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Historia (Santiago)

versión On-line ISSN 0717-7194

Historia (Santiago) vol.51 no.1 Santiago jun. 2018

http://dx.doi.org/10.4067/s0717-71942018000100031 

Artículos

“La batalla de la merluza”: Política y consumo alimenticio en el Chile de la Unidad Popular (1970-1973)1

Francisca Espinosa Muñoz* 

*Licenciada en Historia y estudiante de Magister en Historia, Pontificia Universidad Católica de Chile. Correo electrónico: faespino@uc.cl

Resumen

Este artículo estudia el consumo alimenticio durante la Unidad Popular como un espacio de debate y tensión respecto a la política de abastecimiento de merluzas implementada por el gobierno de Salvador Allende, dada la escasez de carne, mediante una campaña para incentivar su consumo. Ante esto, la oposición desarrolló una contracampaña que cuestionó tanto el producto como el procedimiento para obtenerlo. A partir del análisis de diarios y revistas principalmente, se vislumbra en este periodo la relación entre legitimidad política y abastecimiento alimenticio, lo que la oposición utilizó para debilitar la imagen del gobierno desde la esfera del consumo.

Palabras claves: Chile; siglo xx; consumo alimenticio; abastecimiento; Unidad Popular; contracampaña; oposición

Abstract

This article studies food consumption during the Popular Unity as a space for debate and tension with respect to the hake supply policy implemented by Salvador Allende's government, given the scarcity of meat, through a campaign to incentivize its consumption. Considering that, the opposition developed a counter-campaign that questioned not only the product but the procedure in which it was obtained. Starting from the analysis of mainly newspapers and magazines, it makes visible the relation during this period between political legitimacy and food supply, which the opposition utilized to weaken the government's image regarding consumption.

Keywords: Chile; twentieth-century; food consumption; food supply; Popular Unity; counter-campaign; opposition

Era el verano de 1972. El gobierno de la Unidad Popular (UP) llevaba en el poder un año y dos meses impulsando transformaciones estructurales para el país. Desde enero de ese año, en las aguas chilenas del litoral central navegaban tres barcos factorías pesqueros de origen soviético: Astronom, Yantar y Sumi. En conjunto, los buques se adentraban en las profundidades del mar nacional para librar, lo que Salvador Allende llamó en algunos medios de prensa “La batalla de la merluza”, los cuales se encontraban “pescando en las aguas chilenas a un ritmo nunca antes alcanzado y con un rendimiento que las autoridades han calificado de extraordinario”2. Así, los barcos factorías llegaban a puerto después de quince días de trabajo en alta mar con grandes cantidades de merluza para el consumo de la población, gracias a lo cual “empieza a incrementarse el abastecimiento de pescado en el país con la acción de estos buques que pescan, limpian y faenan el pescado” 3.

Estos barcos arribaban para combatir los primeros signos de un desabastecimiento atribuible, principalmente, al aumento del poder de compra de los sectores populares y a las restricciones respecto a importación de alimentos. En este contexto se despliega “La batalla de la merluza”, una iniciativa gubernamental que buscó promover el consumo de esta especie marina ante la escasez de carne, como una forma de reemplazar el valor proteico del vacuno y de asegurar abastecimiento alimenticio.

Que esta iniciativa fuese denominada como una “batalla”, no solo señala el esfuerzo gubernamental por solucionar una problemática específica movilizando recursos burocráticos y relaciones internacionales. Además, evidencia que las políticas de consumo alimenticio y de abastecimiento se insertaron en un “campo de batalla” mucho más amplio, desde el cual la oposición política y económica impugnaba la gestión y validación de la UP, en la medida que buscó generar nuevas formas de relaciones de producción, distribución y consumo. Lo anterior se expresó en un contexto conflictivo mayor donde fueron relevantes el mercado negro, el acaparamiento, el boicot y la exacerbación del desabastecimiento. Estas acciones, sin ser privativas de la oposición, buscaron deslegitimar y socavar la autoridad del gobierno de Salvador Allende a ojos de la opinión pública, dados los importantes cambios que afectaron intereses de la clase propietaria de la sociedad chilena. Casos emblemáticos de este escenario fueron la “Marcha de las cacerolas vacías”4 (1971) y el “Paro de octubre”5 (1972).

El interés de la oposición por desestabilizar al gobierno, apelando y propiciando la inseguridad alimenticia cotidiana, fue fundamental para fomentar la conflictividad de aquella época. Así, “La batalla de la merluza” no era solo una cuestión logística y alimenticia a dominar sino, también, una “batalla política”.

Este artículo analiza cómo el consumo alimenticio en la UP se tornó un espacio de pugnas que devela las tensiones de una época marcada por una coyuntura revolucionaria. Interesa evidenciar cómo desde la preocupación por el abastecimiento, el consumo es una categoría relevante para observar la vinculación entre los procesos experimentados en la cotidianidad con las complejidades político-económicas del momento. Así, “La batalla de la merluza” se convierte en un referente para explicar cómo se articularon diversas tensiones discursivas a partir de un producto alimenticio, además de evidenciar las acciones del gobierno de la UP tanto por cambiar como incentivar gustos adquiridos, ante la complejidad de importar alimentos básicos.

El desarrollo de este conflicto político se puede comprender desde la propuesta de Verónica Valdivia, Rolando Álvarez y Julio Pinto, para quienes, ante el proyecto revolucionario desarrollado por la UP, la derecha contestó implantando otro proyecto contrarrevolucionario, que se cristalizó posteriormente en la dictadura cívico-militar, pero que se activó desde que Salvador Allende asumió el poder. Así, Verónica Valdivia destaca cómo el carácter revolucionario de la UP incentivó en la oposición una lucha “ausente de reglas” para “impedir el logro de los afanes revolucionarios y la reimposición de la dominación, mediante la exclusión de los sectores populares políticamente activados”6.

Asimismo, es importante mencionar que la oposición excedió el campo de la derecha chilena, abarcando distintos grupos y dinámicas que empezaron a confluir a medida que se desarrollaba la administración de Salvador Allende. Destacan la Democracia Cristiana, grupos gremiales, asociaciones de propietarios y empresarios, entre otros7.

Además de contribuir a los estudios sobre consumo latinoamericano, esta investigación pretende aportar al estudio de la UP, periodo que, aunque bastante analizado, no ha sido considerado desde esta perspectiva que posibilita el análisis de las interacciones entre la vida cotidiana y procesos más estructurales o, bien, la estrecha relación entre los fenómenos socioculturales y la coyuntura político-económica. Así, manifestaciones que pueden parecer triviales se tornan relevantes cuando permiten indagar en pliegues y fracturas de la historia que otras consideraciones teóricas han obviado para este periodo.

Aunque el consumo en Chile ha sido estudiado en mayor medida para la dictadura8, este trabajo lo aborda como una preocupación de larga data, asociándolo al desarrollo de los Estados de bienestar, que implementaron de forma paulatina políticas de acceso a bienes y servicios desde inicios de siglo xx, buscando la integración social y política del mundo obrero9.

Desde una concepción teórica, se adopta una perspectiva que busca preguntarse por los significados socioculturales y políticos de la práctica del consumo, a partir del profundo cambio que experimentó esta categoría en términos historiográficos. Como señala Frank Trentmann, de ser vapuleada por asociarse a alienación, gasto y fetichismo desde la Teoría Crítica, en las décadas 1970 y 1980 fue valorada como una aproximación relevante para entender relaciones sociales y formación de identidad10. Ahora, el foco está en preguntarse cómo, por qué, qué significado o impacto tiene que las personas consuman ciertos objetos, alimentos, servicios o prácticas desde múltiples perspectivas, rescatando la importancia de la cotidianidad en esta esfera.

En este sentido, la relación entre Estado y consumo alimenticio es fundamental. Diversos estudios destacan la importancia del abastecimiento como una forma de consolidar la legitimidad política, desde la Antigüedad hasta siglo xx11, ya que como señala Thomas C. Wright: “por su centralidad para las necesidades y deseos humanos, la comida es un objeto de disputa y por consiguiente tiene una dimensión política importante”12. Así, el caso de la merluza en la UP puede ayudar a comprender cómo la esfera de las políticas de consumo alimenticio fue central al momento de legitimar la gestión gubernamental, ante una atenta oposición cuestionadora.

En términos metodológicos, el análisis de prensa ocupa un lugar relevante en la medida que se convierte en el soporte fundamental para comprender “La batalla de la merluza”, ya que la discusión política en este espacio discursivo, alcanzó un alto grado de conflicto influenciado por la ideología a la que cada medio adscribía13. En este sentido, la ofensa verbal, la sobreideologización, la incitación al miedo, la desinformación y el maniqueísmo fueron parte del lenguaje exhibido por la prensa, lo cual contribuyó “abierta e irresponsablemente” a hacer incontrolable la polarización14.

Unidad Popular, consumo y conflicto

“La batalla de la merluza” fue un conflicto a pequeña escala que escenificó tensiones más amplias, las cuales se vieron reflejadas en la forma de verbalizar la contingencia. Palabras como ‘conflicto’, ‘batalla’, ‘lucha’, ‘resistencia’, dan cuenta de un “campo de guerra” permanente. Esto se explica por el contexto de Guerra Fría, pero también por las acciones del gobierno de la UP.

Gilbert M. Joseph señala que pocos periodos en la historia de Latinoamérica han sido tan violentos, turbulentos y transformadores como la Guerra Fría, siendo esta una experiencia “raramente fría”15. Lo que provocó combustión en este continente fue su transformación en un territorio de disputa entre Estados Unidos y la Unión Soviética, así como por las propias dinámicas internas de cambios estructurales y movimientos contrarreformistas, vivenciado con efervescencia en esta época dada “la politización e internacionalización de la vida cotidiana”16.

Desde esta perspectiva, es posible comprender la llegada de Salvador Allende al poder como reflejo y síntoma de un proceso histórico que buscaba la realización de cambios estructurales en la sociedad chilena. A partir del comienzo de su administración, la economía nacional fue una preocupación central, ya que un manejo estratégico de esta permitiría llevar a cabo las transformaciones estructurales propuestas. La recuperación de riquezas básicas, la nacionalización de la banca, la profundización de la reforma agraria y la socialización de grandes empresas productoras y distribuidoras, eran fundamentales17.

