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Historia (Santiago)

On-line version ISSN 0717-7194

Historia (Santiago) vol.53 no.1 Santiago June 2020

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-71942020000100131 

Artículos

“Como uno que yo me sé”. Nuevos aportes a la biografía y obra de Andrés Febrés, S.J. (Manresa, 1732-Cagliari, 1790)1

Gertrudis Payàs* 

Emanuele Pes** 

*Doctora en Estudios de Traducción, Universidad de Ottawa, 2005. Departamento de Lenguas, Facultad de Ciencias Sociales y Humanidades y Núcleo de Investigación en Estudios Interétnicos e Interculturales, Universidad Católica de Temuco. GIR Alfaqueque, Universidad de Salamanca. Correo electrónico: gpayas@uct.cl

**Bachiller en letras, investigador independiente, librero impresor (Cagliari, Cerdeña). Correo electrónico emanuele_pes@yahoo.it

Resumen

El jesuita Andrés Febrés (Manresa, 1732-Cagliari, 1790) compila y publica en Lima, dos años antes de la expulsión, su Arte de la lengua general del reino de Chile, principal compendio de materia gramatical, lexicográfica y de traducción misional del mapudungun del periodo colonial, que servirá de base para futuros estudios sobre la lengua de los mapuche.

A la espera de que se elabore una biografía y biobibliografía completa de Andrés Febrés, en este trabajo intentamos recoger y sistematizar los datos dispersos que existen y presentar información y documentos, hasta ahora desconocidos, que esclarecen su identidad y su destino en el exilio. Proponemos algunas interpretaciones sobre su personalidad y el valor de sus aportes.

Palabras claves: Chile; Cerdeña; siglo XVIII; Andrés Febrés; jesuitas expulsos; mapuche

Abstract

Two years before the decree of expulsion, the Jesuit Andrés Febrés (Manresa, 1732-Cagliari, 1790), published in Lima his Mapudungun compilation of grammar, lexicons and translations, entitled the Art of the General Language of the Chilean Kingdom (Arte de la lengua general del reino de Chile). It is considered to be the main publication for the language of the Mapuche during colonial times, that would serve as the basis for future studies of the mapuche language. In the absence of a more complete biographical and bio-bibliographical work, this is an attempt to compile and systematize data scattered throughout various sources, and to present information and documents, some of them until now unknown, which clarify his identity and fate in exile. An analysis and aspects of his personality and the value of his work will be proposed.

Keywords: Chile; Sardinia; eighteenth century; Andrés Febrés; jesuits; exile; Mapuche

Llùmmapilun, El de orejas pequeñas; Llumpapilun, al contrario, el de orejas grandes; como uno que yo me sé.

(Andrés Febrés, Arte de la lengua general del reino de Chile)

Andrés Febrés2 (Manresa, 17323-Cagliari, 1790) escribe en Chile y publica en Lima, dos años antes de la expulsión de la Compañía de Jesús desde los dominios españoles, su Arte de la lengua general del reino de Chile4, una compilación de más de setecientas páginas (en tamaño 8ª) que abarca materia gramatical, lexicográfica y doctrinal en castellano y mapudungun, y que se considera el más completo estudio de esta lengua en el periodo colonial. Cronológicamente se sitúa entre la primera obra de similares características, de su correligionario Luis de Valdivia5 (1606) y la que publicará ya entrado el siglo XX el capuchino Félix de Augusta6. Es, además, contemporánea de la obra gramatical del también jesuita expulso Bernardo Havestadt (1708-1781), el Chilidugu7, que, aunque preparada en Chile, se llevará a imprenta en el exilio en 1777, por lo que tendrá mucho menos impacto que la de Andrés Febrés.

Si bien no se ha hecho una biografía y estudio a fondo de la obra de Andrés Febrés8, dos asuntos han sido objeto de algún interés: uno es el de la autoría de su obra gramatical, que ha despertado dudas entre los estudiosos chilenos. Rodolfo Lenz fue el primero en expresar la sospecha sobre la autoría cuando, en la Introducción a sus Estudios Araucanos9, planteó que el jesuita se había aprovechado de algunos manuscritos gramaticales de Bernardo Havestadt, y que este lo había advertido, pero no quiso acusarlo abiertamente10. Hace unos pocos años, el musicólogo Víctor Rondón aportó un argumento más a favor de la sospecha de Rodolfo Lenz al descubrir en el Arte de Andrés Febrés algunas canciones de origen alemán que se encuentran en el Chilidugu11. Con todo, y dada la circulación de melodías, Víctor Rondón prefirió mantener una prudente duda, allegando nuevos datos e interpretaciones al debate, y concluyendo que Bernardo Havestadt había empezado a escribir antes que Andrés Febrés, pero que si el provincial de la Compañía, el alemán Baltasar Huever, había respaldado la publicación del jesuita catalán y no la de su compatriota Bernardo Havestadt fue por el carácter funcional de la primera, pues resultaba práctica para misionar, a diferencia de la del alemán, que era más extensa y, siendo escrita en latín, difícil de emplear en la doctrina12.

El segundo aspecto que ha sido más bien señalado por los biógrafos europeos de la Compañía de Jesús, es el carácter polemista de nuestro autor en el exilio13. En el contexto político-religioso de la expulsión de los individuos que la Compañía tenía en todo el mundo y su traslado a Italia, y la subsecuente extinción de la orden, Andrés Febrés fue perseguido dos veces, primero –al parecer por error– como presunto autor de una obra contra la expulsión titulada Memoria cattolica14. Y, luego, por haber publicado –esta vez, sin lugar a dudas– una obra que tituló, empecinado, Seconda memoria cattolica15. A raíz de la persecución parece haberse ocultado en Cagliari (Cerdeña), donde morirá en 1790. Dejó manuscrito, según los biógrafos de la Compañía, un trabajo gramatical sobre la lengua local, el sardo, que no se llegó a imprimir.

Esto es, poco más o menos, lo que se ha sabido de Andrés Febrés, un hombre que, llegado a Chile joven y sin experiencia, en muy pocos años –de ahí la sospecha de su autoría– compiló y publicó una obra gramatical considerable, que ha sido referencia obligada hasta la época moderna para el estudio del mapudungun. En ella es donde desliza en dos ocasiones, como veremos más adelante, la frase “como uno que yo me sé”, un anzuelo demasiado tentador para dejarlo pasar.

En este trabajo empezaremos por repasar su vida a la luz de esos dos asuntos problemáticos según sus escasos estudiosos: el de si fue el autor real del Arte y el de su faceta polemista. Luego, a la luz de nuevos datos encontrados, buscaremos hilos conductores que ayuden a comprender mejor sus decisiones, sus impulsos y, en fin, su personalidad.

No hay duda de que nació en la ciudad de Manresa o en sus inmediaciones. Las fuentes de la Compañía dicen que fue hijo de Bonifacio Febrés y Paula Oms16, apellidos ambos bastante comunes en la región. Manresa17, ciudad antigua, de tradición comercial y fabril, tenía colegio jesuita desde la década de 1620 –el Col.legi de Sant Miquel– y era lugar de culto del fundador de la Compañía, Ignacio de Loyola, pues durante una estadía en esa ciudad un siglo antes, entre los años 1522 y 1523, había hecho ahí sus primeros milagros y, sobre todo, había escrito las meditaciones y oraciones que se convirtieron en el libro maestro de la orden: los Ejercicios espirituales. Era la ciudad un destino de peregrinación –asociado también a la cercana abadía benedictina de Montserrat– y los lugares en los que Ignacio había vivido y hecho los milagros fueron preservados y son todavía los que hoy se visitan. Es posible, entonces, que Andrés haya estudiado en dicho colegio de San Miguel, y que haya participado en la vida religiosa de la ciudad, en la que los jesuitas eran muy estimados y solicitados para predicar en ocasiones especiales, por su fama de oradores. Así, cabe imaginar que, con otros niños y sus maestros, haya asistido a los funerales solemnes que para la muerte del rey Felipe V se celebraron el 18 de agosto de 1746 en la catedral de la Seu, imponente edificio situado sobre una alta meseta que domina el río Cardoner y a la vista de la iglesia de la Santa Cueva de San Ignacio, funerales en los cuales “se cantó el oficio con mucha música y luego hizo una prédica el reverendo P. Gavarro de la Compañía de Jesús”18.

Parece entonces plausible que Andrés Febrés haya adquirido su vocación en Manresa, en contacto con los jesuitas19, aunque quisiéramos saber algo de su formación temprana, pues no hay más noticias de esos años que la de su ingreso al noviciado de Tarragona, el 8 de noviembre de 175220.

Al poco tiempo ya, y sin haber terminado el noviciado, es reclutado para integrarse a un grupo de jesuitas europeos con los que se embarca para América el 8 de abril de 1755, desde Cádiz. Los acompañan los dos padres procuradores, José Vera y el alemán Baltasar Huever, encargado este último de llevar misioneros para la provincia de Chile, donde llevaba ya treinta años.

El grupo de nuevos misioneros estaba compuesto de una veintena de jesuitas españoles, entre ellos otro catalán, Segismón –o Segismundo– Güell, compañero de noviciado de Andrés Febrés, que misionará en Chiloé21, además de varios alemanes, dos sardos22 y un italiano23. Como era habitual en estos viajes, la preparación para las misiones empezaba de inmediato, de modo que durante los 121 días de travesía (llegan a Buenos Aires el 1 de agosto de 1755), junto a sus compañeros debieron ya empezar a familiarizarse con la lengua mapuche. Es posible que en esta convivencia Baltasar Huever se haya fijado en las pericias lingüísticas de Andrés Febrés y quizá las haya alentado, pues a los pocos años, ya como superior de la Compañía en Chile, respalda con su licencia la publicación del Arte.

