SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
vol.40 número1JORGE LARRAÍN, ¿América Latina moderna? Globalización e identidadLUCRECIA ENRÍQUEZ AGRAZAR, De colonial a nacional: La carrera eclesiástica del clero secular chilena entre 1650 y 1810 índice de autoresíndice de materiabúsqueda de artículos
Home Pagelista alfabética de revistas  

Servicios Personalizados

Revista

Articulo

Indicadores

Links relacionados

  • En proceso de indezaciónCitado por Google
  • No hay articulos similaresSimilares en SciELO
  • En proceso de indezaciónSimilares en Google

Compartir


Historia (Santiago)

versión On-line ISSN 0717-7194

Historia (Santiago) v.40 n.1 Santiago jun. 2007

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-71942007000100017 

 

Instituto de Historia
Pontificia Universidad Católica de Chile
HISTORIA N° 40, Vol. I, enero-junio 2007: 215-217
ISSN 0073-2435

RESEÑA

 

ISIDORO VÁZQUEZ DE ACUÑA GARCÍA DEL POSTIGO, Historia Naval del Reino de Chile 1520-1826. Síntesis Ana Victoria Durruty. Valparaíso, Compañía Sudamericana de Vapores S. A., 2004, 547, ilustraciones, láminas y CD.

 


La Historia Naval del Reino de Chile de Isidoro Vázquez de Acuña es una obra que solo puede ser calificada de monumental. Sus investigaciones sistemáticas en este campo comenzaron a comienzos de los años 90, como lo atestiguan sus publicaciones en el Boletín de la Academia Chilena de la Historia, pero su interés por el tema se remonta al menos a 1978 cuando se incorporó a dicha institución con un discurso sobre el descubrimiento y conquista de Chiloé. Esta obra se hacia necesaria a todas luces. Un siglo antes, Diego Barros Arana había reseñado las principales expediciones navales a nuestras costas, aprovechando las relaciones de los respectivos viajes publicadas en su momento. Sea por el prestigio de este historiador, lo que desalentó nuevas investigaciones en este ámbito, sea porque las modas historiográficas iban por caminos distintos, lo cierto es que el estudio de las expediciones navales a Chile y la exploración de sus costas fue mayormente dejado de lado por nuestros historiadores hasta tiempos muy recientes.

Durante más de una década de trabajo, Isidoro Vázquez de Acuña revisó los archivos nacionales y españoles, particularmente el del Museo Naval de Madrid, y compulsó una impresionante bibliografía de obras clásicas y modernas que alcanza a 105 páginas. El resultado fue un manuscrito original de "ocho extensos tomos", lo que hacía muy difícil su publicación por el alto costo de la misma, especialmente si se considera la rica iconografía que lo acompaña. Para que pudiera ver la luz pública fue necesaria una transacción. Se encargó a Ana Victoria Durruty hacer una drástica síntesis, que es la que tenemos entre manos, la que dejó afuera las referencias a pié de página, la bibliografía, los apéndices y algunos capítulos; en cambio, se incluyó en un CD la obra completa con ilustraciones y todo para quien desee adentrarse en estas materias.

Siendo Chile una "tierra de océano", como señala Isidoro Vázquez de Acuña en su introducción, el mar ocupa un papel primordial en nuestra historia, como vía de comunicación interna y de acceso desde y hacia el exterior desde la llegada de los primeros españoles a estas tierras. Dentro del ordenamiento cronológico de la obra se aprecia un claro hilo conductor que se refuerza a través de las "conclusiones" que se insertan al final de varios capítulos. Después del fracaso de los intentos de penetración y colonización por la vía del estrecho de Magallanes, la ruta marítima ocupó un papel auxiliar para la entrada de los españoles desde el Perú y las comunicaciones con el virreinato de Lima aunque fue importante en los reconocimientos del territorio austral. La protección que representaba para Chile la dificultad para utilizar la vía el Estrecho se desvaneció bruscamente con el arribo de la expedición de Francis Drake. Frustrada la tentativa de fortificar este paso de mar y coincidiendo con la creciente debilidad de España, llegaron a estas costas una seguidilla de expediciones pirático-comerciales de ingleses, holandeses y, más tarde franceses. Los holandeses fueron también los descubridores de la ruta por el cabo de Hornos que facilitó el acceso al Pacífico y llegaron a ocupar Valdivia.

Desde mediados del siglo XVIII y aún antes, el autor aprecia una disminución de la amenaza marítima externa, tanto por el mejor estado de defensa de los dominios españoles como por la disminución de las empresas de iniciativa privada. Aunque las expediciones navales oficiales que las suceden no eran necesariamente mejor intencionadas -pensemos en el caso de Anson- hay una creciente tendencia a privilegiar el interés científico de las mismas antes que los aspectos bélicos y comerciales. Dentro del conjunto de grandes expediciones científicas, el autor dedica un capítulo especial a las exploraciones de José de Moraleda las que, por ser de iniciativa local, no se divulgaron en hermosos libros con grabados y mapas, si bien sus resultados fueron de gran importancia para el conocimiento de las costas de los archipiélagos de Chiloé y de los Chonos. De todas las expediciones aquí tratadas las de mayor envergadura eran de alguna forma conocidas, pero hay otras menores, de las cuales poco o nada se sabía.

