SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
vol.46 número2EL MERCADO LABORAL FEMENINO E INFANTIL EN ANTOFAGASTA: 1880-1930INTERACCIÓN Y CAMBIO SOCIAL: UN RELATO ARQUEOLÓGICO E HISTÓRICO SOBRE LAS POBLACIONES QUE HABITARON LOS VALLES PRECORDILLERANOS DE ARICA DURANTE LOS SIGLOS X AL XVII D. C índice de autoresíndice de materiabúsqueda de artículos
Home Pagelista alfabética de revistas  

Servicios Personalizados

Revista

Articulo

Indicadores

Links relacionados

Compartir


Historia (Santiago)

versión On-line ISSN 0717-7194

Historia (Santiago) vol.46 no.2 Santiago dic. 2013

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-71942013000200003 

BAILES DE FANTASÍA: LAS FIESTAS CHILENAS, LA MONARQUÍA Y EL GOLPE MILITAR DE LA REPÚBLICA EN EL BRASIL (1889)**

 

JURANDIR MALERBA*

* Doctor en Historia por la Universidad de Sâo Paulo. Profesor de la Pontificia Universidad Católica de Río Grande do Sul en Porto Alegre y de la Cátedra Sérgio Buarque de Holanda de Estudios Brasileiros del Instituto de América Latina en la Universidad Libre de Berlín. Correo electrónico: jurandir.malerba@pucrs.br
** Este artículo es uno de los resultados de la investigación llevada a cabo durante nuestra titularidad frente a la Cátedra Sérgio Buarque de Holanda de Estudios brasileños, Lateinamika Institut de la Universidad de Berlín, en el año académico de 2012/3, con el apoyo financiero del DAAD.


RESUMEN

El 11 de octubre de 1889 llegó de Chile el barco Almirante Cochrane con 300 tripulantes a bordo, al puerto de lo que hoy es Río de Janeiro. Una escala para promover las buenas relaciones entre países vecinos. El desgastado gobierno de la monarquía ofreció a los visitantes pomposas venias expresadas en visitas protocolares y maravillosas fiestas. Entre ellas destaca el legendario "Baile de la Isla Fiscal", que tuvo lugar seis días antes de la proclamación de la república. Mientras cerca de cinco mil invitados se divertían en el baile, los republicanos, presididos por el teniente coronel Benjamín Constant, se reunieron en el Club Militar con el propósito de planificar la caída del Imperio. En este artículo se discuten algunas de las actuales teorías de la historiografía de este crucial episodio sobre la transición de la monarquía a la república en el Brasil, a través de la investigación documental y la reflexión teórica.

Palabras clave: Brasil, fiestas chilenas, Brasil, proclamación de la república, historia de la cultura política.


ABSTRACT

On October 11th, 1889, the Chilean cruiser Admiral Cochrane arrived at the Rio de Janeiro harbor with 300 crew on board, on a scale of good neighborliness. The frayed monarchical government received pompously the Chilean delegation, by offering protocol visits and grand feasts, including the legendary Isle Fiscal Ball, held six days before the proclamation of the republic. While nearly five thousand guests amused themselves at the ball, Republicans gathered at the Military Club, chaired by Lt. Col. Benjamin Constant, to plot the fall of the Empire. In this article, in the light of documentary research and theoretical reflection, we discuss some consolidate interpretations on this crucial episode within the transition from monarchy to republic in Brazil.

Key Words: Brazil, chilean feasts, Brazil, proclamation of republic, history of political culture.


 

Aí vem os chilenos, e já ferve o miolo ao povinho, com a perspectiva próxima dos fartões
de luminárias, em que se vai distribuir por mil copinhos, com as respectivas mechas e a
competente ração de sebo, todo o fogo de simpatia internacional da alma brasileira
1.
Raul Pompéia

 

Uno de los episodios más folclóricos de la historia brasileña, el "baile de la Isla Fiscal" se sitúa en una encrucijada de la historia que desafía a los observadores. Nadie podrá cuestionar que se trata de un acontecimiento fuera de lo común en la historia brasileña. Un baile de gala, marcado por el exceso y el lujo desbordante, ofrecido por el gobierno de la monarquía a los oficiales del acorazado chileno Lord Cochrane. En medio de la agonía del segundo reinado, el gobierno de la monarquía se encontraba bajo el mando del Vizconde de Ouro Preto. La crónica de los periódicos publicada en aquella época, describió detalladamente las presencias, las ausencias, los toilettes de las damas y el aparato dionisíaco de la fiesta; regado con champaña y exquisiteces para el refinado paladar de más de cuatro mil invitados que asistieron a aquella noche de gala. Ese episodio fue de tal magnitud que llamó la atención de grandes figuras de la literatura brasileña como Machado de Assis, y Coelho Neto Josué Montello, mientras que en el campo de la historiografía continúa siendo un tema de controversia. Un hecho brillante en la historia de Brasil. Sin embargo, el mero registro no logra explicar la complejidad de los hechos, los cuales son atravesados por ejes de diversa temporalidad, para cuya comprensión se requiere ir más allá de las crónicas y testimonios dejados por los testigos que presenciaron el evento. Era el 9 de noviembre de 1889, lo sabemos desde los tiempos de la escuela, y en menos de una semana se derrumbaría el orden imperial, construido sobre filigrana a lo largo 49 años, en el reinado de D. Pedro II. Los chilenos homenajeados no podían imaginar que anclarían en una monarquía y, apenas semanas después, zarparían de una república. Entonces, no es posible referirse a las "fiestas chilenas" sin relacionarlas con D. Pedro II, su reinado, los militares y el golpe de la república. Nuestros invitados presenciarán esta ruptura. Sin embargo, los antecedentes de esta transformación nos remontan a años anteriores, por lo menos al período de la Guerra de la Triple Alianza (1864-1870) a partir de los cuales el imperio entraría en aquel movimiento que Sérgio Buarque de Holanda llamó "plan inclinado". La herencia de aquella guerra, se reflejaría en el surgimiento de nuevas ideas y actores que ganarían protagonismo: los abolicionistas, los republicanos y particularmente los militares. De ahí que juntar en una única narrativa todos estos ejes temáticos de diversas temporalidades, acciones y agentes no es una tarea fácil. Sin embargo, no es posible renunciar a la búsqueda de su articulación, sin incurrir en el pecado de señalar los hechos como bordeando/flotando la superficie de la historia.

Nuestra comprensión alcanzará mayor profundidad si se intenta una articulación de estas temporalidades, las estructuras y los acontecimientos tejidos a través del proceso narrativo y por medio del estudio de interrogantes pertinentes2. ¿Qué hacía aquel buque de guerra de bandera chilena ahí? ¿Por qué el Imperio brasileño distinguió a sus visitantes con tantos honores? ¿Cuál fue el papel del viejo emperador? ¿Cómo fue que la sociedad de Río de Janeiro vivió y percibió aquellos intensos días de fiestas, galas y sorpresas? ¿Cómo se articulan las fiestas chilenas con el imperio, los militares, la proclamación de la república? De manera intencionalmente narrativa este artículo propone más que buscar respuestas definitivas, formular de manera más clara las interrogantes, dialogando con algunas tesis de la historiografía brasileña sobre el golpe republicano.

El Brasil era una isla monárquica rodeada por repúblicas. En la segunda mitad del siglo XIX la paz estaba lejos de reinar entre las naciones en proceso de formación en América Latina, como lo evidencia la Guerra del Pacífico, que involucró a Chile, Bolivia y Perú entre 1879 y 1883. El Brasil se mostró del lado de Chile en varias contiendas diplomáticas buscando así establecer un balance de fuerzas y aplacar al mismo tiempo el poderío y las tensiones territoriales con Argentina -con la que se encontraban en disputa-. Hasta septiembre de 1889 el Imperio brasileño tuvo problemas con la Argentina por la "cuestión de misiones", hoy provincia con el mismo nombre del noreste argentino. Este conflicto fue resuelto a través de la mediación del presidente de Estados Unidos. Chile, por su parte, desde 1876 había estado intentando encontrar una solución a una disputa de carácter similar con la República Argentina, alcanzada en 1898 a través de un arbitrario pacto dictado por el rey de Inglaterra. En medio de idas y venidas estratégicas de la diplomacia internacional, los chilenos recibieron en enero de 1889 en Valparaíso al barco brasileño "Almirante Barroso" con efusivas manifestaciones de amistad, pompa y reconocimiento. Estas muestras fueron registradas en detalle por el comandante José Custódio de Mello, debido a que estaban en juego mucho más que simples muestras de "amor fraternal"3. Los excesos con los que el gobierno imperial retribuyó a los chilenos meses más tarde, tenía por objetivo estratégico demostrar al gobierno argentino en Buenos Aires hacia qué lado se inclinaba el Imperio brasileño, en el marco del nuevo diseño de las relaciones internacionales del Cono Sur.

El gobierno imperial no escatimó costos en la recepción de los ilustres visitantes de la República de Chile y estos se manifestaron en numerosos homenajes, desfiles, banquetes, cenas, bailes, visitas, entre otras efusivas demostraciones de amistad. Las malas lenguas no perdonaron el exceso de estas ceremonias. Hablaron sobre el error brasileño por el exceso de ceremonias. Inmediatamente después del día de su llegada, los oficiales, junto al ministro de Chile y sus secretarios fueron recibidos por el emperador, luego pasaron a visitar a la prensa y en la noche al Club Naval y al teatro lírico para asistir a la ópera Schiavo, de Carlos Gomes. Los homenajes oficiales en los siguientes días exigían la preparación física de un atleta: almuerzo en el Hotel de los Extranjeros, concierto en la Escuela de Glórica, homenaje de la Revista Marítima, visita a los Ministros de Hacienda y Marina y al laboratorio de Estado, visita a la princesa Isabel y al príncipe consorte y asistencia al baile por sus bodas de plata, visita al jardín zoológico y excursión por Santa Teresa, Jardín Botánico, Casa de la Moneda, Cámara Municipal, Escuela Militar, Escuela Politécnica, Escuela Superior de Guerra, instituto para sordo-mudos, Colegio D. Pedro II, Club de Gavía, Club Derby, conciertos populares, regatas de Botafogo, paseo por Tijuca, Corcovado y la Baía de Guanabara.

El día 4 de noviembre tuvieron lugar los eventos de mayor esplendor, el espectáculo de gala organizado por la prensa en el Teatro São Pedro de Alcântara, que contó con la presencia de la familia imperial. Seguidos por otros honores como el banquete en el Palacio de Leopoldina4; la visita a la Academia de Bellas Artes, al Colegio Militar, al Asilo de Niños Inválidos, a la Imprenta Nacional, al Arsenal de Guerra y a otros establecimientos.