La ejecución de estas medidas se anunciaba dificultosa, pues, como indica Peter Winn, el modo de llevarlas a cabo no estaba definido, provocando conflictos internos en la UP. A esto se sumó la activa oposición al gobierno, la que desplegó una contracampaña de desprestigio, que fue in crescendo, en tanto que las clases propietarias dejaron de reconocerse en el Estado debido al esfuerzo potente de la UP por realizar transformaciones sociales medulares en el nivel de producción burguesa, no solo de distribución18.

La reivindicación de los derechos de las clases populares fue uno de los objetivos de la UP, lo cual se relacionó con la ampliación del acceso a consumo alimenticio, material y de servicios, involucrando políticas de desarrollo económico para “resolver los problemas inmediatos de las grandes mayorías” y redirigir “la capacidad productiva del país de los artículos superfluos y caros destinados a satisfacer a los sectores de altos ingresos hacia la producción de artículos de consumo popular, baratos y de buena calidad”19.

Así, el plan de reactivación de la demanda provocó que la economía, inicialmente, funcionara bien. Expresiones como la “Batalla de la producción” y experiencias como las “Fiestas de consumo”20 encapsularon nociones respecto al acceso de los sectores populares a ciertos artículos y alimentos. Como indica José del Pozo, el impacto del incremento en los sueldos fue instantáneo, posibilitando “un nivel de consumo hasta entonces fuera de su alcance: artículos electrónicos, muebles, alimentos diversos, lo que implicó un cambio significativo en la vida cotidiana de muchas personas”21.

Sin embargo, el buen rendimiento de la economía durante el primer año de gobierno fue fugaz. Ya en el segundo periodo se evidenció un quiebre drástico, donde la inflación tuvo un efecto negativo, además de factores como “las acciones conspirativas internas y externas, la caída del precio del cobre y el descenso de la producción en general dado el estado de movilización social que abarcaba a todos los sectores, incluidos por cierto los trabajadores”22.

Una incipiente escasez comenzó a vivenciarse hacia fines de 1971, acentuándose con el tiempo. Si bien fue un resultado irónico de las políticas de gobierno, debido al aumento de consumo por el alza de sueldos general en un 30%23, generó descontento y desesperación puesto que los alimentos eran insuficientes para la demanda interna, debiéndose importar productos agrícolas y bienes básicos, con el gasto consecuente de las escasas divisas disponibles24.

Las filas, el mercado negro, el boicot y el acaparamiento acentuaron la oposición al gobierno, provocando la crispación de diversos sectores sociales que ya no podían acceder de manera expedita a una variedad de artículos básicos. Esto afectó la legitimidad del gobierno y múltiples capas sociales se manifestaron contra la permanencia de la administración de Salvador Allende. La “Marcha de las cacerolas vacías”, el 1 de diciembre de 1971, fue sintomática del clima polarizado y del hastío respecto a la dificultad del consumo cotidiano. Margaret Power destaca cómo, ante la molestia femenina por esta situación, “la oposición dio con una táctica perfecta que permitía que las mujeres expresaran sus sentimientos de ira contra el gobierno”25.

El desabastecimiento evidenció cómo las políticas públicas afectaron la vida cotidiana. La olla vacía, según la historiadora estadounidense, simbolizó el fracaso del gobierno, donde la relación existente entre consumo y política se revela en la exigencia del acceso a productos básicos. Así, el consumo surge como un nudo problemático que articula tensiones y que es capaz de colocar en jaque a un gobierno. Esto “dio pie a la oposición para […] demostrar que las políticas de la UP perjudicaban a los pobres y a la clase obrera, y ampliar su propia convocatoria más allá de aquellos sectores y clases que constituían su apoyo tradicional”26.

A partir de esta situación, se puede entender la relación de “La batalla de la merluza” con un contexto más amplio de conflicto. El incentivo al consumo de esta proteína formaba parte de un entramado gubernamental que pretendía paliar las dificultades del acceso a la carne, lo que hizo de este producto un símbolo27 de la problemática del abastecimiento. Sin embargo, y de manera paralela, correspondió a un fragmento más que evidenciaba los cambios que vivía la sociedad chilena, junto a las nacionalizaciones, los cambios en estructuras productivas, las tensiones sociales y la intensa ideologización.

Del mar a la mesa: Barcos soviéticos extraen merluzas para el consumo nacional

A bordo del Sumy, considerado “el más moderno” de los buques pesqueros soviéticos, el miércoles 26 de enero de 1972, Humberto Martones, ministro de Tierras y Colonización, navegaba junto a un grupo de periodistas invitados, ofreciendo una “marinera conferencia de prensa”. Era la bienvenida oficial a los tres pesqueros rusos que navegaban en aguas chilenas desde inicio de ese mes, para desarrollar la captura de la merluza o pescada.

El recibimiento comenzó en el puerto de San Antonio con gran presencia de autoridades, tanto chilenas como soviéticas, y de trabajadores del lugar, amenizada con los ritmos de cantos y danzas de un conjunto folklórico28. Continuaron, más tarde, a Valparaíso con el objetivo de dar “a conocer las características y alcances del convenio firmado con la Unión Soviética, señalando además el gran papel que están cumpliendo los tres pesqueros soviéticos en la industria pesquera nacional”29.

El papel fundamental que los buques soviéticos cumplían en Chile, se relacionaba con los primeros esfuerzos del gobierno de la UP por disminuir el impacto del incipiente desabastecimiento, sobre todo en términos de proteínas, ya que la carne se transformó en un bien de difícil acceso. Para solucionar lo anterior, informaba el diario comunista El Siglo, estaban las embarcaciones soviéticas, “destinadas a cumplir parte de la Campaña de Emergencia del Sector Pesquero, para suplir con productos del mar, especialmente merluzas, todas las dificultades que se producen de carne de vacuno”30.

La escasez de carne era para la prensa uno de los puntos críticos respecto al consumo alimenticio. Ercilla, revista asociada al centro político, señalaba que la costumbre de comer carne era un hábito generalizado para los chilenos, por lo que “no poder hincarle el diente a un buen bife, de vez en cuando, produce la impresión de que la última catástrofe nacional tiene cara de vacuno”31. Así, con el apelativo de ‘catástrofe’ y el tono sardónico con que la revista se refería a la situación de escasez, destacaba que la antigua fábula del gato que murió mirando a la carnicería resultaba en ese contexto, “una broma cruel”32.

La dificultad por obtener carne de vacuno se puede explicar desde la confluencia de varios factores. En primer lugar, estaba el aumento de poder de compra de los sectores populares, que permitía a miles de chilenos, antes marginados, acceder a este producto “como consecuencia de la política de redistribución de los ingresos”33. En segundo término, la prensa apuntaba al lento desarrollo de la política ganadera nacional, debido a que mientras se mantenía estable, la población aumentaba. A esto se sumaba el extendido tiempo de espera para la reproducción de una ternera (treinta y cinco a treinta y seis meses), en un contexto de demanda santiaguina de dos mil toneladas semanales de carne34. En tercer lugar, países vecinos exportadores de vacuno, como Argentina y Uruguay, vivían una “crisis de carne”, afectando su propio abastecimiento y exportaciones. Las sequías, contrabando, matanzas indiscriminadas e inadecuada preparación de rebaños provocaron el aumento de su valor, implicando un gasto extra de divisas35.

El acaparamiento, los mataderos clandestinos y el mercado negro también incidían negativamente. A pesar de iniciativas de control del comercio, “en muchas carnicerías se ocultan los mejores trozos de vacuno y se les agrega un sobreprecio para entregar abundantes kilos a determinadas personas, que llenan de carne sus refrigeradores”36. Incluso, a pesar de que el gobierno fijó precios para el abastecimiento popular, “la diferencia de precios -de cinco a treinta y seis escudos- entre una cazuela y un filete desvió el consumo de los grupos más adinerados hacia la carne popular, produciendo desabastecimiento de los cortes más baratos”37.

Asimismo, se llamaba la atención sobre cómo la oposición utilizaba estas temáticas para infundir temor en la población: “Si a esto se agrega que ciertos sectores crearon toda una sicosis destinada a convencer a la opinión pública de que Chile atraviesa por un periodo de crisis alimenticia, naturalmente el panorama resulta desalentador”38. Esta opinión de la publicación oficialista Ahora, hacía ver cómo el consumo alimenticio era parte de una disputa que finalmente se peleaba en lo político. En este sentido, a inicios de agosto, Ercilla lanzaba un reportaje señalando: “la bolsa de compras de la dueña de casa es el mejor termómetro chileno frente a la política económica de sus gobiernos. En ella, éstos se juegan el apoyo o rechazo popular”39.

Así, el oficialismo comprendía el uso político de las dificultades de abastecer y distribuir de manera fluida. El Siglo señaló que, aunque había un aumento del consumo, la distribución no era la adecuada y el comportamiento acaparador “logra dar la sensación de molesta escasez. No hay que hilar muy delgado para establecer que detrás de eso hay una maniobra política. El sabotaje económico es un arma de los enemigos de los cambios, que ha sido usada en casi todos los procesos de transformaciones”40.

Como una forma de encontrar vías alternativas para solucionar esta situación, Chile firmó un convenio de cooperación con la Unión Soviética. Como afirmaba el tabloide popular proizquierda, Puro Chile, el 7 de septiembre de 1971 se firmó un convenio entre ambas partes donde se establecía que “la Corporación Comercial ‘SOVRIFLOT’, del Ministerio de Industria Pesquera de la URSS ponía a disposición de la Compañía Pesquera Arauco, tres barcos pesqueros de tipo fábrica”41. Cinco meses después, el Astronom, el Sumy y el Yantar, encargados de “duplicar la producción anual de pescado fresco para la población”42, eran destacados por su gran tamaño y tecnología: trasladaban entre dos mil quinientas y tres mil toneladas de merluza, extrayendo cuarenta toneladas y produciendo treinta toneladas de harina de pescado por día aproximadamente43, con una tripulación soviética en su mayoría compuesta entre setenta y ochenta personas44.

El convenio de cooperación, “fue un ofrecimiento del Gobierno Soviético para colaborar en los esfuerzos para fomentar la extracción de los recursos de los 4.200 kilómetros de costa del país”45. Este acuerdo fue uno de los primeros entre ambas naciones, y que luego se ampliarían al establecimiento de otros convenios con la órbita socialista mundial, incluyendo a países como China, Bulgaria, Hungría, entre otros, dando cuenta del apoyo mutuo dentro de este bloque46.

