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Historia (Santiago)

versión On-line ISSN 0717-7194

Historia (Santiago) v.42 n.1 Santiago jun. 2009

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-71942009000100007 

HISTORIA N° 42, Vol. I, enero-junio 2009: 235-240 ISSN 0073-2435

 

RESEÑAS

 

FERNANDO ACUÑA (editor), Los primeros 50 años de la Televisión Chilena. Santiago, Impresión Printer, 2007, 383 páginas, gráficos e ilustraciones.

La tesis del libro, expresada por el editor en su introducción, es que el "desarrollo tardío de la televisión en Chile es el producto del miedo y del temor paternalista de nuestras elites" (p. 13). Sobre esa base se ordenan cinco monografías que permiten dar cuenta de la historia de la televisión chilena.

En el primer capítulo: "Paradojas en los inicios de la televisión chilena", María de la Luz Hurtado cubre la primera década de esta historia, desde 1959 hasta 1969, donde los inicios de la televisión están asociados a los experimentos tecnológicos en las universidades chilenas. La Universidad Católica de Chile (UC) y la Universidad Católica de Valparaíso (UCV) iniciaron sus transmisiones en el mes de agosto de 1959, en tanto que la Universidad de Chile lo hizo en el mes de noviembre de 1960. Sin embargo, el impacto social fue reducido debido, por una parte, a la escasez de aparatos receptores, y por otra, al hecho de que el gobierno de Jorge Alessandri no asignaba a la TV ninguna función ni educacional ni económica. Esto hizo que la autoridad permitiera su funcionamiento "de hecho" sin una normativa clara, a pesar de que las transmisiones se coordinaban en los aspectos técnicos con la estatal Dirección de Servicios Eléctricos. Los intentos de la Asociación de Radiodifusores de Chile y de empresas periodísticas y otros privados por realizar transmisiones fueron censuradas.

Dada la existencia de la televisión universitaria y al relativo bajo costo de los aparatos, el Campeonato Mundial de Fútbol de 1962 promovió la primera masifica-ción de esta nueva tecnología. Los aparatos llegaron a veinte mil en Santiago y Valparaíso, para que pudieran observarse las transmisiones realizadas desde los estadios del país.

Aunque en 1963 el debate sobre un estatuto para la TV llegó al Parlamento, la idea de legislar fue rechazada manteniéndose el statu quo. En el gobierno de Frei Montalva solo en 1967 se comienza a gestionar un canal estatal a través del Ministerio de Educación. Mientras tanto, el Canal 13 de la UC se desarrolla al amparo de un modelo que juntaba aspectos de la TV de servicio público europeo y la TV comercial norteamericana.

Los procesos de reforma universitaria a partir de 1967 afectaron no solo al interior de las universidades, sino también a sus relaciones con la sociedad; nació así la Vicerrectoría de Comunicaciones en la UC, mientras que en la Universidad de Chile los estudiantes apuntaron a contrarrestar la hegemonía de la izquierda en la conducción de su canal. Por su parte, Televisión Nacional de Chile (TVN), que aparece en 1969, también fue una realidad de facto que entró en funcionamiento sin "permiso" y sin una discusión de un organismo plural.

En términos generales, la propuesta inicial de la TV chilena fue original al compatibilizar las demandas políticas con la televisión educativa y cultural, junto a un canal estatal que, por gubernamental y monopólico, pudo ser controlado por el gobierno de turno.

El segundo capítulo está a cargo de Claudio Rolle, "De Televisión Nacional a la televisión nacional", y cubre el período 1968-1978.

Como se ha visto, existía la idea de establecer una red nacional de televisión dependiente del gobierno. Los encargados de la propuesta técnica y empresarial, junto con los funcionarios de gobierno optaron por crear una sociedad de responsabilidad limitada, filial CORFO. "Televisión Nacional" se financió originalmente con fondos provenientes del Ministerio de Educación, advirtiéndose que debía transitar hacia el autofinanciamiento. La mayor parte de su programación se realizaba en Santiago, pero se aspiraba a establecer productoras en algunas cabeceras de provincia. En todo caso, existían estaciones regionales en Arica, Antofagasta, Talca, Concepción y Punta Arenas.

