma que cuando viven diez familias en un proyecto. Entonces, perdimos totalmente esa escala. Lo que soñábamos y que nunca se confirmó era que todo el sistema peatonal que pasa por las terrazas - los techos de las casas y la gran plaza - iba a ser el lugar humanizado de la convivencia. Pero la convivencia no se da a esos niveles de cantidad de gente, siempre se pierde. Nunca me he planteado qué hubiésemos hecho hoy día en la Unidad Vecinal Portales.

FD, HB: Tras finalizar su período en BVCH usted comenzó una carrera en solitario, cuyo punto de inicio puede fijar-se en la Quinta Michita. Este caso no es sólo la primera comunidad, sino que también evidencia otra sensibilidad arquitectónica, que dista bastante de las obras que realizó junto a su antigua oficina. ¿Qué cambió en su manera de proyectar al trabajar en solitario? ¿Cómo se explica esta nueva sensibilidad formal? ¿Cuáles son las principales diferencias que usted ve entre ambas etapas?

FCV: Nosotros en la oficina ya habíamos hecho algunos intentos, habíamos hecho ese conjunto habitacional en Vitacura, la Villa Brasilia. Eso ya era un primer paso en espacios comunes de uso comunitario e integración de las casas en espacios privados de la comunidad. Pero me surgió esta idea de hacer esto aquí, en una propiedad que era esencialmente mía, para convivir con la gente con que estaba trabajando. No tuve otra intención. No pensé en el lucro, ni pensé en otra cosa que no fuera cómo podíamos convivir mejor. Entonces había que tener lugares de reunión donde desarrollar deporte, cultura, distracción. Con todo el grupo que iba a venir a vivir aquí proyectamos eso en las salas del consejo de la universidad y ahí teníamos reuniones sobre la Quinta Michita.

Fuente: © Alejandro Crispiani

Figura 4 Quinta Michita, Santiago, 1973-1974 

FD, HB: Tras el golpe de Estado usted se exilió en Inglaterra. De ese período, en que trabajó como profesor en Cambridge, usted ha comentado sobre el proyecto en Argel y del ‘redescubrimiento’ del ladrillo. En ese momento estaban pasando cosas sumamente interesantes en Inglaterra, como el declive de Archigram, el Concurso del Centro Georges Pompidou en París, la obra de James Stirling, la reforma de la Architectural Association en 1971 y la incorporación de Leon Krier como profesor, por citar algunos ejemplos. ¿Tuvo usted contactos con lo que pasaba en el ambiente inglés de esa época? ¿Tenían desde Cambridge alguna conexión con lo que pasaba afuera?

FCV: Tuvimos conexiones después de que terminamos Argel. Hicimos un estudio del Támesis en relación al Sena y nos juntamos con estudiantes de arquitectura de Francia, de París. Nos intercambiamos para ver las condiciones. Y cosas que se han hecho ahora en Inglaterra, como el aprovechamiento de las dársenas, vinieron de ahí me imagino, no sé si la solución, pero sí el tema de cómo rehabilitar y darle sentido a eso que estaba botado. Entonces, en ese tiempo tuvimos relaciones con el gobierno y el ministerio en Inglaterra y con funcionarios franceses. En el ambiente arquitectónico había mucha armonía con lo que se hacía. Estaba este gran arquitecto, decano que yo tuve, esta eminencia: Leslie Martin. Su visión influyó mucho en mí, en los ingleses y en los estudiantes. También el sueco Ralph Erskine estuvo ahí.

FD, HB: A propósito de eso. En Cambridge usted vivió en Clare Hall, un proyecto de 1968 de Erskine, quien venía desde la década del cuarenta haciendo agrupaciones de viviendas con un gran énfasis en la interacción de individuos y comunidades. ¿Esto influyó en sus proyectos de comunidades cuando volvió a Chile?

