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Historia (Santiago)

versão On-line ISSN 0717-7194

Historia (Santiago) v.34  Santiago  2001

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-71942001003400010 

 

BRIAN LOVEMAN. Chile, the Legacy of hispanic Capitalism (3ª ed.) Oxford University Press, New York, 2001, 424 págs.

Brian Loveman nos presenta la tercera edición de su historia de Chile, ya muy conocida en ambientes anglosajones y también en Chile. El nuevo libro trae varias novedades importantes. De partida, llega hasta el presente (año 2000), pero no solo eso. Hay una introducción sobre el Chile actual, donde hace ver que los grandes gobiernos modernizadores de la historia chilena han sido autoritarios, por lo cual no es de extrañar que hayan impuesto sus reformas de arriba hacia abajo, excluyendo a buena parte de los chilenos más pobres. Así ocurrió también con la dictadura militar del general Pinochet, y no deja de reconocer, que efectivamente logró importantes avances que se han perpetuado en los gobiernos de la Concertación después (pp. 3-6).

Más adelante el libro sigue el patrón de sus anteriores ediciones y pasa a un excelente capítulo sobre geohistoria. Este –que tanta falta hace en otras historias generales de Chile– explica nuestro devenir a partir de razones geográficas tan sólidas como las que han derivado de nuestros procesos o coyunturas, propiamente históricas, más importantes. Se basa en Elías Almeyda Arrollo y en Benjamín Subercaseaux, pero bien podía haber tomado sus ideas de la Escuela Francesa que encabezó Braudel. Brian Loveman intenta conectar estrechamente el acontecimiento y el proceso histórico con la geografía tal como lo hacía el autor galo. Pero Loveman –que lo hace de modo más general que los grandes historiadores franceses– llega hasta el análisis del presente. Con todo, son pocas sus sugerencia que no merecen reflexiones interesantes y sin duda tienen mucho de verdad. Este capítulo es uno de los aciertos del libro.

Refiriéndose al período colonial, aun cuando su descripción de los excesos de la Conquista y Colonia parecen un tanto más matizados que en las anteriores ediciones, la caracterización del periodo, en su realidad militar, político-social y económica, sigue siendo más o menos la misma. Dura para los conquistadores pero bastante buena. Faltan sí algunos elementos relevantes, o matizar los que están mirados desde una sola óptica, como, por ejemplo, el rol de la Iglesia y la mentalidad del conquistador.

Pero enfatiza aspectos de las estructura socioeconómica que la mayoría de los autores chilenos –notoriamente los más conservadores– tocan, pero no muestran que fueron los que definieron la fisonomía de todo período. Poco importancia le da a la sucesión de gobernadores; ni divide y periodifica a partir de acontecimientos políticos sin importancia verdadera, como lo hace Encina, por ejemplo. Es lo socioeconómico lo que Loveman enfatiza y, dentro de ese ámbito, es la pobreza, la situación de los indios y las características de la demografía.

Sin embargo, el fuerte del libro de Loveman no son los siglos coloniales, los que están trabajados, fundamentalmente a partir de fuentes secundarias, aunque muy bien estudiadas, según nos parece. El autor, en su prefacio a la primera edición ya había reconocido su deuda hacia los historiadores chilenos clásicos.

Frente a los capítulos dedicados a la Colonia queda una sola gran duda: ¿se justifica el nombre de hispanic capitalism para caracterizar el período. ¿Fue capitalista el régimen que existió en la América hispana y Chile? Se ha discutido mucho sobre el punto y si bien hay elementos capitalistas en el sistema económico de la Colonia chilena, como el mismo Loveman lo reconoce, mucho hay también del feudalismo español anterior al siglo XV. ¿Por qué entonces el título de la obra? Quizá simplemente debería llamarse A history of Chile o algo parecido.

