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Historia (Santiago)

On-line version ISSN 0717-7194

Historia (Santiago) vol.52 no.2 Santiago Dec. 2019

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-71942019000200491 

Artículo

Posición y trayectoria de los salarios chilenos en el cono Sur y sus efectos relativos en conflictividad laboral e inmigración (1886-1928)

Mario Matus González* 

*Doctor en historia económica, Universidad de Barcelona. Académico de la Universidad de Chile. Correo electrónico: mmatus@uchile.cl

Resumen

Este trabajo estandariza los salarios chilenos entre 1886 y 1928 a un formato de Paridad de Poder Adquisitivo (PPA) que permite su comparación con los salarios de Argentina, Uruguay y Brasil durante el mismo periodo. Con ello, se posibilita la identificación del nivel y la trayectoria de los salarios chilenos frente a sus símiles del Cono Sur de América Latina. Además, intenta identificar el impacto que pudo haber tenido ese desempeño salarial en los episodios más identificables de conflictividad laboral, como en la constitución de Chile como una plaza relativamente atractiva para la inmigración de trabajadores europeos. Los resultados muestran de forma inequívoca que el crecimiento económico de Chile hasta 1914 no fue acompañado por el surgimiento de un entorno favorable para los trabajadores chilenos ni para el asentamiento de trabajadores inmigrantes en relación con Uruguay, Argentina e, incluso, Brasil.

Palabras claves: Chile; siglo xix ; siglo xx ; salarios; Uruguay; Argentina; Brasil; poder adquisitivo; conflicto laboral; inmigración

Abstract

This paper standardizes Chilean salaries between 1886 and 1928 to a Purchasing Power Parity (PPP) format that allows comparison with salaries in Argentina, Uruguay and Brazil during the same period. With this, it is possible to identify the level and trajectory of Chilean salaries vis-à-vis their counterparts in the Southern Cone of Latin America. In addition, it attempts to identify the impact that salary performance could have had on the most identifiable episodes of labor conflict, such as the constitution of Chile as a relatively attractive place for the immigration of European workers. The results show unequivocally that the economic growth of Chile until 1914 was not accompanied by the emergence of a favorable environment for Chilean workers or for the settlement of immigrant workers in relation to Uruguay, Argentina and even Brazil.

Keywords: Chile; Nineteenth Century; Twentieth Century; Salaries; Uruguay; Argentina; Brazil; Purchasing Power; Labor Dispute; Immigration

Introducción

Desde fines de siglo xix y hasta el estallido de la Primera Guerra Mundial en 1914, los crecientes estímulos a una mayor presencia exportadora incitaron a los países del Cono Sur de América1 a desarrollar transformaciones muy significativas en sus estructuras productivas, que impulsaron importantes desplazamientos de población desde zonas rurales hacia zonas urbanas. Como fruto de esas nuevas condiciones, la fuerza de trabajo asalariada comenzó a dominar el paisaje laboral, lo que abrió un nuevo mercado a los bienes industriales de consumo y a los servicios, generando un importante cambio en el comportamiento de gasto de las familias. Pero el precio del trabajo fue muy variado entre los países según sus actividades productivas, regímenes laborales, niveles de cualificación y productividad predominantes, como por el nivel de valor añadido presente en las actividades dominantes en cada país. Por consiguiente, los salarios reales en el Cono Sur de América se ubicaron en niveles muy dispares. Por otra parte, estos salarios deben haber tenido trayectorias variadas, ya que las vicisitudes que experimentaron sus economías fueron muy diversas y las variaciones de la inflación en cada país también fueron dispares y los castigaron con distinta fuerza.

¿Cuál fue la posición específica de los salarios chilenos ante sus pares del Cono Sur a lo largo del Ciclo Salitrero?, ¿cómo fue su trayectoria, comparada con la de los otros países de la subregión? Responder a estas preguntas entrega un insumo muy valioso para comprender las diferencias entre los flujos inmigratorios que arribaron a Argentina, Uruguay, Chile y Brasil, sus marcados desniveles en las condiciones de vida, el vigor y la intensidad relativa de sus procesos de estratificación social y el carácter distintivo de sus procesos políticos y culturales en el mismo periodo.

Este trabajo se propone resolver estas dos interrogantes mediante una metodología que permite comparar los salarios reales de varios países, y mediante sus resultados, hacer un examen de las posiciones y trayectorias de los salarios de estos cuatro países durante estos años, poniendo especial atención en la situación específica de Chile. En segundo término, una vez obtenida la posición y trayectoria relativa de los salarios chilenos, este trabajo pretende identificar su impacto en la conflictividad laboral y en los procesos inmigratorios ¿cómo hacerlo?

Cuando se comparan precios entre países –y el precio del trabajo (salarios) no es una excepción– convertimos los valores de otro país expresados en su moneda a valores expresados en nuestra moneda, usando el tipo de cambio vigente, es decir, la equivalencia entre ambas monedas. Por ejemplo, si sabe que un soldado de bajo rango del ejército de Estados Unidos (E-1) recibe en la actualidad un sueldo de alrededor de USD 1700 mensuales2, y a sabiendas que un dólar vale aproximadamente $660 chilenos en la actualidad, diríamos que su sueldo expresado en pesos chilenos es de alrededor de $1 122 000 chilenos. Si, además, se sabe que el ingreso medio mensual chileno en 2017 –restando los descuentos legales– fue de $554 4933, ese soldado de bajo rango del ejército estadounidense estaría en el decil más rico de la población chilena (ese 10% que tiene ingresos mensuales superiores a $611 000), y con más precisión, pertenecería a ese 5,6% de los trabajadores chilenos que tiene un ingreso mensual entre un millón y un millón y medio de pesos4. Sin embargo, intuitivamente sospechamos que en Estados Unidos ese soldado no podría ocupar la posición social que tendría en Chile, y en rigor, para Estados Unidos ese ingreso correspondería a un segmento social bajo.¿Por qué se produce eso? La respuesta tiene que ver con que el nivel medio de remuneraciones y la distribución del ingreso es muy diferente entre ambos países. Pero adicionalmente porque USD 1 700 mensuales valen mucho menos en Estados Unidos que en Chile, ya que el nivel general de precios chilenos es menor al de Estados Unidos por lo que con un dólar se puede comprar en Chile más de lo que señalaría una simple conversión a pesos usando el tipo de cambio.

Para corregir y mejorar esta conversión imperfecta se utiliza la metodología de Paridad a Poder Adquisitivo (PPA; PPP en su sigla en inglés, Purchasing Power Parity), que en lo esencial consiste en reemplazar el tipo de cambio nominal por un tipo de cambio corregido, que considera una cesta de consumo compartida por los países cuyos salarios se desea comparar y la cesta de un país de referencia, calculando cuánto costaría esa cesta de referencia en cada uno de ellos, es decir, la capacidad de compra de cada uno de esos salarios respecto a una misma cesta. Con ese procedimiento, se obtendrá un tipo de cambio corregido, que permitirá convertir el salario real de un trabajador no cualificado de Argentina, Chile, Brasil y Uruguay entre 1880 y 1930, a porcentajes del salario del trabajador no cualificado de un país de referencia, que en este caso será inglés, lo que permitirá que sean comparables entre sí. A continuación, se aplicará detalladamente la aplicación de esta metodología.

Metodología constructiva de un salario real PPA chileno para 1886-1928

La transformación de un salario real a un salario real comparable al de otros países a través de la metodología de Paridad a Poder de Compra (PPA) comprende varios pasos.

1) Establecimiento de una cesta de consumo compartida por todos los países cuyos salarios se desea comparar

Para ello se usa la cesta de un país externo al grupo de estudio y que sirve como referencia internacional, y luego de introducirle ajustes para acercarlo a las otras cestas, se arriba a una cesta compartida por el país de referencia y los países sujetos a la comparación Siguiendo a Luis Bértola, María Camou y Gabriel Porcile, que ya habían realizado este ejercicio para Uruguay, Argentina y Brasil, se mantuvo la cesta británica de 1905 propuesta por ellos5. Esta opción pareció ser la más adecuada por varias razones. En primer término, expresaba un nivel de consumo diario de calorías adecuado para un trabajador no cualificado a inicios de siglo xx6, que con toda seguridad debe haber estado por sobre dos mil calorías diarias. En segundo lugar, y como se comprobará más adelante, la estructura de consumo que muestra la cesta inglesa inicial era relativamente neutra en relación con las diferencias apreciables entre las cestas argentina, uruguaya, brasileña y chilena. De tal modo, al partir por la cesta inglesa de 1905, se establecía un parámetro que permitía arribar de manera más fácil a una cesta común entre Reino Unido y los países considerados. Por último, al situarse en 1905 quedaba más o menos a mitad de camino de los cincuenta años comprendidos entre 1886 y 1928, por lo que no se alejaba demasiado del hito inicial ni del hito final, pudiendo ser relativamente representativa para todo el periodo7.

Esta cesta británica de referencia de 1905 aportó los artículos y las cantidades de su consumo, así como su valor en kilocalorías, proteínas, grasas y carbohidratos8, que se muestran en el cuadro 1.

Cuadro 1 Contenidos alimenticios de la cesta de Reino Unido, 1905 

Artículos Kg Kcalorías Proteínas Grasas Carbohidratos
Azúcar 47 188 000 0 0 47 000
Tocino y salchicha 80 607 200 3 280 66 000 0
Carne de vaca y ternera 55 161 700 8 085 13 970 0
Cerdo 55 85 800 11 440 4 455 0
Cordero y carnero 55 72 050 10 505 3 355 0
Queso 55 180 950 6 215 17 325 0
Manteca y margarina 12 90 480 84 9 984 84
Papas 300 213 000 0 0 0
Harinas 55 186 450 0 0 0
Pan 456 1 085 280 34 200 8 208 218 880
Leche 365 244 550 12 045 13 870 17 520
Huevos 24 22 896 1 857,6 1 684,8 86,4
Total 3 138 356 87 711,6 138 851,8 283 570,4

Fuente: Bértola, Camou y Porcile, op. cit., p. 4.

