SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
vol.51 número1“El tribunal está abierto para críticas y para autocríticas”. Luchas de poder y radicalización del Partido Comunista de Chile, 1945-1946La vivienda popular en Chile urbano (1880-1930). Un estado de la cuestión interdisciplinario índice de autoresíndice de materiabúsqueda de artículos
Home Pagelista alfabética de revistas  

Servicios Personalizados

Revista

Articulo

Indicadores

Links relacionados

  • En proceso de indezaciónCitado por Google
  • No hay articulos similaresSimilares en SciELO
  • En proceso de indezaciónSimilares en Google

Compartir


Historia (Santiago)

versión On-line ISSN 0717-7194

Historia (Santiago) vol.51 no.1 Santiago jun. 2018

http://dx.doi.org/10.4067/s0717-71942018000100203 

Ensayos Bibliográficos

Disputa de memorias y la historiografía sobre el golpe de 1964 en Brasil

Débora El-Jaick Andrade* 

*Doctora en Historia Social, Universidade Federal Fluminense. Profesora de Teoría de la Historia del Departamento de Historia, Universidade Federal Fluminense (Rio de Janeiro). Correo electrónico: debandrade. andrade54@gmail.com

Eric Hobsbawm observó una vez que el periodo final del siglo xx se ha caracterizado por la destrucción de los mecanismos que vinculan la experiencia personal de los contemporáneos con la de generaciones pasadas a través de una especie de presente continuo, una ruptura que Walter Benjamin ha identificado como el declive de la experiencia (Erfahrung) en la modernidad. En este escenario, el historiador, cuyo oficio es recordarnos lo que se olvidan otros, adquiere mayor importancia; su oficio supera la mera crónica, el memorialismo o la compilación, porque tiene la necesidad apremiante de comprender las experiencias históricas que formaron las convicciones apasionadas del siglo, las cuales comparte con sus contemporáneos1. En este sentido, el autor constata que los historiadores son importantes actores políticos, cuyos estudios pueden transformarse en “fábricas de bombas”, dado que son productores de materias primas convertidas en propaganda y mitología2, razón por la cual crece su responsabilidad de criticar el abuso político-ideológico de la historia3.

Esta reflexión es digna de mención y llama la atención de que es necesario tener en cuenta que la historiografía –o mejor dicho, la tradición de la escritura de la historia por los historiadores y sus obras– es permeable a la influencia del presente, en especial a las pasiones políticas. Las obras, conceptos y metodologías revelan variaciones que solo pueden ser explicadas si son comprendidas en su historicidad, si son observadas las condiciones de su producción, las actitudes y opiniones de los historiadores, condicionadas sociohistóricamente. Según asegura Adam Schaff, la variabilidad de las interpretaciones se debe al hecho de que los criterios de evaluación de los acontecimientos pasados se alteran con el tiempo, la percepción y selección de hechos cambian y son reevaluados por la crítica especializada, mientras surgen nuevos efectos de los acontecimientos originados en el pasado. Constata que un sentimiento general de satisfacción con el presente favorece el consenso social en cuanto a la imagen tradicional del pasado, mientras en periodos de crisis y de oposición, cuando la estabilidad se ve debilitada, las personas descontentas con el presente se sienten inclinadas hacia el descontento con el pasado; la historia se subsume, entonces, a una reinterpretación bajo la perspectiva de los problemas y de las dificultades de la actualidad4. En otras palabras, las versiones sobre el pasado son inequívocamente trazadas y condicionadas por las luchas, embates y debates del presente y del pasado que implican a la sociedad como un todo.

La historiografía ha sido “contaminada” y movilizada, también, por desplazamientos de memoria colectiva, por cambios de regímenes, por la presión mediática y de opinión pública, o por el impacto de los movimientos sociales5. En especial, en ciertas ocasiones, los eventos conmemorativos o recordativos, como el bicentenario de la Revolución francesa, el centenario de la abolición de la esclavitud en Brasil, o el Día D, se transmutan en referencias de masacres, conquistas y conflictos, imágenes del pasado que pueden estimular la rememoración de los vencidos y silenciados de la Historia, de la manera que Walter Benjamin lo concibe6. El evento es, así, fragmento, vestigio y combustible de luchas y resistencia de los oprimidos de la actualidad. Dotado de contenido inédito, relacionado con traumas contemporáneos o a nuevos comienzos, se delimita en el tiempo, sometido a la cronología natural, a la secuencia temporal del “antes” y “después”7; y, en ese caso, se ajusta mejor a la narrativa de los recuerdos biográficos, en una época donde el testimonio parece adquirir enorme impacto.

François Dosse destaca que el evento se convierte en creador de actores y herederos que hablan en su nombre, interesados en hacer la difusión de ideas o innovaciones introducidas por la discontinuidad provocada por él8. Por lo tanto, es posible decir que acontecimientos acreditados como históricos engendran discursos legitimadores de la memoria de grupos, representaciones del pasado, que rivalizan, hasta cierto punto, con la historiografía. La memoria colectiva, ella misma, se ha vuelto objeto de investigación historiográfica en los últimos cuarenta años, un estudio que ha sido enriquecido por la comprobación de que ella abarca el comportamiento narrativo, la comunicación y la socialización; una iniciativa no solo de historiadores, museólogos y profesores sino, también, de otras instancias, como los medios y la política9. Esto condujo a la historiografía a comprobar que los Estados fueron los protagonistas en su trabajo de producción y falsificación de la memoria, sirviendo para justificar una pauta conservadora. Por eso, aunque quede desacreditada la versión de que el ministro republicano Rui Barbosa habría ordenado la destrucción de todos los archivos relativos a la posesión de esclavos en las reparticiones del Ministerio de Hacienda para eliminar la “mancha de la esclavitud” –conforme reza una tradición historiográfica brasileña10– ella posee plausibilidad, puesto que la supresión y manipulación de la memoria han sido recurrentes en la historia política, en cambios de régimen, tras revoluciones, en procesos de restauración y consolidación de poder. De forma ostensible, la exposición permanente “Túnel del tiempo” del Senado Federal de Brasil fue inaugurada en mayo de 2011 y retrata la historia institucional sin mencionar ni la deposición de João Goulart ni tampoco el impeachment del presidente Fernando Collor de Mello –después elegido senador por el PTB– aprobado por el Senado en 199211.

Amenazado por instancias formadoras de opinión, sobrepujado por juristas y legisladores que se proclaman autoridad tras reconocer crímenes contra la humanidad12, atormentado por la perspectiva de desaparición del pasado y de sus referencias, el historiador asumiría su responsabilidad como defensor de identidades, dedicándose al recuerdo y haciendo de la memoria el deber de recordar cuando la necesidad es olvidar13.

Tal vez tan útil como constatar la relación entre memoria e historia y que la historiografía se beneficia del material memorial, es señalar la confusión entre Clío y Mnemósine. A este respecto, Michael Bentley critica la asociación del ofício historiográfico como una forma de recuerdo; para él, la Historia es precisamente la no-memoria, pues reside bajo mecanismos de control que desmienten la memoria14. Pierre Laborie observa que la Memoria es militante, expresa certezas y es depositaria de una verdad que puede adquirir un carácter sagrado e irrefutable, dándole poco espacio a la reflexión crítica, mientras la Historia le da inteligibilidad y formula explicaciones; repletos de anacronismos y teleología, aquellos relatos sobre el pasado no serían del ámbito de la Historia15. Por su parte, Paolo Rossi contrapone la Historia –en tanto interpretación y alejamiento crítico del pasado– a la Memoria –que implica siempre la participación emotiva en relación a él, y que suele ser siempre vaga, fragmentaria, incompleta, siempre tendenciosa en alguna medida16.

En este sentido, Eric Hobsbawm advierte que cabe al historiador recusar mitos y anacronismos que pueden hacer de su interpretación algo peligroso17. El malentendido también es constatado por Paul Ricoeur, mientras señala que, al introducir comparaciones que tienden a relativizar la unicidad y el carácter incomparable de memorias dolorosas, el historiador toca en memorias heridas18.

De su lado, la escritora Beatriz Sarlo señala de modo correcto en el comienzo de su libro:

“El pasado es conflictivo. A él se refieren en la competencia, la memoria y la historia, porque no siempre la historia puede creer en la memoria, y la memoria es sospechosa de una reconstrucción que no ponga en su centro los derechos de la memoria (derechos de la vida, la justicia, subjetividad). Pensando que podría ser una fácil comprensión entre estas perspectivas sobre el pasado, es un deseo o un lugar-común”19.

Por lo tanto, la tensión inherente se encuentra dentro de la relación entre la Memoria y la Historia. Este es el caso relacionado con el aniversario de un episodio singular de la reciente historia del Brasil, cuando se cumplían cincuenta años del golpe de Estado de 1964, causando una ruptura institucional que se desdobló en una dictadura de veintiún años y dejando una marca indeleble sobre la sociedad brasileña. El evento pasó prácticamente desapercibido fuera de los círculos universitarios, los medios lo noticiaron de manera insuficiente, sin hacer alarde, a pesar de que los editores han aprovechado para lanzar libros y colecciones. Hubo, por supuesto, eventos, debates, muestras, entrevistas, archivos y series de periódicos y revistas, así como reportajes de televisión, pero la mayoría de la gente parecía indiferente a la importancia de la fecha. Mientras tanto, las tentativas de conmemoración de los militares en servicio activo fueron prohibidas por la Presidencia de la República20 y eventuales homenajes han recibido protestas de estudiantes y activistas de izquierda, algo que ya ocurría en los anteriores aniversarios del golpe celebrados por el Clube Militar21.

Tras la Amnistía y la redemocratización, a partir de 1979, donde liderazgos que antes hicieron la “lucha subversiva” eran reintegrados al sistema político, la memoria dominante pasó a rechazar la dictadura. Hasta los partícipes civiles del golpe parecían “regenerados” y convencidos del legado negativo del régimen militar, excepto los pequeños grupos radicales de derecha de las Fuerzas Armadas. La Amnistía ha contribuido a la construcción de una memoria oficial conciliadora –bajo el dictado de que habían “excesos de ambos lados”– en un momento importante de superación de este periodo de heridas expuestas y de intensa movilización de los movimientos sociales, para que los dirigentes de la Nueva República –una gran parte de ellos con alguna participación en los gobiernos militares– en nombre de la nación, se dedicasen a construir el futuro, una nueva Constitución, contener la inflación, resolver los problemas sociales y pagar la deuda externa multiplicada por los presidentes militares y sus aliados vinculados al capital.

Los grupos de izquierda que participaron de la lucha por la democracia buscan consolidar una memoria social distinta, sublimada por la Amnistía a los torturadores y dictadores tras 1979. Los así designados “emprendedores de memoria” –organizaciones de expresos políticos, de torturados y de familiares de los desaparecidos de la Guerrilla de Araguaia, el grupo “Tortura nunca más”22– buscaron requerir indemnizaciones y reconocimiento de los asesinatos a través de la justicia, y fueron protagonistas de gran parte de las políticas de memoria y reparación23. Como explica el historiador Paolo Rossi, la “política de memoria” –contra la “política del olvido”– es un acto político que tiene repercusión y consecuencias presentes, y conduce a la exigencia de reparación y retractación. De esta manera, para la construcción de una memoria oficial, competía callar voces que podrían provocar la desunión o la imputación de responsabilidades.