Además de esas visitas protocolares, se tuvo una agenda "cultural y científica", como las visitas a la Facultad de Medicina, realizada el 21 de octubre, al Instituto Pasteur, al Museo Nacional y a la Sociedad de Geografía. De estas, la más comentada por los testimonios y la historiografía fue la solemne sesión celebrada en honor a Chile en el Instituto Histórico y Geográfico Brasileño5. Donde, por cierto, la "cereza de la torta" fue el baile de la Isla Fiscal, de la que hablaremos más adelante.

Echar un simple vistazo a la lista de festejos y actividades resulta exhaustivo. Tanto republicanos como críticos al régimen tuvieron infinidad de material para atacar a la monarquía. Raúl Pompeya fue de los que dejó un relato sarcástico:

"De hecho, es necesario que un hombre se haya aferrado a los afanes de la vida marítima en señal de resignación estoica a la vida militar, para cargar la responsabilidad de ser ilustre huésped tal como sucedió con los marinos chilenos. Los homenajes, las demostraciones amables se sublevan contra ellos con real hostilidad. El entusiasmo va hacia el mar, cerca del Almirante Cochrane, lo aborda, lo atraca, lo incendia. En la cubierta surge una verdadera batalla naval, en la que las agresiones son abrazos, los proyectiles son manifestaciones de afecto. [...] Incluso los disparos son himnos, como en otras batallas. Y es necesario que los chilenos respondan, quiero decir, se defiendan. En tierra, ocurre lo mismo [...] En el muelle, en las calles, en los jardines públicos, en las oficinas que visitan, en las salas de espectáculos, en los lugares donde almuerzan o cenan, los amigos brasileños están alerta como enemigos y las ovaciones agreden como torpes ataques"6.

Raúl Pompeya fue lo suficientemente sensible para darse cuenta del significado de los acontecimientos que se desenvolvieron bajo la mirada absorta de la población de Río de Janeiro. Cuando se imaginaba que entre las fiestas de los chilenos el baile de la "Isla fiscal" sonaría como "la nota más alta del concierto de manifestaciones" para los distinguidos visitantes que estaban de paso por la ciudad. Es ahí donde surge la casualidad que esa "gran fiesta de llamativas sorpresas", les proporcione el mejor de los espectáculos que los patriotas de una nación republicana podrían esperar; la proclamación de la república7. Los chilenos no fueron meros espectadores. Resulta que, después de haberse establecido el nuevo régimen, el día 16, llevaron a la familia imperial a bordo del navío chileno. En la biografía de D. Pedro II, Heitor Lyra afirma que el conde Carapebus propuso la idea de negociar con el ministro de Chile para obtener la autorización del gobierno interino para transportar a la familia imperial a bordo de la nave chilena "lo mismo que los oficiales del Gobierno Imperial ofrecieran, días antes de la famosa danza de la Isla fiscal"8. Joaquim Nabuco también informa que se llegó a considerar que el navío que llevaría a D. Pedro II a su exilio sería el mismo Almirante Cochrane.

"El mismo Balmaceda [presidente de Chile] telegrafió el 16 de noviembre al ministro chileno en Brasil para que se pusiese a órdenes de D. Pedro II para transportarlo al exilio, en ese entonces el barco Almirante Cochrane estaba anclado en nuestra bahía. El Sr. Villamil viendo la revolución consolidada, dudó en cumplir una orden que podría despertar la susceptibilidad en la nueva república y acentuar la aversión diplomática brasilera, sensible desde las primeras horas del gobierno provisional. Posiblemente debido a este temor del representante de Chile, digo posiblemente, porque el emperador quizá hubiera preferido zarpar al exilio a bordo del mismo Alagoas, con la esperanza de posponer su separación definitiva de Brasil. Debido a aquel temor fue que la dinastía brasileña no tuvo la honra de ser transportada fuera del continente americano bajo la generosa guardia de la bandera chilena. Esta última cortesía honraba tanto al Brasil como a Chile. Los chilenos, republicanos por instinto y educación, acogieron con simpatía el 15 de Noviembre como la fecha final del ciclo republicano en América. Sin embargo nunca dejaron de admirar la intuición práctica de su temperamento positivo, la obra democrática y nacional de la monarquía, obra singular de paciencia, constancia, desinterés y patriotismo, seguirá siendo en el agitado y convulsionado ambiente, de este siglo en América Latina, un fenómeno casi inexplicable"9.

No es solo sorprendente, sino que también resulta fascinante este hecho importante de nuestra historia, en todo sentido es espectacular y en gran medida fue protagonizado por los chilenos. Sin embargo, ellos no pudieron percibir que las conspiraciones se articulaban en el cuartel, desde hacía un buen tiempo. Por cierto, la proclamación de la república había sido tan inesperada, que otros homenajes que el gobierno imperial pretendía ofrecer a los visitantes, tuvieron ser cancelados; incluyendo viajes a Juiz de Fora, Ouro Preto, São Paulo y Santos10.

II

Las fiestas chilenas y el baile de la Isla fiscal, el baile y el golpe de la república, la república y los militares, los militares y los chilenos. Cada uno de estos tiene sentido a través de la relación con los otros. En realidad, muchos ya habían dicho -con mucha razón- que los militares venían preparado el camino para la caída del gobierno imperial. Durante casi dos décadas, desde el fin de la guerra contra el Paraguay, surgió el enfrentamiento con el gobierno, que debe ser entendido como un choque con los ministerios constituidos y no con el régimen monárquico. Los antecedentes del conflicto nos remontan al desprestigio de las fuerzas armadas (en particular del ejército) al largo del siglo XIX11. Conflicto que posteriormente fue llamado la "cuestión militar".

Lenta, pero inexorablemente desde el fin de la guerra con el Paraguay debido a que tal vez nunca antes en la historia del Brasil la prensa había sido tan libre, se fue consolidando un clima de aversión hacia el gobierno imperial, fomentado por la desleal, y a la vez libre fuerza de la opinión pública. A medida que la salud del emperador empeoraba, aumentaba proporcionalmente la agitación en los cuarteles. La llamada "cuestión militar" tenía antecedentes muy antiguos, desde el incidente en el que un diputado acusó al coronel Cunha Matos de traidor y cobarde delante del ministro de Guerra-civil, como era la tradición del Imperio, para disgusto de los uniformados. Ante este hecho el ministro mostró oídos sordos, y Cunha Matos se defendió, acudiendo a la prensa y mostrándose abiertamente molesto por la indiferencia de sus superiores ante los ataques dirigidos a su persona. Sin haber sido suficiente la ofensa, el coronel fue además reprendido, arrestado y acusado por indisciplina. En ese momento todo el cuerpo militar levantó la voz en rechazo a los daños causados a su camarada. Entretanto, otro oficial, Sena Madureira, fue destituido de su cargo también por indisciplina. El militar de mayor prestigio en ese entonces, el mariscal Deodoro da Fonseca, prestaba sus servicios en Río Grande do Sul, desde donde se solidarizó con los oficiales sancionados por el gobierno. Esta acción fue seguida por el Vizconde de Pelotas, héroe de la guerra contra el Paraguay. A través de la libertad de prensa las declaraciones de los líderes militares brillaron en la corte, alimentando así la oposición abolicionista y republicana.

Hasta aquel momento la crisis militar se reducía a un episodio corporativo, de clase y de carácter reivindicativo, en el que los militares de alto rango se mantenían fieles a la monarquía. Sin embargo, el cuadro se fue complicando a medida que otros problemas de carácter similar emergían. La prohibición que tenían los militares de bajo rango de participar de la vida política del país fue un foco particular de tensión. Al mismo tiempo les molestaba tener que asumir un rol policial, delegado por los jefes civiles de los cargos militares, transformándose así en cazadores de negros fugitivos12.

Fue en medio de este escenario de creciente tensión que el emperador, atinadamente comenzó a percibir que las fuerzas políticas comenzaban a moverse en contra de su autoridad. Por primera vez parecía que el poder se desplazaba más allá de la órbita del trono. Si el golpe militar de la mayoría encontró en D. Pedro convergencia, ese triunfo ahora estaba desgastado13. El mismo Rui Barbosa no se cansaba de insistir en la inutilidad que representaba la presencia del emperador en el funcionamiento de la nación. Consideró que el mismo emperador, de manera subconsciente no estaba en contra de esa afirmación. Fue tan así que no se esforzó para derrotar al movimiento en su contra cuando tuvo la oportunidad; habiendo habido varias oportunidades para ello.

III

El miércoles 23 de octubre de 1889, Bernardina Botelho de Magalhães, hija de Benjamin Constant -quien fue el gran ideólogo del golpe militar de la república junto con el ciudadano carioca Quintino Bocaiúva- anotó en su diario:

"Papá se fue antes del mediodía a la invitación de los oficiales de los Escuela Militar, con el fin de asistir a una fiesta que había por la visita de los chilenos a la escuela; papá no apareció para cenar y estábamos preocupados sin saber dónde iría y dónde cenaría, ya que a él no le gusta andar uniformado. Cuando llegó nos contó que hicieron un brindis en su nombre, él agradeció y como estaba presente el ministro de guerra Candido de Oliveira, criticó severamente al gobierno por cómo se había portado con el Ejercito, provocando constantemente conflictos, mientras [los militares] siempre habían mantenido una actitud digna y respetuosa. Los alumnos y casi toda la Escuela lo vitorearon con aplausos y flores y hasta las señoras fueron a felicitarlo y a entregarle flores. Papá dice que habló casi una hora"14.

Resulta difícil imaginar a una adolescente registrando en su diario el momento del parto de la república, sin embargo, el episodio es bastante conocido. En ese discurso improvisado, Benjamin Constant desafío al gobierno, convirtiéndose en la referencia moral de los jóvenes oficiales que articularían el golpe de la república. En este evento, que en su programa oficial pretendía rendir homenaje a los chilenos, exalta a la "juventud" y confronta al gobierno: "hablando con franqueza acerca de los conflictos desagradables del ejército y el poder, que siempre fue provocador de esos conflictos", dice el borrador del discurso en su expediente personal. Diversas fuentes coinciden en que el Ejército brasileño no estaba compuesto por mercenarios ("janízaros") y que "bajo el uniforme de cada soldado, late el corazón de un ciudadano y de un patriota"15. Avergonzado, el ministro de Guerra se retiró antes del final del discurso.