Para llegar a una cesta compartida con los países del Cono Sur y que sumara un total de kilocalorías similar, a la cesta inglesa inicial se le introdujeron cambios que buscaron acercarla a las de los países a estudiar9.

A su vez, y como se adelantó, la cesta inglesa corregida permitió construir cestas equivalentes para los países del Cono Sur, que buscaron sumar una cantidad similar de kilocalorías. Estas cestas se presentan en el cuadro 2, cuyas zonas en gris reflejan las modificaciones introducidas por Luis Bértola, María Camou y Gabriel Porcile con relación a la cesta inglesa original de 1905.

Cuadro 2 Cestas de consumos equivalentes en kilocalorías Reino Unido (1905), Argentina (1914), Uruguay (1914) y Brasil (1892) 

Artículos Peso Peso x kilocalorías = total kilocalorías
Reino Unido I (1905) Reino Unido (corregido) Argentina (1914) Uruguay (1914) Brasil (1892)
Té y café* Kg 24 x 2 638 = 63 312 12 x 2 638 = 31 666 12 x 2 638 = 31 666
Azúcar Kg 47 x 4 000 = 188 000 47 x 4 000 = 188 000 47 x 4 000 = 188 000 47 x 4 000 = 188 000 50 x 4 000 = 200 000
Tocino y salchicha Kg 80 x 7 590= 607 200 43 x 7 590= 326 370 145** x 7 590 = 1 100 550
Carne de vaca y ternera Kg 55 x 2 940= 161 700 55 x 2 940= 161 700 300 x 2 940 = 882 000 300 x 2 940 = 882 000 110 charque x 2 940 = 323 400
Kg 60 bacalao x 730= 43 800
Cerdo Kg 55 x 1 560= 85 800 55 x 1 560= 85 800
Cordero y carnero Kg 55 x 1 310= 72 050 82 x 1 310= 107 420
Queso Kg 55 x 3 290= 180 950 55 x 3 290= 180 950
Manteca y margarina Kg 12 x 7 540= 90 480 12 x 7 540= 90 480 18 x 7 540= 135 720 18 x 7 540= 135 720
Papas Kg 300 x 710= 213 000 300 x 710= 213 000 300 x 710= 213 000 300 x 710= 213 000
Harinas Kg 55 x 3 390= 186 450 55 x 3 390= 186 450 55 x 3 390= 186 450 55 x 3 390= 186 450 260 frijoles x 2 800 = 728 000
Pan Kg 456 x 2 380= 1 085 280 456 x 2 380= 1 085 280 456 x 2 380= 1 085 280 456 x 2 380= 1 085 280 40 arroz x 3 470 = 138 800
Leche Lt 365 x 670= 244 550 365 x 670= 244 550 365 x 670= 244 550 365 x 670= 244 550
Huevos Kg 24 x 954= 22 896 24 x 954= 22 896 24 x 954= 22 896 24 x 954= 22 896 450 mandioca x 1 000 = 450 000
Yerba mate*** Kg 12 x 615= 7 380 12 x 615= 7 380
Total de kcals anuales (y diarias) Total/365/4 Per cápita 3 138 356 (2 149 diarias) 2 956 204 (2 024 diarias) 2 996 942 (2 052 diarias) 2 996 942 (2 052 diarias) 2 984 550 (2 044 diarias)

Fuente: Bértola, Camou y Porcile, op. cit.

*Una porción de café (1,8 grs) aporta 5 kcal de tal modo, 6 kg aportan 16666 kcal. Por su parte, 2 grs de té (1 taza de 250 ml) aporta 5 kcal. De tal modo, 6 kg de té aportarían 15000 kcal (6 000 grs /2 = 3 000 tazas x 5 kcal). En total, ambos productos aportarían 31 666 kcal (2 638 kcal x kg).

**Solo tocino.

***100 grs de yerba mate aportan 61,5 kcal. Por lo tanto, 1 kg aporta 615 kcal.

Por cierto, a las cestas de los países del Cono Sur se les introdujo productos no contenidos en la cesta corregida de Reino Unido y se alteraron las cantidades consumidas de otros productos que aparecían en la cesta británica, buscando que los cambios en las cantidades arrojaran un total de calorías similar.

Para Argentina y Uruguay los autores debieron usar datos de 1914, que eran los disponibles más próximos temporalmente. Entre los ajustes, se agregaron doce kilos de consumo de yerba mate, se redujo el consumo de té y café desde 24 a 12 kg y se elevó el consumo de manteca (mantequilla) y margarina desde 12 a 18 kg. Pero el cambio más notable fue la elevación sustancial del consumo anual de carne, que desde los 55 kg originales del Reino Unido, se incrementó a 300 kg llegando a representar 882000 kcal. Con este ajuste, los autores suplieron las kcal aportadas por tocino y salchicha, cerdo, cordero y carnero y queso, que no tenían datos para esos países. En el caso de Brasil, que disponía de muy pocos datos, hicieron adaptaciones mucho más marcadas, pero lograron un volumen de consumo anual de kcal por familia parecido al ostentado por Reino Unido (corregido), Argentina y Uruguay10.

Las modificaciones para arribar a la cesta británica corregida, como aquellas introducidas a las cestas argentina, uruguaya y brasileña están sujetas a una discusión abierta, pero el propósito de este trabajo no es pronunciarse sobre ellas, sino, más bien, concentrarse en la estructuración de una cesta chilena equivalente en términos de kilocalorías (criterio de comparabilidad y que tenga el respaldo documentado en fuentes para calcular su costo para la familia de un trabajador chileno no cualificado a inicios de siglo xx (criterio de representatividad).

Construcción de una cesta chilena equivalente para 1903

Para cumplir con los requerimientos de comparabilidad y representatividad, se aplicó la misma lógica que Luis Bértola, María Camou y Gabriel Porcile usaron para construir las cestas argentina, uruguaya y brasileña, es decir, se buscaron precios chilenos contemporáneos documentados para los artículos contemplados en la cesta británica de 190511 y el valor por kg/l se multiplicó por las cantidades consumidas en las cestas británica y equivalentes del Cono Sur. Esta operación no estuvo exenta de dilemas, porque en varias ocasiones hubo que decidir si acercarse más a las cantidades consumidas en Inglaterra en 1905 o a las cantidades consumidas en Argentina y Uruguay en 191412.

Entre lo más importante, el consumo chileno de carne se dejó en 55 kg anuales, más cerca del consumo inglés de 47 kg y no del argentino-uruguayo (300 kg), ya que este era exagerado, incluso para el nivel chileno constatado por la fuente más utilizada en este trabajo13. Por otro lado, esto se justificaba en que la cesta chilena contaba con datos que no tenían las cestas argentina y uruguaya (cerdo, cordero, queso), lo que permitía distribuir mejor los consumos y aminorar el protagonismo que para Argentina y Uruguay asumió la carne de vacuno, evitándose también variar la cantidad consumida de manteca y margarina (cestas argentina y uruguaya). Por último, la sustitución de tocino y salchicha (43 kg al año) por charqui (133 kg al año) en la cesta chilena permitió cuadrar el total de calorías14. En este sentido, la construcción de la cesta chilena se apegó mucho más a las cantidades consumidas por la cesta británica que sus congéneres sudamericanas, en la medida que de los catorce productos genéricos considerados se mantuvieron las cantidades de once de ellos15.

Pero en algunos casos específicos se prefirió usar las cantidades consumidas en Argentina y Uruguay, como ocurrió con el té-café y yerba mate, básicamente porque la irrupción de la yerba mate en el caso del Cono Sur, supuso una cierta competencia con el té-café, que aparece respaldada por las fuentes:

“Empieza a propagarse, especialmente en los centros poblados y a veces con preferencia a la infusión de la yerba-mate, la bebida del té y el café, que por su escasez de medios, compran del más bajo precio, y se exponen, en consecuencia, a recibir falsificadas y nocivas aquellas sustancias”16..

De tal modo, el té y café, por un lado, y la yerba mate, por el otro, asumieron cada uno la mitad del aporte calórico que el té y café representaban en la cesta inglesa corregida.

Por último, la cesta británica incorporaba el alquiler semanal de una casita o departamento de tres habitaciones. Pareció recomendable quedarse con los valores entregados por el informe enviado en diciembre de 1906 en La Serena a la Oficina del Trabajo, y que señalaba que “el precio medio de las habitaciones para obreros es de $5,0 mensuales”, es decir, $1,25 semanales, que multiplicados por tres arrojan $3,7517. Este valor no era tan bajo como el que registran en algún punto Guillermo Eyzaguirre y Jorge Errázuriz ($3,0), ni es de los más elevados de los que registra la Oficina del Trabajo para 1906 ($6,0)18.

