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Historia (Santiago)

versión On-line ISSN 0717-7194

Historia (Santiago) vol.48 no.1 Santiago jun. 2015

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-71942015000100010 

RESEÑAS

 

MIRUNA ACHIM e IRINA PODGORNY (eds.), Museos al detalle. Colecciones, antigüedades e historia natural, 1790-1870, Rosario, Prohistoria Ediciones, 2013, 276 páginas.

 


 

El interés de la historiografía por estudiar los fenómenos del coleccionismo, los museos y los gabinetes es relativamente reciente. Si bien una parte de la Historia del Arte se había dedicado a investigar estos temas, su preocupación se había centrado en lo fundamental en cuestiones sobre el entendimiento y la autenticidad y recién en la década de 1980 diversas aproximaciones historiográficas comenzaron a adquirir interés en esta materia. La primera, enmarcada en una historiografía más tradicional, remonta el origen de la noción de museo a la antigüedad clásica y centra su estudio en los agentes, practicas e instituciones que antecedieron y luego dieron lugar a la idea moderna de museo público. En general, la conformación de los museos se vincula con el desarrollo de ciertas disciplinas científicas, entendiéndolo como el resultado de la voluntad de una o más personas, encarnando así la biografía de sus fundadores. Un camino diferente tiene que ver con el análisis de los museos como espacios donde se generan, transmiten y tensionan discursos y representaciones vinculadas al nacionalismo, la identidad colectiva e imaginarios nacionales. En este tipo de historiografía el Estado representa un papel protagónico en la promoción de determinados usos del pasado que están en sintonía con el proyecto de nación, en desmedro de otros que entran en conflicto, tensionan o se distancian del proyecto de construcción nacional.

En la actualidad se manifiesta una efervescencia en los estudios historiográficos sobre el coleccionismo y los museos, evidenciando una apertura hacia nuevos problemas y metodologías para abordar estas materias que no se agotan en una sola disciplina ni en una única dimensión cultural. De esta forma, estudiar desde la perspectiva histórica el coleccionismo y los museos hoy implica estar abierto al diálogo y analizar los objetos y las prácticas del coleccionismo y la formación de gabinetes y museos en relación con los múltiples agentes involucrados en los más diversos escenarios.

El libro editado por Miruna Achim e Irina Podgorny se inscribe en este esfuerzo por hacer visible nuevos asuntos que hasta ahora no habían sido revelados en relación con el coleccionismo y exhibición de objetos de historia natural y antigüedades. La propuesta de las editoras consistió en convocar a diversos autores invitándolos a describir un acontecimiento relativo a un objeto, gabinete o museo en un momento específico ocurrido en torno a las independencias americanas, entre fines del siglo XVIII y la primera mitad del siglo XIX. El resultado es un libro que compila nueve estudios que abordan distintas facetas del fenómeno del coleccionismo, desde expediciones botánicas a museos nacionales, pasando por colecciones privadas y museos regionales, en escenarios tan diversos como París, México, Argentina, Brasil, Perú.

Se sugirió, además, prestar especial atención a los detalles y adoptar un tono descriptivo. Ejemplo de esto es el artículo de Irina Podgorny, donde realiza una observación en detalle que da cuenta de una nueva forma de conocer e ingresar a las cosas. Influenciada por la microhistoria y la descripción densa, la autora estudia la anotación realizada por el religioso Dámaso Larrañaga, quien tuvo participación en la fundación de los museos y bibliotecas de Buenos Aires y Montevideo. En sus escritos menciona el hallazgo de una "piedra de águila" que identifica como un objeto que formaba parte de la cultura popular aborigen americana, cuando en realidad tenía su origen en las practicas medicas de la antigüedad clásica y que se cargó con nuevos significados durante la Edad Media. Mediante su estudio, Irina Podgorny dará cuenta de que tanto las cosas como las palabras se van cargando de significados a medida que transitan por distintos circuitos del saber y del comercio, de manera que sus clasificaciones, denominaciones y saberes son cambiantes como resultado de la historia.

