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Historia (Santiago)

versión On-line ISSN 0717-7194

Historia (Santiago) vol.51 no.1 Santiago jun. 2018

http://dx.doi.org/10.4067/s0717-71942018000100227 

Ensayos Bibliográficos

La vivienda popular en Chile urbano (1880-1930). Un estado de la cuestión interdisciplinario1

Simón Castillo Fernández* 

*Doctor en Arquitectura y Estudios Urbanos, Pontificia Universidad Católica de Chile. Académico de la Escuela de Arquitectura de la Universidad Diego Portales. Correo electrónico: simoncasti@hotmail.com

La vivienda popular urbana como problema

La cuestión de la vivienda popular –o social, como se le llama de manera oficial– es un tema relevante en el Chile actual. Aunque ya no presenta los graves problemas de insalubridad de principios del siglo xx, ni la movilización social existente entre las décadas de 1950 y 1970, la vivienda popular ha permanecido como un problema relevante, debido, sobre todo, al déficit habitacional en las principales ciudades nacionales. La falta de casas para los sectores más modestos ha repercutido al menos en dos grandes fenómenos: primero, un aumento de la autoconstrucción, de preferencia en zonas de difícil acceso, con bajas condiciones de habitabilidad dadas la topografía y la ausencia de servicios básicos, así como con un régimen de tenencia de la tierra irregular. Estos asentamientos, conocidos como campamentos, en rigor no son una forma de habitar novedosa: décadas atrás fueron denominados también como poblaciones callampas y rancheríos2. Dicho de otro modo, los campamentos constituyen un asunto de larga data en las urbes nacionales, poniendo en el debate la cuestión de la accesibilidad a la vivienda social y las condiciones de vida de los sectores populares.

El aumento de los campamentos chilenos ha sido un desafío que no ha encontrado una solución global por parte de los sucesivos gobiernos –actuando a través del Ministerio de Vivienda y Urbanismo– cuestionando una política de vivienda que, en el contexto latinoamericano, hasta fines de la década de 1990 era considerada como exitosa3. Esto lleva al segundo gran fenómeno resultante del déficit habitacional existente en Chile: el hacinamiento de quienes viven en departamentos entregados por el Estado. La provisión de viviendas, si bien convirtió a muchas personas en propietarios, significó también la entrega de 36 o 40 m2 que indudablemente fueron insuficientes para las familias beneficiarias. Estas, en muchos casos –como única alternativa– también recurren a la autoconstracción, aunque bajo la forma de ampliaciones hechizas, de frágil estructura y dudosa calidad antisísmica. El arquitecto Alfredo Rodríguez, hace ya más de una década, calificó a este fenómeno de hacinamiento y tugurización como el problema de “los con techo”: aquellos que habían logrado la tan ansiada casa propia, pero estrecha y de una materialidad constructiva pobre y, en ocasiones, directamente de mala calidad4.

La aceleración de estos fenómenos no solo ha tenido efectos en la vivienda de los grupos más humildes, pues dichos departamentos han sido edificados, casi sin excepción, en zonas periféricas, con poca o nula infraestructura y –dados esos motivos– con un bajo precio de suelo que tiene efectos en el valor de la propiedad en el mercado. Tal situación ha impactado con frecuencia en una degradación de la calidad de vida en todos los ámbitos: trabajo, educación, salud, entre otros. En la última década, esto se ha agravado producto de la masiva inmigración extranjera, en especial en Santiago. Carentes de trabajo y de una visa de residencia, miles de personas se han resignado a vivir en esas casas sociales, fomentando el inquilinato informal y las precarias condiciones de vida de los recién llegados. El problema habitacional va así en paralelo a la pobreza urbana, marcada por la ausencia de servicios básicos y en el caso nacional, por la segregación residencial. En otras palabras, el déficit, calidad y acceso a la vivienda convergen con otros problemas sociales y urbanos, constituyendo, dada su condición de pobreza, uno de los temas relevantes en el Chile actual5.

Ahora bien, expuestos estos aspectos, cabe recalcar la importancia de sus raíces históricas. Puede decirse, que la vivienda popular ha cruzado la historia de América Latina en general y de Chile en particular. En especial a partir de 1950 –cuando la migración campo-ciudad rebasó la estructura de las grandes ciudades, dejando a miles de personas sin techo– la habitación de los sectores más modestos ha sido indagada desde diversos enfoques: económicos, sociales, arquitectónicos, entre otros. La cuestión del acceso, tipología y calidad de la vivienda se convirtió así en una de las temáticas más abordadas por arquitectos, cientistas sociales y urbanistas, procurando generar políticas públicas capaces de paliar el enorme déficit en la materia. Dicho de otro modo: la cuestión de la vivienda se convirtió definitivamente en ‘problema’6. En el caso nacional, esta producción intelectual se desplegó en el contexto de la movilización social de los pobladores de Santiago (‘los sin casa’), con una constante alza de ‘tomas’ de terrenos entre 1957 y 1973, generando extensas periferias que cambiaron la fisonomía de la capital7.

Tal situación estimuló también el estudio de la vivienda desde una perspectiva histórica. Con timidez en un inicio, la historiografía social y de la arquitectura comenzó a explorar tópicos como las casas coloniales y temprano-republicanas. A partir de la década de 1970, los historiadores iniciaron una serie de aportes que indagaban en tipologías habitadas por la clase trabajadora y media –como los conventillos– publicaciones que fueron creciendo en las décadas posteriores. De esta manera, estos trabajos se han centrado en dimensiones tan amplias como las cuestiones materiales, los roles de género, las sociabilidades de las clases bajas, las percepciones de la opinión pública y los imaginarios sociales en torno a las residencias populares.

Sin embargo, pese a esta rica producción, no existe un estudio que elabore un estado de la cuestión, persiguiendo con ello delimitar áreas de trabajo desarrolladas y bosquejar algunas dimensiones de investigación no del todo estudiadas. El ensayo se centra en la vivienda popular (ranchos y conventillos) y en específico en la que ha sido indagada entre 1880 y 1930, periodo que la historiografía ha definido como el de la ‘cuestión social’. La elección de dicho tiempo histórico radica en que constituye una de las más paradigmáticas épocas de nuestra historia: una paulatina industrialización en la pampa salitrera y los principales centros urbanos, sumada a un explosivo crecimiento demográfico de estos, fue un fenómeno novedoso y conflictivo de resolver para la élite nacional y modificó de manera drástica ciudades como Antofagasta, Santiago y Valparaíso8.

En relación con estos planteamientos, se realizan las siguientes preguntas: ¿cómo han abordado la historiografía, las Ciencias Sociales y los estudios urbanos la vivienda popular durante la ‘cuestión social’? ¿Cuáles han sido los principales ámbitos de trabajo y qué perspectivas pueden proponerse grosso modo para próximas investigaciones? En la realidad local, la elaboración de un balance historiográfico, sin duda, no es algo nuevo: diversos autores han coincidido en las dificultades metodológicas que implica tal tarea, sobre todo por la alta especialización y el elevado número de publicaciones editadas tanto en Chile como el extranjero. En este sentido, cualquier recuento historiográfico debe tener presente las limitaciones del investigador, pero también la posibilidad de generar una instancia de diálogo académico, al igual que un insumo para indagaciones más ambiciosas9. En ese contexto, el ensayo se inserta en una producción historiográfica urbana que, en escala regional, comenzó a tener cierta autonomía al interior de la disciplina desde la década de 1970. De especial relevancia son las publicaciones del urbanista venezolano Arturo Almandoz, quien ha indagado en el proceso de construcción de la subdisciplina en el campo regional, realizando un balance historiográfico minucioso y detallado10. Dentro del abordaje que se propone en este ensayo, debe ponerse énfasis en que gran parte del mismo radica en los llamados ‘conventillos’, tanto porque en el Chile urbano de la ‘cuestión social’ era el tipo de residencia más común, como porque –como se verá más adelante– los mismos investigadores lo han puesto en primer orden. En esa tipología residencial, caracterizada por su angosto pasaje central al cual daban hileras de habitaciones –muchas veces sin ventanas– se vivió también una vida marcada por la carencia, en especial sanitaria. Y, además, una condición de inquilinato que se mantuvo a lo largo de todo el periodo, ya que la gran mayoría de sus habitantes no eran propietarios ni poseían la capacidad económica para serlo. En consecuencia, y como se señaló antes, en este trabajo se profundizarán esta tipología y los ranchos, y solo de manera complementaria en los llamados cités, al ser habitados más bien por clases medias.

Esta preeminencia del conventillo como foco analítico converge con otros dos fenómenos relevantes presentes entre 1880 y 1930: el desarrollo urbano y la cuestión arquitectónica. En cuanto a lo primero, la situación habitacional del periodo se caracterizó –en particular a partir de la década de 1910– por el crecimiento de las principales ciudades y la conformación de extensas periferias, sobre todo en Santiago. Esto se desarrolló por medio de las llamadas ‘poblaciones’, levantadas en muchas ocasiones sin provisión de servicios básicos como agua potable y electricidad, derivando en una segregación residencial que fue tomando características de “gran escala”11. También en el ámbito urbano, la cuestión habitacional de la ‘cuestión social’ estuvo marcada por la (insuficiente) acción estatal en la materia, expresada en materia legal en leyes de vivienda los años 1906 y 1925, e institucionalmente en la creación de nuevas entidades, como el Consejo Superior de Habitaciones Obreras y el Consejo Superior de Bienestar Social. Sin duda, el despunte de un Estado de compromiso o desarrollista a partir de fines de la década de 1920 significó una nueva etapa en la arquitectura y construcción de la vivienda social en Chile, así como del paisaje urbano donde era insertada. En rigor, ese es el motivo principal para la selección de la fecha de cierre.

En paralelo a estos grandes fenómenos, hubo un progresivo, pero radical cambio en lo arquitectónico. Así, ya desde la segunda mitad del siglo xix, Valparaíso y Santiago –y en menor medida, otras urbes nacionales– comenzaron a incorporar servicios (agua potable, alcantarillado, electricidad, tranvía eléctrico), repercutiendo en la comodidad y el diseño de las casas, en especial en los sectores céntricos y en los barrios más pudientes. Pero desde principios del siglo xx el proceso se aceleró: numerosas construcciones fueron demolidas y en su lugar se erigieron casas de habitación, muchas veces con comercios en el primer piso, combinando antiguos y nuevos estilos –de hecho, se ha hablado de un periodo de “arquitecturas paralelas”– que de manera paulatina fueron incorporando la llamada “arquitectura moderna”12. Nuevos materiales de construcción (acero, concreto armado) fueron sumados al trabajo de obras privadas y públicas, entregando mayores posibilidades de expresión a los arquitectos, en particular al momento de proyectar las edificaciones en altura13. En el Primer Mundo esta corriente tuvo su cristalización a partir del Primer Congreso Internacional de Arquitectura Moderna (1928), el cual, basándose en las nociones de racionalidad y modernidad, impactó con fuerza en América Latina desde inicios de la década siguiente. En el caso santiaguino, pocos años después de inaugurados los primeros edificios de uso particular en estilo moderno, se inició la edificación de los primeros conjuntos colectivos estatales en altura, algo que se replicó en ciudades como Valparaíso, Concepción y Tocopilla.

Para finalizar, frente al tamaño considerable de los aspectos urbanos, políticos y culturales que involucra la habitación popular, es necesario puntualizar que son incluidos textos que aborden a la misma como cuestión principal y secundaria, pero siempre con una perspectiva de mediano o largo plazo. Esta opción se sustenta en que ha sido un objeto de estudio analizado por diferentes disciplinas: por ello, se incluirán todas aquellas publicaciones académicas que indaguen en el problema con una mirada histórica, aunque su pertenencia no sea de forma estricta la historiografía. Es el caso de la Geografía, Arquitectura y Sociología. Cabe destacar que el ensayo no pretende hacerse cargo de todas las publicaciones académicas en torno a la habitación popular: en este sentido, no son incluidas aquellas realizadas en el extranjero y –dada su crucial importancia– apenas cuatro publicaciones rompen aquí esa norma. De todos modos, se ofrece un panorama bastante avanzado sobre el estado del arte en este ámbito. En términos de estructura, se presentan primero las aproximaciones iniciales a la cuestión, para luego ahondar en la producción historiográfica desde la década de 1970 hasta el año 2018. Se cierra con un breve balance en torno a este tema.