Los resultados se muestran en el cuadro 3:

Cuadro 3 Consumos (Kg/L) anuales en estructura de cestas de consumo, Reino Unido (1905, corregido), Argentina (1914), Uruguay (1914), Brasil (1892) y Chile (1903) 

Artículos Peso Peso x kilocalorías = total calorías
Reino Unido (1905, corregido) Argentina (1914) Uruguay (1914) Brasil (1892) Chile (1903)
Té y café Kg 24 x 2 638 = 63 312 12 x 2 638 = 31 666 12 x 2 638 = 31 666 6 kg té x 2 77 = 16 666 + 6 kg café x 2,50 = 15 000 Total: 31 666
Azúcar Kg 47 x 4 000 = 188 000 47 x 4 000 = 188 000 47 x 4 000 = 188 000 50 x 4 000 = 200 000 47 x 4 000 = 188 000
Tocino y salchicha Kg 43 x 7 590 = 326 370 145 x 7 590 = 1 100 550 133 Charqui x 2 940 = 391 020
Carne de vaca y ternera Kg 55 x 2 940 = 161 700 300 x 2 940 = 882 000 300 x 2 940 = 882 000 110 charqui x 2 940 = 323 400 55 x 2 940 = 161 700
Kg 60 bacalao x 730= 43 800
Cerdo Kg 55 x 1 560 = 85 800 55 x 1 560 = 85 800
Cordero y carnero Kg 82 x 1 310 = 107 420 82 x 1 310 = 107 420
Queso Kg 55 x 3 290 = 180 950 55 x 3 290 = 180 950
Manteca y margarina Kg 12 x 7 540 = 90 480 18 x 7 540 = 135 720 18 x 7 540 = 135 720 12 x 7 540 = 90 480
Papas Kg 300 x 710 = 213 000 300 x 710 = 213 000 300 x 710 = 213 000 300 x 710 = 213 000
Harinas Kg 55 x 3 390 = 186 450 55 x 3 390 = 186 450 55 x 3 390 = 186 450 260 frijoles x 2 800 = 728 000 55 x 3 390 = 186 450
Pan Kg 456 x 2 380 = 1 085 280 456 x 2 380 = 1 085 280 456 x 2 380 = 1 085 280 40 arroz x 3 470 = 138 800 456 x 2 380 = 1 085 280
Leche Lt 365 x 670 = 244 550 365 x 670 = 244 550 365 x 670 = 244 550 365 x 670 = 244 550
Huevos Kg 24 x 954 = 22 896 24 x 954 = 22 896 24 x 954 = 22 896 450 mandioca x 1 000 = 450 000 24 x 954 = 22 896
Yerba mate Kg 12 x 615= 7 380 12 x 615= 7 380 12 x 615= 7 380
Total de kcals anuales (y diarias) Total/365/4 2 956 204 (2 024 diarias x cap) 2 996 942 (2 052 diarias x cap) 2 996 942 (2 052 diarias x cap) 2 984 550 (2 044 diarias x cap) 2 996 592 (2 053 diarias x cap)

Fuentes: Salvo que se especifique, los datos proceden de Eyzaguirre y Errázuriz, op. cit., y especifican las cantidades consumidas originalmente en Chile ese año por la familia estudiada, el valor monetario por unidad y el valor monetario total: (12 kg x $3,04 = $33,5) y café (21 kg x $1,738 = $35,7); azúcar (143,7 kg x $0,50 = $71,85); carne de vaca y de ternera (89,42 kg de carne de buey x $0,7 = $62,6 + 89,42 kg de carne de vaca x $0,7 = $62,6; total: 178 kg x $0,7 = $ 125,18); cordero (32,5 kg x $0,8 = $26,0); queso (1,22 kg x $0,98 = $1,22); papas (818 kg x $0,032 = $ 26,176); harinas (12 kg x $0,2 = $ 2,4); pan (730 kg x $0,2 = $ 182,5); leche (753,36 L x $0,114 = $ 86,14); huevos (7,2 kg x $1,40 = $10,08).

Casos especiales provienen de otras fuentes y a veces implican estimaciones: Tocino y salchicha se reemplazan por charqui: Hacia 1913 el kg valía $2,72 y al por mayor valía $2,27; es decir, un 83,4% del valor al detalle Al respecto, Manuel Rodríguez, El Trabajo y la vida obrera en Tarapacá, Santiago, Imp Santiago, 1913. De tal modo, si hacia 1902 los 100 kg valían $56,0/100= $0,56, llevado a regla de 3, el 100% = $0,67). Cerdo: hacia 1899 el kg de cerdo valía $0,6; al respecto, Junta de Beneficencia de Valparaíso, Actas de la Junta de Beneficencia de Valparaíso, Año de 1904, Valparaíso, Imprenta del Universo, 1904. Mantequilla: hacia 1903, 46 kg valían $41,8 = $ 41,8 / 46 kg = $ 0,9 el kg; asumiendo que es un precio por mayor, se deja en $1,0 el kilo al detalle; al respecto, Mario Matus, Precios y Salarios Reales en Chile durante el Ciclo Salitrero, 1880-1930, Santiago, Editorial Universitaria, 2012. Yerba mate: hacia 1913, según Rodríguez, op. cit., el kilo de yerba mate valía en Iquique $1,58 y por mayor valía $1,10, es decir, un 69,6 % del costo minorista. Si hacia 1902 los 11,5 kg de yerba mate valían $4,9/11,5= $0,42 kg, aplicando regla de 3, el kilo en 1902 habría valido $0,61. Finalmente, $0,61 x 12 daría $7,34 Nota: Datos adicionales de Chile están sombreados.

2) Establecimiento del valor de la cesta británica de 1905 en cada país del Cono Sur

En el cuadro 4 se expresa en moneda corriente de cada país el costo de las cestas equivalentes en cantidad de kilocalorías y en artículos consumidos.

Cuadro 4 Valor de cestas de consumo equivalentes (peso* valor kilo/litro), en moneda corriente de Chile 

Artículos Valor en $ de Kg/L x total peso consumido = total valor en $ corriente
Chile (1903) Pesos Chile Reino Unido (corregido) Peniques (d) Argentina (1914) Pesos Arg Uruguay (1914) Pesos Uru Brasil (1892) Pesos Bra
Té y café $2,389 x 12 kg= $28,67* $39,6475 x 24 kg= $951,54 $2,09 x 12 kg= $25,1 $0,8 x 12 kg= $9,60 $7,66 x 24 kg= $ 184,06
Azúcar $0,5 x 47= $23,5 $4,40 x 47 kg= $207,05 $ 0,3 x 47 kg= $ 18,3 $0,2 x 47 kg= $9,40 $2,45 x 50 kg= $ 122,75
Tocino y salchicha 0,67 x 133**= $89,11 $17,62 x 43 kg= $757,71 $1,53 x 145 kg= $ 223,08
Carne de vaca y ternera $0,7 x 55***= $38,50 $17,62 x 55 kg= $969,16 $ 0,39 x 300 kg= $ 118,3 $0,22 x 300 kg= $66,00 $3,72 x 110 kg= $ 409,97
Bacalao $6,63 x 60 kg= $397,80
Cerdo $0,6 x 55= $33,00 $17,62 x 55 kg= $969,16
Cordero y carnero $0,8 x 82***= $65,60 $18,17 x 82 kg= $1 490,09
Queso $0,98 x 55= $53,90 $15,41 x 55 kg= $848,02
Manteca y margarina $1,0 x 12= $12,00 $28,63 x 12 kg= $343,61 $ 3,22 x 8 kg= $ 25,8 $0,26 x 18 kg= $4,68
Papas $0,032 x 300= $9,60 $0,94 x 300 kg= $283,20 $ 0,11 x 300 kg $ 33,00 $0,1 x 300 kg= $30,00
Harinas $0,2 x 55= $11,00 $2,83 x 55 kg= $155,76 $ 0,16 x 55 kg= $ 8,8 $0,11 x 55 kg= $6,05 $3,63 x 260 kg frejol= $944,06
Pan $0,2 x 456= $91,20 $ 2,75 x 456 kg= $ 1 255,51 $ 0,20 x 456 kg= $ 91,4 $1,01 x 45 kg= $45,60 $1,09 x 40kg arroz= $43,60
Leche $0,114 x 365 L= $41,61 $3,07 x 365 L= $1 120,61 $ 0,14 x 365 L $ 51,2 $0,08 x 365 Lt= $29,20
Huevos $1,4 x 24= $33,60 $12 x 24 kg= $288,00 $ 0,80 x 24 kg= $ 19,4 $0,2 x 24 kg= $4,80 $0,41 x 450 kg mandio= $185,94
Yerba mate $0,61 x 12= $7,32 $ 0,83 x 12 kg= $ 10,0 $0,28 x 12 kg= $3,36
Total cesta anual/ semanal $811,26/52 = $10,36 $9 639,42/52 $185,37 $ 401,3/52 = $ 7,71 $208,69/52 $4,01 $2 511,26/52 $48,29
Alquiler sem* $ 3,75 $ 23,3 $ 6,9 $ 2,3 $ 5,0
Total gasto semanal $ 14,11 $ 208,67 $ 14,61 $ 6,31 $ 53,29

Fuentes: Mario Matus y Nora Reyes, “Precios y salarios en Chile, 1886-2009”, en Manuel Llorca y Rory Miller, Nueva Historia Económica de Chile [obra en prensa]), Reino Unido, Argentina, Uruguay y Brasil (Bértola, Camou y Porcile, op. cit.).

Notas:

*Los valores de té y café se promediaron y se multiplicaron por 12 kg.

**Tocino y salchicha se reemplazó por charqui (que ya había sido considerado para sustituto en Brasil) y se multiplicó por 133 kg para que el total de calorías fuera equivalente al de las cestas de los otros países.

***Solo cordero.

Una vez obtenido el costo semanal de la cesta inglesa de 1905 en Chile hacia 1903 ($14,11 en pesos corrientes chilenos), se pudo proceder a calcular el tipo de cambio corregido (PPA) para Chile hacia 1902, es decir, la corrección del tipo de cambio nominal mediante el uso de la cesta equivalente a la del país de referencia y a la de los países sujetos a la comparación.

3) Conversión del tipo de cambio nominal a tipo de cambio a paridad de poder adquisitivo (PPA) en 1902

Para proceder a este cálculo se tomó como punto de referencia el tipo de cambio nominal del año 1902, ya que Luis Bértola, María Camou y Gabriel Porcile se habían basado en los jornales de un trabajador británico (media entre uno cualificado y otro no cualificado) correspondiente a 1902, por lo que los salarios reales recalculados por PPA para Argentina, Uruguay y Brasil por estos autores, usaron también como referencia ese año.

A sabiendas que la cesta británica de 1905 valía $14,11 chilenos corrientes, en vez de pasar su valor a libras esterlinas usando el tipo de cambio nominal (de $15,8 por libra esterlina), se hizo a través de un tipo de cambio corregido a PPA, obtenido a partir de lo que costaba en libras esterlinas a un trabajador medio en Chile de 1903, la cesta británica de 1905 (sumando alimentos y alquiler), como porcentaje de lo que costaba esa misma cesta a un trabajador británico medio:

Figura 1 

La figura 1 sintetiza la fórmula utilizada. Básicamente, la fórmula identifica el porcentaje de lo que significaba el costo semanal en libras esterlinas de la cesta británica de 1905 en Chile de 1903 (mitad superior de la fórmula), dentro de lo que costaba en libras esa misma cesta en Inglaterra de 1905 (mitad inferior de la fórmula). La conversión a libras esterlinas del costo semanal chileno ($14,11 chilenos corrientes) se obtuvo dividiendo esa cifra por el tipo de cambio nominal ($15,8 por libras). Luego, el resultado se multiplicó por cien y se dividió por el costo semanal en libras en Inglaterra, lo que arrojó el porcentaje de 102,7%, es decir, la cesta británica de 1905 paradojalmente resultó ser más cara en Chile hacia 1903. Merece la pena explicar este resultado.

