SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
vol.51 número1Emprendimientos tempranos de inmigrantes judíos en Valparaíso y Viña del Mar, 1920-1944“El tribunal está abierto para críticas y para autocríticas”. Luchas de poder y radicalización del Partido Comunista de Chile, 1945-1946 índice de autoresíndice de materiabúsqueda de artículos
Home Pagelista alfabética de revistas  

Servicios Personalizados

Revista

Articulo

Indicadores

Links relacionados

  • En proceso de indezaciónCitado por Google
  • No hay articulos similaresSimilares en SciELO
  • En proceso de indezaciónSimilares en Google

Compartir


Historia (Santiago)

versión On-line ISSN 0717-7194

Historia (Santiago) vol.51 no.1 Santiago jun. 2018

http://dx.doi.org/10.4067/s0717-71942018000100141 

Artículos

Dominación filantrópica y gobernabilidad democrática: el caso de la Fundación Ford y CIEPLAN en Chile (1976-1990)1

Juan Jesús Morales Martín* 

*Doctor en Sociología. Universidad Complutense de Madrid, 2012. Académico de la Escuela de Sociología de la Universidad Católica Silva Henríquez, Santiago, Chile. Correo electrónico: jmoralesma@ucsh.cl

Resumen

El objetivo principal de este artículo es explicar el cambio en las ideas políticas, entre 1976 y 1990, del grupo de intelectuales que encabezó el equipo económico del primer gobierno democrático en Chile tras la última dictadura civil-militar. De forma específica, nos detendremos en la trayectoria de Alejandro Foxley, fundador y presidente del centro académico independiente CIEPLAN. Proponemos, en consecuencia, un análisis documental e historiográfico a la hora de comprender que las decisiones a favor de una democracia estable y el mantenimiento del modelo neoliberal se jugaron también en el campo de la dominación filantrópica internacional. Los resultados demuestran que los intereses de la Fundación Ford respecto a Chile y a CIEPLAN estaban en supervisar una visión tecnocrática de la democracia y en la inserción de este país en el sistema económico mundial.

Palabras claves: Chile; siglo xx ; Fundación Ford; CIEPLAN; dominación filantrópica; gobernabilidad democrática; modelo neoliberal

Abstract

The principal objective of this article is to explain the change in political ideas, between 1976 and 1990 of the leading group of intellectuals that led the first democratic Chilean government's economic team after the last civil-military dictatorship. More specifically, we will focus on Alejandro Foxely, founder and president of the independent academic center CIEPLAN. We propose a documental and historiographic analysis to comprehend that the decisions that favored a stable democracy and the maintenance of a neoliberal model were also played in the field of international philanthropic domination. The results show that the interests of the Ford Foundation regarding to Chile and CIEPLAN were to supervise a technocratic vision of democracy and the insertion of this country in the world economic system.

Keywords: Chile; twentieth-century; Ford Foundation; CIEPLAN; Philanthropic Domination; Democratic Governability; Neoliberal Model

Introducción

La crisis de confianza social, como la que hoy se vive en Chile, constituye un momento oportuno para reflexionar sobre el cruce, siempre complejo, entre intelectuales, política y saberes especializados. También es un tiempo ideal para pensar, precisamente, sobre la configuración histórica del modelo de desarrollo socioeconómico predominante y su relación con la democracia, el Estado o la forma de hacer política. Se trata de temas muy viejos, pero siempre relevantes en el caso chileno, dado que este país se distingue por ser uno de los países de América Latina donde ha sido más fuerte la relación entre academia y política2. Uno de los rasgos más visibles de esta estrecha unión ha sido la “tecnocratización” de la política chilena3. La centralidad de los tecnócratas en la conducción de los asuntos públicos es un hecho constatable que ha dado pie a recientes elaboraciones teóricas sobre las élites y su capacidad de conducir y transformar la sociedad4. Si atendemos, en concreto, a la historicidad de la realidad social y al papel destacado de estas minorías selectas en su producción, se puede situar a la transición a la democracia como el momento clave que fijó la actual construcción económica, social y política de este país.

Las valoraciones sobre ese periodo de la reciente historia chilena oscilan, en apretada síntesis, desde visiones que reconocen la gobernabilidad conseguida por la conocida “política de los acuerdos” y el papel gestor de los llamados technopols5; pasando por voces que matizan el desempeño económico logrado por encima de las conquistas políticas6; hasta posturas que caracterizan a aquel suceso con el diseño de una democracia elitista que estableció el predominio de las relaciones mercantiles y el dibujo de un Estado debilitado7. Ese rico debate forma, no obstante, un acervo de referencia teórica para la revisión crítica que se plantea en este trabajo. Pues aquí, justamente y como objetivo principal, nos vamos a detener en explicar el cambio en las ideas políticas del grupo de intelectuales que encabezó el equipo económico del primer gobierno democrático en Chile tras la última dictadura civil-militar. De forma específica, nos centraremos en la trayectoria biográfica e intelectual de Alejandro Foxley, ministro de Hacienda del gobierno de Patricio Aylwin entre 1990 y 1994, y quien se destacó durante la década de 1980 por articular y organizar desde el centro académico independiente CIEPLAN una sostenida crítica democrática y opositora al régimen militar y a su política económica neoliberal8.

La selección analítica y el recorte temporal propuesto se justifican, entonces, porque este centro académico fue creado en 1976 gracias a la ayuda y financiación de la Fundación Ford. 1990 es el año en que se recobró la democracia en Chile y fija el momento en que varios miembros de ese grupo de intelectuales y expertos, con Alejandro Foxley a la cabeza, cruzaron el puente de la academia hacia la responsabilidad política institucional. En ese sentido, consideramos que la Fundación Ford identificó de manera temprana a este centro académico independiente como un actor relevante en la vida política chilena, pues, como así ha demostrado la historia, CIEPLAN ha logrado ser uno de los think tanks de más larga trayectoria en este país y tal vez el de mayor capacidad en cuanto al diseño y a la incidencia de las políticas públicas económico-sociales9. De hecho, y como trataremos de comprobar en las siguientes páginas, CIEPLAN fue la gran apuesta de esta institución filantrópica estadounidense en Chile en cuanto a temas económicos y en cuanto a la posibilidad de mantener en democracia el modelo económico neoliberal impuesto en el anterior periodo autoritario.

Uno de los aspectos más originales de la indagación documental e historiográfica que proponemos consiste en presentar una suerte de lectura a contrapelo, la cual, en lugar de celebrar y preguntarse por los aciertos, los éxitos y los logros en democracia de esta élite intelectual, sobre todo en su capacidad de ocupar altos puestos de responsabilidad política10, se interroga, en cambio, sobre las decisiones que motivaron su declinación crítica. La hipótesis de fondo que manejamos es que esas decisiones se jugaron en el campo de la “dominación filantrópica” internacional11, al calor del auge de los economistas en los procesos de reforma estructural de América Latina y bajo un contexto histórico inclinado hacia la construcción de una nueva arquitectura económica mundial, la cual desencadenaría años después en el “triunfo” en la región de las políticas macro- económicas y sociales del Consenso de Washington12. Por tales motivos, seguiremos un análisis basado en la historia intelectual y en la historia de las Ciencias Sociales, pues estas disciplinas cuentan en la región con una larga y dilatada trayectoria13. Además nos apoyaremos en los documentos de la Fundación Ford -principal entidad financiadora de CIEPLAN durante el periodo de estudio seleccionado (1976-1990)- para tratar de comprender las claves explicativas de esa renuncia académica y política14.

La Fundación Ford y las ciencias sociales en Chile

Antes de entrar en detalles es necesario apuntar desde ya a un actor protagonista en esta trama intelectual como es la Fundación Ford, dado el apoyo filantrópico que brindó al centro académico CIEPLAN y a su antecesor CEPLAN. En este sentido, recordemos de manera breve que la presencia de esta institución filantrópica estadounidense ha sido clave en Chile y en América Latina para el desarrollo de sus Ciencias Sociales15. Esta institución, como también la Fundación Rockefeller, desempeñaron un papel fundamental apoyando a instituciones públicas y universitarias de toda la región16. El inicio del Programa para Latinoamérica de la Fundación Ford comenzó en 1959, bajo el contexto de la Guerra Fría y al calor de la Revolución cubana. Esta institución filantrópica se sumó, a través de sus donaciones y como un instrumento diplomático más, a toda la política de asistencia científica, económica y técnica que Estados Unidos brindó para la región con la Alianza para el Progreso y como respuesta a aquel suceso histórico17. De hecho, el apoyo financiero de la Fundación Ford fue muy importante para que se acometieran investigaciones y estudios sobre aspectos sociales, económicos y políticos del desarrollo en la región, destacando, entre otras instituciones, el Instituto Latinoamerica no de Planificación Económica y Social (ILPES), creado en Santiago de Chile en 1962 bajo la égida de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe de las Naciones Unidas (CEPAL)18.

Pensemos, por ejemplo, que en muchos países latinoamericanos se siguieron las recomendaciones de la política económica reformista y planificadora del ILPES y de la CEPAL. Aunque el caso más visible de esta influencia fue Chile bajo el gobierno de Eduardo Frei Montalva (1964-1970). En ese momento Chile fue elegido por la Alianza para el Progreso como el país satélite y el polo alternativo y democrático frente a Cuba, convirtiéndose en el laboratorio social y político del gran giro democratizador y reformista del programa de desarrollo para América Latina del presidente John F. Kennedy. Estados Unidos financió la reforma agraria chilena y ayudó a la política de Eduardo Frei de “Revolución en libertad”, lema que acogía de forma positiva las necesarias transformaciones culturales, económicas y sociales, pero en libertad y bajo el amparo de la democracia. Fue el punto álgido del desarrollismo como dique al comunismo, pero también para muchos intelectuales y científicos sociales la ideología desarrollista significó la auténtica vía para la modernización democrática y social19.

Por lo que respecta a la Fundación Ford en Chile, su apoyo financiero resultó fundamental, como decíamos, para la modernización de la educación superior, para el establecimiento de programas de becas y de cooperación académica internacional, sobre todo con Estados Unidos. No fue casualidad, por ejemplo, que destinase grandes cantidades de dinero a instituciones chilenas y a sus ciencias económicas, sociales y políticas, pues Chile fue el centro regional, hasta el golpe de Estado de 1973, de toda una importante circulación de agentes extranjeros, de científicos latinoamericanos, de ideas y de nuevas tendencias y teorías sociales que se expandieron por toda América Latina20. Hubo, en consecuencia, una importante movilidad académica y profesional de especialistas que permitió establecer contactos, estrechar lazos y formar circuitos institucionales. De hecho, la Fundación Ford fue una entidad que invirtió en América Latina en conceptos de intercambio y de redes con tal de entablar fluidas comunicaciones intelectuales y profesionales entre sus agentes y entre los académicos favorecidos por sus donaciones21.

