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Historia (Santiago)

versión On-line ISSN 0717-7194

Historia (Santiago) vol.51 no.1 Santiago jun. 2018

http://dx.doi.org/10.4067/s0717-71942018000100165 

Artículos

“El tribunal está abierto para críticas y para autocríticas”. Luchas de poder y radicalización del Partido Comunista de Chile,1945-1946

Alfonso Salgado-Muñoz* 

*Doctor en Historia, Columbia University. Profesor adjunto del Instituto de Historia de la Pontificia Universidad Católica de Chile y del Departamento de Historia de la Universidad de Santiago de Chile. Correo electrónico: as3918@columbia.edu

Resumen

En este artículo examino la lucha de poder al interior del círculo dirigente del Partido Comunista de Chile que tuvo lugar a mediados de la década de 1940. Documento los ataques de Galo González, Humberto Abarca y Ricardo Fonseca contra el secretario general, Carlos Contreras Labarca, y planteo que Ricardo Fonseca terminó eventualmente reemplazando a Carlos Contreras en la secretaría general porque logró granjearse una serie de apoyos claves entre los comunistas chilenos y entre los dirigentes del movimiento comunista internacional. Esta coyuntura supuso un significativo giro a la izquierda del comunismo chileno, que dificultó la continuación de la histórica alianza con el Partido Radical. Mi investigación se basa, principalmente, en informes de la Oficina Federal de Investigaciones (Federal Bureau of Investigation, o FBI) de Estados Unidos.

Palabras claves: Chile; siglo xx; Partido Comunista; Carlos Contreras Labarca; Ricardo Fonseca; Victorio Codovilla; movimiento comunista internacional; posguerra; Guerra Fría; Federal Bureau of Investigation

Abstract

In this article, I examine the power struggle inside the Chilean Communist Party's inner circle during the mid 1940s. I document the attacks of Galo González, Humberto Abarca and Ricardo Fonseca against the General Secretary, Carlos Contreras Labarca and I argue that Ricardo Fonseca eventually ended up replacing Carlos Contreras as the General Secretary because he managed to get the support of some key Chilean Communists and some important leaders of the international Communist movement. These events led to a significant turn to the left, which hindered the continuation of the historical alliance with the Radical Party. My investigation is based mainly on reports made by the United States’ Federal Bureau of Investigation (FBI).

Keywords: Chile; twentieth century; Communist Party; Carlos Contreras Labarca; Ricardo Fonseca; Victorio Codovilla; International Communist Movement; Postwar; Cold War; Federal Bureau of Investigation

Introducción

En noviembre de 1946, Carlos Contreras Labarca abandonó la secretaría general del Partido Comunista de Chile (PCCH), cargo que detentaba hacía quince años, y pasó a formar parte del gabinete del nuevo Presidente de la República, Gabriel González Videla. Ricardo Fonseca Aguayo fue electo secretario general del PCCH en su lugar. La curiosa “promoción” de Carlos Contreras al rango de ministro de Estado permitió que se mantuviera la fachada de armonía del PCCH, pese a que el círculo dirigente se encontraba enfrascado en una agria disputa, que amenazaba con quebrar la unidad partidaria. El reemplazo de Carlos Contreras fue, de hecho, el resultado de esa disputa, una destitución más que una promoción. En el esmerado cuidado de la imagen monolítica de las organizaciones leninistas radica, precisamente, la dificultad de historiar este y tantos otros conflictos que han marcado la larga historia del comunismo chileno.

En este artículo, una contribución a dicha historia, analizo tanto la caída de Carlos Contreras como el ascenso de Ricardo Fonseca, eventos que siguieron su propia lógica, pero que no son del todo disociables. Carlos Contreras sufrió una significativa pérdida de autoridad durante el XIII Congreso Nacional del PCCH, en diciembre de 1945, pero terminó siendo reelegido en el cargo para evitar un quiebre al interior del partido. Galo González Díaz1, Humberto Abarca Cabrera y el ya mencionado Ricardo Fonseca, los principales críticos de la gestión de Carlos Contreras durante dicho congreso, se enfrascaron en una lucha soterrada por aumentar sus cuotas de poder en los meses siguientes. En lo que sigue, argumentaré que el ascenso de Ricardo Fonseca a la secretaría general se debió a que este logró granjearse una serie de apoyos claves al interior del PCCH y del movimiento comunista internacional, apoyos de actores que compartían un juicio crítico de la gestión de Carlos Contreras, a la cual consideraban timorata, insuficientemente revolucionaria, más preocupada de complacer a los partidos aliados que de enarbolar las banderas de lucha independiente del proletariado.

Mi trabajo se inspira en una serie de estudios sobre las luchas de poder en el Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS) y se nutre de la fragmentaria, pero estimulante producción local sobre los conflictos al interior del PCCH. A partir de la década de 1970, un pequeño, pero influyente número de cientistas políticos e historiadores occidentales comenzaron a cuestionar la imagen del PCUS como una organización altamente centralizada, homogénea y monolítica. Sus trabajos sugieren que la zigzagueante historia de la Unión Soviética es inentendible de no prestársele atención a las luchas facciosas que tuvieron lugar al interior del PCUS. Las investigaciones de estos académicos, denominados “revisionistas”, demostraron que el partido que hizo la Revolución de octubre era mucho más abierto y heterogéneo de lo que algunos imaginaban, y que durante los primeros años de vida de la Unión Soviética una serie de plataformas políticas más o menos coherentes se disputaron la primacía2. La condena del faccionalismo y la consolidación del poder de Iósif Stalin hicieron imposible la sobrevivencia de grupos disidentes al interior de los órganos dirigentes del PCUS, lo que se vio facilitado por la promoción de un sinnúmero de cuadros jóvenes, de extracción obrera, que eran leales al líder, pero la magnitud y heterogeneidad del partido en un país de la extensión y diversidad de Rusia continuó haciendo necesario balancear una serie de intereses en conflicto3.

Para el caso del PCCH, una batería de estudios ha terminado produciendo una detallada descripción de la turbulenta bolchevización del partido a fines de la década de 1920 e inicios de la de 1930, que destaca el difícil abandono de las prácticas democráticas de la llamada tradición “recabarrenista” y la frecuente intervención de la Internacional Comunista (o Komintern) en los conflictos intrapartidarios4. Komintern desempeñó un papel crucial en la conformación de los órganos directivos del PCCH en dichos años, por ejemplo, favoreciendo a la facción liderada por Elías Lafertte y Carlos Contreras por sobre la de Manuel Hidalgo Plaza. En lo que respecta a los años siguientes, la documentación recopilada por Olga Ulianova y Alfredo Riquelme sugiere que lo ocurrido al interior del PCCH no puede tampoco comprenderse si no se toma en cuenta lo que sucedía en el movimiento comunista internacional. Al igual que en el PCUS, en el PCCH es posible apreciar una marcada tendencia a la concentración del poder en la figura del secretario general —Carlos Contreras fue el primero de los secretarios generales que logró permanecer más de tres años en el cargo— y un sostenido aumento en el número de cuadros dirigentes de extracción obrera5. Ahora bien, a diferencia de los ocurrido en el PCUS, donde la política de promoción proletaria reforzó el poder del secretario general, en el PCCH ambos procesos entraron en contradicción. En Chile, los cuadros de extracción obrera que Komintern se empeñó en ascender a los órganos superiores del PCCH terminaron por desafiar la autoridad de Carlos Contreras.

La literatura ha prestado escasa atención a los sucesos que abordo en este artículo, en parte porque las tensiones que subyacen al reemplazo de Carlos Contreras por Ricardo Fonseca no son del todo conocidas. Quien más ha contribuido a su conocimiento es el historiador inglés Andrew Barnard. En su tesis doctoral, argumentó que Carlos Contreras cayó en desgracia debido a los realineamientos geoestratégicos del movimiento comunista internacional y a la disputa de poder que el secretario general sostenía, desde hacía años, con un grupo de dirigentes de raigambre obrera liderados por Galo González. De acuerdo con esta interpretación, Carlos Contreras tuvo la mala fortuna de ser un chivo expiatorio, una “víctima sacrificial” en un contexto internacional convulsionado, marcado por la condena del browderismo y el giro a la izquierda del movimiento comunista internacional. Este contexto tuvo un papel relevante en los sucesos chilenos, pero el hecho fundamental para Andrew Barnard radica en que el poder de Carlos Contreras se había basado siempre en una compleja serie de equilibrios internos y que había terminado por perder el apoyo de la mayoría de los miembros del pequeño círculo que dirigía el PCCH. En las palabras de Andrew Barnard, “con la denuncia del browderismo por parte de Duclós y el cambio de la política del Movimiento Comunista Internacional que dicho evento significaba, Galo González se encontró en posición de orquestar la caída de Contreras Labarca”6.

Mi lectura de los hechos no altera de manera substancial el relato que propone Andrew Barnard, aunque matiza algunos de sus postulados: si bien analizo el sempiterno conflicto entre líderes de raigambre obrera e intelectual, el énfasis de mi artículo está en la contingencia misma de los acontecimientos, los cuales llevaron a alianzas coyuntura- les, imprevistas; en vez de atribuirle el papel protagónico a Galo González, aquí relevo un coro más diverso de voces críticas a la gestión de Carlos Contreras. Además de matizar algunas de las afirmaciones de Andrew Barnard, en este artículo traigo al tapete una serie de cuestiones que este omite, entre las que destaca la lucha por el poder que se desató tras el XIII Congreso. Andrew Barnard no problematiza la relación que existe entre la caída en desgracia de Carlos Contreras en diciembre de 1945 y la toma de poder de Ricardo Fonseca en noviembre de 1946. Según Andrew Barnard, Ricardo Fonseca contaba con el apoyo tácito de Galo González y se erigió como el sucesor natural de Carlos Contreras. Mi investigación sugiere, en cambio, que Ricardo Fonseca, Humberto Abarca y Galo González se enfrentaron por el cetro. El ascenso de Ricardo Fonseca a la secretaría general no puede explicarse por una supuesta afinidad con el grupo de dirigentes liderados por Galo González —grupo al que nunca perteneció-7 sino porque Ricardo Fonseca y estos dirigentes compartían un juicio crítico de la gestión de Carlo Contreras y demandaban un giro a la izquierda.

Si bien Ricardo Fonseca no alcanzó a estar mucho tiempo a cargo del PCCH, pues enfermó de cáncer de estómago en 1948 y falleció al año siguiente, su ascenso a la secretaría general se produjo en un momento de particular importancia para el comunismo chileno. González Videla había sido electo Presidente de la República y, por primera vez en su historia, el PCCH formaba parte del gabinete. Como es sabido, en el transcurso de 1947 el Presidente de la República y el PCCH terminaron enfrentándose. Si bien en este artículo no analizo estos sucesos, puesto que caen fuera de mi marco cronológico, la evidencia que presento a lo largo del mismo sugiere que la promoción de Ricardo Fonseca a la secretaría general debe considerarse un punto de inflexión en la historia del PCCH, que presagia el posterior enfrentamiento con González Videla. En última instancia, la sustitución de Carlos Contreras por Ricardo Fonseca puso al PCCH en una senda mucho más belicosa e intransigente, que terminó por mermar el poder aglutinador del antifascismo y tornó inviable la continuación de la histórica alianza con el Partido Radical.

Así entendida, mi investigación, empíricamente acotada, sobre una lucha facciosa al interior del PCCH, ilumina procesos históricos de mayor alcance, que tienen relación con las consecuencias globales de la fractura de la Gran Alianza y la asimilación de la lógica bipolar de la Guerra Fría. En América Latina, la posguerra trajo aparejada una sorpresiva “primavera democrática”, un periodo de participación y movilización excepcional, que fue seguido de una reacción termidoriana8. En el caso de Chile, una serie de trabajos más o menos recientes han caracterizado los años que van del fin de la Segunda Guerra Mundial, en septiembre de 1945, al inicio de la llamada “Guerra Fría chilena”, en octubre de 1947, como un periodo de intensas movilizaciones sociales y creciente represión9. Enfocándose en las discusiones que tuvieron lugar al interior del círculo dirigente del PCCH en esta coyuntura, mi artículo sugiere que la radicalización de la dirigencia comunista contribuyó al clima de polarización reinante. En otras palabras, que los orígenes de la Guerra Fría chilena no radican solo en el intempestivo giro a la derecha de González Videla en 1947 sino en el paulatino, pero sostenido giro a la izquierda experimentado por la dirigencia comunista desde mediados de 1945.

Mi estudio se basa, principalmente, en informes de campo producidos por agentes de la Oficina Federal de Investigaciones (Federal Bureau of Investigation, o FBI) de Estados Unidos. Bajo el marco de un proyecto llamado Special Intelligence Service, el FBI realizó tareas de inteligencia en diversos países de América Latina entre 1940 y 1947, siendo posteriormente reemplazado por la Agencia Central de Inteligencia (Central Intelligence Agency, o CIA). Se calcula que unos setecientos agentes del FBI circularon por la región durante estos años, más de cien de los cuales residieron en algún u otro momento en Chile. Se sabe que en octubre de 1943, el periodo de mayor presencia del FBI en Chile, había cuarenta y tres agentes residiendo en el país10. Si bien en sus inicios este proyecto de espionaje tuvo por objetivo informar de la penetración nazi y fascista en el continente, con el correr de los años la gama de objetivos del mismo se diversificó. A partir de 1944, se prestó creciente atención al comunismo, un cambio de prioridades que parece explicarse tanto por los intereses geoestratégicos de Estados Unidos como por las obsesiones personales del director del FBI, John Edgar Hoover11.

Los informes de campo de los agentes del FBI, ninguno de los cuales lleva firma, se basan en registros de prensa y en conversaciones con fuentes confidenciales. No todas las fuentes que informaron del PCCH tenían conocimiento de primera mano. Algunos habían sido miembros del PCCH en el pasado, otros eran de partidos cercanos al PCCH (por ejemplo, el Partido Radical y el Partido Comunista de España en Chile) y otros trabajaban para organismos del Estado chileno (por ejemplo, la Dirección General de Investigaciones y el Ministerio de Relaciones Exteriores). Mi impresión es que el número de informantes del FBI que pertenecía al PCCH era pequeño -menos de una docena, localizados casi exclusivamente en Santiago y Valparaíso-, pero que estos detentaban cargos de cierta relevancia y estaban familiarizados con los problemas internos del partido. Rara vez los informes del FBI entregan detalles sobre estos informantes: uno es identificado como un escritor comunista, otro es descrito como un antiguo dirigente juvenil, etc. De un informante de particular relevancia se dice que “estuvo presente en casitodas las sesiones sostenidas por el Partido” durante el XIII Congreso12, dato que no es menor, pues el conflicto que aquí analizo tuvo lugar en las más altas esferas del PCCH y solo unos cuantos dirigentes tenían conocimientos fidedignos al respecto. A diferencia de los conflictos que desgarraron al comunismo chileno a fines del siglo xx y que llevaron a renuncias, expulsiones y recriminaciones públicas13, el conflicto que amenazó con quebrar la unidad partidaria a mediados de siglo fue contenido y estuvo circunscrito a los órganos superiores de la jerarquía partidaria.

La naturaleza de las relaciones entre los agentes del FBI y sus informantes de afiliación comunista parece haber estado mediada por el dinero. La irregular frecuencia de las conversaciones entre agentes e informantes parecería indicar que se trataba relaciones circunstanciales -es decir, compensación monetaria por información concreta-, pero la prolongación de algunos de estos contactos en el tiempo y la necesidad de mantener vínculos con aquellos informantes considerados valiosos sugiere lo contrario. Si bien la mayor parte de los informantes proveían información de manera oral, en conversaciones con los agentes, algunos de estos informantes suministraban también apuntes escritos y documentación confidencial del partido. Este es el caso, por ejemplo, del informante que estuvo presente durante el XIII Congreso, quien transcribió los principales discursos de los dirigentes comunistas y les facilitó un informe confidencial sobre la cantidad de miembros del partido que tenían sus cuentas al día (27.256 a lo largo del país)14. Es probable que los dirigentes comunistas hayan estado al tanto de los intentos del FBI por informarse respecto a los asuntos partidarios. En la década de 1950, acusaron públicamente al excomunista Marcos Chamudes (expulsado en 1940, antes de que el FBI se interesara por el PCCH) de haber sido informante15. Sin embargo, la preocupación más intensa e inmediata de estos dirigentes era, sin duda, la infiltración de los agentes de la Dirección de Investigaciones.

