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vol.33FICHERO BIBLIOGRAFICO 1998WILLIAM F. SATER Y HOLGER H. HERWIG, The Grand Illusion. The Prussianization of the Chilean Army. Lincoln (Nebraska), University of Nebraska Press, 1999 (16), 247, (3) páginas índice de autoresíndice de materiabúsqueda de artículos
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Historia (Santiago)

versión On-line ISSN 0717-7194

Historia (Santiago) v.33  Santiago  2000

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-71942000003300012 

RESEÑAS

AUGUSTO MILLAN, Historia de la minería del hierro en Chile. Santiago, Editorial Universitaria, 1999, 220 páginas.

La historia de la minería del hierro en Chile, del ingeniero Augusto Millán Urzúa, que aquí se comenta, tiene un doble mérito. Por una parte trata sobre un tema que no ha sido abordado en forma integral quizás porque las exportaciones de este metal no han tenido la prominencia o notoriedad que tuvo el salitre en su tiempo y el cobre en la actualidad. Por la otra, su autor, como especialista en evaluación de proyectos mineros y actor en algunos capítulos de esta historia, está en una situación privilegiada para escribirla, y su experiencia como profesor universitario le permite explicar asuntos complejos en un lenguaje claro y comprensible para cualquier lego.

El hierro y el acero fueron elementos claves en la industrialización mundial del siglo XIX. Chile, como un país nuevo que aspiraba a la modernidad, buscó crear una industria siderúrgica que sustentara una industria nacional que seria la base de su crecimiento económico. El impulso en este sentido provino de la recién creada Sociedad de Fomento Fabril. Este organismo estimaba factible una iniciativa en tal sentido en vista de que Chile contaba con yacimientos de hierro y de carbón y teniendo en cuenta la posibilidad de un subsidio estatal. Se quiso aprovechar la realización de la exposición universal de París de 1889 para interesar a una empresa francesa y se encargó al ingeniero Carlos Vattier para recopilar los antecedentes del caso.

Las opiniones autorizadas concluyeron que si bien los minerales chilenos eran de muy alta ley en relación a los que se explotaban en Europa, el carbón nacional no era adecuado para la fabricación de acero. En vista de ello, cuando se llegó a materializar el proyecto a través de una sociedad con capitales franceses, se resolvió levantar una planta siderúrgica en el sur de Chile que usaría carbón vegetal, aprovechando la riqueza forestal chilena. Así, a diferencia de lo que sucedió con el cobre y otros minerales que se extraían para ser vendidos en el extranjero, el precio del hierro no justificaba los costos de transporte, y de ahí que la explotación de los minerales chilenos se inició en función de este proyecto modernizador.

Los argumentos que propone el autor para explicar por qué dicha sociedad llegó a producir acero, resultan novedosos y convincentes. Califica la experiencia de exitoso fracaso, pues si bien no logró su cometido, se comenzó la explotación del rico mineral de hierro de El Tofo en la entonces provincia de Coquimbo. Al poco tiempo, el mineral fue arrendado a una subsidiaria de la Bethlehem Steel Company de los Estados Unidos, que lo dotó de una modernísima infraestructura. Al leer las descripciones, tanto de los equipos e instalaciones como del campamento y la forma de vida, surgen las comparaciones con Chuquicamata. Más pequeño en cuanto al número de personas que allí trabajaba, resulta más impresionante en lo que se refiere a los sistemas de transporte y carguío del mineral que, en un momento, permitían llenar un buque de 24 mil toneladas en apenas seis horas.

Cuando el mineral de El Tofo estaba próximo a agotarse en los comienzos de la década del 50, la Bethlehem puso en explotación el yacimiento de El Romeral, de geología más compleja, con mayores instalaciones, con costo de explotación más elevado y, sospechamos, con un Estado más interventor. Representa, en cierto modo, el ocaso de la presencia de la Bethlehem en Chile, un capítulo que se cierra con la expropiación de la empresa por el régimen de la Unidad Popular (UP) en 1971.

Por entonces empezó a cobrar desarrollo la mediana y pequena minería del hierro, cuyo surgimiento se debió a una coyuntura favorable de precios internacionales y características de los minerales encontrados en el contexto de la tecnología siderúrgica vigente. Esta mediana minería tuvo una importancia mucho más significativa que su equivalente en el caso del cobre, dentro del total de las exportaciones, un éxito tanto más notable si se considera la mayor incidencia de los costos de transporte y carguío del mineral de hierro donde operan economías de escala.

Los principales actores en este campo son dos empresarios de origen húngaro radicados en Chile, que comenzaron por trabajar juntos para luego repartirse las zonas de influencia a través de sus respectivas sociedades, las compañías mineras Santa Fe y Santa Bárbara. Los comienzos de sus negocios recuerdan los episodios heroicos de la minería chilena del siglo XIX: mucho esfuerzo y audacia y poco dinero, si bien el protagonismo de los antiguos cateadores ha sido reemplazado por el de los ingenieros y técnicos chilenos y, en el caso de la minera Santa Fe, por un contingente de ciudadanos húngaros que encontraron buen empleo con su connacional. Sin embargo, al poco andar se impusieron las realidades: estos empresarios debieron asociarse a capitales extranjeros, lo que, entre otras cosas, les permitió mecanizar las faenas.

