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Historia (Santiago)

On-line version ISSN 0717-7194

Historia (Santiago) vol.53 no.1 Santiago June 2020

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-71942020000100183 

Artículos

Griegos, latinos y germanos en algunos escritos racistas y eugénicos chilenos de la primera mitad del siglo xx

Marcelo Sánchez* 

Enrique Riobó** 

*Doctor en Estudios Latinoamericanos, Universidad de Chile. Profesor asistente del Departamento de Ciencias Históricas y del Centro de Estudios Culturales Latinoamericanos (Cecla), Universidad de Chile. Correo electrónico: historia.mjsd@gmail.com

**Doctor(c) en Estudios Latinoamericanos, Universidad de Chile. Correo electrónico: enrique.riobo@gmail.com, becario doctorado nacional ANID.

Resumen

En torno a un corpus escogido de obras que es posible inscribir en el ámbito del racismo y la eugenesia de la primera mitad del siglo XX chileno, el trabajo aborda el tipo de relación que en ellos se establece con pueblos y civilizaciones de la antigüedad occidental. A través de las modalidades de continuidad, paralelismo y constitución de canon se analiza en detalle la manera en que autores como Nicolás Palacios, Luis Bisquertt, Sara Rosas y Hans Betzhold, entre otros, elaboraron una relación entre sus preocupaciones raciales y la antigüedad.

Palabras claves: Chile; siglo XX; raza; racismo; Antigüedad clásica; eugenesia

Abstract

Regarding a corpus of chosen works published in Chile that belongs to the racist and eugenic in literature from the first half of the twentieth century, this article elaborates on the types of relationships these works established between Chileans and the people and civilizations of Western antiquity. Through the modalities of continuity, parallelism and canonical constitution, the article analyzes in detail the way in which authors such as Nicolás Palacios, Luis Bisquertt, Sara Rojas and Hans Betzhold among others elaborated a link between their racial concerns and antiquity.

Keywords: Chile; twentieth century; race; racism; Antiquity; eugenics

Introducción: El imposible clasicismo latinoamericano

Con los primeros europeos que pusieron pie en las tierras del llamado Nuevo Mundo comenzó a cimentarse la contradictoria relación de estos parajes con la antigüedad clásica, la que conformaba el eje de la educación y cultura europea de la época. En efecto, los modelos y referencias grecolatinas fueron fundamentales para explicar y dar sentido a las nuevas realidades que implicaba la experiencia americana, en un proceso de recepción de lo clásico en tierras americanas que dio lugar a nuevas amazonas, nuevos bárbaros y nuevas contiendas épicas1.

Al mismo tiempo, los pensadores griegos y romanos fueron fundamentales para dilucidar querellas propias del colonialismo ibérico, como la humanidad de los naturales americanos o la legitimidad de la esclavitud, siendo Aristóteles y su justificación de la desigualdad natural de amos y esclavos parte esencial de tales discusiones2. Asimismo, las recomendaciones de Platón o Marco Terencio Varrón3 sobre la necesidad de que los esclavos de un mismo dueño hablen distintos idiomas para dificultar su comunicación fue puesta en acción en el contexto colonial americano, y se encuentra en la base de la formación de idiomas créole.

Junto a lo anterior, la cultura clásica tuvo en la América colonial relevancia intelectual y cultural, toda vez que el mundo universitario colonial se entroncaba inevitablemente con el estudio en y del latín. En cualquier caso, según Hernán Taboada4, es con el proceso de la independencia americana cuando los clásicos dejan de estar enclaustrados en espacios reducidos y muestran una potencia política que, en la época, se enlazaba tanto con el proceso de Independencia de Estados Unidos5, la Revolución francesa6 y la lucha por la independencia de Grecia frente a los otomanos7.

Superado el yugo colonial, la pretensión era establecer una relación directa y sin mediación entre América y la cultura de la antigüedad clásica8. Conocimiento directo y goce de una tradición en la que además se percibía una clara utilidad práctica “debido a que la república, la caída de las tiranías y la virtud antigua tenían una función ejemplar y los ideólogos de la Independencia creían que las instituciones de la Antigüedad se podían revivir en tierra americana”9. Sin embargo, en general, esa pretensión no fue lograda, pues la mediación metropolitana -especialmente francesa durante el siglo XIX- y diversas problemáticas de índole material, estuvieron presentes de manera constante10.

En paralelo, desde la segunda mitad del siglo XVIII y principios del XIX se estaba viviendo en Europa, y en especial en Alemania11, una vuelta al estudio y valoración de la cultura e idioma griegos, cuestión en las que destacan las reflexiones de Johann Winckelmann sobre el arte helénico12, que serán fundamentales para movimientos literarios y culturales como el Clasicismo de Weimar y el Romanticismo, que tendrán un intenso diálogo con los nacionalismos metropolitanos y latinoamericanos.

En el contexto continental, desde la segunda mitad del siglo XIX el Clasicismo ilustrado estaba comenzando a perder fuerza frente a nuevas perspectivas como el Positivismo, el Nacionalismo, el Cientificismo o el Vitalismo. Y, si bien esto implicó una disminución de la relevancia de los estudios clásicos -por ejemplo, en la cantidad de horas dedicada al estudio del latín13- se puede ver que las referencias a la Antigüedad europea siguieron siendo abundantes e, incluso, fundamentales en la discusión pública y especializada. Estas se han estudiado principalmente a propósito de las diversas reacciones que desde las humanidades aparecieron para resistir al Positivismo, de las cuales el arielismo sería una de las más notables14. Pero no se ha puesto suficiente énfasis en las antigüedades presentes en discursos científicos, médicos y eugénicos.

Es importante relevar estas otras miradas porque ello permite avanzar hacia concebir la Antigüedad como un campo de batalla, donde griegos, romanos y bárbaros -en este caso- están prefigurados por los discursos desde donde se enuncian. En efecto, mientras los autores aquí revisados destacan elementos como la virilidad, la rudeza, el atletismo o la perfección de los cuerpos, desde la intelectualidad humanista se ponía en valor la elegancia, la espiritualidad, la poesía o la pureza del saber antiguo; todo en una clave que muchas veces criticaba fuertemente la ligazón entre ciencia y política, que en el caso del proyecto eugénico es central.

Así, en este artículo se pretende relevar algunos de los modos en que referencias a griegos, romanos y germanos ayudaron a sustentar y configurar perspectivas racistas y eugénicas en las primeras décadas del siglo XX en Chile. Se espera aportar en dos ámbitos paralelos, pero interconectados: conocer mejor el discurso eugénico y cartografiar las ideas de la Antigüedad.

Para realizar esto, se parte de los supuestos de la recepción de lo clásico15, por lo que se busca asignar sentido a dichas referencias a través de su contextualización, pero especialmente de la dilucidación de su función en cada texto.

Esto implicó tres pasos principales. En primera instancia, se requirió la identificación de referencias específicas a la Antigüedad europea en el corpus seleccionado16. Luego, se procedió a considerar su función específica dentro de cada texto, cuestión relacionada con el despliegue de discursos más amplios, así como agendas concretas en que estos textos se enmarcaban. Finalmente, se procedió a clasificar estos discursos utilizando como criterio principal la relación que se establece entre dicha Antigüedad y la Contemporaneidad. A esto se le denominó “función”, y se distinguieron tres principales: paralelismo, constitución de canon y continuidad.

El paralelismo tiene relación con una argumentación histórica que busca, por medio de la referencia a la Antigüedad, sustentar la utilidad o necesidad para el presente de determinadas prácticas. En buena medida, es posible pensar esta perspectiva desde las reflexiones del historicismo alemán que ponían la necesidad de autoconocimiento como un eje justificativo del estudio del pasado. A su vez, implica la aceptación de procesos históricos distintos entre la Antigüedad y el presente.

Constitución de canon se refiere al uso de determinadas medidas o figuras corporales, usualmente de las estatuas antiguas, para elevarlas a modelos de belleza, salud, perfección, masculinidad o normalidad corporal. En un ámbito global, Ana Carden Coyne ha mostrado cómo el recuerdo y la presencia de los cuerpos clásicos a principios del siglo XX estuvo relacionada con el desastre humanitario de la Primera Guerra Mundial, proyectando la necesidad de regeneración y reconstrucción17. En alguna medida, esta es una formulación particular de la lógica de paralelismo, pero se distingue en este trabajo por su relación específica con la dimensión estética y artística proyectada hacia los cuerpos.

La continuidad se vincula a la búsqueda por encadenar la Antigüedad con el presente, planteando de modo explícito ligazones genéticas y culturales con tal pasado. Esta perspectiva estará especialmente presente en Raza chilena de Nicolás Palacios, en particular en la vinculación entre bárbaros germanos y godos españoles, pero también en la adscripción a la tesis de la lucha universal de las razas.

Por cierto, existen otras fórmulas mediante la cuales se establece una cierta continuidad entre Antigüedad y Contemporaneidad, pero en general, operan en un contexto distinto al de los discursos acá destacados, mucho más asociadas a perspectivas tanto humanistas como occidentalizantes. Esto se ha revisado con más detalle en otros estudios18 y, por lo mismo, en este caso se prefiere destacar una dimensión novedosa para la lectura de Raza chilena.

Paralelismo

Una primera forma de relacionarse con la antigüedad griega, germana y latina en el campo del racismo y la eugenesia en Chile es la del paralelismo. Esta estrategia usa esencialmente una referencia al pasado para justificar un pensamiento, acción, práctica o política a implementar en el tiempo presente. Este paralelismo puede actuar tanto como un relato en el que lo antiguo es modelo para seguir o, bien, como en un relato trágico y pesimista en que lo antiguo es ejemplo de un acontecer fatídico, cuya repetición en el presente presagia el mismo fin: la catástrofe de la civilización.

Al momento de su deceso en 1935, el médico y antropólogo eugenista Otto Aichel formaba parte de los tribunales de esterilización eugénica impuestos por el estado nacionalsocialista desde 1934 y era la figura central de la investigación antropológica en la Universidad de Kiel. Nació en Chile, en la ciudad de Concepción, en 1871, y tras formarse como médico en Alemania fue el profesor titular de la cátedra de Ginecología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile por una década, y el primer médico en instalar una clínica ginecológica privada en el país19.

Aunque se fue del país en 1911, siguió muy activo al interior de una red transnacional organizada en torno a intereses antropológicos, circunstancia que lo trajo de nuevo a Chile en 1927. En esa ocasión dio una solemne conferencia en la Universidad Católica de Chile en la que usó claramente del paralelismo para informar que los mismos fenómenos que habían llevado a la desaparición de la antigua Grecia y de la Roma imperial, eran aquellos que desfiguraban en pleno siglo XX una selección natural activa y sin frenos morales que había reinado en el mundo primitivo y en los pueblos dominantes creadores de cultura. Pensaba que en ese mundo primitivo ninguna alteración morfológica o psíquica resultaba tolerable y que las personas que presentaban esas condiciones eran asesinadas o canibalizadas20. Al tolerar en la comunidad humana a todo tipo de defectuosos, a todos los “individuos inútiles para la sociedad”, presentó lo que pensaba era un hecho científico comprobado y que llamó “contraselección”: una “selección en reversa” que ya no eliminaba defectuosos, sino que aislaba de forma progresiva a los valiosos y sanos21. Esa característica social ya había destruido a la Grecia Antigua y al Imperio romano. Ahora, pensaba, la sociedad podía elegir el camino de la autodestrucción, paralelo al de estas civilizaciones, o podía actuar; más bien, en su perspectiva, debía hacerlo con urgencia. Para rectificar el camino de decadencia biológica existía una alternativa, la eugenesia, y específicamente aquella más radical y esterilizadora de las que se habían practicado a la fecha, como era la que campeaba en Estados Unidos y que proveía métodos modernos para “eliminar la propagación de elementos que se han juzgado dañinos”22.

