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Historia (Santiago)

versión On-line ISSN 0717-7194

Historia (Santiago) v.40 n.1 Santiago jun. 2007

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-71942007000100011 

 

Instituto de Historia
Pontificia Universidad Católica de Chile
HISTORIA N° 40, Vol. I, enero-junio 2007: 184-190
ISSN 0073-2435

RESEÑAS

 

RAFAEL SAGREDO y CRISTIAN GAZMURI, dirección. Historia de la Vida Privada en Chile. Tomo II: El Chile moderno de 1849 a 1925. Taurus-Aguilar chilena ediciones. Santiago, 2006, 394 pp.

 


El segundo volumen de la obra Historia de la vida privada en Chile, como el primero, era un texto esperado. El éxito de ventas del primero augura igual resultado para el segundo, situación que merece algunos comentarios previos al contenido de la obra. En primer lugar, se aplaude el que un libro de historia acapare la atención de los medios y permita dar a conocer temas y líneas de investigación que han alcanzado en nuestro país importantes desarrollos, pero que hasta ahora solo circulaban en los medios académicos y especializados. De algún modo, el objetivo de sus directores -de "complementar la historia de lo político, lo institucional, lo público, del Estado y su acción"- ha tenido una buena recepción por parte de un público que integra la historia de la familia, los afectos, la comida, el humor, la piedad, las diversiones, la infancia y las mujeres a los registros de lo que es histórico y merece la pena ser contado. Sin embargo, como viera hace unos días en un noticiero de televisión en que se anunciaba el libro, este interés por aquello perteneciente a lo "privado" -que ya discutiré- tiene ya un modo a la "chilena" de ser recibido: datos, anécdotas, lo sabroso a un paso del chisme. El conductor decía, con tono de "copucha": ¿sabía usted que Arturo Prat era espiritista? Y es con esta frase que mi optimismo inicial por el éxito de un libro como este se aminora y se transforma en un llamado de atención para los historiadores que generamos investigación y producimos conocimiento en el área de la historia social, de las mentalidades y desde ellas a los temas de lo privado y lo cotidiano. Debemos insistir en las premisas teóricas y metodológicas que fundan dichas líneas para efectivamente proporcionar al lector elementos suficientes para distinguir entre la historia como cantera de temas curiosos y datos que sirven de sal a toda sobremesa y una forma de historiar desde otros problemas, objetos y conjuntos documentales, en este caso, referidos a los llamados procesos de privatización, las prácticas de lo privado y la conformación de una esfera de lo íntimo y lo secreto como particularidades de una cultura. Y de ellos en relación con procesos como el de la modernización económica y política que permiten discutir sobre la modernidad (la primera en el siglo XVI y la segunda en el siglo XVIII) definido así en las líneas programáticas del equipo de historiadores predominantemente franceses que dan vida a la obra madre que sigue la chilena.

Pues bien, estos procesos se relacionan con la división de la esfera pública y privada desde las concepciones absolutistas del Estado, pero no son el eje que los constituye, al contrario, la generación de una "necesidad" de lo privado, en tanto protección del sujeto de la "mirada de los demás" y el derecho a ejercer "el poder sobre uno mismo", tensiona las estructuras, instituciones y modos de relación en diferentes sociedades y en diversos tiempos por lo cual una de las primeras tareas del historiador de lo privado es detectar los elementos que permiten dar cuenta de esa necesidad y luego poner en juego las cronologías. Prácticas sociales y culturales concretas como la escritura sobre uno mismo, o las que se ponen en juego con el propio cuerpo como espacio privado, o entre los sexos y las distinciones jerárquicas de todo tipo, así como la autonomía de los temas de la intimidad y el sentimiento, permiten comprender las transformaciones sociales de lo moderno efectivamente desde los sujetos que dan cuerpo a las instituciones y los procesos.

De otro lado, es evidente que todo ello se encuentra en la esfera de lo cotidiano, pero no todo lo cotidiano supone procesos de privatización, por ejemplo, se come todos los días y es un tema relevante, pero aquí nos importa saber -en palabras de Norbert Elias autor ausente en los que escriben en este volumen y central como referente teórico1- las prácticas del comer puesto que ellas indican los elementos presentes en un "proceso de civilización" o el paso desde la violencia social a un régimen de coacciones individuales interiorizadas por medio de procesos de socialización como la educación formal e informal: control del cuerpo, distancia física entre unos y otros, reglas de civilidad, objetos especiales para los ritos privados, etc.