En una declaración de Tobias Monteiro, Vizconde de Ouro Preto y jefe del último gabinete del imperio, reportó de la siguiente manera el episodio:

"Cuando Benjamin Constant pronunció delante de los oficiales chilenos un discurso inadecuado, al contrario que el gobierno, yo pregunté al Sr. Candido de Oliveira, que en ese entonces era ministro de guerra, cómo había procedido. 'Me retiré para no continuar escuchando' respondió mi colega. 'Debía haberlo apresado', objeté, 'solo así podría ser corregida la falta de un oficial que se pronuncia contra sus superiores, delante de ellos y además de los oficiales extranjeros. ¿Cómo nos juzgarán?' Sin estar conforme con lo ocurrido y respecto a ello hablé con el emperador"16.

Si el señor Candido hubiera procedido de esta manera, quizá la república hubiera tardado un poco más en llegar, esperando por lo menos hasta la muerte del emperador. Pero no fue así. Emocionado al final de su discurso, Constant fue felicitado de forma "entusiasta y delirante". Según algunas fuentes, cuando el ministro se retiró los jóvenes gritaban "Viva la República... de Chile", forzando una pausa exagerada y provocadora entre las palabras. Después del discurso los oficiales jóvenes improvisaron un baile que duró toda la noche17.

El 26 de octubre, 15 días después de que el Almirante Cochrane llegara a Guanabara, una declaración firmada por los cadetes de la Escuela Militar postulaba a Benjamin Constant como el guía de la juventud de "la pobre patria, de ese desgraciado país donde el trono se asienta sobre el espectro de un rey". En respuesta fueron tomadas medidas disciplinarias contra algunos oficiales y soldados, sin embargo ya era demasiado tarde.

Los periódicos ya escribían sobre "la ola de anarquía que reina" y sobre el descontrol policial, en solidaridad con Benjamin Constant donde los militares mencionados llenaban las columnas de los periódicos "los signatarios acompañan las deliberaciones hasta el terreno de la resistencia armada". Se estaba desobedeciendo públicamente al gobierno imperial. Benjamim Constant acabaría por asumir, tal vez sin realmente desearlo, el papel de mentor ideológico del golpe de la república, transformándose en la inspiración principal para Deodoro da Fonseca para unirse a la causa republicana18.

Al calor de los preparativos para baile, impulsados por los mismos medios de comunicación y retroalimentados por la historiografía posterior, corrían los rumores de que el baile fuese tramado por la cúpula "imperial" como reacción a los ataques republicanos desatados desde los cuarteles: un tour de force del ala imperial que buscaba reivindicar en las elites cariocas el poder de la monarquía que aun gozaba de prestigio en las clases populares, debido a la abolición de la esclavitud19. También se dice que para excluir a los militares, estos no habían sido invitados al baile20. En una declaración clásica de Tobias Monteiro, el Vizconde de Ouro Preto, niega tal acusación: "[...] Dijeron entonces que yo llegué a excluir del baile de la isla fiscal a los oficiales del Ejército. Vea esta carta del barón Sampaio Vianna, organizador de la fiesta, el oficial del gabinete y la lista de nombres en ella". Tobias Monteiro describe dicha carta:

"La carta del 8 de noviembre se refiere a la relación, 'copia que ayer presentaron al Sr. General Peixoto', dice el signatario. Esta se compone de cuarenta y cinco nombres, el primero de los cuales es el marqués de Gávea y el último el capitán José Eulálio da Silva Oliveira. Entre otros figuran los generales Floriano, Deodoro, Niemeyer, José Clarindo, Rio Apa, Simeão, los coroneles Leite de Castro, Teixeira Junior, Ribeiro Guimarães, Benjamin Constant, João Neiva y el mayor Pires Ferreira. La lista concluye con la siguiente nota: 'y veinte invitaciones en blanco enviadas al Sr. General Peixoto'"21.

De ese error infantil Ouro Preto no puede ser acusado. Su testimonio debe ser tomado con cautela, el respaldo de Tobias Monteiro garantiza la autenticidad, confirmada por el diario de Bernardina, hija de Benjamin Constant, por lo cual sabemos que la familia del líder republicano no fue al baile a causa de la enfermedad de una de sus hijas.

Indiferente al hecho de haber sido invitados o no, las fuerzas conspiradoras andaban sueltas. Días antes del baile, corrían los rumores sobre la noticia de la intención del emperador de abdicar al trono en favor de D. Isabel, bajo la condición de que ella también abdicase a este en favor del príncipe Pedro Augusto. Si bien los chismes podían ser falsos y maliciosos, es un hecho que a partir de los primeros días de noviembre la cronología de los acontecimientos parecía haberse acelerado. Ese jueves 7 de noviembre, las fuerzas de la conspiración se pusieron en marcha desde temprano. Benjamin Constant recibió en su casa la visita de Quintino Bocaiúva y de los oficiales Solón, Mena Barreto y Joaquim Inácio, además de otros suboficiales y cadetes. Según algunas fuentes, ya se discutían tanto los detalles del golpe de la república, como del destino del emperador22. Bernadina reporta que sobre las continuas reuniones en la Escuela de Guerra y en el Club Militar, los periódicos registraban una creciente ola de manifestaciones de indisciplina en los cuarteles. Los republicanos querían convencer a Deodoro que la monarquía era capítulo pasado de historia brasilera. Sin embargo, él tenía un argumento irrevocable que planteaba que la causa de los males que afectaban a los militares radicaba en el gabinete del gobierno de Ouro Preto. Si bien muchos de los pobladores de Río asistían de manera descontrolada -o simulando descontrol- al desfile militar de la proclamación de la República, los chilenos no tendrían más que percibir ese movimiento. El futuro socio, gran-benemérito y secretario vitalicio del Instituto Histórico y Geográfico Brasileño, Max Fleiuss testifica haber observado estos acontecimientos y comenta que el clima de desconcierto continuó -hasta temprano en la mañana- incluso después que la familia imperial se retirara de los salones de baile de la isla.

"Después que el emperador se retirara, alrededor de la media noche, comenzaron los rumores que el Club Militar estaba reunido para decidir sobre la prisión del ministerio, rumor que se difundió sin alterar el baile. Sin embargo, a pesar de toda la suntuosidad, realmente se sentía cierta vergüenza, inexplicablemente en ese instante, pero explicable seis días más tarde"23.

Todos sabemos que lo que ocurrió seis días después, no resulta fácil de explicar debido a que escape de determinismos simplistas, de suposiciones "naive " sobre los chilenos, los militares, las fiestas y la república. Sin embargo, la fuerza de la opinión pública, alimentada y manipulada por los medios de comunicación de la época, proporciona una buena pista. De esta manera, la extravagancia del aparato imperial, impactante por sí sola, fue además pintada de colores vivos por los líderes de opinión: el exotismo y el costo de la ostentación de una corte caían sobre los hombros del pueblo, posiblemente tomarían un sentido renovado.

IV

Si el baile de la "Isla Fiscal", presenciado por el comandante Bannen y sus oficiales, quedó inscrito en la memoria popular de la capital de Río, se debe en gran medida al esplendor del espectáculo, único en la memoria del segundo reinado brasileño. Los capítulos que componen este volumen destacan algunos ángulos de la memorable función. Acerca de estos abundan las fuentes, puesto que no se habló, ni escribió de otra cosa por una semana y el tema no hubiera cambiado en los círculos sociales, los salones y los periódicos cariocas si no hubiera sido por el nacimiento de la República. Río de Janeiro hervía en las horas previas al baile. Ya por la mañana de aquel sábado caliente y húmedo del 9 de noviembre, las principales calles del centro de la ciudad estaban congestionadas con carruajes; todas las personas compitiendo por los diseñadores de modas de la calle de Ouvido, las más visitadas eran Wellimcamp, Formosinho, Doll, Guimarães, Barbosa & Freitas, Mme. Roche, Palais Royal, Notre Dame, Mercier, Schimidt y Chesneaux. También resultaba difícil para los caballeros hallar un salón para afeitarse. La "alta sociedad" de la corte competía para presentarse de la mejor manera, pues corría la noticia, en la víspera de las fiestas, de la extravagancia con la que se estaba preparando el evento. Toda la ostentación propagada se confirmó el día del baile. Coelho Netto transmite la energía de ese frenesí en su prosa que vibra junto con el bullicio de la ciudad. El movimiento agita desde temprano las calles del centro, sastres, costureras, zapateros, comercios, tiendas y perfumerías están abarrotados. Cada vez se observan más peluqueros, empleados y negros corriendo con paquetes de un lado al otro.

"[...] no se hablaba sino del baile, en las casas, en los tranvías, en las calles, alrededor de los kioscos, en los lustrabotas, desde los más remotos suburbios, hasta el muelle, donde se juntaban para el embarque de los alimentos, montones de globos venecianos, pantallas alegóricas, un conjunto de mástiles que confrontaban el viento revoltoso, entre los gritos de los tripulantes, que se desplazaban y cargaban las lanchas ya abarrotadas. Además de la fiesta que alborotaba la ciudad era un lindo sábado de sol, día elegante. Los que no iban al baile querían por lo menos sentir los afanes, ver la ciudad, oír los comentarios, enterarse de qué sería esa fiesta. Jamás hubo nada igual después de la guerra, ni siquiera después de la llegada de las tropas del Paraguay"24.

Fuentes acerca de las "Fiestas Chilenas" del Archivo Nacional se encuentran principalmente en la hemeroteca referente a estos acontecimientos memorables. Sabemos por las columnas de O País y de la Gazeta de Notícias que la publicación estuvo a cargo del Sr. Leon Rodde, empleando el material perteneciente a la desaparecida Empresa de Força e Luz, que consiguió producir la energía necesaria para 700 lámparas eléctricas, alimentadas por tres motores. Un cuarto motor producía energía para iluminar 60 mil candelas adicionales. La intensa iluminación generaba un efecto de "cesta de luz en el océano" descrito por Machado de Assis en Esaú e Jacó.

Una secuencia de lujosos escenarios. Francisco Marques dos Santos refiriéndose a uno de los salones de la cena, destaca que "además de estas salas dignas de nombrar, en el toilette de S. M. la emperatriz, los muebles eran tapizados en rojo y dorado, las jardineras japonesas llenas de ramos violentas, las flores que cubrían la alfombra y hacían juego con las ocho mesas para jugar cartas"25. Además de la descripción de estos ambientes, el día del baile la Gazeta de Notícias detallaba la creciente expectativa de la población, en especial de los invitados:

"La sala destinada a la familia imperial puede ser separada de otros ambientes interiores por grandes cortinas, en esta hay 50 lámparas con capacidad de iluminar 1344 candelas, además de 40 candelabros, cada uno con 14 lámparas. La mesa de esta sala está puesta para utilizarse con sillas y todos los muebles son de gusto refinado. A la derecha y a la izquierda están los salones de baile, tres de cada lado, el toilette de damas a la izquierda y el de la familia imperial a la derecha. Dos orquestas tocarán en las terrazas laterales, una en la sala del bufett y una banda de música en la torre del Arsenal de Guerra. La decoración de cada una de las salas es idéntica [...] guirnaldas de flores ocultan las lámparas, el espacio entre las ventanas es llenado por un espejo grande con borde de terciopelo, la alfombra es de un rojo carmesí colocado de forma artística para quebrar el efecto pálido de la luz eléctrica en los toilettes. Sobre los espejos, coronas de flores sujetadas por anclas de oro y plata [...] todas las dependencias están iluminadas por luz eléctrica. Hay abundante follaje en todos los ambientes"26.