FCV: Sí, yo creo que Inglaterra influyó mucho en mí, mucho. Me sentía muy fascinado con lo que hacían, su manera tan sencilla, tan humilde de entrar a concebir una obra. Recuerdo una estudiante que obtuvo una nota máxima con su gran proyecto, donde climatizaba un edificio en Argel a través de las corrientes de aire y pasaba por agua. Cuando llegó al examen final, ella partió diciendo: «A mí me pareció que caminando por la vereda tenía que de alguna manera mostrar en mi caminar que estaba esta obra que yo iba a hacer, así que tenía una grada». Esa forma de pensar: partió por el detalle más mínimo que la había hecho inspirarse para muchas cosas. Valoré mucho eso y lo subjetivo que uno se plantea y crea una obra de arquitectura.

FD, HB: A fines de los años setenta usted regresó a Chile. ¿Qué rol jugaba la política en la arquitectura de ese período?

FCV: Fue el tiempo en que más trabajo tuve, porque todas las comunidades surgieron de la demanda que tenía yo de gente que vivía en el extranjero, que nos pedía poder tener una casa en Chile tras su regreso, y nos mandaban sus ahorros. Cuando me vine de Inglaterra, me vine lleno de dólares para hacer proyectos. Ahí se me ocurrió partir con la comunidad Jesús, que está en La Reina: compré un sitio y compré los fondos de patios a todos los propietarios de la manzana, así junté ahí como seis o siete mil metros cuadrados creo, a precio regalado, porque llegaba a ofrecerle un regalo a la gente y ellos sólo corrían la pandereta. Ellos gozaban con la plata que recibían y yo iba acumulando un suelo importante.

FD, HB: Considerando que usted fue un firme opositor al régimen militar, expresando sus opiniones en la revista Análisis, por ejemplo, ¿cómo entiende el hecho de que sus pares lo hayan reconocido con el Premio Nacional de Arquitectura en 1983?

FCV: Yo pienso que los miembros de directorio del Colegio de Arquitectos también eran opositores. Creo que habrá influido en ellos, más que la calidad del postulante, la cuestión también política de dar una señal de que estábamos vivos.

FD, HB: En las comunidades que usted proyectó y construyó entre los años setenta y ochenta hay tres cosas que es posible ver en casi todos los proyectos y que marcan un sello: la idea misma de ‘comunidad’ (con todas las operaciones programáticas que eso implica), un permanente juego con los zigzag en planta (visible incluso en la Quinta Michita), y un lenguaje formal basado en el ladrillo, elementos como arcos, ventanas en rombo y techos en punta, que se acerca bastante a las ideas posmodernas en arquitectura. ¿Qué puede decirnos respecto a este lenguaje que caracterizó su arquitectura en este período?

FCV: A mí los profesores me saludaban y me hacían así (mueve su brazo en diagonal), como diciendo «todo lo haces en diagonal». Fíjate que si yo tuviera una característica, es que inventé muchas cosas que se usan normal-mente en los marcos de las puertas, incorporado el marco a la parte fija y que el ventanal corra, todas esas cosas las inventé yo. Entonces, me iba amarrando a mí mismo a las cosas que iba repitiendo. Y con el ladrillo me pasó eso: fue un proceso de enriquecimiento junto con los obreros, para que pudieran hacer las cosas que queríamos hacer. Así se creó una especie de cultura nuestra de ‘cómo hacer’, que implicó estar todo el tiempo inventando nuevas formas de poner los ladrillos, jugando, no le vi la trascendencia que le doy ahora. Cuando las miro, las veo y digo: «mira qué curioso, ¿por qué hice esto así? ¿Por qué me preocupé tanto del detalle? ¿Por qué teníamos que dibujar cada muro, en elevación el ladrillo estaba en vertical, en horizontal, después estaba en diagonal...?» Por eso siempre he ido acumulando la idea de que la arquitectura es propia de todo ser humano - constructor por esencia -, pero en el arquitecto se hace más evidente el afán de descubrir, de inventar más que de tener tantos conocimientos. Cuando teníamos proyectos, cerrábamos todos los libros, había que tener la mente limpia para enfrentar el problema que teníamos y no como otras oficinas que yo los veo que llegan con proyectos y están llenos de revistas con todos los ejemplos.

FD, HB: En la Comunidad Andalucía (1994) usted llevó a cabo un proyecto de radicación para 200 familias en pleno centro de Santiago. Ese proyecto fundía la idea de comunidad y participación a una escala mayor, e incluso se adelanta en 15 años la vivienda social dinámica que después haría Elemental en Iquique. ¿Por qué cree que ese proyecto no tuvo la repercusión que tuvieron otros casos posteriores de vivienda social dinámica?

