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Historia (Santiago)

On-line version ISSN 0717-7194

Historia (Santiago) vol.52 no.2 Santiago Dec. 2019

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-71942019000200519 

Artículo

No eran socialistas, patriotas, reformistas, ni sindicalistas: Eran anarquistas del Partido Liberal Mexicano (1911-1918)1

Marco Antonio Samaniego López* 

*Doctor en historia por el Centro de Estudios Históricos, El Colegio de México. Investigador del Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Autónoma de Baja California. Correo electrónico samaniego@uabc.edu.mx

Resumen

La perspectiva desde la cual se analiza a los anarquistas del Partido Liberal Mexicano (PLM) los ha ubicado solo en el contexto de la Revolución mexicana. Esta circunstancia ha derivado en que se les haya calificado de socialistas, reformistas, patriotas e, incluso, como base del sindicalismo. En el texto se demuestra cómo las intenciones del PLM no coinciden con la tesis nacionalista donde la historiografía oficial y hagiográfica los ha ubicado.

Sustentados en afirmaciones publicadas en Regeneración, se establece que ellos no pretendían luchar por el socialismo, no eran patriotas ni pugnaban por las reformas que se les atribuyeron en los años siguientes. Su lucha por lograr la anarquía quedó marginada de los discursos oficiales o se diluyó en la pretensión de “limpiar” la imagen, sobre todo, de Ricardo Flores Magón, a quien se proyectó erigir como patriota.

Palabras claves: México; siglo xx ; anarquismo; socialismo; revolución; patriotismo; reformas

Abstract

The perspective from which the anarchists of the Mexican Liberal Party (PLM) have been analyzed has placed them only within the context of the Mexican Revolution resulting in their classification as socialists, reformers, patriots and even as a base for syndicalism. This article shows that the intentions of the PLM do not coincide with the nationalist image where official and hagiographic historiography have placed them. Based on statements published in Regeneración, we show that they did not intend to fight for socialism, were not patriots or struggled for the reforms attributed to them in the following years. Their struggle to achieve anarchy was marginalized from official speeches or was diluted in the claim to “clean” the image, especially of Ricardo Flores Magón, who was planned to be erected as a patriot.

Keywords: Mexico; Twentieth Century; Anarchism; Socialism; Revolution; Patriotism; Reforms

Por eso nosotros los anarquistas del Partido Liberal Mexicano,

no peleamos por obtener aumentos de salarios,

ni por disminución de oras [sic] de trabajo,

ni por indemnizaciones a los accidentados,

ni por pensiones para los viejos, ni por nada de eso,

sino por el la abolición del derecho a la propiedad privada.

Ricardo Flores Magón, 28 de febrero de 1916.

La patria fue inventada por la clase parasitaria,

por la clase que vive sin trabajar,

para tener divididos a los trabajadores en nacionalidades

y evitar, o al menos entorpecer por ese medio,

su unión en una sola organización mundial

que diera por tierra el viejo sistema que nos oprime.

Ricardo Flores Magón, 18 de abril de 1914.

En tanto el sistema capitalista continúe su existencia,

el trabajador será una mercancía que se cotizará

en el mercado de esclavos. No hay lugar para reformas

en el curso de la presente revolución social en México.

Antonio de Pío Araujo, 17 de mayo de 1913.

Explicar las propuestas anarquistas del Partido Liberal Mexicano no ha sido la tónica de la extensa bibliografía sobre el tema. Impera sobre esta y en especial sobre Ricardo Flores Magón, la idea de que el Programa del Partido Liberal Mexicano (PPLM) de julio de 1906 fue la base de las luchas sociales de este grupo de anarquistas que buscó aliarse con sus homólogos en todo el mundo. No obstante, una revisión del programa revela su naturaleza capitalista, reformista, patriota y declara en su primera frase que la intención del PLM era llegar al poder2. Tanto en sus discursos como en sus escritos estos anarquistas manifestaron lo contrario e interpretaron las acciones revolucionarias en México como parte de lo que ellos consideraban era el futuro inminente: la revolución mundial.

En la historiografía sobre México se ha impuesto una visión que no ubica al anarquismo como el centro de la lucha de estos hombres y mujeres, tanto en los discursos oficiales como en los que se caracterizan de protesta social, ligados a autores miembros de la izquierda. Ambos se han estructurado alrededor de una discursividad que formula que el lema de “Tierra y Libertad” es parte de la inspiración de la reforma agraria, sobre todo la realizada por Lázaro Cárdenas en el periodo de 1934-1940. De igual manera diversos autores sostienen que el artículo 123 de la Constitución tiene como sustento el PPLM de julio de 1906, que indican fue escrito por Ricardo y Enrique Flores Magón3. Sin embargo, el anarquismo ha sido poco destacado en el análisis y apenas en los últimos años, algunos autores han buscado darle ese matiz, como es el caso de Claudio Lomnitz; aunque desde nuestra perspectiva aún es insuficiente dado que se sostienen ideas en torno a la revolución en México, cuando ellos en realidad pretendían que la revolución fuera en todo el orbe4.

Los factores de esta construcción de memoria social son varios, pero los más destacados están relacionados con la idea de sostener que los precursores de la Revolución mexicana o, en específico, el precursor es Ricardo Flores Magón5. Sin embargo, esta conclusión es producto de la transformación de los objetivos, la lucha y las ideas de los anarquistas del PLM en el contexto de la posrevolución, cuando Jesús y Enrique Flores Magón, Antonio Díaz Soto y Gama, José Vasconcelos y Luis Cabrera, entre otros, modificaron la discursividad anarquista para adaptarla al nuevo contexto posrevolucionario, nacionalista, patriota y reformista, en contra del cual habían luchado los anarquistas del PLM. De igual forma instituciones del Estado mexicano como la Secretaría de Educación Pública, el Senado de la República y en décadas posteriores el Instituto Nacional de Antropología e Historia o el Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana6, han difundido una tesis sobre las propuestas reformistas de Ricardo Flores Magón en lo específico, que han consolidado una idea contraria a la verdadera lucha de un grupo de anarquistas mexicanos que realizaron la mayor parte de su labor en territorio estadounidense. Por ello, la intención del presente escrito es demostrar cómo en el marco del comunismo anárquico los miembros del PLM se manifestaron en contra de los socialistas, de los “patrioteros” y de la patria, de las reformas y de los sindicatos.

Estas formas de acercamiento historiográfico hacia el PLM se han vuelto recurrentes en el tratamiento que se le ha dado al tema de los anarquistas. Aunque algunos autores los han considerado socialistas7, los anarquistas del PLM nunca se asumieron como tales. Al contrario, le manifestaron su repudio a los socialistas acusándolos de negociadores, políticos, demócratas y, en general, de que la lucha socialista no era el camino a seguir por el pueblo mexicano ni el proletariado mundial. Otros autores tratan de ubicarlos como patriotas debido a que sus escritos en la primera década del siglo aparecen marcados por ese tenor8. En determinado momento, los anarquistas indicaron que ese carácter en sus escritos formaba parte de un timo, del engaño con que pretendían iniciar la revolución sin revelar la verdadera intención que era el anarquismo9. No podrían haber sido patriotas puesto que, como se anota en uno de los epígrafes, para ellos la patria era una forma de dividir al proletariado, una manera de detener el avance del comunismo anárquico.

Las reformas, tanto la agraria como la laboral, eran vistas por ellos como obstáculos para el logro de la verdadera meta. Por tanto, la asociación con la reforma agraria y en este caso, el ejido, no era el objetivo de su lucha. Ellos buscaban la eliminación de toda forma de propiedad y negaban el reparto agrario10. No querían la indemnización a los propietarios, sino que los hombres en armas debían tomar posesión de lo que era suyo por derecho y trabajarlo en común. De igual forma, no creían en los sindicatos, consideraban que ese tipo de asociaciones limitaban las propuestas del proletariado. Si bien existen afirmaciones acerca de que ellos son la inspiración del movimiento obrero organizado en México esto no tiene sustento en sus escritos11. Para los anarquistas del PLM, los sindicatos eran organizaciones proclives a llenarse de dirigentes ladrones y aprovecharse de los trabajadores, como ocurría con los organizados con el presidente Venustiano Carranza en 1916 y 191712. Otra de las posturas que los definió como anarquistas fue su clara manifestación en contra de la Constitución, pues consideraban que nadie debía ampararse en leyes ridículas e inútiles13.

La forma en que han presentado a los anarquistas del PLM contradice los manifiestos, acciones y afirmaciones de que la revolución mundial ya estaba en marcha. En sus escritos, realizados durante la revolución en México (1910-1918), pero residiendo ellos en Los Ángeles, California, la raza mexicana, como la llaman, era ya el ejemplo de la humanidad: sin gobierno, ley ni propiedad privada. Los escritos anarquistas manifestaban su pretensión de que los individuos fueran libres y que en esta condición surgiera la ayuda mutua que no necesitara de autoridades. La existencia de jefes o líderes desviaría la consecución de su causa: el advenimiento de la anarquía y la desaparición de toda forma de autoridad. En este escrito se aborda el periodo que corresponde de 1911 a 1918, cuando la declaración de anarquismo se vuelve manifiesta y se confronta con muchas de las afirmaciones realizadas en los años precedentes, a pesar de que ya eran anarquistas Librado Rivera, Enrique y Ricardo Flores Magón. La distinción de indicar anarquistas del PLM se debe a que existieron otros miembros de la organización que no tuvieron dicha ideología; la mayoría se separó del grupo en 1911. Los liberales que no compartían el anarquismo eran: Juan y Manuel Sarabia, Antonio I. Villareal, Lázaro Gutiérrez de Lara, Antonio Díaz Soto y Gama o John Kenneth Turner. Por anarquistas ubicamos a: Ricardo y Enrique Flores Magón, Librado Rivera, Anselmo Figueroa, Antonio de Pío Araujo, Teodoro Gaytán, Blas Lara, Margarita Ortega, Ludovico Caminita, Victorio “la Roca” Cravello, William C. Owen, Rafael Romero Palacios, Tomas Labrada, Juan Francisco Moncaleano, Francisca J. Mendoza, María Talavera, o los hijastros de Ricardo y Enrique, como Estela Arteaga y Lucía Norman.

Es pertinente hacer una diferenciación temporal. La lucha contra el capitalismo es una motivación presente entre los hermanos Flores Magón, Librado Rivera y Blas Lara (también en Rafael Romero Palacios, personaje menos conocido) desde su vida en la Ciudad de México. En algunos números de Regeneración o de El Hijo de el Ahuizote, esta lucha se menciona en pocas ocasiones. El tema contra el sistema capitalista se fortalece en Revolución, publicado en Los Ángeles, California, en 1907. Desde 1905 y 1906 son ubicados como anarquistas, sobre todo por Enrique C. Creel, quien como embajador de México en Estados Unidos puso especial atención para conseguir su encarcelamiento o la extradición14. De igual forma empresarios como William C. Greene o algunos de sus perseguidores de la agencia Furlong, los ubicaron desde 1906 en la línea anarquista y a Ricardo en lo particular como un individuo “fanatizado por la causa que persigue, con ese fanatismo brutal y peligroso que tienen los anarquistas”15. Varios periódicos de Arizona, entre 1906 y 1908, se referían a ellos como anarquistas16.