El desastre ya sufrido por Grecia y Roma, cuyos signos resultaban evidentes en la situación de la primera mitad del siglo XX para los eugenistas, instalaba un relato de urgencia, casi de desesperación, frente al que había que actuar con audacia, incluso, sin esperar nuevas y mejores bases científicas, como opinaba el futuro abogado Manuel Martín Álamos en su memoria de prueba escrita en 1935: “no podemos quedarnos esperando a que los hombres dedicados los estudios hereditarios nos den la pauta precisa de los fenómenos degenerativos. La necesidad de la depuración en la especie humana se nos presenta con caracteres imperativos; no admite dilaciones”23. Acción urgente que además tenía un paralelo y un modelo en “la vigorosa patria de Leónidas”, Esparta, cuyos métodos, opinaba Manuel Álamos, si bien eran “los más crueles que es dable imaginar” culminaron en un “pueblo cuyas virtudes ha pasado a la posteridad como un símbolo de perfección”24. Los modernos legisladores eugenistas eran de alguna manera nuevos Licurgos. Atenas, por su parte habría aplicado las mismas prácticas eugénicas, “pero sí más humanizadas”25, según Manuel Álamos.

También en 1935, Juan Andueza Larrazábal, un destacado profesor de Medicina Legal de la ciudad de Valparaíso, presentaba en los Anales de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad de Chile un trabajo que analizaba las leyes de esterilización, con especial atención a la ley alemana de 1933. En su introducción al tema resulta claro que las acciones eugenésicas tienen un paralelo y preclaro antecedente en la tradición clásica:

“Nadie ignora los medios sumarios y expeditos que, siguiendo las indicaciones de Licurgo, empleaba Esparta para eliminar los recién nacidos débiles o defectuosos, incapaces de llenar los fines bélicos que eran entonces preocupación preferente del Estado. Y así como Roma procuraba impedir las uniones de sus hijos con peregrinos y extranjeros, hoy día veintiocho Estados de la Unión Norteamericana vedan el matrimonio entre individuos de razas heterogéneas, velando por la preservación de tipos raciales amenazados por la inundación creciente de la estirpe de color”26.

Aquí, Grecia y Roma fluyen dentro de una misma tradición de preceptiva eugénica. Por otra parte, destaca la idea que desde lo acontecido en la Antigüedad clásica puede darse un paso de legítima continuidad con las leyes de Estados Unidos a inicios del siglo XX. Aparece así con claridad una estrategia de rutina en algunos escritos eugénicos: conectar el presente con la tradición clásica eludiendo dos mil años de Cristianismo; estrategia que puede interpretarse tanto como una propuesta implícita de superar el “humanitarismo mal entendido” de los sentimientos morales cristianos como por una profunda desconfianza hacia el elemento judío que late en el Cristianismo. Según el historiador italiano Antonello La Vergata, al ver el aspecto religioso de la misma eugenesia puede constatarse que su prédica fue en un inicio casi siempre acompañada de un ataque al Cristianismo, religión que habría olvidado la “lección de la Grecia clásica”, civilización cuya moral habría originado “una magnífica estirpe de animales humanos”27.

Como expresa otro interlocutor eugénico de la década de 1930, el médico Eduardo Brücher, quien fue el principal impulsor de una ley para la esterilización de alienados en 1939, “en la especie cúspide, la humana, por conceptos individualistas y falsamente humanitarios, se permiten cruzamientos ciegos, con producción de toda clase de degenerados y anormales, sin adoptar los adecuados medios de defensa social”28. En el mismo autor se encuentra la clásica cita que remite al legado grecolatino, mencionando a Licurgo, que “aconsejaba a las mujeres conseguir hombres fuertes para tener hijos de ellos antes que de sus maridos, cuando éstos fuesen raquíticos, imbéciles o degenerados”; y a Plutarco, señalando que los hombres facilitaban sus mujeres a los vencedores de las olimpiadas para tener una progenie sana29.

Aunque no faltaron voces surgidas desde el pensamiento católico que denunciaron estas citas obligadas a Esparta como un “espíritu cavernario”30, la referencia a Grecia y Roma será persistente en el tiempo como estrategia para dar densidad a los argumentos eugénicos. Por esa senda caminaron los textos ya tardíos -en relación con el auge de la década de 1930- de Amanda Grossi, Eugenesia y su legislación, de 1941, y de Hans Betzhold Hess, Eugenesia, de 1942. Para Amanda Grossi los “antiguos iranios” y los “viejos arios”, los hebreos, Homero, Esquilo, Sófocles, Eurípides, Aristóteles y Platón habrían manejado la idea de eugenesia31; y, en especial, Esparta sería “la raza que logró pasar a la posteridad el ideal de perfección y belleza” y un “modelo de organización racial”32. Hans Betzhold, por su parte, volverá también sobre Licurgo y su legislación “que se caracteriza por su gran caudal de disposiciones en favor de la conservación de la raza”33 y hará una mención más precisa a La República de Platón como fuente de una tradición eugénica. En la línea de nuestra argumentación, Hans Betzhold precisaba:

“[…] me creo haber visto obligado a ocuparme con algún detalle de la legislación de Licurgo por el enorme valor que como antecedente histórico tiene para las legislaciones de los actuales Gobiernos que recién ahora comienzan a preocuparse de la necesidad de subordinar los intereses y egoísmos individuales, al bienestar de la colectividad; en otras palabras, que comienzan a interesarse de hecho por una Eugenesia”.

Nuevamente, “así como” antes lo habían hecho Licurgo, Platón, Esparta, Atenas y Roma, hoy se recorría el mismo camino que llevaba a “interesarse de hecho por una Eugenesia”34.

Por último, a modo de mención panorámica en el contexto latinoamericano, resulta significativa para la argumentación de este trabajo la experiencia histórica argentina en torno a la eugenesia, ya que en ese país, de forma trascendente, pero no exclusiva, se desarrolló con fuerza al interior de lo que Gustavo Vallejo ha llamado “el eje Roma-Buenos Aires”; es decir, al interior de un movimiento político e ideológico dentro del que Buenos Aires sería parte de una difusión universal de la latinidad y de su nuevo soporte político, el fascismo35. En el aspecto científico, la propuesta esencial para esa relación entre Roma y Buenos Aires fue la biotipología del endocrinólogo Nicola Pende, cuyos ideales de perfección corporal eran los de la Grecia clásica y Durero36.

Dada la atribución de sello de origen dado a la tradición grecolatina en el marco del pensamiento occidental y occidentalizante no resulta del todo claro que tras el derrumbe de la eugenesia, al final de la Segunda Guerra Mundial, se cierre el ciclo en que Grecia y Roma fueron puestos al servicio de causas de sesgo racista y eugénico. Un ejemplo de continuidad se puede encontrar en la obra de aspiración teórica del dictador chileno Augusto Pinochet Ugarte, Geopolítica, de 1968, en que la historia de Grecia y la obra de sus pensadores es constantemente aludida. Sobre estos últimos dirá: “los pensadores griegos meditan sobre las relaciones entre la población y la superficie de un país, sobre las ventajas de la situación geográfica de los pueblos y sobre los inconvenientes de las conquistas” y que “se iniciaron en el tema de la posible repercusión de las circunstancias del medio ambiente geográfico en la tipología social y humana de los Estados”37; es decir, que habrían sido los precursores de la geopolítica. Sobre el ejemplo histórico griego, Augusto Pinochet aporta una disquisición antropológica y racista:

“[…] las áreas geográficas ocupadas por un determinado grupo racial dan productos diferentes; así la región de Grecia tuvo resultados diferentes en el grupo racial dolicocéfalo rubio que cuando fue ocupada por los braquicéfalos celto-eslavos. Mientras los dolicocéfalos rubios producían filósofos, pensadores, artistas, etc., cuando la misma zona fue ocupada por los braquicéfalos celto eslavos no hubo tal auge intelectual”38.

Así como Grecia decayó con cierto tipo de población, Augusto Pinochet temía la influencia eslavo-marxista en Chile y el posible abandono de la tradición cristiano-occidental por parte de la nación39.

Constitución de canon

De acuerdo con la ortodoncista Sara Rosas, que tras su graduación en 1910 fue becaria de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile para estudiar radiografía dental en Europa y Estados Unidos, y luego fue la primera mujer jefa del Laboratorio de Bacteriología y Rayos X de la escuela odontológica, al principio del proceso de formación de cada una de nuestras cabezas se desarrolló una “lucha por la existencia entre el cráneo y los huesos de la cara, mandíbulas y dientes”40. El combustible de sendos combatientes es el alimento, y el que reciba más de entre mandíbulas y cerebro será victorioso. Por cierto, el resultado da cuenta del grado evolutivo en cada caso, y este sería medible a través del ángulo facial -ecuación ideada por Petrus Camper- y que establece “la relación entre el desarrollo de la cara y el cráneo anterior”41, según la odontóloga chilena.

A partir de lo anterior, Sara Rosas buscaba articular la filogenia42 y la ontogenia43, que en alguna medida corresponden al estudio del grado de desarrollo general de la especie humana y al del estadio evolutivo expresado por cada individuo particular perteneciente a ella. Al hablar del ángulo facial esto era una necesidad, pues dentro de cada gran raza mostraba grandes variaciones al ser medido44; así como también porque -según Paul Broca- iría decreciendo a medida en que el sujeto fuese llegando a un estado definitivo45.

En ese sentido, el resultado de la lucha por la existencia entre cerebro y mandíbula no solo estaría determinado por la herencia biológica del sujeto, sino que, también, por el modo individual en que este crece y se alimenta; es decir, por la cercanía o lejanía que se encuentra de la civilización, que equivaldría además al nivel de dolicocefalia de cada individuo46.

Bajo estas premisas, el hecho que la cadena evolutiva presentada al principio de su texto tenga al Apolo de Belvedere como “el resultado final hasta el momento de la perfección humana a través de muchas razas, y demás circunstancias favorables”, implica su canonización como el ideal; como la máxima expresión del hombre en su evolución. Por supuesto, en el otro extremo de esta gama se encuentran los “monos antropoides y negros”47.

De este modo, la mayor lejanía que el ángulo facial de cada individuo tenga del consignado en el Apolo de Belvedere es indicativa de mayores deformidades, las cuales, a su vez, se asocian a enfermedades y degeneraciones dentales que deben ser abordadas a través de la ortodoncia48.

En este caso, aparte de encontrarse con una versión particular de la lucha por la existencia y de la dicotomía mente/cuerpo, resulta interesante mostrar que la consideración del ideal como la morfología normal implica una patologización de todo lo que no corresponda. Con ello se termina mezclando la distinción entre naturaleza y cultura, toda vez que la Antigüedad canonizada sería expresión tanto de la perfección evolutiva como de la verdadera naturaleza del ser humano:

“Es el fin de la Ortodoncia estudiar las anomalías de la oclusión dentaria para restablecerla, y como nada hay bello en la naturaleza sino la naturaleza misma, la oclusión normal, por la natural de la especie en todo su esplendor fisiológico, es la más bella y por lo tanto, la Ortodoncia antes que todo científica y servidora del hombre, considerado como enfermo es, sin embargo, aunque no tácitamente, tributaria de la estética: faceta halagadora de la humana vanidad que busca al ortodoncista más como restaurador de bellezas malogradas que como modificador científico de funciones fisiológicas perturbadas”49.

