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Historia (Santiago)

versión On-line ISSN 0717-7194

Historia (Santiago) vol.48 no.1 Santiago jun. 2015

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-71942015000100007 

ARTÍCULOS

 

DE LO NATURAL Y LO NACIONAL. REPRESENTACIONES DE LA NATURALEZA EXPLOTABLE EN LA EXPOSICIÓN INTERNACIONAL DE CHILE DE 18751

 

JUAN DAVID MURILLO SANDOVAL*

* Candidato a doctor en Historia de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Becario CONICYT-PCHA, doctorado nacional, 2013-63130178. Correo electrónico: jdmurillo@uc.cl


Resumen

Este trabajo analiza el papel de la naturaleza explotable en la Exposición Internacional de Chile de 1875. Con base en documentación producida en el marco del diseño y desarrollo de este evento como: cartas, catálogos, periódicos y crónicas de visitantes; se examina, en primer lugar, la forma en que la naturaleza explotable del país, ligada al mundo agrícola y minero, fue representada en este evento. Se busca establecer con base en qué objetivos o modelos fue exhibida y, asimismo, examinar cómo la forma de representar esta naturaleza pudo implicar su desnaturalización, al presentarla estrictamente racional y tendientemente artificial. En segundo lugar, se analiza cómo partes del conjunto natural expuesto pudieron ser apropiadas, al menos de forma provisional, al interior de un criterio nacional, esto para el caso chileno. Sobre este último punto, se atenderán problemas como el de la dimensión agrícola del país, el de la centralización del conocimiento natural y la construcción y contraposición de "naturalezas nacionales" durante la Exposición.

Palabras claves: Chile, siglo XIX, exposición internacional, naturaleza explotable, representaciones, agricultura, imaginario nacional.


Abstract

This article analyzes the role of exploitable nature in the International Exhibition held in Chile in 1875. Based on documentation from the organization and development of the even such as letters, catalogs, newspapers and visitor reports the article examines first, the ways in which the countries' exploitable nature related to agriculture and mining was represented in this event. This paper looks to examine the base upon which objectives and models were exhibited, and at the same time examines how the representation of this nature could imply its denaturalization, by strictly presenting it as rational and almost artificial. Second the article analyzes how some parts of nature represented in the exhibition could have been appropriated, at least provisionally, within national criteria in the Chilean case. In relation to the aforementioned, the article focuses on problems such as the agricultural dimension of the country, the centralization of knowledge about nature and the construction and contrast of "national natures" during the Exhibition.

Key Words: Chile, nineteenth century, international exhibition, exploitable nature, representations, agriculture, national imaginary,


 

La naturaleza lo ha preparado todo admirablemente;
al jénio del hombre toca decirle: levántate i anda
2.

 

Presentación

Este trabajo pretende analizar el papel de la naturaleza explotable en la Exposición Internacional de Chile de 1875. Sobre la base de distinta documentación relativa a la preparación y desarrollo de este evento, como cartas, invitaciones, catálogos de productos y crónicas de visitantes, se examina la forma en que esta naturaleza fue representada, mediante qué objetivos o modelos específicos fue dispuesta, y qué implicaciones tuvo para el conjunto natural su puesta en escena. De igual forma, se estudia cómo la naturaleza, o partes de ella, pudieron ser apropiadas -al menos provisionalmente- al interior de un criterio nacional, esto para el caso chileno. Una preocupación por la relación existente entre las formas de representar el mundo natural y la construcción de imágenes nacionales, en un contexto de exhibición internacional, permea, así todo este artículo.

Para dar cuenta de estas cuestiones, se parte de dos ideas fundamentales frente a las exposiciones universales del siglo XIX: la primera, consiste en entender estos eventos como parte de un patrón mundial de despliegue de una idea de modernidad y progreso, atravesada por el consumo, el exotismo y el imperialismo. La segunda de ellas alude que, para el caso de los países latinoamericanos, estos momentos sirvieron como plataforma para su publicitación como Estados ordenados y civilizados, y, también, como espacios fuentes de materias primas, de recursos para la industria global. Se asume aquí, que estas dos ideas condicionaron en buena medida las formas en que la naturaleza podía ser representada en dichas manifestaciones.

Advertidos los criterios de ruta, un comentario sobre la elección del evento latinoamericano como caso de estudio resulta necesaria. En primer lugar, creemos que, en contraste con la masiva producción académica dedicada a los ciclos de exhibiciones europeas y estadounidenses celebradas entre mediados del siglo XIX y comienzos del siglo XX, es poco lo que se ha escrito respecto de aquellas exposiciones que tuvieron lugar en ciudades ajenas a las experiencias de modernidad, cosmopolitismo e industrialización que se podían palpar en los centros del poder mundial3. Las exposiciones internacionales realizadas en Lima (1872), Santiago (1875) y Buenos Aires (1882), las únicas de su tipo antes de la época del centenario, han tenido, por ejemplo, una atención muy reducida4.

Como exhibiciones periféricas, es evidente que el grado de notabilidad e impacto internacional, así como de inversión y participación en estas, fue mucho menor que en sus contrapartes londinenses o parisinas, no obstante, cualquier acercamiento a las huellas documentales que su paso dejó revela un set de características compartidas, que bien pueden situarlas en un nivel analítico equivalente. Estas características van desde los distintos grupos sociales involucrados en su puesta en marcha -élites políticas, económicas, sociedades científicas-, pasando por los objetivos trazados en cada una, hasta las formas de exhibir objetos y legar transformaciones de orden urbanístico, comercial o científico5.

Todas las ferias y exhibiciones, fueran europeas o latinoamericanas, compartieron una serie de atributos que permitirían analizarlas no como ruedas sueltas sino como parte integrante de un mismo movimiento y, asimismo, como espacios de conexiones transnacionales, económicas, intelectuales, científicas, que permitieron efectuar recambios de productos, saberes y materiales de trabajo. Una de las razones del desequilibrio entre el estudio de las exhibiciones latinoamericanas y las europeas o estadounidenses, parece depositarse en el empeño de los historiadores por analizar cómo las naciones son imaginadas y recreadas en función de la mirada extranjera: ¿cómo representar la nación?, ¿cómo caracterizarla? O ¿con qué bien, imagen, producto o espacio asociarla? Preguntas que revelan el interés por conocer las formas en que los países buscaron representarse y por rastrear, además, la necesidad de fijar opiniones favorables en los espacios de opinión europeos y estadounidenses, de atraer reconocimiento e inversión.

De esta forma, iconografías, restos arqueológicos, obras artísticas y hasta grupos humanos expuestos in situ, han sido objetos de múltiples acercamientos, todos en general interesados en las maneras en que las naciones latinoamericanas buscaron publicitarse ante el mundo6. Mucho menos, en cambio, ha sido analizado cómo se tornaron estas iniciativas cuando fueron desarrolladas en suelo propio y esperando una audiencia tanto local como foránea, esta última, al menos, representada en las delegaciones extranjeras. En otras palabras, hoy sabemos más sobre cómo las grandes exposiciones sirvieron para exhibir y fijar auto-imágenes de la nación, que sobre cómo en las exposiciones locales esta imagen pudo haberse empezado a construir y socializar con el público usuario de una tentativa identidad nacional: el chileno, el peruano, el argentino.

En segundo lugar, y para retomar nuestro foco de análisis, creemos que la naturaleza de cada país fue una protagonista común en las empresas expositivas llevadas a cabo en ambos lados del Atlántico. Vista como una naturaleza explotable, que se agrupaba generalmente en muestras vegetales, animales o minerales, la naturaleza fue representada de formas múltiples, y pudo asociarse a distintas tradiciones productivas, geografías y grupos sociales de cada particular territorio7. Si bien es claro que la idea de las exposiciones era destacar el artificio -la invención, la mecánica-, las muestras naturales tuvieron un papel privilegiado para aquellos países alejados de la experiencia industrial, y que, antes que innovaciones tecnológicas, podían exhibir su naturaleza en clave de recursos o materias primas necesarias para los centros industrializados8. De este modo, la naturaleza pudo tener un papel notable en la configuración de las imágenes nacionales, tanto intra como extrapatria a través de estos certámenes.

Debemos tener en cuenta, sin embargo, que recurrir a la naturaleza no implicaba un ejercicio frivolo para los países latinoamericanos, sino la afirmación de una tradición científica y cultural que les era común y que ayudaba a expresar la idea que tenían de sí mismos frente a la realidad del capitalismo mundial. Esta tradición se situaba en el estudio de la naturaleza, las ciencias y la botánica, cuyos inicios en el continente se remontaban, entre otros, a las expediciones reales emprendidas bajo la corona española9.

Enriquecida a inicios y mediados del siglo XIX, debido a las necesidades geopolíticas, cartográficas y mercantiles de las nuevas repúblicas, esta experiencia ligada a la recolección, clasificación y representación de la naturaleza de cada país tuvo no obstante un singular cambio en el espacio de las exposiciones: escapaba de bibliotecas, laboratorios, revistas o catálogos para reunirse y representarse públicamente.

Sobre la base de estas reflexiones, este artículo plantea dos hipótesis. La primera, que la representación y publicitación de la naturaleza en las exposiciones latinoamericanas, al responder a intereses de orden comercial e industrial -es decir, de explotación- sirvió para difundir una idea sobre su dominio o apropiación en términos de un imaginario nacional10. Al jalonar el interés económico la confección de inventarios de las riquezas naturales de los países, las exposiciones plantearon un ejercicio pedagógico sobre los "bienes" naturales poseídos y los que no. En este sentido, la Exposición Internacional de Chile de 1875, nuestro caso de estudio, se constituyó en una plataforma para la reunión y socialización pública de aquellos elementos naturales que, entendidos en esta instancia como recursos agrícolas o minerales, podían considerarse representativos del país11.

La segunda hipótesis plantea, por otra parte, que las exposiciones realizadas en este continente son representativas de un momento donde la nación dejó de ser solamente escrita para ser también exhibida. El carácter de estos eventos posibilitaba que el público local complementara sus lecturas, ideas o preconceptos sobre el espacio natural ocupado por el país, al apelar a un nivel mucho más sensible de identificación. En otras palabras, las muestras naturales que fueron reunidas, ordenadas y presentadas, representaban los "frutos" de la nación entera, y en esta clave debían ser sentidas, contempladas y utilizadas por los visitantes.

Para dar cuenta de esta relación entre naturaleza, exhibición y nación, el artículo examina dos asuntos interconectados. Por un lado, las representaciones de la naturaleza dadas durante la Exposición de 1875, donde se analiza cómo lo natural fue comprendido, organizado y expuesto12. Por el otro, se examinan las interacciones nacionales-regionales que posibilitaron la configuración y "apropiación" de una naturaleza chilena. Un hecho que terminó impulsando una serie de imágenes nacionales específicas, contrapuestas a otras en el continente. Antes de adentrarse en ambos asuntos, el artículo revisa los objetivos de la Exposición, sus protagonistas y algunas cuestiones de su organización, que ya dan pistas sobre el carácter tomado por la naturaleza en el evento.

No menos importante es advertir que la elección del caso respondió a tres criterios principales: 1) el sentido de marginalidad geográfica chilena para el mundo occidental, que desde cierto ángulo motivó la realización del evento; 2) el hecho de que fuese un Estado en proceso de ampliación territorial con la ocupación de la Araucanía y 3) la circunstancia que, al ser un evento previo al inicio y desenlace de la Guerra del Pacífico, aún exponía una idea territorial acorde con la experiencia de los comienzos republicanos13.

Organizar la Exposición Internacional de Chile: Institucionalidad, agentes e intereses agrícolas en 1875

En su estudio dedicado a las exposiciones universales, Alexander Geppert ha mostrado cómo, pese a sus obvias diferencias de espacio y tiempo, estos eventos contaron con procesos organizativos similares y rasgos ideológicos compartidos, que permitirían estudiarlas menos como eventos aislados que como partes de una red expositiva mayor14. Una de estas características compartidas hace referencia a los grupos sociales que debido a su accionar o intervención, pueden distinguirse en cada una de las manifestaciones. Geppert lista cinco conjuntos específicos: a) los iniciadores o motivadores; b) los encargados oficiales; c) los participantes activos, foráneos o locales; d) los reseñistas, críticos u observadores y e) las audiencias o visitantes, sean locales, nacionales o internacionales15.

Todos estos grupos pueden reconocerse en la Exposición de Chile de 1875, siendo sus intervenciones centrales para examinar la manera en que esta exhibición pudo integrarse a una red expositiva transnacional, y para observar cómo la naturaleza logró involucrarse en el evento. De manera especial, los tres primeros grupos señalados: iniciadores, encargados y participantes, entregan pistas significativas sobre la articulación internacional de la exposición chilena y el papel que ocupó en ella "lo natural".

Al igual que el resto de certámenes, la Exposición Internacional chilena de 1875 tuvo un carácter oficial. Pensada, planeada y desarrollada por la administración del presidente Federico Errázuriz (1871-1876), la exhibición respondía a intereses varios, como la dinamización de los productos chilenos en los mercados internacionales, pero, sobre todo, a la necesidad de modernización tecnológica de la principal industria nacional: la agrícola, entonces golpeada por la crisis global del sector16. La oportunidad abierta con el evento, sin embargo, también se aprovechó para realizar una puesta en escena del país. Seleccionada como sede la espaciosa Quinta Normal de Agricultura, la organización adecuó este lugar como un parque y decretó en él la construcción de un palacio central (futura sede del Museo Nacional) y un edificio anexo. Como edificios principales, la mayor parte de los productos de los países participantes ocuparon estas edificaciones, incluyendo los chilenos.