El carácter del convenio, colaborativo antes que comercial, fue aclarado desde un comienzo. Así lo señalaba El Mercurio, diario asociado a la derecha y al empresariado, el cual citando a Humberto Martones en el “recorrido marítimo”, declaró: “los barcos soviéticos no costarán a Chile ningún egreso, pues no han sido entregados ni en arrendamiento ni para una explotación conjunta del mar”47. Asimismo, El Siglo destacaba que solo se pagaría el costo de explotación considerando remuneraciones de la tripulación, víveres, combustibles, y reparaciones necesarias, lo que se sumaba a que el pago se haría en harina de pescado u otros productos del mar, desde julio de 1972. Así, con el acuerdo de que los buques pesqueros trabajaran en mar chileno por un año, el diario concluía que los términos del convenio eran “altamente beneficiosos para Chile y constituyen una forma concreta de asistencia a nuestro país”48.

También navegaron en esa época embarcaciones soviéticas científicas u oceanográficas, que acompañaban a estos tres barcos factorías, permitiendo “detectar los bancos de mayor riqueza marina, en distancias y profundidades imposibles para la industria chilena”49. El primero en llegar fue el Academian Mipovich, al cual las autoridades chilenas le encargaron realizar “estudios de alta importancia, para conocer la realidad marítima de Chile, a los que se sumarán científicos chilenos de diversos institutos oceanográficos”50. Se incorporó a esta tarea el Nogliki, dedicado a trabajar en la zona norte del país con la agujilla, un pez poco explotado “del cual se estima se podría pescar un millón de toneladas anuales, para hacer conservas, del tipo de la sardina”51.

El procesamiento de la merluza en los barcos fue bastante difundido, destacando su modernidad. Luego de quince días de trabajo en alta mar y una vez capturadas por el método de arrastre, se les daba un baño frío de agua salada a muy baja temperatura. Después, se les cortaba la cabeza y se les extraían las vísceras para que luego, en unidades de diez kilos, depositarlas en moldes metálicos y rotatorios con una temperatura de 38° bajo cero, hasta formar una barra que se envasaba en cajas de cartón52. Asimismo, se recalcaba el aspecto higiénico de este procedimiento para una buena presentación y consumo53.

De esta forma, los buques factorías estaban “completamente equipados para todo el procesamiento del pescado: congelado, fileteado [y] fabricación de harina de pescado”54. Esto era relevante, dadas las deficitarias condiciones y productividad de la pesca nacional frente la eficacia de los buques soviéticos. Como señalaba El Siglo: “de la pesca que efectúa la flota chilena solo un 45% va al consumo humano y el resto para harina de pescado. En cambio, con el sistema de los barcos soviéticos, más de un 70% de la merluza se destina al consumidor directo, aumentando así un 45% el pescado para el consumo humano”55.

Además, se destacaba que: “la principal gracia de los pesqueros soviéticos está en que efectúan sus faenas de pesca a una distancia y profundidad nunca antes hecha, por lo cual no se perjudica a los pescadores artesanales”, efectuándose a una distancia mínima de tres millas de la costa y de 200 a 600 m de profundidad, consiguiendo merluza de tamaños superiores a los usuales, lo que develaba el valor de este procedimiento56.

Asimismo, en la línea de promover el desarrollo del sector pesquero, el gobierno de la UP se encargó de incentivar actividades asociadas a la piscicultura en el sur de Chile, inaugurando plantas para aumentar la producción de alevines y sembrarlos en diferentes ríos del país57, dando muestras la administración de ser “consciente de introducir en el mercado productos acuáticos para aprovechar así una riqueza inexplotada y abrir una nueva fuente de trabajo”58.

La idea de que Chile no aprovechaba sus recursos marítimos, teniendo 4.200 km de costa, estaba presente en las discusiones respecto a la producción alimenticia para consumo interno como de exportación. Por eso, se hacía énfasis en que la extracción de merluzas era una forma “específicamente nacional” de solucionar los problemas de alimentación: “Se ha reiterado hasta el cansancio que Chile es un país con inmensas riquezas marinas, y que siendo así, se da un contrasentido de que la población tenga una bajísimo consumo de productos del mar. El problema ha vuelto a reactualizarse, cuando se acrecienta el problema de la carne de vacuno”59. A este respecto, el gobierno incluso elaboró un proyecto de ley que tenía como objetivo la creación de un ministerio del mar60.

En la década de 1970, Chile importaba una gran cantidad de alimentos. En este sentido, tanto la Reforma Agraria como el fomento de la industria pesquera, fueron dos espacios desde donde se pretendía solucionar este problema. En una conferencia de prensa, Salvador Allende señalaba que los problemas de abastecimiento estaban asociados, entre otros, a la poca capacidad productiva del país: “Pero, ¿quién ignora en Chile que la agricultura es incapaz de producir los alimentos que la población requiere y necesita, y que todos los años tenemos que importar entre 180 o 200 millones de dólares en trigo, grasa, carne, mantequilla y aceite?”61. Por esta razón, el gobierno decidió diversificar el formato de consumo de la merluza en distintos productos: croquetas, disecada y salada tipo bacalao, sobre todo para los sectores rurales que no contaban con refrigeración, así como experimentos para conservas de merluza ahumada62. Incluso, se realizaron estudios para reemplazar la carnaza de vacuno por la de merluza en la elaboración de cecinas63.

Así, las merluzas solucionaban las escasez de carne con la entrega de una proteína a bajo costo, dado el convenio con la Unión Soviética, el cual ayudó a “resolver el déficit de embarcaciones nacionales y la imposibilidad de adquirir nuevas y modernas por los extensos plazos de entrega de los armadores. Todo lo anterior, sin dejar de considerar el fabuloso valor de cada barco”64. A esto se sumaba el beneficio económico que implicaba para el país la sustitución de importación de carne por pescado: “Cada tonelada de bifes que es reemplazada por merluza significa una economía de mil dólares”65.

Al destacar la gran cantidad de merluzas que estarían disponibles para la población, gracias a la labor de los pesqueros soviéticos, se asociaba su proceso de extracción con una retórica de abundancia. Es común encontrarse con narraciones como la siguiente: “Llegaron con tremendas cargas de pescado limpiecito y faenado listo para la cocina. Significa que en estos días todo el país estará abastecido notablemente de productos marinos”66. Lo anterior pudo funcionar como una forma de contrastar discursivamente la información entregada por la prensa de oposición, que se enfocaban en la escasez de productos alimenticios y la consecuente molestia de las personas.

Cambiando paladares para hacer la revolución

Si desde enero de 1972 los pesqueros soviéticos trabajaban afanosamente en la extracción de merluzas para el consumo de la población, ¿cómo se hizo para que este producto llegara a las mesas de las personas? Al entregar las cajas en el puerto comenzaba la “cadena de frío”. Mediante frigoríficos y camiones frigorizados se mantenía el producto hasta depositarlo en los lugares acordados por la empresa estatal Pesquera Arauco para su posterior comercialización. La mantención y buena distribución de esta especie marina, fresca o congelada, era fundamental para promover su consumo. Sin embargo, la infraestructura frigorífica nacional no estaba preparada para las cantidades de merluzas que se extraían67.

Para solucionar lo anterior, diversas instituciones estatales se encargaron de gestionar una mejor distribución, utilizando parte de la infraestructura existente en el comercio para comercializar la merluza. Simbólico de las restricciones en cuanto a consumo alimenticio fue que las carnicerías comenzaron a vender merluza, al igual que las rotiserías y los supermercados, los cuales eran clave para conservar la “cadena de frío”68. Para el adecuado expendio de pescada, se construyeron vitrinas y móviles frigoríficos que llevarían “el pescado a las poblaciones que aún no tienen locales o almacenes adecuados”69. Puro Chile señalaba que el ministro Humberto Martones había visitado la industria Frío-Lux, donde se estaba “construyendo la partida experimental de 500 refrigeradores industriales destinados a la conservación del pescado”, para instalarse en carnicerías70.

Que a inicios de febrero del 72, el gobierno pensara en partidas experimentales indica que, tal vez, no se tenía una noción clara de la potencial demanda de la merluza, ni sobre cómo distribuir y mantener este producto de manera adecuada, dada la rápida extracción. Este fue uno de los principales factores que ponían en peligro el éxito de esta iniciativa, lo que fue cuestionado por parlamentarios de la oposición, como el demócrata cristiano Tomás Pablo, quien dudaba “de que sea menester congelar los peces, aumentando notablemente así su costo, en la misma época en que tienen que ser consumidos, dentro de nuestro propio país, en circunstancias de que no hay capacidad de frigoriza-ción para almacenar”71.

Para distribuir las merluzas rápidamente, el gobierno debía propiciar que las personas prefirieran consumir pescado antes que carne, mediante una “campaña nacional de difusión y educación masiva de la población”72.

Los centros de madres (CEMA) fueron pensados como los enclaves desde los cuales se podría distribuir la merluza, así como incentivar su consumo. El gobierno de Salvador Allende promovió que la acción popular formara parte de las soluciones que se podían brindar para mejorar el acceso al consumo alimenticio en periodos de desabastecimiento de ciertos productos. Distintos diarios informaban que Pesquera Arauco entregaría partidas gratuitas a los CEMA para que las repartieran, “ya que a través de estos organismos se promoverá una campaña para enseñar a la población chilena a consumir pescado”73.

La campaña incentivaba el consumo de merluza a partir de dos ejes. Primero, por su valioso aporte nutricional, al poseer “cualidades nutritivas superiores a la carne de vacuno en algunos rubros que son fundamentales para un buen desarrollo intelectual y físico”, donde cien gramos de vacuno equivalen a veintidós gramos de proteínas, el pescado brinda 25,9 en la misma cantidad74. Segundo, su bajo costo era muy destacado: “la porción de pescado es varias veces más barata que la misma cantidad de carne de vacuno. Efectivamente, el kilo de merluza congelada vale solamente 3.20 escudos, mientras que el kilo de carne de vacuno puede alcanzar hasta 40 escudos”75.

