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Historia (Santiago)

versión On-line ISSN 0717-7194

Historia (Santiago) v.37 n.1 Santiago jun. 2004

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-71942004000100014 

 

RESEÑAS

JOHN L. RECTOR, The history of Chile, Greenwood Press, USA, 2003, 297 págs.

El libro del profesor Rector es más que un manual de Historia de Chile, incluye una lista de los acrónimos y siglas más importantes en el país, una tabla cronológica con las fechas más emblemáticas, una lista de reseñas biográficas de personajes notables de la historia de Chile, una breve pero lograda descripción de los principales rasgos de sus geografía, clima, gentes y educación y un glosario de palabras en castellano de difícil comprensión para quien no sea hispanoamericano o chileno. Además, entrega datos demográficos y económicos, identificación de las regiones, cifras del crecimiento económico reciente, transportes, empleo; información sobre la forma de gobierno, partidos políticos, lenguaje, música, cultura, religiosidad y aun otros temas, como los principales museos.

En este sentido, es una obra con una gran utilidad pedagógica, para quien, conociéndolo poco, se quiera informar sobre el país. Más corta y menos erudita que el libro de Loveman u otros compendios publicados en inglés que están concebidos para estudiosos del país, esta obra pretende llegar a un público más general.

El autor hace un apretado resumen del mundo aborigen prehispánico y de la Conquista. Al hacerlo no se aparta de la visión que entregan las fuentes y obras fundamentales más conocidas y su información resulta plenamente confiable. Cuando usa palabras castellanas de un significado difícil de entender para un no hispanoparlante -o incluso para quien no sea latinoamericano, como dijimos-, como "encomienda", el significado del concepto se encuentra explicado en el ya mencionado glosario que se incluye.

En torno al difícil y controvertido tema del trato dado a los indios por parte de los españoles, Rector se muestra ecuánime y recoge la visión moderna del proceso, destacando cómo la resistencia de los nativos se debió en buena medida a los desmedidos abusos de que fueron objeto. Muestra admiración hacia la habilidad guerrera de los mapuches.

En fin, se refiere a la Guerra de Arauco, sus principales personajes y episodios, destacando la idea de la "Guerra Defensiva" y su ligazón con la obra de la Iglesia Católica y algunas figuras en particular.

Y así continúa entregando una visión de lo que fue la Conquista y la era colonial, en una periodificación novedosa que inicia antes de la conquista española y hace concluir en 1750. En esta priman las explicaciones más aceptadas por la historiografía seria, muestra de que el autor se informó ampliamente al respecto. No defiende una tesis ni hace denuncias largamente fundamentadas, las que, por lo demás, no se justificarían en un manual como el que comentamos.

Tampoco el autor pretende seguir una línea cronológica estricta, como lo hacen las historias generales de Chile más conocidas y concede poca importancia (menos de una página) a la historia político-administrativa. En cambio se preocupa de temáticas sociales, religiosas, etnográficas, demográficas, económicas y culturales. En lo económico destaca que el Chile colonial fue un país que vivió de una agricultura primitiva centrada en el sistema de la hacienda y en menor medida en una minería y en un comercio internacional en pequeña escala. También presta atención a la formación de la sociedad chilena.

La diferenciación entre lo que fue el Chile extremadamente pobre, turbulento y aislado de los siglo XVI y XVII y el país más ordenado y próspero del siglo XVIII, Rector la ve conectada a las reformas borbónicas, con las que inicia el segundo capítulo de la parte propiamente historiográfica del libro y que abarca el período de 1750 a 1830. Pero también como consecuencia de la expulsión de los jesuitas y algunos cambios que se habían venido produciendo en la agricultura, minería y comercio (pp. 53-61). En esto sigue nuevamente las opiniones más sólidas que se encuentran en la historiografía especializada. Entrega útiles cifras que justifican sus opiniones. Pero el aspecto más novedosos que ve en la época de gobierno borbónico se refiere a la importancia concedida a las obras públicas como signos de progreso (algo tan propio del siglo XVIII europeo) y a las reformas impositivas.

Sobre la Independencia, siguiendo su estilo, el libro, más que un relato, señala algunos procesos y problemas fundamentales, conectándola -como estuvo- con la posterior emancipación de Perú.

Interesante resulta que vea extenderse a la coyuntura de la Independencia hasta 1830. En verdad la inestabilidad y los ensayos de institucionalización duraron hasta ese año, cuando los conservadores encabezados por la figura de Portales impusieron la República autoritaria. Como lo dice la historiografía tradicional, para John Rector la época portaliana marca un hito, diferenciando a Chile, desde entonces un Estado ordenado y firmemente gobernado, de otras repúblicas hispanoamericanas que continuaron con su inestabilidad por todo el siglo XIX y aun después; en esto creo que difícilmente alguien pueda estar en desacuerdo. Pero el autor no deja de hacer presente que esto se consiguió a costa de una menor libertad. En este caso hace un sintético relato de la historia política de esos años (pp. 88-94).