De esta forma, según Sara Rosas, el papel que representa la ortodoncia en la recuperación de la verdadera humanidad es fundamental. En ella se funde la ciencia con el arte y por ella se puede hacer retroceder la degeneración, haciendo avanzar el proyecto de restauración de la perfección primigenia, representada por la máxima expresión física del ideal apolíneo.

En lo anterior hay tres elementos fundamentales de este gesto para comprender la lógica de Antigüedad como canon. En una primera instancia, se encuentra la melancolía del pasado clásico, un lamento por haber perdido el momento de perfecta armonía entre cultura y naturaleza50 -pico civilizatorio correspondiente con la verdadera naturaleza humana- que supone el momento en que se erige una estatua como el Apolo de Belvedere. En ese sentido, existe una concepción decadente de la modernidad, aunque esta tiene todavía posible solución.

Un segundo elemento tiene que ver con la capacidad que tiene la ortodoncia -en este caso- y la ciencia médica -en general- de revertir ese proceso de decadencia. En ese marco, la eugenesia resulta fundamental para lograr recuperar lo perdido por el devenir histórico. En ese sentido, es posible encontrar una clara mitificación de un pasado al que se aspira a volver por medio de la ciencia y la acción política que la ocupa como base.

Un tercer elemento tiene que ver con aquello que marca la superioridad del pasado, pero que también permite medir la cercanía a tal cénit: la belleza, y específicamente la belleza clásica. Es más, esta se ve asociada a un estado de normalidad o de naturaleza en su máxima expresión. Asimismo, cuando se asume que la belleza o fealdad externa es también indicativa de grados de degeneración mental, niveles patológicos y aún criminalidad, parece también expresarse una versión eugénica de la triada platónica de lo bello, lo bueno y lo verdadero. Por cierto, esta lógica ayuda a sustentar la idea de la eugenesia como un proyecto totalizante.

Otro ámbito en el que se da una dinámica argumentativa similar es el de la educación física, en especial dentro de la producción temprana de Luis Bisquertt51, a quien por su amor al mundo clásico se le llega a denominar incluso “Humanista de América”52. Asimismo, resultará muy interesante el mostrar cómo, a medida que avanza el siglo XX y, especialmente, en el contexto de la Segunda Guerra Mundial (IIGM), sus propuestas van ajustándose a las nuevas realidades, lo cual implicará también nuevas interpretaciones del mundo clásico.

Pues bien, en su texto Aspectos de la educación física, de 1930, afirma de modo explícito la relación entre belleza, normalidad y salud, poniendo a la estatuaria griega como el canon de tal ecuación:

“Es que el concepto de belleza plástica está ligado íntimamente al de salud, al de valor funcional orgánico. La perfección de la forma anatómica, interna o externa, macroscópica o microscópica, corresponde, en cada ser, a la perfección y normalidad de la función fisiológica. Y la forma anatómica correcta o normal, siempre ha sido considerada como bella, en el sentido de provocar emoción estética, en el sentido de atraer, de agradar interiormente. Las obras cumbre de la estatuaria griega ¿Qué son, sino formas anatómicas perfectas?”53.

En el mismo texto, se afirma la condición de “pura sangre humano” para tales esculturas, en la medida que estas representan los cuerpos con mayores aptitudes en la lucha por la vida. Incluso, se las menciona como el canon de la raza54. A este modelo se le opone el del sedentario u hombre medio, cuyo cuerpo ha ido degenerando de acuerdo con las características que la vida urbana moderna impone55.

Lo anterior tiene un triple corolario. Primero, el recuerdo melancólico del pasado, que en cierta medida se extiende también “al primitivo de vida libre en la naturaleza”56, categoría que puede incluir al pueblo mapuche57. Sobre esta memoria se erige un canon que sirvió como vara para organizar los cuerpos contemporáneos.

Una segunda consecuencia de esta idea tiene que ver con el valor del arte y la estética para la educación física58; cuestión crucial, en la medida que arte y estética expresan los modelos ideales de cuerpo que distintas sociedades han tenido a lo largo de tiempo. El problema es que dichos modelos no son siempre los normales y pueden “ensalzar en sus obras la decadencia de la forma sedentaria y nos exhiben el cuello de cisne, los hombros caídos, el abdomen abultado y la atrofia muscular”59; cuestión que Luis Bisquertt asocia con que el artista va copiando de forma natural la realidad que vive, y en la medida que esta va descuidando la belleza y la normalidad, ello se plasma en su obra, así como también en la opinión general de la población sobre el tema.

Lo tercero tiene que ver con la relación que se establece entre salud, belleza plástica y normalidad, así como con el valor que tiene la educación física para llevar a concreción histórica dicha triada60. En efecto, la equiparación de lo normal con lo ideal, estéticamente hablando, resulta en una patologización de los cuerpos urbanos modernos que solo puede revertirse con la educación física eugénica.

Ahora bien, esta situación de decadencia no es azarosa, sino, más bien, responde a un devenir histórico constatable, razón por la cual para Luis Bisquertt es una necesidad conocer y valorar la historia de la educación física. En ese marco, el autor asocia dicha disciplina con la naturaleza humana misma, toda vez que, por ejemplo, los cazadores primitivos ya realizaban ejercicios físicos para acondicionar su cuerpo a tales labores61. Lo mismo ocurriría con “numerosos pueblos antiguos y durante los 50 siglos que duró el viejo Egipto”62.

Sin embargo, para Bisquertt no habría ninguna duda que fueron los griegos quienes llevaron esta disciplina a su máxima expresión antigua e, incluso, universal. En efecto, los helenos habrían hecho de ella una institución nacional que ejerció como base de la educación, logrando armonía plena entre cuerpo y espíritu, asociada a la idolatría que habrían propugnado hacia la perfección y la belleza63. Esto, a su vez, los habría llevado a intuir el valor eugénico de la educación física, expresado en el embellecimiento de los cuerpos:

“Pero no tardó el griego -y esto lo destaca con un sello de originalidad entre los demás pueblos antiguos- con su profundo sentido de belleza plástica, en darse cuenta de que el cuerpo, al hacerse fuerte y diestro por medio del ejercicio, se hacía también hermoso. Con su admirable intuición estética, no tardó en percibir la belleza del movimiento y de la actitud durante el ejercicio, la belleza de su técnica, la belleza apasionante de los concursos. Y ahí están ahora como pruebas imperecederas, los prodigios de su estatuaria inspirada en su cultura física y la hermosura y esplendor de sus diversos juegos públicos, los olímpicos entre ellos, de que nos hablan en sus escritos sus historiadores y poetas y que se reflejan en los descubrimientos de los arqueólogos modernos”64.

En ese sentido, se afirma la existencia de una íntima relación entre educación física y ciudadanía. Esto se expresa, por un lado, en que insignes pensadores y artistas -se menciona a Platón, Pitágoras y Eurípides- fueron también destacados atletas65; afirmación que reafirma la armonía entre cuerpo y espíritu66. Una segunda dimensión de este vínculo se asocia al valor militar de la gimnasia, pues “el cuerpo del joven era considerado como la mejor arma del Estado-ciudad antiguo y esta arma debía ser tan fuerte, manejable y eficaz como fuese posible”67.

En torno a esta última idea, es interesante mencionar que Luis Bisquertt hace una diferenciación entre los jónicos y los dóricos68, pues mientras en los segundos (espartanos) la gimnasia era obligatoria, disciplinante, impartida de modo centralizado y militarizado por el Estado, en los primeros (atenienses), la educación física era más libre y no exclusivamente estatal, prevaleciendo en ella “el amor por la cultura y la belleza”69, cuestión que se corrobora con citas a la Oración Fúnebre de Pericles70.

En todo caso, este cénit de la educación física universal fue momentáneo -pensaba Luis Bisquertt-, pues pronto comenzó a decaer por tres razones. Primero, por vicios internos como el “profesionalismo y los excesos deportivos”71, los que se sustentan nombrando a Aristóteles y Filostrato, y se habrían expresado especialmente en el pugilato y el pancracio llevados a tal extremo que deformarían los rostros de los competidores al punto de dejarlos irreconocibles72.

Un segundo elemento se relaciona con la conquista romana de Grecia, pues los latinos habrían sido un pueblo muy pragmático, sin el sentido de la belleza griega73. Aparte de eso, habría llevado el deporte espectáculo al paroxismo con los combates de gladiadores en el circo74.

Un tercer elemento que explica la decadencia del deporte fue ideológico-religioso, y tiene que ver con la aparición del Estoicismo, el Epicureísmo y, fundamentalmente, el Cristianismo. Los primeros dos movimientos son acusados de castigar el cuerpo para salvar el alma, así como de menospreciar la higiene y la educación física75. El caso del Cristianismo es más problemático, pues, aunque también tiene que ver con la ruptura de la armonía cuerpo-espíritu, en tanto sobrepone de modo radical el segundo al primero, es mucho más radical que las primeras escuelas filosóficas. En ese sentido, el aprecio a lo divino en desmedro de lo terrenal llevará a un descuido total del cuerpo, pero también a la abolición de los juegos olímpicos y a la ruina de la cultura física antigua, incluso de modo material:

“Para los helenos paganos, la exhibición en la lucha deportiva de los bellos cuerpos desnudos de la juventud, dorados por el sol de Grecia, constituían un homenaje digno de los dioses. Pero los griegos convertidos no podían ya ofrecerles tal homenaje.

No satisfecho con la supresión de los juegos olímpicos, el emperador Teodosio II ordenó en 425 la destrucción de las construcciones y los templos de Olimpia, que ya habían sido saqueados por las hordas de Alarico, poco después de la supresión”76.

Lo anterior habría llevado, según Luis Bisquertt, hacia un contexto medieval despreocupado de la educación física y del mundo terreno, obsesionado con el intelectualismo más vetusto77, hasta que en el Renacimiento vuelve a relevarse la belleza clásica, de modo paulatino. En efecto, recién hacia los siglos XVIII y XIX se habría expandido de nuevo este ideal de belleza, aunque en ese minuto chocaba con una realidad de pobreza y falta de higiene, así como con la naturaleza sedentaria de la modernidad, que terminaría degenerando física y mentalmente a los pueblos actuales78. En esa línea, resulta muy interesante la relación que establece entre belleza e inteligencia, la cual parece reafirmar que la ruptura de la armonía previa generó efectos nefastos para la sociedad contemporánea79.

Sin embargo, con todo lo decadente del mundo contemporáneo, allí también se incubaría la posibilidad de recuperar esa armonía perdida, e, incluso, superarla, a través de la educación física. Esto, pues en la modernidad existen condiciones únicas, como el conocimiento científico, la existencia de establecimientos estatales para preparar técnicos y la ampliación de la educación que permite socializar el valor de la gimnasia, revirtiendo los nefastos efectos de la degeneración80.

En ese sentido se encuentra una de las críticas centrales al modelo antiguo que deben resarcirse en la modernidad: su elitismo. En efecto, a pesar de seguir representando el clímax universal de la educación física, los helenos solo extendieron sus beneficios a los reducidos grupos aristocráticos, excluyendo a esclavos y a mujeres. En ese sentido, para Luis Bisquertt la misión contemporánea de la educación física sería una suerte de universalización de los cuerpos capturados por la estatuaria griega, toda vez que su belleza encapsula también un ideal de armonía cuerpo-espíritu, de regeneración y de salud.