Así, “La batalla de la merluza” incluyó la intención de domesticar los paladares de los chilenos. Para lograrlo, se hacían grandes comidas en escuelas, por ejemplo, “para enseñar a las dueñas de casa de la comuna -y especialmente a padres y apoderados de los educandos-las muchas formas de preparar pescado que existen”, experiencia que se repetiría en locales de juntas de vecinos, sindicatos y centros de madres76. Respecto a la promoción de la merluza frigorizada, se señalaba la importancia de que las personas supieran prepararla. Así, un comerciante señalaba “el problema de educación de la gente. Porque si la gente supiera cómo tratar el producto, cómo guardarlo y cocinarlo, la situación sería lógicamente muy distinta”77.

Que los CEMA hayan sido organismos claves, evidencia que las mujeres fueron consideradas en esta instancia por su papel de dueñas de casa y madres, asociando tanto la alimentación como la economía doméstica a un territorio “lógicamente” femenino, según los cánones de la época. Así, las mujeres populares que se organizaron para una mejor distribución y consumo de la merluza eran destacadas en los discursos de Salvador Allende. Respecto a la importancia de la participación del pueblo en “la defensa de la revolución”:

“Rindo un homenaje a esas mujeres que han convocado al pueblo para reunirse en las calles, que han preparado de distintas formas la merluza, porque ellas han comprendido que queremos ahorrar divisas, que no podemos comprar toda la carne que necesitamos, que el precio de la carne ha aumentado extraordinariamente, que hay países productores de carne que comen carne una vez a la semana. Nosotros vamos a reemplazar las proteínas del vacuno por las proteínas de los pescados, y la merluza es símbolo de la acción de las mujeres chilenas”78.

De esta forma, Salvador Allende destacaba cómo la merluza y su promoción (para evitar las importaciones de carne), estaba ligada a la movilización y compromiso femenino, haciendo que la cocina se conectara con las disposiciones gubernamentales.

Sin embargo, y contradictoriamente, las mujeres se vieron cuestionadas respecto a la ejecución de su papel doméstico. En una acalorada discusión entre pobladores de Valparaíso y Salvador Allende, respecto a la disponibilidad de merluzas, este hizo notar que algunas dueñas de casa no sabían preparar el producto:

“Se ha aumentado extraordinariamente la entrega de pescado. Ya la gente ha aprendido que la merluza es bastante buena. El problema es que la dueña de casa tiene que preparar la merluza de distintas maneras […]. Pero resulta que Uds. -la dueña de casa-pierden más o menos, según los cálculos de los entendidos, un 15% de los alimentos, por mala preparación. Además las cosas que sobran a veces no tienen cómo guardarlas y si no las consumen se echan a perder, etc.”79.

Al ser objetadas por la preparación de alimentos y su influencia en el consumo familiar, se evidenció cómo lo cotidiano impactaba en las políticas del gobierno y viceversa. Ello, en el entendido de que la efectiva decisión de consumir merluzas, instalada en la habitualidad doméstica, implicaba ayudar a solucionar en parte un problema público de abastecimiento ante la escasez de carne y de divisas. Así, las dueñas de casa constituían el nexo concreto entre los buques pesqueros soviéticos y la presencia de la merluza en los hogares80.

Para divulgar los beneficios de la merluza, los medios de comunicación fueron grandes aliados. Así como los diarios oficialistas promovieron este producto, también la música y el audiovisual contribuyeron a popularizar la idea de que la merluza era beneficiosa, sabrosa y parte del esfuerzo del gobierno por acabar con el desabastecimiento.

En el contexto de esta campaña, uno de los grupos musicales más emblemáticos de la Nueva Canción Chilena, Quilapayún, cantó “La merluza”81, que promovía su consumo en paralelo a la formulación de una crítica satírica hacia los sectores que no la consumían. Al ritmo del son, Quilapayún plantea el conflicto de clase, acusando a una clase alta que rechaza este producto. En la lógica bipolar del periodo, la agrupación cantaba: “Y me dice el barrigón, que el pescado es moscovita, y está afilando el hachita, contra la revolución”82. Al referirse a la oposición como “barrigón” aluden que allí no había hambre. Pero más potente aún es la idea de que oponerse al consumo de merluza, finalmente, es oponerse a la revolución que Salvador Allende llevaba a cabo. Así, la merluza tendría lo que Arjun Appadurai llama la “virtuosidad semiótica” de la comida, esto es, su capacidad, como signo cultural de transmitir múltiples mensajes83. En este caso, consumir merluza es apoyar la iniciativa gubernamental sobre abastecimiento como una forma de respaldar el proceso revolucionario. Pero esta “virtuosidad semiótica” es un campo de disputa, y tanto la oposición como los consumidores le pueden otorgar sus propios significados.

En este sentido, El Mercurio asociaba el consumo de merluza con la vivencia de un régimen socialista: “Estamos viviendo un periodo en que la voluntad de los consumidores cuenta cada vez menos. Los planificadores socialistas son los que determinan lo que los chilenos tenemos necesidad de comprar. Ellos han resuelto que la merluza congelada que capturan los barcos soviéticos es el producto del mar que deben comer los chilenos”84. Así, la “virtuosidad semiótica” de la merluza para este sector pudo estar asociada a la restricción del consumo habitual de carne, a una imposición más del gobierno de la UP que ahora se encarnaba en este producto del mar.

El mundo audiovisual también se sumó a esta campaña. La importancia de producir material desde Chile Films era considerada necesaria, como una forma de “documentar la realidad nacional, captar en imagen y sonido cuanto sucede actualmente en el país”, elaborando documentales que harían comprensible la coyuntura y su proyección futu-ra85.

Chile Films produjo cápsulas que mostraban actividades económicas, exponiendo, en 1972, el proceso de extracción de la merluza desde un barco soviético en su faena, procesamiento y embalaje86. Jacqueline Mouesca señala que fueron bastantes los buenos documentales que se filmaron en la UP bajo Chile Films, citando entre ellos La merluza, del realizador Diego Bonacina87. Se trataba de producciones que “debían ajustarse a un plan propagandístico específico ligado a la aplicación del programa de gobierno de la Unidad Popular y a la lucha por el cumplimiento de sus metas y de enfrentamiento con sus enemigos”88.

En una entrevista exclusiva con Chile Hoy, semanario asociado al oficialismo, el presidente Salvador Allende mencionaba su experiencia en un cine y la importancia que tenía este al dar a conocer “La Batalla de la Merluza”: “Vi un corto sobre la merluza. ¡Excepcional! Desde el punto de vista plástico, cinematográfico y del contenido. […] Esa gente que vio ese corto, debe de haber pensado lo que significaba toda la lucha que hemos tenido y cómo hemos ganado la batalla de la merluza. Y cómo esa batalla tiene importancia […] por toda la campaña que se hizo”89.

Así, los medios de comunicación de masas fueron plataformas relevantes para promover las iniciativas del gobierno y provocar su adhesión en plena “Batalla de la merluza”. La existencia de estas expresiones artísticas sugiere su importancia para el gobierno, donde los medios también “batallaron” ante una contracampaña la cual, según Tito Drago, fue utilizada de manera mediática por la derecha para generar oposición. Esta difundió rápidamente el rumor que las merluzas era baratas, “‘regaladas’ porque vienen inyectadas con drogas para el lavado de cerebros”, siendo refutado por el gobierno mediante “anuncios firmados”, lanzados “bajo el lema de ‘No coma cabeza de pescado’, sino pescado del bueno”90.

La práctica de consumir merluza fue objeto de tensiones socioculturales y políticas, tanto por la propia merluza como por toda la logística de política estatal que la rodeaba. Así, este pescado fue parte de un espacio contencioso desde el cual se desplegaron confrontaciones que evidenciaron la relación de este producto con posturas ideológicas divergentes.

Presenciando la batalla

Y si le da indigestión,

a ese Mercurio famoso,

le recomiendo al goloso,

buen purgante y discreción91

Desde que se anunció que buques soviéticos vendrían a Chile, la oposición se manifestó de manera desfavorable en la prensa, desarrollando un núcleo de ideas que hacían temer las “verdaderas intenciones” tras la iniciativa. El epígrafe evidencia cómo el mundo de la izquierda podría haber percibido la relación entre la oposición y la contracampaña respecto a la merluza. La canción juega con ironía ante la posibilidad de que este pescado fuera poco propicio para la salud estomacal, lo que difundido por la oposición, haría que el diario El Mercurio sufriese de lo anterior. Para evitar esta “indigestión”, Quilapayún le recomendó además de un buen purgante, “discreción”, dando a entender su condición de portavoz de críticas a lo que el gobierno de la UP realizaba en esta y otras materias.

Válida o no, la crítica de la prensa opositora no evidenció algún tipo de salida alternativa o solución ante la escasez de algunos productos alimenticios en el marco de “La batalla de la merluza”. En diversos discursos, Salvador Allende reconocía la presencia de esta contracampaña y su propósito deslegitimador: “Se han dedicado a crear la sensación de incertidumbre, de desgobierno, de falta de decisión, anunciando las calamidades posibles e imaginables que ocurrieran en este país, a breve plazo, acentuando los niveles de desabastecimiento que pudiera haber […]. No les importa en absoluto que la gente no tenga qué comer, el problema es señalar hechos inexistentes”92.

Uno de los puntos conflictivos que planteó la oposición fue el beneficio económico del convenio para el país. El ministro Humberto Martones señalaba a la prensa que se pagaría la mantención de los tres buques suscritos en el convenio mediante la harina de pescado producida en ellos. Ante esto, hubo en el Congreso una intervención del senador demócrata-cristiano Tomás Pablo, quien denunciaba que el convenio suscrito no era de arrendamiento ni de beneficencia debido al alto costo de explotación anual de “870.000 dólares por barco”: “Éste es uno de los primeros contratos que llegan a mis manos en que veo introducida la cláusula oro: el contrato no es en dólares, sino en oro”. La cláusula N° 12 señalaba que la recuperación de los costos de explotación “se determinará de acuerdo al contenido en oro de un dólar norteamericano equivalente a 0.888671 gramos de oro puro, siempre que sea refrendado por el Banco Central de Chile”93.

En el convenio firmado en septiembre de 1971, adjuntado al final de la intervención dada la petición del senador, se puede leer en la cláusula N° 12 que, además de lo relacionado con el oro, “Cada cuatro meses el Armador [Sovryflot] presentará al Cliente [Pesquera Arauco] las rendiciones de cuenta por los gastos de explotación en que han incurrido, hasta una cantidad de 870.000 dólares norteamericanos anuales por cada barco. La deuda se pagará con harina de pescado u otro producto del mar a partir del mes de julio de 1972”94.