Desembarcados en Buenos Aires, pasaron a Mendoza, cruzaron la cordillera y llegaron a principios de 1756 al Colegio Máximo de San Miguel, en Santiago. Según escribe en su carta –supuesta– a Bernardo Havestadt, en 1757 estaba ahí estudiando tercer año de teología, ansioso por ser enviado a misionar a tierras mapuches. En 1759, según dice en el prólogo del “Calepino”, incluido en el Arte, había llegado a la misión de Angol, donde permanecerá dos años24; y en 1761 pasa a la misión de La Imperial, donde se queda tres años. En síntesis: desde 1756 hasta 1764, cuando viaja a Lima con el manuscrito para supervisar la edición, son solo ocho años en los que habrá estudiado la lengua mapuche y recogido materiales y datos para su obra, un tiempo que se antoja, sin duda corto para realizar un trabajo de tal magnitud.

Claro que, según él mismo lo explica en el Arte, la información que contiene no es toda suya. Aprovechó, como dice, los trabajos de sus hermanos de la orden, sobre todo la gramática de Luis de Valdivia (que llevaba ya dos ediciones: la de Lima, de 1606, y otra en Sevilla, en 1684)25, y se sirvió, además, de vocabularios manuscritos de otros misioneros26. Menciona a Gaspar López (1679-1724), Javier Zapata (1736-1789) –ambos misioneros en la isla de Chiloé– y, en particular, a Diego de Amaya (1680-1751?):

“Se ha compuesto este calepino principalmente de uno que era (según creo) del padre Diego Amaya, de venerable, y grata memoria, que fue gran misionero y lenguaraz insigne, como lo dicen aun ahora así indios como españoles que lo han conocido en las misiones, el cual trasladé el año 1759 luego que llegué a la misión de Angol, y a más de esto he añadido otras muchas palabras, que iba oyendo en los dos años que estuve en dicha misión, y otros tres en la de la Imperial. También tuve presente el Vocabulario del P. Valdivia […] y finalmente he añadido otras palabras sacadas de otro pequeño calepino, escrito en Chiloé en los principios de este siglo por el padre Gaspar López, el cual pude haber en mis manos en este Colegio de San Pablo […]”27.

Andrés Febrés debía tener, además, conocimiento de otras lenguas, como corresponde a la formación de misionero, pues dice haber consultado también la gramática hebreo-hispana del franciscano Martín de Castillo28, así como gramáticas de otras lenguas americanas (moxa29 y quechua30).

No han sobrevivido las obras de Gaspar López, Javier Zapata y Diego de Amaya Sotomayor, pero de este último dice Eduardo Tampe, que era “insigne lenguaraz” –la expresión es la misma que emplea Andrés Febrés– y que compuso un “arte araucano”31. Si hizo o no tal gramática no se sabe; sin embargo, como se ha visto, el jesuita catalán indica sin ambages que copió en 1759 un vocabulario que encontró cuando llegó a Angol, y que cree que era de Diego de Amaya. Y esta atribución parece ser verdadera.

La comprobación que hacemos es algo indirecta, resultado de las investigaciones efectuadas sobre la mediación lingüística y los intérpretes en la diplomacia hispano-mapuche, y del trabajo de reedición de las actas de los parlamentos32. Las actas de las grandes conferencias entre altos mandos del ejército español y autoridades mapuche –los llamados “parlamentos”– atestiguan la larga vigencia del uso de intérpretes, el amplio abanico de sus funciones, y la forma en que su ejercicio estaba supervisado por los misioneros, como peritos lingüísticos. Es decir, que está documentada tanto la capacidad de estos individuos bilingües y biculturales de actuar en forma oral como la relación entre esa actuación y el control de parte de quienes habían hecho las gramáticas y vocabularios de la lengua. Ya el padre Luis de Valdivia, promotor y partícipe de los parlamentos, había incluido en su vocabulario ejemplos de uso relativos a la cultura política mapuche. Pero, además, advertimos con interés que el vocabulario de Andrés Febrés demuestra su conocimiento de jerarquías y prácticas sociales, políticas y militares mapuches, como puede verse en estos ejemplos33:

Con: Confidente, por quien pasan los mensajes y recados [figura similar a la de mensajero, pero con funciones más amplias. Los cones constituían “líneas de confidencia” por las que se transmitían órdenes y llamamientos]34.

Chucau ó vudad: Un pájaro del monte. Chucau vemleaiñ cam?: ¿Hemos de estar como los chucaues, escondidos en el monte? Es modo de hablar en los Parlamentos35.

Ghùthenien ó Rúthenien: Tener como cogido con la mano, tener en un puño, tener a su disposición y mando, con autoridad, etc. Ghútenieavimi meli vùthan mapu: tendrás en un puño a las cuatro Provincias de la tierra, o estarán a tu querer, etc., y es un modo de hablar elegante y muy usado en los Parlamentos36.

Lemtunien: Tener en peso. Lemtunievin meli vuthan mapu: tengo en peso toda la tierra, la mantengo con mi autoridad37.

Payllaley ta mapu: Está en suma paz la tierra, sosegada38.

Pichiga, pichigañi: Partículas de adorno en Parlamento39.

Epunamun: Junta de guerra. Junta de guerra o ejército, como que en el estriba toda la tierra, como el cuerpo en las piernas40.

Hueupin: Parlamento, y hacerlo o hablar en él, v. coyaghn41.

Coyagh: Parlamento, o junta grande para parlar. Coyaghtun, coyaghn, hueupin: parlar en esta forma, y hacer dicha junta42.

Cahuiñ: el cerco de la Luna, o del Sol. Cahuiñ: borrachera, o junta para beber y emborracharse. Cahuiñtun: tenerla, o hacerla: quizá lo dicen así porque en sus bebidas se suelen sentar en rueda, puesto en medio un canelo, y bailando alrededor de él. Malalcahuiñ: bebida por cercar. Ñuiñcahuiñ, por trilla. Curùcahuiñ: por muerto o entierro43.

Muruche, muruhuinca: los extranjeros, no españoles, como franceses, ingleses, etc.44.

Pom, pùm, pum: Voces que usan en sus juntas grandes cuando matan. Chilihueque: sácenle el corazón, aún saltando, y con él hacen cruces en un palo, o cruz parada, e invocan, o llaman a sus mayores, diciendo pom, pùm, pum, mari maripullacu, puthem, puvileu, amchimalghen, epuñamun, etc., y otros muchos: los más ladinos llaman también a Dios y a la Virgen Santísima. Es esta ceremonia, a mi ver, una como protestación de que quieren hablar la verdad sin doblez, según he visto en Angol y Tucapel45.

Pron: Los ñudos que hacen en un hilado para contar los días que faltan para una junta, bebida o juego46.

Prun: Baile y bailar. Pruloncon: Cantar victoria con la cabeza del enemigo, levantándola en las lanzas47.

Pulqui: La flecha, y también un hueso, o mano, o cabeza de español, o una flechita que se envían de mano en mano los cones o confidentes, cuando se quieren alzar, y el que la recibe consiente en el alzamiento, y el que no, no consiente48.

Namuntu cona: Infantería. Namuntulinco: Ejército de infantería49.

Mapu ghùlmen: [lit.: señores de la tierra] Son los caciques digamos del bando de la tierra, que tienen autoridad entre ellos, y más en cosas de alzamiento, aunque no tengan bastón, en contraposición a los huinca ghulmen [lit.: señores no indios] que son los Caciques amigos de los Españoles, que reciben bastón del señor Presidente, y tratan con él, y con los jefes españoles, las cosas de la tierra50.

Este conocimiento preciso del léxico, prácticas y fórmulas empleadas en los parlamentos parece, si no de primera mano, de alguien conocedor de las costumbres políticas mapuches. Sin embargo, en las listas de participantes de los tres parlamentos principales que se celebraron durante el breve tiempo en que Andrés Febrés estuvo en Chile, que registran siempre los nombres de los misioneros que actúan como peritos lingüísticos, no figura su nombre; ni siquiera en el parlamento en el que por la cercanía geográfica podría haber coincidido, que es el de Concepción (1759)51, al que sí asistió el padre Francisco Khuen, que fue superior de las misiones jesuíticas araucanas y que el catalán reconoce como gran experto52. Si no participó en ningún parlamento durante su estancia en Chile, ¿de dónde entonces puede haber venido esa información? Cotejando los nombres de quienes menciona como gramáticos que le antecedieron, con los de los misioneros que actuaron en los parlamentos, solo hay coincidencia con Francisco Khuen y con Diego de Amaya. En 1724, este último aparece entre los participantes en dos parlamentos: uno en la Concepción y otro en Nacimiento; luego, en 1726, está como activo mediador en el de Negrete, y en 1738 en el de Tapihue53.

Según Eduardo Tampe54, Diego de Amaya había nacido en 1680 en Concepción; se había criado en la frontera y sería bilingüe. En una de las actas de estos parlamentos se precisa que era misionero desde hacía años entre los mapuche, y el papel que desempeña en algunas negociaciones es significativo55. Por ello, es razonable concluir que fue él quien estaba familiarizado con el lenguaje de los encuentros diplomáticos, y no Andrés Febrés, y que, por lo tanto, ese vocabulario manuscrito, que este último dice haber aprovechado, era efectivamente de Diego de Amaya. No parecen haber coincidido en vida56, pero de alguna manera ese manuscrito estaba en Angol cuando llegó a la misión en 1759, y ahí lo copió, como dice.