En efecto, a la vez que esta institución filantrópica concedía recursos económicos, se ocupaba, también, de supervisar en terreno los proyectos financiados y de articular sus relaciones personales y profesionales. Esas prácticas coinciden, en esos años, con la intención de la Fundación Ford, de cooptar a las élites intelectuales para integrarlas a una visión del mundo bipolar favorable hacia Estados Unidos22. Aquí, sin duda, los conceptos de “diplomacia académica” y de “diplomáticos académicos” ayudan a entender las acciones de esta entidad y de sus representantes a la hora de canalizar contactos, fomentar redes y consolidar nexos, sobre todo, entre las dos Américas y entre tramas que transitan universidades, fundaciones, centros académicos, organismos internacionales, empresas o consultoras privadas23. Pues una importante particularidad de esta entidad fue, sobre todo en el caso de Chile, reclutar a un buen número de científicos, estudiantes, técnicos y profesionales, lo que propició un escenario ventajoso para el intercambio intelectual, tanto al nivel del pensamiento como al nivel de experiencias político-sociales. Ese apoyo financiero permitiría, por supuesto, que numerosos intelectuales sintieran el deseo de intervenir en la sociedad chilena a partir de sus institutos o centros académicos. Esa también fue la actitud de Alejandro Foxley bajo el contexto del gobierno de Salvador Allende y la Unidad Popular (1970-1973). Veámoslo a continuación.

CEPLAN y la planificación estatal (1970-1976)

Las Ciencias Sociales se acercaron a la sociedad y a la esfera política en Chile, asesorando, diagnosticando y, dentro de lo posible, influyendo e interviniendo en la misma sociedad. En ese tiempo hubo un discurso muy marcado sobre el papel de los científicos sociales como intelectuales públicos y, asimismo, en relación con su compromiso político. La sociedad se entendió, a su vez, como un “laboratorio social”. De hecho, el paradigma dependentista-marxista sirvió entonces de base teórica real al gobierno de Salvador Allende y permitió que la sociedad chilena se siguiera pensando como un laboratorio de cambios, llevándose a cabo algo inédito, no solo en América Latina sino, también, en el ámbito mundial: la “Transición pacífica al socialismo”, la cual afirmaba que a partir del voto de las mayorías se podría conseguir cambiar el régimen de la burguesía y la consabida transformación económica, política y social, pero siempre respetando los cauces democráticos y el pluralismo24.

Es bajo ese contexto cultural, histórico, político y sociológico que Alejandro Foxley y un grupo de jóvenes economistas organizaron, en 1969, un taller sobre planificación económica en la Universidad Católica, del cual surgió la inspiración de crear al año siguiente el Centro de Estudios de Planificación Nacional (CEPLAN) como “un centro interdisciplinario de investigación del Área de Ciencias Sociales”25. En ese momento la planificación para el desarrollo económico y social era una idea económica dominante, muy ligada al pensamiento de la CEPAL y a la propia historia económica del país desde la creación de la CORFO en 1939. El Estado era visto como el principal actor y promotor del tan deseado crecimiento económico. Parte de esa perspectiva fue seguida por el gobierno de Salvador Allende. Sin embargo, Alejandro Foxley, quien había trabajado antes como jefe de la División de Programación Global de ODEPLAN y ante la elección del presidente socialista cuestionó “su capacidad para preservar la objetividad profesional y la continuidad en medio de las presiones y cambios políticos del gobierno”26.

Dadas esas incompatibilidades sobre la profesión del economista en un organismo público, él y sus colegas decidieron que una universidad sería un lugar más propicio para el desarrollo de sus intereses de investigación. Varios de ellos, como el mismo Alejandro Foxley o Ricardo Ffrench-Davis, contaban con experiencia en las redes de cooperación y de intercambio académico de las fundaciones estadounidenses en Chile. En concreto, Foxley había viajado becado por la Fundación Fulbright a la Universidad de Wisconsin, donde se doctoró en Economía en 196627. Y es más que probable que entrase en contacto con los diplomáticos académicos de la Fundación Ford durante su trabajo en ODEPLAN, dadas las donaciones, como vimos, que recibía este organismo público por parte de esta institución filantrópica estadounidense. El caso es que estos jóvenes intelectuales contaron con el aval de Fernando Castillo Velasco, rector de la Universidad Católica, para formar un centro académico. El propio rector escribió en marzo de 1971 a Peter Bell, representante de la Fundación Ford en Chile, solicitando financiación y haciéndole saber que “la Universidad Católica ha estado interesada dentro del proceso de Reforma en la creación de Centros Interdisciplinarios que aborden el estudio de problemas que interesan especialmente al país”28.

Al final, la petición del rector Fernando Castillo fue atendida y CEPLAN recibió una beca en 1971 para, según la visión de la Fundación Ford, poder “aumentar el diálogo profesional con el nuevo gobierno socialista de Chile a través de talleres y estudios de la estructura de planificación y toma de decisiones bajo gobiernos socialistas”29. La puesta en marcha de este centro testimonió la convicción de la época respecto a la capacidad y utilidad de la planificación económica para el desarrollo económico y social de Chile. De esta forma, el trabajo académico e investigador de CEPLAN se asentó sobre tres áreas de trabajo bien definidas: una primera relacionada “con la elaboración de una estrategia de desarrollo autónomo para Chile, que se centra en el desenvolvimiento armónico de las diversas áreas de la economía y en el logro efectivo de una mayor igualdad de oportunidades para los distintos sectores de nuestra población”. Una segunda, referida “al estudio del marco de organización socioeconómico de Chile, tanto en decenios pasados como también proyectos alternativos de organización que se han propuesto”. Y, por último, una tercera área vinculada al “problema de cómo llevar a cabo las tareas que el Estado se propone. Es decir, se estudian diferentes políticas públicas en diversos sectores de la economía”30.

Este centro académico chileno destacó por tener una marcada vocación empírica y por llevar a cabo investigaciones económicas. Al repasar algunas investigaciones acometidas en esos años comprendemos el esfuerzo de aproximación a la realidad económica y política chilena que hubo por parte del plantel académico. Así, por ejemplo, realizaron investigaciones dedicadas a “la política de industrialización seguida durante los últimos decenios” en Chile o sobre el tema del crecimiento económico, haciendo también “esfuerzos por cuantificar modelos matemáticos complejos sobre la economía chilena, para orientar la planificación estatal”. Precisamente uno de los trabajos de Alejandro Foxley de esa época lleva por título “Opciones de desarrollo bajo condiciones de reducción de la dependencia externa, un análisis cuantitativo”31.

Algunas de las investigaciones que preocuparon a CEPLAN tuvieron a la desigualdad económica y social de Chile como su objeto de estudio. En ese sentido, destacaron publicaciones como “Redistribución del ingreso, crecimiento económico y estructura social - el caso chileno”, de Alejandro Foxley y Oscar Muñoz y “Mecanismos y objetivos de la redistribución del ingreso”, de Ricardo Ffrench-Davis. Además, aquel grupo de investigadores se propuso analizar el modelo de desarrollo socialista de la Unidad Popular y compararlo con las experiencias de otros países socialistas, para dar a conocer sus logros y fracasos. En esa línea destacan publicaciones como “La crisis del desarrollo económico chileno: características principales” de Oscar Muñoz; “Algunos problemas en la construcción del socialismo”, del mismo autor; “Participación y desarrollo en la sociedad socialista” y “Vía chilena y democracia socialista”, de Crisóstomo Pizarro. Incluso, el propio Alejandro Foxley publicó el trabajo “Alternativas de descentralización en el proceso de transformación de la economía nacional” y editó en 1971 el primer libro del centro, titulado Chile: búsqueda de un nuevo socialismo. Con ese libro, según sus palabras, se buscaba analizar las “alternativas de organización socialista, con especial énfasis en las relaciones entre Socialismo y Democracia, así como entre Socialismo y Descentralización”, buscando en aquel momento “alternativas de organización económica en Chile a la luz de experiencias de sistemas económicos socialistas”32. Esta publicación fue fruto de un seminario nacional sobre “socialismo y descentralización”, celebrado en diciembre de 1970 en la Universidad Católica, en el que, en palabras de la Fundación Ford, “los investigadores de CEPLAN buscan un diálogo profesional más intenso con los colegas marxistas del Gobierno”33.

Durante los años que duró el gobierno de la Unidad Popular, CEPLAN se dedicó, sobre todo, a monitorear la experiencia del modelo de desarrollo socialista sin ofrecer un modelo de desarrollo económico alternativo. Si bien sí que dejó, en sus investigaciones, publicaciones y documentos, una idea general sobre lo que para este grupo de investigadores y su presidente Alejandro Foxley era la estrategia que debía seguir Chile con “esfuerzos conducentes hacia una sociedad de mayor igualdad y desarrollo”. Objetivos que “no se pueden alcanzar sin un máximo de eficiencia y crecimiento económico”34. Por supuesto, a la Fundación Ford y a su diplomacia académica, más allá de propuestas y elaboraciones teóricas, les resultaba de especial interés tener insumos empíricos sobre aquel experimento económico, social y político. Esta visión sobresale en varios documentos de esta institución filantrópica estadounidense a la hora de supervisar las actividades de este centro académico, reconociendo que “los resultados de la investigación del CEPLAN no serán aprovechados por el Gobierno en la formulación de las políticas económicas, especialmente porque su personal es en su mayoría demócrata- cristianos, (aunque) se espera que la investigación anime el debate académico y público sobre cuestiones económicas”35.

