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Historia (Santiago)

versión On-line ISSN 0717-7194

Historia (Santiago) vol.51 no.1 Santiago jun. 2018

http://dx.doi.org/10.4067/s0717-71942018000100280 

Reseñas

La independencia peruana como representación. Historiografía, conmemoración y escultura púbica

Lucrecia Raquel Enríquez1 

1Instituto de Historia Pontificia Universidad Católica de Chile

Loayza-Pérez, Alex. La independencia peruana como representación. Historiografía, conmemoración y escultura púbica. Lima: Instituto de Estudios Peruanos, 2016. 397 pp.p.

La independencia del Perú vuelve a estar en la palestra en su camino al bicentenario del año 2021. La producción histórica enfocada hacia ese aniversario ya ha empezado a aparecer con fuerza. De forma ineludible, toda ella aborda la manzana de la discordia: ¿cuándo y cómo se independizó Perú? La interrogante no es nueva, se debatió casi contemporáneamente y se traspasó a la escritura de la historia y de la construcción nacional. Sin ánimo de entrar en la discusión, sino solo de mostrarla, se podría resumir su contenido en la consideración de si la independencia le fue dada o concedida al Perú por extranjeros (Mariano Felipe Paz Soldán) o si había un movimiento proindependentista propio cuando llegaron los ejércitos comandados por José de San Martín y Simón Bolívar (José de la Riva Agüero, Sánchez Boquete, Mariátegui).

La historiografía nacionalista peruana siempre consideró que había precursores locales que predicaban la idea de libertad, sobre todo a través del periódico El Mercurio Peruano, lo que creó el ambiente propicio para el actuar de los ejércitos a través del desarrollo de una conciencia de identidad peruana sin la cual José de San Martín hubiera fracasado. Esta visión predominante y enseñada en los colegios fue, sin embargo, profundamente cuestionada por la aparición en 1972 (en el contexto del sesquicentenario) del libro de Heraclio Bonilla Metáfora y realidad de la independencia en el Perú, quien, por medio de una hábil formulación simplificadora del problema en disputa, contrarrestó la idea nacionalista de la independencia conseguida con la de la independencia concedida a través de la intervención de San Martín y Bolívar; la cual, además, no resultó de un consenso social ni buscó cambiar el orden colonial. La intensidad del debate historiográfico invadió la opinión pública y hasta hoy es ineludible referirse a este libro (que se reeditó en 2016) al estudiar la independencia, ya sea para rebatirlo, discutirlo, complementarlo o aceptarlo. Lo que no se puede es ignorarlo o negarlo.

El texto colectivo que reseñamos, coordinado por Alex Loayza Pérez, aborda la independencia sin eludir esta problemática historiográfica y nacionalista, considerando que lo que está en conflicto en ella es la memoria y la historia relativa al hecho mismo. Para resolverlo, parte de una redefinición de la guerra que se ha denominado tradicionalmente como de independencia, pero que en este libro se entiende como una guerra civil de contenido independentista, complicada en el Perú por la presencia de los ejércitos extranjeros de San Martín y Bolívar. Guerra y violencia que la declaración de la independencia en Lima –en 1821– o la capitulación de Ayacucho –de 1824– no finalizaron, marcando la república en proceso de construcción por varios decenios. Esta idea de base, que está en todos los artículos más o menos explícitamente, sustenta el enfoque historiográfico y memorístico del libro. Pero la elección de este enfoque también se basa en una visión crítica de los bicentenarios que se celebraron en 2010 en otros países, que se evalúan como centrados en los hechos históricos en detrimento de un análisis de la construcción discursiva del “imaginario político, social y cultural” (p. 7). Este diagnóstico es lo que el editor de esta obra propone superar. El conjunto de los artículos abordan, por todo lo anterior, el tema de la independencia en su contexto de guerra civil situada en todo el Perú, descentralizando el enfoque, y consideran su construcción memorística en diferentes ciudades, analizando los monumentos, estatuas, símbolos, héroes, historiografía, discursos y fiestas.