Esta conclusión confirma, desde luego, la experiencia lingüístico-cultural de los individuos de la Compañía y su papel en la diplomacia hispano-mapuche; y por lo que hace a Andrés Febrés, ratifica sin ambages que aprovechó y copió, como algo natural en el trabajo misionero57, los manuscritos que dejaron otros, cuyos nombres se preocupa de dar. ¿Habrá aprovechado el trabajo de Bernardo Havestadt de la misma manera, pero esta vez sin reconocerlo? Si así fuera, el hecho de que no lo nombre, ¿puede deberse a una antipatía, a un descuido? Quizá la carta a Bernardo Havestadt que reproduce Rodolfo Lenz es auténtica, pero no fue contestada, y de ahí el distanciamiento. No podemos saberlo por ahora. Pero ¿le resta eso mérito a Andrés Febrés, como para considerarlo un mero compilador?

En la investigación documental, tantas veces árida, las expresiones de subjetividad son como un oasis en el cual pueden fructificar intuiciones e hipótesis que permiten poner a prueba los datos duros que el estudio proporciona. Un sujeto que asoma de repente en el documento, un “Yo” con opinión, imprevisible, que escriba fuera del marco asignado por el género textual, puede abrir una fisura en el relato monolítico. Más que si se tratara de un diario personal, la irrupción de la subjetividad donde no se la espera pone el signo de interrogación sobre el resto del texto y obliga a reconsiderar lo sabido. Por eso, al leer el exabrupto “como uno que yo me sé” en dos entradas del diccionario o Calepino de Andrés Febrés, la imagen del mero compilador, del misionero aplicado al trabajo de hacer una gramática, del religioso obediente, se vuelve dudosa:

Llùmmapilun: El de orejas pequeñas. Llumpapilun: al contrario, el de orejas grandes; como uno que yo me sé58.

Mothi: Cosa gorda y gruesa. Mothiilon, o mothilon: sincopado, carne gorda y gruesa, como uno que yo me sé59.

¿Quién es el tal orejón y gordo?, ¿es él?, ¿es otro misionero?, ¿un superior de la orden?, ¿un cómplice con quien se burla de un tercero? Difícilmente lo sabremos con certeza. Si por ahora descartamos que la frase no haya sido suya, es decir, que provenga de alguno de los otros vocabularios que consultó o copió, lo cierto es que este sentido del humor refleja una soltura y un estilo desenfadado que sorprenden. Veamos estas otras entradas, también curiosas:

Dallian: Hablar cosas del sexto, jactándose o juntarse a hablarlas60.

Dea: Son las chinitas que el varón tiene a su cargo, y le pertenecen para casarlas; ¡bellas Diosas!61.

Dumun, dumucan: Espulgarse con la mano la cabeza á tiento y se manducan los piojos62.

Inagumaclon: Ayudar a llorar junto con otros, como cuando van a enterrar al difunto, mas no echan media lágrima63.

Nos atrevemos a pensar que todos estos ejemplos son de una misma mano; y no de mano criolla, como sería la de Diego de Amaya, sino la de Andrés Febrés mismo. Estas ironías –hablar de cosas “del sexto”, o sea, del sexto mandamiento; el empleo gracioso del latín macarrónico “manducare”, que se usa en catalán por comer; o la mofa que hace de la costumbre de las plañideras–, así como la sonrisa cómplice que asoma en la referencia a las bellas muchachas, retratan a un joven sacerdote burlón y hasta irreverente, quizá poco inclinado a la obediencia: una personalidad que con los años y la experiencia del exilio puede haberle puesto en los aprietos que conocemos.

Pero antes de eso, retomando el hilo biográfico, en 1764 va a Lima a preparar la edición de su obra, que se publicará el año siguiente. Aunque Rodolfo Lenz tiene alguna duda de este viaje, José Toribio Medina y, en la actualidad, Víctor Rondón, lo han confirmado sobre la base de datos de archivo y otras fuentes64. A su regreso, como ya se ha dicho, está en la misión de San José de la Mariquina65; en 1766 intenta establecer la misión de río Bueno, y en 1767 le llega la orden de expulsión. Salió de la Mariquina hacia Valdivia con Fernando Andrade, jesuita sevillano, su ayudante en la misión, siendo embarcados el 21 de septiembre en el navío Nuestra Señora del Rosario (registrado también como San Francisco Xavier)66, recalando en Valparaíso y el Callao, donde se suman al contingente de expulsos67.

En mayo de 1768 salen del Callao y llegan a España en septiembre. Son congregados, junto con los que vienen de otros lugares, en el puerto de Santa María, donde permanecen un año, antes de ir a Imola (Italia), lugar de destino de los jesuitas chilenos. Hasta ese lugar llega Andrés Febrés en 1769, donde jura como profeso el 15 de agosto. Podría, según Víctor Rondón, haber coincidido con Bernardo Havestadt en alguno de esos puntos de congregación, pero no hay constancia de ello. En Imola permanecen por un tiempo con relativa comodidad, y desde ahí se dispersan68.

El nombre de Andrés Febrés –y de su ayudante Francisco de Andrade–, figura en las listas de pensionados de la Legación de Ravenna69 desde 1769 hasta 1774, recibiendo una pensión de 375 reales de vellón trimestrales. Luego parece haberse ido a Roma, pues entre 1775 y 1780 se encuentra percibiendo la misma pensión en las nóminas de dicha ciudad. En 1778 publicó en italiano una defensa de la obra del jesuita español Javier Lampillas70, donde, además, se manifiesta la extensión de sus conocimientos lingüísticos en otras lenguas, incluso en la lengua mapuche71. En 1780 estaba fabricando un meridiano y un reloj de sol en el palacio del duque Mattei72 y al año siguiente fue perseguido por error como autor presunto de una obra contra la expulsión, titulada Memoria cattolica73. Alguna relación tendría con esta u otra publicación de similares características, pues se le encuentran en su casa una imprenta portátil y algunos sonetos satíricos contra José Nicolás de Azara, embajador de España en Roma y enemigo de los jesuitas. Huye, entonces, a mediados de 1781 –pues su nombre desaparece de las listas de pensionados el último trimestre de ese año– con ayuda, al parecer, de un alto cargo eclesiástico74. Tres años después, fechada en 1783-1784, aparece publicada, en forma anónima, pero ya entonces a él atribuida –y esta vez sin lugar a dudas– una obra que titula, no sin descaro, Seconda memoria cattolica…, en tres tomos75. Allí hace una apología de la obra de la Compañía, ataca a reyes y papas, y expone las consecuencias no solo religiosas, sino, también, políticas, presentes y futuras, de la desaparición de los jesuitas de las colonias, profetizando, incluso, la pérdida del Imperio español. La obra es condenada y se prohíbe su circulación, pero con poco éxito, al parecer.

Es entonces cuando adopta como seudónimo un nombre compuesto a partir del nombre de pila de su padre –Bonifacio– y del apellido de la madre –Oms–, italianizado: D’Olmi o Dolmi76. Con este seudónimo, y fechada en Torino el 17 de diciembre de 1783, se ha encontrado una carta suya dirigida al impresor y librero Giuseppe Remondini en Venecia77. En ella, sin más preámbulo, le propone comprarle una plancha de cobre en la que se había impreso un mapa de Cerdeña para, dice, efectuar unas correcciones y mandarla reimprimir. La forma en que comienza la carta nos parece ya propia del impetuoso Andrés Febrés. Sin preámbulo, arranca: “Me ha venido a la mente una idea que me impele a escribir a Su Señoría esta carta […]”78; y sigue una explicación de lo que piensa hacer con la plancha, y las condiciones que pone para que se la mande. Le insta a contestar sin demora y procurar que no se pierda el correo, pues si su respuesta es negativa lo quiere saber enseguida para mandar grabar una plancha nueva. No se puede saber si era eso en efecto lo que pensaba hacer con la plancha, pues, aunque a estas alturas ya está claro que sus intereses eran variados, nada parecía anunciar una curiosidad cartográfica. Con todo, llama la atención que se refiera a Cerdeña, lo que induce a pensar, con otros datos79, que, aunque la carta lleva el nombre de Torino como domicilio del remitente, es posible que en ese año ya estuviera preparando su ida a Cagliari80 o que ya hubiera estado allí.

Un dato que puede proporcionar una pista es el siguiente: la obra por la que fue perseguido “justamente”, o sea, la Seconda memoria cattolica…, publicada entre 1783 y 1784, lleva como lugar de impresión “Stamparia Camerale di Bonaria”, sin nombre de ciudad. ¿Qué lugar podría esconderse tras esta denominación? Existe en Cagliari la devoción antigua a Nostra Signora di Bonaria (del Buen Aire), patrona de marineros, por lo que parece plausible que Cagliari fuese el lugar de donde se halla, si no impreso (pues difícilmente las autoridades habrían otorgado el permiso), al menos, concebido. La obra circula con profusión, causando gran revuelo, pues unos años después se publica el decreto del Papa y la real orden del Rey condenándola81.

Fuente: Museo Biblioteca Archivio di Bassano del Grappa, Epistolario Remondini, XVI, 35, 4601. (Autorización del 22 de enero de 2019. Prohibida toda reproducción ulterior).