De momento, la labor inicial de CEPLAN se centraba en estudiar la función que le cabía a la planificación y a la organización de la acción estatal. Esta élite estaba expectante ante una oportunidad futura de acceder a cargos del poder político y “asumir las labores más altas en la gestión del Estado, especialmente en el campo económico y de las políticas sociales”36. Sin embargo, el golpe de Estado de Augusto Pinochet del 11 de septiembre de 1973 trastocó estos planes. Al poco tiempo, otro equipo de expertos de la Universidad Católica, los Chicago Boys, encabezarían la revolución macroeconómica de la dictadura civil-militar37. El contexto de producción de investigación y conocimiento de las ciencias económicas y sociales cambió de raíz. Esa preocupación se aprecia en los intercambios epistolares mantenidos entre los diplomáticos de la Fundación Ford en cuanto a lo que concernía a la sostenibilidad de CEPLAN. Por ejemplo, Jeffrey M. Puryear, funcionario de la institución filantrópica en Chile, escribía en mayo de 1974 a Peter D. Bell sobre el papel que debía cumplir este centro académico en el contexto autoritario:

“CEPLAN sigue siendo un punto de avanzada centrista, capaz de una investigación independiente (aunque no abiertamente crítica), y no está fuertemente identificado ni con la izquierda ni con la derecha. Hasta cierto punto esto es simplemente una proyección de la posición de CEPLAN durante los años de Allende. El personal de CEPLAN siempre ha sido predominantemente democratacristiano, y ha representado un punto intermedio en el debate partidista. En el contexto del Chile contemporáneo, la posición de CEPLAN sea ahora tal vez más significativa que antes”38.

A pesar de la difícil situación del país, la Fundación Ford decidió seguir apoyando institucional y financieramente a CEPLAN. Se trató de una medida destinada a mantener unido a aquel equipo de trabajo ante las asfixias y los apretones económicos de una Universidad Católica menos abierta y pluralista39. Por supuesto, la actividad académica e investigadora quedó expuesta a estas presiones que repercutían, sin dudas, en la autonomía y en la libertad de estos economistas e intelectuales. Ese sostén económico permitió que Alejandro Foxley y sus colegas continuasen con su programa de investigación sobre Chile, aunque, por supuesto, ello también significó una redefinición de sus agendas de investigación, temas y prioridades. También estos autores, y esto es muy importante dado el contexto desfavorable, pudieron insertarse en redes académicas y profesionales internacionales que repercutirían, sin duda, en sus trayectorias políticas e intelectuales y, por supuesto, en la posterior inserción internacional del Chile democrático en el sistema económico y financiero mundial40.

Es necesario contextualizar aquí parte de esas acciones, pues la Fundación Ford inauguró en 1974 un programa de “Investigación económica internacional” para comprender “la naturaleza cambiante de la economía mundial”, apoyando el “trabajo de economistas y otros académicos en el mundo desarrollado y en desarrollo. Su investigación se ha ocupado de la inflación mundial, las cuestiones financieras y monetarias internacionales, la creciente mal distribución de la riqueza y los recursos entre las naciones y el aumento de la competencia en el comercio internacional”41. Este programa, en el que se inscribieron algunas actividades, donaciones y redes internacionales de CIEPLAN, se prolongaría hasta bien entrada la década de 1980.

La creación de CIEPLAN y la crítica al modelo económico neoliberal

La posición dominante que habían adquirido los Chicago Boys en el gobierno militar y la lenta expansión del movimiento gremialista en los niveles administrativos superiores de la Universidad Católica hicieron que esa casa de estudios se convirtiera, al final, en un escenario cada vez más incómodo para el grupo de CEPLAN42. Jeffrey M. Puryear, funcionario de la Fundación Ford en Santiago, describe en varios documentos institucionales algunos episodios que precipitaron la decisión de estos economistas de establecerse de forma autónoma como, por ejemplo, la salida forzosa de Jorge Awad de la Vicerrectoría de Finanzas; la decisión del rector militar en 1975 de despedir a dos miembros del personal de CEPLAN que estudiaban en el extranjero; y, en definitiva, la medida a comienzos de 1976 del director del Instituto de Economía, Juan Ignacio Varas, de que el personal de CEPLAN ya no podía enseñar en el programa de posgrado de Economía43. Alejandro Foxley y sus colegas concluyeron que sus días dentro de la Universidad Católica estaban contados y comenzaron, en consecuencia, a hacer planes para establecerse como un centro académico independiente44.

A pesar de encontrarse con un campo académico y profesional cada vez más estrecho, contaban con los avales personales de los diplomáticos de la Fundación Ford. De esta forma, las donaciones de esta institución y las gestiones de Peter D. Bell y Jeffrey M. Puryear fueron claves al final para que estos economistas y científicos sociales crearan un nuevo centro de estudios y pudieran mantener su autonomía e independencia en los años de la dictadura civil-militar45. Fue Foxley quien se encargó de enviar a la Fundación Ford en febrero de 1976 el proyecto fundacional de lo que hoy es la Corporación de Estudios para Latinoamérica (CIEPLAN). Esas páginas sobresalen por incluir algunas de las ideas-fuerza que definieron después la trayectoria intelectual y política de ese autor, como guiaron, también, los trabajos y aportes de este grupo. Por ejemplo, frente a los debates que se desplegaban con mucha fuerza en Chile, América Latina y Estados Unidos, entre los monetaristas y los estructuralistas en temas como la inflación o el crecimiento, este autor abogaba, en cambio, por encontrar “‘soluciones de síntesis’ que, utilizando aportes teóricos de ambos enfoques, se concreten en la elaboración de estrategias de desarrollo que prioricen objetivos tales como el crecimiento acelerado, una distribución más igualitaria del ingreso o una relación independiente con otras economías”46.

En esta propuesta había, según palabras de Foxley, una “nueva forma de concebir las estrategias de desarrollo y las políticas públicas necesarias para implementarlas en el marco latinoamericano”. Con esas “soluciones de síntesis” este autor se refería, además, a priorizar “los problemas específicos, propios y particulares que caracterizan a las economías latinoamericanas”, entre los que destacaban “las situaciones de pobreza y desigualdad extremas, que tienden a persistir en la región, a pesar de algunos éxitos aparentes en la aceleración del crecimiento económico”. Para él “la superación de estas situaciones requiere clasificaciones conceptuales, pero también decisiones de políticas que involucran al Estado y a sus formas de intervención”47. Vemos, por tanto, que Foxley apuntaba ya al problema político central que definió las agendas de Chile y de toda América Latina en las décadas de 1980 y 1990 como fue el de “rediseñar los instrumentos de la política pública de una forma tal que el proceso de desarrollo latinoamericano concilie más armónicamente la aceleración del crecimiento, con mayores niveles de ocupación, una distribución más igualitaria del ingreso y las oportunidades y un replanteamiento de las formas más apropiadas de apertura al exterior”48.

En efecto, el programa de esas investigaciones propuestas por Foxley a la Fundación Ford como un proyecto experimental y tentativo, sobresalió por la intención de querer producir, modelar e insertar esas ideas, dentro de lo posible, en el debate público chileno -aun limitado y constreñido- y en el medio latinoamericano e internacional. El objetivo último, por supuesto, era mostrar a esa institución filantrópica estadounidense y a su diplomacia académica que CIEPLAN y su grupo de economistas representaba una élite alternativa y, sobre todo, era un grupo portador de un estilo diferente de entender la economía y la política moderna. Foxley sabía con cabalidad que esa aspiración era una proyección a largo plazo, como bien sobresale en el siguiente pasaje de ese documento:

“El proceso es mucho más complejo debido, entre otros factores, a las rigideces y limitaciones que impone la situación de crisis institucional antes mencionada. En cierta medida la puesta en marcha de un proyecto como el que se describe en las páginas siguientes será necesariamente experimental. Su carácter experimental se refiere sobre todo a la forma en que se generen las ideas y su proceso de difusión al medio social hasta convertirse en políticas ‘aceptadas’ e implementables por los gobiernos. Si se mira hacia atrás, existen diversos ejemplos de grupos de economistas y cientistas sociales cuya producción intelectual, aunque de efecto inicial relativamente remoto en los centros de decisión, se convirtieron luego de un largo periodo de gestación y difusión en escuelas de pensamiento con influencia en varios países latinoamericanos”49.

Este mensaje convincente, y ambicioso también, atrajo el interés de la Fundación Ford, que no dudó en atender la demanda de Alejandro Foxley y financiar a CIEPLAN. Esta institución filantrópica estadounidense entendió que con ese nuevo centro podía contar con un grupo académico de investigación que, con el tiempo y el retorno democrático, sería competente a la hora de influir en las tomas de decisión y encabezar el diseño de las políticas económicas y públicas en Chile50. Jeffrey M. Puryear, en la solicitud de la beca para fundar CIEPLAN, reconocía que con esa financiación se pretendía “desarrollar una base alternativa institucional para proteger su estabilidad a largo plazo y para mantener su programa de investigación crítica e independiente”51. Al final, CIEPLAN inició sus actividades en Santiago de Chile en noviembre de 1976 como “una institución privada sin fines de lucro”52. El grupo original estuvo compuesto por: José Arellano, René Cortázar Sanz, Ricardo Ffrench-Davis, Patricio Meller y Alejandro Foxley, fungiendo como su presidente.

Una de las primeras actividades de CIEPLAN fue participar en un proyecto de investigación regional sobre los experimentos neoliberales y sus laboratorios sociales en el cono Sur. Se trató de la investigación “Políticas de ‘Normalización Económica’ en los regímenes contemporáneos del Cono Sur de América Latina: Estudio de los casos de Argentina, Brasil, Chile y Uruguay”, dirigida por el cientista político argentino Guillermo O’Donnell entre 1977 y 1982. Esa investigación logró convocar a investigadores de otros centros académicos independientes financiados también por la Fundación Ford, como CEBRAP de Brasil, CEDES de Argentina, y los centros uruguayos CINVE y CIESU. El tema de estudio versó sobre las repercusiones económicas, sociales y políticas de los planes de “normalización” aplicados en esos países por las dictaduras civil-militares. Tras ese eufemismo se ocultaba la aplicación más extrema de la ortodoxia monetarista y librecambista de la Escuela de Chicago y de las ideas de Milton Friedman. De hecho, la “revolución capitalista” en Chile inauguró en América Latina un “nuevo” modelo de desarrollo: el capitalismo y su racionalidad tecnocrática y neoliberal se instalaron en la región a partir de la violencia y de la opresión53. Por tal motivo, cada centro académico se concentró en analizar y estudiar en su respectivo país cómo había sido implementado el modelo económico neoliberal después de los quiebres democráticos.