Lo normal es que en países menos ricos el nivel general de precios sea menor que el ostentado en países más ricos, pero no siempre ocurre así con todos los artículos considerados ni con el resultado global. En este caso, mientras que el costo semanal de los alimentos en Chile era más barato que en Inglaterra (84,87% del valor inglés), el alquiler de una vivienda de tres habitaciones costaba más del doble (245%), con toda probabilidad debido a la gigantesca escasez de viviendas en Chile a inicios de siglo xx y a la excesiva concentración del mercado del alquiler, que se manifestó en un elevado costo de las habitaciones de conventillo, destacada por todos los autores contemporáneos19.

A sabiendas que la cesta británica de 1905 costaba más en Chile (102,74%) se procedió a convertir el tipo de cambio nominal a uno corregido a PPA mediante la siguiente fórmula:

TcPPA=TcNom(15,8)×102,74%/100=16,23 pesos chilenos por libra esterlina

Donde el tipo de cambio PPA (TcPPA), expresado en pesos chilenos por libra esterlina, equivale al tipo de cambio nominal (TcNom) multiplicado por 102,74 (costo de la cesta inglesa de 1903 en Chile y dividido por cien.

En este caso, la fórmula se pregunta cuál sería el valor 100, asumiendo que el valor de la cesta inglesa es de un 102,74% a un tipo de cambio nominal de 15,8.

Como se puede apreciar, el valor del tipo de cambio (libra) a PPA fue de $16,23 pesos corrientes chilenos, mayor al tipo de cambio nominal ($15,8). Este tipo de cambio corregido a PPA quedó disponible para calcular el poder de compra de un trabajador chileno con relación al poder de compra de un trabajador británico.

4) Conversión de los salarios reales chilenos a porcentaje de los salarios británicos

Para ello, se usaron dos salarios chilenos de 1902: El salario de un trabajador no cualificado –un albañil de la provincia de Colchagua y que ascendió a $2,5 diarios20– y un salario cualificado de $2,0 –de un carpintero de la provincia de Colchagua21. Para el caso inglés, se usaron los salarios aportados por Luis Bértola, María Camou y Gabriel Porcile, que consistían en $37,69 y $25,64 chelines, para trabajador cualificado y no cualificado, respectivamente22.

Para el cálculo de lo que representaba porcentualmente el salario chileno dentro del británico se utilizó la fórmula que se expresa en la figura 2.

Figura 2 

De un modo similar a la fórmula anterior, en este caso se convirtió el salario semanal chileno en pesos23 a libras (mitad superior) y se calculó su peso dentro del salario semanal británico (mitad inferior). Para ello, se multiplicó por seis el jornal diario y los salarios semanales chilenos obtenidos –media aritmética de cualificado y no cualificado– se dividieron por el tipo de cambio PPA (corregido) que ascendía a $16,23, lo que permitió expresar el resultado en libras esterlinas. En paralelo, los salarios semanales británicos expresados en chelines se dividieron por veinte, cifra que corresponde a los chelines equivalentes a una libra esterlina. En consecuencia, ese valor también quedó expresado en libras. Finalmente, solo hubo que multiplicar el salario chileno por cien y dividirlo por el salario británico. El resultado arrojó que en 1902 el salario de un trabajador chileno promedio (cualificado + no cualificado) representaba el 53,4% del valor del salario de un trabajador británico promedio (cualificado + no cualificado).

5) Conversión de la serie temporal de jornal medio ponderado chileno (1886-1928) a porcentaje de salarios británicos

El último paso fue el más sencillo, ya que simplemente consistió en aplicar hacia atrás (retropolar hasta 1886) y hacia adelante (extrapolar hasta 1928) el porcentaje de 53,4% de 1902, utilizando un jornal medio real ponderado, calculado recientemente para Chile entre 1886 y 192824, cuyas cotas están limitadas por las fuentes. De forma previa, los valores de este jornal medio real ponderado debieron ser convertidos a números índice, para lo cual se tomó como año base a 1913 (=100). Los salarios y su conversión a porcentajes de salario inglés pueden apreciarse en el anexo 1.

Habiéndose traspasado los salarios chilenos a porcentaje de salario inglés fue posible sumarlos a los salarios de Argentina, Uruguay y Brasil, calculados previamente por Luis Bértola, María Camou y Gabriel Porcile en 1999 en el mismo formato. El anexo 2 exhibe todos esos salarios, ahora comparables.

Por último, contando con los salarios de estos cuatro países expresados en porcentaje de salario inglés, es posible pasar al análisis de la posición relativa y la trayectoria del salario chileno frente a sus símiles del Cono Sur durante el ciclo salitrero.

Posición y trayectoria del salario chileno entre 1886 y 1928 frente a los salarios argentino, uruguayo y brasileño. Análisis de los resultados

Una lectura a primera vista se refiere al nivel (o altura) del salario chileno frente a sus símiles del Cono Sur a través de las tendencias lineales de los cuatro países.

Como se puede apreciar en el gráfico 1, entre 1886 y 1928 los salarios chilenos no fueron los más elevados del Cono Sur (40-50% de un salario inglés), puesto que las remuneraciones medias en Argentina y Uruguay se situaron a los niveles más elevados (80-90% de un salario inglés) e, incluso, Uruguay superó el salario británico en dos momentos (1892-1895 y 1923-1930) y Argentina lo hizo en una ocasión (1923-1930), como se aprecia en el gráfico 2. No obstante, los salarios brasileños fueron mucho más reducidos que los chilenos, ya que tendieron a situarse en un rango de 20-40% del salario inglés de referencia. Desde ese punto de vista, el nivel chileno fue intermedio.

Fuente: Elaboración propia a partir del anexo 2.

Gráfico 1 Posición y trayectoria de salario real chileno con relación a salarios reales de argentina, uruguay y brasil (1880-1930). 

Fuente: Elaboración propia a partir del anexo 2.

Gráfico 2 Posición y trayectoria de salario real chileno con relación a salarios reales de Argentina, Uruguay y Brasil (1880-1930). 

Una segunda lectura a partir de los niveles muestra que los salarios chilenos durante este periodo, en el mejor de los casos, tendieron al estancamiento en relación con Uruguay y, especialmente, con Argentina, ya que si se comparan las líneas de regresión simple (gráfico 1) estos países mostraron una tendencia ascendente mucho más marcada, a pesar de que experimentaron una penuria muy abrupta a raíz de los efectos nocivos de la Primer Guerra Mundial sobre el comercio a lo largo de la década de 1910. Por cierto, Brasil expresa un estancamiento peor al chileno, insinuando un desempeño más insatisfactorio en su economía, pero también un cuadro general de desigualdad mucho peor al de los otros tres países.

Por otro lado, en una mera impresión general del gráfico 2 –no corroborada por ejercicios estadísticos– los cuatro países muestran trayectorias con quiebres distintos. En general, los salarios argentinos y uruguayos tuvieron un desempeño muy positivo hasta 1897, para caer un poco entre 1898 y 1912, pero manteniendo todavía un buen nivel. No obstante, desde la víspera de la Primera Guerra Mundial en 1913 a su posterior estallido y finalización en 1918 tuvieron un descenso muy abrupto. Finalmente, entre 1919 y hasta 1930 mostraron una recuperación muy importante, en la medida que alcanzaron el mayor nivel exhibido en 1893. Por su parte, los salarios brasileños experimentaron un leve estancamiento y caída hasta 1898, pero en una segunda instancia entre 1898 y 1914 vivieron su mejor momento. Coincidiendo con la Primera Guerra Mundial, los salarios brasileños también resultaron bastante castigados hasta 1920 y entre ese año y 1930 lograron una recuperación apenas parcial. En relación con esta lógica mostrada por Argentina, Uruguay y Brasil, que tendió a coincidir con una fase positiva hasta el estallido de la Primera Guerra Mundial y a una recuperación importante o parcial una vez esta finalizó, los salarios chilenos mostraron una lógica bastante diferente.

Como puede apreciarse en el gráfico 2, los salarios chilenos, luego de mostrar una oscilación importante entre 1886 y 1895, se elevaron bastante durante nueve años hasta 1904, y, de hecho, esta fue su etapa de gloria. Pero mientras los salarios argentinos y uruguayos siguieron ascendiendo, o como en el caso de los brasileños, se mantuvieron elevados hasta 1912, en Chile se derrumbaron en 1905, es decir, siete años antes que las condiciones internacionales empeorasen, básicamente por el primero de tres brotes inflacionarios registrados hasta 1918, en especial por el acaecido entre 1905 y 190825. Visto de ese modo, puede decirse que 1905 marcó el fin de un proceso de importante convergencia de los salarios chilenos con respecto a sus símiles argentinos y uruguayos y de una significativa divergencia con respecto a los salarios brasileños hasta 1898 y entre 1900 y 1904. De tal modo, la segunda fase de los salarios chilenos fue claramente descendente hasta 1915, pero en forma paradojal, y seguramente debido a un cierto impulso sustitutivo, no se vio empeorada por el estallido y desarrollo de la Primera Guerra Mundial, a diferencia de las otras tres experiencias examinadas, y terminaron por estabilizarse a un nivel más bajo en 1920. Pero así como los salarios chilenos descendieron antes que los demás y no empeoraron ni durante ni inmediatamente después de la Primera Guerra Mundial, en una tercera instancia situada entre 1921 y 1928, no pudieron disfrutar de una recuperación tan marcada como en los casos argentino y uruguayo, aunque quizá lo hicieron a un nivel levemente superior a la recuperación brasileña.