Las primeras miradas históricas a la vivienda popular

Las aproximaciones iniciales al estudio de la habitación popular tuvieron como antecedentes las historias de la arquitectura, las cuales trataban exclusivamente sobre templos, edificios públicos y viviendas de las clases dirigentes14. En cuanto a las residencias plebeyas y con una mirada de mediano y largo plazo, las primeras publicaciones corresponden a las efectuadas por un importante grupo de empresarios: la Cámara Chilena de la Construcción, fundada en 1951. La entidad comisionó al arquitecto Luis Bravo Heitmann para redactar un documento referido al “problema de la vivienda a través de su legislación”, entre 1906 y 195915. Dos son, al menos, los elementos destacables de este libro. El primero, el esfuerzo por generar una síntesis del tema, que cubría desde la primera ley de 1906 hasta la publicación del escrito. El segundo, la aparición del mismo en medio de una honda crisis social, caracterizada por el déficit habitacional y la emergencia de decenas de “poblaciones callampas” por Santiago, además de la primera gran ocupación ilegal de terrenos: la toma de La Victoria (1957). Esta vinculación entre estudio social-jurídico y política social quedó en evidencia un año después, cuando Bravo publicó un documento con similar título al primero, pero dedicado de manera íntegra al “Plan Habitacional Alessandri”, desplegado por aquel gobierno de centroderecha desde 195916.

La referencia a asentamientos precarios como las “callampas” y las tomas de terreno es de importancia, ya que, dada la urgencia por construir casas higiénicas, el Estado y los particulares, así como el mundo académico relacionado con ambos, priorizó el estudio in situ de dichas unidades, más que una aproximación histórica a la cuestión. El propio Luis Bravo, por ejemplo –siguiendo el camino tomado en 1960– se orientó al estudio de las residencias entregadas por la Corporación de la Vivienda, CORVI (creada en 1953) y no a miradas retrospectivas.

Avanzando en la década de 1960, los estudios sobre la vivienda popular durante la ‘cuestión social’ no tuvieron demasiados cultores. Con todo, el cambio en esa situación provino, otra vez, del propio contexto social. Comprometido con las ideas de reforma promovidas por el gobierno de Eduardo Frei Montalva, el abogado e historiador Armando de Ramón participó, hacia 1967-1968, en una monumental encuesta sobre marginalidad en Santiago17. En rigor, tal como en otros países de la región, los estudios sobre vivienda popular fueron estimulados desde la década de 1950 y en particular en la siguiente, por la teoría de la marginalidad urbana18.

A partir de entonces, el interés de Armando de Ramón pasó de la historia social y económica a un tipo de subdisciplina que, sin descartar tales enfoques, se centraba en la ciudad como objeto de estudio: la historia urbana. Para ello, inició una serie de trabajos sobre Santiago, los que repasaron, en una primera instancia, los tiempos coloniales. Así, este académico de la Universidad Católica se concentró en la ciudad como un todo, para a mediados de la década de 1970 publicar su primer artículo con la vivienda como objeto primado. Allí presentó el padrón urbano de la capital en el siglo xvii, cuyo total era para entonces de casi mil propiedades. También manifestó cuál era su objetivo: “presentar un panorama, lo más completo posible, de la sociedad de Santiago a finales del siglo xvii19. Poco después, presentó los primeros trabajos que profundizaban en las moradas populares de la ‘cuestión social’, en específico entre la intendencia de Benjamín Vicuña Mackenna (1872-1875) y la llegada a Chile del primer urbanista profesional, el austríaco Karl Brunner (1929). Junto con ello, planteó hipótesis que relacionaban el crecimiento de las periferias urbanas con una histórica segregación residencial de las clases bajas20.

Junto con estos trabajos pioneros, el arquitecto René Martínez, de la Universidad de Chile, presentaba un artículo sobre el desarrollo urbano capitalino entre 1541 y 1941, el que, si bien no tenía a la habitación popular como tema fundamental, repasaba aspectos vitales para esta con una perspectiva de largo plazo, cuestión infrecuente, como se ha destacado21. Para concluir, el historiador Gabriel Guarda lanzó a fines de la década de 1970 una magna obra sobre las ciudades coloniales chilenas, que incluyó aspectos de la vivienda, aunque siempre restringidos a la época prerrepublicana y a las élites. Durante los años siguientes, proseguiría un trabajo que lo volvería referente indiscutido de la historia urbana colonial chilena22.

Hacia fines de la década de 1970 se abre una nueva etapa en la historia de la vivienda popular, en particular por el renovado ímpetu que tomara con investigaciones del propio Armando de Ramón, así como por los que podría calificarse como sus primeros discípulos. A ese afán se sumarían, desde distintas instituciones, geógrafos, sociólogos y arquitectos.

El impulso de las décadas 1980 y 1990: entre Armando de Ramón y los investigadores jóvenes

La década de 1980 fue agitada en Chile: al despuntar se aprueba, en un contexto dictatorial, una nueva Constitución. Hacia 1982 una severa crisis económica dispara la cesantía y la molestia social, estimulando el desarrollo, a partir del año siguiente, de una serie de masivas manifestaciones contra el régimen militar, conocidas como “jornadas de protesta”, las que fueron duramente reprimidas. También en 1983 se producen las primeras ‘tomas’ de terreno en Santiago desde el golpe de Estado de 1973. En ese escenario, los pobladores, sus organizaciones y sus dinámicas políticas y territoriales, se convirtieron en un factor de alta relevancia. De esta manera, la vivienda popular del periodo 18801930 adquiere un interés insospechado por parte de algunos académicos y grupos de estudio, a los que se podría dividir en tres grandes ámbitos.

Por una parte, está el propio Armando de Ramón quien, a partir de sus artículos antes comentados, persistió en el estudio del paso del siglo xix al xx, dentro del cual las casas de las clases bajas y medias resultaba crucial. Ya fuese en coautoría con el arquitecto Patricio Gross o de manera individual, este historiador entregó entre 1980 y 1990 variados estudios acerca de Santiago y, en particular, sobre sus periferias. Uno de sus artículos, en especial, tuvo el mérito de caracterizar históricamente las residencias santiaguinas de sectores populares, medios y altos entre 1891 y 192523. Otra publicación relevante, en coautoría con Gross y el arquitecto Enrique Vial, fue el libro Imagen ambiental de Santiago 1880-1930, el que traía numerosas fotos de conventillos y hogares populares, quizá las de mejor calidad publicadas hasta entonces24. En general, estos trabajos tenían el gran mérito de incorporar a la habitación dentro de la densa trama y tejido de la ciudad, evidenciando sus nexos con fenómenos como la delincuencia, la (carencia de) infraestructura y servicios y los testimonios de los contemporáneos sobre dicha cuestión. Todo ello, utilizando fuentes tan variadas como archivos intendenciales, crónicas de viajeros y censos nacionales de población, entre otros.

Un segundo frente de trabajo –en estrecha conexión con el anterior– estuvo en la labor del joven historiador argentino Luis Alberto Romero, quien tenía una estrecha relación de amistad con Armando de Ramón. A partir de una investigación iniciada con su padre, el célebre José Luis Romero, presentó varios artículos sobre las condiciones de vida de los grupos populares santiaguinos, donde sus residencias tenían un papel gravitante para comprender sus formas de relación familiar y hábitos de higiene. Se centró en la segunda mitad del siglo xix, en particular en los inicios de la ‘cuestión social’25.

Junto con el historiador trasandino, dentro de este segundo registro se encuentran algunos estudiantes que tuvieron contacto con Armando de Ramón en el campus Oriente de la Universidad Católica, así como historiadores jóvenes de otros centros de estudio. Quizá el más destacado de los primeros fue Luis Rodrigo Guzmán, quien redactó una tesis de licenciatura acerca de Valparaíso a fines del siglo xix, la que vinculaba fenómenos como la segregación residencial y el crecimiento urbano, algo muy novedoso para la historiografía de la época. Ya en su posgrado en planificación urbana, se centró en el mundo del inquilinato santiaguino de la primera mitad del siglo xx 26. Como se indicó más atrás, la mayoría de los habitantes de la capital (y también los del resto de Chile), eran arrendatarios de piezas. De ahí la gravitación de la obra de Guzmán, al constituir el primer trabajo específico al respecto. Dentro del segundo grupo (tesistas que no pertenecían a la Universidad Católica), se incluye a Isabel Torres, de la Universidad de Chile, quien estudió los conventillos capitalinos fijándose, por ejemplo, en su emplazamiento y condiciones materiales27.

Una tercera corriente de investigadores vinculada a la habitación popular, fueron aquellos pertenecientes a organizaciones no gubernamentales (ONG) y a instituciones extrauniversitarias nacionales e internacionales, y que se posicionaron, fundamentalmente, desde la historia social. Representa el primer caso el sociólogo Vicente Espinoza, quien en 1987 presentó un extenso trabajo sobre la relación entre los pobladores y el Estado durante el siglo xx, a propósito de sus demandas habitacionales. El libro, titulado de forma sugerente Para una historia de los pobres de la ciudad, tuvo la virtud de entregar una visión panorámica sobre el problema entre la época de la ‘cuestión social’ y el inicio del gobierno de Salvador Allende (1970), profundizando en las organizaciones y en los discursos de los pobladores, así como en sus relaciones con la autoridad. En un cruce para entonces bastante infrecuente entre historia social e historia política, generado a partir de una ONG –SUR Consultores– la publicación de Espinoza tuvo un impacto considerable sobre la literatura del tema. Una razón de peso para ello es que este sociólogo incluyó no solo a los conventilleros sino a una amplia gama de habitantes del Santiago del siglo xix: compradores de sitios a plazo, arrendadores “a piso”, “mejoreros” y pobladores de “tomas”, por nombrar a los principales28.

En la misma senda, a partir de su trabajo en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO-Chile), la socióloga Teresa Valdés presentó, en 1983, un documento de trabajo referido a la trayectoria histórica de las políticas habitacionales y del movimiento de pobladores. La autora destacó, para las primeras décadas del siglo xx, el impacto de la crisis de la industria salitrera y la migración a Santiago, entre otros aspectos29. Un estudio citado de manera recurrente por esta autora era el de otro sociólogo, Francisco Sabatini, quien, desde su trabajo en la Universidad Católica, había indagado poco antes en temáticas como la renta del suelo y sus nexos con la vivienda popular y la segregación urbana a comienzos del siglo xx, una relación poco trabajada hasta entonces30.

Para finalizar, siempre dentro de la historiografía, sin ser un estudio dedicado a la vivienda popular, pero que sí la considera un factor de crucial importancia para comprender la ‘cuestión social’, está la obra del abogado e historiador Gonzalo Vial Correa. Específicamente en su Historia de Chile 1891-1973, uno de sus volúmenes –publicado en 1981– incorpora esta dimensión, informando de las precarias condiciones de vida del mundo popular urbano y campesino. Es de alto interés el uso que realiza de una de las principales fuentes documentales disponibles para investigar en las residencias proletarias: la Monografía de una familia obrera (1903), de los abogados Jorge Errázuriz y Guillermo Eyzaguirre31.

