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Historia (Santiago)

versión On-line ISSN 0717-7194

Historia (Santiago) v.35  Santiago  2002

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-71942002003500011 

HISTORIA, Vol. 35, 2002: 299-321

Mateo Martinic Beros*

LA PARTICIPACIÓN DE CAPITALES BRITÁNICOS
EN EL DESARROLLO ECONÓMICO DEL TERRITORIO
DE MAGALLANES (1880-1920)**


ABSTRACT

British capital in the territory of Magallanes in the years between 1880 and 1920 was concentrated mainly in sheepfarming. British companies and individuals represented over 70 per cent of the total landholdings dedicated to this activity, as shown in the statistics here provided. Britons were also pioneers in the building of freezing plants for mutton carcasses for export. In contrast, british investments in commerce and other industries were of minor importance with the exception of the Magallanes Telephone Company.

INTRODUCCIÓN

La presencia de inmigrantes británicos en Chile y la participación de sus capitales en el desenvolvimiento del comercio, la industria y la minería nacionales han sido ampliamente estudiadas por distintos investigadores, abarcándose en general el período comprendido entre la independencia de España (1818) hasta la década de 1930. Del interés académico así manifestado y de sus consiguientes comunicaciones y trabajos se advierte que los mismos se han referido como cosa regular y constante a zonas geográficas comprendidas entre las antiguas provincias del norte chileno (Tarapacá a Atacama) y las del centro-sur (Aconcagua, Concepción y Arauco), en las que históricamente tuvieron ocurrencia las acciones económicas de origen británico más significativas registradas en Chile.

Se advierte así que los territorios meridionales de la República han quedado, en general, fuera de tal preferente preocupación investigadora, bien por razón de su tardía incorporación a la producción económica nacional, como fueran los casos de los territorios de la Araucanía y de Magallanes, o los de Valdivia, Osorno y Llanquihue, atendida la preponderancia o virtual exclusividad empresarial de la inmigración alemana en ellos establecida.

Conocido como es nuestro interés por la historia regional magallánica estimamos de interés abordar, siquiera de manera preliminar, lo que fuera la participación británica en el proceso de colonización y desarrollo estructural de la economía de la vasta región meridional del país, a lo menos desde el grado 45 al sur, esto es, de las regiones central y austral de la Patagonia chilena.

Dicha participación merece ser conocida, vista su significación en el contexto de la generación y desenvolvimiento de la actividad económica de tan vasto como importante territorio, su poblamiento y su incorporación plena a la vida del país.

1. PRESENCIA BRITÁNICA INICIAL EN MAGALLANES (1870-80)

El arribo de los primeros inmigrantes británicos a la antigua Colonia de Magallanes debe situarse en el comienzo de la octava década del siglo XIX, como una consecuencia directa de las medidas de fomento de la colonización dispuestas por el gobierno del Presidente José Joaquín Pérez, en particular por el decreto de 2 de noviembre de 18671.

Así, a contar de 1870, pero en especial desde 1873, llegaron y se establecieron los primeros inmigrantes de origen británico, los que probablemente no habrían pasado de cuarenta individuos en el curso de la década (Tabla I)2.


TABLA I

INMIGRANTES BRITÁNICOS EN MAGALLANES 1875-1920


 
Población total
Extranjeros
Británicos
Porcentaje s/extranjeros

1875
1.145 habs.
(340)
33%
(30)***
(2,7%)
1885
2.085 habs.*
781
37,5%
291
14%
1895
5.170 habs.*
1.858
35,9%
378
7,3%
1906
13.309 habs.**
4.783
35,9%
728
5,5%
1907
17.330 habs.*
6.499
37,5%
1.190
6,9%
1920
28.960 habs.*
6.236
21,5%
1.154
4%

Fuente: Censos Nacionales de Población
* Censo Nacional de Población
** Censo Municipal de Población
*** Estimación

No obstante su exiguo número, entre los mismos se hicieron notar algunos de ellos por sus emprendimientos pioneros en el terreno de las actividades comerciales, artesanales y pequeño-industriales, que iniciaron y desarrollaron en sus fases primarias muy probablemente con algún pequeño capital traído consigo. Esos fueron singularmente los casos de Henry Reynard, Tobías Adams, James Dunsmore, William y Henry Wood, entre otros, del primero de ellos en particular, de quien se sabe que instaló el primer aserradero a vapor de propiedad privada que funcionó en la vecindad de la colonia y simultáneamente un pequeño comercio de ramos generales. El mismo, junto con Wood y sus compatriotas Lionel Carden, James G. Gale y William Greenwood fueron los primeros en interesarse y recorrer terrenos esteparios para verificar su aptitud pastoril pensando en su utilización económica.

El espíritu de iniciativa de Reynard y su disponibilidad de recursos hicieron de él el primer colono que invirtió capital en la adquisición de ovejas para intentar su crianza a escala mayor que la entonces practicada en Magallanes, que no pasaba del nivel doméstico, esto es, de algunas decenas de cabezas por propietario, como máximo. Es sabido que el origen directo de la crianza ovina en la Patagonia austral estuvo en el interés del Gobernador de Magallanes, Diego Dublé Almeida, por introducir dicha actividad en el territorio para su explotación de manera semejante a la realizada en la colonia británica de las islas Falkland o Malvinas desde los años de 1840. Para el efecto, viajó en diciembre de 1876 a Port Stanley, capital de aquel establecimiento, en la corbeta nacional Chacabuco, y allí adquirió una partida de 300 ovejas. Una vez en Punta Arenas, Dublé vendió dichos animales a Reynard y para su aclimatación y crianza le cedió el uso gratuito de la isla Isabel, situada en el estrecho de Magallanes y muy próxima a Punta Arenas. No debe caber duda de que la misma debió significar para el inglés una inversión importante en monto, que tal vez pudo solventar con el capital acumulado en sus actividades anteriores.

Al cabo de un año, es decir, a comienzos de 1878, la experiencia había resultado exitosa, circunstancia que haría de Henry Reynard el pionero fundador de la crianza ovejera a gran escala en Magallanes y en toda la Patagonia.

2. PARTICIPACIÓN BRITÁNICA EN LA COLONIZACIÓN
PASTORIL DEL TERRITORIO DE MAGALLANES

Una vez comprobado el éxito en la aclimatación de las ovejas malvineras y vistas las posibilidades de su crianza a campo abierto, menudearon las peticiones de gente emprendedora para ocupar campos en la sección nororiental del territorio, al norte del estrecho de Magallanes, que por su condición de esteparios parecían ser los más apropiados para la explotación pastoril. Contribuyó a ello la buena disposición de la autoridad gubernativa, en el caso del sargento mayor Carlos Wood, que deseaba fomentar tanto la ocupación cuanto el poblamiento de dicha sección que para entonces se hallaba comprendida en la disputa jurisdiccional con la República Argentina. La única limitación que de momento pudo advertirse respecto de este interés estaba dada por la disponibilidad de capital suficiente para invertir en la empresa colonizadora.

Así, paulatinamente, a contar de 1878-79, se inició la ocupación de los campos litorales ubicados entre Cabo Negro y la punta Dungeness, circunstancia que se vio favorecida por la suscripción del tratado de 23 de julio de 1881 entre Chile y Argentina, que puso fin a la larga controversia de límites. Entre los primeros pobladores se contó un contingente de inmigrantes malvineros que desde un principio se hizo notar por la importancia de sus emprendimientos y correspondientes establecimientos. El ganado para poblar los campos provino naturalmente de las islas Falkland o Malvinas y su sola adquisición y posterior traslado significó una fuerte inversión de capital. El éxito de los que se instalaron tempranamente alentó a otros y de esa manera, al cabo de pocos años, la colonización pastoril fue asumiendo proporciones.

Entre los colonos ganaderos fundacionales estuvieron algunos británicos radicados desde tiempo antes en Magallanes, tales como Henry Reynard, que ocupó terrenos junto a la bahía Oazy; los hermanos Henry, William y Stanley Wood, que lo hicieron en la zona de Punta Delgada y Primera Angostura, y el Dr. Thomas A. Fenton, quien no obstante haber inmigrado contratado como médico de la Colonia de Magallanes, también se había sumado al grupo de pioneros colonizadores y como tal comenzó a poblar exitosamente en campos de la laguna Casimiro, entre la bahía Oazy y Cabeza del Mar. A estos se agregó el contingente de malvineros deseosos de establecerse como criadores ovejeros en los campos de la Patagonia austral, a uno y otro lado de la frontera chileno-argentina. Para la época, comienzo de los años 80, la colonia de las Malvinas poseía un excedente de población habida cuenta de las muy limitadas posibilidades de emprendimientos económicos, principalmente en el terreno ganadero, debido a la virtual imposibilidad de acceder al dominio de campos para el objeto. Estos, en especial los de mejor aptitud pastoril, habían sido adquiridos desde largo tiempo antes por la Falkland Islands Company (F. I. C.) en su mayor parte, y el remanente era propiedad de otros británicos que se habían establecido en las islas en años precedentes.

