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Historia (Santiago)

versión On-line ISSN 0717-7194

Historia (Santiago) vol.44 no.1 Santiago jun. 2011

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-71942011000100004 

HISTORIA N° 44, vol. I, enero-junio 2011: 131-163

ESTUDIOS

 

Graficar una "Segunda Independencia": El Régimen Militar Chileno y las ilustraciones de la Editorial Nacional Gabriela Mistral (1973-1976)**

 

Isabel Jara Hinojosa*

* Doctora en Historia por la Universidad Pompeu Fabra, Barcelona. Académica de la Universidad de Chile. Correo electrónico: jara.isabel@gmail.com

 


RESUMEN

En la perspectiva del uso social de las imágenes, este artículo estudia la relación entre la ilustración gráfica de la Editorial Nacional Gabriela Mistral (ENGM) y el imaginario político del gobierno militar. Profundizando en la semántica de las estampas de algunos libros representativos, examina su peculiar aporte a la construcción del discurso del golpe militar como "segunda independencia". Para ello, cruza un análisis iconográfico y de retórica de la imagen con documentos inéditos e impresos del gobierno y la editorial, publicaciones de esta y bibliografía pertinente. Sugiere que las ilustraciones "graficaron" dicho discurso antimarxista y antipartidista, simbolizando lo patriótico y antipatriótico, intensificando dicotómicamente la experiencia allendista y la posgolpe y ritualizando la celebración del 11 de septiembre.

Palabras clave: ilustración gráfica, editora oficial, política cultural, dictadura chilena.


ABSTRACT

From the perspective of the social use of images, this article studies the relationship between graphic illustration from the Editorial Nacional Gabriela Mistral (ENGM) and the political imaginary of the military government. using the semantics of pictures, this article analyzes the unique contribution of some representative books to the development of the discourse of the coup as a "second independence." To that end the article crosses an iconographic analysis and a rhetoric of the image analysis with unpublished documents and government literature, publications from the editorial and pertinent bibliography suggesting that the illustrations, "illustrate" an anti-Marxist and anti-party discourse. This symbolizes the patriotic and the unpatriotic, intensifying the dichotomy of the Allendista and the post-coup experience, and ritualizing the celebration of September eleventh.

Key words: Graphic illustration, official press, cultural policy, Chilean dictatorship.


 

INTRODUCCIÓN

Después del golpe militar, los directivos de la Editorial Nacional Gabriela Mistral (ENGM) se propusieron algo más que sacarla del aprieto económico heredado de Quimantú. En realidad, entre 1973 y 1976, años en que aquella fue la editora oficial del nuevo Estado autoritario, estos pretendieron colaborar en la refundación de la cultura chilena desde el frente editorial, pero el predominio de la perspectiva neoliberal desactivó dicha posibilidad y circunscribió a la ENGM a participar en poco más que la legitimación y publicidad de supuestos básicos del régimen: entre ellos, que este había encabezado una segunda independencia de chile, esta vez del marxismo internacional.

De allí que algunos de sus libros participaran -junto a otros dispositivos comunicacionales- en la producción del nuevo "clima político": denunciativo del gobierno de la unidad Popular (UP) como agente del marxismo internacional y apologético de la dictadura como continuadora del "legado histórico" o'higginiano y portaliano. Y es que la idea de la "segunda independencia"1 requería también un reacomodo discursivo de "orden visual".

Examinando las relaciones entre textos e imágenes a través de casos ejemplares analizados desde la perspectiva de la retórica de la imagen, este artículo explora el aporte de las ilustraciones de la ENGM al vértice cultural del proyecto refundacio-nal del régimen, en el entendido de que la reformulación simbólica (del imaginario) del país y de su historia exigía alterar el panteón de ídolos, enemigos y mitos del proyecto socialista y del pasado republicano, reinventando algunos de sus símbolos y desacreditando otros.

Partimos de la premisa de que, pese a su autonomía, algunas imágenes son copartícipes de la construcción de los discursos político-culturales (solidarizando, antagonizando o soslayando, en el modo específico de la visualidad), especialmente cuando proceden de medios oficiales, circulan en coyunturas políticas decisivas y se dirigen a un público masivo. Esto no necesariamente por compromiso ideológico de quienes las producen directamente, sino porque operan en las nuevas expectativas, credos políticos y supuestos representacionales de un régimen. Por lo demás, en la ilustración de libros de divulgación general es más explícito el vínculo funcional entre la imagen y el mensaje textual, es decir, es más fuerte su condición informativa y comunicativa, si bien nunca literal.

El artículo se organiza en cuatro partes: primero, ciertas definiciones teórico-metodológicas; segundo, la orientación cultural de la Junta de Gobierno; luego la actividad editorial y de la ENGM; y, por último, la retórica de sus ilustraciones en el discurso del golpe militar como segunda independencia.

PRELUDIO TEÓRICO-METODOLÓGICO

La pregunta por el uso ideológico de las imágenes requiere enfoques que conecten sus características formales o implicaciones estéticas con el significado que les dan los imaginarios comprometidos (en este caso, políticos, culturales y editoriales). Asimismo, establecer el foco en el polo de la producción implica examinar el sentido previsto por sus productores y no necesariamente el atribuido por los espectadores, los cuales no siempre coinciden y cuya contrastación exige una investigación aparte. A su vez, el sentido previsto refiere a la cuestión de la intencionalidad, no equivalente al propósito único y omnicomprensivo del ilustrador, sino a la trama de razones y actuaciones heterogéneas de los participantes2, las cuales igualmente producen un artefacto cultural que, dentro de su polisemia, articula un mensaje, especialmente cuando este es producido bajo las necesidades comunicaciona-les de un gobierno autoritario.

Para atender estos imperativos, resulta provechoso un uso crítico y adaptado del enfoque iconográfico de Panofsky y de la retórica de la imagen de Barthes. El primero indaga en el significado alegórico de una obra en consonancia con los valores de su época, considerando algunos de sus elementos como claves simbólicas que descifrarían quienes dominaran los mismos códigos culturales. Enfatizando el contenido, describe los aspectos formales, identifica la historia relatada y la explica de acuerdo a los marcos narrativos del contexto3. Por su parte, el enfoque semiológico barthesiano asume que la imagen, como sistema de signos (o texto figurativo), es el dispositivo de una determinada ideología o mitología social que despliega su discurso persuasivo a través de mecanismos retóricos que le dan significación, denotando (mostrando) o connotando (simbolizando/codificando); de manera que la retórica de la imagen sería el conjunto de significantes que construyen su mensaje, cuya parte más compleja sería la connotación, pues desbordaría la "simple" percepción y aludiría a saberes culturales compartidos (prácticos, estéticos, políticos), a veces naturalizados4.

Ya que la imagen no es un reflejo sino una representación visual de ideas (adecuando su contenido al juego de las formas), nunca habrá un encaje matemático entre ellas:

"la verosimilitud de la imagen no remite tanto a un estado 'real' del mundo como a un conjunto de expectativas culturales condicionadas por una cierta categorización ideológica de la realidad, que incluye modelos para la plasmación de la realidad mediante imágenes. De manera que no será el mayor o menor grado de correspondencia entre la imagen y la realidad, sino la satisfacción de una expectativa preexistente, lo que determine el grado de 'realismo' otorgado a la representación"5.

Así pues, cuando interpretamos imágenes -resbaladizas por naturaleza- no estamos en el terreno de la exactitud, aunque sí en el del rigor, por cuanto existirá siempre una tensión entre el mensaje previsto por los productores (sin considerar sus propias disonancias), el que le otorgaron los espectadores y el que propone la historiografía. Entre la tentación de sobreinterpretar (la imagen lo dice todo) o la de subinterpretar (la imagen no dice nada significativo), una perspectiva historio-gráfica de la retórica de la imagen se atreve a sugerir las estructuras de alegorización de una ilustración, dentro de los límites y potencialidades de su naturaleza visual, su condición comunicativa y sus circunstancias históricas.

Respecto de las imágenes aquí analizadas, puesto que el problema de fondo es la ilustración de un alegato político de base -que el golpe militar constituía una segunda independencia-, se pasan por alto las distinciones que dieron a los textos los diversos grupos involucrados en el gobierno (castrense, civil, corporativista, nacionalista, gremialista, alessandrista, Chicago boys u otros), manteniendo la aproximación de conjunto al carácter denunciador de la UP y justificador del golpe que, en mayor o menor medida, se filtraba en gran parte de las publicaciones oficiales de la etapa de instalación de la dictadura. De esta manera, los criterios de selección de las ilustraciones obedecieron, en primer lugar, a su inclusión en publicaciones gobiernistas o políticas del repertorio de la ENGM; en segundo lugar, al modo en que se relacionan con los textos, esto es, su capacidad de condensar ideas o eventos significativos, su ejemplaridad, repetición o excepcionalidad, su ubicación dentro del texto, su valor visual (ser más simbólicas, más grandes, más elaboradas o estar coloreadas), o por el realce que tuvieron en los capítulos o que le dieran los epígrafes; y por último, la selección apuntó también a destacar los diferentes ejercicios de connotación que podían desplegar unas ilustraciones aparentemente simples, especialmente en textos propagandísticos pero temáticamente diversos, como el caso de República de Chile 1974. Primer año de la reconstrucción nacional.

ORIENTACIÓN CULTURAL DEL RÉGIMEN CÍVICO-MILITAR

No es posible comprender la arenga refundacional de la dictadura sino en el seno de su identidad ideológica, comunicacional y estética. Si bien no es posible desarrollar estos aspectos aquí, debe tenerse en cuenta que la primera estuvo atravesada por el rasgo represivo, la búsqueda de la legitimidad histórica en el pensamiento conservador6, la búsqueda de la "legitimidad por la eficacia" en el pensamiento neoliberal, la radicalización de las corrientes autoritarias de la derecha y la alta personalización del régimen en Pinochet7. Precisamente, el hecho de que fuera un sistema político sin un pensamiento pulido, conductor y único, y el que sus grupos pugnaran entre sí, favoreció la concentración del poder en el General, convirtiéndolo en el líder de la élite cívico-militar gobernante8. Su propia indefinición ideológica inicial fue compensada por su admiración al modelo franquista9 y por la necesidad de autolegitimarse frente a los golpistas, lo cual lo predispuso, al igual que su formación militar, contra el marxismo. Con todo, pese a tal personalismo, la identidad ideológica del régimen era también el resultado del carácter ofensivo que había adquirido la derecha desde mediados de los años sesenta, el cual la había llevado a priorizar la lucha política sobre los métodos cooptativos, a formular proyectos sociales más nítidos y a instigar la solución armada10. Ello facilitó que, si bien durante la instalación de la Dictadura su proceso de redefiniciones continuó, el régimen concentró su discurso público en la lucha contra la UP, el marxismo y la "politiquería" democrática. La posterior derrota del estatismo castrense de origen ibañista y del único liderazgo alternativo al de Pinochet -Leigh11- supuso la captura de las políticas sectoriales bajo la óptica neoliberal y de contrainsurgencia, incluyendo al campo cultural.

Por otra parte, como veremos más adelante, la identidad comunicacional del régimen se edificó en la censura o cierre de los medios de prensa12, el desmoche de las universidades y colegios, el desmembramiento de la institucionalidad cultural de la administración pasada y de las organizaciones sociales, la exclusión de los artistas de izquierda y el control de las producciones. Todo lo anterior para promover, sin competencias, un proyecto de cuño nacionalista, mesiánico y geopolítico13. Asimismo, la dimensión estética de tal proyecto se nutrió, además, de acciones disímiles, tanto de "purificación" (raspado de murales, retiro de monumentos, fomento de una apariencia más formal en la población), como de "rehabilitación" (promoción del arte "apolítico" y tradicional en lo formal, del folclor acrítico y de los temas militares y nacionalistas)14. En suma, si la cultura visual de la UP se había asociado al rizoma latinoamericano y revolucionario, la del régimen militar lo hizo al republicano, castrense y conservador15.

En consonancia con este "clima" restrictivo y de tensas definiciones, el gobierno militar declaró que pretendía una profunda refundación de la política y sociedad chilenas16, para romper no solo con la Unidad Popular sino también con el Estado democrático multipartidista, al que consideraba responsable de la acción cismática de los políticos. Es decir, pasó del interés por derrocar a Allende al interés por cambiar el modelo de representación popular y por transformar de raíz los valores sociales. Fuera por propaganda o sinceridad, lo cierto es que se planteó el golpe como una "segunda independencia", esta vez del "marxismo internacional" y del sistema sociopolítico que lo engendró17.