En síntesis, entre el grupo constituido por los salarios argentinos y uruguayos –y en alguna medida, brasileños– y las remuneraciones chilenas hubo importante discordancia, que para el caso chileno se advierte muy negativamente durante los periodos de 19051912 y de 1919 y 1928, en que divergieron de modo dramático con los salarios argentinos y uruguayos. Por otro lado, si bien es cierto que la trayectoria salarial de Brasil entre 1914 repitió un poco más tarde la trayectoria chilena (caída y recuperación parcial) y no exhibió una dinámica más favorable, es innegable que Chile no pudo repetir las experiencias de Argentina y Uruguay, que en la práctica no sufrieron –fuera de la década de 1910– un daño sostenido en el tiempo, y terminaron ostentando dinámicas mucho más auspiciosas.

¿En qué medida esta diferencia tan fundamental entre salarios chilenos y sus homólogos argentinos y uruguayos en cuanto a fases ascendentes más cortas, impacto más reducido de la Primera Guerra Mundial y recuperación mucho más modesta pudo haber estado conectada con dinámicas de conflictividad laboral y fenómenos migratorios discordantes?

Salarios, conflictos laborales e inmigración

En el ámbito laboral, aunque en estos países los episodios de derrumbe salarial de las dos primeras décadas de siglo xx generaron condiciones muy propicias para elevar la conflictividad, esta no siempre se dio con la misma fuerza e intensidad. En el caso de Chile, los conflictos más significativos en términos de participación e intensidad comenzaron hacia 1903, pero adquirieron singular dramatismo entre 1905 y 1907, último año que culminó con la peor matanza de trabajadores que se conoce en la historia de Chile. Esta agudización de la conflictividad coincidió con la etapa de mayor caída de los salarios chilenos entre 1905 y 1909, que en el caso del salitre descendieron a un tercio de su valor en 1904 y en el caso de la industria y agricultura descendieron a alrededor de la mitad de ese valor26. Por otro lado, y como lo reporta una conocida investigación27, las tres grandes oleadas de huelgas exitosas (1905-1907; 1919 y 1924-1925) descansaron en un escenario de bajo desempleo y de elevada inflación en Chile, ya que normalmente un elevado desempleo inhibió a los que conservaban su trabajo a desarrollar acciones que redundaran en su despido. El papel oculto del desempleo es lo que explica que en el periodo de fuerte derrumbe salarial entre 1908 y 1918, la importante caída en los puestos de trabajo motivó una reducción ostensible del número de huelgas, mientras que durante la importante recuperación salarial entre 1918 y 1924, que estuvo acompañada por una recuperación de los puestos de trabajo, no hubo disminución, sino más bien proliferación del número de huelgas, tal como aparece en el gráfico 3, extraído de otro trabajo.

Fuentes: Huelgas: Crisóstomo Pizarro, La huelga obrera en Chile, 1890-1970, Santiago, Ediciones Sur. Tendencia en los salarios reales: Javier Rodríguez Weber, “Income Inequality in Chile since 1850”, en Documentos de trabajo, n.° 36, Uruguay, Programa de Historia Económica y Social, Universidad de la República, 2015, p. 17.

Gráfico 3 Índice de salarios reales de trabajadores no cualificados (1913=100) y número de huelgas en Chile, 1900-192528 

En el caso de Argentina, aunque la actividad huelgüística puede ser rastreada mucho antes de 1903, fue entre 1904 y 1909, a raíz de una importante caída en los salarios reales, que hubo un incremento significativo del número de huelguistas, que llegaron a 144 062 en 1904 y a 169 017 en 190729, dentro de un primer ciclo de huelgas que culminó en la llamada “semana roja” y la huelga general de 1909. No obstante, la relación entre salarios descendentes y agudización de la actividad huelgüística se tornó mucho más directa en el periodo 1913-1918, etapa en que el mayor derrumbe salarial del periodo se agravó al extenderse durante cinco años. En este último caso, el cierre de los mercados internacionales en vísperas y a partir del estallido y desarrollo de la Primera Guerra Mundial, había dañado profundamente las exportaciones, obligando a abandonar en 1914 el patrón oro adoptado en 1899. Pero lo peor fue la interrupción de las importaciones de energía, insumos industriales y alimentos, que colaboraron de modo importante en la aparición de una dinámica inflacionaria significativa hasta 1921, que contribuyó a erosionar severamente los salarios30. Este fue el trasfondo del elevado número de huelguistas en Argentina entre 1917 y 1921: 136 062 en 1917, 133 042 en 1918, 308 967 en 1919 –año que culminó con la llamada “semana trágica”–, 134 015 en 1920 y 139 751 en 1921 (coincidente con los sucesos de la “Patagonia rebelde” entre 1920-1921). Como a partir de 1919 los salarios argentinos estaban en plena recuperación, a tono con el mejor desempeño de la economía, fuera de la huelga de 1924 –que agrupó a 277 071 huelguistas– la actividad huelgüística en términos de participantes fue decreciendo de modo sustantivo hasta 193031.

Siguiendo una trayectoria salarial muy parecida, Uruguay tuvo una huelga importante en 1901 –año hasta el que sus salarios experimentaron una caída muy importante que no se repitió en ninguno de los otros tres países– y otra en 1911, cuando apenas se iniciaba un descenso salarial, pero que aparecía en un marco de bajo desempleo y creciente inflación. Por cierto, las condiciones externas ya descritas y el empeoramiento de la inflación agravaron el derrumbe salarial entre 1912 y 1918, especialmente cuando Uruguay –como Argentina– abandonó el patrón oro en 1914. Así y todo, durante el peor momento de los salarios uruguayos no predominó el conflicto huelgüístico. Lo que explicaría esta anomalía es la aplicación de políticas de contención del desempleo por el régimen de José Battle y Ordóñez, que hacia 1915 instauró la jornada de ocho horas, con lo que aparentemente una parte de los excesos en la jornada laboral se redistribuyeron, lo que colaboró en amortiguar el desempleo y probablemente impidió el descenso de unos pocos salarios32, aunque su efecto agregado de todas formas fue un descenso general, como indica el gráfico 2. De cualquier modo, la mayor proactividad en materia laboral y social del régimen batllista, y una eventual pérdida de poder de las organizaciones sindicales –quizá cooptadas por el gobierno– impidieron que el derrumbe de los salarios uruguayos entre 1912 y 1918 generara grandes oleadas de huelgas.

En el caso de Brasil, los primeros brotes huelgüísticos fueron más bien tardíos, muy a tono con una estructura laboral que todavía hasta 1889 descansaba en gran medida en la esclavitud. Por eso no ha de extrañar que la primera huelga de cierto alcance se diera recién en São Paulo en 1906. De hecho, según datos disponibles, entre 1888 y 1890 solo hubo dos huelgas, mientras que entre 1901 y 1914 esa cifra ascendió a nueve33, pero recién entre 1917 y 1920 se desarrolló una huelga más extendida en el tiempo, que comenzó en una fábrica de São Paulo y se extendió a otras ciudades del Estado y a otros Estados, mientras que hacia 1919 el movimiento obrero ganó más consistencia, con la creación de la Organización Internacional del Trabajo34. Pero entre 1914 y 1929, y a pesar de una constante caída en los salarios entre ese primer año y 1920, el número de huelgas no fue superior a ocho en todo el país35.

En síntesis, mientras el temprano derrumbe salarial chileno entre 1905 y 1909 y la más tardía caída argentina acaecida entre 1913 y 1918 gatillaron vastos e intensos conflictos de raíz sindical o protosindical, la posterior caída salarial uruguaya (también asociada a la Primera Guerra Mundial) no desembocó en trastornos huelgüísticos importantes, ya fuera por las medidas adoptadas por al batllismo o por el hecho de que los sindicatos estaban en situación de relativa debilidad, debido a la capacidad de cooptación de las políticas gubernamentales. En ese sentido, la variable externa que habría tenido un papel crucial en la canalización del conflicto social generado por salarios en caída habría sido la naturaleza del régimen político. En el caso de Chile, la respuesta del régimen oligárquico habría sido extremadamente represiva en manos de los presidentes Germán Riesco y Pedro Montt, mientras que, en el otro extremo, la presencia reformista de José Battle y Ordóñez en Uruguay entre 1903 y 1915 pudo haber contenido en gran medida el estallido social. Visto así, el proyecto reformista de Hipólito Irigoyen en Argentina entre 1916 y 1922 habría representado un caso más parecido al chileno, si bien Hipólito Irigoyen intentó instaurar reformas laborales y sociales parecidas a las uruguayas, la mayor caída de los salarios argentinos durante la Primera Guerra Mundial, la mayor debilidad del gobierno y la importante influencia de los sindicatos de corte anarquista, generó respuestas predominantemente represivas al estallido huelgüístico, como las que aquí se ha mencionado. En este proceso, la experiencia brasileña habría sido la más extemporánea.

Esta riqueza multifactorial en la que se conjugaron salarios y conflictos laborales en Chile durante el periodo 1886-1928 ha sido muy poco abordada por trabajos previos, que al no estar apoyados en una visión comparada, han tendido a concentrarse en acentos organizativos, las luchas internas por la hegemonía, el establecimiento de una periodificación y ciertos hitos distintivos, pero no han logrado capturar la enorme y cambiante influencia del entorno económico y de la arquitectura institucional específica en el grado de conflictividad36. Al hacer este ejercicio, se revela que la experiencia chilena en materia de conflicto sindical y social fue relativamente anómala en ciertos sentidos. En primer término, porque el ciclo de mayor conflicto y muertes se adelantó en casi una década a la etapa de mayor conflicto vivida por Argentina. En segundo lugar, porque la causa fundamental de este ciclo, a diferencia de Argentina y Uruguay, que vivieron un importante derrumbe salarial a causa de la Primera Guerra Mundial –es decir, una causa de origen externo– en Chile fue efecto de trastornos monetarios de origen endógeno. En tercer lugar, porque en Chile las huelgas exitosas en términos de movilización estuvieron asociadas a aumento de la inflación, pero con bajo desempleo, a diferencia de Argentina, en que el desempleo ocasionado por la contracción del comercio mundial entre 1914 y 1918 no evitó una gran agitación sindical. En cuarto lugar, la comparación con Brasil revela que estas lógicas se tornan insuficientes cuando predomina una formación muy primigenia del mercado de trabajo, a raíz de una reciente abolición de la esclavitud. Por último, la comparación con Uruguay muestra que existían alternativas mejores a la represión, que, incluso, en la peor de las crisis y aumento del desempleo, podían ser usadas para contener o apaciguar la conflictividad sindical y social, pero que ni Chile ni Argentina quisieron ocuparlas, debido a características más represivas que inclusivas ostentadas en ambos entornos institucionales. Todo esto pone de manifiesto que una asociación mecánica entre dinámicas salariales y conflictividad social reporta muy pocos réditos a la hora de explicar la atmósfera multifactorial que actuó en las oleadas de conflicto que azotaron la región entre fines de siglo xix y las primeras tres décadas de siglo xx y que se requiere de un aparato instrumental y conceptual mucho más sofisticado para obtener una explicación medianamente satisfactoria.