El empleo en la actividad de crianza ovejera había generado un sistema de contratación periódica de individuos originarios de Inglaterra y Escocia por un período determinado de años, para servir diversos trabajos rurales, particularmente el de ovejeros o pastores y otros referidos a la explotación agraria. Vencido el plazo, quienes se encontraban en tal situación, o se recontrataban o bien retornaban al Reino Unido, conservando o llevándose en su caso, el pequeño capital ahorrado como fruto de sus haberes. Además de esta realidad, hubo quienes, al parecer los menos, habrían arribado a la colonia insular con algún dinero pensando en utilizarlo posteriormente en alguna actividad independiente. Así, entonces, cuando pasó a advertirse por la gente del archipiélago que en el suelo continental americano, en Magallanes y en el resto de la Patagonia, se abrían posibilidades para emigrar e instalarse con actividades productivas, hubo varios que pensaron en pasar allí para establecerse como colonos criadores de ganado lanar, oficio que conocían a la perfección. Esta alternativa cobró mayor atracción cuando se conoció la liberalidad gubernativa en el otorgamiento de concesiones fundiarias e inclusive cuando se recibieron invitaciones para inmigrar y establecerse con actividades productivas. Hubo también algunos que contaron con apoyo de recursos por parte de sus familias en Escocia o Inglaterra, situación igualmente excepcional. Más todavía, posteriormente se conocieron casos en que algunos emigrantes obtuvieron créditos para establecerse económicamente, de parte de entidades empresariales de la colonia, como J. M. Dean and Sons y la F.I.C., que en 1888 se fusionaron bajo esta última denominación.

Fue así como a lo largo de los 80 se generó una corriente inmigratoria desde las Malvinas a Patagonia, a Magallanes en especial, para radicarse en procura de condiciones de vida con mejores perspectivas que las que brindaba el mezquino ambiente insular, y aun de prosperidad, corriente que se prolongó durante la década final del siglo XIX. En ella se incluyeron una veintena de futuros colonos que arribaron solos, en el caso de los que eran célibes, o bien con sus familias, si eran casados.

En 1894 se inició el poblamiento colonizador del distrito subandino de Última Esperanza, tan conocido hoy en día por la bondad de sus campos como por la belleza de sus paisajes. Allí la primera oleada pobladora pionera estuvo formada por alemanes y británicos. Entre estos merecen citarse John Tweedie, Edward Craig y George Paton, quienes obtuvieron terrenos inmediatos a la margen oriental del lago del Toro, y formaron allí un importante establecimiento de crianza. Hacia el oeste, en el extenso valle del río Paine, se ubicó Walter S. Ferrier (1895). Un segundo contingente colonizador pasó a establecerse en diversos sectores del sur, norte y noreste del distrito. De una veintena de colonos que lo componían, la mitad era de británicos: James Carpenter, Harry Johnson, Hugh Mac Pherson, John Mac Lean, Sam Seright, James Radburne, un tal Nicholson entre otros varios, que en su mayoría eran hombres que habían trabajado durante los años precedentes como ovejeros y que deseaban establecerse como criadores independientes (1900).

Es obvio que estos emigrantes invirtieron una parte importante de sus respectivos capitales en la adquisición de ovejas, en particular aquellos que lo hicieron al inicio del proceso colonizador cuando estos animales por fuerza debían comprarse en la colonia británica, y otra parte hubo de ser reservada para hacer frente a los gastos de instalación, especialmente los correspondientes a la edificación de viviendas, galpones y demás instalaciones indispensables para el funcionamiento de los correspondientes establecimientos por ellos llamados stations (estancias). La inexistencia de todo control administrativo en la época, dado el régimen de libertad aduanera que poseía el territorio de Magallanes ha hecho imposible disponer de información acerca de los montos que pudo alcanzar ese aporte de capital, pero debe aceptarse que el mismo no debió ser menor3.

De acuerdo con la información suministrada al Supremo Gobierno por el Gobernador Manuel Señoret, a comienzos de 1893, de un total de 1.293.600 hectáreas en colonización, sobre las que pastaba una dotación animal de 463.290 ovejas, los hacendados de origen británico ocupaban personalmente o en sociedad con otros extranjeros una superficie de 622.000 hectáreas, con una dotación de 324.000 ovejas, lo que representaba el 48% de la tierra ocupaba hasta entonces en Patagonia (zona centro-oriental magallánica) e isla grande de Tierra del Fuego, con una carga animal equivalente al 70% de la dotación territorial, la que da cuenta tanto de la calidad de los terrenos pastoriles como de la eficiencia en la explotación4.

Puede, además, intentarse una aproximación sobre la base del cálculo del valor de inversión realizada hasta 1896 en los terrenos dados en arrendamiento en la Patagonia chilena, hecho por Mariano Guerrero Bascuñán, Delegado del Supremo Gobierno en el territorio de Magallanes5.

Este valorizó las instalaciones y animales que entonces había sobre un total de 550.250 hectáreas ocupadas, de la siguiente manera:


TABLA II

OCUPACIÓN FUNDIARIA EN MAGALLANES 1896


Superficie ocupada
Ganado existente
Valor del ganado

  Vacuno Caballar Ovejuno Vacuno Caballar Ovejuno
550.250 has. 15.484 4.026 469.100 $ 200.045 $ 159.355 $ 2.697.600
Producción de lana Kilómetros de Alambrado   Costo alambrado Valor instalaciones industriales edificios varios
933.493 kilos 1.301,4     $ 436.801 $ 58.300 $ 402.460

Sobre esta base, considerando el alambrado y las instalaciones construidas en la superficie ocupada, atribuyéndoles un valor porcentual igual al consignado en 1893 respecto de la posesión fundiaria (48%) -corriendo el riesgo cierto de una subvalorización por cuanto se sabe que los mejores y mayores establecimientos tenían la inversión más importante cuantitativa y cualitativamente considerada-, y al ganado un valor semejante al mencionado (70%), tenemos un total de $2.943.824, lo que significa que la inversión hecha por los colonos extranjeros en los campos de la Patagonia chilena -entre los que la presencia británica era mayoritaria y cualitativamente más importante-, no habría bajado del 55% del total del capital invertido por entonces en la explotación ovejera.

Guerrero Bascuñán entrega asimismo datos sobre los lotes ocupados a título provisional o precario y los lotes arrendados en la Tierra del Fuego (recién en la fase inicial de la colonización) que totalizaban $4.499.865, en los que la presencia de británicos y sus aportes de capital era ciertamente importante (aunque indeterminable) especialmente en lo tocante a los campos fueguinos.

Una segunda referencia que permite aproximarse a lo que pudo ser la cuantía de la inversión de capital de origen británico la encontramos en un documento del archivo epistolar de Mauricio Braun. Se trata de un listado completo de estancieros para el año 1898, esto es, cuando la etapa inicial de la ocupación de campos pastoriles estaba virtualmente cumplida, aunque en él faltan algunas menciones referidas a los distritos de Magallanes centro-oriental y de Última Esperanza (Tabla III).