Este último parece ser el objetivo de la educación física social, doctrina de la cual Luis Bisquertt fue su principal precursor, y que implicó la crítica acérrima al deporte espectáculo contemporáneo81, tanto como la lucha por establecer una ley de educación física82, la valoración de los profesores de educación física para el desarrollo de políticas públicas como “Defensa de la raza y aprovechamiento de las horas libres”83 o el uso del Estadio Nacional, el cual debió haber sido la punta de una pirámide cuya base fuera la expansión de la educación física a todo nivel y, por ende, debió haber tenido como alma al Instituto de Educación Física, en su visión ideal84.

En la búsqueda por promover tales fines, era fundamental el conocimiento de experiencias europeas en las que, a su juicio, se habría dado con mayor fortaleza esta promoción. En ese marco, la educación física sueca resultaba esencial, especialmente las ideas de Pehr Henrik Ling –definidas como renacentistas, por revivir el ideal formativo griego en la educación física85–, creador de la doctrina eugénica y regeneradora, cuya instalación en Chile se promovió por Joaquín Cabezas a principios del siglo XX, en desmedro de las perspectivas militaristas alemanas86.

Es interesante resaltar la visita de Luis Bisquertt a Europa durante la segunda mitad de la década de 1930, cuando recorre la Alemania nacionalsocialista, pues en ese momento aparece como el lugar donde se aplican las ideas que considera óptimas para conseguir el ideal de la educación física social87.

En estos informes se reconoce en la Alemania nacionalsocialista “una Grecia espartana que renace, amplificada, intensificada, agigantada”88, a través de prácticas como la aquí descrita:

“Un grupo corre veloz como una ráfaga, arremolineando un turbión de hojas secas, que luego vuelven blandamente al suelo. Bruscamente se echan por tierra, se agazapan, se esconden tras los troncos y reptan culebreando entre las hierbas. A una señal, se acercan en rápida carrera, salvando ágilmente los obstáculos y se alistan entre nosotros en matemática fila, mostrando el espectáculo de una sana y esplendorosa juventud. El comandante von Daniels ordena posición firme y nos invita a pasar en revista los torsos desnudos besados por el sol. Laten los corazones de rica sangre apresurados. Se inflan y desinflan los tórax en rítmico vaivén. Arrojan el aliento condensado en nubecillas leves. Musculosos, rígidos, bien formados, el perfil enérgico, la vista fija al frente y sin pestañar, como estatuas, nos parecen esos jóvenes la imagen misma de Alemania: evocan las sombras de Bismarck, de Jahn, de Nietzche [sic], alentando en el espíritu de la generación de hoy”89.

Aparte de elogiar el terreno de ejercicios -oponiéndolos con los “peladeros” de Chile90–, así como también la fuerte disciplina y autorregulación que se propicia con estas prácticas deportivas, valoraba la animación y entusiasmo con que los jóvenes exclaman los “Heil Hitler” y afirmaba la íntima relación entre el régimen político y la política de educación física descrita, que buscaría que cada joven fuese un “puntal del régimen nacional-socialista”91, para crear en la raza “una base de roca inamovible, al Estado nacional-socialista”92. También, en el plano biológico, entendía que la búsqueda nazi era la de forjar la superioridad de sus élites, cuestión que se juzga como la actitud verdaderamente civilizada, cuestionando el hecho que solo se apliquen en Alemania93.

Ahora bien, estos espartanos modernos lo habrían sido por “sus vigorosas características étnicas”94, más allá de la acción del Reich. Pone como ejemplo de ello las, a su juicio, espectaculares Olimpíadas de Berlín95. Cabe recordar que en estas se inauguró la tradición de llevar la antorcha olímpica desde Olimpia hasta la sede de los Juegos Olímpicos, la que continúa hasta hoy.

Hacia el final de este texto, existe una nota crítica al sentido supremacista de estas prácticas, en que afirma que todo este gran esfuerzo, por tender hacia la guerra, llevará a la “ruina moral y física de esa misma juventud”96.

Con el paso de los años y el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial, su crítica se intensifica. Se afirma como una debacle la muerte de los seleccionados para el ejército, que deja la reproducción a los menos aptos97; se plantea que Benito Mussolini vuelve al primitivismo afirmando que la guerra sería “el deporte magnífico”98; se critica el disciplinamiento alemán, comparando el saludo al Führer en la inauguración de las ya mencionadas olimpiadas con “una emoción y un fervor que juzgamos semejantes a los que pudieron sentir las multitudes egipcias ante el Buey Apis, encarnación del dios Ptah”99; se comparan los discursos de los dictadores contemporáneos con el del espartano Aristágoras, para afirmar la repetición histórica del absurdo de la guerra100; y comprende la devastación como la destrucción de lo construido hasta ese minuto:

“Bien sé que del alegre cuadro de la educación física escolar de la Europa en la pre-guerra, sólo queda el recuerdo. A esos risueños tropeles de sanos y hermosos escolares han sucedido multitudes de niños famélicos, deprimidos, con sus resistencias disminuidas o anuladas, en lucha desigual con la tuberculosis, golpeados moralmente en hogares deshechos y cuyos padres, si no han sido muertos, comen el pan amargo de la esclavitud.

Tal parece ser el fatal destino humano en cuanto al mejoramiento de la raza; destruir lo hecho y volver a empezar de nuevo, una y otra vez, como en una inmensa e inacabable tarea de Penélope”101.

A estas alturas ya parecía evidente que la búsqueda nacionalsocialista por retornar a una Grecia mítica había tenido el peor de los resultados, lo cual repercutió también en la producción de Luis Bisquertt, que se hizo más moderada en las cuestiones sobre nacionalismo, modificando algunas de las valoraciones desplegadas en años anteriores.

En definitiva, aunque con interesantes matices, el caso de Luis Bisquertt muestra una forma muy clara en que el mundo clásico representó el papel de un canon que, al mismo tiempo, implicaba una melancolía del pasado y una esperanza en el futuro, junto con asignarle a la belleza un valor médico, espiritual y aun intelectual que hacía necesario aspirar a extender tal condición a la sociedad en su conjunto. En otras palabras, es una versión particular del proyecto eugénico que toma como una base central un imaginario particular del mundo clásico.

Continuidad

Nicolás Palacios (1854-1911) nació en Santa Cruz, un localidad campesina del centro del país; estudió medicina y participó como cirujano en la Guerra del Pacífico (1879-1884). Tras participar de la vida política en la capital volvió al norte del país a trabajar como médico en los asentamientos salitreros. Realizó un breve viaje europeo en 1900 al regreso del cual volvió a las salitreras, publicó su obra Raza chilena en Valparaíso en 1904 y terminó sus días retirado en la ciudad de Santiago. Raza chilena es un clásico del ensayo nacional y ha sido reivindicado tanto por los nacionalsocialistas locales, el ejército chileno y una amplia gama del pensamiento conservador102. Su contenido más característico es la defensa de la figura del “roto chileno”103 como representante de una raza histórica y estable nacida en suelo americano, la raza chilena, formada a partir de dos razas patriarcales: la goda-española (germánica) y la araucana. Esto último se ha leído como parte de un relato de integración nacional104.

Sin embargo, no se ha destacado con énfasis la inscripción de esta obra en lo que se ha llamado la teoría de la lucha universal de las razas. Tanto al calor de las ideas de Joseph Arthur de Gobineau y Georges Vacher de Lapouge como de la contienda francoprusiana de 1871, se difundió por Europa la idea de una confrontación universal entre las razas105, con particular atención entre una polaridad de oposición eterna entre razas latinas y razas germánicas. Esta perspectiva, no completamente desconocida para los estudios anteriores106, es la que se destaca ahora con mayor intención interpretativa.

Para Nicolás Palacios, la raza chilena era caracterizable como “araucano-gótica”107, ya que los conquistadores de los territorios de Chile, si bien vinieron de España, tenían su origen en “la costa del mar Báltico, especialmente el sur de Suecia, la Gotia actual. Eran los descendientes directos de aquellos bárbaros rubios, guerreros y conquistadores”108, refiriéndose a los pueblos que invadieron el Imperio romano de Occidente, haciéndolo caer el 476 d.C. De este modo, la destrucción del bastión antiguo de la latinidad (Roma) por los pueblos germánicos (godos) se proyectaba como una manifestación de la oposición racial universal y eterna. Otro punto de importancia en el argumento de Nicolás Palacios era la continuidad racial de godos y araucanos, cuyas características tendrían fuertes elementos de coincidencia, en los que radicaría la posibilidad de un mestizaje fecundo.

En general, una de las formas para argumentar ese parecido será comparar descripciones de pueblos germánicos hechas por historiadores romanos -en especial Tácito-con las que cronistas o poetas españoles realizaron de los araucanos.

Así, luego de enfatizar que Herbert Spencer o Smith Hancock -sabios extranjeros- ya habían apreciado la similitud patriarcal entre araucanos y germanos109, Nicolás Palacios recuerda las comparaciones de Pedro de Valdivia entre indígenas y tudescos, así como de los “cronistas de aquellos tiempos” con “los antiguos romanos o los bárbaros que derribaron el imperio”110. En esa línea, pero a propósito de la caracterización de la mujer de la raza patriarcal -”sumisas y fieles, sin el menor asomo de celo sexual”111–, recuerda que “un extenso concubinato fue la regla durante toda la edad media en los países conquistados por los bárbaros”112, de lo cual Chile sería una continuidad, pues “nació nuestra raza como deben haber nacido todos los grupos humanos llamados razas históricas: de la conjunción del elemento masculino del vencedor con el femenino del vencido”113.

Lo anterior no implicaría un libertinaje sexual, sino todo lo contrario. En efecto, aunque existió una “intemperancia genésica” por parte de los conquistadores -heredada de los godos medievales-, esta no implicaba lascivia por su parte, pues la poligamia estaba dada exclusivamente por el deseo legítimo de tener muchos descendientes en un contexto de guerra continua. La dinámica específica de este fenómeno tendría relación -según Nicolás Palacios- con el estadio civilizatorio de los involucrados114.

En cualquier caso, y a partir de la caracterización racial de las mujeres patriarcales, Nicolás Palacios presenta su desazón con las escenas de La Araucana que son protagonizadas por Guacolda y Fresia -esposas de Lautaro y Caupolicán, - pues afirma que sus acciones en el poema son opuestas a la psicología de la mujer araucana, por lo que las tilda de “sugeridas al poeta por la lectura de los romances italianos”115, entroncando el episodio con la tesis de la lucha universal de razas que, en este caso, impide valorar adecuadamente el carácter araucano.

Otro ámbito donde se plantea una continuidad entre razas germana y chilena tiene que ver con la negativa a usar joyas por parte de los hombres. Luego de afirmar tal cualidad a través de una cita de Tácito, se distingue a los araucanos de los demás indígenas continentales, que sí se adornaban los cuerpos116. Ahora bien, aunque no usaban joyas, según el autor: “Los Germanos como los Araucanos cuidaban con esmero de sus armas y las adornaban de varios modos. Los Araucanos se adornaban la cabeza con plumas rojas y se ponían su ropa más nueva y limpia para ir de campaña. Era la única ocasión en que se preocupaban de su persona”117. Además, afirma que esa característica pudo verse en la acción chilena durante la Guerra del Pacífico, lo que atribuye a “lo que se llama herencia sicológica”118. Hasta esa contienda bélica de fines del siglo XIX alcanzaba la continuidad germano-araucana.