Sin embargo, el cambio de correlación de fuerzas promueve la relectura y reinterpretación de episodios anteriores a través de una mirada contemporánea; la opinión indica relaciones cambiantes de sentimientos colectivos frente a interrogantes de acontecimientos presentes en su búsqueda de legitimación24. Las opiniones evaluadas por encuestas pueden ser transitorias y binarias, sin embargo, dan visibilidad y legitimidad a un discurso de memoria entre muchos, transmitido por los medios de comunicación25. Un indicador del “estado de espíritu” fue la encuesta de Datafolha publicada en el periódico Folha de São Paulo el día 30 de marzo de 2014, señalando que 62% consideraba el régimen democrático “siempre mejor que cualquier otra forma de gobierno”, mientras 16% afirmaba que “me da lo mismo si es una democracia o una dictadura” y 14% creía que “en ciertas circunstancias es mejor una dictadura”26. Constatando que, si 30% de los consultados eran indiferentes a la democracia, en la evaluación del articulista de Folha de São Paulo el contingente de los que la aprobaban nunca fue tan elevado desde 199027. Dos años más tarde, durante el impeachment de la Presidenta de la República Dilma Rousseff –ella misma militante de la Vanguarda Armada Revolucionária Palmares, encarcelada y torturada– una encuesta indicaba que el número de escépticos o indiferentes se había doblado28.

La encuesta fue realizada en la misma semana en que dos marchas que ocurrían el día 22 de marzo de 2014, en distintos puntos del centro de São Paulo, se contraponían: la reedición de la Marcha da Família com Deus pela Liberdade (Marcha de la Familia con Dios por la Libertad), abiertamente anticomunista y declaradamente apolítica29 y, por otro lado, la Marcha Antifascista integrada por el PCO (Partido Comunista Obrero), el PCdoB (Partido Comunista de Brasil) y la UJS (Unión de la Juventud Socialista), ambas convocadas por las redes sociales y que contaron con cerca de mil participantes cada una. La marcha anticomunista de 2014 repitió, falsamente, que otra marcha anterior del mismo movimiento había sido trágica –como alude Karl Marx en el 18 Brumario de Luis Bonaparte, en una revisión de Georg Hegel– refiriéndose a otra del mismo nombre que precedió el 19 de marzo de 1964, que reunió a entre trescientas y quinientas mil personas, y que se concentró en la plaza de la Sé en São Paulo, organizada por los grupos ultraconservadores de la sociedad, con apoyo de una parte de la Iglesia y de la comunidad de negocios, y donde su principal agenda política se orientaba a pedir la destitución del Presidente de la República João Goulart (1961-1964)30.

El mismo contingente de opositores compareció a las marchas “antipetistas” (contrarios al Partido de los Trabajadores) el día 15 de febrero de 2015, mostrando carteles que pedían intervención militar y el impeachment de la Presidenta, esta vez dispersos en una multitud mucho más voluminosa –un total de dos millones de personas; aunque esta cifra corresponde a menos del 1% de la población total del país– en varias ciudades brasileñas. Si en febrero ellos no representaban la mayoría –porque se mezclaban con la multitud que protestaba contra la corrupción– el episodio revela que la adhesión del pueblo a los principios básicos democráticos, en especial de la clase media, es circunstancial y susceptible de manipulación a través de una campaña anticomunista y moralista transmitida por los medios, partidos de oposición de derecha al PT [Partido de los Trabajadores] y organizada por ciertos grupos en las redes sociales. Liderazgos de estos movimientos, además de activistas y políticos de derecha, como Jair Bolsonaro, justificaban la dictadura; e, incluso, columnistas como Merval Pereira y Ricardo Noblat, empleados de organizaciones Globo –el mayor conglomerado de medios de comunicación en Brasil y América Latina– incitaron al ejército para que actuara31. Lo mismo hicieron periodistas y empresas de medios de comunicación en marzo de 1964, insuflando la opinión pública contra “Jango” (João Goulart), su gobierno y contra las personas asociadas con la izquierda (tanto la reformista como la revolucionaria).

Los formadores de opinión siguieron minimizando el significado y el impacto negativo de la dictadura sobre el conjunto de la sociedad en el periodo democrático. Fue lo que hizo la Folha de São Paulo, una empresa que puso vehículos a disposición de la represión en la década de 1970, y cuyo redactor, Otávio Frias Filho32, en una editorial de 17 de febrero de 2009, se refería al periodo en cuestión como una “Ditabranda” (dictadura blanda), a diferencia de otros regímenes dictatoriales sangrientos del cono Sur. No solo se demuestra el riesgo que Paul Ricoeur denominó alguna vez como “abuso del olvido” sino, también, como advierte Pierre Laborie, los medios, para darle visibilidad y credibilidad a determinada versión de memoria social, hacen de la verdad sobre el pasado una cuestión de opinión, otorgando a esa memoria un estatuto de verdad, objetando la historiografía y suscitando cuestionamientos contra el papel de la Historia33.

En este contexto, ocurre un resurgimiento de las movilizaciones a la derecha, que hacía mucho no se veían. La crisis económica, junto con el ascenso político de muchos exguerrilleros y militantes que ayudaron a fundar y formar el Partido de los Trabajadores, tienen una parte de responsabilidad en este resurgimiento. Se les acusa de revanchistas y de romper el contrato firmado a través de la Ley de Amnistía. La memoria “asfixiada” de los militares resurge en un nuevo contexto, a la luz de los acontecimientos de la última década donde –por lo menos en su discurso– las minorías se vieron “empoderadas” –además de las mayorías excluidas y grupos étnicos–, se concedieron derechos laborales a los trabajadores que no disfrutaban de todos los beneficios sociales, y se otorgaron becas y cuotas como paliativo para la pobreza extrema, recibiendo el apoyo de actores sociales importantes como la CUT (Central Única dos Trabalhadores), la UNE (União Nacional do Estudantes) y el MST (Movimento dos Trabalhadores Rurais Sem Terra). Este conjunto de medidas ha producido un “nuevo-viejo” descontento emergente de la memoria de grupos sociales adinerados y resentidos con estos parcos avances de las clases populares.

De hecho, toda la política compensatoria y de reparación, como la que creó la Comissão Nacional da Verdade (Comisión Nacional de la Verdad) y las Caravanas de la amnistía34, ha sido cuestionada por la derecha y ha generado reacciones inmediatas de los oficiales retirados, probablemente alarmados por las acciones penales aceptas por el Ministerio Público Federal desde 201135 o, incluso, temiendo un cambio de opinión pública en beneficio de la revocación de la Ley de Amnistía, propuesta que llegó a 46% de adhesión tras una encuesta del Datafolha en 201436. Este mismo año, un grupo de oficiales de la reserva se declaraba contrario a la disculpa del ministro de Defensa, el civil Celso Amorim, argumentando que los militares salvaron al país37.

Resquicios de inconformismo en los círculos militares pueden ser atribuidos al hecho de que fueron ellos los únicos responsabilizados por el estado de excepción, mientras sus artífices civiles siguieron “blindados”. La represión o el resentimiento hacen parte de la retórica de estos grupos o partidos bajo el régimen democrático, que según Pierre Ansart es el más propicio para “romper sentimientos de impotencia” de los electores, traer a la luz rencores, movilizados por distintos partidos que tienen la libertad de –en función de la disputa política– acusar a otros, organizar marchas en favor de ideas autoritarias, expresando opiniones en contra de los derechos humanos o justificando su comportamiento pasado o presente a partir de una amenaza real o imaginaria38.

La institución de la Comisión de la Verdad en 2011 y 2012 ha desagradado a los sectores militares que temían la reapertura de los casos de desaparición y tortura. La memoria social sobre el periodo pos 1964 también se actualiza y una fuerte resistencia contra la investigación de las responsabilidades por las prácticas de represión del periodo se perfila. Por otra parte, los trabajos de dicha Comisión se vieron obstaculizados al máximo en las bases de las Fuerzas Armadas donde estaba guardada la documentación. A pesar de sus tímidos resultados, la Comisión puso en evidencia la violencia de los agentes del Estado, e hizo que los recuerdos y traumas de las víctimas fueran analizados a través de procesos testimoniales. Tenía como objetivo “dar voz a las víctimas” y garantizarles el derecho a la verdad sobre lo que pasó con los cuerpos de los desaparecidos para devolverlos a sus familiares, llevando a la superficie la “historia silenciada” de este periodo con el objetivo de “reducir conflictos y promover la reconciliación y la paz”39. En febrero de 2014, la Comisión Nacional de la Verdad pidió a las Fuerzas Armadas que creasen comisiones de investigación para investigar los abusos y torturas en sus bases; y ya en junio de ese mismo año publicaron informes que concluyeron que no hubo desviaciones, ninguna mención de muertes de civiles en sus instalaciones.

Los embates de memoria también contaminan la historiografía, es decir, las producciones académicas sobre temas históricos. Esto ocurre porque la Memoria puede ser objeto y materia prima de la Historia, pero ella, además, garantiza la cohesión social, mientras cierra contradicciones con las cuales se convive sin mayores restricciones, y que hacen parte de su proceso de producción e institución en la sociedad. Ella produce héroes, mártires, culpables, traidores y forma, hasta cierto punto, nuestra manera de interpretar la realidad. La Memoria es asertiva, mientras los historiadores, en nombre de la ciencia, se abstienen de tejer juicios. Sin embargo, es difícil refutar que los historiadores son afectados por los testimonios y por los acontecimientos, cada uno de una forma distinta, de acuerdo con su inserción y posición frente a las luchas de su tiempo, y que la dimensión política es indisociable de la producción de conocimiento sobre el pasado, sobre todo el pasado reciente40. Para Marina Franco y Florencia Levin, la cuestión es cómo el historiador se sitúa frente a ella para construir una distancia necesaria de su objeto y la posibilidad de construcción de una historiografía crítica41.

Desafortunadamente la historiografía ha producido nuevos mitos y “verdades” de manera acrítica, en vez de desconstruirlos; de ahí el peligro de una producción reciente motivada por las fechas históricas y aniversarios, como en 2014, cuando se cumplieron cincuenta años desde que un golpe de Estado expulsó al presidente João Goulart, cuando surgieron versiones que disputaban la periodización del régimen dictatorial y negaban la contribución de los movimientos de oposición a la dictadura. Así fue el caso del libro Ditadura à Brasileira (Dictadura a lo Brasilera) de Marco Antonio Villa, marcado por una inconfundible lectura a la derecha42. Él es también autor de la biografía Jango: un perfil (1945-1964), publicada en 2004, que pone de relieve la fragilidad del Presidente depuesto como el principal factor explicativo43.