Dentro del palacio, y divididas en distintos salones, pisos y patios, se agruparon pinturas y esculturas de distintos artistas chilenos, bibliotecas seleccionadas, muestras pedagógicas de la Escuela de Agricultura, planos en relieve de algunas regiones del país y, por supuesto, las muestras vegetales y minerales. Aunque compartían espacio con productos y trabajos de otras naciones, como Alemania o Venezuela, el palacio se acondicionó especialmente para las muestras del país anfitrión. Rodeaban a este edificio dos grandes departamentos, adecuados para la exhibición de las máquinas, así como una serie de pabellones más pequeños que ocupaban en exclusiva las colecciones de Francia y Bélgica (véase figura 1).

 

Figura 1
Plano de la Quinta Normal de Agricultura con los edificios de la Exposición

Fuente: Correo de la Exposición, N° 1, Santiago, septiembre 16 de 1875, p. 9.

 

Pese a algunas dificultades, la administración Federico Errázuriz demostró un poder ejecutor notable. Las sedes estuvieron listas a tiempo, y un ejercicio de propaganda general en Europa y Estados Unidos fue impulsado desde 1873, a través de los representantes diplomáticos y de invitaciones oficiales. Dos objetivos puntuales eran los del presidente y sus comisionados:

"[...] dar a conocer en el estranjero las manufacturas i productos naturales de nuestro suelo, a fin de crearles nuevos mercados, i el segundo, es que el estranjero, a su turno, nos dé a conocer los adelantos de la industria"17.

Ya puesta en marcha, la exposición buscó balancear ambos objetivos. Por un lado, los salones del palacio resguardaban las colecciones vegetales y minerales y, por el otro, los departamentos adyacentes reunían la diversidad de maquinaria para uso agrícola, minero e industrial en general, junto a otras invenciones y aparatos.

La estrategia publicitaria, valga destacar, también se aplicó al interior del país. Durante el evento, por ejemplo, el Correo de la Exposición, periódico oficial, se encargó de divulgar las noticias más sobresalientes del certamen. Este impreso difundió la programación y los discursos de inauguración y clausura, incluyó reseñas de las exhibiciones de algunos países, insertó imágenes de máquinas y objetos de la sección de bellas artes, y listó los premios entregados. No obstante, desde 1873, la organización había empezado a publicar una seguidilla de boletines que divulgaban su día a día en torno al evento. Formado de correspondencia entre las autoridades del gobierno, este Boletín fue el primer intento de popularizar la exposición en Chile, mostrando la entrega de los funcionarios por llevarla a cabo y, sobre todo, el interés por constituir colecciones realmente representativas de todo el territorio18.

Fue quizá este Boletín el que hizo manifiesto el interés de Federico Errázuriz y su administración por exhibir un gran conjunto de las producciones nacionales, así como por atraer la ciencia y la técnica de otras latitudes como estrategia modernizadora. En las cartas dirigidas a las intendencias, publicadas en el Boletín, el director de la exposición Rafael Larraín resaltaba, por ejemplo, que como el certamen era "nacional", convenía a todos concurrir para asegurarle un "triunfo legítimo" al país. Partiendo del criterio de que las "repúblicas hermanas" los aventajaban en recursos naturales, Rafael Larraín afirmaba:

"[...] mostremos nosotros los prodigios del trabajo i el temple de nuestro carácter nacional, que mas lauros debe a su vigor i constancia, que otros a los dones con que los dotó la pródiga naturaleza"19.

El espíritu de laboriosidad chilena marcaba el tono de una convocatoria que apelaba a la inclusión de las provincias para reforzar la impronta nacional en el escenario exhibicionista. La puesta en escena, que comentábamos antes, pretendía ser total. Ahora bien, esta necesidad de configurar colecciones naturales y alentar la modernización del campo, a través de escenarios de encuentro como las exposiciones, no encuentra en la presidencia de Federico Errázuriz su punto de partida. La experiencia de la Exposición Nacional de Agricultura de 1869, coordinada por Benjamín Vicuña Mackenna y que contó con alguna presencia internacional, se irguió como antecedente sobre el cual la versión de 1875 pudo edificarse.

El carácter de esta primera experiencia sirve para advertir las articulaciones entre las partes interesadas, encargados y participantes, ante todo. El historiador Claudio Robles ha mostrado, por ejemplo, cómo detrás de la organización del evento de 1869 estuvieron en buena medida los "agricultores progresistas" chilenos, es decir, aquellos terratenientes preocupados por impulsar un modelo de Chile rural. Como elite modernizadora, este grupo supo asociarse con círculos intelectuales de incidencia social y política, así como con empresarios del sector minero para propender por sus intereses20. Estos se concentraban, siguiendo a Claudio Robles, en un modelo de modernización oligárquica del campo, donde aspectos como la educación agronómica, el estímulo a la inmigración selectiva, y su misma organización como asociación, eran las metas21.

El papel de estas elites sería mucho más evidente en la Exposición de 1875, donde reagrupados en la Sociedad Nacional de Agricultura (SNA), asociación refundada en el marco del evento de 1869, tuvieron el encargo de conformar su programa, reglamento y comisiones. Dos de sus miembros principales: Rafael Larraín y Domingo Bezanilla, fueron, inclusive, directivos máximos de la Exposición22. A la par de la organización, conviene destacar, la SNA llevó a cabo la realización del primer Congreso Libre de Agricultores Chilenos durante 1875, reunión que supuso la interacción entre los distintos intereses regionales asociados al campo, su explotación y sofisticación23.

Dicho esto, resulta evidente que los intereses modernizadores de la SNA se articularon plenamente a los objetivos de la Exposición Internacional24. Se trataba de mostrar las riquezas naturales, las producciones fabricadas a partir de estas, así como los espacios aún susceptibles de explotación. Sin embargo, se trataba también de atraer firmas e industrias europeas o estadounidenses, y de poder conocer y acceder a sus innovaciones tecnológicas asociadas al mundo agrícola25. Este último aspecto fue notorio en el discurso inaugural del presidente Federico Errázuriz, quien dirigiéndose a las delegaciones de los países industrializados como "iniciadores i maestros", señalaba:

"[...] Venid, que aquí encontrareis un pueblo jeneroso, que los recibe como hermanos, i un ancho campo en que podéis aplicar vuestra industria, protejidos por la paz, por instituciones libres i justicieras, i por una naturaleza benigna i vigorosa que os convida con inagotables riquezas"26.

De cierta forma, la organización de los pabellones tradujo los deseos de Federico Errázuriz y la SNA por publicitar lo propio y atraer lo extranjero. De los cuatro edificios principales, los dos departamentos estuvieron asignados a la tecnología, la llamada Galería de las máquinas y el Pabellón de Rose Innes. Este último pertenecía a la casa comercial del mismo nombre, con sede en Valparaíso, y en él fueron ubicadas distintos tipos de máquinas importadas por la firma, como las máquinas trilladoras, que se ponían a funcionar al interior del pabellón para gusto de los espectadores27 (figura 2).

 

Figura 2
Vista parcial del interior de la galería de Rose Innes y Ca.

Fuente: Correo de la Exposición, N°10, Santiago, diciembre 5 de 1875, p. 148.

 

Ahora bien, los objetivos expuestos por Federico Errázuriz, asociados al inmediatismo comercial e industrial, también se acompañaron de proyectos ligados a la educación agrícola28. Domingo Bezanilla, por ejemplo, afirmaba que atendida la "marcha progresiva del país", la agricultura iba a reclamar muy pronto "la fundación de una gran escuela semejante a la que existen en otros países"29. Según planteaba, lugares del saber ya existentes como el Museo Nacional, debían ser rápidamente ampliados para dar espacio a jardines de plantas, botánicos y zoológicos.

Estos últimos planteamientos, también reflejados en las palabras de Rafael Larraín, permiten empezar a caracterizar la representación de la naturaleza durante la Exposición. Todas las afirmaciones conducen a resaltar un primer rasgo importante: la asociación de la naturaleza a la agricultura. Marcando una clara continuidad con el evento de 1869, la naturaleza que se pretende exhibir es la explotable y, sobre todo, la entendida bajo convenciones y conveniencias casi que estrictamente agrícolas. Las palabras de Domingo Bezanilla proporcionan un segundo aspecto clave: el del inevitable lugar encomendado a la enseñanza y la ciencia, asociada a jardines y escuelas, para la promoción y desarrollo del mundo rural. La agricultura y saber científico, aparecieron así vinculadas de forma estrecha.

Esta asociación, sin embargo, distaba de ser novedosa. Como antes mencionábamos, la ciencia botánica y la práctica taxonómica formaban parte de una tradición de larga data en el continente, tradición, a su vez, inseparable de una idea de provecho económi-co30. En un peculiar trabajo que se interroga por los acervos de conocimiento natural no transferidos a Europa desde América, Londa Schiebinger ha vuelto a evidenciar cómo detrás del ejercicio del botánico, de la invención del régimen taxonómico o la construcción de jardines y centros de investigación, se encontró siempre un principio utilitario. Algunas de las primeras divisiones del mundo vegetal, impuestas en categorías como: alimentación, medicina o economía rural, son ilustrativas de esta relación31.

Una observación al programa general de la Exposición Internacional de 1875, refleja también el estatus cuasipermanente de estos principios. Agrupadas en la primera sección e identificadas bajo el rótulo de materias primas, las muestras naturales figuraron en tres grandes grupos: 1) "Sustancias no elaboradas destinadas a la alimentación"; 2) "Sustancias animales o vegetales usadas en la industria" y 3) "Productos minerales empleados en la industria"32. Esta disposición no implicó la exclusión de los vocabularios taxonómicos, pero sí su concentración en muestras específicas, como las de maderas o plantas medicinales, pues como se infiere de lo dicho por Domingo Bezanilla, si la agricultura reclamaba escuelas y jardines, la botánica se hacía ineludible.

De esta manera, y tal como su precedente de 1869, la Exposición Internacional de 1875 fue asumida como oportunidad académico-científica para afianzar los conocimientos de la naturaleza del país33. Por este hecho, las muestras naturales reunidas requirieron una racionalidad específica para ser bien exhibidas en el contexto del certamen. Racionalidad que buscó uniformar un proceso de recolección que, como planteaba Rafael Larraín, tenía por reto abarcar todo el país. De forma complementaria, los órganos oficiales publicitaron las colecciones de plantas, maderas y minerales, difundiendo la importancia de sus propiedades, y significancia comercial. En otras palabras, y como veremos ahora, la organización de la Exposición planteó una pedagogía de la tierra y sus frutos a través de múltiples canales, previendo que el mayor conocimiento de los recursos naturales propios, se tradujera en su mejor aprovechamiento.

Listada, razonada y exhibida. Conocimiento, dominio y aprovechamiento de la naturaleza explotable

La relación entre exhibición, ciencia y educación se planteó desde los comienzos mismos de la organización. Se entendía que la oportunidad abierta con el certamen solo se traduciría en un afianzamiento económico para el país si era posible avanzar en un conocimiento científico del mismo. Para que las muestras naturales chilenas tuvieran buena recepción, y pudiesen abrirse un mercado en el extranjero, estas precisaban de una presentación que invitara a su mejor comprensión. Este criterio utilitario empezó por excluir de la exhibición chilena algunos elementos que hasta entonces habían acompañado, por ejemplo, la colección del Museo Nacional, como objetos curiosos, rarezas animales o mueblería colonial34. En su circular a las intendencias, Rafael Larraín era enfático en afirmar que las urgencias expositivas no pasaban por reunir gabinetes de curiosidades:

"[...] lo que se quiere no es la exhibición de cosas raras, costosas i excepcionales [...] ni monstruosidades animales i vejetales, ni simples curiosidades minerales sin valor para la ciencia ni la industria. Dése preferencia a aquello que constituye las fuentes principales de la riqueza del departamento [...]"35.

En efecto, presentar una buena muestra implicaba constituir una que diera cuenta de un orden, un saber o una utilidad. Este ideal, valga señalar, no tuvo en el visitante extranjero su único público objetivo. Si bien a este se le buscaba seducir para establecer relaciones económicas, la dimensión educativa abierta con la exhibición de la naturaleza buscó llamar la atención del público visitante chileno, potencial participante de las tareas agrícolas, el mejoramiento de las especies o la inversión en el campo. Esta comunión entre naturaleza y educación pudo palparse especialmente en la "Sección de Instrucción Primaria", donde se destinó un espacio a la Escuela Superior de Agricultura, institución que era regida por la SNA.