La obra consta de tres partes. La primera, se centra en el análisis historiográfico de la independencia peruana, que se inicia con el artículo de Alex Loaysa, quien articula las visiones de la independencia de las diversas corrientes nacionalistas del siglo xx, las que, para legitimarse como nacidas con la independencia peruana, la consideran una manifestación de identidades mestizas, indígena o hispana. La calidad de este artículo, que se puede considerar como un estado de la cuestión del tema de la independencia, analizada sobre la base de los términos instalados en la comprensión de ella –“concedida” o “conseguida”– señala que hasta ahora no ha habido un nuevo enfoque para salir de esta dicotomía que, más que historiográfica, es política. Y lo es porque una parte de su contenido apunta a la participación de otros sectores sociales diferentes a los criollos, tema aún en debate. Acompaña el artículo en esta parte el de Juan Fonseca Ariza, quien analiza la participación del pueblo en la independencia peruana, más específicamente en las guerrillas. La segunda parte, agrupa artículos que estudian las conmemoraciones de la independencia en el centenario en algunas ciudades peruanas. Carlota Casalino Sen lo hace en Tacna en torno a la figura heroica local de Francisco de Zela y su fallido grito de independencia en 1811, que no ha sido asimilado como tal en la construcción nacional. Las celebraciones en Lima de los centenarios de la declaración de la independencia y de la batalla de Ayacucho son el objeto de estudio de Pablo Ortemberg, vinculándolos a la política contingente de los años de 1921-1924, a los centenarios de otros países y a las relaciones internacionales de Perú. El artículo logra diferenciarse de la historiografía anterior en la manera de abordar el estudio de los centenarios. Guillemette Martin analiza el centenario en Arequipa con el objetivo de romper el esquema tradicional historiográfico de situarlo solo en las capitales nacionales con el fin de “descentralizar la mirada” (p. 169) y desentrañar la dimensión local del acontecimiento. Propone que se estudie el centenario en una triple dimensión: nacional, regional e internacional. En el caso de Arequipa concluye que propició una autorrevisión de la “trayectoria histórica” de la ciudad (p. 190). El centenario en Jauja lo aborda Carlos Hurtado, en una doble perspectiva: la relación de la ciudad con el Estado-nación y el impacto local que produjo a través de grandes obras públicas, lo que habría derivado en una reafirmación de la identidad local. El centenario de la batalla de Ayacucho en la ciudad homónima es objeto de estudio por parte de Iván Caro Acevedo, quien destaca que se produjo una “reflexión sobre el pasado ayacuchano” que estructuró un discurso regional sobre el papel de la población y de los héroes locales en la independencia de Perú. La tercera y última parte, analiza las esculturas conmemorativas de la independencia en el doble centenario de 1921 y 1924. El caso de Ayacucho, estudiado por Nanda Leonardini, muestra el proceso de cambio de la construcción memorística de la independencia a través de la escultura pública, que transitó desde las alegorías a la libertad y a la patria durante el siglo xix, pasando por la estatuaria de los héroes de Ayacucho en el centenario, hasta el obelisco en el lugar de la batalla (la pampa de Quinua) que incluye a los libertadores extranjeros en el sesquicentenario. En Lima, Daniel Vifian reconstruye los avatares del conjunto de esculturas públicas de San Martín y Bolívar unidos a diversos proyectos políticos de construcción de la nación en el siglo xix. Para finalizar, Rodolfo Monteverde analiza el discurso público sobre el papel de José de San Martín en la independencia a través de los contenidos de los proyectos de erección de monumentos conmemorativos en Lima entre 1904 y 1921.

Los artículos comparten la misma estructura: un planteamiento historiográfico, objetivos e hipótesis, desarrollo del tema y conclusiones. Esta metodología de análisis común, además de la unidad temática en torno a las hipótesis, permite definir mejor el alcance de cada trabajo y le da unidad al texto.

Conscientemente, el editor y los investigadores que contribuyen en este libro colectivo –que comenzó a elaborarse en 2011– han buscado salir de lo que llaman “los paradigmas nacionalistas del siglo pasado” (p. 21) y proponer nuevas líneas de estudio sobre el tema de la independencia peruana, dejando atrás un estudio exclusivamente factual, para enfocarse en lo memorístico, historiográfico y conmemorativo en el ámbito local y regional. Creemos que lo logran con honestidad y humildad intelectual, porque el tono del libro así lo es y porque los autores escriben de manera propositiva, ampliando los horizontes del debate.

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