SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
vol.49 número1Distraer y gobernar: Teatro y diversiones públicas en Santiago de Chile durante la era de las revoluciones (1780-1836) índice de autoresíndice de materiabúsqueda de artículos
Home Pagelista alfabética de revistas  

Servicios Personalizados

Revista

Articulo

Indicadores

Links relacionados

  • En proceso de indezaciónCitado por Google
  • No hay articulos similaresSimilares en SciELO
  • En proceso de indezaciónSimilares en Google

Compartir


Historia (Santiago)

versión On-line ISSN 0717-7194

Historia (Santiago) vol.49 no.1 Santiago jun. 2016

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-71942016000100001 

Artículos

 

La construcción del discurso sobre el origen de los indígenas americanos en la Historia general del reino de Chile de Diego de Rosales1

 

Álvaro Baraibar*

* Doctor en Historia por la Universidad de Navarra (España). Investigador del Grupo de Investigación Siglo de Oro (GRISO) de la Universidad de Navarra. Correo electrónico: abaraibar@unav.es.


Resumen

Avanzado el siglo XVII, la figura del rey Héspero y las islas Hespérides reaparecerán en la Historia general del reino de Chile de Diego de Rosales para defender el origen español de los araucanos. El presente trabajo analiza el proceso de construcción del discurso de Diego de Rosales, así como la forma en la que acude a las fuentes y las inserta en su Historia... La coherencia entre los materiales empleados y el contexto discursivo en el que están inscritos será, precisamente, lo que explique algunas aparentes contradicciones o discontinuidades en su narración.

Palabras claves: Crónicas de Indias, siglo XVII, reino de Chile, Diego de Rosales, discurso, mito.


Abstract

During the late seventeenth century, King Hespero and the Hesperides Islands reappeared to defend the Spanish origin of the Araucaria people in the History general del reino de Chile (General History of the Kingdom of Chile) by Diego Rosales. This study analyzes the process Rosales used in constructing his discourse. It also examines the way in which sources were used and inserted in his History... The coherence between these materials and the discursive context in which they were employed explain some apparent contradictions and discontinuities in his account.

Key words: Chronicles of the Indies, 17th century, Kingdom of Chile, Diego de Rosales, discourse, myth.


 

Introducción

Gonzalo Fernández de Oviedo, primer cronista de Indias, había acudido al mítico rey Héspero para defender los derechos de la monarquía hispánica sobre las tierras americanas. A pesar de que sus referencias fueran ya discutidas por algunos de sus contemporáneos, hubo otros que revisitaron el mito en la construcción de sus propios discursos. Amador de los Ríos hizo notar en su edición de la Historia general y natural de las Indias de Gonzalo F. de Oviedo cómo el carácter fabuloso y falso de la argumentación del cronista madrileño sobre este particular ya había sido censurado por Juan de Mariana y Antonio de Herrera2. Pero, aun siendo así, lo cierto es que en aquel entonces la genealogía mítica elaborada por Annio de Viterbo y seguida por el cronista era aceptada por la mayor parte de la historiografía vinculada a la Corona, entre los que Soledad González Díaz ha destacado a Antonio de Nebrija, Lucio Marineo Sículo, Juan Ginés de Sepúlveda, Esteban de Garibay y Florián de Ocampo3.

Juan Gil ha reseñado al menos dos menciones a la identificación de las islas Hespérides con América en textos anteriores a Gonzalo F. de Oviedo, concretamente en el memorial de Francisco de Cisneros de 1494 y en las declaraciones de Sebastián Caboto en unas probanzas hechas el 31 de diciembre de 1536 a favor del almirante Luis Colón4. Con todo, el cronista constituye la primera construcción de un discurso político en defensa de los derechos de la monarquía hispánica sobre las tierras americanas a partir del recurso a las genealogías de los orígenes míticos de los primeros reyes de España.

A partir de aquí, este recurso tuvo más o menos éxito en otros autores, reapareciendo, por ejemplo, avanzado ya el siglo XVII, en la Historia general del reino de Chile. Flandes indiano de Diego de Rosales. El jesuita acudió a la figura del rey Héspero y a las islas Hespérides a la hora de buscar respuestas al origen de los primeros pobladores de Chile, en particular, y de América en general. Sin embargo, significativamente, este argumento no aparecerá en otros momentos de su obra, al hilo de los diferentes contextos discursivos y de las fuentes que el jesuita empleó en unos y otros momentos.

Las fuentes de Diego de Rosales sobre las Hespérides

Siglo y medio después de que Gonzalo Fernández de Oviedo escribiera su Historia..., el jesuita Diego de Rosales concluyó su Historia general del reino de Chile. Flandes indiano5. En ella, recuperaba el mito del rey Héspero y las islas Hespérides con una argumentación similar en algunos puntos a la del primer cronista de Indias, aunque con sus propios matices y, como veremos, con objetivos bien diferentes. Defendió el origen español de "los indios occidentales y los chilenos", como descendientes de los "hésperos o españoles" que habrían poblado aquellas regiones pasando desde las Hespérides a Brasil y posteriormente a tierras más al sur6. Así lo expresa, avanzando la conclusión de su discurso y afirmando:

"las pruebas son tan apretadas y las conjeturas tan fuertes que obligan a juzgar ser así y a tener por singular providencia el haber descubierto los españoles en estos siglos estas Indias Occidentales, para que reconozcan a su propio rey y señor y, por su medio, al Autor y Señor de todo lo criado"7.

Antes de que escribiera su crónica, otros textos chilenos habían mencionado a Héspero y las Hespérides en diferentes contextos y con otros significados. Buen ejemplo de ello es el Arauco domado de Pedro de Oña, donde encontramos varias referencias a "hespérica", "héspero", "hespérico enemigo" o "los hespéricos", con el significado de 'español'8 y en contraposición a los indígenas, catalogados como 'bárbaros' -en el marco de la guerra que lo llevó a hablar de Chile como un Flandes Indiano9-:

De blancos huesos, blanca parecía
la verde superficie de la tierra,
y a las corrientes claras de la sierra
la derramada sangre enrojecía,
cuando la guerra el Héspero temía,
y el Bárbaro gritaba, ¡guerra, guerra',
pensándola hacer a todo el orbe,
sin que poder humano se lo estorbe10.