Figura 1 Carta de Bonifacio D’Olmi al impresor Giuseppe Remondini (Torino, 17 de diciembre de 1783) 

Fuente: Biblioteca Universitaria di Cagliari, Fondo Baylle, S.P.G. 7.45. (Aut. Ministero per i beni e le attività culturali, Biblioteca Universitaria di Cagliari, n. 035/23-01-19 Class. 28.13.10 / 2.8 del 23 de enero de 2018. Prohibida toda reproducción ulterior)..

Figura 2 Portada de la Seconda Memoria Cattolica (1783-1784) 

Mientras, en Cagliari, en 1787, en forma anónima, aunque se le conoce con su seudónimo, Andrés Febrés obtiene licencia para dar a la imprenta una obra en versos sardos, en honor del santo patrono de la ciudad, san Efisio: Vida, martiriu e morte cun sas glorias postumas de Sant’Effisiu, protettore de Calaris. In cantos tres, que contiene un prefacio con notas sobre gramática sarda (figura 3)82.

Fuente: Biblioteca Universitaria di Cagliari, Fondo Baylle, S.P.6bis.05.011/1 (Aut. Ministero per i beni e le attività culturali, Biblioteca Universitaria di Cagliari n. 035/23-01-19 Class. 28.13.10 / 2.8 del 23 de enero de 2018. Prohibida toda reproducción ulterior).

Figura 3 Portada de Vida, Martiriu e Morte, cun sas Glorias Postumas, de Sant’Effissiu (1787) 

El 1 de abril de 1790, según Giovanni Siotto Pintor83, muere en Cagliari, en la casa religiosa de San Miguel, aquejado de una parálisis que le sobrevino mientras esperaba que le mandaran de la Península los tipos de letras acentuadas que necesitaba para imprimir sus obras en sardo, en particular una obra que figura perdida, el poema titulado “Il Messico Conquistato”. Según este autor, Andrés Febrés estaba fabricando una bomba mecánica para sacar agua y preparaba una gramática de tres dialectos sardos. Otros autores hablan de que había puesto una escuela para niños84.

De la bomba de agua y de la escuela de niños no tenemos más noticia, pero en la Biblioteca Universitaria de Cagliari existe un manuscrito de lo que parece haber sobrevivido del proyecto de la gramática, a saber, unas pocas páginas con el título, la introducción, dedicatoria al Rey y el índice de una Prima grammatica de’ tre dialetti sardi antico, e moderno di logudoro, e cagliaritano in riguardo de’ giovani sardi ed italiani. spiegata in toscano a vantaggio di questo idioma Esostegno del sardo antico il piú bello E ripulimento degli altri due (figura 4)85. Cabe pensar que se trata de un prospecto destinado a solicitar autorización, y quizá financiamiento, pues se ha encontrado una nota del Virrey a Torino, diciendo que la obra de este exjesuita [sic] no debe ser autorizada86. Es posible que para entonces su historial fuese ya conocido y, por otra parte, no convenía facilitar la práctica de la lengua sarda en un momento en que las autoridades estaban fomentando el italiano. Debió causar lástima su situación económica, pues se solicita para él un estipendio para remediarla.

Fuente: Biblioteca Universitaria di Cagliari, Fondo Baylle, Ms. 11.2K; N. 10 (Aut. Ministero per i beni e le attività culturali, Biblioteca Universitaria di Cagliari n. 035/23-01-19 Class. 28.13.10 / 2.8 del 23 de enero de 2018. Prohibida toda reproducción ulterior).

Figura 4 Dedicatoria al rey Amadeo de Saboya, en prospecto de Prima grammatica de’ tre dialetti sardi antico… [firma “B.d’O.”] 

Conclusión

Los individuos de la Compañía de Jesús, como misioneros, recibían una formación intensa en lenguas. Andrés Febrés pudo aprovechar gramáticas hebreas y de las lenguas aimara y moxa, como dice, y tenía conocimientos de las principales lenguas europeas, pues describe la fonética del mapudungun comparando sus sonidos con los del francés, italiano, alemán y, desde luego, el catalán. En pocos años pudo, sobre la base de trabajos de misioneros jesuitas que le antecedieron, confeccionar un compendio gramatical, lexicográfico y de traducción misional que fue reeditado un siglo después y sirvió de referente directo para la lengua mapuche hasta hoy, tanto en Chile como en Argentina. En su exilio publicó, como otros jesuitas expulsos, obras en italiano, entre ellas una obra contra la expulsión, que le valió un segundo exilio. En la última etapa de su vida, oculto en Cerdeña, dio a imprenta una obra en lengua sarda en loor del santo patrono de la ciudad, en ochenta octavas, precedida de una introducción de carácter gramatical. Lo que queda de su gramática sarda es un prospecto sobre los tres dialectos sardos. Se cree haya dejado también manuscrito un poema épico, también en lengua sarda, “Il Messico Conquistato”. Y en medio de su labor intelectual halló tiempo para construir un reloj de sol o una bomba de agua para facilitar las labores mineras.

La a veces farragosa prosa de la Seconda Memoria Cattolica sorprende por la cantidad de información que este exiliado poseía de lo que estaba sucediendo en Europa y América en esos años. Un historiador de la Compañía, Lorenzo Hervás y Panduro supo, hecerle justicia, aquilatando sus méritos como estudioso e ilustrado:

“[Andrés Febrés] escribió muchas cosas de que no hay noticia pública, o porque con sus desgracias perecieron sus manuscritos, o porque estos celosamente se ocultan. Era hombre laborioso: siempre entre los libros y con la pluma en la mano. Tuvo correspondencia y amistad con personajes ilustres que sabían la verdadera historia europea de los principales sucesos acaecidos desde el año 1750 […] anuncia y avisa a los soberanos que los adversarios del jesuitismo habían ya proyectado la destrucción de sus tronos”87.

Con particular vehemencia, Febrés insiste en el daño no solo espiritual, sino político que representa para España y Europa la expulsión y la extinción de la Compañía. Para el caso de América, el hecho de haber extraído en forma intempestiva a la orden jesuítica de los territorios donde no solo evangelizaba, sino que contenía la furia de los salvajes y las ambiciones de los enemigos del Rey, será causa de la pérdida de esos territorios. A la lucidez de sus temores añade la conciencia apasionada de la diversidad lingüística y del papel científico y político de los jesuitas:

“[…] al quitar tantos y tales misioneros, y todos tan de repente, ¿cómo hubiera sido posible proveer rápidamente un reemplazo equivalente, tan necesario para que no se malograran las misiones […] considerando tan solo las muy numerosas y diversas lenguas. Lenguas tantas y tan distintas entre sí que solo en la parte de Brasil que se había descubierto hasta el tiempo de P. Antonio Vieira, dice este que había cincuenta y dos, más distintas entre sí que la griega de la latina: lenguas de pronunciación nasal, o gutural y aun pectoral, o silbantes o mugientes, es decir, de sonidos exóticos y peregrinos; algunas con una inflexión de los verbos tan extravagante, y tan escasa y rígida, que son del todo bárbaras, o mejor dicho, selváticas, y aun caninas y leoninas; otras, al contrario, con una inflexión tan regular, bien trabada, majestuosa, congruente y copiosa de tiempos y de personas que en esto, y en ciertas fuentes copiosísimas en palabras y verbos compuestos, aventajan a cualquier lengua europea: pero todas, a fin de cuentas, extrañísimas para los europeos, y requiriendo estudio, aplicación y, sobre todo, práctica para dominarlas”88.

Ver la obra de Andrés Febrés desde esta perspectiva invita a volver a revisar sus escritos gramaticales chilenos para indagar en los supuestos ideológico-políticos subyacentes, los destinatarios construidos en los textos mismos, los idearios con los que estos textos dialogan y las polémicas de las que sin duda se hacen eco. Y, desde luego, también, para identificar otras manos y otras voces recogidas en ellos. Al respecto, los datos reunidos hasta aquí acerca de su vida y obra no resuelven de hecho la duda sobre si copió a Bernardo Havestadt; pero avalan, pensamos, una interpretación más abierta y menos prejuiciada de su quehacer. Confirman no solo sus conocimientos, su interés intelectual y aguda conciencia lingüística, sino también una libertad de pensamiento y de maniobra, al igual que su impetuosidad y voluntarismo. A la espera de encontrar muestras de su escritura en Chile que puedan cotejarse con las que ahora tenemos de su exilio, y que nos permitan avanzar en la constitución precisa de su biobibliografía, y, aunque no aparezca la famosa carta que se supone mandó a Bernardo Havestadt pidiéndole ayuda para sus escritos gramaticales, nos queda la impresión de haber dado vida y hecho justicia a este hombre que se atrevió a guiñar un ojo al lector deslizando “como uno que yo me sé” en un par de simples y en apariencia inocuas entradas de su diccionario mapudungun-castellano.

Anexo
Obra de Andrés Febrés identificada

Andrés Febrés, Arte de la lengua general del reino de Chile, con un dialogo chileno-hispano muy curioso, a que se añade la doctrina cristiana, esto es rezo, catecismo, coplas, confesionario y pláticas, lo más en lenguas chilena y castellana, y por fin un vocabulario hispano-chileno y un calepino chileno-hispano más copioso, Lima, Calle de la Encarnación, 1765.

Andrés Febrés, Analisi del giudizio dal giornalista fiorentino fatto del Saggio Storico apologético della letteratura spagnuola del Sg Ab. D. Severio Lampillas diretto allo stesso giornalista, Cosmopoli [Siena], 1778.