Ubicado en uno de los patios adyacentes al palacio, este espacio albergó un "museo agrícola" que se había hecho traer desde Europa para servir a las lecciones desarrolladas en la escuela. Expuesto bajo la dirección de René Le Feuvre, este museo lo conformaron aparatos de laboratorio, dosificadores de licores, granos oleaginosos, piezas para estudios zootécnicos, restos óseos, instrumentos de geodesia, así como colecciones de semillas, plantas y abejas36. Una mirada más cercana a este "museo agrícola" y sus representaciones mecánicas del mundo natural la encontramos en el ingeniero Alejandro Bertrand, uno de los contribuyentes del Correo de la Exposición, quien destacó en su reseña:

"[...] dos estantes de modelos de flores i piezas anatómicas de un gran tamaño, destinadas a facilitar el estudio de la botánica i de la veterinaria. Dichos modelos se componen de un gran número de trozos que pueden separarse i reunirse por medio de bisagras i de ganchos; el alumno puede examinar así cada flor en su conjunto i en sus detalles prolija i simultáneamente; puede seguir en sus diversas fases y palpablemente el misterio de la fecundación de las flores, entreabrir las anteras i ver el polen que cayendo en el estigma debe penetrar en los ovarios para producir la semilla"37.

Más adelante, y en referencia a los modelos del reino animal y la representación de su sistema sanguíneo, el mismo Alejandro Bertrand resaltó:

"Todo esto se puede ver i palpar i el libro no sirve ya al alumno sino para fijar en su memoria el nombre de los objetos que acaba de tocar i desarmar, no ya en una frájil planta sino en un sólido modelo que sus manos no temerán destrozar"38.

De este modo, la mecánica y el mecanismo, como alternativas pedagógicas, parecían complementar la ciencia escrita y experimental, reafirmando de paso su utilidad para el afianzamiento del mundo rural, así como para el renglón de la educación agrícola básica39. Esta particularidad demuestra, al menos en este nivel, que pese a responder a objetivos que buscaban llamar la atención de los ojos foráneos, la representación de la naturaleza también fue pensada para un público local, que a criterio de la organización, debía apropiarse de una serie de conocimientos prácticos sobre la agricultura.

Ya en cuanto la representación en sí misma, la inclusión de estos mecanismos artificiales sirvió de claro complemento a la puesta en escena de las muestras naturales, agrupadas en las divisiones antes señaladas, que fueron dispuestas según orígenes nacionales, regionales y privados, como en el caso de algunas haciendas. Una valoración de la distinción sobre la uniformidad puede notarse en este ordenamiento, que implicó que las muestras naturales no tuvieran un espacio exclusivo de ubicación, sino que se vieran acompañadas de otros objetos. En buena medida, esta razón explica la ausencia de descripciones profusas por parte de visitantes y cronistas, sobre la forma en que plantas, frutos, tallos o semillas fueron exhibidos al público.

Para las piezas minerales, por ejemplo, sabemos que la colección del químico alemán Teodoro Schuchard, fue resguardada en cajones y vidrieras, y allí separada en frascos según su estado material40. Ignacio Domeyko, presidente de la sección de materias primas, también describió algunas colecciones, mencionando la presencia de más de cien armarios que contenían diversas muestras minerales, tanto de Chile como de los países vecinos41. Sobre las muestras vegetales la información es menos precisa. Una revisión de los formularios de admisión muestra que más que la forma de su presentación, a los organizadores les preocupaba el espacio que ocuparían. Por ello, cada potencial participante debió indicar las medidas que su muestra iba a necesitar, todo con el fin de establecer si podía ingresar al palacio o, bien, debía de alojarse en los edificios o patios adjuntos42.

Fuentes adicionales indican, por otro lado, que buena parte de las muestras naturales se agruparon en estanterías, que junto a las vidrieras parecen haber conformado el aparataje expositor, otorgando un aire de almacén a la muestra. La Guía del visitante nos habla de la utilización de estos recursos para las muestras regionales: Llanquihue "en cuatro estantes, muestras de semillas, legumbres, papas y maderas"; Chiloé "en un estante, yerbas medicinales y colorantes"; La Ligua "en dos estantes, yerbas medicinales, semillas y una notable muestra de espárragos"43.

Este tipo de representación se asemejaba, por supuesto, al modelo del museo decimonónico, en la medida que los objetos exhibidos podían resultar rotulados, encapsulados y, en determinados casos, ser profusamente descriptos44. Este último aspecto nos transporta a un asunto clave y ya insinuado, y es que, si bien se carecen de descripciones detalladas, la documentación da cuenta de que la representación de la naturaleza, fuese al interior o por fuera de una vitrina, era complementada por textos que profundizaban en ella, que iban más allá de lo que se podía contemplar45.

Esfuerzos por acompañar las muestras naturales de listados razonados, con información detallada y precisa sobre sus orígenes o características, pueden rastrearse desde los preparativos de la Exposición, resultando vitales para comprender cómo a ojos de la organización chilena la naturaleza debía ser mostrada. Ignacio Domeyko, jefe de la comisión de las materias primas, insistió en sus cartas a las intendencias que las colecciones agrícolas se enviaran siempre

"[...] acompañadas de notas históricas o estadísticas, de planos, i en jeneral, de todos aquellos datos que puedan ayudar al estudio i conocimiento de nuestras producciones en los reinos mineral i vejetal"46.

En el mismo sentido, pero con mayor precisión, René Le Feuvre indicó que para el caso de las muestras del suelo cultivable, los recolectores debían de sustraer tres unidades distintas según una escala de profundidad, para adjuntarles luego un total de catorce datos, como el nombre vulgar de la variedad de tierra (húmeda, fuerte, seca, ligera), la altura del terreno, la exposición cardinal y el cultivo que en ella se realizaba y su rendimiento47.

Iniciativas similares, de dirección en torno a la forma de compilar o describir, se registraron para muestras de minerales, maderas y plantas medicinales. Las dos últimas, por ejemplo, evidenciaron nuevamente la pertinencia del rigor científico para su expresión, al involucrar a las sociedades chilenas de Medicina y Farmacia. En carta enviada por Rafael Larraín a los presidentes de ambas asociaciones, les incitó a dotar a la exposición de "una espléndida colección de las plantas medicinales de nuestra flora", expresándoles además la conveniencia de realizar un manual completo sobre la medicina chilena48. La respuesta de la Sociedad de Farmacia fue positiva para ambas solicitudes, no obstante, y en su concepto, muestras de otro carácter debían acompañar sus plantas:

"[...] si la exposición de nuestras plantas importa de suyo un adelanto, un paso más en uno de los ramos más importantes de las ciencias naturales, no sería ese, sin embargo, un trabajo completo; se necesitaría para ello que la química diese también su continjente, colocando al lado de las plantas espuestas, los productos i principios químicos contenidos en ellas"49.

Acompañar las plantas medicinales con sus sustancias derivadas implicaba, como se infiere, su mejor apreciación y entendimiento desde el punto de vista científico y comercial. La planta se tornaba producto bajo este criterio, un producto que, conviene destacar, tendía a lo artificial50. Así como en los siglos XVI y XVII los gabinetes de curiosidades aglutinaron antigüedades junto a piedras preciosas, o restos óseos junto a óleos y dibujos, todo con el fin de maravillar sus visitantes, la barrera entre lo artificial y lo natural también podía perderse con la exposición de plantas o minerales. Una vez que sus sustancias derivadas o sus "bondades" comerciales o industriales aparecían en escena, fuera como descripción o como objetos dispuestos -según prefería la Sociedad de Farmacia- esta barrera tendía a romperse. Tornar las plantas en producto implicaba, de este modo, una cierta desnaturalización, su inclinación hacia una artificialia. En breve, su equiparación con el resto de objetos fabricados por el ser humano51.

La sugerencia de la Sociedad de Farmacia fue bien recibida por Rafael Larraín, quien no tardó en presionar al ministro de Hacienda para que aprobara una partida para que la Sociedad trabajara en la producción de las sustancias. Según le expresaba al funcionario, exhibir las colecciones de plantas indígenas tenía su importancia, pero desplegar la flora sin dar a conocer sus elementos químicos no tenía mucho sentido. La ejecución de un gasto reducido, concluía Rafael Larraín al Ministro, podría así "multiplicar" el valor de la colección, aumentando el interés de la exposición chilena52. Ahora bien, ni las crónicas de los visitantes ni los catálogos confirman si, en efecto, estos conjuntos vegetales fueron o no acompañados de sus sustancias químicas derivadas53.

Pese a esta dificultad, creemos que estas interacciones entre organizadores, sociedades científicas y autoridades respecto a qué muestras naturales recoger y, sobre todo, de cómo hacerlo, aportan una idea significativa sobre la manera en que podían ser puestas en exhibición, esto es: colocadas en vitrinas o estantes y acompañadas de notas descriptivas breves, que se reforzaban con los catálogos o guías que los asistentes podían transportar consigo. Varias de estas interacciones partían, como hemos visto, del conocimiento de los propios organizadores, Ignacio Domeyko o René Le Feuvre, figuras de sonado prestigio y vinculadas directamente al campo educativo. Sin embargo, y para retomar la idea de las redes expositivas, las formas de exhibir la naturaleza pudieron guardar correspondencia con los ejemplos que entregaron otras exposiciones internacionales.

La lectura de catálogos, noticias de prensa y crónicas de algunas grandes exposiciones europeas, fue algo común entre los directivos del proyecto chileno. Aprender qué y cómo exhibían los otros fue siempre de interés. Estas informaciones arribaban a Chile gracias a los miembros de delegaciones diplomáticas, que como corresponsales de la Exposición, tuvieron por encargo publicitar y persuadir potenciales expositores y asistentes54. Si bien un cotejo más amplio sobre estas transferencias ocurridas entre las distintas exposiciones internacionales está por realizar, una carta del representante chileno en Alemania, Álvaro Covarrubias, entrega una idea de cómo pudo entablarse tal dinámica; había asistido a la Exposición de Viena de 1873, por lo que hizo valer su habilidad, enviando a Rafael Larraín tanto sus observaciones como distintos documentos relativos a este certamen, como catálogos, álbumes fotográficos y hasta un plano del emplazamiento. Sobre las fotografías enviadas, resaltaba:

"[...] he tenido especial cuidado de elegir aquellas (fotografías) que podían dar a conocer por dentro i por fuera el edificio principal, i las diversas galerías transversales anexas a él; los edificios destinados a un objeto especial, como la maquinaria i producciones agrícolas; i todas aquellas otras construcciones que ya sea por su elegancia i buen gusto [...] merecen llamar la atención de Ud., i son dignos de ser reproducidos en nuestra futura Exposición"55.

Las referencias a exposiciones extranjeras, y la manera cómo estas lograron edificarse, no pasó, simplemente por la palabra escrita, sino por ejemplos visuales que entregaron una idea más compleja sobre la disposición de los espacios y arreglo de los objetos. El mismo Correo de la Exposición incluyó grabados de exhibiciones extranjeras en sus páginas56, y tanto la inclusión de los planos de la Quinta Normal como de un grabado que mostraba el palacio, parecían imitar la propaganda de las exhibiciones foráneas (figura 3). Aunque precisar todos los aspectos que pudieron adoptar o desechar las directivas santiaguinas resulta difícil de establecer, la existencia de inspiraciones y referentes que pudieron acompañar las disposiciones propias no deja dudas57. La forma de representar lo natural pudo, entonces estructurarse bajo ópticas y sentidos propios, apegados a objetivos prácticos, pero que, al mismo tiempo, hallaban validez en un set de experiencias foráneas muy publicitadas.

 

Figura 3
La Exposición en el día de la apertura (16 de septiembre de 1875)

Fuente: Correo de la Exposición, N° 2, Santiago, octubre 2 de 1875, p. 20.

 

En resumen, la naturaleza precisaba de descripción y técnica para exhibirse, para traducirse -si se prefiere- en materia prima y recurso natural. En otras palabras, necesitaba ser listada y razonada antes de ser exhibida. Esta dinámica implicaba, asimismo, un juego de reconocimiento y apropiación previo a la exposición por parte de los agentes involucrados, en este caso del Estado chileno y sus científicos. La naturaleza expuesta, se entendía, era la naturaleza del país, del conjunto de provincias que lo integraban, por lo que las distintas exhibiciones bien pueden asumirse como manifestaciones colectivas de la apropiación del mundo, del 'poder nacional' sobre el espacio natural58. Esta apropiación podía asumir cargas regionales, vinculadas a arquetipos geográficos, pero dotaba de un obvio carácter nacional al conjunto de muestras presentadas, más aún cuando se contrastaban con las de los demás países expositores. De esta relación de construcción e interacción entre naturalezas regionales y nacionales, trataremos ahora.

Muestras regionales, muestras nacionales. Construcción y publicidad de una naturaleza singular

Tanto las comunicaciones de la etapa organizativa, entre 1873 y 1875, como algunas observaciones desarrolladas en plena exhibición, evidencian la presencia de la idea del aislamiento geográfico de Chile respecto al mundo, y con esta, la de una reducida o casi nula explotación de sus riquezas naturales. Esta idea del aislamiento, expuesta y relevada tempranamente por Claudio Gay, no remitía solo al territorio nacional general sino, inclusive a sus provincias y las unidades económicas que le conformaban, como las haciendas59. Para Claudio Gay las regiones chilenas se encontraban distanciadas e incomunicadas entre sí, y, por ende, permanecían letárgicas en su cotidianidad. Fuera por caminos maltrechos o "egoísmos", regiones, haciendas, hacendados, y pueblos originarios, figuran en su obra como espacios aislados, como conjuntos que, de no ser por algunos avances republicanos, podían haber continuado inmóviles en el tiempo60.