Las transmisiones se iniciaron en 1969 en forma experimental, para ponerse en marcha regular a partir del mes de septiembre. Pero, ya en julio del mimo año, los canales de la U. de Chile, la UC y TVN hicieron la primera transmisión en cadena y vía satélite, con ocasión de la llegada del hombre a la Luna, que fue vista por casi tres millones de chilenos (p. 81).

En la UC el proceso de reforma significó la implementación de un proyecto propiamente universitario que vinculaba al canal con la Vicerrectoría de Comunicaciones, la Escuela de Artes de la Comunicación y el Departamento de Comunicación Audiovisual (DECOA). En la Universidad de Chile, la reforma universitaria llegó a su canal de televisión de la mano de una identificación como espacio de la izquierda política y de apoyo a los postulados de la Unidad Popular: todo ello con problemas, pues se sucedieron tres directores en menos de dos años, donde uno de ellos ejerció como dimisionario por más de seis meses. El resultado fue una propuesta televisiva autónoma del proyecto universitario.

El conjunto de la televisión chilena mostró su rol con ocasión de las elecciones presidenciales de 1970. TVN ya había adquirido carácter genuinamente nacional, pues sus transmisiones alcanzaban a 21 ciudades además de Santiago.

A raíz del triunfo electoral de Salvador Allende se discutió la legislación que buscaba establecer un estatuto para la televisión chilena. En menos de un mes se llevaron a cabo las discusiones parlamentarias y la ley fue promulgada en octubre de 1970. En ella se ratificaba a TVN como canal nacional, se autorizaba a los canales universitarios de Santiago a extender sus transmisiones, a la vez que se les exigía convertirse en corporaciones de derecho público, y se creaba el Consejo Nacional de Televisión, con representantes de los canales y de los tres poderes del Estado.

En los meses siguientes los diferentes canales adoptaron estrategias diferentes: Canal 13 se consolidó con las mayores audiencias según las encuestas de opinión y progresivamente se identificó con las opciones políticas de la oposición a Allende. El canal de la Universidad de Chile optó por la transmisión de programas culturales latinoamericanos, y se independizó completamente de la autoridad universitaria, a tal punto que a partir de junio de 1973 aparece Canal 6 como vocero de la Corporación de Televisión de la U. de Chile, y la Corte de Apelaciones, en julio, determina el fin de las transmisiones de Canal 9. TVN por su parte, se abanderiza con el proyecto político de Allende a través de su departamento de prensa.

A partir del golpe militar los canales son intervenidos, al igual que las universidades, y TVN se alinea incondicionalmente con el gobierno. Es posible observar una progresiva pérdida de influencia de los noticiarios y la preponderancia de la programación masiva: Festival de Viña del Mar, fútbol, telenovelas, series envasadas de procedencia norteamericana y programación familiar. Entre las pocas innovaciones es posible destacar Teleduc (1977), programa de educación a distancia.

A partir de 1974 se permite la extensión a provincias de los canales universitarios y a partir de 1976, con las transmisiones vía satélite, es posible cubrir todo el territorio nacional en forma simultánea. En 1978, y con ocasión del Campeonato Mundial de Fútbol, se inician las transmisiones a color con el consiguiente aumento de los costos y una serie de cambios en la publicidad; también aparece el control remoto. Todo ello en medio de un "apagón cultural" y de la domesticación de los telespectadores que, no obstante, comienzan a tener acceso a las informaciones sobre los horrores del gobierno militar por otros medios.

El período analizado termina con la primera Teletón, que pone de manifiesto el poder de la televisión como medio "nacional".

El tercer capítulo, a cargo de Diego Portales, se titula "Luces y sombras de la televisión chilena en los años 80". Se inicia con las transmisiones a color y abarca hasta la campaña del plebiscito de 1988. La hipótesis central es que durante el período la televisión chilena está marcada por la restricción informativa y la obligación del autofinanciamiento de los canales sobre la base de la publicidad.