Se ha dejado para el final de esta sección a un gremio fundamental para el estudio de la vivienda en general: los arquitectos. Desde la década de 1970, y con especial ímpetu a partir de la década siguiente, el tema había sido abordado por académicos como Edwin Haramoto y Joan MacDonald. En 1984, este interés fue rubricado con la creación del Instituto de la Vivienda de la Universidad de Chile, liderado por el mencionado Haramoto. Dos años después apareció el Boletín de la Vivienda, centrado en ámbitos como el hábitat residencial y la participación y asistencia técnica en la autoconstrucción realizada por sectores populares. En paralelo, el Colegio de Arquitectos, a través de su revista, proporcionó constante tribuna a la arquitectura habitacional. Así, en 1988 presentó una separata de la revista CA dedicada a la vivienda social durante el siglo xx. El periodo 1900-1950 fue estudiado por Montserrat Palmer, Patricio Gross y Óscar Ortega, todos arquitectos de las universidades Católica y de Chile. El valor de dicha publicación radica, entre otros aspectos, en una mirada panorámica que también incorporaba el periodo 1950-1980. Junto con ello, se presentaron esquemas de plantas, cortes y elevaciones de las residencias y poblaciones, al igual que relevantes datos de tamaños, distribuciones y materiales32.

El ingreso de la nueva historia social: la década de 1990

Varias de las publicaciones antes citadas (Isabel Torres, Luis Guzmán y Vicente Espinoza) compartieron la apertura a nuevas tendencias en el análisis de las moradas populares del 900. Poco después, Armando de Ramón lanzaba en Madrid en 1992 su obra más ambiciosa: Santiago de Chile. Historia de una sociedad urbana (1541-1991). El libro –editado como parte de una colección española que conmemoraba el quinto centenario de la llegada de Colón a América– ofrecía un completo panorama de la historia de la ciudad. Y en este, resaltaba el protagonismo entregado por el autor a la vivienda y, en especial, a la popular. De esta manera, proporcionaba, a partir de sus anteriores investigaciones, una historia urbana de lo social que quedaría como clásico y referente indiscutible en la subdisciplina, en especial a partir de la primera edición publicada en Chile33. Asimismo, dentro de esta tendencia, se encuentra una tesis y un documento de trabajo de Mónica Chaparro, historiadora de la Universidad Católica, quien indagó en distintos fenómenos de las primeras décadas del siglo xx, con irregular resultado: en específico su segunda publicación, parece un resumen de hechos y trabajos anteriores (como el de Espinoza), más que una investigación original34.

Considerando este aporte, es necesario destacar que la década de 1990 tuvo como novedad el hecho de que varios títulos incluyeron con fuerza, la llamada nueva historia social, al igual que el enfoque de género. Un caso es Alejandra Brito, historiadora de la Universidad de Chile, quien en 1995 presentó un trabajo titulado de manera sugerente “Del rancho al conventillo: transformaciones en la identidad popular femenina”35. En efecto, aunque no se puede decir que este artículo responda exclusivamente a aquel referente, sí puede afirmarse que incluye una perspectiva de género bastante infrecuente en el tema tratado aquí. Por otra parte, es uno de los primeros textos que señala de forma explícita un paso crucial: el del rancho de autoconstrucción (muchas veces miserable, pero propio) al conventillo de inquilinato y carente de separaciones entre lo público y lo privado36. Y en el plano de la vivienda popular es, quizá, el primer título que busca priorizar a la mujer del bajo pueblo y cuyo enfoque es tributario, entre otros, de la mencionada nueva historia social y del libro de Gabriel Salazar, Labradores, peones y proletarios (1985). En rigor, este historiador, aunque no aspiraba a escribir historia urbana, tuvo como un tópico de interés el de la casa popular y sus transformaciones, en particular el del paso del mundo rural al urbano desde el último tercio del siglo xix. Dado el carácter itinerante del peonaje masculino, la mujer popular tuvo una preocupación especial para él37.

Esta influencia –que puede hallarse, además, en la ya mencionada publicación de Vicente Espinoza– es distinguible también en el artículo de Juan Carlos Gómez sobre las “poblaciones callampas” capitalinas entre 1930 y 1960, presentado como documento de trabajo de FLACSO. Si bien está fuera del periodo de este estudio, resulta de interés al indagar en las primeras “poblaciones callampas”, surgidas en el contexto de los efectos de la depresión económica de 1929 y emplazadas en lugares como cerro Blanco, en Recoleta38.

Ahora bien, cruciales en estos nuevos aportes son dos libros editados a mediados de la década de 1990. Es el caso del referido Luis Alberto Romero y de Sergio Grez. Argentino el primero y chileno el segundo, publicaron respectivamente, ¿Qué hacer con los pobres? Elite y sectores populares en Santiago de Chile (1840-1895) y De la “regeneración del pueblo” a la huelga general. Génesis y evolución histórica del movimiento popular en Chile (1810-1890)39. El primero de ellos se vincula de forma más directa con el objetivo de este trabajo: como se vio, ya había publicado artículos sobre el tema en la década de 1980. Lo novedoso es que en su libro de 1995 los reunió, proporcionando así una visión panorámica de la segunda mitad del siglo xix, centrándose en las relaciones entre la clase dominante y el bajo pueblo capitalinos. En esa senda, Luis Romero resaltó el estudio de las viviendas y los arrabales populares, incluyendo, por cierto, la paradigmática intendencia de Benjamín Vicuña Mackenna. Además, escribió un capítulo nuevo, donde comparó las realidades social-urbanas de Buenos Aires y Santiago, cuestión que vista en retrospectiva aparece como uno de los primeros abordajes historiográficos comparativos en este ámbito. No hay que menospreciar, en todo ello, la influencia de Armando de Ramón: años después, Luis Alberto Romero contaría que el chileno fue un auténtico padre intelectual40.

En tanto, el libro ya nombrado de Sergio Grez –prologado, precisamente, por Romero– incluyó a las casas populares como un subtema, basándose en especial en las ya señaladas investigaciones de Armando de Ramón. En rigor, el enfoque de este trabajo fue la historia social –a semejanza de Salazar, Romero y Espinoza, entre otros– y su interés en el movimiento popular, en particular el artesanado urbano, que hasta entonces no había sido indagado con tanta exhaustividad41. En esta dirección –la vivienda popular como aspecto relevante, pero no prioritario– se incluyen libros de María Angélica Illanes y el de Elizabeth Hutchison42. La primera tuvo el mérito de engarzar, por primera vez, a las residencias de las clases menos favorecidas, con la salud pública. De este modo, incorporó aspectos como la diversidad de protagonistas que intervinieron en dicho problema (médicos, visitadoras sociales, políticos, etcétera), cuestión crucial para su tesis doctoral, luego publicada como libro. La historiadora estadounidense, a su vez, profundizó la perspectiva de género, relacionando las condiciones laborales de las mujeres con el escenario de la industrialización y la migración campo-ciudad. De esta forma, informó respecto a las organizaciones de mujeres proletarias y de clase media, sus discursos y visiones de la realidad. La casa, la mirada de Elizabeth Hutchison, es analizada como el espacio de los trabajos domésticos, esto es, principalmente, como espacio laboral de la mujer. Cuestión parecida puede señalarse del artículo de Ivonne Urriola, autora, en 1999, de una investigación sobre las habitaciones obreras como espacio de delitos femeninos, rica en el uso de documentos judiciales, la que contaba con la tutoría de Anne Perotin-Dumont, entonces académica de la Universidad Católica y especialista en historia de género43.

Durante la década de 1990 fueron abundantes también las tesis de provincia –en especial de universidades porteñas– que abordaban las casas plebeyas como parte de un problema mayor, ligado a la salud pública, a los movimientos sociales y a la construcción de infraestructura y servicios en Valparaíso44. Junto con estas tesis, y también focalizándose en provincias, el historiador de la Universidad Católica Jaime Valenzuela publicó un artículo donde repasaba los barrios populares de Curicó durante la segunda mitad del siglo xix, los que, como era de esperarse, estaban constituidos en lo fundamental por conventillos, incluso en zonas céntricas45. También desde el sur del país, hubo al menos tres publicaciones en esta década. Primero, una tesis que ahondaba en las condiciones de existencia de la clase trabajadora, así como el posterior abordaje estatal, durante la época de la ‘cuestión social’. Dentro del estudio, la situación de la vivienda ocupaba un amplio espacio46. Poco después, el historiador Amoldo Pacheco presentó un estudio acerca de las clases populares en Concepción entre 1880 y 1930, donde hay un interesante trabajo con los libros de actas del Cabildo de dicha urbe47. En 1997, este académico de la Universidad de Concepción profundizaría el tema habitacional obrero, gracias a un libro que revisó la historia de la ciudad a lo largo del siglo xx 48.

Siempre dentro de la historiografía, se cuenta, para finalizar, con dos artículos que profundizaron en una perspectiva bosquejada años antes por Armando de Ramón: el uso de la novela como fuente no convencional para el estudio de las casas plebeyas. En primer lugar, se encuentra el historiador de la Universidad Católica Marco Antonio León, quien en 1995 presentó un artículo donde utilizaba varios autores de la primera mitad del siglo xx, dando cuenta de la sociabilidad presente en los conventillos. Parecida fue la óptica de Camila Rivas, quien publicó un artículo basado en una tesis de magíster en historia de la Universidad de Chile donde repasaba la sociabilidad ‘conventillera’ 49.

Para finalizar este análisis de la década, es necesario detenerse en la producción proveniente de la Arquitectura, en especial de los académicos vinculados al ya mencionado Instituto de la Vivienda de la Universidad de Chile. Dentro de estos, resalta la labor de Antonio Sahady, quien se ocupó de la vivienda en Santiago en una amplia gama de aspectos, pero del que se rescatan dos publicaciones que refieren al problema aquí tratado: primero, una mirada general del tema, donde se refería a los cambios en el siglo xix, tanto referidos a los primeros palacios de la élite dirigente, como a “la proliferación de los conventillos” y a “las primeras viviendas populares” (a partir de la construcción de la población León XIII, de fines del siglo xix)50. Un segundo trabajo, en coautoría, ahondó en el patrimonio arquitectónico de la comuna de Independencia. Aunque la cuestión de las residencias de clase trabajadora no era el centro del libro, constituye un referente al momento de hablar de la zona norte capitalina, históricamente habitada por clases bajas y medias51.

Como se aprecia, las investigaciones respecto a las casas populares de la época de la “cuestión social”, ampliaron sus enfoques y áreas de interés. De esta manera, emergieron los primeros vínculos entre historiografía y estudios urbanos (como en el caso de Armando de Ramón y Patricio Gross, luego replicado por jóvenes profesionales). También se evidenció un paulatino auge de la nueva historia social y su estudio de la ciudad de fines del siglo xix y las primeras décadas del xx, así como un ingreso tímido, pero creciente de la historia de género. Significativo parece, asimismo, la emergencia de una producción historiográfica desde Valparaíso y Concepción. Desde la Arquitectura, en tanto, se desarrollaban los primeros trabajos que conectaban vivienda con patrimonio arquitectónico, en un registro conectado con la restauración de inmuebles. Todo ello sugería una interesante camada de trabajos en las décadas siguientes.

El nuevo siglo: miradas panorámicas y aspectos socioculturales

El siglo xxi se inaugura, en esta área de estudio, con dos investigaciones de diferentes disciplinas. La primera es la tesis de magister en Historia de la historiadora María Ximena Urbina, de la Universidad Católica de Valparaíso (2001), publicada como libro al año siguiente. Aunque antes de esta autora hubo obras que versaban respecto a las viviendas populares urbanas, era la primera vez que se hacía con una mirada integral, que mostró tres grandes dimensiones del conventillo: la tipología, las percepciones (incluyendo la acción estatal) y la sociabilidad. Lo hizo, además, estudiando una urbe mucho menos indagada que Santiago –y con una geografía física muy diferente– así como considerando el periodo de ‘cuestión social’ casi en toda su extensión52.