Sin embargo, en el período que se inicia en 1830 y que Rector hace extenderse hasta 1861, si bien señala las características políticas, recién señaladas, que lo marcaron, concede mayor importancia a aspectos económicos, especialmente los ligados con la minería, la agricultura y el comercio y, más todavía, con las figuras de algunos empresarios innovadores y de gran empuje, en estos tres campos, que crearon un primer período de relativa prosperidad en un país que se había caracterizado desde siempre por su pobreza. Se nota la simpatía del autor por las ideas económicas liberales.

La siguiente etapa en la periodificación que sigue el autor, y que la extiende desde 1861 hasta 1891, la califica de "Triunfo del Congreso", aludiendo a la imposición en Chile del liberalismo político y el sistema parlamentario. Sin embargo bien pudo denominarla como "la era del salitre" o "tiempo de guerra", no lo hace, pero sí se refiere extensamente a ambas realidades. Inicia el capítulo señalando que durante estos años se consolida la identidad nacional, cuestión que puede discutirse; la mayoría de los historiadores considera que la identidad nacional se consolida después de la guerra contra la Confederación Perú-boliviana en la década de 1830. Pero Rector tiene razón en que es en el período 1861-1891 cuando Chile pasa a tener las dimensiones geográficas que tiene hoy, casi un siglo y medio después. En efecto, durante esas décadas se asientan los chilenos en el extremo sur; el territorio todavía independiente controlado por los mapuches es incorporado al ecúmene nacional, y en la Guerra del Pacífico, que el autor describe en sus rasgos principales, explicando el triunfo de Chile más por la calidad de sus soldados -ya imbuidos de patriotismo y sentido nacional- que por la pericia de los generales, con lo que estoy plenamente de acuerdo. Se adquieren las provincias de Tarapacá y Antofagasta, antes peruana y boliviana, respectivamente, y muy ricas en salitre o nitrato… cuya posesión fue la verdadera causa de la guerra.

El sexto capítulo de su libro lo dedica el autor a lo que denomina New Classes and Conflicts. De hecho, se refiere principalmente al nacimiento de la clase media, que en Chile, a diferencia de muchas sociedades, creció bajo el amparo de un Estado rico como consecuencia de los impuestos pagados por la industria salitrera. El tema de la clase media es muy importante, pues será la columna vertebral, en lo social y político, de la historia de Chile en el siglo XX. De hecho, a partir de 1920 todos los Presidentes de la República, partiendo por Arturo Alessandri, serán de origen medio así como la mayoría de los hombres públicos, intelectuales y profesionales.

También destaca Rector el nacimiento de un proletariado organizado, pero que en estos años no tuvo la importancia que tuvieron los sectores medios y, a veces, fue duramente reprimido. También destaca el atraso social y tecnológico de la agricultura que entró en una profunda decadencia, por la actitud de los hacendados de aprovechar préstamos para fines diferentes al agrícola, en cuyo interés fueron solicitados, sin renovarse tecnológicamente de manera suficiente y manteniéndose una concentración de la tierra, que producía, por contraste, la proliferación del minifundio.

En lo económico, Rector se preocupa de la industralización, señalando, entre otras cosas, que desde un comienzo recibió la protección del Estado, aunque se logró un cierto crecimiento. En cuanto a la minería el fenómeno más interesante del período es destacado como de progresivo reemplazo del nitrato como principal exportación chilena (se había descubierto cómo producirlo artificialmente), por el cobre, debido a la apertura de varias grandes minas con capital norteamericano hacia 1910.

Se echa de menos una mirada a la cultura, que durante los años 1891-1925 vivió un gran cambio. La clase alta chilena, tradicionalmente pobre y sobria, como consecuencia del dinero del salitre, se transformó en una oligarquía frívola que vivía a imitación de Europa y en particular Francia, lo que explica, en parte, su decadencia como clase política. En tanto la clase media, que también tuvo acceso a la educación como fruto de la riqueza salitrera, tomó una actitud contestataria y rebelde, la que se manifestaría políticamente con su triunfo de 1920 y su intento de hacer reformas sociales profundas en el país. También por estas décadas comenzó a transformarse la clase baja urbana, cada vez más numerosa, en la medida que se iban despoblando los campos. Por cierto que su emigración campo-ciudad también significó un cambio cultural mayor.

El capítulo siete lo titula John Rector como "Experiments in Democracy 1925-48", aunque en el plano político este período se inicie con una de las dos dictaduras militares que ha tenido Chile en el siglo XX, la de Carlos Ibáñez. Después vinieron -ciertamente- una serie de experimentos democráticos o seudodemocráticos, hasta que este sistema político se afirmó en 1932. Incluso existió una "República Socialista".

