SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
vol.40 número1IGOR GOICOVIC DONOSO. Relaciones de solidaridad y estrategia de reproducción social en la familia popular del Chile tradicional (1750-1860)MUSEO NACIONAL DE BELLAS ARTES. Exposición Rugendas y Chile. 14 de marzo al 27 de mayo de 2007 índice de autoresíndice de materiabúsqueda de artículos
Home Pagelista alfabética de revistas  

Servicios Personalizados

Revista

Articulo

Indicadores

Links relacionados

  • En proceso de indezaciónCitado por Google
  • No hay articulos similaresSimilares en SciELO
  • En proceso de indezaciónSimilares en Google

Compartir


Historia (Santiago)

versión On-line ISSN 0717-7194

Historia (Santiago) v.40 n.1 Santiago jun. 2007

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-71942007000100014 

 

Instituto de Historia
Pontificia Universidad Católica de Chile
HISTORIA N° 40, Vol. I, enero-junio 2007: 194-198
ISSN 0073-2435

RESEÑAS

 

GABRIEL SALAZAR VERGARA, Construcción de Estado en Chile (1800-1837). Democracia de los "pueblos", militarismo ciudadano. Golpismo oligárquico, Santiago, Editorial Sudamericana, 2006, 550 páginas.

 


Dejando a un lado sus tradicionales temáticas historiográficas, Gabriel Salazar nos presenta Construcción de Estado en Chile (1800-1837). Democracia de los "pueblos", militarismo ciudadano. Golpismo oligárquico, un sugerente estudio crítico sobre el desarrollo del ideario y tradiciones políticas que se transformaron en los pilares del Estado nacional chileno, pero también un intento de desmitifica-ción respecto a cómo se configuró el proceso de construcción de la conciencia nacional y cuáles habrían sido los costos de dicho proceso.

Respecto a los aspectos formales del libro, hay que elogiar la buena pluma de Salazar. Los planteamientos hipotéticos están claramente señalados a lo largo de la obra y la manera en que discurren entre sí permiten al lector un estudio comprehensivo y de fácil recepción. Asimismo, el autor, consecuente con los postulados insertos en el prólogo, crea, presenta y desarrolla un sistema cerrado, lleno de ideas y conclusiones sugerentes, pero que al mismo tiempo son presentadas como absolutas, dando la impresión de que las temáticas tratadas se abren y clausuran con esta investigación.

El mayor aporte de Salazar es precisamente que pone nuevamente sobre la mesa el estudio sistemático de un periodo que parecía abandonado por la historiografía nacional. Pero más importante aún, pone en tela de juicio la creencia canónica de nuestras escuelas historiográficas de que siempre existió "un solo Chile", cohesionado y sin particularismos regionales. El autor estudia en forma profunda, aunque con algunas conclusiones apresuradas, la importancia de "los Pueblos", es decir, de los cabildos municipales y la influencia que estos tuvieron dentro de la formación de Chile como un Estado-Nación, detallando cuáles fueron las tensiones y pugnas que dichas corporaciones tuvieron que sufrir frente a las pretensiones de predominio de Santiago por sobre las elites regionales. En definitiva, Construcción de Estado... propone la revisión de un tema que gran parte de la historiografía nacional daba por clausurado, pero que en realidad, adolecía de un mayor desarrollo multidisciplinario, ya desde el ámbito de la ciencia política, la economía y la sociología, y que el autor, si bien no logra en plenitud, lo avanza bastante.

Sin embargo, pese a lo anterior, el trabajo de Salazar presenta varias falencias dignas de mencionarse. Por un lado, existe una severa limitación en la consulta de las fuentes primarias. La consulta de archivos francamente no existe, dejando de lado la rica veta de información que se pueden encontrar en sus fondos. Los informes de los ministerios y de las asambleas provinciales, los oficios de los cabildos, los partes militares e incluso la correspondencia privada (aunque escasa esta última), son vitales para la comprensión del periodo estudiado; particularmente para presentar el fenómeno, casi desconocido en la historia de Chile, de que en dos ocasiones (1825) y (1829-1830), las provincias del país declararon su independencia y se gobernaron como entidades autónomas alegando que existía una clara violación y ruptura del "pacto social" ¿No es acaso este un elemento que fortalecería los argumentos de Salazar respecto al poder de los cabildos y las representaciones provinciales? Pues lamentablemente el autor ni menciona dichas circunstancias. Además, tampoco existe consulta del Archivo del Ministerio de Relaciones Exteriores, cuyos fondos son verdaderamente ilustrativos respecto a la imagen que los extranjeros tenían de Chile y también cuál era la imagen que las sucesivas administraciones nacionales querían dar del país. El mismo Salazar acusa a los mercaderes ingleses, en connivencia con algunos nacionales, de impedir el desarrollo de los pequeños productores del país; pero la pregunta se presenta por sí sola: ¿Dónde están las evidencias? Simplemente no se menciona ninguna, salvo algunos estudios de historia económica que demuestran la proliferación inglesa en Valparaíso, pero nada más. El resto es mera especulación.