Como manifestó Armando de Ramón en el prólogo del libro referido, “es difícil encontrar un libro o artículo histórico dedicado exclusivamente al tema de la vivienda popular”53. La autora, sin duda, contó con el apoyo y consejos de su padre, Rodolfo Urbina, autor de connotados estudios de historia colonial y republicana, en buena medida conectados con el desarrollo de las ciudades54. Pero más allá de él, la investigadora, por méritos propios, integró con éxito los aportes de la historia social y de las mentalidades al estudio de lo urbano, en especial al momento de pesquisar las percepciones sociales del conventillo. De esta manera, utilizó en su trabajo fuentes tan diversas como: crónicas de viajeros extranjeros, prensa y fuentes oficiales. A ello hay que agregar que presentó otros dos valiosos artículos cuyo objetivo central eran las residencias de las mayorías urbanas: uno sobre los ranchos y otro referido al terremoto del año 190655.

En paralelo, el geógrafo de la Universidad Católica Rodrigo Hidalgo comenzó a difundir sus primeros resultados de investigación acerca del tema. A partir de una tesis doctoral desarrollada en la Universidad de Barcelona, tuvo el gran mérito de escribir una historia de la vivienda social en Santiago a lo largo de todo el siglo xx. De este modo, presentó en 2004 un extenso libro y, diseminado antes y después de su publicación, numerosos artículos que formaron parte del mismo, o se derivaban de forma directa de él56. De hecho, el año 2006 organizó un seminario sobre los primeros cien años de legislación en vivienda obrera en Chile, convocando a un grupo de académicos interdisciplinario. A partir de esa mirada panorámica –que se emparentaba en cierta medida con el libro de Luis Bravo de 1959-, una de sus principales conclusiones fue que, desde la primera ley social sobre casas populares en 1906, los beneficiarios habían vivido una permanente segregación urbana, al ser una y otra vez asentados en las periferias, en especial en Santiago57. Este fenómeno se habría desarrollado –según Hidalgo– con la participación y estímulo del Estado, desde la ley de 1906. Por otra parte, a partir de su estudio de la fase previa a la intervención del aparato público, este geógrafo concluyó que la beneficencia y filantropía católica había sido un protagonista de primer orden en la provisión de vivienda higiénica. De esta manera, la élite actuaba teniendo muy presente la necesidad de evitar la itinerancia del mundo popular, estimulando su asentamiento y su incorporación al resto del conjunto social a través de la vivienda. Es más: entregar estas unidades en propiedad a la clase obrera fue, a juicio del autor, uno de los aportes cruciales de las instituciones católicas.

Ahora bien, su libro (2004), más allá de sus innegables méritos, presenta algunos aspectos cuestionables; en particular, el trazar una historia que, si bien integra a beneficiarios y pobladores, tiene un marcado énfasis institucional-legalista, centrando el análisis de manera excesiva en las políticas sociales, sin profundizar demasiado en aspectos sociales o culturales. Es justo reconocer, de todos modos, que este geógrafo literalmente abrió una dimensión de trabajo casi olvidada en su disciplina; por ello, sus resultados aún están en proceso para potenciales investigaciones del área, pero también para historiadores y otros profesionales. Buena parte de ello radica en que, más allá de su libro, sus publicaciones dialogan con la Historia, la Arquitectura y las Ciencias Sociales.

Su perspectiva tenía, en el ámbito teórico y metodológico, una fuerte influencia de su tutor, el destacado geógrafo español Horacio Capel, de la Universidad de Barcelona. En efecto, uno de sus intereses principales ha sido la vinculación entre territorio, sociedad y vivienda, cuestión ejemplificada en un estudio acerca del ingeniero civil Carlos Carvajal, un hombre público de inicios del siglo xx que dedicó varias décadas de su vida a auscultar los problemas urbanos. Como muestra Hidalgo, la acción de Carlos Carvajal estuvo marcada por la idea de ‘ciudad lineal’ y las relaciones con sus pares españoles58. En definitiva, las exhaustivas investigaciones de María Ximena Urbina y Rodrigo Hidalgo evidenciaban que la vivienda social, mirada en un mediano y largo plazo, se convertía en un objeto de estudio cada vez más indagado desde diversas disciplinas académicas.

Así como Rodrigo Hidalgo y María Ximena Urbina abordaron las primeras décadas de la pasada centuria, otros comenzaron a profundizar en la etapa del llamado nacional– desarrollismo. El caso más destacado fue el del arquitecto Alfonso Raposo –de extensa carrera en la Universidad de Chile– quien, en 2001, integrando la Universidad Central, presentó un libro acerca de la trayectoria histórica de la Corporación de la Vivienda, entidad estatal creada en 1953 para encauzar las políticas habitacionales del país. Aunque la publicación no tenía como objetivo la realidad popular de comienzos del siglo xx, sí la incluyó como factor relevante para entender la realidad de mediados de siglo59.

La mención a la arquitectura como campo donde empezó a indagarse con mayor ahínco –y desde un prisma histórico– la cuestión de la vivienda popular, permite introducir a las historias de la arquitectura en Chile. Aunque estas contaban con una extensa trayectoria –cabe recordar al ya mencionado padre Gabriel Guarda– desde fines del siglo xx, y ya con mayor fuerza desde el actual, varios autores comenzaron a incluir a la casa de la clase trabajadora de la cuestión social como un elemento relevante. Uno de los primeros intentos más ambiciosos fue el de Roberto Urmeneta, quien, aunque no desarrolló una historia de la arquitectura de las residencias proletarias, sí profundizó en aspectos tipológicos de los conventillos en el Santiago de la primera mitad del siglo xx 60. A este se suma la obra de Cristián Boza y Hernán Duval, los que no indagaron en los conventillos, pero proporcionaron valiosa información y un breve análisis morfológico, a través de una serie de fichas de cités, edificios de renta y residencias61. Una década después, Eduardo San Martín proporcionó una mirada sobre la arquitectura de la periferia, si bien hay que reconocer que esta se centraba en la etapa del movimiento moderno. Algo parecido ocurría con la arquitecta Cristina Felsenhardt; lo llamativo de su publicación es que trazó un panorama sobre la relación vivienda, clase media y sistema político en el Chile posterior a 193062. Más vinculado a nuestra época de interés están Hilda López y María Inés Arribas, historiadora y arquitecta respectivamente, quienes a fines de la década de 1990 publicaron un libro referido a la población León XIII, la más importante de las levantadas por la beneficencia católica en Santiago63.

A partir del siglo xxi, se han incrementado las investigaciones interdisciplinarias que ahondan en las residencias populares urbanas del periodo 1880-1930, y en estas se aprecia un desempeño relevante de los arquitectos. Varias de estas obras han emanado de la Municipalidad de Santiago, por medio de una serie de libros de autoría colectiva, donde, a partir de capítulos escritos por geógrafos, arquitectos, sociólogos e historiadores, entre otros, se ha contribuido con una aproximación interdisciplinar al objeto. Bajo la autoría de la Dirección de Obras Municipales, se han publicado trabajos sobre el barrio poniente (Yungay-Brasil), sur-poniente (República-Dieciocho) y sobre la periferia sur (desde Diez de Julio), los que, junto con rescatar las residencias más emblemáticas y señoriales, también abordan las construcciones de cités, conventillos y vivienda social levantadas por el aparato público. En estos libros, resaltan los capítulos escritos por autores ya nombrados aquí, como el arquitecto Antonio Sahady y el sociólogo Vicente Espinoza64. En esa senda, el arquitecto Marcelo Vizcaíno presentó en 2010 un estudio biográfico sobre su colega Ricardo Larraín Bravo, quien fue autor, entre muchas otras obras, de la población Huemul, el primer conjunto de vivienda social edificada por el Estado de Chile, precisamente en la periferia sur capitalina65.

Pero las investigaciones más recientes de arquitectos se han ocupado también de otras ciudades y tópicos. Referido a lo primero, el arquitecto español Pablo Millán-Millán presentó un artículo sobre la ley de habitaciones obreras de 1906 y su aplicación en Valparaíso66. En tanto, el arquitecto Max Aguirre aportó con un libro que repasa la historia de la disciplina, sus medios de difusión de ideas y su organización gremial. Aunque aquí las casas proletarias no son el centro, Aguirre sí planteó la relevancia de las mismas para la arquitectura de inicios del siglo xx en Chile67. Algo parecido ocurre con el arquitecto Fernando Pérez, uno de los principales expertos en historia de la arquitectura en nuestro país. En su reciente libro, el profesor de la Universidad Católica despliega una mirada panorámica a la disciplina en el Chile de inicios del siglo xx, donde dedica algunas páginas a las habitaciones obreras68. Sin duda, el valor de estas aproximaciones radica en sus análisis de las distribuciones espaciales, los materiales y formas de construcción y los emplazamientos urbanos de aquellos emprendimientos. De esta manera, resultan un complemento directo para la labor del historiador, más apegado al estudio de la variable tiempo y los aspectos institucionales, políticos, económicos y sociales.

En cuanto a la historiografía, a inicios del siglo xxi se produjo un trabajo muy valioso –en especial por ahondar en una ciudad intermedia del sur de Chile– a cargo del historiador Fabián Almonacid, quien redactó un artículo sobre las habitaciones populares en Valdivia; una de las urbes sureñas con mayor cantidad de conventillos en torno a 190069. En tanto, en 2002, Guillermo Bravo, académico de la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación, publicó un artículo referido al “imaginario social de los conventillos” en la época de la cuestión social. Este estudio –con antecedentes en la obra de Armando de Ramón, Luis Alberto Romero y Marco Antonio León– se vinculaba con corrientes novedosas en la historiografía chilena de hace quince años, en particular la historia cultural, representada por autores como Peter Burke y Roger Chartier70.

Poco después del valioso libro de María Ximena Urbina (2002), fue el turno de Mario Garcés, quien publicó uno de historia social de los pobladores capitalinos, aunque situado algunas décadas posteriores a nuestra época de estudio71. En 2007, hubo otros dos aportes de consideración: por una parte, Gabriel Salazar –a quien ya se ha mencionado aquí por su libro Labradores, peones y proletarios- presentó la contraparte de aquella obra: Empresarios, mercaderes y capitalistas. Su relato ofreció, sobre la base de fuentes del Municipio e Intendencia del siglo xix, una mirada a la persecución oficial a los ranchos, que el autor comprendió dentro de un ataque general del patriciado al empresariado popular y que significó el reemplazo del rancho por el conventillo, vivienda que permitía el lucro de los dueños del suelo72.

Por otra parte, también en 2007, el historiador Gonzalo Cáceres (otro discípulo de Armando de Ramón) y el sociólogo Francisco Sabatini, ambos pertenecientes al Instituto de Estudios Urbanos de la Universidad Católica de Chile, presentaron un artículo que integraba un libro de homenaje a aquel insigne historiador –fallecido en 2004– y, si bien tenía como centro el proceso de suburbanización de Viña del Mar, abordaba el tema de los conventillos y la segregación residencial en la ciudad-jardín. Además, resalta en este trabajo la utilización de fuentes municipales y del Registro Civil, así como el diálogo con la obra de María Ximena Urbina73.

También en la historiografía, a inicios del siglo xx hubo una interesante tesis de licenciatura en la Universidad Católica de Chile, dirigida por Julio Pinto Vallejos. La autora analizó cuarenta y siete juicios del Primer y Tercer Juzgados del Crimen de Santiago, para conocer los hábitos delictuales en los conventillos. Destacan en esta tesis la reconstrucción de la vida cotidiana, caracterizada por la vida en común y la falta de intimidad, así como por observar otras conductas sociales: concubinato, vínculos de solidaridad, vicios (como el alcoholismo) donde, además de archivos judiciales, se utilizan en especial novelas y prensa. Así, se ofrece una amplia mirada a las conductas delictuales más comunes en los conventillos: injurias, agresiones verbales y lesiones, además de alcoholismo y delincuencia infantil y juvenil74. A todos los historiadores antes nombrados habría que sumar la traducción al español del ya entonces clásico libro del par estadounidense Peter de Shazo –publicado en Estados Unidos en 1983– el que exponía varios aspectos de los modos de habitar obreros75.