En su alineación con la naturaleza, esta idea del aislamiento la proyectaba casi como virginal, como un universo aún por explorar, documentar y, por supuesto, explotar hasta el cansancio. En una especie de balance entre pesimismo y optimismo frente a la capacidad de Chile de atraer delegaciones oficiales para la exposición, Rafael Larraín entregó un ejemplo de esta especie de consciencia de la irrelevancia o invisibilidad del país para las potencias:

"Por sus prácticas i costumbres acaso no se presten fácilmente a tomar parte directa en asuntos de esta naturaleza, que preferirán dejar al cuidado del interés particular. Además, nuestras remotas comarcas, a pesar que esplotan tantas riquezas naturales, i de los tesoros no tocados que encierran sus valles i montañas, no han conseguido llamar bastante la atención de la Europa ni despertar vivamente su interés. Esta será una causa de indiferencia con la que es preciso contar; pero no tan insuperable que no podamos vencerla"61.

Dando mayor sonoridad a esta idea del aislamiento, el mismo Rafael Larraín se expresó luego, en tono melancólico, sobre la naturaleza chilena, asumiéndole como desfavorecida frente a la del vecindario continental, esta vez en plena apertura de la exposición:

"Las naciones que se han apresurado a honrar nuestra invitación, verán aglomeradas, en reducido espacio, las riquezas de nuestros llanos y montañas, i podrán ser testigos cómo este pueblo nuevo, inexperto, aislado en el extremo austral del continente, ha sabido levantarse, merced a sus virtudes, en los pocos años que cuenta de vida independiente, bajo el réjimen republicano. Nuestros hermanos de América, más favorecidos por la pródiga naturaleza, llevarán el convencimiento de la leal estimación que profesarnos a los hijos de nuestra propia raza, i la convicción de que, sobre todas las riquezas están los dones del trabajo, que solo en la paz fructifica"62.

Aislamiento nacional y natural fueron, según vemos, figuras presentes en las reflexiones de los organizadores de la Exposición. No obstante, estas referencias no traducían solo resignación frente a una supuesta realidad territorial. Estos discursos mostraban también la existencia de motivaciones por alterar esta idea, que pretendían, a través de la interacción regional, consolidar una suerte de imágenes nacionales donde el dominio de la naturaleza podía representar un papel de relevancia. Ante una naturaleza no pródiga, por ejemplo, la laboriosidad de los chilenos fue enarbolada como característica compartida. Romper el aislamiento en el contexto de la Exposición, implicó, entonces, el relevamiento de las riquezas extraídas de todas las provincias y comarcas en un escenario centralizado.

Dos casos específicos de recolección y exposición de muestras naturales servirán para discutir estas cuestiones: 1) la recolección de muestras de suelos cultivables del país y 2) la presentación de la colección de maderas de Valdivia. El primer ejemplo permite introducir el interés de Santiago por hacer partícipe a todas las intendencias del evento, así como para documentar ciertas contradicciones en la idea de una naturaleza chilena. La atención a las maderas valdivianas, por su parte, permite relevar una serie de cuestiones asociadas a la explotación y la identidad colonizadora del Chile meridional.

Para empezar, referencias a la necesidad de representar los suelos chilenos son constantes en las comunicaciones establecidas entre Santiago y las intendencias. Como vimos antes con los requerimientos de René Le Feuvre, se trataba de exhibir los suelos cultivables de la forma más completa posible, lo que implicaba aplicar una técnica de extracción y añadir una serie de datos que advirtieran sus características básicas. Este requerimiento podría parecer exagerado si se tratase de un país con condiciones geográficas uniformes, pero, para la élite chilena de la década de 1870, estaba ya muy claro el carácter extremo del territorio, las condiciones opuestas entre sus regiones y, además, la utilidad o inutilidad de estas para desarrollos como el agrícola o el minero.

Esta consciencia de la disparidad fue evidente en las invitaciones dirigidas a las intendencias, donde además de promover un clima de competencia entre ellas, se habló de premiar no a las que más brillaran, sino a las que demostrasen más méritos:

"[...] valdría más [...] el departamento que hiciera florecer los áridos campos del norte, que aquel que recoja en el sur los abundantes dones naturales, sin labor inteligente i constante"63.

Esta división norte-sur, como minería-agricultura, se hizo palpable de muchas formas. Mientras Atacama y Copiapó fueron llamadas a formar "museos" de minerales, a Chiloé se le invitó a participar sugiriendo de dónde podían reunir sus muestras:

"[...] ahí tienen a la mano y en abundancia los materiales con los que elaborarán su propio porvenir: ahí está la selva impenetrable cuajada de preciosas maderas y ricas plantas; ahí está el océano que los invita i los atrae con sus encantos [... ] donde se ocultan las riquezas que piden ser conquistadas por pechos varoniles"64.

Con estas mismas divisiones se buscó persuadir algunas asociaciones para que se unieran a la exposición. En carta dirigida al Cuerpo de Ingenieros Civiles, por ejemplo, Domingo Bezanilla relevaba la idea de una participación regional activa, asegurando que los mineros del norte estaban contribuyendo "poderosamente" a la formación de una colección de minerales "de nuestras montañas", mientras que los agricultores del sur reunían muestras de las tierras de sus campos y de los sedimentos de "nuestros ríos"65. En efecto, intendencias como Atacama, La Victoria y Coquimbo enviaron colecciones de metales a la exposición para competir con otras muestras relevantes, como las enviadas por el Estado de California, las cuales, parece, fueron gestionadas para llamar su atención66.

No obstante, la necesidad de representar los suelos se imponía, por lo que se buscó destacar estas tierras norteñas con muestras de algunos cereales allí cultivados. Según correos dirigidos a la Intendencia de Coquimbo, era primordial presentar las plantas de trigo y cebada "arrancadas de raíz, con su macolla completa", ya que se pretendía destacar que la agricultura chilena no empleaba ninguna clase de abonos. La macolla de las muestras, dicho brevemente, debía dar cuenta de "la feracidad natural" del suelo nacional67. Destacar el suelo por las raíces se convertía así en alternativa viable si lo que se buscaba era, como manifestó el presidente Federico Errázuriz, atraer inversores e industrias al país.

Esta necesidad de llamar la atención de industrias e industriales con fines de explotación agrícola o mineralógica no fue -ni es-, por supuesto, una característica propiamente chilena. Todos los países latinoamericanos optaron por estrategias publicitarias para atraer capitales o inmigrantes. Las exposiciones y ferias universales eran, en este sentido, espacios ideales para exponer este tipo de intereses. Brasil, por ejemplo, hizo circular en la Exposición Centenaria de Filadelfia (1876) un texto titulado: "Instrucciones agrícolas para aquellos que quieren inmigrar a Brasil", que incluyó estadísticas relativas a los cultivos regionales más exitosos, así como descripciones de algunas de las industrias más importantes del imperio. Sus páginas registraron afirmaciones de gran calibre:

"Todos los productos de Europa, Asia y África prosperan en este suelo bendecido como en su tierra nativa; ningún invierno riguroso enerva el brazo del agricultor; ningún frío intenso marchita sus plantaciones, por el contrario, un verano perpetuo produce continua fecundidad, la semilla se multiplica por cien y el esfuerzo del plantador es bien remunerado"68.

El Estado chileno no podía, por supuesto, publicitarse con tal seguridad. Su geografía impedía la 'bondad' climática y una gran porción de su territorio era desértico y, en consecuencia, inútil para la agricultura, que recordemos, era una de las principales actividades económicas del país, acompañada por la minería, y luego solo superada por la "llegada" del salitre69 Así, la compilación de muestras regionales y la preocupación por los suelos ilustró, por una parte, la necesidad de los agentes chilenos de representar al país lo mejor posible en un evento donde se pretendía atraer los ojos de la industria mundial. Por otra parte, integrar a las regiones en este empeño implicaba la centralización del conocimiento natural sobre ellas.

Las indicaciones de extracción y recolección dirigidas a las ciudades norteñas, según señalamos, expresaban un interés de selección que trascendió lo expositivo para tocar lo experimental. Así, la representación de las intendencias durante la Exposición de 1875 no solo ayudaba a resolver cuestiones de identidad industrial regional asociada a la naturaleza como recurso sino que estimuló una apropiación a escala nacional del mundo natural, a través de la centralización de su organización y estudio en la capital70. La exhibición de las maderas de Valdivia nos entrega otro punto de vista frente a la articulación entre exposición internacional y naturaleza nacional.

Reunida por el colono chileno-alemán Guillermo Frick, esta colección de maderas fue acompañada por su trabajo Memoria de los arboles i arbustos de la Provincia de Valdivia, que apareció publicado por entregas en el Correo de la Exposición, siendo, por ello, la muestra de mayor notoriedad pública y la que mejor permite examinar la representación de este tipo de muestras, pues supuso una aproximación razonada a la economía forestal a través de un relato que mezcló lo científico y lo anecdótico71.

Un total de cincuenta y cinco árboles y arbustos componen la memoria escrita por Guillermo Frick, cada uno listado con su nombre vulgar, de raíz araucana en su mayoría, junto a su rótulo científico entre paréntesis. Árboles como el pehuén o araucaria (Araucania Imbricata), el lahual o alerce (Fitz-Roya patagonica), el mañío (Saxe-Gotha conspicua) o el coyam (Fagus obliqua) destacan en la selección. Según el mismo Guillermo Frick, esta identificación taxonómica provenía del conocimiento de autoridades como Rudolfo Philippi y Wildebald Lechler, por lo que sus comentarios, más que discutir cuestiones científicas, se encargarían solo de anotar asuntos de interés utilitario. No obstante esta intención, en varias de sus descripciones Guillermo Frick entró en diálogo directo con los trabajos de Claudio Gay, precisando sus afirmaciones y corrigiendo sus nomenclaturas, respaldado, eso sí, por autores como Rudolfo Philippi y su hijo Federico72.

Ejemplo de lo anterior encontramos para el caso del alerce, que Guillermo Frick denomina como Fitz-Roya patagonica, señalando que tal descripción no corresponde a la hecha por Gay, quien "equivocadamente describe el alerce como Libocedrus tetragona [...]"73. Misma situación se plantea para el caso del ciprés, ya que según Guillermo Frick:

"Lo que don Claudio Gay describe como ciprés bajo el nombre de Libocedrus chilensis, es, según el señor Federico Philippi, el ciprés del norte, mientras el ciprés de aquí i el de Chiloé es el Libocedrus tetragona"74.

Es decir, Claudio Gay parecía haber intercambiado la descripción taxonómica entre ambos árboles. Sobre el tepú la corrección fue más sonora:

"No Tepual como dice Gay (tomo II, p. 378). Tepual es un grupo de tepúes o lugar donde hai muchos. Gay describe al Tepú como Myrtus stipularis; según Philippi pertenece a otro genus, que él le llamó Tepualia, por lo que el propio nombre deberá ser 'Tepualia stipularis\ Acordándonos de que la soberbia luma fue señalada como arbolillo de varios pies de alto, debemos creer necesariamente que Gay ha cometido otra equivocación [...] pues puedo asegurar que jamás he visto tepús, que en cuanto a grueso i altura puedan compararse con lumas medianas, ni he oído decir que los haya iguales"75.

Dando cuenta de sus propios conocimientos sobre el tema, Guillermo Frick destacó la ausencia en Claudio Gay de descripciones del árbol llamado mañíu del traiguen o lleuque:

"Es bien admirable que el señor Gay no haya visto este árbol en la provincia de Concepción [...] cuando es notorio que abunda en las márgenes del río Traiguen; i tanto más admirable es esto cuando poco antes el renombrado viajero y naturalista Poeping, que estuvo muy poco en Chile, lo había descrito como 'Podocarpus andina' [...] Philippi le ha dado el nombre de Prumnopitys elegans"76.

Ahora bien, más allá que correcciones odiosas al trabajo del científico francés, y, si bien es posible afirmar que alguna parte de su monumental obra comenzaba a ser superada en el mismo contexto de la Exposición -como es el caso de la publicación de la Geografía física de la república de Chile de Amadeo Pissis justo en 1875-, puede argumentarse que las precisiones hechas por Guillermo Frick partían de una razón más aclaratoria y utilitaria respecto a un recurso regional. Así, por ejemplo, y sin bajar el tono irónico, Guillermo Frick afirmaba que después de haber encontrado y corregido tantas inexactitudes en la obra de Cluadio Gay, todavía había que corregir muchas más, porque "no queremos los valdivianos, que se propaguen los errores i pasen de un libro a otro [...]"77.

En efecto, la Memoria del colono chileno-alemán parece buscar, a través de una más eficiente identificación de las maderas, cortezas o frutos de los árboles y arbustos valdivianos, la uniformidad del conocimiento maderero regional, entendiendo la importancia de esto para su explotación. Cualquier confusión en su clasificación o descripción, podría resultar nociva para un sector que ya entregaba dividendos económicos78. Asimismo, otros datos aportados por Guillermo Frick, como la datación de algunos árboles o la identificación de los usos de sus cortezas o frutos para farmacia o alimentación, se enmarcaban en este interés por documentar y revalorizar las distintas propiedades de la muestra.