El objetivo principal del libro es aportar a la consolidación de la idea de la distribución geográfica del conocimiento mediante el debate entre diversas historiografías, mirada que desafía la idea tradicional que considera a las colecciones y museos latinoamericanos como entidades que estaban al margen de las redes globales de circulación de saberes y objetos. Un ejemplo de lo anterior es el trabajo de Susana García e Irina Podgorny, en el cual las autoras identifican un espacio no tradicional, la casa de los pilotos de la boca del río Negro en la Patagonia argentina, el cual constituye un centro de intercambio de información y ejemplares de historia natural. Como manifiestan las autoras, la reconstrucción microhistórica del funcionamiento de este lugar y los personajes que allí pasaron les permite ver cómo este sitio conformó un nodo en las redes globales de circulación del conocimiento durante la primera mitad del siglo XIX, articuladas a través de rutas comerciales y de la navegación. Pero no solo eso sino que los especímenes recolectados por pilotos, informantes locales y viajeros se integraron a los circuitos de provisión de ejemplares de historia natural para coleccionistas y museos de todas partes del mundo.

Con respecto al movimiento de objetos, Miruna Achim muestra la existencia de un incipiente mercado de antigüedades mexicanas en las décadas de 1820 y 1830, mediante el estudio de los diarios de Jean Frédéric Maximilien de Waldeck. La autora muestra que la circulación de objetos prehispánicos estaba determinada, en gran medida, por las ambiciones e intereses de los agentes involucrados en este mercado, los cuales se movían por motivos personales o en nombre de instituciones oficiales, tales como el Museo Nacional de México. Mediante el estudio de los trayectos de estos objetos, Miruna Achim concluye que no existía un valor intrínseco otorgado a las antigüedades prehispánicas. Por el contrario, los debates en torno a su valor monetario y la construcción de significados estaba determinado, en gran medida, por los espacios en que se negociaban estos valores, los cuales incluían escenarios mexicanos, como el Museo Nacional o las ruinas de Palenque, y transoceánicos, como el Museo del Louvre en París o la colección privada de Carl Udhe en Berlín.

En este volumen la atención ya no está puesta en el devenir de las colecciones o museos producto de la obra de una figura fundadora y como una empresa de creación de grandeza nacional, análisis que tendía a centrarse en los decretos y leyes y que olvidaba vincular los discursos legales con su correspondencia en las prácticas relativas al coleccionismo y exhibición de objetos. Así lo evidencia el artículo de Carlos Sanhueza, que aborda la conformación del gabinete de historia natural de Santiago en las décadas de 1830 y 1840, empresa encomendada al naturalista e historiador francés Claudio Gay. Contrariamente a lo que la historiografía de la biografía de Claudio Gay plantea, Carlos Sanhueza muestra que la creación de un gabinete de historia natural se concibió como un resultado secundario de las exploraciones del naturalista, puesto que no estaba interesado en la muestra de objetos sino en el estudio del territorio y sus especímenes para redactar su monumental obra Historia física y política de Chile. Carlos Sanhueza muestra cómo se negociaron las motivaciones científicas de Claudio Gay con el interés práctico del gobierno por conocer el territorio, aportando una nueva visión sobre el fenómeno del coleccionismo en Chile.

De manera similar, María Margaret Lopes desafía la historiografía brasileña que enmarca el estudio del Museo Nacional de Rio de Janeiro en los procesos ligados a la construcción de la nación. En este sentido, reconoce que el énfasis en estos procesos generales muchas veces oscurece la complejidad de las articulaciones especificas, por lo cual opta por centrar su análisis en el año 1850 para acompañar los quehaceres cotidianos del director del museo. Así, distanciándose de la supuesta identificación del Museo y sus directores con un determinado proyecto vencedor de construcción de la nación, se aproxima a las prácticas llevadas a cabo por Burlamaque para así revelar una dimensión de la vida cotidiana del Museo hasta ahora desconocida.

Estas nuevas miradas sobre la formación de colecciones, gabinetes y museos no pretenden necesariamente desconocer el marco de análisis que ofrecen los procesos de construcción nacional, sino problematizarlo. En este sentido, el estudio de Adam Sellen sobre el museo creado por los padres Camacho en Campeche durante la primera mitad del siglo XIV, muestra que el museo en un comienzo sirvió para reforzar la identidad peninsular, en el contexto del proyecto de construir una región Yucateca, pero que terminó por desintegrarse y parte de su acervo pasó a formar parte de la colección del Museo Nacional. A través de la reconstrucción de la historia de los artefactos que conformaron el museo, constata que la identidad regional de este gabinete quedó suprimida, disolviéndose en el colectivo de la nación y en la grandeza de la antigüedad mexicana.