Resultan exuberantes las dimensiones del lujo del servicio de buffet, preparado por la prestigiosa confitería Pascoal. Entre meseros, cocineros y ayudantes movilizaron a 300 empleados. Se registraron 12 mil botellas de vino, champagne y otras bebidas, 12 000 sorbetes, la misma cantidad de tazas de ponche, 500 platos de variada repostería. Se servirán además 18 pavos, 300 gallinas, 350 pollos, 30 jamones, 10 mil sandwiches, 18 mil frituras, 10 mil piezas de caza (Ej.: conejo, perdiz u otros), 50 peces, 100 lenguas, 50 mayonesas y 25 cabezas de cerdo rellenas. El menú, ostentosamente decorado, era en un cuaderno forrado en satín con los colores de las banderas brasilera y chilena. En la parte superior de la primera hoja estaban impresas las banderas de las dos naciones27.

En medio de la multitud, Bernardina y sus hermanas, deben haber quedado maravilladas con el movimiento de las damas y los caballeros, ya que fueron "al puente de los barcos a ver la iluminación y los invitados que se dirigían al baile"28. Incontables autores describieron en detalle el toilette de las damas, cubierto de brillantes, terciopelo (en el calor carioca de noviembre), coronas, tiaras, piedras preciosas, perlas, tules, bordados, encajes y cintas. Un lujo ostentoso, agresivo, que incluso algún testimonio de la época lo acusó de ser un susto sospechoso. El exceso daba gritos y como evidencia de ello el relato de la Tribuna Liberal:

"Poco después del inicio del baile. Lo que este realmente fue, resulta difícil de definir. La riqueza oriental de los toilettes, el brillo y ruido de las sedas que apenas cubrían los hombros y espaldas de las señoras, el terciopelo y las sedas finas custodiaban las puertas como si fuese santuario. Los cuellos blancos y palpitantes de las brasileñas, salpicados con brillantes, zafiros, esmeraldas, los diademas resplandecían en los peinados artísticos de las jóvenes, el rubor argentino resultante del entusiasmo afloraba de los labios de coral de avecillas sin plumas que apenas tenían 15 o 18 primaveras. La galantería noble de los caballeros, unos traían vistosas cruces que colgaban de cuello, otros ostentaban broches en la solapa, violentas, rarísimas camelias; uniformes de un dorado seductor que cubría los pechos patrióticos -¿cómo describir todo esto?"29.

En medio de tanta confusión, no faltaron los momentos embarazos y los desaciertos de la etiqueta de nuestra aristocracia rústica. El columnista del Correio do Povo, al día siguiente del baile, describía con ironía la conducta de los caballeros de la Guardia Nacional, que el gobierno quiso mostrar con honor para demostrar la fuerza de los militares del Ejército. Por todas partes había plumas ondulantes en blanco y rojo, agitadas por la brisa marina, sin la menor elegancia con los modales que no obedecían las reglas más tribales de la cuadrilla. En un impulsivo acto, los militares acabaron dándole una paliza a un pobre joven que tuvo la mala suerte de tener un desencuentro con los ciudadanos armados.

"Parecía que una bandada de aves fantásticas aterrizaron para dar a sus plumas un glorioso baño de luz eléctrica. Los oficiales no se contenían. Giraban empujándose entre la multitud, arrugando con sus espadas los vestidos de las señoras y arañando los abrigos de los señores con sus charreteras. Me dije a mi mismo -tenemos una batalla naval ¡A bailar, dios mío a bailar! No hay como los oficiales de la guardia de ouro pretoriana para tener una noción exacta de las reglas del gran baile-. Bailar con casco y espada -es el colmo [...] un muchacho pensó que el guardia era divertido y se rió. Todos los de la guardia caerían sobre él con espadas afiladas, rasgándole el abrigo. Lo dejaron ensangrentado, casi muerto [...]. Bravo! No puede haber mayor heroísmo. Todos contra uno [...] con las proezas de la Guardia consentida y patrocinada por el gobierno. Esto coincide con la dispersión del Ejército, destacándose los regimientos y dividiéndose los batallones"30.

El periodista continúa destilando su sarcasmo en un ataque despiadado sobre los preparativos del baile; la presencia de muchos "bicho careta" (gente que sin estar invitada asistía al evento) con comportamiento inadecuado representando a las grandes autoridades imperiales.

"Se observó que no hubo vergüenza ni escrúpulo alguno para gastar el dinero del Estado, siempre y cuando la obra quede limpia, ordenada y perfecta, en gran parte de esta maravillosa lluvia de oro que inunda y fertiliza todo el país [...] si la fiesta estuvo suntuosa y espléndida fue por su decoración, desde otros puntos de vista fue también criticada. [...] el mal ejemplo partió de mismo presidente del consejo que, en nombre del gobierno, ofrecía aquel baile [...] su Excelencia [D. Pedro II] aturdido por el extraño movimiento no conservó la compostura de un hombre de Estado [...] caminó por los salones con paso apresurado y desmedido como quién anduviese escapando de la justicia. Con la cabeza levantada de manera calculada como para mostrar que vive con la frente erguida, visiblemente desalineado, envuelto en medio de la compacta multitud, moviéndose de forma errónea, con gestos desordenados y petulantes, con aire afectado de suficiencia, imponiéndose con estudiada arrogancia, inculcando ser el único hombre en este país, después de que el conde de Motta Maia -que es el primer estadista de América del Sur, como está escrito en su biografía a punto de llegar de Europa-. Era tal su agitación, que se lo vio en el salón del buffet, arrastrando violentamente de la mano al barón Drummond como si lo llevara para ver a algún animal raro en el Jardín Zoológico. Aquel estado de perturbación, parecía derivado de la inquietud que le producía la maravilla que lo rodeaba"31.

Joven en aquella época, Max Fleiuss hace más ligera su pluma para describir aquello que denominó un verdadero despropósito. Las cuatro mil personas ahí reunidas en aquel evento social: "figuras nunca vistas en ese círculo y mal acomodadas con abrigos prestados". Para Fleiuss el retraso del baile en función del fallecimiento de don Luis I, rey de Portugal, fue el principal motivo para justificar el gran número de invitados. En los 20 días entre la fecha inicialmente prevista (el 19 de octubre) y la nueva fecha, se incrementaron las solicitudes de invitación, que la secretaría de Ouro Preto en búsqueda de obtener apoyo político, distribuyó de manera abundante.

Además de la aglomeración de la gente, el comportamiento de los invitados fue el blanco de las críticas de Fleiuss.

"Fue quizá en el baile de la Isla Fiscal, que nació a la par que ser servían los manjares, habiendo incluso quienes sobornaron al mesero para obtener buena cantidad de platos. Yo en particular he tenido oportunidad de observar escenas ridículas [...] Una de ellos era un oficial de la briosa alzando con las manos enguantadas diversos bocadillos"32.

Rodrigo Otávio Langaard de Meneses, magistrado y escritor, escribió en su libro de memorias los recuerdos que guardó del emperador D. Pedro II. En un determinado pasaje comenta, el inmortal fundador de la silla número 35 de la Academia Brasilera de Letras, fue justamente el baile de la Isla Fiscal, la última vez que vería al monarca. El autor, personaje importa en el marco de la república naciente, describe de manera irónica, que entre los múltiples festejos en honor a los oficiales chilenos hubo una celebración que no estuvo programada: la proclamación de la república. Sobre el evento, recuerda los contratiempos de los invitados en medio del movimiento para poder llegar a la Isla.

"Fue una maravillosa celebración de esplendor, luces, elegancia y debido a las circunstancias se constituyó el último destello de la monarquía. [...] pese a que la elección del lugar no fue del todo acertado debido a la falta de medios de conexión, o mejor dicho por la dificultad del embarque y desembarque en la isla. Quién dispone de una lancha recorre el trayecto fácilmente; sin embargo, para la mayoría de los invitados, el transporte se realizaba en barcos de Niterói, puestos a su servicio por el Gobierno. Los barcos solo transportaban a los invitados al puerto de Pharoux cuando las lanchas estaban llenas, lo que tomaba una cansadora hora de espera. De la Isla igualmente para el embarque y el desembarque el barco partía en las mismas condiciones donde no había ningún dispositivo adecuado para atracar los barcos en el muelle. Este era casi un acto de gimnasia para los señores de abrigo e insignias y las damas de toilettes, vestidas para el baile, en aquel tiempo, ponerse de cuclillas y arrastrar las nalgas con vestidos era algo trágico"33.

Testigo del baile antológico, Rodrigo Octavio comentó su perspicaz observación de este movimiento. Aquellos cortesanos caricaturescos, cargados de galones y los más diversos distintivos, sosteniendo una nobleza falsa, comprada o conquistada para la sobrevivencia por el servilismo, se adjudicaban mayor majestad que la del propio soberano. Las decoraciones traídas por algunos caballeros despertaron la envidia de unos y la burla de otros, especialmente de los republicanos que también se encontraban en medio de aquel mar de gente. Sin embargo, desde su trono, D. Pedro II se presentó de forma sobria e incluso discreta.

"Entonces vi al emperador, rodeado de su familia, ministros, diplomáticos. Mantenía su tamaño imponente, sin embargo este era menos llamativo que aquel círculo de uniformados y engalanados pechos que llevaban grandes cruces, brillantes, la cabeza descubierta, chaqueta negra, ancha, mientras D. Pedro ostentaba apenas en el pecho una preciosa medalla, nobiliaria del cordero Tosão de Ouro. Embellecido en la maravilla y el esplendor de aquella noche de baile, el viejo monarca no tenía idea de que en ese mismo instante, en un pequeño apartamento del Campo de Santana se estaba concertando la caída del Imperio, por lo que los días de su reinado estaban contados"34.