Aunque en este escrito citamos a varios textos de fines de 1910, debe señalarse que es de 1911 a 1918, cuando se vuelve pública la propuesta anarquista y las relaciones que ya tenían articuladas en Estados Unidos y Europa: Enrico Malatesta, Piotr Kropotkin, Luigi Galleani, Jaime Vidal, Pedro Esteve, Tárrida de Mármol, Emma Goldman, Alexander Berkman, Ludovico Caminita, Alberto “la Roca¨ Cravello, Francis Widmar, Filippo Perrone, Ernesto Teodori, Jean Grave, Jose Pujal, y muchos otros. Sus relaciones con publicaciones anarquistas son de años atrás: Tierra y Libertad, de Barcelona; Mother Earth, Estados Unidos; The Emancipator, de Home, Washington; ¡Tierra¡, de La Habana; L’Era Nuova y La Questione Sociale, de Paterson, New Jersey o Cronaca Sovversiva, de Barre, Vermont. De 1911 en adelante, las relaciones se incrementaron y con algunos se confrontaron, como Cronaca Sovversiva, Les Temps Nouveaux, Il Libertarie. Sus afirmaciones sobre la revolución económica-social, anarquista, que se realizaba en México, llegaron a Europa, América del Sur y sobre todo a Estados Unidos. Los editores de Regeneración tenían una tarea: convencer a los anarquistas de todo el mundo a sumarse al hermoso movimiento anárquico –como lo mencionan– que ya se realizaba en México y que sería el inicio de la revolución mundial17. Estas afirmaciones son el sustento que permite entender por qué Regeneración publicó en cada edición que la revolución ya era anarquista, que se trataba del inicio de la revolución mundial y que los proletarios mexicanos efectuaban la expropiación de la tierra. En su versión el final siempre era feliz: todo quedaba en posesión de todos.

Un marco de referencia: Una memoria desde el Estado

A partir de la muerte de Ricardo Flores Magón en 1922, los anarquistas del PLM fueron construidos en un conjunto de hombres que lucharon por la revolución en contra de Porfirio Díaz. Bajo el término de ‘magonismo’ se unió a hombres que se opusieron al capitalismo, al Estado y a toda forma de creencia religiosa, en especial el catolicismo y fueron transformados en los ideólogos de la Revolución mexicana18. Un conjunto que siguiendo a Ricardo, luchaba por instaurar el PPLM de julio de 1906. Dicho documento, se afirma, fue la base de numerosos artículos de la Constitución de 191719. Por tanto, el presidente del PLM, fue el precursor, el ideólogo de las reformas sociales que se instauraron en la Carta Magna20. José Vasconcelos, desde la Secretaría de Educación Pública en los años de 1921-1924 sustentó dicha afirmación, incluso, casi medio siglo después, en el prólogo de la obra de Jesús González Monroy, Ricardo Flores Magón y su actitud en la Baja California (1962) indicó que una de las razones para defender a Ricardo era que se trataba de un patriota21.

Esa discursividad de Estado es resultado de una selectividad de los discursos y las acciones de los anarquistas del PLM realizada en años posteriores. La lucha en contra de Porfirio Díaz, las huelgas de Cananea y Río Blanco, la propaganda y los intentos revolucionarios de 1906, 1907 y 1908 se convirtieron en parte de una continuidad revolucionaria que resolvió varios temas al Estado posrevolucionario a costa de eliminar el anarquismo de los hombres que lucharon por terminar con el capitalismo, el Estado y toda forma de creencia religiosa22. En este sentido, participó de manera clara Enrique Flores Magón, quien, sin duda, fue parte de los actores que incidieron de manera directa en ello. Enrique es clave para explicar la ambigüedad con que se ha tratado el tema. Los anarquistas del PLM buscaron la revolución mundial desde territorio estadounidense. Se relacionaron con ácratas italianos, rusos, españoles y de otras nacionalidades en Estados Unidos y desde ese espacio buscaron llegar a su objetivo.

Debido a su permanencia en Los Ángeles, California, de manera simultánea a Francisco I. Madero, un grupo reducido de hombres ocupó en los primeros meses de 1911 las poblaciones del Distrito Norte de la Baja California23. El mencionado distrito tiene frontera común con California, además de una larga historia de pretensiones anexionistas por parte de agricultores, empresarios y grupos sociales estadounidenses que manifestaron en repetidas ocasiones la necesidad de poseer la península de la Baja California. Esto ha generado un conjunto de comparaciones, pero se ha dejado de lado la pretensión anarquista, por ello, de manera frecuente y equivoca, se indica que los acontecimientos en el Distrito Norte de la Baja California son “su” revolución, la “otra” revolución, la revolución “alternativa”; sin embargo, la pretensión de unir a los trabajadores de Estados Unidos y México, así como llevar a cabo la revolución mundial, de índole anarquista, no es parte de la explicación en la historiografía sobre el tema. Por ello, sustentados en la lectura de Regeneración de 1911 a 1918, se demuestra que la forma en que han sido descritos por numerosos autores no explica su actuación y sus relaciones. Creer que ocupar la península de la Baja California fue un objetivo y que su actuación se limitaba a la Revolución mexicana carece de sustento.

Por ello se realiza la pregunta, ¿cómo el Estado posrevolucionario logró apropiarse del pasado de un grupo de anarquistas y transformarlos en capitalistas? ¿Por qué un grupo de hombres que lucharon desde Estados Unidos es observado como parte de la Revolución mexicana, cuando ellos llamaban a la revolución mundial? Parte de la respuesta se encuentra en la forma en que han sido ubicados de manera tradicional, pero equívoca: socialistas, patriotas, reformistas, sindicalistas. El anarquismo, su verdadera lucha, no ha quedado como parte de la memoria social.

En este escrito, se desarrolla una parte de una investigación más amplia en la que se aborda cómo y por qué fueron convertidos en el papel, –y en el Senado– en los años posteriores, pero que no corresponde a sus perspectivas de lucha. Volverlos funcionales al Estado, transformó a los enemigos del Estado en unos reformistas que merecen, sobre todo para el caso de Ricardo, que se coloque su nombre en plazas, calles y avenidas, sin que se observe que lejos de ser un homenaje, es la transformación de un grupo de hombres que dedicaron su vida o parte de ella a luchar contra todo aquello que representara la autoridad, la ley y las constituciones.

En contra de los socialistas

La querella entre socialistas y anarquistas es extensa y abarca diversos tópicos. Enrico Malatesta, Piotr Kropotkin, Anselmo Lorenzo y muchos otros, consideraban que la propuesta socialista era muy tenue, debido a que sostenían el camino democrático en el contexto europeo. Para estos autores, los socialistas pretendían la representación en los congresos, contrario a los anarquistas que consideraban a los cuerpos legislativos por demás inútiles. De igual forma, todos los mencionados, en algún momento, apoyaron el asesinato de príncipes, reyes, primeros ministros o presidentes, idea que se tornó común a fines del siglo xix bajo la llamada propaganda por el hecho. En algunos casos cambiaron de opinión, como ocurrió con Emma Goldman, quien estuvo de acuerdo cuando en las ejecuciones se tratara de hombres, pero no cuando fueran mujeres las asesinadas. Así ocurrió con la emperatriz austriaca Isabel de Baviera, ultimada por el anarquista Luigi Lucheni.

Para los anarquistas del PLM los socialistas surgieron con programitas inútiles que tenían la intención de desviar la verdadera lucha del pueblo mexicano. La expropiación de la tierra que se realizaba todos los días en el país y provocaba el interés de los burgueses por hacer reformas socialistas cuyo propósito era engañar a los campesinos que avasallaban con la toma de la tierra. En abril de 1912 Ricardo Flores Magón escribió:

“El triunfo de nuestros ideales antiautoritarios y anticapitalistas, es la muerte de todas las ambiciones de poder y de riquezas, de glorias y de honores y ante la corriente avasalladora de los sucesos se interponen los políticos tratando de desviar esa corriente revolucionaria que necesariamente tendrá que llegar a la abolición de la autoridad y del capital hacia el socialismo político que es la tabla de salvación de la burguesía y de la autoridad que es la única tabla de salvación de la autoridad de la que pueden agarrarse para no perecer”24.

Los socialistas eran vistos por los anarquistas del PLM como embaucadores de la peor especie y los enemigos del proletariado de todo el mundo. Lo que debía imponerse era la acción directa: nada de negociar o llegar a congresos inútiles que aprobaran leyes que no servían para nada. Esos órganos mantenían el ejercicio de la autoridad y cualquier efecto de ello debía destruirse.

Enrique Flores Magón, al referirse a los hombres que tomaban los alrededores de la Ciudad de México, señalaba sus carencias por no ser todavía anarquistas:

“Son una especie de socialistas avanzados, autoritarios aún como los socialistas; pero, sin espantarse del empleo de la Acción Directa sin palidecer ni hacer aspavientos de niñas cloróticas ante el uso de la fuerza, como pasa a las pobres borregadas socialistas autoritarias. Creen aún en la necesidad de que haya alguien que gobierne ‘paternalmente’; pero los mismos accidentes de la lucha, la propaganda y los desengaños que sufran en el futuro al ver que los nuevos gobernantes son como todos los gobernantes, sostenes de los ricos explotadores, les hará radicalizarse y tener la convicción y luchar por ella hasta lograr realizarla, de que los trabajadores no necesitamos amos de ninguna clase”25.

De esta forma, sus cualidades de socialistas serían superadas con el paso del tiempo para tornarse anarquistas, expropiadores de la tierra y de todos los medios de producción.

William C. Owen, editor de la página en inglés de Regeneración, en varias ocasiones atacó a los socialistas, entre ellos a John Kenneth Turner. Los consideraba traidores a la causa revolucionaria, dado que los líderes de dichas organizaciones pertenecían a los parlamentos en Europa y al Congreso de Estados Unidos. Al igual que Ricardo, William Owen señaló los ejemplos de Eugene V. Debs26 y Víctor Verger27, para ubicarlos como sus enemigos, puesto que siendo líderes del Partido Socialista Americano (PSA) se habían convertido en empresarios. Además, el hecho de fungir como representantes de un gobierno era suficiente para ser considerados traidores a la causa del proletariado28.

Los ataques en Regeneración al PSA fueron constantes. La reconocida anarquista Emma Goldman, en mayo de 1911, en una participación en el Germania Hall de San Diego, California, al hablar sobre los avances de la revolución económico-social en México, indicó que los socialistas no apoyaban al gran movimiento que se iniciaba29. Por esos días, llegaron anarquistas italianos de varias partes de Estados Unidos, enviados por Luigi Galleani desde Paterson, New Jersey, a sumarse al movimiento en la recién tomada población de Tijuana. En los mismos días John Kenneth Turner, Mary Harris Jones30 y otros socialistas, declararon su apoyo a Francisco I. Madero e, incluso, solicitaron a los anarquistas del PLM darle una oportunidad al mencionado31. Sin embargo, como la lucha anarquista tenía otros objetivos y antes que responder a sus propuestas, los embates contra los socialistas se tornaron frecuentes32.

Víctor Verger y Eugene Debs hicieron públicas sus razones para no apoyar al PLM. William C. Owen dio a conocer cartas de socialistas que le reprochaban su actitud. El dirigente del PSA no creía que en México se pudiera llevar a cabo la revolución socialista, argumentando que la población no tenía la preparación para ello. Eugene Debs fue crítico de la junta del PLM. En la revista The Appeal to Reason hizo un llamado de apoyo a Francisco I. Madero, sobre todo durante 1911, situación que motivó enfrentamientos y críticas. William C. Owen, al narrar sus conversaciones con Enrique Flores Magón, dio cuenta en julio de 1911 del asombro y estupefacción ante la convicción de Eugene Debs, quien consideraba que el triunfo de Francisco Madero era el fin de la revolución33.