El poder al interior del Partido Comunista de Chile

Para entender mejor la historia que aquí narro, permítaseme pasar revista a las instancias superiores de la orgánica comunista y describir someramente las relaciones de poder al interior del círculo dirigente. En teoría, la “autoridad máxima” del PCCH estaba radicada en el llamado Congreso Nacional16, una asamblea en la que participaban cientos de delegados y que debía reunirse al menos cada dos años, aunque ello no ocurría con la regularidad esperada: el XI Congreso Nacional tuvo lugar en diciembre de 1939; el XII Congreso Nacional en diciembre de 1941 y el XIII Congreso Nacional en diciembre de 1945. Entre muchas otras atribuciones, el Congreso Nacional elegía al Comité Central, fijando, además, el número de sus miembros. El Comité Central, que debía reunirse al menos cada tres meses, era la autoridad máxima entre un Congreso Nacional y otro, con “plenos poderes, entre dos Congresos, para tomar resoluciones sobre cualquier problema que se presente al Partido”17. El Comité Central era también el órgano encargado de elegir a los miembros de la Comisión Política y del Secretariado. La Comisión Política, que oscilaba entre nueve y catorce miembros, tenía como tarea “ejecutar las decisiones del Comité Central entre dos de sus sesiones plenarias”, subordinándose a este18. El Secretariado, compuesto de tres a cinco miembros, era también un órgano de naturaleza ejecutiva, cuyas atribuciones eran, sin embargo, difusas. En la práctica, la Comisión Política y el Secretariado tendían a concentrar muchísimo poder, ya que los miembros del Comité Central se hallaban demasiado dispersos geográficamente y no se reunían con la frecuencia necesaria para tomar decisiones ante los avatares de la contingencia política.

El presidente y el secretario general eran los principales dirigentes del PCCH, las figuras públicamente reconocidas como tales. La presidencia era un cargo de bastante prestigio, pero poco poder real. Desde su creación, y a lo largo del periodo estudiado, este recayó siempre en Elías Lafertte, cuya larga trayectoria como militante vinculaba de forma simbólica al partido con sus orígenes épicos en el norte salitrero19. La secretana general era, sin duda, el cargo de mayor importancia en todo el partido. Carlos Contreras lo detentó desde mediados de 1931 hasta fines de 1946. Sus atribuciones nunca estuvieron definidas en los estatutos con claridad. En cierto sentido, el poder del secretario general era inversamente proporcional al de los órganos colectivos del partido, a cuya voluntad estaba en teoría supeditado. Desde fines de 1945, dada la deslegitimación de Carlos Contreras al interior del círculo dirigente del PCCH, estos órganos colectivos -en especial, la Comisión Política y el Secretariado- adquirieron mayor importancia y llenaron el vacío de poder provocado por los sucesos del XIII Congreso.

En el PCCH, como en tantos otros partidos, la estructura organizacional instituida por los estatutos coexistía con redes informales de afinidad y fidelidad, las que tendían a aglutinar a los dirigentes en grupos más o menos compactos. De estos grupos, dos tenían la suficiente cohesión interna para ser tildados de facciones: el grupo de los llamados “intelectuales” y el de los llamados “obreristas.” Estos términos, con los cuales identificaré a ambas facciones, provenían del lenguaje kominterniano, eran usados con cierta frecuencia por los comunistas chilenos y han sido ocasionalmente utilizados por los académicos. Si bien los términos hacen referencia a la extracción social de sus miembros, o, mejor dicho, de sus miembros más connotados, no hay una correspondencia exacta entre dicha extracción y la pertenencia a una facción específica. De hecho, entre los intelectuales había también dirigentes de extracción obrera, y eran estos -y no los obreristas- quienes controlaban la Comisión Sindical del PCCH.

Liderados por Carlos Contreras, los intelectuales mantuvieron las riendas del partido hasta mediados de la década de 1940. Pero su dominio nunca fue absoluto. Los periodos de mayor poder de los intelectuales al interior del partido coinciden, hasta cierto punto, con los años de mayor apertura y colaboración interpartidaria, en especial con la luna de miel entre el PCCH y el gobierno de Pedro Aguirre Cerda (1938-1940) y la exitosa alianza que los comunistas tras la adopción de la táctica de Unión Nacional Contra el Fascismo (1942-1945). Ahora bien, en ambas ocasiones, el poder de los intelectuales fue drástica y súbitamente mermado en cónclaves partidarios que le imprimieron un giro hacia la izquierda al partido, primero en el IX Pleno del Comité Central (octubre de 1940)20 y luego en el XIII Congreso Nacional (diciembre de 1945), que analizaré en este artículo.

De profesión abogado, Carlos Contreras era el líder indiscutido de la facción de los intelectuales. Sus principales confidentes parecen haber sido Raúl Barra Silva y el también abogado Jorge Jiles Pizarro, quienes fueron duramente atacados en el IX Pleno del Comité Central. Pero la facción de los intelectuales contaba, además, con otras lumbreras que brillaban con luz propia, entre las que cabe destacar a Salvador Ocampo Pastene y Juan Vargas Puebla, quienes estaban a cargo de la Comisión Sindical del PCCH y representaban al partido en la Confederación de Trabajadores de Chile. Fuera de estos dirigentes, en la facción de los intelectuales puede también incluirse, con disímil grado de certeza, a: Higinio Godoy Díaz, Pablo Cuello Olivares, Guillermo Guevara Vargas, Carlos Tureo Silva, Julieta Campusano Chávez, Juan Guerra Guerra, Mario Contreras Villalón, César Godoy Urrutia y al ya citado Ricardo Fonseca. A lo largo de la década de 1940, algunos de estos dirigentes tendieron a alejarse de Carlos Contreras (como es el caso de Salvador Ocampo o, más notablemente, Ricardo Fonseca) y otros se mantuvieron cercanos a él, pero perdieron influencia en los asuntos partidarios (como es el caso de Raúl Barra Silva o Jorge Jiles)21.

Por su parte, la facción de los obreristas era comandada por Galo González, “generalmente considerado como el tercer comunista en importancia”22, es decir, el más importante después del secretario general y del presidente del partido. Galo González construyó su poder a través de la temida Comisión de Control y Cuadros, un órgano que tenía por objetivo formar y promover a los dirigentes comunistas, a la vez que vigilarlos y sancionarlos cuando transgredían la disciplina partidaria. El también líder obrerista Humberto Abarca, “un colaborador incondicional de Galo González”23, estaba a cargo de otro órgano importante de la estructura partidaria, la Comisión de Organización. A estos, los principales líderes de la facción obrerista, podrían agregárseles, con disímil grado de certeza, una serie de dirigentes que también ocuparon cargos relevantes en la década de 1940, como es el caso de: Juan Chacón Corona, Reinaldo Núñez Álvarez,Andrés Escobar Díaz, Justo Zamora Rivera, Bernardo Araya Zuleta, Luis Valenzuela Moya, Cipriano Pontigo Urrutia, Carlos Rosales Gutiérrez, José Díaz Iturrieta, Volodia Teitelboim Volosky y Luis Reinoso Álvarez24. Mientras que algunos dirigentes de la facción de los intelectuales se distanciaron de Carlos Contreras en el curso de los acontecimientos que aquí se narran, la facción obrerista tendió también a perder coherencia interna en esta coyuntura, en gran parte debido a la ambición y creciente rivalidad entre sus dos principales líderes, Galo González y Humberto Abarca. Ahora bien, la animosidad que Carlos Contreras despertaba entre los dirigentes obreristas permitió que se mantuviera cierta cohesión. La fractura más visible ocurrió varios años después de los sucesos que aquí analizo, cuando el PCCH se encontraba ya en la ilegalidad, con la escisión de un grupo de dirigentes obreristas particularmente intransigentes, liderados por Luis Reinoso25.

Si de lo que se trata es de entender las relaciones de poder al interior del círculo dirigente del PCCH, las estructuras del movimiento comunista internacional no pueden tampoco obviarse. Después de todo, se trata de un partido que, por décadas, se pensó a sí mismo como la “sección chilena” de la Internacional Comunista. Exagentes komin- ternianos como los argentinos Victorio Codovilla o Paulino González Alberdi siguieron ejerciendo influencia en el PCCH aún tras la disolución de Komintern, en 194326. El hecho de que ambos hayan residido en el país a mediados de la década de 1940 los transformó en referentes obligados a la hora de interpretar los designios del Kremlin. Los informes del FBI no se cansan de reiterar el ascendente de Victorio Codovilla en el comunismo latinoamericano y chileno en particular. El transandino considerado, “el líder indiscutido del comunismo sudamericano”27, es descrito como un “segundo Stalin”28. Un seguimiento durante su estadía en Chile reveló que se alojaba donde Carlos Contreras y pasaba sus días entre las oficinas de El Siglo y la sede central del PCCH, donde tenía su propia oficina. Allí conversaba con Ricardo Fonseca y Humberto Abarca, concierta frecuencia, tomando también parte activa en las reuniones de la Comisión Política. Desde esta oficina se mantenía en contacto con la Unión Soviética y se comunicaba con otros partidos comunistas de la región29.

Victorio Codovilla y el resto de los comunistas extranjeros que visitaron Chile durante ese periodo no eran entes imparciales y neutros, sino actores con sus propios intereses, más dados a influir que a mediar en los conflictos intrapartidarios. A lo largo de la década de 1940, los comunistas extranjeros que intervinieron en los asuntos internos del PCCH tendieron a apoyar a los miembros de la facción obrerista, en desmedro de Carlos Contreras. El mismo Victorio Codovilla, de hecho, desempeñó un papel destacado en los preparativos del IX Pleno del Comité Central, empujando a Carlos Contreras a revelar sus antiguos nexos con la masonería y empoderando a Galo González y otros dirigentes de extracción obrera30. Según uno de los informantes del FBI, “Codovilla cree que los mejores dirigentes del Partido son hombres de la clase obrera, en contraposición a los intelectuales”31. El dirigente comunista uruguayo Juan José López Silveira, que visitó Chile en 1945, compartía el juicio de Victorio Codovilla. Según otro de los informantes del FBI, Juan J. López consideraba que Galo González era “más capaz” que Carlos Contreras y pensaba que había “un serio defecto en el Partido Comunista chileno ya que Contreras Labarca es el verdadero dictador del Partido en Chile”32. Mientras que Victorio Codovilla y compañía miraban con sospecha a Carlos Contreras, Galo González siempre pudo contar con su apoyo. En cierto sentido, Galo González construyó su poder gracias a su ligazón con ellos. Según uno de los informantes del FBI, “una de las principales fuentes del poder de [Galo] González en Chile es la amistad que este mantiene con Codovilla”33.

La predilección de Victorio Codovilla y otros dirigentes del movimiento comunista internacional por Galo González y los dirigentes obreristas chilenos se explica en parte porque compartían una visión de mundo similar, que valoraba la lealtad a la Unión Soviética y, en parte, porque estos también tenían una impresión negativa de la gestión de Carlos Contreras. Es posible hacerse una idea más o menos clara de ello gracias a que uno de los informantes del FBI reprodujo una conversación privada que tuvo con Raúl González Tuñón, poeta y comunista argentino que residía en Chile. En dicha entrevista, Raúl González se extendió en el oportunismo y derechismo del PCCH (“el Partido Comunista aspira a ser el partido conservador de la izquierda, con tanta fuerza e influencia en la derecha como en la izquierda”) y en el papel que en ello le cabía a Carlos Contreras.

“El movimiento comunista en Chile es un movimiento mal organizado, que se centra en las ideas románticas de Elías Lafertte y en la ambición y espíritu reaccionario de Carlos Contreras Labarca. El último es un comunista al servicio de Juan Antonio Ríos. Está dispuesto a convertirse en aliado de cualquier clase de reaccionarios con tal de influenciar las decisiones del gobierno”34.

Según el informante del FBI que conversó con Raúl González, esta era también la visión de Victorio Codovilla y Paulino González Alberdi. Como mostraré en las páginas siguientes, esta lectura crítica de la gestión de Carlos Contreras era también compartida por los obreristas chilenos e, incluso, por algunos de los antiguos aliados del secretario general en el PCCH, entre los que destacaba Ricardo Fonseca.

La Conferencia de San Francisco y el error de Carlos Contreras Labarca

La cadena de eventos que llevó a la remoción de Carlos Contreras comenzó de manera auspiciosa para el secretario general, tal vez demasiado auspiciosa. A inicios de abril de 1945, tras un intenso lobby ante el gobierno de Juan Antonio Ríos, el máximo dirigente comunista logró asegurarse un cupo en la delegación chilena a la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Organización Internacional, en San Francisco, Estados Unidos. Allí, cuarenta y seis naciones aliadas, junto a cuatro naciones invitadas, establecieron el marco de referencia de la Organización de las Naciones Unidas, la famosa Carta de las Naciones Unidas. La nominación de Carlos Contreras fue un gran triunfo para el PCCH, ya que los partidos comunistas del orbe estaban interesados en apoyar y fortalecer la posición de la Unión Soviética en la futura organización intergubernamental. Pero fue también un triunfo personal del secretario general, puesto que utilizando sus contactos en el Partido Radical y su muñeca política, logró convencer a Juan Antonio Ríos de que lo incluyera entre los cuatro senadores que formaban parte de la delegación chilena35.

El precio que debió pagar por este honor, el de quedar subordinado al ministro de Relaciones Exteriores, Joaquín Fernández Fernández36, terminó siendo demasiado caro. La Conferencia de San Francisco no fue todo lo positiva que esperaban los comunistas, chilenos y extranjeros. Si bien se logró el objetivo central, de crear una organización intergubernamental, en la cual la Unión Soviética tendría un estatus preeminente como miembro permanente del Consejo de Seguridad, el movimiento comunista internacional sufrió una serie de derrotas en San Francisco. Tal vez la más importante de ellas fue la aceptación de Argentina entre los participantes de la conferencia. Argentina, que había mantenido su neutralidad durante buena parte de la Segunda Guerra Mundial, era gobernada por un grupo de oficiales que los comunistas tildaban de fascistas, el Grupo de Oficiales Unidos (GOU)37, pero que en los últimos meses había normalizado sus relaciones con Estados Unidos, cuyos diplomáticos apoyaron su inclusión en la conferencia y en la futura organización. En representación de la delegación chilena, el ministro Joaquín Fernández votó a favor de la incorporación de Argentina38.

En las semanas y meses siguientes, los comunistas chilenos dirigieron sus dardos contra el ministro Joaquín Fernández, exigiendo su renuncia. Pero en la interna partidaria surgieron voces que apuntaban al secretario general del PCCH. Un informe del FBI de agosto de 1945 señala:

“[…] había muchos rumores circulando en Santiago que indicaban que los dirigentes del Partido estaban decepcionados de Carlos Contreras Labarca, el Secretario General del Partido, porque este último no había renunciado a su puesto en la delegación chilena a la UNCIO [Conferencia de las Naciones Unidas sobre Organización Internacional], en San Francisco, cuando el Ministro Joaquín Fernández votó a favor de la admisión de Argentina en la conferencia”39.

Sin embargo, como apunta el mismo informe, estos rumores no fueron ventilados en la XVI Sesión Plenaria del Comité Central, que tuvo lugar en julio de 1945, tal vez porque Carlos Contreras aún permanecía en San Francisco.

El secretario general del PCCH se vio obligado a dar su versión de los hechos tras su retorno al país, lo que hizo en más de una ocasión. Su versión responsabilizaba al ministro Joaquín Fernández, quien había actuado por cuenta propia, traicionando la confianza del resto de los miembros de la delegación chilena, sin consultarles previamente su opinión sobre la incorporación de Argentina. En su defensa, Carlos Contreras agregaba que, junto con el entonces senador González Videla, le había pedido explicaciones al ministro Joaquín Fernández por lo sucedido, en una reunión privada, instándolo a someter a votación de la delegación asuntos de esa naturaleza. Presionado por la Comisión Política del PCCH, sin embargo, el domingo 19 de agosto reconoció, en un atiborrado teatro Carrera, que sus esfuerzos habían sido insuficientes.