De este modo, me permitiré dar cuenta de los artículos reunidos en este volumen -todos ellos de muy buena calidad e interés por separado- desde las perspectivas de un campo de investigación y en ese sentido hay artículos que a mi juicio abordan los procesos de privatización y otros que no. Los segundos, efectivamente dan cuenta de cosas que no son de conocimiento tan masivo, que son importantes, que aportan a eso que no sabíamos, pero no por ello pueden insertarse en una historia de la vida privada. Antes de diferenciar entre ambos grupos, me queda otro comentario general, que dice relación con entender que estas temáticas requieren de un trabajo en equipo sostenido en el tiempo, de la relación entre los historiadores que se ocupan de ellas que a su vez se hagan cargo del estado de la cuestión y, si a futuro, los autores de los diversos volúmenes pudiésemos reunimos a dialogar sobre los resultados, permitiría asentar seriamente esta historia en el ámbito local. Así, se extraña en los textos las referencias a la obra francesa para comentarla, discutirla, adherir, disentir y comparar el caso local con el europeo, a excepción de los que ya mencionaré. Como también la escasa referencia al cúmulo de trabajos que existen sobre temas afines, los autores a veces parecen "iluminados" dueños de tesis y planteamientos que el lector especializado reconoce claramente y a cuyos mayores difusores no se cita. Tampoco se hacen cargo de los textos reunidos en el tomo anterior acentuando por tanto la ausencia de la visión de procesos, salvo el artículo de Sol Serrano.

En el conjunto de trabajos buenos e interesantes por su información, sitúo los de Rafael Sagredo ("Nacer para morir o vivir para padecer. Los enfermos y sus patologías), Maximiliano Salinas ("Comida, música y humor. La desbordada vida popular"), María Loreto Egaña y Mario Monsalve ("Civilizar y moralizar en la escuela primaria popular"), Sergio González ("El mundo de las casas de lata. La vida en la pampa salitrera"), Mateo Martinic ("Los señores de la estepa. La vida patronal en las estancias magallánicas"), Carlos Donoso y Juan Ricardo Cou-youmdjian ("De soldado orgulloso a veterano indigente. La Guerra del Pacífico"), Carlos Sanhueza ("El problema de mi vida: ¡soy mujer! Viaje, mujer y sociedad"). Estos artículos muestran claramente la dificultad para distinguir entre lo público y lo privado desde la división ilustrada de dichos términos, tema central de los debates políticos del siglo XIX en torno a las funciones del Estado, de su esfera de acción en tensión con los derechos de los padres de familia y la Iglesia. O, en el tema de la educación, como también de las políticas de salud cuando los enfermos constituyen un problema de Estado, si lo que padecen se torna epidemia, o cuando las tradiciones festivas suponen desafíos para el control de los sujetos en relación a las normas laborales y la higiene frente a un ideal de ciudadano serio y "fome" que lograría su triunfo ya en el siglo XX, como señala Maximiliano Salinas. De igual forma, el problema del reclutamiento y la interiorización de los valores patrióticos supone evidentemente un conflicto entre la autonomía individual y las razones de Estado. De otro lado, lo doméstico no es sinónimo de privado desde un punto de vista político. Una cosa es que se le reste poder político a la domesticidad (los asuntos de la casa), asignando dicho campo a los que no debían tener lugar en el nuevo dominio de lo público. Ello está en el centro de la definición de los roles femeninos en el siglo XIX en el Código Civil. Pero el ámbito de las cosas de la casa es un elemento importante de la conformación de las esferas de injerencia del Estado contemporáneo, especialmente en su esfera asistencial o lado "femenino", efectivamente asumido por las mujeres "como sus labores de Estado". El llamado feminismo maternal, visible desde la segunda mitad del siglo XIX, sustenta todas las empresas de intervención de las mujeres en la educación, las campañas de alfabetización, de salud pública y beneficencia y, paulatinamente, la exigencia de una mejor preparación de las mujeres para seguir cumpliendo con dicha misión.

Por lo tanto, este conjunto de artículos nos aporta información sustanciosa respecto de los aspectos que pasaron a ser temas de políticas públicas que suponían definiciones de los límites y derechos tanto de los individuos como del Estado y, con mayor centralidad, cómo en dicho proceso se fue definiendo un sujeto tensionado por dichas esferas y poderes. Estos textos proporcionan datos muy ricos para releer la historia desde esa tensión, pero a ratos todos ellos se tornan pesadamente descriptivos y por supuesto anecdóticos, dado que no sostienen un problema en particular, sino que un tema. Así, por ejemplo, se pierde la articulación evidente entre sistemas de socialización como la escuela y los métodos pedagógicos, con las medidas de higiene y la labor de médicos y la prensa en una nueva pedagogía del ciudadano. Podría también relacionarse el disciplinamiento social con el discipli-namiento de los espacios públicos y de qué modo dichas modificaciones afectarían los comportamientos individuales. No todo lo que se realiza en espacios públicos es necesariamente opuesto a lo privado por cuanto el acento debe ponerse en las prácticas que suponen una interiorización del individuo de las normas en juego con la coacción social. Léase el caso de las escuelas como lugares de corrección, visto así por los padres, versus espacio de desarrollo personal y libertad para otros sujetos. En este campo de temas funciona de algún modo la cronología adoptada por la colección en tanto se trata de cómo se conforma la esfera del Estado en tensión con otros poderes calificados como "privados".