Si bien, se constata que el arriendo de cada buque implica una suma de dólares no menor, el énfasis en el pago en oro es desmedido, causando alarma dado el complejo contexto económico. La cláusula N° 12 no especificaba que el pago fuera en oro, sino que se tomaba su equivalencia respecto a los dólares, señalándose, incluso, que el pago era en harina de pescado u otros productos del mar. Esto da muestras de que, más allá de exponer la preocupación por la implicancias económicas de la presencia de los barcos pesqueros soviéticos, hay una intencionalidad alarmista. Asimismo, en la prensa oficialista tampoco se habló de un convenio gratuito. En un editorial, El Siglo señalaba las favorables condiciones del convenio: “Chile pagará por el arriendo de estos tres barcos solamente su costo de explotación. El pago se hará en harina de pescado u otros productos del mar a partir del mes de julio”95.

En segundo término, Tomás Pablo indicó que enfatizaba estos aspectos para demostrar que, en realidad, “se paga hasta el último centavo”, ejemplificando en el caso de que algún barco prestase servicios de auxilio a otro en alta mar, “se señala quién correrá con los gastos en ese evento”96. Sin embargo, la cláusula N°10 indicaba que en esa circunstancia “la suma que este reporte será distribuida en partes iguales entre el Armador y el Cliente. En este caso, el Cliente no pagará los costos de explotación por el tiempo que el buque esté dedicado a esta labor de ayuda”97.

Si bien Tomás Pablo está en lo cierto al señalar que el convenio especifica los costos en el caso de ayuda a otra nave de alta mar, omite, en su intervención, que ese valor se repartiría en partes iguales y que, mientras dure este auxilio, Chile no pagaría los costos de explotación. Aun siendo válidas las denuncias del senador, hay una tendencia a remarcar ciertas interpretaciones del convenio que pueden generar alarma, asombro y descontento entre los oyentes.

Al finalizar su intervención, destacaba que su preocupación era solo de naturaleza económica: “Pensaría del mismo modo si se hubiera celebrado en forma tan ligera un contrato de esa especie con Estados Unidos”, cuestionando que Humberto Martones “contrajera compromisos para traer 13 barcos al país. Y si cada nave tiene 78 personas a bordo, resulta que, de llevarse adelante el contrato, más de mil hombres de otros países estarán trabajando en Chile. Habría que saber si realmente eso se justifica”98.

Según se reportó en la prensa, solo hubo ocho barcos soviéticos en Chile, cinco eran pesqueros y tres científicos. No se tuvo noticias de nuevos convenios o que la oposición diera cuenta de que había trece embarcaciones soviéticas en el mar nacional, lo que no es menor de señalar dadas las declaraciones del senador sobre el “impacto económico” de tener a “más mil hombres de otros países trabajando en Chile”. A pesar de que Tomás Pablo señale lo contrario, el hecho que fuera la Unión Soviética la contraparte de este convenio no era un dato insignificante, en la medida de que la transición al socialismo era un proyecto legitimado ideológicamente por este país y su órbita, lo que iba a contrapelo de los intereses e ideología de la oposición.

No obstante la opinión puntual de Tomás Pablo, da la impresión de que sí importaba que la Unión Soviética estuviera involucrada. Así, otro núcleo de fuerte oposición se manifestó en los temores asociados al peligro de la soberanía chilena envuelta en la presencia de esos buques soviéticos y, sobre todo, de los científicos. Salvador Allende señaló la existencia de cuestionamientos desde un comienzo: “Resulta que por ahí sale una voz ‘autorizada’ de un político que dice ‘No señor, cómo van a pescar en nuestros mares en zonas donde nunca ha pescado un barco chileno’ […] critica como si los soviéticos fueran a descubrir algo en el mar o fuera un peligro para Chile. Además debo decir que en el barco científico van técnicos chilenos, científicos chilenos, civiles y de la marina de guerra nuestra”99.

Lo que comenta el Presidente se ve reflejado en un editorial de El Mercurio. Este comienza haciendo referencia al descubrimiento del buque-espía soviético Cosmonauta Yuri Gagarin, en aguas brasileras en momentos del lanzamiento de su primer cohete balístico, homologando la función de un buque científico a la de uno de tipo espía. Así, se afirmaba que para que las tareas de espionaje fuesen llevadas a cabo con éxito, “esas unidades necesitan conocer el fondo del mar y de la tarea de trazar mapas submarinos […]. Los barcos científicos rusos acompañan a las flotas pesqueras para cooperar en la ubicación de los cardúmenes, pero además acumulan datos para su flota de guerra. De esa clase es el barco científico que trabaja con los pesqueros soviéticos que actúan en las costas chilenas”100. Lamentablemente, el editorial no brinda mayores argumentos que demuestren que sus preocupaciones son fundadas. Incluso, a inicios de febrero de 1972 señalaban que el gobierno no daba garantías que el espionaje no estuviese ocurriendo en el país:

“Los soviéticos están desarrollando una campaña muy intensa para extender su poderío naval a todos los océanos. En el pasado han carecido de puntos de apoyo en toda América del Sur. Es obvio que se interesan en suplir esa deficiencia. Convendría saber si en alguna forma los acuerdos sobre actividades pesqueras abren la posibilidad de que la URSS adquiera facilidades de abastecimiento o reparaciones para sus buques en la costa de Chile”101.

Lo anterior contradice lo señalado en enero del mismo año, cuando, sin ironía, se anunciaba la presencia de barcos oceanográficos para estudiar las aguas chilenas. Así como se destacaba la presencia de naves japonesas y estadounidenses, al final de la noticia indican el aporte soviético gracias a los estudios que estaba realizando el Academian Mipovich. De esta manera, se recalcaba que este barco llevaba veintitrés científicos abordo por dos meses, sin costo para el país, bajo un programa dirigido por el Instituto de Fomento Pesquero, compuesto por personal de dicha entidad y del Instituto Hidrográfico de la Armada102.

Ercilla daba cuenta de una preocupación similar respecto a las prerrogativas que la Unión Soviética tendría respecto a conflictos en mar chileno, señalando que los “sectores políticos objetan diversos aspectos de la operación, incluso el de la soberanía nacional, toda vez que las reclamaciones que puedan suscitarse pueden ser falladas por tribunales soviéticos”103. De esta forma, lo que era una medida gubernamental para promover el consumo de proteínas, terminó impugnándose en el terreno de la soberanía nacional respecto a supuestos intereses bélicos de la Unión Soviética.

Un tercer punto de tensión se relacionó con la pesca artesanal y el impacto que los buques soviéticos tendrían sobre ella. La oposición objetaba que estos pescaban en zonas donde los pescadores artesanales desarrollaban sus faenas. El diario de oposición La Tercera de la Hora, planteaba que “los pescadores artesanales chilenos, que aún pescan como sus bíblicos colegas de las aguas del Lago Tiberiades, han denunciado graves perjuicios para sus faenas y para su país en general como resultado de la actividad en los mares del sur de una poderosa flota pesquera soviética”104.

Asimismo, se publicitó la molestia de pescadores de la zona de Concepción y Arauco respecto a la destrucción de redes y material pesquero en Talcahuano por parte de los buques. Este caso develó que el Astronom no midió la distancia que separaba las zonas de pesca, ya que el gobierno dispuso “que se evalúen los perjuicios que los pesqueros rusos han causado a los pescadores artesanales y se proceda a cancelar los daños”105. En una reunión entre autoridades marítimas y pescadores también se habría acordado que los buques pescaran al sur de la isla Mocha, sin confirmarse oficialmente, según señaló El Mercurio.

Este diario se encargó de cubrir de manera extensa el problema, dando cuenta del apoyo de los senadores demócratacristianos Tomás Pablo y Claudio Huepe, a las demandas de los trabajadores pesqueros de esta zona. Si bien efectivamente el barco ruso dañó a estos pescadores, fue el único caso publicitado en la prensa.

Aunque el incidente en Talcahuano tuvo lugar, El Siglo lo destacaba como parte de una contracampaña, señalando: “los principales ataques de los derechistas se han encubierto bajo una ‘defensa’ de los pescadores artesanales”. Ante esto, el diario contestaba con testimonios de funcionarios del Sectorial Pesquero, quienes habían especificado que los buques soviéticos, tras alcanzar los doscientos metros de profundidad, quedaban fuera de la zona de pesca artesanal y de arrastre, debiendo “maniobrar fuera de las 3 millas marítimas. La prueba de que lo están haciendo, es que el incidente de Talcahuano, que cita ‘ El Mercurio’ se produjo a las 7 millas, donde los pescadores artesanales tienen prohibición de pescar”106.

El Mercurio, por su parte, titulaba de forma satírica en una portada: “La revolución de la merluza”, calificando el proceso de extracción, distribución y comercialización de las merluzas como incompetente y fallido. Expuso cómo el gobierno en vez de apoyar la pesca nacional invertía en el mundo soviético, generando una potencial indignación que debiese preocupar a un verdadero patriota: “Los pescadores artesanales e industriales se quejan, por su lado, que las autoridades han hecho una cuantiosa inversión en profesionales extranjeros en vez de volcar esos fondos para modernizar los sistemas nacionales de pesca. Están de acuerdo y apoyan ‘la revolución de la merluza’, pero les disgusta que ella se haga bajo bandera extranjera”107.

Si el gobierno necesitaba actuar con rapidez para paliar el desabastecimiento, no era el tiempo propicio para invertir en una industria nacional que no estaba desarrollada para responder con rapidez productiva.

Dentro de la preocupación por el estado de la patria, la revista de oposición -y anticomunista- PEC tuvo una opinión bastante cercana a la expresada por El Mercurio. Bajo el titular “Los rusos matan a pausa mar territorial de Chile”, afirmaban que la acción de los buques soviéticos pesqueros implicaba un saqueo de los recursos naturales de la nación. Eran los pescadores artesanales los que veían con preocupación:

“Cómo se está cometiendo un verdadero crimen con nuestra fauna ictiológica […] echando ‘en un solo saco’ una cantidad indiscriminada de peces que son procesados a bordo de las embarcaciones soviéticas […]. Se comprenderá que con esta política Chile está sufriendo día a día un verdadero zarpazo a su emporio oceánico, ante la vista aterrada de quienes conocen con autoridad las graves consecuencias que esto acarrearía, si es que no se pone atajo a esta ‘asesoría soviética’”108.