No fue este un mero argumento para el consumo interno, sino que también se exportó, siendo la Asamblea de las Naciones Unidas de octubre de 1973 una de las primeras plataformas de su difusión:

"El 11 de septiembre [declaró el representante chileno, Vicealmirante Ismael Huerta] actuamos guiados únicamente por nuestro juramento, que ya hace muchos años hicimos, en orden a defender nuestra Patria y a aunar nuestros esfuerzos por conservar a Chile como nación libre, próspera y soberana. Actuamos en concordancia con la inmensa mayoría de nuestros compatriotas que veían, con desesperación y temor, como una ideología extraña a nuestra historia, aprovechándose mañosamente de nuestra estructura jurídica, solo buscaba instaurar un régimen totalitario [...] No olvidará el país la lección que le ha permitido recobrar la confianza en sí mismo. Ha podido comprobar, una vez más, que en el alma de Chile sigue viva la llama de quienes forjaron una Patria libre y soberana, encarnando en su historia lo que Ercilla cantó de nuestra fuerte raza aborigen: una Nación jamás 'a extranjero dominio sometida"18.

Probablemente el anticomunismo sirvió a esta épica independentista, porque era un secular aglutinador de los pensamientos conservador, nacionalista y castrense, además de un activador del clima de guerra con que la alianza militar-civil acometió la toma del poder y la instauración de la nueva institucionalidad. Por otra parte, el engarce "antimarxismo-soberanía" permitía superar la falta de legitimidad jurídica y electoral del golpe, así como situar al enemigo en todas las áreas de la vida social. "Extirpar el cáncer marxista"19, entonces, suponía una ardua tarea, tanto en el terreno material como en el de las ideas.

En el ámbito "cultural", las autoridades consideraron que el combate contra el marxismo exigía sobrepasar la censura y exoneración de esa ideología e intervenir en el decadente imaginario democrático que la había acunado. De allí que anunciaran:

"[...] una política cultural que tienda, en primer término y en su órbita de competencia, a extirpar de raíz y para siempre los focos de infección que se desarrollaron y puedan desarrollarse sobre el cuerpo moral de nuestra patria y en seguida, que sea efectiva como medio de eliminar los vicios de nuestra mentalidad y comportamiento, que permitieron que nuestra sociedad se relajara y sus instituciones se desvirtuaran, hasta el punto de quedar inermes espiritualmente para oponerse a la acción desintegradora desarrollada por el marxismo. [...] Para lograr lo anterior, la política cultural deberá considerar, además, todos aquellos elementos que le permitan actuar concertadamente. Los medios de comunicación social, especialmente la televisión, por su efecto multiplicador inconmensurable; las editoriales, el cine, la literatura, la prensa y la radio, todos ellos son vehículos a través de los cuales deberá proyectarse la acción cultural del Gobierno"20.

Sin duda se trataba de una cirugía mayor, pues suponía amputar un imaginario articulado en gran parte en torno a los partidos, que habían sido cardinales en la constitución de identidades sociales durante el siglo XX. De allí el tono épico de la Declaración de Principios de marzo de 1974:

"Nuestra misión es abrir una nueva era en la historia de la Patria, proyectando hacia el futuro un régimen estable y creador. [...] nuestras metas son la unidad nacional; la concepción cristiana sobre el hombre y la sociedad; el estado debe estar al servicio de la persona y no al revés [...] Para ello debe respetarse el derecho de propiedad y la libre iniciativa en el campo económico; una inspiración nacionalista, realista y pragmática, que no se oponga a la universalidad. En resumen, nos proponemos como objetivo fundamental la reconstrucción para hacer de Chile una gran nación"21.

No obstante, a pesar de estas solemnes pretensiones, el gobierno militar se limitó los primeros años a reprimir a los disidentes y reaccionar contra las políticas de la UP, definiendo su propio programa a mediados de la década del setenta. Por tanto, solo a partir de entonces comenzó a superar su dispersión decisional en el campo de la cultura, generando un rudimentario aparataje organizacional y unas orientaciones a tono con sus publicitados fundamentos territoriales, nacionalistas y católicos. Así pues, creó la Asesoría Cultural de la Junta de Gobierno22, el Departamento Cultural de la Secretaría General de Gobierno y una Comisión Cultural23 dependiente del Ministerio de Educación y de la Asesoría, para que analizaran los planes y programas de los diferentes niveles del sistema educacional, replantearan la difusión cultural y reactivaran los organismos gubernamentales involucrados. Fruto de esto, impulsó la creación de institutos culturales municipales y universitarios, la formación de bibliotecas y museos acorde a la política de regionalización24, la conservación del patrimonio histórico y el intercambio cultural con otras naciones para mejorar la imagen del país. Igualmente reestructuró el Ministerio de Educación, que en 1978 pasó a llamarse también de Cultura y que mantuvo un Departamento de Extensión estable.

Tales medidas pusieron a prueba la relación entre las tendencias ideológicas que disputaban la conducción política, al tiempo que la progresiva privatización y "extranjerización" de la cultura chilena motivaron públicas disensiones entre ellas. Ningún discurso ideológico resultó del todo triunfante en tales desacuerdos -que en el fondo versaban sobre la identidad nacional propicia para cada proyecto social-, como tampoco ninguno logró dominar completamente el campo cultural. El proyecto nacionalista, que preconizaba la peculiaridad chilena25, anclándola a la tradición campesina y a la historia militar, y que defendía un Estado centralizador, entró en contradicción con la internacionalización del arte y los mass media y con la radical apertura económica. El discurso libremercadista, abierto a una cultura más cosmopolita y a un vanguardismo artístico controlado que permitiera renovar el campo para entregarlo al mercado, no pudo vencer las resistencias del medio a entrar al marketing y, luego, debió enfrentar el descrédito por la crisis económica de los años ochenta. Solo el discurso "espiritual-elitista", que elevaba las "bellas artes" europeas a la categoría de valor universal y trascendental, indiferente a las circunstancias americanas, consiguió cierta continuidad durante toda la dictadura, si bien tampoco desterró los otros discursos oficiales26. En cualquier caso no había diferencias taxativas entre ellos, sino cuestiones de énfasis, y lo que distinguía el pensamiento económico bien podía mezclarlo el cultural.

Por otra parte, las actividades culturales del régimen se vieron coartadas por las otras dimensiones de la acción gubernativa, especialmente el control político y la liberalización económica, que, en coincidencia con la noción de un Estado autoritario y subsidiario, impuso sobre la cultura oficial la exclusión ideológica y el que los organismos de dependencia estatal debieran conseguir sus propios recursos. A ello se sumó la reorganización local de la cultura de masas, derivada de la modernización de los medios de comunicación: en primer lugar, la centralidad de la televisión y de la radio por sobre el impreso27, y su efecto sobre la política comuni-cacional del régimen; y segundo, la extranjerización de los contenidos televisivos y radiales. Por todo lo anterior, pero especialmente por la inercia gubernamental, podemos decir que la Junta Militar no desarrolló propiamente una política cultural, entendida como un proyecto articulado, sostenido y manifiesto28, sino que más bien desplegó una serie de iniciativas que, sin adquirir la consistencia de un plan consumado, especificaron una disposición.

De forma que, pese a las diferencias doctrinarias internas y a las constricciones económicas y políticas, hubo suficiente coincidencia ideológica para que la dictadura desarrollara una verdadera empresa de "contracultura" contra los imaginarios revolucionarios, reformistas y democráticos, en el convencimiento de que su "misión independentista" consistía en rescatar la genuina "chilenidad", degradada durante las décadas liberales y francamente corrompida en los años marxistas. De hecho, entre los factores de decadencia que la propaganda gubernamental imputó a la UP, se repetían la "pérdida de la unidad nacional", el "repudio a nuestra historia nacional y sus héroes", "la destrucción de los principios de autoridad, jerarquía y disciplina" y la divulgación de una "cultura comprometida", que no había sido otra cosa que la cooptación marxista de los profesores, artistas e intelectuales. De modo que:

"el primer objetivo al que deb[ía] apuntar una política cultural e[ra] definir la esencia y el 'deber ser' nacionales. [...] La defensa, desarrollo y acrecentamiento de la tradición y la cultura que nos es propia, la difusión de sus principios y valores básicos [...]"29.

EL TRABAJO EDITORIAL Y LA ENGM

Como es sabido, en contraste con el liderazgo y fomento editorial pretendido por la administración allendista30, la dictadura dejó dicha actividad a los privados. Y es que frente a la ideología izquierdista, que veía en el Estado un agente cultural fundamental, y frente a la matriz ilustrada que la inspiraba y que determinaba la primacía del impreso en su política cultural y propagandística, el pinochetismo dejó de otorgar al libro un valor superior al de los otros medios31. La mencionada modernización tecnológico-estética a nivel local y global, que reorganizaba el juego de pesos y contrapesos de los diferentes dispositivos culturales, así como la victoria liberal en la definición de su proyecto global, ampararon esa opción32.

Sin embargo, paradójicamente el régimen sospechó más del impreso que de otros medios33, de manera que prestó especial atención a su vigilancia, fuera a través de la represión directa de los primeros años o de la imposición de la censura previa entre 1977 y 19 8 3 34. Fue ese temor al libro -además de la discriminación política- el que contextualizó la clausura de las editoriales vinculadas a los proscritos partidos y la incautación de sus materiales, el control de la importación y publicación de libros35, la custodia sobre las librerías, que se vieron obligadas a catalogar su mercadería en "vendible, reservada (bodega) y destruible"36, la autocensura de las ediciones populares de editoras universitarias y particulares y el ambiente de intimidación sobre la posesión de libros Quimantú o de otra literatura considerada sediciosa37. El Ministerio de Educación hubo de ser especialmente activo en la depuración de las bibliotecas del sistema escolar y universitario38, así como en la renovación y control de los textos escolares.

En este contexto, el devenir de Quimantú, la editorial de la UP, resultó ejemplar. Es por todos conocido que en 1973 esta fue allanada, reestructurada, requisadas sus últimas publicaciones, exonerado casi la mitad de su personal, desmontado su aparato de distribución nacional y transformada, finalmente, en ENGM, todavía dependiente del Estado a través de la CORFO39. Su nuevo lema -"Suya... nuestra... de Chile"- reconoció dicha condición pública.

Como se sabe, el General de Aviación (R) Diego Barros Ortiz asumió como presidente ejecutivo y presidente del Consejo desde mayo de 1974. Mario Correa Saavedra, que había dirigido la empresa hasta entonces, asumió como gerente editorial40. Además, se creó un Consejo Asesor para las publicaciones (adecuación de políticas educacionales, tipo de revistas, críticas literarias, etc.), el cual estuvo formado provisionalmente por Nina Donoso Correa, poetisa y escritora, Agustín Billa Garrido, periodista y escritor, Enrique Bunster, escritor y cronista histórico (y que asesoró el diseño de algunas primeras colecciones), Fernando Campos Harriet, profesor de la Facultad de Leyes de la Universidad de Chile, Enrique Campos Menéndez, escritor, cineasta y asesor cultural de la Junta, Hernán Larraín Fernández, profesor de la Facultad de Derecho de la Universidad Católica, Alvaro Puga Cappa, periodista, jefe de la Dirección de Informaciones de las FF.AA y Carabineros y luego vinculado a la DINA, Héctor Riesle Contreras, profesor universitario y asesor de la Secretaría General de Gobierno, y Tomás Mac Hale, escritor, profesor universitario y crítico literario41.

Por su parte, el Directorio debió mantener una representación proporcional, puesto que Quimantú pertenecía a dos socios (el 90% a CORFO y el 10% a Chile Films), lo que no fue una tarea fácil, debido a la rotación de funcionarios en los diversos cargos estatales que debían ser cubiertos. Así pues, en representación de la CORFO figuraron el abogado Adolfo Ballas Azócar, militante del Partido Nacional, quien luego fue sustituido por Gustavo Ross Ossa, abogado y gerente de la empresa ELECMETAL, Gastón Acuña Mac Lean, militante de Patria y Libertad, director de Información de las Fuerzas Armadas, funcionario de la Secretaría de Prensa de la Junta de Gobierno y posterior presidente del diario La Nación, el ya mencionado Alvaro Puga Cappa, el capitán de fragata Mariano Sepúlveda Matus, futuro rector delegado de la Academia Superior de Ciencias Pedagógicas de Santiago en los años ochenta, reemplazado por el capitán de navío Roberto Benavente en 1975, que era oficial en servicio de la DINA de Valparaíso (futuro subjefe del Estado Mayor de la Defensa Nacional durante el conflicto con Argentina), el que fue a su vez sustituido por el ingeniero civil de la Empresa Nacional de Construcciones (ENACO), Juan Carlos Varela Morgan; también se sumó el director de Informática de ENACO, Ignacio Cousiño Aragón, ministro del Trabajo de Ibáñez en 1954 y funcionario del Banco de Chile, después renunciado42.