Por lo que respecta a CIEPLAN, varios miembros de su equipo publicaron documentos sobre el laboratorio neoliberal chileno, destacando, como síntesis y evocación de ese periodo de fines de la década de 1970 y principios de la de 1980, el importante texto escrito por Alejandro Foxley en 1982 “Experimentos neoliberales en América Latina”54. Este trabajo, difundido en una primera versión como número 7 de la Colección de Estudios CIEPLAN y fruto de la experiencia chilena en ese marco regional, tuvo el propósito de entender “una etapa en los procesos latinoamericanos de desarrollo que algunos han caracterizado como la revolución neoconservadora”55. En apretado resumen, podemos decir que el tono de ese texto fue rastrear las claves y los lineamientos de la política económica seguida por las dictaduras civil-militares del cono Sur, principalmente, caracterizadas por una apertura al comercio exterior, por el debilitamiento y privatización del Estado y de las empresas públicas, como la instauración de medidas de austeridad en lo que se refiere a los gastos públicos y sociales en áreas como la salud, las pensiones laborales o la educación. En clave política chilena, para Foxley estas medidas rígidas y drásticas fueron “una reacción al ‘caos’ anterior. Fue un vuelco de 180 grados con respecto a las anteriores políticas. El objetivo consistió no sólo en lograr que la economía volviera a una situación de equilibrio, sino también en ‘disciplinar’ los grupos sociales y agentes productivos, hasta que ellos se sometieran a la nueva racionalidad”56.

Esa idea sobre los actores sociales del desarrollo económico había sido analizada por Foxley en un anterior trabajo publicado también en Estudios CIEPLAN en 1980. Nos referimos al texto “Hacia una economía de libre mercado: Chile 1974-1979”, en el que demuestra conocimiento respecto al proceso de formación de los grandes grupos económicos de este país por ser los principales beneficiados con la instauración del nuevo modelo de desarrollo y en atención a su creciente poder político57. Pero regresando con los “Experimentos neoliberales en América Latina”, el autor vuelve a confirmar que ya era consciente de que Chile apuntaba hacia “un proyecto más ambicioso y permanente de transformación de la economía y la sociedad”58. En efecto, y según sus palabras, la consolidación del régimen militar “ha progresado hasta el punto de que el quehacer político puede ser programado como parte de una estrategia de largo plazo, y no sólo como una mera reacción ante la crisis y acontecimientos domésticos e internacionales”59. En esas líneas aparecen, además, algunas de sus preocupaciones fundamentales: el restablecimiento del “consenso social” y la aspiración de que las futuras políticas económicas deban realizarse en “un marco democrático” y “deben demostrar que la eficiencia no está reñida con un avance sostenido hacia una sociedad menos desigual”60. Vemos, en consecuencia, que este autor era crítico y sensible respecto a la profundidad de los cambios del proyecto neoliberal de organizar la cultura, la economía, la sociedad y la política chilena en función a los principios de libre mercado.

Una plataforma para la difusión nacional e internacional de estas ideas de Alejandro Foxley y de las investigaciones de su equipo de trabajo fueron la ya citada Colección Estudios CIEPLAN, iniciada en 1979, las Series Notas técnicas y los Apuntes CIEPLAN. Pero, además, muchos de los resultados de estos estudios, principalmente macro- económicos, serían publicados en la prensa escrita chilena en revistas como: Análisis, Hoy, Mensaje o Qué Pasa. De hecho, CIEPLAN fue la primera oposición tolerada al régimen militar y a la tecnocracia neoliberal. Dentro de las limitaciones propias de un contexto autoritario, estos economistas desarrollaron investigaciones económicas y sociales críticas a las políticas de desarrollo que se experimentaban en el país. Y, como estamos sugiriendo, las redes internacionales, los canales de comunicación y de protección establecidos al alero de la Fundación Ford y de sus intermediarios resultaron fundamentales para que Foxley y sus colegas fueran más allá del ámbito académico y pudieran, a la vez, influir en el debate público nacional.

La reconstrucción económica de la democracia: Una base para la gobernabilidad

Sin dejar de hacer crítica económica al modelo neoliberal, CIEPLAN y su presidente Alejandro Foxley fueron inclinándose, según avanzaba la década de 1980, hacia la formulación de ideas sobre el proceso de democratización en Chile61. Justo este giro lo podemos percibir en el número 9 de Estudios CIEPLAN “Algunas condiciones para una democratización estable: el caso de Chile”, del año 1982. Este autor ahí señala que ese camino no incluye en exclusividad a las reformas económicas, sino que estas se encuentran muy influenciadas -“condicionadas”, según apunta-, por problemas políticos e institucionales. Asimismo, expresa que “una reflexión económica que ignore esos aspectos tiende a caer en lo irrelevante o inútil”62. Por tal motivo, vislumbra su inclinación política personal sobre la necesidad de generar acuerdos, consensos y concertaciones que le brinden estabilidad al proceso de democratización. Las disputas ideológicas, agrega, han de institucionalizarse y someterse a mecanismos de concertación en un contexto de polarización posautoritaria63. Es obvio que el contexto histórico chileno incide en la formulación de esta visión, pues desde 1982 y, sobre todo, desde el año 1983 hasta 1986 se va a producir en el campo intelectual de la oposición moderada una larga actividad de discusión y diálogo que articulará la Alianza Democrática. Habrá una tendencia hacia la convergencia, el encuentro entre partidos, el gradualismo y la moderación, inexorable hasta la creación de la Concertación de Partidos por la Democracia en 199064.

Alejandro Foxley y CIEPLAN participarán de todo este proceso. En concreto, a Foxley le va a interesar la recuperación de la ciudadanía durante ese proceso de construcción de la democracia, dada la despolitización del individuo y la importancia concedida al crecimiento económico por parte de la dictadura civil-militar como mecanismo de legitimación social. Este escenario político, establecido desde un punto de vista formal a partir de la Constitución de 1980, representó, a ojos de este autor, la confirmación hegemónica del mercado sobre la vida social65. El salto es audaz, pues rompe con la línea netamente económica que le caracterizaba y abre la puerta a discutir y reflexionar la dimensión política del modelo neoliberal. Así, por ejemplo, ese interés será confirmado por el trabajo colectivo de los investigadores de CIEPLAN, Reconstrucción económica para la democracia, de 198466. En líneas generales, esa obra expone una clara evolución en la argumentación de Alejandro Foxley y de sus colegas: poner en tela de juicio la legitimidad de la dictadura al vincularla con los exiguos resultados económicos conseguidos y apuntando, en consecuencia, a la necesidad de “una nueva forma de pensar la política económica, en la que la reconstrucción de un consenso democrático no es un objetivo ajeno a la política económica escogida”67. Señalaban, con claridad, la falta de credibilidad y capacidad de gestión del régimen militar ante el alto nivel de desempleo alcanzado y ante una serie de políticas económicas reaccionarias y tardías que no supieron frenar la crisis de 198268.

La actividad de Alejandro Foxley y de este grupo se centró, desde este momento, en tratar de descender su conocimiento experto a la calle y, por tanto, comprender, examinar y dar forma in situ a ese proceso de construcción democrática y cívica. Para esas tareas de vincular la reflexión académica con la política contaron, una vez más, con el apoyo y la financiación de la Fundación Ford. De esta forma, varios diplomáticos académicos de esta institución esbozaron en 1984 una especie de programa de extensión para CIEPLAN titulado “Economistas y actores sociales”. Es bien interesante, para comprender las intenciones de la Fundación Ford respecto a Chile, rescatar la confesión que William Carmichael le dirige a Jeffrey M. Puryear en octubre de ese año:

“[…] el modelo propuesto parece especialmente promisorio para la educación continua de los economistas, e igualmente innovador en el acercamiento y concientización hacia la comunidad y organizaciones populares, y una magnífica fórmula de entrenamiento para los futuros líderes gobernantes”69.

En efecto, para la Fundación Ford era muy importante aprovechar la oportunidad de acompañar y seguir de cerca el proyecto que iba a llevar a cabo CIEPLAN. Por supuesto, esa tarea le iba a permitir contar con conocimiento e información de cómo se iba procesar la transición chilena, además de poder examinar el papel en la misma de estos expertos elegidos para encabezarla. En última instancia, decidió, apoyar estas acciones con una serie de donaciones aprobadas en 1985, 1987, 1989 y 199170. Estas subvenciones se enmarcaron dentro de los programas de “Gobierno y políticas públicas” y “Asuntos internacionales” de la Fundación Ford. Más específicamente se describieron como “Apoyo para la investigación y superación en asuntos de economía internacional de la economía política chilena” y “Apoyo para la investigación, formación y diálogos públicos sobre economía internacional y asuntos de política económica chilena”71. De manera precisa los siguientes pasajes de un documento institucional de la entidad ayuda, como así creemos, a responder la hipótesis planteada en este trabajo:

“Este par de subsidios permitirá a uno de los institutos de investigación económica más fuertes de América Latina fortalecer su programa de investigación, capacitación y educación pública sobre temas de política económica internacional y nacional. Los fondos financiarán investigaciones sobre economía internacional, enfatizando las políticas industriales orientadas a la exportación y las implicaciones a largo plazo de las políticas de condicionalidad del préstamo aplicadas por las instituciones financieras internacionales que operan en América Latina. También se prestará apoyo a un innovador programa de ‘Diálogos con la comunidad’ destinado a poner a los economistas en contacto directo con grupos sociales que desempeñan un papel crucial en el desarrollo de políticas económicas durante los regímenes democráticos […]. El trabajo sobre economía internacional durante los próximos dos años contendría tres ejes centrales: (1) un análisis crítico de las proyecciones más influyentes sobre el desempeño financiero, industrial y comercial global, como las preparadas por los comités de informes económicos del FMI y de la OCDE; objetivo de evaluar su confiabilidad y sus probables implicaciones para América Latina; 2) un análisis de las condiciones de los préstamos del Banco Mundial, el FMI y el Banco Interamericano de Desarrollo -que ahora son la fuente más importante a corto plazo de dinero fresco para la región- y sus efectos en el crecimiento a largo plazo; y (3) un estudio detallado de las estrategias de reestructuración industrial para Chile, buscando nuevos patrones de ventaja comparativa orientados a la promoción de las exportaciones. Como en el pasado, CIEPLAN difundiría el trabajo de resultados a través de una variedad de publicaciones, conferencias y otros mecanismos de divulgación. Los fondos de donación también respaldarán el apoyo continuo a la segunda fase del programa ‘Diálogos con la comunidad’ de CIEPLAN. Un nuevo objetivo central sería incorporar a los grupos sociales pertinentes en el desarrollo de propuestas de políticas que aborden problemas sociales y económicos clave. En una primera etapa, el personal de CIEPLAN elaboraría propuestas políticas sobre una serie de cuestiones que se consideran de importancia crítica para el éxito de un gobierno democrático, como la generación de empleo, el ahorro y la inversión, la legislación laboral, la política social y la descentralización”72.