Sin embargo en su Historia... identificará a los araucanos con los descendientes de los hésperos, de modo que lo "hespérico" seguía siendo sinónimo de español, pero ya no podía tener el mismo valor de diferenciación respecto a los indígenas chilenos que podíamos ver en Pedro de Oña. Para afirmar que los indígenas del reino de Chile eran descendientes de los españoles rescató el mito del rey Héspero y las islas Hespérides acudiendo a la autoridad de otros que, antes que él, habían ido aportando distintas informaciones. Es interesante, en este sentido, ver cómo inicia el capítulo dedicado a esta cuestión con una reflexión sobre las fuentes de autoridad:

"Las conjeturas y bien fundadas presunciones se tienen por verdad cierta e irrefragable, y se equiparan a las escrituras auténticas y legales en las cosas obscuras y dudosas que no se pueden probar con testigos contestes o públicos instrumentos, como enseñan recebidos axiomas de el derecho; y así en este punto, en que totalmente faltan escrituras y testigos, me valdré de conjeturas bien autorizadas en sus fundamentos"11.

Como ya hiciera antes Gonzalo Fernández de Oviedo, cita las fuentes de autoridad sobre las que elabora su discurso y menciona cuatro -Bernardo de Alderete, Gonzalo Fernández de Oviedo, Gregorio García y Juan de Solórzano y Pereira-, aunque a lo largo de su explicación va incorporando como referencias a varios más. Equivocadamente, atribuye a Bernardo de Alderete el haber sacado del olvido cómo la armada del rey Héspero, con muchos españoles, habría ido a descubrir nuevas tierras, hallando las de "este nuevo Orbe de las Indias Occidentales", islas que poblaron "en aquellos siglos cercanos al Diluvio". Esta idea la siguieron, continúa el jesuita, "el diligente historiador Hernando González de Oviedo, y exornole con infinita erudición Gregorio García"12.

Andrés Prieto ha señalado que fue cuidadoso a la hora de no mencionar como fuente de autoridad a un ya para entonces desacreditado pseudoBeroso13, pero creo que la cuestión de las fuentes del jesuita requiere algunas aclaraciones más allá de esta afirmación. En primer lugar, hay algunos aspectos en el texto de Diego de Rosales que no son correctos, como se ha podido deducir de la última cita. Más allá del cambio de nombre al primer cronista de Indias -Hernando González de Oviedo en lugar de Gonzalo Fernández de Oviedo-, lo primero que hay que señalar es que cuando Bernardo de Alderete nace en Málaga en 1565, hacía ya unos años que el cronista había muerto, de modo que la transmisión de la idea sobre el rey Héspero y las Hespérides no pudo ser en el sentido en que la refiere Diego de Rosales sino, en todo caso, justo al revés.

Por otro lado, de la lectura de su Historia... parece desprenderse que no conoció realmente la obra de Gonzalo Fernández de Oviedo14. En ningún momento, salvo en la mención errónea del nombre ya referida, acude al cronista, ni en este capítulo sobre las Hespérides ni en el resto de la crónica, tampoco en lo que se refiere a la naturaleza americana. Pudo haber conocido el Sumario... y el primer libro de la Historia general y natural de las Indias, publicados en 1526 y 1535, pero parece que tampoco los manejó, como se desprende de la lectura de aquellos pasajes dedicados a la flora y la fauna americanas15. Evidentemente, conoció la opinión de Gonzalo F. de Oviedo sobre los primeros pobladores de América de forma indirecta, por medio, al menos, de Gregorio García, pero no parece que hubiera tenido acceso a la obra de forma directa.

Para poder analizar con más detalle y precisión las fuentes de Diego de Rosales sobre este particular, es interesante y necesario acudir a ellas, comenzando por la que él consideró pionera a la hora de rescatar del olvido la gran obra del rey Héspero: las Varias antigüedades de España y África (1614) de Bernardo de Alderete. En la argumentación de este autor se comprueba, en primer lugar, que sobre estas islas no había "entera noticia, sino muy confusa y obscura". Las Hespérides podrían ser "las de Cabo Verde, ora las de Barlovento y el Nuevo Mundo". A pesar de ello, el que fuera canónigo de la catedral de Córdoba, al mencionar América cambia el sentido de su discurso. Critica que al Nuevo Mundo lo llamaran "América, por la vana presunción de los que quieren privar a nuestra España de lo que se le debe". Y seguidamente, después de citar unos versos de Séneca, nos dice:

"aunque [Séneca] no lo señaló, hubo otro que dijese que los hijos de los ilustres españoles habitaban estas islas y Nuevo Mundo, y aunque parece que habla de otras más cercanas que las que he dicho, fue conforme al concepto que cada uno hacía dellas"16.

Los versos a los que alude, y que cita a continuación, son de Dionisio Alejandrino, quien escribió que las islas Hespérides "las habitaban los ricos hijos de los muy nobles iberos"17. Siendo así, por haberlas poblado, asegura que se debía a los españoles "el señorío y imperio destas islas". Y concluye diciendo:

"Y aunque varones muy doctos tratan de la forma que estas islas se pudieron poblar, y el Nuevo Orbe, y dicen algunas dignas de sus grandes ingenios, la principal pienso que es que como se descubrieron así se poblaron, de los muchos que salían de Cádiz, como dijo Diodoro Sículo, y también Strabón, de los que iban a pescar al río Lixo, que uno dio vuelta a toda África"18.

En definitiva, se basa en Bernardo de Alderete para reivindicar el poblamiento de las Hespérides por parte de los españoles. Y partiendo de este pasaje, el jesuita se decanta por identificar aquellas islas con las de Cabo Verde, distanciándose, por tanto, en este punto de lo que afirmara Gonzalo Fernández de Oviedo. "No es vulgar la autoridad de los doctísimos cosmógrafos e historiadores que tienen por infalible que las islas de Cabo Verde en la costa de África son las que se llaman Hespérides"19. Para ello, acude al padre Mafeo, Theodoro Bry y Juan de Solórzano y Pereira. Este último, además -según refiere-, habría cambiado de parecer, aunque en un primer momento afirmó que las Hespérides eran las islas de Barlovento ("Española, Cuba, Barriguena y otras confinantes"), después, "con más maduro consejo y mejor informado" dijo que las "islas Hespérides hoy son, según la opinión más común, las de Cabo Verde"20.

Tampoco esta precisión del jesuita sobre Juan de Solórzano es del todo correcta. Así, el jurista español publicó su magna obra sobre el gobierno y justicia de las Indias Occidentales en latín en un primer momento y, visto el éxito de la obra, decidió traducirla al castellano21. Si acudimos a la traducción al castellano veremos que en realidad hay referencias contradictorias sobre la identificación de las Hespérides con las islas de Cabo Verde o con las de Barlovento. Así, al hablar sobre la bula de Martín V dividiendo el mundo entre españoles y portugueses, Juan de Solórzano explica cómo la línea trazada estaba "a poco más de trecientas leguas de las Islas Hespéridas, que hoy se dicen de Cabo Verde"22. Sin embargo, en la misma obra, el autor identifica a las Hespérides con las islas de Barlovento, las Antillas ("que por eso se llamaron Hespéridas las islas que hoy decimos de Barlovento")23, y poco después nuevamente con las de Cabo Verde ("ni aun a las Islas Hespéridas, que son hoy, según la más común opinión, las de Cabo Verde")24.