“Ante la magnitud del hecho producido, el que habla, especialmente, como Secretario General del Partido Comunista, debió denunciar públicamente esta actitud del Canciller, alertando al pueblo sobre los peligros que lo amenazaban”40.

Además de la Conferencia de San Francisco, que medró la autoridad de Carlos Contreras al interior del PCCH, un segundo acontecimiento, ocurrido casi simultáneamente, terminó por adquirir una influencia significativa en los eventos que llevaron a su destitución. En abril de 1945, una carta firmada por uno de los principales líderes del comunismo francés, Jacques Duclós, y publicada en Cahiers du Communisme, criticó duramente al principal líder del comunismo estadounidense, Earl Browder, por su postura conciliadora y poco revolucionaria en los últimos años, que lo había llevado a disolver el Partido Comunista de Estados Unidos, transformándolo en una asociación que se contentaba con influir en la opinión pública estadounidense. La carta, escrita, en realidad, por comunistas soviéticos, era un intento de Moscú de ejercer presión sobre los partidos comunistas de la región, para que estos intensificaran su política combativa y antiimperialista, abandonando el colaboracionismo que había caracterizado los años de la Segunda Guerra Mundial. Esta carta, el primer signo visible del giro a la izquierda del movimiento comunista internacional, anunciaba el enfriamiento de las relaciones entre la Unión Soviética y Estados Unidos41.

La crítica a lo que se dio en llamar “browderismo” repercutió en el comunismo chileno. En los meses siguientes se hizo evidente que los ataques de Jacques Duclós y compañía contra Earl Browder -quien terminó siendo expulsado- obligaban a todos los partidos comunistas del hemisferio occidental a tomar medidas drásticas contra esta desviación. La carta, de hecho, acusaba a los partidos comunistas de Cuba y Colombia de haber seguido los pasos de Earl Browder. Esto brindó una oportunidad inmejorable para quienes criticaban a Carlos Contreras y demandaban que el PCCH asumiera una postura más confrontacional. Al interior del círculo dirigente del comunismo chileno, los adversarios del secretario general intentaron vincularlo con la figura de Earl Browder, arguyendo que su actitud timorata en la Conferencia de San Francisco y su proclividad a transar con el gobierno de Juan Antonio Ríos se debía a la perniciosa influencia del browderismo. Es bajo dicho prisma que deben entenderse las críticas contra su gestión que empezaron a tomar fuerza en la segunda mitad de 1945.

El XIII Congreso y las críticas contra Carlos Contreras Labarca

El XIII Congreso Nacional del PCCH, que tuvo lugar en diciembre de 1945, fue un evento importante en la historia del comunismo chileno. Aunque este mantuvo la pluri- clasista línea de Unidad Nacional, que había ampliado la base social y política de la coalición frente populista, se impuso una interpretación mucho más belicosa de la misma, que privilegiaba la lucha de masas por sobre las negociaciones interpartidarias42.

El informe central del XIII Congreso estuvo a cargo de Carlos Contreras. Este lo leyó en la sesión inaugural, celebrada el sábado 8 de diciembre en el teatro Caupolicán ante unos siete mil asistentes y transmitida por radio Nuevo Mundo. Como era costumbre, el contenido de dicho informe había sido discutido previamente por los miembros de la Comisión Política, pero la autoría del mismo recaía en el secretario general. Su discurso duró dos horas y abordó una gran cantidad de temas. De todos ellos, el que captó mayor atención fue el constitucional. Tras ahondar en las limitaciones de la Constitución vigente, Carlos Contreras explicitó la intención de los comunistas de convocar a una asamblea constituyente, argumentando que esto podía lograrse invocando el artículo 4 de la Constitución. Esta propuesta le valió críticas tanto entre los partidos aliados como en la interna comunista, aunque por diferentes motivos. Los primeros criticaron la propuesta por su temeridad. Los segundos, por su timidez. Jerónimo Méndez Arancibia, quien había sido invitado a la sesión inaugural del XIII Congreso en representación del Partido Radical, rebatió públicamente la iniciativa, dejando en claro que su partido no tenía interés en embarcarse en esta aventura. En las sesiones de trabajo a puertas cerradas que siguieron, por su parte, varios dirigentes comunistas criticaron a Carlos Contreras por haber condicionado la propuesta de la asamblea constituyente a mecanismos legales, en vez de estimular un gran movimiento de masas para ejercer presión sobre el gobierno y los partidos aliados43.

Como era también costumbre, el informe central del secretario general incluyó un apartado sobre la situación actual del PCCH, en el cual se pasó revista a los principales problemas de la colectividad. Carlos Contreras reparó en la perniciosa influencia del browderismo, lo que, explicó, había llevado al partido a caer en actitudes oportunistas. “Esto es responsabilidad -agregó- en primer término, de la dirección central y especialmente de la Comisión Política, por su falta de vigilancia, por su falta de estudio de los problemas y por la deficiente aplicación de la autocrítica”44. El secretario general reconoció, entonces, la responsabilidad colectiva de la dirección que encabezaba, pero no dijo nada respecto a la propia. Tampoco hizo alusión a esta cuando analizó las desviaciones “de izquierda” y “de derecha” en las que había caído el PCCH en el último tiempo, pese a que varios dirigentes lo sindicaban como el principal responsable de las tendencias derechistas existentes en la organización. Su apreciación de la situación del partido era más bien positiva, destacando los avances hechos en el último tiempo: “La xv y xvi Sesiones Plenarias, iniciaron el combate contra estas desviaciones y han permitido al Partido, a través de una mayor participación en el movimiento de masas, empezar a corregirlas”45.

El informe rendido por Carlos Contreras fue ampliamente discutido en las sesiones de trabajo del XIII Congreso, que tuvieron lugar entre el domingo 9 y el viernes 14 de diciembre en el teatro Dieciocho. Mientras que la sesión inaugural era un acto de carácter público, que se transmitía por radio a todo el país, las sesiones de trabajo se desarrollaban a puertas cerradas, y los reportes de prensa al respecto tendieron a ser escuetos. A lo largo del congreso, El Siglo no publicó nada que diera la impresión de la existencia de una pugna de poder al interior del círculo dirigente del PCCH. El periódico comunista reseñó los discursos de los principales líderes, pero dio poca publicidad a los problemas internos y se cuidó de no individualizar responsables. La mejor fuente para estudiar la discusión que tuvo lugar en las sesiones de trabajo del XIII Congreso es un detallado informe del FBI, de cincuenta y siete páginas, basado, principal, pero no exclusivamente, en la información que proporcionó un dirigente comunista que estuvo presente en dichas sesiones46.

Los primeros en criticar el informe rendido por el secretario general en términos duros fueron Ricardo Fonseca y Humberto Abarca. No me ha sido posible averiguar lo suficiente del contenido del discurso que Ricardo Fonseca pronunció el domingo 9, pero al parecer instó al secretario general a asumir su responsabilidad en las desviaciones a las que había hecho mención en su informe. El Siglo explicó que su intervención “se caracterizó por su combatividad y sentido autocrítico” y que se extendió en “la lucha contra las desviaciones y debilidades del movimiento democrático del país y muy especialmente de la clase obrera”47. Fonseca destinó también parte de su tiempo a discutir el problema de la convocatoria a una asamblea constitucional, manifestando “su opinión en el sentido de que la lucha por su rápida consecución debía orientarse esencialmente hacia la realización de una gran movilización de masas combativa y pujante”48.

El informe del FBI incluye, sí, con una transcripción (en inglés) de la intervención de Humberto Abarca, del lunes 10 de diciembre. Humberto Abarca estaba a cargo de rendir el Informe de Organización, puesto que dirigía la comisión del mismo nombre. Esto le permitió abordar con cierto detalle los problemas del funcionamiento de los órganos superiores del PCCH, incluyendo un acápite sobre el trabajo de la dirección. Sus palabras son dignas de citarse:

“Hay serios vicios que tendrán que ser criticados y corregidos en este Congreso. El tribunal está abierto para críticas y para autocríticas. No debería haber protocolo en este Congreso, ya que este no es el método de la clase obrera y menos aún de nuestro Partido. En su discurso, Carlos Contreras [Labarca] culpó a influencias externas por las deficiencias [en la aplicación] de la política de Unidad Nacional. El Secretario General debió haber manifestado públicamente su responsabilidad frente al Partido y no culpar a los miembros en general por los errores cometidos”49.

Como se puede apreciar, Humberto Abarca no solo sindicó personalmente a Carlos Contreras por las falencias en la aplicación de la línea sino, también, convocó al resto de la audiencia a pronunciarse al respecto, aun contra los procedimientos de rigor.

La defensa más vigorosa de la gestión del secretario general corrió por cuenta de Raúl Barra Silva, el martes 11. La cercanía de este con Carlos Contreras le había significado duras críticas por parte de la facción obrerista en el pasado, las cuales habían terminado por marginarlo del Comité Central. Lamentablemente, no se conservan ni transcripciones ni resúmenes de sus palabras en el XIII Congreso. Al parecer, se trató de una intervención apasionada, que exculpó al secretario general al tiempo que responsabilizaba a la Comisión Política por los errores acaecidos en el último tiempo, criticándole su falta de perspectiva revolucionaria y su tendencia a esperar instrucciones del extranjero. Similar parece haber sido el sentido de los discursos de Daniel Jaña, Domingo Álvarez y Julio Alegría, quienes criticaron a la dirección en su conjunto, por la manera caótica y poco colectiva en que esta trabajaba.

Tras la intervención de Raúl Barra, Galo González, quien presidía las sesiones del XIII Congreso, intervino para hacer “una larga charla no programada”50, en la que retomó las críticas de Ricardo Fonseca y Humberto Abarca contra Carlos Contreras y refutó los planteamientos de Raúl Barra y compañía. Galo González valoró el mea culpa que había hecho Carlos Contreras sobre su actuación en la Conferencia de San Francisco unos meses antes del XIII Congreso, en el teatro Carrera, destacando la importancia de la crítica y autocrítica como herramientas bolcheviques. Pero se mostró muy crítico de la manera en que el secretario general había abordado el problema constitucional en su discurso inaugural, el 8 de diciembre. “De lo que se trata es de querer deformar la XVI Sesión Plenaria, embarcarnos en una reforma constitucional, que es muy distinto de lo que allí está planteado: la convocatoria de una Asamblea Constituyente, para lo que hay que crear las condiciones a través de las luchas de las masas”51. Galo González desestimó también los planteamientos de los delegados que habían criticado a la Comisión Política por la confusión reinante, responsabilizando a Carlos Contreras:

“El informe rendido por el camarada Contreras fue elaborado colectivamente y revisado por el Secretariado, y algunos miembros de la Comisión Política hicieron observaciones por escrito. Se formularon varias observaciones, de las cuales tomó nota Contreras, en especial en lo que se refiere a la Asamblea Constituyente. Pero, no lo hizo conforme le fueran formuladas; entonces la responsabilidad es de él y tiene que afrontarla”52.

Su discurso incluyó palabras muy duras contra Raúl Barra, reprochándole el haberse hecho eco de quienes criticaban al PCCH por seguir la línea de la Unión Soviética. “Parece que viniera a repetir al Congreso lo que dicen nuestros enemigos todos los días en su prensa”53.

A lo largo de su discurso, Galo González puso especial énfasis en la necesidad de lograr convocar a una asamblea constituyente y otros objetivos prioritarios a través de la lucha de masas, en vez de confiar en la buena voluntad de los líderes del Partido Radical o del gobierno de Juan Antonio Ríos. Recordó, por ejemplo, lo que había ocurrido con la sindicalización de los obreros agrícolas.

“¿Qué nos pasó cuando conciliamos con nuestros aliados, en el periodo del Frente Popular, ante la sindicalización campesina? Llevamos seis años y seguimos empantanados, sin poder romper unas trabas legales que han inventado”54.

En cierto sentido, este era el meollo de su crítica a la gestión de Carlos Contreras, a quien consideraba demasiado dado a transigir. Para decirlo con Galo González:

“[…] no es conciliando con nuestros aliados, para no enojarlos -como quiere el camarada Jaña-, como vamos a transformar la política de Unión Nacional en una política activa y combativa, [sino] apoyados en las masas, actuando con ellas, y dando solución a sus problemas. Así es como haremos marchar a nuestros aliados si no quieren ser despreciados por el pueblo”55.

Carlos Contreras tomó la palabra en varias ocasiones a lo largo del XIII Congreso. Su alocución más explícita en lo que a las acusaciones en su contra respecta tuvo lugar el jueves 13. “Camaradas” -comenzó- estoy haciendo esta intervención para clarificar ciertos conceptos que existen en este Congreso y que han causado cierta cuota de ansiedad, lo que está perjudicando el adecuado desarrollo del mismo. Muchos de ustedes están preguntando, ‘¿Qué está pasando en la dirección del Partido? ¿Hay alguna división?’”56. El secretario general explicó que efectivamente habían “peleas, discusiones y diferencias de opinión” al interior del Comité Central y que, si bien esto no era lo ideal, ello permitía corregir errores y encontrar soluciones57.

En líneas generales, puede decirse que Carlos Contreras reconoció su responsabilidad en la mayor parte de los errores que se le imputaban y pidió disculpas por ello, aunque su discurso también incluyó alguno que otro comentario exculpatorio. Huelga notar que, en esta intervención, se hizo eco de quienes demandaban una posición más combativa en la aplicación de la línea, aclarando que la política de Unidad Nacional no debía llevar a concesiones. Esto no significaba renunciar a la política de alianzas o a la legalidad, pero hacía necesario esforzarse por mantener la independencia de acción del partido y cuidarse de no caer en el culto al legalismo. La solución radicaba en estimular grandes movimientos de masas para ejercer presión sobre el Partido Radical y el gobierno. Esta interpretación de la línea de Unidad Nacional se hizo evidente en el tratamiento de todos los puntos que abordó en su intervención, ya fuese la actitud que debía tener el PCCH ante la actividad huelguística o la mejor forma de lograr la sindicalización campesina.

Esta premisa condicionó también la manera en que analizó su controversial papel en la Conferencia de San Francisco y en la convocatoria de una asamblea constituyente, los principales flancos de crítica que se habían abierto en su contra en el último tiempo. En lo que respecta al primero de estos asuntos, explicó que el Comité Central había obtenido su designación como miembro de la delegación chilena a San Francisco gracias a negociaciones con el gobierno y no sobre la base de la presión de las masas. Reiteró luego su conocida interpretación de los hechos ocurridos en San Francisco, haciendo hincapié en que el ministro Joaquín Fernández había actuado por iniciativa propia y que, junto a González Videla, él había criticado el actuar del Ministro, puesto que este debió haber sometido el asunto a discusión, agregando, a modo de excusa: “No obstante, en último análisis esto no habría afectado el voto de la delegación chilena”58. Si bien su relación de los hechos tendía a exonerarlo de buena parte de la culpa que se le imputaba, el secretario general reconoció su error:

“[…] cuando el Ministro Fernández votó a favor de la incorporación del GOU, yo, en tanto representante comunista de nuestra delegación, no debí haberme limitado a hacer unas pocas declaraciones privadas en su contra dentro de nuestra delegación. Debí haber hecho inmediatamente una declaración pública, criticando y condenando su actitud como opuesta a la de las verdaderas fuerzas democráticas de Chile. No lo hice y asumo la responsabilidad de no haberlo hecho”59.

Carlos Contreras matizó esta autocrítica al recordar que ya había reconocido su responsabilidad (“en una conferencia que di en Santiago, admití mi error”), dando a entender que había purgado parte de sus culpas. En lo que refiere al procedimiento por medio del cual debía convocarse una asamblea constituyente, tema con el cual cerró su intervención, reconoció, también, parcialmente, su error y llamó a “explicarle al pueblo qué es una Asamblea Constituyente, qué derechos tiene, cómo puede asegurarlos, y así popularizar y desarrollar este gran movimiento de masas del que hablamos”60.