En representación de Chile Films, integró al Directorio de la ENGM el abogado Jorge Iván Hubner Gallo, ex militante conservador y luego nacional, después integrante de la Comisión Legislativa de la Junta de Gobierno, y Juan Naveillán Fernández, asesor del Ministerio de Economía43. Finalmente, en representación del asesor cultural de la Junta, repitió Tomás P. Mac Hale44.

Como se ve, las principales corrientes ideológicas del régimen tuvieron cabida en el Directorio o en el Consejo Asesor de la ENGM. De forma que, a tono con el guión oficial de la "disposición cultural" del régimen, buena parte de sus textos e imágenes funcionaron dentro del nuevo entorno simbólico y demandas políticas45, más aún si "le est[aban] reservadas responsabilidades trascendentales en la hora que viv[ía] el país [...]", según creyeron sus directivos46. Sin embargo, enfrentando el problema de insolvencia y el horizonte del autofinanciamiento, "en el primer momento el propósito central tuvo que ser el reflotamiento económico de la empresa" y, por ende, "el criterio selector para las ediciones que se emprendieran debió ser el del comercio"47.

De hecho, un ilustrador de la ENGM recuerda: "empezó a primar lo económico; cosas que de repente se estuvieron haciendo aquí en Chile, la editorial dijo: 'es más barato comprarle todo este material a los españoles, a los gringos'; yo creo que por sobre cualquier orientación, primó lo económico"48.

No obstante, para los directivos el criterio comercial no era suficiente, ya que estaban convencidos de que la editora debía colaborar con la reconstrucción del imaginario social. Lo explicó el consejero Vial Armstrong en Fundamentos de una Acción Editorial, declaración de principios por él redactada a petición del nuevo Consejo de la ENGM: "a partir del estudio de una serie de publicaciones que la Editorial quería destinar a la mujer y al niño", se configuró en ella un segundo momento motivado por la convicción de que su tarea era la "despertar a Chile para que descubr[ier]a su propia identidad como pueblo y nación; para que asum[ier]a su origen americano y s[upier]a como constituir su presente"49 . A su juicio, tal sería el aporte de la editora estatal a la narratividad de la "segunda independencia".

Por supuesto, el giro editorial desde el criterio de rentabilidad al "identitario" tuvo que ver también con los equilibrios internos en el Consejo de la ENGM. Claramente, el discurso nacionalista fue el que dominó en él durante los tres años que estuvo bajo la dirección del general (R) Barros Ortiz, lo cual facilitó que la editora transitara desde la preocupación económica a la reivindicación de la identidad nacional. Según veremos más adelante, de este acento "patriótico" dieron cuenta su emblema, que era una escarapela de los colores patrios, y sus colecciones y títulos, como Pensamiento nacionalista (de Ricardo Cox) de la colección Pensamiento Contemporáneo, El combate de la Concepción (de Jorge Inostrosa) o 18 de Septiembre de 1810 (de Ricardo Donoso), de la colección Nosotros los Chilenos; El pensamiento de O'Higgins, El pensamiento de Portales y El pensamiento de Encina, de la colección Ideario; y Cuentos de Cuartel (relatos de Carabineros) de la colección Septiembre.

De todos modos, en Fundamento de una Acción Editorial, Vial Armstrong evidenció la presencia del discurso "espiritualista" de la alta cultura. En dicho libro, Vial insistió en que la acción editorial era un regalo que el país se debía a sí mismo, más allá del criterio comercial, discutiendo implícitamente el discurso liberal de CORFO. Agregó que la empresa debía publicar más que editar, es decir, publicitar originales y no solo reimprimir. El proyecto "Expedición a Chile" permitiría llevar a cabo el genuino esfuerzo de publicación imaginado por Vial, al mismo tiempo que satisfaría las demandas nacionalistas de recuperar los valores "esenciales" del país, encarnados en sus características naturales y sociales. De seguro, el discurso europeísta fomentó además la presencia de títulos acreditados como El buen mozo o Cuentos, de Maupassant, o Novelas ejemplares, de Cervantes.

Finalmente, el discurso libremercadista favoreció catálogos de comercialización asegurada, como Fondo Escolar o Las aventuras de Sandokan, destinadas a niños y jóvenes. Lo mismo en series de utilidad práctica como Oficios y Hogar, bien para una mujer concebida preferentemente en el espacio doméstico (cocina, puericultura, etc.), bien para capacitar en oficios que aumentaran el ingreso familiar o en arreglos caseros que ahorraran dinero. Estas últimas series destilaban cierta ideología moral que acentuaba el retorno a la familia y al hogar, para conseguir la pacificación social y desocupar las calles, tan saturadas antes de movilizaciones callejeras.

En cualquier caso, todos los discursos coincidieron en un mismo lector previsto, que era el que había apoyado el "11" y del que se esperaba lealtad con la "reconstrucción nacional". Asimismo, coincidieron en el objetivo último de aportar a la "segunda independencia", rescatando la patria del comunismo y difundiendo su "auténtica cultura", a través de las raíces de su población, de su imaginería artesanal y patrimonial, de sus juegos populares, de sus recursos y entornos naturales.

Con todo, la última palabra -la liquidadora, en realidad- la tuvo la corriente liberal dominante en CORFO, de quien dependía la ENGM. Un informe, elaborado en septiembre de 1975, fue taxativo:

"Durante este periodo [la UP], la Empresa fue utilizada exclusivamente como centro político, ya que sus metas fueron exclusivamente la indoctrinación ideológica del mayor número posible de chilenos. Durante este lapso, todo concepto de gestión empresarial -háblese de control de costos, marketing, finanzas, etc.- fueron totalmente ignoradas, habiéndose exclusivamente concretado la actividad de la Gerencia en contratar extremistas y distribuir propaganda ideológica a través de todo el país. La administración que se hizo cargo de la Empresa después del día 11 de septiembre, tuvo como primer objetivo sanear la parte empresarial de la Empresa, eliminando cerca de 1.000 funcionarios que eran totalmente innecesarios y además de ello, elementos peligrosos para la Sociedad. Por ende, solo en los momentos actuales es posible empezar a analizar las medidas de gestión que sería necesario tomar en Gabriela Mistral [...] En la actualidad el único objetivo que existe es evitar que se produzca en el cortísimo plazo, una situación financiera caótica [.] Los libros son impresos con un criterio literario o político no existiendo en ningún caso una evaluación económica fundada en cada edición. [...] A la Empresa le sobran del orden de 240 personas, [...]. Para estos efectos se ha solicitado la aplicación del decreto 1079 [.] A nuestro juicio no existe ninguna razón para que Gabriela Mistral siga en poder del Estado [...] Si se desea por razones políticas efectuar propaganda, esta se puede concentrar en una editorial pequeña que posea solamente oficina y que cotize [sic] en el mercado el lugar donde manda a imprimir su material [...]"50.

Así pues, finalmente CORFO decidió vender la ENGM en 1976, pese a la oposición de los administradores máximos, Diego Barros Ortiz y Mario Correa, y pese a que la empresa aún tenía compromisos pendientes con el MINEDUC51. Quedaban, para entonces, 687 empleados (135 administrativos, 552 de talleres y 30 a honorarios)52. Al año siguiente, reemplazado Barros Ortiz por Enrique Matte Varas53, se concretó su traspaso a la Imprenta y Litografía Fernández, por un precio menor al de su avalúo, entidad que la mantuvo en su poder hasta 1981 como impresora por encargo, continuando solo con las series escolares de fácil venta54.

Que esta empresa fuera privatizada apenas tres años después del golpe, demostró que al interior del régimen había imperado la visión del impreso como un asunto mercantil. En realidad, el alegato de una "segunda independencia" -como ruptura real y radical- pareció realizado más con el impacto de los criterios privati-zadores que con la gestión cultural de los otros discursos ideológicos. Convencer a la población de que se vivía una verdadera "independencia" fue un esfuerzo finalmente teñido por la arremetida neoliberal.

IMÁGENES PARA UNA "SEGUNDA INDEPENDENCIA"

El débil interés del régimen por perfeccionar una política editorial y cultural incidió en que la ENGM no desarrollara una propaganda visual masiva ni diera al libro o a la ilustración un lugar tan central y distintivo como antes hiciera Quimantú55. Sin embargo, tratándose de la editora oficial de la Junta de Gobierno, parte de sus publicaciones, especialmente las primeras, se destinaron a la justificación del golpe militar y divulgación de los objetivos de la Junta. De allí que, pese a todo, las imágenes de la ENGM constituyeran un "lugar" específico para la simbolización visual de la legitimación de la dictadura chilena y la difusión de sus valores culturales, especialmente durante su primeros años.

Por lo demás, si bien la ENGM no reservó sus ilustraciones para determinados temas o colecciones, sí constituyó un recurso habitual en las obras de denuncia política, de divulgación de los nuevos ideales y de formación del público infanto-juvenil. Así pues, pese a la indiferencia del régimen por el valor político de la propaganda visual y de la editora, esta de todas maneras cumplió un papel en la narratividad visual de la "segunda independencia"56.

Convencer visualmente al país de que estaba viviendo una nueva emancipación encabezada por la Junta implicaba, como ya dijimos, demostrar la amenaza del comunismo y que la sublevación contra la UP había sido la reacción del pueblo "auténticamente" chileno, del cual los militares habían sido las figuras culminantes: los presupuestos estratégicos de este eslogan principal eran la desacreditación de la UP, de las ideas socialistas y de la política de partidos en general, así como la consagración del nuevo consorcio militar-cívico, en ese orden de hegemonía.

De tal forma que, según los títulos y colecciones, hubo imágenes que comparecieron para satisfacer aquellas funciones sociales: en primer lugar, demostrar que la UP había sido irresponsable e incapaz, que había quebrantado los derechos fundamentales, provocado la anarquía y el desquiciamiento moral del país; segundo, denunciar el alboroto social y desabastecimiento como error exclusivo del gobierno (sin considerar el acaparamiento ni la obstrucción de la oposición o de EE.UU.) y, sobre todo, para certificar su dependencia del marxismo internacional. Como literatura oficial del gobierno, cumplieron este cometido los textos e imágenes de publicaciones como Líneas de acción de la Junta de Gobierno de Chile (1974)57, La junta de gobierno frente a la juricidad y los derechos humanos (1974), La situación actual de los derechos humanos en Chile (1975), Mensaje a la mujer chilena (1974) o Política cultural del gobierno de Chile (1974)58.

Por otra parte, aunque de autoría particular, también aportaron al discurso gubernamental (no ya anti UP, sino antimarxista y antidemocrático), con un talante más propagandístico o más docto, publicaciones como Chile Ayer Hoy (1975), Técnica soviética para la conquista del poder total. La experiencia comunista en Chile (Boris Klosson, 1973), El experimento marxista chileno (Robert Moss, 1973), La epopeya de las ollas vacías (Teresa Donoso, 1974), Algunos fundamentos de la intervención militar en Chile. Septiembre de 1973 (1974), Presencia soviética en América Latina (James D. Theberge, 1974) o La economía de Chile durante el periodo de gobierno de la Unidad Popular: la vía chilena al marxismo (Escuela de Negocios de Valparaíso - Fundación Adolfo Ibáñez, 1974), entre otros.

¿De qué manera el lenguaje visual participó de las demandas de aquellos textos?

Habitualmente, el dramatismo fue característico de las imágenes denunciativas, no solo por el efecto emotivo del color o del diseño sino porque sus combinaciones semánticas, aunque muy simples, servían también para explotar el miedo al comunismo o para hurgar en temores más íntimos. Por ejemplo, la portada cuadrada de Chile Ayer Hoy59 (figura 1) dispuso un teatral fondo negro sobre el cual albergó apenas tres palabras en letras mayúsculas, sobriamente diferenciadas por tamaño, color y tipografía: "Chile", en el tercio superior, casi el doble más grande que las otras dos, dominaba el resto de la imagen; "Ayer", aprovechaba el simbolismo político del púrpura; y "Hoy" en un puro y simple blanco, mismo tono del encabezamiento. Por tanto, mientras el binomio "Chile"/"Hoy" compartía el albo de la pulcritud y el realce que les daba el fondo negro, el "Ayer" allendista casi se esfumaba, menguado en el granate opaco de sus caracteres. Naturalmente, para documentar la anormalidad de este, tal vez incluso para remarcar su anomalía "intrínseca", se incluyó bajo él la fotografía de una escena de desorden callejero, mientras que bajo el "Hoy" pinochetista se alojó la alegre escena de una mujer con dos niños. Si bien ambas fotografías estaban en blanco y negro, cubiertas con un sutil efecto de difuminación, la confrontación de los tiempos políticos que representaban -en la cómoda dicotomía del bien y el mal- resultaba fácil de entender para los lectores. La saturación del espacio de la portada podía cooperar con el impacto.