De igual forma William Owen descalificó al reconocido socialista John Murray. Este personaje publicó en 1909 tres artículos en la revista Internacional Socialist Review, donde se criticó al gobierno de Porfirio Díaz34. Murray había sido patrocinado por Elizabeth Trowbridge para realizar un viaje por México y los tres artículos fueron el resultado de dicha travesía. Cabe señalar que ya había realizado críticas al capitalismo semejantes en el Estado de California, como fue uno de los movimientos de unidad entre mexicanos y japoneses en Oxnard de 190335. Pero, además, junto a otros socialistas como George H. Shoaf, publicaron en diarios estadounidenses que el problema de Ricardo Flores Magón era que estaba en manos de anarquistas. El 22 de julio, Ricardo, ante el supuesto avance de las expropiaciones en México, preguntó:

“¿Qué dirán ahora los leaders socialistas Debs, Berger y otros de la misma calaña, que aseguraban que era imposible que en México hubiera revolución económica? ¿Qué dirán ahora esos pretendidos amigos de la clase trabajadora que nos abandonaron en los momentos más críticos, creyendo que Madero era el hombre de la situación? ¿Qué dirá ahora el pobre Shoaf en su Appeal to Reason? ¿Qué dirán ahora los Perrone, y los Galleani y otros miserables que intentaron sorprender a los libertarios de toda la tierra echando sobre nosotros absurdos cargos como mentirosos y bribones, con el perverso fin de que nuestros hermanos libertarios nos retirasen su valiosa ayuda y pudieran Madero y De la Barra ahogar en sangre el movimiento libertario en México?”36.

Como se puede notar, el comentario iba dirigido contra los socialistas, aunque incluía a los anarquistas Luigi Galleani y Filippo Perroni, quienes se habían mostrado incrédulos de sus escritos. Cuando Filippo Perroni llegó a Tijuana acompañado de otros anarquistas concluyó que el envío de ayuda no era necesaria, pues la revolución que se había gestado en esa frontera era “da tavolino” –de mesita–, inventada en la mesa de trabajo de las páginas de Regeneración.

En agosto de 1911, William C. Owen publicó en su sección dedicada a textos en inglés, un conjunto de razones en contra de Eugene Debs y Víctor Verger, quienes habían apoyado a Juan Sarabia (el principal autor del PPLM) y sus medidas reformistas que para los anarquistas del PLM eran inútiles37. De acuerdo con esa postura asumida, Juan Sarabia y los dirigentes socialistas, no hacían justicia a las propuestas de Karl Marx y Friedrich Engels ni al manifiesto del Partido Comunista. El comentario de Ricardo era que Juan Sarabia, por su relación con Eugene Debs y Víctor Verger apuntaban a que Juan estaba en posición de formar un partido socialista en México. En una carta publicada en The New York Call del 2 de agosto de 1911, Juan Sarabia reprochaba a Ricardo la participación de tantos extranjeros en Baja California, circunstancia que habría generado una animadversión hacia Ricardo.

En ese mismo tenor, Lucía Norman, hijastra de Ricardo, le reprochó a Eugene Debs el apoyo a Francisco Madero. Ella consideraba que no era posible enviar el mensaje al pueblo estadounidense de que con el voto las clases trabajadoras estarían en mejores condiciones. También le reprochó a Eugene Debs el encarcelamiento de Enrique, Ricardo, Librado y Anselmo L. Figueroa, prisioneros por violar las leyes de neutralidad mientras que los socialistas eran parte sustancial del movimiento por la libre expresión –free speech– que tuvo episodios muy sonados en San Diego y Los Ángeles, California. Para ella, los socialistas los habían abandonado en la causa revolucionaria al negociar con Francisco I. Madero.

Por su parte, William Owen mantuvo sus críticas a Eugene Debs y Víctor Verger. De igual forma, se distanció de los apoyos que tuvo Ethel Duffy, quien era socialista. William Owen fue también crítico con el esposo de Ethel Duffy, John Kenneth Turner, debido a que no era capaz de entender el papel de la Revolución mexicana que se expandiría por todo el mundo38. Owen se percató de esta limitación por una visita que realizó a las instalaciones de un periódico socialista de Los Ángeles. Pudo comprobar dos asunciones de parte de los socialistas, entre los cuales se encontraba John Turner. La primera, que estaban convencidos de la responsabilidad de Ricardo en el quiebre de su partido. La segunda, que creían que con la caída de Porfirio Díaz y el ascenso de Francisco Madero había concluido la labor del PLM, mientras que Owen consideraba que el papel del partido era desarrollarse en España e Inglaterra, donde había importantes aliados. Esta toma de conciencia de las limitaciones de los socialistas lo llevó quizá a redactar sus observaciones en una nota que llevó el subtítulo de “All Bridges Burned”.

Por su parte, Eugene Debs y Víctor Verger, apoyados en The Appeal to Reason mantuvieron sus razones para apoyar a Francisco Madero. El 23 de septiembre de 1911 los anarquistas del PLM, que contaban con la presencia en la junta de anarquistas como Ludovico Caminita y Alberto Cravello, publicaron su manifiesto, en el cual indicaban su lucha anarquista. En este se proclamaba que la lucha era por la revolución mundial, en contra del capitalismo, la burguesía, el Estado y toda forma de creencia religiosa.

En la publicación de 1912, “Socialistas políticos”, de la autoría de Ricardo, se sintetiza una postura que se mantuvo hasta 1918. Indicó que los socialistas eran embaucadores porque buscaban representación en las cámaras y lo solicitaban en esos momentos cuando los campesinos con las armas en la mano tomaban posesión de la tierra. Ellos ya estaban expropiando, bajo la acción directa, dejando de lado la acción política que no servía para nada. En los periódicos de la Ciudad de México que estaban a su alcance no se decía nada acerca de la guerra de clases que se realizaba. Una de estas publicaciones, patrocinada por el Partido Socialista, citaba el caso alemán, donde 119 representantes de dicha organización habían llegado a la Cámara. De inmediato cuestionó la posibilidad de hacer la revolución social con los socialistas, cuando era conocido “por todo el mundo inteligente, que era un partido conservador como cualquier otro burgués, y tan inofensivo para la clase capitalista, que son muchos los ricos que figuran en él”39. Después de burlarse de los “periodiquillos socialistas”, indicó a los trabajadores que no se dejaran embaucar, no se necesitaban zánganos que los representaran en las cámaras y menos acudir a las autoridades; a ellos había que escupirles el rostro. El ejemplo era Alemania, donde con una gran cantidad de diputados socialistas no había transformado su situación. Millones de hambrientos continuaban igual, pero los diputados socialistas no dejaban de cobrar sus sueldos. Nada ocurría, pues, con los embaucadores socialistas: solo mediante las armas era posible el cambio. Esta línea argumentativa seguida por Ricardo Flores Magón es una constante. En los años siguientes, 1912-1918, no hay un cambio significativo en el discurso, salvo algún comentario sobre John Kenneth Turner, Job Harriman o Joe Hill, quienes eran descalificados como socialistas interesados en la obtención de votos.

El comentario que Ricardo Flores Magón efectúa sobre el poder de los soviets, idea desarrollada por Vladímir Lenin en la naciente Rusia socialista, deja el punto claro. Si bien en 1918, todavía utilizando el nombre de Junta Organizadora del PLM, destaca al revolucionario ruso por su condición de llamar a la revolución mundial40. En ese mismo número, bajo la firma de Ricardo y Librado Rivera, que conformaban toda la junta, indicaron:

“Para lograr que la rebeldía inconsciente no forje con sus propios brazos la cadena nueva que de nuevo ha de esclavizar al pueblo, es preciso que nosotros, todos los que no creemos en el gobierno, todos los que estamos convencidos de que gobierno, cualquiera que sea su forma y quien quiera que se encuentre enfrente de él, es tiranía, porque no es una institución creada para proteger al débil, sino para amparar al fuerte, nos coloquemos a la altura de las circunstancias y sin temor propaguemos nuestro santo ideal anarquista, el único humano, el único justo, el único verdadero”41.

Bajo esa convicción, la diferencia con Vladímir Lenin estaba planteada: ninguna forma de gobierno. Tres años después, en carta a Ellen White, Ricardo escribió que la tiranía, cualquiera que esta fuese, lo mismo del proletariado que de la burguesía, era contraria a la anarquía.

“Esta cuestión rusa me preocupa mucho; temo que las masas rusas, después de haber esperado en vano la libertad y el bienestar que les habían sido prometidos por la dictadura de Lenin y Trotsky retrocedan hacia el capitalismo otra vez. El efecto de esta acción sería desastroso para el movimiento revolucionario de los trabajadores del mundo, que cifra tantas esperanzas en el gobierno del soviet”42.

En junio de 1912, en un texto que acusa al socialista Lázaro Gutiérrez de Lara de querer formar sindicatos, mantener gobiernos y querer boletas electorales, indicó Ricardo: “El gobierno socialista es tan brutal como el gobierno republicano o monárquico, desde el momento en que tiene polizontes, soldados, jueces, diputados, carceleros y verdugos”43. En esa pugna contra los socialistas, que surgió en los enfrentamientos entre Karl Marx y Mijaíl Bakunin, los anarquistas le encontraron otro defecto a los socialistas: eran patrioteros44.

La patria es un narcótico45, es ¨el último refugio de los infames”46

El anarquismo propuesto por los integrantes del PLM se define por una posición crítica en contra de la patria; por un cuestionamiento de ese sentimiento inculcado por los burgueses que lleva como propósito generar diferencias entre los trabajadores. Al respecto, apunta Enrique Flores Magón:

“[…] enseñados los proletarios desde pequeños a considerar como emblema de honor un trapo cualquiera teñido de determinados colores, y a matar y ser muerto por defenderlo; envenenados por las absurdas teorías de la prensa capitalista, tendencias todas a fomentar el odio entre razas, para tener a los proletarios divididos y debilitados”47.

Antonio de Pío Araujo, en los casi dos años que se mantuvo como la pluma más constante en Regeneración, sostuvo un discurso que seguía la línea crítica hacia los patriotas. El proletariado mexicano se proyectaba como ejemplo para el mundo debido a las expropiaciones que se realizaban. Por ello:

“La patria y la civilización, tablas apolilladas a las que se agarran en su naufragio los próceres del capitalismo moribundo para pedir a sus esclavos abandonen las armas con que se rebelaron y vuelvan al trabajo, no efectúan impresión alguna en los rebeldes, pues estos empujaron hace tiempo esas palabras huecas hacia las regiones de los mitos. La revolución en marcha ha atolondrado el capital y en su delirio llama al ‘patriotismo’ y a la ‘civilización’ de todos los mexicanos para que la salven”48.

En el texto, “Patriotismo”, Antonio de Pío definió a la patria como la palabra utilizada por la burguesía para recordar las luchas del pasado y fomentar la devoción a la bandera tricolor. Pero los trabajadores no poseían ninguna patria, porque su patria era el mundo,

“[…] los revolucionarios conscientes a través de México, mantienen encendida la tea de insurrección, arrebatan la tierra a los burgueses para declararla propiedad común, toman posesión de la fábrica y el taller, para trabajarlos socialmente y en beneficio de la comunidad y enarbolan en todas partes la bandera roja, emblema de la fraternidad universal.

El patriotismo es un gran error en estos tiempos”49.