Ahora bien, la historiografía reciente ha ido ampliando sus temáticas hacia otros planos de la cuestión habitacional popular. Uno de estos es su relación con las políticas sociales y con los modos de caridad, en particular católica. En este último ámbito, Macarena Ponce de León ha contribuido con un estudio que repasa aspectos de la beneficencia ‘pre-políticas sociales’, durante la segunda mitad del siglo xix, aunque el tema de la vivienda se limita a escasas páginas76. También en la esfera de las intervenciones, pero referidas a las del aparato público, Juan Carlos Yáñez ha evidenciado la relevancia de la discusión política de la ‘cuestión social’ desde comienzos del siglo xix. Este autor ha examinado en específico la discusión respecto al trabajo y su regulación, dentro del cual se inserta la cuestión de la vivienda popular y su debate por parte de políticos e intelectuales77. En tanto, el libro de Abel Cortez y Cristian Urzúa estudió, a partir de la historia regional y la historia social urbana, los nexos entre la ‘cuestión social’ y el desarrollo urbano de San Fernando. Al revisar el ámbito de las residencias populares, en específico los conventillos, los autores penetraron en dimensiones como las condiciones de salubridad, la propiedad, las denuncias de la prensa, las prácticas sociales y la lenta acción institucional. Es sugerente, además, que este libro indague la vivienda popular en una ciudad intermedia y poco estudiada, como es San Fernando78.

Otro eje en el panorama actual corresponde al paternalismo industrial y la provisión de residencias obreras por parte de los empresarios. Destacan en este sentido, los aportes de Hernán Venegas, Milton Godoy y Diego Morales, quienes –a partir de la historia social y económica– se han introducido en relaciones industriales en la zona sur del país durante la primera mitad del siglo xx. En rigor, el valor de estas pesquisas es altísimo, al indagar en una forma de acceso a la vivienda que, en Chile urbano, fue tan o más numerosa que las propias políticas habitacionales estatales79. Según estos autores, es crucial la relevancia dada por los empresarios a las familias nucleares, consagradas por el matrimonio religioso, en lo que se ha llamado “estrategia de familiarización”. Para los obreros, en tanto, contar con una morada era una base fundamental para la ansiada movilidad social80. En esta área de trabajo del paternalismo y sus efectos residenciales, también puede sumarse a la ya nombrada historiadora Alejandra Brito, quien, en coautoría con el sociólogo Rodrigo Ganter, durante los últimos años ha desplegado una vasta indagación referida a las poblaciones industriales de la zona sur, sobre todo la de Siderúrgica Huachipato, en Talcahuano, aunque en un periodo posterior al que trata este ensayo.

Un enfoque parecido al de Venegas, Godoy y Morales, se encuentra en el avezado historiador René Salinas, quien, sobre la base de una extensa serie de publicaciones, publicó en 2014 un artículo donde entrega una visión general sobre la vivienda popular durante la ‘cuestión social’, estableciendo algunos ejes fundamentales. Entre ellos, un repaso a las formas más comunes de vivienda y de familia proletaria –en su mayoría extendidas y no nucleares– así como la reacción oficial, destacando la asociación que las autoridades e intelectuales hicieron entre esas casas y la inmoralidad de sus habitantes. De esta forma, presenta cómo las residencias de las clases bajas importaban a la esfera pública tanto en su dimensión física (carencia de higiene, epidemias y urgencia de salubridad pública) como en la referida a aspectos familiares (necesidad del matrimonio y de erradicación de hábitos indeseables, como el adulterio y el alcoholismo)81.

En este marco de enfoques históricos socioculturales, se constata, para finalizar, una nueva producción sustentada en el trabajo de jóvenes arquitectos, sociólogos e historiadores. En el caso de los primeros, están los ya mencionados Marcelo Vizcaíno, Pablo Millán-Millán y Max Aguirre, a quienes hay que sumar entre otros a: Hugo Mondragón, Umberto Bonomo, Emanuel Giannotti, Pablo Fuentes, Luis Valenzuela, Ronald Harris, Damir Galaz-Mandakovic y Mauricio Puentes. En la Sociología se ha perfilado el trabajo de Alexis Cortés y entre los historiadores, están: Boris Cofré, Marcelo Robles, Sebastián Leiva, Oscar Peñafiel y José Antonio González. A partir de la década de 2010, todos han indagado en el periodo exactamente posterior al de interés en este ensayo82. Dentro de este grupo de investigadores, el historiador Simón Castillo ha profundizado en la vivienda popular urbana de la ‘cuestión social’, sosteniendo –a partir de una óptica sociocultural cercana a la planteada por René Salinas– la idea de una paulatina domesticación de los sectores medios y populares mediante las políticas habitacionales desplegadas entre 1900 y 1930. Pese a que estas proveyeron una baja cantidad de unidades en relación con la demanda total, este “proyecto doméstico” se caracterizaba por persuadir a los beneficiarios respecto al valor del ahorro, la familia y el hogar. Además, por fomentar cierto tipo de casas y decorado interior, en el contexto de formación de grandes periferias urbanas83.

Algunas reflexiones finales

El estudio de la vivienda popular urbana desde un prisma histórico comenzó a ser desarrollado como objeto de estudio a partir de fines de la década de 1950. Acorde con los grandes fenómenos de migración campo-ciudad y formación de extensas periferias, arquitectos e historiadores comenzaron a introducirse de forma progresiva en la indagación de la habitación obrera de la ‘cuestión social’. Crucial en este sentido fue el aporte del historiador Armando de Ramón, quien publicó varias obras –muchas en coautoría con el arquitecto Patricio Gross– donde dicha temática era central.

A partir de su trabajo en la Universidad Católica de Chile, Armando de Ramón influyó en algunos discípulos, teniendo a Santiago como su caso de estudio más indagado. Además de este académico, otros historiadores, como Luis Alberto Romero e Isabel Torres, presentaban trabajos que abordaban diversas aristas del problema, focalizándose en especial en ranchos y conventillos. En ese escenario, destacó el libro del sociólogo Vicente Espinoza (1987), quien entregó una completa mirada a la relación de los ‘sin casa’ con el Estado de Chile durante el siglo xx. El tratamiento que entregó a los compradores de sitios a plazo, arrendadores ‘a piso’ y ‘mejoreros’ posibilitó extender el radio de estudio a otros protagonistas antes prácticamente ignorados.

Si esto ocurría en la Historia y las Ciencias Sociales, la Arquitectura tuvo sus propios derroteros en la década de 1980, rescatando, a partir de una mirada patrimonial y comprometida con el mundo social, los aspectos tipológicos de las casas populares, en específico poblaciones edificadas por el Estado y cités de rentistas particulares. La labor de los arquitectos estuvo más bien vinculada con sus trabajos en la agrupación gremial (el Colegio de Arquitectos de Chile) y con las universidades Católica y de Chile. Un ejemplo relevante es el de esta última casa de estudios, donde se fundó el Instituto de la Vivienda (1984), cuyo objetivo fue ampliar el análisis de la vivienda a ámbitos como el hábitat residencial y la asistencia técnica a pobladores, entre otros.

A partir de la década de 1990, se aprecia un considerable auge de investigaciones que tuvieron a la casa plebeya de la ‘cuestión social’ –y los habitantes de la misma– como un tema destacado. Sin duda, ya desde la década de 1980, la llamada ‘nueva historia social’ fue para varios un referente de importancia, en especial por darle protagonismo a los sectores populares, posibilitando enriquecer perspectivas como la historia de la familia, los roles de género y otros. De especial valor es el trabajo de Alejandra Brito, indagando en el paso del rancho al conventillo en la capital, así como en papel de las mujeres. Cuestión similar puede decirse de la historiadora María Ximena Urbina, quien, de alguna forma, saldó la deuda que había con esta temática para la ciudad de Valparaíso y entregó una visión de las casas populares desde la historia urbana.

Desde la geografía en tanto, a partir de fines del siglo xix fue de alto valor la mirada panorámica de Rodrigo Hidalgo respecto a la vivienda social de la capital chilena en el siglo xx. Los arquitectos, a su vez, han tenido varios méritos: no solo utilizan una profusa iconografía –cuestión, como es sabido, infrecuente en los historiadores– sino que de forma paulatina han ampliado sus pesquisas referidas a la habitación popular a temáticas como el debate disciplinar de sus colegas del pasado, así como a las obras que estos produjeron y sus vínculos con los contextos socioculturales en que están inscritos. Como un marco común de las disciplinas aquí mencionadas, cabe destacar –desde el inicio del estudio de las residencias populares en clave histórica, a fines de la década de 1950– la importancia de las universidades Católica y de Chile como principales centros de investigación. En menor medida, puede señalarse esto para la Universidad Católica de Valparaíso.

Para finalizar, cabe bosquejar, a partir de un balance en torno al tema, algunas perspectivas de trabajo hacia futuro. Sería pertinente, en primer lugar, continuar profundizando en las cuestiones sociales y culturales de la vivienda popular urbana. En este sentido, surge como algo importante –en la senda de los estudios más recientes de arquitectos e historiadores– vincular esta temática con las múltiples dimensiones de lo que llamamos lo urbano. Al respecto, dichas formas residenciales, esto es, las casas, su arquitectura y diseño residencial, dialogan con una serie de ámbitos presentes en la ciudad: la política (instituciones públicas y privadas; la administración de la propia urbe; la organización vecinal); la economía (arriendo, compraventa y mercado inmobiliario); la infraestructura (tecnología, servicios, diseño urbano) y la cultura (imaginarios, representaciones y prácticas). De esta manera, teniendo en cuenta esos aspectos y relacionándolos con los elementos morfológicos de la vivienda, podría avanzarse en estudios tan o más estimulantes que los aquí revisados.

En segundo lugar, puede postularse que, siguiendo la propuesta ofrecida por Vicente Espinoza en su libro de 1987, la historia social de la vivienda popular tiene la opción de ampliarse todavía más a actores postergados o dejados en segundo plano frente al estudio del conventillo: los compradores de sitios a plazo, arrendadores ‘a piso’ y ‘mejoreros’. Asimismo, en la interacción que hubo entre estos, los dueños del suelo y el municipio. Junto con ello, y al igual que al estudiar el mundo urbano, este enfoque social podría enriquecerse con una mirada que abordara también un panorama regional –trazando, por ejemplo, estudios comparativos– o de una escala global, que informara de las circulaciones, transferencias y apropiaciones referidas a la vivienda obrera.

Tercero y para concluir, la producción referida a provincias es –con la excepción de Valparaíso– todavía escueta y limitada a un puñado de trabajos. La labor de María Ximena Urbina para Valparaíso promovió un área de estudio que en otras ciudades intermedias no ha sido continuada con el mismo entusiasmo. Esta ausencia no es menor si se consideran los nexos de las casas populares con la expansión urbana y con los problemas de salubridad pública. En esa senda, hay una amplia disponibilidad de fuentes documentales para emprender esa tarea, como los existentes en fondos de Intendencias, Municipios y Registro Civil, entre otros archivos. Se trata, por tanto, de un campo fértil para el desarrollo de investigaciones desde diferentes disciplinas.

1Este ensayo bibliográfico es resultado del proyecto Fondecyt Posdoctoral N° 315092: “La construcción del hogar chileno. Políticas de vivienda y vida privada en Santiago y Valparaíso (1920-1970)”, financiado por CONICYT-Chile.

2Para una visión de estos asentamientos en escala regional, José Luis Romero, Latinoamérica. Las ciudades y las ideas, Buenos Aires, Siglo xxi, 1976, capítulo 5. Para el caso chileno, véase, entre otros, Cecilia Urrutia, Historia de las poblaciones callampas, Santiago, Quimantú, 1972 e Ignacio Santa María, “El desarrollo urbano mediante los asentamientos espontáneos: el caso de los campamentos chilenos”, en Eure, vol. 3, N° 7, Santiago, 1973, pp. 103-112.