La Independencia esta relatada y analizada adecuadamente, pero, como de verdad fue, un acontecimiento que no cambió la estructura socioeconómica interna y que solo fue político-militar, reemplazando los notables criollos a las autoridades reales, en el ejercicio del poder. Entre los criollos, distingue los que desde un comienzo, estaban por la Independencia y aquellos que más o menos sinceramente pretendieron en 1810 defender los derechos del legítimo soberano de España; siendo la actitud belicosa de los virreyes del Perú lo que definitivamente hizo optar al grueso –consciente– del país por la Independencia; explicación que falta en algunos autores muy respetados (o publicitados) que han estudiado el período. Sin embargo, se echa de menos el agregar que el primer grupo (muy pequeño), al tomar actitudes antimonárquicas desde un principio, estaba probablemente influido por las ideas ilustradas francesas y españolas, así como el ideario de la Guerra de la Independencia de los EE.UU.

Pero, despachada la Independencia, Loveman presta mucha atención al "Período Portaliano", donde ve –a nuestro juicio con razón– el origen de buena parte del afianzamiento de los principales pilares, de hecho si no en doctrina, de la política de la República de Chile posterior, hasta el golpe militar de 1973. Recalca que este significó la fosilización del orden socioeconómico heredado desde la Colonia y que los sectores populares poco se beneficiaron de la primera ola "modernizadora" en Chile, que se dio entre 1830 hasta la Guerra del Pacífico y el ingreso del país a la época del salitre.

El capítulo dedicado al salitre, la Guerra Civil de 1891 y el "dinero fácil" de los años siguientes, es otro de los aciertos del libro. Loveman no se matricula con la polémica que ha existido sobre la Guerra Civil y la influencia del capitalismo británico en el estallido y resultado de esta. En cierto modo recoge la tesis de Blakemore, pero no deja de hacer presentes algunos de los argumentos de Ramírez Necochea. Como resultado político de la contienda, enfatiza, obviamente, que significó que el poder político pasó de la Presidencia de la República al Parlamento. Más interesante es su análisis de lo que fue la zona salitrera. En este caso, lo dicho se suma (en el capítulo siguiente) a otra hipótesis que también ha sido objeto de polémica: ¿fue la industria del salitre un enclave o no? Loveman piensa que no lo fue, ya que la importancia económica de la zona salitrera repercutió en otras zonas y, en definitiva, en toda la economía del país. Demuestra lo anterior haciendo presente cómo crecieron las ciudades de Chile, pero pone en duda que fuese en definitiva una influencia beneficiosa para la economía chilena como un todo y para el país mismo, que continuaba exhibiendo índices sociales muy malos (pp. 159-160).

El estudio del siglo XX lo inicia Brian Loveman con consideraciones sobre la cuestión social. Aunque aporta bastante información, llama la atención que se preocupe principalmente de sectores de los pobres de las ciudades, del mundo campesino, de la influencia que empiezan adquirir en Chile los intereses económicos norteamericanos y algunos otros temas, pero no le concede importancia al fenómeno social que parece central en el período, que es el fortalecimiento y la actitud contestataria que adopta la clase media. Grupo que no solo aumenta en número, sino que se transforma en el sector con más educación de la sociedad chilena y del cual surgen las figuras con ideas renovadoras; las que estuvieron tras los cambios político-sociales que intenta imponer Arturo Alessandri (a quien tampoco se le concede un papel histórico importante) y el general Ibáñez, de cuya obra sí se preocupa bastante. De hecho, la clase medida puede considerarse la columna vertebral del siglo XX chileno, así como la oligarquía lo había sido del siglo XIX. Creo que este es un vacío importante en el libro que comentamos.

La caracterización de las décadas de 1930 y 1940, cuando definitivamente se puede decir que en Chile existe una democracia, está muy lograda. En particular cuando concede relevancia a temas que no aparecen tan destacados en otras historias generales, como la incorporación al mundo político y laboral de la mujer. Con todo, creo que el autor concede excesiva importancia a lo que sucedía durante esos años en el mundo rural, que, a mi juicio, se caracterizó –precisamente– por su inmovilismo y pérdida de importancia. Es posible que Brian Lovenman se haya dejado llevar por su entusiasmo con respecto a lo que estudió y describió de su primera gran investigación sobre Chile: Struggle in the Countryside. Pero casi todos los demás temas del período están abordados.