En The Agitator, publicación de una comunidad anarquista de Home, Washington, desde donde Ludovico Caminita en 1906 criticaba a Porfirio Díaz, se promovió la búsqueda de la libertad de quienes en ese momento estaban en la cárcel50. Las afirmaciones en The Agitator luego de hacer esa visita a la prisión de McNeil, fue que a los anarquistas del PLM, no los movía el “amor patrio. Ellos no son patriotas. Ellos no aman a México. Ellos aman al mundo”51. Por su parte, Antonio de Pío afirmó lo que en repetidas ocasiones indicaron los anarquistas del PLM: se presentaría la intervención estadounidense a México y con ello la revolución mundial por el apoyo de los anarquistas de todo el planeta.

El llamado mundial a todos los anarquistas es significativo, pues se relaciona con la intención de probar que no eran patriotas, sino que mantenían la intención de destruir el capitalismo y, por tanto, mostrarse contrarios a la idea de nación. Una prueba de ello era el entusiasmo y la constancia con que festejaban los avances del anarquismo. El júbilo era evidente. Así, por ejemplo, Regeneración publicó que en el poblado de Ensenada, en el Distrito Norte de la Baja California, dio a conocerse que en octubre de 1912 fue pisoteada la bandera tricolor, acontecimiento que se reveló como la prueba del avance de los expropiadores que, conscientes, avanzaban en pos de la nueva humanidad. Francisca J. Mendoza, apuntó que mientras “los patrioteros” estaban indignados, los trabajadores “ya se van dando cuenta que ese pedazo de trapo no vale nada y si ha servido [es] para que las naciones se despedacen unas a otras”. Se había defendido una bandera que “dizque es el símbolo de la ‘patria’ pero que en verdad es sólo para los pobres que se maten unos a otros defendiendo esa patria que no es de ellos…”52. Por su parte, Antonio de Pío Araujo, apuntó en esas fechas que solo la prensa prostituida “emplea sus estúpidas frases de salvación nacional y patriotismo que son rechazadas por la clase trabajadora”53. En ese avance del anarquismo en México que pronto sería mundial, se desconocía la ley, la Constitución, “escupiendo la bandera nacional, estrangulando el comercio y maldiciendo a la Republica”54. No debía amarse, pues, a la patria, “que te mantiene siervo, no adores ídolos que te embrutecen”55.

Jesús María Rangel56, en un texto en el que describía su encuentro con Emiliano Zapata, indicó que dejó en claro las razones de no usar la bandera mexicana debido a que “sólo servía a la burguesía para arrastrar las masas del pueblo y defender sus derechos mal habidos y no a la patria”. Señaló que era la “combinación de colores atractivos con que unos cuantos ricos y soñadores de fortuna han arrastrado a las masas del pueblo sacrificándolas en su beneficio”. La bandera era “el hilacho maldito que ha marcado las divisiones en todos los tiempos con las sangre de los hombres conscientes”. Era el instrumento de los potentados para decir “hasta aquí es mío”57.

Ricardo Flores Magón, en abril de 1914, apuntó que la patria era una mezcolanza de cosas que muy pocos entendían y, por ello, cuando se gritaba que la patria requería sacrificios, eran “palabras estúpidas que han servido de pretexto para que legiones de brutos se rompan la cabeza”. En los libros, en las escuelas, la burguesía se encargaba de fomentar ese sentimiento entre los niños y con ello sembraban el odio. Las fiestas patrióticas abundaban en el mundo, así como “el culto a la bandera raya en el fanatismo en todos los países”. Los poetas y literatos que escribían sobre ello, eran burgueses que “se dan maña para hacer entender que no haya raza más grande, más valiente, más inteligente que aquella a la que se dirigen”. Este era el mecanismo con que la burguesía dividía en razas y nacionalidades a los habitantes de la tierra. Así se conseguía que los trabajadores de una nación se sintieran superiores a otros y se impedía que lucharan unidos. Ricardo Flores Magón reiteraba que los pobres no tenían patria, pero eran encerrados en corrales para mantenerlos dentro de ella y eran obligados a defenderla. Los piratas de la política, los jefes, gritaban: “todo por la patria”. Esa comedia debía terminar; todas las bandera políticas tenían que ser colocadas de lado por los trabajadores para evitar convertirse en carne de cañón sacrificada “en aras de esa cosa que no existe para vosotros: la patria”. Los trabajadores debían tomar el fusil, expropiarlo todo y matar a todo aquel que se atreviera a hablarles en nombre de la patria58. Por ello, la referencia a “los patrioteros” en el discurso era utilizada para indicar que se trataba de un mecanismo inventado por la burguesía, por aquellos que querían dividir a la única unidad posible: los proletarios en su camino hacia la anarquía.

El inicio de la Primera Guerra Mundial fue un nuevo marco que se consideró adecuado para que los proletarios se unieran en contra de la burguesía. Ricardo apuntó que no se presentaría “en la historia de la humanidad una oportunidad mejor que la presente para precipitar la revolución social”. Era el momento para que, a partir de la catástrofe, el proletariado aprovechara para eliminar de la faz de la tierra a la burguesía, su verdadero enemigo; esta “ha tenido buen cuidado de fomentar en los pobres el sentimiento patriótico, el odio de razas, el amor a la bandera”. La retórica era usada por los burgueses que peleaban por sus negocios mientras “dicen a los proletarios que el honor nacional ha sido ultrajado, que la integridad de la patria está en peligro, que el hilacho llamado bandera ha sido ofendido…” y los proletarios, creyentes de su superioridad imbuida por los ricos, “se lanzan a la lucha a derramar su sangre por la patria”59.

Debido a lo sucedido en el Distrito Norte de la Baja California, numerosos autores pretenden ubicar a los anarquistas del PLM como patriotas, pero los escritos y las acciones de estos son contrarios a ello. Escriben para defender de la “falsa acusación de filibustero” que se realizó sobre Ricardo Flores Magón. Estos procedimientos retóricos han generado apologías aparentes, debido a que en sus escritos no se revela a Ricardo Flores Magón como un personaje con ideas muy contrarias a las que describen sus “defensores”: como el anarquista que consideraba a la patria un narcótico, un mal, una invención de la burguesía y de la autoridad. Autores como Jenaro Amezcua (1943), Guillermo Medina Amor (1956), Pablo L. Martínez (1958), Mario Gill (1956), Agustín Cue Cánovas (1957 y 1958), Lowell Blaisdell (1962), Jesús González Monroy (1962), Lawrence Taylor (1992) o Gabriel Trujillo (2012), ubican a los anarquistas del PLM, y sobre todo a Ricardo, como patriotas. En las decisiones del Senado de la República de 1944, para justificar la ubicación de los restos de Ricardo Flores Magón en la Rotonda de los Hombres Ilustres60, uno de los argumentos de peso fue el considerarlo como un defensor y constructor de la patria.

Sin embargo, es pertinente aclarar que en este contexto el uso de la palabra ‘patria’ tenía un doble sentido. Para algunos de los anarquistas del PLM, el ser acusados de antipatriotas no era ningún insulto; por el contrario, era una descripción que precisaba sus ideas y la intencionalidad de sus acciones61. Ellos no eran patriotas y lo demostraron burlándose de aquellos a quienes llamaron en sentido despectivo “los patrioteros”: les reiteraban la inutilidad de luchar por una abstracción inexistente y mucho menos por un trapo de colores como la bandera. Mientras que el trapo tricolor representaba el abuso de los poderosos, la bandera roja simbolizaba la libertad y la justicia para todos62.

Las apologías sobre Ricardo Flores Magón han generado una historiografía de “defensa de la imagen”, que lejos de describirlo, transforma al personaje aludido y al resto de los hombres que pretendían iniciar una revolución mundial. Para estos, la patria no se limitaba a un espacio, sino que era el mundo entero y esta ampliación significaba que su lucha era por toda la humanidad. El texto de Francisco Pi y Margall, “La patria”, publicado en enero de 1912, explica esta diferenciación entre la patria parcial y la patria que significa la tierra completa. Por la parcial, que conduce a guerras, divide y construye fronteras, no valía la pena luchar: “no hay crueldad ni barbarie que no engendre el patriotismo”. Solo cuando se tuviera la tierra toda, se dejaría de rociar sangre sobre los altares63.

Esta diferenciación era clara para los anarquistas del PLM. Años después, cuando el tema de los acontecimientos de 1911 en Baja California y el reconocimiento de Ricardo Flores Magón como patriota se había tornado frecuente, varios autores retomaron la diferenciación para “defender” a Ricardo de las “acusaciones” de no ser patriota. Así, Eduardo Blanquel, lo “salva” bajo la siguiente premisa. Si Ricardo había publicado que los bajacalifornianos no tenían patria, “¿luego estaba traicionando a la patria? No. Porque ésta no existía y no solamente en Baja California sino en todo el país”. Además, afirmó: “Podrá decirse que la afirmación es absurda pero entonces debería enjuiciarse al anarquismo como filosofía social y no a quien, compartiéndolo plenamente, piensa y actúa conforme a sus principios”64. Con ello, “salvan” –él y otros autores– a Ricardo Flores Magón y a los anarquistas del PLM de la “acusación” de no ser patriotas, aunque “los salvados” no hubieran deseado tal cosa. Por el contrario, hubieran preferido dejar una imagen de sí mismos como próceres de una revolución mundial que destruiría al capitalismo y al patriotismo que tanto estorbaba en lo que ellos consideraban el triunfo inevitable de la anarquía.

Nada de reformas inútiles

El 2 de mayo de 1914, Ricardo Flores Magón publicó un escrito sobre los recientes acontecimientos conocidos como la masacre de Ludlow, en Colorado, Estados Unidos. En dicho lugar, trabajadores de las minas de carbón se enfrentaron a la Colorado Fuel & Iron Company, propiedad del magnate John D. Rockefeller. De septiembre de 1913 a abril de 1914, los mineros y sus familias resistieron diversas amenazas y ataques. El 20 de abril, la guardia nacional enviada por el gobernador de Colorado, atacó y asesinó a veintiún personas, entre ellas dos mujeres y once niños65. Los eventos de Ludlow fueron un episodio que marcó la llamada era del progreso en Estados Unidos así como las medidas que la familia Rockefeller implementó en años siguientes para mejorar las condiciones de los trabajadores66.

Ricardo, en un texto publicado el 2 de mayo, narró los eventos y cómo los mineros de varios poblados se sumaron a la inconformidad. Sin embargo, dejó clara su postura crítica sobre los hechos:

“¡Lastima es, sin embargo, que tanta energía desplegada por los trabajadores, tanto espíritu de sacrificio demostrado por los mineros de Colorado, no sean empleados para algo mejor que alza de salarios, disminución de horas de trabajo y reconocimiento de la unión por los patronos! ¡Cuanto mejor sería esa energía, ese sacrificio fueran empleados para la expropiación desconociendo de una vez el principio de propiedad individual!”67.

Se destaca este aspecto dada la constante referencia que se ha generado en torno al papel de los autores del PPLM de julio de 1906 en la Revolución mexicana que, según se indica, condujo a las reformas sociales inscritas en la Constitución. Los miembros del PLM estaban en contra de lo que quedó asentado en el artículo 127, así como del reparto agrario, dado que no propicia la ayuda mutua, argumento básico de sus pretensiones anarquistas. Su lucha no era para conseguir el reparto agrario, sino para abolir la propiedad y fomentar el trabajo colectivo; todo debía ser de todos, sin parcelas que mantenían las divisiones.

De esta forma, expropiar significaba no reconocer la propiedad de nadie. Todo el que dijera esto es mío, era un ladrón. Francisco I. Madero no podría cumplir el ofrecimiento de dar tierra al pueblo dado que pensaba indemnizar por ello “pretender comprar la tierra es un sueño que sólo puede caber en el cerebro de un loco”. Era imposible que el presupuesto alcanzara, por tanto, lo que debía hacerse era “arrebatar de las manos de los ricos la tierra, y no hay que esperar que ningún gobierno misericordioso lo haga, sino que debemos tomarla desconociendo el ‘derecho’ de los ricos a retener para ellos solos la tierra que nos pertenece a todos”68.