TABLA III

COLONOS GANADEROS BRITÁNICOS EN MAGALLANES (1898)*


Colono Estancia Superficie Valor terreno Avalúo municipal Enseres y animales

Hamilton & Saunders Morro Deslinde 10.000 has. $10.000 $46.000
Hamilton & Saunders La Portada 10.000 has. $20.000 $84.800
Hamilton & Saunders Otway Station 20.000 has. $200.000 $261.000
Robert Gilles Morro Chico 20.000 has. $20.000 $86.000
Suc. Roig (H. Reynard) Oazy Harbour 60.000 has. $600.000 $840.000
Henry Reynard Isla Isabel 6.000 has. $60.000 $80.300
Harries Hnos. Rincón Verde 15.000 has. $15.000 $47.500
Merrick Mac Lean Río Zurdo 15.000 has. $15.000 $68.500
Dobreé y Allan Roseaike 15.000 has. $25.000 $35.000
Braun y Mac Leod Cabo Negro 5.390 has. $10.780 $120.000
Braun y Cameron Laguna Romero 20.000 has. $100.000 $265.600
John Mac Lean Punta del Monte 10.000 has. $15.000 $50.000
Miguel Doolan Gallegos Chico 15.000 has. $15.000 $42.500
William Douglas Useful Hill 30.000 has. $300.000 $355.000
Tweedie, Craig y Paton Lago del Toro 45.000 has. $45.000 $80.000
Walter Ferrier Río Payne 50.000 has. $5.000 $18.000
Waldron & Wood Punta Delgada 100.000 has. $1.000.000 $1.500.000
Morrison y Cía. Penitentes 15.000 has. $15.000 $128.000
Edward S. Yonge Cabeza del Mar 60.000 has. $600.000 $285.000
E. Adams Río Zurdo 15.000 has. $30.000 $50.000
Suc. Charles Felton Cabeza del Mar 20.000 has. $200.000 $155.000
Lillian Barttlet Cabeza del Mar 10.000 has. $20.000 $147.000
Morrison y Cía. Laguna Larga 10.000 has.
$45.000
Soc. Explotadora T. Fgo. Caleta Josefina 1.109.000 has. $3.000.000 $1.560.000
The Philip Bay Sheep
Farming Company Bahía Felipe 170.000 has. $540.000 $325.000
The Tierra del Fuego
Sheep Farming Company Springhill 180.000 has. $540.000 $690.000
Wehrhahn, Hobbs y Cía. Gente Grande 100.000 has. $500.000 $520.000
John Mac Rae y Cía. Porvenir 20.000 has. $200.000 $172.000

*Tomado de una lista que obra en el Archivo de Mauricio Braun (Punta Arenas).

En este documento se individualizan los estancieros (personas naturales y sociedades), la superficie ocupada, el avalúo fiscal de los terrenos y el correspondiente a los enseres, animales y demás instalaciones de cada establecimiento. Pues bien, los británicos que aparecen como sujetos con tenencia de campos (o de intereses en casos de compañías) poseían entonces 2.101.390 hectáreas sobre un total de 2.930.228 hectáreas ocupadas (71,7%), que a su vez tenían un avalúo fiscal de $8.200.780, sobre un total de $10.665.440, más un avalúo adicional por concepto de ganado introducido, edificaciones e instalaciones y enseres, con un monto de $12.893.200, sobre un total de $17.403.760, esto es, el 74%.

Así, generalizando a 1901-02 y sobre un ecúmene ocupado algo superior a 3.000.000 hectáreas, la participación británica -que debería entenderse como aporte de capital- equivalía aproximadamente a tres cuartos de la inversión realizada durante el proceso colonizador fundacional, participación ciertamente relevante.

Pero debe destacarse, no se trató solamente de aportes de capital, bien en animales, bien en dinero fresco, sino también de la introducción -inavaluable- de una tecnología de explotación ovina absolutamente desconocida en Chile, como fuera el patrón de crianza anglo-escocés adaptado a las islas Malvinas y puesto en práctica, virtualmente sin modificaciones, en la realidad ambiental fuego-patagónica. Merced al mismo la ganadería ovina magallánica, como la patagónica en general, alcanzaría en pocas décadas el estándar de calidad que la distinguiría en los mercados laneros; no solo eso, sino además fue el fundamento tecnológico sobre cuya base cobró forma la estructura económica vertebral de Magallanes con una vigencia que alcanzaría hasta la mitad del siglo XX como actividad abrumadoramente predominante.

La contribución británica en ese tiempo, además de capitales y tecnología, significó la incorporación de fuerza de trabajo calificada, pues estimuló la afluencia libre o inclusive la contratación expresa de personal especializado, mayormente pastores escoceses. De ese modo, en poco tiempo, la estructura operativa de la gran mayoría de los establecimientos estuvo formada por gente de origen británico, principalmente ingleses y escoceses (en este caso en una proporción que no bajó del 50%), pero también de malvineros y algunos neozelandeses y australianos. Así la presencia británica finalmente agregaría eficiencia operativa a su trascendental contribución en la estructura productiva agraria de Magallanes.

En Tierra del Fuego, al revés de lo acontecido en la Patagonia, donde la colonización fue abrumadoramente de carácter individual, desde un principio se desarrolló sobre ella exclusivamente el sistema de concesiones latifundiarias: en 1885 a Wehrhahn Hnos. y Cía. (123.000 hectáreas); en 1889 a José Nogueira (180.000 hectáreas) y Mauricio Braun, testaferro de aquel, (170.000 hectáreas), y en 1890 nuevamente al empresario portugués Nogueira (1.009.000 hectáreas). Así se entregó virtualmente en su totalidad el ecúmene disponible para la explotación ganadera, desde la Primera Angostura en el norte hasta el paralelo 54°, en el sur, y desde el estrecho de Magallanes y la bahía Inútil por el occidente, hasta la frontera con la República Argentina por el oriente.

Para la explotación pastoril de tan vastas concesiones se organizaron sendas sociedades en las que, igualmente, el capital británico habría de hacerse presente. Estas fueron las siguientes:

a) Wehrhahn, Hobbs y Cía. (después Sociedad Ganadera Gente Grande), para la explotación de la primera de las concesiones nombradas. Aunque constituida inicialmente sobre la base de los aportes de César y Augusto Wehrhahn, comerciantes alemanes avecindados en Valparaíso, con posterioridad se incorporaron a la misma Rodolfo Stubenrauch, empresario de Punta Arenas, y los malvineros Ernest W. Hobbs y un tal Baillon, hombre de recursos, con lo que la entidad habría tenido una participación de origen británico que podría estimarse en un tercio del capital social.

b) Nogueira, Wales & Company (después The Tierra del Fuego Sheep Farming Company), sociedad constituida en Londres para llevar adelante la explotación de la primera de las concesiones recibidas por José Nogueira, y formada con un capital de 25.000 libras esterlinas, aportados en una quinta parte por el propio Nogueira y en las otras cuatro quintas partes por el grupo ganadero-financiero Waldron & Wood, del que formaba parte Mont E. Wales, representante que intervino en las negociaciones del caso.

c) The Philip Bay Sheep Farming Company, entidad creada igualmente en la capital británica para la explotación pastoril de la concesión entregada a Mauricio Braun. Los constituyentes fueron el mismo Braun y nuevamente el grupo Waldron & Wood, y aunque no se conoce el monto ni la forma de aportación del capital, puede conjeturarse que una y otra debieron ser semejantes a los correspondientes a la sociedad anteriormente mencionada.

Es del caso hacer notar que el grupo Waldron & Wood, además de sus posesiones en la Patagonia chilena, tenía una vastísima extensión de campos en el sudeste del territorio argentino de Santa Cruz, donde se habían formado las grandes estancias "Cóndor", "Monte Dinero" y "Gap", y en el sector norte de la Tierra del Fuego argentina, en que a partir de 1897 se había iniciado el poblamiento de "Cullen Station". Su vasta posesión en suelo argentino se extendía sobre alrededor de 300.000 hectáreas. Este dominio y los campos chilenos de "Kimiri Aike" y "Punta Delgada", que en conjunto redondeaban 100.000 hectáreas, fueron integrados en el patrimonio de The Patagonian Sheep Farming Company, constituida en Londres en 1887 sobre la base de los intereses de los hermanos Henry, William y Stanley Wood, y John y William Waldron.

d) Sociedad Explotadora de Tierra del Fuego. La formación de esta compañía estuvo entre las exigencias impuestas a José Nogueira al entregársele su gran concesión fueguina. Tras el fallecimiento del pionero, la misma fue cumplida exitosamente durante el transcurso de 1893 por Mauricio Braun, quien además de cuñado había sido hombre de la entera confianza del empresario lusitano. La entidad se constituyó formalmente a fines de septiembre del año mencionado. En el capital fundacional de $ 1.000.000 (dividido en 2.000 acciones de $ 500 cada una), totalmente suscrito y pagado, participaron algunos comerciantes británicos radicados en Valparaíso, con lo que de partida hubo recursos de ese origen, pero posteriormente, pasado 1900, al aumentarse el capital a $ 1.200.000 (2.500 acciones), la importante casa mercantil inglesa Duncan Fox & Company adquirió un porcentaje de acciones no inferior al 9% según se verá.

e) Mac Rae y Cía. Esta sociedad se constituyó, probablemente hacia fines de los años 80, para explotar los campos de la sección sur de la concesión Wehrhahn (zona de la bahía de Porvenir), que fueron arrendados ex profeso a la concesionaria. Allí se estableció la estancia "Porvenir", ocupando una superficie de alrededor de 20.000 hectáreas. Los socios constituyentes fueron el empresario Rodolfo Stubenrauch y el inmigrante escocés John Mac Rae.

