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Historia (Santiago)

versión On-line ISSN 0717-7194

Historia (Santiago) vol.51 no.1 Santiago jun. 2018

http://dx.doi.org/10.4067/s0717-71942018000100269 

Reseñas

Goud en Indianen. Het journaal van Hendrick Brouwers expeditie naar Chili in 1643

Peter Mason1 

1Studio Mason, Roma

den-Heijer, Henk. Goud en Indianen. Het journaal van Hendrick Brouwers expeditie naar Chili in 1643. Zutphen: Walburg Pers, Linschoten-Vereeniging CXIV, 2015. 344 pp.p.

El holandés que en el año 1722 descubrió Isla de Pascua, Jacob Roggeveen, había jurado a su padre Arent, en su lecho de muerte, que nunca abandonaría el proyecto de buscar la terra australis incognita descrita, entre otros, por el portugués Pedro Fernandes de Queirós en 1605. El descubrimiento de lo que se suponía era un continente más al sur de América fue un motivo constante para tantas expediciones holandesas del siglo xvii. Una de ellas, cuyo objetivo era investigar esa desconocida parte austral, salió en 1643 de Recife, Brasil, bajo el mando del holandés Hendrick Brouwer. Los holandeses tenían varios objetivos: además de explorar querían formar una alianza con los mapuches de Chile para expulsar a los españoles del sur del país y para atacar las flotas españolas que llevaban plata y oro por la costa del Pacífico.

En efecto, bajo el mando de Johan Maurits, la Compañía Holandesa de las Indias Occidentales (WIC) había conquistado una parte considerable del noreste de Brasil y algunos territorios en África del Oeste. Impulsado por estos éxitos, el ambicioso gobernador de Recife quería establecer un base en Chile para atacar las naves españolas llevando plata de Perú a Panamá y las flotas que circulaban entre Acapulco y Manila. En su visión, el puerto de Valdivia, que había sido arrasado por los mapuches en 1599, iba a representar el papel de una segunda Recife. Incluso, contemplaba tomar Buenos Aires como base de operaciones para abrir el camino hacia las minas de Potosí. Sin embargo, en vísperas de la salida de la flota para Chile, el poder portugués estaba creciendo en Brasil y Angola, y se había producido una rebelión contra los holandeses en São Tomé. En la nueva situación, la débil posición económica de la Compañía no permitía enviar más de cinco barcos con una tripulación y soldados de seiscientos cincuenta y seis personas.

Salieron bajo el mando de Hendrick Brouwer, director de la cámara de la WIC y exgobernador de la otra empresa transnacional holandesa, la Compañía Unificada de las Indias Orientales (VOC) en Asia. Aunque testarudo, había tenido una larga experiencia con ambas compañías. Su lugarteniente Elias Herckmans era más joven y había escrito algunas obras literarias; su manuscrito Descripción general de la capitanía Paraíba contenía valiosa información sobre la población indígena y la historia natural de la región. Había mostrado su capacidad administrativa como gobernador de cuatro provincias del Brasil holandés y en 1640 había dirigido una expedición para saquear esclavos y azúcar en Salvador.

La flota tomó la ruta del estrecho de Le Maire y, dejando una parte de la tripulación a bordo de la nave Delfin para evaluar el potencial de la Tierra de los Estados como base permanente, las otras cuatro naves llegaron a la isla de Chiloé en los primeros días de mayo de 1643. Los holandeses se quedaron unos meses allí y arrasaron Carelmapu y Castro. Después de la muerte del capitán Brouwer, en agosto del mismo año, el mando pasó a Herckmans, pero sus tentativas de formar una alianza con los mapuches en Valdivia fracasaron y no tuvo otra alternativa que la de volver a Recife, donde volvió a pedir más naves, provisiones y soldados para reanudar la expedición en el sur. La Compañía apoyaba la idea, pero le faltaban los recursos económicos para realizarlo. Diez años más tarde, los holandeses dejarían Recife.