Agreguemos, finalmente, que no todo lo que incumbe a la familia y el matrimonio es necesariamente privado, el punto es cómo se va instalando una concepción de la familia como un espacio de protección del individuo. Cuando hablamos de proceso de privatización, hablamos de capacidades para crearse un mundo propio, más libre de coacciones externas ligados a saber leer y escribir, a sustentarse econonómicamente a sí mismo, a ser reconocido con derechos específicos como mujer, niño o ciudadano, si se cuenta con espacios para una intimidad personal, objetos particulares y hasta secretos: la cama, el cuarto de baño, el cuarto de los niños, de la lectura, el jardín de invierno y otros elementos que se encuentran en distintos trabajos, pero no leídos desde estas coordenadas.

Por ello, los trabajos de Rene Salinas ("La pareja: comportamientos, afectos, sentimientos y pasiones"), Sol Serrano ("La privatización del culto y la piedad católicas"), Manuel Vicuña ("El culto puertas adentro. El espiritismo en Chile"), Marco Fernández y Daniel Palma ("Del delito al encierro. Vida carcelaria en Chile en el siglo XIX"), Alvaro Góngora ("De jardín privado a balneario público. Veraneando en Viña del Mar") y Jorge Rojas ("Juegos y alegrías infantiles") conforman un conjunto que entre sí puede dar paso a algunas propuestas sobre el proceso de privatización en Chile tomando ciertos ejes como la conformación de una idea de familia como lugar de los afectos, evidentemente como idea fuerza de la sociedad contemporánea, es decir, individuos que defienden el derecho al matrimonio por amor, a demostraciones de afecto por parte de los padres y a la maternidad deseada.

Un segundo eje sería la laicización de la sociedad. Sol Serrano lo presenta con claridad, realizando a mi juicio la discusión más sólida del volumen sobre las relaciones privado y público. Puede debatirse su propuesta, pero es claramente el trabajo más serio en cuanto a distinguir entre lo privado y lo público desde la tensión civil/ religioso en las prácticas del individuo, o como ella denomina, el proceso de privatización del culto en sociedades como las latinoamericanas en que, más que el poder de las familias, es el poder de la Iglesia al que una nueva concepción de Estado debe combatir. También es el más sólido en cuanto a las premisas metodológicas desde una clasificación y rastreo de la literatura de temas religiosos. Como muestra su texto y también el de Manuel Vicuña, lo que está sucediendo, más que una laicización, es una crisis de autoridad de la Iglesia católica frente a la búsqueda del sentido que la ciencia, la libertad de conciencia y la sociedad civil suponen. De este modo, masones, agnósticos, protestantes y católicos hacen de sus casas lugares de prácticas religiosas y de sociabilidad espiritual o de comunión de visiones de mundo protegidos de la mirada de los demás y de los poderes públicos. Unos por la condena desde la Iglesia, otros por la presión del Estado laico, otros por convencimiento de que solo la razón individual puede llevarlos a conclusiones aceptables sobre la vida y la muerte, la justicia y el destino.

Estos trabajos también permiten pensar en la vida privada como prácticas articuladas en torno a espacios concretos (como los ya señalados en las viviendas), pero también aquellos que suponen la creación de sujetos y subjetividades particulares. El encierro obliga a generar formas de sociabilidad que atentan contra una privacía del sujeto que se hacía por la libertad del mismo, por ejemplo, peones y habitantes de los suburbios tenían la ventaja de estar fuera de la mirada de los demás por anonimato, hacinamiento, trashumancia, pero al ser encerrados sus vidas, como objetos de lo público, generan un debate distinto sobre la privacidad en términos de derechos a tener vida propia. Es el caso de los sectores populares objetos de las políticas de disciplinamiento presentados por Marco Fernández y Daniel Palma. Quizás, paradójicamente, en la sociedad del siglo XX los sectores populares son individualizados y reconocidos cuando se les otorga un rostro en la prensa roja humanizándolos de algún modo al capturar la atención sobre su vida, sus recorridos, y los abusos de que eran objeto al interior de las cárceles. De igual forma, podría hacerse un símil entre una nueva sensibilidad frente a los delincuentes y la sensibilización hacia los niños para generar el derecho a la infancia: diversión, buen cuidado, salud y educación. El texto de Jorge Rojas aborda estos temas desde la aparición de los "productos para niños" como un sino de los sujetos de la segunda mitad del siglo XIX e inicios del XX, es decir, entre el mercado y el derecho a ser reconocidos como personas, entre consumidores y ciudadanos.