El lapso comprendido entre 1903 y 1910 registró una serie de acontecimientos que en su conjunto contribuyeron a variar el cuadro de la tenencia agraria en Magallanes y, consecuencialmente, a modificar la participación de capitales británicos en el importante negocio ovejero.

Hacia 1901-02 se cumplió el período de arrendamiento de la mayoría de los campos fiscales del Territorio de Magallanes, hecho que incluso con antelación había dado origen a un intenso y sostenido movimiento por parte de los tenedores, quienes, con toda razón deseaban acceder a la propiedad de los campos arrendados y poblados con su esfuerzo pionero, salvaguardando de ese modo el fruto de su trabajo.

Lo que estos pretendían era la venta directa por parte del Fisco, pero en ese empeño, su legítimo interés hubo de contender con el afán de capitalistas y especuladores de Santiago y Valparaíso quienes, a la vista de lo rentable que era el negocio pastoril, deseaban acceder y explotar esa fuente de enriquecimiento, que se veía fácil y pronto. Como los mismos de cualquier modo se hallaban vinculados a grupos de presión económicos y políticos, consiguieron influir ante las autoridades gubernativas y el Congreso Nacional para que la decisión a adoptarse respecto del destino de las tierras magallánicas fuese favorable a sus aspiraciones. Y así ocurrió en efecto al enviarse al Congreso por el Poder Ejecutivo un proyecto de ley, que resultó aprobado, mediante el cual se disponía la enajenación en pública subasta de los campos del territorio de Magallanes ubicados en el continente (distritos Península de Brunswick, Zona Centro-Oriental Magallánica y Última Esperanza), debidamente loteados.

De esa manera, entre el 20 de marzo de 1903 y el 10 de setiembre de 1906 se remataron 1.756.882 hectáreas. El saldo, bien se sabe, hasta enterar el total de sobre 3.300.000 hectáreas que en esa época conformaba el ecúmene pastoril, estaba conformado principalmente por las cuatro concesiones fueguinas que se han mencionado y cuyo arrendamiento se extendía hasta 1913.

Como consecuencia del interés conocido y de la puja consiguiente, el cuadro de la tenencia fundiaria varió fundamentalmente respecto del conocido para 1902. Los grandes ganadores de las subastas fueron la Sociedad Ganadera de Magallanes, constituida expresamente para el objeto por capitalistas del centro de Chile, la Sociedad Explotadora de Tierra del Fuego y José Menéndez. Las propiedades adquiridas por la primera y el último estaban situadas en el distrito centro-oriental de Magallanes, y la de la Explotadora en Última Esperanza. Entre los perdedores se contaron muchos de los colonos pioneros británicos, aunque entre los rematantes estuvieron otros de los originales como Stanley Wood, Walter Ferrier, Henry Reynard, Alexander Morrison, Thomas Saunders, John Hamilton y Eduardo S. Yonge. En resumen, al concluir el proceso de enajenación el total de 84 lotes rematados quedó en manos de 18 personas naturales y tres sociedades, pero en el espíritu de la época varios de los propietarios individuales acordaron fusionar sus intereses y constituir compañías para su explotación.

De ese modo, a las preexistentes Sociedad Explotadora de Tierra del Fuego, Sociedad Ganadera de Magallanes y The Patagonian Sheep Farming Company, se agregaron sucesivamente la Sociedad Criaderos de Casimiro Ltda. (con parte de las antiguas pertenencias de los descendientes del Dr. Thomas Fenton y Eduardo Yonge); The Patagonian Land & Estate Company o Sociedad Tierras y Dominios de la Patagonia (en la que confluyeron los intereses de Thomas Saunders y John Hamilton); Sociedades Ganadera de Laguna Blanca y Ganadera "La Chilena", y The Rio Verde Sheep Farming Company, la primera formada sobre la base de los intereses de distintos rematantes de la zona de la cuenca de la laguna Blanca, y la última a base de los dominios fundiarios de Troostwyck y Cía., Jorge Meric y Edmond Doré, aunque con el aporte mayoritario de capital por parte de Peter De Bruyne, importante empresario de Punta Arenas que aunque originalmente holandés se había naturalizado británico.

Este proceso de concentración fundiaria proseguiría durante la década de 1910, de manera tal que para 1920, época para la que la explotación ovina se hallaba plenamente consolidada en Magallanes, en el distrito centro-oriental el 98,5% de los campos pertenecería a 16 propietarios, de ellos únicamente tres personas naturales, y el mayor y más importante a la Sociedad Explotadora de Tierra del Fuego, según se verá. Esta poderosa compañía por otra parte era dueña desde 1905 del 90% de los campos del distrito de Última Esperanza.

Pero en tanto así sucedía, en la isla grande de Tierra del Fuego durante la primera década del siglo XX se produjeron algunos cambios de importancia. Estos consistieron en la venta de los derechos de los accionistas británicos originales de las compañías The Tierra del Fuego Sheep Farming Co. y The Philip Bay Sheep Farming Co. a las firmas Braun & Blanchard, importante holding de Punta Arenas, y a la casa Duncan Fox & Co., constituyéndose respectivamente la Sociedad "La Riqueza de Magallanes" y la Sociedad Chilena de Lanas y Graserías (1904). Tiempo después, la primera adquirió el activo y pasivo de la segunda. La Sociedad "La Riqueza de Magallanes" fue a su vez comprada en 1906 por su poderosa vecina la Sociedad Explotadora de Tierra del Fuego, que, de ese modo, reunió en una sola mano las tres concesiones que se habían dado al pionero José Nogueira. Aunque de primera podría pensarse en una forma de "chilenización" de esta entidades, la verdad es que solo hubo traspaso de dominios accionarios, con la concurrencia, otra vez, de capitales británicos en ambos casos, de la firma Duncan Fox & Co.

Hecho esto, hacia 1910 y con el debido sigilo, la Sociedad Explotadora inició conversaciones con su rival en suelo patagónico, la Sociedad Ganadera de Magallanes, en orden a la fusión de ambas compañías, lo que se produjo a principios del año 1910, en medio del estupor de la opinión pública magallánica que mayoritariamente se hallaba en contra de la concentración de la tenencia de campos pastoriles y propugnaba la subdivisión de los mismos en plan de recolonización que favoreciera a muchos empresarios medianos y pequeños.

De ese modo, diecisiete años después de su fundación, la poderosa compañía asumía hechuras de un imperio fundiario pues reunía en sus manos 3.000.000 de hectáreas entre sus dominios en Magallanes oriental, en Última Esperanza y en suelo argentino (Santa Cruz y Tierra del Fuego), sus arrendamientos fueguinos y la tenencia de otros campos en Magallanes centro-occidental que había recibido tras la adquisición de la Sociedad "La Riqueza de Magallanes", que a su tiempo los había recibido de la Sociedad Ganadera de Ponsonby y Última Esperanza. En sus manos estaba ese enorme patrimonio y sobre la mitad del ganado lanar que poblaba los campos territoriales, que ya se empinaba sobre los 2.000.000 de cabezas ovinas, y disponía de un gran influjo sobre sectores empresariales, financieros y políticos chilenos.

Por la composición de su directorio, presidido por el sagaz y talentoso Peter Mc Clelland, que igualmente dirigía la casa Duncan Fox, por su estructura orgánica administrativa y técnica, donde los británicos originarios ocupaban la mayoría abrumadora de las jefaturas y posiciones de confianza, por la misma procedencia nacional de gran parte de sus empleados medios e inferiores y trabajadores calificados, y al fin por la importante cuota de acciones de su capital en manos británicas, era entonces por esencia y definición "una compañía inglesa", como comúnmente solía llamársela.