Tras la intervención de Carlos Contreras, Ricardo Fonseca volvió a tomar la palabra, insatisfecho con las declaraciones del secretario general. El informe del FBI incluye también una paráfrasis de esta intervención. Comenzó por hacer referencia al problema constitucional, llamando al PCCH a movilizar a las masas en pos del establecimiento de una asamblea constituyente, aun cuando esto significara tensionar las relaciones con el Partido Radical. Para destacar la justeza de su planteamiento, dio a conocer los desespe- ranzadores resultados de una reunión entre dirigentes comunistas y radicales que había tenido lugar poco antes del XIII Congreso:

“El Partido Radical demandó que abandonáramos nuestro programa de Unidad Nacional, que frenáramos las huelgas y que dejáramos para el futuro la convocatoria de una Asamblea Constituyente. Todo ello fue rechazado por el Partido Comunista. La audacia de los dirigentes del Partido Radical llegó tan lejos que, cuando les preguntamos a qué tipo de acuerdo podríamos llegar, respondieron diciendo que antes de tomar cualquier resolución en este Congreso debíamos someter esa resolución a la aprobación del Partido Radical”61.

Ricardo Fonseca hizo después referencia a la Conferencia de San Francisco, detallando el plan urdido por los gobiernos de Estados Unidos, Argentina, Brasil y Chile -este último, debido a la inacción de Carlos Contreras- contra los partidos comunistas de la región y contra la Unión Soviética. “Por ello -concluyó- al considerar el error cometido por nuestro Secretario General en San Francisco, vemos que se trató de uno grave, que amenazó la línea de nuestro Partido y dañó la democracia chilena”62. Al igual que Galo González, destinó también algunos minutos a refutar los planteamientos de Raúl Barra, recordándole, de pasada, sus vínculos con la masonería, los que le habían costado su puesto en el Comité Central en 1941.

El viernes 14 se puso fin a las sesiones de trabajo. Ese día se discutieron las resoluciones del congreso. Fue Humberto Abarca y no Carlos Contreras quien, a nombre de la Comisión de Resoluciones del congreso, dio a conocer la propuesta. Las resoluciones acordadas en esta sesión, que se hicieron públicas el día siguiente, ratificaron los acuerdos de la XV y XVI Sesiones Plenarias del Comité Central, en el sentido de apoyar las reivindicaciones del movimiento obrero, estimular la sindicalización campesina, promover una reforma agraria y “convocar a una Asamblea Constituyente que eche las bases de una nueva Constitución Política que represente las conquistas económicas, políticas y sociales de las masas”63. Pero para conseguir dichos objetivos, se ponía ahora el énfasis en la lucha de masas, y se dejaba entrever una actitud menos abierta al diálogo interpartidario. En una resolución decidora, el XIII Congreso resolvió fortalecer la unidad con “el sector progresista del Partido Radical” y “poner término a la conciliación con los reaccionarios que paralizan al Partido Radical”, criticando “la acción del sector reaccionario y feudal incrustado en el radicalismo, sector amigo del GOU y abogado de los imperialistas”64.

Tras la discusión de las resoluciones, Galo González presentó a consideración de los delegados la propuesta de los nuevos estatutos del partido, los que, según el informante del FBI, fueron aprobados sin mucha discusión.

“Esta fuente notó, sin embargo, que, bajo los nuevos estatutos adoptados por los comunistas, el Secretario General del Partido y cualquier otro funcionario del Partido puede ser removido por un voto del Comité Central. Previamente, el Secretario General sólo podía haber sido removido por un Congreso Nacional”65.

La modificación es aún más sustantiva de lo que sugiere el informante del FBI. Si antes era el Congreso Nacional el que elegía al secretario general66, esta atribución recaía ahora en el Comité Central67. Esta enmienda, que aumentó el poder del Comité Central en desmedro tanto del Congreso Nacional como del secretario general, facilitaría la remoción de Carlos Contreras en noviembre de 1946. En el marco del XIII Congreso, la enmienda llevó a lo que, según algunos de los presentes, era una situación inaudita: “fue la primera vez en la historia del Partido en Chile que el Secretario General no había sido elegido antes que los miembros del Comité Central fuesen escogidos”68. Como explico más adelante, los miembros del Comité Central fueron elegidos el viernes 14, tras la aprobación de estos estatutos, y fueron estos quienes finalmente eligieron al secretario general, el lunes 17, en una reunión extraordinaria del nuevo Comité Central.

La disminución del poder de Carlos Contreras se hizo evidente el sábado 15, en la sesión de clausura del XIII Congreso. Fue Ricardo Fonseca quien dio cuenta pública de las resoluciones del congreso en la plaza de la Constitución, en un discurso que fue ampliamente publicitado en la prensa partidaria, adornado con fotos del discursante69. La primera y más importante de las resoluciones, leída por Ricardo Fonseca ante los asistentes, ratificó la justeza de la línea de Unidad Nacional, pero se extendió en las falencias en su aplicación y en los errores cometidos en el último tiempo.

“Estos errores han consistido en la presencia de peligrosas desviaciones y deformaciones, por influencias extrañas en la propia Dirección Central, que comprometían la línea independiente del Partido; la falta de firmeza para defender la política exterior del Partido, expresada en la actuación pasiva del Secretario General en la Conferencia de San Francisco; en haber conciliado en parte con las vacilaciones, retrocesos y falta de cumplimiento del programa por parte del Gobierno y de los dirigentes de los partidos aliados; en haber pretendido realizar la Unión Nacional entre dirigentes, sin el apoyo de las luchas de las masas por la solución de sus problemas inmediatos, que son las que le dan su contenido y eficacia; […] en la falta de vigilancia y de empleo de la crítica y la autocrítica proletaria y la lucha implacable contra tales deformaciones y desviaciones imprimiéndole ese mismo espíritu a todo el Partido; y en los métodos oportunistas y rutinarios en la organización, que obstaculizaban la democracia interna y el desarrollo del Partido hasta transformarlo en un poderoso partido de masas”70.

El discurso de Ricardo Fonseca confirmó el triunfo de los sectores críticos a la gestión de Carlos Contreras, que interpretaban la política de Unión Nacional de manera mucho más belicosa y sectaria. Sus palabras fueron también el primer reconocimiento público del conflicto que afloró en el XIII Congreso y que amenazaba con quebrar la unidad partidaria.

El triunfo de los sectores críticos a Carlos Contreras se reflejó también en la distribución del poder en los organismos superiores del PCCH. El nuevo Comité Central, que fue elegido el viernes 14, quedó compuesto de treinta y un miembros, los cuales se reunieron el lunes 17 para elegir al presidente, al secretario general y a los miembros de la Comisión Política y del Secretariado71. Las críticas en contra de Carlos Contreras llevaron a considerar, por primera vez, la posibilidad de removerlo del cargo.

“La Fuente C72 informó que durante el Decimotercer Congreso Nacional del Partido Comunista chileno celebrado en diciembre de 1945, Lorenzo Gallardo y Juan López le dijeron que varios delegados al Congreso fueron consultados sobre la destitución de Carlos Contreras [La- barca] como Secretario General del Partido. Según la información de esta fuente, la mayoría de los delegados estaba contra esta iniciativa, pero se rumoreaba que entre los partidarios de tal acción se encontraban Galo González, Ricardo Fonseca, Humberto Abarca, Luis Reinoso y Salvador Ocampo”73.

Los informantes del FBI señalaron que “Contreras fue reelegido como Secretario General únicamente con el propósito de mantener la unidad”, porque, como agregó uno de ellos, los dirigentes comunistas “no quieren una división del Partido, como es el caso de Venezuela”74. Si bien Carlos Contreras fue reelegido, la posición del secretario general era ahora muchísimo más frágil. Sirva de muestra la composición del Secretariado. Este quedó compuesto de tres miembros titulares y dos suplentes. En su calidad de secretario general, Carlos Contreras fue incluido entre los titulares, pero flanqueado por dos de sus más tenaces críticos, Humberto Abarca y Ricardo Fonseca. Los miembros suplentes, Galo González y Luis Reinoso, eran obreristas. Carlos Contreras quedó, así, rodeado de cuatro adversarios, tres de los cuales se identificaban con la facción obrerista. El cuarto, Ricardo Fonseca, otrora delfín del secretario general, había roto filas con su padrino político y aspiraba a reemplazarlo.

La lucha por la sucesión:Ricardo Fonseca, Humberto Abarca y Galo González

La posición de Carlos Contreras al interior del PCCH siguió debilitándose en las semanas y meses siguientes. Su eventual abandono del cargo parecía cosa de tiempo. Unos días después del XIII Congreso, por ejemplo, Albino Pezoa Estrada, editor de la sección política de El Siglo, le comentó a uno de sus camaradas “que Contreras está definitivamente ‘fuera’” y que era probable que se le reemplazara dentro de los próximos meses75. Lo que aún era una incógnita era quien lo sucedería. De los que aspiraban al cargo, Humberto Abarca, Ricardo Fonseca y Galo González eran quienes tenían mayores posibilidades. A lo largo de 1946 los tres buscaron fortalecer su posición en la interna partidaria, al tiempo que socavaban la del secretario general. Dicha competencia se dio en un contexto nacional convulsionado por la enfermedad del Presidente de la República, Juan Antonio Ríos, y el giro a la derecha del gobierno, que ahora dirigía su Vicepresidente, Alfredo Duhalde. En este escenario, el PCCH adoptó la actitud beligerante que presagiaba el XIII Congreso, lo que dificultó las relaciones con el Partido Radical y con el Partido Socialista, con el cual rompió a inicios de febrero, tras el apoyo de los socialistas al gobierno de Alfredo Duhalde.

El conflicto entre intelectuales y obreristas no disminuyó tras el XIII Congreso. En septiembre de 1946, uno de los informantes del FBI explicó que “durante enero de 1946, este conflicto interpartidario había adquirido el aspecto de una lucha personal entre [Galo] González y Contreras [Labarca]”76. Como expliqué atrás, se trataba de un conflicto de larga data, el que no había quedado del todo resuelto en el congreso, en el cual se llegó a acuerdos precarios, demasiado frágiles como para perdurar en el tiempo. Ahora bien, el mismo informante del FBI aclaró que “en aquel momento [Galo] González no daba muestras de desear convertirse en Secretario General del Partido”77. El informe no ofrece pistas que permitan dilucidar por qué, pero se pueden aventurar dos hipótesis: primero, es probable que Galo González no creyera que fuera factible reemplazar a Carlos Contreras en el corto plazo, dado que el congreso había terminado ratificándolo en el cargo; y, segundo, en la eventualidad que esto sucediera, era Humberto Abarca, uno de sus hombres de confianza, quien estaba mejor perfilado para hacerse de la secretaría general. Cabe recordar que mientras que Humberto Abarca y Ricardo Fonseca habían sido designados miembros titulares del Secretariado, Galo González había tenido que contentarse con ser miembro suplente.

Humberto Abarca aparecía como el más probable sucesor de Carlos Contreras tras el XIII Congreso. Su nombre figuraba tercero en la lista de miembros del Comité Central publicada en la prensa al finalizar el congreso, después del presidente y del secretario general; Ricardo Fonseca figuraba cuarto y Galo González quinto78. Incluso los informes biográficos sobre Ricardo Fonseca producidos por los agentes del FBI, que destacan su creciente prestigio en el partido, reconocían que Humberto Abarca corría con ventaja. Para citar uno de ellos, de abril de 1946: “Una confiable fuente comunista afirma que Contreras [Labarca] casi removido oficialmente como Secretario General y Fonseca realmente dirigiendo el PC de Chile, aunque Humberto Abarca, diputado comunista, aparece como ostensible sucesor”79.

No obstante, fue Ricardo Fonseca quien logró posicionarse mejor en el transcurso de 1946. su preeminencia se hizo evidente en su cada vez más relevante papel público, ya fuese como representante de la dirigencia comunista ante los militantes del PCCH, las autoridades de gobierno o los líderes de otros partidos. La documentación del FBI informa de varias de estas actividades públicas. Una de ellas tuvo lugar poco después del término del XIII Congreso, cuando el PCCH envió una delegación para conversar con el Presidente de la República, Juan Antonio Ríos. Según el informe, la delegación estaba compuesta por: Carlos Contreras, Ricardo Fonseca, Humberto Abarca y Víctor Díaz López -este último, recién promovido al Comité Central-, pero “fue Fonseca y no Contreras [Labarca] quien habló por el Partido y quien le presentó las demandas del Partido al primer magistrado chileno”80.

El protagonismo de Ricardo Fonseca trajo aparejados fricciones al interior del círculo dirigente del PCCH. Uno de los informes del FBI sostiene que “Fonseca ha propuesto varios cambios en el Comité Central, cambios que han encontrado cierta resistencia por parte de Galo González, quien sospecha que su autoridad está diluyéndose”81. Galo González parece haberse involucrado en la lucha por la secretaría general precisamente para contrarrestar el creciente influjo de Ricardo Fonseca. El FBI apunta en un informe de julio de 1946: “se dice que [Galo] González da ahora la impresión de que desea personalmente obtener el cargo que ocupa Contreras [Labarca]”82. El mismo informante, que en enero de 1946 había mencionado la postura cauta de Galo González respecto a la secretaría general, ahora notaba: “[Galo] González, junto a Ricardo Fonseca y Humberto Abarca, miembros de la Comisión Política del Comité Central del Partido Comunista,continúan atacando a Contreras Labarca y ahora cada uno de los individuos nombrados aparentemente desea el cargo de Secretario General del Partido Comunista”83. El creciente poder de Ricardo Fonseca era una amenaza no solo contra los reductos de poder de Galo González y las pretensiones de Humberto Abarca sino contra los privilegios de todos aquellos dirigentes comunistas que no eran particularmente afines a Ricardo Fonseca. De acuerdo con la misma fuente, “muchos miembros del Comité Central del Partido están preocupados porque no saben cuál es la opinión que Fonseca tiene de ellos”84.

Carlos Contreras no recibió mucha atención por parte del FBI a lo largo de 1946, lo que evidencia su disminuida importancia. Pero los informes sobre los principales candidatos a sucederlo dan indicios de la complicada situación que vivía. Por ejemplo, el informe sobre Galo González de julio de 1946, apunta: “se dice que Contreras Labarca ha declarado que encuentra la situación actual intolerable y que renunciará bajo el pretexto de enfermedad si los ataques contra su autoridad no cesan”85. Otro informe, concerniente a Humberto Abarca, de agosto de 1946, agrega:

“El primero de julio de 1946, la Fuente F señaló que Carlos Contreras estaba contraatacando contra sus principales críticos, entre los que se incluían Galo González [Díaz], Ricardo Fonseca y Humberto Abarca, alegando que ellos, como miembros de la Comisión Política del Partido, estaban actuando independientemente, excluyéndolo, e incluso tomando decisiones importantes sin su conocimiento. Declaró que ya no toleraría esto y que, si los ataques contra su autoridad no cesaban, estaba dispuesto a renunciar bajo el pretexto de enfermedad y ser reemplazado”86.

Este último informe sugiere que, acorralado por sus críticos, Carlos Contreras habría intentado dar un golpe de timón, amenazando con renunciar al cargo, tal vez para movilizar a sus seguidores o asustar a quienes estaban indecisos con la posibilidad de una pugna abierta por el poder. No queda del todo claro, sin embargo, si la insinuación del Secretario General era realmente una amenaza, como sugiere el informante, o, más bien, una concesión de derrota.

Es dable asumir que la decisión de Galo González de intentar hacerse del cargo de secretario general haya generado conflictos entre los obreristas, ya que ahora dos líderes de dicha facción, Galo González y Humberto Abarca, aspiraban al mismo puesto. El último informe citado plantea: “cada uno de los críticos mencionados arriba [es decir, Galo González, Ricardo Fonseca y Humberto Abarca] quiere el cargo de Secretario General, y cada uno tiene su propio grupo de seguidores”87. No es fácil saber con certeza quienes eran los seguidores de Humberto Abarca y quienes los de Galo González. Es probable que las lealtades hayan estado parcialmente determinadas por la estructura organizacional del PCCH, ya que tanto Humberto Abarca como Galo González habían acumulado buena parte de su capital político a través del aparato partidario. Galo González era el encargado de la Comisión de Control y Cuadros desde mediados de la década de 1930; Humberto Abarca estaba a cargo de la Comisión de Organización desde 1940. Ambos líderes habían tejido redes vigorosas a través de estas comisiones. Pero es razonable suponer que sus redes se extendieran más allá de sus respectivas comisiones. Galo González, por ejemplo, tenía muy buena relación con Cipriano Pontigo, diputado comunista, famoso por denunciar ante este las infracciones de otros dirigentes88. Humberto Abarca, por su parte, estaba emparentado con el dirigente comunista Reinaldo Núñez, lo que lleva a pensar que este pertenecía a su ejército de leales.

