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Historia (Santiago)

On-line version ISSN 0717-7194

Historia (Santiago) vol.48 no.1 Santiago June 2015

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-71942015000100015 

RESEÑAS

 

MARTÍN BOWEN SILVA, Experimentar el cuerpo y escribir los pecados. La confesión general de José Ignacio Eyzaguirre (1799-1804), Lima, Instituto Francés de Estudios Andinos / Instituto de Estudios Peruanos, 2014, 160 páginas.

 


 

Escribir e historizar respecto de cuerpos y emociones del pasado resulta particularmente difícil para el periodo colonial americano, incluso en su etapa tardía, no solo por la escasez de fuentes sino que, también, por la predominancia del analfabetismo y las dificultades inherentes a la lectura de las representaciones de un universo que funcionaba con códigos muy diferentes a los del -hoy criticado- concepto de modernidad y modernización. Conociendo estos desafíos, el investigador y doctor en Historia Martín Bowen presenta y analiza un documento de una singular riqueza; una suerte de radiografía "en crudo" de las culpas, pecados y secretos de un sujeto perteneciente a la elite colonial chilena de fines del siglo XVIII y principios del XIX. Se trata de las notas para la confesión general del laico José Ignacio Eyzaguirre, quien posteriormente ocuparía cargos políticos y administrativos de la mayor relevancia durante las primeras décadas de la naciente República de Chile. El texto no tiene la pretensión de descubrir o interpretar una suerte de "mentalidad" de época, pues el autor conoce las limitaciones de la fuente y las ya clásicas críticas a la llamada "historia de las mentalidades", pero sobre todo está consciente de la singularidad del manuscrito y de que su autor forma parte del grupo más selecto de la elite colonial de fines del siglo XVIII.

El autor del libro nos hace partícipes de su aventura investigativa y del hallazgo fortuito de las notas confesionales de José I. Eyzaguirre en el Archivo Nacional de Chile, las cuales evidentemente no estaban destinadas a ser conocidas ni menos publicadas. Es así como en tanto lectores, nos hacemos parte de una infidencia como testigos y también curiosos del ámbito más privado de un hombre del pasado, habitado por culpas individuales y colectivas, que al mismo tiempo develan una sociedad con mecanismos sofisticados de control social. Lo que Martín Bowen de forma acertada denomina "dispositivo confesional" (pues no se trata de un solo y único acto de constricción individual) constituye un conjunto de prácticas y representaciones que incluyen -como en este caso- la contabilidad detallada de los pecados cometidos, imaginados e, incluso, presenciados por el individuo.

Es el miedo el que gobierna a los sujetos en su afán de recordarlo todo para posteriormente confesarlo al sacerdote, como si no fuera suficiente el respeto temeroso de las autoridades de la Iglesia, pues lo que se juega, en definitiva, es la condición de pecador y la condena eterna. En otras palabras, y siguiendo la cita de Martín Bowen a los trabajos de Jean Delumeau, la obsesión de los cristianos de la época moderna con la confesión, se explica principalmente por el terror a cometer "sacrilegio" (en tanto ocultamiento del pecado) y la consecuente condena en el infierno. Este miedo era aún más evidente en los miembros de las elites, dado el nivel de exposición y de relevancia pública de sus vidas, donde la idea contemporánea de lo privado y de la privacidad resulta anacrónica. El equilibrio social se sostenía, entonces, en el control de las vidas de los individuos en sus más ínfimos detalles, pero no solo por medio de la coacción externa, sino que, sobre todo, a través de este mecanismo de la conciencia, que actúa tanto individual como colectivamente. En esta suerte de "aritmética" de las faltas, siguiendo la cita a Alain Corbin, el error y el olvido no estaban permitidos, ya que Dios llevaba la cuenta exacta de las faltas de todos los seres humanos, y las cuentas tenían que calzar.

La espontaneidad del manuscrito, como bien lo describe Martín Bowen, queda plasmada en la ausencia de un relato coherente y en los saltos temporales que reflejan las lagunas de memoria y las descripciones generales de muchos de los sucesos de la vida personal que ahí se relatan. Además, dado el tenor de las confesiones expuestas (en general de manera muy sucinta), el documento estaba claramente destinado a servir de recordatorio a José I. Eyzaguirre para el relato de una confesión detallada. Esto lo reflejaría de cuerpo completo ante los representantes de la Iglesia Católica chilena, lo cual también habla del poder de dicha institución sobre los feligreses en términos de la información que se manejaba respecto de ellos. No se trata, entonces, de un diario de vida, ni menos una crónica personal con aspiraciones de convertirse en futuras memorias. Por el contrario, estamos frente a una suerte de inventario de pecados, tentaciones, pensamientos y deseos personales de carácter sexual; los así llamados "pecados de la carne", poniendo de manifiesto el fenómeno de la culpa como gran articulador de las relaciones sociales en las sociedades cristianas tradicionales.

El libro está organizado en dos partes; la primera comporta un estudio introductorio, donde el autor realiza un detallado trabajo de análisis crítico sobre el texto, tanto desde el punto de vista externo como interno. En una segunda parte, nos presenta la transcripción completa de la confesión de José Ignacio Eyzaguirre, cubriendo el periodo 1799-1804, acompañada de una nota sobre la transcripción. Agradecemos a Martín Bowen el poner a disposición de los lectores la integralidad del texto de José I. Eyzaguirre, guardando los usos y gran parte de la ortografía y gramática originales. Gracias a esto podemos contar con una fuente extraordinaria y discutir las interpretaciones del autor. Esto no siempre ocurre en un medio y un periodo de estudio donde no pocos historiadores manejan las fuentes como un coto de caza.

