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Historia (Santiago)

versión On-line ISSN 0717-7194

Historia (Santiago) v.37 n.1 Santiago jun. 2004

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-71942004000100013 

 

RESEÑAS

PABLO LACOSTE, La imagen del otro en las relaciones de la Argentina y Chile (1534-2000). Instituto de Estudios Avanzados. Universidad de Santiago de Chile. Fondo de Cultura Económica. Buenos Aires, 441 págs.

Pablo Lacoste, un investigador argentino, presenta su tesis doctoral en Historia realizada bajo la guía de un académico chileno, el profesor Joaquín Fermandois.

Esta detallada y completa investigación obtuvo el Primer Premio en la IX edición del Concurso de Investigación Casa de América, y ha sido publicada en conjunto por el Instituto de Estudios Avanzados de la Universidad de Santiago de Chile, y el Fondo de Cultura Económica de Argentina.

En una cuidada edición de 441 páginas, se presenta una investigación de la cual su autor señala: "El proyecto original de esta tesis se centraba en las relaciones entre Chile y la Argentina en el siglo XX. Pero a medida que avanzamos en el estudio del tema, se planteó la necesidad de buscar las causas de los desencuentros entre ambos países el siglo XIX y aun más allá". Nos parece que esta afirmación no es menor, ya que abre un espacio central que invita a una discusión académica fecunda, y sobre la cual centramos esta recensión.

La obra está seria y rigurosamente presentada. En un trabajo largo, minucioso, que busca dar cuenta de las causas explicativas de una relación vecinal recíprocamente recelosa. Su autor recopila sistemáticamente y de modo concentrado en un libro, una amplia serie de antecedentes fundamentales, muchos de ellos conocidos y preexistentes, pero que corrientemente se encuentran dispersos en distintas fuentes. Sin duda que una primera contribución valiosa del trabajo en cuestión es precisamente esa.

Empero, la pregunta de fondo surge de inmediato a partir de la propia argumentación del autor: el problema del período elegido para su análisis. ¿Por qué 1534 y no seguir remontándose más atrás? En estricto rigor causal, también lo obrado en su época por la Casa de Habsburgo en el Nuevo Mundo, estuvo de suyo concatenado con el pulso de la historia de España y esta, a su vez, con la de Europa de aquellos siglos. Si bien conceptualmente válida, esa opción es historiográficamente "infinita".

Lo señalamos en razón que el arco de tiempo que comprende el estudio, ¡cinco siglos!, es un horizonte excesivo, casi mágico, para un escenario que tiene un rasgo muy persistente, a saber: una escala territorial inmensa y un vacío histórico contundente. De algún modo, nos parece un continente temporal-espacial objetivamente desproporcionado para su contenido.

Curiosamente el autor, si bien de manera indirecta, creo que intuye perfectamente el punto, con muchas de sus argumentaciones. En efecto, una contribución muy lograda de su trabajo es precisamente esa aguda y lúcida distinción que hace entre fronteras jurídicas, fronteras imaginarias y fronteras reales, una trilogía que en rigor geopolítico no hace sino reconocer que este sustancial vacío histórico, y también la carencia de real conocimiento geográfico que señalamos antes. De ahí que esta ausencia haya tendido a ser reemplazada en los hechos por una febril imaginación en la relación bilateral. La movilidad constante del trazado fronterizo, incluso desde el primer momento hispánico en América, es el corolario inevitable del vacío y de la ignorancia consignada. Lacoste emplea acertadamente también la expresión del "Chile fantástico" y de la "Argentina bioceánica", ambas son disquisiciones, tal vez no "fantásticas", pero sí son hijas de la "fantasía". Al ampliar el arco de tiempo analizado, se alimenta, se refuerza, precisamente aquello que el autor estima como el factor que más explica la razón de los recurrentes desencuentros entre ambos países, vale decir, aquella suerte de trasfondo llamémoslo "ficticio". El título del capítulo 13 y final del libro es, en esta dimensión, muy sugerente: Anacronismo y supervivencia de las tesis fundacionales. Con todo, los planteamientos del autor son altamente estimulantes para un debate más amplio. Consignamos aquí solo algunas de las derivaciones posibles de ahondar.

Sabemos que, en geopolítica, una frontera es siempre consecuencia y no causa de diversidad. Es decir, una frontera tiene entidad e identidad, solo en la medida que exista realmente una diferenciación previa que ella (la frontera) precisamente delata, señala, individualiza, consigna, demarca. No se trata que ella deba tener necesariamente una expresión de geografia física como lo es en buena parte la cordillera andina entre Chile y Argentina. Toda frontera, independiente de su naturaleza, se mueve en el plano de la realpolitik, en el sentido de que ella es invariablemente consecuencia de la existencia real de una diferenciación, respecto a un entorno (umland) en el cual toda diferenciación está inserta. De ahí que "la fronterización" entre Chile y Argentina haya sido tan disputada, móvil, transhumante, porque ha sido un proceso de la imaginación, de la fantasía, una suerte de "entelequia". En lo sustantivo, el hinterland de ambos países han sido espacios predominantemente vacíos que se ha buscado delimitar en abstracto, en rigor, ha sido el reino en el cual se han enseñoreado conceptos propios de una idealpolitik.