En la tenencia del paquete accionario de la gran compañía (1.200.000 libras esterlinas), para 1909 la casa Duncan Fox poseía 108.210 acciones, esto es, el 9% del total, pero añadidas las pertenencias de otros tenedores (shareholders) tales como el Banco Anglo-Sudamericano, el Banco de Londres y Río de la Plata y The British Bank of Sudamerica, y la de numerosos súbditos británicos residentes en Valparaíso, Viña del Mar y Punta Arenas, información obtenida de un listado publicado en ese mismo año6, puede concluirse que entre el 25 y el 27% del capital de la Sociedad Explotadora de Tierra del Fuego era, en cierto modo, de origen británico directo o indirecto. El porcentaje era, por lo demás, más que suficiente para mantener el control y la gestión de los negocios sociales que, casi está de más decirlo, se mostraban boyantes merced a una dirección y manejo técnicos de la mayor eficiencia, con excelentes producciones anuales de la mejor calidad y los consiguientes buenos precios en el mercado internacional. Imposible tener una mejor y más cabal imagen de británica eficiencia productiva y mercantil.

En 1917 el cuadro del dominio accionario de la compañía había vuelto a modificarse, ahora señalando lo que parecía una manifiesta chilenización en la propiedad o, lo que es lo mismo, evidenciándose un retiro progresivo de aportes británicos. En efecto, para entonces de un total de 1.800.000 acciones de una libra esterlina que enteraban el capital social, 223.844 pertenecían a la Compañía Chilena de Custodia de Valores (12,4%). Otros accionistas importantes eran Sara Braun, con 88.400 acciones, Mauricio Braun, 66.000 acciones, Fernando José Irarrázabal, 60.000 acciones y José Menéndez, 39.600 acciones, que en conjunto hacían otro 14,1%. El solo grupo Punta Arenas (los Braun, Menéndez, sus familiares, los Blanchard, y las sociedades relacionadas reunían 220.000 acciones, 12,2%). Los accionistas británicos institucionales (Duncan Fox & Co. y Banco Anglo-Sudamericano) poseían 47.436 acciones (2,6%)7.

Este repliegue financiero, si de tal puede escribirse, debería entenderse en el contexto comprensivo del conflicto bélico mundial entonces en desarrollo y de los cambios en variados y complejos sentidos que habría de traer la postguerra para la situación del Imperio Británico y los negocios de sus súbditos e instituciones en el exterior.

Además de la Sociedad Explotadora de Tierra del Fuego, la expresión más acabada del aporte económico de origen británico en el desenvolvimiento productivo de Magallanes, hacia los años de 1910 destacaban tres núcleos empresariales importantes de esa procedencia: el formado por John Hamilton y Thomas Saunders, antiguos estancieros (Tierras y Dominios de la Patagonia), y The Patagonian Sheep Farming Co., uno y otro con propiedades en suelo argentino vecino, y The Rio Verde Sheep Farming Company, cuyo accionista mayoritario era, según se ha visto, Peter A. De Bruyne.

En grado de menor importancia deben mencionarse Alexander Morrison, los hermanos George y Walter Harries, William Fell y Eduardo Stanton Yonge. Todos, aquellos y estos, siendo originalmente británicos en sus contribuciones de capital ya podían ser considerados completamente nacionalizados chilenos, por su arraigo definitivo en el país (Tabla IV).


TABLA IV

BRITÁNICOS CON PROPIEDADES E INTERESES
RURALES EN MAGALLANES 1903-1920*


Propietario Total de hectáreas Ubicación Avalúo

Suc. Walter Ferrier 11.346 Río Payne $370.000
Alexander Morrison 14.000 Penitente $500.000
Harries Hnos. 23.962 Río Zurdo $1.000.000
The Patagonian Sheep      
Farming Co. 101.262 Kimiri-Aike-Ciaike $3.900.000
The Río Verde Sheep      
Farming Co. 13.182 Río Verde $860.000
Soc. Tierra y Dominios      
de la Patagonia 20.030 Otway $1.500.000
Hamilton & Saunders 34.504 Morro Chico-Portada $1.300.000
Soc. Criaderos de Casimiro 25.027 Laguna Casimiro $1.900.000
Southern Patagonia Sheep      
Farming Co. 10.000 Carlota $100.000
Soc. North Arm Station Ltd. 16.790 Brazo Norte $400.000
Soc. Explotadora Tierra del      
Fuego 737.453 Patagonia $60.000.000

* Fuente: Rol Municipal de Avalúos de Magallanes para 1914.

II. LA PARTICIPACIÓN BRITÁNICA EN LOS NEGOCIOS INDUSTRIALES

La primera actividad económica de carácter propiamente industrial registrada en la historia colonial magallánica estuvo referida a la explotación forestal, principalmente para la producción de madera para la construcción. En este rubro está visto que el iniciador, como tarea privada, fue el súbdito británico Henry Reynard, que hacia 1875 invirtió capital en la instalación de un aserradero a vapor en el sector de Río de los Ciervos, algunos kilómetros al sur de Punta Arenas, y que de tal manera pasó a reemplazar a la actividad del aserradero fiscal que había sido establecido alrededor de una década antes y que posteriormente había resultado destruido por un incendio. No se poseen mayores antecedentes sobre esta faena industrial pionera, aunque se sabe que años después Reynard transfirió su propiedad, tal vez en la época en que concentró su esfuerzo económico en la crianza ovejera.

Mencionando únicamente a otro emprendimiento del género, el más importante durante los años de 1880, iniciado por Mauricio Braun en sociedad con el inglés Alfred W. Scott, por cuanto la inversión de capital la hizo aquel, teniendo el segundo solo la responsabilidad de la operación técnica por su profesión de mecánico, cupo nuevamente a Reynard asumir un rol pionero en el inicio de la faena industrial referida al aprovechamiento de los excedentes de la explotación ovina.

Ello ocurrió en 1894 y, como hemos señalado en un estudio precedente8, fue una respuesta técnica y económica a la exigencia impuesta por el crecimiento numérico de la masa ovina. Al aumentar la cantidad de animales en los campos más allá de la capacidad anual de absorción por el consumo intraterritorial de carnes, se advirtió la necesidad de aprovechar económicamente el creciente excedente mediante su faenamiento y procesamiento para la producción industrial de sebo.

A la primera grasería, tal era su denominación, establecida por Reynard en Puerto Oazy junto a las instalaciones centrales de su estancia, siguieron sucesivamente otras hasta llegar a la decena en 1904, varias de ellas fruto de la iniciativa e inversión de capital de empresarios de origen británico, tales como Waldron & Wood (Punta Delgada), Thomas y Williams Douglas (Useful Hill y Río Verde) y Peter A. De Bruyne, asociado con el alemán Bernardo Osenbrug, igualmente en Río Verde.

Virtualmente en simultaneidad con la iniciativa de Reynard, los estancieros Waldron & Wood consideraron la posibilidad de instalar en Punta Delgada una planta para el faenamiento y congelación de carnes, tecnología industrial esta recientemente puesta en uso en el mundo. Así, en 1894 adquirieron en Europa la barca Hengist, provista de instalaciones para la frigorización, con el objeto de fondearla en calidad de pontón-fábrica. Sensiblemente la nave sufrió un siniestro al entrar al estrecho de Magallanes, varándose sobre la costa de Dungeness, razón por la que aquellos empresarios optaron por adquirir otra nave de características semejantes, el Oneida que, una vez fondeado sirvió como planta industrial flotante. En uno y otro caso se trató de una inversión importante aunque de monto desconocido. De su producción se sabe que en 1896 se exportaron 70.000 capones congelados a Inglaterra y que no obstante ese promisor comienzo la producción debió ser discontinuada por razón del bajo precio internacional para la carne congelada. Sin desanimarse, Waldron & Wood en asociación con otro empresario local de origen germano, Moritz Bergl, instalaron una fábrica de carnes y grasería, que después de 1903 y tras los remates de tierras pasó a manos de la Sociedad Ganadera de Magallanes, y después de 1910 al poder de la Sociedad Explotadora de Tierra del Fuego.

Pero un paso ciertamente determinante en la actividad industrial derivada de la crianza ovejera se dio en 1903 cuando, por iniciativa de Mauricio Braun, uno de los hombres más emprendedores del territorio, un conjunto de industriales y capitalistas ingleses, entre ellos la casa Houlder Brothers, de Londres, decidió erigir en Río Seco, localidad costera situada al norte de Punta Arenas, una planta de faenamiento y frigorización con la mejor tecnología entonces conocida.