Pero así como la relación entre dinámicas salariales y conflictividad laboral fue amortiguada por otros factores –guerras, crisis económicas de origen externo, institucionalidad laboral e institucionalidad política– la relación entre salarios e inmigración tampoco estuvo exenta de complejidades, algo que ya ha sido advertido en numerosos trabajos37.

Este trabajo no puede abordar el sinnúmero de problemas asociados al estudio de la relación entre salarios e inmigración que han sido identificados por estos autores. Solo pretende aportar una primera aproximación que para el caso chileno y del Cono Sur cuente con un buen soporte basado en salarios relativamente robustos y un estadístico que dé cuenta de los principales volúmenes migratorios que afectaron a estos cuatro países durante el periodo de estudio y que el examen de esta relación se vea apoyado por una caracterización de contexto en cada país, que como en el caso de los conflictos sindicales, permita identificar otro tipo de factores que pudieron afectarla.

Para medir el grado de atracción relativo que cada uno de estos cuatro países tuvo entre 1880 y 1930 se usa la variable de inmigración neta de cada país, es decir, el número absoluto de inmigrantes nuevos que aportó cada quinquenio, atendiendo que lo que importa no es tanto dimensionar el número de inmigrantes que se fue acumulando en cada caso, sino, más bien, la intensidad de la atracción en cada quinquenio, que calza con la evolución de los salarios reales.

Pero antes de aplicar un coeficiente de correlación de Pearson a estos datos, es importante medir la participación porcentual de cada país en el flujo inmigratorio acumulado por los cuatro países en cada quinquenio. Siguiendo el gráfico 4, se advierte que durante estos cincuenta años Brasil tendió a atraer a alrededor de la mitad del flujo inmigratorio neto acumulado por los cuatro países, pero en ciertos momentos fue Argentina quien cumplió ese papel, mientras que mucho más lejos, Uruguay cumplió un tercer lugar, que se expandió inusualmente en el quinquenio 1916-1920. Por cierto, la participación de Chile fue mucho más reducida, y de hecho, insignificante dentro del total.

Fuente: elaboración propia sobre la base de Nicolás Sánchez-Albornoz,“La población de América Latina 18501930”, en Leslie Bethell (ed.), Historia de América Latina, Barcelona, Editorial Crítica, 1991, vol. VII, p. 114.

Gráfico 4 Brasil, Argentina, Chile y Uruguay: porcentaje de la inmigración neta por país, 1881-1930 

Por su parte, al correlacionar salarios con emigración neta (por quinquenios) en cada uno de los cuatro países, no se observan asociaciones estadísticas significativas entre salarios e inmigración, en el sentido de que al discurrir en la misma dirección o en la dirección opuesta las variaciones sean parecidas. No siempre mayores salarios fueron paralelos a mayores flujos inmigratorios, ni se dieron siempre caídas en paralelo, ni tampoco hubo fuerte asociación inversa (a mayor X menor Y).

Destaca mucho el caso de Brasil, que, a pesar de aportar los salarios más reducidos de la región, concitó en promedio casi la mitad del total del flujo inmigratorio de la región considerada.

Esta anomalía puede deberse a lo reciente que era el uso de salarios, debido a la tardía fecha de abolición de la esclavitud (1888), al escaso pago a los exesclavos de las plantaciones y a un pago en metálico mermado a los trabajadores inmigrantes por la entrega de pasajes, subsidios y derecho a plantar cultivos de subsistencia38, situaciones que debieron haber presionado los salarios brasileños a la baja. Lo interesante es que los trabajadores italianos, portugueses y españoles que inmigraron a Brasil (y que sumaron casi tres millones entre 1880 y 1930), a pesar de haber conocido estas condiciones tomaron los subsidios e igualmente se embarcaron a ese destino.

Sin embargo, si se omite a Brasil en el grupo de estudio, los mayores salarios de Argentina y de Uruguay en relación con Chile, podrían ayudar a explicar los evidentes porcentajes superiores de inmigración neta de Argentina y Uruguay en relación con Chile. Esto se corroboró mediante un test de Pearson entre los datos de inmigración neta y salarios39, donde apareció una modesta correlación positiva para Argentina (0,42), cifra mucho más reducida para Uruguay (0,23) –que es normal, debido a su territorio mucho menor–, pero negativa para Chile (-0,22), caso en que el menor territorio no puede esgrimirse como factor que se suma a bajos salarios para explicar baja inmigración neta40. En consecuencia, aunque otros factores también pudieron haber inhibido un mayor nivel de inmigración a Chile en estos años, es claro que los salarios no aparecen asociados a los leves montos inmigratorios, lo que sí aparece –aunque modestamente– en el caso de Argentina y Uruguay41.

En general, estas débiles asociaciones estadísticas ponen en tela de juicio lo que sería un razonamiento intuitivo muy arraigado, que supone que un alza/caída en los salarios explicaría un crecimiento/decrecimiento en los flujos migratorios, respectivamente, como también ponen en entredicho que mayores/menores flujos inmigratorios hayan generado menores/mayores salarios. Pero esto no debe extrañar demasiado, ya que existieron muchos otros factores que se podían interponer entre remuneraciones e inmigración42.

Si bien es cierto que los grandes flujos inmigratorios hacia estos países durante el periodo se basaron en la información enviada por los primeros trabajadores inmigrantes a sus familiares y amigos desde esta región de América a los principales países emisores, la decisión del trabajador inmigrante estuvo también muy condicionada por las políticas inmigratorias de cada país, que en algunos casos podían ser muy generosas o, en el otro extremo, muy mezquinas. Los apoyos gubernamentales –expresados en financiación del viaje marítimo, en concesiones de tierras y en otras subvenciones– pudieron ejercer un efecto no despreciable, incluso superior al de los salarios. Por último, si bien es cierto que los trabajadores inmigrantes tenían incluso comportamientos transhumantes estacionales, que se han denominado migraciones “golondrina”, que armonizaban con el conocimiento previo de los momentos de mayor demanda de trabajo y de las diferencias resultantes en las remuneraciones, habría que sumar a los factores concurrentes el nivel de renta mínimo –muy vinculado con la oferta y precio de los transportes marítimos– como el grado de apoyo entregado por una red o cadena migratoria en el país receptor, que podía financiar o colaborar con el financiamiento del pasaje43, el nivel de presión/vacío demográfico, que por lo general influía directamente en el nivel de urgencia por viajar, en las brechas de salario y en las regalías disponibles para el inmigrante. A su vez, las diferencias entre las estructuras productivas dominantes del país expulsor y el país receptor establecían la naturaleza de las oportunidades de trabajo.

Conclusiones

Al comparar los salarios PPA de Chile con los de Argentina, Uruguay y Brasil a lo largo del periodo 1886-1928 se constata que a pesar de que el ciclo salitrero representó para Chile los mejores desempeños en términos de crecimiento económico hasta ese momento, los salarios que produjo no fueron los más elevados, ya que sus homólogos argentinos y uruguayos los superaron ampliamente a lo largo de esas casi cinco décadas, incluso en el momento en que estos se derrumbaron, entre 1911 y 1918, a raíz de la caída de la demanda mundial en vísperas y hasta la finalización de la Primera Guerra Mundial. Por cierto, las mayores tasas de crecimiento exhibidas por Argentina y Uruguay deberían explicar una parte de esa brecha ostensible, aunque pudo concurrir una multiplicidad de factores vinculados a la competitividad, entre ellos, naturaleza y valor de los productos y sus mercados, niveles de cualificación y capacidad de las organizaciones que agrupaban a los trabajadores. Para completar este cuadro, la evolución de los salarios brasileños expresa una sociedad mucho más desigual, en la que la brecha entre una minoría de trabajadores libres cualificados o semicualificados y una gran mayoría de trabajadores semilibres con muy bajo nivel de cualificación debe haber sido considerable, debido al mayor protagonismo del factor étnico en la segmentación laboral y al peso del pasado reciente en ella.

Asumiendo una posición intermedia, los salarios chilenos, además, tuvieron un desempeño mucho más modesto que sus símiles argentinos y uruguayos, pues mientras aquellos tuvieron una trayectoria más bien benévola –dado que sus caídas fueron muy acotadas temporalmente (incluso la mayor de ellas, a causa de la Primera Guerra Mundial) y fueron compensadas por significativos periodos de ascenso y grandes ascensos posteriores– los chilenos tuvieron un periodo de ascenso más corto y mucho más moderado hasta 1904, entre 1905 y 1918 quedaron reducidos a la mitad de lo que eran hacia 1904 y luego se estabilizaron en torno a una recuperación muy lenta y parcial. El peor desempeño salarial de Brasil durante el periodo no puede servir de consuelo si se recuerdan las condiciones laborales específicas que gobernaban este país y que gravaban implacablemente el valor del trabajo.