Anónimo, Seconda Memoria Cattolica, contenente il trionfo della Fede e Chiesa, de’Monarchi e Monarchie, e della Compagnia di Gesu’ e sue Apologie, con lo sterminio de'lor nemici: da presentarsi a sua Santità ed ai Principi Cristiani, Nella nuova Stamparia Camerale di Bonaria, 1783-1784, tre volumi

Anónimo, Vida, martiriu, e morte de Sant’Effisiu, protettore de Calaris, cun sas glorias postumas, Calaris [Cagliari], In sa Imprenta Reale, 1787.

Reediciones y obra derivada

Tomás Falkner, Descripción de la Patagonia y de las partes contiguas de la América del Sur, Buenos Aires, 1774. Reeditada en 1835, 1974 y en 2004. Contiene extractos del Arte… de Andrés Febrés.

Juan Manuel Rosas, Gramática y diccionario de la lengua pampa, Buenos Aires, Editorial Albatros, 1947.

Andrés Febrés, Diccionario hispano-chileno. Enriquecido de voces i mejorado por Antonio Hernández i Calzadade la orden de la Regular Observancia de N. P. San Francisco. Edición hecha para el servicio de las misiones por orden del Supremo Gobierno i bajo la inspección del R. P misionero Fr. Miguel Anjel Astraldi, Santiago, Imprenta del Progreso, 1846.

Andrés Febrés, Gramática de la lengua Chilena: escrita por el reverendo padre misionero Andrés Febrés, de la C. de J., Adicionada i Correjida por el R. P. Fr. Antonio Hernández Calzada, de la orden de la Regular Observancia de N. P. San Francisco. Edición hecha para el servicio de las misiones por orden del Supremo Gobierno i bajo la inspección del R. P misionero Fr. Miguel Anjel Astraldi, Santiago, Imprenta de los Tribunales, 1846.

Andrés Febrés, Gramática chilena, edición de Guillermo Cox, Concepción, Imprenta La Unión, 1864. Reedición de una parte del Arte… de Andrés Febrés.

Pablo Savino, Gramática y diccionario de la lengua pampa (pampa-ranquel-araucano), Buenos Aires, Imprenta de Pablo E. Coni, 1876.

Federico Barbará, Manual o vocabulario de la lengua pampa, Buenos Aires, Imprenta y librería de Mayo de C. Casavalle, 1879.

Buenaventura Ortega, “El araucano antiguo i el araucano moderno: Coyagtun entre el cacique Ancatemu i el Padre Millaleubu” (Andrés Febrés), en Revista de la Sociedad Arqueológica de Santiago, tomo I, Santiago, 1880, pp. 9-11.

Andrés Febrés, Diccionario araucano-español, ó sea, Calepino chileno-hispano, edición de Mariano Larsen, Buenos Aires, Impreso por Juan Alsina, 1882. Reedición de la cuarta sección del original de 1765.

Andrés Febrés, Gramática araucana, edición de Mariano Larsen, Buenos Aires, impreso por Juan Alsina, 1884. Reedición de las dos primeras partes del original de 1765.

Obra atribuida, no localizada

Catón Christiano Chileno, Lima, 1765.

Il Messico Conquistato

Obra erróneamente atribuida

Anónima, Memoria cattolica. Da presentarsi a SuaSantitá. Opera postuma, Cosmopoli [Roma] 1780.

1La materia de este artículo se empezó a trabajar en el marco del Fondecyt Regular n.º 1090459, se siguió estudiando durante la ejecución del Fondecyt Regular n.º 1120995 y termina gracias al Fondecyt Regular n.º 1170419, fuera ya de su marco temporal estricto. De la misma manera, la obra de Andrés Febrés trascendió con mucho su época y fue reeditada por partes durante el siglo XIX. Sigue siendo un referente incluso para usos actuales del mapudungun. Agradecemos a los evaluadores sus pertinentes comentarios, que hemos tratado de integrar, y esperamos que este trabajo sea acicate para seguir indagando en la vida y obra de este y otros jesuitas del periodo colonial.

2Mantenemos de su apellido la grafía más común en las fuentes y publicaciones, descartando Fabres, Febres, Fébres y Febrers, que figuran ocasionalmente, y que son homófonas, así como Ferrer, que también aparece en alguna fuente, y dejamos el nombre de pila en castellano (Andrés, y no Andreu, en catalán), ya que así se identifica en su obra.

3Existen discrepancias entre unas y otras fuentes biográficas acerca de la fecha de nacimiento. Eduardo Tampe da como fecha 1734 (29 de julio), en Eduardo Tampe, S.J., Catálogo de jesuitas de Chile (1593-1767). Catálogo de regulares de la Compañía en el antiguo Reino de Chile y en el destierro, Santiago, Ediciones Universidad Alberto Hurtado / Pontificia Universidad Católica de Chile, Instituto de Historia / Ediciones de la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos, Centro de Investigaciones Barros Arana, 2008, p. 102; también Charles E. O’Neill y Joaquin María Domínguez (eds.), Diccionario histórico de la Compañía de Jesús, Roma / Madrid, Institutum Historicum Societatis Iesu / Universidad Pontificia Comillas, 2001, vol. II, p. 1385, siguiendo a Carlos Sommervogel, Bibliothèque de la Compagnie de Jésus, Nouvelle édition, Bruxelles / París, Oscar Schepens / Société Belge de Librairie, 1890, vol. III, c. 576 (en este último, la fecha es 20 de junio del mismo año). En cambio, la fecha de 1731 o, de preferencia, 1732, viene de José Toribio Medina, en su obra Noticias bio-bibliográficas de los jesuitas expulsos de América en 1767, Santiago, Imprenta Elzeviriana, 1915, p. 97. Este autor aclara que, si en el listado de expulsos de 1767 se dice que tiene 34 años, debería, entonces, haber nacido en 1731 o 1732. En cuanto a su origen, hay error de adscripción en algunos estudios que lo hacen aragonés y no catalán, tal vez porque lo identifican a partir de los datos del noviciado, que correspondía a la provincia jesuita de Aragón. Si bien la designación por provincia parece ser muy usual, puede generar este tipo de confusiones, en general poco trascendentes; como, por ejemplo, en Inmaculada Fernández Arrillaga, Tiempo que pasa, verdad que huye. Crónicas inéditas de jesuitas expulsados por Carlos III (1767-1815), Alicante, Publicaciones Universidad de Alicante, 2013, p. 36, nota 66.

4Andrés Febrés, Arte de la lengua general del reino de Chile, con un dialogo chileno-hispano muy curioso, a que se añade la doctrina cristiana, esto es rezo, catecismo, coplas, confesionario y pláticas, lo más en lenguas chilena y castellana, y por fin un vocabulario hispano-chileno y un calepino chileno-hispano más copioso, Lima, Calle de la Encarnación, 1765. Para sus reediciones y su influencia en Chile y Argentina, remitimos a nuestro trabajo reciente: Marisa Malvestitti y Gertrudis Payàs, “Circulaciones intertextuales del Arte de Febrés a ambos lados de los Andes”, en María Andrea Nicoletti, Andrés Núñez y Paula Núñez (eds.), Araucanía-Norpatagonia III: Discursos y representaciones de la materialidad, Bariloche, Universidad Nacional de Río Negro, 2016, pp. 286-309.

5Luis de Valdivia, Arte y gramática general de la lengua que corre en todo el reyno de Chile. Con un vocabulario y confesionario, Lima, Francisco del Canto, 1606.

6Félix K. de Augusta, Gramática araucana, Valdivia, Imprenta Central J. Lampert, 1903; del mismo autor, Diccionario araucano-español y español-araucano, Santiago, Imprenta Universitaria, 1916.

7Bernardo Havestadt, Chilidugu, sive tractatus linguæ Chilensis, Monasterii Westphaliae, Typis Aschendorfianis, 1777. Reeditado por Julius Platzmann, Leipzig, Teubner, 1883.

8Los datos biográficos que circulan sobre Andrés Febrés provienen de las fuentes clásicas de referencia de la Compañía de Jesús. Los materiales que aquí consignaremos y algunos datos son nuevos y, por lo que se sabe, inéditos, al menos en Chile.

9Rodolfo Lenz, “Estudios araucanos”, en Anales de la Universidad de Chile, vol. XCVII, Santiago, 1895-1897, p. xxxiii y ss.

10Según Rodolfo Lenz, Bernardo Havestadt lo insinuó en el Chilidugu al incluir como ejemplo de escritura epistolar una carta en mapudungun, que, al parecer, Andrés Febrés le dirigió, y que puede interpretarse como prueba de este supuesto plagio; y, además, al añadir una advertencia al lector en la que da a entender que su gramática circulaba con otro nombre de autor: Havestadt, op. cit., pp. 185-186.

11Para una consideración más amplia de toda esta cuestión, remitimos al trabajo de Víctor Rondón, “Havestadt vs. Febrés. A propósito de una carta y unas canciones”, en Revista de Historia Social y de las Mentalidades, vol. 18, n.° 2, Santiago, 2014, pp. 79-103.