Los politicastros, como Antonio I. Villareal, Antonio Díaz Soto y Gama y Juan Sarabia –excompañeros desde meses atrás–, “dicen en un programita desabrido que es necesario discutir alguna manera de llevar a cabo el fraccionamiento de tierras ‘en forma práctica y que no ataque los derechos de los actuales propietarios’”. Ante ello, Ricardo alertó que se debía tener cuidado con los políticos, “¡A seguir el ejemplo de los expropiadores campesinos!, ¡Nada de leyes paternales!”69. Los trabajadores no debían organizarse en uniones o sindicatos donde se perdía el tiempo. El camino era expropiar “la tierra y todo lo que existe, ya que teneis excelente oportunidad de hacerlo”. Había que dar “un golpe de muerte al principio de propiedad privada, tan solo porque no estais organizados, es una tontería”70. En numerosas ocasiones plantearon: “los revolucionarios no queremos repartición de tierras: la propiedad debe ser común”. Sumado al comentario de que no descansarían hasta haber acabado y enterrado a los terratenientes y los gobernantes71.

Antonio de Pío Araujo, en varias ocasiones aseveró que con leyes e indemnizaciones no era posible cumplir con la promesa de tierra para todos. El fraccionamiento “de terrenos quedando vivo el gobierno y el principio de propiedad privada, no significa una mejoría para el trabajador, ni tampoco sería práctico…”, no habría otro camino que comprarle a los hacendados por lo que el único camino era la toma de posesión de todo. Solo “la expropiación por la violencia” iba a resolver el problema social72. En agosto de 1913, lo sintetizó de la siguiente manera: “Constitucionalistas, vazquistas y reformistas agrarios son enemigos del bienestar social”73. En junio de 1914, Ricardo, en el mismo tenor preguntó qué ocurriría si la clase trabajadora mexicana “¿se dejara embaucar por la llamada reforma agraria?”. Su respuesta fue que el avance expropiador era imparable y seguiría imponiéndose como ejemplo para el mundo74.

Para los anarquistas del PLM, “la reforma de las leyes solamente sirve para que funcione mejor el mecanismo del Estado, pues eso equivale a reemplazar por nuevas las piezas desgastadas de una máquina vieja”. Por más remiendos que se hicieran, “no dejará de ser ley”. Es decir, el instrumento de opresión para los pobres y la garantía para la rapiña de los de arriba. Con reformas o sin ellas “el Estado será siempre el mismo: perro guardián del Capital en contra de los intereses del proletariado, consiguiéndose con las reformas solamente su mejor funcionamiento”75.

En referencia a las huelgas –supuesta lucha de los anarquistas del PLM de acuerdo con numerosos autores– manifestó Enrique Flores Magón en repetidas ocasiones que estas eran inútiles. En sus narraciones donde explicaba cómo la lucha revolucionaria en México era ya anarquista, al tratar el tema de las numerosas huelgas de 1911 y 1912, apuntó en repetidas ocasiones: “¡no más huelgas inútiles!, ¡arriba y a las armas!”, ese era el único camino para eliminar tanto al gobierno como la ley que sostenían el vicioso sistema capitalista76. Apuntó Enrique en repetidas ocasiones:

“No, hermanos: la jornada de ocho horas y el alza de los salarios no son el remedio de nuestros males. Esas son pamplinas inventadas por los mismos burgueses para tener nuestra atención ocupada pensando cómo conquistarlas y de esa manera evitar que nos fijemos en el verdadero y único remedio que hay para nuestros males: la toma de posesión en común de la tierra, la maquinaria y los medios de transporte como ferrocarriles, bancos, etc, y su uso común para beneficio de todos…”77.

Ricardo, en el mismo tenor, afirmaba que todo lo referente a indemnizaciones por accidentes de trabajo y la mejoría de la situación del trabajador “son pamplinas con que adormecen a los trabajadores”. La solución está en “abolir el salario, y para ello es preciso que los trabajadores, sin la mediación del gobierno, antes bien destruyendo toda forma de gobierno, arrebaten de las manos de los ricos la tierra, las provisiones, las casas, los medios de producción y de transporte…”78.

En enero de 1913, Antonio de Pío Araujo, en referencia a una huelga en Cananea, Sonora –en 1912– apuntó las razones de su fracaso, en el sentido de que todo movimiento reformista era una pérdida de tiempo. En tanto el obrero pretendiera negociar el aumento de salario y solicitar el arbitrio del gobierno en sus diferencias con las empresas, “las huelgas pacíficas son simplemente ridículas y se exponen a ser arrolladas diplomática y brutalmente”. En Cananea, los leaders, invitaron al Gobernador a intervenir y lograron la reducción de media hora de trabajo, apunta el anarquista, pero esa “concesión la van a pagar bien cara los mineros, porque los ‘bosses’ aumentarán un tanto por ciento en los precios de los artículos de primera necesidad que almacenan en sus tiendas…”, donde los obligaban a adquirir sus productos. Así demostraba cómo no era con huelgas que los mineros iban a mejorar sus condiciones de vida, sino mediante la toma de los medios de producción. De nada servía el arreglo si los capitalistas encontraban estrategias para seguir duplicando su capital, o si el fabricante o el terrateniente mantenían las condiciones de explotación: la solución era la expropiación. Porfirio Díaz “no era la causa de la ruina del pueblo de Sonora”, pues aun sin él ese estado de cosas continuaba. El camino no debía seguir la vía de las reformas sino la expropiación, la muerte de los políticos y del capitalismo79. No eran las huelgas, “sino con el fusil y la expropiación, y al mismo tiempo ajusticiando a los tiranos”80.

En numerosas ocasiones plantearon la inutilidad de que la ley beneficiara a los trabajadores. En enero de 1914, Antonio de Pío Araujo indicó:

“[…] los socialistas políticos y otros obreros tontos –enemigos del derramamiento de sangre, aunque tengan que morir de inanición– esperan que el gobierno, es decir, los sirvientes del capitalismo, por medio de leyes especiales alivien las condiciones de los obreros sin trabajo y les proporcionen nuevos verdugos que los exploten en cambio de dos o tres miserables pesos. ¡Pedir a los ladrones lo que es propiedad del proletariado!”81.

En los términos de los anarquistas, si la propiedad era un robo, las leyes solo sancionaban la injusticia. La riqueza había sido creada por la fuerza de los trabajadores y, por tanto, tenían el derecho a tomarla “pasando sobre todas las leyes estúpidas que la criminalidad de los esbirros haya votado para sostener el edificio del Estado capitalista”. Así lo apuntó Ricardo en febrero de 1914: “Si respetamos la ley y el orden seremos muy buenos borregos, pero muy malos revolucionarios”82.

En la narrativa de Ricardo, el camino de la expropiación ya se estaba dando en México. Ya había pasado el tiempo de la súplica y los valientes tomaban lo que era suyo. A los que se rompían la cabeza “para obtener de sus amos la jornada de ocho horas, se les ve con lástima; los buenos no sólo la gracia de las ocho horas, sino que rechazan el sistema de salarios” y, consecuentes con ello, partían el corazón del burgués en dos, a sabiendas de que “si el burgués sobrevive a su derrota, la derrota se transforma en reacción y la reacción es la amenaza de la revolución”83.

Las referencias sobre la expropiación, el tema de la patria y los socialistas son numerosas. Por ello, lo publicado por Ricardo Flores Magón en octubre de 1915, sintetiza su postura al respecto: “¡Nada de reformas! Lo que necesitamos los hambrientos, es la libertad completa, basada en la independencia económica. ¡Abajo el llamado derecho a la propiedad privada!”. Del mismo modo, se oponía a las reformas que solo mantenían el sistema capitalista, pues, tarde o temprano, la burguesía podría regresar84.

Los sindicatos retardan la anarquía

En menor dimensión que las reformas, el tema de los sindicatos o uniones –a las que hacen referencia en varias ocasiones dada su residencia en Estados Unidos– es considerado por los anarquistas del PLM como una expresión del capitalismo para detener el avance de la anarquía. En un par de cartas enviadas por Ricardo a Ellen White (cuyo nombre verdadero era Lyli Sarnoff) en septiembre de 1921, desde la cárcel de Leavenworth, Kansas, Ricardo mencionó por única ocasión a los sindicatos como una opción de lucha. El 8 de septiembre indicó:

“Hay una cosa que creo firmemente que no debemos hacer: estar en contra de ese movimiento. De todas las formas de organización del trabajo, el sindicalismo se encuentra en el terreno más avanzado, y es nuestro deber ayudarlo, y si no podemos llevar todo el movimiento al plano más elevado de nuestros ideales y aspiraciones, a lo menos debemos esforzarnos por impedir que retroceda a tácticas y fines más conservadores”85.

Días después matizó sus aseveraciones: “sin embargo no creo que [el sindicalismo] por sí sólo llegue a romper las cadenas del sistema capitalista”. En su siguiente carta a Ellen White del 19 de septiembre aclaró que la referencia anterior había sido al “sindicato revolucionario, es decir, la unión de los trabajadores que en la actualidad tienen por objeto la derrocación del sistema capitalista por la acción directa. Este sindicalismo es el que debemos ayudar para hacerlo fuerte”.

Citamos lo anterior con el fin de destacar que fueron las dos únicas ocasiones en que Ricardo manifestó un posible apoyo a dichas organizaciones. En Regeneración, si bien el tema no es central, se reveló en varias oportunidades la postura en contra de los sindicatos debido a que no eran sistemas que llevaran a la acción directa, sino a la política; es decir, la que negocia por reformas inútiles, donde los socialistas y los “patrioteros”, actúan para obtener las ocho horas o mantener el sistema de salarios.

En enero de 1916, cuando Venustiano Carranza había logrado establecer lazos con organismos de trabajadores, Ricardo Flores Magón criticó la labor de los políticos carrancistas que le habían quitado fuerza al movimiento revolucionario, desviándolo del “camino de la expropiación al del sindicalismo, y al peor de los sindicalismos, al que lo espera todo de leyes paternales dictadas por un gobierno”. Para este anarquista el sindicato “no debe ser considerado sino como una fuerza para que el obrero obtenga mejores salarios y trato más decente; pero de eso a que redima al trabajador de la cadena de la explotación capitalista, media un abismo”. Desde su perspectiva anarquista, el sindicato no redimía porque no planteaba el tema de la expropiación de la riqueza social en beneficio de sus productores, los trabajadores86.

En esa misma edición, Enrique Flores Magón publicó un texto de ficción titulado “1915-1916”, en el cual se planteaba al año de 1915 como un anciano que se alejaba dejando mansedumbres sumisas donde anidaba la rebeldía; era un ambiente nauseabundo de ansias proletarias por remachar sus propias cadenas distrayéndose, “en horas de revuelta, en formar uniones obreras pacíficas ineficaces…” puestas al servicio de Venustiano Carranza. Una semana después, retomó el asunto para indicar que la evolución de las instituciones burguesas no llevaría al fin de la explotación del hombre por el hombre. En cambio, la toma de los medios de producción sí lo permitiría mediante la destrucción del sistema capitalista. Esa era la forma en la que Enrique Flores Magón apuntaba que surgiría una nueva humanidad. Sin embargo, ese fin no se alcanzaría sin la violencia. Con decretos gubernamentales o por medio “de uniones obreras, de sindicatos de trabajadores, cuyas funciones están lejos de ser revolucionarias” no se lograría nada. La prensa asalariada, alentada por Venustiano Carranza, utilizaba gente pagada para animar la formación de uniones o de sindicatos de trabajadores con el fin de que “los adormezca con esperanzas vanas y los distraiga de seguir el camino de la revolución”87. Eliminar la acción directa era el fin de organismos como la Casa del Obrero Mundial. Era él quien deseaba que los sindicatos se reprodujeran, pues estaban controlados por los asalariados carrancistas. Los miembros de dicha organización habían colaborado en los triunfos de Álvaro Obregón con los batallones rojos y de poco les había servido. Las huelgas de la Ciudad de México en 1916, fueron comentadas por Ricardo Flores Magón como prueba de que dichas organizaciones solo retrasaban el advenimiento de la anarquía.

