SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
vol.53 issue1Elementos para un replanteamiento de la guerra entre México y Estados Unidos (War for North America): La aportación fundamental de john tutinoPensar la revolución: historia intelectual de la independencia chilena author indexsubject indexarticles search
Home Pagealphabetic serial listing  

Services on Demand

Journal

Article

Indicators

Related links

  • On index processCited by Google
  • Have no similar articlesSimilars in SciELO
  • On index processSimilars in Google

Share


Historia (Santiago)

On-line version ISSN 0717-7194

Historia (Santiago) vol.53 no.1 Santiago June 2020

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-71942020000100281 

Reseñas

Dueños de la Frontera. Terratenientes y Sociedad Colonial en la Periferia Chilena. Isla de la Laja, 1670-1845

Macarena Sánchez Pérez1 

1Departamento de Historia, Universidad Finis Terrae

Saldías, Ignacio Chuecas. Dueños de la Frontera. Terratenientes y Sociedad Colonial en la Periferia Chilena. Isla de la Laja, 1670-1845. Santiago: Ediciones de la Biblioteca Nacional, Centro de Investigaciones Diego Barros Arana, colección Sociedad y Cultura, 2018. v. LXVI, 541 págsp.

El presente libro es fruto de la investigación doctoral del autor, cuyos resultados fueron defendidos el año 2016, obteniendo la máxima calificación y siendo galardonada con el Premio a la Excelencia en Tesis Doctoral, en el área de Humanidades y Ciencias Sociales de la Pontificia Universidad Católica de Chile. El texto es de lectura amena, sin descuidar rigurosidad científica, atributo que lo hace accesible a un público amplio. Su principal objetivo es analizar las dinámicas sociales, culturales, políticas y económicas que permitieron la emergencia y consolidación de una sociedad de frontera, caracterizada por un marcado afán de adquisición de tierras como símbolo de prestigio y pedestal para el ejercicio del poder. Se trata de una historia de la propiedad colonial fronteriza desde una óptica que podríamos calificar como global (global history).

El libro está organizado en cuatro grandes secciones: “Origen”, “Consolidación”, “Rostros e instituciones” y “Advenimiento de la República”. Cada una se divide, a su vez, en capítulos -nueve en total- cuya propuesta analítica es de carácter temático-temporal. La disposición de estos nueve apartados está compuesta de manera muy sugerente por dos categorías: “Itinerarios sociales” e “Itinerarios vitales”. Este esquema le permite al autor articular sus conclusiones a partir del procesamiento de copiosa documentación, estableciendo -según corresponda- tendencias, estadísticas y categorizaciones, con estudios pormenorizados de casos individuales, ofreciendo una mirada más particular del problema, lo que favorece y complementa el análisis sociológico. Este acercamiento, a través de historias personales, va entregando sustancia a las taxonomías y tipologías históricas sin perder, por ello, el sentido más fenomenológico del objeto de estudio.

El primer apartado, titulado “Origen”, cuenta con dos capítulos. Estos componen un estudio minucioso de cómo se fue configurando la élite de los grandes hacendados en la frontera chilena a partir de las primeras concesiones de mercedes de tierras. Se trató de un grupo acotado de beneficiarios, de origen militar y fuertemente interrelacionado, gracias a la consolidación de distintas alianzas de parentesco. El desarrollo de este tipo de prácticas de carácter endogámico buscaba, por un lado, asegurar la conservación y acrecentación del patrimonio y prestigio familiar y, por otro, la protección de la identidad hispana. En este sentido, un factor común a las sociedades de frontera es su autopercepción como sociedad asediada tanto en lo militar como en lo cultural.

Elemento clave en estos capítulos es el uso de la retórica del mérito y el servicio. El autor demuestra cómo este recurso funcionó como un importante capital simbólico y como evidencia para las pretensiones de acceso a la tierra. Esta estrategia discursiva, que en el fondo no es otra cosa que una forma de refrendar la relación de dependencia entre el Monarca y sus súbditos, encontró en la guerra hispano-indígena y en los padecimientos asociados a esta, una significativa dimensión para maniobrar. El ejemplo más claro, aunque no el único, tratado in extenso por el autor, es el cautiverio. Este rótulo, que tradicionalmente se ha asociado a la vergüenza, la transgresión, la victimización y -en especial en el caso de las mujeres- al deshonor, tuvo en forma paralela una extensión distinta en el imaginario colonial, dimensión que hasta ahora no había sido considerada por los estudiosos del tema. Esto es, como argumento para el acceso al poder conferido por la propiedad. Así, el cautiverio entre indios infieles, ya sea propio o familiar, pasó de las inscripciones de subalternidad a ser esgrimido como mérito, argumentando que quien lo experimenta lo hace como parte de los servicios en defensa de los dominios de Su Majestad.