En esta medida, y al igual que el folleto brasileño, esta Memoria asumía un papel informativo y vulgarizador, que llamaba la atención sobre los recursos madereros del sur chileno y su rentabilidad. La necesidad de escribir este documento reposaba, finalmente, en su papel explicativo frente a la colección, pues no hubo ningún árbol propiamente dicho exhibido durante la Exposición santiaguina. A excepción de aquellos que integraban la Quinta Normal, lo que hubo expuesto fueron grandes trozos de madera que buscaron representar árboles y bosques, una especie de naturaleza muerta, acompañada para el caso valdiviano del estudio de Guillermo Frick79.

En su análisis de las colecciones de maderas argentinas presentadas en diversas exposiciones, entre los siglos XIX y XX, María Di Liscia ha analizado cómo estas representaciones no se limitaban a dar cuenta del producto natural arbóreo, sino que entregaban, a través del trozo, una visión de su interior, algo más complejo de apreciar en medio de los bosques meridionales. Según María Di Liscia, este tipo de disposición normalizaba la explotación, al pervertir el aspecto de la especie para permitir "un acceso sin complicaciones ni dramas éticos a la separación del árbol de su entorno"80 (figura 4). Mismo criterio podemos aplicar a las muestras madereras de Chile, añadiendo, por un lado, que los bosques chilenos no fueron los únicos representados como lugares de explotación. Junto a la colección valdiviana, aparecieron sesenta y tres muestras nicaragüenses y cien venezolanas81. Por otro lado, conviene añadir que esta normalización de la explotación estuvo asociada a la cuestión colonizadora -y expansionista- del Estado chileno, que tuvo en Guillermo Frick inclusive, a uno de sus pioneros.

 

Figura 4
Fotografía de la exposición de maderas argentinas en la Feria Mundial de St. Louis, 1904

Fuente: 1904 World's Fair (or Louisiana Purchase Exposition), St. Louis. Imagen extraída del
catálogo de la Wellcome Library, London.

 

Junto a Valdivia, otras provincias como Llanquihue, Chiloé o Lontué, promovieron una imagen de sí mismas donde colonización y explotación maderera iban juntas82. Esta colonización implicaba, por supuesto, la invitación al inmigrante para ampliar la frontera agraria y, por ende, la soberanía territorial sobre espacios de histórica presencia indígena. En esta medida, la Exposición Internacional de 1875 sirvió para publicitar y reafirmar una idea de identidad regional basada en el dominio de la naturaleza, idea que se vio complementada con la exhibición de modelos de máquinas de aserrío y planos de "casas del colono agricultor" (figura 5). Se trataba, en definitiva, de que el dominio humano sobre los bosques, producto de la laboriosidad chilena, fuera ahora garantizado por las innovaciones tecnológicas pensadas y expuestas para su mejor explotación83.

 

Figura 5
Planos para casas de colono agricultor

Fuente: Correo de la Exposición, N° 5, Santiago, octubre 30 de 1875, p. 68.

 

Este último aspecto, que documenta la interacción entre regiones e innovaciones industriales foráneas, permite volver sobre el juego de diferenciación característico de las exposiciones universales comentado al inicio. Así como la participación de las provincias implicaba una apropiación regional en clave nacional, este mismo juego de apropiaciones imponía definiciones y exclusiones; contrastes entre los países expositores con el fin de construir representaciones propias. Las exposiciones pueden así entenderse como espacios de diferenciación nacional, y no solo en una perspectiva jerárquica de centros-periferias. Cada evento traía consigo una pedagogía sobre los recursos naturales administrados por los Estados, asentada en lo comparativo y lo distintivo. Situados en el caso chileno, no se trataba solo de sumergir al espectador en la modernidad del vapor sino, también, en las formas modernas de asumir su territorio, de imaginarlo, pero sobre todo, de conocerlo a través de los productos naturales que lo conformaban, y en este proceso, parecer diferente a las naciones vecinas, era importante.

Además de su presencia física en la Exposición, la naturaleza de los países latinoamericanos fue socializada a través de catálogos, crónicas y órganos de prensa, como el Correo de la Exposición. Además de incluir distintas representaciones de paisajes agrarios, este periódico incluyó ensayos y reseñas que relevaban las muestras naturales. Desde su tercera entrega y en forma aleatoria, este impreso publicó trabajos como: "Las materias primas de la Exposición", de Anjel Vázquez, documento que describía las colecciones naturales de Venezuela y El Salvador84. También se publicaron anónimas reseñas de las colecciones de Argentina, Bolivia, Brasil y Guatemala, que buscaban relatar qué productos privilegiaba cada país. Si bien no es posible comentarlas todas, algunos aspectos de relevancia en cuanto a los contrastes entre unas y otras "naturalezas nacionales" pueden observarse.

En su trabajo sobre las materias primas, invitó a los lectores a fijarse en las colecciones naturales porque educaban sobre la fertilidad de los terrenos y la capacidad de explotación que los distintos países tenían de ellos. De Chile, por ejemplo, destacó solo cuatro muestras: maderas, cereales, papas y plantas medicinales, justo porque manifestaban la "exuberancia de sus fértiles terrenos", y servían para dar a conocer "lo que podrán producir, cuando la agricultura sea el estudio esencial de nuestros hacendados"85. Respecto a las muestras de El Salvador, el añil y el tabaco fueron presentados como sus productos principales, dedicándoseles descripciones botánicas e industriales acerca de su producción y mercado86.

De Venezuela es muy poco lo que señala, no obstante, en una de las anónimas reseñas a las delegaciones latinoamericanas, este país es presentado como "la nación de los 'mil ríos' cuya topografía le hacía apta para todos los cultivos i producciones". Las muestras de café, cacao, maderas, trigo y millo, por ejemplo, son fuertemente relevadas. Venezuela, según explicó el cronista, "no ha exhibido lo superficial, ni lo artístico", sino que ha privilegiado las muestras de "sus esplendidas montañas, de sus bosques impenetrables, de su lujosa vegetación"87. Esta entendimiento de la naturaleza continental como privilegiada, abundante y diversa, contrastaba con las visiones del espacio chileno que, si bien admitían su "riqueza", expresaban, asimismo, su mínimo provecho. Una correspondencia con la mirada de Federico Errázuriz sobre la naturaleza pródiga del vecindario, frente a una menor calidad natural chilena puede aquí vislumbrarse.

Solo dos países de los reseñados en el Correo de la Exposición, Argentina y Bolivia, revistieron comentarios poco favorables frente a su naturaleza o la calidad de sus colecciones. Guardando cierta cercanía con la experiencia chilena, la Confederación Argentina es descrita como poseedora de dos males primordiales: el desierto, por un lado, y la "barbarie" que este implicaba, por el otro. Rieles, telégrafos e inmigración se expusieron como los caminos "idóneos" que este país había escogido para abatir el obstáculo natural y darle "civilización"88. Sobre la colección boliviana, que es descrita como pobre en su presentación y no correspondiente a sus riquezas, la reseña se tornó más problemática, ya que al tratar de dar respuesta a los porqués de su fallida representación, elementos de orden sociocultural se juntaron a los de orden histórico y político. El autor de la crónica publicada en el Correo se preguntaba, por ejemplo:

"¿Por qué, pues, Bolivia, la tierra del Potosí i de Caracoles, la tierra de la alpaca y la vicuña, de la chonta y del bibosi, de la coca y de la quina, se ha mostrado tan poco afanosa en este concurso de la industria que hasta las más modestas i remotas secciones de la América han procurado honrar con las más variadas muestras de sus riquezas i de sus artes? ¿Será acaso porque Bolivia es también la tierra del perezoso? (1)"89.

La respuesta que ofrece el mismo autor es negativa. La causa, según precisa, no podía ser atribuida a influencias "puramente climatéricas i de raza", sino que bien podía hallarse en la agitada historia política del país durante los últimos cincuenta años. Este antecedente explicaba, para el autor, el atraso industrial boliviano y su indiferencia a "todo lo que concierne al progreso de sus artes y de su riqueza"90. No obstante esta valoración de la historia, la incorporación de una tentativa explicación racial en la reseña, junto a la mención de Caracoles, espacio minero boliviano repleto de intereses chilenos, y cuya explotación se reguló en 1874, plantea la existencia de prejuicios culturales avivados por aspiraciones económicas frente a la minería.

Recordemos que Chile era representado como un país con menores o inexplotadas riquezas, pero también como afanoso por explotarlas, por usufructuarlas. Bolivia, en cambio, se publicitó a través del periódico oficial del evento, como un país indiferente, según resaltaba el redactor, frente a las ideas de progreso y modernidad, de las que Chile sí creía estar muy permeado91. Como hemos visto, el Correo de la Exposición, fue el principal canal de difusión de estos criterios. Pensando para un público foráneo, como indican algunas de sus notas en francés, este periódico insertó toda una suerte de imágenes con miras a proyectar el éxito de la exhibición, así como sus paralelismos con eventos similares. Grabados de máquinas, esculturas, pinturas y retratos expuestos, hicieron de este periódico un intento adicional por mostrar a Chile como un país civilizado y en camino al progreso.

Su misma portada planteaba toda una iconografía sobre la relación naturaleza e industria. Justo debajo del título del periódico, aparecía una imagen con dos figuras femeninas sentadas sobre el mundo, representando América y Europa. Ambas estrechaban su mano bajo una especie de ángel que celebraba la unión. Cada figura continental llevaba a sus espaldas un set de elementos representativos. Europa mostraba un galeón, un globo terráqueo y un coliseo, al que parcialmente cubría el humo proveniente de una máquina de vapor, el elemento más frontal. Por el lado americano, pero sobre todo chileno, figuraba el Palacio de la Exposición, y a su lado una palmera (o una araucaria), a la que se acercaba desde la derecha, desde Europa, un ferrocarril. En la parte inferior, aparecían un grupo de cajas cerradas, palas y otros elementos de trabajo. Enmarcando todo este lado de la imagen, la cordillera de los Andes aparecía dominante (figura 6)92.

 

Figura 6
Encabezamiento del Correo de la Exposición

Fuente: Correo de la Exposición, N° 1-12, Santiago, septiembre 1875 a enero 1876

 

Esta alegoría, bastante clara sobre el tipo de relación que la Exposición posibilitaba, contribuía a la idea de un progreso asequible, que debía llegar de la mano de la explotación de los recursos exhibidos en los salones del palacio. En uno de los discursos de clausura, José Victorino Lastarria profundizó bastante sobre esta idea de cercanía al progreso que tenía Chile en contraste de los demás países del continente. Aseguraba, por ejemplo, que de todos los países surgidos en 1810, Chile era el que estaba más en aptitud de realizar una exposición internacional, ya que esta era una obra de la civilización moderna y el progreso humano. En sus palabras:

"Chile nació para la industria en el instante mismo en que naciera a la vida política, i esperándolo todo de la explotación de la agricultura i de la minería, ha tenido constancia para regularizar el progreso de estas dos rudas industrias, al mismo que hacía su lenta i trabajosa tarea de organización política; pues por una parte le obligaba a trabajar la absoluta carencia de los frutos espontáneos, que en otras felices rejiones americanas brindan el sustento, i por otro le favorecían la homojeneidad de su población y las condiciones estadísticas del clima, topografía i producción, que tan admirablemente le han allanado el camino de un desarrollo normal"93.

Las exposiciones internacionales permiten, de este modo, examinar aquellos contrastes entre imágenes nacionales que distan del habitual modelo centro-periferia o imperial-colonial94. Como hemos visto, la naturaleza de países con geografía o historia emparentada, y cuyo relacionamiento era más horizontal que vertical, como los latinoamericanos, pudo ser objeto de cotejo, discusión y distinción. Durante estos certámenes, y tanto por parte de los países anfitriones como de los invitados, fueron planteados juegos autorreferenciales -de reconstrucción representacional-, que sumaron en la emergencia y consolidación de numerosas "naturalezas nacionales" que podían ser tan equiparables como contrapuestas según la necesidad.

Comentarios finales

Para terminar, algunas reflexiones respecto a esta compleja relación entre naturaleza, representación y nación. En primer lugar, las exposiciones internacionales pueden entenderse como una suerte de escenarios donde los Estados y sus agentes muestran una forma de relación con la naturaleza, y donde el público espectador puede construir una serie de asociaciones respecto a ella. Esta forma de relación entre Estado y mundo natural, que involucraba una apropiación, no es, sin embargo, nueva, y puede asumirse como una adición más dentro de una tradición económica y sociocultural previa a las conformaciones nacionales.

Recordemos, solo para indicar un ejemplo, que a excepción de ciertas muestras ganaderas y avícolas, así como de los árboles y arbustos que conformaban el paisaje propio a la Quinta Normal, la naturaleza vegetal expuesta en 1875 fue una naturaleza muerta. Por ello, las muestras exhibidas bien pueden asociarse no solo con las representaciones botánicas surgidas en las expediciones dieciochescas: los dibujos y pinturas de plantas y animales sino, también, con algunas pinturas de castas, que integraban árboles, frutos o fauna junto a convenciones explicativas95. A diferencia de estas experiencias la Exposición brindó un set de herramientas pedagógicas de mayor alcance, en la medida que, similar a escuelas o universidades, buscó vulgarizar el conocimiento producido por los científicos, y así aportar en la configuración de un imaginario nacional, de una idea de lo propio en oposición a las realidades de los otros.