En el texto “Las uniones”, Enrique delineó una explicación que sintetizaba muchos de los comentarios realizados en diversos momentos. Señaló que las uniones obreras “como medio eficaz para conquistar la emancipación de los obreros, son nulas”. Pero, además, en momentos en que se realiza la revolución armada, “son un lastre”. Restaban fuerza a quienes, con las armas en la mano, bregaban por la conquista de la libertad del proletariado. Las tendencias de las uniones se reducían a conseguir “trato decente para los trabajadores, aumento de sus salarios y disminución de las horas de trabajo”. Con ello, estaban muy lejos de conquistar su emancipación, dado que se reconocía el derecho de los patrones a explotarlos. No se luchaba por “abolir el salario, sino sólo para hacerlo mayor”. No luchaban por obtener completo resultado de sus esfuerzos, “sino sólo por una parte de algo más grande de lo que al presente obtienen”. Era así como los trabajadores quedaban sujetos a lo que los anarquistas llamaban el odioso sistema de salarios.

La ineficacia de las uniones se demostraba con su principal arma, la huelga, ya que no era revolucionaria, es decir, expropiadora, sino que se reducía a cruzarse de brazos o a impedir el ingreso de esquiroles. Por ello, la huelga se limitaba a esperar quien moría primero de hambre, los trabajadores o los patrones. El efecto podía ser la derrota o la emigración de los trabajadores. En el caso de que la huelga obtuviera un triunfo, la estrategia de los burgueses era aumentar los precios de los productos y con ello se restauraba el orden de cosas. Enrique señaló que en su experiencia de doce años en Estados Unidos vio cómo las luchas de los trabajadores obtuvieron logros en la reducción de la jornada laboral y el fortalecimiento de las uniones. Sin embargo, esa lucha les resultaba agotadora, pues terminaban tan “deslomados o más que antes, y vivimos el presente con mayores angustias y miserias”. Los únicos que lograron una ventaja eran los burócratas de las uniones, quienes se caracterizaban por ser unos “completos parásitos de la clase productora que se codeaban con los magnates”. Las uniones contenían dentro de sí el germen conservador y reaccionario. Se trataba de ganar dinero, “pero no tienden a destruir el sistema capitalista, causante de los males humanos”. Los sindicatos eran un lastre para México, dado que, desde su punto de vista, en el país ya estaba en marcha la revolución anarquista. A pesar de ese avance, los trabajadores de las ciudades habían abandonado a los anarquistas expropiadores del campo, era por eso que Venustiano Carranza derrotaba a los campesinos con mayor facilidad. Sin embargo, aún había buenas posibilidades: aunque los leaders los encaminaban a perder tiempo formando uniones, la solución podía alcanzarse secundando el hermoso movimiento expropiador que ya realizaban los campesinos88.

Una de las líneas que también se atribuye a los anarquistas del PLM es la de ser anarcosindicalistas. Si bien esto se indica de manera menos frecuente, algunos autores destacan dicha propuesta como la forma de ubicar el supuesto anarcosindicalista89. Por nuestra parte, señalamos que no hay una sola ocasión en todos los números de Regeneración o en las cartas o referencias de los casos judiciales en su contra en la que ellos aludan a dicha propuesta que se construye en esos mismos años en Francia, España y en Estados Unidos. El anarquismo sin sindicatos, que retardaban la anarquía, fue su motivo de lucha90.

Para concluir

La necesidad de legitimidad del Estado posrevolucionario, generó la diferenciación con el pasado porfirista, oscuro y corrupto. La figura del dictador fue utilizada para demostrar los cambios que se realizaban con los gobiernos emanados de la Revolución y que, por las condiciones de la relación con Estados Unidos, requería demostrar las maldades del pasado al cual debía de negarse cualquier legitimidad. De los movimientos de oposición de 1892, surgieron varios hombres que se mantuvieron vigentes en la Revolución de 1910 y en los años posteriores91. Uno de ellos fue Antonio Díaz Soto y Gama, quien en 1922, a la muerte de Ricardo Flores Magón, utilizó su nombre para sus fines y lo constituyó en el personaje central de la reforma agraria, misma que como se ha destacado en el texto, no era la propuesta de este anarquista. El lema Tierra y Libertad, cambió su significado y se asignó a acciones de los gobiernos de la posrevolución, pero con la intención de centralizar el poder, no de acabar con él, como era la forma de uso por parte de los ácratas.

En los años posteriores este proceso se volvió frecuente. Quienes deseaban destacar los valores patrios, utilizaron el nombre de Ricardo Flores Magón para legitimar sus propuestas o mantenerse activos como funcionarios; al mismo tiempo la historiografía transformaba los objetivos de la verdadera lucha anarquista de los ácratas mexicanos. Cuando la izquierda mexicana encontró en Ricardo una voz de oposición, lo volvieron socialista y patriota, para tener un referente en sus legítimas demandas que permitieran la acción social y la protesta. Lo mismo, incluso en Estados Unidos, donde el movimiento chicano de la década de 1960, generó un discurso de Ricardo en defensa de los trabajadores migrantes en dicho país.

De igual forma, líderes sindicales encontraron en Ricardo una voz, bajo la idea de que al referirse a los trabajadores, se le podía asociar a las organizaciones sindicales, mismas que a lo largo del siglo xx demostraron ser la cueva de ladrones a las que se refería el anarquista Ricardo Flores Magón. Así, la historia de un grupo de anarquistas se concentró en un solo personaje cuya ideología era contraria a la existencia de líderes y jefes y buscaba la igualdad en todas sus formas, para lo cual era indispensable desaparecer la propiedad privada y toda forma de gobierno.

Para ello el anarquismo fue matizado, eliminado y en algunos casos criticado. A través de las acciones de participantes en el grupo, entre ellos Enrique, modificaron la lucha en las décadas de 1930 y 1940 y lograron el “reconocimiento” de Ricardo, a través del proyecto cuyo autor más importante fue Juan Sarabia: el Programa del Partido Liberal Mexicano de julio de 1906. Es decir, lo “reconocieron” como reformista, capitalista, con cambios sociales que repudiaron en conjunto y en lo personal Ricardo. Ha sido en obras recientes como la de Claudio Lomnitz (2016) que se ha retomado la postura anarquista, pero desde nuestra perspectiva de manera limitada.

Los anarquistas del PLM: Ricardo y Enrique Flores Magón, Librado Rivera, Anselmo Figueroa, Antonio de Pío Araujo, Teodoro Gaytán, Blas Lara, Margarita Ortega, Ludovico Caminita, Victorio “la Roca” Cravello, William C. Owen, Rafael Romero Palacios, Tomás Labrada, Juan Francisco Moncaleano, Francisca J. Mendoza, María Talavera, o los hijastros de Ricardo y Enrique, como Estela Arteaga y Lucía Norman, no querían jefes, negaron ser “magonistas”, no querían llevar al poder a nadie. La historiografía los volvió, en ocasiones, socialistas, patriotas, reformistas o sindicalistas. Pero ellos sostuvieron de 1911 a 1918 –con cambios en la membresía– no ser socialistas negociadores, escribieron en contra de la patria –el auténtico narcótico inventado por la burguesía–, se negaron a aceptar reformas innecesarias y argumentos que los sindicatos –con la diferenciación planteada– retrasarían el advenimiento de la anarquía: los miembros del Partido Liberal Mexicano efectuaron su lucha en búsqueda de la revolución mundial que acabaría con el capitalismo. Ubicados poco tiempo después en el marco de la Revolución mexicana, quedaron señalados como sus precursores, como los hombres que iniciaron la lucha contra Porfirio Díaz. Esta reinterpretación de sus actuaciones, los transformó en personalistas, seguidores de un solo hombre, reformistas, promotores de la lucha obrera sindical y como patriotas.

Las discusiones de los anarquistas llevadas al ámbito de Estados Unidos, Europa y América Latina, se vieron impactadas de una forma u otra por este grupo de mexicanos, que con apoyo de italianos, españoles y estadounidenses, buscaron convertir el espacio revolucionario en una continuidad en el ámbito internacional. Su estancia en Los Ángeles, California, responde a ese llamado a los revolucionarios anarquistas de todo el mundo, aunque desde entonces y sobre todo en la historiografía sobre la revolución se les reprocha su permanencia en dicho lugar. El problema no es la estancia en el extranjero, sino la observación e interpretación del movimiento que varios autores han hecho desde el contexto de la Revolución mexicana. Esas lecturas asumen que los anarquistas del PLM participaron desde un inicio en el movimiento armado mexicano, como si ese fuera su objetivo, cuando la Revolución mexicana era para ellos el inicio de algo con mayor relevancia. Los campesinos mexicanos, bajo el lema de “Tierra y Libertad”, triunfantes y expropiadores, eran el ejemplo para toda la humanidad.

Los anarquistas del PLM han sido relacionados con luchas sociales de diversa índole, pero siempre de manera opuesta a aquellas que pretendían. Si bien mantuvieron vínculos con miembros del Partido Socialista Americano, ello respondió a las dinámicas del avance de dicha organización sobre todo en California y a la relación que se generó por su oposición a la intervención en los países de Asia, el Caribe y Latinoamérica en la última década del siglo xix y las dos primeras del xx. Socialistas y anarquistas se enfrentaron entre sí en todo el mundo y el caso del PLM no fue la excepción. Ambos grupos tenían en común la lucha contra el capitalismo, pero disentían en la funcionalidad del gobierno, que para los anarquistas debía desaparecer. Job Harriman, su abogado defensor en 1907-1910, al enterarse del anarquismo, dejó de tener relación con ellos.

Si bien en las diferentes maneras de expresarse de los anarquistas sí existe una vertiente nacionalista –también una religiosa, con León Tolstoi– para los miembros del PLM esta relación no era posible de sostenerse. La patria era considerada un narcótico, una invención de la burguesía. “Los patrioteros”, llamados así en forma despectiva, querían defender ciertas maneras de distribución de la riqueza en función de banderas, “trapos de colores bonitos”, que no servían más que para oprimir a los trabajadores. Sin embargo, debido a que su actuación ha sido ubicada dentro de los marcos de la Revolución mexicana, existe una significativa historiografía que pretende explicarlos como instrumentos para la constitución del “sentimiento nacional.” Como lo apuntó Enrique en 1925, “fue para nosotros altamente penoso tener que ocultar nuestra identidad anarquista y concretar nuestros escritos a arengas patrióticas que no sentíamos y a simular ser políticos cuando abominábamos de la política”92. A pesar de ello, es común encontrar escritos que los “defienden” y los tratan como patriotas.