Del repertorio ensayístico universal, pero enmarcado en la línea anticomunista de la ENGM, la portada de La capitulación ante el comunismo (figura 2), de Alexander Solzhe-nitsyn (1975), también jugó con el contraste del rojo, negro y blanco, sin arriesgar, con todo, la invención de un dibujo. Por el contrario, se limitó a reproducir el perfil del famoso escritor delineando su rostro en negro sobre fondo blanco, a su vez ribeteado por un marco rojo cuya sección inferior llevaba el título y el nombre del autor. En el efecto imprevisto, y a veces inconsciente, de las formas, pese a la sobria geometría del diseño, reforzada por recuadros sucesivos (del fondo blanco, del título y del cuerpo mismo del libro), esta portada presentaba al intelectual rodeado por el color experiencia comunista en Chile60 (figura 3) recortó la primera parte del título en grandes letras blancas sobre una amenazante mancha roja, que bien podría evocar sangre, y dejó la segunda en pequeñas letras negras, en la parte inferior; así, "lo chileno" aparecía disminuido y subordinado a "lo soviético", como uno más de sus casos o, peor aún, como un títere bajo su expansión. En su interior, una crónica narrativa con nutrido apoyo gráfico remarcaba el caos social y el carácter estatista de la política de Allende:

"Desde un comienzo del Gobierno, los comunistas propiciaron las tomas de casas y terrenos, donde levantaban poblaciones marginales indignas de seres humanos [...] En los supermercados, almacenes y tiendas de víveres, los trabajadores o sus mujeres y niños debían dormir a la intemperie, con temperaturas bajo cero, para lograr comprar sus subsistencias. Las colas eran interminables [...] En Chile, la destrucción del aparato productor en manos del Estado provocó un agudo desabastecimiento, productos terminados y fundamentalmente de alimentos, medicamentos y artículos de primera necesidad. Los industriales debían recurrir a las empresas controladas por los marxistas para conseguir materias primas"61.



En otro caso, la portada de Presencia soviética en América Latina, del académico conservador James Theberge62 (figura 4), pintó la hoz y el martillo en rojo penetrante y delineado violáceo, recortada sobre la blanca silueta del sub-continente, a su vez rodeado de un plácido fondo lila. En el tercio superior, el autor y el título aparecían en delgadas letras moradas. Solo la palabra "soviética" se diferenciaba por su tinte rojo. Indudablemente el conjunto lució menos estridente que otros diseños (salvo por el delineado achurado de la hoz), gracias al predominio de un violeta suave, pero el tamaño y primer plano de este símbolo, que desde el cuadrante inferior derecho se extendía a los demás, parecía graficar la amenaza latente del comunismo sobre el continente.


En La epopeya de las ollas vacías (figura 5), la militante nacionalista Teresa Donoso Loero abordó la lucha de las mujeres opositoras contra la UP, tomando el nombre de la marcha del 1 de diciembre de 1971 contra el desabastecimiento. Sin duda la irrupción de dichas mujeres en la vida pública y política había sido un fenómeno inédito en Chile, por lo que la actividad fue ampliamente cubierta por la prensa e intensificó el debate político. Pero, además, la cruda violencia callejera desatada entre contramanifestantes de izquierda, militantes de Patria y Libertad que escoltaban la marcha y Carabineros, aparte de crispar más aún el clima de enfrentamiento, sirvió a la oposición para argumentar la naturaleza "intrínsecamente violenta" del marxismo y reforzar la imagen heroica de la "mujer chilena", representada en aquella que lo combatía: "Patria, como nadie peleaba por tu honor herido, [las mujeres] nos hemos hecho soldados", rezaba el verso de un poema leído en una manifestación posterior, citado por Donoso en su libro63.


Para ilustrar la magnitud de los problemas enfrentados por las mujeres y familias durante la UP y, por ende, la calidad de gesta que habría tenido la lucha contra aquella, el libro recurrió a gran cantidad de fotografías que documentaban las expropiaciones, la violencia política o la escasez de mercadería, así como los sufrimientos y resistencias de víctimas solo opositoras. Varias reproducciones fueron a página completa, acompañadas de breves pero provocadores pies de foto, tales como: "En tres años de gobierno marxista no se consiguió resolver el problema del agua potable en las barriadas populares"64 u otros más duros, como "La esposa e hijos del asesinado trabajador Pedro Opazo, en los funerales de su deudo, una de las incontables víctimas del odio fomentado"65. Naturalmente la crudeza de epígrafes como estos pretendía remarcar la emotividad del momento capturado por el lente, sobrepasando con creces su función de anclaje (es decir, de contextualizar la imagen).

De allí que la falta de color de aquellas fotografías no les restara exaltación. Al refuerzo del mensaje textual se sumaba la significación intencional del mensaje icónico: el golpe militar había liberado al país de la pena retratada en aquellos rostros, del cansancio contenido en aquellos gestos, de la furia de aquellos cuerpos, de la convulsión de aquellos años. Si el pie de foto sobrepasaba su labor contextua-lizadora, la propia imagen ya era de por sí enfática o eufórica. Ciertamente ambos se valían de los atributos emotivos inscritos en las vivencias que evocaban. Por otra parte, el uso discrecional del prolífico material de prensa existente servía para saturar de (malos) recuerdos al lector, reorientando la memoria colectiva. Por supuesto, como libro propagandístico que era no indagaba en las responsabilidades compartidas tras los problemas descritos, especialmente en la escasez, achacándolos exclusivamente a la ineficacia de la UP. Compensaba esa falta de rigor con un desborde: el de colmar la memoria colectiva únicamente con la verdad antiallendista.

Hubo también imágenes denunciativas que se especializaron en dar una visibilidad más concreta y peligrosa a la "amenaza marxista", en tanto la pobreza o las filas para la compra no justificaban "suficientemente" la consolidación del autoritarismo ni la inclemencia de la represión. Sin hacer distinciones entre partidos, se presentó el discurso de la "vía armada" como una política homogénea de la UP, convirtiendo el desorden público, la violencia y la muerte en sus signos privativos. Así por ejemplo, en Algunos fundamentos de la intervención militar en Chile66 (figura 6) aparecieron fotos de prácticas guerrilleras, incluido el presidente Allende usando un arma, de explosivos hechizos, de planes de internación de armas, de asesinatos de políticos y funcionarios del Estado y de un autogolpe en marcha. La denotación del mensaje fotográfico no solo descansó aquí en el tipo de objetos mostrados, sino también en su cantidad: la abundancia de armas, de billetes y de nombres supuestamente comprometidos en el "Plan Zeta" incrementaba la peligrosidad del marxismo. Difícilmente el mensaje connotado podía ser otro que aquel que planteaba que la izquierda era terrorista y que arrastraba al país a la guerra civil.


En casos como este, el soporte fotográfico aportaba su efecto de realidad a la denuncia, aumentada con el típico blanco y negro de la prensa de reportaje, incluso sobre aquellos hechos que -tal como se sabría después- no correspondían a la realidad. La misma portada, cuyo título disponía sus palabras a todo lo largo de la tapa, revivía el encabezado de un periódico. En realidad, tanto la tipografía como las ilustraciones interiores recurrían al estilo de prensa -manido recurso de publicaciones justificatorias- para que el supuesto de la objetividad periodística supliera la escasez de pruebas en varias de las acusaciones. Se quería informar o describir más que profundizar. Incluso en ciertos casos se llegó a usar como ilustración el collage de recortes de prensa, de forma que actuara no solo la analogía mecánica de la fotografía con lo real, sino también la credibilidad derivada de la repetición. La connotación quedaba así disimulada tras la "contundencia" de la denotación, que dependía, a su vez, de la consagración del periódico como fuente de verdad.

La esposa e hijos del asesinado trabajador Pedro Opaio en Ioi funerale» de tu deudo, una de Iat incontable* victimas del odio fomentado.

En suma, las imágenes anteriores representaban la experiencia socialista como perturbación y desgarro. La relación entre textos y fotografías empataba todas las situaciones retratadas al nivel de eventos traumáticos. Y aunque el papel y la distancia temporal amortiguaban su efecto de shock, el argumento político que las contenía restauraba la posibilidad de connotarlas trágicamente67. En el fondo, el discurso oficial canalizaba su proceso de interpretación, mezclando prejuicios, mentiras y verdades para significar el pasado allendista como trauma y el golpe militar como cura.

A contrapelo de aquellas estampas, tal vez como su reversa necesaria, comparecieron imágenes para tranquilizar e integrar a los chilenos a la nueva institucionalidad. Puesto que en la mentalidad militar, conservadora o nacionalista, el orden y cohesión provenían del autoritarismo y de la obediencia, y como eran fundamentales en la Doctrina de Seguridad Nacional68, el discurso oficial promovió la confrontación de antivalores y valores, asociándolos al pasado y presente políticos, respectivamente. Algunos memorandos enviados por la Dirección Nacional de Comunicación Social al Ministerio de Educación en 1974 dejaron testimonio de ello:

1. Se ha estimado necesario elaborar un documento destinado a implantar una nueva filosofía y a rescatar valores imperecederos del hombre, a dignificar a la mujer, a la familia y a proporcionar nuevos modelos de conducta. Se denominará 'Los Pensamientos de la Junta' y tomará la forma de un libro pequeño, escrito en trozos breves y con sentencias comprensibles para la masa ciudadana.

2. Los temas a tratar serán: La Familia, El Trabajo, Alcoholismo, Disciplina, Política sobre Relaciones Humanas, La Mujer, Los Servidores Públicos, Cultura y Arte, Propiedad, Juventud, Salud, Economía, Agricultura, La Niñez, Responsabilidad-Autocrítica y Educación, etc. [...]

3. En mérito a lo expuesto me permito solicitar a US. su inestimable colaboración para completar este trabajo, que no dudamos contribuirá a el saneamiento moral en que estamos empeñados [...]"69.

Y a continuación, el memorando adelantaba dos temas: "El Trabajo:

Todo chileno es parte importante de su país. Nuestro esfuerzo contribuirá al engrandecimiento de la Patria y al futuro bienestar de nuestros hijos. Solo con esfuerzo y trabajo lograremos hacer un Chile justo. (...) Se ha constituido en un vicio sacarle la vuelta al trabajo. Estas personas son indignas de nuestra amistad ya que con su actitud está impidiendo el progreso de Chile, y como consecuencia mayor bienestar para todos los chilenos. Existen personas que están pagadas para llenarnos la cabeza de cuentos y promesas que nunca se cumplen. Debemos tener oídos sordos a todos estos cuentistas que todo lo prometen y no hacen nada. La mayoría de las veces no trabajan y ganan su sueldo sin hacer nada. Una vez identificados y aislados estos malos chilenos, debemos respetar a los dirigentes que verdaderamente trabajan y cuyas actividades gremiales estén apuntando a la defensa de nuestros intereses y no de otros ajenos. [...] La Disciplina:

Toda organización cualesquiera sea su índole ha de estar basada en el respeto de la disciplina. La que consistirá en:

1. Subordinación de los niveles inferiores a los superiores, y [...]

2. El respeto por las jerarquías. Todo ello conduce a cumplir a cabalidad las órdenes impartidas, para que cualesquiera sea el objetivo de la organización pueda esta cumplir con eficiencia sus funciones. [...] Toda acción humana se quebrantaría si no se respetaran las jerarquías. [...] No debemos olvidar lo que enseña la naturaleza. Los planetas y el globo terrestre observan un orden invariable, las leyes de la categoría, de la prioridad, de la posición, del movimiento, de las estaciones, de las funciones y de la regularidad; constituyéndose en la esencia del buen desarrollo universal. Algunos corrompidos solo son capaces de transmitir odios e indisciplina. Estos engendros de la naturaleza no solo atentan en contra de Chile y de su progreso, sino que; están al servicio de ideologías ajenas a nuestro país y deben ser tratados por lo que son: Traidores a Chile [...]"70.

En el fondo, el régimen militar apostó por promover sus nuevos valores mediante el juego de oposiciones, especialmente virulentas los primeros años: frente al disenso y debate de la democracia, opuso el ideal de la jerarquía y la subordinación, frente a la "ineptitud" y "demagogia" de la política, opuso el trabajo y la eficiencia militar, frente a la "anarquía" de la UP, opuso la disciplina militar, frente a la "extranjerización" marxista, opuso la "chilenidad" de los golpistas, frente a la "disipación" de los dirigentes de la UP, la rectitud del uniformado y frente a la melenuda y liberal juventud allendista, la compuesta juventud nacionalista o la marcialidad de los jóvenes militares.

Las imágenes se incorporaron a dicha construcción desde su peculiar lenguaje y aportando sus tensiones imprevistas. Por ejemplo, en las fotografías oficiales de los miembros de la Junta Militar contenidas en la Declaración de Principios del Gobierno de Chile (1974)71, se revistió a los comandantes con los trajes del poder militar y la escenografía del poder político. Los cuatros jefes exhibieron sus uniformes sentados ante sus mesas de trabajo, las cuales en tres casos -Pinochet, Merino y Mendoza- se ubicaban bajo cuadros de próceres, las pinturas de Portales, Prat y O'Higgins respectivamente, y en dos junto a la bandera chilena (Pinochet y Leigh).