Como arguye Paul Edison, el nacionalismo se nutre de la materialidad concreta de los objetos entendidos como patrimonio de una nación. La naturaleza desnaturalizada presente en la Exposición, y que para el caso chileno intentaba representar las riquezas explotables de sus distintas regiones, podía asumir esta condición patrimonial96. Entendidas como riquezas producto del trabajo sobre una naturaleza "no pródiga", las muestras pudieron transformarse en "repositorios auténticos del genio nacional", como anota Paul Edison, y sin importar si son naturales o artificiales. En este sentido, la Exposición Internacional, sin duda, fue un medio de popularización de tales repositorios.

Si bien no encontramos cifras exactas sobre el número de visitantes, la organización favoreció una alta participación en el evento. Exceptuando los dos primeros meses de apertura, la entrada a la Quinta Normal tuvo un costo de solo veinte centavos. Con esta baja cifra, aseguraba la organización, se estimularía la concurrencia de las personas de "menores fortunas", cuya presencia sumaba por igual al buen aprovechamiento del cer-tamen97. En noviembre de 1875, la Exposición abrió sus puertas a las escuelas públicas de Santiago y Valparaíso. Aunque las últimas alegaron dificultades prácticas para movilizarse a la capital, la presencia de los estudiantes contribuyó por igual a la difusión y reproducción del imaginario asociado a la naturaleza nacional y la importancia de su conocimiento y provecho. Tanto las instalaciones de la sección de muestras naturales como los museos agrícolas y mineralógicos de las regiones, tuvieron quizá en este público su mayor receptor.

En segundo lugar, puede considerarse que la idea de naturaleza explotable chilena, divulgada durante 1875, que enfatizaba el lugar primordial de la agricultura, resultó efímera en la medida que los recursos mineros propios y, luego, los apropiados con la Guerra del Pacífico, fueron los que definieron el nuevo set de imágenes representativas de Chile ante la mirada extranjera. Los minerales serán centrales en certámenes como el Centenario de Filadelfia de 1876, apenas un año después de la experiencia santiaguina, mientras que relevar el salitre, por ejemplo, fue el objetivo que comandó la organización de la delegación chilena en la Exposición Panamericana de Buffalo de 1901. Ambos indicios elocuentes de que el deseo de autorrepresentación basado en el suelo fértil y el reino vegetal, no respondía del todo a las expectativas de mostrar un país moderno o progresista98. Dicho brevemente, pese al avance de la agricultura, era la minería la que parecía brindar una mejor idea de industrialización y modernidad, al menos para la mirada extranjera.

Por último, creemos que experiencias expositivas como la aquí analizada no son en la actualidad algo lejano o superado en el espacio latinoamericano. La presencia de un régimen de lo natural en las imágenes nacionales del continente continúa teniendo vigencia y permanece asociado a elementos como el suelo fértil, el fruto exótico, el monocultivo, la explotación del petróleo, el cobre o los recursos marinos o selváticos99. Las contemporáneas formas de propaganda nacional suelen, a menudo, aprovechar la noción de patrimonio natural, con sus parques y zonas protegidas y sus paisajes disponibles para el ecoturismo, por lo que una distancia frente a la naturaleza a la hora de imaginarse a sí mismos se torna cada vez más complicada. Así, el transporte de un iceberg antártico por parte de Chile a la Exposición Universal de Sevilla de 1992, si bien tuvo por objetivo representar la capacidad técnica y comercial del país, no deja de ser llamativo en cuanto a esta continuidad de lo natural como facilitador representacional, que más que indicar a ojos del visitante al pabellón chileno un sentido de intercambio, pudo expresar de nuevo la idea de una naturaleza exótica y seductora, una idea quizá mucho más pertinente.

Notas

1 La primera versión de este texto fue realizada en el marco del seminario "Naturaleza como historia", dirigido por Rafael Sagredo en el segundo semestre de 2013. El autor agradece a Rafael Sagredo y Jorge Muñoz Sougarret, por sus comentarios al primer borrador, y a los evaluadores anónimos por sus críticas y sugerencias. Todos contribuyeron a su mejoría.

2 "Rafael Larraín al Presidente de la Junta provincial de Chiloé", Santiago, octubre 27 de 1874, en Boletín de la Esposición Internacional de Chile en 1875, N° 6, Santiago, Imprenta de la Librería del Mercurio, 1875, pp. 594-595.         [ Links ]

3 Ejemplos de esta tendencia que releva la participación latinoamericana en exposiciones de Europa o Estados Unidos son: Álvaro Fernández Bravo, "Argentina y Brasil en la Exposición Universal de París de 1889", en Relics and Selves: Iconographies of the National in Argentina, Brazil and Chile (1880-1890), London, 2000, en www.bbk.ac.uk/ibamuseum/texts/FernandezBravo02.htm;         [ Links ] Lilia Moritz Schwarcz, "Os trópicos como espetáculo: a participaçao brasileira nas exposiçoes universais de finais do século xix", en Beatriz González Stephan y Jens Andermann (eds.) Galerías del progreso: Museos, exposiciones y cultura visual en América Latina, Rosario, Beatriz Viterbo Editora, 2006, pp. 195-220 y Carmen Cecilia Muñ         [ Links ]oz, "Imaginarios nacionales en la Exposición Histórico-Americana de Madrid, 1892. Hispanismo y pasado prehispánico", en Iberoamericana, vol. 13 N° 50, Berlín, 2013, pp. 101-118.         [ Links ]

4 Las participaciones de Chile en ferias y exposiciones universales ha sido estudiada por Jorge Pinto, quien ha dejado un breve examen sobre la Exposición de 1875. Jorge Pinto Rodríguez, "Las exposiciones universales y su impacto en América Latina (1850-1930)", en Cuadernos de Historia, N° 26, Santiago, marzo 2007, pp. 57-89.         [ Links ]

5 Una documentada exploración sobre los vínculos entre las distintas exposiciones, así como sobre la relación de estas con lo urbano, puede verse en Alexander C.T. Geppert, "Introduction. How to Read an Exposition", in Alexander C.T. Geppert, Fleeting Cities: Imperial Expositions in Fin-de-Siècle Europe, New York, Palgrave Mcmillan, 2010, pp. 1-15.         [ Links ]

6 Desde fines de la década de 1990, la historia cultural latinoamericana ha venido indagando por estos esfuerzos estatales por construir y exhibir imágenes de lo nacional ante el mundo. Algunas referencias fundamentales son: Mauricio Tenorio Trillo, Mexico at the World's Fairs. Crafting a Modern Nation, Berkeley, University of California Press, 1999;         [ Links ] Álvaro Fernández Bravo, "Ambivalent Argentina: Nationalism, Exoticism, and Latin Americanism at the 1889 Paris Universal Exposition", in Nepantla: Views from South, vol. 2, N° 1, Durham NC, 2001, pp. 115-139;         [ Links ] Leoncio López-Ocón, "La América Latina en el escenario de las Exposiciones Universales del siglo XIX ", en Revista Procesos, N° 18, Quito, 2002, pp. 103-126 y Carmen Norambuena Carrasco,         [ Links ] "Imagen de América Latina en la Exposición Universal de París de 1889", en Dimensión histórica de Chile, N° 17-18, Santiago, 2002-2003, pp. 87-122.         [ Links ]

7 La naturaleza representada en el paisaje artístico también fue habitual en las exhibiciones, sobre todo con la apertura de secciones de bellas artes. Un breve análisis de las representaciones pictóricas en la Exposición de Internacional de 1875 puede verse en Patience A. Schell, "High Art and High Ideals: The Museo Nacional de Pintura and the Development of Art in Chile, 1870-1890", in Relics and Selves: Iconographies of the National in Argentina, Brazil and Chile (1880-1890), London, 2000, en www.bbk.ac.uk/ibamuseum/texts/Schell02.htm.         [ Links ] Para una mirada más amplia sobre las exposiciones chilenas y su dimensión artística: Carmen Hernández, "Chile a fines del siglo XIX: Exposiciones, museos y la construcción del arte nacional", en Beatriz González Stephan y Jens Andermann (eds.), Galerías del progreso: Museos, exposiciones y cultura visual en América Latina, Rosario, Beatriz Viterbo Editora, 2006, pp. 261-294.         [ Links ]

8 Véanse, por ejemplo, los énfasis industriales del "Programa Jeneral de la Exposición de Chile de 1875", en Correo de la Exposición, N° 2, Santiago, octubre 2 de 1875, p. 30.         [ Links ]

9 Un buen número de investigaciones se han centrado en estas experiencias, por lo que remitiremos solo a dos obras que han examinado estrictamente la cuestión natural y botánica asociada a las necesidades imperiales, como son: Mauricio Nieto Olarte, Remedios para el imperio. Historia natural y la apropiación del Nuevo Mundo, Bogotá, ICANH, 2000 y Londa Schiebinger,         [ Links ] Plants and Empire. Colonial Bioprospecting in the Atlantic World, Massachusetts, Harvard University Press, 2004.         [ Links ] Para una observación de la génesis y desarrollo de la idea del hombre como agente geográfico, como actor transformador de la naturaleza: Clarence Glacken, Huellas en la playa de Rodas. Naturaleza y cultura en el pensamiento occidental desde la Antigüedad hasta finales del siglo XVIII, Barcelona, Ediciones del Serbal, 1996.         [ Links ]

10 Tanto la naturaleza circunscrita a estos Estados como su estudio científico, se configuran como elementos preexistentes, como herencias que inciden en la formación moderna de las naciones. Sobre esta forma de entender la nación, véase Anthony D. Smith, "¿Gastronomía o geología? El rol del nacionalismo en la reconstrucción de las naciones", en Álvaro Fernández Bravo (comp.), La invención de la nación. Lecturas de identidad de Herder a Homi Bhabha, Buenos Aires, Manantial, 2011, pp. 185-209.         [ Links ] También de Anthony D. Smith, pero con la debida amplitud: The Cultural Foundations of Nations: Hierarchy, Covenant, and Republic, Oxford, Blackwell Publishing, 2008.         [ Links ]

11 Sobre la construcción de un imaginario nacional chileno en términos de espacialidad y a través de la imagen fotográfica, véase Fernando Purcell, "Fotografía y territorio en el imaginario nacional. Chile: 18501900", en Ana Stuven y Marco Pamplona (eds.) Estado y nación en Chile y Brasil en el siglo XX, Santiago, Ediciones Universidad Católica de Chile, 2009, pp. 187-208.         [ Links ]

12 Acerca del concepto de representación, nos basamos aquí en las reflexiones de Louis Marin, "Poder, representación, imagen", en Prismas. Revista de historia intelectual, N° 13, Buenos Aires, 2009, pp. 135-153.         [ Links ]

13 Como criterio adicional, no debe olvidarse que el año del evento coincide con un periodo de crisis económica mundial que castigó a la agricultura con una drástica disminución de los precios, incidiendo en fenómenos como la inmigración europea hacia el continente americano. Un examen del periodo en Eric Hobsbawm, "La economía cambia de ritmo", en Eric Hobsbawm, La era del Imperio, 1875-1914, Barcelona, Crítica, 1998, pp. 42-64.         [ Links ]

14 Geppert, op. cit., p. 4.

15 Op. cit., pp. 5-6.

16 La "Gran Depresión" de 1870 afectó la industria minera y las exportaciones de granos de Chile, de modo que la realización de la Exposición de 1875 cobró sentido como medida que buscó propiciar la modernización y promoción de estos sectores. Si bien no releva la Exposición, un buen examen de las crisis económicas del periodo y su impacto en Chile puede encontrarse en: Bárbara De Vos, El surgimiento del paradigma industrializador en Chile (1875-1900), Santiago, Ediciones de la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos, Centro de Investigaciones Diego Barros Arana, Colección Ensayos y Estudios 1999, vol. I.         [ Links ]

17 "Rafael Larraín al señor Ministro de Relaciones Esteriores", Santiago, diciembre 13 de 1873, en Boletín de la Esposición Internacional de Chile en 1875, N° 3, Santiago, Imprenta Andrés Bello, 1874, p. 11.         [ Links ]

18 Además del Boletín, la organización hizo imprimir dieciocho mil quinientos programas y reglamentos, en español, inglés, alemán y francés. A estas se sumaron seis mil copias de un libro conmemorativo escrito por Eugenio Sève, y cuatro mil de otros documentos traducidos al inglés y que buscaron atraer invitados de Estados Unidos. El ejercicio publicitario en el extranjero, no fue, pues menor. Véase Boletín de la Esposición Internacional de Chile en 1875 N° 8, Santiago, Imprenta de la Librería del Mercurio, 1876, pp. 978-979.         [ Links ]

19 "Circular a las intendencias por Rafael Larraín", Santiago, diciembre 20 de 1873, en Boletín de la Esposición Internacional de Chile en 1875 2, Santiago, Imprenta de la Librería del Mercurio, 1873, p. 66.         [ Links ]

20 Claudio Robles, "Modernización agraria en el Chile del siglo XIX. Los "hacendados progresistas" y la Exposición Nacional de Agricultura de 1869", en Relics and Selves: Iconographies of the National in Argentina, Brazil and Chile (1880-1890), London, 2000, en www.bbk.ac.uk/ibamuseum/texts/Robles01.htm        [ Links ]

21 Ibid.

22 Decreto de organización, Santiago, enero 2 de 1873, p. 1.         [ Links ] La Sociedad Nacional de Agricultura surge en 1838 como Sociedad Chilena de Agricultura y Colonización, adoptando su nombre definitivo en 1851.