Finalmente, el eje de los nuevos espacios públicos de una vida contemporánea que defiende el derecho de los sujetos como individuos. Descansar, divertirse, sociabilizar de otro modo, liberar el cuerpo, sentir la libertad de la velocidad tecnológica, sumergirse en el anonimato de cabarés, casinos y clubes como muestra el artículo de Alvaro Góngora. La cultura de masas supone una transformación de los criterios de clase, y lo "aburguesado" parece ser la vida moderna que todos desean, los dictados de la moda al alcance de más personas por medio de la prensa de circulación masiva. La publicidad cambia definitivamente los modos de circulación social, para ser un gran debate en torno a lo "popular" en las sociedades contemporáneas.

Pues bien, este libro es hasta ahora parte de una empresa editorial, esperemos que el éxito de ambos tomos permita generar las discusiones necesarias para quizás a futuro establecer una historia de la vida privada liberada de las cronologías tradicionales, que proponga nuevas cronologías y permita el trabajo en colaboración entre diversas miradas sobre problemas comunes haciéndonos cargo de un problema de investigación: cómo se generan los procesos de privatización en las sociedades latinoamericanas, ese será realmente nuestro aporte a la historia de la vida privada. Como señalara Roger Chartier, director del volumen cinco de la Historia de la Vida Privada2, los textos editados en América o "al otro lado del Atlántico" -Uruguay (1996), Brasil (1997) y Argentina (1999)-, si bien refieren a la obra francesa no son un intento mimético de ella, sino que introducen diferencias sustentadas tanto en las particularidades de la historia americana, particularmente la experiencia del mestizaje, así como por recoger los cambios producidos en la escritura de la historia entre mediados de los años ochentas y fines de los noventa del siglo XX, que permitieron hacer hincapié en la superación del dualismo público/privado y poner atención a la "hibridación" entre ambas esferas, así como relevar los espacios de la intimidad y el nacimiento de la subjetividad como elementos que permiten estudiar los procesos de privatización como un proceso no lineal ni homogéneo3. Al tener presente tanto el referido volumen cinco de la obra francesa, como los trabajos desarrollados en los países vecinos, muchas de las ambigüedades, inseguridades y confusiones del tomo nacional que reseño se habrían disipado, así como acentuado los aportes respecto de las particularidades locales. A esto me refiero con entender, por ahora, la historia de la vida privada en Chile como un buen proyecto editorial, mas no el resultado de un trabajo sostenido, en equipo, discutido y comentado por historiadores que compartan similares premisas teóricas y metodológicas de trabajo en torno a un "objeto" (figuras de la modernidad/formas de privatización) como parte de la historia de esto que denominamos Chile.

Y tomando esta última idea, creo que tanto el volumen I como el II de la Historia de la Vida Privada en Chile debe hacernos pensar no solo en los modos de trabajo que hasta ahora siguen predominando entre los historiadores locales, sino también en por qué la historiografía del Estado, de lo político y lo institucional funciona como una camisa de fuerza de tal poder que hace que muchos aspectos de lo histórico no sean reconocidos aún, y aquí, como historia con mayúscula. Si no, no podría entenderse que temas tan variados como los que se incluyen en estos volúmenes encuentren refugio en la etiqueta de lo "privado" simplemente porque no tienen lugar en otros textos de historia, en lo que el público entiende como historia y en lo que algunos colegas practican con afanes monopólicos -esto es o no es "verdaderamente historia" o "historia seria"- y que solo denuncia cerrazón, ignorancia y falta de profesionalismo en los tiempos que corren.

ALEJANDRA ARAYA ESPINOZA
Universidad de Chile

 

1 Norbert Elias, El proceso de civilización. Investigaciones sociogenéticas y psicogenéticas, México, Fondo de Cultura Económica, segunda edición (1987), reimpresión de 1997.

2 Historia de la Vida Privada, bajo la dirección de Phillippe Aries y Georges Duby, vol. 5: El proceso de cambio en la sociedad de los siglos XVI-XVIII, dirigido por Roger Chartier, Taurus, Madrid, 1989.

3 Roger Chartier, "Ocio y negocio en la Edad Moderna, en Roger Chartier, El presente del pasado. Escritura de la historia, historia de lo escrito, Universidad Iberoamericana, Departamento de Historia, México, 2005, especialmente pp. 141-143.