12No tenemos manera de saber por ahora si, por su parte, Bernardo Havestadt, que publicó el Chilidugu doce años después de Andrés Febrés, incorporó materia de este. Al menos hay una opinión reciente en este sentido: Stephan Eim, The conceptualization of mapuche religion in colonial Chile (1545-1787), tesis doctoral, Heidelberg,, Universidad RuprechtKarls, 2010. Disponible en: http://archiv.ub.uniheidelberg.de/volltextserver/10717/1/Eim_Conceptualisation_of_Mapuche_Religion.pdf [fecha de consulta: 29 de octubre de 2018]. Agradecemos a la latinista Constanza Martínez, de la Universidad de Chile, haber enriquecido los datos sobre esta polémica en comunicación personal. Por su parte, Manuel Alvar, conocido estudioso de las gramáticas y vocabularios coloniales de filiación hispana, en un artículo dedicado al Arte de Andrés Febrés, que lo sitúa en el marco del III Concilio Limense y alaba por su carácter innovador, no menciona el trabajo de Bernardo Havestadt, defiende la influencia de Elio Antonio de Nebrija en Andrés Febrés y rastrea también otras influencias europeas: Manuel Alvar, “La gramática mapuche del padre Febrés (1765)”, en Manuel Alvar, Nebrija y estudios sobre la Edad de Oro, Madrid, CSIC, 1997, pp. 63-85.

13Aspecto que recalcan todos los biógrafos de la Compañía, aunque en esas fuentes hay discrepancias sobre la autoría de su obra en el exilio.

14Anónima [Carlos Borgo], Memoria Cattolica. Da presentarsi a Sua Santitá. Opera postuma, Cosmopoli [Roma] 1780.

15Anónima [Andrés Febrés], Seconda Memoria Cattolica, contenente il trionfo della fede e chiesa de monarchi e monarchie e della compagnia di Gesu e sue apologie con lo sterminio de lor nemici, Nuova Stamperia Camerale di Bonaria, 1783-1784, 3 vols., véase figura 2.

16Walter Hanisch Espíndola, Itinerario y pensamiento de los jesuitas expulsos de Chile (1767-1815), Santiago, Editorial Andrés Bello, 1972, p. 251.

17Para los datos que damos a continuación remitimos a la obra del historiador manresano Joaquim Sarret i Arbós, Història de Manresa, Monumenta historica civitatis Minorisae, Manresa, Imprempta i encuadernació Sant Josep, 1921, vol. I. Existe reedición de 1981; Història de la industria, del comerc i dels gremis de Manresa, Monumenta historica civitatis Minorisae, Manresa, Imprempta i encuadernació Sant Josep, 1923, vol. III; Història religiosa de Manresa. Esglesies i convents, Monumenta historica civitatis Minorisae, Manresa, Imprempta i encuadernació Sant Josep, 1924, vol. IV; Noticiero-guía de la muy noble, muy leal y benéfica ciudad de Manresa, Manresa, Ediciones Amigos de la historia de Manresa, Imprenta de San José, 1955.

18Sarret i Arbós, Història de Manresa…, op. cit., p. 391. La traducción es nuestra. Según fuentes de enciclopedia, Manresa tendría en esos años unos seis o siete mil habitantes.

19Según el catálogo de Eduardo Tampe, a Chile llegaron otros dos jesuitas manresanos: José Ambert y Luis Díaz: Tampe, op. cit., pp. 40 y 90.

20No hay discrepancias entre los biógrafos de la Compañía al respecto. Además, su presencia en Tarragona se ha podido corroborar gracias a que aparece su nombre en un devocionario manuscrito anónimo, escrito por un novicio de Tarragona: Benedictio et gratia rumat, proutnostrumsunt in usumquotidie, Archivo de la Compañía de Jesús de Chile, 1753 o 1754. Este devocionario contiene un “Catálogo de mis HH connovicios escolares” donde, al lado del nombre de Andrés Febrés, figura una anotación a mano, indicando su destino: Chile. Agradecemos al director del Archivo en Santiago, René Cortínez, habernos notificado la existencia de este curioso documento, aún no catalogado en la fecha que se consultó.

21Dejamos para un futuro estudio la posible colaboración de Andrés Febrés con su paisano Segismundo Güell, oriundo de Vic, ciudad cercana a Manresa. De hecho, viajaron juntos a Chile y también se embarcaron juntos para el exilio. Segismundo era un par de años mayor que él y fue destinado a Chiloé. Estando allí trató de llegar hasta el lago Nahuelhuapi para establecer una misión, pero no lo logró. En el exilio escribió una “Noticia breve y moderna del Archipiélago de Chiloé, de su terreno, costumbres de sus indios, misiones, escrita por un misionero de aquellas islas en el año 1769 y 70”. Véase Walter Hanisch, La isla de Chiloé, capitana de rutas australes, Santiago, Academia Superior de Ciencias Pedagógicas de Santiago, 1982, Apéndice Documental, Documento III, pp. 220-263.

22El hecho de que Andrés Febrés haya terminado oculto en Cerdeña nos ha hecho buscar posibles vínculos con alguno de sus hermanos de orden de origen sardo. El largo viaje a Chile puede haber favorecido amistades que en exilio hayan resultado útiles y, justamente, aparecen en el catálogo de Eduardo Tampe dos sardos que partieron de Europa en el mismo barco que Andrés Febrés: Giovanni Cubeddu (Juan María Cubedo) y Michele Angelo –o Michelangelo– Cubeddu (Miguel Ángel Cubedo). También figuran en el listado de Raimondo Turtas S.J., “Gesuiti sardi in terra di missione tra Seicento e Settecento”, in Bolletino di Studi Sardi, vol. 2, Cagliari, 2009, pp. 83-84. Otra lista de los que se embarcan para Chile solo menciona al segundo: Agustín Galán García, El “Oficio de Indias” de Sevilla y la organización económica y misional de la Compañía de Jesús (1566-1767), Sevilla, Fundación Fondo de Cultura de Sevilla, 1995, p. 338.

23Hay algunas discrepancias entre fuentes respecto al número exacto de individuos, que no podemos corroborar en este trabajo.

24La misión de Angol había sido pedida al virrey Manuel de Amat y Junyent por el cacique Pedro Llancahuenu (“Informe sobre la fundación de misiones de la Compañía de Jesús”, en Archivo Nacional Histórico de Chile (en adelante, ANH), fondo José Ignacio Víctor Eyzaguirre, vol. 15, pieza 9ª E). El hecho de que Andrés Febrés haya puesto en su gramática a Pedro Llancahuenu como uno de los dos participantes de su “Diálogo entre dos caciques” (Epu Gülmen gañi dugulun) parecería indicar que conocía esta historia y que quiso así distinguir al cacique: Febrés, Arte…, op. cit., pp. 100-145.

25No eran estas las únicas obras que se habían escrito sobre el mapudungun, pero la intertextualidad o la filiación en estas obras lingüísticas misionales es a veces difícil de establecer, sobre todo cuando fueron solo manuscritas y no han sobrevivido. La obra de Diego de Amaya, por ejemplo, pudo también ser aprovechada por el jesuita Pedro Garrote, misionero en La Imperial hacia 1723, que le sucedió como encargado de la reducción de Toltén Bajo, y de quien se dice que escribió una gramática: Francisco Enrich, Historia de la Compañía de Jesús en Chile, Barcelona, Imprenta de Francisco Rosal, 1891, vol. 2, lib. 3, cap, X, p. 123.

26No hay que olvidar que en la composición del Arte… entran dos vocabularios: uno breve y otro, que llama Calepino, más extenso.

27En el Colegio de San Pablo se hacía la tercera probación, última etapa antes del sacerdocio. La cita es del prólogo del “Calepino”, en Febrés, Arte…, op. cit., p. 422.

28Martín del Castillo, Arte hebraispano. Grammatica de la lengua santa en idioma castellano, Lyon, Francia, A costa de Florian Anisson, merceder de libro en Madrid, 1676.

29Puede tratarse de la del jesuita Pedro Marbán, Arte de la lengua moxa, con su vocabulario y catecismo, Lima, Imprenta Real de Joseph de Contreras, 1701.

30Para esa fecha ya se habían publicado varias gramáticas del quechua, de modo que es más difícil saber a cuál se refiere.

31Tampe, op. cit., p. 40.

32Varias publicaciones se han derivado de estos estudios hechos en el marco de varios proyectos Fondecyt entre 2008 y la actualidad. Entre los artículos, véase en particular, Gertrudis Payàs, José Manuel Zavala y Ramón Curivil, “La palabra ‘parlamento’ y su equivalente en mapudungun en los ámbitos colonial y republicano. Un estudio sobre fuentes chilenas bilingües y de traducción”, en Historia, n.º. 47, vol. II, Santiago, 2015, pp. 355-373; José Manuel Zavala y Gertrudis Payàs, “Ambrosio O´Higgins y los parlamentos hispanomapuches, 1771-1803: política indígena, escritura administrativa y mediación lingüístico-cultural en la época borbónica chilena”, en Memoria Americana, vol. 23, n° 2, Buenos Aires, julio-diciembre 2015, pp. 103-136. Las actas de los parlamentos han sido objeto de dos publicaciones: José Manuel Zavala, Los parlamentos hispanomapuches (1593-1803). Textos Fundamentales, Temuco, Ediciones Universidad Católica de Temuco, 2015; Gertrudis Payàs, Los parlamentos hispanomapuches (1593-1803). Textos fundamentales. Versión para la lectura actual, Santiago / Temuco, Ediciones Universidad Católica de Temuco / Centro de Investigaciones Diego Barros Arana, 2018.