Lo anterior vuelve a asociar la presencia de los pesqueros rusos con consecuencias dañinas para el país, lo que hace de la merluza un producto relacionado con elementos nocivos para la integridad nacional en múltiples aspectos: la soberanía, la economía y la fauna marina. Ante lo anterior, el periodismo oficialista destacó cada vez más la idea de cómo la prensa de oposición creaba y divulgaba un “alud de intrigas y mentiras […] destinado a obstruir la operación de iniciativa del gobierno, y que está dirigida fundamentalmente a solucionar los principales problemas de abastecimiento del pueblo chileno”109.

Esto devela cómo la merluza se insertó en una batalla que transitaba entre legitimar la iniciativa de su extracción mediante buques soviéticos versus la reacción de la oposición centrada en aspectos considerados dañinos para el país, sin vislumbrar alguna solución respecto al problema del abastecimiento.

Finalmente, la idea del gusto “gastronómico” del chileno estuvo en el centro del debate, ya que por ser “extraña” al paladar nacional, la extracción de merluza no tenía sentido. Así, La Tercera de la Hora indicaba que a pesar de que desde una perspectiva nutricional se pudiera reemplazar la carne por la merluza y que hubiera grandes cantidades a disposición de los consumidores, “el chileno sigue siendo remiso a consumir pescados. Desde hace ya luengos años diversos gobernantes se han preocupado de romper la barrera que separa al hogar chileno de lo que ha sido llamado con justa razón su gran despensa: el mar. Todas estas campañas han sido infructuosas110.

A esto, El Mercurio agregaba: “la población rechaza este producto, porque los procesos a que lo someten le hacen perder su atractivo para la mesa. Es difícil de cocinar, no tiene un aspecto gastronómicamente atractivo, requiere una trabajosa preparación previa y, la razón más fundamental, no apetece, ‘no le gusta’ al consumidor medio”111.

Es interesante, sin embargo, que la misma edición del diario señale lo mucho que se extrañaba comer otros productos de mar, como las ostras: “En vista de tanta escasez y carestía, los aficionados locales a los mariscos se han resignado no solamente a olvidar las ostras juanfernandinas, sino también todos los otros moluscos […] cediéndoselas con nostálgica resignación a los turistas extranjeros”112. Al parecer, el problema era la merluza.

Salvador Allende contestó a esto en un discurso en Concepción, citando el mismo extracto de El Mercurio que señalaba el rechazo del consumidor: “Faltó decir que provocaba estreñimiento, dilatación intestinal ¡y pie plano! (Risas). Esa es la manera de combatir una iniciativa que hemos considerado necesaria”113.

El Siglo, incluso, calificó de antipatriota la contracampaña desplegada por la oposición para desacreditar el consumo de la merluza: “Los medios informativos de derecha han lanzado una campaña antipatriótica que tiende a confundir a la opinión pública diciéndole que la merluza congelada no tiene sabor y no sirve para el tipo de consumo que compra la gente; que cuando se fríe deshace el batido […] se encargan de boicotear la apariencia física y olfativa de la merluza limpia ‘Arauco’”114.

Esto se reflejaba en el parecer de un comerciante entrevistado por El Mercurio, quien señalaba: “la pescada frigorizada o congelada no sirve, porque la entregan sin filetear, con todo adentro y cuando se descongela y se la quiere limpiar se destroza, se muele”115.

Para responder a esto, la prensa oficialista se encargó de difundir la importancia de saber descongelar el producto para así consumirlo en óptimas condiciones: “La descongelación de la merluza debe hacerse a la temperatura a ambiente sin exponerla al sol. Si se comete el error de quitarle el hielo con agua fría o hirviente o a la fuerza, o se le expone a los rayos solares, indudablemente que tendrá un resultado poco agradable para el gusto de cualquier paladar”116.

Esta contracampaña se reconocía de manera abierta, lo cual se veía reflejado en titulares como “¡Le asienta! ‘El Mercurio’ encabeza boicot a la merluza”, donde afirmaban que a pesar de las acciones de la oposición, “día a día, son más las dueñas de casa y familias que incorporan a su alimentación el pescado frigorizado que significa un ahorro para la economía familiar y que desde el punto de vista nutritivo, representa un sustituto para la carne de vacuno”117. Víctor Díaz, subsecretario general del Partido Comunista, destacaba esta situación en un pleno de 1972: “Nuestro enemigos, inspirados tan solo por el odio al Gobierno Popular, pretendieron boicotear el consumo de merluza usando toda suerte de argumentos anticomunistas”118.

Conclusión

Es complejo evaluar el impacto del hábito alimenticio producido por “La batalla de la merluza” en términos de práctica, dada la casi nula información estadística de partidas extraídas o de niveles de consumo. Sin embargo, es posible concluir que efectivamente la merluza, su proceso de extracción y distribución, fueron un espacio contencioso de polémicas, pugnas y de acusaciones mutuas en distintos dominios: en la prensa, el Congreso, la música, lo audiovisual y en los discursos enunciados por el presidente Salvador Allende. Esferas que se relacionan de manera importante en la medida que tienen tanto impacto como incidencia en la opinión pública.

El concepto “La batalla de la merluza” grafica de buena forma cómo las tensiones macrocontextuales enmarcadas en la administración de Salvador Allende afectaron el mundo cotidiano y viceversa. Se tuvo que “pelear” una batalla que implicaba no solo hacer frente a las críticas de esta iniciativa y al modo problemático en que se percibía el consumo de este pescado sino que, además, se debía hacer un esfuerzo para instalarse en las mesas de distintos hogares santiaguinos. Fue una batalla porque su propósito desde un inicio fue cuestionado, al considerar la oposición que la presencia de los buques pesqueros soviéticos era lesiva para el país tanto en lo económico, en lo soberano y respecto a los recursos marítimos.

Además, el gobierno de la UP tuvo que desplegar una campaña de promoción y educación para hacer que los individuos consumieran la proteína de la merluza, con la que se pretendía reemplazar la carne. Probablemente, generar ese cambio de hábito en corto tiempo fue bastante complejo. Asimismo, se evidenciaron dificultades logísticas en la distribución y en la comercialización de la merluza, debido a una infraestructura frigorífica nacional poco desarrollada.

Desde la óptica del consumo, se destaca cómo “La batalla de la merluza” posibilita comprender las tensiones del periodo, además de señalar la articulación dialéctica entre oficialismo y oposición en una época marcada por la expectativa de cambios estructurales, lo cual fue recibido tanto desde la esperanza como desde el temor.

Las aptitudes del gobierno de la UP estuvieron en tela de juicio, no tan solo desde el cuestionamiento a la Reforma Agraria, la nacionalización de los recursos naturales, la estatización de bancos y la creación del Área de Propiedad Social. También se cuestionó desde la capacidad de disponer de alimentos para la población, entrando en la dimensión de la vida cotidiana. Titulares como “Chile está a punto de perder la libertad, por el estómago”119, “De todas maneras pasaremos hambre”120, “Apogeo del mercado negro”121, “La presión de las ollas”122, revelaban ideas potentes respecto a cómo la inseguridad en torno al acceso alimenticio generó sentimientos angustiosos, los cuales pueden llegar a validar desde la experiencia de lo cotidiano, el derrocamiento de un gobierno.

1Esta investigación es parte del desarrollo de la tesis de magíster, la cual estudia políticas de consumo en el gobierno de Salvador Allende. Contó con el apoyo de la Beca Magister Nacional proporcionada por la Comisión Nacional de Investigación Científica y Tecnológica (CONICYT). Agradezco los comentarios y correcciones en las distintas fases de este estudio a Pablo Whipple, Alfredo Riquelme, Bárbara Silva, Pablo Marín y Helena Knoll Bastos.

2“Se pasan los pesqueros soviéticos”, en Puro Chile, Santiago, 28 de enero de 1972, p. 8.

3“¡Hay puro pescado!”, en Puro Chile, Santiago, 21 de enero de 1972, p. 4.

4La “Marcha de las cacerolas vacías” realizada el 1 de diciembre de 1971, fue una manifestación articulada por el Partido Nacional y la Democracia Cristiana con participación mayoritaria, pero no exclusiva, de mujeres de clase alta para protestar contra el desabastecimiento, que, si bien incipiente, se hacía presente de manera cotidiana. La olla o cacerola se convirtió en un potente símbolo femenino de oposición al gobierno de la Unidad Popular. Para profundizar en este fenómeno desde un análisis político y de género, véase Margaret Power, La mujer de derecha: el poder femenino y la lucha contra Salvador Allende, 1964-1973, traducción María Teresa Escobar, Santiago, Ediciones de la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos, Centro de Investigaciones Diego Barros Arana, colección Sociedad y Cultura, 2008., vol. XLVII.

5Se denomina “Paro de octubre” al apoyo por parte de dueños de camiones en 1972, ante las manifestaciones de sus colegas de Aysén respecto del intento del gobierno de crear una empresa estatal de camiones en esa zona. Esto implicó la paralización de gran parte del transporte en el país, redundando en un agravamiento del abastecimiento nacional. A esto adhirieron, como forma de protesta, otras asociaciones empresariales como manufactureros, comerciantes minoristas, además de asociaciones profesionales de clase media como médicos e ingenieros. Peter Winn, La revolución chilena, Santiago, LOM Ediciones, 2013, p. 107.

6Verónica Valdivia Ortiz de Zárate, “Lecciones de una Revolución: Jaime Guzmán y los gremialistas, 1973-1980”, en Verónica Valdivia, Rolando Álvarez y Julio Pinto, Su revolución contra nuestra revolución: Izquierdas y derechas en el Chile de Pinochet (1973-1981), Santiago, LOM Ediciones, 2006, p. 50.