La misma dinámica argumental puede verse en relación con el uso de ropas finas por parte de rotos y godos. En efecto, partiendo de la constatación de que en las crónicas coloniales se hacía referencia a la falta de ropa y desparpajo de los chilenos, luego se contrastan tales afirmaciones con las de Tácito: “los Godos no se preciaban lujosos en el vestir, cualidad que era de la raza”119. Más todavía, el gusto por “los perfumes, las joyas y los trajes elegantes” se preciaba como afeminado, y su uso iba en desmedro de la verdadera autoridad entre los godos120. Esto último -pensaba Nicolás Palacios- contrastaba con la valoración latina de las ropas y la exasperación que presentaban los godos en puestos relevantes de la administración imperial romana, que se negaban a usar togas o vestimenta elegante121. Una argumentación similar puede encontrarse a propósito de la llamada ternura patriótica -llanto varonil que se genera por un amor exacerbado a la nación122-, aunque su referente ya no es Tácito, sino El Cid, que representaría a los godos de España.

En cualquier caso, es importante tomar en cuenta que para Nicolás Palacios no todos los españoles eran godos, pues estos convivían con los íberos123, raza opuesta a la primera por ser más mediterránea y latinizada, cuestión que se manifiesta, incluso, en un desagrado olfativo mutuo124, pero también en el ámbito de la belleza física. En efecto, dado que “nuestra estética al respecto es europea, derivada de la griega clásica”125, tanto los varones godos como las mujeres araucanas se alejan de la norma de belleza. De todas formas, esta característica asienta el atributo patriarcal de las razas que componen al mestizo chileno, pues solo cuando las razas están sometidas al régimen matriarcal la búsqueda por la belleza física sería significativa126. En ese sentido, la fealdad del chileno se convierte en una característica varonil127. Nuevamente, aquí se argumenta a partir de la continuidad con los pueblos germanos del pasado.

Así, propone que todos los verdaderos chilenos, desde el más gótico al más araucano, comparten una misma “fisonomía moral”, a cuya constitución nunca habría concurrido la influencia mediterránea. Esta conformación racial estaría amenazada, según el médico chileno, por la incapacidad de desarrollar políticas estatales que potencien las condiciones naturales del pueblo; cuestión dada, entre otras cosas, por la odiosidad hacia el pueblo mapuche, víctima de una pacificación propiciada por Benjamín Vicuña Mackenna y una campaña antiaraucana de la revista Anales de la Universidad de Chile, lo que daría cuenta del más profundo problema del afrancesamiento de las élites chilenas, a las que compara con la poetisa griega Safo para reforzar su condición afeminada.

Esta situación lo lleva a reconocer dos formas principales de “bastardear y aun de destruir una raza”128: el alcoholismo129 y las migraciones mal avenidas entre la pretendida esencia moral y física de la raza receptora y los elementos migrantes. También considera trágica la mezcla de razas enfrentadas en bandos contrarios en la lucha universal; posición que defiende con argumentos que funcionan dentro una elegante fisiología cerebro espinal, ya que advierte que la mezcla y mestizaje de dos razas humanas contrarias trae consigo:

“[…] el desequilibrio de las relaciones nerviosas periféricas con los centros receptores y moderadores cerebrales. Los reflejos se hacen de preferencias espinales, sin que la corriente nerviosa centrípeta alcance a los órganos encefálicos que las convierten en ideas, permitiendo solo la reflexión que el entendimiento juzga necesaria. Carecen esos mestizos de lo que se llama control cerebral”130.

Junto a esta fina argumentación sobre la causa del carácter defectuoso de estas mezclas raciales, para Nicolás Palacios resultaba vano pretender que entre los latinos de su presente llegara a surgir un genio de los que figuraban en la historia pasada131. Los latinos habrían degenerado irremediablemente. Incluso, la misma gesta de Cristóbal Colón al descubrir América le parece explicable porque el genovés se encontró en su camino con una reina goda, que tenía el espíritu aventurero de su raza132. Entre otras desarmonías potenciales para tener en cuenta en relación con la raza chilena, advierte un conflicto grave entre el ser íntimo del chileno y una educación latinizante que juzga del todo inadecuada, en la medida que la raza latina está atrasada y aun sería primitiva frente al avance de las razas germánicas133.

Además, dado que la psicología latina “se muestra incapaz de penetrar en el alma del Godo”134, los primeros se han dedicado a denigrar a los germanos “imputándole toda clase de vicios y crímenes”135. En ese sentido, entiende que la distancia entre los atributos de “nuestra línea ancestral europea”136 y las prácticas de la élite sáfica chilena no son solo consecuencia de su mala voluntad, sino de una incomprensión profunda que busca iluminar.

En esa línea, se refiere a la grave acusación difamatoria de “literatos e historiadores latinos y chilenos”137, quienes definen al pueblo como ignorantes138. Aquí nuevamente se hace evidente la distancia establecida entre las características de la raza chilena y las acciones tomadas por la élite nacional latinizada, pues estas últimas promueven las letras y las abstracciones, cuestión que se enfrenta a la lógica más activa y vigorosa del pueblo germano y, por ende, chileno. Esto perpetuaría el retraso latino, obstaculizando la proyección histórica de los germanos en suelo chileno.

Esta inculcación de una educación y criterio opuesto a la naturaleza racial chilena se ejemplifica a partir de la destrucción de Grecia por parte de los pueblos bárbaros, pues mientras para la enseñanza nacional -en especial la del Instituto Nacional- este episodio evidencia el odio al arte, a la divinidad, a la sabiduría y a las letras “de estos ignorantes contumaces”139, la realidad sería bastante contraria a esta interpretación:

“La cólera terrible que armaba su brazo destructor, el desprecio, o más bien el asco que sentían por los letrados, sacerdotes y dioses del mediodía, tenían una sola, justa y santa causa: era el horror invencible, inmenso, a la corrupción sin freno ni límites que invadía hasta la médula a todo el mundo meridional entregado a su espada vengadora.

Antes de su invasión al imperio romano, los Godos habían vivido largo tiempo en el sur de Rusia […]. Allí supieron por los comerciantes, por los viajeros, etc., la gangrena que corroía a sus vecinos del sur, por lo que siempre tomaron medidas para que la juventud goda no intimara con sus habitantes. Cuando formaron sus ejércitos y decidieron la invasión, venían penetrados de su papel de vengadores de la moral y del Todopoderoso, vilmente ultrajados por esa raza inferior de hombres afeminados y corrompidos”140.

En la misma línea, la destrucción se justifica también por la acción de sacerdotisas dedicadas a introducir costumbres impúdicas que corrompían a los jóvenes godos “de formas apolíneas, de cutis albísima, surcada de venas azules como sus iris, de cabeza semejante a un cesto desbordante de anillos de oro, que se ruborizaban como una virgen”141. Incluso, se afirma que la degeneración imposibilitaba el reconocimiento de la belleza de las obras antiguas142.

En todo caso, Nicolás Palacios es explícito en que las glorias de la Grecia clásica habían terminado hace varios siglos, y que a la llegada de los godos “los pedagogos griegos, antes de enseñar gramática y retórica a sus discípulos, empezaban por iniciarlos en los ejercicios de que habla Petronio en su Satiricón”143. Con esta última referencia, parece hacerse una crítica a la homosexualidad y al libertinaje que en dicho texto se relata, achacándole a tales episodios una degeneración moral que solo los germanos lograrían purificar. En este punto aparece Tácito, para quien estos pueblos serían de una “honestidad inmaculada” y “no acierta a explicarse cómo unos bárbaros rudos, feroces y ebrios consuetudinarios poseyeran hábitos de tan perfecta pureza”144.

Para volver al punto inicial de este argumento, afirmando que la corrupción racial que encontraron los germanos en las comarcas meridionales se veía acompañada por el cultivo de las letras y la cultura -pero de modo solo retórico, como una “lengua sin brazos”145-, por lo cual los vicios y las prácticas cultas de los latinos quedaron confundidos en el espíritu germano, cuyo “exceso de energía moral”146 imposibilitaba la aceptación de la inacción de estos letrados latinos. En ese sentido, se conservaron nobles y virtuosos, pero iletrados, hasta que se dieron cuenta del error, el que buscaron remediar a través de una estirpe hidalga que incluye a Miguel de Cervantes y a Alonso de Ercilla.

Lo anterior parecería prefigurar el conflicto que se daría en Chile, donde el antagonismo entre letrados y guerreros -inactivos y activos, más precisamente- sería también una disputa étnica entre latinos y germanos; pero que hoy, ya asentada la raza chilena, se reformularía a partir del retrógrado criterio de la clase gobernante147. En esa línea, Nicolás Palacios busca evidenciar el falseamiento de la historia que se realiza por parte de las élites sáficas locales, que usan la educación como artilugio para asentar el latinismo que frena la expresión verdadera de la chilenidad. Así, refiriéndose a la evaluación histórica de la destrucción de Grecia por parte de pueblos germanos, se asevera lo siguiente:

“Si a uno le dijeran estas cosas en el Instituto, tendría que juzgar de otra manera a los bárbaros y le ahorrarían el que, para conocer la verdad, tenga uno que empezar de nuevo, después de viejo, a estudiar historia; pero nuestros libros son latinos y no pueden dar importancia a lo que se les antoja detalles nimios, y así resulta latina la interpretación de los acontecimientos y su juicio sobre los hombres”148.

Por otro lado, aunque todavía en la búsqueda por demostrar las fórmulas retóricas a través de las cuales los latinos han difamado a los germanos, su argumentación histórica buscará establecer el valor de los germanos y godos -muchas veces disueltos en los pueblos por ellos conquistados-, proyectándolo a la defensa de la chilenidad contemporánea.

De este modo, destaca a diversos personajes de la España de la Antigüedad tardía y medieval que serían de “aquella virtuosa y audaz familia germánica”149: Hermanrico, Jordanes, Wulfila, Isidoro de Sevilla, Alfonso X, Teodorico el Grande y Teya, quienes serán políticos, escritores, sabios, estadistas, fonéticos y guerreros que incluso superaron en valor y prodigios a los héroes homéricos150. Algo similar ocurre en el caso de Francia e Italia, donde las raíces germanas serían fundamentales, pero que habrían sido enterradas por la difamación histórica de estos pueblos, especialmente a partir del recuerdo exclusivo de las guerras que asolaron el Imperio romano.

Ahora, si bien reconoce la falta de escrúpulos de los godos en el contexto de batalla, lo justifica a partir de dos elementos. Primero, porque el amor al combate es un rasgo histórico de la raza, la que por lo mismo desprecia otros oficios como el comercio, las letras o los trabajos manuales151; así, “su lema fue siempre vencer o morid’152. Un segundo justificativo tiene relación con el estado de barbarie que tendrían los germanos de la Antigüedad tardía y el Medioevo, lo cual se pormenoriza especificando la situación de diversos pueblos:

“Los Escandinavos, que son en realidad, según creo, los más próximos parientes de nuestros antepasados europeos y que forman a la fecha una de las naciones más cultas y bondadosas de Europa, sin desmedro de su energía moral, tuvieron sacrificios humanos hasta el siglo XII de nuestra era.

Las piraterías y depredaciones de los Normandos se han hecho lejendarias.

Los Vándalos han enriquecido el vocabulario de las lenguas europeas con el adjetivo que recuerda sus costumbres”153.

Aparte de ser vinculados con los escandinavos, afirma que la situación histórica de los godos implicó una continuidad del estado de semibarbarie, toda vez que por la necesidad de batallar contra los árabes en la Península Ibérica “no les fue dado dejar de la mano la espada sino por cortos intervalos”154. Incluso, una vez vencidos los moros, transcurrió poco tiempo para que comenzara la invasión a América, proceso resistido exclusivamente por los aborígenes de Chili-mapu155.