El poder de Ricardo Fonseca al interior del círculo dirigente del PCCH, por su parte, parece haber radicado en el apoyo de varios dirigentes que tenían cargos de representación pública, incluyendo nada menos que a Elías Lafertte. Para citar nuevamente el informe de abril de 1946: “Fonseca cuenta con el respaldo de todos los diputados y senadores y especialmente del Presidente del Partido Elías Lafertte”89. La alusión al apoyo de todos los parlamentarios es, sin duda, una exageración, puesto que el mismo Humberto Abarca y otros líderes de la facción obrerista (entre los que cabe destacar a Bernardo Araya, a Luis Valenzuela y al ya citado Cipriano Pontigo) eran también parlamentarios, pero sugiere que uno de los clivajes del conflicto al interior del círculo dirigente del comunismo chileno radicaba en quienes se identificaban con la bancada parlamentaria del partido y en quienes habían acumulado su capital político a través de la orgánica interna, como era el caso de Humberto Abarca y Galo González.

Parte importante del poder de Ricardo Fonseca provenía también de la relación que, desde mediados de la década de 1940, había tejido con Victorio Codovilla y, a través de este, con el movimiento comunista internacional. El establecimiento de relaciones amistosas entre Ricardo Fonseca y Victorio Codovilla comenzó durante el exilio del argentino, quien residió en Chile entre abril de 1944 y septiembre de 1945. Pero el vínculo se fortaleció en 1946, cuando Ricardo Fonseca viajó a Argentina en representación del PCCH. Como apunta uno de los informes del FBI, “No cabe duda de que Fonseca estuvo en estrecho contacto con Victorio Codovilla mientras estuvo en Buenos Aires”90. Este informe enfatiza la naturaleza privilegiada del vínculo entre el ascendente dirigente chileno y el ya consagrado dirigente argentino: “Fonseca es evidentemente el enlace chileno con el líder comunista argentino Codovilla”91. La importancia de este vínculo se hizo sentir al interior del PCCH, tras el retorno de Ricardo Fonseca a Chile, en marzo de 1946. Según uno de los informantes del FBI, “Fonseca trajo consigo mucha autoridad a su regreso de Argentina”92. Fue precisamente esa autoridad la que llevó a Ricardo Fonseca a proponer los cambios en el funcionamiento del Comité Central que amenazaron el poder de Galo González, como indica el mismo informante.

Otros contendientes:Salvador Ocampo, Juan Vargas Puebla y César Godoy Urrutia

Si bien los principales candidatos a suceder a Carlos Contreras parecen haber sido Ricardo Fonseca, Humberto Abarca y Galo González, otros contendientes saltaron al ruedo en el transcurso de 1946. De entre ellos, vale la pena concentrarse en las figuras de Salvador Ocampo, Juan Vargas Puebla y César Godoy Urrutia, por al menos dos razones: primero, porque aún estaban identificados con la facción de los intelectuales93; y, segundo, porque, al igual que los contendientes mencionados en las páginas precedentes, movilizaron sus redes políticas en Chile y en el extranjero para incrementar sus chances de hacerse del cargo, lo que dice mucho de la articulación de los intereses locales y globales en distribución del poder en el PCCH.

Un informe del FBI de julio de 1946 señala que Salvador Ocampo “es uno de los candidatos más probables a ocupar la secretaría general”, aclarando que, si bien estaba distanciado de Carlos Contreras, “Ocampo no está de acuerdo con Fonseca y Galo González”94. Al parecer, el apoyo de Salvador Ocampo provenía, principalmente, de dirigentes sindicales insatisfechos con la gestión de Carlos Contreras y poco entusiasmados con los nombres que se barajaban para reemplazarlo. Para citar el informe del FBI: “Ocampo tiene el respaldo de muchos dirigentes sindicales, que dicen que las huelgas en la Fábrica de Cemento, Fundición Libertad, Cristalerías Chile, etc., no hubieran fracasado de haber estado Salvador Ocampo a la cabeza de ellas”95. Salvador Ocampo contaba con un apoyo importante entre los trabajadores comunistas debido a su papel en la Confederación de Trabajadores de Chile, y podía también vanagloriarse de tener una nutrida red de contactos internacionales gracias a su papel en la Confederación de Trabajadores de América Latina. Su actitud ante Carlos Contreras en la coyuntura estudiada es difícil de dilucidar. Por un lado, no parece haberlo defendido en el XIII Congreso y, como señalé atrás, al parecer se mostró dispuesto a removerlo de la secretaría general en esa ocasión, tal vez pensando en reemplazarlo. Por otro lado, como explicaré adelante, sí lo defendió en reuniones partidarias posteriores, cuando se planteó su expulsión96.

Al igual que Salvador Ocampo, Juan Vargas era un dirigente sindical de prestigio nacional, vinculado a la facción de los intelectuales al interior del PCCH. Como miembro de la Comisión Política, había participado en la organización del XIII Congreso, pero había debido ausentarse del mismo por encontrarse viajando, en representación de la Confederación de Trabajadores de Chile y de la Confederación de Trabajadores de América Latina. No obstante, fue reelegido en ausencia al Comité Central y a la Comisión Política, siendo, además, designado encargado de la Comisión Sindical, en reemplazo de Salvador Ocampo. Regresó a Chile el 15 de mayo de 1946, cuando la lucha por la secretaría general ya estaba desatada. Desde esta posición de desventaja intentó recuperar el terreno perdido, movilizando su capital político en Chile y sus vínculos internacionales. Los informes del FBI son elocuentes:

“Después de su retorno de la Conferencia Mundial en Paris97 y de su charla con [Vicente] Lombardo Toledano en México, así como con representantes de la Unión Soviética, Vargas [Puebla] ha intentado dictar cómo debe dirigirse al Partido Comunista de Chile, pues siente que tienen un mayor conocimiento y una mayor capacidad para hacerlo. Esto ha causado considerable preocupación en el Comité Central, y se ha formado un grupo para intentar disminuir la importancia de Juan Vargas Puebla”98.

La oposición a Juan Vargas fue efectiva. Eventualmente tuvo que resignarse a abandonar sus aspiraciones de dirigir al PCCH. Lo que es más decidor, en mayo de 1947 fue excluido de la Comisión Política, a la que pertenecía desde 1941, y en 1948 fue castigado “por embriaguez y falta de disciplina”, debiendo abandonar también su cargo en la Confederación de Trabajadores de América Latina99.

César Godoy parece, también, haber aprovechado la oportunidad para intentar hacerse de la secretaría general, aunque la evidencia es menos contundente. La primera información al respecto data de fines de 1945, aunque los mismos agentes del FBI que reportaron la información advirtieron que “no se cree que sea acertada”, pues César Godoy había pasado a ser miembro del PCCH hace muy poco tiempo como para tener chances reales de hacerse del cargo100. Es difícil tener una idea clara de su actitud ante Carlos Contreras en esta coyuntura. Un informe del FBI de mayo de 1945 lo describe como la “mano derecha” de Carlos Contreras; de hecho, actuó como su secretario privado en el marco de la Conferencia de San Francisco101. Otro informe, de mayo de 1946, señala que “Godoy goza de la amistad personal y de la confianza de Carlos Contreras Labarca”102. Pero en julio de 1946, uno de los informantes del FBI advirtió que “César Godoy es sumamente ambicioso y aspira a reemplazar a Carlos Contreras como Secretario General del Partido”103. Cabe notar que César Godoy tenía bastante prestigio personal, por su papel en la organización gremial de los profesores y por su defensa apasionada de los intereses de los trabajadores en la Cámara de Diputados, primero como socialista y después como comunista. Tal como era el caso con Salvador Ocampo y Juan Vargas, estos cargos públicos lo habían llevado a viajar fuera del país con cierta frecuencia, lo que lo había puesto en contacto con funcionarios soviéticos y líderes del movimiento comunista internacional104.

El reemplazo de Carlos Contreras Labarca por Ricardo Fonseca

El reemplazo del secretario general tuvo lugar a fines de 1946105, en el contexto de la llegada de González Videla a la Presidencia de la República. Líder histórico del ala izquierda del Partido Radical, González Videla había sido fundamental en el entendimiento entre comunistas y radicales a lo largo de las décadas de 1930 y 1940, periodo durante el cual había tejido una estrecha relación con Carlos Contreras, al que, dicho sea de paso, conocía desde su juventud, cuando ambos estudiaban en la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile. Si bien despertaba suspicacias en algunos dirigentes comunistas, el PCCH había decidido apoyarlo por ser un radical de izquierda y por comprometerse con un programa de gobierno bastante atrevido, el que había sido acordado en una convención de la Alianza Democrática, en la cual confluían radicales, comunistas, socialistas auténticos y democráticos. Este programa incluía una serie de medidas que concordaban con la plataforma adoptada en los últimos congresos comunistas. Entre otras cosas, prometía una reforma constitucional que garantizara “los derechos políticos, económicos, sociales y culturales del pueblo”, una reforma agraria que subdividiera los grandes latifundios, la derogación de las trabas burocráticas que impedían la sindicalización campesina y el establecimiento de organismos estatales encargados de regular los precios de los artículos de primera necesidad y las rentas de los arrendamientos106.

Con el respaldo institucional de los partidos de la Alianza Democrática, salió victorioso en las elecciones presidenciales del 4 de septiembre, obteniendo el 40,23% de los votos. Sin embargo, al no existir una mayoría absoluta, correspondió al Congreso Pleno dirimir la elección el 24 de octubre, lo que nunca antes había ocurrido. El periodo que va del 4 de septiembre al 24 de octubre estuvo marcado por una serie de fricciones entre González Videla y los dirigentes comunistas, las cuales repercutieron al interior del PCCH. Mientras que González Videla se dedicó a conversar y negociar con todas las fuerzas políticas de la nación (incluidos liberales y conservadores) para lograr su ratificación en el Congreso Pleno, el PCCH insistió en hacerse representar en un futuro gabinete y en cumplir el programa con el cual había sido electo. Estos aspectos estaban, hasta cierto punto, imbricados. Los liberales, por ejemplo, se mostraron dispuestos a brindarle su apoyo a González Videla en el Congreso Pleno siempre y cuando este no impulsara la sindicalización campesina107.

Para asegurar el apoyo de los comunistas en el Congreso Pleno, González Videla les ofreció dos puestos en un “gabinete nacional”, compuesto por miembros de diversos partidos, pero insistió en reservarse el derecho de elegir a los comunistas que él considerara más adecuados para ocupar estos cargos y enfatizó que, de sumarse al gabinete, no aceptaría críticas a su gobierno108. Las fricciones entre González Videla y el PCCH profundizaron el cisma al interior de la cúpula comunista. Para citar un documento de la Embajada de Estados Unidos en Chile: “Las dos alas del Partido Comunista están ahora en pugna. Los más razonables del Partido son del grupo de Contreras Labarca; el otro elemento, que ahora parece tener la ventaja numérica, está insistiendo en la rígida línea partidaria y está liderado por este [desagradable extremista] Abarca y Ricardo Fonseca”109. Según la embajada, se rumoreaba que las discrepancias incluso podían llevar a un quiebre al interior del PCCH110.

En una conferencia nacional extraordinaria del PCCH, realizada entre el 11 y el 13 de octubre, los comunistas finalmente aceptaron la oferta de González Videla, sumándose al eventual gabinete y consintiendo en la participación de otras fuerzas políticas (liberales, falangistas y socialistas) en el mismo. El FBI no informó con gran detalle de esta conferencia -al parecer, el dirigente que había estado presente en el XIII Congreso y que había hecho de informante no asistió en esta ocasión- y la prensa partidaria se limitó a destacar los acuerdos alcanzados. Al parecer, en esta reunión volvieron a airearse voces críticas contra el secretario general. Según un panfleto anticomunista publicado en mayo de 1948 por la Dirección General de Investigaciones, “Abarca […] abrió personalmente el fuego en contra de Contreras, con tanto vigor que alguien llegó a proponer la expulsión. Una vigorosa y emotiva intervención de Salvador Ocampo, apoyado por los delegados mineros, evitó este desborde”111. Por su parte, la CIA apuntó en enero de 1950, basándose también en información de la Dirección General de Investigaciones: “No debe olvidarse que en el último Congreso Nacional del PCCh112, la posición de Contreras Labarca era tan débil que se creía que sería expulsado del Partido. Salvador Ocampo Pastene, un hombre de visión política, defendió a Contreras Labarca y logró que los mineros del carbón votaran a su favor”113.

González Videla fue electo Presidente de la República por el Congreso Pleno el 24 de octubre, con el apoyo de una variopinta coalición de diputados y senadores, entre los que se contaban una veintena de parlamentarios comunistas. Sin embargo, la relación entre González Videla y la dirigencia comunista siguió siendo tensa. El mismo día en que fue ratificado por el Congreso Pleno, de hecho, la Alianza Democrática organizó una celebración en plaza Bulnes que hizo público lo que hasta entonces eran discrepancias privadas. A nombre del PCCH, el ya citado César Godoy pronunció un discurso en que advertía que el pueblo acompañaría al nuevo gobernante hasta La Moneda para que cumpliera el programa de gobierno con el cual había sido electo. Sus palabras molestaron de sobremanera a González Videla, quien lo retrucó desde el proscenio y dijo que no sería pauteado por ningún partido114.

En los días posteriores tuvo lugar una serie de reuniones entre González Videla y los dirigentes de los diferentes partidos que le habían dado su apoyo en el Congreso Pleno, con vistas a afinar los últimos detalles sobre la conformación del gabinete115. Según un documento del FBI, que informa de estas reuniones y que habla de una “tensión creciente” entre González Videla y el PCCH, “los dirigentes comunistas supuestamente sospechan que González [Videla] traicionará al pueblo, dejando sin cumplir sus promesas de campaña, mientras que por el otro lado González [Videla] está aparentemente decidido a que los comunistas no dicten su política exterior ni sus designaciones políticas”116. Esta tensión continuó afectando la vida interna del PCCH. Según uno de los informantes del FBI, en las reuniones con González Videla había emergido “una diferencia de opinión” entre los principales dirigentes del PCCH: “mientras que Contreras valora la participación en el nuevo gabinete y prefiere una línea de acción y un tono más conciliador con el Partido Radical, Abarca quiere llevar a cabo la plataforma comunista sin ningún tipo de desviación ni de consideración por los deseos del Partido Radical”117.

El 30 de octubre González Videla dio a conocer los nombres de los miembros de su gabinete, entre los que figuraban dos dirigentes comunistas de segunda línea (Víctor Contreras Tapia y Miguel Concha Quezada) y el secretario general del PCCH, Carlos Contreras. Según el panfleto anticomunista publicado en 1948 por la Dirección General de Investigaciones, la dirigencia del PCCH “se opuso con obstinación inconcebible a la designación de su propio jefe, el senador Contreras Labarca, como Ministro de Vías y Obras. El ‘veto’ venía directamente del Instructor Vittorio [sic] Codovilla. Pero hubo de ceder ante la enérgica insistencia del [nuevo] Presidente [de la República]”118. Algo hay de cierto en esta afirmación. El mismo González Videla recuerda en sus memorias que él insistió en nominar a Carlos Contreras, “por tratarse del único comunista con quien me ligaba una vieja relación, desde cuando éramos compañeros de curso y estudiábamos Leyes”, e indica que le costó “enorme trabajo obtener del Comité Central del Partido Comunista se le diera el ‘pase’ respectivo”, aunque se limita a mencionar que esto se debió “a que entonces ocupaba el cargo de secretario general del partido”119. Si Victorio Codovilla tuvo o no un papel en estos sucesos, como plantea el panfleto anticomunista, es difícil de comprobar.