Comentarista de la Globonews y del Jornal da TV Cultura de São Paulo, y articulista de la revista Veja, notorio antipetista, Marco Antonio Villa asume que el periodo dictatorial se extiende desde 1968 –con el AI-5– hasta 1979, porque con toda la movida político-cultural, los primeros años no habrían sido considerados como represivos; excepto por las detenciones y torturas en un primer momento, en particular contra los militantes del PCB (Partido Comunista Brasilero) y contra los parlamentarios progresistas, el derrocamiento de la legalidad y del orden institucional, que no menciona. En el periodo de 1979 a 1985, tras la aprobación de la Ley de Amnistía y de las elecciones para los gobiernos estatales, se consideraba que en 1982 la normalidad sería retomada. Su análisis ignora las evidencias de tortura, de la vigilancia de los órganos de información, del aparato estatal utilizado en beneficio propio por civiles y militares ligados a la dictadura y de los atentados de la ultraderecha militar en este periodo44. Este autor rechaza, entonces, la duración aceptada comúnmente para la dictadura de veintiún años y refuta la versión de que la lucha armada derrocó la dictadura –incluso porque la primera tenía poquísimo apoyo popular. Además, defiende que la opción por la lucha armada sería muy anterior aun al año de 1964: una tradición de los comunistas que querían derrocar a Getúlio Vargas, pasando por las Ligas Camponesas (Ligas Campesinas) y por la “opción golpista” de Jango.

Marco Antonio Villa señala que la radicalización se apoderó del país en 1964, con la izquierda y derecha armadas, y la democracia rechazada por ambos lados: “La derecha no lograba convivir con una democracia de masas en un momento de nuestra historia hecho de profundas transformaciones económicas y sociales”, mientras:

“La izquierda comunista tampoco se quedaba atrás. Ella también siempre estuvo cercana a los cuarteles, como en 1935, cuando intentó derrocar a Vargas a través de una quartelada [golpe militar]. Después de 1945, buscó incesantemente el apoyo de los militares, apodándoles a algunos como ‘generales y almirantes del pueblo’. Decirles ‘del pueblo’ significaba estar de acuerdo con la política del Partido Comunista Brasileño y listos para atender el llamado del partido en una eventual aventura golpista”45.

Generalizando el posicionamiento de la izquierda, Marco Antonio Villa defiende que en la ocasión del golpe y aun antes del año 1964, la opción por la lucha ya estaba bien clara para una parte de la izquierda, como en el PCdoB –disidencia del PCB– que se supone en 1964 había enviado al primer grupo de guerrilleros para un entrenamiento en la Academia Militar de Pekín. Las Ligas Campesinas y el MRT (Movimiento Revolucionario Tiradentes) serían el brazo armado de los comunistas desde 196246. El autor afirma que para la “izquierda golpista/revolucionaria” defender la democracia sería “estar de acuerdo con el despreciable liberalismo burgués”, y para la derecha sería como compartir ideas “con el odiado populismo varguista”47. Ambos lados consistirían en amenazas a la democracia.

Hasta João Goulart ha sido objeto de críticas por parte de Marco Antonio Villa, afirmando que habría aceptado el Parlamentarismo en 1961 “por oportunismo” y señalando que tenía apoyo de los cuarteles para asegurarse su permanencia en la presidencia, ya que la reelección estaba prohibida por la Constitución. Sin embargo, el autor no enfatiza que fue impedido de tomar posesión de inmediato por una junta militar y por el Congreso, que constituyó el sistema parlamentario a través de un acto adicional sin consultarle al pueblo. Por otro lado, ahorra sus críticas al referirse a la participación parlamentaria en la maniobra, incluso la de Tancredo Neves –por el Partido Social Demócrata (PSD), un partido de centro-derecha– que estaba negociando con el Vicepresidente en Montevideo y fue Primer Ministro en el sistema parlamentario, y más tarde sería candidato presidencial en las elecciones indirectas de 1985.

En su análisis, las intervenciones militares formarían parte de una tradición brasileña en momentos de “punto muerto” político, donde el golpe del 1 de abril habría sido un capítulo más de la Historia48. Se deduce que Jango estaría orquestando un golpe para garantizar su reelección, como se hizo en el Estado Novo (Estado Nuevo) de 1937, donde la campaña por las reformas de base cumplirían el papel de desviar la atención de la grave crisis económica49. Considera que, para ayudarlo en la “aventura golpista”, se habrían plegado a Jango el Partido Comunista de Luis Carlos Prestes, las Ligas Campesinas de Francisco Julião, los “brizolistas” y el “Grupo dos onze” (Grupo de los once), siendo de hecho, organizaciones muy distintas entre sí, con diferentes ideas de cómo llegar al poder.

Marco Antonio Villa todavía niega la asociación del régimen dictatorial brasileño con las dictaduras del cono Sur y no considera todo el conjunto de evidencias ya estudiado por la producción historiográfica reciente en archivos extranjeros y de Brasil que muestran la colaboración entre los aparatos represivos e, incluso, entre los cuerpos diplomáticos de los países involucrados. Para él, estas interpretaciones se las construyeron para el uso político y se encontrarían lejos de la Historia50.

En ese mismo sentido, no reconoce que su propia revisión tiene consecuencias políticas e ideológicas, y acepta el discurso de la derecha y de los medios –que tenían sus intereses frustrados por la política de Jango de acercamiento a la Central General de los Trabajadores (CGT)– como un “termómetro” fiable para medir el ánimo social:

“Para que un periódico liberal como el Correio da Manhã [Correo de la Mañana], que había defendido la toma de posesión de João Goulart, en 1961, bajo un clima de pre-guerra civil, convocara tres años después a la renuncia del presidente de la República o su substitución, era porque el país había llegado a un momento de impasse político”51.

Es decir, se abstiene hasta de realizar una crítica de las fuentes, algo básico en la tarea del historiador. No muestra la opción para la estrategia de la lucha armada –los focusistas y maoístas, etc.– en relación con el éxito de Cuba y los ejemplos de Angola y China, y su adopción como un elemento de división frente a la política reformista de la alianza con la burguesía del Partido Comunista de Brasil. El PCB, en efecto, se opuso a la lucha armada a diferencia de las vanguardias revolucionarias, lo que contribuyó a la derrota de la resistencia al golpe de 1964.

Al criticar a los que se unieron a la lucha armada se utiliza el término ‘terrorismo’, en referencia al movimiento, que corresponde al utilizado por los defensores del régimen52. Pone una mirada teleológica y confiesa un juicio sectario, donde sustrae a cualquier participación de la lucha armada en la resistencia contra la dictadura, descalificando el discurso de los sobrevivientes y de los protagonistas de los movimientos, y también la memoria reivindicada por ellos:

“El terrorismo de estos pequeños grupos le dio munición (sin intención de juego de palabras) al terrorismo de Estado, y fue utilizado por la extrema derecha como pretexto para justificar lo injustificable: la barbarie represiva. La lucha por la democracia ha sido realizada políticamente por los movimientos populares, en defensa de la amnistía, en el movimiento estudiantil y en los sindicatos. Había importantes aliados tanto en amplios sectores de la Iglesia Católica como entre los intelectuales, que protestaban contra la censura. Y el MDB [Movimiento Democrático Brasileño] ¿qué hizo? ¿Y sus militantes y parlamentarios, que fueron perseguidos? ¿Y los destituidos?

Los militantes de los grupos de lucha armada construyeron un discurso eficaz. Ellos ven, incluso, a quien cuestiona ese discurso como alguien adepto a la dictadura. Por lo tanto, se sienten protegidos de cualquier crítica y evitan lo que tanto tienen miedo: el debate, la divergencia, la pluralidad y, finalmente, la democracia. Es más: ellos transforman la discusión política en una cuestión personal, como si la discordancia fuera una especie de descalificación de los sufrimientos de la cárcel. Y no hay relación directa entre ambas cosas: criticar a la lucha armada no justifica el terrorismo de Estado. Este libro rechaza las versiones engañosas”53.

Aquí se está más cerca del historiador-juez que del intérprete. Asigna a los militantes de la lucha armada la posición intransigente de negarse a debatir, mientras que los culpabiliza de la fuerte reacción del régimen a través de terrorismo de Estado; que, por cierto, ya ha ocurrido en el momento del golpe y antes del Acto Institucional 5, como se muestra por la disolución del 30° Congreso de la Asociación de Estudiantes (UNE) en Ibiúna (São Paulo) en 1968.

Por otra parte, en la interpretación de Marco Antonio Villa no hay ni rastro del carácter clasista del golpe de 1964. Su libro es un caso extremo, que revela la fuerza de la teoría de los “dos demonios” y evalúa que tanto el golpe militar como el anticomunismo son nada más que una reacción en la misma medida de los movimientos de izquierda; ambas manifestarían la opción por la violencia y la aversión a la democracia. Ya sin mucha originalidad, solamente reactualiza en su tesis esta teoría de origen argentina, que ha surgido como un subterfugio para absolver a los criminales en la época de los juicios de los jefes militares de la dictadura durante el gobierno de Raúl Alfonsín, una teoría rechazada por el Estado argentino, por la historiografía y por entidades de la sociedad civil que luchan por los derechos humanos54.

Argumentos más sólidos han sido elaborados por investigadores más respetados que Marco Antonio Villa en el medio académico. Con objetivo distinto, pero con un resultado muy parecido, el profesor Daniel Aarão Reis viene defendiendo en artículos académicos, artículos de divulgación y de los grandes medios, así como en conferencias, que la dictadura se cierra en 1979, tras la revocación de los actos institucionales, la liberación de los presos políticos, el pluralismo partidario, la autonomía del Poder Judicial, la libertad sindical y de la prensa, y la Amnistía, algo que él conceptualiza como un “pacto político”55. En el periodo que va de 1979 a 1988 no existiría, sin embargo, en su evaluación, “una democracia plenamente constituida”56.

Daniel Aarão, que es tanto historiador como testigo, ha manifestado la necesidad de desconstruir la memoria oficial de que la población brasileña se oponía al golpe de Estado y que esto fue una iniciativa únicamente de cuartel57. Es parte de su argumentación expresada en artículos en los grandes medios, sobre todo en la Folha de São Paulo, de que el golpe no fue solo militar, puesto que el término esconde las conexiones civiles58: las élites empresariales, políticas y eclesiásticas, que apoyaron a los militares. Para este autor, amplios segmentos de la población apoyaron el golpe, una afirmación que se refleja en las grandes marchas “por la Familia, con Dios y por la Libertad”, que reunieron quinientas mil personas en São Paulo el 19 de marzo de 1964, y en la “Marcha da Vitória” del 2 de abril, que superó en número a aquellas promovidas por los sindicatos favorables a las reformas de Jango. Asimismo, menciona que algunos liderazgos políticos civiles integraron un heterogéneo frente de apoyo a las medidas de intervención que se plasmaron en distintos posicionamientos, en la medida que quedó claro que los militares asumirían el protagonismo de la dirección política del régimen. Es más, la sociedad civil habría apoyado el derrocamiento del Presidente y después salió a la calle para celebrarlo.