Es que, al igual que los germanos, para los araucanos la guerra “era un negocio muy grave, que meditaban seriamente”, teniendo “cierto carácter sagrado”156. Es más, afirma que de acuerdo con la creencia indígena, “Los que morían en el campo de batalla tenían asegurado un puesto en la mansión celeste, campo permanente de grandes y divinas batallas como el empíreo escandinavo, que había sido por tanto el cielo de la religión de los Godos en su etapa de barbarie, cuando tenía a Odín como suprema divinidad”157.

En otro pasaje de su libro, Nicolás Palacios buscará contestar una argucia de los Anales de la Universidad de Chile, los que, trabajando como cuervos, habrían buscado todos aquellos episodios de las crónicas coloniales en que se critica a los araucanos. Para hacer frente a tal ataque, buscará relevar algunas virtudes de los indígenas, constatadas por los mismos cronistas. En ese proceso, se establecen varias comparaciones entre los bárbaros germánicos y los araucanos, a propósito del amor a la libertad, la altivez, el coraje y las virtudes guerreras158.

En definitiva, ve la catástrofe de la decadencia de la singular raza chilena como consecuencia directa de una élite santiaguina que se ha latinizado y juzga la vida social de acuerdo con “la raza matriarcal que les sirve de modelo”159. De ello los Anales de la Universidad de Chile serían firme evidencia.

Sin embargo, desde la ciudad, otra lacra que consume las fuerzas de la raza germánica en el mundo, denuncia que son los redactores latinos de los diarios los que promocionan funestas ideas como “el socialismo, el feminismo y el anarquismo”160. Tanto en el registro histórico como en su tiempo presente, afirmaba ver el mismo y desgraciado conflicto entre la raza goda-germánica y las razas latinas o latinizadas; así, todo evento o iniciativa política mundial podía ser comprendida en la dimensión de la lucha universal de las razas. Los llamados a la paz solo serían una argucia latina161 y la idea de que la humanidad es una sola raza con pequeñas variaciones de forma, piensa que es “un absurdo que se propala en público”162; una idea que combate con singular fuerza presentando a las japonesas como prostitutas, a los haitianos como simios y caníbales, los judíos como parásitos que es necesario expulsar de la civilización occidental, a los chinos como meros animales de labranza163 y a los latinos como parte de una “plebe revoltosa”164, aficionada al anarquismo y las mafias165. Finalmente, la migración latina vertida sobre América es para Nicolás Palacios nada más que un “ejército de los inadaptados”166, a través del cual los países mediterráneos “se procuran una derivación higiénico-social, un catártico, una limpia de su sangre”167.

En última instancia, su llamado es a salvar lo que entiende por raza chilena, la cual, enmarcada en la lucha universal de razas, entierra sus raíces en la antigüedad del viejo mundo para proyectar desde ahí una defensa nacional que, no por ser descabellada, ha tenido menor impacto en nuestro devenir histórico168.

Reflexiones finales

Un primer elemento es la constatación de la relevancia de la Antigüedad europea en el imaginario eugénico de principios del siglo XX, cuestión que adquiere diversas dimensiones dependiendo del caso y momento. En ese sentido, se puede afirmar la existencia de una efectiva prefiguración, en tanto las antigüedades aquí presentadas se encuentran en coherencia con las posiciones disciplinares y tendencias ideológico-políticas de quienes las arguyen. Asimismo, las referencias a la Antigüedad cumplirán diversos papeles dentro de estos discursos, algunos de los cuales han sido clasificados en este artículo a través de los conceptos de paralelismo, constitución de canon y continuidad.

Ahora bien, lo anterior parece manifestar, a su vez, una problemática mayor, asociada al avance de la modernidad, con todas las complejidades y contradicciones que ello implica. Así, la desazón y sensación de vacío que dejó en diversas franjas sociales el resquebrajamiento de una serie de estructuras tradicionales -o, al menos, el intento por erosionarlas- parece haber encontrado un contrapeso en el refugio de orden e imposición de disciplina a las formas que implicaba la recuperación del mundo clásico. En ese sentido, al menos, se han leído algunas manifestaciones de filohelenismo en la Alemania nacionalsocialista169 que, de uno u otro modo, actúan como un cristal hermenêutico para comprender las ideas que en este artículo se despliegan.

De este modo, la reacción a la modernidad, específicamente algunas de sus consideraciones más decadentistas, vieron muchas veces con buenos ojos una vuelta atrás -pensando que habilitaba para ir hacia adelante-, a momentos primigenios donde lo que en esa contemporaneidad se buscaba todavía no se habría perdido. Ello implicó, por supuesto, niveles muy intensos de construcción de un mundo antiguo acorde a los intereses del momento, los cuales se entroncaron de modos muy concretos con discursos racistas170. Una parte importante de esta trama es todavía bien opaca para nuestro país, y este artículo busca aportar a su mejor conocimiento.

Por lo mismo, el énfasis en la relación entre eugenesia, racismo e ideas de la Antigüedad busca mostrar que estas últimas fueron un dispositivo que ayudó a legitimar procesos de exclusión e inclusión social en el Chile de principios del siglo XX. Esto remite de modo inevitable a un tópico tan amplio como el problema del origen y la obsesión que existe por dilucidarlo de forma precisa. En buena medida, hoy todavía es posible ver cómo opera esta obsesión, por ejemplo, en la búsqueda por conocer “nuestro” origen genético o sanguíneo171, como si ello implicara alguna relevancia para darle significado a “nuestra” existencia personal e identidad social.

Finalmente, se plantean dos ámbitos de proyección para un estudio como este. Por un lado, la sistematización de la búsqueda de conexiones, transferencias y recepciones entre las ideas metropolitanas y las nacionales sobre la Antigüedad, ámbito donde también pueden encontrarse impresas disputas geopolíticas por construir hegemonías en nuestro continente. Asimismo, la incorporación de las antigüedades indígenas a esta esfera de pensamiento es una cuestión relevante de profundizar con mayor detenimiento, cuestión que en alguna medida se intuye en este trabajo.

Por último, las proyecciones de determinadas ideas de la antigüedad al espacio público y urbano resultan también interesantes de rastrear y cotejar con aquellas que se desarrollaban en el ámbito ideológico. Por ejemplo, el caso del Estadio Nacional construido en Santiago de Chile es interesante, tanto porque dentro tuvo diversas referencias a estatuaria griega, como porque su presencia es lo que lleva a denominar Grecia a la avenida en que se encuentra.

En tiempo de “regreso al orden” tras el impacto para América Latina tanto de la globalización neoliberal como de los proyectos neoextractivistas de la llamada izquierda del siglo XXI, se justifica la reflexión y documentación historiográfica de algunos de los usos de las ideas de origen y orden en el pasado. La construcción de “nuestra pureza” sigue siendo un documento de la barbarie.

1Carolina Valenzuela Matus, Grecia y Roma en el nuevo mundo. La recepción de la antigüedad clásica en cronistas y evangelizadores del siglo xvi americano, Barcelona, Rubeo, 2016; María Gabriela Huidobro, “El retrato del bárbaro y el concepto de barbarie en la épica sobre la Guerra de Arauco en el siglo XVI”, en Hipogrifo, vol. 5, n.° 2, Madrid, 2017, pp. 169-198.

2Anthony Pagden, La caída del hombre natural. El indio americano y los orígenes de la etnología comparativa, Madrid, Alianza Editorial, 1988, pp. 35-89.

3Niall McKeown, “Resistance among chattel slaves in the classical Greek world” y Keith Bradley, “Slavery in the Roman Republic”, in Keith Bradley & Paul Cartledge (eds.), The Cambridge world history of slavery. Volume i. The Ancient Mediterranean World, Cambridge, Cambridge University Press, 2011, pp. 169 and 260.

4Hernán Taboada, “Centauros y eruditos: los clásicos en la Independencia”, en Latinoamérica. Revista de Estudios Latinoamericanos, n.° 59, Ciudad de México, 2014, pp. 193-221. Disponible en www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1665-85742014000200008&lng=es&nrm=iso>. ISSN 2448-6914 [fecha de consulta: 23 de septiembre de 2017].

5Diana García de Quevedo, “La antigua Roma y la ideología de la revolución norteamericana”, en Gerión, vol. 23, n.° 1, Madrid, 2005, pp. 329-343.

6Luciano Cánfora, Ideología de los estudios clásicos, Madrid, Akal, 1991.

7Miguel Castillo Didier, Pensando Grecia, Pensando América, Santiago, Andrés Bello, 2015; del mismo autor, “Helenismo y filohelenismo en la obra de Goethe. A 250 años del nacimiento del poeta”, en Byzantion nea hellas, n.° 19-20, Santiago, 2000, pp. 283-305.

8Taboada, op. cit., p. 204.

9Taboada, op. cit., p. 211. Este afán también se ha denominado “humanismo cívico”: María Gabriela Huidobro, “Humanismo cívico y tradición clásica en los albores republicanos de Chile”, en Revista Complutense de Historia de América, vol. 41, Madrid, 2015, pp. 173-196.

10Cfr. Nicolás Cruz, El surgimiento de la educación secundaria en Chile. 1843-1876 (El plan de estudios humanista), Santiago, Ediciones de la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos, Centro de Investigaciones Diego Barros Arana, colección Sociedad y Cultura, 2002, vol. XXXII .

11Helen Roche “The peculiarities of german philhellenism”, in The Historical Journal, vol. 61, issue 2, Cambridge, 2018, pp. 541-560

12Salvador Mas, “La Grecia de Winckelmann”, en Johann Winckelmann, Reflexiones sobre la imitación de las obras griegas en la pintura y escultura, Ciudad de México, Fondo de Cultura Económica, 2007, pp. 7-71.

13En 1876, de la mano del ministro Miguel Luis Amunátegui, el latín deja de ser obligatorio y pasa a optativo. En 1879 vuelve a ser obligatorio por un lapso breve, quedando nuevamente como voluntario en 1880. El 28 de mayo de 1901, por su parte, se suprimen las tesis latinas del Bachillerato en Humanidades: Eduardo Solar Correa, La muerte del humanismo en Chile, Santiago, Nascimento, 1934.

14Iván Jaksić, Rebeldes académicos: la filosofía chilena desde la independencia hasta 1989, Santiago, Ediciones Universidad Diego Portales, 2013; Carlos Ossandón, “Ensayismo y destino en Enrique Molina”, en Literatura y Lingüística, n.° 34, Santiago, 2016, pp. 109-111. Sobre la especificidad de lo clásico en algunos ensayistas continentales relevantes para este movimiento se puede consultar: Rosa Andújar, “Pedro Henríquez Ureña's Hellenism and the American Utopia”, in Bulletin of Latin American Research, vol. 37, N° 3, New Jersey, november 2018, pp. 168-180; Andrew Laird, “The Cosmic Race and a Heap of Broken Images: Mexico's Classical Past and the Modern Creole Imagination”, in Susan A. Stephens & Phiroze Vasunia, Classics and National Cultures, Oxford, Oxford University Press, 2010. También puede consultarse Enrique Riobó (autor principal) y Cristián Inzulza, “La antigüedad clásica en ‘Los motivos de Proteo’ de José Enrique Rodó”, en Mapocho. Revista de Humanidades, n.° 81, Santiago, primer semestre de 2017, pp. 109-133.