Solo como una muestra de lo que los archivos pueden ofrecer, Patricio Estellé publicó una recopilación de documentos en la Revista Chilena de Historia y Geografía correspondiente a 1974, en la que se incluye un informe clasificado del cónsul inglés en Santiago, Henry Rouse, sobre la situación que se vivía en Chile entre 1828 y 1829, con la exactitud milimétrica de los funcionarios de servicio exterior británico, junto a una profusa correspondencia de Joaquín Prieto y Rodríguez Aldea, que no deja de ser interesante y valiosa para los efectos propuestos en el libro.

Lamentablemente Salazar solo consulta tres tipos de fuentes: La primera, absolutamente indispensable, son las Sesiones de los cuerpos legislativos, compendiadas por Domingo Amunátegui y Valentín Letelier, de las que Construcción de Estado... se nutre en forma pródiga, tanto del texto de las sesiones como de los anexos contenidos en ellas. Otro tipo de fuente son las memorias históricas publicadas por la Universidad de Chile. A saber, las escritas por Domingo Santa María, Melchor Concha y Toro, y Federico Errázuriz, aunque para este caso, lo que más interesa al autor son los anexos documentales que dichos trabajos tienen incluidos como apéndices. Finalmente, un último tipo de fuente lo son las Memorias del coronel Tupper. Pero y qué pasó con Recuerdos de treinta años de José Zapiola, o las memorias de Longeville Vowell y Suttclife, oficiales al servicio de la marina chilena hasta 1831 y otras tantas de viajeros extranjeros en el Chile de 1820. Tampoco se consulta la abundante documentación y folletería reunida por Diego Barros Arana acerca del periodo abarcado por el libro y que se puede encontrar hoy en día en el archivo José Toribio Medina. Tampoco pareciera haber una revisión del Archivo Bernardo O'Higgins, cosa curiosa si se toma en cuenta que su nombre y figura fue utilizada para enarbolar muchas de las conspiraciones que hubo en Chile entre 1823 y 1829. Respecto a esto, es mejor no seguir.

Otro de los temas en los que abunda el autor es la relevancia que tuvieron las instituciones comunales (los cabildos) y regionales (las asambleas provinciales) en la construcción de una identidad nacional. El rescate que Salazar hace de estos cuerpos políticos nos parece no solo acertado, sino necesario para la historiografía nacional, acostumbrada a presentar la organización política del país como un todo unificado y sin particularismos. Salazar explora la influencia de los poderes regionales y municipales en la construcción del Estado nacional, abriendo la puerta a que se siga el estudio respecto de las ideas que circulaban en las provincias y de cómo los alzamientos militares se convertían en "válvulas de escape" frente a la imposición de un modelo centralizador basado en la capital. Pero si bien la labor del autor es valiosísima en este sentido, a su visión le hace falta una mayor amplitud en cuanto a la teorización e inserción del fenómeno en el contexto americano. Por un lado, Salazar abunda en el estudio de los fueros de los que gozaban los cabildos, tomando como base las Siete partidas de Alfonso X, y aquí se apoya para estudiar la naturaleza de la representatividad de dichas corporaciones, pero no menciona los aportes al respecto hechos por algunos historiadores de la escuela "conservadora", como Jaime Eyzaguirre o Alamiro de Ávila Martel (o Bernardino Bravo, aunque no sea un "clásico"), particularmente en la comprensión y aplicación jurídica-histórica del sistema, que es uno de los puntos más bajos del libro. Salazar prefiere descansar en los trabajos de Mario Góngora y Julio Heise, proverbial calidad, pero que no apoca a los autores antes señalados.

Asimismo, tampoco menciona a autores extranjeros que ya han estudiado el tema de las tensiones centro-provincia, como el argentino Chiaramonte que posee a su haber Ciudades, provincias y Estados, o de Francois Xavier Guerra que tiene Modernidad e independencias: ensayos sobre las revoluciones hispánicasy México: del antiguo régimen a la revolución. Dichos trabajos ayudarían a insertar la realidad chilena en un contexto latinoamericano, pero por desgracia esto no se intenta.

Hay otro problema que salta a la vista rápidamente al lector, y este es que Salazar le da a ciertas palabras un significado que en la época estudiada no tenían. Por ejemplo, en las páginas 316 y 317, Salazar cita el voto de la Asamblea de Coquimbo relativo a la aprobación de la Constitución de 1828, en ellas, el cuerpo provincial explicita: "(■••) (a las provincias) les sea conservado el derecho de tener parte en el nombramiento de sus magistrados; y a sus pueblos e individuos respectivos se les ponga a cubierto de toda arbitrariedad que pudieran tener de parte del capitalismo y despotismo". De la palabra capitalismo, Salazar inicia una argumentación en la que pone a las entidades comunales y provinciales ("los Pueblos") como presas de los monopolios comerciales y fiscales de oscuros individuos, la mayoría provenientes de Santiago (p. 327). Pero el problema fundamental radica en que la palabra capitalismo en 1828 denotaba no la imposición de un sistema económico, sino de la preeminencia exagerada (y despótica, como lo dice el mismo voto) de la capital por sobre la provincia.