Si los objetos hablaran, la presencia de un banderín con el escudo bordado en el centro, sobre el escritorio de Pinochet (figura 7), produciría el efecto de distinción por sobre sus colegas, pues, salvo esta "nimiedad", todos compartían despacho y decoración similares, casi el mismo encuadre, distancia y posición corporal. Y como si la compaginación revelara su prioridad al interior de la Junta, la fotografía de Pinochet aparecía primero (como siempre), siendo además el único que usaba las manos -fingía escribir con la diestra-, mientras los demás las mostraban en reposo. Aunque fuera una mera coincidencia, este simple detalle podía destacar, subliminalmente, al hombre de acción entre los demás colegas. Este conjunto de señales, menores por cierto, no dejaban de ser un "desliz", en la medida en que Pinochet era todavía Presidente de la Junta (como dice la leyenda de su fotografía) y no de la República (que asumió en diciembre de 1974), por lo que el general Leigh aún pujaba por ser el hombre fuerte y aún se hablaba de una dirección colegiada72. De hecho, la ENGM le alcanzó a publicar a este último, al comenzar el año escolar de 1974, un librito titulado La Junta de Gobierno se dirige a la juventud. Discurso pronunciado por el Gral. Gustavo Leigh ante dirigentes juveniles, en el edificio Diego Portales el 20 de diciembre de 1973, que incluía la fotografía del aviador premiando a un estudiante.


Sin embargo, probablemente, las imágenes de Declaración de Principios anticipaban la rápida personalización del régimen en la figura de Pinochet. De hecho dos años después, en la portada del folleto oficial 1 de mayo 1976, apareció el general encabezando un desfile de autoridades en la calle, con clara alusión a su liderazgo para entonces indiscutido.

En cualquier caso, en Declaración de Principios todos los comandantes aparecían arropados por la simbología nacional -"padres de la patria", bandera y/o escudo-, además de la sobria dignidad del servicio público presente en los objetos de oficina, como el cenicero, el tintero, el taco calendario y la cubierta de escritorio. De manera que, como en los gobiernos anteriores, las acostumbradas actitudes de los dirigentes chilenos -mirada al frente, manos a la vista- estuvieron debidamente acompañadas por los estereotipos "escenográficos" del gobierno y de la administración pública. No en vano, la Junta remarcó en Objetivo nacional de Chile (continuador de Declaración de Principios) que la recuperación de la honorabilidad de los servidores públicos era una meta oficial:

"Como pilar fundacional de un régimen de inspiración portaliana, se deberá contar con una Administración Pública racionalizada, moderna y funcional, depurada de todo influjo político-partidista, y en la cual el espíritu de servicio público y la eficiencia sean sus rasgos distintivos.

El funcionario público deberá ser considerado como un calificado exponente de servicio a Chile, exigiéndosele y estimulándosele en consecuencia"73.

Sin duda las ilustraciones de Declaración de Principios trataban de demarcar poder y jerarquía, tanto hacia afuera como dentro de la Junta (leve, en el segundo caso), así como también declaraban apego a la tradición republicana, tan orgullosa como dependiente de su ceremonial y compostura para transmitir sensación de continuidad.

Publicaciones oficiales posteriores, como el ya citado 1 de mayo de 1976, evidenciaron el protagonismo indiscutible que adquirió Pinochet sobre el resto de los miembros de la Junta, en una fecha en que ya detentaba el poder total. Incluso en un libro más "técnico", como Chile hacia un nuevo destino: su reforma administrativa integral y el proceso de regionalización (CONARA, 1976), quedó representada la distancia que a esas alturas existía entre el Presidente de la República y Comandante en Jefe del Ejército y los demás comandantes de las Fuerzas Armadas, pues esta vez no hubo fotos individuales para cada miembro de la Junta, sino una para los cuatro y otra individual para Pinochet. Este ahora lucía un uniforme de gala, terciado con la banda presidencial y la piocha de O'Higgins, símbolo del poder político chileno.

Si República de Chile 1974 Primer año de la reconstrucción nacional reiteró las explicaciones del derrocamiento de Allende, también argumentó visualmente las metáforas del nuevo régimen por medio de los objetos y distintivos protocolares: la medalla conmemorativa con el perfil de una joven y la leyenda "Reconstruyamos en paz", posiblemente alegorizando el joven sistema que nacía74, el escudo con la leyenda "Por la razón o la fuerza", asociando el golpe militar con el acto de fuerza y persuasión que originó la República, el pabellón nacional con el escudo bordado, insistiendo en la genealogía patriótica de la Junta, la torre interior del edificio Diego Portales, alegorizando el nuevo poder con un nuevo espacio, o el frontispicio de la fachada de los Tribunales de Justicia, arguyendo la legalidad del nuevo gobierno. A su vez, en el infaltable repertorio popular, las fotos de mineros, de campesinos (trabajadores de sector primario antes que obreros fabriles) o de carabineros a caballo vigilando apartados rincones de la geografía nacional aportaron con sus rostros y oficios la legitimidad social reclamada.

Caso especial lo constituyó la estampa de tres flamantes aviones caza en vuelo sobre la cordillera de los Andes (figura 8), alegorizando el sustento y poderío militar del régimen. El hecho de que fueran Hawker Hunter75, el mismo tipo que bombardeó La Moneda y las estaciones radiofónicas leales, evidenció la satisfacción por la obra acometida y lo simbólico de dichas aeronaves en ella. La robustez y esbeltez del macizo andino aportaba "chilenidad" y solidez al símbolo. Si la oposición exhibía la fotografía del palacio en llamas como símbolo del ataque contra la democracia, esta imagen de modernos bombarderos en formación condensaba la diferente interpretación que daban los militares al "11": una de precisión y eficacia en respuesta al momento de urgencia de un país que exigía acción. Un motivo de orgullo -profesional y político-, no de pudor.


En una alusión tanto o más velada que la anterior descansó la fotografía de cuatro elegantes sillones vacíos sobre un piso alfombrado -con grueso cortinaje y bandera de mástil atrás -, dispuestos frontalmente en un leve semicírculo casi al centro del cuadro, probablemente en el estrado del salón plena-rio del edificio Diego Portales (figura 9). Posiblemente, se trataba de una evocación de los miembros de la Junta, por medio del recurso de sustituir las personas por sus objetos. La relativa complejidad de esta imagen radicaba en que su significación exigía el reconocimiento de unos enseres que no necesariamente remitían directa e indiscutiblemente a sus ilustres ocupantes (también estaban las sillas de las oficinas retratadas en Declaración de Principios), sino que constituían un sitial circunstancial durante ciertos actos oficiales. De manera que el código de desciframiento podía aquí resultar algo ambiguo, y por ende altamente dependiente de la integración de todos los objetos. Porque si bien el significante principal era el tipo, número y disposición del "objeto protagonista" (cuatro sillones labrados, tapizados y alineados), toda la escena se convertía en señal del poder y de las personas que lo detentaban, gracias al ambiente de donaire y alcurnia completado por los significantes secundarios: en efecto, la bandera oficial, la alfombra y el cortinaje colaboraban con la recreación de un espacio distintivo, revestido y resguardado -reservado, en definitiva-, en el cual no hacían falta los cuerpos de sus destinatarios sino apenas la  nimia de las personas y del mando- gracias al conjunto. Por lo demás, en contraposición a la connotación de acción y fuerza desplegada por la fotografía de los aviones, el juego de ausencia/presencia de las butacas podía tal vez connotar, además de la ocurrencia del fotógrafo, la serenidad e invisibilidad de un poder consolidado, al que no había ya que personificar.


Si hasta aquí las láminas de Primer año de la reconstrucción esgrimían conexiones con la historia, la naturaleza, la población o las Fuerzas Armadas, otras se dedicaron específicamente a refutar el aislamiento político del país: las fotografías de la Asamblea General de las Naciones Unidas o del interior de la Catedral de Brasilia, por ejemplo, testimoniaron visitas de unas autoridades chilenas que, irónicamente, resultaron empequeñecidas e irreconocibles por las tomas panorámicas o distantes. La necesidad de mostrar lugares famosos e importantes del concierto internacional o latinoamericano y de hacerlos identificables al lector eclipsó en estos casos la figuración visual de los dirigentes nacionales, cuya validación dependía precisamente de su presencia en ellos. Por supuesto, los textos suplían las posibles confusiones que estos desfases entre representación y significación podían generar, aun cuando el marco general de sentido -balance y elegía del Chile autoritario- garantizaba la interpretación global. Llama la atención que para destacar la proyección exterior del país este libro incorporara incluso un mapa titulado la "Nueva visión de Chile", que prolongaba el territorio de Chile continental hacia la Antártica, en abierta contradicción de los acuerdos sobre la neutralidad soberana del continente helado76. Si la pretensión militar-nacionalista de un país tricontinental (con territorios en América, Oceanía y la Antártica) retocó la representación oficial del país, Primer año de la reconstrucción debía reproducirla, porque sus imágenes comparecían tanto para informar como para educar. Esta función pedagógica se manifestó también en el gráfico "Estructura del sistema de gobierno y de administración regional, provincial y comunal", que esquematizaba la sucesión vertical de autoridades unipersonales y colegiadas derivadas del Poder Ejecutivo. Ciertamente la aparición de un mapa y un esquema dentro de una colección mayo-ritariamente fotográfica, más simbólica y a veces más artística, acentuó el aspecto formativo de la publicación: el recuento de 1974 no se hacía solo para celebrar y justificar, sino también para instruir, en su sentido literal.

Así pues, en conjunto, todas las ilustraciones de Primer año de la reconstrucción resultaron una colección de variados y complejos elementos que saltaban de un registro a otro, en tanto el libro presentaba, por primera vez, las diversas dimensiones del nuevo Estado: su estructura administrativa, sus pretensiones geopolíticas, su equipamiento y potencia militar, sus estandartes favoritos, sus edificios, su ceremonial y objetos, sus personajes populares. Casi como en una estética de "variedades" o de "álbum", mostraba un país identificado con su gobierno, atento a su herencia a la vez que abierto al mundo (y con presencia en él).

Especial interés revistió también la segunda publicación de aniversario, Chile. 11 de septiembre de 1975, por su dedicación a realzar el apoyo popular en los festejos del día, mediante abundante material fotográfico: allí aparecían delegaciones de centros de madres, de mineros del cobre, de huasos a caballo y campesinos, de profesores, de sindicatos de comerciantes, de mapuches con sus trajes tradicionales, de escolares, de ancianos y niños, desfilando en formación o espontáneamente, o bien ya instalados en sus puestos para participar en los actos públicos realizados por todo el país. Suspendidas las clases, acortada la jornada laboral y con emisiones especiales en la televisión, aquellas láminas podían testimoniar la alegría, masividad y diversidad de los concurrentes (destacando a los sectores populares y trabajadores), mostrar a la Junta triunfante y hacer de la fecha una nueva efeméride patria:

"El 11 de septiembre -explicaba el epígrafe de una foto-, Chile amaneció embanderado como para un día de fiesta. Desde la mañana, grupos de estudiantes portando estandartes y lienzos alusivos recorrían las calles en jubilosas caravanas para expresar su alegría en el Día de la Liberación Nacional"77.

Claramente, en la batalla por la memoria inaugurada por el Golpe, el "11" comenzaba a ser instalado por La Moneda como una fecha épica y festiva, que festejaba tanto la "salvación" como la recuperación de la "paz interna" (contra el carácter de duelo que le darían los opositores). Se trató de un planificado esfuerzo que, como se sabe, involucró a los medios de comunicación, al material escolar oficial y complementario (como el suplemento del diario La Tercera, Icarito, de 1976); se trató de un esfuerzo que supuso la erección del "Mes de la Patria" (que conectaba definitivamente al 11 con el 18 de septiembre, el día de tradicional celebración de la Independencia nacional); fue una empresa que extendió su significado al de labor social (para inaugurar obras públicas o entregar fondos a programas contra el desempleo), que constató en 1978 un decaimiento de la participación particular, que culminó en el decreto de 1981 que lo declaró feriado nacional (incluyendo la obligación de izar la bandera en los edificios públicos) y que, finalmente, llegó a ser sobrepasado por la protesta callejera de los opositores en los años ochenta78.