Por otra parte, al cuestionar la asociación de la trayectoria de los museos con la figura de sus fundadores, no se pretende anular el factor humano, sino proponer una nuevas posibilidades para su análisis. Un ejemplo de esto es la propuesta de María Eugenia Constantito en su trabajo sobre la expedición botánica que llevaron a cabo Martín de Sessé y José Longinos Martínez en México a fines del siglo XVIII. Investigar los debates y disputas entre estos personajes le permite a María E. Constantino entender cómo influyeron sus motivaciones personales en el quehacer científico vinculado al conocimiento de la naturaleza. Las diferencias en cuanto a los métodos de conservación y clasificación de ejemplares, que se explica en las ansias por conseguir reconocimiento de parte de naturalistas, científicos e intelectuales, condujo a la desintegración de la expedición y la creación por parte de José Longinos de un gabinete de historia natural en la capital novohispana.

Los trabajos que componen este libro se distancian también de los estudios que parten desde el ámbito simbólico o representativo de los museos, mirada que tiende a descuidar la complejidad de actores, acciones y escenarios que están implicados en este fenómeno. Esto no significa abandonar las dimensiones simbólicas de las colecciones, sino invertir el punto de partida: hacer un seguimiento a los objetos para desde ahí reconstruir el contexto en que se insertan y los valores que le son atribuidos. Porque, como remarcan Miruna Achim e Irina Podgorny en la introducción, los objetos no existen a priori, sino que adquieren densidad como efecto de múltiples interacciones y circuitos en los cuales se mueven. El trabajo de Pierre-Yves Lacour es ejemplo de esto, ya que parte de los archivos y documentos, para entender cómo se acopiaron, organizaron y exhibieron los objetos del Museo Nacional de Historia Natural de París según el espacio con que contaban, la accesibilidad de las colecciones y los públicos que visitaron el museo. De esta forma, a partir del estudio de los discursos y prácticas asociadas a los objetos, Pierre Y. Lacour examina los efectos que tuvo la revolución francesa en el museo, reconociendo al enciclopedismo como una de las fuerzas que sostenía la existencia misma de esta entidad.

Ahora, si bien en general los estudios sobre el coleccionismo, gabinetes y museos de historia natural vinculan la creación y consolidación de estos con fenómenos más generales, este volumen muestra reiteradamente los beneficios de centrar el análisis en los objetos mismos. Y esta metodología sirve no solo para dar a conocer la multiplicidad de actores, escenarios y prácticas ligadas a estas actividades sino posibilita, también, confrontar casos particulares con tendencias globales. Partiendo desde el estudio de una colección privada en la ciudad del Cuzco, Stefanie Gänger expone cómo hacia 1800 la idea de gabinete o museo de historia natural como la quintaesencia del orden y la taxonomía no era todavía una noción globalizada. A través del examen de la colección de Ana María Centeno, conformada por cosas "curiosas" y en la que primaba la yuxtaposición de lo dispar con lo típico, Stefanie Gänger cuestiona hasta qué punto y de qué modo, los hombres y las mujeres ligados por este afán de coleccionar, desearon o pudieron responder al cambio epistémico que introdujo la ilustración. Para la autora, la curiosidad de Ana M. Centeno era moderna y contemporánea, lo que incita a reconsiderar la asociación exclusiva del ideal de la curiosidad, de los sentimientos humanos y de los modelos del coleccionismo con los gabinetes de curiosidades de los siglos XVI y XVII.

La inclusión de nuevos actores, espacios y dimensiones sobre el fenómeno del coleccionismo de objetos de historia natural es muy pertinente, lo que se sustenta la utilización combinada de fuentes inéditas y en la reinterpretación de fuentes ya estudiadas. Podría haberse prestado mayor atención al ámbito teórico para entender con más claridad algunos conceptos fundamentales que se dan por sentado, por ejemplo, el del coleccionismo, lo que habría servido para complementar el cuidado puesto en los aspectos metodológicos. A pesar de esto, el libro logra hacer manifiesto que, en distintos contextos y escenarios, son los objetos los que ponen en contacto a las personas, promueven acuerdos y desacuerdos, producen y reproducen jerarquías y articulan relaciones. Como manifiestan las editoras, los museos y gabinetes solo existen en la medida en que los objetos y personas se relacionan, adquiriendo así valores e historias. Esta obra evidencia cómo ha cambiado la historiografía sobre las colecciones y museos de historia natural, otorgando un panorama bastante completo sobre las posibilidades que encierra esta materia y dejando suficientes preguntas como para incentivar el diálogo y motivar nuevas investigaciones.

 

DANIELA SERRA
Instituto de Historia
Pontificia Universidad Católica de Chile

 

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