Se constituyó para el efecto The South American Export Syndicate, como sociedad anónima inglesa, con sede en la capital británica y con un capital inicial de 30.000 libras esterlinas, enterado en un tercio con aportes de Braun (bajo la firma Bermúdez y Cía.) y el saldo por Houlder Brothers y otros capitalistas ingleses. La gran planta, la primera de la Patagonia, que fue igualmente la primera en su género establecida en el país, tuvo desde su puesta en marcha en 1905 una producción regular definida por la calidad y que se prolongaría por medio siglo hasta su cierre a mediados de la década de 1950, en un contexto depresivo de la economía magallánica que no viene al caso considerar.

Una segunda inversión importante en el rubro de que se trata se materializó por iniciativa de otro gran capitán de empresa regional, José Menéndez, quien conjuntamente con otros inversionistas de Magallanes (The Patagonian Sheep Farming Co., Fred Waldron, F. H. Townsend y otros) constituyeron la Compañía Frigorífica de Patagonia, con un capital de 100.000 libras esterlinas, dividido en otras tantas acciones, de las que al momento de la constitución se habían tomado y pagado efectivamente sesenta mil9. La planta, instalada en Puerto Sara (bahía de San Gregorio, estrecho de Magallanes), fue inaugurada en 1908. Tiempo después, antes de 1910, hubo un aporte de capital no inferior a 10.000 libras esterlinas que fue hecho por la casa inglesa Weddell & Co. de Londres. Como mera referencia de producción se menciona que en 1910 las plantas de Río Seco y Puerto Sara exportaron en conjunto 338.413 reses congeladas, además de otros 32.784 animales faenados para la producción de sebo.

Un tercer emprendimiento realizado por una sociedad en la que habían comprometidos intereses británicos, fue el realizado por la Sociedad Explotadora de Tierra del Fuego en Puerto Bories (Última Esperanza). Allí, sobre la base de la fábrica de carnes y grasería instalada en los comienzos de la primera década del siglo XX por Rodolfo Stubenrauch, aquella compañía realizó una importante inversión de capital en su modernización y ampliación (fábrica de carnes congeladas, curtiembre, aserradero y ferrocarril), que a 1915 totalizaba 120.000 libras esterlinas. La industria fue inaugurada en 1914 y su producción en 1916 fue de 218.976 reses congeladas, exportada al Reino Unido como el resto de la producción regional del rubro.

La actividad industrial ajena a los derivados de la ganadería ovina no registra otra participación de alguna importancia por parte de capitalistas de origen británico, excepción hecha de la realizada en época indeterminada de la década de 1910 por el antiguo capitán mercante Charles A. Milward, quien radicado desde las postrimerías del siglo XIX en Magallanes llegó a ser un destacado empresario10  y como tal adquirió el establecimiento de maestranza y fundición establecido en 1895 por los alemanes Ricardo Lion y Adolfo Geissel.

Entre los emprendimientos menores de principios del siglo XX y hasta 1920 merecen citarse también la maestranza y fundición establecida por Braun & Blanchard en sociedad con el súbdito inglés John Skirving, que giró por un tiempo bajo la razón social Skirving y Cía., y que luego pasó a ser propiedad exclusiva de la primera entidad mencionada. También se mencionan el aserradero de Richard Löhr y Cía., inmigrante malvinero, y el establecimiento de imprenta de C.A.T. Riesco11  ("Imprenta Inglesa") (Tabla V).


TABLA V

ARTESANOS, INDUSTRIALES Y PRESTADORES DE
SERVICIOS BRITÁNICOS EN PUNTA ARENAS 1880-1920*


The Magallanes Telephone Company (Jones y Cía.) Servicio telefónico
Richard Löhr y Cía. Aserradero
Skirving y Cía. Maestranza
Charles Milward Fundición y maestranza
George Hardy Panadería
John Jackson Herrería
C.A.T. Riesco Imprenta y Librería Inglesa
De Bruyne & Osenbrug Armadores
Coll Mac Gillivray Transporte de pasajeros
The South American Export Syndicate Frigorífico y fábrica de carnes
Douglas y Cía. Grasería

* Elaborada a base del Censo General de Población y Edificación, Industria, Ganadería y Minería del Territorio de Magallanes del año 1906 (L. Navarro Avaria, 1908), de la Guía de Magallanes en 1909 y del Rol de Avalúos de Magallanes para 1914.

Como sucediera en el caso de la ganadería ovina donde la tecnología y experiencia anglo-escocesa fue determinante para su establecimiento inicial y su exitoso desarrollo, tal ocurrió en el caso de la actividad fabril, principalmente en los rubros de la fabricación de carnes congeladas y derivados, y en el de la metalurgia y maestranza industrial.

La primera requirió de la indispensable presencia de ingenieros, técnicos y maestros especializados para los trabajos de instalación, montaje y prueba de maquinarias y equipos, situación que en menor grado se refirió en el caso de la faena metalúrgica. Ello significó a su tiempo que parte de ese personal calificado se contratara de manera permanente en los diferentes establecimientos, pero asimismo generó una inmigración selectiva de profesionales de origen británico, en especial de ingenieros mecánicos, quienes se emplearon en esas y otras actividades referidas a su profesión. Con ello la contribución tecnológica británica en Magallanes adquirió una nueva e interesante significación, pues tanto aportó al desenvolvimiento industrial del territorio durante la época en consideración, cuanto generó una notable tradición de servicio tecnológico que perduraría por largo tiempo en la región magallánica.

III. LA PARTICIPACIÓN BRITÁNICA EN LOS NEGOCIOS MERCANTILES

Al hacerse la revisión de los antecedentes que informan sobre el afán económico de los británicos en Magallanes, salta a la vista que el mismo de modo abrumador estuvo referido al negocio ganadero y secundariamente a la actividad industrial, quedando distante en tercer lugar el ejercicio del comercio.

Ciertamente tal ocurrió y la explicación de porqué hubo de ser así, siendo como es conocida desde largo tiempo la semejanza que se ha encontrado entre los hijos de Albión y los antiguos fenicios, mercaderes por excelencia, no resulta fácil. Tal vez se trató de un asunto de espacio y oportunidad en lo referido a perspectivas, facilidad y magnitud de los negocios mercantiles.

En el terreno de la ganadería los británicos entraron con ventaja manifiesta pues o conocían bien la actividad o estaban de alguna manera familiarizados con el negocio. Otro tanto ocurrió en el caso de la industria frigorífica. Pero en cuanto al comercio, los inmigrantes de esa procedencia se encontraron con que su ejercicio estaba en manos de empresarios hábiles y visionarios, entre otros José Nogueira, Braun & Blanchard (que sería la dinámica y creativa sucesora de aquel) y José Menéndez, firmas que desde 1880 en adelante si no monopolizaron el movimiento mercantil, concentraron a lo menos entre dos tercios y tres cuartos del mismo en el período histórico que se considera. Y aún para competir por el porcentaje remanente había otras firmas mercantiles importantes y sólidas, con lo que -en este campo al menos- poco espacio hubo de quedar para la actividad ejercida por súbditos británicos.

No obstante que relativamente menor, cabe consignar la contribución de estos en la actividad comercial registrada para el lapso que interesa.

Sobre la base del listado que se presenta en la Tabla VI se tiene una idea de la titularidad y variedad de los correspondientes establecimientos durante el transcurso de las cuatro décadas que comprende este estudio. Pero cabe señalar que antes de 1880 y a manera de precursores de la actividad debe mencionarse a Henry Reynard -hombre de inquietudes económicas múltiples y una suerte de arquetipo de la pujanza empresarial de los británicos- y a James Dunsmore. Uno y otro instalaron al promediar los años de 1870 sendos pequeños comercios de ramos generales, más bien "despachos", al uso de la época, y de escasa significación económica.