Estamos frente, pues a un testimonio clave que refleja el papel crucial que iban a desempeñar CIEPLAN y su presidente Foxley a la hora, por un lado, de conocer las prioridades y escuchar las opiniones del medio nacional y, por otro, vehicular la apertura e inserción de Chile en la estructura institucional del sistema económico mundial. Confirma también cómo la Fundación Ford reconocía a ese grupo como una fuente de liderazgo una vez que Chile volviese el régimen democrático. Pues los “Diálogos con la comunidad” tuvieron el objetivo principal de poner en contacto directo, a partir de charlas, seminarios y reuniones, a los intelectuales y economistas de este centro académico con líderes empresariales y laborales, agricultores, profesionales y funcionarios municipales, estudiantes y profesores universitarios de todo el territorio chileno. Las discusiones versaban, en especial, sobre el desarrollo de políticas económicas y públicas. Los resultados de estas actividades de extensión serían después difundidos en la Revista de CIEPLAN73.

De manera más concreta, este programa contó con cuatro etapas, según las fuentes documentales consultadas de la Fundación Ford. La primera (1985-1987), “estuvo básicamente orientada a una labor de diagnóstico, frente a los profundos cambios económicos y sociales de la década inmediatamente anterior. Su objetivo era enfocar la labor de CIEPLAN a partir de la realidad concreta del país; se trataba, en definitiva, de conocer a fondo el ‘país real’”. La segunda (1987-1989), “tuvo un sesgo más bien propositivo. Su objetivo era, a partir de la realidad anterior, formular proposiciones concretas en la dirección de la reconstrucción económica del país, en momentos en que aún se hacían sentir los efectos de la crisis de 1982-1983”. La tercera (1989-1991), quedó marcada por el plebiscito de octubre de 1988 y la elección presidencial y parlamentaria de diciembre de 1989. En esa fase, el objetivo de CIEPLAN fue “contribuir, en forma acumulativa y a partir de la experiencia anterior, al éxito del proceso de transición, con miras, principalmente, a la consolidación democrática”. Se trataba, en resumen, de “avanzar hacia una ‘democracia estable’, en un esquema de ‘desarrollo concertado’, contribuyendo a crear las condiciones de gobernabilidad que nos acerquen a dicho objetivo”. Por último, en la cuarta etapa (1991-1993) CIEPLAN se dedicó a hacer una discusión y difusión activa de los resultados de sus investigaciones y estudios para “contribuir a elevar el debate público en torno a la situación económico-social del país y las materias que son prioritarias en las decisiones públicas”74.

Descendiendo al terreno de las ideas, el programa “Diálogos con la comunidad” se enmarcó en sus inicios en muchos de las teorizaciones y visiones de Alejandro Foxley y sus colegas de CIEPLAN respecto a la realidad económica, social y política chilena. Un primer intento ya se había hecho, como vimos, a partir del libro colectivo Reconstrucción económica para la democracia, al que le siguió el libro de Foxley Para una democracia estable: economía y política, publicado en 1985 y en el que vuelve a privilegiar las dos dimensiones básicas para él del camino a la transición democrática: alcanzar un desarrollo concertado y generar una capacidad de gobernabilidad política e institucional75. Foxley profundizará estas ideas de un régimen político democrático y estable en lo económico en su libro Chile y su futuro: un país posible, del año 1987. Esta obra va a estar motivada por su experiencia acumulada en estos diálogos ciudadanos y haber podido “recorrer físicamente el país respecto del cual aquí se escribe, las vivencias e ideas se fueron fusionando en un texto que -quisiéramos- los lectores sintieran como un texto vivo, expresivo de un país que nos importa”76. Teniendo en cuenta esas lecciones de aprendizaje de la sociedad y del examen de sus diversos actores sociales, avanza en su visión de generar consensos y abogando, al final, por un gran reencuentro nacional. Escuchemos su propuesta:

“Se trata de proponer la construcción de una sociedad democrática, sin exceso ni de poder ni de concentración de riqueza, y sin arbitrariedades ni abusos. Donde los conflictos sean procesados y resueltos institucionalmente. Donde haya un sistema educacional igualitario. Donde exista acceso a la salud para todos. Donde se garantice un mínimo de abastecimiento alimentario para la población más necesitada y funcionen instituciones sociales que protejan a los impedidos y a los ancianos. Pensamos, entonces, en una política y una economía permeadas por un fuerte sentido de lo social”77.

Las anteriores palabras ya son propias de un político que veía cada vez más cerca el plebiscito del 5 de octubre de 1988 y un posible triunfo del No. En septiembre de ese año, y como apogeo de esos “Diálogos con la comunidad”, más la experiencia investigadora realizada en la última década, Alejandro Foxley y sus colegas de CIEPLAN publican El Consenso económico-social democrático es posible. En la correspondencia enviada a la Fundación Ford reconocían que las motivaciones de ese trabajo era ofrecer estabilidad hacia el futuro y perspectivas de progreso sobre “la base del proceso de ‘modernización empresarial y productiva’ de la última década”78. Previo a dicho documento los miembros de CIEPLAN habían presentado un Balance económico-social del régimen militar y La no-transición a la democracia en Chile y el plebiscito de 1988. Esos trabajos aun habían evaluado con una inclinación crítica el desempeño económico y social de la dictadura civil-militar, tratando de desmontar la promesa incumplida del “milagro económico”, dada la visible pobreza y la desigualdad social del país79. Si bien, y como acabamos de ver, según se acercó el retorno democrático y las próximas responsabilidades políticas crecían, el tono cambió y ya no era problemático reconocer la herencia positiva del modelo socioeconómico neoliberal.

Conclusiones

En las anteriores páginas hemos visto cómo la trayectoria de CIEPLAN, en sus orígenes denominado como CEPLAN, y de su presidente Alejandro Foxley, estuvieron estrechamente ligadas a las donaciones de la Fundación Ford. Unas subvenciones que, con el tiempo, pasarían de estar motivadas en tutelar la experiencia socialista en Chile hasta ir más allá del objetivo inicial de auxilio y socorro bajo el contexto autoritario. Pues, en efecto, la “dominación filantrópica” de esta institución estadounidense terminó por incorporar en el país una forma diferente de tener intercambios entre los economistas, los académicos, los funcionarios públicos, los empresarios y otros actores sociales. A la par que acontecía el laboratorio social y político de la transición se fue instalando una especial manera de relacionar el mundo de la academia con el mundo de la política.

Así lo pudimos comprobar con el programa “Diálogos con la comunidad”, el cual fue reconfigurando las ideas, el pensamiento y las posturas de Alejandro Foxley respecto a privilegiar las condiciones económicas de la gobernabilidad democrática y mantener, a grandes rasgos, el modelo de desarrollo implementado por los Chicago Boys. Si en un primer momento la financiación de la Fundación Ford a CIEPLAN estuvo basada en intereses más bien académicos, ligados a la crítica especializada del experimento neoliberal de la dictadura civil-militar, según fueron cambiando las condiciones históricas, el trabajo de ese centro académico se fue orientando cada vez más hacia una propuesta de “democracia estable”. Por supuesto, frente a otras experiencias de transiciones en América Latina y para evitar caer en la tentación populista, se extrajo la lección de que para instalar la democracia representativa en Chile se necesitaba de “una fórmula no confrontacional, de colaboración entre los actores, al interior de un marco de concertación, con equipos técnicos calificados”80.

Como así demostró la historia, muchos esfuerzos del gobierno de Patricio Aylwin se centraron en el desarrollo económico del país con miras a insertarse de forma satisfactoria en el llamado “nuevo orden económico internacional”. Para ello contó con los expertos de CIEPLAN y los activos de sus redes profesionales con organismos como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional o el Banco Iberoamericano de Desarrollo tejidas al alero de la Fundación Ford81. Para Foxley y varios miembros de ese centro académico había llegado, además, la oportunidad de acceder a los puestos de responsabilidad y decisión política sobre el modelo de desarrollo chileno. Sin embargo, y como hemos documentado, este autor renunció a la crítica y revisión de ese modelo, destacando, al final, por ser un activo defensor y promotor de la “lógica de los expertos”82. Esto es: como ministro de Hacienda impulsó políticas económicas que no se diferenciaron demasiado de las que promovió la dictadura civil-militar y fijó que los expertos sean en democracia los encargados de tomar decisiones técnicas sobre los problemas económicos.

Primó, al final, una visión pragmática y realista de remodelar las fallas del modelo neoliberal, en cuanto a los temas urgentes de la pobreza, la desigualdad y el diseño de políticas públicas, pero sin quebrar las bases sociales y las estructuras políticas del mismo. A pesar de contar con la experiencia de los “Diálogos ciudadanos”, Alejandro Foxley no logró transcender de su economicismo. La perspectiva histórica e intelectual nos reveló una gran paradoja: empero de los ingentes esfuerzos por escuchar e interpretar los problemas y las demandas ciudadanas, acabó respetando a las fuerzas económicas y sociales del mercado. Este autor estuvo más ocupado, a pesar de las promesas políticas que vimos, en buscar una solución correcta al misterio del desarrollo y del crecimiento económico que en pensar cómo construir una sociedad más democrática. Aquí, en nuestra opinión, se entrelazaron su trayectoria biográfica, política e intelectual, con los intereses mismos de la Fundación Ford respecto a CIEPLAN y respecto a Chile. Pues esta institución tuvo motivos más que suficientes para delinear y proponer una visión tecnocrática de la democracia, de la modernización económica y de la forma en cómo debían insertarse los países periféricos en el sistema económico mundial. Además, y después de diecisiete años de dictadura, la Fundación Ford había protegido y hecho grandes donaciones para que fuera esta élite y no otra la que comandase el camino hacia una democratización estable.

1Este artículo se enmarca en el proyecto FONDECYT de Iniciación a la Investigación 2015 N° 11150026: “Una alianza para la democracia: la Fundación Ford y el circuito latinoamericano de centros académicos independientes en tiempos de autoritarismo (1969-1990). Un análisis de los casos de CEDES, CEBRAP y CIEPLAN”.

2Jeffrey M. Puryear, Thinking Politics. Intellectuals and Democracy in Chile, 1973-1988, Baltimore and London, John Hopkins University Press, 1994; Danilo Astori, “Interrelación entre el ámbito técnico y el político: la difícil búsqueda de equilibrios”, en Gonzalo De Armas y Adolfo Garcé (comps.), Técnicos y política, Montevideo, Ediciones Trilce, 2000, pp. 21-26; Gustavo De Armas, “Expertos y política en Argentina, Brasil, Chile y Uruguay”, en De Armas y Garcé (comps.), op. cit., pp. 85-110.