Junto con otros profesores de la Universidade Federal Fluminense, que comparten esta visión, entienden que aquellos sectores de la sociedad civil serían los grupos y asociaciones organizadas, como la Organização dos Advogados do Brasil (Organización de los Abogados de Brasil), la Associação Brasileira de Imprensa (Asociación Brasileña de Prensa), la Confederação Nacional dos Bispos do Brasil (Confederación Nacional de los Obispos de Brasil), la Academia Brasileira de Letras (Academia Brasilera de Letras), etc. Además de los partidos que apoyaron a la dictadura, como la Aliança Renovadora Nacional (ARENA), el historiador menciona que sería importante investigar las grandes empresas estatales y las empresas privadas, los ministerios, las comisiones y consejos de asesoramiento, los cursos de posgrado, universidades, academias científicas y literarias, los medios de comunicación, la diplomacia y los tribunales59. En este sentido, la idea de que el golpe fue civil-militar ha ganado basamento empírico y análisis científico a través del conjunto de investigaciones que se han concluido en los últimos años.

Esta interpretación tiene mucho atractivo entre los jóvenes investigadores, pero fue refutada por Renato Lemos, historiador en la Universidade Federal de Rio de Janeiro, que escribió una carta al diario O Globo como respuesta al artículo “La dictadura cívico-militar”, publicado en el cuaderno Prosa e Verso del 31 de marzo de 2012. Sostiene que “el último descubrimiento en el estudio del golpe y la dictadura” de que la deposición de João Goulart y el apoyo al régimen dictatorial se basó en “apoyo civil” parece un avance interpretativo en relación con considerar el golpe y dictadura reducidos a su componente militar. Pero, en definitiva, para él, dicho argumento sería “un freno para el esclarecimiento de su sentido histórico”, al diluir el contenido clasista “civil” del golpe y de la dictadura. Señala al respecto:

“Los civiles-administradores, banqueros, economistas, agricultores, empresarios, escritores, estudiantes, periodistas, abogados, trabajadores, políticos, maestros, etc. existieron entre ganadores y perdedores, entre torturadores y torturados, para el golpe y la dictadura de manera desigual. El apoyo civil al golpe y a la dictadura –reconocido desde hace tiempo por los analistas mínimamente serios– es una información ampliamente utilizada por segmentos militares para legitimar el golpe y la dictadura”60.

Además, propone, desde una perspectiva gramsciana, distinguir a los intelectuales orgánicos del sistema al calificar este “apoyo”, destacando que no era un golpe o una dictadura “apoyados” por civiles, sino una operación política de una parte de la sociedad –que incluía civiles y militares– contra otra –en que también participaban civiles y militares. Reiterar el “apoyo civil” animaría a los historiadores a “adoptar un enfoque de miedo, sin profundizar las investigaciones sobre la conexión de los eventos con poderosos intereses clasistas, cuyo tiempo de apogeo en términos de disfrute material del poder (1968-1973) el autor ve como paradójico”61.

Mário Maestri, profesor de la Universidade de Passo Fundo, también dirige la crítica a Daniel Aarão Reis. Comenta que los movimientos anteriores de ruptura institucional –el suicidio de Getúlio Vargas en 1954, el desafío del mandato de Juscelino Kubitschek y João Goulart en 1955 y 1956 y el veto a João Goulart en 1961– fueron apoyados por el alto mando de las Fuerzas Armadas y eran la expresión de las poderosas facciones de propiedad que solo alcanzaron el consenso en favor del golpe en 1964. Añade que en todos esos movimientos, así como en todos los golpes de Estado en Brasil y en el extranjero, “las clases poseedoras han arrastrado con ellos sus partidos políticos, sus movimientos y sus organizaciones de clase, a múltiples y amplios sectores sociales de pequeños propietarios o empleados bajo su total o parcial hegemonía”62.

Al cumplirse los cincuenta años del golpe de 1964, Daniel Aarão lanzó el texto re– copilatorio A Ditadura que mudou o Brasil (La dictadura que cambió Brasil), junto con el sociólogo Marcelo Ridenti y el historiador Rodrigo Patto Sá Motta. Allí expone, en el primer capítulo, una tesis polémica, afirmando que la cultura nacional-estatal, enraizada en la historia de Latinoamérica, es portadora de una marca autoritaria, que se estructura con diferentes variantes en cuatro etapas: nace con Getúlio Vargas en la década de 1930, permanece en los “años dorados” del gobierno Juscelino Kubitschek, está presente en los tiempos de la dictadura de Emílio Garrastazu Médici, y hasta los dos gobiernos de Luiz Inácio Lula. En resumen, abarca regímenes de gobierno muy diferentes según un solo criterio de desarrollo económico dirigido por el Estado63.

En el mismo año 2014, publicó en simultaneidad su libro original Ditadura e democracia no Brasil: do golpe de 1964 à Constituição de 1988 (Dictadura y democracia en Brasil: del golpe de 1964 a la Constitución de 1988), que tiene como objetivo explicar las raíces, las fundaciones y las bases históricas de un proceso que –según su perspectiva– las versiones “saturadas de memoria” no permitirá comprender, así como la relación entre la sociedad y la dictadura, el papel de la izquierda, de la dictadura en el contexto de las relaciones internacionales, las tradiciones en las que se apoyó y su legado64. En A ditadura que mudou o Brasil, considera que el golpe correspondía a la victoria relámpago de las fuerzas conservadoras, apoyados por amplios movimientos sociales casi sin disparar un tiro, junto con la unificación de las Fuerzas Armadas en la superación de la resistencia de las fuerzas reformistas e izquierdistas65.

En el libro citado, examina en el primer capítulo la memoria de conciliación de la época que –según su opinión– insistió en que el país se habría reducido y aprehendido por una dictadura extraña y ajena. En lugar de abrir un amplio debate sobre la dictadura, en la sociedad se propagan versiones “calmantes”, en el sentido de que solo las Fuerzas Armadada sostenían el régimen autoritario y que la lucha armada era el camino dejado por la falta de opciones en la búsqueda de la democracia. La memoria oficial se establecería en discursos de los políticos, libros de texto, películas, materiales de análisis y difusión, por lo que sería un lugar común afirmar que “la sociedad brasilera vivió la dictadura como una pesadilla que es necesario exorcizar”66.

Al mismo tiempo que sucedió la victimización de los perseguidos por la dictadura, consolidada por el trabajo de síntesis de las denuncias por violaciones de derechos humanos en Brasil nunca mais (1985) –realizado por la Arquidiócesis de São Paulo– en los círculos militares se extendió y se mantuvo la versión viva de los militares basada en el “Proyecto Orvil” y el testimonio de los generales que la defienden como una “revolución democrática”, salvacionista, preventiva contra la dictadura socialista y oposición al “terrorismo”. Perspectiva que se contrapondría con aquella de una “historia oficial de las luchas contra la dictadura”, que presenta una cuenta del golpe como un enfrentamiento de fuerzas unidas en torno a ideas reformistas –por un lado– y contrareformista y conservadora –por otro–, por lo cual cualquier resultado habría sido posible. Frente a la tensión establecida por las expectativas frustradas de reformadores o revolucionarios, Daniel Aarão sugiere un clímax en el que los acontecimientos se precipitaban y necesitaban un desenlace, afirmando que la sociedad se dividió, y que la izquierda tenía una fuerza considerable en las instituciones, sindicatos, movimientos sociales e, incluso, en el Ejército; pero João Goulart decidió no dar órdenes, horrorizado por la posibilidad de una guerra civil, asilándose en Uruguay.

Por lo tanto, a pesar de que el golpe no habría sido inevitable, la izquierda sí tenía los medios para defenderse; aunque estos no se habrían activado67. Daniel Aarão destaca aquí que habría sido necesario que João Goulart abandonara la política de conciliación y ejercitara los mismos márgenes del poder; incluso, algunos segmentos de la izquierda defendieron el uso de la fuerza. Por otro lado, pareciera que la participación extranjera, tanto de la CIA –operación “Brother Sam”– como de las empresas extranjeras, están subestimadas en esta narrativa. Aunque considera que sin el apoyo civil –activo y consciente– los militares no habrían tenido éxito, en la tesis que ha defendido se limita solo a sugerir la participación de la sociedad civil en el golpe de Estado. En efecto, no hay en Ditadura e democracia no Brasil el análisis en profundidad de esta participación; se enumeran solo los líderes civiles –ya conocidos– del golpe y de la dictadura. La preocupación del autor es mostrar más bien cómo, con el establecimiento de la dictadura, el general Emílio Garrastazu Médici adopta el desarrollismo nacional-estatal derivado de la tradición de intervención en la economía de Getúlio Vargas, con el papel protagonista de las empresas estatales68. En este sentido, sugiere que los “años de plomo” fueron también los “años de oro”, que trajeron la integración nacional; ello, a pesar de la profundización de las desigualdades regionales y de los trabajadores, de los indios y los pequeños agricultores que fueron expulsados de la tierra, actores sociales que pagarán el precio de la modernización69. Entre las “luces y sombras”, los avances asistidos en las universidades, las ganancias de la administración pública en el Estado, transmisiones de series de televisión, el periodismo de radio o desfiles de carnaval, la dictadura habría integrado y anestesiado a la sociedad para neutralizar la oposición al régimen. También señala que mientras la mayoría de miserables se volvían más miserables, los ricos se volvían más ricos. Sin embargo, advierte que se debe evitar reducir la sociedad a la estructura polarizada de un pequeño sector superior y millonario, por un lado, y una base enorme y desgraciada, por otro: la dictadura plantea el apoyo y favorece a sectores de la clase media, y su existencia confirió la estabilidad al régimen70.

En cuanto a la lucha armada, en su opinión, ella habría respondido a un punto muerto, con las libertades políticas reducidas a cero después del Acto Institucional-5. De 1969 a 1972, las organizaciones revolucionarias llevaron a cabo las acciones de guerrilla urbana, expropiaciones de armas y fondos, los ataques a los cuarteles y las comisarías, y la captura de los diplomáticos extranjeros a cambio de presos políticos. A pesar de su éxito, estas acciones desencadenaron una represión fuerte y sofisticada, llevada a cabo por “oficiales de las Fuerzas Armadas, policías civiles y notorios torturadores”71. En sus palabras, los “guerrilleros sin experiencia, que tenían sólo su voluntad y audacia, fueron expulsados de la historia”; “autoritarios y orgullosos, generosos y arrojados, en el límite de la arrogancia, estaban equivocados en la sociedad y la hora”. Señala que, a pesar de su optimismo, fueron política y socialmente aislados, siendo destruidos por completo hacia 1972. Así, llega a la conclusión de que la lucha armada en Brasil se aisló y se olvidó de consultar al pueblo, que no estaba dispuesto a seguir su camino72. Este argumento ya había sido defendido en su tesis doctoral A revolução faltou ao encontro. Os comunistas no Brasil (La revolución faltó a la cita. Los comunistas en Brasil), señalando la falta de correspondencia entre la izquierda armada y la realidad social que pretendían transformar73.

