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Historia (Santiago)

versión On-line ISSN 0717-7194

Historia (Santiago) vol.49 no.1 Santiago jun. 2016

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-71942016000100014 

RESEÑAS

 

Piero Castagneto, Corresponsales en campaña de la Guerra del Pacífico. 1879-1881, Santiago, RIL editores, 2015, 542 páginas.

 


 

La Guerra del Pacífico (1879-1884) es uno de los hitos más relevantes de la historia de los países involucrados. Miles de chilenos, peruanos y bolivianos fueron enrolados y llevados a los campos de batalla a zanjar por la fuerza la preeminencia de los intereses de sus respectivos Estados, a propósito de la disputa por los ricos territorios salitreros de Antofagasta y Tarapacá. Además, el resultado de la contienda a favor de Chile trajo como consecuencia una modificación territorial sustantiva que marcó de manera permanente el devenir y relación entre las naciones que participaron de ella.

El estallido de la guerra, el derrotero de la campaña militar y las implicancias asociadas a ella, llamó la atención de la población contemporánea no combatiente. En consecuencia, los periódicos de la época se hicieron cargo de la tarea de informar de las alternativas del conflicto. Así fue como algunos de ellos enviaron sus corresponsales para relatar in situ la marcha de la guerra tanto en tierra como en el mar, a la usanza de los diarios europeos y estadounidenses que cubrieron los grandes enfrentamientos contemporáneos (Guerra de Secesión estadounidense, Guerra Franco-Prusiana, Guerra de los Boéres, entre otras). En Chile, las ediciones de los más importantes rotativos de Santiago y provincias llenaron muchas de sus páginas con detalladas crónicas relativas al diario acontecer de la campaña del ejército expedicionario al Perú y Bolivia, donde se narraron las grandes y pequeñas historias del enfrentamiento en desarrollo. Esos escritos sirvieron de valioso insumo para la discusión pública y para la creación de un imaginario respecto del conflicto que para los chilenos se peleó en suelo extraño, pues las operaciones bélicas se desarrollaron a miles de kilómetros de sus centros poblados más importantes.

Piero Castagneto en Corresponsales en campaña de la Guerra del Pacífico. 1879-1881 compiló en una antología el trabajo de los enviados especiales chilenos al frente de batalla, con el objetivo de dar a la luz pública documentos que agregan "nuevas voces que enriquezcan este coro de fuentes contemporáneas" (p. 14). En efecto, estos documentos son una pieza indispensable del relato del conflicto en primera persona, donde se confunden la narración fáctica con la perspectiva e interpretación personal de los hechos. Sin embargo, es exagerada la aseveración del recopilador en torno a que existe una "cantidad relativamente escasa de relatos de protagonistas" (p. 13), pues desconoce la existencia de muchos testimonios de primera mano como, por ejemplo, los de: Estanislao del Canto, Hipólito Gutiérrez, Justo Abel Rosales, Guillermo Castro, Alberto del Solar, Evaristo Sanz, por mencionar algunos de una larga lista con decenas de nombres, los cuales se encuentran disponibles en libros, revistas científicas y en los propios periódicos de la época, estando a disposición del público general y de los estudiosos del periodo. Por la misma razón, los corresponsales tampoco son "los narradores por excelencia de la guerra" (p. 32), aunque sí se constituyeron en una de las voces más importantes del relato de la guerra y sus escritos deben ser considerados para reconstruir e interpretar el fenómeno, pues su producción narrativa fue consistente y perduró durante casi la totalidad del desarrollo del enfrentamiento.

La obra reseñada en estas páginas consta de dos partes. La primera es un estudio preliminar donde introduce al lector al mundo del periodismo chileno hacia la época del estallido de la Guerra del Pacífico, que coincide con la de la maduración de las instrucciones y prácticas sociales republicanas, entre ellas las asociadas a existencia de una opinión pública y la defensa del prurito de la "libertad de imprenta", ambas constitutivas de la modernidad política decimonónica. Piero Castagneto caracteriza a los corresponsales en tres categorías: los enviados especiales pagados por los periódicos, los colaboradores espontáneos que remitieron una o más crónicas esporádicas y, además, a aquellos uniformados que siendo parte de los cuadros del Ejército, enviaron cartas a las redacciones de los rotativos y que "en su condición de militares no impide que su epistolario tenga, eventualmente, juicios críticos y aristas de polémica" (p. 25).