15Esto quiere decir que se concibe la relación entre Antigüedad y Contemporaneidad como un constante diálogo donde se proyectan las inquietudes y deseos del presente hacia lo antiguo, al mismo tiempo que lo antiguo aparece como relevante para soportar posiciones del presente. En ese sentido, hay una transformación mutua que es continua y que ha tenido efectos concretos en las sociedades modernas. Por lo mismo, es posible rastrear las huellas de estos procesos. Cfr. Lorna Hardwick, Reception Studies [“Greece & Rome. New Surveys in the Classics “, N° 33], New York, Cambridge University Press, 2003.

16Dado que ambos autores estaban interiorizados en al menos parte del corpus documental referido a escritos racistas y eugénicos de la primera mitad del siglo XX en Chile, la selección usada para este artículo remite a aquellos textos y autores donde el recuerdo de la Antigüedad europea tiene una presencia significativa.

17Ana Carden Coyne, Reconstructing the Body. Classicism, Modernism and the First World War, Oxford, Oxford University Press, 2009.

18Enrique Riobó y Douglas Smith, “Introducción. Civilización: historias y genealogías de un concepto”, en Pléyade, n.° 43, Santiago, junio 2019, pp. 21-48; Enrique Riobó, “Chile, Occidente y lo clásico. Una aproximación desde el pensamiento de Héctor Herrera Cajas y Ricardo Krebs”, en Cuadernos de Pensamiento Latinoamericano, n.° 20, Valparaíso, 2013, pp. 77-100.

19Otros datos de interés y una visión de conjunto sobre la difusión de la higiene racial en Chile puede consultarse en Marcelo Sánchez, “La higiene racial explicada a los chilenos: las conferencias de Otto Aichel (1927) y Erwin Baur (1930) en Santiago de Chile”, en Revista de Historia Social y de las Mentalidades, vol. 22, n.° 2, Santiago, 2018, pp. 225-246.

20Otto Aichel, “La importancia de la herencia en la especie humana”, separata de la Revista Universitaria de la Universidad Católica de Chile, Santiago, Imprenta Chile, noviembre de 1927, p. 18.

21Ibid.

22Op. cit., p. 20.

23Manuel Martín Álamos, La esterilización, memoria de prueba para optar al grado de Licenciado en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad de Chile, Chillán, Talleres Gráficos La Discusión, 1935, p. 3.

24Op. cit., p. 6.

25Op. cit., p. 7.

26Juan Andueza, “Las Leyes de Esterilización”, en Anales de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales, vol. 1, n.° 1-2, Santiago. 1935. Disponible en https://analesderecho.uchile.cl/index.php/ACJYS/issue/view/439 [fecha de consulta: 1 de abril de 2019].

27Antonello La Vergata, “Eugenesia y utopía”, en Rosaura Ruiz, Miguel Ángel Puig Samper y Graciela Zamudio (eds.), Darwinismo, biología y sociedad, Madrid, UNAM / Doce Calles, 2013. pp. 235-251, p. 237.

28Eduardo Brücher, “Un nuevo método de defensa social: la esterilización”, en Revista de Ciencias Penales, año I, n.° 1, Santiago, 1935, pp. 34-40, p. 34.

29Ibid.

30Roberto Barahona, “Los católicos ante el problema científico de la eugenesia”, en La jornada católica de estudios médicos de 1936: Estudios médicos, Santiago, Publicación de la Jornada Católica de Estudios Médicos, 1938, pp. 185-221, p. 189.

31Amanda Grossi Aninat, Eugenesia y su legislación, Santiago, Nascimento, colección Obras de Derecho, 1941, p. 8.

32Op. cit., p. 9.

33Hans Betzhold, Eugenesia, premio Carlos Van Buren 1938, obra premiada por la I. Municipalidad de Valparaíso, 2a edición revisada y aumentada, Biblioteca del Médico, Director Abelardo Ilabaca, Santiago, Empresa Editora Zig Zag, 1942, p. 3.

34Para una visión general del pensamiento eugénico del médico de Valparaíso Hans Betzhold es útil el trabajo de Marcelo Sánchez y Nicolás Cárcamo, “Hans Betzhold y el ‘superhombre’ chileno: historia de una decepción, 1938-1943”, en História, Ciências, Saúde-Manguinhos, vol. 25, supl., Rio de Janeiro, 2018, pp. 51-68.

35Gustavo Vallejo, “Roma-Buenos Aires: un eje para el expansionismo de la biotipología y el fascismo (19221938)”, en Marisa Miranda y Gustavo Vallejo (eds.), Derivas de Darwin, Buenos Aires, Siglo XXI, 2010, pp. 71-96.

36Gustavo Vallejo, “Cuerpo y representación: la imagen del hombre en la eugenesia latina”, en Marisa Miranda y Gustavo Vallejo (eds.), Políticas del cuerpo. Estrategias modernas de normalización del individuo y la sociedad, Buenos Aires, Siglo XXI, 2007, pp. 23-58.

37Augusto Pinochet, Geopolítica, Santiago, Editorial Andrés Bello, 1968, p. 49.

38Op. cit., p. 148.

39Marcelo Sánchez, “Las antigüedades de un pequeño dictador. Imaginarios de lo Antiguo en Geopolítica de Augusto Pinochet”, ponencia en las II Jornadas de estudios clásicos USACH, Santiago, 2016, disponible en: www.academia.edu/33943819/Las_Antig%C3%BCedades_de_un_peque%C3%B1o_dictador._Imaginarios_de_lo_Antiguo_en_Geopol%C3%ADtica_de_Augusto_Pinochet [fecha de consulta: 1 de abril de 2019].

40Sara Rosas, “Contribución al estudio de la ortodoncia. El estudio del hombre según la filogenia y la ontogenia. Congreso dental panamericano de Chile, octubre de 1917”, en Cristian Palacios y César Leyton (eds.), Industria del delito, Santiago, Ocho Libros, 2014, pp. 41-47.

41Op. cit., p. 42. El cálculo específico sería: producto de la longitud de la cara multiplicado por 100 y dividido por su anchura.

42Comprendida como el estudio del “desarrollo de la especie, desde el animal unicelular, no diferenciado, hasta las creaturas superiores que habitan la tierra”: Rosas, op. cit., p. 41.

43Comprendida como el estudio del “desarrollo del individuo de una generación, desde la célula hasta la forma adulta”, ibid.

44De hecho, el ángulo facial de Camper es considerado por Antenor Firmin como una variable lejana de una rigurosidad científica mínima, entre otras cosas, por haber identificado al menos cinco versiones distintas del mismo cálculo en diversos etnologistas y antropólogos físicos de fines del siglo XIX: Antenor Firmin, Igualdad de las razas humanas, La Habana, Editorial de Ciencias Sociales, 2013, pp. 179-259.

45Rosas, op. cit., p. 43

46Op. cit., p. 42.

47Ibid.

48Op. cit., p. 47. Entre estas, se singularizan cinco: atrofia de la cara y cráneo en su filogenia; atrofia antero-posterior según ontogenia; atrofia lateral en la ontogenia que principia en los huesos nasales y se extiende hacia abajo y atrás, entre la sínfisis y el ángulo de la mandíbula; atrofia de la cara y el maxilar en su filogenia; atraso de la cara y el maxilar en su ontogenia y atrofia de la mandíbula en su filogenia.

49Rosas, op. cit., p. 47

50Esta tensión entre el lamento y la aceptación de tal condición se ha denominado el “suspiro del filohelenismo” por Joshua Billings, y tendría como referente literario a la “Ifigenia en Táuride”, de Johann W. Goethe: “The sigh of philhellenism”, in Shane Butler, Deep Classics: Rethinking the classics, London-New York, Bloomsbury, 2016 pp. 49-66.

51Para una revisión más detallada de la educación física en Chile y el papel que representa Luis Bisquertt en la misma, se puede revisar: Enrique Riobó y Francisco Villarroel, “Belleza plástica, eugenesia y educación física en Chile: presentación de la fuente Aspectos de la educación física, de Luis Bisquertt (1930)”, en História, Ciências, Saúde-Manguinhos, vol. 26, n.° 2, Rio de Janeiro, 2019, pp. 673-682.

52Zvonimir Ostoic, Humanista de América: Dr Luis Bisquertt, precursor en Chile de la Educación Física Social, Santiago, Imprenta Camilo Henríquez Ltda., 1978.

53Luis Bisquertt Susarte, “Aspectos de la Educación Física”, en Revista de Educación, año II, n.° 22, Santiago, 1930, pp. 664-675, p. 664.

54Op. cit., p. 665.

55Ibid. Véase también: Felipe Martínez, “Del recargo intelectual al desequilibrio nervioso-muscular: la ejercitación del cuerpo como terapéutica en el Chile urbano de principios del siglo XX”, en Nuevo Mundo Mundos Nuevos, Coloquios, publicado el día 18 de septiembre de 2015. Disponible en https://journals.open-edition.org/nuevomundo/68312?lang=pt [fecha de consulta: 1 de abril de 2019].

56Bisquertt, “Aspectos de la Educación…”, op. cit., p. 671.

57Luis Bisquertt Susarte. “Consideraciones sobre la educación física. Mirada retrospectiva”, en Revista Médica de Chile, año LIII, n.° 3-4, Santiago, marzo y abril de 1925, pp. 530-534. Similar afirmación se encuentra en Luis Bisquertt, La educación física y manual en la enseñanza. Conferencia leída en el Salón de Honor de la Universidad de Chile, con motivo del centenario de la Facultad de Filosofía y Educación, en Agosto de 1943, Santiago, Imprenta Universitaria, 1943, p. 14.

58Cabe señalar que, al menos hacia 1937, el Instituto de Educación Física impartía el curso de Introducción a la Estética, cuyo profesor era Norberto Pinilla. Este comprende la estética como “la ciencia de lo bello, salida de Pitágoras y Platón”, en su artículo “La Filosofía del Arte”, en Boletín de educación física, año IV, n.° 14, Santiago, octubre 1937, pp. 627-628, p. 627.

59Bisquertt, “Aspectos de la Educación…”, op. cit., p. 673.

60En otro lugar se metaforiza esta relación a través del humano como la joya bruta de la naturaleza y la educación física como la herramienta que lo va tallando hasta convertirlo en un diamante: Luis Bisquertt, Aspectos de la educación física. El sistema nervioso, Santiago, Nascimento, 1930.

61Luis Bisquertt, Valor de la historia de la educación física. Apartado de la Revista de educación física N° 60, Santiago, Imprenta Universitaria, 1949, p. 4.

62Luis Bisquertt, Sobre la educación física de ahora. Conferencia dictada en el Salón de Honor de la Universidad de Chile, el Sábado 26 de Junio, a los alumnos de los 6tos años de los liceos de la capital, bajo los auspicios del Centro N° 1 de Cultura, organizado por la Universidad, Santiago, Imprenta Universitaria, 1937, p. 3.

63Op. cit., pp. 3-4.

64Bisquertt, Valor de la historia…, op. cit., p. 10. Cabe señalar que los helenos también habrían intuido el valor eugénico de la educación física y la belleza, lo que los llevó a ejercer la selección de los recién nacidos, cuestión que se comprende como antecedente de “las cuestionadas leyes de Nuremberg”: Bisquertt, Valor de la historia…, op. cit., p. 11.

65Bisquertt, Sobre la educación…, op. cit., p. 10.

66En esa línea de argumentación, resulta especialmente interesante la muy erudita referencia en francés a Montaigne: “Ce n'est past une ame, ce n'est pas un corps qu'on dresse: c'est un homme. Il n'en fault pas faire a deux: et, comme dit Platon, il ne fault pas le dresser l'un sans l'autre, mais le conduire egalement comme un couple de chevaux attelés à un même timon”: Luis Bisquertt, La educación física…, op. cit., p. 5.