Otro rasgo distintivo de los salarios chilenos durante el periodo es que su derrumbe se adelantó en alrededor de diez años (1905 como inicio) a la fuerte inflexión sufrida por Argentina, Uruguay y Brasil a raíz del estallido de la Primera Guerra Mundial (1914), lo que recuerda que su núcleo explicativo descansa más en factores domésticos que externos, que pudieron haber sido considerablemente amortiguados mediante una mejor gestión fiscal y monetaria. Por el contrario, los otros tres países tuvieron menor margen de maniobra para evitar o aminorar los efectos de una circunstancia que estaba fuera de su control, como lo fue la Primera Guerra Mundial.

Estos aspectos ya son suficientemente importantes para ser destacados, en la medida que revelan una faz menos optimista sobre el ciclo salitrero como fase de crecimiento local inserta dentro de la Primera Globalización y que ya había sido de algún modo intuida por cronistas contemporáneos e historiadores sociales.

Este trabajo también permite observar con mayor delicadeza ciertos aspectos, como la conflictividad laboral y la inmigración, a los que el imaginario suele atribuirle respuestas relativamente mecánicas con relación a las dinámicas salariales.

En efecto, y excluyendo la situación más desfasada y tardía de Brasil en cuanto a procesos de radicalización de la conflictividad laboral, las experiencias argentina, uruguaya y chilena fueron bastante diferentes en este tema. Mientras que Chile parece ser el caso más extremo de asociación entre salarios en caída y un gran ciclo de conflicto laboral entre 1905 y 1907, Uruguay representa la situación de mayor calma en el periodo de mayor derrumbe salarial entre 1912 y 1918, y Argentina se localizó en una situación intermedia más cercana a la chilena, dado que su derrumbe salarial entre 1912 y 1918 precipitó una considerable conflictividad laboral entre 1917 y 1921, que se expresó en dos momentos resueltos con elevadas dosis de represión sindical, como lo fueron la “semana trágica” de 1919 y la “Patagonia rebelde” de 1921. Aunque se deben pesquisar varias posibilidades explicativas, pareciera que el factor esencial radicó en la naturaleza del régimen político y su relativa apertura y capacidad de negociación para administrar crisis de este tipo. De ese modo, los regímenes más cerrados a la negociación –como el chileno, y en menor medida, el argentino– tendieron a exacerbar el conflicto debido a la escasa flexibilidad en su manejo del conflicto sindical, mientras que el proceso de construcción del régimen batllista en Uruguay aparentemente pudo evitar el grueso de la conflictividad estableciendo un marco normativo que fue bastante aceptable para los trabajadores.

En cuanto a la relación entre salarios e inmigración, este trabajo confirma lo dicho en estudios más amplios44, en el sentido de que, por lo general, no existió una relación directa entre ambas variables durante el periodo. El país que más atrajo inmigrantes durante estas décadas (Brasil) fue el que por lejos ostentaba los niveles de salario más reducidos, mientras que Argentina, que ostentaba los segundos salarios más elevados, lo siguió como polo de atracción y Uruguay y Chile atrajeron volúmenes inmigratorios muy reducidos dentro del total, con independencia de que Uruguay ofrecía los salarios más cuantiosos y Chile aportaba remuneraciones mucho más reducidas. Asimismo, el único coeficiente de correlación que arroja un resultado positivo –aunque modesto– en el sentido de que una variación en salarios (aumento) estuvo asociada a una variación positiva en el crecimiento de la inmigración durante el periodo de estudio fue Argentina. En el caso de Chile la relación fue levemente negativa, es decir, que las variaciones en el salario discurrieron en un sentido contrario a las manifestadas en el volumen de inmigrantes. En el caso de Uruguay y Brasil prácticamente no existió relación alguna entre ambos fenómenos.

Dicho esto, es posible concluir que la posición y trayectoria de los salarios chilenos en general fueron desalentadoras durante el ciclo salitrero si se las compara con Uruguay y Argentina, y menos frustrante si se la compara con Brasil. A su vez, durante este periodo Chile exhibió los mayores niveles de confrontación laboral junto a Argentina, pero a diferencia de este último país, el ciclo de huelgas no tuvo origen externo (Primera Guerra Mundial), sino, más bien, endógeno y se adelantó en alrededor de diez años, en plena época de bonanza económica. Por último, los salarios de Chile y otros factores adicionales no hicieron que el país fuera un polo de atracción para trabajadores inmigrantes. Visto de ese modo, entre 1886 y 1928 Chile fue un país mucho más hostil para sus trabajadores –en términos de salarios y otro tipo de regalías– que Uruguay e, incluso, Argentina y Brasil. En consecuencia, no podía resultar atractivo para otros.

1El Cono Sur de América comprende geográfica y políticamente a las repúblicas de Chile, Argentina y Uruguay. En este estudio además se ha incluido a Brasil para fines comparativos.

2U. S. Army: List of Ranks, Insignia and Pay Range, disponible en www federalpayorg/military/army/ ranks [fecha de consulta: 5 de febrero de 2019].

3Instituto Nacional de Estadísticas, Encuesta Suplementaria de Ingresos (ESI) 2017, Santiago, INE, 2018.

4Gonzalo Durán y Marco Kremerman, Los verdaderos sueldos de Chile. Panorama actual del valor de la fuerza de trabajo usando la ESI 2017, Santiago, Fundación Sol, 2018.

5Luis Bértola, María Camou y Gabriel Porcile, “Comparación internacional del poder adquisitivo de los salarios reales de los países del Cono Sur, 1870-1945”, ponencia presentada al simposio “Mercado de trabajo y nivel de vida”, Segundas Jornadas de Historia Económica, Montevideo, julio de 1999.

6Se trata de 3 138 356 calorías anuales consumidas por una familia a lo largo de un año / 365 días / cuatro personas de una familia = 2 149 calorías diarias por persona.

7Lo ideal para este tipo de comparaciones sería contar con varias cestas a lo largo de un periodo, para dar cuenta de las transformaciones en la estructura de consumo. Sin embargo, al ser muy esquivas las fuentes disponibles para obtener cestas con ponderaciones documentadas para varios años, no queda otra opción que usar la estructura de consumo de un año para todo el periodo de estudio.

8Para estimar estos aportes los autores usaron Ibrahim Elmadfa, La gran guía de la composición de los alimentos, Equipo de alimentación de la Universidad J. Liebig de Giessen, 2ᵃ ed., Barcelona, Ed. Integral, 1991. La misma guía se utilizó para las modificaciones de cálculo introducidas en este trabajo.

9Básicamente, se le agregó té y café (24 kg consumidos al año), mientras que se redujo de modo sustancial el consumo de tocino y salchicha (de 80 kg a 43 kg), lo que fue compensado por un aumento significativo del consumo de cordero y carnero (de 55 kg a 82 kg).

10Por cierto, al introducir estos cambios, los autores se basaron en las cestas existentes construidas por los organismos estadísticos oficiales de cada uno de los países involucrados. Las fuentes utilizadas y los detalles de su construcción pueden encontrarse en este trabajo.

11Guillermo Eyzaguirre y Jorge Errázuriz, Estudio social. Monografía de una familia obrera de Santiago, Santiago, Imp. Barcelona, 1903, p. 49.

12Por desgracia, la primera cesta de consumo documentada para Chile es de 1928, de modo que no se cuenta con cestas para el periodo comprendido entre 1905 y 1914, que brinden un conjunto de artículos y sus respectivos pesos relativos dentro de ellas. Por su parte, debido a los escasos datos, el caso brasileño, no proporcionó cantidades competitivas.

13178 kg al año, según la familia chilena de 1903, pero probablemente, este consumo estaba demasiado por encima de la media aritmética de las familias chilenas en 1903. Al respecto, Errázuriz y Eyzaguirre, op. cit.

14Este procedimiento se validaba en tanto los autores habían aplicado el mismo criterio para dotar a Brasil de un aporte equivalente en calorías al de carne y ternera.

15Azúcar, carne de vaca y ternera, cerdo, cordero y carnero, queso, manteca y margarina, papas, harinas, pan, leche y huevos.

16Eyzaguirre y Errázuriz, op. cit., p. 97.

17Informe sobre precios y salarios enviado desde La Serena, diciembre de 1906, en Archivo Nacional, Fondo Dirección del Trabajo, hoja suelta s/f.

18Según Guillermo Eyzaguirre y Jorge Errázuriz, en 1903 se pagaban “siete meses de arrendamientos de la antigua habitación bajo el canon de $12 mensuales y cinco meses de la actual a $2,0” (p. 51). Esta habitación sumaba dos mediaguas, que servían de cocina y de lavadero. Esto arroja un pago de $3,0 semanales. Pero en otra parte, indicaban que el arriendo del sitio era de $50 mensual, dividido a medias con su compadre (25/4= $6,25 semanal), que se aproxima a que “Las habitaciones ordinarias para obreros cuestan término medio ocho pesos mensuales i las buenas doce pesos” (un mínimo de $2 semanales multiplicados x tres habitaciones, que arroja $6 semanales por tres habitaciones). Al respecto, Eyzaguirre y Errázuriz, op. cit., pp. 51 y 29, respectivamente.

19El elevado alquiler de las viviendas también se daba en Uruguay y Argentina en estos años.

20Boletín de la Sociedad de Fomento Fabril, año xxicv, n.° 3, Santiago, 1 de marzo de 1907, p. 144.

21Ibíd.

22Bértola, Camou y Porcile, op. cit., p. 6.

23Cualificado y no cualificado.

24Matus y Reyes, op. cit.

25Matus, op. cit.

26Matus, op. cit.

27Peter De Shazo, Urban Workers and Labor Union in Chile, 1902-1927, Madison, University of Wisconsin Press, 1983.

28Rodríguez, op. cit., p. 17.

29Alejandro Andreassi, “Inmigración y huelga. Argentina, 1900-1920”, en Ayer, n.° 4, Marid, 1991, p. 123.

30Roberto Cortés Conde, La economía política de la Argentina en el siglo xx, Buenos Aires, Edhasa, 2005, p. 62.

31Andreassi, op. cit., p. 124.

32Luis Bértola, Ensayos de Historia Económica. Uruguay y la región en la economía mundial, 18701990, Montevideo, Editorial Trilce, 2000, p. 183.