Diego de Rosales, casi con toda seguridad, habría llevado a cabo una lectura parcial de la Política indiana de Juan de Solórzano por medio del "Índice de las cosas notables" que el jurista incluyó en su obra. No parece casual, en este sentido, que la única referencia recogida en el "Índice" bajo la voz 'hespéridas' sea la tercera, que identifica las míticas islas con las de Cabo Verde25. Así, pues, la contradicción del propio Juan de Solórzano pasó desapercibida para Diego de Rosales, que encontró en el supuesto cambio de parecer de aquel un punto de apoyo más para la tesis de Bernardo de Alderete, que quedaba respaldada de esta manera también por otras ilustres autoridades.

Pero la fuente que creo que resulta clave en el discurso de Diego de Rosales es el dominico Gregorio García, autor de Origen de los indios del Nuevo Mundo e Indias Occidentales (1607), causante de la primera obra dedicada íntegramente a un tema, el de los primeros pobladores de las Indias, que ya había sido abordado por muchos historiadores y cronistas como parte de sus trabajos sobre las Indias26. El dominico explica cuáles son los objetivos de su escrito y hace una reflexión sobre el concepto de la autoridad que resulta sumamente interesante. Afirma que hay cuatro formas de conocer algo: por ciencia, opinión, fe divina o fe humana (es decir, por la autoridad de quien lo dijo antes). En lo que respecta al modo por el que las Indias fueron pobladas, solo puede acudirse a la opinión y a ello se dispone, introduciendo también sus propios argumentos y comentarios, gracias a su experiencia personal27. Así,

"según la suficiente enumeración de los modos de saber, solo resta que lo sepamos por opinión, y así referiré aquí las que cerca desto ha habido y puede haber, poniendo sus fundamentos y razones probables en que cada una dellas se funda. Cada cual podrá seguir la que más cuadrare a su entendimiento, que en esto a nadie se hará agravio, pues lo que es opinable tiene eso: que puede ser falso o verdadero o estimado por tal"28.

Gregorio García explica a lo largo de su obra las distintas interpretaciones, analizando los argumentos en pro y en contra de cada una de ellas. En su opinión, entre las teorías de quienes defendían que los primeros pobladores procedían de España, la de "mayor fundamento y certeza" era la de Gonzalo Fernández de Oviedo29. De hecho, Gregorio García bien pudo ser la vía por la que la referencia del primer cronista de Indias a las islas Hespérides llegara a Diego de Rosales30.

Pero hay, además, y sobre todo, otro dato en Gregorio García que considero que tiene importancia en el discurso de Diego de Rosales: la idea de la Atlántida. El dominico dedicó varios capítulos de su obra a responder a las objeciones planteadas en torno a la existencia de la Atlántida "para que de esta manera quede esta opinión en pie, y no quede destruida o maltratada con los golpes del contrario"31. Uno de los autores que había sido más beligerante con el mito platónico de la Atlántida había sido el padre José de Acosta, que -como afirma Gregorio García- lo había tachado de "disparate" y había hecho "burla dello con mucho donaire y aun de los que lo tienen por verdadero"32. En el relato de Diego de Rosales, la Atlántida cumple su función como escala en el largo viaje desde las Hespérides hasta las costas de las Indias Occidentales.

Si regresamos al discurso de Diego de Rosales, resulta evidente que no podía obviar la gran distancia que separaba las islas de Cabo Verde del continente americano: cuatrocientas cinco leguas al cabo de San Vicente, en España, y trescientas sesenta y seis al puerto más cercano de Brasil. Por ello, nos advierte de que estos datos eran según las distancias del tiempo en el que él escribía, "porque si hemos de conferir las modernas geografías con las antiguas, las hallaremos muy mudadas". Y esto se debía a que "con el continuo ímpetu y batería de sus olas [el mar] va cada día gastando y consumiendo la tierra"33. Siendo así, "bien podemos decir y persuadirnos a que estaba el mar tan estendido en aquellos tiempos por algunas partes como ahora, y por otras más retirado, y que la tierra firme de el Brasil no estaba tan apartada de las Hespérides". Pero, además, era "nervioso argumento"34, que respaldaba la interpretación defendida, véase la gran cantidad de islas, rocas y bajíos que había en la derrota de Cabo Verde a Brasil, de modo que la distancia que aquellos primeros pobladores tuvieron que salvar no fue tanta. Otro punto intermedio en aquella navegación hespérica habría sido la Atlántida, que era "una de las mayores partes del mundo", hundida como consecuencia de un gran temblor35.

Concluye aportando una última razón en la que apoyar sus palabras: aunque fuese mucha la distancia, no era tanta "para quien había navegado cuatrocientas y cinco leguas que hay desde España a las islas de Cabo Verde", tenía "bajeles y arte de navegar" y era tan atrevido como los españoles en tiempos del rey Héspero36.

Desde Brasil, aquellos españoles habrían pasado a otras partes, llegando hasta el reino de Chile. En aquel momento, los españoles no eran "tan cultos y políticos como ahora, sino que sumamente eran rústicos, groseros y feroces en la guerra, y así heredaron estas costumbres sus descendientes". Porque, cuando se perdió la comunicación con España37, "les faltó de el todo la enseñanza, y quedaron como hoy vemos a los indios. Pero no degeneraron de el valor que esperimentamos en los chilenos y los brasiles". Y así como los brasiles se enfrentaron a los portugueses y mataron a Francisco Pereira Cutiño, su capitán, y vencieron a su armada, los araucanos chilenos "se han mostrado tan feroces y valerosos que por muchos años, y por más de un siglo entero, han hecho oposición gallarda al poder español ellos solos", siendo "admiración de nuestros tiempos" y "célebres en los venideros"38.

Todas las posibles dudas o elementos contradictorios imaginados e imaginables tienen una explicación en el discurso de Diego de Rosales. La diferencia de lenguas queda aclarada por la constante mutación de las mismas; el color de la piel, por el efecto del Sol y de unos aceites con los que algunos indios se untan y a consecuencia de los cuales su piel se va oscureciendo, más allá de que en Chile hay indios de piel tan blanca que parecen españoles. Y en cuanto a cómo llegaron los animales, la respuesta la dan el padre José de Acosta ("en embarcaciones pequeñas que en aquellos tiempos se usaban") y san Agustín ("por industria de los hombres" o a nado, tras el Diluvio). Diego de Rosales concluye el capítulo con una referencia a los límites del conocimiento humano al afirmar que, si bien "lo cierto de cómo se llenaron de hombres y animales estas Indias Occidentales solo el Criador de el Universo lo sabe", "cuanto el ingenio humano puede rastrear es lo referido"39.