El pueblo, como siempre, se mantuvo distante. Como consuelo, los organizadores contaban con la banda de la policía en traje de gala, quienes entretuvieron a las masas reunidas en la Plaza al frente de la Isla Fiscal35. Por las columnas de la Tribuna Liberal nos enteramos que:

"Las eminencias que están más cerca, se encontraban literalmente cubiertas por la gente del pueblo y muchas familias llevaron gran parte de la noche observando los efectos de las luces, los acordes de las bandas marciales y el movimiento de la gente. No había ninguna casa cerca al local del baile que estuviese desocupada, todas habían sido invadidas por familias; los hoteles, hospitales, los arboles del palacio, la fuente, las escaleras que dan al mar, todo estaba repleto... todo estaba repleto"36.

Todo este lujo desbordante, ese exceso, esa ostentación que el pueblo observaba desde lo alto de los cerros o en las empalizadas del muelle Pharoux, resultan extraños para quien acompaña más de cerca la historia del segundo reinado y conoce el carácter de D. Pedro II, quien fue un personaje singular. Es muy bien sabido, por diversas fuentes de la vida relativamente modesta que llevaba la familia imperial. Dejando de lado algunas excentricidades que tuvieron lugar al inicio de ese largo reinado, cuando D. Pedro era muy joven, es comprensible que un joven de 18 o 20 años de edad, se complaciera con fiestas, bailes y muchachas. Sin embargo, superada rápidamente esta etapa de euforia juvenil disminuyeron las fiestas y bailes, y se dedicó exclusivamente a la ciencia de las mujeres. Durante años vivió el emperador y su familia en una gran sencillez, incluso contrarios a los compromisos sociales -lo que resulta paradójico tratándose de una sociedad cortesana- y así fue durante casi todo su reinado. Un diplomático argentino Vicente Quesada notó esta modestia en el cotidiano de la familia imperial al ver que prácticamente no realizaban fiestas en Petrópolis: "No ofrecía fiestas [el emperador]", observaba Quesada, "a quien su palacio en Petrópolis le parecía más una residencia de un hacendero acomodado que el castillo de un soberano"37. El último baile en el Palacio, antes de las fiestas chilenas, fue en el lejano año de 1852, celebrando la clausura del trabajo de las Cámaras. Se dice que la fiesta fue concurrida y que D. Pedro paso la noche bailando con las cuadrillas contradanzas, danzas escocesas y valses38.

Es aún más extraño que en el epicentro de una sociedad cortesana, el emperador fuese reacio a las fiestas y los compromisos sociales. Prácticamente no iba y cuando lo hacía, su presencia no era prolongada. Los salones y las ceremonias eran espacios y circunstancias que permitían la reafirmación del poder soberano, imprescindibles para la extensión del antiguo régimen sub specie ludens39. Este detalle no ha pasado desapercibido para la historiografía. En su estudio clásico, Wanderley Pinho analiza la relación de la familia imperial con los principales a través de los cuales se socializaba con la corte. A excepción de los primeros años del segundo reinado, muy poco se comentaba sobre las fiestas que la realeza patrocinaba. "En una monarquía el rey y la familia real debe establecer el tono de la vida social, pero podemos decir que Pedro II olvidó ese deber y no le dio ni ton ni son"40.

Entre el período de 1841 (cuando fue el baile en conmemoración de la coronación del emperador) y 1852 (el último baile celebrado en el Palacio cuando O Magnânimo apenas tenía 27 años de edad) el monarca llamó varias veces a las salas del palacio a la sociedad cortesana. "La triste fama de la corte brasileña, como podemos ver, no fue fundada en aquellos primeros años, cuando el propio Pedro II era gran bohemio, siempre dispuesto a bailar o estar de viaje, con la Emperatriz o sin ella", comenta Pinho, después de describir algunos de los principales bailes que se llevaron a cabo en este período. De esta manera se registra la figura del monarca dispuesta a organizar grandes fiestas en la hacienda del barón Muriaé.

"La etiqueta, una restricción ceremoniosa, el temeroso respeto que inspiran los monarcas incluso siendo jóvenes, todo cedía al ritmo de la polca, y fue ahí donde Su Majestad fue a depósito de azúcar para bailar con la futura vizcondesa de Santa Rita. No bastaba esta expansión ya que después de almorzar, a las cuatro de la tarde dando un paseo por el jardín y la huerta, S. M. no se niega a participar de todas las Contradanzas ofrecidas en honor a las damas de la casa.

Era un rey que se hacía ver por el pueblo. Joven de poco más de veinte años, se divertía dejando expandir su juventud.

Nada similar a aquel severo y taciturno Pedro II que después parecía querer mantener a la corte en el dolor y el alivio"41.

El último solemne baile tuvo lugar en el Palacio, como se mencionó, el 31 de agosto de 1852, por motivo de la clausura de las cámaras. Una concurrida fiesta, que mereció diversos comentarios en los principales periódicos de la época durante varias semanas después del evento. "Fue el último destello de esplendor de una corte que de ahí en adelante optó por la sombra al no ser partidaria de las grandes fiestas de exhibición"42.

Lo que siguió después, fue la alienación permanente de la familia imperial en relación con la alta sociedad del imperio. Wanderley Pinho hace una relación de esta relación en el tiempo. Se destaca la abdicación del material de lujo que debe asumir la monarquía en la construcción de su imagen en la sociedad. Su sencillez era la materia prima para la ácida crítica de la oposición y de los caricaturistas del Imperio43, observada sin piedad incluso por algunos extranjeros que frecuentaban el palacio. Prácticamente la única distracción de la familia imperial fueron las obras de teatros amateur que actuaban con algunos invitados seleccionados. En aras de la verdad estos eventos pueden ser más adecuadamente situados dentro de la esfera privada de la familia imperial, y no en el ámbito de los "eventos sociales".

El único acontecimiento de envergadura que se contrapuso a esta vida simple fue el baile de la Isla fiscal.

"El tono predominante de la corte fue el de una melancolía a medias. Y para que no le faltase una paradoja del destino, aquella dinastía que parecía haber roto sus propias relaciones con la danza, exhala de repente la mas pomposa fiesta de su reinado a partir de la cual Pedro II detenta la última semana de su poder"44.

Es ahí que se encuentra el paradójico punto de reflexión. ¿Por qué el emperador, quien pasó casi cuatro décadas alejado de la vida social, permitió a su jefe de gobierno promover una fiesta gastronómica para la glotonería como fue el baile de la Isla Fiscal, sabiendo que un evento así retumbaría de manera negativa en la opinión pública? Aquello no tenía nada que ver con sus costumbres y su perfil. ¿Hubiera sido una maniobra equivocada hacia el viejo monarca resaltar la casa de su dinastía y a partir de ella dar continuidad a su mandato través de su heredera? Mi hipótesis va en un sentido opuesto. El emperador dejó dar el último aleteo al ave, sabiendo todo lo que ocurría a su alrededor sin mostrar resistencia alguna. Apenas se entregó, por así decir de manera indiferente, a la fuerza implacable de los nuevos tiempos. Hizo del baile el grand finale de su reinado y su despedida.

Esto les puede sonar extraño a las mentes más racionales, para quien el poder se traduce en un fin mismo. Sin embargo, creo que para un hombre como D. Pedro, quien en ese momento de su vida operaba bajo otra racionalidad, debería estar más preocupado por su legado a la historia, con las glorias de ser recordado como soberano ilustre, arquitecto de la nación, el amigo de las luces, apegado al hastío del mando. Él sabía ejercer el poder, sin embargo, nadie puede negar su preferencia por las sesiones dominicales en el Instituto Histórico -para debatir "cómo se escribe la historia de Brasil" o "si el estudio y la imitación de los poetas románticos promueven u obstaculizan el desarrollo de la poesía nacional"- que asumir las funciones que le correspondían en la gestión política y administrativa de su imperio. Puede sonar extraño, pero yo opino que a D. Pedro le era ya indiferente el permanecer en el poder. Sin embargo, estrictamente hablando, no hay evidencias que prueben cualquier indicio de este deseo. Fue tal vez por ello que no reaccionó, ni trató de disipar a los militares y civiles republicanos afanosos, en su plan de derribar la estructura imperial. Al contrario, continuó y hasta intensificó sus relaciones con amigos y sabios del exterior, sus colegas del Institut de France, Lesseps, la condesa de Barral, Nioac, viejos amigos que le mantenían informado de los últimos acontecimientos en Europa45.

Por otro lado, debido a su delicada salud, el emperador estuvo cada vez más alejado de los asuntos de Estado con noticias esperanzadoras, para la familia y un grupo de amigos íntimos. A pesar de todo efectivamente hubo ese filtro y la alienación del emperador en relación con la política tiene mucho de libre albedrío. D. Pedro tenía el poder y las herramientas para controlar a los disidentes, pero parece haber optado por no hacerlo. La libertad de prensa tan mencionada, garantiza la circulación de las más feroces críticas contra el régimen y los personajes públicos, encabezando el emperador la lista. Sin embargo, ante todos los intentos de restringir esta libertad, D. Pedro se mostraba siempre intransigente, al considerarla esencial para el régimen. Aunque las noticias hubieran llegado a ser censuradas por sus aliados, intentando que el emperador se aleje de la política cotidiana, él jamás dejó de estar consciente de todo lo que estaba ocurriendo. Político "hábil, habilísimo", dijo Vicente Licínio Cardoso, siempre se mantuvo al tanto del proceso que llevó a la caída del régimen46.

¿Será que la omisión es la mejor actitud que caracteriza la relación de D. Pedro para con la corona y su Estado en esos momentos cruciales de nuestra historia? ¡Yo creo que no! Wanderley Pinho describe con extraña felicidad y "cierta soberbia", que dominó el carácter del emperador y justificó su enajenación. Oliveira Lima sostiene que en la última década de la monarquía, por una evolución natural del Gobierno o por la decepción de conservar a su sucesión o de una dinastía, el emperador acabó por adherirse al radicalismo constitucional. En lugar de enfrentar las dificultades políticas o simplemente evitarlas, cedía; llegando apenas a capitular, al respecto prosigue el historiador:

"D. Pedro II parecía cada día más apegado a su poder imperial que a su realeza científica. Su ejemplar tolerancia llegaba a tal extremo de no maldecir -como monarca que él era- a las repúblicas, comportándose con un objetivismo digno de un espíritu budista, para analizar argumentos desde el punto de vista de los adversarios, porque de lo contrario sería un subjetivismo despótico del pensamiento"47.