De la misma manera, la introducción describe y analiza la participación de los enviados especiales de los rotativos y de las polémicas que su trabajo trajo aparejado, debido a su crítica constante a los conductores de la guerra y a su intromisión en faenas castrenses de diversa índole. Respecto de este último tópico, Piero Castagneto sostiene que la publicación en los periódicos de información importante para las operaciones militares chilenas provocó la pérdida del transporte Rímac en julio de 1879 cargado con tropas y material de guerra a manos de la escuadra peruana y, además, colocó en serio riesgo a otros envíos hombres a Antofagasta, se debió en lo fundamental a la libertad que gozaba la prensa merced a la ley de imprenta de 1872 y a la ingenuidad "propia de una sociedad que no había vivido sin afrontar conflictos internacionales" (p. 40). De la misma manera, detalla in extenso el trabajo de Eloy Caviedes, de El Mercurio de Valparaíso, el más renombrado de los corresponsales de la Guerra del Pacífico, que participó de las polémicas más importantes en la disputa entre el alto mando del Ejército y los cucalones, como se denominó de manera despectiva a todos aquellos civiles que pulularon por los campamentos chilenos durante la guerra.

La segunda parte es la recopilación de más de cuarenta crónicas de distintos corresponsales de guerra. A través de ellas se busca dar una visión general del conflicto, ordenando el material de forma cronológica según el desarrollo de las campañas militares. Se reproduce una selección de escritos publicados en periódicos como: El Ferrocarril, El Independiente, El Nuevo Ferrocarril, El Heraldo y Los Tiempos de Santiago, El Mercurio y La Patria de Valparaíso, El Pueblo Chileno de Antofagasta, El Atacama de Copiapó y La Libertad de Talca. Es aquí donde reside el mayor valor de la obra.

Junto con el resto de los memorialistas de la guerra (soldados, políticos, capellanes, observadores extranjeros, entre otros) que dejaron registradas en sus documentos personales muchas de sus experiencias de la campaña (epistolarios, diarios y memorias), los corresponsales de los periódicos fueron parte fundamental del campamento letrado, parafraseando la idea de Ángel Rama relativa a la existencia una ciudad letrada donde se realizó una práctica de la escritura dirigida a un público respondiendo a demandas específicas27, que se formó en los lugares donde se acantonó el ejército expedicionario chileno. Desde allí se generó una narrativa relacionada con diversos temas asociados a la guerra, desplegada desde la autoridad y fianza sociocultural asociada a los testimonios de primera mano, ya que se trató de relatos en primera persona desde el lugar de los hechos, destinada a un público contemporáneo lector de noticias y, asimismo, al posterior a los sucesos, al transformarse en documentos relevantes para reconstruir un periodo importante para el devenir de los países involucrados.

A partir de los escritos de los corresponsales y de otros documentos publicados en la prensa chilena contemporánea, se creó el imaginario de una guerra que giró en torno a una imagen estereotipada los aliados peruano-bolivianos, a quienes se les endilgó características negativas como, por ejemplo: la felonía, cobardía o la impureza de sus motivaciones durante el desarrollo de la guerra. Ejemplo de ello es el relato del corresponsal de La Patria a propósito del intempestivo inicio de la batalla de Miraflores: "Los alevosos peruanos, violando cobardemente la fe del armisticio, y haciendo traición infame a la fe de su honor, nos habían preparado aquel golpe de sorpresa ruin" (p. 493). De la misma manera, relevaron las acciones de los chilenos en el campo de batalla como individuos, aludiendo en numerosas oportunidades al comportamiento "heroico" de tal o cual combatiente. Así lo narró el enviado de El Mercurio en su relación de la batalla de Tacna: "el sargento mayor don Gabriel Álamos, que ahora hacía su estreno en el valiente Atacama, demostró con su conducta que no desmerecía de sus bravos compañeros y que conservaba los mismos bríos que desplegó en Tarapacá" (p. 354). En la misma línea, ayudaron a la sublimación idealizada del roto como ícono representativo del alma nacional: "¡Salud a ese valiente hijo del pueblo; anotó el corresponsal del Pueblo Chileno tras el desembarco de Pisagua, a ese roto, tan denigrado por nuestros enemigos, y que constituye sin embargo el elemento de vitalidad más poderoso de que nación alguna pueda vanagloriarse!" (p. 207).