Llama la atención en esta última parte del argumento ver cómo Diego de Rosales se aleja de José de Acosta a pesar de que lo cite y de que en otros lugares se refiera a él como "príncipe de la historia índica"40. Andrés Prieto ha afirmado que Diego de Rosales era consciente de que la teoría de José de Acosta, sobre el paso entre América y Asia, era la más extendida, más aún entre los jesuitas, y que por ello se limitó a defender su hipótesis sobre el origen español para el caso de los indígenas chilenos y brasileños, dejando abierta la posibilidad de procedencias varias para otros lugares. En opinión de Andrés Prieto, Diego de Rosales no desautoriza realmente la teoría de José de Acosta41. Es cierto que el autor del Flandes indiano, en una decisión salomónica, expone las distintas teorías -hebreos, tártaros europeos, asiáticos o japoneses, fenicios y cartagineses y romanos habían aparecido en distintos lugares como posibles primeros pobladores de América-42 y deja en manos del lector la decisión final:

"En punto tan difícil y incierto se puede pensar que, siendo tan dilatadas estas regiones de la América, no solo una nación, ni por un camino, sino por muchos y por diversas partes vinieron a poblarla, como lo notaron el doctísimo Solórzano y Gregario García. Unas hicieron su tránsito por el continente o breves angosturas de el mar; otras con navegaciones fortuitas o meditadas; y con esta dispersión era fácil propagarse y llenar todas las provincias de este Nuevo Mundo, y poner en paz y concordia las opiniones de tantos y tan doctos escritores. Sea pues cada uno constante en su sentir, que yo en el capítulo siguiente expresaré mi parecer, y el lector escogerá de todos el que mas le agradare"43.

Aun así, en Diego de Rosales hay, en este punto, un importante distanciamiento respecto al jesuita José de Acosta que resulta, a mi modo de ver, más aún si tenemos en cuenta que Juan de Solórzano y Pereira también se alineó con él tanto en lo relativo a cómo llegaron los primeros pobladores a América como en la cuestión de la Atlántida44. Como es sabido, José de Acosta había afirmado que los primeros pobladores habían pasado a las Indias "no tanto navegando por mar como caminando por tierra": "pasando poco a poco hasta llegar al Nuevo Orbe, ayudando a estos la continuidad o vecindad de las tierras"45. Y, por otro lado, en más de una ocasión -como ya he señalado- se había burlado de quienes creían en fábulas como la de la Atlántida. El título del capítulo que dedica a esta cuestión en su Historia... es rotundo ("Que no pasó el linaje de indios por la isla Atlántida, como algunos imaginan"), como lo son algunas de sus afirmaciones: "son cosas tan de burla considerándose un poco, que más parecen cuentos o fábulas de Ovidio que historia o filosofía digna de cuenta"46. Es significativo, pues, que no continuara el discurso marcado por otro jesuita antes que él, alguien, además, del prestigio e influencia de José de Acosta, de un modo especial entre los miembros de la Compañía.

Sigue a Gregorio García cuando expone las distintas opiniones que se habían vertido sobre los primeros pobladores de las Indias Occidentales, dejando que sea el lector quien decida sobre cuál le parece más acertada. Acepta, como él, la existencia de la Atlántida, a pesar de que el dominico rebatiera de forma expresa las afirmaciones de José de Acosta sobre el carácter fabuloso del mito platónico. Y defiende, como el dominico y como Juan de Solórzano, el origen vario de los pobladores de América. En este sentido, Diego de Rosales se acerca a Gregorio García que, si bien no niega a José de Acosta, como reconoce expresamente al exponer su opinión personal47, sí se aleja de él en varios aspectos. En definitiva, Diego de Rosales construye su discurso, tomando de cada autor aquella parte de sus opiniones que le permita respaldar el origen español de los indígenas chilenos, y lo hace con un fin, con una motivación concreta que trataré de mostrar a continuación.

Las motivaciones del discurso de Diego de Rosales

Otro aspecto a considerar en su discurso es el de las motivaciones que le llevaron a rescatar el mito del rey Héspero y las islas Hespérides.

Teniendo en cuenta el contexto histórico que vivía la monarquía hispánica en las décadas de los cincuenta y los sesenta del siglo XVII se podría pensar que sus menciones al poblamiento de Cabo Verde y Brasil por los españoles siglos antes de que llegaran los portugueses tenían una intencionalidad política concreta: reivindicar los derechos del monarca español sobre dichos territorios. En los años en los que terminó su obra -1673, o 1666 si aceptamos la opinión de Walter Hanisch antes referida- las relaciones entre Portugal y España atravesaban momentos especialmente duros. La derrota española en Elvas (1659) y en Villaviciosa (1665) conduciría al tratado de paz de Lisboa de 1668, con la renuncia definitiva de las pretensiones españolas sobre el país vecino. Un contexto propicio para que la identificación de las Hespérides del mítico rey Héspero con Cabo Verde, y de los españoles con los primigenios pobladores de Brasil hubieran cobrado nuevas dimensiones en el discurso político de la monarquía hispánica.

Sin embargo, el juicio que hace de los portugueses a lo largo de su obra no lleva a pensar en ningún momento que esta fuera su motivación a la hora de construir su discurso. Al contrario, hace en diferentes momentos de su obra comentarios carentes de cualquier tipo de carga negativa contra los portugueses y, en ocasiones, incluso con un expreso sentido positivo sobre su actuar en aspectos que tienen que ver con la labor evangelizadora o con su enfrentamiento con los holandeses, que para el jesuita seguían siendo, también después de la paz de Westfalia, los enemigos por antonomasia de la fe católica48. El juicio de valor sobre los portugueses cambia, eso sí, cuando se refiere a cómo esclavizaban a indígenas de Brasil u otros territorios bajo el dominio de Portugal, afirmando falsamente que eran presos tomados por las armas en enfrentamientos con los musulmanes49.