33Jaime Jordán y Mauricio Lobo, “Índice de inestabilidad política del Brasil, 1889-2009”, en Revista de la CEPAL, n.° 114, Santiago, 2014, p. 200.

34Francisco Iglesias, Historia política del Brasil, Madrid, Editorial MAPFRE, 1992, p. 251.

35Jordán y Lobo, op. cit.

36Crisóstomo Pizarro, La huelga obrera en Chile, 1890-1970, Santiago, Ediciones Sur, 1986; Sergio Grez, “Transición en las formas de lucha: motines peonales y huelgas obreras en Chile (1891-1907)”, en Historia, n.° 33, Santiago, 2000, pp. 141-225. Se trata de trabajos notables que han abierto valiosas vetas a la metamorfosis del conflicto social, pero que no indagaron en estas ricas posibilidades de relación entre conflictos, economía e instituciones políticas.

37Timothy J Hatton & Jeffrey Williamson, Migration and the International Labor market, 1850-1939, London, Routledge, 1994; Jeffrey Williamson, “Real Wages and relative Factor Prices in the Third World, 1820-1940: Latin America”, in Discussion Paper, n.° 1853, Boston, Harvard Institute of Economic Research, 1988, pp. 141-225; Luis Bértola, Leonardo Calicchio, María Camou & Gabriel Porcile, “Southern Cone real wages compared: a purchasing power parity approach to convergence and divergent trends, 1870-1996”, Documento de Trabajo n.° 44, Montevideo, Unidad Multidisciplinaria, Programa de Población, Facultad de Ciencias Sociales, 1999.

38Dean Warren, “La economía brasileña, 1870-1930”, en Bethell, op. cit., vol. x, pp. 333-369.

39En ambos casos se consideraron valores absolutos (número de nuevos inmigrantes ingresados a cada país por quinquenio vs. salarios reales documentados por país para cada quinquenio.

40Los datos quinquenales de salarios e inmigración neta por país y sus correlaciones están expuestos en el anexo 3.

41Este tipo de correlación estadística no indica una dirección de causalidad, ya que es tan plausible que movimientos en los salarios afecten la inmigración como que mayores o menores flujos inmigratorios produzcan una caída o alza respectiva en los salarios. Para pesquisar esa última opción, lo ideal habría sido calcular una ratio de volumen acumulado de inmigrantes / total de la fuerza de trabajo para identificar el grado de presión de los inmigrantes sobre el mercado laboral, pero para este periodo no se estimaba población activa, de modo que ese ejercicio se hace imposible. Una aproximación más gruesa a ese concepto habría sido calcular una ratio de volumen acumulado de inmigrantes / población total, pero los escasos censos y la imposibilidad de contar con datos de población para cada uno de los países también dificultó esa opción. Por consiguiente, más que identificar en qué medida el arribo de inmigrantes pudo presionar a la baja los salarios, en contraste con la opción que propone que grandes flujos de inmigrantes fueron la respuesta a salarios crecientes, se prefirió por contextualizar cada una de las situaciones con la información histórica disponible para explicar por qué las correlaciones resultaron bastante modestas, incluso en los casos más emblemáticos –como Argentina y Uruguay.

42Kevin O’Rourke y Jeffrey Williamson, Globalización e historia. La evolución de una economía atlántica del siglo xix, Zaragoza, Prensas Universitarias de Zaragoza, 2006.

43César Yáñez, Saltar con red. La temprana emigración catalana a América, 1830-1870, Madrid, Editorial Alianza, 1996.

44O’Rourke y Williamson, op. cit.

Anexo 1

Jornal medio ponderado real chileno (1886-1928), indexación a 1913 y conversión a porcentaje de salario inglés

Año Jornal medio ponderado real Chile Indexación a 1913=100 % de salario chileno en salario británico Año Jornal medio ponderado real Chile Indexación a 1913=100 % de salario chileno en salario británico
1886 2,7 49,7 19,8 1908 5,41 99,6 39,7
1887 2,74 50,5 20,1 1909 5,18 95,4 38,0
1888 6,45 118,8 47,3 1910 5,79 106,6 42,5
1889 6,54 120,4 48,0 1911 6,07 111,8 44,5
1890 6,36 117,1 46,7 1912 6,10 112,3 44,7
1891 4,75 87,5 34,8 1913 5,43 100,0 39,8
1892 5,41 99,6 39,7 1914 5,47 100,7 40,1
1893 5,87 108,1 43,1 1915 4,72 86,9 34,6
1894 4,79 88,2 35,1 1916 4,89 90,1 35,9
1895 4,31 79,4 31,6 1917 5,09 93,7 37,3
1896 4,87 89,7 35,7 1918 5,24 96,5 38,4
1897 5,35 98,5 39,2 1919 4,94 91,0 36,2
1898 6,51 119,9 47,8 1920 5,16 95,0 37,8
1899 5,83 107,4 42,8 1921 6,43 118,4 47,2
1900 6,56 120,8 48,1 1922 6,49 119,5 47,6
1901 6,50 119,7 47,7 1923 6,18 113,8 45,3
1902 7,28 134,1 53,4 1924 5,61 103,3 41,2
1903 7,77 143,1 57,0 1925 5,39 99,3 39,5
1904 7,91 145,7 58,0 1926 6,40 117,9 46,9
1905 6,14 113,1 45,0 1927 7,62 140,3 55,9
1906 6,34 116,8 46,5 1928 5,96 109,8 43,7
1907 5,64 103,9 41,4

Fuente: elaboración propia a partir de Matus y Reyes, op. cit. (en prensa).

Notas:1) El jornal medio ponderado real para Chile (1886-1928) reúne dos jornales medios ponderados (minería e industria) y dos jornales (peón rural y obrero de maestranza de ferrocarriles.2) La fórmula para retropolar y extrapolar el porcentaje de 53,4 fue: 56,4 / (valor jornal indexado 1902/valor jornal indexado del año).

Anexo 2

Jornales del Cono Sur de América (en % de salarios ingleses), 1880-1930

AÑO Argentina Uruguay Brasil Chile AÑO Argentina Uruguay Brasil Chile
1880 41,0 70,7 26,9 1906 82,0 76,2 41,8 46,5
1881 51,7 76,5 25,5 1907 79,4 82,6 37,4 41,4
1882 59,7 76,6 29,1 1908 79,4 85,6 38,8 39,7
1883 66,9 72,7 27,3 1909 78,5 100,0 37,9 38,0
1884 63,3 72,3 30,4 1910 84,7 95,8 37,4 42,5
1885 49,9 86,9 30,8 1911 83,8 93,8 39,6 44,5
1886 63,3 91,8 31,7 19,8 1912 86,5 92,8 35,2 44,7
1887 70,4 97,5 33,5 20,1 1913 82,0 84,7 38,3 39,8
1888 82,9 95,5 33,9 47,3 1914 80,2 78,8 44,3 40,1
1889 72,2 58,2 30,4 48,0 1915 72,1 69,2 38,3 34,6
1890 51,7 86,5 30,0 46,7 1916 67,3 61,9 35,6 35,9
1891 73,1 95,6 29,1 34,8 1917 57,9 61,9 27,9 37,3
1892 81,1 104,8 26,9 39,7 1918 49,7 60,0 22,6 38,4
1893 90,1 121,8 25,1 43,1 1919 67,0 60,2 22,3 36,2
1894 76,7 116,6 25,5 35,1 1920 69,8 74,9 20,5 37,8
1895 70,4 99,2 32,2 31,6 1921 86,5 91,2 30,3 47,2
1896 66,0 84,3 27,3 35,7 1922 99,3 98,5 29,7 47,6
1897 70,4 96,2 28,2 39,2 1923 101,7 101,9 25,0 45,3
1898 91,0 69,8 24,2 47,8 1924 100,2 103,6 25,5 41,2
1899 101,7 73,5 27,7 42,8 1925 105,6 104,0 24,7 39,5
1900 94,5 70,5 29,5 48,1 1926 106,9 104,7 31,8 46,9
1901 88,3 66,3 34,4 47,7 1927 112,6 110,9 33,3 55,9
1902 88,3 86,1 37,9 53,4 1928 119,2 111,6 32,1 43,7
1903 89,2 79,7 38,8 57,0 1929 118,5 113,8 33,3
1904 95,4 86,8 38,8 58,0 1930 107,9 117,9 38,6
1905 83,8 81,6 41,4 45,0

Fuente: elaboración propia a partir de cuadro 5, para los salarios chilenos, y de Bértola, Camou y Porcile, op. cit., para los salarios de Argentina, Uruguay y Brasil.

Anexo 3

Inmigración neta (en miles) y salarios reales por quinquenios, brasil, argentina, uruguay y chile, 1881-1930

AÑO Brasil Argentina Uruguay Chile
Inmigración Salarios Inmigración Salarios Inmigración Salario Inmigración Salario total Inmigración
1881-1885 133,4 28,6 191 58,3 26,7 77,0 26,7 355,4
1886-1890 391,6 31,9 489,4 68,1 42,1 85,9 42,1 36,37 947
1891-1895 659,7 27,7 156,1 78,3 13,8 107,6 13,8 36,9 832,4
1896-1900 470,3 27,4 303,9 84,7 33,9 78,9 33,9 42,7 812,2
1901-1905 279,7 38,2 329,3 89,0 43,8 80,1 43,8 52,2 656,4
1906-1910 391,6 38,7 859,3 80,8 92,8 88,0 92,8 41,6 1 379,30
1911-1915 611,4 39,2 490,4 80,9 101 83,9 101 40,8 1 256,10
1916-1920 186,4 25,8 2,4 62,4 53,1 63,8 53,1 37,1 256,7
1921-1925 386,6 27,0 510,2 98,7 70 99,8 70 44,2 1 001,10
1926-1930 453,6 33,8 481,6 113,0 102,6 111,8 102,6 29,3 1 044,10
Totales 3 964,30 3 813,60 579,8 579,8 8 540,70
Coeficiente de Correlación. 0,20928746 0,42902068 0,23254463 -0,22945109

Fuente: elaboración propia

Recibido: Febrero de 2019; Aprobado: Julio de 2019

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