También la historia de la competencia entre las dos utopías en pugna a partir de la década de 1950 está hecha en forma seria y con indudable deseo de lograr objetividad. Solo podría ponerse en duda que el apoyo norteamericano haya sido tan fundamental en el triunfo del candidato democratacristiano Eduardo Frei Montalva en 1964, insertando el proceso eleccionario dentro de una campaña antimarxista que también habría comprendido sectores eclesiásticos católicos. Aunque, por otra parte, con honradez, Loveman reconoce la buena fe que había tras el modelo democratacristiano y la acción de Presidente Frei Montalva. Su diagnóstico de por qué fracasó, al menos parcialmente, la "Revolución en Libertad", parece acertado y perspicaz.

Con el Gobierno de Salvador Allende es claro y duro al describir su fracaso. Sin embargo, se echa de menos una descripción detallada y explicada del "Plan Vuskovic" como parte de una estrategia general (del grupo partidario de la "Vía Chilena", vale decir, los moderados dentro del Gobierno) para realizar no solo reformas económicas, sino adquirir el poder político de manera excluyente, con lo cual ambos sectores de la UP (tampoco claramente diferenciados, lo que quiza puede ser una acierto de Loveman) aparecen persiguiendo en definitiva el mismo objetivo: el poder total. No deja claro cuál fue la verdadera importancia de la intervención de Estados Unidos en el derrocamiento de Allende.

El capítulo dedicado a la dictadura –como era de esperarse– es lapidario, particularmente en todo lo que se refiere a las violaciones a los derechos humanos. Por otra parte, no deja de hacer una interesante periodificación y análisis del porqué de su devenir, el que explica fundamentalmente en función del plan económico neoliberal, al que, con justicia, no deja de reconocer éxitos –así como a las "modernizaciones"–, algo que, como se dijo, ya había hecho en el capítulo I (Land and Society). Pero no deja de señalar que todo esto se logró a costa de un "gasto social" exorbitante. Da una buena visión de conjunto, para un periodo que aún ha sido poco estudiado. Hubiera sido interesante que el autor intentara un perfil humano y sicológico de Pinochet.

En las ultimas páginas dedicadas a la "transición" y a los gobiernos de la Concertación, incluyendo el epílogo, también se encuentra el autor con el problema de que es un período todavía poco estudiado y al que, obligatoriamente, debe mirar sin suficiente perspectiva temporal. Pero el relato es bueno y, en nuestra opinión, bastante fiel a la verdad, y completo.

El estudio bibliográfico final es uno de los más exhaustivos y rigurosos que se han hecho sobre la historia de Chile reciente y constituye una aporte en sí mismo. Está notablemente al día.

Además, el libro de Brian Loveman, como las ediciones anteriores, abunda en interesantes tablas de cifras, gráficos y cuadros explicativos. La mayoría nos parecen muy serios, con algunas excepciones, por los que se refiere a los más recientes. De este modo, la gran cantidad de información que entrega el texto mismo queda complementada útilmente. También es interesante el hecho de que incorpora aportes de obras de historiografía, realizadas por chilenos, de aparición reciente, las que sin duda enriquecen la visión que se entrega de las diversas épocas.

En fin, el libro contiene también algunos errores de hecho, menores o relativamente menores.

Quizá lo más discutible del texto que comentamos sea –repitámoslo– el continuar usando la tesis del hispanic capitalism como trasfondo explicativo de la evolución histórica chilena. El concepto es equívoco. Además, el subdesarrollo de Chile, que es la cuestión central que el libro intenta dilucidar, creo que no puede ser reducido a una explicación única, más todavía si tiene esa –a mi juicio– débil base teórica.

Pero el libro aporta mucha información, está bien estructurado y llega hasta el presente (uno de los pocos que lo hacen). No deja duda del enorme trabajo incorporado que contiene. Estoy, pues, de acuerdo con la afirmación de la contratapa de que es la mejor historia general de Chile en inglés y, agrego, que sería muy buena incluso si se le compara con las hechas en castellano. Pero quizá, volviendo a las ediciones en inglés, si nos remitimos solo al período republicano, sea más aguda, aunque no más informativa, la de Sater y Collier.

CRISTIÁN GAZMURI

 

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