3María Elena Ducci, “Chile: el lado oscuro de una política de vivienda exitosa”, en Eure, vol. 23, N° 69, Santiago, 1997, pp. 99-115.

4Alfredo Rodríguez y Ana Sugranyes (eds.), Los con techo: un desafío para la política de vivienda social, Santiago, Eds. SUR, 2005.

5Una de las organizaciones no gubernamentales más relevantes de los últimos veinte años ha sido “Un techo para Chile” –hoy simplemente “Techo”-, organización creada en 1997 por el sacerdote jesuita Felipe Berríos. Su objetivo es atacar la extrema pobreza, en específico la existente en campamentos, a través de la edificación de viviendas dignas. Esto lo ha realizado junto a estudios sociales sobre los asentamientos intervenidos. Para mayores antecedentes, véase Programa un Techo para Chile, Historias de campamentos, Santiago, Un Techo para Chile, 2004.

6Respecto a este tema, Anahí Ballent y Jorge Francisco Liernur, La casa y la multitud. Vivienda, política y cultura en la Argentina moderna, Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 2014, introducción. Para el caso de Londres, ejemplo temprano y paradigmático de masiva industrialización y urbanización, véanse, entre otros, a Peter Hall, Ciudades del mañana. Historia del urbanismo en el siglo xx, Barcelona, Ediciones del Serbal, 1996, capítulo 2: “La noche de la ciudad espantosa” y Robin Evans, “Barriadas hacinadas y viviendas modelo. La reforma de la vivienda en Inglaterra y las moralidades del espacio privado”, en Robin Evans, Traducciones, Barcelona, Pre-Textos, 2005. Para Francia, es clave el libro de Roger-Henri Guerrand, Les origines du logement social en France 1850-1914, Paris, Éditions de la Villete, 2010.

7Sobre la migración rural a las ciudades y la consecuente formación de rancheríos y áreas marginales, a escala continental, José L. Romero, op. cit., capítulo 5. Respecto a la transformación de la capital chilena por las clases populares desde 1950, Mario Garcés, Tomando su sitio. El movimiento de pobladores de Santiago (1957-1970), Santiago, LOM Ediciones, 2002.

8La cuestión social tiene una larga lista de estudios, por lo que se presentan solo algunos de ellos, como son: James Morris, Las elites, los intelectuales y el consenso, Santiago, Editorial del Pacífico, 1967; La “cuestión social” en Chile. Ideas y debates precursores (1804-1902), recopilación y estudio crítico de Sergio Grez T., primera reimpresión, Santiago, Ediciones de la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos, colección Fuentes para la Historia de la República 1997, vol. vii; Ximena Cruzat y Ana Tironi, “El pensamiento frente a la cuestión social en Chile”, en Mario Berríos y otros, El pensamiento en Chile, 1830-1910, Santiago, Nuestra América Editores, 1987, pp. 130-151; Mario Garcés, Crisis social y motines populares en el 1900, Santiago, ECO, 1991, entre otros.

9Véanse, por ejemplo, los trabajos contenidos en Álvaro Góngora (coord.), Anatomía de una disciplina. 25 años de historiografía chilena, Santiago, Ediciones Universidad Finis Terrae, 2015.

10Véase en especial su libro Entre libros de historia urbana: para una historiografía de la ciudad y el urbanismo en América Latina, Caracas, Equinoccio, 2008.

11Véase Francisco Sabatini, Jorge Cerda y Gonzalo Cáceres, Segregación residencial en las grandes ciudades de Chile, 1970-1992: Concepción y Valparaíso, Santiago, Mideplan, 2001, pp. 1-3 y “Segregación residencial en las principales ciudades chilenas: Tendencias de las tres últimas décadas y posibles cursos de acción”, en Eure, vol. 27, N° 82, Santiago, 2001, p. 27.

12Humberto Eliash y Manuel Moreno, Arquitectura y modernidad en Chile 1925-1965: una realidad múltiple, Santiago, Universidad Católica de Chile, 1989; Humberto Eliash, “Modernidad aparente y arquitecturas paralelas”, en CA, N° 69, Santiago, 1992, p. 62; Manuel Moreno y Humberto Eliash, “La modernidad”, en Municipalidad de Santiago, Dirección de Obras Municipales, Santiago Poniente. Desarrollo Urbano y Patrimonio, Santiago, D.O.M. de Santiago y Atelier Parisien d’Urbanisme, 2000, pp. 86-95.

13Fernando Pérez, Arquitectura en el Chile del siglo xx. Volumen i: Iniciando el nuevo siglo 1890-1930 Santiago, Arq, 2016, pp. 89-91.

14Por ejemplo, Eduardo Secchi, Arquitectura en Santiago, siglo xvii a xix, Santiago, Comisión del IV Centenario de la ciudad / Zig-Zag, 1941 y La casa chilena hasta el sigloxix, Santiago, Impr. Universitaria, 1952. Este último contaba con una introducción de Eugenio Pereira Salas, insigne historiador del arte y la cultura.

15Luis Bravo, El problema de la vivienda a través de su legislación, 1906-1959, Santiago, Universitaria, 1959.

16Luis Bravo, El problema de la vivienda a través de su legislación: Plan Habitacional Alessandri, Santiago, Universidad Católica, 1960.

17Armando de Ramón y otros, Encuesta nacional socioeconómica en poblaciones marginales, Santiago, Consejería Nacional de Promoción Popular, División de Estudios, Departamento de Estadística y Censos, 1968, mimeografiado. Para aproximarnos a la obra de este historiador ha sido sumamente útil Juan Ricardo Couyoumdjian, “Bibliografía de Armando de Ramon”, en Jaime Valenzuela (ed.), Historias urbanas. Homenaje a Armando de Ramón, Santiago, Universidad Católica de Chile, 2007, pp. 15-24.

18Véase, por ejemplo, Maria Lais Pereira da Silva, Favelas cariocas: 1930-1964, Rio de Janeiro, Contraponto, 2005, p 15.

19Armando de Ramón, “Santiago de Chile, 1650-1700”, en Historia, N° 13, Santiago, 1976, pp. 97-270.

20Pese a haber sido publicados en el extranjero, y dada su alta relevancia no solo para el estudio de la vivienda popular sino de la propia historia urbana en Chile, se han incluido aquí: Armando de Ramón, “Santiago de Chile (1850-1900). Límites urbanos y segregación social según estratos”, en Revista Paraguaya de Sociología, N° 42/43, Asunción, 1978, pp. 253-276; “Suburbios y arrabales en un área metropolitana: el caso de Santiago de Chile, 1872-1932”, en Jorge E. Hardoy et al. (comps.), Ensayos histórico sociales sobre la urbanización en América Latina, Buenos Aires, SIAP-CLACSO, 1978, pp. 113-130.

21René Martínez Lemoine, Desarrollo urbano de Santiago: 1541-1941, Santiago, Universidad de Chile, Facultad de Arquitectura y Urbanismo, Dpto. de Planificación Urbano-Regional, 1977.

22Gabriel Guarda, Historia urbana del Reino de Chile, Santiago, Andrés Bello, 1978; Una ciudad chilena del siglo xvi: Valdivia: 1552-1604, urbanística, res pública, economía, sociedad, Santiago, Universidad Católica de Chile, 1993, entre muchos otros.

23La referencia a Armando de Ramón “Vivienda”, en Patricio Gross y Armando de Ramón (comps.), Santiago de Chile: características histórico-ambientales. 1891-1924, Londres, Nueva Historia, 1985, pp. 79-93. Pese a que esta obra fue editada en el extranjero, se incluye al ser hecha por un grupo de historiadores chilenos, en torno a los cuales se conformaría la llamada “nueva historia social” chilena (en específico Gabriel Salazar, Leonardo León y Luis Ortega, a quienes se sumarían otros nombres una vez retornados del exilio londinense). Véase también Armando de Ramón, “Estudio de una periferia urbana. Santiago de Chile 18501900”, en Historia, N° 20, Santiago, 1985, pp. 199-294; “La población informal. Poblamiento de la periferia de Santiago de Chile, 1920-1970”, en Eure, vol. 17, N° 50, Santiago, 1990, pp. 5-17. Y en coautoría con Patricio Gross, “Algunos testimonios de las condiciones de vida en Santiago de Chile: 1888-1918”, en Eure, vol. 11, N° 31, Santiago, 1984, pp. 67-74. Este artículo, a su vez, se basaba en una publicación más extensa de ambos autores: Santiago en el período 1891-1918: desarrollo urbano y medio ambiente (versión preliminar), Santiago, Universidad Católica de Chile, 1983, 3 tomos. Por último, un artículo que buscaba establecer algunos cruces claves entre política y ciudad durante el siglo xx, pero que abordaba de forma muy tímida la habitación popular, fue el de Patricio Gross, “Santiago de Chile: ideología y modelos urbanos”, en Eure, vol. 16, N° 48, Santiago, 1990, pp. 67-85.

24Armando de Ramón, Patricio Gross y Enrique Vial, Imagen Ambiental de Santiago 1880-1930, Santiago, Universidad Católica de Chile, 1984.

25Luis Alberto Romero, “Rotos y gañanes: trabajadores no calificados en Santiago (1850-1895)”, en Cuadernos de Historia, N° 8, Santiago, 1987, pp. 35-71; “Urbanización y sectores populares: Santiago de Chile 1830-1875”, en Eure, vol. 11, N° 31, Santiago, 1984, pp. 55-66; “¿Cómo son los pobres? Miradas de la elite e identidad popular en Santiago hacia 1870”, en Opciones. Revista del Centro de Estudios de la Realidad Contemporánea, N° 16, Santiago, 1989, pp. 57-79.

26Luis Rodrigo Guzmán, Encerrados entre los cerros y el mar: reforma y segregación urbana en Valparaíso: 1870-1880, tesis de licenciatura en Historia, Santiago, Universidad Católica de Chile, 1988. Esta tesis fue presentada como “Tu casa no es mi casa. Reforma y segregación urbana en Valparaíso a fines del siglo xix”, en Boletín del Encuentro de Historiadores, N° 5, Santiago, 1987. Posterior a ello, el autor publicó una tesis de maestría y un breve resumen de la misma, con títulos muy parecidos: Políticas públicas y vivienda popular: el arrendamiento en Santiago de Chile 1906-1950, tesis de Magíster en Planificación Urbana, Santiago, Universidad Católica de Chile, 1990 y “Políticas públicas y arrendamiento popular: el arrendamiento en Santiago de Chile, 1906-1950”, en Eure, vol. 27, N° 51, Santiago, 1991, pp. 59-62.

27Isabel Torres, “Los conventillos en Santiago (1900-1930)”, en Cuadernos de Historia, N° 6, Santiago, 1986, pp. 67-85.

28Vicente Espinoza, Para una historia de los pobres de la ciudad, Santiago, Sur, 1987. Este libro tuvo como base un trabajo de título: Movimientos sociales urbanos: análisis del caso de la huelga de arriendos en 1925 en Chile, tesis de licenciatura en Sociología, Santiago, Universidad Católica de Chile, 1983.

29María Teresa Valdés, El problema de la vivienda. Políticas estatales y movilización popular, documento de trabajo N° 195, Santiago, FLACSO Chile, 1983.

30Francisco Sabatini, Santiago: sistemas de producción de viviendas, renta de la tierra y segregación urbana, documento de trabajo N° 128, Santiago, CIDU-IPU, Universidad Católica de Chile, 1982.

31Gonzalo Vial Correa, Historia de Chile (1891-1973). La sociedad chilena en el cambio de siglo (1891-1920), Santiago, Zig-Zag, 2006, Tomo ii, 1981, pp. 499-504.