La cordillera de los Andes es una realidad telúrica descomunal, de dimensiones planetarias. El despoblamiento casi absoluto de ella, una divisoria de las aguas que recorre el macizo a grandes alturas, una cobertura de nieves y hielos eternos, determina casi de manera absoluta que el principio del uti possidetis no tenga la menor vigencia en este escenario. Tanto a chilenos como argentinos, para qué decir -en su momento- del conquistador y el colonizador hispano, este escenario andino colosal les ha sido a todos hasta muy recientemente, un ámbito profundamente desconocido. En reemplazo de esta ignorancia se tejió una visión quimérica, cargada de fábulas, casi mítica y producto de genuinas alucinaciones. En ese estado de cosas, se entiende que la cordillera tuviere un carácter mágico en las disquisiciones.

Pensamos que Pablo Lacoste lo que finalmente logra demostrar en su tesis es, precisamente, que el decurso de la relación bilateral ha sido, en definitiva, el producto de los distintos grados de vitalidad, de la imaginación abstracta de los centros de poder metropolitanos de ambos países. Por un lado, de una Argentina que tradicionalmente, y hasta hace muy poco, ha vivido concentrada en su vorland oceánico, aquel que la vincula transatlánticamente con Europa. No es casualidad que Argentina sea considerada como el más europeo de los países sudamericanos, y ¡cuánto le han pesado estas reminiscencias! Por otro lado Chile, vivió una larga existencia y "cultura" provinciana, encerrado en sí mismo, de alguna manera "volcado territorialmente hacia adentro" que, de igual forma, ¡tanto le ha pesado! Solo en las últimas décadas del siglo XX Chile se abre unilateralmente al mundo, proyectándose a través de su vorland Océano Pacífico.

Si se hace abstracción de estas realidades geoculturales de ambos países, la investigación que comentamos tiende a perder impulso y conserva el carácter de catastro, quizás ordenado y sistematizado de alguna manera distinta a las conocidas previamente, pero continúa siendo una exposición con pretensión objetiva de documentos y antecedentes, a sabiendas que estos están saturados de intencionalidad, de propuestas con carga ideológica nacionalista, de abstracciones que esconden propuestas e intenciones de las más variadas naturalezas. Es por eso que, en esta perspectiva, podríamos llegar a postular como hipótesis que la relación argentino- chilena se podría a llegar a entender mejor, estudiando el pensamiento de los círculos de influencia intelectual-político-académicos de Buenos Aires y de Santiago respectivamente.

El Nuevo Mundo, por su impronta fundacional que arranca desde su origen mismo, por la uniformidad temporal con que emerge, por su homogeneidad cultural, en fin, por el predominio mayoritario de "una matriz hispánica", no tiene ni ha tenido nunca, fronteras en el sentido que las ha tenido Europa. En el Viejo Mundo, el tema de la fronterización jamás fue ideológico, sino real, en razón de ser espacio poblacional y así culturalmente ocupado densamente por milenios. En nuestro entorno, el vacío de contenido de los hinterländer en toda Sudamérica -entre otros motivos por el poblamiento metropolitano de los países- determinó que el carácter de la discusión fronteriza fuera mayoritariamente un duelo entre la "fantasía y la imaginación". La fisonomía de todo el poblamiento sudamericano da cuenta inequívoca de estos interiores territoriales vacíos. En efecto, predomina un patrón territorial de aglomeraciones urbanas periféricas, caracterizada por miradas centrifugales, dirigidas a un exclusivo horizonte de ultramar, España.

En rigor, lo que planteamos es que la comprensión de las relaciones bilaterales al interior del Nuevo Mundo no se revela integralmente solo a partir de una reconstitución, de una mirada solo histórica. No se transparenta exclusivamente desde esta dimensión, porque es un tema imposible de entender desde sí mismo, sino requiere de un análisis geopolítico más "holístico". Pero la necesidad de una "ampliación de la mirada" no se enriquece ni satisface profundizando y recogiendo retrospectivamente solo la cronología histórica.

El libro de Pablo Lacoste es un estudio serio y acucioso, una lectura-interpretación de una larga, compleja y delicada relación vecinal. Pero reiteramos que, al reunir los múltiples y variados antecedentes sobre el tema, adquiere el carácter de una rica cantera que anima, estimula a seguir con investigaciones que se desprenden de lo aportado por él en esta investigación, y que contribuyen a ir completando y dar cuenta integral de una dinámica que pareciera no tener fin.

RICARDO RIESCO JARAMILLO
Pontificia Universidad Católica de Chile
Universidad Gabriela Mistral