7Joaquín Fermandois et al., Chile. La búsqueda de la democracia (1960-2010), 2015, tomo V. Disponible en https://books.google.cl/books?id=8M6zCgAAQBAJ&pg=PT4&dq=joaquin+fermandois+CHILE+La+b%C3%BAsqueda+de+la+democracia.+Tomo+5&hl=es&sa=X&ved=0ahUKEwjq6fj6s53WAhVGEJAKHTasCRAQ6AEIJTAA#v=onepage&q=oposici%C3%B3n&f=false [fecha de consulta: 13 de agosto de 2017]. Peter Winn señala que para el caso de la Democracia Cristiana, su papel como oposición fue variando en el tiempo desde una postura “leal y de colaboración ocasional” hacia una creciente oposición obstructiva. Peter Winn, Los tejedores de la revolución. Los trabajadores de Yarur y la vía chilena al socialismo, Santiago, LOM Ediciones, 2004, p. 309.

8Dante Castillo, “La problemática del consumo: Una historia reciente en las ciencias sociales chilenas”, en Revista Central de Sociología, N° 5, Santiago, 2010, pp. 101-119; Tomás Moulian, Chile Actual: Anatomía social de un mito, Santiago, LOM Ediciones, 2002; Patricio Silva, En el nombre de la razón. Tecnócratas y política en Chile, Santiago, Ediciones UDP, 2006; Heidi Tinsman, Buying into the regime: Grapes and Consumption in Cold War Chile and the United States, Durham and London, Duke University Press, 2014; René van Bavel and Lucía Sell-Trujillo, “Understandings of Consumerism in Chile”, in Journal of Consumer Culture, vol. 3, N° 3, London, 2003, pp. 343-362.

9Peter DeShazo, Trabajadores urbanos y sindicatos en Chile 1902-1927, Santiago, Ediciones de la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos, Centro de Investigaciones Diego Barros Arana, colección Sociedad y Cultura, 2007, vol. XLVI; Rodrigo Henríquez, En “estado sólido ”: políticas y politización en la construcción estatal: Chile 1920-1950, Santiago, Ediciones UC, 2014; John C. Super and Thomas C. Wright (eds.), Food, Politics and Society in Latin América, Lincoln and London, University of Nebraska Press, 1985; Tinsman, op. cit.

10Frank Trentmann, The Oxford Handbook of the History of Consumption, Oxford, Oxford University Press, 2012, p. 1. Asimismo, debe destacarse el papel de la Antropología en el desarrollo de esta perspectiva, sobresaliendo los trabajos de Daniel Miller y su concepto de objetivización. Daniel Miller, Stuff, Cambridge - Malden, Polity Press, 2010; Daniel Miller, “Consumption as a vanguard of history”, in Daniel Miller (ed.), Acknowledging Consumption, London-New York, Routledge, 1995.

11Sobre la relación entre consumo alimenticio y legitimidad política véase Enrique C. Ochoa, “Political Histories of Food”, in Jeffrey M. Pilcher (ed.), The Oxford Handbook of Food History, Oxford-New York, Oxford University Press, 2012, pp. 23-40; E. P Thompson, “Moral Economy of the English Crowd in The Eighteen Century”, in Past and Present, vol. 50, N° 1, Oxford, 1971, pp. 76-136; Charles Tilly, “Food Supply and Public Order en Modern Europe”, in Charles Tilly (ed.), The Formation of Nation State in Western Europe, Princeton-London, Princeton University Press, 1975, pp. 385-386; Enrique C. Ochoa, Feeding Mexico: The Political Uses of Food since 1910, Wilmington DE, Scholary Resources, 2000; Thomas C. Wright, “The Politics of Urban Provisioning in Latin América History”, in Super y Wright (eds.), op. cit., pp. 24-45; Henríquez, op. cit., y DeShazo, op. cit.

12Super y Wright, op. cit., p. x.

13La prensa chilena de la época puede ser clasificada en tres tipos: la perteneciente a grupos empresariales (El Mercurio, La Segunda, La Tercera de la Hora); a grupos político-empresariales y partidos políticos (La Prensa [Democracia Cristiana], El Siglo [Partido Comunista], Noticias de Última Hora [Partido Socialista] y estatal (La Nación). Así como algunas publicaciones se consideraban “serias” o “populares”, también se crearon especialmente en esta época medios como el tabloide popular Puro Chile, así como revistas más asociadas a la derecha (Qué Pasa y Sepa). Patricio Bernedo y William Porath, “A tres décadas del golpe: ¿Cómo contribuyó la prensa al quiebre de la democracia chilena?”, en Cuadernos de Información, N° 16-17, Santiago, 2003-2004, p. 116.

14Op. cit., p. 115. A este respecto, destaca lo llamativo que resulta la casi inexistente presencia de esta temática en archivos asociados a la administración de la época, tanto en el Ministerio de Economía, Fomento y Reconstrucción como en la cartera de Tierras y Colonización (hoy Bienes Nacionales). Aunque el estudio de la “Batalla de la merluza” se puede realizar gracias a la prensa, es complejo evaluar en términos cuantitativos, el impacto de adhesión a esta práctica en términos de consumo. La historia oral como metodología es un elemento valioso para la profundización de este tema. Sin embargo, será desarrollado en otros trabajos.

15Gilbert M. Joseph, “What We Know and Should Know. Bringing Latin America More Meaningfully into Cold War Studies”, in Gilbert M. Joseph and Daniela Spenser (eds.), In from the Cold: Latin America's New Encounter with the Cold War, Durham and London, Duke University Press, 2008, p. 3.

16Op. cit., p. 4.

17Winn, La revolución…, op. cit., p. 53.

18Tomás Moulian, “La vía chilena al socialismo. Itinerario de la crisis de los discursos estratégicos de la Unidad Popular”, en Julio Pinto (ed.), Cuando hicimos historia: la experiencia de la Unidad Popular, Santiago, LOM Ediciones, 2005, p. 36.

19Unidad Popular, Programa Básico de Gobierno de la Unidad Popular. 1969. Disponible en www.me-moriachilena.cl/602/w3-article-7738.html [fecha de consulta: 5 de mayo de 2016].

20Winn, La revolución…, op. cit., p. 95. El autor enmarca esta frase en el dinamismo económico inicial de la UP con correlato en el consumo.

21José del Pozo, Rebeldes, reformistas y revolucionarios, Santiago, Ed. Documentas, 1992, p. 182.

22Sofía Correa et al., Historia del siglo xx chileno, Santiago, Sudamericana, 2001, p. 268.

23Winn, La revolución…, op. cit., p. 98.

24Correa, op. cit., p. 268.

25Power, op. cit., p. 212.

26Op. cit., p. 220.

27También se puede considerar al “chancho chino” como otro símbolo de características similares.

28“Pesqueros soviéticos aumentarán un 44% la producción nacional”, en El Siglo, Santiago, 28 de enero de 1972, p. 6.

29“Se pasan los pesqueros soviéticos”, en Puro Chile, Santiago, 28 de enero de 1972, p. 8.

30“San Antonio de fiesta. Hoy reciben barcos soviéticos”, en El Siglo, Santiago, 26 de enero de 1972, p. 4.

31“Vaca que no has de comer”, en Ercilla, Santiago, 17 al 23 de noviembre de 1971, pp. 21-22.

32“La parrilla está vacía”, en Ercilla, Santiago, 15 al 21 de septiembre de 1971, p. 19.

33“La firme sobre los bistocos”, en Ahora, Santiago, 2 de noviembre de 1971, p. 2.

34Op. cit., pp. 3-4.

35“Hablemos de bife”, en Ercilla, Santiago, 5 al 11 de abril de 1972, p. 51; “Verificada importante baja de exportaciones de carne”, en El Siglo, Santiago, 22 de enero de 1972, p. 8.

36“Mercado Negro”, en El Siglo, Santiago, 26 de enero de 1972, p. 2.

37“La canasta bajo la mesa”, en Ercilla, Santiago, 11 al 17 de agosto de 1971, pp. 18-19.

38“La firme sobre los bistocos”, en Ahora, Santiago, 2 de noviembre de 1971, p. 2.

39“La canasta bajo la mesa”, en Ercilla, Santiago, 11 al 17 de agosto de 1971, p. 18.

40“Mercado Negro”, en El Siglo, Santiago, 26 de enero de 1972, p. 2.

41“Se pasan los pesqueros soviéticos”, en Puro Chile, Santiago, 28 de enero de 1972, p. 8. Si bien con el tiempo llegarían más buques soviéticos hasta completar ocho (cinco pesqueros y tres científicos), los mencionados acá son los que tuvieron mayor cobertura en la prensa de la época.

42“Allende recibe a pesqueros soviéticos en San Antonio”, en Puro Chile, Santiago, 26 de enero de 1972, p. 2.

43“Los soviéticos limpian 40 mil kilos de pescado al día”, en Puro Chile, Santiago, 5 de enero de 1972, p. 8. Las cifras son aproximadas, ya que en general estas varían en grados similares.

44Op. cit., p. 8; “Dicen pescadores chilenos: ‘Queremos aprender”’, en El Siglo, Santiago, 20 de enero de 1972, p. 6; “Barcos Soviéticos se incorporan a Flota Pesquera”, en El Mercurio (Internacional), Santiago, 24 al 30 de enero 1972, p. 1.

45“Barcos Soviéticos se incorporan a Flota Pesquera”, op. cit., p. 1.

46“Importantes acuerdos pesqueros entre la URSS, Polonia y Chile”, en El Siglo, Santiago, 11 de enero de 1972, p. 5; “Convenios Económicos Chileno-Soviéticos”, en El Siglo, Santiago, 7 de julio de 1972, p. 2; “Convenio firman Chile y Bulgaria”, en El Mercurio, Santiago, 10 de marzo de 1972, p. 20.

47“Barcos Soviéticos se incorporan a Flota Pesquera”, op. cit., p. 1.

48“Se pagan en pescado”, en El Siglo, Santiago, 20 de enero de 1972, p. 6.

49“Allende recibe a pesqueros soviéticos en San Antonio”, en Puro Chile, Santiago, 26 de enero de 1972, p. 2.

50“Recaló buque científico soviético”, en El Siglo, Santiago, 1 de enero de 1972, p. 7.

51“No hay perjuicio para pescadores artesanales”, en El Siglo, Santiago, 11 de febrero de 1972, p. 3.

52“El primer barco soviético se trajo 210 toneladas de merluza”, en Puro Chile, Santiago, 21 de enero de 1972, p. 8.

53“Naves soviéticas pescan para Chile”, en Puro Chile, Santiago, 23 de enero de 1972, p. 2.