Es difícil también saber si el problema de sucesión al interior del PCCH fue resuelto en la Conferencia Nacional realizada entre el 11 y el 13 de octubre o en las semanas posteriores. Tengo la impresión de que, pese a su posición debilitada, Carlos Contreras mantuvo hasta el último momento la iniciativa. Aún más, me aventuraría a sostener que su destitución no era aún un hecho consumado siquiera el 30 de octubre, cuando González Videla lo nombró Ministro, pero que su nombramiento contribuyó a que los miembros de la Comisión Política se decidieran a removerlo y a que él aceptara abandonar el cargo. Tras su designación como Ministro, debió enfrentar una sutil, pero insidiosa presión por parte de sus pares. Indicios de ello se pueden encontrar en El Siglo, que elogió la elección del secretario general al tiempo que socavaba los cimientos de su posición al interior del partido. En al menos dos ocasiones, el periódico comunista, en ese entonces dirigido por Ricardo Fonseca, les recordó a sus lectores la participación de Carlos Contreras en la Conferencia de San Francisco en al menos dos ocasiones120.

La decisión de sustituir a Carlos Contreras por Ricardo Fonseca fue tomada oficialmente el 6 de noviembre, en una reunión extraordinaria del Comité Central. La decisión parece haber sido acordada unos días antes por la Comisión Política y formalizada solo entonces, con la aquiescencia de los miembros del Comité Central, pues es improbable que se hubiese convocado a una reunión de tal importancia de no existir acuerdo al interior de la Comisión Política, más aún cuando no solo estaba en juego la destitución del secretario general sino la elección de su reemplazante. El Siglo destacó la unanimidad de acción de la dirigencia comunista: “el Secretariado y la Comisión Política, por unanimidad, habían resuelto convocar a esta reunión del Comité Central para proponer, de acuerdo con los estatutos, la designación del diputado Ricardo Fonseca para el cargo de Secretario General. El Comité Central, por unanimidad, aprobó esta designación”121. Es también decidor que la reunión haya comenzado con un informe de Humberto Abarca sobre los últimos acontecimientos políticos y que haya sido Galo González quien, a nombre de la Comisión Política, haya propuesto el reemplazo de Carlos Contreras por Ricardo Fonseca. La relación de los hechos difundida por el diario comunista fue sobria, cuidándose de aclarar que la decisión se debía a “que las nuevas labores de Ministro del senador Carlos Contreras Labarca, a cuyo puesto había sido promovido por el Partido, le impedían dedicar toda la atención que requiere la Secretaría General”, y que este continuaría “formando parte de la Comisión Política”.

Si bien el hecho más notorio de la reunión del 6 de noviembre fue el reemplazo del secretario general, durante ella ocurrió también un hecho tanto o más trascendental, a saber: la conformación de un secretariado, una comisión política y un comité central hegemonizados por la facción obrerista. El Secretariado, en el que antes coexistía una diversidad de opiniones (el criticado líder intelectual Carlos Contreras, su otrora delfín Ricardo Fonseca y el dirigente obrerista Humberto Abarca), pasó ahora a estar compuesto por Ricardo Fonseca, en su calidad de secretario general, y los dirigentes obreristas Galo González, Humberto Abarca y Luis Reinoso. El Comité Central fue ampliado de treinta y uno a treinta y tres miembros, incorporándose Volodia Teitelboim y Bernardo Araya. La Comisión Política, por su parte, fue ampliada de nueve a once miembros, incorporándose el citado Bernardo Araya y Luis Valenzuela, este último miembro del Comité Central desde hacía varios años. Estos cambios, inocuos a primera vista, contribuyeron a la consolidación de la facción obrerista en las instancias superiores del PCCH. Los dirigentes promovidos a instancias superiores (Volodia Teitelboim, Bernardo Araya y Luis Valenzuela) formaban parte de dicha facción y desempeñaron papeles cruciales en los meses siguientes.

Soy de la idea de que el ascenso conjunto de Ricardo Fonseca y de los obreristas se explica por los reordenamientos ocurridos al interior del círculo dirigente a lo largo de 1945 y 1946. Ricardo Fonseca, Humberto Abarca y Galo González compartían una visión crítica de la gestión de Carlos Contreras, lo que facilitó su acercamiento en el marco del XIII Congreso. Sin embargo, no les fue fácil llegar a un entendimiento una vez terminado el congreso, en parte debido a que Ricardo Fonseca y Humberto Abarca tenían ambiciones personales. Ricardo Fonseca fue quien concitó mayores apoyos en los meses siguientes. Pero no le era fácil erigirse como una figura de consenso y dirigir el partido a su antojo, pues los obreristas seguían controlando parte importante de la orgánica partidaria. Ricardo Fonseca necesitaba de los obreristas, tanto como estos lo necesitaban a él. Humberto Abarca y Galo González habían puesto su capital político en juego en el XIII Congreso. Si bien la apuesta les había traído réditos, no les había sido posible remover a Carlos Contreras inmediatamente, y la creciente autoridad de Ricardo Fonseca al interior del PCCH amenazaba con diluir el poder que habían acumulado en los últimos años. En este contexto de incertidumbre, e impelidos por su animadversión hacia Carlos Contreras y su afinidad con los planteamientos izquierdistas de Ricardo Fonseca, los obreristas terminaron por plegarse a Ricardo Fonseca, sin por ello someterse totalmente a él.

Ricardo Fonseca y los obreristas se hicieron del poder conjuntamente y gobernaron de común acuerdo, al menos por un tiempo. El fantasma de Carlos Contreras ayudó a cimentar esta alianza. Un informe de los agentes de la CIA, basado en una conversación con una fuente confiable que tuvo lugar el 17 de abril de 1947, por ejemplo, advierte que Carlos Contreras aún contaba con seguidores al interior del partido.

“Aquellos que estaban a favor de Contreras deseaban, en ese entonces, su renuncia al cargo de Ministro de Obras Públicas y su retorno a la dirigencia activa del Partido. Sus opositores desean verlo expulsado del Partido, en cuyo caso Ricardo Fonseca se mantendría a la cabeza, bajo el control de Galo González y Humberto Abarca”122.

En una nueva conferencia nacional del PCCH, de fines de mayo de 1947, volvieron a surgir discrepancias al interior del círculo dirigente del comunismo chileno, azuzadas por la incómoda presencia del secretario general depuesto. Apoyándose en Humberto Abarca y Galo González, quien atacó a Carlos Contreras y amenazó con juzgarlo por su pasada administración, Ricardo Fonseca salió nuevamente victorioso123.

Palabras finales

Centrándose en las luchas de poder al interior del círculo dirigente del PCCH durante la posguerra temprana, este artículo he demostrado que dichas luchas no solo llevaron a la remoción de Carlos Contreras de la secretaría general sino, también, contribuyeron a la notoria izquierdización del comunismo chileno. En un corto tiempo, el PCCH pasó de ser un partido que estaba dispuesto a colaborar con el gobierno de un mandatario moderado, como lo era Juan Antonio Ríos, aun sin formar parte de su gabinete, a ser un partido que había transformado la lucha de masas en parte integral de su estrategia política y que demandaba representación ministerial en el gobierno de un mandatario que había sido electo con un programa de reformas sociales y económicas muchísimo más avanzadas.

Si bien González Videla se había ubicado siempre a la izquierda de sus predecesores en La Moneda dentro del espectro del Partido Radical, su relación con los dirigentes comunistas en esta coyuntura estuvo marcada por la tensión. Los conflictos empezaron, incluso, antes de que este asumiera la presidencia, cuando su amigo Carlos Contreras aún era secretario general. Con González Videla a cargo del gobierno y Ricardo Fonseca a cargo del PCCH, las relaciones no mejoraron. Por el contrario, tras una breve luna de miel, González Videla y el PCCH se distanciaron progresivamente. En abril de 1947 el Presidente removió de su gabinete a los tres ministros comunistas que había nombrado al comenzar su mandato. En junio, acusó a los comunistas de promover huelgas con fines políticos. En agosto, removió al resto de los funcionarios de filiación comunista de la administración pública y envío un proyecto de ley que le otorgaba facultades extraordinarias al Ejecutivo para frenar las movilizaciones sociales, que alegaba eran estimuladas por los comunistas. Finalmente, en octubre, rompió relaciones diplomáticas con la Unión Soviética y descargó toda su furia contra sus antiguos aliados, cientos de los cuales terminaron relegados en Pisagua, Melinka y otras localidades aisladas. La Guerra Fría había comenzado.

1Para evitar confusiones, a lo largo de este artículo me referiré a Galo González Díaz por su nombre y su primer apellido, mientras que en el caso de Gabriel González Videla utilizaré sus dos apellidos.

2Stephen F. Cohen, Bukharin and the Bolshevik Revolution: A Political Biography, 1888-1938, New York, Alfred A. Knopf, 1973; Alexander Rabinowitch, The Bolsheviks Come to Power: The Revolution of 1917 in Petrograd, New York, W. W. Norton & Co., 1978; Sheila Fitzpatrick, The Russian Revolution, New York, Oxford University Press, 2008.

3Sobre la política de promoción proletaria (proletarskoe vydvizhenie) y la consolidación del poder de Iósif Stalin, véase Sheila Fitzpatrick, “Stalin and the Making of a New Elite, 1928-1939”, in Slavic Review, vol. 38, N° 38, Urbana-Champaign, September 1979, pp. 377-402; Sheila Fitzpatrick, Education and Social Mobility in the Soviet Union, 1921-1934, Cambridge, United Kingdom, Cambridge University Press, 1979. Sobre la necesidad de balancear múltiples intereses en conflicto, véase Moshe Lewin, “The Social Background of Stalinism”, in Robert C. Tucker (ed.), Stalinism: Essays in Historical Interpretation, New York, W. W. Norton & Co., 1977; Ronald Grigor Suny, “Stalin and his Stalinism: Power and Authority in the Soviet Union, 193053”, in Ian Kershaw and Moshe Lewin (eds.), Stalinism and Nazism: Dictatorships in Comparison, New York, Cambridge University Press, 1997; J. Arch Getty and Oleg V. Naumov, The Road to Terror: Stalin and the SelfDestruction of the Bolsheviks, 1932-1939, New Haven, Yale University Press, 1999.

4Sergio Grez Toso, Historia del comunismo en Chile. La era de Recabarren, Santiago, LOM Ediciones, 2011, pp. 153-179, 209-257 y 321-345; Gabriel Muñoz Carrillo, Disputa por el comunismo en Chile: estalinistas y oposicionistas en el Partido de Recabarren (1924-1934), informe de seminario para optar al grado de Licenciado en Historia, Santiago, Universidad de Chile, 2014; Olga Ulianova, “Primeros contactos entre el Partido Comunista de Chile y Komintern: 1922-1927” y “El PC chileno durante la dictadura de Ibáñez, 19271931: primera clandestinidad y ‘bolchevización’ estaliniana”, en Olga Ulianova y Alfredo Riquelme (eds.), Chile en los archivos soviéticos, 1922-1991. Tomo i: Komintern y Chile, 1922-1931, Santiago, Ediciones de la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos, Centro de Investigaciones Diego Barros Arana, colección Fuentes para la Historia de la República, 2005, vol. xxiii, pp. 93-109 y 215-258; Ximena Urtubia Odekerken, Hegemonía y cultura política en el Partido Comunista de Chile. La transformación del militante tradicional (1924-1933), Santiago, Ariadna Ediciones, 2017.

5Véase, por ejemplo, “Informe sobre la ‘política de cuadros’ en el PC chileno, elaborado en Moscú por Paulino González Alberdi”, “Informe confidencial de Vittorio Codovilla sobre la situación en los PC de América Latina” y “Transcripción resumida de la entrevista del dirigente comunista chileno Andrés Escobar con el Secretario General del Komintern, Dimitrov, en Moscú”, en Olga Ulianova y Alfredo Riquelme (eds.), Chile en los archivos soviéticos, 1922-1991. Tomo 3: Komintern y Chile, 1936-1941, Santiago, Ediciones de la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos, Centro de Investigaciones Diego Barros Arana, colección Fuentes para la Historia de la República, 2017, vol. xliv, pp. 369-371, 657-686 y 731-735.

6Andrew Barnard, The Chilean Communist Party, 1922-1947, thesis presented for the degree of Doctor of Philosophy, London, University of London, 1977, pp. 321-326. Traducción propia.

7Véase, por ejemplo, Frente Democrático de Latinoamérica, Historia del Partido Comunista en Chile, Santiago, s/ed., 1948, p. 47; CIA, “Split in the Communist Party of Chile”, october 30, 1947, General CIA Records. Disponible en www.cia.gov/library/readingroom/docs/CIA-RDP82-00457R001000480005-7.pdf [fecha de consulta: 28 de marzo de 2018].

8Leslie Bethell and Ian Roxborough, “Latin America between the Second World War and the Cold War: Some Reflections on the 1945-8 Conjuncture”, in Journal of Latin American Studies, vol. 20, N° 1, London, May 1988, pp. 167-189.

9Nicolás Acevedo Arriaza, Un fantasma recorre el campo. Comunismo y politización campesina en Chile (1935-1948), Valparaíso, Editorial América en Movimiento, 2017, pp. 223-284; Viviana Bravo Vargas, “Chile no va hoy a la fábrica: protesta obrera y represión en el verano de 1946”, en Izquierdas, N° 35, Santiago, septiembre 2017, pp. 199-232; Jody Pavilack, Mining for the Nation: The Politics of Chile's Coal Communities from the Popular Front to the Cold War, University Park, Pennsylvania, The Pennsylvania State University Press, 2011, pp. 208-336; Cristián Pozo, Ocaso de la unidad obrera en Chile. Confrontacióncomunista-socialista y la división de la CTCH (1946-1947), tesis para optar al grado de Magister en Historia, Santiago, Universidad de Chile, 2013; Jorge Rojas Flores, “La lucha por la vivienda en tiempos de González Videla: Las experiencias de las poblaciones Los Nogales, Lo Zañartu y Luis Emilio Recabarren en Santiago de Chile, 1946-1947”, en Izquierdas, N° 39, Santiago, abril 2018, pp. 1-33. Sobre el término “Guerra Fría chilena” y una exposición detallada de sus primeros años, véase Carlos Huneeus, La guerra fría chilena. Gabriel González Videla y la Ley Maldita, Santiago, Debate, 2009.

10Marc Becker, The FBI in Latin America. The Ecuador Files, Durham, Duke University Press, 2017, pp. 13 y 260.

11La documentación producida por el FBI era remitida a la Embajada de Estados Unidos en Santiago, a las oficinas centrales del Departamento de Estado en Washington y a otros organismos estatales estadounidenses. En la actualidad, puede consultarse en el National Archives and Records Administration, en College Park, conocido como NARA II. Para una mejor comprensión de esta colección, véase Becker, op. cit., pp. 152.

12FBI, “Thirteenth National Congress of the Communist Party of Chile”, January 22, 1946, memorándum enviado por John Edgar Hoover a Frederick B. Lyon, 13 de febrero de 1946, en National Archives and Records Administration (en adelante, NARA II), Record Group 59, Decimal File 1945-49, Box 5356. Todos los informes del FBI y de la CIA están en inglés. Todas las traducciones son mías.

13Véase, Rolando Álvarez Vallejos, Arriba los pobres del mundo. Cultura e identidad política del Partido Comunista de Chile entre democracia y dictadura, 1965-1990, Santiago, LOM Ediciones, 2011, pp. 151-301; Viviana Bravo Vargas, ¡Con la razón y la fuerza, venceremos! La rebelión popular y la subjetividad comunista en los ‘80, Santiago, Ariadna Ediciones, 2010, pp. 55-150; Francisco Herreros, Del gobierno del pueblo a la rebelión popular, Santiago, Editorial Siglo XXI, 2003, pp. 411-433 y 538-564; Alfredo Riquelme Segovia, Rojo atardecer. El comunismo chileno entre dictadura y democracia, Santiago, Ediciones de la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos, Centro de Investigaciones Diego Barros Arana, colección Sociedad y Cultura, 2009, vol. xlix, pp. 137-146, 165-180, 199-237 y 250-262; Luis Rojas Núñez, De la rebelión popular a la sublevación imaginada. Antecedentes de la historia política y militar del Partido Comunista de Chile y del FPMR, 1973-1990, Santiago, LOM Ediciones, 2011, pp. 185-207, 307-324 y 375-391.