23 Sobre este evento en particular véase Primer congreso libre de agricultores de la República de Chile en 1875, Santiago, Imprenta de la República de Jacinto Núñez, 1876.         [ Links ] Uno de los principales temas del Congreso fue el de la retirada del peonaje, fenómeno migratorio masivo que se acentuó en la década de 1870 y que, ciertamente, se tradujo en un problema de orden laboral para los patrones del campo. Sobre las motivaciones del Congreso y algunas de sus conclusiones, véase Gabriel Salazar y Julio Pinto, Historia contemporánea de Chile V. Niñez y juventud, Santiago, Lom Ediciones, 2002, pp. 81-84.         [ Links ]

24 Dentro de la gran conjunción de intereses por modernizar el país, podría añadirse el proceso de secularización institucional que se adelantaba, proceso que en el desarrollo del certamen tuvo su propio capítulo, a través de las críticas de observadores católicos como Roque Roco. Este lamentó la ausencia de solemnidad religiosa en la apertura, destacando que hasta la 'embebecida en el mercantilismo materialista' de Londres, y la "por excelencia sibarita i escéptica" París, habían ofrecido Te Deums en sus respectivas exposiciones.

Véase Roque Roco, Alrededor de la Exposición. Apuntes críticos y descriptivos publicados en el Estandarte Católico, Santiago, Imprenta del Estandarte Católico, 1875, pp. 52-53.         [ Links ]

25 La concurrencia de industrias inglesas fue aquí notoria, con la presencia de firmas como: Balfour & Co., Thomas Bradford, R. Moreland & Son, New British Iron Co. (Londres), M. Allcock (Manchester), Ashby & Jeffery (Stanford), Charles Burrell (Norfolk), Clayton & Shuttleworth, Penney & Co., Ruston, Proctor & Co. y Robey & Co. (Lincoln), Ransomes, Sims & Head, (Ipswich), Garret & Sons (Suffolk), entre muchas otras, véase Robles, op. cit.

26 "Contestación del presidente de la República Sr. Federico Errázuriz", en Correo de la Exposición, N° 1, Santiago, septiembre 16 de 1875, p. 5.         [ Links ]

27 "Variedades", en Correo de la Exposición, N° 6, Santiago, noviembre 6 de 1875, p. 94.         [ Links ]

28 La educación agrícola fue contemplada como herramienta para el mejoramiento de las "clases rurales", de sus condiciones morales y materiales. Para algunos comentaristas, no se trataba solo de incentivar el aprendizaje científico en círculos restringidos, sino de llevar el conocimiento agrícola y económico (las leyes que rigen el salario, por ejemplo) hasta los grupos sociales involucrados en las tareas del campo. Véase Lauro Barros, Ensayo sobre la condición de las clases rurales en Chile. Memoria presentada al concurso de la Exposición Internacional de 1875, Santiago, Imprenta Agrícola de Enrique Ahrens i Co., 1875.         [ Links ]

29 Decreto de aprobación de los planos i presupuestos del edificio destinado a la Esposición, Santiago, marzo 14 de 1873.         [ Links ]

30 Esta relación entre ciencia y provecho comercial, para el caso americano, puede bien remontarse a las tempranas investigaciones cosmográficas adelantadas por agentes de la corona española. Prácticas que buscaban conocer mejor las tierras "descubiertas" para asimismo proyectar su mayor usufructo. Véase María M. Portuondo, Secret Science. Spanish Cosmography and the New World, Chicago, The University of Chicago Press, 2009.         [ Links ]

31 Las elaboraciones y controversias taxonómicas llegaron, incluso, a verse como distractoras frente al objetivo primario de la botánica: el aprovechamiento de las plantas, sus partes o sustancias, para fines médicos, industriales o alimenticios, véase Schiebinger, op. cit., pp. 6-9.

32 La sección segunda correspondió a la "Maquinaria", la tercera a "Industrias y manufacturas", la cuarta a "Bellas Artes", y una sección especial dedicada a la "Instrucción Pública".

33 Breves pesquisas sobre el mundo rural, así como manuales de Agrología, Física Agrícola o Producción Animal, fueron, incluso, publicadas durante el periodo de la exhibición, véase Guía del visitante a la Esposición de Santiago, Valparaíso, Imprenta del Mercurio, 1875, p. 51.         [ Links ]

34 Sobre la pertinencia de estos objetos en el Museo Nacional y el debate abierto entre historia e historia natural, que tuvo por protagonistas a Benjamín Vicuña Mackenna y Rudolfo Philippi, véase el reciente artículo de Patience A. Schell, "Idols, Altars, Slippers, and Stockings: Heritage Debates and Displays in Nineteenth-Century Chile", in Past and Present, vol. 226, N° 10, Oxford, 2015, pp. 326-348.         [ Links ]

35 "Circular a las intendencias por Rafael Larraín", op. cit., p. 67.

36 Op. cit., pp. 50-52.

37 Correo de la Exposición N° 2, Santiago, octubre 2 de 1875, pp. 21-22.         [ Links ]

38 Correo de la Exposición N° 2, Santiago, octubre 2 de 1875, pp. 21-22.         [ Links ]

39 Esta preocupación por el conocimiento agrícola aparece en varios lugares y de distintas maneras. Por ejemplo, el Correo de la Exposición publicó entre sus noticias la aparición de un remedio contra la philloxera, insecto de la vid que causaba estragos en la economía vinícola francesa y mundial desde 1872 y del que los agricultores chilenos se defendían desde 1874 por medio de controles a las importaciones. Sobre este tema en específico, véase Félix Briones y María Hernández, "La Convención de Berna y su lucha contra el insecto Philloxera Vastatrix", en Estudios avanzados, N° 14, Santiago, 2010, pp. 175-192.         [ Links ]

40 Véase la reseña de Rudolfo Philippi en el Correo de la Exposición, N° 5, Santiago, octubre 30 de 1875, pp. 69-70.         [ Links ] De la representación de algunas especies animales, y exceptuando los establos ganaderos, sabemos que participantes como la familia Soto, dueña de la hacienda de Cauquenes, hicieron gala de aves disecadas, como: el águila real, el colibrí, el cóndor y de cuadrúpedos como: el culpeo (Lycalopex culpaeus), el quique (Galictis cuja), el huanaco (Lama guanicoe) y el "raro" huemul (Hippocamelus bisulcus), en Roco, op. cit., pp. 190-191.

41 Ignacio Domeyko destacó las colecciones provenientes de particulares y de juntas provinciales, como la de Atacama, que agrupó muestras del museo mineralógico del liceo de Concepción. Entre las particulares, destaca la colección de Francisco Javier Ovalle, cuyos amplios conocimientos en la materia, afirma Ignacio Domeyko, se hacían notar "tanto en la elección de las muestras como en el arreglo i exacta apreciación de ellas". Véase Ignacio Domeyko, "Jeolojía Minera. Ensayo sobre los depósitos metalíferos de Chile con relación a su jeolojía y configuración exterior. Memoria escrita a ocasión de la Exposición Internacional chilena en 1875", en Anales de la Universidad de Chile, tomo 48, Santiago, 1876, pp. 441-446.         [ Links ]

42 "Formulario para las solicitudes de admisión", Exposición Internacional de Chile de 1875, Programa Jeneral, Santiago, s.i., p. 11.         [ Links ] Por estos mismos formatos sabemos que los gastos de instalación corrieron por cuenta de cada expositor, y que las vidrieras eran el mobiliario deseado. Véase del mismo documento el capítulo "Recepción e instalación", p. 9.

43 Guía del visitante..., op. cit., pp. 57-58. Así se describieron muestras internacionales: "En los estantes que cortan el salón por el medio, exhiben Perú: Maderas, semillas, arroz, camotes, chuño. San Salvador: Café, maíz, maderas. Nicaragua: Frutas y raíces de plantas medicinales. Guatemala: Cera, lana y algodón".

44 Pese a su carácter efímero, la idea del museo como teatro didáctico puede aplicarse a las exposiciones. Una interesante reflexión en torno al museo decimonónico puede verse en Leoncio López-Ocón, "Los museos de historia natural en el siglo XIX: templos, laboratorios y teatros de la naturaleza", en Arbor, N° 163, Madrid, julio-agosto 1999, pp. 409-423.         [ Links ]

45 Como indicaría una década después Jacinto Chacón en su estudio sobre la Quinta Normal, sede de la exposición de 1875: "Lo que no se ve en la Quinta, vale más que lo que se ve", claro relevamiento del conocimiento escondido en el mundo natural, que precisa del descriptor científico para ser entendido y, por ende, bien representado, en Jacinto Chacón, La Quinta Normal y sus establecimientos agronómicos y científicos. Paseo de estudio, Santiago, Imprenta Nacional, 1886.         [ Links ]

46 "Carta dirigida a Rafael Larraín", julio 8 de 1874, en Boletín de la Esposición Internacional de Chile en 1875, N° 4, Santiago, Imprenta Andrés Bello, 1874, pp. 310-311.         [ Links ]

47 Archivo Nacional de Chile (ANC), Fondo Intendencias, Curicó, "Carta de René Le Feuvre a Rafael Larraín", Santiago, mayo 29 de 1874.         [ Links ]

48 "Carta dirigida a los Presidentes de la Sociedad Médica i de Farmacia por Rafael Larraín", Santiago, julio 27 de 1874, en Boletín de la Esposición Internacional de Chile en 1875, N° 5, Santiago, Imprenta de la Librería del Mercurio, 1875, pp. 497-498.         [ Links ] Sobre la obra de Medicina, Rafael Larraín sugiere que tomen por modelo la Memoria sobre las plantas medicinales de Chile y el uso que de ellas se hace, publicada por Adolfo Murillo en 1861.

49 "Anjel Váquez a Rafael Larraín", Santiago, agosto 25 de 1874, en Boletín de la Esposición Internacional de Chile en 1875, N° 5, Santiago, Imprenta de la Librería del Mercurio, 1875, pp. 498-499.         [ Links ]

50 "Si la química no da su continjente a la Esposición de plantas indígenas", reflexionaba Anjel Vázquez, "colocando a su lado los productos i principios que se hallan contenidos en ellas ¿qué importancia científica puede tener la simple colección de esas plantas?": "Vázquez a Larraín", noviembre 28 de 1874, Boletín de la Esposición Internacional de Chile en 1875, N° 5, Santiago, Imprenta de la Librería del Mercurio, 1875, p. 565.         [ Links ]

51 Sobre el problema de la alineación entre lo natural y lo artificial, naturalia y artificialia, para comienzos de la Edad Moderna y alrededor de tema de las maravillas, véase Lorraine Daston y Katherine Park, Wonders and the Order of Nature, 1150-1750, New York, Zone Books, 1998.         [ Links ] De modo especial el séptimo capítulo "Wonders of Art, Wonders of Nature", pp. 255-301.

52 "Carta de Rafael Larraín al Ministro de Hacienda", Santiago, diciembre 5 de 1875, en Boletín de la Esposición Internacional de Chile en 1875, N° 6, Santiago, Imprenta de la Librería del Mercurio, 1875, p. 576.         [ Links ]

53 Los catálogos chilenos presentados en la Exposición Centenaria de Filadelfia de 1876, que recogieron lo mejor de la exhibición de 1875, tampoco dan luces al respecto, solo dando cuenta del nombre vulgar de la variedad vegetal, su rótulo taxonómico y localidad de origen. Este conjunto incluyó muestras de la Escuela Superior de Agricultura y conjuntos de plantas medicinales de regiones como Valdivia, Ancud, Elqui, La Ligua y Victoria, conformando un total de 108 especies, véase Catálogo de la Esposición Chilena en el Centenario de Filadelfia, Valparaíso, Imprenta del Mercurio, 1876, pp. 59-63.         [ Links ]

54 De forma particular, Alberto Blest Gana y Álvaro Covarrubias, plenipotenciarios chilenos en París y Alemania, respectivamente, fueron fundamentales para la socialización de las experiencias europeas.

55 Boletín de la Esposición Internacional de Chile en 1875, N° 3, Santiago, Imprenta Andrés Bello, 1874, pp. 118-119.         [ Links ]

56 Un grabado a página completa de la Exposición de Industrias marítimas y fluviales de París de 1875, es uno de los ejemplos: Correo de la Exposición, N° 6, Santiago, noviembre 6 de 1875, p. 84.         [ Links ]

57 Por ejemplo, la decisión de organizar comisiones para formar los reglamentos y garantizar el alojamiento a las delegaciones extranjeras, se excusó en que habían sido servicios ejecutados en la Exposición de Viena: "Carta de Eduardo de la Barra al Directorio", s. f., Boletín de la Esposición Internacional de Chile en 1875, N° 6, Santiago, Imprenta de la Librería del Mercurio, 1875, p. 701.         [ Links ]

58 Sobre el poder como posesión o apropiación: Barry Barnes, The Nature of Power, Great Britain, University of Illinois Press, Urbana and Chicago, 1988;         [ Links ] en especial el capítulo tercero. Una discusión historiográfica sobre el poder y el conocimiento científico en Mauricio Nieto Olarte, "Poder y conocimiento científico: nuevas tendencias en historiografía de la ciencia", en Historia Crítica, N° 10, Bogotá, enero-junio 1995, pp. 3-14.         [ Links ]

59 Claudio Gay, Historia física y política de Chile, Agricultura, Santiago, Cámara Chilena de la Construcción, Pontificia Universidad Católica de Chile, Biblioteca Nacional de Chile, 2009, tomo 28, vol. II        [ Links ]

60 Sobre los pueblos indígenas afirmó Claudio Gay: "En tanto que los peruanos caminaban con rapidez hacia la conquista de una benéfica civilización, los chilenos permanecían estacionarios en su estado de barbarie. Poco comunicativos por naturaleza, vivían aislados en sus tribus, más bien dispuestos a hacerse mutuamente una guerra de rapiña, que a entretener entre sí esas relaciones amistosas que hacen a las poblaciones más sociables y aptas para comprender las ventajas de los cambios de cosas e ideas. Así es que, excepto en el norte [...], todo el país no poseía sino algunos simples senderos, trazados únicamente por el pisoteo de los hombres": Gay, Historia op. cit., Agricultura, vol. II, p. 154.