En ese mismo sentido, estas crónicas colaboraron para la entrada de nuevos prohombres al panteón republicano chileno, conformado en su mayoría hasta ese momento por los próceres de la revolución de la Independencia y, en menor medida, de la guerra contra la Confederación Perú-Boliviana, al incluir nuevos nombres como los de: Arturo Prat, Carlos Condell, Eleuterio Ramírez, Manuel Baquedano, Patricio Lynch, entre otros, los cuales fueron transformados en héroes desde el mismo momento en que se conoció en Chile de su comportamiento en el conflicto.

Del mismo modo, cabe señalar que el relato en clave patriótica y triunfalista de quienes informaron de las alternativas de la guerra a través de los periódicos chilenos, ha sido sacralizado por la historiografía clásica chilena del conflicto de 1879 (Diego Barros Arana, Benjamín Vicuña Mackenna, Gonzalo Bulnes, etc.), que utilizó sus crónicas como fuente para elaborar su narración de los hechos.

Por otra parte, las crónicas de los enviados especiales de los periódicos chilenos contienen gran cantidad de información relativa a las operaciones militares de la guerra, por ejemplo, los movimientos de tropas, marchas, combates y batallas que fueron descritas en detalle, pues registraron lo observado por ellos mismos y utilizaron datos provenientes de sus conversaciones con soldados que participaron en ellas. De la misma forma, junto con el cuadro general de campaña, dan a conocer aspectos que en gran parte han sido olvidados por la historiografía de la guerra: el diario acontecer e intimidad del campamento, donde los soldados dejaban por un momento su condición de combatientes, volcándose a disfrutar de espacios de camaradería y entretención con sus compañeros de armas con el objetivo de olvidar por un rato la lejanía del hogar, la penalidades la campaña o el hastío de la rutina militar.

Pese a la innegable calidad de las fuentes recopiladas, se incluyó entre las crónicas de los corresponsales cartas personales de soldados que pertenecen a un tipo distinto de documento contemporáneo a la guerra. Se trata de la anónima "Carta de un prisionero" mandada a un "Querido amigo" (pp. 130-132) y la también de creador desconocido remitida a un hermano "Importantísimos detalles del combate de Iquique (carta de un prisionero)" (pp. 133-138), "Batalla de Tarapacá. El regimiento 2° de Línea y su heroico comandante" de un incógnito dirigida a Fermín Quinteros (pp. 255-257), la de Francisco Figueroa Brito a Beningno Jiménez "El batallón Quillota en la batalla de Miraflores" (pp. 513-515), entre otras. Estas epístolas fueron enviadas por sus autores a seres queridos, por lo tanto, no se trata de documentos creados ex profeso para ser dadas a la luz en un periódico, con el objetivo de informar respecto del devenir de la guerra al gran público consumidor de noticias, como lo son las crónicas de los corresponsales de guerra. Su intención era dar a conocer de su estado personal o comentar experiencias para ser compartidas en el seno de la intimidad familiar. Si fueron publicadas en los periódicos pudo deberse a diversas razones, pero no en exclusiva a la intención expresa de informar y dr a la luz al gran público sus apreciaciones respecto del derrotero del conflicto.

Sin perjuicio de lo anterior, la recopilación reseñada se constituye como una importante contribución tanto para los estudiosos de la Guerra del Pacífico como para el público general que desea conocer más de las alternativas de un conflicto, en esta oportunidad a través de una importante compilación de documentos que lo narran en primera persona, que ha marcado a fuego la relación entre Chile, Perú y Bolivia.

Notas

27 Ángel Rama, La ciudad letrada, Santiago, Tajamar, 2004.         [ Links ]

 

Patricio Ibarra Cifuentes
Centro de Estudios Históricos,
 Universidad Bernardo O’Higgins

 

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