3Patricio Silva, “Tecnócratas y política en Chile: de los Chicago Boys a los Monjes de Cieplan”, en Tomás Ariztía (ed.), Produciendo lo social. Usos de las ciencias sociales en el Chile reciente, Santiago, Ediciones Universidad Diego Portales, 2012, pp. 73-100; Patricio Silva, En el nombre de la razón. Tecnócratas y política en Chile, Santiago, Ediciones Universidad Diego Portales, 2010.

4Alfredo Joignant y Pedro Güell (eds.), Notables, tecnócratas y mandarines. Elementos de sociología de las élites en Chile (1990-2010), Santiago, Ediciones Universidad Diego Portales, 2011; Bastián González- Bustamante, “Élites políticas, económicas e intelectuales: una agenda de investigación creciente para la ciencia política”, en Política. Revista de Ciencia Política, vol. 54, N° 1, Santiago, 2016, pp. 7-17.

5Alfredo Joignant, “La razón de Estado: usos políticos del saber y gobierno científico de los technopols en Chile (1990-1994), en Ariztía, op. cit., pp. 311-348.

6Carlos Huneeus, La democracia semisoberana. Chile después de Pinochet, Santiago de Chile, Taurus, 2014.

7Gonzalo Delamaza, “Sociedad civil, ciudadanía, movimiento social en el Chile de hoy”, en Manuel Antonio Garretón (coord.), La gran ruptura. Institucionalidadpolítica y actores sociales en el Chile del siglo XXI, Santiago, LOM Ediciones, 2016, pp. 109-131.

8Es pertinente señalar aquí que en este trabajo no vamos a detenernos en la militancia política ni en la socialización universitaria de esta élite intelectual, pues nos conduciría a encarar el problema planteado del cambio de ideas de este grupo desde una perspectiva sociológica más centrada en los asuntos de política nacional. Eso no quita, sin duda, que seamos conscientes de la importancia que tuvo para este grupo intelectual su filiación a la Democracia Cristiana o la formación de varios de ellos en la Universidad Católica, como también provenir de clases sociales de estrato medio y alto. De hecho, el propio Alejandro Foxley y Ricardo Ffrench-Davis, otro destacado miembro de CIEPLAN, militaron desde jóvenes en la Democracia Cristiana y participaron, incluso, en el diseño del programa económico de Radomiro Tomic en las elecciones presidenciales de 1970. Esta filiación ideológica caracterizó después a CIEPLAN como un think tank partidario de la Democracia Cristiana durante la transición a la democracia y los gobiernos de la Concertación. Sin embargo, nuestro interés está puesto en dar más peso a los factores internacionales y transnacionales que luego tienen repercusión nacional como, a su vez, generan una dependencia asociada a los centros y a sus instituciones, organismos e intereses. De ahí la importancia que concedemos en este artículo a comprender los parámetros y el modo en cómo se fue construyendo la relación entre CIEPLAN y la Fundación Ford.

9Más allá de los logros de CIEPLAN, y como apuntamos atrás, no solo es necesario comprender la historicidad de este proceso de tecnificación de las políticas públicas, de la forma de hacer política y del quehacer democrático en Chile, pues la originalidad de este trabajo reside, asimismo, en la infrecuente y poco habitual tarea de detenerse en las ideas que portó esta élite y en la evolución histórica de las mismas. También, por supuesto, este trabajo nos permitirá observar la evolución misma de CIEPLAN, pues pasó de ser un centro académico independiente, que procuró alcanzar mayores cuotas de autonomía durante la dictadura civil-militar, hasta ir adaptándose a las funciones propias de un think tank en los años de la transición democrática, tratando de vincularse e influir en el campo político chileno. Una característica, por cierto, que ha mantenido hasta la actualidad. Respecto a la bibliografía utilizada para conceptualizar la evolución de este centro académico a think tank, se destacan los siguientes trabajos sobre el caso chileno: José Joaquín Brunner, “La participación de los centros académicos privados”, en Estudios Públicos, N° 19, Santiago, 1985 pp. 1-12; Patricio Silva, “Los tecnócratas y la política en Chile: pasado y presente”, en Revista de Ciencia Política, vol. 26, N° 2, Santiago, 2006, pp. 175-190; Manuel Gárate, “Think Tanks y Centros de Estudio. Los nuevos mecanismos de influencia política en el Chile post-autoritario”, en Maite de Cea, Paola Díaz y Géraldine Kerneur (comps.), Chile: ¿De país modelado a país modelo? Una mirada sobre la política y la economía, Santiago, LOM Ediciones, 2008, pp. 67-85; Matías Cociña y Sergio Toro, “Los think tanks y su rol en la arena política chilena”, en Enrique Mendizábal y Kristen Sample (comps.), Dime a quien escuchas… Think tanks y partidos políticos en América Latina, Lima, IDEA & ODI, 2009, pp. 98-126; Marcelo Mella (comp.), Extraños en la noche: Intelectuales y usos políticos del conocimiento durante la transición chilena, Santiago, RIL Editores, 2011; Ángel Flistisch, Maximiliano Prieto y Alejandro Siebert, Potenciando universidades y think tanks en América Latina: El caso de Chile, Santiago, FLACSO, 2013 y Alejandro Olivares, Bastián González- Bustamante, Javiera Meneses y Matías Rodríguez, “Los think tanks en el gabinete: una exploración del caso chileno (2006-2014)”, en Revista de Sociología, N° 29, Santiago, 2014, pp. 37-54.

10Antoine Maillet, Sergio Toro, Alejandro Olivares y María Ignacia Rodríguez, “Los monjes fuera del monasterio: CIEPLAN y su producción intelectual durante cuatro décadas de política chilena”, en Política. Revista de Ciencia Política, vol. 54, N° 1, Santiago, 2016, pp. 189-218.

11El concepto de “dominación filantrópica” lo tomamos prestado de Álvaro Morcillo a la hora de preguntarnos “cómo una fundación filantrópica, que otorga los medios de trabajo a una universidad o centro de investigación, se relaciona, en términos de poder, con los beneficiarios de los mismos”: Álvaro Morcillo, “La dominación filantrópica. La Rockefeller Foundation y las ciencias sociales en español (1938-1973)”, en Álvaro Morcillo y Eduardo Weisz (eds.), Max Weber en Iberoamérica. Nuevas interpretaciones, estudios empíricos y recepción, México D.F., Fondo de Cultura Económica, CIDE, pp. 573-605. El interés está, por tanto, en examinar cómo las instituciones filantrópicas extranjeras sugieren y delimitan las agendas, las líneas y los temas de investigación de los equipos académicos nacionales a sus propios intereses académicos, culturales, políticos o de relaciones internacionales.

12Verónica Montecinos, “El valor simbólico de los economistas en la democratización de la política chilena”, en Nueva Sociedad, N° 152, Buenos Aires, 1997, pp. 108-126; Verónica Montecinos y John Markoff (eds.), Economistas en las Américas. Profesión, ideología y poder político, Santiago, Ediciones Universidad Diego Portales, 2016.

13Eduardo Devés, El pensamiento latinoamericano en el siglo xx. Desde la CEPAL al neoliberalismo (1950-1990), Buenos Aires, Editorial Biblos, 2003, tomo ii; Rolando Franco, La FLACSO clásica (1957-1973). Vicisitudes de las ciencias sociales latinoamericanas, Santiago, FLACSO Chile-Catalonia, 2007; Fernanda Beigel, “La FLACSO chilena y la regionalización de las ciencias sociales en América Latina (1957-1973)”, en Revista Mexicana de Sociología, vol. 71, N° 2, México D.F., 2009, pp. 319-349; Fernanda Beigel, “La institucionalización de las ciencias sociales en América Latina: entre la autonomía y la dependencia académica”, en Fernanda Beigel (comp.), Autonomía y dependencia académica. Universidad e investigación científica en un circuito periférico: Chile y Argentina (1950-1980), Buenos Aires, Editorial Biblos, 2010, pp. 47-64.

14Para el acopio de fuentes documentales, el autor de este trabajo fue galardonado con una beca del Archivo de la Fundación Rockefeller (RAC Grants Awards 2015) para realizar una estancia en Nueva York y consultar archivos, documentos y material bibliográfico de las ayudas y de las becas concedidas por la Fundación Ford a CIEPLAN entre 1976 y 1990.

15Para tales fines, esta entidad filantrópica estableció en 1960 una oficina en Rio de Janeiro y en 1962 sendas oficinas en Buenos Aires y Bogotá. Al año siguiente abriría una oficina en Santiago de Chile, la cual a partir de 1966 operó como sede regional de la institución. Luego, en 1965, se abriría otra oficina en Lima. A partir de estas oficinas y a través de sus agentes, el principal objetivo era evaluar el destino de las donaciones en la actividad científica y de investigación, como el establecimiento de redes y de relaciones de cooperación académica internacional. Aclaremos aquí que la Fundación Ford, ubicada en la actualidad en Nueva York, fue creada en el año 1936 como una organización independiente, privada, no lucrativa y no gubernamental, dedicada a financiar programas de cooperación internacional que promuevan el desarrollo, la democracia y la reducción de la pobreza. Fundación Ford, 40 años en la región Andina y el Cono Sur, Santiago, Fundación Ford, 2003; Fernando Quesada, “La marea del Pacífico. La Fundación Ford en Chile (1963- 1973)”, en Beigel (comp.), Autonomía y dependencia académica.., op. cit., pp. 89-101.

16Ford Foundation, 1970 Annual Report, New York, Ford Foundation, 1970, p. 70.

17Eliana Gabay, Juan Jesús Morales y Juan José Navarro, “La Alianza para el Progreso y el Instituto Latinoamericano de Planificación Económica y Social (ILPES)”, en Avital Bloch y María del Rosario Rodríguez (coords.), La Guerra Fría: América Latina y América del Norte, 1945-1970, Morelia, Universidad de Colima y Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, 2013, pp. 287-303.

18Resolución N° 218 (AC.50) del 16 de febrero de 1962 de la CEPAL, “Sobre el Instituto Latinoamericano de Planificación Económica y Social”, Santiago, Publicación del ILPES, 1962.

19Juan Jesús Morales, “De los aspectos sociales del desarrollo económico a la teoría de la dependencia: sobre la gestación de un pensamiento social propio en Latinoamérica”, en Cinta de Moebio, N° 45, Santiago, 2012, pp. 235-252.