Sugerente resulta también el cruce entre esta nueva acepción del cautiverio y la constatación de los alcances que esta condición tuvo dentro de los miembros de la élite fronteriza. Así, tras un acucioso sondeo en distintos tipos de documentos, entre los que se encuentran testamentos, litigios y probanzas, el autor pudo dar cuenta de una numerosa presencia de excautivos ocupando posiciones relevantes en el tejido social fronterizo. Ya sea que se trate de casos particulares o verdaderos clanes, todo indica que la referencia a la cautividad no significó una limitante para el ascenso social, sino, por el contrario, muchas veces, un verdadero trampolín. El capítulo recoge un amplio repertorio de sujetos cuyo protagonismo en la política local fue notable. Muchos de ellos, producto de su profundo conocimiento y redes con el mundo mapuche, alcanzaron puestos de relevancia en la diplomacia hispano-indígena. Este capítulo, sin duda uno de los más interesantes, no solo revisita el tema del cautiverio desde un lugar inexplorado por la historiografía, sino que abre, a su vez, numerosos puentes para una comprensión más fina de la fisonomía de la sociedad colonial. Aparecen las complejidades de una sociedad jerarquizada y estamental, cuya base se sustenta en una red de relaciones de poder que entrecruzan y articulan parentescos, alianzas, clientelas, obediencia, autoridad y filiaciones de cualquier tipo, incluyendo de manera importante e ineludible las establecidas con el mundo indígena. Así, dentro de un contexto en el cual la exclusión sintetiza un complejo de valores que se fundamentan en el honor, se consolida, al mismo tiempo, la esencia de la condición fronteriza: la completa permeabilidad de sus estructuras.

El segundo apartado -”Consolidación”- cuenta con dos capítulos. En ellos, el texto analiza la evolución de la propiedad rural y las dinámicas que caracterizaron a las familias terratenientes en una etapa posterior a la de la concesión de las mercedes originales. Uno de los elementos centrales que concentran la atención del autor, es explicar cómo y por qué se produce un recambio al interior del sector latifundista, así como la atomización de una parte importante de la propiedad rural. En este sentido, el libro analiza cómo los colonos se vieron determinados por profundas transformaciones económicas y sociales, las que supusieron, entre otras cosas, la vital encrucijada de optar entre la conservación de la propiedad en el seno familiar o la enajenación de las tierras. El inicio del siglo XVIII estuvo marcado no solo por el cambio dinástico, sino, también, por una acelerada caída de la producción minera en el Perú. Este hecho trajo como consecuencia directa un impacto en el envío del Real Situado, dejando a los milites sin su principal fuente de ingresos. A esto se sumó el incremento de la exportación cerealera al virreinato peruano, a la que más tarde se añadieron otros productos. Ambos componentes plantearon la necesidad de reorientación de la producción económica de estas tierras. Sin embargo, a los endémicos problemas para acceder a mano de obra, se sumó durante esta nueva centuria la promulgación del fin de la esclavitud indígena. Todas estas razones fueron promoviendo un desplazamiento de la otrora clase estanciera hacia modalidades más cercanas a la pequeña y mediana propiedad agrícola, así como el cambio hacia otras condiciones como las de gañanes e inquilinos. Otro elemento importante que irrumpe en este periodo -y que es analizado en este acápite- es la inauguración del espacio cívico en la frontera. La ciudad, símbolo del ideal civilizado, fue una aspiración temprana al interior del proyecto de dominación colonial. Representaba el arribo de la modernidad y el control efectivo del poder imperial. No obstante, este proceso fue, en muchos casos, parte de una realidad tardía y compleja al mismo tiempo, como en el caso de la fundación de la villa de Los Ángeles cabecera de la Isla de la Laja.

El tercer apartado -denominado “Rostros e instituciones”- cuenta con cuatro capítulos. Esta sección, al igual que las precedentes, se caracteriza por la notable voluntad del autor por cuestionar las principales premisas a partir de las cuales se ha ido construyendo la imagen de la frontera colonial chilena. Es así como dedica una parte importante de esta obra a visibilizar la presencia y protagonismo femenino desde su rol como propietarias. De esta manera emergen, en el seno de este espacio, comúnmente proyectado como masculino, mujeres con poder, señoras dueñas de tierras, matriarcas y herederas. Estas terratenientes aparecen ejerciendo un papel activo dentro del entramado social, administrando haciendas, postulando a mercedes de tierras, forjando alianzas y gestionando recursos con gran autonomía.

La segunda arista de esta sección es la que corresponde a la propiedad eclesiástica. Tres fueron las comunidades consideradas para el estudio: la Compañía de Jesús, el monasterio de Trinitarias Descalzas -fundado en Concepción- y miembros del clero secular. Su análisis ofrece una panorámica bastante acabada de la relación ejercida entre las entidades religiosas y la tenencia de la tierra en la frontera chilena. Ignacio Chuecas, en este punto, llena nuevamente un vacío importante dentro de la historiografía, la que, a excepción de los trabajos dedicados a las temporalidades jesuítas, no ha abordado este tema de manera sistemática ni profunda. Dada su naturaleza y la importancia que tuvieron los agentes religiosos en los espacios de frontera, se hace fundamental su revisión específica al momento de caracterizar la posesión del suelo fronterizo.