67Bisquertt, Valor de la historia…, op. cit., p. 10.

68Si bien Luis Bisquertt no afirma que dicha diferencia se deba a elementos raciales, algunas décadas más tarde se hará evidente que la argumentación que pone énfasis en la distinción entre jonios y dorios lleva implícita un supuesto racial y, por ende, debiese evitarse: Miguel Rojas Mix, “Reseña a libro de Edourd Will: Doriens et Ioniens”, en Anales de la Universidad de Chile, año 122, n.° 129, Santiago, 1964, pp. 237-239.

69Bisquertt, Valor de la historia…, op. cit., p. 12.

70Op. cit., p. 13.

71Op. cit., p. 14.

72Luis Bisquertt hace referencia a un ganador de pugilato que, por lo deforme que quedó su rostro luego de las peleas, perdió la herencia paterna por no parecerse en nada a su retrato previo, que servía como prueba para hacerse acreedor de dicho patrimonio: Bisquertt, Valor de la historia…, op. cit., p. 15.

73Op. cit., pp. 15-16.

74Bisquertt, Sobre la educación…, op. cit., p. 5.

75Bisquertt, Valor de la historia…, op. cit., p. 19.

76Bisquertt, Valor de la historia…, op. cit., pp. 18-19.

77“El eminente biólogo, doctor Noé, en sus amenas lecciones […], nos decía al respecto humorísticamente, que si en la Edad Media se planteaba el interrogante de saber cuantos molares tenía el asno, se apresuraban los estudios a consultar los manuscritos antiguos y a discutir latamente el problema, sin que a nadie se le ocurriese abrir el hocico de un asno y contarlos”: op. cit., pp. 20-21.

78Bisquertt, Sobre la educación…, op. cit., p. 8.

79Bisquertt, La educación física…, op. cit., p. 5.

80Bisquertt, Valor de la historia…, op. cit., pp. 27-28.

81Por ejemplo, se critica el financiamiento estatal al deporte espectáculo que no deja “ningún provecho social ni nacional”, mientras que el financiamiento para la educación física escolar se descuida: Luis Bisquertt. “Los estudios de la Educación Física”, en Boletín de educación física, año XI, n.° 41 y 42, Santiago, juliooctubre de 1944, pp. 421-422.

82Luis Bisquertt, “Necesidad de una Ley de Educación Física”, en Boletín de educación física, año VIII-IX, n.° 32 y 33, Santiago, abril-julio de 1942, pp. 2-3.

83Luis Bisquertt, “Nuevo local para el Instituto de Educación Física”, en Boletín de educación física, año VII, n.° 25, Santiago, 1940, pp. 2-3.

84Luis Bisquertt, “El Instituto de Educación Física al Estadio”, en Boletín de educación física, año V, n.° 17 y 18, Santiago, julio-octubre de 1938, p. 710.

85Bisquertt, Valor de la historia…, op. cit., p. 25.

86Sol Serrano, Macarena Ponce de León y Francisca Rengifo, Historia de la educación en Chile. Tomo II. La educación nacional (1880-1930), Santiago, Taurus, 2013. La relevancia de Pehr Ling en Chile puede consignarse en varios informes sobre las Lingeadas suecas -versión local de los juegos olímpicos-, así como en una calle que lleva su nombre, ubicada muy cerca del ex Instituto Pedagógico, en la santiaguina comuna de Ñuñoa.

87La relevancia de una cierta concepción de Grecia en la Alemania de esos años ha sido bien estudiada por Johann Chapoutot, El nacionalsocialismo y la antigüedad, Madrid, Abada, 2013; Helen Roche, Sparta's German Children: The Ideal of Ancient Sparta in the Royal Prussian Cader-Corps, 1818-1920, and in National-Socialist Elite Schools (The Napolas), 1933-1944, Swansea, The Classical Press of Wales, 2013.

88Luis Bisquertt, “La educación física en Europa”, en Boletín de Educación Física, año III, n.° 10 y 11, Santiago, octubre y enero, 1936-1937, pp. 437-447, p. 442.

89Bisquertt, “La educación física en Europa”, op. cit. p. 441.

90Ibid.

91Op. cit. p. 442.

92Ibid.

93Op. cit., p. 441.

94Op. cit., p. 442.

95Ibid.

96Op. cit., p. 446.

97Luis Bisquertt, La educación física y la paz, Santiago, Imprenta Universitaria, 1943, p. 5.

98Op. cit., p. 39.

99Op. cit., p. 41.

100Bisquertt, La educación física y la paz, op. cit., pp. 57-58.

101Op. cit., p. 59. La misma referencia se encuentra en Bisquertt, La educación física y manual…, op. cit., pp. 9-10.

102Un ejemplo de la apropiación esotérico nazista del libro de Nicolás Palacios es el texto de Miguel Serrano, El ciclo racial chileno, Santiago, Ediciones La Nueva Edad, 2005.

103Gabriel Cid, “Un ícono funcional: la invención del roto como símbolo nacional, 1870-1888”, en Gabriel Cid y Alejandro San Francisco (eds.), Nación y nacionalismo en Chile. Siglo XIX, Santiago, Centro de Estudios Bicentenario, 2009, vol. I, pp. 221-254.

104Bernardo Subercaseaux Historia de las ideas y de la cultura en Chile. Nacionalismo y cultura, Santiago, Editorial Universitaria, 2006, tomo IV.

105Christian Geulen, Breve historia del racismo, Madrid, Alianza Editorial, 2010.

106Subercaseaux, op. cit.

107Nicolás Palacios, Raza chilena, 2a ed., Santiago, Editorial Chilena, 1918, p. 36.

108Op. cit., p. 35.

109Op. cit., p. 37.

110Op. cit., p. 38.

111Op. cit., p. 49.

112Op. cit., p. 50.

113Op. cit., p. 51.

114Palacios, op. cit., tomo I, pp. 224-233.

115Op. cit., p. 234. De modo mucho más contemporáneo es posible encontrar una versión de este episodio en la obra Medea mapuche, del dramaturgo Juan Radrigán, que precisamente identifica la acción de Fresia con la protagonista de dicha tragedia helénica.

116Op. cit., p. 229.

117Ibid.

118Ibid.

119Op. cit., p. 99.

120Ibid.

121Op. cit., pp. 99-100.

122Palacios, op. cit., tomo I, p. 227.

123De acuerdo con Nicolás Palacios, el 10% de los conquistadores venidos a Chile era de esta raza, el resto (90%) son todos godos germanos: op. cit., pp. 35-36.

124Op. cit., p. 222.

125Op. cit., p. 223.

126Op. cit., pp. 224-225.

127Op. cit., p. 222. Es posible que esta característica sea considerada como superficial por parte de Nicolás Palacios, pues afirma que los araucanos eran, al contrario de los conquistadores, escrupulosos para quitarse los pelos de la cara: Palacios, op. cit., p. 200.

128Op. cit., p. 40.

129En la línea de lo que aquí se quiere destacar, señala que el carácter degenerativo del alcohol ya era conocido en Roma, y que Tácito sugería embriagar a los pueblos germanos para dominarlos: Palacios, op. cit., pp. 40. Esta idea actúa como un paralelismo histórico para la situación de los mapuche en el Chile de esos años.

130Palacios, op. cit., tomo I, p. 41.

131Op. cit., p. 42.

132Op. cit., p. 88.

133Op. cit., p. 89.

134Op. cit., p. 85.

135Ibid.

136Ibid.

137Op. cit., p. 88.

138Op. cit., p. 89.

139Op. cit.,pp. 91.

140Palacios, op. cit., tomo I, p. 90.

141Op. cit., p. 91.

142Ibid.

143Op. cit., p. 92.

144Ibid.

145Op. cit., p. 91.

146Op. cit., p. 94.

147Op. cit., p. 210.

148Palacios, op. cit., tomo I. p. 91. Una crítica muy similar se encuentra en la página 67, aunque referida en ese caso a la sobreposición del civismo y heroísmo grecolatino por sobre el chileno en la enseñanza escolares de la historia. Resulta interesante hacer notar que unas tres décadas más tarde se realizó un concurso financiado por la embajada alemana para generar nuevos libros de textos que deslatinizaran y germanizaran la enseñanza de la historia en Chile: cfr. Víctor Farías, Los nazis en Chile, Santiago, Planeta, 2000, pp. 331-339. Sobre el tema se puede revisar también: Enrique Riobó, “Racismo, antigüedad y textos escolares chilenos y mexicanos entre 1920 y 1950”, en Diálogos sobre educación, año 8, n.° 14, Guadalajara, enero-junio 2017, pp. 1-31.

149Palacios, op. cit., tomo I, p. 86.

150Ibid.

151Op. cit., tomo I, p. 202.

152Op. cit., tomo I, p. 86.

153Palacios, op. cit., p. 87.

154Ibid.

155Ibid.

156Op. cit., p. 83.

157Íbid.

158Op. cit., pp. 77-80.

159Nicolás Palacios, Raza chilena, Santiago, Editorial Chilena, 1918, tomo II, p. 30.

160Op. cit., tomo II, p. 66.

161Op. cit., tomo II, p. 68.

162Palacios, op. cit., tomo II, p. 69.

163Op. cit, pp. 70-89.

164Op. cit., p. 93.

165Op. cit., p. 98.

166Op. cit., p. 176.

167Op. cit., p. 177. Para ver la obra de Nicolás Palacios en el contexto eugénico es útil la tesis doctoral de Marcelo Sánchez, Chile y Argentina en el escenario eugénico de la primera mitad del siglo XX, tesis para optar al grado de Doctor en Estudios Latinoamericanos, Santiago, Universidad de Chile, 2015.

168Por ejemplo, el primero de enero de 1926 se inaugura un monumento a Nicolás Palacios en el cerro Santa Lucía, consistente en un bajo relieve ejecutado por Fernando Thauby. Al evento asistió el Presidente de la época, Emiliano Figueroa, junto con los ministros de Interior y de Higiene y Previsión Social. Se pronunció un discurso por parte de José Maza, donde se releva la naturaleza hercúlea de su tarea: José Maza, “Nicolás Palacios”, en Revista de Educación Nacional, año XXII, n.°1, Santiago, 1926, pp. 36-42, p. 40.

169Jean Clair, Malinconia. Motivos saturninos en el arte de entreguerras, Madrid, Visor, 1999; Chapoutot, op. cit.

170Martin Bernal, Atenea Negra. Las raíces afroasiáticas de la civilización clásica, Barcelona, Crítica, 1993, vol. I; Barbara Goff (ed.), Classics & Colonialism, London, Duckworth, 2005; Seth Schein, “‘Our debt to Greece and Rome’. Canon, Class and Ideology”, in Lorna Hardwick & Christopher Stray (eds.), A Companion to Classical Receptions, Oxford, Blackwell Publishing, 2008, pp. 75-85; Hernán Taboada García, “José Enrique Rodó: el oriental y la Hélade”, en Anuario del Colegio de Estudios Latinoamericanos, vol. 2, Ciudad de México, 2007, pp. 89-95.

171Una crítica al mercado de la búsqueda por el origen genético individual puede encontrarse en Duana Fullwiley et al), “The Science and Business of Ancestry Testing”, in Science, vol. 318, issue 5849, Washington D.C., 2007, pp. 399-400.

Recibido: Abril de 2019; Aprobado: Diciembre de 2019

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