El emperador era aficionado de la "ciencia" de ese entonces, sustentada en la observación objetiva, desapasionada, esto no es una simple suposición, sino que es un hecho que está documentado. Tomemos el caso de Benjamin Constant, el mentor intelectual y líder activo del golpe de la república. Después de su ardiente discurso en la Escuela Militar el 23 de octubre delante de los chilenos, arremetiendo contra el régimen, delante del ministro de Guerra, bien podría D. Pedro haber controlado al movimiento en ese momento, simplemente deteniendo a sus líderes. Incluso el Vizconde de Ouro Preto le propuso nombrar a otra persona para la dirección de la Escuela Superior de Guerra, en lugar del Mariscal Miranda Reis, sin embargo el emperador se negó. Ouro Preto comenta el hecho:

"'Imagine lo que dice el emperador', continuó el Vizconde: 'Que, la cosa no va por ahí. Ud. se imagina el resultado de ese consejo? Un lobo no se come a otro lobo. Mire, Benjamin es una excelente criatura, incapaz de generar violencia. Además de eso es muy amigo mio; mande a llamarlo, hable con franqueza y verá que él terminará retomando a su cauce'"48.

Después de consumado el golpe el 17 de noviembre, ya detenido por el nuevo régimen, D. Pedro manda a llamar a su amigo Constant que se despide de él. Bernardina Botelho en elocuente registro escribió sobre el estado de ánimo de su padre:

"El Emperador embarcó hoy para Italia con toda su familia, dijo que reconocía en papá y en el general Deodoro a verdaderos amigos, él partió voluntariamente, porque los militares le hicieron notar que su permanencia podría provocar una guerra civil, por ser él muy estimado por el pueblo. consta/.. que él manifestó el deseo de hablar con papá, sin embargo papá no fue, porque quedaría muy conmovido y no tenía el coraje para hacerlo"49.

No es de extrañarse que en ese contexto, muchos de los mismos defensores de la república no vieran en D. Pedro II un obstáculo para el nuevo régimen, sobre todo por su sencillez y personalidad ilustrada.

VI

Si los salones, bailes, veladas (culturales), juegos de azar y otros entretenimientos promovidos por gente bien de Río, eran excelentes pretextos para la articulación política, la figura de mayor expresión de la nación se mantuvo al margen de ellos, como vimos, con la excepción notable del baile a los chilenos. Lilia Schwarcz, basándose en Wanderley Pinho, afirma acertadamente que en los tiempos de D. Pedro II los salones y los bailes servían de espacios, no únicamente para las prácticas sociales, sino también posibilitaban el debate entre los distintos frentes impulsando las conciliaciones. El barón Cotegipe solía decir "no se hace política sin bocadillos". En todas las provincias y en especial en la corte, los eventos sociales acostumbraban a reunir sin vergüenza a personas de distinta posición política; conservadores y liberales. En esos eventos, las propuestas políticas buscaban el equilibrio, el centro, la conciliación50. Este puede haber sido el propósito del Vizconde de Ouro Preto, al utilizar el baile con la intención de enfriar a la oposición.

"La fiesta parecía más una gran confraternización. Congelados los conflictos, se reunieron en el mismo salón liberales y conservadores; la Corte y sus barones, e incluso el primer teniente de la Marina, José Augusto Vinhaes, quien tendría un papel importante en el golpe que sellaría el destino del Imperio, unos días después"51.

En la conclusión de su obra clásica O teatro de Sombras, José Murilo de Carvalho, basado en las categorías de H. White, plantea la teatralidad de la monarquía brasileña y sostiene que el baile de la Isla Fiscal fue el acto que simbolizó la comedia del fin del imperio. El evento tuvo como objetivo precisamente el apaciguamiento de las relaciones conflictivas en un clima festivo y de conciliación. Varios personajes, rivales en la escena política, en el baile socializaban en un clima amistoso:

"[...] los anfitriones liberales y los conservadores invitados, el rey y su corte; los barones del café ya en parte con la abolición a favor de los grandes préstamos recibidos [...] hasta el mismo primer teniente de la Marina José Augusto Vinhaes, que días más tarde asumiría un rol importante en el golpe militar a cargo del servicio de Correos y Telégrafos"52.

Este acto de confraternización, visto desde otro ángulo, puede ser entendido como expresión crónica de fluidez ideológica, evidente no solo en la práctica del partido, sino que se extiende a todo el universo mental de los hombres y mujeres que atendieron los homenajes organizados para los chilenos. La pluma afilada de Machado de Assis al respecto señala: "No solo fueran los liberales al baile, fueron también los conservadores, y aquí cabe el aforismo de doña Claudia, no es necesario tener las mismas ideas para bailar en la misma cuadrilla". Tal grado de naturalidad confundía a todos, incluso a los actores históricos que la historiografía posteriormente dibujó con nítidos contornos, como los republicanos evidentes o monárquicos. Hemos observado los estrechos vínculos de amistad que mantuvo el emperador con Deodoro y Floriano. La casa de este último, recibía con las puertas abiertas y siempre con la misma generosidad y cariño a Quintino Bocaiuva o a Carlos de Laet, su colega en la Escuela Normal y gran amigo de la familia, a quien Constant también frecuentaba, aunque ardiente defensor de la monarquía, que hizo campaña contra la república después de 188953.

Debió ser difícil para Benjamin Constant manejar tantos conflictos, su amistad con el emperador, su lugar (en la familia y) en la corte. ¿Y si Alcida, su hija mayor, no estaría enferma? Bernardina que anotó en su diario, que ella y sus hermanas no pudieron ir al baile debido a un contratiempo con la enfermedad su hermana. El 5 de noviembre (víspera del baile) Berdardina escribió en su diario: "[...] Alcida expresó hoy su deseo de ir al baile de la Isla Fiscal, lo que nos sorprendió mucho y nos causó alegría al ver que está mejor, pero como falta poco para el día del baile nosotros no iremos, porque no tenemos tiempo para hacernos los vestidos"54.

VII

¿Cómo articular en una sola narrativa con hechos que se entrelazan: las fiestas chilenas y el baile de la Isla Fiscal, la república y los militares, los militares y los chilenos? Los hechos están muy bien establecidos y documentados, difieren únicamente las interpretaciones. En un golpe de especulación lanzamos una interrogante más con el objetivo de pensar en una tesis muy fundamentada en la historiografía. ¿Fue uno de los factores determinantes del golpe de la república el temor de algunos sectores de la sociedad en relación con un posible tercer reinado? En su análisis del baile de la Isla Fiscal, Mary Del Priori apoya esta tesis:

"Pasada la euforia frente del acto [el 13 de Mayo], el miedo se apoderó de aquellos que no querían un reinado de Isabel I y su consorte, el Conde d'Eu. Sin formar parte directa del gobierno, el cónyuge real cumplía con los requisitos previsto en la Constitución para recibir el título de emperador. Y ya estaba seguro que sería un reinado de camarillas y beatos"55.

No hay duda que los críticos del régimen pueden haber utilizado ese argumento como artillería en el campo de la guerra de rumores. Pero no es fácil encontrar evidencia que cualquiera de los actores principales de esta trama, desde Constant hasta el mismo D. Pedro, creyeron realmente en la posibilidad de un tercer reinado teniendo al Conde d'Eu como la eminencia gris del proceso. Esta suposición ganó evidencia empírica bajo la pluma de uno de nuestros más grandes historiadores, José Murilo de Carvalho. En su libro O teatro de sombras (El teatro de las sombras), el Prof. José Murilo se basa en Machado de Assis al destacar un aspecto que evidencia el carácter ficticio de la caída de la monarquía:

"En la isla iluminada como un cuento de hadas se desenvolvía la fiesta más grande del segundo reinado. Tal vez fue la intención de los organizadores sugerir la inauguración del tercer reinado, fantasía concebida por uno de los personajes de Machado de Assis en su ensayo Esaú e Jacó y reproducido en el cuadro de Aurelio Figueiredo. Los símbolos eran perfectos. Se reunía la corte y la élite en una isla iluminada separada de la ciudad, desde donde durante 67 años se gobernaba al país, y se planteaba el renacimiento imperial, al mismo tiempo, los militares se reunían en su club para ultimar los detalles de la preparación para el golpe del 15 de noviembre"56.

Carvalho retoma este argumento en su reciente biografía de D. Pedro II, el baile de la Isla Fiscal es entendido como un golpe de publicidad incitado por Ouro Preto para promover el tercer reinado. Uno de los capítulos de la biografía abarca el baile de la Isla Fiscal. Gran parte de su análisis se basa en el romance Esaú e Jacó, el asistente de Cosme Velho, que narra el evento en el famoso capítulo "Terpsícore". El presidente del Consejo había tramado una gran fiesta en homenaje a los oficiales chilenos, de proporciones nunca antes vistas en la corte. Finalmente, el baile se celebra el 9 de noviembre en la isla fiscal: "El palacio de la isla estaba iluminado con 700 lámparas eléctricas y a la recepción asistieron unos 4.500 invitados. La Isla brillaba con la luz de 10 mil faroles venecianos, motivando al consejero Ayres, narrador de la novela Esaú e Jacó, Machado de Assis, al referirse a ella como un sueño veneciano"57.

Carvalho hace explícita la deuda de su análisis para con la obra de ficción de Machado, retomando la relación de esta con el famoso cuadro pintado por Aurélio de Figueiredo.

"Mientras la familia imperial, el gobierno y la alta sociedad cortesana bailaban al ritmo del vals, en el Club Militar un puñado de conspiradores ultimaban los detalles del asalto al poder. La ironía de la situación inspiró al pintor Aurélio de Figueiredo, hermano de Pedro Américo, a pintar en 1905 el cuadro O último baile da monarquia. En primer plano, Figueiredo destaca a la familia imperial y de los políticos. En la parte superior derecha el sueño del tercer reinado representado por la coronación de Isabel I. A la izquierda, la marcha de la historia figurada en el episodio de la proclamación de la República. El pintor puede haberse inspirado también en el capítulo ya citado de Esaú e Jacó, novela de 1904, en la que Natividade, madre de los gemelos, Pedro y Paulo, pensando en el baile, sueña con el hijo monarca. Pedro, inaugurando el siglo XX y el tercer reinado como ministro. Para el sueño de Natividade, Figueiredo comparó otro sueño de Paulo Republicano"58.

La relación entre el cuadro de Figueiredo y la novela de Machado ya había sido brillantemente analizada por Alexandre Eulálio. Acerca de "Terpsícore" -la diosa de la danza en la mitología griega, representada con una lira en las manos, con lo que Machado bautizó el capítulo referente al baile- observa Eulálio que la prosa de Machado está en las antípodas del relato natural de Coelho Netto59. Para pintar el cuadro del acontecimiento en el escenario idílico de la Isla, Machado de Assis no "rememora", sin embargo, imagina cómo cada uno de sus personajes lo había vivido. La crítica que Eulalio hace del cuadro de Aurélio de Figueiredo se basa en que este crea un ambiente particular: "de su cuadro conocido como O último baile do império, pero que el propio autor lo tituló: A ilusão do terceiro reinado"60. De acuerdo con Figueiredo, autores importantes de nuestra historia, como J. M. de Carvalho, fundamentan sus interpretaciones del episodio en la suposición de una expectativa popular de un tercer reinado, basados en la producción ficticia de Machado. Sin embargo con Eulalio, es importante reforzar el carácter de narrativa de ficción de Machado.