FCV: Fíjate que lo encuentro lo más injusto que hay. Desde luego es un ejemplo, pero en la obra Andalucía (Figura 2) vinieron arquitectos españoles que estuvieron conmigo varios meses, trabajó la oficina de Eduardo San Martín y Pedro Gastón Pascal, así que yo nunca he hecho las cosas solo. Creo que la casa en Algarrobo puede ser la única cosa que he hecho solo. Así que no hablen de mí como el único protagonista. En general, creo que en las obras que hicimos en la oficina nos repartíamos la dirección según quien había ganado el concurso, lo que era relativo también porque los cuatro nos metíamos en todo a fondo. En el caso de la Comunidad Andalucía, la forma de crecimiento fue realmente un invento no más; lo hice por primera vez ahí. Después aquí en La Reina, como alcalde, hice unos círculos que son mucho más perfectos: es un círculo con un patio central de unos ocho metros, un anillo donde quedan diez casas con una entrada a este patio central, con una cámara de alcantarillado que sirve a diez casas. Si tú extiendes las casas en una calle, ocuparían cien metros y aquí ocupan veinticinco metros. La gracia es la misma que inventamos en Andalucía: una estructura vacía de treinta metros cuadrados, pero de triple altura, sin pisos, poniendo las instalaciones abajo, baño y cocina, una pieza. Ahí se fueron los pobladores que trabajaron con nosotros permanentemente y que vivían en ese lugar y volvieron a su lugar después. Esa fue la gracia. Yo pensé que dos o tres años después volvería y habría con suerte una casa hecha, pero a los seis meses ya estaba todo terminado. Habían hecho ellos sus ampliaciones, multiplicado por tres la superficie de la casa, con una inversión por cierto mucho menor que la que había hecho el Estado. Pero la gracia es la participación, el aporte, el conocimiento, el orgullo. El otro día, después del terremoto (del 27 de febrero de 2010) fui a ver qué pasaba y estaban todos aplaudiéndome cuando supieron que yo estaba. Y empiezo a mirar y había fallas en varias partes, y les digo: «Señor, ¿por qué me aplaude el trabajo?». Y uno de ellos me dice: «Acá no ha pasado nada comparado con otras partes». Una actitud de orgullo evidente.

FD, HB: ¿Cómo ve el estado de la arquitectura chilena hoy en día?

FCV: O muy mala o muy buena. Pero no hay un estándar bueno, favorable, medianamente bueno, digamos. Creo que lo que uno ve en la calle es desastroso, aunque también hay ejemplos de cosas estupendas.

FD, HB: ¿Cómo evalúa el nivel de autocrítica que existe actualmente entre los arquitectos?

FCV: No se sabe, porque ahora hay anonimato. Hay tres o cuatro arquitectos de los que se sabe qué obras hacen, por su calidad, por su expresión; pero el resto de los arquitectos están por debajo de las inmobiliarias y de los intereses económicos, así que yo no sabría qué arquitecto dirigió el 99 % de lo que se construye hoy día. No sabría de qué tendencia es, qué piensa ni quién es. Pienso que hemos perdido totalmente la ética, porque en un porcentaje muy grande los arquitectos son verdaderos esclavos del interés económico y de gente tremendamente inculta que obliga a los arquitectos a hacer algo totalmente equivocado: sacarle el máximo rendimiento a un terreno y sobrepasar las normas con tal de construir un metro cuadrado más. Es el peor de los negocios que se puede hacer, monetaria-mente hablando, aparte de urbanística o socialmente.

FD, HB: ¿Es distinta esa figura del arquitecto actual versus la del tiempo en que a usted le tocó ejercer?

FCV: Sí. Yo creo que aunque los arquitectos de ahora figuran un poco más, en el pasado éramos una profesión mucho más considerada. Es que hoy día hay grupos de grandes arquitectos (en cada país hay un grupito de grandes arquitectos que le dan el nivel de conocimiento del hecho de la arquitectura), pero la gran masa de arquitectos es totalmente desconocida, sin nada que mostrar, sin nada que decir. Entonces, yo diría que la profesión misma, en promedio, ha bajado sus niveles de participación en la sociedad en distintos ámbitos. Los arquitectos también están muy sometidos a gente que les indica lo que deben hacer.