En el contexto del ya citado "apagón cultural" y del boom económico, los canales aumentaron la producción nacional y realizaron inversiones en tecnología, infraestructura e innovación. La discusión, sin embargo, alude a la banalidad de los contenidos. De ahí que los creativos establecieran una obligatoria 'franja cultural', en la que cabían tanto la ópera internacional como los concursos sobre conocimientos culturales y 'teatro' de dudosa calidad.

La crisis económica de los inicios de los años 80 impacta fuertemente a la televisión, y el Estado da señales contradictorias: se suceden los cambios de directores de TVN, las reducciones de personal y la programación de bajo costo. En 1984 se autoriza el funcionamiento de la TV por cable. A partir de 1985 la gestión de los diferentes directores de TVN se lleva a cabo sin ningún "cuidado por el futuro institucional de la empresa subordinando su quehacer a los imperativos y prolongación del régimen de Pinochet" (p. 155).

Entre 1985 y 1986 se produce el debate sobre el Anteproyecto de Ley del nuevo Consejo Nacional de Radio y Televisión, provocando la reacción de los radiodifusores, los académicos, los partidos políticos, los obispos y otros actores sociales, el que continuará en 1987 centrado en el tema del acceso a la televisión de los diferentes actores políticos.

La visita del Papa a Chile en abril de 1987 constituyó también un desafío para la TV. El Gobierno pretendió manipular las transmisiones entregando la señal oficial a Canal 7, en tanto que la comisión organizadora de la visita, nombrada por la Iglesia, se la asignó a Canal 13, que trasmitió íntegramente la visita, los discursos y los traslados. A pesar de ello, el Gobierno de Pinochet trató de evitar que los espectadores accedieran a la transmisión de los testimonios directos de jóvenes, pobladores sindicalistas y otros, reemplazando en esos momentos la señal oficial por las opiniones de 'expertos' afines a la dictadura que 'explicaban' el sentido de la visita papal. Desde el punto de vista técnico la visita también representó un desafío que se salvó exitosamente, no obstante la pugna que enfrentó los criterios políticos con los criterios pastorales.

En el período que cubre este capítulo, se destacan algunos programas emblemáticos y actividades que perduraron como la Teletón, Informe Especial y Mundo.

En conjunto, puede hablarse de una televisión con control periodístico exacerbado, y por ello, de un tiempo sombrío con destellos de creatividad.

El cuarto ensayo, "Los años de la siembra", de autoría de Sergio Godoy, abarca el breve período 1988-1992. La tesis es que en estos años se establecen los elementos fundamentales del sistema televisivo chileno contemporáneo. El análisis avanza anualmente, destacando lo fundamental de cada uno.

Así, 1988 estuvo marcado por la franja de propaganda televisiva a propósito del plebiscito de octubre de ese año para decidir la continuidad de Pinochet. La franja de la alternativa 'Sí' al gobernante se realizó a partir de una premisa que resultó errónea: la poca importancia de la TV y un mal diagnóstico de aquello que la gente quería de la TV (p. 190). La franja del 'No', en cambio, mostró una coalición política creíble, conciliatoria y preocupada del futuro y que "fue decisiva para los resultados electorales" (p. 197).

El año 1989 se caracterizó por los foros y los programas de contenido político y con participación de políticos, que culminaría con el primer debate presidencial televisado. Paralelamente se llevaba a cabo la discusión de un nuevo marco jurídico para la TV que reemplazaría al fijado en 1970. Este resultó ser liberal en términos corporativos y económicos, y a la vez sometido a supervisión de los contenidos, todo lo cual se tradujo en la ley de 1992, hecho con el cual se cierra el período.

En 1990 hace su aparición la TV privada, la que tras muchos desafíos y desequilibrios durante sus primeros años, logra su estabilización una década más tarde. Por su parte TVN entra en un período de austeridad a partir de 1990, reduciendo gastos y personal e innovando en contenidos clave como las noticias y la apertura a productoras independientes. Todo ello redundó en una "milagrosa resurrección".

El último actor en aparecer fue la televisión por cable, y lo hizo con bastante éxito, pues saltó de una penetración inferior al 1 % en 1990 all ,4% en 1994.

El quinto capítulo, a cargo de Valerio Fuenzalida, trata de "La TV chilena desde 1992 hasta el presente" (2007).