"El autor se satisface en esbozar el ambiente con cuatro o cinco pinceladas: pinceladas de maestro, absolutamente cierto. Habla de las 'horas' suntuosas que serían recordadas por todos los presentes. Evoca, en una línea, la sensación de irrealidad que provocaba 'aquella cesta de luces en medio de la tranquila oscuridad del mar', y sintetiza, en otras tres, el flotar de Flora en medio del remolino mágico"61.

El suntuoso aparato es construido por Machado para acentuar el carácter idílico de irrealidad de la representación del baile, tal como evocado sentido y esperado por sus personajes. No existe ahí una presentación figurada, "las extrañas líneas de la sugestión del ambiente" presentes no son más que "trazos concisos que apenas procuran inculcar el ambiente festivo de esa isla encantada, que un instante se iluminó como un lugar falsamente mágico"62. El problema que Eulálio ve en Figueiredo es al pintar esa única línea para crear el ambiente en su cuadro:

"[...] Machado debe haber hablado con la profundidad de un artista plástico, provocando en él una mezcla de contradictorias emociones. Habiendo participado en el baile, deseó convertirlo en el tema central de una composición ambiciosa que tuviese al mismo tiempo el carácter documental del 'evento presenciado' y la grandiosidad del género histórico [...]63.

Para alcanzar su propósito, Aurélio de Figueiredo proyectó a partir de la ficción de Machado sus propias intenciones en la figura de la princesa Isabel que aparece en la novela como uno de los personajes que asistieron al baile como la futura emperatriz de Brasil. Buscando valorar la enajenación de una élite que "bailaba en la cima del volcán"64, como se señaló en su época, el pintor alternó el carácter a veces paródico y a veces nostálgico de las "visiones" que los actores de Esaú e Jacó albergaban, en la escena del baile de Machado, transformándolas en la pantalla con enfoques alegóricos explícitos. Sin embargo, se debe tener en cuenta que Machado es el mayor maestro en el uso mismo de la "ironía", basta con recordar el argumento que colocó en los gemelos en el vientre de la Natividad; Pedro el monárquico y Paulo el republicano, ambos peleando a puntapiés ya desde el vientre de la madre, en el emblemático año de 1871, cuando tuvo lugar la edición de la Ley del Vientre Libre.

En el contenido idílico de la narración de Machado se reconoce la expresión de una percepción interiorizada, casi introspectiva cómo sus personajes experimentan en el evento, indiscutible cuando pensamos en la ambientación del escenario de la fiesta. "La novedad de la fiesta, la cercanía al mar, los barcos perdidos en la sombra, la ciudad al frente con sus lámparas de gas abajo y encima, en la playa y las colinas. Ahí están los aspectos nuevos que encantaron a [Flora] durante aquellas fugaces horas". Lo mismo en relación el futuro reinado de la princesa Isabel:

"No le faltaban pares, ni conversación, ni alegría ajena y propia. Ella compartía toda la felicidad de los otros. Veía, oía, sonreía y se olvidaba del resto para adentrarse consigo misma. También envidiaba a la Princesa imperial, que vendría a ser Emperatriz un día, con poder absoluto para destituir a los ministros y damas, visitantes y pretendientes y quedar sola en el más recóndito Palacio"65.

Por lo tanto, no será vano recordar que ambas obras -tanto Esaú y Jacob, 1904, como A ilusão do terceiro reinado de Aurelio de Figueiredo, estrenada en el Teatro de La Paz en Belém do Pará en 1907- son proyecciones retrospectivas y rememoraciones creativas del acontecimiento. Cuando Machado "describe" las escenas del baile, la intuición de sus personajes y cuando Figueiredo representa la marcha de la república por sobre las cabezas de los invitados a puertas del palacio, ambos ya sabían que el desenlace de esta historia se traduciría en la República, proclamada seis días después del baile. Estas son proyecciones teleológicas del desenvolvimiento de los hechos producidos literalmente post festum. La república entera ya sabía que el tercer reinado nunca sería más que una ilusión.

NOTAS

1 Publicado el 06/10/1889. Raul Pompéia, Obras, Río de Janeiro, Civilização Brasileira, 1981-1983, v.7, 167-8.         [ Links ]

2Sobre la articulación entre los acontecimientos y las estructuras de la narración histórica, véase Jurandir Malerba, Ensaios. Teoria, História & Ciências Sociais, Londrina, Eduel, 2011.         [ Links ]

3Véase José Custódio de Mello, Vinte e um meses ao redor do planeta: descrição da viagem de circunavegação do cruzador "Almirante Barroso", Rio de Janeiro, Cunha e Irmão, 1896.         [ Links ] Alfredo Valladão, Brasil e Chile na época do império: amizade sem exemplo, Rio de Janeiro, José Olympio, 1959.         [ Links ] También los concisos análisis de Lúcia Guimarães, "Baile da ilha fiscal", Ronaldo Vainfas (Org.), Dicionário do Brasil Imperial, Rio de Janeiro, Objetiva, 2002, 70.         [ Links ]

4Realizado el 5 de noviembre, este evento fue organizado por el nieto del emperador, el príncipe D. Pedro. El reducido número de invitados -apenas 50- indica lo exclusivo que fue este banquete. Véase Alfredo Valladão, Brasil e Chile na época do império: amizade sem exemplo, Rio de Janeiro, José Olympio, 1959, 238.         [ Links ] Pedro Calmon también menciona esta fiesta. Para este autor, a pesar de que ese evento pudo haber significado el ingreso del príncipe al círculo imperial, al mismo tiempo fue su despedida. Mary Del Priori toma demasiado en serio la idea del tercer reinado, abortado por el nacimiento de la república, bajo el cetro del primogénito de la princesa Leopoldina, hermana menor de la princesa Isabel -quien tuvo problemas para traer al mundo a un sucesor- y su esposo, Luis Augusto Eudes María de Sajonia -Coburgo- Gotha. Cf: Mary Del Priori, O Príncipe Maldito - Traição e Loucura na Família Imperial, Rio de Janeiro, Objetiva, 2007;         [ Links ] y Pedro Calmon, História da D. Pedro II, Rio de Janeiro, José Olympio, 1975, 1975, v.4, 1559.         [ Links ]

5Que generó un número especial de la revista del IHGB, Brasil-Chile, Cf. Revista do Instituto Histórico e Geográfico Brasileiro, Tomo especial, Brasil-Chile, Rio de Janeiro, 1889.         [ Links ]

6Pompéia, op. cit., v.7:167-8

7Publicado el 24/11/1989. Ibid., 205.

8Heitor Lyra, História de Dom Pedro II, 1825-1891, São Paulo, Companhia Editora Nacional, 1940, V. 3 (Decadencia, 1880-1891), 203.         [ Links ]

9Joaquim Nabuco, Balmaceda, Rio de Janeiro, Leuzinger, 1895. Disponible en la red: http://digitalizacao.fundaj.gov.br/fundaj2/modules/visualizador/i/ult_frame.php?cod=258        [ Links ]

10Gazeta de Noticias, 14/10/1889. Todos los artículos de prensa mencionados aquí están reunidos en "Colección Fiestas Chilenas", del Archivo Nacional de Río de Janeiro.

11Hay versiones contradictorias en la historiografía brasileña sobre el papel desempeñado por el ejército. Según uno de ellos, el propio emperador D. Pedro I fue quien, por temor a un golpe de Estado, prefiere desgastar las relaciones con los militares y armar a los ciudadanos. Una versión diferente sostiene que, en realidad, la Guardia Nacional había sustituido a las antiguas milicias, una organización típica del Antiguo Régimen, en que el rigor de la jerarquía militar no existía, sino que reproducía las redes clientelares. El ejército tendría muy poca importancia en este momento. Incluso en los países desarrollados, a lo largo del siglo XIX las fuerzas armadas estaban compuestas en gran parte por mercenarios (de los que D. Pedro I hizo uso durante su reinado). Acerca de la Guardia Nacional, véase Luiz Alberto Moniz Bandeira, O Feudo, São Paulo, Civilização Brasileira, 2000;         [ Links ] Jeanne Berrance de Castro, A Milícia Cidadã: A Guarda Nacional de 1831 a 1850, São Paulo, Companhia Editora Nacional, 1977;         [ Links ] Antônio Edmílson Martins Rodrigues, Francisco José Calazans Falcon y Margarida de Souza Neves, A Guarda Nacional no Rio de Janeiro 1831-1918. Estudo das características histórico-sociais das instituições policiais brasileiras, militares e paramilitares, de suas origens até 1930, Rio de Janeiro, Pontifícia Universidade Católica do Rio de Janeiro (PUC-Rio), 1981.         [ Links ]

12Acerca del Ejército y la cuestión militar, véase Celso Castro, Os Militares e a República, Río de Janeiro, Editora Zahar, 1995;         [ Links ] John Schultz, O Exército na Política, São Paulo, Edusp, 1997;         [ Links ] Wilma Peres Costa, A espada de Dâmocles: o exército, a Guerra do Paraguai e a crise do Império, Campinas, Hucitec, 1996;         [ Links ] Francisco Doratioto, General Osório, São Paulo, Companhia das Letras, 2008;         [ Links ] Renato Lemos, Benjamin Constant: vida e história, Rio de Janeiro, Topbooks, 1999;         [ Links ] Lídia Besouchet, Pedro II e o século XIX, Río de Janeiro, Nova Fronteira, 1999, 433-462.         [ Links ]

13Véase Lilia Schwarcz, As barbas do Imperador. D. Pedro II, um monarca nos trópicos, São Paulo, Companhia das Letras, 1998.         [ Links ]

14Bernardina Botelho de Magalhães, O diário de Bernardina: da monarquia à república pela mão da filha de Benjamin Constant, Organização, introdução e notas, Celso Castro e Renato Lemos, Rio de Janeiro, Jorge Zahar, 2009, 64.         [ Links ] Sobre el célebre discurso de Constant, véase el análisis de José Murilo de Carvalho, D. Pedro II, São Paulo, Companhia das Letras, 2007, 212.         [ Links ]

15Cf. Luiz Toledo Machado, Formação do Brasil e unidade nacional, São Paulo, IBRASA, 1980, 138.         [ Links ]

16Tobias Monteiro, Pesquisas e depoimentos para a história, Rio de Janeiro, Francisco Alves e Cia, 1913, 227-8.         [ Links ]

17Quintino Bocaiúva ha utilizado el mismo malicioso juego de palabras en su artículo en El País, el 11 de octubre, "Viva a República... do Chile".         [ Links ] Cf. Botelho de Magalhães, op. cit. 64; Mary Del Priori, "Entre 'doidos' e 'bestializados': o baile da Ilha Fiscal", Revista USP 58:35, São Paulo, junho/agosto 2003;         [ Links ] José Murilo de Carvalho, Os bestializados. O Rio de Janeiro e a República que não foi, São Paulo, Companhia das Letras, 1987;         [ Links ] Calmon, op. cit., 4:1540. Sérgio Buarque de Holanda, "O fim do regime", Do Império a República, São Paulo, Difel, 1977, 359. (História geral da civilização brasileira. Tomo 2, Vol. 5).         [ Links ]

18Heitor Lyra, História de Dom Pedro II. 1825-1891, São Paulo, Companhia Editora Nacional, 1940, 3:167 (Declínio, 1880-1891).         [ Links ]

19Ronaldo Pereira de Jesus, Visões da monarquia. Escravos, Operários e Abolicionismo na Corte, Belo Horizonte, Argumentum, 2009.         [ Links ]

20Lilia Schwarcz asegura que "[...] circulaban rumores de que las Fuerzas Armadas habían sido intencionalmente excluidas de la lista de invitados". Cf. Schwarcz, op- cit., 455.

