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Chungará (Arica)

versión On-line ISSN 0717-7356

Chungará (Arica) v.31 n.2 Arica dic. 1999

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-73561999000100003 

 

Volumen 31, Nº 2, 1999. Páginas 229-292
Chungara, Revista de Antropología Chilena


LOS SITIOS RUPESTRES DEL VALLE DEL RÍO HURTADO SUPERIOR (NORTE CHICO, CHILE)

Dominique Ballereau*, Hans Niemeyer Fernández**
(con la colaboración de Eduardo Pizarro Williams)

*Observatoire de Paris, section de Meudon. 5, place Jules-Janssen, 92195 Meudon principal cedex, France E-mail: dominique.ballereau@obspm.fr

**Ahumada 312, Oficina 218, Santiago, Chile


Describimos y analizamos nueve estaciones de arte rupestre del valle del río Hurtado superior, afluente norte del río Limarí (Norte Chico); repartidas en cinco sectores, entre San Agustín y el pueblo de Chañar1. Después de una corta descripción de la geografía física y antecedentes históricos de la región, pasamos revista a estas nueve estaciones, describiendo los grabados más representativos: máscaras y mascariformes, representaciones antropomorfas y animales, así como los signos geométricos. Las estaciones más ricas son las de San Agustín y de Pabellón. La totalidad de los grabados se presentan en 40 láminas que permiten hacer el recuento de 81 mascariformes, 80 figuras antropomorfas y 93 cuadrúpedos. Los signos geométricos más frecuentes son el círculo con punto central o con dos diámetros perpendiculares. Se realizan comparaciones morfológicas y cuantitativas con las estaciones del cerro La Silla y del valle del río Illapel superior.

Los mascariformes se analizan estadísticamente sobre la base de cinco grupos de criterios morfológicos: (1) apariencia-realista o estilizada, (2) forma del contorno, (3) presencia o ausencia de decoraciones externas, (4) elementos estructurales primarios (ojos, nariz, boca) o secundarios (ornamentos) y, (5) estructuras reticuladas. Se comprueba que todos estos mascariformes son diferentes entre sí, como así también con aquellos del valle del río Illapel superior; 70% son estilizados. Una revisión de los mascariformes del Norte Chico nos permite acercarnos a las características propias del Estilo "Hurtado", cercano al Estilo "Limarí" (Niemeyer 1977).

Luego analizamos el material ergológico (piedras talladas o pulidas, cerámicas-forma global y dibujos pintados, conchas y objetos metálicos) proveniente de colecciones de museos en el Norte Chico, sobre la base de criterios morfológicos. Esto con el propósito de establecer similitudes con los grabados de las estaciones rupestres. No encontramos parentesco entre unos y otros, lo que otorga un rol particular, aunque desconocido, a este arte rupestre. Finalmente, sugerimos una relación entre grabados y prácticas chamánicas, mediante las cuales el chamán intercede por el bienestar común de la sociedad.

Palabras claves: Petroglifos, Estilo Limarí, figuras mascariformes, abstractas y antropomorfas. Norte Chico de Chile.


We describe and analyze nine rock art sites in the upper valley of the river Hurtado, a northern tributary of the Limarí river (Norte Chico). These sites can be divided into five sectors, between San Agustín and the village of Chañar. After describing briefly the physical geography and the prehistory of the region, we review these nine sites and describe the most typical engravings: masks and mask-like motifs, human and animal figures and geometric designs. The richest sites are San Agustín and Pabellón. The engravings are fully displayed in 40 plates which include 81 mask-like motifs, 80 human figures and 93 four-footed animals. The most frequent geometric designs are circles with a central point or with two perpendicular diameters. Morphological and quantitative comparisons are made with the sites of the cerro La Silla and the upper valley of the river Illapel.

The mask-like forms are statistically analyzed using a model based on five groups of typological criteria related to: (1) the appearance -realistic or stylized- of the representation, (2) the shape of its outline, (3) presence or absence of external ornament, (4) primary (eyes, nose, mouse) or secondary structural features (decorations), and (5) reticulated structures. These mask-like forms are found to differ among themselves and from those of the upper valley of the río Illapel: 70% are stylized. A review of the masklike forms of the Norte Chico enables us to define the particular characteristics of the "Hurtado" Style, similar to the "Limarí" Style which has previously been defined by Niemeyer (1977).

We then analyze the ergological material (dressed or polished stones, ceramics (general shape and painted designs), shells and metal objects) exhibited in the museums of Norte Chico from the point of view of their shape, in order to look for similarities with certain engravings of our rock art sites. We find no relationship between the forms of the engravings and the artifacts, and this rock art must have had a particular role, though this is unknown. Lastly, we raise a possible link between the engravings and shaman-istic practices, owing to which the shaman intercedes for the common good of society.