54“Pesqueros soviéticos triplicarán producción de pescado para Chile”, en El Siglo, Santiago, 13 de enero de 1972, p. 7.

55“No hay perjuicio para pescadores artesanales”, en El Siglo, Santiago, 11 de febrero de 1972, p. 3.

56“Se pasan los pesqueros soviéticos”, en Puro Chile, Santiago, 28 de enero de 1972, p. 8.

57“Habrá abundante siembra de pescados en ríos sureños”, en El Siglo, Santiago, 19 de enero de 1972, p. 3.

58“Mañana se inaugura planta de piscicultura en Valdivia”, en El Siglo, Santiago, 19 de enero de 1972, p. 6. Existen indicios de desarrollo pesquero en el gobierno de Eduardo Frei Montalva: “Un futuro con espinas”, en Ercilla, Santiago, 12 al 18 de abril de 1972, p. 19.

59“Una solución alimenticia específicamente nacional”, en El Siglo, Santiago, 3 de marzo de 1972, p. 2.

60“Cámara aprobó ley que crea Ministerio del Mar”, en El Siglo, Santiago, 21 de enero de 1972, p. 5.

61“Una Mujer a Tu Lado”, en Revista Dominical El Siglo, Santiago, 23 de enero de 1972, p. 5. Esta conferencia de prensa dada por Salvador Allende a distintos medios apareció en otros diarios del país, como El Mercurio.

62“Croquetas a base de merluza: Listas para la venta al público”, en El Siglo, Santiago, 2 de marzo de 1972, p. 7.

63“Fabricación de cecinas incluyendo carnaza de pescado”, Memorándum N° 40.203, Santiago, 13 de marzo de 1972, en Archivo Nacional de la Administración (ARNAD), Fondo CORFO, SOCOAGRO, vol. 314.

64“La revolución de la merluza”, en Ercilla, Santiago, 17 al 23 de mayo de 1972, p. 17.

65Ibid.

66“¡Hay puro pescado!”, en Puro Chile, Santiago, 21 de enero de 1972, p. 4.

67“Se mejora la distribución: habrá pescado hasta para hartarse”, en Puro Chile, Santiago, 7 de enero de 1972, p. 11.

68“Se mejora la distribución: habrá pescado hasta para hartarse”, op. cit., p. 11.

69“San Antonio de fiesta. Hoy reciben barcos soviéticos”, en El Siglo, Santiago, 26 de enero de 1972, p. 4.

70“155 frigoríficos a fin de mes para repartir pescados”, en Puro Chile, Santiago, 3 de febrero de 1972, p. 8.

71Tomás Pablo Elorza, Pesca efectuada por barcos soviéticos en litoral chileno y estanco de los productos del mar anunciado por el Gobierno, Labor Parlamentaria, Senado, Sesión ordinaria N° 67, 14 de marzo de 1972. Disponible en www.bcn.cl/laborparlamentaria/wsgi/consulta/verParticipacion.py?idParticipacion=897085&idPersona=3539&idDocumento=588393&idAkn=akn588393-ds72-ds73 [fecha de consulta: 6 de septiembre de 2016].

72“La merluza se impone”, en El Siglo, Santiago, 28 de febrero de 1972, p. 2.

73“San Antonio de fiesta. Hoy reciben barcos soviéticos”, en El Siglo, Santiago, 26 de enero de 1972, p. 4.

74“Una solución alimenticia específicamente nacional”, en El Siglo, Santiago, 3 de marzo de 1972, p. 2.

75Ibid.

76“Fiesta de la Merluza: Llega a las escuelas”, en El Siglo, Santiago, 9 de abril de 1972, p. 1.

77“Merluza frigorizada se abre paso”, en El Siglo, Santiago, 1 de marzo de 1972, p. 3.

78Salvador Allende, “Trabajadores y participación. Discurso en ocasión de celebrarse el Día del Trabajador”, 1 de mayo de 1972. Disponible en www.marxists.org/espanol/allende/1972/mayo01.htm [fecha de consulta: 17 de septiembre de 2016].

79Salvador Allende, “Discurso ante grupo de poblaciones de Villa Dulce”, 16 de enero de 1973. Disponible en www.marxists.org/espanol/allende/1973/enero16.htm [fecha de consulta: 17 de septiembre de 2016].

80Las relaciones existentes entre espacios donde se unen procesos de producción, distribución y consumo, que apelan a lo cotidiano con el desarrollo político-económico más amplio, se puede apreciar en los casos de los textos de Eden Medina y Hugo Palmarola. Ambos evidencian cómo la tecnología y el diseño industrial estatal se tornaron áreas importantes para la creación de iniciativas útiles a los lineamientos de producción y de consumo popular proyectados por la administración de Salvador Allende. Eden Medina, Revolucionarios Cibernéticos. Tecnología y política en el Chile de Salvador Allende, Santiago, LOM Ediciones, 2013; Hugo Palmarola, “Productos y socialismo: diseño industrial estatal en Chile”, en Claudio Rolle (ed.), 1973: la vida cotidiana de un año crucial, Santiago, Planeta, 2003, pp. 225-295.

81Quilapayún, “La merluza”, disco La Fragua, DICAP, Santiago, 1973. Junto a Sergio Ortega, crearon las “Seis canciones contingentes” reunidas en este disco homenaje a los cincuenta años del Partido Comunista de Chile, las cuales circularon desde 1972.

82Ibid.

83Arjun Appadurai, “Gastro-Politics in Hindu South Asia”, in American Ethnologist, vol. 8, N° 3, New Jersey, 1981, p. 494. Citado, también, en Natalia Milanesio, “Food Politics and Consumption in Peronist Argentina”, in Hispanic American Historical Review, vol. 90, N° I, Durham, 2010, p. 75.

84“La Pesquería del Fracaso”, en El Mercurio, Santiago, 12 de marzo de 1972, p. 3.

85“Chile Films”, en Ahora, Santiago, 23 de noviembre de 1971, p. 47.

86“Archivo Fílmico”, Chile Films, 1972. Disponible en www.chilefilms.cl/chilefilms/archivos_filmicos.htm [fecha de consulta: 14 de julio de 2016].

87Jacqueline Mouesca, Plano secuencia de la memoria de Chile. Veinticinco años de cine chileno (19601985), Madrid, Ediciones del Litoral, 1988, p. 65.

88Ibid.

89“Allende enjuicia a los partidos”, en Chile Hoy, Santiago, 30 de junio al 6 de julio de 1972, p. 29.

90Tito Drago, Allende: un mundo posible, Santiago, RIL Editores, 2003, p. 44.

91Quilapayún, “La Merluza”, op. cit.

92Salvador Allende, “Discurso en la Plaza de Armas de Concepción”, 14 de marzo de 1972. Disponible en www.marxists.org/espanol/allende/1972/marzo14.htm [fecha de consulta: 17 de septiembre de 2016].

93Pablo, op. cit.

94Ibid.

95“Naves soviéticas pescan para Chile”, en Puro Chile, Santiago, 23 de enero de 1972, p. 2.

96Pablo, op. cit.

97Ibid.

98Pablo, op. cit.

99“Una Mujer a Tu Lado”, op. cit., p. 5.

100“Buques espías soviéticos”, en El Mercurio, Santiago, 12 de marzo de 1972, p. 3.

101“Pesca soviética en Chile”, en El Mercurio, Santiago, 2 de febrero de 1972, p. 3.

102“Barcos oceanográficos estudian aguas chilenas”, en El Mercurio, Santiago, 14 de enero de 1972, p. 20.

103“La revolución de la merluza”, en Ercilla, Santiago, 17 al 23 de mayo de 1972, p. 17.

104“La merluza tiene la palabra”, en La Tercera de la Hora, Santiago, 28 de febrero de 1972, p. 3.

105“Evaluación de perjuicios provocados por pesqueros rusos”, en El Mercurio, Santiago, 5 de febrero de 1972, p. 17.

106“No hay perjuicio para pescadores artesanales”, en El Siglo, Santiago, 11 de febrero de 1972, p. 3.

107“La revolución de la merluza”, en El Mercurio, Santiago, 12 de marzo de 1972, p. 1.

108“Los rusos matan a pausa mar territorial de Chile”, en PEC, Santiago, 3 de marzo de 1972, p. 5. Cursivas destacadas por la autora.

109“Faena de pesqueros soviéticos aumenta 30% la producción de merluza”, en El Siglo, Santiago, 11 de febrero de 1972, p. 3.

110“La merluza tiene la palabra”, en La Tercera de la Hora, Santiago, 28 de febrero de 1972, p. 3. Cursivas destacadas por la autora.

111“La Pesquería del Fracaso”, en El Mercurio, Santiago, 12 de marzo de 1972, p. 3.

112“Rica, Barata… e ignorada”, en El Mercurio, Santiago, 12 de marzo de 1972, p. 6.

113Salvador Allende, “Discurso en la Plaza de Armas de Concepción”, 14 de marzo de 1972. Disponible en www.marxists.org/espanol/allende/1972/marzo14.htm [fecha de consulta: 17 de septiembre de 2016].

114“La merluza se impone”, en El Siglo, Santiago, 28 de febrero de 1972, p. 2.

115“Escasez de Merluza Fresca”, en El Mercurio, Santiago, 21 de febrero de 1972, p. 17.

116“La merluza se impone”, en El Siglo, Santiago, 28 de febrero de 1972, p. 2.

117“¡Le asienta! ‘El Mercurio’ encabeza boicot a la merluza”, en El Siglo, Santiago, 23 de febrero de 1972, p. 5.

118Víctor Díaz, “Documento Pleno del Partido Comunista de Chile”, en El Siglo, Santiago, 23 de junio de 1972, p. 4.

119“Chile está a punto de perder la libertad, por el estómago”, en PEC, Santiago, 12 de mayo de 1972, p. 4.

120“De todas maneras pasaremos hambre”, en PEC, Santiago, 12 de mayo de 1972, p. 10.

121“Apogeo del mercado negro”, en Ercilla, Santiago, 30 de agosto al 5 de septiembre de 1972, pp. 15-17.

122“La presión de las ollas”, en Ercilla, Santiago, 30 de agosto al 5 de septiembre de 1972, pp. 9-12.

Recibido: Septiembre de 2017; Aprobado: Marzo de 2018

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