Otro aspecto que esta sección examina en detalle es la relación entre el mundo castrense y la terratenencia durante el siglo XVIII. Este vínculo, si bien representa un continuo respecto al siglo anterior, tuvo importantes modificaciones en esta etapa, las cuales incluyen desde los medios de acceso a la propiedad al origen de los dueños. De este modo, la investigación da cuenta del nuevo perfil de la oficialidad del Ejército que está aspirando a la tierra. Ya no se trata de los descendientes de los antiguos milites de la frontera, protagonistas en primera línea de las guerras con el mundo indígena, sino de nuevos actores, en su mayoría migrantes que llegaban a estas regiones siguiendo las políticas de modernización del ejército peninsular. En esta misma línea, la investigación da cuenta de otros sujetos que arriban en este siglo, también fruto de la movilidad migratoria: los comerciantes. Estos agentes buscaron, al igual que los militares advenedizos, el acceso a la propiedad de la tierra como una forma de capitalización, pero también como un medio para la integración social. A través de la conformación de redes y alianzas matrimoniales o comerciales, muchos de ellos lograron posicionar a sus familias en las distintas esferas de poder político y económico. Serán ellos, en definitiva, quienes conformarán hasta entrado el siglo XX la élite terrateniente en la frontera del Biobío.

Finalmente, la cuarta y última sección contempla un solo capítulo. El autor extiende su mirada hasta el periodo republicano temprano, fijando su atención en dos segmentos considerados como relevantes: grandes hacendados y gañanes. La guerra independentista trajo consigo complejidades más allá del cambio de régimen. Estas transformaciones, sumadas a la aguda caída demográfica en la zona, provocaron divisiones profundas al interior de la clase terrateniente, así como inéditas formas de convivencia según los nuevos patrones impuestos por el Estado.

Dueños de la Frontera, es una publicación que recoge una historia local leída en clave imperial. El autor no se restringe a la hora de aprovechar distintos referentes externos con el fin de enriquecer su investigación. Su propuesta invita a mirar la formación y el funcionamiento de zonas, consideradas tradicionalmente como “periféricas”, de manera más compleja, atendiendo a las vigorosas conexiones que convergen en estos espacios, cuya naturaleza no es nunca cerrada ni hermética. Resulta fundamental, por lo tanto, observar sus influencias, dinámicas y flujos, intercambios de personas e ideas, sus transferencias culturales, procesos de mestizaje, hibridación y criollización, dado que todos estos elementos constituyeron ingredientes determinantes para la construcción y proyección la realidad colonial. Asimismo, dada la propuesta de larga duración que aquí se presenta, es posible evidenciar no solo las estrategias de acceso a la propiedad que tuvieron como consecuencia la gestación de una élite latifundista durante la segunda mitad del siglo XVII, sino, también, la evolución de esta. Así, por ejemplo, una de las principales conclusiones que presenta la investigación, es la falta de continuidad en la tenencia de la tierra de parte los linajes que ostentaron las mercedes otorgadas en la primera etapa de concesiones de tierras. Queda demostrado que un número significativo de estas posesiones fueron fraccionadas o enajenadas a lo largo del periodo colonial, llegando a manos de nuevos dueños, o mutando a categorías de medianos o pequeños propietarios. Se derrumba para este espacio aquel imaginario instalado de manera general al interior de las élites terratenientes americanas, que se autoperciben como las descendientes directas de los primeros conquistadores y, por consiguiente, como legítimas herederas de su tierra y de su gente. Es lo que el autor ha denominado la retórica de los “tiempos inmemoriales”.

Cabe señalar dentro de los méritos de esta investigación, que se trata de un estudio apoyado en una definición metodológica robusta y moderna, con una importante prospección y discusión de fuentes, recopiladas en distintos archivos de Chile y el extranjero, así como un valioso procesamiento de datos, estrategias y teorías alternativas. El lector encontrará abundante información sobre redes, flujos y patrimonio, cuyas pistas son difíciles de hallar y más aún de seguir a través del tiempo. Otro mérito del libro es que se aventura a realizar una nueva entrada a viejos temas. La conformación de la sociedad colonial y desarrollo de la propiedad rural fueron una preocupación importante entre exponentes de la historia social chilena, como Rolando Mellafe o Mario Góngora. A su vez, la guerra, la ocupación hispana en la zona y su relación con el mundo indígena, habían sido objeto de numerosas investigaciones de la corriente de estudios fronterizos. Sin embargo, este libro no puede leerse como su continuación. El estudio que aquí se plantea se sitúa dentro de otros enfoques y soportes metodológicos. El autor interroga las fuentes desde ángulos poco explorados, planteando nuevas preguntas de investigación. Su propuesta no da las cosas por sentadas. En su búsqueda de las piezas que hablen de la élite hacendada, revisa en forma crítica las diferentes teorías e imaginarios con los que se ha levantado la historia de la frontera colonial, deconstruyendo en muchos casos parte importante de estas.

Este libro me parece una contribución significativa a la disciplina y una obra que debe ser considerada por modernistas, colonialistas, estudiosos de los procesos migratorios, así como por los interesados en la historia social en general.

Creative Commons License This is an Open Access article distributed under the terms of the Creative Commons Attribution License, which permits unrestricted use, distribution, and reproduction in any medium, provided the original work is properly cited.