14FBI, “Thirteenth National Congress”, 22 de enero de 1946, memorándum enviado por John Edgar Hoover a Frederick B. Lyon, 13 de febrero de 1946, en NARA II, Record Group 59, Decimal File 194549, Box 5356. Algunos de los informes más interesantes que el FBI produjo sobre el comunismo en Chile fueron producto de la obtención de documentación confidencial del PCCH y de la Dirección General de Investigaciones. Véase, por ejemplo, FBI, “Communist Activities in Chile”, 24 de octubre de 1944, memorándum enviado por John Edgar Hoover a a Adolf A. Berle, Jr., 24 de noviembre de 1944, en NARA II, Record Group 59, Decimal File 1940-44, Box 4410; FBI, “Communist Activities in Chile”, 20 de octubre de 1944, memorándum enviado por John Edgar Hoover a a Adolf A. Berle, Jr., 27 de noviembre de 1944, en NARA II, Record Group 59, Decimal File 1940-44, Box 4410; FBI, “Partido Comunista de Chile”, 4 de octubre de 1946, memorándum enviado por Claude G. Bowers a James F. Byrnes, 17 de octubre de 1946, en NARA II, Record Group 59, Decimal File 1945-49, Box 5356; FBI, “Financial Organization of the Communist Party of Chile”, 17 de diciembre de 1946, memorándum enviado por John Edgar Hoover a Jack D. Neal, 16 de enero de 1947, en NARA II, Record Group 59, Decimal File 1945-49, Box 5356.

15Véase Marcos Chamudes, El libro blanco de mi leyenda negra, Santiago, Ediciones PEC, 1964, pp. 7 y 94-95.

16PCCH, Estatutos del Partido Comunista de Chile, Santiago, Imprenta y Litografía Antares, 1939, artículo 24.

17Op. cit., 1939, artículo 29.

18Op. cit., 1939, artículo 31.

19Sobre el limitado poder de Elias Lafertte al interior del círculo dirigente del PCCH, véase FBI, “Partido Comunista de Chile”, 18 de abril de 1945, memorándum enviado por John Edgar Hoover a Frederick B. Lyon, 8 de junio de 1945, en NARA II, Record Group 59, Decimal File 1945-49, Box 5355; FBI, “Elías Lafertte (Gaviño)”, 8 de marzo de 1946, memorándum enviado por John Edgar Hoover a Frederick B. Lyon, 24 de abril de 1946, en NARA II, Record Group 59, Decimal File 1945-49, Box 5356; CIA, “Organization of Communist Party of Chile”, 28 de marzo de 1949, General CIA Records. Disponible en www.cia.gov/library/readingroom/docs/CIA-RDP82-00457R002500330004-8.pdf [fecha de consulta: 28 de marzo de 2018].

20Sobre el famoso IX Pleno del Comité Central, véase los documentos recopilados en Ulianova y Ri- quelme (eds.), Chile en los archivos soviéticos…, tomo 3, pp. 569-694; Marcos Chamudes, Chile, una advertencia americana. Semimemorias de un periodista chileno que durante 40 años fue actor y testigo de la vida política de su país, Santiago, Ediciones PEC, 1972, pp. 102-111; Chamudes, El libro blanco…, op. cit., pp. 8-14; Carlos Contreras Labarca, ¡Adelante en la lucha por el programa del Frente Popular!, Santiago, Ediciones del Comité Central del Partido Comunista, 1940; Olga Ulianova, “Develando un mito: Emisarios de la Internacional Comunista en Chile”, en Historia, vol. 41, N° 1, Santiago, enero-junio 2008, pp. 155-164; Marta Vergara, Memorias de una mujer irreverente, Santiago, Editora Nacional Gabriela Mistral, 1974, pp. 211-215.

21Véase “Informe confidencial de Vittorio Codovilla”; FBI, “Galo González (Díaz)”, 9 de noviembre de 1945, memorándum enviado por John Edgar Hoover a Frederick B. Lyon, 3 de enero de 1946, en NARA II, Record Group 59, Decimal File 1945-49, Box 5356; CIA, “Split in the Communist Party of Chile”, 30 de octubre de 1947, General CIA Records, disponible en www.cia.gov/library/readingroom/docs/CIA-RDP82-00457R001000480005-7.pdf [fecha de consulta: 28 de marzo de 2018]; CIA, “Communist Party Orientation”, 4 de marzo de 1949, General CIA Records, disponible en www.cia.gov/library/readingroom/docs/CIA-RDP82-00457R002400410003-1.pdf [fecha de consulta: 28 de marzo de 2018]; CIA, “PCCh Study of Reasons for Failure in Elections”, 11 de abril de 1949, General CIA Records, disponible en www.cia.gov/library/readingroom/docs/CIA-RDP82-00457R002600240004-7.pdf [fecha de consulta: 28 de marzo de 2018]; CIA, “Proposed Purges within the Chilean Communist Party”, 28 de abril de 1949, General CIA Records, disponible en www.cia.gov/library/readingroom/docs/CIA-RDP82-00457R002600660009-6.pdf [fecha de consulta: 28 de marzo de 2018]; CIA, “Profession of Faith in the PCCh by Carlos Contreras Labarca”, 5 de diciembre de 1949, General CIA Records, disponible en www.cia.gov/library/readingroom/docsZCIA-RDP82-00457R002700340011-7.pdf [fecha de consulta: 28 de marzo de 2018]; CIA, “Disciplinary Action within the Communist Party of Chile”, 5 de enero de 1950, General CIA Records, disponible en www.cia.gov/library/readingroom/docs/CIA-RDP82-00457R004000160008-6.pdf [fecha de consulta: 28 de marzo de 2018]; CIA, “Chilean Investigaciones Report on the Communist Party of Chile”, 9 de enero de 1950, General CIA Records, disponible en www.cia.gov/library/readingroom/docs/CIA-RDP82-00457R004000160009-5.pdf [fecha de consulta: 28 de marzo de 2018]; “Carlos Rosales y el burlesque”, en El Comunista Chileno, año i, N° 4, Santiago, 20 de agosto de 1950, p. 3; “Los robos y negociados en sindicatos de Chuquicamata”, “Se expulsa a los honestos y se premia a los ladrones” y “Porqué fue entregado B. Araya a la policía”, en El Comunista Chileno, año i, N° 5, Santiago, 2 de octubre de 1950, pp. 2-4.

22FBI, “Galo González (Díaz)”, 9 de noviembre de 1945, memorándum enviado por John Edgar Hoover a Frederick B. Lyon, 3 de enero de 1946, en NARA II, Record Group 59, Decimal File 1945-49, Box 5356.

23FBI, “Humberto Abarca (Cabrera)”, 1 de mayo de 1944, memorándum enviado por John Edgar Hoover a Frederick B. Lyon, en NARA II, Record Group 59, Decimal File 1940-44, Box 3076.

24Véase las fuentes citadas en la nota a pie 21.

25Sobre el enfrentamiento entre Luis Reinoso y el entonces secretario general Galo González, véase Carmelo Furci, El Partido Comunista de Chile y la vía chilena al socialismo, Santiago, Ariadna Ediciones, 2008, pp. 79-91; Manuel Loyola, “‘Los destructores del Partido.’ Notas sobre el reinosismo en el Partido Comunista de Chile”, en Izquierdas, N° 2, Santiago, diciembre 2008. Luis Reinoso parece haber desempeñado un papel secundario en la coyuntura analizada en este artículo. Véase FBI, “Luis Reinoso (Álvarez)”, 8 de octubre de 1945, memorándum enviado por John Edgar Hoover a Frederick B. Lyon, 28 de noviembre de 1945, en NARA II, Record Group 59, Decimal File 1945-49, Box 5355; FBI, “Luis Reinoso (Álvarez)”, 22 de noviembre de 1946, memorándum enviado por John Edgar Hoover a Jack D. Neal, 18 de diciembre de 1946, en NARA II, Record Group 59, Decimal File 1945-49, Box 5356.

26En opinión de Olga Ulianova, figuras de la talla de Victorio Codovilla mantuvieron “la representación regional implícita ante las estructuras políticas soviéticas” tras la disolución de Komintern. Olga Ulianova, “Cuando los archivos hablaron (Evolución de la estructura organizativa, de la doctrina y línea política del Komintern a partir de sus archivos)”, en Ulianova y Riquelme (eds.), Chile en los archivos soviéticos…, Tomo 1, op. cit., p. 90. Sobre la importancia de Victorio Codovilla y Paulino González Alberdi en el PCCH, véase Ulianova, “Develando un mito…”, op. cit., pp. 108-121 y 155-164.

27FBI, “Victorio Codovilla”, 12 de junio de 1945, memorándum enviado por John Edgar Hoover a Frederick B. Lyon, 31 de julio de 1945, en NARA II, Record Group 59, Decimal File 1945-49, Box 4323.

28FBI, “Victorio Codovilla”, 5 de octubre de 1945, memorándum enviado por Hugh Millard a James F. Byrnes, 17 de octubre de 1945, en NARA II, Record Group 59, Decimal File 1945-49, Box 4323. Sobre la importancia de Codovilla en el PCCH en años previos, véase Ulianova, op. cit., pp. 113-118 y 155-164.

29FBI, “Victorio Codovilla”, 12 de junio de 1945, memorándum enviado por John Edgar Hoover a Frederick B. Lyon, 31 de julio de 1945, en NARA II, Record Group 59, Decimal File 1945-49, Box 4323.

30“Informe confidencial de Vittorio Codovilla”; Ulianova, “Develando un mito…”, op. cit., pp. 155-164.

31FBI, “Galo González (Díaz)”, 9 de noviembre de 1945, memorándum enviado por John Edgar Hoover a Frederick B. Lyon, 3 de enero de 1946, en NARA II, Record Group 59, Decimal File 1945-49, Box 5356.

32FBI, “Partido Comunista de Chile”, 18 de abril de 1945, memorándum enviado por John Edgar Hoover a Frederick B. Lyon, 8 de junio de 1945, en NARA II, Record Group 59, Decimal File 1945-49, Box 5355.

33Ibid. Sobre la relación entre Victorio Codovilla y Galo González, véase, además, Ulianova, “Develando un mito…”, op. cit., pp. 116-117, 119, 160 y 163.

34FBI, “Partido Comunista de Chile”, 18 de abril de 1945…, op. cit.

35FBI, “Carlos Contreras (Labarca)”, 30 de abril de 1945, memorándum enviado por John Edgar Hoover a Frederick B. Lyon, 29 de mayo de 1945, en NARA II, Record Group 59, Decimal File 1945-49, Box 5355.

36FBI, “Partido Comunista de Chile”, 18 de abril de 1945…, op. cit.

37Sobre esto, véase Joaquín Fernández Abara, “En lucha contra el ‘pulmón de la conspiración fascista en América Latina.’ Los comunistas chilenos ante el proceso político argentino y el Gobierno de la Revolución de Junio (1943-1946)”, en Historia, vol. 48, N° 2, Santiago julio-diciembre 2015, pp. 435-463.

38Sobre los sucesos de San Francisco y su repercusión en el PCCH, véase, además de las fuentes citadas en este apartado, Comisión de Estudios Históricos del Partido Comunista, Ricardo Fonseca. Combatiente ejemplar, Santiago, Ediciones 21 de julio, 1952, pp. 130-136; César Godoy Urrutia, Vida de un agitador, Sinaloa, Universidad Autónoma de Sinaloa, 1983, pp. 133-140; Gabriel González Videla, Memorias, Santiago, Editora Nacional Gabriela Mistral, 1975, pp. 441-447; Volodia Teitelboim, Un hombre de edad media, Santiago, Sudamericana, 1999, pp. 178-180.

39FBI, “Partido Comunista de Chile”, 22 de agosto de 1945, memorándum enviado por John Edgar Hoover a Frederick B. Lyon, 9 de octubre de 1945, en NARA II, Record Group 59, Decimal File 1945-49, Box 5355.

40“Solidaridad con el pueblo argentino e inmediata ruptura con el GOU nazi”, en El Siglo, Santiago, 20 de agosto de 1945, pp. 6-7. Sobre el efecto de este discurso en la audiencia, véase Teitelboim, op. cit., pp. 179-180.

41Como era de esperar, este giro del movimiento comunista internacional atrajo la atención de los agentes del FBI apostados en el continente. Véase, por ejemplo, FBI, “Reaction Among Latin American Communist Parties to Proposed Changes of Policies”, 10 de agosto de 1945, memorándum enviado por John Edgar Hoover a Frederick B. Lyon, 10 de agosto de 1945, en NARA II, Record Group 59, Decimal File 1945-49, Box 4323.

42Sobre esto, véase, además, María Soledad Gómez, “Factores nacionales e internacionales de la política interna del Partido Comunista de Chile (1922-1952)”, en Augusto Varas (comp.), El Partido Comunista enChile: Estudio multidisciplinario, Santiago, Cesoc-Flacso, 1988, pp. 85-93. Si bien en las páginas siguientes se analiza el papel del XIII Congreso en la alteración de la correlación de fuerzas al interior del PCCH, debe tenerse en cuenta que este fue también un congreso importante en el ámbito continental. No solo contó con una docena de delegados de partidos comunistas de la región, algunos de los cuales se enfrascaron en agrias disputas, sino que sirvió también de antecedente a varios otros congresos, como la IIIa Asamblea Nacional del Partido Socialista Popular en Cuba, el Segundo Congreso Nacional del Partido Comunista del Perú y el XI Congreso Nacional del Partido Comunista de Argentina, en los que se confirmó el giro hacia la izquierda del comunismo latinoamericano.

43Carlos Contreras Labarca, La lucha del pueblo por la reorganización de Chile, Santiago, Ediciones Nueva América, 1946. No es posible reconstruir exactamente las palabras de Carlos Contreras respecto a la convocatoria de la asamblea constituyente, pues la forma en que este planteó la propuesta fue tan criticada a lo largo del congreso que su discurso fue publicado con alteraciones sustantivas, tanto en la prensa comunista como en el folleto en cuestión, omitiéndose cualquier alusión al artículo 4 de la Constitución.

44Contreras, La lucha del pueblo…, op. cit., p. 53.

45Contreras, La lucha del pueblo…, op. cit., p. 53.

46FBI, “Thirteenth National Congress”, 22 de enero de 1946, memorándum enviado por John Edgar Hoover a Frederick B. Lyon, 13 de febrero de 1946, en NARA II, Record Group 59, Decimal File 1945-49, Box 5356.

47“El Congreso comunista concentra la atención de círculos políticos”, en El Siglo, Santiago, 10 de diciembre de 1945, pp. 1 y 4.

48Ibid.

49FBI, “Humberto Abarca (Cabrera)”, 14 de abril de 1946, memorándum enviado por John Edgar Hoover a Frederick B. Lyon, 17 de mayo de 1946, en NARA II, Record Group 59, Decimal File 1945-49, Box 5356. La transcripción del discurso de Humberto Abarca incluida en el informe del FBI citado se basa en un folleto publicado por el mismo PCCH, llamado Organizando el Partido en las Luchas de Masas, del cual, lamentablemente, no se conservan ejemplares.

50FBI, “Thirteenth National Congress”, 22 de enero de 1946, memorándum enviado por John Edgar Hoover a Frederick B. Lyon, 13 de febrero de 1946, en NARA II, Record Group 59, Decimal File 1945-49, Box 5356.

51Galo González, La lucha por la formación del Partido Comunista de Chile, Santiago, s/ed., 1958, pp. 65-66. He decidido citar esta versión del discurso de Galo González, originalmente publicada en Principios, por estar disponible en español, para la consulta del resto de la comunidad de historiadores chilenos. Ahora bien, es probable que haya sido ligeramente alterada, para no acrecentar el conflicto con el Partido Radical, pues hay algunas discrepancias entre esta versión y la versión transcrita en el informe del FBI.

52González, op. cit.

53Ibid.

54Ibid.

55Ibid.

56FBI, “Thirteenth National Congress”, 22 de enero de 1946, memorándum enviado por John Edgar Hoover a Frederick B. Lyon, 13 de febrero de 1946, en NARA II, Record Group 59, Decimal File 1945-49, Box 5356.

57Ibid.