21Monteiro, op. cit., 223-224.

22Botelho de Magalhães, O diário de Bernardina, 78.         [ Links ]

23Max Fleiuss, Recordando.., Rio de Janeiro, Imprensa Nacional, 1941, 112.         [ Links ]

24 Coelho Netto, Fogo fatuo, Porto, Chardron de Lello & Irmãos, 1929, passim.         [ Links ]

25Francisco M. dos Santos, "As duas últimas festas da monarquia. Bodas de prata de Suas Altezas Imperiais a 15 de Outubro de 1889. Baile da Ilha Fiscal, a 9 de Novembro de 1889", Anuário do Museu Imperial, Petrópolis, 1941, v. 2, 50-90. Cita en la página 76.         [ Links ]

26Gazeta de Notícias, de 9/11/1889.         [ Links ]

27Otavia de Castro Correa. "O baile da Ilha Fiscal", Rio de Janeiro, Anais do Museu Histórico Nacional II, 1943 253-268.         [ Links ]

28"[...] papa1 foi ao Clube Militar". Botelho de Magalhães, op cit., 80.

29Tribuna Liberal de 9/11/1889. Es probable que el diario haya sido publicado los días siguientes con fecha 9, considerando el relato en pasado.

30Correio do Povo, 10/11/1889.

31Idem. Al comentar sobre las prácticas sociales que circularon en los bailes, Lilia Schwarcz, citando a Martins Pena, destaca la clara diferencia que existía entre la empresa de corte brasileño y cualquier ambiente europeo que pretendía imitar: "Las reglas de los bailes, mal interiorizados, llevaron a confusiones y revelaron como el teatro a menudo apenas se acercaba a la vida cotidiana. En un sertanejo na corte, Tobías saca a Inés a bailar y cuando ella se propone un 'galope', el pobre hacendero responde: 'Oh, oh, oh ...! Esto es bueno!'. Entonces mi caballo también sabe bailar, por lo que puede llegar a esta cosa". Schwarcz, op. cit., 115-116.

32Briosa era el apodo de la Guardia Nacional. Fleiuss, op. cit., 109-112.

33Rodrigo Octávio, Minhas memórias dos outros, Rio de Janeiro, Civilização Brasileira, 1978, 33.         [ Links ]

34Ibid., 33-34. También De Castro Correa, op. cit., 258.

35Schwarcz, op. cit., 455.

36Relato en la Tribuna Liberal de 9/11/1889.

37Cf. Heitor Lyra, op. cit., v. 3, 92.

38Schwarcz, op. cit., 114-5.

39Arno Mayer demostró la fuerte persistencia de una visón de mundo arcaica entre las élites europeas, que se extendió hasta la Primera Guerra Mundial, no como un elemento frágil y decadente, sino más como "la propia esencia de las sociedades civiles y políticas europeas": "Las clases gobernantes en las que el elemento feudal era evidente, eran todas nobiliárquicas. Su concepción del mundo estaba en consonancia con una sociedad autoritaria y jerárquica en vez de liberal y democrático". Y la corte Bragantina era y se veía a sí misma como una corte europea en el trópico. Cf. Arno Mayer, A força da tradição. A persistência do Antigo Regime (1814- 1914), Trad. Denise Bottmann, São Paulo, Companhia das Letras, 1987, 15-24;         [ Links ] Norbert Elias, A sociedade de corte, Trad. Ana Maria Alves, Lisboa, Stampa, 1987;         [ Links ] Joahn Huizinga, Homo ludens: o jogo como elemento da cultura, Trad. João Paulo Monteiro, São Paulo, Perspectiva, 1990;         [ Links ] Georges Balandier, O poder em cena, Trad. Luiz Tupy Caldas de Moura, Brasília, Editora UnB, 1982;         [ Links ] Iara Liz Carvalho Souza, Pátria coroada. O Brasil como corpo político autónomo (1780-1831), São Paulo, Editora da Unesp, 1999;         [ Links ] Jeffrey D. Needell, Belle Epoque Tropical, São Paulo, Companhia das Letras, 1993;         [ Links ] Schwarcz, op. cit.; Jurandir Malerba, A corte no exílio. Civilização e poder no Brasil às vésperas da independencia, São Paulo, Companhia das Letras, 2000.         [ Links ]

40En un pasaje de la obra Wanderley (Capítulo VI, "Os paços imperiais - São Cristóvão e Petrópolis") en el que se realizan una serie de comentarios acerca del baile de la Isla Fiscal. Cf. Wanderley Pinho, Salões e damas do segundo reinado, São Paulo, Martins, 1942, 109-123.         [ Links ]

41Cf. Pinho, op. cit, 116.

42Idem.

43D. Pedro fue "víctima" de los mejores caricaturistas del imperio. Cf.: Herman Lima, História da caricatura no Brasil, Rio de Janeiro, José Olympio, 1963;         [ Links ] Luiz Guilherme Sodré Teixeira, O traço como texto: a história da charge no Rio de Janeiro de 1860 a 1930, Rio de Janeiro, Fundação Casa de Rui Barbosa, 2001;         [ Links ] Elias Thomé Saliba, Raízes do riso: a representação humorística na história brasileira, São Paulo, Companhia das Letras, 2002.         [ Links ]

44Pinho, op. cit., 122.

45Lídia Besouchet, Pedro II e o século XIX, Río de Janeiro, Nova Fronteira, 1999, 466.         [ Links ]

46Cf. Vicente Licínio Cardoso (org.), A Margem da História da República, Río de Janeiro, Edição do Anuário do Brasil, 1924;         [ Links ] José Murilo de Carvalho, "Introdução", Oliveira Viana, O ocaso do Império, Río de Janeiro, Academia Brasileira de Letras, 2006, 1x-xx11;         [ Links ] Besouchet, op. cit., 508.

47Besouchet, op. cit, 510.

48Monteiro, op. cit., 229.

49Botelho de Magalhães, op. cit., 87. El destacado es nuestro.

50No por casualidad fue bautizado el período del mandato de Honório Hermeto Carneiro Leão, marqués de Paraná, entre 1853 y 1858, como la Conciliación, en ese contexto significó propiamente un acierto programático de ideas. Los partidos Conservador y Liberal continuaron existiendo. Sin un programa diseñado, la conciliación fue más un acercamiento de los hombres que de sus principios. Véase Jurandir Malerba, O Brasil imperial. Panorama da história do Brasil no século XIX, Maringá, Eduem, 1999.         [ Links ]

51Cf. Schwarcz, op. cit., 455.

52José Murilo de Carvalho, A construção da ordem: a elite da política imperial; Teatro de sombras: a política imperial, Rio de Janeiro, Editora UFRJ, 1996, 420-7. Cita en la página 422.         [ Links ]

53Sobre Carlos de Laet, cf. Antônio J. Chediak, Carlos de Laet, o polemista — Primeira série, São Paulo, Ed. Anchieta, 1942;         [ Links ] Carlos de Laet, o polemista - Segunda série, Río de Janeiro, Ed. Zelio Valverde, 1943;         [ Links ] No centenário de Carlos de Laet, número especial da revista Verbvm, da Universidade Católica do Río de Janeiro, tomo IV, fasc. 4, dezembro de 1947.         [ Links ] También Francisco Leme Lopes, "Introdução", Carlos de Laet - Textos Escolhidos, Rio de Janeiro, Agir, 1964;         [ Links ] y Armando Alexandre dos Santos, "O terrível Carlos de Laet", A porto-riquenha dentuça e horrorosa, Piracicaba (SP), 2010, 63-67.         [ Links ]

54Botelho de Magalhães, op. cit., 77.

55Mary Del Priori. "Entre 'doidos' e 'bestializados'",         [ Links ] op. cit., 3.

56José Murilo de Carvalho, A construção da ordem: a elite da política imperial; Teatro de sombras: a política imperial, Rio de Janeiro, Editora UFRJ, 1996, 23.         [ Links ]

57José Murilo de Carvalho, D. Pedro II, São Paulo, Companhia das Letras, 2007, 212-213.         [ Links ]

58Ibid., 213-214.

59Es bien conocida la crítica de Machado a la estética naturista: "'Volteemos la mirada a la realidad, pero excluyamos el Realismo... ' O sea, la literatura busca la realidad, interpreta y enuncia verdades sobre la sociedad, sin que para ello deba ser la transparencia o el espejo de la 'materia' social que representa y sobre la cual interfiere". Véase Sidney Chalhoub, "História e forma literária" In: Machado de Assis, historiador, São Paulo, Companhia das Letras, 2003, 91-93.         [ Links ]

60Alexandre Eulálio, "De um capítulo do Esaú e Jacó ao painel d'O último baile. Literatura e pintura no Brasil: simpatias, diferenças, interações. Um caso-tipo - Aurélio de Figueiredo e Machado de Assis", Discurso 14, São Paulo, 1983, 185 y ss.         [ Links ]

61Ibid., 185.

62Ibid., 187.

63Ibid., 187.

64Maria Consuelo Cunha Campos, "Dançando sobre um vulcão. O Baile, o fim de festa. Santa Maria", Letras, 1993, 109-114.         [ Links ]

65Machado de Assis, op. cit., passim. El destacado es nuestro.


Fecha de recepción: junio de 2013.
Fecha de aceptación: noviembre de 2013.

Creative Commons License Todo el contenido de esta revista, excepto dónde está identificado, está bajo una Licencia Creative Commons