33Citamos de la edición original del Arte…, normalizando la ortografía. Esta colección de ejemplos fue objeto de una publicación anterior: Gertrudis Payàs, “Al mapudungun por el catalán: la obra del jesuita expulso Andrés Febres (Manresa 1734-Cagliari 1790) en Chile”, en Francisco Lafarga y Luis Pegenaute, Lengua, cultura y política en la historia de la traducción en Hispanoamérica, Vigo, Academia del Hispanismo, 2012, pp. 173-180.

34Febrés, Arte…, op. cit., p. 459.

35Op. cit., p. 452.

36Op. cit., p. 491.

37Op. cit., p. 531.

38Op. cit., p. 579.

39Op. cit., p. 589.

40Op. cit., pp. 488 y 565 [575].

41Op. cit., p. 513.

42Op. cit., p. 457.

43Op. cit., p. 435.

44Op. cit., p. 559.

45Febrés, Arte…, op. cit., pp. 599-600.

46Op. cit., p. 602.

47Ibid.

48Op. cit., p. 607.

49Op. cit., p. 566 [576].

50Op. cit., p. 490.

51Solo tres parlamentos coinciden en fecha con la estadía de Andrés Febrés: Concepción (1759), Santiago (1760) y Nacimiento (1764), pero por la distancia de los lugares de misión parece poco probable que hubiera podido asistir a alguno de ellos.

52Francisco Khuen también participó como mediador en los parlamentos de Tapihue (1738 y 1746).

53Las referencias pueden leerse en las actas respectivas: Payàs, Los parlamentos…, op. cit., pp. 257-265, 281-285 y 293-305.

54Tampe, op. cit., p. 40.

55Su fama de negociador parece haber trascendido al menos entre los individuos de la Compañía. Andrés Febrés lo alaba en su “Diálogo entre dos caciques”, dando, incluso, el nombre por el que se le conocía entre los mapuche –Columilla–: Febrés, Arte…, op. cit., p. 121. También le atribuye hazañas Mariano José Campos Menchaca, Nahuelbuta, Buenos Aires / Santiago, Editorial Francisco de Aguirre, 1972, p. 436.

56Según Eduardo Tampe, en 1751, cuando todavía Andrés Febrés no llegaba a Chile, Diego de Amaya estaba enfermo, inválido y próximo a morir, si bien no da la fecha de su deceso: Tampe, op. cit., p. 40.

57Es preciso considerar que todas estas obras gramaticales preparadas para la evangelización eran, en mayor o menor medida, obras colectivas. La forma en que se redactaban y cotejaban los materiales lingüísticos que podían facilitar la evangelización fue explicada ya hacia fines del siglo XVI en la Nueva España por el franciscano Jerónimo de Mendieta: Jerónimo de Mendieta, Historia eclesiástica indiana. Estudio preliminar y edición de Francisco Solano y Pérez-Lila, Madrid, Biblioteca de Autores Españoles, 1973 [1870], vol. I, pp. 133-134.

58Febrés, Arte…, op. cit., p. 543.

59Op. cit., pp. 556-557.

60Febrés, Arte…, op. cit., p. 475.

61Op. cit., p. 476.

62Op. cit., p. 481.

63Op. cit., p. 522.

64Medina, op. cit., p. 98; Rondón, op. cit., p. 84.

65La ubicación actual de esta misión no se conoce. Según una fuente posterior (Roberto Lagos o.f.m., Historia de las misiones del colegio de Chillán, Barcelona, Herederos de J. Gili, 1908, p. 179), la primera misión jesuita “tuvo su asiento en el Castillo de las Cruces [castillo de Luis de Alba de las Cruces], a unas nueve leguas al N.E. de Valdivia”, pero hacia 1752 se trasladó al valle de San José de la Mariquina, “a seis leguas al N.E. del mencionado castillo”. Ahí debía estar Andrés Febrés cuando la expulsión. No queda resto de la construcción, que debía ser una sencilla edificación de madera.

66Se embarcan con ellos Ignacio Fritz, alemán, de la misión de Bajo Imperial, y José Murcia, sevillano, de la misión de Valdivia: Josef Harter, “Los jesuitas en Chiloé y Valdivia, 1610-1767”, en Revista San Javier, n.7, Santiago, 1934, p. 27.

67“Estado de la provincia de la Compañía de Jesús en el Reino de Chile, desde el mes de marzo de 1757 hasta esta fecha del presente año de 1762”, en ANH, FJ, vol. 96, pza. 1. Se toma de una reproducción hecha en 1867 con motivo del segundo centenario de la expulsión, en Horacio Aránguiz, “Estado de la Provincia de la Compañía de Jesús en el Reino de Chile, desde el mes de marzo de 1757, hasta esta fecha del presente año de 1762”, en Historia, n.º 6, Santiago, 1967, pp. 317-336.

68Hanisch, Itinerario y pensamiento…, op. cit., pp. 82-83.

69La información sobre cobro de pensiones se encuentra en el Archivo General de Simancas (en adelante AGS), Dirección General del Tesoro, Inventario 27, Temporalidades de Jesuitas, Cuentas de la Depositaria General, legajos 1, 3 y 4 (agradecemos a Inmaculada Fernández Arrillaga habernos orientado al respecto). El hecho de que Andrés Febrés aparezca en los listados de Ravenna no implica necesariamente que haya residido allí. En 1774 parece haber estado en Faenza, pero no tenemos hasta la fecha manera de saberlo. En el vol. 1 de su Seconda Memoria Cattolica Febrés hace alusión a informaciones que le llegaron de Chile cuando era capellán en la iglesia de Santa Margherita. Si bien no indica en qué localidad estaba Santa Margherita, nuestras pesquisas apuntan a una iglesia jesuita de esta advocación que existió hasta épocas modernas en Faenza: Febrés, Seconda Memoria…, op. cit., vol. 1, pp. 98-99.

70Se trata del Ensayo histórico-apologético de la literatura española contra las opiniones preocupadas de algunos escritores moderos italianos., Madrid, en la imprenta de don Pedro Marín, 1789. Javier Lampillas confiesa lo mucho que lo alentó la obra anónima que lo defendía de un artículo que apareció en Giornale Fiorentino Istorico-politico e letterario per l'anno 1778, Firenze, 1778, luglio, p. 273-275: Lampillas, op. cit., vol. III, pp. 3-4. La defensa de Andrés Febrés se titula Analisi del giudizio dal giornalista fiorentino fatto del Saggio Storio-Apologetico della Letteratura Spagnuola del Sig. Abbate D. Saverio Lampillas, Diretta allo stesso giornalista, Cosmopoli, A Spese di Francesco Poggiali, Con Lic. de Sup. Siena, per il Pazzini, 1778. Aunque la autoría de Andrés Febrés no aparezca declarada en la portada, la hallamos como firma en la última página (p. 48): “Io sono ec. D. Andrea Febrés”. Existe una segunda versión de esta edición, que da como pie de imprenta el verdadero lugar: In Siena, per Vincenzo Pazzini Carli e figli, a spese di Francesco Poggiali, 1778. Por lo visto, Andrés Febrés escribía no solo correctamente el italiano, pues según la Gazzetta Universale, “L’Analisi è scritta con molta eleganza”, en Gazzetta Universale, o sienonotizieistoriche, politicheetc per l'anno 1779, Firenze, 1779, p. 24).

71Febrés, Analisi del giudizio…, op. cit., p. 29

72Hanisch, Itinerario y pensamiento…, op. cit., p. 252.

73La historia de esta falsa atribución –al parecer el autor fue otro jesuita, el P. Carlos Borgo– tiene tintes novelescos: con el pretexto de buscar unas alhajas robadas, se allana la casa de cierta dama romana, donde se halla un baúl, oculto ahí por su dueño, al parecer un exjesuita, con ejemplares de esta obra y otros libelos políticos contra la expulsión. La búsqueda de sospechosos se orienta hacia Andrés Febrés, a quien se declara huido: “Excmo sr. Muy señor mío. Contestando a la carta de V. E. del 7 del corriente, que habla de los ejemplares del libelo intitulado Memoria Cattolica, que participé a V.E. haberse hallado por casualidad en casa de una mujer donde los tenía ocultos un exjesuita, que hizo fuga, debo decir a V.E. que casualmente estos días he sabido que dicho exjesuita es español llamado Don Andrés Febrés, pero que por cuantas diligencias haya practicado, no he podido descubrir hacia qué parte se haya encaminado, si en adelante llego a saberlo con certeza, no dejaré de avisarlo a V.E., a cuya disposición me repito entretanto […]. Albano, 23 de agosto de 1781”, en “Carta del Duque de Grimaldi al Conde de Floridablanca”, en AGS, Estado 5050. Véase, para el caso, Fernández,, op. cit., pp. 29-36.

74Se trataría del cardenal Giovanni Battista Rezzonico. Mencionan el caso Medina, op. cit., p. 101 y Hanisch, Itinerario y pensamiento…, op. cit., p. 252.

75Seconda Memoria Cattolica, contenente il trionfo della Fede e Chiesa, de Monarchi e Monachie, e della Compagnia di Gesú e sue Apologie, con lo sterminio de'lornemici: da presentarsi a Sua Santitá et ai Principi Cristiani. Opera divisa in tretomi e parti, e postuma in una rechiesta giá e gradita da Clemente XIII. Tomo e Parte I. Sulla causa e ristabilimento de la Compagnia di Gesú, smascheramento de suoinemici. Nella nuova Stamperia Camerale di Buonaria, 1783. Añade un prefacio histórico sobre el caso de la Primera Memoria Cattolica, que sirve de introducción a esta. Consta de tres volúmenes: I, 1783, 208 pp.; II, 1783-1784, 284 pp.; III, 1784, 163 pp. Llama la atención que en el volumen I, sección 179 (pp. 98-99) haga referencia a unas paces “ignominiosas” concertadas por el Gobernador en presencia del obispo Pedro Ángel Espiñeira (podría tratarse de las paces selladas en los parlamentos hispano-mapuches de Negrete, en 1771, o Tapihue, en 1774), de las que se entera por un jesuita que, según dice, estaba en Valdivia. Ello confirma que Andrés Febrés se mantuvo informado de la situación chilena en el exilio.