El motivo habría que buscarlo, por tanto, en otro lugar y probablemente responda a una razón más cercana al territorio sobre el que escribió. En este sentido, Andrés Prieto apunta una motivación concreta para la Historia... escrita por Diego de Rosales:

"Although Rosales's writing of a history of Chile was probably commissioned by the civil authorities of the realm, his thorough discussion of Chilean nature and geography [...] was directly intended as a response to the Dominican friar Juan de la Puente, who in his 1612 Conveniencia de las dos monarquías had asserted that the nature of America was prone to produce lesser, degenerate men, be they natives or Spaniards"50.

La opinión positiva que tiene respecto a los criollos chilenos es explícita en varios lugares:

"Y lo que el Dr. don Juan Solórzano en su Política indiana, el maestro Calancha en su historia del Perú, don Bernardino de Prado en su docta alegación de los beneméritos peruanos dicen en favor y honra de los criollos, con más singular propiedad se puede decir de los de Chile por la mucha sangre que en servicio del rey han derramado"51.

Sin embargo, si bien comparto la apreciación de Andrés Prieto sobre el hecho de que la motivación de Diego de Rosales, o al menos una de ellas, fue la reivindicación positiva de los criollos y los indígenas chilenos -sobre todo de los criollos-52, creo que resulta un tanto excesivo afirmar que la obra fuera una reacción a un comentario vertido por otro dominico, Pedro de la Puente, en un texto que, en realidad, versaba sobre otras cuestiones. De hecho, Pedro de la Puente, al hablar sobre la labor evangelizadora de los apóstoles, se había referido a cómo a veces la fe caía "en corazones duros, bárbaros y sin policía humana y, aunque la reciban, luego hace su oficio el ingenio natural y no se hermana con la gracia, por lo cual, tan presto como prendió la doctrina, se seca, cae y perece"53. Buen ejemplo de ello, continuaba el dominico, eran los indios de América, y añadía en nota al margen: "Influye el cielo de la América, inconstancia, lascivia, y mentira, vicios propios de los Indios, y la constelación los hará propios de los españoles que allá se criaren y nacieren".

Diego de Rosales tuvo noticia de esta opinión de Pedro de la Puente, recogida, como en el caso antes visto de Juan de Solórzano, en el índice de su obra o "Tabla común"54, y la cito como ejemplo en un tono crítico:

"De donde se verá con cuánto arrojo y temeridad, indigna de varón tan sabio, habló un autor cuyo nombre quiero suprimir aquí, aunque le pongo a la margen, censurando de inhábiles y cobardes a los criollos y que degeneran de sus progenitores, y si hubiera visto y oído los hechos de los de Chile hubiera hablado con más templanza y pudiera engrandecerlos con mucha verdad"55.

La otra referencia que hace Pedro de la Puente a los españoles de América (a los criollos en este caso), citada textualmente en esta ocasión por Diego de Rosales, es, asimismo, muy negativa: "la America, y sus dos soberbios Imperios, el Mexicano y el Pirú, tan llenos de gente española que con la que allá hay se puede hacer otra España tan poblada, no sé si tan valerosa". Para añadir a continuación también al margen:

"Sospecho que el suelo y cielo de la América no es tan bueno para hombres como para yerbas, y metales, aunque sean decendencia de España. El buen trigo suele bastardear en la ruin tierra, y de candial se hace centeno"56.

Diego de Rosales replica al dominico diciendo que "en todas partes hay de bueno y de malo, [...], que en Europa bastardean también algunos y no salen a sus padres, y no por eso se da esa rigurosa censura a toda la nación"57. Pero a pesar de esta referencia concreta, que Diego de Rosales tal vez utilizara por ser de fácil localización al aparecer en el índice del libro del dominico, no parece que La conveniencia de las dos monarquías católicas pudiera tener la suficiente entidad en esta cuestión como para ser la razón, por sí sola, que llevara al jesuita a escribir su Historia.... Como el propio Andrés Prieto reconoce, la perspectiva de Pedro de la Puente no era tan infrecuente a principios del siglo XVII58.

Por otro lado, su reacción a los comentarios de Pedro de la Puente se produce en el contexto de reivindicación de las cualidades no de los indígenas, sino de los criollos chilenos, y este aspecto, a mi entender, junto a otras modulaciones en sus argumento, resultan claves a la hora de entender el papel que representaron en su discurso el rey Héspero y las islas Hespérides. En los últimos epígrafes del capítulo 2 del libro segundo se detiene en:

"Ilustres hechos y costumbres de los criollos. Recházase un autor y defiéndese los criollos. Fray Pedro de la Puente. Son dignos de alabanza los criollos por haber estendido la fe. Insignes criollos de Chile, obispos y oidores. Son los criollos de Chile gigantes en el valor"59.

En este sentido, creo que tanto su obra en su conjunto, como la imagen que construye de los mapuches se deben a su intento por reivindicar las glorias de los criollos chilenos. Avanzado el siglo XVII, a la hora de preparar una historia del reino de Chile, no podía sustraerse a la pregunta sobre la procedencia de los primeros pobladores de las Indias Occidentales. Pudo haber expuesto las distintas teorías existentes, tal y como había hecho Gregorio García y dejar en manos del lector la decisión sobre cuál tenía más razón de ser. Sin embargo, el origen hespérico resultaba útil en su discurso a la hora de tratar de destacar las excelencias de aquellas tierras a partir de su parecido o identificación con España y los españoles. Pero el argumento irá apareciendo o no, e irá cobrando nuevas formas en él al hilo de su discurso.

De hecho, el supuesto origen español daba a los indígenas unas cualidades que hubieran podido ser la base de una argumentación que negara de raíz las opiniones negativas de Pedro de la Puente y otros autores. Sin embargo, Diego de Rosales no incide en ello a lo largo de su obra. Tampoco acudió al origen hespérico cuando, en otro de sus trabajos, el Manifiesto apologético, se refirió a la esclavitud de los indígenas chilenos60.

Y no lo hizo porque con toda probabilidad se trataba más de un elemento discursivo, retórico, que una idea fruto de una convicción firme. En definitiva, en un efecto reflejo, la mayor cualidad de los indígenas ponía en valor los esfuerzos de los españoles en Chile: la bravura de los indios araucanos no hacía sino aumentar el valor de los españoles que luchaban contra ellos y de quienes buscaban su conversión a la verdadera fe. El propio Diego de Rosales así nos lo explica y habla del carácter extraordinario de los indígenas de Chile para que así "luciese más la conquista":

"No es la conquista de Chile de las ordinarias ni de las comunes de las Indias; conquista es de gigantes en el ánimo, en el valor y en el esfuerzo. Y es forzoso, para que tenga los esmaltes debidos la corona que merecen los españoles, sus conquistadores, decir con qué indios las hubieron, con quiénes midieron sus fuerzas, que a no haber alargado la medida, no hubieran jamás igualado a una gente que pelea desmedidamente y que sobrepuja a los demás indios de la América en la valentía, arrogancia y valor"61.