Por su parte, Marcelo Badaró Mattos cree que Daniel Aarão Reis intenta demostrar que la acción de la izquierda durante la dictadura es una invención de la democratización y que las izquierdas eran, de hecho, antidemocráticas, teniendo como objetivo la puesta en práctica del socialismo, lo que, a su vez, Daniel Aarão considera como incompatible con la democracia. Esta afirmación, de que las izquierdas eran antidemocráticas dio el derecho de argumento para la defensa de la legalidad justificada por algunos sectores de la sociedad. En oposición a esta interpretación de Daniel Aarão criticada por Badaró Mattos, Marcelo Ridenti destaca el hecho de que había un componente asumido de resistencia en las proposiciones de varias de las organizaciones de izquierda de ese periodo; y, aunque muchas de ellas no daban prioridad a la “resistencia democrática”, el resultado de su acción fue una lucha de resistencia contra la dictadura74. Dialogando directamente con Daniel Aarão, Marcelo Ridenti reconoce su propósito desmitificador de una memoria posterior de la izquierda armada, pero advierte que esta interpretación his– toriográfica genera una incorporación política contraria a la intención original: en vez de cuestionar la supuesta exención de amplios sectores de la sociedad civil en relación con la dictadura, acaba por proporcionar argumentos para reforzar la ideología que exime a dichos sectores de complicidad con el régimen y lo justifica75. Se percibe también que la producción académica apropiada por los medios refuerza la idea de que los golpistas y la izquierda armada eran las dos caras de la misma moneda76.

Debido a la derrota de la izquierda y del movimiento popular en 1964, y especialmente la eliminación de las organizaciones que participaron en la lucha armada, con el tiempo se generalizó la impresión de que esa opción no tenía relevancia. Tomando la democracia como valor universal, se convierte en un parámetro para una historiografía conformista que descalifica los intentos de ruptura radical con el capitalismo como una utopía o ilusión, destacando su contexto y profetizando su derrota por la lucha contra otros sectores de la oposición. La perspectiva de Daniel Aarão no deja de ser un “ajuste de cuentas” con su propia carrera y su generación; pero culpar a la izquierda, debido a que no sabrían cómo lograr la revolución socialista y no habrían buscado una alianza con la población, es un diagnóstico limitado que deja de lado la dimensión hegemónica, sin distinción de consenso activo ni pasivo, del poder económico y político de la oligarquía, de la propaganda anticomunista –articulada por la comunidad de negocios nacional e internacional en órganos tales como IPES e IBAD77– así como del aparato represivo que se instaló desde la intensificación del régimen. Estos llevaron a cabo un poder de persuasión difícil de contrarrestar.

El libro de Angela de Castro Gomes y Jorge Ferreira es otro producto más de la reciente cosecha de obras que versan sobre el golpe de 1964 y se aprovecha de la ola de (des)conmemoraciones que marcaron los primeros meses de 2014. Dotado de un significativo capital simbólico –publicado por la editorial Civilização Brasileira, y por dos profesores titulares y jubilados de la Universidade Federal Fluminense– el libro tiene título corto y subtítulo largo: 1964: O golpe que derrubou um presidente, pôs fim ao regime democrático e instituiu a ditadura no Brasil (1964: El golpe que derrocó a un presidente, puso fin al régimen democrático y estableció la dictadura en Brasil)78. Ambos son autores también de la obra Jango: as múltiplas faces79 (Jango: las múltiples caras), y son considerados como los más importantes defensores de la perspectiva conceptual de la “cultura política” y del “trabalhismo” (laborismo) en el medio universitario de Río de Janeiro.

Los autores comienzan su narrativa en el año 1961 –con ocasión de la renuncia de Jânio Quadros– y la extienden hasta el 1 de abril de 1964. El libro posee una trama de novela y trae pequeños informes bibliográficos sobre personalidades políticas desconocidas del público lego, fragmentos de declaraciones, además de discursos, folletos y periódicos, todos los cuales, en general, son presentados a modo de ilustración, pues en muchos de ellos no se encuentra asociado ningún tipo de análisis. Puesto que se trata de un texto seductor –cercano al discurso literario– los autores anuncian en la introducción que la idea es alejarse de las narrativas teleológicas, donde se cuenta la historia como si ya fuera conocido su fin desde el principio; o sea, como si el golpe cívico-militar fuera algo inevitable, cuando en realidad habría sido apenas una de las alternativas para los contemporáneos. Angela de C. Gomes y Jorge Ferreira buscan deshacerse del narrador omnisciente, aunque en algunos fragmentos se tiene la impresión de que los protagonistas anticipan o calculan sobre los próximos eventos, y que el golpe de abril de 1964 fue la aplicación de la tentativa fracasada de 1954, abortada por el suicidio de Getúlio Vargas; y también el 1955, donde se intentó impedir la toma de mando de Juscelino Kubitschek. A pesar de la advertencia introductoria, de que el golpe no figuraba en la crisis de 1954 y de que los que experimentaron el gobierno João Goulart no tenían cómo saber que la democracia sería interrumpida, la impresión que se tiene a comienzo del cuarto capítulo es que las tres tentativas de ruptura del orden constitucional –las de los años 1954 y 1955, y la de 1961, donde la Junta Militar, apoyada por políticos y gobernadores, intentó impedir la vuelta y la posesión de Jango– se ven interrelacionadas y forman parte de un proceso de realización de las conspiraciones de la derecha golpista contra el “trabalhismo”, la principal fuerza parlamentaria y sindical que movilizaba a las masas y articulaba las reformas de base.

La motivación de los autores, tal como la historiadora Marly Motta expresa en la presentación de la obra, es oponerse a la interpretación según la cual el golpe militar fue el resultado de la incapacidad de los líderes populistas –en particular, Jango– de permitir la participación de las masas en la política80. Según Marly Motta, se busca “reconocer al pueblo como actor en el régimen democrático representativo, a punto de cambiar la forma de aproximación de los políticos junto a los trabajadores”81. Sin embargo, a lo largo del texto sobresalen como personajes principales los partidos pos 1945 –el PSD, la UDN, el PTB y, en segundo plano el PCB– y los políticos, negociadores y articuladores, sobre todo los líderes laboristas como San Tiago Dantas, Leonel Brizola y, por supuesto, João Goulart, descrito como “el heredero del carisma de Vargas”82, demócrata que se rehusó a apoyar la maniobra golpista articulada por Leonel Brizola contra el parlamentarismo, y un “negociador” que en todo momento usaba de su habilidad para aprobar las reformas de base defendidas por el PTB. De esta forma, Angela de Castro Gomes y Jorge Ferreira resaltan, al contrario de la tesis de Marco Antonio Villa, que Jango no vislumbraba una revolución socialista; él no era golpista, sino negociador.

Ahora bien, según 1964: O golpe que derrubou um presidente, no es exactamente el pueblo el actor de la escena política en vísperas del golpe. Los trabajadores y estudiantes, tanto aquellos ligados a la tradición laborista como a la comunista, surgen más bien como figurantes, ejerciendo presión sobre los líderes políticos y partidarios83. Estos últimos cambiaban de posicionamiento en su apoyo a las reformas en función de los movimientos de los campesinos de las Ligas Campesinas, de la fundación del CGT (Comando General de los Trabajadores), o de la radicalización de la izquierda bajo la lucha contra el “entreguismo”. A pesar de referirse al análisis de René Dreyfuss y de mencionar la campaña del IPES y del IBAD, se nota muy poco en esta interpretación la configuración de clases que se ha articulado y movilizado en torno al golpe y en su resistencia. Hay un aspecto que tal vez sea más problemático, en nuestra opinión, relacionado a la comprensión de que la sociedad haya apoyado el golpe. La defensa de este posicionamiento se encuentra ya en la introducción:

“[…] sobre todo a partir de los años 1980 se ha construido una memoria que eximió a la población brasilera de cualquier apoyo a lo que ocurrió en Brasil antes y a partir del día 31 de marzo de 1964. Se construyó también la idea de que el golpe y la dictadura que se siguió fueron obra exclusiva de los militares, puesto que los principales líderes civiles que participaron de la destitución de João Goulart pronto fueron desechados. Ambas versiones son insostenibles. Basta, por ejemplo, que se consulten las revistas”84.

Los autores se basan, sobre todo, en periódicos de la década de 1980 para respaldar esta interpretación revisionista con respecto a la memoria oficial, pues suponen que en esos años ella habría estado vigente, sosteniendo que la sociedad fue una víctima y resistió al golpe de los militares. Se trata, por tanto, de una constatación importante, aunque no sea original. Pero está basada en fotos y reportajes de los medios, los mismos que ingresaron en una campaña sistemática contra el gobierno de Jõao Goulart y contra el Partido Comunista en la década de 1960, y que estaba vinculada con intereses económicos de grupos empresariales de Brasil asociados al capital extranjero.

A la luz de experiencias recientes se puede reconocer que la autocensura, la edición, el montaje, el fake news, así como la falsificación de informaciones y de imágenes forman parte de la rutina y de la disputa política librada por los organismos formadores de opinión desde hace muchas décadas. Ellos no solo publican los hechos sino que al hacerlo los ponen en evidencia, afirman una posición, prescriben comportamientos, buscan adhesiones y emiten discursos de dónde se puede extraer las visiones de mundo de quien las fabricó. La comprensión del mundo de las personas muchas veces se ve mediada por lo que informan estos vehículos de comunicación, sobre todo desde el ascenso de la cultura de masas en las primeras décadas del siglo xx 85. De la misma manera, la fotografía –según Boris Kossoy– es producida con cierta finalidad para que tenga un valor documental86: siendo un “fragmento seleccionado de la realidad, a partir del instante donde se lo ha registrado, seguirá para siempre interrumpido y aislado en la bidimensión de la superficie sensible”87. Ella aclara y completa el mensaje del texto, y otras veces ocupa el mismo lugar central en el periódico, ya que transmite el mensaje casi inmediatamente para que el lector lo resignifique basado en los elementos culturales de que dispone.

De esa manera, en la evaluación de este repertorio documental es imprescindible descubrir los intereses de los propietarios de los vehículos de comunicación que posibilitaron la divulgación de aquellas informaciones. Como aclara Ciro Marcondes Filho, el periodismo actúa junto a grandes fuerzas sociales: las empresas periodísticas son los portavoces de intereses de conglomerados y grupos políticos que buscan darles a sus opiniones subjetivas un estatuto de objetividad88 o, como replicaría Antonio Gramsci, convierten sus intereses corporativos en visiones del mundo compartidas universalmente, actuando como partidos políticos89.