58FBI, “Thirteenth National Congress”, 22 de enero de 1946…, op. cit.

59Ibid.

60Ibid.

61FBI, “Thirteenth National Congress”, 22 de enero de 1946, memorándum enviado por John Edgar Hoover a Frederick B. Lyon, 13 de febrero de 1946, en NARA II, Record Group 59, Decimal File 1945-49, Box 5356.

62Ibid.

63Citado en Contreras, La lucha del pueblo.., op. cit., p. 65.

64Op. cit., p. 68.

65FBI, “Partido Comunista de Chile”, 20 de diciembre de 1945, memorándum enviado por John Edgar Hoover a Frederick B. Lyon, 1 de febrero de 1946, en NARA II, Record Group 59, Decimal File 1945-49, Box 5356.

66PCCH, Estatutos…, op. cit., 1939, artículo 27.

67PCCH, Estatutos del Partido Comunista de Chile. Aprobados en el XIII Congreso Nacional celebrado en 1946, Santiago, Impresores Moneda 716, 1947, artículo 31.

68FBI, “Thirteenth National Congress”, 22 de enero de 1946, memorándum enviado por John Edgar Hoover a Frederick B. Lyon, 13 de febrero de 1946, en NARA II, Record Group 59, Decimal File 1945-49, Box 5356.

69“Con gran mitín finalizó el XIII Congreso del P. Comunista”, en El Siglo, Santiago, 16 de diciembre de 1945, segundo cuerpo, p. 1.

70Citado en Contreras, La lucha del pueblo…, op. cit., pp. 61-62. Es interesante notar que este folleto, que contiene el informe central rendido por Carlos Contreras el 8 de diciembre, incluye también una copia de las resoluciones aprobadas el 14 de diciembre, donde se critica al secretario general explícitamente.

71“Elías Lafertte y Carlos Contreras Labarca fueron reelegidos Presidente y Secretario General del Partido Comunista de Chile”, en El Siglo, Santiago, 17 de diciembre de 1945, pp. 1 y 3.

72Los informes del FBI identifican a los informantes o fuentes confidenciales con una letra (Fuente A, Fuente B, Fuente C, etc.). La asignación de letras es aleatoria y cambia de un informe al otro, por lo que no es posible rastrear a informantes específicos ni hacerse una idea del número total de informantes.

73FBI, “Ricardo Fonseca (Aguayo)”, 15 de julio de 1946, memorándum enviado por John Edgar Hoover a Frederick B. Lyon, 14 de agosto de 1946, en NARA II, Record Group 59, Decimal File 1945-49, Box 5356.

74FBI, “Thirteenth National Congress”, 22 de enero de 1946, memorándum enviado por John Edgar Hoover a Frederick B. Lyon, 13 de febrero de 1946, en NARA II, Record Group 59, Decimal File 1945-49, Box 5356.

75FBI, “Thirteenth National Congress”, 22 de enero de 1946…, op. cit.

76FBI, “Galo González (Díaz)”, 26 de julio de 1946, memorándum enviado por John Edgar Hoover a Frederick B. Lyon, 13 de septiembre de 1946, en NARA II, Record Group 59, Decimal File 1945-49, Box 5356.

77Ibid.

78“El nuevo Comité Central”, en El Siglo, Santiago, 16 de diciembre de 1945, p. 5.

79FBI, “Ricardo Fonseca (Aguayo)”, 10 de abril de 1946, memorándum enviado por Claude G. Bowers a James F. Byrnes, 17 de abril de 1946, en NARA II, Record Group 59, Decimal File 1945-49, Box 5356.

80FBI, “Ricardo Fonseca (Aguayo)”, 5 de abril de 1946, memorándum enviado por Claude G. Bowers a James F. Byrnes, 17 de abril de 1946, en NARA II, Record Group 59, Decimal File 1945-49, Box 5356.

81Ibid.

82FBI, “Galo González (Díaz)”, 26 de julio de 1946, memorándum enviado por John Edgar Hoover a Frederick B. Lyon, 13 de septiembre de 1946, en NARA II, Record Group 59, Decimal File 1945-49, Box 5356.

83FBI, “Galo González (Díaz)”, 26 de julio de 1946…, op. cit.

84Ibid.

85Ibid.

86FBI, “Humberto Abarca (Cabrera)”, 2 de agosto de 1946, memorándum enviado por John Edgar Hoover a Frederick B. Lyon, 26 de agosto de 1946, en NARA II, Record Group 59, Decimal File 1945-49, Box 5356.

87Ibid.

88Véase FBI, “Cipriano Pontigo (Urrutia)”, 9 de enero de 1947, memorándum enviado por John Edgar Hoover a Jack D. Neal, 4 de febrero de 1947, en NARA II, Record Group 59, Decimal File 1945-49, Box 5356.

89FBI, “Ricardo Fonseca (Aguayo)”, 5 de abril de 1946, memorándum enviado por Claude G. Bowers a James F. Byrnes, 17 de abril de 1946, en NARA II, Record Group 59, Decimal File 1945-49, Box 5356.

90Ibid. Este viaje permitió, además, que Fonseca se convirtiera en “la principal autoridad sobre los asuntos argentinos entre los comunistas chilenos”, para utilizar las palabras del informe. Esta expertise, que Ricardo Fonseca dejó traslucir en sus discursos y escritos, no es un dato menor, pues los sucesos argentinos eran un tópico de suma importancia en el PCCH. Fernández Abara, op. cit. Fue precisamente la inacción de Carlos Contreras ante la inclusión de Argentina en la Conferencia de San Francisco lo que más se le criticó al Secretario General durante el segundo semestre de 1945.

91FBI, “Ricardo Fonseca (Aguayo)”, 10 de abril de 1946, memorándum enviado por Claude G. Bowers a James F. Byrnes, 17 de abril de 1946, en NARA II, Record Group 59, Decimal File 1945-49, Box 5356.

92FBI, “Ricardo Fonseca (Aguayo)”, 5 de abril de 1946, memorándum enviado por Claude G. Bowers a James F. Byrnes, 17 de abril de 1946, en NARA II, Record Group 59, Decimal File 1945-49, Box 5356.

93La CIA, de hecho, siguió vinculando a Salvador Ocampo y César Godoy Urrutia a la facción de los intelectuales tras los acontecimientos analizados en este artículo. Véase CIA, “Split in the Communist Party of Chile”, 30 de octubre de 1947, General CIA Records, disponible en www.cia.gov/library/readingroom/docs/CIA-RDP82-00457R001000480005-7.pdf [fecha de consulta: 28 de marzo de 2018].

94FBI, “Salvador Ocampo (Pastene)”, 29 de julio de 1946, memorándum enviado por John Edgar Hoover a Jack D. Neal, 30 de agosto de 1946, en NARA II, Record Group 59, Decimal File 1945-49, Box 5356.

95Ibid.

96Sobre Salvador Ocampo, véase, además del documento citado en este párrafo, José Miguel Varas, Los tenaces, Santiago, LOM Ediciones, 2010, pp. 9-24.

97Se refiere a la 27a Conferencia Internacional del Trabajo, de la Organización Internacional del Trabajo.

98FBI, “Juan Vargas (Puebla)”, 30 de julio de 1946, memorándum enviado por John Edgar Hoover a Jack D. Neal, 30 de agosto de 1946, en NARA II, Record Group 59, Decimal File 1945-49, Box 5356.

99CIA, “Recent Activities of PCCh Central Committee”, 7 de septiembre de 1948, General CIA Records, disponible en www.cia.gov/library/readingroom/docs/CIA-RDP82-00457R001800770001-1.pdf [fecha de consulta: 28 de marzo de 2018]. Sobre Juan Vargas Puebla, véase, además del documento citado en este párrafo, Iván Ljubetic, Juan Vargas Puebla. Hijo de la clase obrera, Santiago, Editorial Artes Gráficas Markus, 2007.

100FBI, “César Godoy (Urrutia)”, 1 de septiembre de 1945, memorándum enviado por John Edgar Hoover a Jack D. Neal, 2 de noviembre de 1945, en NARA II, Record Group 59, Decimal File 1945-49, Box 5355. Originalmente miembro del Partido Socialista, donde había liderado una facción de “inconformistas” y formado su propia organización, el Partido Socialista de los Trabajadores (PST), César Godoy se había incorporado al PCCH recién en 1944, siendo incluido en el Comité Central y en la Comisión Política desde un comienzo. Huelga advertir que no fue el único miembro del PST que pasó a ser miembro del Comité Central del PCCH en 1944, cuando ambos partidos se fusionaron: Carlos Rosales Gutiérrez y Natalio Berman Berman tuvieron la misma fortuna. Mientras que César Godoy se vinculó a la facción de los intelectuales, a Carlos Rosales se le asocia a la de los obreristas. Otros dirigentes del PST que pasaron a desempeñar papeles destacados dentro del PCCH en estos años fueron René Frías Ojeda y Orlando Millas Correa.

101FBI, “César Godoy (Urrutia)”, 17 de mayo de 1945, memorándum enviado por John Edgar Hoover a Jack D. Neal, 28 de junio de 1945, en NARA II, Record Group 59, Decimal File 1945-49, Box 5355.

102FBI, “César Godoy (Urrutia)”, 28 de mayo de 1946, memorándum enviado por John Edgar Hoover a Jack D. Neal, 9 de julio de 1946, en NARA II, Record Group 59, Decimal File 1945-49, Box 5356.

103FBI, “César Godoy (Urrutia)”, 25 de julio de 1946, memorándum enviado por John Edgar Hoover a Jack D. Neal, 14 de agosto de 1946, en NARA II, Record Group 59, Decimal File 1945-49, Box 5356.

104Sobre César Godoy Urrutia, véase, además de los documentos citados en este párrafo, Godoy, op. cit.

105Tanto la literatura comunista como la académica tienden a señalar el 31 de octubre de 1946 como la fecha en que Carlos Contreras abandonó el cargo y Ricardo Fonseca fue instituido secretario general, siguiendo la famosa biografía de Ricardo Fonseca publicada por el partido en 1952. Comisión de Estudios Históricos del Partido Comunista, op. cit., p. 146. Sin embargo, como analizaré más adelante, esto ocurrió unos días después, el 6 de noviembre de 1946.

106“Programa de Gobierno adoptado por unanimidad en la Convención Democrático-Popular y suscrito por el candidato del pueblo, Gabriel González Videla”, en Ricardo Fonseca, Plan inmediato de gobierno del Partido Comunista, Santiago, s/ed., 1946. He decidido referenciar este documento -un suplemento de la revista comunista Principios que incluía tanto el programa de gobierno de González Videla como párrafos del informe político de Ricardo Fonseca en la Conferencia Nacional extraordinaria del PCCH realizada en octubre de 1947, analizada adelante- para destacar la importancia que adquirió el programa de gobierno para la dirigencia comunista en esta coyuntura..

107Huneeus, op. cit., pp. 89-91, 107-108.

108Para una detallada narración de estos hechos desde la perspectiva de uno de los involucrados, véase González Videla, op. cit., pp. 480-497.

109Carta de Claude G. Bowers a Dean Acheson, 14 de octubre de 1946, en NARA II, Record Group 59, Decimal File 1945-49, Box 5356. Nótese la descripción de Humberto Abarca. A diferencia del lenguaje aséptico del FBI, la embajada utilizaba un léxico más florido, que permitía comunicar impresiones y emociones personales. El papel de las emociones en la diplomacia estadounidense -y, en particular, en los orígenes de la Guerra Fría- ha comenzado a ser explorado hace unos años. Véase, por ejemplo, Frank Costigliola, Roosevelt's Lost Alliances: How Personal Politics Helped Start the Cold War, Princeton, Princeton University Press, 2012; Frank Costigliola, “‘I React Intensely to Everything’: Russia and the Frustrated Emotions of George F. Kennan, 1933-1958”, in Journal of American History, vol. 102, N° 4, Bloomington, March 2016, pp. 1075-1101.

110Véase, por ejemplo, Carta de Claude G. Bowers a James F. Byrnes, 15 de octubre de 1946, en NARA II, Record Group 59, Decimal File 1945-49, Box 5356.

111Frente Democrático de Latinoamérica, op. cit., p. 46. En las páginas iniciales del panfleto se dice que fue escrito gracias a la información provista por de “un dirigente político que tuvo destacada actuación en el Partido Comunista”, lo que parece ser cierto. Según la Embajada de Estados Unidos en Chile, que logró hacerse de una copia del texto, el autor sería Osvaldo Sagüés Olivares, Director General de Investigaciones, quien se habría basado en documentación que poseía la institución que dirigía y en la información del dirigente (o exdirigente) comunista. Carta de Claude G. Bowers a Dean Acheson, 23 de agosto de 1949, en NARA II, Record Group 59, Decimal File 1945-49, Box 5357.

112No está del todo claro si el documento está aludiendo al XIII Congreso Nacional del PCCH o a la Conferencia Nacional de octubre de 1946. Me inclino a pensar que se trata de la segunda alternativa, pues la información de la CIA coincide con la del panfleto anticomunista citado atrás, y el informe del FBI sobre el XIII Congreso no dice nada sobre una defensa de Carlos Contreras por parte de Salvador Ocampo.

113CIA, “Chilean Investigaciones Report on the Communist Party of Chile”, January 9, 1950, General CIA Records, disponible en www.cia.gov/library/readingroom/docs/CIA-RDP82-00457R004000160009-5.pdf [fecha de consulta: 28 de marzo de 2018]. Como expliqué antes, Salvador Ocampo era muy estimado entre los dirigentes sindicales comunistas por su papel en la Confederación de Trabajadores de Chile, y es probable que los delegados de Lota y Coronel hayan sido un factor a considerar en cualquier decisión importante del PCCH en aquellos años, dado que dichas ciudades mineras eran los principales bastiones comunistas del sur del país. Sobre esto último, véase Pavilack, op. cit, pp. 144-145, 248-249 y 255-256.

114Véase FBI, “César Godoy (Urrutia)”, 19 de diciembre de 1946, memorándum enviado por John Edgar Hoover a Jack D. Neal, 16 de enero de 1947, en NARA II, Record Group 59, Decimal File 1945-49, Box 5356; Godoy Urrutia, op. cit., pp. 226-227; Elías Lafertte, Vida de un comunista (páginas autobiográficas), Santiago, s/ed., 1961, pp. 334-335.

115Según el FBI y El Siglo, que informaron de algunas de estas reuniones, los comunistas se hicieron representar por Carlos Contreras, Ricardo Fonseca y Humberto Abarca, los miembros titulares del Secretariado. Pero Godoy Urrutia recuerda en sus memorias una conversación particularmente acalorada donde participó un mayor número de dirigentes comunistas. Godoy, op. cit., pp. 227-228.

116Memorándum enviado por John Edgar Hoover a Jack D. Neal, 1 de noviembre de 1946, en NARA II, Record Group 59, Decimal File 1945-49, Box 5356.

117FBI, “Humberto Abarca (Cabrera)”, 15 de noviembre de 1946, memorándum enviado por John Edgar Hoover a Jack D. Neal, 8 de enero de 1947, en NARA II, Record Group 59, Decimal File 1945-49, Box 5356.

118Frente Democrático de Latinoamérica, op. cit., p. 46.

119González Videla, op. cit., pp. 505-506.

120“Estos son los ministros designados por el Presidente G. González Videla”, en El Siglo, Santiago, 1 de noviembre de 1946, p. 1; “Los Ministros hablan para El Siglo”, en El Siglo, Santiago, 3 de noviembre de 1946, pp. 50-51.

121“Ricardo Fonseca fue elegido Secretario General del P.C.”, en El Siglo, Santiago, 7 de noviembre de 1946, p. 1.

122CIA, “Communist Activities in Chile”, 19 de mayo de 1947, General CIA Records, disponible en www.cia.gov/library/readingroom/docs/CIA-RDP82-00457R000600050008-6.pdf [fecha de consulta: 28 de marzo de 2018].

123CIA, “Communist Party National Congress, Santiago, Chile”, 10 de julio de 1947, General CIA Records, disponible en www.cia.gov/library/readingroom/docs/CIA-RDP82-00457R000700290003-4.pdf [fecha de consulta: 28 de marzo de 2018].

Recibido: Julio de 2017; Aprobado: Diciembre de 2017

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