Al inicio de su obra, había relatado cómo el valor de los indígenas quedaba explicado por su origen español62. Sin embargo, en este momento del texto, cuando se habla de la guerra y del valor de los indígenas chilenos, no recurre a aquel argumento, sino que afirma que su carácter extraordinario se debería al contacto con los españoles, a lo que aprendieron de estos en el tiempo en que llevaban luchando con ellos: "muchas estratagemas de guerra han aprendido de los españoles, mucha animosidad han cobrado con su comunicación, mucho tesón en la guerra han aprendido de su valor y constancia"63. Pero "como el valor es natural y el ánimo no tanto se adquiere como se nace con cada uno", no se podía negar a los indios de Chile la valentía, "animosidad y furor bélico" con los que ya se habían enfrentado a los incas, antes de que los españoles llegaran a sus tierras64. Y es muy significativo comprobar cómo, en este punto, la razón tampoco se hallaba en su supuesto origen español sino, más bien, en las extraordinarias características de las tierras chilenas -"por traer debajo de sus pies tantos minerales de oro, plata, cobre y otros metales, y beber de las aguas que continuamente pasan por sus minerales, participando de sus generosas cualidades"- y de "la constelación de su cielo"65.

En definitiva, el discurso principal de Diego de Rosales en su Historia... no es otro que la exaltación y reivindicación de la grandeza de Chile y de sus habitantes, concretamente los criollos. El recurso al rey Héspero y las islas Hespérides tiene sentido en un momento concreto del relato en la medida en que había que dar respuesta a la pregunta sobre los orígenes de los indios y esta explicación permitía, en un efecto reflejo, engrandecer a los españoles, a los criollos. Cuando más adelante, el protagonista de la narración sea la guerra, la idea no reaparece y los medios por los que Diego de Rosales resalta las virtudes de Chile son otros.

No se puede descartar que en este punto el jesuita estuviera presente la retórica instituida por La Araucana, que enaltece el valor de los mapuches como manera de ensalzar y glorificar la capacidad militar de los españoles y los criollos chilenos66. Sin embargo, creo que, al hilo del análisis de las fuentes de Diego de Rosales, cabe resaltar, también aquí, el argumento de oportunidad. Se trataba de rebatir a Pedro de la Puente en los mismos términos por él utilizados. Siendo así, cuando el dominico se refiere a la influencia negativa del clima sobre los españoles nacidos en el continente americano, Diego de Rosales reivindicará justamente lo contrario: eran las excepcionales condiciones del clima y de la tierra chilena lo que ponía en valor a los indígenas chilenos, no su origen español, como había argumentado al inicio de su Historia...

Conclusión

A mi entender, resulta necesario reconstruir los procesos tanto de creación de los discursos como del uso de las fuentes por parte de los distintos historiadores y cronistas americanos. Cierto es que para poder avanzar con seguridad en este camino, es imprescindible contar con ediciones críticas de las crónicas y relaciones que nos hablan de las tierras americanas, un ámbito en el que se está avanzando de forma importante en los últimos años, pero en el que queda todavía mucho trabajo por hacer.

En la transmisión de los distintos elementos sobre los que Diego de Rosales elaboró su relato se da un interesante juego de referencias entre autores pertenecientes a las órdenes jesuita y dominica. Encontramos, asimismo, errores o inadvertencias que nos aportan información sobre el proceso de escritura de algunas de estas obras. Y nos acercamos de un modo más preciso, en cada uno de los casos, a un mejor conocimiento de los contextos políticos generales -así como a los intereses particulares, individuales- que explican las verdaderas motivaciones que subyacen en los argumentos empleados por los distintos autores en su defensa de una determinada posición política, con sus continuidades y sus, en ocasiones, inevitables contradicciones.

En este caso, Diego de Rosales acude al mito del rey Héspero y de las islas Hespérides no como hiciera Gonzalo Fernández de Oviedo, por su utilidad en la defensa de los derechos de la monarquía hispánica sobre las tierras americanas, sino por su virtualidad a la hora de construir un discurso sobre la grandeza de Chile y de los criollos chilenos. Ese era el contexto de Diego de Rosales y en él tiene sentido el recurso al supuesto origen español de los indígenas chilenos cuando el jesuita trata de dar respuesta a dicha pregunta. Sin embargo, no empleó este argumento cuando el contexto discursivo era otro y debía rebatir las afirmaciones negativas de Pedro de la Puente sobre el efecto del clima sobre los habitantes del continente americano. Son precisamente estas modulaciones del discurso las que nos arrojan luz y nos aportan muchas pistas sobre el pensamiento de Diego de Rosales, sobre sus motivaciones y sobre su método a la hora de escribir su Historia general del reino de Chile. Flandes indiano.

Notas

1 Este trabajo forma parte de los resultados del proyecto HAR2012-31536, "Discurso y poder, lengua y autoridad en el mundo hispánico (siglos XVI-XVII), subvencionado por el Ministerio de Economía y Competitividad.

2 Gonzalo Fernández de Oviedo, Historia general y natural de las Indias, ed. Juan Pérez de Tudela Bueso, Madrid, Atlas, 1992, vol. I, p. 18.         [ Links ]

3 Soledad González Díaz, "Genealogía de un origen: Túbal, el falsario y la Atlántida en la Historia de los Incas de Pedro Sarmiento de Gamboa", en Revista de Indias, N° 72, vol. 255, Madrid, 2012, pp. 514-515.         [ Links ] Véase además Augustín Redondo, Revisitando las culturas del Siglo de Oro. Mentalidades, tradiciones culturales, creaciones paraliterarias y literarias, Salamanca, Ediciones Universidad de Salamanca, 2007.         [ Links ] En este contexto son interesantes también las aportaciones de Isaías Lerner, "La Miscelánea antartica y el origen de los pueblos del continente americano", en Edad de Oro, N° 29, Madrid, 2010, pp. 137-148,         [ Links ] trabajo que publicaría en una versión ampliada como "Teorías de indios: los orígenes de los pueblos del continente americano y la Biblia Políglota de Amberes (1568-1573)", en ColonialLatin American Review, vol. 19, N° 2, New York, 2010, pp. 231-245.         [ Links ]

4 Véase al respecto, Juan Gil, "Introducción. I", en Cristóbal Colón, Textos y documentos completos, ed. de Consuelo Varela, Madrid, Alianza, 1984, p. XII, nota 14.         [ Links ]

5 Diego de Rosales debió concluir su obra hacia 1674, pero el manuscrito estaba terminado y preparado para su publicación ya para la altura de 1666, año en que están fechadas las aprobaciones y en que la crónica fue llevada a Europa para su publicación por el padre Lorenzo de Arizábalo. El periplo sufrido por el texto ha sido reconstruido por Walter Hanisch Espíndola, "El manuscrito de la Historia general de Chile del P. Diego de Rosales y su larga peregrinación", en Jahrbuch für Geschichte Lateinamerikas/Anuario de Historia de América Latina, vol. 22, Hamburgo, 1985, pp. 69-97.         [ Links ]

6 Diego de Rosales, Historia general del reino de Chile. Flandes indiano, ed. Benjamín Vicuña Mackenna, Valparaíso, Imprenta del Mercurio, 1877, vol. I, p. 11.         [ Links ] Cito en adelante por esta edición, salvo que indique lo contrario.