Sin embargo, Angela de Castro Gomes y Jorge Ferreira parecen tratar los textos y fotos de revistas y periódicos como expresión de lo real:

“Los periódicos nos dan acceso también a la manera cómo determinadas partes de la población se comportaron frente a un hecho dramático, como lo que ocurrió en 1964 –y lo que nosotros, en este libro, consideramos un golpe civil y militar. Una vez más la perspectiva es la de los editores de las revistas y, en este caso, hay una gran convergencia en cuanto a la manifestación cívica, percibida en varias ciudades de Brasil”90.

Los autores admiten que se trata de la perspectiva de los editores y que “aquellos que estaban en contra el golpe civil y militar no pudieron manifestarse abiertamente”91, existiendo solamente algunas menciones dispersas de la resistencia publicadas en la revista O Cruzeiro sobre el paro en el puerto de Santos. No obstante, entendiendo que existió una conspiración que hacía mucho estaba en marcha, no habían intuido que propagar y profesar la victoria formaba parte de la estrategia de los golpistas. Es fácil suponer que los medios anticomunistas, que casi por unanimidad apoyaron la destitución de Jango, no les ofrecían ninguna atención particular a los “antirrevolucionarios”, a los prisioneros políticos de primera hora, y destacarían la adhesión al golpe bautizado por ellos como “revolución”.

Las formas de neutralizar a la oposición y resignar a la opinión pública no solo pasarían, entonces, por la represión –lo que para los comunistas y los simpatizantes de la izquierda nunca ha dejado de formar parte de su rutina, ni siquiera en dicho periodo democrático– sino por el adoctrinamiento en las escuelas e iglesias, a través de los periódicos y películas, a partir de la repetición de mensajes anticomunistas, y en la propagación de la idea de que el caos y la crisis se habían agravado. Las masas que supuestamente apoyaron el golpe no estaban convencidas ni de la responsabilidad de Jango en la crisis ni tampoco de su conexión con los comunistas. Según señalaba una investigación del IBOPE (Instituto Brasilero de Opinión Pública y Estadística), encargada por la FECOMÉRCIO (Federación del Comercio de São Paulo), entregada al AEL (UNICAMP) –y que no se hizo pública–, en vísperas del golpe el 72% de los paulistas aprobaban el gobierno de João Goulart; y entre los pobres ese número alcanzaba el 86%. Además, el 70% de la población era favorable a la reforma agraria y el 55% a las medidas anunciadas por el Presidente en su conocido “Comício da Central” (Discurso de la Central)92. Por otra parte, como lo muestra un reciente artículo de Rodrigo Patto Sá Motta, una encuesta del IBOPE realizada entre los días 20 y 30 de marzo de 1964 demuestra que además de la alta popularidad de Jango y de las reformas de base, los encuestados, ya bajo el impacto de la “Marcha da Família com Deus Pela Liberdade”, revelaron un fuerte rechazo al comunismo93. Casi 70% de los entrevistados lo consideraban un peligro para Brasil, y fue este sentimiento el que utilizaron los medios de comunicación para sostener la versión de que había, de hecho, una amenazadora articulación revolucionaria de la izquierda en plena Guerra Fría.

Si la encuesta efectivamente logró capturar aquel momento, es posible ver que la opinión pública se ha vuelto contraria muy rápido, en perjuicio del Presidente. Este cambio se explica por la fuerza del conservadurismo y, sobre todo, por el alcance de la campaña de los medios de comunicación, por las campañas del IPES e IBAD, así como por la habilidad en producir consenso de los grupos representantes del capital que asumirían en definitiva la dirección del Estado con la dictadura. Sin embargo, la encuesta estudiada por Rodrigo Patto Sá muestra que a menos de un año del golpe, durante el gobierno de Humberto Castelo Branco, los entrevistados esperaban el retorno a la legalidad democrática94.

A partir de este análisis hay que preguntarse sobre esta tendencia historiográfica contemporánea: ¿toda la población brasilera habría apoyado el golpe de Estado? Es decir, ¿cuál es la parte de la sociedad exactamente que apoyó el golpe y cuáles eran sus intereses? ¿Cómo acusarles de complicidad a los trabajadores que apoyaron a Jango y las reformas, algunos de estos, incluso, simpatizantes de los comunistas? Estas preguntas siguen pendientes y la literatura producida en el cincuentenario del golpe no las ha abordado, tal vez porque estuviera ocupada en atribuir culpas y rehabilitar héroes en vez de desvelar mecanismos y establecer relaciones. Por un lado –como advierte Carlo Ginzburg en su libro El juez y el historiador (1993)–, el historiador no orienta su trabajo en función de una verdad definitiva –ya que esta debe ser provisoria y parcial– y que, por tanto, la historiografía no será concreta a no ser en regímenes totalitarios95. Y, por otro lado, los historiadores comprometidos necesitan tener en cuenta los “usos públicos de la historia” (Jürgen Habermas) ya que, como advierte Enzo Traverso, ellos no viven encerrados en una torre de marfil, sino que forman parte de la sociedad civil y contribuyen a la formación de la conciencia histórica y, por extensión, de la memoria colectiva96.

Comentarios finales

Algunas interpretaciones que se han aplicado de forma predominante en el ambiente académico en los últimos años dialogan directamente con la memoria colectiva producida en torno al golpe de 1964 y a la dictadura de 1964-1985. Poco después de la destitución de Jõao Goulart, en el prólogo del Acto Institucional N° 1, los golpistas declararon que la revolución victoriosa se había instalado “gracias a la acción de las Fuerzas Armadas y el apoyo inequívoco de la Nación [y que ellos], representan el Pueblo y en su nombre ejercen el Poder Constituyente” para luchar contra el proceso de “bolcheviza– ción” de Brasil llevado a cabo por el gobierno depuesto: “La revolución se diferencia de otros movimientos armados por el hecho de que en ella se traduce no sólo el interés y la voluntad de un grupo, sino el interés y la voluntad de la Nación”97.

Por tanto, la historiografía, con su intención revisionista, al final puede darle munición a los que defienden una versión de derecha o negacionista sobre los acontecimientos relacionados con 1964 y la dictadura, como es posible observar en las declaraciones de los militares de ayer y también de los de hoy, que solo “tendrán en cuenta un llamamiento popular”, como dijo el diputado Jair Bolsonaro, uno de los portavoces de la derecha en la actualidad: “El golpe de 1964 fue una imposición popular. Esta es la historia. Los que dicen ‘dictadura militar’ no quieren leer la historia”98.

Bajo el argumento de luchar contra una memoria oficial que se aplica desde la Amnistía, en 1979, y que caracterizaba la historia del periodo como la historia de la resistencia de grupos que lucharon contra el régimen con el propósito de implicar a la “sociedad civil” que habría apoyado el golpe, historiadores de renombre de Río de Janeiro y São Paulo ofrecen, al final, datos que alimentan el discurso de los defensores de los militares, los mismos que condujeron el proceso de ruptura democrática para la constitución de una memoria de los vencedores de 1964, vencidos en 1985. Sobre todo, cuando se asimilan de manera acrítica a la versión de los militares comprometidos con el régimen de 1964-1985. Así, para Jair Bolsonaro, que celebró en el Parlamento el 50° aniversario del golpe en Brasil, el peligro comunista era real y el deseo por rechazarlo, colectivo:

“Estábamos al borde de ver implantada acá la dictadura del proletariado. Los empresarios y la Iglesia querían que los militares asumieran el poder. O sea, toda la sociedad quería alejar el fantasma de la dictadura del proletariado presente en nuestro país”99.

Por otro lado, la versión de un “contragolpe preventivo” ha ganado adeptos junto a la radicalización ideológica y la influencia de los medios de comunicación. Ella también incorpora lo que la historiografía produce para absolver a los golpistas civiles, militares y torturadores de sus crímenes, y para justificar la política represiva de los agentes del Estado, diciendo que solo habrían reaccionado a “los golpistas de izquierda”, preservando la democracia y protegiéndola contra la anarquía y el comunismo.

Por encima de todo, cuando se observa el surgimiento de los gobiernos y el fortalecimiento de las ideologías de derecha, el ultranacionalismo y la xenofobia legitimados por el revisionismo y negación, se percibe que la historia científica escrita por los historiadores se inscribe en la lucha contra la opresión –aludiendo a Walter Benjamin en sus Tesis sobre la filosofía de la historia. Es necesario, en definitiva, que la comunidad historiográfica esté alerta para no permitir que prevalezcan interpretaciones que, a pesar de parecer originales, hacen volver muchas décadas; y recordar que una de las vocaciones de los historiadores es ampliar el repertorio de la historia a través de la perspectiva crítica, así como desvelar los esquemas que constituyen la subalternidad.

1Eric Hobsbawm, Era dos extremos, São Paulo, Companhia das Letras, 1995, p. 13.

2Eric Hobsbawm, “Não basta a história de identidade”, en Eric Hobsbawm (comp.), Sobre a história, São Paulo, Companhia das Letras, 1997, p. 290.

3Eric Hobsbawm, “Dentro e fora da história”, en Hobsbawm, Sobre a história, op. cit., p. 18.

4Adam Schaff, “Por que reescrevemos continuamente a História?”, en Adam Schaff (comp.), História e verdade, 6a ed., São Paulo, Martins Fontes, 1995, pp. 272-277.

5José d’Assunção Barros, “Memória e História: uma discussão conceitual”, en Tempos históricos, vol. 15, Marechal Rondon, 2011, pp. 336-337.

6Walter Benjamin, “Teses sobre a filosofia da história”, en Flávio Kothe, Walter Benjamin, São Paulo, Ática, 1991, pp. 153-164.

7Reinhart Koselleck, “Representação, evento e estrutura”, en Reinhart Koselleck (comp.), Futuro Passado: Contribuição à semântica dos tempos históricos, Rio de Janeiro, Contraponto-PucRJ, 2006, p. 145.

8François Dosse, A história, Bauru/São Paulo, Edusc, 2003, p. 178.

9Barros, op. cit., p. 319.

10La tradición representada por autores como Gilberto Freyre y Rodrigues, no tuvo en cuenta la intención de Rui Barbosa de eliminar la posibilidad de que los antiguos amos reclamaran compensación por la pérdida de cautivos.

11Cuando se enfrentan, José Sarney justifica la elección de los historiadores, pues restó importancia al incidente como un accidente que tal vez nunca debería haber ocurrido, que no era tan notable como los hechos que allí se contaron y que construyeron la historia de Brasil.

12Por ejemplo, el caso de las Lois mémorielles, aprobadas en el parlamento francés, y que reconocen el genocidio armenio, instó al rechazo de diecinueve grandes historiadores, quienes fundaron la asociación Liberté pour l’Historie en 2005.

13Tzvetan Todorov, Memoria del mal, tentación del bien. Indagación sobre el siglo xx, Barcelona, Ediciones Península, 2002, p. 199.

14Michael Bentley, Modern Historiography, an introduction, London/New York, Routledge, 1999, p. 195.