Una última mención merece el capítulo final de Construcción de Estado... y que se titula "El liderazgo cívico del general Ramón Freiré Serrano". En dicho apartado, el autor inicia una labor de rescate de la figura de Freiré señalando que de toda su generación, fue el más popular y el que tuvo un papel histórico más relevante, (p. 491) Lo califica como un militar ejemplar que estuvo siempre dispuesto a defender los ideales en que se basó, al menos en el papel, la revolución de la independencia en Chile.

Todas las atribuciones de carácter sobre Freiré se me hacen, por lo menos, dudosas, si se considera que uno de los propósitos del autor es sustituir el actual panteón de héroes nacionales creado por la historiografía "oligárquica", por otro en que estuviesen representados supuestos héroes populares obviados premeditadamente por los historiadores oficiales. Sobre esto, simplemente puedo agregar que dicho ejercicio no solo me parece poco adecuado, sino peligroso para el desarrollo del oficio histórico. Hasta donde recuerdo, el estudio de la Historia tiene relación con la investigación e interpretación de hechos comprobables más que con la creación de características personales y psicológicas.

Se ensalza la figura de Freiré como caudillo popular y estadista (¿hubo caudillos propiamente tales en Chile, así como los hubo en Venezuela o Argentina?), contraponiendo su figura a O'Higgins, señalado como "aristócrata" y "terrateniente", más guiado por su propia ambición que por los ideales igualitarios de la independencia. Aquí hay otra caída grave. ¿Acaso Freiré no provenía de la elite? Freiré, al igual que O'Higgins procedía del mismo estrato social, contando el primero con la ventaja de no tener que cargar con el peso social de ser hijo ilegítimo (un tema ampliamente tratado por el mismo autor en otros trabajos). Asimismo, ambos procedían de la misma zona geográfica, Freiré de Concepción y O'Higgins de Chillan, y ambos habían sido tanto comerciantes como oficiales de milicias, características que supuestamente Freiré no tuvo y que Salazar utiliza para acercarlo a la "sensibilidad popular" distanciándolo del "aristocrático" O'Higgins. Salazar culpa, mayormente a Barros Arana y su Historia general de Chile del supuesto olvido y tergiversaciones que cayeron sobre Freiré. Como "historiador oficial", Barros supuestamente determinado por su conciencia de clase -era hijo de un comerciante pelucón convencido-, a sabiendas ocultó u omitió la valía y aliciente de Freiré y le dio un papel pusilánime y poco trascendente. Amén a esto, también Salazar trata de explicar la existencia de un verdadero grupo cons-pirativo contra los ideales populares ("El club secreto"), formado por mercaderes (nacionales y extranjeros), estanqueros, pelucones, o'higginistas, etc., que en distintas combinaciones, a lo largo de la década de 1820, unieron fuerzas para hacerse con el poder en el país. Diego Portales habría sido su verdadera alma, y finalmente la conspiración habría triunfado. Me parece que hasta para Portales y su genio cínico, dicha idea le queda grande.

Creo que al igual que ocurre usualmente en el mundo de los biógrafos, Salazar se "enamoró" de su personaje y terminó exagerando las bondades del mismo. Si bien es verdad que fue un hombre comprometido con la causa independentista, Freiré no fue el estratega genial que nos pinta Salazar, sino baste ver su desastrosa campaña en la guerra civil de 1829-30. Como estadista, se comportó más como un indeciso que descansó en su popularidad más que en sus dotes políticas. Con respecto a esto último, baste ver las memorias de Tupper, o los trabajos de Reyno Gutiérrez, Mery Rojas y Julio Alemparte (que son consultados por Salazar).

Asimismo, en la abundante documentación contenida en diversos archivos, la "consecuencia política" de Freiré se desmorona rápidamente. Su supuesto compromiso con la democracia de "los pueblos" no es tal, si se toma en cuenta que fue el mismo Freiré quien convocó a fines de 1829 a los mayorales de Santiago para concurrir a la formación de una Junta Provisional de Gobierno que tomase el mando del país. ¿Es esta la actitud de un demócrata "popular", particularmente si se toma en cuenta que existía para ese momento un gobierno amparado en la Constitución de 1828? ¿Acaso la instauración de esta Junta y el posterior derrocamiento de Francisco Vicuña no constituyen derechamente un golpe de Estado? Creo que la evidencia al respecto es más que contundente.

En síntesis, si bien Construcción de Estado... presenta varias falencias, no por eso se debe descartar su lectura, sino que hay que alabar la decisión de su autor por adentrarse en un tema que había sido dejado de lado por nuestra historiografía, y que demandaba un retorno a él. Es un libro disparejo, y en cuanto a su metodología historiográfica, a veces cuestionable, pero al mismo tiempo de consulta obligada para el desarrollo de investigaciones sobre la formación política nacional.

CRISTÓBAL GARCÍA-HUIDOBRO BECERRA
Pontificia Universidad Católica de Chile