7 Ibid.

8 Pedro de Oña, Arauco domado (1605), Valparaíso, Imprenta Europea, 1849, pp. 10, 12, 55, 257 y 293.         [ Links ] Sebastián de Covarrubias, bajo la voz 'hesperia' explica cómo hay dos regiones que responden a este nombre, España e Italia, aunque es a esta segunda a la que dedica la práctica totalidad de su entrada. Sebastián de Covarrubias, Tesoro de la lengua castellana o española, ed. Ignacio Arellano y Rafael Zafra, Madrid/Frankfurt, Iberoamericana/Vervuert, 2006, voz 'hesperia', pp. 1043-1044.         [ Links ]

9 Véase Álvaro Baraibar, "Chile como un "Flandes indiano" en las crónicas de los siglos XVI y XVII ", en Revista Chilena de Literatura, N° 85, Santiago, 2013, pp. 157-177,         [ Links ] para la construcción de la imagen de un Flandes indiano aplicado a Chile.

10 Oña, op. cit., p. 12.

11 Rosales, op. cit., vol. I, p. 11.

12 Op. cit., vol. I, p. 12.

13 Andrés I. Prieto, Missionary scientists: Jesuit science in Spanish South America, 1570-1810, Nashville, Vanderbilt University Press, 2011, p. 217.         [ Links ]

14 Algo que ya sugirió, aunque con argumentos no muy precisos, Benjamín Vicuña Mackenna en el "Prefacio" a su edición de la Historia general del reino de Chile. Véase Benjamín Vicuña Mackenna, "Prefacio" a su ed. de Rosales, op. cit., p. XLV. Aunque Benjamín Vicuña Mackenna lamentara que Diego de Rosales no hubiera tenido acceso a la Historia general de las Indias de Gonzalo Fernández de Oviedo para utilizar la información que este daba sobre Pedro de Valdivia, lo cierto es que este pasaje, que se encuentra en el libro XLVII, no fue publicado hasta 1851. Fernández de Oviedo, op. cit., vol. V, pp. 124-210.

15 Entre otros detalles, cabe citar la referencia que Diego de Rosales hace al armadillo, Historia general del reino de Chile, vol. I, pp. 327-328, conocido como 'encubertado' por los portugueses -afirma-, cuando Gonzalo F. de Oviedo y Fernández de Enciso también utilizaron este término para dicho animal. La afirmación probablemente provenga de Nicolás de Monardes, a quien Diego de Rosales sí sigue. Véase sobre ello Gonzalo Fernández de Oviedo, Sumario de la natural historia de las Indias, ed. Álvaro Baraibar, Madrid/ Frankfurt, Iberoamericana/Vervuert, 2010, p. 175, nota 463.         [ Links ]

16 Bernardo de Alderete, Varias antigüedades de España y África y otras provincias, Amberes, a costa de Juan Hasrey, 1614, p. 567.         [ Links ] El capítulo que dedica a este tema se titula "De las islas Hespérides y varias opiniones que dellas hubo, de su antigüedad y de los que las habitaron", y se inscribe en una larga serie de epígrafes sobre el mito del jardín de las Hespérides, su ubicación, las manzanas y el dragón.

17 Rosales, op. cit., vol. I, p. 12. Se trata de la traducción que hace Diego de Rosales de esta referencia de Dionisio Alejandrino. La referencia de Bernardo de Alderete se halla en op. cit., p. 567: "Hesperidas, ubi stanni origo / divites habitant illustrium filii iberorum".

18 Alderete, op. cit., p. 568.

19 Rosales, op. cit., vol. I, p. 12.

20 El texto contiene un error en este punto que entiendo fue un simple lapsus del autor, al decir Cuba, en lugar de Cabo Verde, pero el sentido de la frase creo que es claro: "el nunca bastante alabado don Juan de Solórzano que, aunque en el primer tomo latino defendió que eran las de Barlovento, es a saber, la Española, Cuba, Barriguena y otras confinantes, después, con más maduro consejo y mejor informado, dijo que eran las de Cuba, por estas palabras que refiere en la Política indiana: 'Las islas Hespérides hoy son, según la opinión más común, las de Cabo Verde'". Rosales, op. cit., vol. I, p. 12. Atribuyo el lapsus al autor, aunque no he tenido ocasión de ver el manuscrito conservado, porque la referencia a "Cuba" aparece en las dos ediciones de la Historia... disponibles, la de Benjamín Vicuña Mackenna, y la de Mario Góngora (Santiago de Chile, Andrés Bello, 1989, 2 vols.).

21 El primer volumen de su De Indiarum iure se publicó en 1629 y el segundo diez años después, en 1639. La traducción al castellano, la Política indiana, vio la luz en 1647. Comp. Miguel Ángel Ochoa Brun, "Estudio preliminar", a Juan Solórzano y Pereira, Política indiana, Madrid, Atlas, 1972, vol. I, pp. XXVIII -XXXVII.         [ Links ] En cualquier caso, Política indiana no es exactamente una traducción, sino una versión de la obra en latín, "en parte resumida y en parte enriquecida con nuevos datos": Carlos Baciero, "Juan de Solórzano Pereira y la defensa del indio en América", en Hispania Sacra, N° 58, vol. 117, Madrid, 2006, p. 264.         [ Links ] El pasaje sobre Héspero, las Hespérides y Gonzalo Fernández de Oviedo aparece muy resumido.