15Pierre Laborie, “Memória e Opinião”, en Cecilia Azevedo, Denise Rollemberg, Maria Fernanda Bicalho, Paulo Knauss y Samantha Viz Quadrat (orgs.), Cultura política, memória e historiografia, Rio de Janeiro, FGV Editora, 2009, p. 87.

16Paolo Rossi, O passado, a memória e o esquecimento, São Paulo, UNESP, 2010, p. 28.

17Hobsbawm, “Não basta a história…”, op. cit., p. 290.

18Paul Ricoeur, “Memória, história, esquecimento”, transcrição de comunicação na conferencia “Haunting Memories? History in Europe after Authoritarianism”, Budapest, 2003. Disponible en www.uc.pt/fluc/lif/publicacoes/textos_disponiveis_online/pdf/memoria_historia, p. 5 [fecha de consulta: 11 de julio de 2016].

19Beatriz Sarlo, Tempo Passado: cultura da memória e guinada subjetiva, Belo Horizonte, UFMG/Com panhia das Letras, 2007, p. 9.

20Tânia Monteiro, “Dilma orienta Defesa a não comemorar os 50 anos do golpe militar”, en O Estado de S. Paulo, São Paulo, 14 de março de 2014. Disponible en http://politica.estadao.com.br/noticias/geral,dilma-orienta-defesa-a-nao-comemorar-os-50-anos-do-golpe-militar,1140999 [fecha de consulta: 20 de abril de 2017].

21Marcelo Elizardo, “Ato no Rio em ‘descomemoração’ dos 50 anos do golpe tem confronto”, en Portal Gl, 1 de abril de 2014. Disponible en g1.globo.com/rio-de-janeiro/noticia/2014/04/nos-50-anos-do-gol–pe–de-1964-rio-tem-protesto-contra-ditadura-militar.html [fecha de consulta: 20 de abril de 2017].

22El grupo “Tortura nunca mais”/RJ fue fundado en 1985 por iniciativa de los expresos políticos que experimentaron situaciones de tortura durante el régimen militar y los familiares de los muertos y los desaparecidos, y se orienta a la lucha por los derechos humanos, la denuncia de los torturadores y la promoción de políticas de homenaje a los muertos y desaparecidos.

23Caroline Bauer, Brasil e Argentina: ditaduras, desaparecimentos e políticas de memória, Porto Alegre, Medianiz, 2012.

24Laborie, op. cit., p. 80.

25Ibid.

26Ricardo Mendonça, “Democracia brasileira é record, mostra pesquisa”, en Folha de São Paulo, São Paulo, 30 de março de 2014. Disponible en www1.folha.uol.com.br/poder/2014/03/1433074-conviccao-na-democracia-e-recorde-mostra-pesquisa.shtml [fecha de consulta: 20 de abril de 2017].

27Ibid.

28IBOPE preguntó sobre cuál era el sistema político preferido de Brasil: 40% dijo que la democracia es preferible a cualquier otra forma de gobierno, mientras que el 15% dijo que, en algunas circunstancias, un gobierno autoritario puede ser preferible a un gobierno democrático, la tasa más baja registrada en 2014 (20%); pero el porcentaje de gente que sentía que no hacía ninguna diferencia entre uno u otro régimen aumentó de 18%, en 2014, al 34%, en 2016. Akemi Nitahara, Camila Boehma y Heloisa Cristaldo, “Insatisfação com democracia põe em xeque sistema político, dizem especialistas”, en EBC Agência Brasil, Rio de Janeiro / São Paulo / Brasília, 30 de abril de 2016. Disponible en http://agenciabrasil.ebc.com.br/print/1016231 [fecha de consulta: 20 de abril de 2017].

29Pidieron intervención militar constitucional, disolución del Congreso Nacional y la intervención en todos los gobiernos estatales y municipales, y en sus respectivas legislaciones para combatir la corrupción y la subversión.

30La marcha del 19 de marzo de 1964, movilizada por grupos de mujeres de clase media como Campaña de Mujeres por la Democracia (CAMDE), Unión Cívica de las Mujeres (FCU), Fraternal Amistad Urbano y Rural, Sociedad Rural Brasileña, entre otros, contaba, además, con el apoyo de organizaciones de la sociedad civil, como la mayor asociación de empleadores, la Federación de Industrias del Estado de São Paulo (FIESP) y el Instituto de Investigación y Estudios sociales (IPES), que buscaban integrar los movimientos sociales de la derecha para oponerse y detener el “avance del comunismo soviético” en el país. IPES fue estudiada por René Dreyfuss en la obra 1964: A conquista do Estado. Ação Política, Poder e Golpe de Classe, Petrópolis, Vozes, 1981.

31Chico Vigilante, “Colunistas do Globo pedem intervenção militar”, en Brasil 247, Brasilia, 6 de março de 2016. Disponible en www.brasil247.com/pt/colunistas/chicovigilante/219941/Colunistas-do-Globo-pedem-interven%C3%A7%C3%A3o-militar.htm [fecha de consulta: 20 de abril de 2017].

32El director del diario todavía atacó a sus críticos, los intelectuales María Victoria Benevides y Fabio Konder Comparato, llamándolos mentirosos y cínicos por no desautorizar dictaduras de izquierda.

33Laborie, op. cit., p. 80.

34En la sede de la Asociación Brasileña de Prensa, en el marco de las conmemoraciones del centenario de la institución, se realizó el lanzamiento de las “Caravanas de amnistía” en 4 de abril de 2008, con apreciación de veinte requerimientos de periodistas perseguidos por el régimen militar.

35Los militares retirados han criticado a la Comisión desde su creación en 2012, respecto de la investigación solo de los crímenes de agentes estatales. Teniendo en cuenta que el informe final enumeraba trescientos setenta y siete funcionarios públicos, el Clube Militar presentó una demanda contra la Comisión de la Verdad. Sobre este tema, véase Juliana Dal Piva, “Militares criticam Comissão da Verdade em ato comemorativo ao golpe militar”, en O Globo.com, 28 de março de 2013. Disponible en http://oglobo.globo.com/brasil/militares-criticam-comissao-da-verdade-em-ato-comemorativo-ao-golpe-militar-7974681 [fecha de consulta:20 de abril de 2017]; Julia Duailibi, “Clube Militar pede medidas judiciais contra Comissão da Verdade”, en O Globo.com, 15 de dezembro de 14. Disponible en http://politica.estadao.com.br/blogs/julia-duailibi/clube-militar-pede-medidas-judiciais-contra-comissao-da-verdade/ [fecha de consulta: 20 de abril de 2017].

36Ricardo Mendonça,“Democracia brasileira é record, mostra pesquisa”, en Folha de São Paulo, São Paulo, 30 de março de 2014. Disponible en www1.folha.uol.com.br/poder/2014/03/1433074-conviccao-na-democracia-e-recorde-mostra-pesquisa.shtml [fecha de consulta: 20 de abril de 2017].

37En un manifiesto firmado por más de veinte militares retirados, incluyendo generales de cuatro estrellas y tres exministros –divulgado por el diario O Estado de S. Paulo- los militares dicen que los generales del Ejército, los principales comandantes de las unidades y los miembros del alto mando nunca aprobaron ninguna ofensa a la dignidad humana y “aborrecen perentoriamente” las declaraciones del ministro Celso Amorim a la CNV, en el sentido de que las Fuerzas Armadas habrían practicado este tipo de violación. El documento también dice que el propio Ministro es el que debería disculparse: “No venga Ejército de Caxias (lo siento)! Siempre expresaremos nuestra creencia de que salvó Brasil”: “Militares dicen que han rescatado a Brasil con la dictadura militar”, en Notícias terra.com, 27 de setembro de 2014. Disponible en https://noticias.terra.com.br/brasil/militares-dizem-ter-salvado-o-brasil-com-a-ditadura-militar,45c6e486668b8410VgnVCM4000009bcceb0aRCRD.html [fecha de consulta: 20 de abril de 2017].

38Pierre Ansart, “História e memória dos ressentimentos”, en Maria Stella Bresciani e Márcia Naxara (orgs.), Memória e (res)sentimento. Indagações sobre uma questão sensível, Campinas, Ed. Unicamp, 2004, pp. 15-36.

39Brasil, Comissão da Verdade no Brasil. Cartilha preparada pelo Núcleo de preservação da Memória Política. São Paulo 2011, p. 12. Disponible en www.portalmemoriasreveladas.arquivonacional.gov.br/media/Cartilha%20Comiss%C3%A3o%20da%20Verdade%20-%20N%C3%BAcleo%20Mem%C3%B3ria.pdf [fecha de consulta: 20 de abril de 2017].

40Marina Franco y Florencia Levin, “El passado cercano en clave historiográfica”, en Marina Franco y Florencia Levín (comps.), Historia reciente. Perspectivas y desafíos para un campo en construcción, Buenos Aires, Paidós, 2007, p. 47.

41Ibid.

42Marco Antonio Villa, Ditadura à brasileira, 1964-1985: A democracia golpeada à esquerda e à direita, São Paulo, LeYa, 2014.

43Marco Antonio Villa, Jango: un perfil (1945-1964), São Paulo, Globo, 2004.

44Los ataques fueron el resultado de la apertura política y se produjeron durante los gobiernos militares de Ernesto Geisel y João Figueiredo, como el ataque en Rio Centro, cuando las bombas estallaron dentro de un automóvil de los agentes militares de ultraderecha en 1981, durante un concierto de celebración del Día del Trabajo, con la intención de culpar a la izquierda e intensificar la represión. Otros ejemplos son el incendio de periódicos y los ataques a la Orden de Abogados de Brasil y a la Asociación Brasilera de Prensa.

45Villa, Ditadura à Brasileira…, op. cit., p. 6.

46Op. cit., p. 8.

47Op. cit., p. 7.

48Villa, Ditadura à Brasileira…, op. cit., p. 21.

49Ibid.

50Op. cit., p. 7.

51Op. cit., p. 11.

52El término ‘terrorista’ también fue utilizado por los combatientes del régimen dictatorial. Para el revolucionario Carlos Marighella, de la Ação Libertadora Nacional (Acción Liberadora Nacional), la acusación de “terrorista comprometido en la lucha armada contra la vergonzosa dictadura militar y sus atrocidades” ganó un nuevo significado positivo, convirtiéndose en “una calidad que ennoblece a una persona honrada”: Carlos Marighella, Guía de Guerrilla Urbana (1969), São Paulo, Sabotagem, 2003. Disponible en www.documen-tosrevelados.com.br/wp-content/uploads/2015/08/carlos-marighella-manual-do-guerrilheiro-urbano.pdf [fecha de consulta: 18 de abril de 2018].

53Villa, Ditadura à Brasileira…, op. cit., p. 6.