La expedición de Brouwer-Herckmans ocupó un lugar en la exposición y catálogo Chile a la Vista, organizada por la Dirección de Bibliotecas Archivos y Museos en 2001. Además, gracias a la traducción que hizo José Toribio Medina en 1923 –y a la anterior de José Roecher, en 1892– los chilenos han tenido acceso a una fuente importante: la relación anónima de la expedición publicada en Amsterdam en 1646, “compilado por un interesado en base de varios diarios y manuscritos”. Sin embargo, como escribió Marc Bloch en su Apología para la historia: “Desde el momento en que ya no nos resignamos más a registrar pura y llanamente las palabras de nuestros testigos, desde el momento en que nos proponemos hacerlos hablar, aun contra su voluntad, más que nunca se impone un cuestionario. Tal es efectivamente la primera necesidad de toda investigación histórica bien llevada a cabo”. Ya teníamos la posibilidad de tal cuestionario porque uno de los que iban a bordo de las naves holandesas fue el alemán Caspar Schmalkalden, un militar aventurero que se embarcó en la flota de Hendrick Brouwer, que partió de Pernambuco en enero 1643. Regresó a Amsterdam en 1645 y durante los siguientes seis años trabajó para la VOC en Asia, antes de volver a su nativa Alemania. Su diario, que incluye ciento veintiocho dibujos y mapas, la mayoría en color, es una fuente importante de información sobre la expedición Brouwer-Herckmans escrita por un testigo independiente. Una traducción en inglés y portugués fue publicada en 1998.

Con la presente publicación tenemos acceso a otra fuente, ya que podemos comparar la relación anónima publicada en 1646 con el manuscrito escrito por el representante de la Compañía Jean van Loon y publicado por primera vez en 2015. La comparación entre ambos diarios revela que no podemos prescindir de ninguno de los dos, dado que cada uno contiene información que no se encuentra en el otro. Por ejemplo, el pasaje “Don Felipe mostró la cabeza de un español que él mismo había muerto hacía como quince días (cuán agradable era el olor que exhalaba esta cabeza, bien se lo puede imaginar cada uno)” de la relación anónima −28 de julio de 1643– no aparece en el manuscrito de Van Loon. En cambio, su diario incluye los interrogatorios de Herckmans a tres prisioneros chilenos (pp. 258-280) que no aparecen en el manuscrito anónimo. No obvió preguntarles cuánto oro se produce y en qué lugar de Chiloé.

Cuando Herckmans tuvo que defender su decisión de abandonar la expedición y volver a Recife, fue acusado de haber puesto demasiado hincapié sobre el comercio y los metales preciosos, pues se estimó que sus preguntas acerca de las minas de oro de la región habían rápidamente provocado la desconfianza de los mapuches, que temían que los holandeses quisieran subyugarlos como habían intentado los españoles. En cambio, el holandés hubiera debido concentrar sus esfuerzos en asegurarse su lealtad y amistad antes de traer a colación los intereses económicos. La muerte de Herckmans en enero de 1644 le salvó de la desgracia de un juicio, y la WIC destinó la fracasada expedición, junto a su comandante, al olvido.

La queja de la WIC reitera la que se encuentra en La hora de todos y la fortuna con seso que escribió Francisco de Quevedo entre 1633 y 1635. En esta sátira de los holandeses en Chile, mientras hacen gran esfuerzo para ganar a los araucanos a su causa, un capitán neerlandés les ofrece un catalejo. Gracias al instrumento óptico se vuelven capaces de percibir las verdaderas intenciones de los holandeses: la apropiación de su plata y oro, con lo cual el cacique mapuche rechaza decididamente la propuesta.

El expediente Oude West-Indische Compagnie (OWIC) 44, que se encuentra en el Archivo Nacional, en La Haya, contiene varios diarios de la expedición de Hendrick Brouwer, dibujos del perfil costero desde cabo de los Barreros hasta la isla de los Estados, un dibujo del puerto de Buen Suceso, una descripción de Chiloé, una mapa de Tierra del Fuego, el estrecho Le Maire y la isla de los Estados, un dibujo del perfil costero desde Chiloé hasta Valdivia, un mapa del golfo de Ancud (firmado por Herckmans), y mapas de Valdivia y su estuario. La presente edición publica no solo el diario de Jean van Loon sino, también, las instrucciones dadas a Hendrick Brouwer, la breve relación de los eventos después de la muerte de este capitán escrita por Elbert Crispijnsen –también utilizada por el escritor anónimo de la compilación de 1646– instrucciones para navegar para futuros viajeros a Chile, así como algunos de los mapas.

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