Las reformas son el tema que ha hecho proliferar más escritos al establecer una relación entre el Programa del Partido Liberal Mexicano de julio de 1906 y las reformas constitucionales. Sin embargo, ha sido necesario aclarar que, de acuerdo con sus escritos, los anarquistas del PLM estaban en contra de la ley, de la Constitución, de la reforma agraria y de todo lo que implicaba el sistema de salarios. Las huelgas, si no cumplían con el objetivo de expropiar la propiedad privada, eran inútiles e, incluso, perjudiciales para los trabajadores. Lo mismo con referencia a los sindicatos.

Es pertinente señalar que los aspectos aquí destacados no fueron privativos de los anarquistas del PLM. La relación con los socialistas, el tema de las asociaciones –partidos, grupos mutualistas, ligas o sindicatos– las burlas sobre los reformistas o la manera de hacer propaganda anarquista, son elementos comunes que pueden encontrarse en otros defensores de dicha ideología, antes o después que los ácratas del PLM. También es oportuno matizar que algunos de ellos sí consideraban valiosos a los sindicatos y a los partidos políticos. Otros llegaron a profesar alguna religión.

La postura de los anarquistas del PLM contra los sindicatos surgió entre ellos a raíz del intercambio de ideas y contacto con un sector anarquista de Paterson, New Jersey. El lema Tierra y Libertad, lo tomaron de la publicación de dicho nombre que se producía en Barcelona. Los editores de dicho órgano, con quienes tuvieron relación directa y de quienes obtuvieron ayuda pecuniaria, por cierto tiempo creyeron la versión del PLM acerca de que en México se vivía una lucha económico-social, anarquista y, por tanto, los apoyaron con recursos. Emma Goldman, Voltairine de Cleyre o el mismo Piotr Kropotkin, también les ofrecieron apoyo en sus escritos.

Revalorar el carácter anarquista del PLM implica considerar que no siguieron la línea o el programa diseñado por otros. La libertad de los individuos era su objetivo y, con ello, el principio de ayuda mutua podría llevarse a cabo para lograr la sociedad igualitaria en la que, sin leyes, constituciones ni autoridades todos los medios de producción llegarían a manos de todos.

1Este trabajo es parte del proyecto “Anarquistas transformados bajo el manto de la patria”, con apoyo del Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Autónoma de Baja California.

2El documento inicia de esta forma: “Todo partido político que lucha por alcanzar influencia efectiva en la dirección de los negocios públicos de su país está obligado a declarar ante el pueblo, en forma clara y precisa, cuáles son los ideales por los cuales lucha y cuál el programa que se propone llevar a la práctica, en caso de ser favorecido por la victoria”. Véase documento en www.ordenjuridico.gob.mx/Constitucion/CH6.pdf [fecha de consulta: 18 de octubre de 2018].

3Por mencionar algunos ejemplos, véase Jesús Silva Herzog, Breve Historia de la Revolución Mexicana, Ciudad de México, Fondo de Cultura Económica, 1960, p. 30; Barry Carr, El movimiento obrero y la política en México, 1910-1929, Ciudad de México, Ediciones Era, 1987, p. 36; Samuel Kaplan, Peleamos contra la injusticia. Enrique Flores Magón, el precursor de la revolución mexicana cuenta su historia, Ciudad de México, Libro Mex, 1960; Ethel Duffy Turner, Ricardo Flores Magón y el Partido Liberal Mexicano, Morelia, Michoacán, Editorial Erandi,1960.

4Claudio Lomnitz, El Regreso del Camarada Ricardo Flores Magón, Ciudad de México, Ediciones Era, 2016.

5Diego Abad de Santillán, Ricardo Flores Magón, Apóstol de la revolución mexicana, Ciudad de México, grupo cultural Ricardo Flores Magón, 1925; Charles C. Cumberland, “Precursors of the mexican revolution of 1910”, in Hispanic American Historical Review, vol. 22, n.° 2, Durham, 1942, pp. 344-356; Pablo L. Martínez, “La revolución socialista de 1911 en Baja California”, en Memoria del Primer Congreso de Historia Regional, Mexicali, Baja California, 1958, pp. 622-654; Lowell L. Blaisdell, The Desert Revolution, Madison, University of Wisconsin Press, 1962; James D. Cockroft, Precursores Intelectuales de la Revolución Mexicana, 1900-1913, Ciudad de México, Siglo XXI, México, 1971.

6En la actualidad Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones en México.

7Peter Gerhard, “The Socialist Invasion of Baja California, 1911”, in Pacific Historical Review, vol. 15, n.° 3, Los Angeles, 1946, pp. 295-304; Pablo L. Martínez, El magonismo en Baja California (documentos), Mexicali, Editorial Baja California, 1958; José Revueltas, Ensayo sobre el proletariado sin cabeza, Ciudad de México, Ediciones Era, 1962.

8En esta línea existen numerosos autores como: Jenaro Amezcua, ¿Quién es Flores Magón y cuál es su obra?, Ciudad de México, Editorial Avance, 1943; Pedro María Anaya, Precursores de la Revolución Mexicana, Ciudad de México, Secretaría de Educación Pública, 1955; Mario Gill, “Turner, Flores Magón y los filibusteros”, en Historia Mexicana, vol. 4, n.° 5, Ciudad de México, 1956, pp. 642-663; Blaisdell, The Desert Revolution…, op. cit.; Lawrence Taylor, La campaña magonista de 1911 en Baja California, Tijuana, El Colegio de la Frontera Norte, 1992; Gabriel Trujillo, La utopía del norte fronterizo, Ciudad de México, Instituto Nacional de Estudios Históricos sobre la Revoluciones en México, 2012.

9Enrique Flores Magón, “Aclaraciones a la vida y obra de Ricardo Flores Magón”, en La protesta, Buenos Aires, 30 de marzo de 1925.

10Existen muchas referencias a este respecto. Ricardo Flores Magón, “Para después del triunfo”, en Regeneración, Los Ángeles, 28 de enero de 1911, p. 2; Ricardo Flores Magón, “No queremos limosnas”, en Regeneración, Los Ángeles, 2 de abril de 1911, p. 2; La Junta Organizadora del PLM “A tomar posesión de la tierra”, en Regeneración, Los Ángeles, 20 de mayo de 1911, p. 1; Ricardo Flores Magón, “La revolución social”, en Regeneración, Los Ángeles, 27 de abril de 1912, p. 1; Enrique Flores Magón, “El timo de la tierra”, en Regeneración, Los Ángeles, 4 de diciembre de 1915, p. 1. El escrito es un cuento en el que Enrique demuestra lo inútil que es una reforma agraria que entregue parcelas, la tierra debería trabajarse en común y los frutos deberían de repartirse entre todos; Ricardo Flores Magón, “Progreso revolucionario”, en Regeneración, Los Ángeles, 12 de febrero de 1916, p. 1; Ricardo Flores Magón, “Las reformas carrancistas”, en Regeneración, Los Ángeles, 25 de marzo de 1916, p. 1.

11Javier Torres Pares, La revolución sin frontera. El partido Liberal Mexicano y las relaciones entre el movimiento obrero de México y el de Estados Unidos. 1900-1923, Ciudad de México, Ediciones Hispánicas, 1990; Juan Gómez-Quiñones, “Sin frontera, sin cuartel. Los anarcocomunistas del PLM, 1900-1930”, en Tzintzun, n.° 47, Morelia, Michoacán, 2008, pp. 161-196.

12Enrique Flores Magón, “Las uniones”, en Regeneración, Los Ángeles, 29 de enero de 1916, p. 2. Por otra parte, es importante indicar que entre los anarquistas la discusión sobre la formación de sindicatos era uno de los temas centrales, sobre todo personajes como Luigi Galleani, uno de los que se manifestaron en numerosas ocasiones en contra de dichas organizaciones. La discusión entre los anarquistas los confrontó en las primeras décadas del siglo xx.

13Enrique Flores Magón, “Maridaje imposible”, en Regeneración, Los Ángeles, 11 de diciembre de 1915, p. 3.

14David E. Thompson al secretario de Estado de Estados Unidos, 19 de junio de 1906, en National Archives Washington, despachos consulares, n.° 96.

15Enrique C. Creel, gobernador de Chihuahua a Ramón Corral, vicepresidente de México, 29 de octubre de 1906 en Bancroft Library, Universidad de California, Berkeley, Silvestre Terrazas papers, p. 1. Es importante indicar que la agencia de detectives Furlong’s Secret Service fue contratada para perseguir a los anarquistas del PLM en Estados Unidos. Enrique Creel destacó el anarquismo desde 1906 e intentaba que los practicantes de dicha ideología y en especial Ricardo fueran deportados a México.

16Como ejemplo pueden consultarse The Bisbee Daily Review, September 18, 1907, November 28, 1907 & February 9, 1908; The Arizona Republic, August, 24, 1907, September 18, 1907 & September 21, 1907.

17Marco Antonio Samaniego, “El poblado fronterizo de Tijuana, Emiliano Zapata y la revoluzione da tavolino”, en Historia Mexicana, vol. LXVI, n.° 3, 263, Ciudad de México, 2017, pp. 1123-1175.

18Marco Antonio Samaniego, “ ‘El magonismo no existe’: Ricardo Flores Magón”, en Estudios de Historia Moderna y Contemporánea, vol. 49, Ciudad de México, 2015, pp. 33-53.

19Cockroft, op. cit., pp. 10-30.

20Herzog, op. cit., p. 30. El autor indica que le constaba de manera personal haber estado en el recinto parlamentario y haber escuchado tal afirmación.

21José Vasconcelos, Prólogo, en Jesús González Monroy, Ricardo Flores Magón y su actitud en Baja California, Ciudad de México, Editorial Academia Literaria, 1962, p. 11-12.

22Salvador Hernández Padilla, El Magonismo: historia de una pasión libertaria, 1900-1922, Ciudad de México, Ediciones Era, Colección Problemas de México, 1984.

23Marco Antonio Samaniego, Nacionalismo y revolución. Los acontecimientos de 1911 en Baja California, Tijuana, Universidad Autónoma de Baja California, 2008. En dicho trabajo se concluye que los hombres que tomaron las armas en Baja California tuvieron intereses muy diferentes y pocos de ellos conocían la intención anarquista. Un sector importante se declaró maderista.

24Ricardo Flores Magón, “El miedo de la burguesía”, en Regeneración, Los Ángeles, 20 de abril de 1912, pp. 1-2.

25Enrique Flores Magón, “Viva la violencia”, en Regeneración, Los Ángeles, 23 de marzo de 1912, pp. 1-2. Lo citado en la página 2, columna 6.

26Eugene V. Debs (1855-1926), fue uno de los promotores de organizaciones de trabajadores más conocidos a fines del siglo xix y principios del xx en Estados Unidos. Estuvo involucrado en la formación de la Industrial Workers of the World, pero sobre todo en el Partido Socialista Americano, del cual fue candidato a la presidencia de Estados Unidos en cuatro ocasiones.

27Víctor L. Berger (1860-1929), inmigrante de origen judío que se destacó como periodista, organizador de los trabajadores y fue el primer socialista en formar parte de la Cámara de Representantes por el Estado de Milwaukee.

28William C. Owen, “Commercialist Cannot understand the mexican”, en Regeneración, Los Ángeles, 13 de mayo de 1916, p. 4.

29Ricardo Flores Magón, “Emma Goldman”, en Regeneración, Los Ángeles, 13 de mayo de 1911, p. 2.

30Mary Harris Jones, mejor conocida como Mother Jones, fue una promotora de organizaciones de trabajadores en Estados Unidos. Fue miembro del Partido Socialista Americano y decidida promotora del apoyo a Francisco I. Madero.

31Samaniego, Nacionalismo y Revolución…, op. cit.

32William C. Owen, “Debs sides with the reactionists”, en Regeneración, Los Ángeles, 9 de julio de 1911, p. 4.