FD, HB: Finalmente, en su labor docente, ¿qué es lo que le interesa que los estudiantes aprendan?

FCV: Trato de inculcarles una visión más amplia del mundo, no restringido a que un arquitecto es un diseñador de edificios, sino que un arquitecto es una institución importante en la sociedad. Creo que un arquitecto en cualquier directorio, en cualquier actividad humana, tiene un punto de vista particular para mirar las cosas, que une, que relaciona, que vincula y, aunque no sepa nada de las especialidades requeridas, está ahí como un punto de comunicación. Yo he sentido eso muy fuerte-mente como rector de la universidad, como intendente, uno no sabe lo que está pasando, pero sí el contexto, la comunión de intereses que debe haber y tiende a unir todo eso en un haz de una voluntad fuerte. Creo que a los arquitectos su formación les exige ese sentido de la actividad humana, pero no lo usan mucho porque están aplastados, no pueden despegarse.

Quinta Michita

Fernando Castillo V., Eduardo Castillo I., Cristián Castillo E.

Simón Bolivar, La Reina, Santiago

1973-1974

Figura 5 Planta emplazamiento. 

Figura 6 Planta Quinta Michita. 

Fuente: © Alejandro Crispiani

Figura 7 

Fuente: © Alejandro Crispiani

Figura 8 

Fuente: © Alejandro Crispiani

Figura 9 

Fuente: © Alejandro Crispiani

Figura 10 

Figura 11 Planta vivienda tipo. 

Figura 12 Planta vivienda Fernando Castillo Velasco 

Fuente: © Alejandro Crispiani

Figura 13 

Figura 14 Corte vivienda Fernando Castillo Velasco 

Curso: Seminario de investigación, 2º semestre 2010, Escuela de Arquitectura UC

Profesor: Alejandro Crispiani

Dibujos: Claudio Squella en base a originales de la Municipalidad de La Reina y a los planos publicados en: ELIASH, Humberto. Fernando Castillo. De lo moderno a lo real. (Bogotá: Editorial Escala, 1990).

Comunidad Las Alamedas

Fernando Castillo V., Pablo Labbé, Joaquín Velasco, José Pérez de Prada, Eduardo Castillo I.

Carlos Silva Vildósola, La Reina, Santiago

1984

Fuente: © Alejandro Crispiani

Figura 15 

Fuente: © Alejandro Crispiani

Figura 16 

Figura 17 Planta emplazamiento 

Figura 18 Planta comunidad Las Alamedas. 

Figura 19 Planta viviendas 9 y 10. 

Figura 20 Corte vivienda 9 

Figura 21 Corte vivienda 10. 

Fuente: © Alejandro Crispiani

Figura 22 

Fuente: © Alejandro Crispiani

Figura 23 

Curso: Seminario de investigación, 2º semestre 2010, Escuela de Arquitectura UC

Profesor: Alejandro Crispiani

Dibujos: Ángela Lohse en base a originales de la Municipalidad de La Reina y a los planos publicados en: ELIASH, Humberto. Fernando Castillo. De lo moderno a lo real. (Bogotá: Editorial Escala, 1990).

Comunidad Los Castaños

Fernando Castillo V., Pablo Labbé, Patricia Rubio, José Pérez de Prada, Eduardo Castillo I.

Av. Vicente Pérez Rosales, La Reina, Santiago

1984

Figura 24 Planta emplazamiento. 

Figura 25 Planta comunidad Los Castaños 

Fuente: © Alejandro Crispiani

Figura 26 

Fuente: © Alejandro Crispiani

Figura 27 

Fuente: © Alejandro Crispiani

Figura 28 

Fuente: © Alejandro Crispiani

Figura 29 

Figura 30 Planta casa lineal 

Figura 31 Corte casas Cubo y L. 