Junto con señalar las semejanzas entre ambas empresas, el autor contrasta las diferencias de estilo en el manejo de las mismas, especialmente después que la Santa Fe quedó bajo el control norteamericano. El desenlace de esta competencia amistosa resulta significativo: la minera Santa Bárbara, la más pequena de las dos y que "ocupaba exclusivamente ingenieros chilenos formados en el rigor y la austeridad" (p. 115), terminó por adquirir a la otra que se encontraba al borde del colapso. Llegada la UP, la minera Santa Bárbara también terminó por ser expropiada, pero, a diferencia de la Bethlehem, sus dueños lograron un arreglo favorable.

Estas expropiaciones concentraron virtualmente toda la minería de hierro en la Companía de Acero del Pacífico (CAP), que pasaba a ser totalmente de propiedad del Estado. De acuerdo a los planes del gobierno socialista, esta empresa debía constituir un complejo industral estratégico integrado verticalmente desde las materias primas para el acero hasta bienes de consumo doméstico. Aunque la CAP se abastecía de las minas de la Bethlehem, había iniciado por su cuenta la explotación del yacimiento de El Algarrobo cuya producción se exportaba. La historia de este yacimiento ya era conocida en parte, pero el autor aporta nuevos antecedentes y datos que permiten entender mejor las prolongadas negociaciones que desembocaron en su compra.

En la historia de la minería de hierro bajo la CAP en los diez años siguientes, que se desarrolló en un ambiente internacional de creciente competencia, se distinguen tres vertientes que siguen cursos diversos. Las minas que habían pertenecido a las compañías Santa Fe y Santa Bárbara arrojaban pérdidas y su explotación terminó totalmente en 1978. El yacimiento de El Romeral resultó ser más rico de lo que se había calculado y, junto con abastecer la planta de Huachipato, pasó a constituir el principal y más lucrativo aporte a las exportaciones mineras de la empresa. Por último, en Huasco se puso en marcha un plan de desarrollo, minero y a la vez social, cuyo elemento principal fue la construcción de una planta de pellets que permitió trabajar los minerales de menor ley del yacimiento de El Algarrobo.

Con la reorganización de la CAP en 1981, la actividad minera quedó a cargo de su filial Compañía Minera del Pacífico que heredó los yacimientos e instalaciones y también una fuerte carga financiera. El peso de esta deuda, sumado a la caída de los precios internacionales y la competencia de los minerales de Australia y Brasil, hizo que el balance de la empresa arrojara pérdidas hasta 1986. Las medidas adoptadas entonces le permitieron aprovechar un periodo de precios buenos a partir de 1989 para aligerar la carga financiera y soportar mejor un nuevo ciclo de precios bajos. Estos últimos años de la minería del hierro están marcados por el agotamiento del mineral de El Algarrobo y su reemplazo por el proyecto Los Colorados Este, que entró en marcha en 1998.

Paralelo a la habilitación y explotación de los minerales de hierro que constituyen la trama de este libro, está la historia de la geología económica del hierro en Chile. Consciente de que los debates sobre los orígenes de los yacimientos y las explicaciones sobre las intrusiones magmáticas no son fáciles de seguir por parte de los legos en materia de geología, el autor ha tenido el buen criterio de consignar estos temas a un apéndice. Sin embargo, su lectura resulta complementaria al texto principal en la medida que el estado de los conocimientos geológicos contribuye a explicar los avatares de las explotaciones.

Toda investigación histórica tiene el problema de las fuentes, que en este caso se complica por la naturaleza reservada de la información y el carácter privado de las empresas de la mediana minería. La bibliografía al final del libro es bastante escueta y la mención de las fuentes primarias es general; solo las referencias en el texto y las notas y los agradecimientos en las páginas iniciales logran dar una idea de lo efectivamente revisado. El autor ha salvado en buena parte los obstáculos que presentan la inaccesibilidad o inexistencia de archivos y documentos recurriendo a las fuentes orales y, como ya se dijo, a su propia experiencia. La lista de personas consultadas alcanza a 30 nombres y coincide en parte con los protagonistas de los hechos narrados. Los testimonios de estos actores permiten aclarar hechos complejos y apuntar al meollo del asunto sin enredarse en formalidades externas. Con todo, y como el mismo autor advierte en cada caso, quedan aspectos menores por aclarar, si acaso es posible llegar a hacerlo.

En algunos momentos, Augusto Millán siente la necesidad de extenderse sobre el contexto histórico para entender mejor las decisiones adoptadas. Si bien estos comentarios son acertados, el punto fuerte de la obra es la versación del autor en el tema. Detrás de este libro está la historia de los hombres que crearon la minería del hierro en Chile, una historia que aflora en algunos momentos para luego dar paso a los problemas de los precios y las calidades de los minerales. Queda la impresión que el autor se ha guardado varias anécdotas de experiencia propia o recogida de sus muchos informantes, y aquello daría, por así decirlo, para otro libro.

En síntesis, se trata de un libro informado y bien escrito que constituye un aporte a la historia económica chilena de este siglo.

Juan Ricardo Couyoumdjian