La segunda parte del libro, más corta, está dedicada a la época de la Independencia, entendida esta hasta la anexión de Chiloé a la República en 1826 y la expulsión de las naves españolas de nuestras costas. Durante los años de la Patria Vieja, el control del mar lo tuvo el gobierno virreinal, lo que le permitió el envió de sucesivas expediciones para restablecer el poder de la corona y hostigar el comercio extranjero que competía con los intereses de los mercaderes del Callao. Luego de la victoria de los patriotas en Chacabuco el control temporal del mar permitió al virrey Abascal enviar una nueva expedición a Chile al mando de Mariano Ossorio

Es interesante observar que tanto O'Higgins como Carrera tenían conciencia de lo decisivo que resultaba el control del mar para afianzar la Independencia. De ahí que este último se dirigiera a los Estados Unidos con el fin de adquirir las naves necesarias, si bien dicho esfuerzo no tuvo mayor incidencia en la conformación de una escuadra nacional.

El otro frente de las hostilidades navales fue la actividad corsaria que perduró hasta el final de la guerra. El autor señala que, tanto las autoridades realistas en el Perú y en Chiloé como los gobiernos patriotas de Chile y Argentina, otorgaron patentes de corso, a la vez que nos informa que la participación en las presas alcanzaba hasta el propio Director Supremo.

Pese a la superioridad de algunos de los buques que conformaban la escuadra nacional, ello no aseguró de inmediato la supremacía chilena en el Pacífico. La desmoralización producida por la captura de la María Isabel, la fragata mejor armada de la escuadra virreinal, sumada al retiro de las fuerzas realistas de Talcahuano, llevó a una política defensiva por parte de los realistas, que dejó abierto el camino al Perú. Con todo, la figura clave que aeguró el éxito de las fuerzas patriotas fue Lord Thomas Cochrane, a cuyas hazañas y sinsabores el autor dedica cinco capítulos.

Tanto este como O'Higgins estaban conscientes de las perspectivas que ofrecía la superioridad marítima chilena; sin embargo el retiro de uno y la caída del otro, sumado a las estrecheces del erario, pusieron fin a estos sueños. Las demoras y dificultades para someter a Chiloé son un testimonio de ello.

Al final de la primera y segunda parte de la obra se agregan sendos capítulos sobre la marina mercante, el comercio y temas afines. Distan estos de ser tan extensos como los relativos a las expediciones navales y las acciones bélicas, lo que obedece tanto a las preferencias del autor como a la amplitud del tema. Con todo, recoge los resultados de los trabajos realizados hasta la fecha y hace diversos aportes conforme a lo encontrado en sus pesquisas.

Los interesados en la historia naval harían bien no limitarse al texto impreso y revisar el CD, particularmente los extensos apéndices que suman más de mil páginas de texto e ilustraciones. El primero, relativo al arte de navegar, incluye interesante información relativa a la práctica del pilotaje en el Pacífico sudamericano y la formación de pilotos y guardiamarinas en los dominios hispanos. El siguiente está dedicado a las características de los distintos tipos de navios; a los astilleros en Chile y por extensión en costas sudamericanas del Pacífico, con datos sobre técnicas de construcción y tipos de madera utilizados. El tercer apéndice está dedicado a la vida a bordo tanto en el período hispano como en la Independencia, con especial referencia a las raciones alimenticias, vestimenta y aspectos médicos y sanitarios. A continuación viene otro sobre la defensa de las costas que incluye no solo las fortificaciones sino también las escuadrillas de vigilancia y demás. El quinto apéndice está dividido en cuatro partes: una sobre la organización naval española, con particular énfasis en los diferentes grados y los uniformes y distintivos de cada uno; otra sobre vexilolo-gía naval, es decir las banderas utilizadas en las naves de guerra y mercantes españolas; la tercera sobre ceremonial y protocolo marítimo y una cuarta sobre heráldica naval. El último apéndice está dedicado a la marina nacional en los años de la Independencia: su organización y uniformes, sus ordenanzas, las que fueron adoptadas de la marina española, y las banderas navales del nuevo estado.

Lo dicho hasta aquí hace innecesario ponderar los méritos e importancia de la obra, el ingente trabajo individual realizado por Isidoro Vázquez de Acuña -tareas de esta envergadura suelen ser emprendimientos colectivos- y los esfuerzos de Ana Victoria Durruty para reducir el conjunto al tamaño de un volumen. Cabe destacar también la facilidad con que se lee el libro, mérito de ambos, y la riqueza y calidad de la iconografía.

Es de esperar que lo imponente del trabajo realizado por el autor no desaliente a otros sino que, por el contrario, constituya un incentivo para que otros investigadores de adentren por los vericuetos de la historia naval cuya riqueza ha quedado tan vivamente expuesta.

JUAN RICARDO COUYOUMDJIAN
Pontificia Universidad Católica de Chile