En el aniversario de 1975, el acto de Santiago fue sin duda el más vistoso y simbólico, tanto por la cantidad de público como por el lugar escogido (Plaza de los Héroes, frente a La Moneda) y, especialmente, por la "puesta en escena". Las fotografías del libro conmemorativo permitieron ver el desarrollo del evento: la multitud rodeando la explanada, donde se ubicaba el mástil en que se izaría la bandera y en cuya base se leía "O vivir con honor, o morir con gloria" ("frase que O'Higgins legó al pueblo como legado histórico", rezó el pie de foto correspon-diente79); el ara en el cual se encendería la pira titulada "Llama eterna de la Libertad"; el escenario gigante, construido en un extremo de la explanada; la llegada de la Junta a la tarima superior del escenario, desde donde presidiría el acto; la figura de Pinochet levantando los brazos en señal de triunfo y saludo, y que -de cara a la distante multitud- lo haría sobresalir de los demás comandantes; el inmenso mapa de Chile que cubría la testera y que, nuevamente, exhibía el "territorio chileno antártico"; el momento en que cuatro civiles izaron la bandera mientras la muchedumbre coreaba el himno nacional80; la solemnidad con que otros cuatro -un campesino, un trabajador urbano, un estudiante y una dueña de casa- encendieron las antorchas ("con el fuego que durante tres años guardó la civilidad en su corazón", precisaba el texto)81; la entrega de esas teas a cuatro cadetes de las Fuerzas Armadas que, a su vez, las traspasaron a los cuatro miembros de la Junta; el momento en que los comandantes en jefe encendieron la "Llama", convirtiendo la plaza en el "Altar de la Patria"; y por último, el estallido de júbilo popular y el espontáneo encendido de antorchas por parte del público, al finalizar la actividad.

Si el público prestaba atención, podía notar que los sucesivos pasos de la ceremonia reproducían simbólicamente el pretendido llamado ciudadano a la acción de los militares:

"Quienes hace dos años recogimos de la ciudadanía esa llama sagrada y encendimos la gran Antorcha de la Libertad que hoy ilumina a nuestro pueblo, hemos sentido como imperio de nuestro deber, de nuestra vocación de soldados, la necesidad de renovar física y espiritualmente nuestro juramento de libertad a Chile"82.

Por lo demás, gracias a que el evento fue captado en varias perspectivas panorámicas, la toma final (figura 10) registró una impactante vista del juego de luces y fuego sobre la explanada y los espectadores, permitiendo decir al pie de imagen: "centenares de miles de antorchas iluminan el cielo de Santiago al término de la ceremonia"83. De manera que difícilmente el lector podía percibir otra cosa que un discurso triunfalista y altisonante que machacaba la popularidad y patriotismo del régimen.


Era claro que un mesianismo refundacional84 se manifestaba textual y visualmente en este y otros libros oficiales. Tal como dijera la Junta en su folleto Objetivo Nacional del gobierno de Chile, de diciembre de 1975: "[...] superando el intento de subordinar la cultura a fines ideológicos o de política contingente, que el país ha sufrido en el último tiempo, Chile debe afrontar hoy el desafío de impulsar un auténtico desarrollo cultural, de hondo contenido espiritual y patriótico"85.

Sin duda otros títulos de la ENGM, como los dedicados a la historia, geografía, artesanía, literatura o folclore chilenos, a las biografías de figuras de la Independencia o de ex Presidentes de la República, al pensamiento contemporáneo o a la juventud, completaron el propósito de convertir el "11" en una "segunda independencia". Pero explicarlo y graficarlo mediante la "chilenización" del anticomunismo, esto es, haciendo del sentimiento antimarxista una cuestión de toda la sociedad, por un lado, y una cuestión esencialmente patriótica, por el otro, fue una tarea en la que se especializaron las publicaciones oficiales -de aniversario o de divulgación política- y los libros de autores antimarxistas como los aquí analizados.

CONCLUSIONES

Para la alianza militar-civil que dio el golpe de 1973, el marxismo internacional había llevado la lucha de clases al paroxismo en Chile, poniendo en peligro su cohesión interna. Su versión local, la UP, había acarreado el extravío moral, político y económico del país. Se requería, por ende, despolitizar todos los ámbitos del quehacer nacional para terminar con la indisciplina social, con las crisis de autoridad y la parálisis productiva. La conducción de este proceso debía quedar en manos de las Fuerzas Armadas, encarnación histórica del Estado Nación chileno y herederas del legado independentista o'higginiano, de acuerdo al pensamiento conservador, nacionalista y militarista. En consecuencia, un ardiente alegato refunda-cional, en términos de que se había emprendido una "segunda independencia", fue el correlato discursivo de la acción política del nuevo régimen.

Pero aquel discurso refundacional no supuso la constitución de una política cultural definida y metódica, sino más bien un conjunto de iniciativas diversas que configuró una orientación, eso sí particularmente exhaustiva en la censura y depuración ideológica. Por otra parte, el cambio tecnológico cultural que masificó la televisión como nuevo centro comunicacional y la desatención al trabajo editorial que supuso el triunfo neoliberal en el proyecto autoritario se tradujeron en el desaprovechamiento gubernamental de la ENGM para desarrollar una propaganda o difusión cultural sistemática y continuada. Tal desinterés significó que la ENGM no fuera un dispositivo cultural "orgánico" de la Junta Militar, como antes había sido Quimantú respecto de la UP.

Empero, tratándose de su editora oficial, buena parte de sus primeras publicaciones fueron destinadas a legitimar el "11" y a difundir los propósitos del nuevo régimen. De forma que, igualmente, las ilustraciones de aquellos textos sirvieron para simbolizar el discurso de una "segunda independencia" respecto del marxismo, justificando su necesidad y explicando su fundamento.

En esta operación, hubo gráficas denunciativas del desabastecimiento, del desorden callejero y de las ocupaciones de propiedad privada, todas comisionadas para "recordar" el ambiente de incertidumbre y trastrocamiento del orden histórico natural que había traído la "vía chilena al socialismo". Hubo otras encargadas de dar un cariz más perverso y alarmante a la "amenaza marxista", exhibiendo sus armamento y conjuras. Hubo las que mostraron a los nuevos gobernantes, especialmente a Pinochet, como distinguidas autoridades "cobijadas" por los lugares y objetos simbólicos del poder político y del servicio público, o bien, como hombres de acción que encabezaban emotivos actos públicos o marciales desfiles callejeros. Junto a las anteriores, figuraron las estampas que aportaron a la creación del "11" como un día heroico y festivo, incorporándolo a los masivos festejos patrióticos de septiembre. Otras imágenes pretendieron inventarle a la Junta una aceptación internacional que no tenía, así como muchas enfatizaron la alegría popular, la armonía social y la disciplina productiva reinantes bajo su tutela.

Ciertamente la simbolización efectuada por aquellas ilustraciones no agotó los acontecimientos o personajes significados ni menos garantizó iguales interpretaciones, quedando siempre abiertas a que el lector-espectador hiciera diversas combinaciones a partir de sus elementos. Con todo, esta indeterminación operó siempre dentro del marco de sentido que aportaba cada texto y la línea editorial de la ENGM, a su vez inmersos en el discurso refundacional y mesiánico del régimen. Así entramadas, las ilustraciones propusieron significaciones apoyadas en la fe que se le tenía al dispositivo periodístico, en que la intensificación del texto con abundante material gráfico o la intensificación de las fotografías con declamatorios epígrafes eran necesarias para aumentar su efecto de verdad y su impacto. Las ilustraciones insinuaron también significaciones apoyadas en el respeto de la tradición y del ceremonial republicanos, en que la intensificación de los objetos y lugares cotidianos era necesaria para la invocación de la continuidad histórica. Por supuesto, las imágenes trabajaron además significaciones apoyadas en la emotividad de los actos públicos, en que la repetición e intensificación de la experiencia era necesaria para testimoniar y recrear el rito cohesionador.

A este respecto, la eficacia simbólica de rituales seculares como la celebración de los "11" era particularmente importante, pues facilitaba la entrega y fijación de certezas, el estrechamiento de lazos comunitarios, la conexión de la realidad con una dimensión "espiritual" superior (la nacionalidad restaurada), la naturalización de roles diferenciados para sus miembros (gobierna una élite civil-militar de derecha, obedece el resto de la población) y la provisión de un común sentido de misión (Chile ha vencido al marxismo). De tal manera que las ilustraciones debían testificar y reproducir, en lo posible, el credo argumental de la dictadura, cuyos contenidos eran el axioma de que la crisis provocada por la UP derivaba de la traición a la "chilenidad" y de la ruptura de la "unidad nacional", la obligatoria concurrencia de todos los chilenos a su restauración, la natural pertenencia de aquellos valores (chilenidad y unidad nacional) al orden superior de la historia y del "alma nacional", el lugar diferenciado que debía ocupar cada cual -Fuerzas Armadas a la cabeza- en el nuevo orden restaurador y el hecho de que esta restauración era una misión histórica conectada con el "legado de O'Higgins".

En fin, todas estas significaciones permitieron dar realidad a la "excepcionali-dad" invocada por el régimen, la cual era basamento del mito de la "segunda independencia". Mito, no en el sentido de que este discurso careciera de verosimilitud para sus adherentes, sino en cuanto funcionaba como relato facilitador del paso desde una realidad percibida como informe e inaprensible (el "ayer" allendis-ta) a una coherente y administrable (el "hoy" pinochetista) y, sobre todo, como relato inaugural cargado de emotividad, que suministraba sostén, aglutinación y adaptación sociológica y sicológica ante la nueva realidad política. Dado que el régimen no podía reconocerse haciéndose a sí mismo -autoinstituyéndose, imponiéndose por la fuerza-, este mito fue enfático en resaltar el origen ciudadano del golpe y su dilatada genealogía, remontable a la Independencia decimonónica.

De este modo, la semántica de las ilustraciones sobre la "nueva independencia" descansó en los contenidos míticos y rituales del imaginario civil-militar golpista, aportando a la construcción de aquel discurso por medio de los rasgos trágicos, heroicos, patrióticos, antipatrióticos, dolientes o triunfalistas que dispensó a los

protagonistas y a los hechos. Ciertamente la autonomía de tales imágenes como dispositivo visual y las constricciones propias del impreso delimitaron sus capacidades significadoras y el alcance de su retórica, pero, por otra parte, el proceder de un medio oficial -como la ENGM entre 1973 y 1976-, el dirigirse a un público masivo y el circular en una coyuntura política decisiva como fue la instalación del régimen militar agudizaron sus funciones desacreditadoras y legitimadoras, exponiéndolas a unas expectativas no siempre satisfechas.

NOTAS

1 Este ya había sido un argumento de la UP, incluso en su propaganda mural. Por ejemplo, un mural de la Brigada Ramona Parra decía "Los gorilas, la burguesía y los yanquis no(s) pueden impedir la segunda independencia". Martín Bowen, "El proyecto sociocultural de la izquierda chilena durante la Unidad Popular. Crítica, verdad e inmunología política", Nuevo Mundo Mundos Nuevos, Debates, 2008, 5, http://nuevomundo.revues.org/13732.         [ Links ]

2 Desde el encargo a la puesta en página y publicación. Véase Michael Baxandall, Modelos de intención, Sobre la explicación histórica de los cuadros, Madrid, Hermann Blume, 1989, 58.         [ Links ]

3 Erwin Panofsky, Estudios sobre iconología, Madrid, Alianza Editorial, 2002, 13-44.         [ Links ]

4 Roland Barthes, Lo obvio y lo obtuso. Imágenes, gestos, voces, Barcelona, Paidós, 1995, 29-47.         [ Links ]

5 Txema Franco Iradi, "Teoría de la representación. imagen y realidad", Bilbao, enero del 2004, http://www.ehu.es/francoiradi/.../Teoria_de_la_%20representacion.pdf.

6 Renato Cristi, "La síntesis conservadora de los años 70", en Renato Cristi y Carlos Ruiz, El pensamiento conservador en Chile, Santiago, Editorial Universitaria, 1992.         [ Links ]

7 Carlos Huneeus, El régimen de Pinochet, Santiago, Sudamericana, 2000, 35-45. Este trabajo analiza en detalle los variados rasgos de identidad de la dictadura.

8 Freddy Timmermann, El factor Pinochet. Dispositivos de poder, legitimación, elites. Chile, 1973-1980, Santiago, Ediciones Universidad Católica Silva Henríquez, 2005, 15-67 y 195-202.         [ Links ]

9 Sobre la presencia de ideas corporativistas y franquistas en la dictadura, véase Isabel Jara, De Franco a Pinochet. El proyecto cultural franquista en Chile, 1936-1980, Santiago, Programa de Ma-gíster en Teoría e Historia del Arte, 2006, 263-411.

10 Verónica Valdivia, Nacionales y gremialistas. El "parto" de la nueva derecha política chilena, 1964-1973, Santiago, Lom, 2008.         [ Links ]

11 Verónica Valdivia, El golpe después del golpe. Leigh vs. Pinochet, 1960-1980, Santiago, Lom, 2003.         [ Links ]

12 Anónimo, "Represión y Censura: Actual Situación de los Medios de Comunicación Social en Chile", Nueva Sociedad. Democracia y política en América Latina 25, julio-agosto 1976, 78-84.