22 Solórzano y Pereira, Política..., op. cit., vol. I, p. 38.

23 Op. cit., vol. I, p. 57.

24 Op. cit., vol. I, pp. 64-65.

25 Solórzano y Pereira, Política..., op. cit., vol. V, p. 140: "Hespéridas, Islas, si son las de Cabo Verde, libro 1, capítulo 6, nota 16". El índice recoge la misma referencia para "Cabo Verde" y, en cambio, no recoge nada para "Barlovento". En cuanto al texto en latín, Diego de Rosales habría tenido en cuenta el libro I, capítulo IX, nota 62: "Hesperides insulae proprie et vere sunt illae quas vocamus de Barlovento, lict aliqui eas confundant cum Gorgadis aut Fortunatis", 'Las islas Hespérides son, en sentido estricto y verdadero, aquellas que nosotros llamamos de Barlovento, aunque algunos las confunden con las Gorgades o Afortunadas', Juan Solórzano y Pereira, De Indiarum iure, ed. Carlos Baciero et al., Madrid, CSIC, 2001, vol. I, pp. 318-319.         [ Links ]

26 Una relación de obras que se había ocupado de ello entre 1535 y 1620 y que "merecen recordarse" puede consultarse en Jesús María García Añoveros, "Opiniones y reflexiones de tres clásicos hispanos, José de Acosta (1590), Fray Juan de Torquemada (1615) y Juan de Solórzano Pereira (1647), acerca de la procedencia de los indios del Nuevo Mundo", en Gregorio García, Origen de los indios de el Nuevo Mundo e Indias Occidentales, ed. Carlos Baciero et al., Madrid, CSIC, 2005, pp. 19-20.         [ Links ] Muy posterior al trabajo de Gregorio García es el Tratado único y singular del origen de los indios occidentales del Perú, México, Santa Fe y Chile de Diego Andrés Rocha, publicado en Lima en 1681, cuando la Historia... de Diego de Rosales estaba terminada y el jesuita ya había fallecido.

27 García, Origen..., op. cit., pp. 10-11: "cosas que con grandísimo trabajo, cuidado y costa he visto en el Pirú, Nueva España, Tierra Firme y islas de aquel paraje".

28 Op. cit., pp. 20-21.

29 Op. cit., p. 411.

30 También pudo serlo Juan de Solórzano y Pereira, más con su De indiarum iure que con la traducción al castellano.

31 García, Origen..., op. cit., p. 358 y ss.

32 Op. cit., p. 358.

33 Rosales, op. cit., vol. I, p. 13.

34 'Nervioso' entendido como "lo que tiene la propiedad de los nervios", es decir, en el sentido de 'fuerte y robusto'. Véase Real Academia Española, Diccionario de Autoridades, Madrid, Gredos, 2002, voz 'nervoso'.

35 Rosales, op. cit., vol. I, p. 15.

36 Op. cit., vol. I, p. 14.

37 Tras la conquista de buena parte de España por los cartagineses -dice Diego de Rosales- estos prohibieron la navegación a aquellas tierras. Rosales, op. cit., vol. I, pp. 14-15.

38 Op. cit., p. 15.

39 Op. cit., p. 16.

40 Op. cit., p. 8.

41 Prieto, Missionary..., op. cit., p. 217: "It must be noted that Rosales did not deny the validity of the much more widely accepted theory of Acosta".

42 Rosales, op. cit., vol. I, pp. 8-10.

43 Rosales, op. cit., vol. I, p. 10.

44 Véase Solórzano y Pereira, Política..., op. cit., vol. I, p. 58, sobre su postura en torno a los primeros pobladores; y sobre el carácter fabuloso de la Atlántida, pp. 1, 32, 57 y 66. En De Indiarum iure, vol. i, p. 341 afirma que "esa narración de Platón es pura patraña".

45 José de Acosta, Historia natural y moral de las Indias, ed. José Alcina Franch, Madrid, Dastin, 2002, pp. 110 y 117.         [ Links ]

46 Op. cit., p. 113. Ya unos capítulos antes, cuando se pregunta sobre cómo pudieron llegar a las Indias los primeros hombres dice: "no es de pensar que hubo otra Arca de Noé en que aportasen hombres a Indias, ni mucho menos que algún ángel trajese colgados por el cabello". Había que pensar en el tema "conforme a razón y al orden y estilo de las cosas humanas" (p. 97).

47 García, op. cit., p. 485.

48 "De Pernambuco y su arrecife los han lanzado por si solos los portugueses con aquel incomparable valor de que Dios los ha dotado, y ya en la decantada Nueva Holanda no se levanta ni un humo de holandeses". Rosales, op. cit., vol. I, p. 81.

49 Op. cit., vol. II, pp. 193-194. Sobre la posición defendida por Diego de Rosales en torno a la esclavitud véase Andrés I. Prieto, "Introducción", en Diego de Rosales, Manifiesto apologético de los daños de la esclavitud del Reino de Chile, ed. Andrés I. Prieto, Santiago de Chile, Catalonia, 2013, pp. 13-95.         [ Links ]

50 Prieto, Missionary..., op. cit., p. 215.

51 Rosales, op. cit., vol. I, p. 194. Prieto, Missionary..., op. cit., pp. 215-220 se refiere a ello y cita otros pasajes que inciden en la misma idea.

52 Op. cit., p. 220.

53 Juan de la Puente, La conveniencia de las dos monarquías católicas, Madrid, Imprenta Real, 1612, vol. I, p. 363.         [ Links ]

54 Op. cit., vol. II, pp. 320-321.

55 Rosales, op. cit., vol. I, p. 194.

56 De la Puente, op. cit., vol. II, p. 21.

57 Rosales, op. cit., vol. I, pp. 194-195.

58 Prieto, Missionary..., op. cit., p. 215: "a view not at all uncommon in the early seventeenth century".

59 Rosales, op. cit., vol. I, pp. 188 y 193-195.

60 Véase Prieto, Missionary..., op. cit.

61 Rosales, op. cit., vol. I, p. 108.

62 Op. cit., p. 15.

63 Op. cit., p. 110.

64 Ibid.

65 Op. cit., p. 109. Esta cuestión ha sido apuntada por Fernando Casanueva, "Chile, el Reino de la guerra sin fin: la visión del p. Diego De Rosales S.J. (1603-1677)", en Thomas Calvo y Alain Musset (dir.), Des Indes occidentales à l'Amérique Latine. Volume 2, Centro de Estudios Mexicanos y Centroamericanos, CEMCA/ IHEAL, pp. 603-612, http://books.openedition.org/cemca/2131 [Fecha de consulta: 12 de febrero de 2015]         [ Links ].

66 Véase al respecto Isaías Lerner, "Introducción", en Alonso de Ercilla, La Araucana, Madrid, Cátedra, 2009, p. 50.         [ Links ]

 


Recibido: Marzo 2015
Aceptado: Octubre 2015

 

Creative Commons License Todo el contenido de esta revista, excepto dónde está identificado, está bajo una Licencia Creative Commons