Fuente: © Alejandro Crispiani

Figura 32 

Figura 33 Plantas primer y segundo nivel, casas Cubo y L 

Curso: Seminario de Investigación, 2º semestre 2010, Escuela de Arquitectura UC

Profesor: Alejandro Crispiani

Dibujos: Andrea Gómez en base a originales de la Municipalidad de La Reina y a los planos publicados en: ELIASH, Humberto. Fernando Castillo. De lo moderno a lo real. (Bogotá: Editorial Escala, 1990).

Fuente: Dibujo de Ediciones ARQ con información otorgada por Margarita Castillo.

Figura 34 Villas y comunidades de Fernando Castillo Velasco en Santiago. Leyenda: 1. Villa La Reina, 1966; 2. Quinta Michita, 1973-1974; 3. Casas entre medianeros, 1977; 4. Quinta Jesús, 1977-1980; 5. Quinta Hamburgo, 1979; 6. Comunidad Vicente Pérez Rosales, 1981; 7. Comunidad Los Almendros, 1982; 8. Las Tinajas, 1983; 9. Comunidad Los Castaños, 1984; 10. Comunidad Las Alamedas, 1984; 11. Comunidad El Espino, 1984; 12. Comunidad El Canelo, 1986-1987; 13. Comunidad Los Jazmines, 1987; 14. Comunidad El Bosque, 1988; 15. Comunidad Las Higueras, 1988; 16. Comunidad Cerro Apoquindo, 1988-1990; 17. Villa Andalucía, 1994; 18. Villa Ukamau, 2017; 19. Comunidad Mirador de Los Almendros, 2020 

Referencias:

DÍAZ, Francisco; BERTOLOTTO, Hugo. «Fernando Castillo Velasco: El ojo crítico y autocrítico del hombre que marcó su huella en la arquitectura chilena». Ciper Chile, 02 de agosto de 2013. Disponible en: https://ciperchile.cl/2013/08/02/fernando-castillo-velasco-el-ojo-critico-y-autocritico-del-hombre-que-marco-su-huella-en-la-arquitectura-chilena/Links ]

VALDÉS, Adriana. «Experiencias de un arquitecto: entrevista a don Fernando Castillo Velasco». AISTHESIS: Revista Chilena de Investigaciones Estéticas, no. 6 (1971): 123-128. Disponible en: http://www.revistadisena.uc.cl/index.php/RAIT/article/view/9014Links ]

2 Aquí se publica un extracto de la entrevista original. La publicación completa en castellano se puede encontrar en: Francisco Díaz y Hugo Bertolotto «Fernando Castillo Velasco: El ojo crítico y autocrítico del hombre que marcó su huella en la arquitectura chilena». Ciper Chile, 02.08.2013. Accesible en: <https://ciperchile.cl/2013/08/02/fernando-castillo-velasco-el-ojo-critico-y-autocritico-del-hombre-que-marco-su-huella-en-la-arquitectura-chilena/>

3This piece is an excerpt from the original interview. The complete publication in Spanish can be found at: Francisco Díaz and Hugo Bertolotto “Fernando Castillo Velasco: El ojo crítico y autocrítico del hombre que marcó su huella en la arquitectura chilena”. Ciper Chile, 02.08.2013. Accessible in: <https://ciperchile.cl/2013/08/02/fernando-castillo-velasco-el-ojo-critico-y-autocritico-del-hombre-que-marco-su-huella-en-la-arquitectura-chilena/>

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Fernando Castillo Velasco Arquitecto, Pontificia Universidad Católica de Chile (1947). Su obra, en la que destacan sus proyectos de vivienda comunitaria y su participación en la oficina BVCH, fue reconocida en 1983 con el Premio Nacional de Arquitectura. Ejerció como docente de la Escuela de Arquitectura UC, de la University of Cambridge, de la Universidad Central de Venezuela y, finalmente, de la Universidad ARCIS, de la que también fue cofundador. Junto a esto, ocupó el cargo de rector de la Pontificia Universidad Católica de Chile (1967-1973) y se desempeñó como intendente de la Región Metropolitana de Santiago (marzo 1994 - septiembre 1994) y como alcalde de la comuna de La Reina (1965-1968; 1992-1994; 1996-2004). Falleció el 18 de julio de 2013.

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