20Por ejemplo, sabemos que en 1969 la Fundación Ford sumó otros novecientos mil dólares, a los ya donados US$ 4.700.000 desde 1965, para fortalecer el programa de cooperación académica entre la Universidad de Chile y la Universidad de California. En 1969 otorgaría varias becas a diversas unidades de la Universidad Católica como el Centro para la Investigación Educativa y la Enseñanza de la Economía, la Oficina de Planificación y Desarrollo y la Escuela de Sociología. Además, la Fundación Ford destinaría importantes sumas de dinero a otras instituciones académicas y organismos públicos como la FLACSO, la Oficina de Planificación Nacional (ODEPLAN) y su convenio con el MIT estadounidense, y a la Escuela de Finanzas de la Universidad Católica de Valparaíso. Vemos con estas donaciones, en todo caso, cómo se entreveía ya una disputa entre las Ciencias Sociales y la Economía por conseguir financiación internacional. Ford Foundation, 1969 Annual Report, New York, Ford Foundation, 1969, pp. 67, 143 and 144. Sobre el programa de cooperación académica entre la Universidad de Chile y la Universidad de California, así como para comprender los intereses académicos, culturales y estratégicos de la Fundación Ford respecto al Chile de esos años bajo el contexto de la Guerra Fría, véase el reciente libro de Fernando Quesada, La Universidad desconocida. El convenio Universidad de Chile-Universidad de California y la Fundación Ford, Mendoza, Universidad Nacional de Cuyo, Mendoza, 2015.

21Peter D. Bell, “The Ford Foundation as a Transnational Actor”, in International Organization, vol. 25, N° 3, Washington D.C., 1971, pp. 465-478.

22Benedetta Calandra, “Del ‘terremoto’ cubano al golpe chileno: políticas culturales de la Fundación Ford en América Latina (1959-1973)”, en Benedetta Calandra y Marina Franco (eds.), La guerra fría cultural en América Latina. Desafíos y límites para una nueva mirada de las relaciones interamericanas, Buenos Aires, Editorial Biblos, 2012, pp. 133-149.

23Juan Jesús Morales, “Un circuito latinoamericano de centros académicos independientes alrededor de la Fundación Ford: circulación del conocimiento, cooperación científica y financiación filantrópica en tiempos de autoritarismo”, en Rosalba Ramírez y Mery Hamuy (coords.), Perspectivas sobre la internacionalización en educación superior y ciencia, México D.F., CINVESTAV, 2016, pp. 131-159. Tengamos en cuenta que las redes de la Fundación Ford permiten, por lo menos para los intelectuales y los científicos sociales latinoamericanos, abrirse paso en circuitos de amistades, contactos personales y círculos muy conectados a la política interamericana y a las redes académicas de las universidades estadounidenses de prestigio y a las redes profesionales de los organismos financieros internacionales como el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional.

24Enzo Faletto, “De la teoría de la dependencia al proyecto neoliberal: el caso chileno”, en Revista de Sociología, N° 13, Santiago, 1999, pp. 127-140.

25“Informe a la Fundación Ford de las actividades desarrolladas por CEPLAN en el período 1971-1973”, en Rockefeller Archive Center (New York). Ford Foundation records. Grant number 71-369. Grantee name “Corporation for Latin American Economic Research”, 23 p.

26Rockefeller Archive Center (Nueva York). Ford Foundation records. Grant number 71-369. Grantee: “Pontifical Catholic University of Chile”. “Request No. ID-1010”, p. 3.

27La Fundación Fullbright instauró en Chile en el año 1955 su primer programa de becas para América Latina: Juan José Navarro, “Public foreign aid and academic mobility. The Fulbright Programme (19551973)”, in Fernanda Beigel (ed.), The Struggle for Academic Autonomy in Latin America, London, Ashgate, 2013, pp. 102-118. Este hecho benefició la formación de numerosos estudiantes de la región, como también habilitó importantes redes de movilidad académica internacional. Esto se aprecia de manera sucinta en la trayectoria del propio Alejandro Foxley, quien había estudiado Ingeniería Civil Química en la Universidad Católica de Valparaíso entre 1957 y 1962, y que después de formarse en Estados Unidos entre 1963 y 1966 gracias a la beca Fulbright, entraría en este circuito académico internacional. Esto explicaría, por ejemplo, sus cargos posteriores como profesor en diversas universidades extranjeras, como en 1973, en el Institute of Development Studies de la Universidad de Sussex en Inglaterra, y en 1975, siendo docente en la Universidad de Oxford de ese mismo país. Ricardo Ffrench-Davis, por su parte, se doctoró en Economía en la Universidad de Chicago, gracias también al convenio que tenía la Universidad Católica con esa casa de estudios y las donaciones de la Fundación Ford.

28Carta de Fernando Castillo Velasco a Peter Bell, 25 de marzo de 1971, en Rockefeller Archive Center (New York). Ford Foundation records. Grant number 71-369. Grantee: “Pontifical Catholic University of Chile”, p. 20.

29Ford Foundation, 1971 Annual Report, New York, Ford Foundation, 1971, p. 75.

30“Informe a la Fundación Ford de las actividades desarrolladas por CEPLAN en el período 1971-1973”, en Rockefeller Archive Center (New York). Ford Foundation records. Grant number 71-369. Grantee name “Corporation for Latin American Economic Research”, 23 p.

31“Informe a la Fundación Ford de las actividades desarrolladas por CEPLAN en el período 1971-1973”, op. cit., 23 p.

32Alejandro Foxley, “Introducción”, en Alejandro Foxley (ed.), Chile: búsqueda de un nuevo socialismo, Santiago, Ediciones Nueva Universidad, 1971, pp. 7-9.

33Rockefeller Archive Center (New York). Ford Foundation records. Grant number 71-369. Grantee: “Pontifical Catholic University of Chile”. “Request No. ID-1010”, p. 5.

34“Informe a la Fundación Ford de las actividades desarrolladas por CEPLAN en el período 1971-1973”, op. cit., 23 pp.

35Rockefeller Archive Center (New York). Ford Foundation records. Grant number 71-369. Grantee: “Pontifical Catholic University of Chile”. “Request No. ID-1010”, p. 5.

36Manuel Gárate, “El nuevo estatus del economista y el papel de los think tanks en Chile: el caso de Cieplan”, en Ariztía, op. cit., pp. 101-129.

37Los Chicago Boys hicieron toda la revolución macroeconómica de la dictadura militar chilena. Algunos nombres de esos economistas formados en la Universidad de Chicago, y que con posterioridad al golpe participaron en el equipo económico del régimen, ocupando diversos puestos en los Ministerios de Economía, Trabajo y en el de Hacienda, son: Pablo Baraona, Álvaro Bardón, Jorge Cauas, Sergio de Castro, Fernando Lens, Sergio Undurraga, Juan Villarzú o José Luis Zavala, con posterioridad colaboraron nombres como los de: Julio Dittborn, Joaquín Lavín o José Piñera, encargado de la reforma completa de los planes de jubilación y del sistema de pensiones. Pilar Vergara, Auge y caída del neoliberalismo en Chile, Santiago, FLACSO, 1985; Manuel Gárate, La revolución capitalista de Chile (1973-2003), Santiago, Ediciones Universidad Alberto Hurtado, 2012.

38Carta de Jeffrey Puryear a Peter D. Bell, 17 de mayo de 1974, Santiago de Chile, en Rockefeller Archive Center (New York). Ford Foundation records. Grant number 71-369. Grantee name “Corporation for Latin American Economic Research”. “Final evaluation of CEPLAN”.

39Carta de Peter D. Bell, a William D. Carmichael (Jefe del Programa de América Latina), 29 de mayo de 1974, Santiago de Chile, en Rockefeller Archive Center (Nueva York). Ford Foundation records. Grant number 71-369. Grantee name “Corporation for Latin American Economic Research”. “Final evaluation of CEPLAN”. De hecho, Fernando H. Cardoso apodó a este grupo de CEPLAN como “monjes”, probablemente por su filiación a la Universidad Católica, su cercanía a la Democracia Cristiana y su estilo austero. Fernando H. Cardoso, “CIEPLAN monks take command in Chile”, in Southern Cone Report, 19 April 1990, p. 4.

40Por ejemplo, sabemos que en 1975 Alejandro Foxley “fue invitado por el Banco Mundial a una Reunión de Estudio sobre las líneas futuras de investigación a realizar por el Banco en asuntos de desarrollo. Asistieron a la reunión, realizada en Washington, expertos del International Development Research Center (IDRC), la Fundación Ford y la Fundación Rockefeller. En esa oportunidad Alejandro Foxley estuvo a cargo del tema ‘Políticas de empleo en América Latina’”. También en ese mismo año, José Pablo Arellano “presentó un trabajo sobre ‘Los gastos sociales como instrumento redistributivo en Chile’, en el seminario sobre Distribución del Ingreso realizado en Bogotá por el Banco Mundial, el Centro de Estudios de Desarrollo de la Universidad de Los Andes (CEDE) y el Departamento Nacional de Planeación de Colombia”. “Informe de actividades 1975-1976”, en Rockefeller Archive Center (New York). Ford Foundation records. Grant number 71-369. Grantee name “Corporation for Latin American Economic Research”. pp. 17-18.

41Ford Foundation, 1981 Annual Report, New York, Ford Foundation, 1981, p. 34.

42Patricio Silva, “Technocrats and Politics in Chile: From the Chicago Boys to the Cieplan Monks”, in Journal of Latin American Studies, vol. 23, N° 2, Cambrigde, 1991, pp. 385-410.

43Rockefeller Archive Center (New York). Ford Foundation records. Grant number 71-369. Subject: Recommendation for Closing CEPLAN. Inter-Office Memorandum de Jeffrey M. Puryear a Richard W. Dye, 31 de enero de 1977, Santiago de Chile, p. 5.

44José Joaquín Brunner y Alicia Barrios generalizaron el uso del concepto “centros académicos independientes” para referirse a la aparición de nuevos organismos e instituciones de difusión de las Ciencias Sociales bajo el contexto autoritario en el cono Sur. José Joaquín Brunner y Alicia Barrios, Inquisición, mercado y filantropía. Ciencias sociales y autoritarismo en Argentina, Brasil, Chile y Uruguay, Santiago, FLACSO, 1987.

45Patricio Meller and Ignacio Walker, CIEPLAN: Thirty Years in Pursuit of Democracy and Development in Latin America, documento de trabajo preparado para el workshop “Ownership in Practice”, Paris, OECD Development Forum, 2007, p. 2.

46“Proyecto corporación de investigaciones económicas para Latinoamérica”, 20 de febrero de 1976, en Rockefeller Archive Center (New York). Ford Foundation records. Grant number 76-00290. Grantee name “Corporation for Latin American Economic Research”, p. 7.

47Op. cit., p. 8.