32Montserrat Palmer, Patricio Gross y Óscar Ortega, “La vivienda social chilena 1900/50”, en Documento. Reseña de la vivienda social en Chile, separata revista CA, Santiago, 1988.

33Armando de Ramón, Santiago de Chile. (1541-1991). Historia de una Sociedad Urbana, Santiago, Editorial Sudamericana, 2000.

34La autora publicó una tesis y un documento de trabajo basado en la primera, con títulos casi idénticos: La propiedad de la vivienda y los sectores populares, Santiago de Chile 1900-1943: una primera aproximación, tesis de licenciatura en Historia, Santiago, Universidad Católica de Chile, 1992; La propiedad de la vivienda y los sectores populares, Santiago de Chile 1900-1943, Santiago, Universidad Católica de Chile, Instituto de Estudios Urbanos, Serie azul 6, 1994.

35Alejandra Brito, “Del rancho al conventillo: transformaciones en la identidad popular femenina, Santiago de Chile, 1850-1920”, en Lorena Godoy y otras, Disciplina y desacato: construcción de identidad en Chile. Siglos xix y xx, Santiago, SUR & CEDEM, 1995. Véase también Alejandra Brito, “La mujer popular en Santiago (1850-1920)”, en Proposiciones, N° 24, Santiago, 1994, pp. 280-286.

36Se señala que es uno de los primeros, porque ese mismo año se presentó una tesis con el mismo nombre en la Universidad Católica de Chile: Mabel Garrido, Del rancho al conventillo: el problema habitacional de los sectores populares en Santiago de Chile 1860-1920: una primera aproximación, tesis de licenciatura en Historia, Santiago, Universidad Católica de Chile, 1995. Esta última no tenía el componente de género de la obra de Alejandra Brito, pero sí el del paso de una tipología de vivienda a otra. Otra tesis de licenciatura en la misma unidad académica más bien fue un compendio de investigaciones y reflexiones anteriores: Francisco Javier Sánchez, Visiones de los problemas habitacionales en Santiago de Chile 1860-1920, tesis de licenciatura en Historia, Santiago, Universidad Católica de Chile, 1999.

37Gabriel Salazar, Labradores, peones y proletarios, Santiago, SUR, 1985. Véase también, del mismo autor, “Ser niño ‘huacho’ en la historia de Chile (Siglo xix)”, en Proposiciones, N° 19, Santiago, 1988, pp. 5583. Esta mirada desde la historia social hacia la vivienda popular se presenta también en Mario Garcés, Crisis social y motines populares en el 1900, Santiago, Documentas, 1991, en específico, pp. 89-92.

38Juan Carlos Gómez, Las poblaciones callampas. Una expresión de lucha social de los pobres, Santiago, 1930-1960. Primera parte, Santiago, FLACSO Chile, 1994.

39Luis Alberto Romero, ¿Qué hacer con los pobres? Elite y sectores populares en Santiago de Chile (1840-1895), Buenos Aires, Sudamericana, 1997. Este libro está integrado casi por completo por artículos ya publicados en nuestro país durante la década de 1980 y ya citados con anterioridad; Sergio Grez, De la “regeneración del pueblo” a la huelga general. Génesis y evolución histórica del movimiento popular en Chile (1810-1890), Santiago, Ediciones de la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos, Centro de Investigaciones Diego Barros Arana / RIL Editores, colección Sociedad y Cultura, 1998, vol. xiii. Una acuciosa compilación de fuentes e introducción en La “cuestión social”…, op. cit.

40Luis Alberto Romero, “Sectores populares, asociacionismo y política: Buenos Aires, 1912-1976”, en Valenzuela (ed.), Historias urbanas…, op. cit., p. 291.

41Grez, De la “regeneración del pueblo”…, op. cit.

42Elizabeth Q. Hutchison, Labores propias de su sexo. Género, políticas y trabajo en Chile urbano 1900-1930, Santiago, LOM Ediciones, 2006. Se ha incluido este libro del siglo xxi en esta sección dedicada a la década de 1990, al pertenecer, en buena medida, al ‘clima de ideas’ de aquellos años, que fue, cuando la autora escribió su tesis doctoral que originaría el mencionado libro. De hecho, en la década de 1990 trabajó en FLACSO Chile y publicó un libro en coparticipación con otras historiadoras, como la referida Alejandra Brito. Respecto a la profesora María A. Illanes, véase “En el nombre del pueblo, del Estado y de la ciencia, (…)”. Historia social de la salud pública Chile 1880-1973, Santiago, Colectivo de Atención Primaria, 1993. Pese a que su libro basado en su tesis doctoral fue publicado en la década de 2000, las bases del mismo se encuentran en numerosas investigaciones anteriores. Véase María Angélica Illanes, Cuerpo y sangre de la política. La construcción histórica de las Visitadoras Sociales (1887-1940), Santiago, LOM Ediciones, 2006.

43Ivonne Urriola, “Espacio, oficio y delitos femeninos: el sector popular de Santiago (1900-1925)”, en Historia, N° 32, Santiago, 1999. Este artículo se basaba en una tesis: Mujeres transgresoras: delincuencia femenina en Santiago, 1900-1925, tesis de licenciatura en Historia, Santiago, Pontificia Universidad Católica de Chile, 1996.

44Un caso destacado es el de Patricio García Letelier, quien en su tesis de maestría realizada en la UCV estudió las ‘tomas’ de terrenos durante el gobierno de Salvador Allende en Valparaíso y, poco después, publicaría un artículo más global: “La vivienda popular chilena entre los siglos xvi y xix”, en Revista de Ciencias Sociales, N° 39, Valparaíso, 1994, pp. 149-217. Destacan, asimismo, entre otras tesis porteñas, las siguientes: Juan Ignacio Aguirre Castillo, El problema de la vivienda popular en Valparaíso a principios de siglo xx y el movimiento de los arrendatarios de 1925, tesis de licenciatura en Historia, Valparaíso, Universidad de Valparaíso, Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, Instituto de Estudios Humanísticos, 1995; Cesar Calderón et al., Una aproximación a las condiciones de vida de la población de Valparaíso entre 1920-1932. Salubridad, higiene, beneficencia y urbanización, tesis presentada para optar al título de Profesor de Historia y Geografía, Valparaíso, Universidad de Playa Ancha de Ciencias de la Educación, 1991; Renzo Bravo et al., Tres estudios sobre problemas acuciantes de higiene y salubridad en el Valparaíso de cambio de siglo a través de fuentes municipales: desagües, distribución de aguas y conventillos, 1898-1905, tesis para optar al título de Profesor de Historia y Geografía, Valparaíso, Universidad de Playa Ancha de Ciencias de la Educación, s/f; Rosa Araneda et al., La mujer obrera porteña entre 1900 y 1930: aspectos económicos, sociales y políticos, seminario para optar al título de Profesor de Historia, Valparaíso, Universidad de Playa Ancha de Ciencias de la Educación, 1995.

45Jaime Valenzuela, “Estructuración del espacio popular en una ciudad intermedia: Curicó, 1870-1900”, en Historia, N° 25, Santiago, 1990, pp. 255-272.

46Jorge Hernández y Ada Torres, Sectores populares en Concepción: condiciones de vida, respuesta popular e institucional, 1929-1935, tesis de licenciatura en Educación con mención en Historia y Geografía, Concepción, Universidad de Concepción, 1992.

47Arnoldo Pacheco, “Los pobres en la ciudad. Concepción, 1830-1880”, en Revista de Historia, vol. 4, N° 4, Concepción, 1994, pp. 183-200.

48Arnoldo Pacheco, Concepción Siglo xx, Concepción, Municipalidad de Concepción / Universidad de Concepción, 1997, en especial el capítulo iii: “Miseria y dolor: los conventillos, las poblaciones marginales, las enfermedades y la carestía”.

49Marco Antonio León, “En torno a una ‘pequeña ciudad de pobres’: la realidad del conventillo en la literatura social chilena 1900-1940”, en Mapocho, N° 37, Santiago, 1995, pp. 113-133; Camila Rivas, “Formas de sociabilidad a través de los conventillos 1900-1930”, en Anuario de postgrado, N° 2, Santiago, 1997, pp. 253-273. Este artículo es resultado de la tesis, hoy extraviada.

50Antonio Sahady, “La vivienda en Santiago. Apuntes de una evolución”, en Revista INVI, vol. 7, N° 15, Santiago, 1992, pp. 13-27.

51Magda Anduaga, Patricio Duarte y Antonio Sahady, Patrimonio arquitectónico de la comuna de Independencia, Santiago, Universidad de Chile, Facultad de Arquitectura y Urbanismo, 1996.

52María Ximena Urbina, Los conventillos de Valparaíso, 1880-1920. Tipología, sociabilidad y percepción de una vivienda urbano-marginal, tesis de magister en Historia, Valparaíso, Universidad Católica de Valparaíso, 2001. Al año siguiente, esta tesis fue publicada como libro: Los conventillos de Valparaíso, 18801920: fisonomía y percepción de una vivienda popular urbana, Valparaíso, Ediciones Universitarias de Valparaíso, 2002 y como artículo: “Los conventillos de Valparaíso, 1880-1920: Percepción de barrios y viviendas marginales”, Revista de Urbanismo, N° 5, Santiago, 2002. Disponible en www.revistas.uchile.cl/index.php/RU/artide/viewFile/12953/13237 [fecha de consulta: 29 de julio de 2017].

53Armando de Ramón, “Prólogo”, en Urbina, Los conventillos…, op. cit., p. 14.

54La referencia es, entre otros, a La política de poblaciones en Chile durante el siglo xviii, Quillota, El Observador, 1978 y a Valparaíso auge y ocaso del viejo “Pancho”: 1830-1930, Valparaíso, Universidad de Playa Ancha / Universidad de Católica de Valparaíso, 1999.

55“Los ranchos de Valparaíso en el siglo xix: Aproximaciones a un estudio sobre vivienda popular urbana”, en Notas Históricas y Geográficas, N° 12, Valparaíso, 2001, pp. 225-242; otro artículo de María Ximena Urbina, donde se focaliza en una coyuntura porteña es “El impacto en las viviendas populares: terremoto Valparaíso 1906”, en CA revista oficial del Colegio de Arquitectos de Chile, N° 126, Santiago, 2006, pp. 30-31. Véase también “Los conventillos en el imaginario colectivo”, en Tiempo y Espacio, N° 11-12, Chillán, 2002, pp. 259-280 y “Viña del Mar popular a fines del siglo xix”, Notas Históricas y Geográficas, N° 13-14, Valparaíso, 2002, pp. 155-169. Poco antes se habían publicado dos artículos que trataban, en mucha menor medida, el problema de las casas del pueblo porteño: Santiago Lorenzo, “Vida y problemas urbanos”, en Santiago Lorenzo, Gilberto Harris y Nelson Vásquez, Vida, costumbres y espíritu empresarial de los porteños. Valparaíso en el siglo xix, Valparaíso, Universidad Católica de Valparaíso, Instituto de Historia / Ediciones Universitarias de Valparaíso, 2000, pp. 57-74; María Teresa Figari, “Insalubridad y pobreza en Valparaíso. 1850 a 1930”, en Intus Legere, N° 3, Santiago, 2000, pp. 183-195.