Dos aspectos marcan el inicio del período. Por un lado, la nueva legislación convierte a TVN en un canal público del Estado chileno normado por un directorio plural, representativo de las diferentes sensibilidades políticas, y de confianza pública. Por otro, la reforma del Consejo Nacional de Televisión, organismo también del Estado pero con autonomía del gobierno de turno, encargado de conciliar los deberes propios de la televisión con la diversidad, la libertad de expresión y de programación, que ha cumplido su función y ha aportado también en materia de estudios sobre la TV chilena.

Paralelo a lo anterior se asiste a la introducción del people meter como mecanismo de medición de audiencias, lo que significó que algunos programas experimentaran alguna erosión de sintonía, y exigió un mayor cuidado en la calidad de los productos emitidos.

Un subcapítulo importante está dedicado a la evolución de los noticiarios (pp. 219-225) de cada uno de los canales, destacando sus proyectos, las visiones de sus directores, las estrategias periodísticas y sus resultados. En otro apartado, y con igual dedicación, se analiza la evolución de los canales privados. En algunos casos su origen, y en todos, las líneas editoriales, las estrategias programáticas, los públicos objetivos en caso de haberlos, la evolución de la propiedad y de las gestiones directivas. Se alude también con detalle a la evolución de los mismos aspectos de los canales tradicionales (pp. 226-248).

La última parte analiza con detención la programación del conjunto de la TV chilena. Se distinguen tres grandes formatos de programas que entremezclan la compañía de entretención con algunas formas de servicio al público: los matinales, los programas de consulta y orientación pública y los programas judiciales. A partir de 1992 se advierte "una lenta pero creciente exhibición de programas que abordan la actualidad nacional con mayor profundidad que los noticiarios. Como reportajes de investigación y espacios de debate socio-cultural" (p. 251).

Los programas estelares y de espectáculo habitualmente ocupan el horario prime. Se ha tratado de diferentes formas, habitualmente traídas del extranjero, donde es posible distinguir estelares musicales; de conversación, a partir de la mitad de la década de los 90, en que participan figuras del mundo televisivo o políticos y en los que la TV chilena se torna autorreferente y farandulera; también es posible advertir la presencia de estelares de concurso y humor; y finalmente el género de los reality show a partir de 2003 con éxitos disímiles.

También aparecen los programas culturales referidos a literatura, plástica, difusión científica y tecnológica, cine, arquitectura, desarrollo del mundo rural chileno, medio ambiente, filosofía y otras expresiones. Sus resultados fueron también variados.

Por su parte, 43 estaciones regionales de televisión abierta han tenido programación basada en información y actualidad local y contenidos envasados. En cuanto a TV por cable, diversos empresarios de pequeño tamaño iniciaron operaciones en prácticamente todas las ciudades de Chile. Pero hacia el 2004 el mercado se concentraba en dos operadoras con paquetes básicos de programación y ofertas premium. Por su parte, la televisión satelital llegó a Chile en 1997 y una década después atendía casi el 35% de los hogares.

Entre las tendencias generales del período, se observa una clara preferencia por el consumo de programas nacionales, que llega al 66% de la parrilla programática, y una audiencia estable para los noticiarios. En materia corporativa es posible advertir una competencia cada vez más estrecha, que pone de relieve la importancia del gobierno corporativo, las políticas editoriales y la gestión en decisiones estratégicas.

Por último, el autor señala que está pendiente la definición del estándar técnico para la TV digital, lo que traerá modificaciones en el "modo de operación de los canales, el financiamiento de los nuevos canales y el ordenamiento jurídico" (p.281).

En suma, el conjunto del volumen es desequilibrado. Algunos de los capítulos dan cuenta con solvencia del período analizado y de sus avatares; otros, a ratos, se quedan en la anécdota más o menos pueril, o en enumeraciones que podrían haberse incluido en anexos.

El libro concluye con un conjunto de 50 breves testimonios de actores directos del quehacer televisivo chileno, que son de variada calidad y significación.


Matías Tagle Domínguez

Pontificia Universidad Católica de Chile, Chile