61 "Carta de Rafael Larraín al Ministro de Relaciones Esteriores", Santiago, diciembre 3 de 1873, en Boletín de la Esposición Internacional de Chile en 1875, N° 3, Santiago, Imprenta Andrés Bello, 1874, pp. 84-85.         [ Links ]

62 "Discurso del Presidente del Directorio de la Exposición, Sr. Rafael Larraín", en Correo de la Exposición, N° 1, Santiago, septiembre 16 de 1875, p. 3.         [ Links ]

63 "Circular a las intendencias por Rafael Larraín", op. cit., pp. 66-67.

64 "Rafael Larraín al Presidente de la Junta provincial de Chiloé", op. cit., p. 595.

65 "Bezanilla al Colegio de Injenieros Civiles", Santiago, junio 8 de 1874, en Boletín de la Esposición Internacional de Chile en 1875, N° 4, Santiago, Imprenta Andrés Bello, 1874, p. 301.         [ Links ]

66 Boletín de la Esposición Internacional de Chile en 1875, N° 3, Santiago, Imprenta Andrés Bello, 1874, pp. 101-102.         [ Links ] Una breve descripción de las muestras en Domeyko, op. cit., pp. 442-446.

67 ANC, Fondo Intendencias, Coquimbo, "Carta enviada a la Intendencia por Francisco Solano Asta-Buruaga", Santiago, enero 18 de 1875.

68 Nicolau Joaquim Moreira, Agricultural instructions for those who may emigrate to Brazil, Rio de Janeiro, Imperial Instituto Artístico, 1875, p. 15.         [ Links ] La traducción es propia.

69 La prosperidad brindada por el salitre ayudó, sin embargo, en la modernización del sector agrícola, que vio ampliar su producción de forma constante desde 1885 hasta 1930, véase Claudio Robles, "La producción agropecuaria chilena en la "Era del Salitre" (1880-1930)", en América Latina en la Historia Económica, N° 32, México D.F., diciembre 2009, pp. 111-134.         [ Links ]

70 Este proceso de interacción entre provincias y capital alrededor de las exposiciones puede también encontrarse para Argentina. Un examen de esta experiencia para las exposiciones de Filadelfia 1876 y París 1878, con énfasis en lo agropecuario, en Julio Djenderedjian, "En busca de la excelencia. El impacto de la participación en las exposiciones internacionales sobre la producción agropecuaria argentina durante la segunda mitad del siglo XIX", en María Silvia Di Liscia y Andrea Lluch (eds.), Argentina en exposición. Ferias y exhibiciones durante los siglos XIX y XX, Sevilla, CSIC, 2009, pp. 173-208.         [ Links ]

71 La colección valdiviana, valga destacar, no fue la única presentada. Países como Nicaragua, El Salvador, Brasil, y Venezuela, también llevaron muestras madereras. Tampoco fue la única representación chilena, pues los departamentos de Arauco, Constitución, Lontué y la colonia de Punta Arenas participaron. Y tampoco fue la única arreglada por un privado, Mariano Bacarreza de la Compañía de Maderas y Buques, fue otro expositor. La colección de Guillermo Frick, sin embargo, fue la más notoria gracias a la circulación de la Memoria, siendo tomada como referencia por los cronistas visitantes. Véase, por ejemplo, Enrique Willshaw, Informe al señor Ministro de Relaciones Exteriores de Nicaragua sobre la Esposición Internacional de Chile de 1875, Valparaíso, Imprenta Colón, 1876, pp. 36-37.         [ Links ]

72 Para un mayor conocimiento sobre las relaciones personales, científicas y académicas establecidas entre los científicos de origen europeo instalados en Chile durante el siglo XIX, véase Patience A. Schell, The Sociable Sciences. Darwin and His Contemporaries in Chile, New York, Palgrave Macmillan, 2013, pp. 113-204.         [ Links ]

73 "Memoria de los árboles y arbustos de la provincia de Valdivia", Correo de la Exposición, N° 4, Santiago, octubre 23 de 1875, p. 62.         [ Links ]

74 Ibid.

75 "Memoria de los árboles y arbustos de la provincia de Valdivia", op. cit. , p. 153.

76 Op. cit., p. 63.

77 Op. cit. , 95. Las cursivas son nuestras.

78 Según Enrique Willshaw, representante nicaragüense en la exposición, el principal artículo de comercio de las provincias de Valdivia, Llanquihue y Chiloé era la madera de construcción. Según informaba al ministro de Exteriores de su país, en 1874 Chile había exportado más de un millón de piezas, mientras que alrededor de dos millones y media habían sido consumidas por el mercado interno: Véase Willshaw, op. cit., pp. 36-37.

79 En sus cartas a las intendencias, Rafael Larraín sugería "que la colección sea tan completa como se pueda, presentando si fuese posible, el árbol en un estado natural (en pequeños trozos uniformes) i la tabla barnizada cuando así convenga [...]", en "Carta al Presidente de la Junta provincial de Chiloé", op. cit., p. 595.

80 María Silvia Di Liscia, "Drogas y maderas para la nación argentina. Los recursos naturales en la exposiciones universales", en María Silvia Di Liscia y Andrea Lluch (eds.), Argentina en exposición. Ferias y exhibiciones durante los siglos XIX y XX, Sevilla, CSIC, 2009, p. 137.         [ Links ]

81 Correo de la Exposición, N° 10, Santiago, diciembre 5 de 1876, p. 151.         [ Links ]

82 Sobre los bosques de Valdivia y sus condiciones para el siglo XIX, véase Pablo Camus y María Eugenia Solari, "La invención de la selva austral. Bosques y tierras despejadas en la cuenca del río Valdivia (siglos XVI-XIX)", en Revista de Geografía Norte Grande, N° 40, Santiago, septiembre 2008, pp. 5-22.         [ Links ]

83 Mientras que la explotación maderera era representada como un negocio próspero, gracias a las condiciones de los bosques y su carácter "inagotable", algunas quejas por la deforestación y su impacto en las fuentes hídricas se hicieron escuchar en la Exposición. Este fue el caso del departamento de Melipilla, que en su informe estadístico advertía: "Los árboles han ido desapareciendo de los parajes montuosos del departamento, i con ellos el agua de las vertientes o quebradas. Los lugares que antes eran impenetrables a causa de los bosques, hoi día son páramos inhabitables por falta de aguas para bebidas del hombre i de los ganados". Véase Estadística Jeneral del Departamento de Melipilla, presentada en la Esposición Internacional Chile de 1875, Melipilla, Imprenta del Progreso, 1875, p. 15.         [ Links ]

84 La disertación de Anjel Vázquez se inicia con una idea básica: sin el examen científico del mundo vegetal y mineral, el progreso resulta imposible. Por ello, plantea a los lectores y futuros espectadores de la exhibición, que detengan su atención sobre las muestras naturales, y en un fragmento que entrega pistas sobre la relación inicial del público con el evento, señala en tono provocador: "[...] Por eso, es de lamentar que nuestros visitantes a ese hermoso templo de la industria, no sean más ávidos de conocer las riquezas i preciosidades que adornan los numerosos estantes de sus salones, i que si llegan a demorar sus miradas allí es en las colecciones minerales, que si agradan i deleitan a la vista con sus brillantes cristalizaciones, no sobrepujan en nada a las colecciones orgánicas de la flora i fauna, que mui bien representadas como están, no ofrecen ni menos atractivos ni menos interés bajo el doble punto de vista de la riqueza i hermosura", Correo de la Exposición, N° 3, Santiago, octubre 16 de 1875, p. 37.         [ Links ]

85 Op. cit., p. 38.

86 Op. cit., p. 71. En sus comentarios en torno al tabaco, y luego de una detallada descripción de su mercado internacional, Vázquez criticó la política monopólica chilena frente a este producto, afirmando que venía siendo "la rémora que ha impedido en Chile la explotación de esta importante industria", op. cit., p. 105.

87 Correo de la Exposición, N° 3, Santiago, octubre 16 de 1875, p. 83.         [ Links ]

88 "La república Arjentina", Correo de la Exposición, N° 10, Santiago, diciembre 5 de 1875, pp. 149-150.         [ Links ]

89 Op. cit., p. 189. La referencia indicada por el "(1)" conducía al lector a una descripción del cuadrúpedo folívero conocido como perezoso.

90 Ibid.

91 Como ha mostrado Carmen Bravo, la exploración de Caracoles por manos chilenas y la consiguiente inversión de capitales de este país en Bolivia, determinó una mayor socialización en el espacio público chileno de los aconteceres políticos y económicos bolivianos. Así, la circulación en Chile de noticias bolivianas pudo incidir en la construcción de un imaginario determinado frente a este país en pro de la defensa de los intereses chilenos, imaginario negativo luego reforzado en la Guerra del Pacífico. Véase Carmen Bravo, La flor del desierto. El mineral de Caracoles y su impacto en la economía chilena, Santiago, Ediciones de la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos, Centro de Investigaciones Diego Barros Arana, Colección Sociedad y Cultura / Lom Ediciones, 2000, vol. XXIII.         [ Links ]

92 El Correo de la Exposición, periódico de fuerte circulación en 1875, siendo luego vendido en ediciones encuadernadas completas, fue otro de los medios que contribuyó a la popularización de la cordillera como ícono natural de Chile.         [ Links ] Sobre este tema véase Paulina Ahumada F., "Paisaje y nación: la majestuosa montaña en el imaginario del siglo XIX ", enArtelogie, N° 3, París, septiembre 2012, http://cral.in2p3.fr/artelogie/spip.php?article144        [ Links ]

93 "Discurso pronunciado por José Victorino Lastarria, presidente del jurado del progreso", en Correo de la Exposición, N° 12, Santiago, enero 26 de 1876, p. 181.         [ Links ]

94 Dos casos interesantes que examinan esta relación centro-periferia: Robert W. Rydell, All the World's Fairs: Visions of Empire at American International Expositions, 1876-1916, Chicago, University of Chicago Press, 1984;         [ Links ] Ricardo Salvatore, Imágenes del imperio. Estados Unidos y las formas de representación en América Latina, Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 2006.         [ Links ]

95 Este es el caso de la serie quiteña de Vicente Albán, véase: Daniela Bleichmar, "Training the Naturalist's Eye in the Eighteenth Century: Perfect Global Visions and Local Blind Spots", in Cristina Grasseni (ed.), Skilled Visions: Between Apprenticeship and Standards, New York, Berghahn Books, 2009, pp. 166-190.         [ Links ]

96 Paul Edison, "Patrimony on the Periphery: French Archaeologists in Nineteenth-Century Mexico", in Proceedings of the Annual Meeting of the Western Society for French History, N° 24, Colorado, 1997, p. 494. Citado por Schell, "Idols...", op. cit., p. 330.         [ Links ]

97 "Carta de Rafael Larraín al Ministro de Hacienda", Santiago, diciembre 10 de 1875, en Boletín de la Esposición Internacional de Chile en 1875, N° 9, Santiago, Imprenta de la Librería del Mercurio, 1876, p. 1069.         [ Links ]

98 Sobre la participación chilena en la Exposición Iberoamericana de Sevilla de 1929, Sylvia Dümmer señala cómo el énfasis fue dirigido ya no tanto a la naturaleza productiva como a la propiamente geográfica, donde el frío cordillerano marcaba la distinción frente a los países considerados tropicales, véase Sylvia Dümmer Scheel, "Metáforas de un país frío. Chile en la Exposición Iberoamericana de Sevilla en 1929", en Artelogie, N° 3, París, septiembre 2012, http://cral.in2p3.fr/artelogie/spip.php?article130. Para un análisis más amplio de este caso, véase de la misma autora: Sin tropicalismos ni exageraciones. La construcción de la imagen de Chile para la Exposición Iberoamericana de Sevilla en 1929, Santiago, RIL Editores, 2012.         [ Links ]

99 Para un estudio sobre las continuidades del rol de la naturaleza en las representaciones latinoamericanas y los juegos de distinción y exclusivismo presentados en la Exposición Universal de Sevilla de 1992, véase Penelope Harvey Hybrids of Modernity. Anthropology, the nation state and the universal exhibition, London and Nueva York, Routledge, 1996.         [ Links ]

 


Recibido: Abril 2014
Aceptado: Enero 2015

 

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