13 Luis Hernán Errázuriz, "Política cultural del régimen militar chileno (1973-1976)", Aisthesis 40, Santiago, 2006, 67-78.         [ Links ]

14 Luis Hernán Errázuriz, "Dictadura militar en Chile. Antecedentes del golpe estético-cultural", Latin American Research Review 2, 2009, 136-157.         [ Links ]

15 Gonzalo Leiva, "Transferencias estéticas y operaciones editoriales: gráfica y política en Chile 1970-1989", en Marcela Drien, Fernando Guzmán y J.M. Martínez (eds.), América. Territorio de Transferencias. Cuartas Jornadas de Historia del Arte, Santiago, DIBAM-MHN-CREA, 2008, 311-323.         [ Links ]

16 Como se ha documentado, el régimen operó con cierta improvisación al menos los dos primeros años, por lo que no es realista atribuirle un temprano sentido fundacional. Verónica Valdivia, "Estatismo y neoliberalismo: un contrapunto militar Chile 1973-1979", Historia 34, Santiago, 2001, 167-226. Sin embargo, no es posible desconocer el sentido mesiánico de muchos cuadros militares y civiles del gobierno, adquirido en la lucha contra la UP o procedente del elemento religioso, anticomunista o antipartidista de sus ideologías. Por tanto, la pretensión fundacional de la que hablo no refiere a una inmediata claridad programática, sino a la apuesta por un cambio radical, tanto respecto de la UP como de la historia anterior.

17 Se planteó al Golpe como un "movimiento de Liberación Nacional" en las declaraciones orales e impresas, incluyendo el folleto A Seis Meses de la Liberación Nacional, contenido en el set de libros de la Junta enviados a las diversas dependencias del Ministerio de Educación Pública. ORD N° 599 de Oficios ordinarios, Junta de Gobierno, Ministerios, Gabinete de Ministro, Ministerio de Educación, 1974, Vol. 42271. Archivo siglo XX.

18 "Discurso del Vicealmirante don Ismael Huerta, Ministro de Relaciones Exteriores de Chile ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, el 9 de octubre de 1973", en Secretaría General de Gobierno, Libro Blanco del cambio de Gobierno en Chile. 11 de septiembre de 1973, Santiago, Ed. Lord Cochrane, 1973, 2a edición.

19 La primera declaración extensa al respecto fue la del General Leigh, durante la presentación de la Junta ante los periodistas: "[...] después de tres años de soportar el cáncer marxista, que nos llevó a un descalabro económico, moral y social que no se podía seguir tolerando, por los sagrados intereses de la patria, nos hemos visto obligados a asumir la triste y dolorosa misión que hemos acometido. Sabemos la responsabilidad enorme que cargará sobre nuestros hombros, pero tenemos la certeza, la seguridad de que la enorme mayoría del pueblo chileno está con nosotros, está dispuesto a luchar contra el marxismo, está dispuesto a extirparlo hasta las últimas consecuencias". Huneeus, op. cit., 100.

20 Junta de Gobierno, Política cultural del Gobierno de Chile, Santiago, Editorial Nacional Gabriela Mistral, 1974, 21-39.         [ Links ]

21 Any Rivera, Transformaciones culturales y movimiento artístico en el orden autoritario, Santiago, Ceneca, 1983, 99.         [ Links ]

22 Si bien, como reconoce Henríquez, la falta de registro de sus actividades y orientaciones podría sugerir poca significancia durante todo el régimen. Rodrigo Henríquez, "30 años de políticas culturales: los legados del autoritarismo", 21 de octubre de 2004, http://www.sepiensa.cl/edicion/index.php?option=content&task=view&id=174&Itemid=40

23 Integrada por representantes del Ministerio de Educación, de las universidades, de la Secretaría General de Gobierno y de la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos.

24 A partir de decretos leyes dictados entre 1974 y 1976 (pues aún regía formalmente la Constitución de 1925), la Junta inició una política de regionalización para fomentar el desarrollo económico, social y cultural de todas las zonas del país. Para ello lo dividió en trece regiones, definidas en base a factores humanos, geográficos, productivos y de seguridad nacional. Sin embargo, aparte del centralismo histórico favorable a la capital, fue obstáculo la concentración del poder en el gobierno, que nombraba todas las autoridades comunales, provinciales y regionales.

25 Según estableció en Política cultural del Gobierno de Chile: "La cultura es aquella disposición esencial que mueve a los habitantes de una nación a organizar su vida de acuerdo a una determinada escala de valores y que se expresa en una original manera de pensar, de actuar y de vivir, que los singulariza y define frente a todos los demás". Junta de Gobierno, Política cultural del Gobierno de Chile, op. cit., 19.

26 Carlos Catalán y Guiselle Munizaga, Políticas culturales estatales bajo el autoritarismo en Chile, Santiago, Ceneca, 1986, 75-97.         [ Links ]

27 Las Jornadas sobre el Libro y la Cultura constataron que de los 1.497 libros que se publicaron en 1965 se cayó a 618 en 1975; y que de los 12 millones de dólares invertidos en importación de libros en 1969, se cayó a 3 millones y medio en 1976. Rivera, op. cit., 108-109. Además de la censura, la aplicación del impuesto al valor agregado (IVA) en la compra y venta de libros, que antes gozaban de una franquicia especial, redujo los niveles de lectura. Eduardo Castillo, "Reseña histórica de la industria editorial en Chile", en J. Cobo, Historia de las empresas editoriales de América Latina, Siglo XX, Bogotá, CERLALC, 2000, 200-202.         [ Links ]

28 Rivera, op. cit.; Catalán y Munizaga, op. cit.; Transformaciones de la legislación cultural y artística chilena en el periodo 1973-1981, Santiago, Ceneca, 1981. Como explica Henríquez, recién en 1988, al final del gobierno, se propuso un "Plan nacional de desarrollo cultural", formulado por una comisión presidida por el jefe del Departamento de Extensión Cultural del MINEDUC, Germán Domínguez, que sugería la creación de una institucionalidad cultural: un Ministerio de Cultura, un Instituto de Patrimonio Nacional, un Instituto Nacional de las Artes, un Instituto del Libro y un Fondo Nacional de la Cultura. Henríquez, op. cit., 2004.

29 Junta de Gobierno, op. cit., 19-21.

30 Aunque su programa de estímulo al libro incluía créditos especiales de CORFO, rebajas para importar papel y la creación del Instituto del Libro, las editoriales particulares continuaron pagando impuestos similares al de otros artículos. Bernardo Subercaseaux, Historia del libro en Chile: alma y cuerpo, Santiago, Lom, 2000, 146. Por eso Alejandro Melo Guerrero considera: "aquí en este país nunca ha existido una política de fomento editorial; así como ha existido en CORFO, que promovió un montón de otros tipos de industrias, la industria editorial en Chile nunca fue una preocupación del gobierno". Entrevista a Alejandro Melo Guerrero, Santiago, 9 de septiembre de 2009. Melo fue miembro de la Directiva de la Asociación Gremial de Editores, Distribuidores de Libros y Libreros, suceso-ra de la Cámara Chilena del Libro desde 1980.

31 Subercaseaux, op. cit., 145-160.

32 Sobre la demora y problemas en el predominio neoliberal, véase Valdivia, "Estatismo y neoliberalismo...", op. cit.

33 En fecha tan tardía como 1984, el editorial del periódico oficial La Nación del 31 de mayo sentenció: "el acto de regalar un libro, tan simple en apariencia, tan inofensivo, envuelve riesgos que no se pueden pasar por alto. No siempre un libro, por el solo hecho de serlo satisface el propósito ideal que generalmente le suponemos. Porque no siempre resulta ser un agente confiable de cultura o un recurso no contaminado de salud mental. A veces, más a menudo de lo que quisiéramos, encontramos libros que so pretexto de divulgar teorías novedosas desvirtúan el recto juicio de las cosas o ensucian el cauce limpio y natural de la verdad". Subercaseaux, op. cit., 160.

34 El Bando Militar 107 del 11 de marzo de 1977 entregó al Jefe de Zona de Emergencia la autorización de la fundación, edición y circulación de publicaciones; el Bando Militar 122 del 22 julio de 1978 traspasó la responsabilidad al Jefe de Zona Metropolitana; el Decreto 3259 del 27 de julio de 1981 lo traspasó al Ministerio del Interior; la Ley 18.015 del 27 de julio de 1981 agregó sanciones pecuniarias; la Constitución Política de 1980, que entró en vigencia al año siguiente, dispuso en el artículo 24 transitorio que el Presidente de la República podía restringir, entre 1981 y 1989, la libertad de información, en cuanto a la fundación, edición y circulación de nuevas publicaciones; el Decreto 262 del 24 de junio de 1983 terminó con la autorización previa del Ministerio del Interior para edición y circulación. Subercaseaux, op. cit., 159.

35 Alejandro Melo Guerrero recuerda: "hubo muchas editoriales que cerraron, quebraron y otras se adaptaron a lo que se podía hacer porque, como existían restricciones, se publicaba lo que se autorizaba a publicar o sencillamente se cerraba no más, no tenías muchas alternativas; esto hizo que muchas editoriales cayeran en el tema de la autocensura porque el temor a ser clausurados los hacía a veces ser más censores que los propios censores". Entrevista a Alejandro Melo, cit.

36 Sobre los textos de estudio, la Superintendencia de Educación instruyó al Departamento de Orden y Seguridad de la Dirección General de Carabineros, en 1974: "Sobre el particular, y en el propósito de subsanar el problema del stock de textos que existen en librerías para su venta al público, el señor Superintendente de Educación acordó con personeros de la Cámara Chilena del Libro, que los dueños de librerías debían remitir a las respectivas editoriales los libros cuestionados, con el objeto de ser rectificados o destruidos según el caso. Esta medida fue notificada a los libreros, quienes en su gran mayoría actuaron en la forma antes indicada. Sin embargo, a raíz de los casos detectados por Carabineros, nuevamente el Superintendente de Educación se entrevistó con representantes de la Cámara del Libro, para solucionar el problema, ya que, se estima que es este el procedimiento más adecuado para evitar torcidas interpretaciones en cuanto al objetivo que se persigue. Por otra parte, como herramienta coercitiva se cuenta con las disposiciones contenidas en la Ley sobre abusos de Publicidad". ORD N° 634, 6 de junio de 1974, de Hugo Castro Jiménez, Contralmirante Ministro de Educación Pública, a Dirección General de Carabineros (O.S.3). Oficios reservados recibidos, Gabinete de Ministro Ministerio de Educación 1976. Vol. 45204. Archivo siglo XX.

37 El Ministerio de Educación recibió constantes advertencias de este orden: "1. Cúmpleme informar a US. que el Instituto de Investigaciones Estadísticas, de la Universidad de Chile, continúa entregando textos para su uso en la Prueba de Aptitud Académica que tienen un claro contenido marxista y que debieron ser descontinuados a fines de 1973 [...] 5. Esta Dirección tiene conocimiento, además, que dichos textos están siendo usados aún en algunos establecimientos educacionales. De allí se desprende la necesidad de revisar todo el material conflictivo o contrario a los postulados del Gobierno, para eliminar drásticamente el que se estime dañino [...]". ORD N° 599, 30 de agosto de 1974, de Virgilio Espinoza Palma, Director Nacional de Comunicación Social, al Señor Ministro de Educación. Oficios ordinarios Junta de Gobierno, Ministerios, Gabinete de Ministro, Ministerio de Educación 1974, Vol. 42271. Archivo siglo XX.

38 Por ejemplo, Oficio N° 0160, Universidad de Chile-Valparaíso, 3 de marzo de 1975, de Eduardo Quevedo Leiva, Secretario Administrativo, a Nelson Espejo, Conservador de Inventarios: "Adjunto a Ud. Oficio de la referencia, en el que se incluye listas de libros que deben ser dados de baja de la Facultad por razones políticas. Agradeceré a Ud. arbitrar las medidas para proceder a su incineración [...]". Oficios reservados, Gabinete de Ministro, Ministerio de Educación, 1975, Vol. 43816. Archivo siglo XX.

39 Por escritura pública del 20 de diciembre de 1973, se sustituyó el nombre de la Empresa Editorial Quimantú Ltda. (creada en 1971), por el de ENGM, publicándolo el Diario Oficial el 24 de enero de 1974. Los hasta entonces directores titulares fueron removidos, a saber: Aníbal Jara Letelier, Jorge Arrate McNiven, Carlos Orellana Riera, Sergio San Martín Muñoz, Fernando Barraza Draper y Paulino Ramírez Quintana. CORFO, vol. 881. Archivo Nacional de Chile siglo XX.