También se preocupa el autor de la cultura, pero de la que llamaríamos "alta cultura", vale decir, literatura, pintura, historia, etc. Hace ver que las más altas cumbres en este campo vivieron mucho tiempo fuera de Chile, aunque algunos -que eran de origen social medio- como Gabriela Mistral y Pablo Neruda la herencia autóctona nunca desapareció de sus obras. Rector llega más allá de 1955 en su relato; siendo así, pudiera haber incluido algunos nombres de verdadero origen popular.

En esta parte del libro no dejan de deslizársele algunos pequeños errores: la obra de Pedro Prado se llamó Alsino, no Alcino. En español los títulos de libros van con minúsculas, excepto la primera letra de la palabra o los nombres propios. Ya antes había hablado de los 15 tomos de la Historia general de Chile, de Diego Barros Arana, en circunstancias que son 16. Pero se trata de errores muy menores y que en nada conspiran contra la calidad del libro.

En lo económico y social el autor ve este período, en cierta medida, como una continuación del cambio profundo que trajo la hegemonía de la clase media. Destaca -en lo puramente económico- el creciente rol del Estado, que se manifestó después de 1938 con el nacimiento de la CORFO (Corporación de Fomento) que hizo posible crear en Chile una industria pesada, aunque no muy eficiente. También dedica atención a cómo el sector agrícola toca fondo, haciendo imperativo un proceso que verá en el capítulo siguiente: una reforma agraria. Aprovecha el profesor Rector de referirse a un tema que casi todos los manuales de historia de Chile existentes aluden, el problema del abuso con los mapuches, relatando la historia de un caso bien documentado, pero que refleja una realidad que fue general.

Sobre el período 1958-1973, del que trata el capítulo ocho, John Rector no elabora una tesis comprensiva (como las conocidas de "las utopías en conflicto" o de "los tres tercios"). Lo que sí señala para caracterizar el período es que las ansias reformistas que venían de los gobiernos anteriores ahora se transforman en revolucionarias. Hace un buen análisis de lo orígenes de Partido Demócrata Cristiano y un justo y completo relato (para ser tan breve) del gobierno de Eduardo Frei Montalva, con sus logros y sus debilidades. Como es natural, la elección de Salvador Allende la ve ligada no solo al panorama político interno y a la elección presidencial a tres bandas, sino también el momento que vivía América Latina cuando todavía Cuba parecía un modelo exitoso a seguir.

En un libro que se caracteriza por su ecuanimidad resulta natural que John Rector trate el difícil período del gobierno de la Unidad Popular y su camino al socialismo con "vino y empanadas", también de manera equilibrada. Se refiere a sus buenas intenciones, pero no oculta que mostró fuertes rasgos de ineptitud y muchos problemas internos. Deja muy claro el papel jugado por la CIA tanto en sus intento para que Allende no asumiera como Presidente como en su derrocamiento. Pero también deja claro que si la Unidad Popular fracasó, fue fundamentalmente por razones de política interna.

El no menos dificultoso tema de la dictadura militar también es abordado con ecuanimidad. Se tocan todos o casi todos los aspectos de un proceso que se transformó en un golpe militar, probablemente deseado por una mayoría de chilenos, en una dictadura de extrema dureza, la que describe. Sin embargo, Rector concede mayor importancia a los cambios en la economía y las llamadas "modernizaciones" (salud, educación, seguridad social, etc.). Tiene razón al defenderlas por su eficacia a mediano plazo, pero quizá debió enfatizar que muchas se hicieron con un costo social, en lo inmediato, verdaderamente terrible y que recayó sobre los más pobres. Enfatiza sí que muchas de las "privatizaciones" provocaron un daño ecológico muy fuerte. En todo caso, ve el tránsito hacia una economía de mercado como algo -en general- positivo, opinión que es mayoritariamente compartida en el Chile de hoy.

Concluye su libro John Rector afirmando que, a pesar de algunos problemas, la transición a la democracia, posterior a 1989, ha funcionado, e incluye un párrafo muy halagador sobre la situación actual del país y su modernización. De modo que los chilenos podemos sentirnos optimistas.

El libro de John Rector es extremadamente útil para cualquier angloparlante que desee conocer o visitar Chile. Aunque no entra en detalles que solo son útiles para alguien "que ya conoce" la historia de Chile, como es el caso -lo repetimos- de otros manuales en inglés, entrega toda la información histórica (y alguna no histórica) básica, y lo hace en una perspectiva objetiva y ponderada. Un libro sin duda recomendable.

CRISTIÁN GAZMURI
Pontificia Universidad Católica de Chile