54La teoría de los “dos demonios” surgió durante los trabajos de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP), que preparó el informe Nunca Más de 1983, colección de testimonio recolectados durante el gobierno de Raúl Alfonsín, que abrió el camino para los juicios a los líderes militares de la dictadura. El prólogo del informe, escrito por Ernesto Sábato, presenta la tesis de que los militares respondieron al terrorismo de los grupos guerrilleros como los Montoneros y el Ejército Revolucionario del Pueblo. Este prólogo fue muy criticado por intelectuales como Osvaldo Bayer, por las Madres de La Plaza de Mayo, pero también por militares y sus aliados, que cuestionaron el énfasis en la violencia estatal y la equiparación que, entendían, proponía con la guerrilla. El texto será reemplazado en 2006 durante el gobierno de Néstor Kirchner: Emilio Crenzel, “El prólogo del nunca más y la teoría de los dos demonios, reflexiones sobre una representación de la violencia política en la Argentina”, en Contenciosa. Revista sobre violencia política, represiones, y resistencias en la historia iberoamericana, año i, N° 1, Santa Fe, segundo semestre de 2013, pp. 9-11. Disponible en http://ri.conicet.gov.ar/handle/11336/12261.

55Daniel Aarão Reis, “O sol sem peneira”, en Revista de História da Biblioteca Nacional, año 7, N° 83, Rio de Janeiro, agosto de 2012, p. 34.

56Daniel Aarão Reis, “A luta armada esqueceu de fazer consulta ao povo. Entrevista a Bernardo Mello Franco”, en Folha de São Paulo, São Paulo, 22 de março de 2014. Disponible en www1.folha.uol.com.br/poder/2014/03/1432835-a-luta-armada-se-esqueceu-de-fazer-consulta-ao-povo-afirma-historiador.shtml [fecha de consulta: 20 de abril de 2017].

57Este exmiembro del comando de la “Dissidência Universitária da Guanabara” (Disidencia Universitaria de Guanabara) planeó el secuestro del embajador de Estados Unidos, Charles Burke Elbrick, en 1969. Fue detenido en 1970, torturado y puesto en libertad junto a más de cuarenta militantes a cambio del embajador alemán, secuestrado por el grupo Vanguarda Popular Revolucionaria, y se exilió en muchos países. Entre 1969 y 1971 los grupos revolucionarios hicieron asaltos a bancos, expropiaciones de armas en cuarteles y asaltos a coches-fuertes, como formas de recaudar dinero para financiar la lucha; pero fueron reprimidos, presos y torturados. Para liberar a sus compañeros, militantes de la lucha armada realizaron los secuestros de embajadores de los Estados Unidos, Alemania, Japón y Suiza, a fin de negociar con el gobierno dictatorial.

58Aarão Reis, “A luta armada…”, op. cit., passim.

59Daniel Aarão Reis, “A Ditadura civil-militar. Prosa”, en O Globo, Rio de Janeiro, 31 de março de 2012. Disponible en https://blogs.oglobo.globo.com/prosa/post/a-ditadura-civil-militar-438355.html

60Renato Lemos, “A ‘ditadura civil-militar’ e a reinvenção da roda historiográfica”, en O Globo, Rio de Janeiro, 31 de março de 2012. Carta enviada al periódico O Globo como comentario al artículo del profesor Daniel Aarão Reis: “A ditadura civil-militar”, publicada en Prosa e Verso, Rio de Janeiro, 31 de março de 2012. Disponible en www.lemp.historia.ufrj.br/imagens/textos/A_ditadura_civil-militar_e_a_reinvencao_da_roda_historiografica.pdf [fecha de consulta: 20 de abril de 2017].

61Lemos, op. cit.

62Mário Maestri, “O Homem que Encurtou a Ditadura Brasileira”, en Marxismo 21, 20 de maio de 2014. Disponible en http://marxismo21.org/wp-content/uploads/2014/05/Resenha-M-Maestri.pdf (fecha de consulta: 20 de abril de 2017).

63Daniel Aarão Reis, “A ditadura faz cinquenta anos: história e cultura política nacional-estatista”, en Daniel Aarão Reis, Marcelo Ridenti, Rodrigo Patto Sá Motta (orgs.), A ditadura que mudou o Brasil. 50 anos do golpe de 1964, Rio de Janeiro, Zahar, 2014.

64Daniel Aarão Reis, Ditadura e democracia no Brasil: do golpe de 1964 à Constituição de 1988, Rio de Janeiro Zahar, 2014, p. 14.

65Op. cit., p. 7.

66Aarão Reis, Ditadura e democracia…, op. cit., p. 13.

67Op. cit., pp. 44-45.

68Op. cit., p. 80.

69Aarão Reis, Ditadura e democracia…, op. cit., p. 90.

70Op. cit., p. 92.

71Op. cit., p. 78.

72Daniel Aarão Reis, “A luta armada esqueceu de fazer consulta ao povo-Entrevista a Bernardo Mello Franco”, en Folha de São Paulo, São Paulo, 22 de março de 2014. Disponible en www1.folha.uol.com.br/poder/2014/03/1432835-a-luta-armada-se-esqueceu-de-fazer-consulta-ao-povo-afirma-historiador.shtml [fecha de consulta: 20 de abril de 2017].

73Según este autor, la lucha armada fue realizada por una élite política que estaba legitimada a través de modelos internacionales, que no era democrática porque subestimó el apoyo popular, y que eran características inherentes al tipo de organización de la izquierda del momento: Daniel Aarão Reis, A revolução faltou o encontro: os comunistas no Brasil, São Paulo, Brasiliense, 1990, p. 182.

74Marcelo Ridenti, “Resistência e mistificação da resistência armada contra a ditadura: armadilhas para os pesquisadores”, en Daniel Aarão Reis, Marcelo Ridenti y Rodrigo Patto Sá Motta (orgs.), O golpe e a ditadura militar quarenta anos depois (1964-2004), Bauru/São Paulo, EDUSC, 2004, pp. 55-57; Marcelo Badaró Mattos, “O governo João Goulart: novos rumos da produção historiográfica”, en Revista brasileira de história, vol. 28, N° 55, São Paulo, 2008, p. 252. Disponible en www.scielo.br/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0102-01882008000100012&lng=en&nrm=iso&tlng=pt [fecha de consulta: 17 de abril de 2017]; Carlos Zacarias de Sena Júnior, “A “boa memória”: um debate com o revisionismo histórico na obra de Daniel Aarão Reis”, en Colóquio Marx Engels. Unicamp, Campinas, 2015. Disponible en www.ifch.unicamp.br/formulario_cemarx/selecao/2015/mesas/Carlos%20Zacarias%20Sena%20Jr..pdf [fecha de consulta: 17 de abril de 2017]. Véase también los artículos de Demian Melo sobre el revisionismo: “A questão do consenso na ditadura militar brasileira: apontamentos a partir de Gramsci”, en Colóquio Marx Engels. Unicamp, Campinas, 2015. Disponible en www.scielo.br/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0102-01882008000100012&lng=en&nrm=iso&tlng=pt [fecha de consulta: 17 de abril de 2017].

75Ridenti, “Resistência e mistificação…”, op. cit., p. 62.

76Op. cit., p. 63.

77El Instituto de Investigaciones y Estudios Sociales (IPES) fundado en 1961 y el Instituto Brasileño de Acción Democrática (IBAD) fundado en 1959, eran organizaciones creadas por empresarios para imponer la agenda anticomunista, tecnocrática y liberal de los grupos multinacionales y asociados.

78Angela de Castro Gomes y Jorge Ferreira, 1964: O golpe que derrubou um presidente, pôs fim ao regime democrático e instituiu a ditadura no Brasil, Rio de Janeiro, Civilização Brasileira, 2014.

79Jorge Ferreira escribió en 2011 una biografía de João Goulart –Jango: una biografía– resultado de su prueba para valorar la cátedra de Historia de Brasil en la Universidade Federal Fluminense.

80Rodrigo Patto Sá Motta, “O golpe de 1964 e a ditadura nas pesquisas de opinião”, en Revista Tempo, Niterói, vol. 20, 2014, p. 8. Disponible en www.scielo.br/scielo.php?pid=S1413-77042014000100215&script-=sci_arttext&tlng=pt [fecha de consulta: 28 de septiembre de 2016].

81Gomes y Ferreira, op. cit., p. 8.

82Op. cit., p. 105.

83Op. cit., pp. 63-64.

84Op. cit., p. 14.

85Tânia de Luca y Ana Maria Martins, História da imprensa no Brasil, São Paulo, Contexto, 2008, p. 10.

86Boris Kossoy, Fotografia e história, 2a ed., São Paulo, Ateliê Editorial, 2001, pp. 47-48.

87Op. cit., p. 44.

88Marcondes Filho, O capital da notícia, São Paulo, Ática, 1989, p. 11.

89En la caracterización de las formas en que se metamorfosean los partidos, Antonio Gramsci llama la atención sobre la que lleva la función de fuerza de fracciones de partidos orgánicos, que puede ser asumida por un periódico, un conjunto de periódicos o revistas, conjuntos de revistas que pueden ser “partidos”, “fracciones de partidos” o “funciones de algunos partidos”: Antonio Gramsci, Cadernos do Cárcere, Maquiavel notas sobre o Estado e a Política, Rio de Janeiro, Civilização brasileira, 2000, p. 350.

90Gomes y Ferreira, op. cit., p. 13.

91Gomes y Ferreira, op. cit., p. 13.

92Rodrigo Martins, “Verdade exumada”, Carta capital, São Paulo, 4 de novembro de 2013. Disponible en www.cartacapital.com.br/revista/773/verdade-exumada-5637.html (fecha de consulta: 20 de abril de 2017).

93Patto Sá Motta, op. cit., pp. 5-6.

94Op. cit., p. 17.

95Enzo Traverso, “Historia y memória”, en Franco y Levín, op. cit., p. 90.

96Op. cit., p. 78.

97Brasil. Ato Institucional n. 1. Senado Federal, Secretaria de informação legislativa, 1964. Disponible en http://legis.senado.gov.br/legislacao/ListaNormas.action?numero=1&tipo_norma=AIT&data=19640409&link=s [fecha de consulta: 17 de abril de 2017].

98Leandro Melito, “Jair Bolsonaro defende golpe militar de 1964 em recepção a Yoani Sánchez”, en EBC Agência Brasil, Rio de Janeiro / São Paulo / Brasília, 20 de fevereiro de 2013. Disponible en www.ebc.com.br/noticias/politica/2013/02/jair-bolsonaro-defende-golpe-militar-de-1964-em-recepcao-a-yoani-sanchez [fecha de consulta: 17 de abril de 2017].

99Mauro Ceccherini, “Jango tinha 70% de aprovação às vésperas do golpe de 64, aponta pesquisa”, en Camara Noticias, 28 de março de 2014. Disponible en www2.camara.leg.br/camaranoticias/noticias/POLITICA/464707-JANGO-TINHA-70-DE-APROVACAO-AS-VESPERAS-DO-GOLPE-DE-64,-APONTA-PESQUISA.html [fecha de consulta: 17 de abril de 2017].

Creative Commons License This is an Open Access article distributed under the terms of the Creative Commons Attribution License, which permits unrestricted use, distribution, and reproduction in any medium, provided the original work is properly cited.