40 En la Gerencia General asumió Fernando Krumm Urízar y luego José Harrison de la Barra. CORFO. Directores de Empresas Filiales. ENGM Ltda. CORFO, vol. 881. Archivo siglo XX.

41 Informe Quimantú Ltda. op. cit.

42 Se propuso reemplazarlo en 1975 por el coronel Orlando Jerez Borgues, entonces Jefe del Servicio de Comunicación Social de la Junta, pero la resolución no se cursó. También se pensó en el coronel Gastón Zúñiga Paredes, Jefe del Estado Mayor de la VI División del Ejército en 1974, pero la resolución se anuló. CORFO. Directores de Empresas filiales, hoja 2, op. cit..

43 Idem.

44 ORD 204/31, 31/10/1975, de Enrique Campos Menéndez, asesor para Asuntos Culturales de la Excelentísima Junta de Gobierno, a señor vicepresidente de la Empresa Editora Nacional Gabriela Mistral, op. cit.

45 Aun cuando la ENGM no modificó el diseño gráfico de su antecesora "allendista" y pese a que sus publicaciones parecen haberse supeditado tanto a decisiones internas como a definiciones de la "cultura oficial". Pedro Alvarez, Historia del diseño gráfico en Chile, Santiago, Pontificia Universidad Católica de Chile, 2004, 141-143.

46 Diego Barros y Mario Correa, Mensaje editorial, Santiago, Editorial Nacional Gabriela Mistral, 1974,5.         [ Links ]

47 Alberto Vial Armstrong, Fundamento de una acción editorial, Santiago, Editorial Nacional Gabriela Mistral, 1975, 93.         [ Links ]

48 Entrevista a Rodolfo Paulus, Santiago, 8 de septiembre de 2009.

49 Vial, op. cit., 109.

50 DINAC S.A. Memorándum 22/09/1975, de Juan Naveillán a Francisco Soza, pp. 6-10. Gerencia de Normalización CORFO. Empresa Editora Gabriela Mistral Ltda. Tomo 1. Volumen 101. Archivo siglo XX. Paréntesis nuestro.

51 El ilustrador Rodolfo Paulus recuerda cómo los trabajadores percibieron la agonía paulatina de la empresa: "cuando yo comencé había un casino que era súper bueno, pero ya en la última etapa eso estaba eliminado y recuerdo que cuando nos íbamos los empleados, qué se yo, los obreros que trabajaban en las máquinas, personal de otras secciones, tenían en la recepción un alto de sándwiches, que era la colación que les daban en vez del almuerzo del casino que existía, y que la mayoría se llevaba a la casa, porque era una época tan mala, con una cesantía horrible; entonces se lo llevaban a la casa... no sé cómo pasaban el día". Entrevista a Rodolfo Paulus, cit.

52 Bases y antecedentes para la licitación de la Editora Nacional Gabriela Mistral, Santiago, Gerencia de Empresas, enero de 1976. Gerencia de Normalización CORFO. Empresa Editora Gabriela Mistral Ltda. Tomo 1. Volumen 101. Archivo siglo XX.

53 Su condición sería de "Asesor del Gerente de Normalización". Resoluciones CORFO, Oficina de Partes 00941/4-11-76.

54 Posteriormente, incapaz de saldar su deuda con el Estado, y autorizado por CORFO, Fernández traspasó la empresa a un inversor chileno con residencia en el extranjero, quien la sometió a un típico negocio especulativo de la época que no dio frutos. Por falta de rentabilidad, en 1982 las maquinarias de la empresa fueron rematadas a precios bajísimos y las existencias de bodega liquidadas para papeleros.

55 En comparación a los 11.093.000 de ejemplares de colecciones de libros editadas por Quimantú entre el 4 de noviembre de 1971 y el 11 de septiembre de 1973, la producción de la ENGM estimada para 1975 fue de 2.412.437 libros, propios o de terceros (en un total de 30.603.535 que incluía revistas y otros impresos). La venta de libros propios alcanzó un valor de $548.999 en 1974, en un total de $4.998.342, que incluía los impresos propios y ajenos (moneda de 1974 expresada en pesos); la venta de 1975 fue estimada en $2.083.222, dentro de un total de $20.408.080. A diferencia de Quimantú, que utilizó los quioscos, la ENGM restringió la venta de libros a las librerías. Para comparar estas cifras, véase Solène Bergeot, "Quimantú: editorial del estado durante la Unidad Popular chilena. 1970-1973", en Pensamiento crítico. Revista electrónica de Historia 4, noviembre de 2004, http://www.pensamientocritico.cl/index.php?option=com_content&view=article&id=99:quimantu-edito-rial-del-estado-durante-la-unidad-popular-chilena-1970-1973&catid=40:no-4&Itemid=63; y Bases y antecedentes para la licitación de la Empresa Editora Nacional Gabriela Mistral, op. cit. Por otro lado, un informe de 1975 estableció que el tiraje de las publicaciones propias de la empresa (sin identificarlas) fue, entre enero y junio de ese año, de 893.340 ejemplares. Informe de Juan J. Naveillán, 22 de septiembre de 1975. Gerencia de Normalización de CORFO, vol. 101. No es un objetivo analizar aquí el impacto de los libros de la ENGM, lo cual exigiría muchos más antecedentes que el tiraje y la venta, pero estos datos dan una señal de su menor producción y menor alcance en comparación con Quimantú.

56 Recuérdese que dicha narrativa también incluyó el rótulo del salón plenario del edificio Diego Portales: "1810 Chile 1973", el cual, como se recordará, fue sede de la Junta de Gobierno. Ver imágenes en archivos digitales periodísticos como "La historia del edificio Diego Portales", 5/3/2006, http://teletrece.canal13.cl/t13/html/Secciones/Reporteros/256075Ifotoq1.html.

57 Algunos textos, como Líneas de Acción de la Junta de Gobierno de Chile (Santiago, Editorial Nacional Gabriela Mistral, 1973) fueron preparados por uniformados, por lo que estaban más cerca del pensamiento militar del inmediato posgolpe. Otros, como el discurso de Pinochet del 11 de octubre de 1973, incluido en Realidad y destino de Chile (Santiago, Editora Nacional Gabriela Mistral, 1973) o Declaración de Principios de la Junta de Gobierno (Santiago, s.n., 1974) incorporaron a civiles. Un análisis de los primeros discursos en Timmermann, op. cit., 165-212; y Huneeus, op. cit., 175-326. En cualquier caso, su nivel programático o autoría no modifican el hecho de que todos los documentos del período de instalación (1973-1976) cumplieron con cierto papel propagandístico, legitimando al gobierno en base a la condena de la UP.

58 Por supuesto, el Libro Blanco fue el más importante en el propósito justificativo, pero fue publicado por la Editorial Lord Cochrane. En diciembre de 1973 ya estaba siendo repartido en todas las dependencias del Estado, como demuestra el Oficio del Capitán de Fragata (R) y Jefe de Gabinete de ODEPLAN, José Rádic Prado, al Jefe de Gabinete del Ministerio de Educación. ORD N°3219, 3 de diciembre de 1973. Oficios ordinarios, Documentos varios, Organismos Embajadas, Gabinete de Ministro, Ministerio de Educación 1974. Vol. 42262. Archivo siglo XX.

59 Chile Ayer Hoy, Santiago, Editorial Nacional Gabriela Mistral, 1975. Libro trilingüe -español-francés-inglés-, que comparaba al gobierno de la UP con el gobierno militar, con abundante material gráfico.

60 Basado en una conferencia dictada por Klosson en 1956, entonces Jefe de la División de Investigaciones sobre la Unión Soviética y Europa Oriental del Departamento de Estado Americano.

61 Ibid., 85.

62 Ex embajador del presidente Ford en Nicaragua, entre 1975-1977, y del presidente Reagan en Chile, entre 1982-1985.

63 Teresa Donoso, La epopeya de las ollas vacías, Santiago, Editorial Nacional Gabriela Mistral, 1974,12.         [ Links ]

64 Ibid., 65.

65 Ibid., 70.

66 Algunos fundamentos de la intervención militar en Chile, Santiago, Editorial Nacional Gabriela Mistral, 1974.         [ Links ]

67 Disentimos en esto de Barthes, para quien la fotografía traumática es aquella de la cual no hay nada que decir: "la foto-choque es por estructura insignificante: ningún valor, ningún saber, en última instancia ninguna categorización verbal pueden influir en el proceso institucional de la significación [...] cuanto más directo es el trauma, tanto más difícil la connotación". Barthes, op. cit., 26.

68 Según ella, el Estado era un organismo vivo, supraindividual e identificado totalmente con la nación. La necesidad de expansión del Estado hacía que la guerra fuera inevitable. La guerra contemporánea era total, porque involucraba todas las dimensiones del Estado y la Nación, y era permanente porque solo cambiaban sus modos e intensidades según el contexto. Esto obligaba a cada Estado a identificar sus objetivos nacionales permanentes (ideales vitales de la nación) y la estrategia nacional para conseguirlos. Esta estrategia permitía definir las políticas sectoriales, medir los actos ciudadanos y detectar los "enemigos". Su seguimiento dependía de una férrea "unidad nacional" que a su vez exigía la eliminación de los conflictos sociales, particularmente los derivados de la lucha de clases. La conducción del proceso debía quedar en manos las Fuerzas Armadas, pues dominaban la geopolítica y su estrategia (ciencia y técnica del Estado), además de encarnar los valores permanentes de la nación. Así, Estado-Nación y gobierno militar debían identificarse. Antonio Cavalla, "La estrategia militar norteamericana durante la Guerra Fría", Estudios Político Militares 5, año 3, Santiago, primer semestre 2003,29-32.

69 ORD N° 1007, 15 de octubre de 1974, de Virgilio Espinoza Palma, coronel-director Nacional de Comunicación Social, a señor ministro de Educación. Oficios ordinarios Junta de Gobierno, Ministerios, Gabinete de Ministro, Ministerio de Educación 1974, Vol. 42271. Archivo siglo XX.

70 Idem.

71 Hubo otra edición publicada por DINACOS en Impresos Esparza y Cía. Ltda.

72 Huneeus, op. cit., 175.

73 Objetivo nacional de Chile, Santiago, Impresora Filadelfia, diciembre de 1975, 12.         [ Links ]

74 Fue acuñada por la Empresa Nacional de Minería (ENAMI) en 1974, con dos mil ejemplares, como homenaje a la "mujer en el movimiento restaurador". El Mercurio (Santiago), 7 de septiembre de 1974, 10, citado por Azun Candina, "El día interminable: memoria e instalación del 11 de septiembre en Chile", en Elizabeth Jelin (ed.), Las conmemoraciones: las disputas en las fechas in-felices, Buenos Aires, Siglo XXI, 2002, 15.

75 La Fuerza Aérea de Chile recibió el lote inicial de Hawker Hunter en 1967-1968, seguido por otros seis aparatos especializados en reconocimiento y entrenamiento. Nuevos lotes llegaron entre 1970-1974. Véase la página oficial de la FACH: http://www.fach.cl/hunter/index2.htm.

76 Esta representación fue socializada eficientemente a través de las escuelas y los medios de comunicación.

77 Chile. 11 de septiembre de 1975, Santiago, Editora Nacional Gabriela Mistral, 1975, 6.         [ Links ]

78 Candina, op. cit, 14-16.

79 Chile. 11 de septiembre de 1975, op. cit., 21.

80 Evocando a los cuatro más jóvenes soldados muertos en la Batalla de la Concepción (9 y 10 de julio de 1882, durante la Guerra del Pacífico), en base a la cual se declaró el 9 de julio "Día de la juventud" en 1975.

81 Ibid., 32.

82 Ibid., 34.

83 Ibid. , 39. La otra gran ceremonia pública que acudió al recurso del fuego fue el discurso en el cerro de Chacarillas de 1977, que recordó las coreográficas y grandilocuentes ceremonias fascistas.

84 Si bien Quiroga restringe este nombre al pensamiento militar entre 1973-2003, nos parece extensible, con cautela, al espíritu refundacional también compartido por los civiles cooperantes. Patricio Quiroga, "De la contrarrevolución a la revolución capitalista", Archivo Chile, Centro de Estudios Miguel Enríquez, http://www.archivochile.com/Chile_actual/21_est_ide/chact_estidea0019.pdf. Por su parte, Errázuriz le otorga una orientación mesiánica a la política cultural del régimen, en tanto "supuso una confianza desmedida en el impacto moralizador que se esperaba obtener como consecuencia de su aplicación". Errázuriz, "Política cultural...", op. cit., 76.

85 Objetivo Nacional del gobierno de Chile, Santiago, Editora Nacional Gabriela Mistral, 1975,47.         [ Links ]


** Este artículo es parte del Proyecto Fondecyt No 11080048, del cual la autora es investigadora responsable.

Fecha de recepción: abril de 2010. Fecha de aceptación: enero de 2011.

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