33William C. Owen, “No wonder they cry “anarchism”, en Regeneración, Los Ángeles, 15 de julio de 1911, p. 4.

34John Murray, “Mexico’s Peon-Slaves Preparing for Revolution”, in International Socialist Review, vol. Ix, n.° 9, Chicago, 1909, pp. 641-659; “The Private Prison of Diaz”, vol. Ix, n.° 10, Chicago, 1909, pp. 737752; “The Mexican Political Prisoners”, vol. Ix, n.° 11, Chicago, 1909, pp. 863-865.

35Frank P. Barajas, Curious Unions: Mexican American Workers and Resistance in Oxnard, California, 1898-1961, Lincoln, University of Nebraska, 2012, pp. 131-137.

36Ricardo Flores Magón, “La bandera roja no se rinde”, en Regeneración, Los Ángeles, 22 de julio de 1911.

37William C. Owen, “Please play in our backyard, says Sarabia”, en Regeneración, Los Ángeles, 12 de agosto de 1911, p. 4.

38William C. Owen, “Can Debs Champion real revolution?”, en Regeneración, Los Ángeles, 20 de agosto de 1911, p. 4; “Let Us Realice Ferrer's Work”, en Regeneración, Los Ángeles, 30 de septiembre de 1911, p. 4.

39Ricardo Flores Magón, “Los socialistas políticos”, en Regeneración, Los Ángeles, 2 de marzo de 1912, p. 1.

40Ricardo Flores Magón, “La revolución rusa”, en Regeneración, Los Ángeles, 16 de marzo de 1918, p. 1.

41Ricardo Flores Magón y Librado Rivera, “Manifiesto. A los miembros del partido, a los anarquistas del todo el mundo y a los trabajadores en general”, en Regeneración, Los Ángeles, 16 de marzo de 1918, p. 1.

42Ricardo Flores Magón a Ellen White, 8 de febrero de 1921. Existen numerosas referencias en esta carta. Disponible en www.antorcha.net/biblioteca_virtual/politica/epis/carta_elena_8_febrero_1921.html [fecha de consulta: 12 de agosto de 2018].

43Ricardo Flores Magón, “Lázaro Gutiérrez de Lara”, en Regeneración, Los Ángeles, 8 de junio de 1912, p. 3.

44Antonio Loredo, “El fracaso socialista”, reproducido en Regeneración, Los Ángeles, 2 de agosto de 1913, pp. 1-2. El texto es ilustrativo de lo que ellos consideran las diferencias entre anarquistas y socialistas. William C. Owen, en la edición en inglés del 12 de julio de 1913, narra los enfrentamientos entre socialistas y anarquistas por más de una generación.

45Antonio de Pío Araujo, “Al fin he visto la luz”, en Regeneración, Los Ángeles, 24 de enero de 1914, p. 1.

46José Pujal, “Manifiesto mundial”, en Regeneración, Los Ángeles, 31 de mayo de 1913, p. 1.

47Enrique Flores Magón, “¿Mueran los gringos…? No: ¡mueran los ricos!”, en Regeneración, Los Ángeles, 13 de junio de 1914, p. 5.

48Antonio de Pío Araujo, “La revolución en marcha”, en Regeneración, Los Ángeles, 24 de agosto de 1912, p. 2.

49Antonio de Pío Araujo, “El patriotismo”, en Regeneración, Los Ángeles, 31 de agosto de 1912, p. 3.

50Ludovico Caminita es un personaje clave para comprender la relación con los anarquistas de Patterson, New Jersey.

51Antonio de Pío Araujo, “Revisando la prensa”, en Regeneración, Los Ángeles, 28 de septiembre de 1912, pp. 1-2.

52Francisca J. Mendoza, “Viva la revolución social”, en Regeneración, Los Ángeles, 12 de octubre de 1912, p. 2.

53Antonio de Pío Araujo, “La agonía del sistema capitalista”, en Regeneración, Los Ángeles, 26 de octubre de 1912, p. 1.

54Antonio de Pío Araujo, “México”, en Regeneración, Los Ángeles, 1 de enero de 1913, p. 2.

55Domingo Germinal, “La revolución social”, en Regeneración, Los Ángeles, 25 de enero de 1913, p. 2.

56Jesús María Rangel fue uno de los anarquistas del PLM que luchó en algunos Estados del norte de México. Fue capturado y juzgado en Texas. En 1927 fue liberado y realizó declaraciones en el sentido de que Ricardo Flores Magón fue un patriota. Por ello, Librado Rivera, quien mantuvo la lucha anarquista, lo confrontó por colaborar en que se aprovechara la figura de Ricardo como apoyo a los gobiernos de Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles.

57Jesús María Rangel, “La revolución en el sur de la República”, en Regeneración, Los Ángeles, 2 de agosto de 1913, p. 1.

58Ricardo Flores Magón, “Por la patria”, en Regeneración, Los Ángeles, 18 de abril de 1914, p. 1.

59Flores Magón, Ricardo, “La catástrofe mundial”, en Regeneración, Los Ángeles, 27 de agosto de 1914, p. 1.

60En la actualidad, Rotonda de las Personas Ilustres.

61Enrique Flores Magón y Antonio de Pío Araujo, a pesar de sus numerosos textos y acciones anarquistas, en las décadas de 1930 y 1940 no hicieron alusión a ello. Se tornaron patriotas y al servicio del Estado.

62Uno de los textos utilizados con mayor frecuencia por diferentes autores que han dado su interpretación sobre los acontecimientos de 1911 en Baja California es “Las dos banderas”, escrito por Ricardo Flores Magón. Véase Regeneración, Los Ángeles, 16 de octubre de 1915, pp. 1-2. En el escrito, la bandera tricolor representa el abuso de los verdugos, mientras que la bandera roja, es para toda la humanidad, sin distinción alguna.

63Francisco Pi y Margall, “La patria”, en Regeneración, Los Ángeles, 27 de enero de 1912, p. 1. Cabe señalar que el autor no fue anarquista. Nació en Barcelona, en 1824 y murió en Madrid en 1901.

64Blanquel, op. cit., pp. 394-427.

65The Washington Times, Washington, D.C., April 23, 1914; Denver Times, Denver, April 27, 1914; The Labor World, Chicago, May 2, 1914; South Bend News-Times, South Bend, May 21, 1915; The Gem Worker, Chicago, May 13, 1915. Cabe señalar que al esconderse del ataque, murieron asfixiados.

66George P. West, Report of the Colorado Strike, Washington, D.C., s.e., 1915; Kirk Hallahan, “Ivy Lee and the Rockefeller’s response to the 1913-1914 Colorado Coal strike”, in Journal of Publication Relations Research, vol. 14, n.° 4, Philadelphia, 2002, pp. 265-315.

67Ricardo Flores Magón, “La revolución económica en Colorado”, en Regeneración, Los Ángeles, 2 de mayo de 1914, p. 1.

68Ricardo Flores Magón, “No queremos limosnas”, en Regeneración, Los Ángeles, 1 de abril de 1911, p. 2.

69Ricardo Flores Magón, “Notas al vuelo”, en Regeneración, Los Ángeles, 14 de octubre de 1911, p. 3.

70Ricardo Flores Magón, “A la expropiación”, en Regeneración, Los Ángeles, 16 de diciembre de 1911, p. 3.

71Antonio de Pío Araujo, “Los comunistas en el estado de México”, en Regeneración, Los Ángeles, 7 de junio de 1913, p. 2; “Los políticos; he ahí el enemigo”, en Regeneración, Los Ángeles, 21 de junio de 1913, p. 1.

72Antonio de Pío Araujo, “Es tarde ya”, en Regeneración, Los Ángeles, 2 de agosto de 1913, pp. 1-2.

73Antonio de Pío Araujo, “La mejor solución”, en Regeneración, Los Ángeles, 2 de agosto de 1913, p. 1.

74Ricardo Flores Magón, “Adelante”, en Regeneración, Los Ángeles, 13 de junio de 1914, p. 3.

75Ricardo Flores Magón, “¡Muera el vasquismo!”, en Regeneración, Los Ángeles, 2 de marzo de 1912, p. 1.

76Enrique Flores Magón, “Notas de la revolución”, en Regeneración, Los Ángeles, 14 de octubre de 1911, p. 2.

77Enrique Flores Magón, “Francisco I. Madero, escoge entre Ipiranga u horca”, en Regeneración, Los Ángeles, 2 de diciembre de 1911, p. 2.

78Ricardo Flores Magón, “El gobierno temblando”, en Regeneración, Los Ángeles, 1 de junio de 1912, p. 1.

79Antonio de Pío Araujo, “El fracaso de las huelgas”, en Regeneración, Los Ángeles, 18 de enero de 1913, p. 2.

80Antonio de Pío Araujo, “Trabajadores que se declaran en huelga son azotados en interior de la cárcel, hasta bañarlos en sangre”, en Regeneración, Los Ángeles, 12 de abril de 1913, p. 2.

81Antonio de Pío Araujo, “Muera el hambre”, en Regeneración, Los Ángeles, 24 de enero de 1914, p. 1.

82Ricardo Flores Magón, “Dentro de la ley y el orden”, en Regeneración, Los Ángeles, 1 de febrero de 1914, p. 3.

83Ricardo Flores Magón, “El miedo de la burguesía es la causa de la intervención”, en Regeneración, Los Ángeles, 11 de julio de 1914, p. 1.

84Ricardo Flores Magón, “Las reformas carrancistas”, en Regeneración, Los Ángeles, 2 de octubre de 1915, p. 1.

85Ricardo Flores Magón a Ellen White, 5 de septiembre de 1921, en Ricardo Flores Magón, Epistolario revolucionaria e íntimo, Ciudad de México, Grupo Cultural Ricardo Flores Magón, 1924, p. 30. Estas ediciones fueron financiadas por el secretario de Educación, José Vasconcelos. En diversos escritos se le atribuye su publicación a Nicolás T. Bernal, quien se enfrentó en varias ocasiones a Enrique Flores Magón. Nicolás Bernal en su trayectoria política no tomó las armas ni luchó por el anarquismo, por el contrario, en sus memorias, aparece ligado a las instituciones del Estado, en las que se apoyó para publicar solo los documentos escritos por Ricardo y excluir los de Enrique o los de Antonio de Pío Araujo. Su aversión por Enrique y por María Talavera, compañera de Ricardo, es muy evidente. Véase Nicolás T. Bernal, Memorias, Ciudad de México, Centro de Estudios Históricos del Movimiento Obrero Mexicano, 1982.

86Ricardo Flores Magón, “La necesidad del momento”, en Regeneración, Los Ángeles, 8 de enero de 1916, p. 1.

87Enrique Flores Magón, “La evolución”, en Regeneración, Los Ángeles, 15 de enero de 1916, pp. 2-3.

88Enrique Flores Magón, “Las uniones”, en Regeneración, Los Ángeles, 29 de enero de 1916, p. 2.

89Gómez-Quiñones, op. cit.; Trujillo, op. cit., 2012.

90La carta de Amiens de 1906, base del anarcosindicalismo, intensificó las pugnas entre los que estaban a favor de las organizaciones y los que estaban en contra. Los anarquistas del PLM se mantuvieron ajenos al anarcosindicalismo.

91Lomnitz, op. cit., pp. 115-120.

92Enrique Flores Magón, “Aclaraciones a la vida y obra de Ricardo Flores Magón”, en La protesta, Buenos Aires, 30 de marzo de 1925, p. 2.

Recibido: Febrero de 2019; Aprobado: Julio de 2019

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