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Historia (Santiago)

versión On-line ISSN 0717-7194

Historia (Santiago) v.37 n.1 Santiago jun. 2004

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-71942004000100018 

 

RESEÑAS

ISABEL CRUZ AMENÁBAR, Lily Garafulic. Forma y signo en la escultura chilena contemporánea, Ediciones Universidad Católica de Chile, Santiago 2003, 297 págs.

Cuando una bella idea se plasma en una materia y con creatividad y genio se transforma en una obra plena de significado y capacidad de encantamiento, estamos frente a una obra de arte. Es este complejo encadenamiento mental que traspasa el ámbito del intelecto para encontrar su lugar en el material que es capaz de transmitir todo un mundo de percepciones y sentimientos y finalmente apelar a la sensibilidad del espectador, el que Isabel Cruz indaga para entender la obra de Lily Garafulic. La autora del libro Lily Garafulic. Forma y Signo en la Escultura Chilena Contemporánea, con un verdadero lenguaje de artista, acorde a la naturaleza del problema que le ha interesado, nos revela la fascinante y rica vida de la escultora, trenzada en forma natural y necesaria con su propio proceso creativo.

Las palabras con que Isabel Cruz presenta su libro anuncian el tono y la belleza del pensar y del escribir que animarán su obra: " Desde la blanca quietud de ese enclave, las esculturas de Lily Garafulic inician su desvelamiento. Los pliegues se deslizan, se perfila la forma, a partir de la tactibilidad de la materia y la idea se hace explícita en la palabra escrita y en el diálogo". En las páginas que siguen, la historiadora le saca el velo a la escultora y a su obra. Poco quedará vedado al lector, quien podrá conocer la vida de la artista a través de entrevistas y diarios de viaje que ella generosamente ha puesto a disposición de todos, a través de la explicación y comprensión inteligente de la historiadora del arte, por medio del estudio original de su biblioteca y, por último, mediante fotografías que recrean algunos ángulos de la escultura de Lily Garafulic. Quizás lo único que nos queda vedado es aquel genio imponderable del artista, con el que solamente algunos nacen y, en este caso, desarrollan con disciplina y tesón.

Todos los sentidos encuentran regocijo en el libro de Isabel Cruz: las reflexiones y el análisis que inauguran el libro apelan a nuestro intelecto y a entender la relación de Lily con la escultura de una forma novedosa, no lineal, como estamos acostumbrados a leer las biografías de artistas; nuestra vista se asombra con serenidad frente a la fotografía de su escultura y a la minuciosa y ordenada catalogación de esta. Sus diarios de viaje y las conversaciones de la autora con la artista apelan directamente a nuestra imaginación, entregándonos datos maravillosos para poder formarnos una imagen de esta creadora, mujer trasgresora de las reglas sociales y de los convencionalismos de su época, artista seria y rigurosa en su quehacer, que se enamora del arte que la envuelve en cuerpo y alma.

Las descripciones que hace la autora de las obras de Lily Garafulic invitan a su presencia directa. Quien no haya visto nunca una obra de ella, logra compartir el espíritu que anima a sus esculturas gracias a las diversas herramientas que utiliza Isabel Cruz para comunicar las cualidades de esta obra. Lejos de las explicaciones netamente estilísticas, la autora se atreve a compartir sus sensaciones, fantasías y experiencias que han sido animadas por la escultura de Garafulic, para que nosotros, lectores testigos no visuales, nos sumerjamos en la experiencia artística.

Isabel Cruz propone estudiar a Lily Garafulic a través de los tres elementos básicos de la escultura: forma, materia e idea. Respecto a la primera coordenada, resulta fascinante ver la trayectoria de una artista que se va nutriendo de la contemporaneidad para producir su escultura. Todo es motivo de inspiración y la forma que resulta de esta se relaciona con sus fuentes: la influencia de los clásicos, la de los textos bíblicos, de las culturas precolombinas, de Isla de Pascua, e incluso la llegada del hombre a la Luna. Finalmente, en la madurez de la vida y de su carrera, termina incorporando todas sus fuentes de inspiración, en lo que Isabel Cruz genialmente denomina "multiculturalismo Postmoderno".

El capítulo referido a la materia nos hace reflexionar acerca de la relación de la tierra con el tacto, la mano y la especial relación de la energía femenina para dominar la materia. Nos sumergimos en la ancestral creencia de la relación de la madre con la tierra, elemento femenino creador que posee poderes sobre la materia que la rodea porque de ella proviene.

En el capítulo dedicado a la idea, Isabel Cruz nos otorga un gran aporte con su metodología: se dedica a estudiar la biblioteca personal de Lily Garafulic como una verdadera espía en busca de los secretos que den la clave para comprender el misterio de su mente creadora. Lily Garafulic es curiosa. Su interés y admiración por manifestaciones artísticas variadas tanto en el tiempo como en el espacio se adivinan a través de los títulos de su biblioteca. Debemos suponer que su mente se nutre de todo un bagaje que la acompaña a la hora de la creación. Un mundo interior rico y educado se vierte en la forma seria y precisa de su escultura.

En cada una de estas subdivisiones que ha establecido la autora, se encarna esta en su personaje estudiado. Isabel Cruz logra comprender y aprehender a la persona y a la artista logrando una empatía total con ella. A veces olvidamos que es la narradora y se convierte en una escultora más, que va trabajando el texto, las imágenes y el análisis serio para crear un relato entretenido y sugerente.

Nos adentramos luego en los diálogos de Lily e Isabel, conversación cotidiana entre dos mujeres talentosas que buscan la perfección en sus respectivos oficios. Fascinante resulta la lectura de aquellos recuerdos que nos cuenta la Lily Garafulic croata, hija de inmigrantes instalados en Antofagasta que luego se trasladaron a Santiago. Lily cuenta detalles de una infancia normal, entre nueve hermanos que subían a los árboles y comían fruta verde y una casa donde se leía y se fomentaba el desarrollo intelectual. Nos informa asimismo de su carácter fuerte y determinado a hacer lo que quería, su formación en la Escuela de Bellas Artes y las personas influyentes en su trayectoria artística, tales como Luis Oyarzún y Lorenzo Domínguez. Un viaje a Europa previo a la Segunda Guerra Mundial le hace conocer a Brancusi, quien marca su vida: "...ese hombre que para mí fue una especie de deslumbramiento - descubría y tocaba lo que estaba buscando".

Por último, la inclusión de las notas de viaje de la escultora son otro de los aciertos de Isabel Cruz. Además de cerrar el libro con las apreciaciones explícitas de la generosa Lily que ha querido compartir su intimidad con el lector, su utilización como fuentes históricas y estilísticas serán de gran utilidad a futuros investigadores.

En conclusión, estamos frente a una joya, un libro que encanta por la elección del tema: Lily Garafulic, una mujer fuerte y talentosa que persigue su vocación y logra la excelencia. Un libro que embelesa por un lenguaje seductor, de una historiadora seria y creativa que se atreve con metodologías nuevas y transmite su pasión por el arte.

OLAYA SANFUENTES
Pontificia Universidad Católica de Chile