76El dato nos viene dado por Giuseppe Cossu, Descrizione geografica della Sardegna, Genova, Ilisso, 2000 [edición moderna de la impresión de 1799], pp. 366-367. José Toribio Medina no parece haber consultado esta fuente, porque, aunque menciona el nombre de Bonifacio Dolmi (Medina, op. cit., p. 105) y reproduce las fuentes que atribuyen fuera de duda la Seconda Memoria… a Andrés Febrés, no sospecha nada y toma el seudónimo como nombre de autor real, al igual que Sommervogel, op. cit., quien tiene en artículos distintos a Andrés Febrés y Dolmi (Véanse ejemplos manuscritos que llevan la firma de este seudónimo en figura 1 y figura 4).

77Biblioteca e Archivio comunale di Bassano, Epistolario Remondini, XVI, 35, 4601. Véase Mario Infelise y Paola Marini, Remondini, un editore del Settecento, Milano, Electa, 1990, p. 33.

78Mi e venuto in mente un pensiere, che mi costringe a scrivere a VS questalettera…” (véase figura 1).

79Andrés Febrés emplea un dicho popular sardo en la Seconda Memoria…, op. cit, volume I, p. 166: “Su ch'hat fághersi, pro nárrerlu in Sardu, s'annu ch'a plúer hat fava cun lardu”. Traducción: “Lo que se hará, para decirlo en sardo, cuando llueva habas con tocino.” Es decir, nunca. Además, da muestra de conocer al obispo de Cagliari, Vittorio Filippo Melano di Portula, op. cit,volume II, p. 132.

80¿Cómo llega a Cagliari? Cabe conjeturar que algún correligionario sardo lo haya ayudado, quizá alguno de los dos con los que hizo su viaje inicial a Chile. Según Walter Hanisch, Miguel Ángel Cubeddu (Cubedo), uno de los dos que viajaron con él a Chile, murió en Turín en 1786: Hanisch, Itinerario y pensamiento…, op. cit., p. 273. ¿Podría haberlo acogido en Turín, lugar de remite de la carta a Remondini, y haberlo encaminado a Cerdeña? Por otra parte, Cerdeña había dejado de ser parte de la corona de Aragón, pues en 1720 había pasado a manos de la casa de Saboya. El castellano todavía era lengua administrativa y de cultura, pero ya en retroceso; el catalán seguía presente, y el italiano pugnaba por imponerse al sardo, lengua que tenía, además, variantes todas ellas activas. El panorama sociolingüístico de la isla podía tentar a un estudioso como Andrés Febrés: así como fomentó el mapudungun en Chile, podría fomentar el sardo en Cerdeña. Sobre repercusiones, ecos e innovaciones conceptuales que la experiencia lingüística misionera produce en determinadas áreas de Europa, véase Wulf Oesterreicher, “Las otras Indias, estrategias de cristianización en América y en Europa, la lingüística misionera y el estatus del latín”, en José Luis Girón Alconchel, Silvia Iglesias Recuero, Francisco Javier Herrero Ruiz de Loizaga y Antonio Narbona (coords.) Estudios ofrecidos al profesor José Jesús de Bustos Tovar, Madrid, Editorial Complutense, 2003, vol. 1, pp. 421-438 y “Plurilingüismo en el reino de Nápoles (siglos XVI y XVII)”, en Lexis, vol. XXVIII, n.° 1-2, Lima, 2004, pp. 217-257. En particular, sobre la situación lingüística en Cerdeña, véase Maria Eugenia Cadeddu, “Scritture di una società plurilingue: note sugliatti parlamentari sardi di epoca moderna”, in Thomas Krefeld, Wulf Oesterreicher, Verena Schwägerl-Melchior, Reperti di plurilinguismo nell’Italia spagnola (sec. xvi-xvii), Berlin / Boston, De Gruyter, 2013, pp. 19-24.

81Damnatio, et prohibitio libri cui titulus Seconda memoria cattolica contenente il trionfo della fede, etc, Romae, ex typographia reverendae Camerae Apostolicae, 1788; Real Provisión de los Señores del Consejo en que se prohibe la introducción y curso en estos reynos del libro intitulado Segunda Memoria Católica, y se manda recoger á mano real los exemplares impresos o manuscritos que de él se hayan introducido y esparcido en este Reyno, Sevilla, Imprenta Mayor de la Ciudad, 1789. De las persecuciones sobre estas publicaciones da cuenta Manuel Luengo, Diario de la expulsión de los jesuitas, Archivo Histórico de Loyola, vol. 19, pp. 337-351; vol. 22, pp. 211 y 624-634. Walter Hanisch lo retoma y resume (Itinerario y pensamiento…, op. cit., pp. 251-254). Véase también en Fernández, op. cit. una contextualización amplia de estas polémicas. El control de las publicaciones de los jesuitas en el exilio fue asunto político de importancia. Véase al respecto Niccolò Guasti, L’ esilio italiano dei gesuiti spagnoli. Identità, controllo sociale e pratiche culturali (1767-1798), Roma, Ed. di Storia e Letteratura, 2006.

82Anónimo, Vida, martiriu, e morte de Sant’Effisiu, protettore de Calaris, cun sas glorias postumas, Calaris [Cagliari], In sa Imprenta Reale, 1787, pp. 7-15. La atribución de esta obra a D’Olmi –como nombre auténtico– proviene originalmente de Giovanni Spano, Ortografia sarda nazionale, Cagliari, Reale Stamperia, 1840.

83Esta fecha no concuerda con la que dan fuentes de la Compañía (21 de mayo). Giovanni Siotto Pintor, juez de la Real Audiencia de Cáller y diputado del reino, es autor de una Storia Letteraria di Sardegna, Cagliari, Tipografia Timon, 1844, 4 vols. Reproduce en ella algunos datos sobre Andrés Febrés, que, aunque no son tampoco de primera mano, pues los recoge de la gramática sarda, perdida, de 1790, que el notable callarés Agustin Hortal de la Bronda compuso de memoria según lo que había ya escrito Andrés Febrés, nos parecen plausibles. En particular recoge la afirmación de que la obra sobre Sant’Effisiu (que considera perdida) haya sido de Bonifacio D’Olmi y que este era el seudónimo de Andrés Febrés. Asimismo, y recogiendo lo dicho por Agusín Hortal en su gramática, dice Giovanni Siotto que podría haber sido el autor de un poema titulado “Il Messico Conquistato”, que contenía un ensayo sobre la ortografía sarda adoptada en el poema, y que no llegó a publicar por falta de tipos de imprenta de vocales acentuadas. Transcribimos un extracto sobre su estadía y muerte en Cagliari, en traducción nuestra: “[…] vivió en Cerdeña hace unos años el P. Andrea [sic] Febrés, catalán, nacido en Manresa, que de jovencito fue enviado a la América meridional y allá se hizo maestro de la lengua chilena, de la que hizo una gramática que se imprimió en Lima en 1764. Luego vivió en Cagliari con el nombre falso de Bonifacio d’Olmo [sic], y aprendió la lengua. Recogió cuantos libros impresos pudo para aprender el dialecto caglaritano y logodorés, y decidió luego escribir la gramática sardo-italiana con el método de Corticelli. Empezó a explicar la ortografía, y se enredó tanto que la cambió tres veces. Lo demás no le costó mucho pues decía que encontraba nuestro dialecto más conforme que ningún otro al latino, del que se deriva. Pero mientras esperaba que le mandaran del continente las letras acentuadas (cosa esencialísima en el sardo por la diferencia de significados) le atacó una lenta parálisis, que lo hizo acogerse en la casa religiosa de San Michele, donde terminó su vida el 1 de abril de 1790. Con su muerte perdió Cerdeña a un hombre de mérito eminente”: Siotto, Storia Letteraria…, op. cit., vol. 3, p. 518.

84Lorenzo Hervás y Panduro, Biblioteca Jesuítica Española, Cuenca, Diputación Provincial, Ed. de A. Astorgano, 2006, p. 207; Hanisch, Itinerario y pensamiento…, op. cit., p. 252; Eduardo Tampe, S.J., En la huella de San Ignacio. Semblanzas de Jesuitas en Chile 1593-1985, Santiago, Eds. Revista Mensaje, 2010, 2 vols., vol. 1, p. 223.

85Véase Antonello Mattone, Piero Sanna, Settecento Sardo e cultura europea, Milano, Franco Angeli Storia, 2007, pp. 78-79.

86Archivio di Stato di Cagliari, Segreteria di Stato, serie 1, vol. 305, carta 54, despacho del 31 de marzo de 1786. La existencia del documento ha sido señalada por Stefano Pira, de la Universidad de Cagliari.

87Hervás y Panduro, op. cit., p. 208.

88Febrés, Seconda Memoria Cattolica…, op. cit., vol. I, p. 100.

Recibido: Marzo de 2019; Aprobado: Octubre de 2019

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