48“Proyecto corporación de investigaciones económicas para Latinoamérica”, 20 de febrero de 1976, op. cit., p. 9.

49Op. cit., pp. 6-7.

50Aquí hay que tener en cuenta los intereses que tuvo la Fundación Ford respecto a Chile durante el periodo de estudio seleccionado (1976-1990). Pues esta institución filantrópica estadounidense, bajo la tesis de “dominación filantrópica” que sustentamos este trabajo, quiso monitorear y supervisar los procesos políticos abiertos en este país -sobre todo durante la transición a la democracia-, apoyando y financiando a centros académicos independientes que pudieran insertar temas y debates en la sociedad civil para después, dentro de lo posible, confeccionar y diseñar políticas públicas con el regreso democrático. Si con CIEPLAN la Fundación Ford apostó a favor de un marco de aceptación del neoliberalismo, con otros centros académicos chilenos financiados durante la década de 1980 tuvo otros intereses específicos. Por ejemplo, la Fundación Ford financió a centros como la Academia de Humanismo Cristiano y al Centro de Investigación y Desarrollo Educativo (CIDE) para promover la educación popular; al Centro de Estudios para la Mujer (CEM) y al Centro de Análisis y Difusión de la Condición de la Mujer para insertar en la agenda pública el debate sobre el género; a ILADES, al Centro Interdisciplinario de Estudios para el Desarrollo o al Centro de Estudios Socio-económicos del desarrollo para monitorear el proceso económico en Chile; a SUR respecto a temas de intervención sociológica; a FLACSO en cuanto al estudio de la transición política chilena; y a la Vicaria de la Solidaridad y a la Comisión Chilena de Derechos Humanos en lo que respecta a la defensa de los derechos humanos. Estos ejemplos, tomados de los Annual Report de la Fundación Ford, nos muestran cómo esta institución filantrópica abandonó otros aspectos relevantes que había financiado en Chile antes del golpe de 1973 y bajo el contexto autoritario empezó a atender demandas sociales y cuestiones económicas, como de igual forma se preocupó por la promoción de los derechos humanos.

51Rockefeller Archive Center (New York). Ford Foundation records. Grant number 76-00290. Grantee name “Corporation for Latin American Economic Research”. Grant purpose “Support for research in Economic and Social Policy Issues”. Request No. ID- 2976, 24 July 1978, p. 4.

52María Teresa Lladser, Centros privados de investigación en Ciencias Sociales en Chile 1984-1985, Santiago, CESOC, 1986, p. 131.

53Víctor Urquidi, Otro siglo perdido. Las políticas de desarrollo en América Latina (1930-2005), México D.F., El Colegio de México, Fondo de Cultura Económica, 2005, p. 56.

54Otros títulos preparados por los miembros de CIEPLAN en relación con este proyecto, y como pequeña muestra, destacan los siguientes: “Políticas de estabilización y comportamientos sociales. La experiencia chilena 1973-1978”, elaborado por Tomás Moulian y Pilar Vergara, agosto de 1979; “Las transformaciones del Estado chileno bajo el régimen militar”, de Pilar Vergara, marzo de 1980; “Inflación con recesión. Las experiencias de Brasil y Chile” y “Políticas de estabilización y sus efectos sobre el empleo y la distribución del ingreso. Una perspectiva latinoamericana”, ambos de Alejandro Foxley y del año 1979. “Reseña de Actividades”, Buenos Aires, CEDES, 1980, pp. 25-26 y 38.

55Alejandro Foxley, “Experimentos neoliberales en América Latina”, en Colección Estudios CIEPLAN, N° 7, Santiago, 1982, p. 10. Añadir aquí que, junto la clara inclinación estadounidense, Alejandro Foxley y el CIEPLAN de esos años se distinguió también por tener una marcada vocación latinoamericana, como bien señala el nombre del propio centro. Así, por ejemplo, este proyecto les permitió articular interacciones de cooperación académica en la región y sumarse a la red del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO). De hecho, Foxley fue durante varios años miembro del comité directivo de CLACSO. “Circulares CLACSO 1977-1980”, Buenos Aires, CLACSO.

56Foxley, “Experimentos neoliberales… ”, op. cit., p. 30.

57Alejandro Folxey, “Hacia una economía de libre mercado: Chile 1974-1979”, en Colección Estudios CIEPLAN, N° 4, Santiago, 1980, pp. 5-37.

58Foxley, “Experimentos neoliberales…”, op. cit., p. 6.

59Op. cit., p. 78.

60Op. cit., p. 166.

61Tengamos en cuenta aquí que Franklin A. Thomas, presidente de la Fundación Ford, señaló en 1980 que esa década que recién comenzaba iba a ser decisiva para esta institución filantrópica estadounidense en cuanto se refiere a la promoción del estudio, análisis y “desarrollo” de la “gobernanza” y estabilidad democrática en el Tercer Mundo. Franklin Thomas, “The President's Review”, in Ford Foundation, 1980 Annual Report, New York, Ford Foundation, 1980, pp. ix-x.

62Alejandro Foxley, “Algunas condiciones para una democratización estable: el caso de Chile”, en Colección Estudios CIEPLAN, N° 9, Santiago, 1982, p. 141.

63Op. cit., p. 157.

64Marcelo Mella, “Los intelectuales de los centros académicos independientes y el surgimiento del concertacionismo”, en Revista Historia Social y de las Mentalidades, año xii, vol. 1, Santiago, 2008, pp. 83-121.

65Foxley, “Algunas condiciones…”, op. cit., p. 143.

66Los autores de ese trabajo, además de Alejandro Foxley, son: José Pablo Arellano, René Cortázar, Ricardo Ffrench-Davis, Patricio Meller, Óscar Muñoz y Andrés Solimano.

67Alejandro Foxley, “Después del monetarismo”, en Alejandro Foxley (coord.), Reconstrucción económica para la democracia, Santiago, CIEPLAN, 1984, p. 76.

68La Fundación Ford también se refirió a la crisis económica mundial de 1982 en los términos que siguen: “Los nuevos shocks en el orden económico internacional en 1982 -la amenaza al sistema monetario mundial, por ejemplo- fueron el telón de fondo del trabajo de la Fundación en este campo. Junto con la recesión mundial, la continua desorganización de la economía internacional puso de relieve la importancia de centros fuertes de investigación en materia de política económica tanto en los países industrializados como en las regiones en desarrollo”. Ford Foundation, 1982 Annual Report, New York, Ford Foundation, 1982, p. 39.

69Rockefeller Archive Center (New York). Ford Foundation records. Grant number 850-04188. Grantee name “Corporation for Latin American Economic Research”. Inter-Office Memorandum de William Carmichael a Jeffrey M. Puryear, 25 october 1984, New York.

70Las donaciones de la Fundación Ford para este programa de “Diálogos con la comunidad” supusieron un aporte total de US$1.442.000: 342.000 en 1985, 400.000 en 1987, 250.000 en 1989 y 450.000 en 1991. Rockefeller Archive Center (New York). Ford Foundation records. Grant number 850-04188. Grantee name “Corporation for Latin American Economic Research”. Diversos documentos consultados.

71Rockefeller Archive Center (New York). Ford Foundation records. Grant number 850-04188. Grantee name “Corporation for Latin American Economic Research”.

72Rockefeller Archive Center (New York). Ford Foundation records. Grant number 850-04188. Grantee name “Corporation for Latin American Economic Research”. “Request N° DCP-1087”, pp. 2, 8-9.

73Por ejemplo, entre junio de 1985 y 1987 el grupo de CIEPLAN realizó veintiuna visitas a las regiones de Chile, publicaron siete números de la revista de CIEPLAN en la que reportaban esas experiencias, dieron ciento cincuenta charlas de extensión, impartieron seminarios y cursos para estudiantes universitarios, profesores de Economía y periodistas, y editaron dos videos sobre actores sociales y transición a la democracia. Rockefeller Archive Center (New York). Ford Foundation records. Grant number 850-04188. Grantee name “Corporation for Latin American Economic Research”. “Programa de Diálogos con la Comunidad”, p. 3.

74Rockefeller Archive Center (New York). Ford Foundation records. Grant number 850-04188. Grantee name “Corporation for Latin American Economic Research”. “Programa de Diálogos con la Comunidad”, p. 1.

75Alejandro Foxley, Para una democracia estable: economía y política, Santiago, Aconcagua, 1985.

76Alejandro Foxley, Chile y su futuro: Un país posible, Santiago, CIEPLAN, 1987, pp. 9-10.

77Op. cit., p. 37.

78Rockefeller Archive Center (New York). Ford Foundation records. Grant number 850-04188. Grantee name “Corporation for Latin American Economic Research”. “Programa de Diálogos con la Comunidad”, p. 8.

79Esos tres documentos fueron profusamente difundidos y fueron objetos de un significativo debate nacional. De hecho, al calor de la transición y del plebiscito de 1988, CIEPLAN aumentó la difusión de su revista, sacando cinco números entre 1987 y 1989, con siete mil destinatarios por número. En ese periodo su equipo realizó veinticinco visitas a todas las regiones chilenas, haciendo talleres, impartiendo cursos y seminarios para jóvenes, universitarios, periodistas y profesores de Economía, y promoviendo numerosos encuentros con empresarios y organizaciones sindicales “en un esquema amplio de concertación social”. Los miembros de CIEPLAN dictaron más de setenta charlas de extensión y participaron en más de diez programas de televisión. Rockefeller Archive Center (New York). Ford Foundation records. Grant number 850-04188. Grantee name “Corporation for Latin American Economic Research”. “Programa de Diálogos con la Comunidad”, p. 5.

80Op. cit., p. 16.

81Además de esas redes y contactos mantenidos con los organismos claves del sistema económico mundial en la región, Alejandro Foxley también tuvo la capacidad de insertarse en otras redes académicas y políticas que iban más allá de América Latina y que le permitieron participar en iniciativas como la creación del The Kellog for International Studies de la Universidad de Notre Dame en el año 1983, y cuyo primer director académico fue Guillermo O’Donnell. O siendo también convocado por Abraham F. Lowenthal junto con Fernando H. Cardoso en el Diálogo Interamericano, creado en 1982 en Washington como un think tank de intercambio entre académicos, líderes políticos y profesionales de las dos Américas y, financiado por fundaciones estadounidense como la Ford y la Rockefeller.

82Huneeus, op. cit., p. 135.

Recibido: Noviembre de 2016; Aprobado: Mayo de 2017

Creative Commons License This is an Open Access article distributed under the terms of the Creative Commons Attribution License, which permits unrestricted use, distribution, and reproduction in any medium, provided the original work is properly cited.