En la primera parte se nos entregan datos fundamentales de la biografía de José Ignacio Eyzaguirre, así como las referencias teóricas que dan sustento al análisis histórico. Desde las primeras líneas del libro, Martín Bowen declara su intención, bastante ambiciosa, de ir más allá de una "historia cultural del pecado" en la línea de Jean Delumeau, sino que -dicho en sus propias palabras- poder "detectar las complejas operaciones cognitivas que el dispositivo confesional católico exigía a sus fieles más meticulosos" (p. 17). En tal sentido, el libro cumple de manera amplia con su promesa, si bien hay dos puntos que nos merecen discusión. En primer lugar, extrañamos una reflexión más profunda sobre los fenómenos de la memoria y el registro histórico31; tema del cual existe una abundante bibliografía, en especial desde las décadas de 1970 y 1980. Pues, si bien no estamos frente a una fuente oral, tampoco podemos referirnos al manuscrito como una fuente escrita convencional, puestoque se trata justamente de un raro registro de memoria; un documento con lagunas destinado a servir de insumo (quizá desechable) para una confesión bien articulada.

A nuestro parecer, un segundo elemento ausente en el análisis de Martín Bowen, es una reflexión en torno al cuerpo como interfaz (que desarrolla sus propias técnicas e, incluso, un "inteligencia" particular), en el sentido en que lo entendía Marcel Mauss y todos los trabajos del equipo de Georges Vigarello y Alain Corbin. Si bien estos autores son bien conocidos y citados por Martín Bowen, se extraña una lectura más acabada de la idea de "incorporación" de las emociones. En otras palabras, las emociones y sensibilidades son vividas por el cuerpo, dejando huellas de ello, las cuales puedes ser rastreadas en el manuscrito de José I. Eyzaguirre32. El autor nos da algunas pinceladas de aquello, pero no profundiza más, debido a que se interesa sobre todo por los procesos psicológicos y culturales (representaciones) en torno al fenómeno de la confesión católica. A lo largo del manuscrito podemos ver con claridad como el sujeto se refiere a su cuerpo y partes sexuales de manera explícita, desarrollando técnicas particulares para darse placer o bien reprimirlo. El cuerpo representa un papel central a lo largo del relato, y es la referencia principal y constante de José I. Eyzaguirre.

Más allá de los dos puntos antes mencionados, es en la descripción del dispositivo confesional donde Martín Bowen demuestra mayor agudeza en el análisis y en el relato, pues nos pone frente a un pasado a la vez muy extraño, pero con ecos en otras formas de control social contemporáneas. Como bien lo plantea el autor, las palabras de José I. Eyzaguirre nos transportan hacia un mundo donde la construcción de los saberes en torno al cuerpo y a sus necesidades está rodeada por el misterio y el temor que produce, al mismo tiempo que el placer de la transgresión. El cuerpo es la escena social que se nos presenta opaca por este halo de misterio, prohibición, placer y culpa que emana de la relación con los otros. La sumisión al poder es parte del universo de un mundo regido todavía por autoridades legitimadas en poderes intemporales, pero en vías de profundas transformaciones. José Ignacio Eyzaguirre es un sujeto sumido en esta transición, pero hijo de una época donde los "súbditos" no cuestionaban las decisiones de la autoridad, especialmente en el ámbito de la moral. El autor describe de manera clara y concisa una concepción del mundo donde la curiosidad y los saberes propios (sobre todo respecto de la actividad sexual) circulan por vías paralelas, siempre acechadas por esta voluntad de conocer hasta los mínimos rincones del alma humana que suponía la preparación y el acto de la confesión.

En los últimos doscientos años la confesión católica ha evolucionado hacia una práctica de constricción individual, voluntaria y más restringida. Ello no quita que el interesante trabajo de Martín Bowen nos pueda ayudar a comprender ciertas dinámicas sectarias de algunas iglesias cristianas o de movimientos fundamentalistas islámicos como el salafismo. Toda historia, siempre es historia del presente.

NOTAS

31 El autor conoce bien el tema de la memoria, y cita importantes trabajos sobre el tema (Frances Yates y Carlos Severi); sin embargo, deja de lado la importante reflexión de quien probablemente sea una de las mayores autoridades en el tema, Paul Ricoeur, aunque para periodos más recientes: Paul Ricoeur, La memoria, la historia, el olvido, México, Fondo de Cultura Económica, 2004.         [ Links ]

32 Habría sido interesante que al autor discutiera con los trabajos de Arlette Farge sobre la historia del pueblo en el siglo XVIII, en especial aquellos sobre el sufrimiento de los cuerpos y sus huellas para la escritura de la historia: Arlette Farge, Efusión y tormento. El relato de los cuerpos. Historia del pueblo en el siglo XVIII, Buenos Aires, Katz Editores, 2008.         [ Links ]

 

MANUEL GÁRATE CHÂTEAU
Departamento de Historia
Universidad Alberto Hurtado

 

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