TABLA VI

COMERCIANTES BRITÁNICOS EN PUNTA ARENAS 1880-1920*


H. Gray Venta de pieles y curiosidades del Territorio. Fotografías
Whaits y Cía. Casa Inglesa de importación y exportación
L. L. Jacobs Casa Inglesa. Importación y tienda de ramos generales
A. Hunter y Cía. Tienda
P. H. Lethaby & Co. Importaciones y exportaciones. Representaciones
Charles Williams Tienda de ramos generales. Representaciones
Correa y De Bruyne Almacén de ramos generales
George Vickery Importaciones. Tienda para caballeros
Dobrée y Cía. Tienda de mercaderías generales
D. Jacobs Relojería y Joyería Inglesa
Stubbs & Co. Tienda de artículos generales
Suc. Charles Williams Tienda de ramos generales. Representaciones
Frank H. Townsend Representaciones y Agencia de seguros
Parcival Hobbs Tienda para caballeros
John A. Esdale English Draper Store
Lethaby & Gallie Compraventa de lanas y cueros. Exportaciones. Agencias
Walter Hardy Tienda
Skirving y Cía. Importaciones
Pisano & Foggie Almacén de ramos generales. Provisiones y abarrotes
Walter F. Dixon Agente de Aduana
C. Constanduros Representaciones
T. C. Butteridge Representaciones
Williamson y Cía. Importaciones, exportaciones y representaciones
Maisson, Lavelle Ltd. Tienda
A. W. Scott y Cía. Tienda de muebles y mercería
Philip Lethaby Tienda de mercaderías surtidas
John Wattson Casa de Remates
Hardcastle & Co. Casa Importadora
Allan Mc Donald Representaciones
C. Arnold & Co. Importaciones y representaciones
Arthur Lilley Cinema "Lilley"
Simon Dunn Tienda
Wood Hnos. Tienda
Mary Bringley Tienda
Elsa Lethaby Tienda
Chapple y Cía. Casa Importadora. Tienda
Needham y Chetwood  
Aiken Importadores
J. C. Robins "Caledonian Hotel"
J. C. Robins "Royal Hotel"
A. Plant "Windsor Hotel"
Charles Bardin Hotel "Comercio"
J. C. Roberts "Caledonian Hotel"
Gustav Bragg Hotel
William Kinnaird "Queen’s Hotel"
Lilley y Nicol Hotel "Imperial"
James Doherty Hotel
Collin Mac Lean Hotel "Magallanes"
Charles Poole Hotel
James Harrison Hotel
Charles Turnbull Hotel
John White ¿Hotel White?
Walter New Hotel
Christopher Smith Hotel
Edward Spencer Hotel
A. W. Voice Hotel
Alfred Dawkins Hotel
John Rodgers Hotel (Porvenir)
J. H. Cox y Cía. Hotel (Puerto Natales)

* Elaborada a base del Censo General de Población y Edificación, Industria, Ganadería y Minería ordenado levantar en 1906 (L. Navarro Avaria 1908), de la Guía de Magallanes 1909, el Rol de Avalúos de Magallanes para 1914 y diarios de la época.

Pues bien, de un total de cincuenta y ocho firmas registradas se advierte en general una doble presencia preferencial en el ejercicio mercantil. Una, la correspondiente al rubro de importaciones, con su derivación en el negocio de distribución y venta al por menor en forma de tiendas y almacenes de ramos generales o especiales, y de agencias y representaciones de marcas industriales y comerciales de fama, que tanto pudieron tener establecimientos de venta directa al público, como exclusivamente de suministro al por mayor, o ambas formas también (en total 32 firmas); y otra, la del ramo de hotelería (21 firmas), explicable por la demanda de hospedaje en una época de inmigración constante y gran movilidad de pasajeros. Entre las primeras se contaron casas de prestigio como la de propiedad de Lionel L. Jacobs ("Casa Inglesa"), con especialidad en mercaderías generales, y la tienda de George Vickery, especializada en artículos para caballeros; también tuvieron prestigio las casas de Whaits y Cía., P. H. Lethaby & Co., Charles Williams y Frank H. Townsend. Entre los del ramo hotelero tuvieron nombradía los dos establecimientos que fundara J.C. Robins, el "Caledonian" (traspasado después a J. C. Roberts) y el "Royal", hotel este que poseía un buen restorán.

Entre los negocios singulares cabe mencionar el cinema "Lilley", una de las primeras, sino la primera de las salas de exhibición de cinematografía de Punta Arenas; la casa de remate de J. Wattson y la agencia de aduana de Walter F. Dixon. Particular mención cabe para la casa de H. Gray, uno de los establecimientos comerciales más antiguos de Punta Arenas, por cuanto a su especialidad de compra y venta de productos naturales del territorio, añadió la de fotografías de indígenas, siendo así, probablemente, la primera casa en comerciar en el ramo12.

Quien se creó su propio espacio en el ejercicio de los servicios comerciales, en el que no tendría competidores, fue el talentoso ingeniero William A. Jones, quien introdujo y desarrolló la telefonía en Magallanes.

Fue en 1898, cuando para el efecto se asoció con otro compatriota, William Macdonald, constituyendo la sociedad Jones y Macdonald que al parecer tenía como nombre de fantasía el de The Magallanes Telephone Company e importó una central telefónica e inició su extensión por los ámbitos urbano y rural. Al año siguiente Macdonald vendió su parte a John E. Webster, surgiendo la razón social Jones y Cía. con que giraría en el futuro. En pocos años el esencial y moderno servicio de telecomunicaciones alámbricas se extendió por el interior del territorio, alcanzando hasta Última Esperanza y Río Gallegos, capital del Territorio de Santa Cruz (Argentina), con el que las comunicaciones quedaron establecidas en 1900. En el curso de los años de la primera década del siglo XX la longitud de líneas telefónicas llegó a superar el millar de kilómetros, uniendo a diferentes estancias y factorías desperdigados por la vastedad rural con la capital territorial. A este fundamental servicio Jones agregó en 1901 el correspondiente a la telegrafía intraterritorial e internacional con el que Punta Arenas y Magallanes quedaron vinculados con Buenos Aires y, por tal vía, con el resto del mundo, en lo que fue tenido -con toda razón- como un adelanto tecnológico casi prodigioso por cuanto rompía el aislamiento geográfico en que hasta entonces había estado. Al mismo Jones cupo la iniciativa y la materialización del tendido de un cable submarino para enlazar las comunicaciones entre la Patagonia y la Tierra del Fuego a través de la primera angostura del estrecho de Magallanes.

No obstante de que en estos casos no se trató de aporte de capital sino de una contribución tecnológica muy valorable, cabe su mención por cuanto de importante la misma hubo de ser para el desarrollo de las comunicaciones intraterritoriales y con el exterior, contribuyendo de variado modo al adelanto general de la vida y la economía.

Por fin cabe igualmente una mención para otros servicios comerciales, como el transporte marítimo y terrestre. En el primero, que tuvo tempranamente una notable cobertura por parte de empresarios como Braun & Blanchard y José Menéndez, hubo también una participación menor de capital parcialmente británico a través de la gestión de la firma armadora constituida por Peter A. De Bruyne, empresario de actividad variada, y Bernardo Osenbrug, que registraron a los vapores Sur y Elena para el tráfico intraterritorial y con la costa argentina. De Bruyne fue asimismo miembro fundador de la Sociedad De Bruyne, Andresen y Cía., constituida conjuntamente con los empresarios Mauricio Braun, Alejandro Menéndez y el capitán mercante Adolfo Andresen para la explotación de la caza pelágica. De su exitoso comienzo en 1904, derivó la posterior organización de la Sociedad Ballenera de Magallanes (1906), en la que De Bruyne fue uno de los accionistas importantes.

En el ramo del transporte terrestre citamos, casi como curiosidad, la participación de un británico, Call Mac Gilliwray, quien habría sido el primero o uno de los primeros en hacer el servicio internacional de pasajeros entre Punta Arenas y el vecino territorio argentino de Santa Cruz (Río Gallegos).

IV. CONCLUSIONES

En una evaluación sobre lo que fue en su hora la participación de capitales británicos en el desarrollo económico de Magallanes en el período comprendido entre 1880 y 1920, debe comenzarse con un reconocimiento franco acerca de la oportunidad y bondad del mismo, teniendo en consideración el surgimiento y evolución del proceso productivo territorial.

Particularizado, el mismo fue determinante en lo referido a la introducción de la ovejería como crianza extensiva y, como tal, fundamento sólido que devino estructural para la organización económica regional. Tal circunstancia histórica sería impensable sin la participación de súbditos y capitales británicos, poseedores aquellos de conocimientos, tecnología, artes y experiencia que los situaba en el mejor nivel de calificación en su época. El modelo anglo-escocés de crianza y producción de ovinos conformó, vale reiterarlo, un doble aporte, financiero y tecnológico, que hizo posible la estructuración productiva del territorio de Magallanes, de tales vigor y características que alcanzaría una vigencia intangible de tres cuartos de siglo a contar de 1880. No solo eso, pues además permitió posicionar a la producción lanera magallánica entre los mejores estándares de calidad en el mundo -y desde luego la más calificada de Chile-, y también significó la inserción de Magallanes como región productora primaria en el esquema económico de la división internacional del trabajo hasta mediados del siglo XX.