56Su primer resultado del trabajo de tesis doctoral por entonces desarrollado en la Universidad de Barcelona se expuso en Rodrigo Hidalgo, “Continuidad y cambio en un siglo de vivienda social en Chile (1892-1998). Reflexiones a partir del caso de la ciudad de Santiago”, en Revista de Geografía Norte Grande, N° 26, Santiago, 1999, pp. 69-77. Y del mismo autor: “Patrimonio urbano y vivienda social en Santiago de Chile. El legado de la Ley de Habitaciones Obreras de 1906”, en Revista Geográfica de Chile Terra Australis, N° 47, Santiago, 2002, pp. 7-16; “Vivienda social y espacio urbano en Santiago de Chile. Una mirada retrospectiva a la acción del Estado en las primeras décadas del Siglo xx”, en Eure, vol. 28, N° 83, Santiago, 2002, pp. 83-106; La vivienda social en Chile y la construcción del espacio urbano en el Santiago del siglo xx, Santiago, Pontificia Universidad Católica de Chile, Instituto de Geografía / Ediciones de la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos, Centro de Investigaciones Diego Barros Arana, colección Sociedad y Cultura 2004, vol. xxxvi. Esta última fue su gran obra panorámica. Y en coautoría, los siguientes artículos y capítulos de libros: Rodrigo Hidalgo y Rafael Sánchez, “Del conventillo a la vivienda. Casas soñadas poblaciones odiadas”, en Cristián Gazmuri y Rafael Sagredo (dirs.), Historia de la vida privada en Chile. El Chile contemporáneo 1925 a nuestros días, tomo 3, Santiago, Taurus, 2015, pp. 49-83; Rodrigo Hidalgo y Pablo Camus, “La difusión de las ideas urbanísticas en Chile: desde la transformación de ciudades a la ciudad lineal”, en Valenzuela (ed.), Historias urbanas…, op. cit., pp. 241-262; Rodrigo Hidalgo, Tomás Errázuriz y Rodrigo Booth, “De la limpieza corporal a la regeneración moral: higienismo y catolicismo social en la planificación de los primeros conjuntos habitacionales para obreros en Chile”, en Mapocho, N° 61, Santiago, 2007, pp. 193-214; y de los mismos tres autores, “Las viviendas de la beneficencia católica en Santiago: instituciones constructoras y efectos urbanos (1890-1920)”, en Historia, N° 38, Santiago, 2005, pp. 327-366. Dentro de este listado se incluyen, por cierto, solo las publicaciones que tratan el periodo 1880-1930.

57Como se vio antes, esta fue una hipótesis planteada años antes por Armando de Ramón. Véanse los resultados del mencionado seminario en María José Castillo y Rodrigo Hidalgo (eds.), 1906/2006. Cien años de política de vivienda en Chile, Santiago, Universidad Nacional Andrés Bello / Pontificia Universidad Católica de Chile / Universidad Central de Venezuela, 2007.

58Rodrigo Hidalgo, “La vivienda, la ciudad y el urbanismo utópico de Carlos Carvajal”, estudio introductorio a Carlos Carvajal, Arquitectura racional de las futuras ciudades, Santiago, Cámara Chilena de la Construcción, Pontificia Universidad Católica de Chile y Biblioteca Nacional, 2012. Este libro es una reedición del libro de Carvajal, cuyo original fue publicado como Arquitectura racional de las futuras ciudades como solución práctica al problema de la habitación barata al alcance de todas las fortunas (1912).

59Alfonso Raposo (comp.), Espacio urbano e ideología: el paradigma de la Corporación de Vivienda en la arquitectura habitacional chilena: 1953-1976, Santiago, Universidad Central, 2001.

60Roberto Urmeneta, Condiciones físicas y sociales de conventillos, cités, pasajes y residenciales en la zona centro de Santiago: análisis descriptivo, Santiago, s/e, 1984.

61Cristián Boza y Hernán Duval, Inventario de una arquitectura anónima, Santiago, Lord Cochrane, 1982.

62Eduardo San Martín, La arquitectura de la periferia de Santiago: experiencias y propuestas, Santiago, Andrés Bello, 1992; Cristina Felsenhardt, “La ciudad de Santiago y las viviendas de la clase media”, en ARQ, N° 24, Santiago, 1993, pp. 6-10.

63Hilda López y María Inés Arribas, Población León XIII: pasado y presente, Santiago, MINEDUC / Consejo de Monumentos Nacionales, 1998. El conjunto está situado en el barrio Bellavista y fue erigido entre 1892 y 1912.

64Municipalidad de Santiago, Dirección de Obras, Santiago Poniente…, op. cit.; Municipalidad de Santiago, Dirección de Obras, Santiago sur poniente: barrio universitario, desarrollo urbano y patrimonio, Santiago, La Dirección, 2004; Municipalidad de Santiago, Dirección de Obras, Santiago Sur: formación y consolidación de la periferia, Santiago, La Dirección, 2015.

65Marcelo Vizcaíno, Ricardo Larraín Bravo (1879-1945): obra arquitectónica, Santiago, Universidad Diego Portales, 2010.

66Pablo Millán-Millán, “Aplicación e impacto de la Ley de Habitaciones Obreras de 1906: el caso de Valparaíso (Chile)”, en Eure, vol. 42, N° 125, Santiago, 2016, pp. 273-292.

67Max Aguirre, La Arquitectura moderna en Chile (1907-1942). Revistas de Arquitectura y estrategia gremial, Santiago, Universitaria, 2011, pp. 57-58.

68Véase Pérez, op. cit., pp. 82-85.

69Fabián Almonacid, “Ideas y Proyectos en Torno a la Vivienda Obrera en la Ciudad de Valdivia, 19001941”, en Revista Austral de Ciencias Sociales, N° 4, Valdivia, 2000, pp. 81-114.

70Guillermo Bravo, “Imaginario social de los conventillos santiaguinos 1880-1930”, en Dimensión histórica de Chile, N° 17-18, Santiago, 2002-2003, pp. 123-154.

71Garcés, Tomando su sitio…, op. cit. Este libro se conecta, en buena medida, con el de Vicente Espinoza ya mencionado y publicado en 1987.

72Gabriel Salazar, Empresarios, mercaderes y capitalistas (Chile, siglo xix), Santiago, Sudamericana, 2007, en especial pp. 333-356. De hecho, este autor sostiene que “puede entenderse el conventillo —que al parecer consolidó su existencia recién hacia fines de la década de 1850– como una transacción entre las pretensiones urbanísticas exteriores del patriciado nacional, y el afán especulativo mercantil de su ambición interior. Como producto de esa transacción, el perfil cosmético del conventillo se consagró como ‘la’ solución al problema urbanístico, certeza que impulsó a las autoridades a extremar el ataque contra los ranchos”, op. cit., p. 347.

73Gonzalo Cáceres y Francisco Sabatini, “Suburbanización y segregación urbana en el Chile decimonónico: hipótesis sobre la formación histórica del Gran Valparaíso”, en Valenzuela (ed.), Historias urbanas…, op. cit., pp. 93-122. Esta pesquisa había tenido un antecedente referido al puerto, aunque focalizándose en el hábitat residencial de extranjeros y grupos emergentes. Gonzalo Cáceres, Rodrigo Booth y Francisco Sabatini, “Suburbanización y suburbio en el Gran Valparaíso decimonónico”, en Archivum, N° 4, Viña del Mar, 2002, pp. 151-164.

74Andrea Medina, Vicios y delitos en los conventillos de la capital: 1900-1920, tesis de licenciatura en Historia, Santiago, Pontificia Universidad Católica de Chile, 2003. Otra tesis de la misma unidad, publicada un año después, pero que abordaba a la vivienda como tema secundario es la de Ana María Pedraza, La mujer popular santiaguina. Espacio, ocupaciones y organizaciones: 1900-1920, tesis de licenciatura en Historia, Santiago, Pontificia Universidad Católica de Chile, 2004.

75Peter de Shazo, Trabajadores urbanos y sindicatos en Chile: 1902-1927, Santiago, Ediciones de la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos, Centro de Investigaciones Diego Barros Arana, colección Sociedad y Cultura, 2007, vol. xlvi.

76Macarena Ponce de León, Gobernar la pobreza: prácticas de caridad y beneficencia en la ciudad de Santiago, 1830-1890, Santiago, Ediciones de la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos, Centro de Investigaciones Diego Barros Arana, colección Sociedad y Cultura, 2011, vol. li.

77Juan Carlos Yáñez, Estado, consenso y crisis social. El espacio público en Chile 1900-1920, Santiago, Ediciones de la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos, Centro de Investigaciones Diego Barros Arana, colección Sociedad y Cultura, 2003, vol. xxxiv; La intervención social en Chile 1907-1932, Santiago, PEDCH-U. de Los Lagos / Ril Editores, 2008. Véase, también, a Manuel Bastías, “Intervención del Estado y derechos sociales. Transformaciones en el pensamiento jurídico chileno en la era de la cuestión social, 18801925”, en Historia, vol. 1, N° 48, Santiago, 2015, pp. 11-42, en especial pp. 25-28.

78Cristian Urzúa y Abel Cortez, La Cuestión Social en San Fernando. Ciudad, sociedad y sectores populares 1884-1927, San Fernando, Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, 2016, pp. 142-155.

79Milton Godoy, “Las casas de la empresa: Paternalismo industrial y construcción de espacio urbano en Chile. Lota, 1900-1950”, en Universum, vol. 30, N° 1, Talca, 2015, pp. 115-136. Este artículo fue publicado después bajo el título “Paternalismo industrial y construcción de espacio urbano en Chile. Lota, 19001950”, en Enzo Videla, Hernán Venegas y Milton Godoy (eds.), El orden fabril. Paternalismo industrial en la minería chilena. 1900-1950, Santiago, América en Movimiento, 2016, pp. 111-134. Véase también Hernán Venegas y Diego Morales, “Un caso de paternalismo industrial en Tomé: Familia, espacio urbano y sociabilidad de los obreros textiles (1920-1940)”, en Historia, N° 50, Santiago, 2017, pp. 273-302 y de los mismos autores, “El despliegue del paternalismo industrial en la Compañía Minera e Industrial de Chile (1920-1940)”, en Historia Crítica, N° 58, Bogotá, 2015, pp. 117-136. Pese a que este artículo fue publicado en el extranjero, se ha incluido aquí dada su alta pertinencia para el tema expuesto. Otro trabajo que indaga – de manera más breve– en el paternalismo industrial, en específico sobre la Refinería de Viña del Mar, es Grez, De la “regeneración del pueblo”…, op. cit., pp. 104-105. Para el periodo posterior a 1940, cabe destacar el trabajo de la historiadora Alejandra Brito y el sociólogo Rodrigo Ganter.

80Sobre la noción de “estrategias de familiarización”, Venegas y Morales, “El despliegue del paternalismo…”, op. cit.

81René Salinas tiene una extensa producción, dedicada en especial al periodo colonial y temprano– republicano. Respecto a su estudio de comienzos del siglo xx, véase René Salinas, “Población y sociedad”, en Joaquín Fermandois (dir), Chile. La apertura al mundo, tomo 3 1880/1930, Madrid, Fundación Mapfre, 2014, pp. 197-251.

82Véase, por ejemplo, Boris Cofré (ed.), Por barrios obreros y populares. Santiago, Siglo xx, Concepción, Escaparate, 2016.

83Simón Castillo, “‘Una pequeña ciudad-jardín’: la población de la Sociedad de Artesanos ‘La Unión’ y las políticas habitacionales en la periferia de Santiago de Chile (1919-1927)”, en Cofre, op. cit., pp. 13-38; Simón Castillo y Javiera Letelier, “Ahorro y Vivienda: Dos objetivos del ‘paradigma moralizador’ en Chile durante las primeras décadas del siglo veinte”, en Cuadernos de Historia, N° 46, Santiago, junio 2017, pp. 83-109; Simón Castillo, “La población San Luis. El Consejo Superior de Habitaciones Obreras, el ‘proyecto doméstico’ y las políticas de vivienda en Santiago de Chile (1921-1926)”, en Tiempo Histórico, N° 14, Santiago, 2017, pp. 79-106; “Monografía de una familia obrera (1903). Un estudio urbano y sus protagonistas en el Santiago de la ‘Cuestión Social’”. “Estudio introductorio”, en Monografía de una familia obrera de Jorge Errázuriz Tagle Guillermo Eyzaguirre Rouse, Santiago, Ediciones Biblioteca Nacional, Centro de Investigaciones Diego Barros Arana, Fuentes para la Historia de la República, 2018, vol. xlv.

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