En lo tocante a la actividad industrial, la contribución británica aunque menos significativa que la de la crianza ovina, fue ciertamente importante en cuanto hizo posible la incorporación de una tecnología fabril en el tratamiento y conservación de carnes novedosa y desconocida en Chile, que fue repetida en otras inversiones de la especie tanto en Magallanes, como en la Patagonia y la Tierra del Fuego argentinas, permitiendo la dotación de una infraestructura productiva suficiente y eficiente, según se ha comprobado con una prolongada vigencia histórica hasta bien superada la mitad del siglo XX.

Por fin, en lo referido al ejercicio del comercio propiamente tal, es preciso convenir que la participación de capitales británicos fue irrelevante. No sucedió así, en cambio, en el campo de los servicios mercantiles, donde la sola introducción y desarrollo de la telefonía alámbrica y la telegrafía deben acreditársele sin retaceos a la visión y pujanza de un empresario de esa nacionalidad, siendo, como fue, una contribución tecnológica significativa de modernidad y progreso general por donde se la considere.

La cuantificación de la participación económica de los británicos en Magallanes es, lejos, una cuestión ardua y de difícil determinación. Al revés de lo acontecido en otras regiones de Chile (Tarapacá, Antofagasta, Atacama, Valparaíso y Concepción), respecto de lo cual hay abundante documentación y antecedentes estadísticos, en el caso de Magallanes la información sobre el punto que interesa es fragmentaria y por tanto insuficiente para precisar la magnitud de la inversión. No se han conservado registros de época, ni menos información estadística y las fuentes que dan noticias, como se ha visto, son parciales, incidentales o secundarias, y, se reitera, en cualquier caso insuficientes para entregar una información tan completa como la que se requiere.

En subsidio, y además de los datos entregados precedentemente, hemos dispuesto de dos antecedentes que solo sirven para un cálculo meramente estimativo. Uno, la información recogida por el diputado Agustín Gómez García, correspondiente al año 1913, y que se refiere a la propiedad del capital mercantil e industrial. Así, sobre una inversión de $ 30.480.900, los británicos poseían $ 3.510.000 ($ 2.620.000 en el comercio y $ 890.000 en la industria), esto es, el 11,5% de aquel total, encontrándose porcentualmente detrás de los alemanes, croatas y españoles, y precediendo a italianos, suizos, franceses y otros extranjeros y chilenos13.

Pero este dato, a más de incompleto es engañoso, como lo entiende el propio diputado informante al manifestar que en el cálculo no estaban comprendidos los [valores] de la industria ganadera ni sus derivados los frigoríficos, graserías, fábricas de conservas, etc. -precisamente los rubros de inversión donde el capital británico era significativo-por figurar ya estos en los avalúos de las estancias, cuya valorización alcanza a más de cien millones de pesos14.

El otro antecedente se refiere precisamente a parte de la inversión no calculada por aquel, vale decir a la propiedad raíz rural (estancias) y procede del Rol Municipal de Avalúos para el año 1914.

En este documento oficial emanado de la Junta de Alcaldes de Magallanes, organismo edilicio en la época, se contiene un listado de todos los bienes raíces urbanos y rurales existentes en el territorio. Pues bien, de aquellos correspondientes a las estancias hemos seleccionado las pertenecientes a súbditos británicos o a las sociedades por ellos integradas o con participación accionaria en las mismas. Así, de un total de 79 propiedades inmuebles enroladas con una superficie total de 2.915.228 hectáreas y un avalúo de $ 28.044.200 (incluyendo el valor del terreno, enseres y animales), 30 de ellas, con un total de 2.086,390 hectáreas y un avalúo de $ 21.088.980, representaban efectivamente el 71,6% y el 75,2% en cada ítem. En buenas cuentas, para mediados de la segunda década del siglo XX el patrimonio fundiario directo e indirecto de los súbditos británicos en Magallanes abarcaba tres cuartos de la propiedad raíz rural, en la que radicaba la base de la producción económica fundamental: la ovejería en gran escala. Estas cifras son ciertamente confiables y conforman una aproximación a lo que debió ser la realidad de la participación de los británicos en la economía magallánica del cuatridecenio en consideración. Es sensible la carencia de información específica completa y fidedigna tanto para conocer la cuantía de la participación británica en el conjunto de la inversión productiva realizada en el período que interesa, cuanto para compararla con los antecedentes conocidos para otras regiones chilenas.

De este modo, para concluir, ha de convenirse en que aún imperfectamente cuantificada o desconocida en su verdadera magnitud, la participación de capitales británicos en la génesis y desenvolvimiento de la economía magallánica durante el período 1880-1920 fue absolutamente determinante en lo tocante a su producción matriz: la crianza ovina. La historia de Magallanes y de la región meridional americana entera habría sido diferente de no haber mediado tan oportuna como eficaz participación.

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* Investigador, Centro de Estudios del Hombre Austral, Instituto de la Patagonia, Universidad de Magallanes.

** Trabajo presentado a las XIV Jornadas de Historia de Chile, Santiago, 17-19 de octubre de 2001.

1 Véase al respecto nuestras obras Punta Arenas en su primer medio siglo 1848-1898 Punta Arenas, 1988 e Historia de la Región Magallánica Santiago, 1992.

2 Véase nuestro estudio "Origen y desarrollo de la inmigración extranjera en la Colonia de Magallanes entre 1870 y 1890", Anales del Instituto de la Patagonia, volumen VI: 5-41, Punta Arenas, 1975.

3 Según lo que nos ha sido gentilmente informado por Jane Cameron, archivista e investigadora en Port Stanley, Islas Falkland, tampoco allí se cuenta con un registro oficial que dé noticias sobre la materia, del mismo modo que sobre los animales lanares exportados a Patagonia. La información, de existir, sería solo parcial y podría encontrarse en los registros de algunas estancias. Sin embargo, Cameron nos ha brindado un dato adicional de origen oficial como es el informe del Government Saving Bank para el período 1888-1895, que da cuenta del cierre de 197 cuentas de ahorro durante ese lapso, con un retiro de fondos ascendente a 41.515 libras esterlinas. Comentando esta situación, el autor Wayne Bernhardson (Land & Life in the Falkland Islands, 1989), escribió ... que ... no todos esos cierres de cuentas y retiros de dinero pueden ser atribuidos a los emigrantes a Patagonia, pero debe haber habido en gran porcentaje de estos en ello (traducción del autor).

4 Oficio 152 de 31 de marzo de 1893, Datos Estadísticos sobre Magallanes, en Vol. Gobernación de Magallanes 1893-94, Archivo Ministerio de RR. EE. y Colonización, Santiago.

5 Memoria que el Delegado del Supremo Gobierno en el Territorio de Magallanes don... presenta al señor Ministro de Colonización, Santiago, 1897, tomo I, 32 y 33.

6 List of Shareholders of the Sociedad Explotadora de Tierra del Fuego on 15th August 1909, Archivo Centro de Estudios del Hombre Austral, Instituto de la Patagonia, Universidad de Magallanes, Punta Arenas.

7 Memoria Sociedad Explotadora de Tierra del Fuego al 30 de junio de 1917.

8 "La actividad industrial en Magallanes entre 1890 y mediados del siglo XX", Historia 34, Santiago, 2001, 91-115.

9 El 10% fue tomado por Menéndez y un porcentaje semejante (9,5%) por los inversionistas británicos mencionados.

10 A mediados de la década de 1910 Milward asumió la representación consular de Gran Bretaña en Magallanes, que mantuvo por muchos años.

11 De origen británico, no obstante su apellido hispano.

12 Para el caso vale reproducir el texto del timbre que se estampaba en el dorso de las fotografías que producía y vendía el establecimiento: H: Gray, Dealer in Fruit, Fur-Skins, Curios, Nicknacks, Photograph of Patagonias and Fuegoans -Sandy Point- Magellan.

13 Viaje de un chileno a Magallanes en 1914, Santiago, 1914.

14 Op. cit. 82.

FUENTES DE CONSULTA

Correspondencia inédita

Carta de Jane Cameron, Government Archivist (Falkland Islands Archives) al autor, fechas 16 y 20 de agosto, 2001.

Correspondencia Gobernación de Magallanes 1893-94, Archivo Ministerio de Relaciones Exteriores, Santiago.

Correspondencia Recibida, Legajo 1898, Archivo Mauricio Braun, Museo Regional de Magallanes, Punta Arenas.

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