Key words: Petrogloyphs, Limarí Style, mascariform, anthropomorphic and abstract figures, northern Chile semi-arid.


 

En este artículo presentamos varios sitios de artículo describe las características geográficas del petroglifos del valle del río Hurtado Superior, Norte Chico. Luego se presenta una descripción afluente norte del río Limarí, Norte Chico (Chile), de los 9 sitios de arte rupestre de la cuenca alta del relevados en febrero de 1991. La primera parte del río Hurtado, distribuidos en cinco áreas. Seguidamente se analiza el conjunto de los dibujos por temas, sobre una base estadística y en relación a otros sitios del Norte Chico. A continuación se comparan las figuras rupestres con el material ergológico encontrado en excavaciones arqueológicas. En las conclusiones se exponen las posibles relaciones entre arte rupestre y prácticas chamánicas.

Geografía y Antecedentes Históricos de la Zona

El Norte Chico, también llamado Chile semi-árido (Paskoff 1970; Niemeyer 1989), se extiende entre la latitud 27°S a la 32°S (Figura 1) y agrupa, de norte a sur, las hoyas hidrográficas de los ríos Copiapó, Huasco, Elqui, Limarí y Choapa. El río Limarí está formado por la onfluencia de dos ríos principales, el Hurtado que fluye desde el norte y el Grande desde el sur. Con sus 11.760 km2, su hoya es la más extensa de esta región. Nuestras investigaciones las hemos realizado en la parte alta del río Hurtado, más precisamente en un sector comprendido entre el llano de San Agustín y el pueblo de Chañar (o el Chañar). Allí el valle es ancho y permite cultivos y crianza en alta montaña (veranada). El río efectúa luego un brusco cambio de dirección de 90° hacia el suroeste, cerca del pueblo Hurtado. En su parte baja, el río se estrecha y el flujo de sus aguas es regulado por el tranque Recoleta. El valle del río Hurtado es uno de los más habitados del Norte Chico, con numerosos pueblos y canales de irrigación, que aseguran un aprovisionamiento de agua continuo. Parece que ésta fue la tónica en su prehistoria.

El Norte Chico en general y el valle del río Hurtado en particular han visto desarrollarse desde hace 10.000 a 15.000 años numerosas fases culturales que hoy son bien conocidas. Las hoyas de los ríos Elqui y Limarí pueden considerarse como las mejor estudiadas, gracias a los trabajos de Comely (1945, 1956, 1962) e Iribarren C. (1970). Numerosas investigaciones posteriores efectuadas por arqueólogos del Museo de La Serena (G. Ampuero, G. Castillo, G. Cobo, H. Niemeyer) han enriquecido considerablemente los conocimientos sobre el patrimonio arqueológico de la región. Niemeyer (1994) ha resumido las fases culturales sucesivas del Norte Chico, completando su descripción con los descubrimientos más recientes.

Los Sitios Rupestres del Valle del Río Hurtado Superior

La arqueología chilena debe mucho a las investigaciones de F. Cornely y de J. Iribarren C. en el Norte Chico. El primero excavó principalmente en el valle del río Elqui, mientras que el segundo realizó numerosas excavaciones en el valle del río Hurtado. Iribarren reconoció, estudió y publicó varios sitios rupestres de este valle, lo que ha facilitado enormemente las investigaciones efectuadas por nosotros entre la Hacienda El Bosque y San Agustín (Iribarren 1953a, 1954, 1955-56). La Figura 1 muestra la carta de la región del Norte Chico comprendida entre la quebrada de Los Choros y el río Illapel, con las principales zonas de arte rupestre estudiadas por los autores desde comienzos de los años 70. En la parte superior de la Figura 1 se señalan las cinco zonas rupestres investigadas en 1991. Todas están más o menos cerca del curso del río Hurtado. La distancia máxima entre ellas es de aproximadamente 40 km, con un desnivel de alrededor 500 m. Incontestablemente, dos sitios presentan las estaciones más ricas de la región: Pabellón (con sus concentraciones de quebrada El Toro, Cuesta de Pabellón y Potrero de La Casa de Pabellón) y San Agustín. Aguas abajo, las estaciones de El Arenoso del Bolsico, El Rincón del Bolsico y la Hacienda El Bosque (cerca de los Potreros El Molino y El Damasco), en cambio, muestran sólo algunas unidades, aunque de gran interés.

La constitución mineralógica de las rocas grabadas es, en su mayor parte, granítica o volcánica. Gracias al clima seco, los petroglifos se mantienen en buen estado de conservación. En el Potrero de La Casa de Pabellón, algunos bloques graníticos han sido difíciles de estudiar debido al pronunciado desgaste de la superficie o del escaso contraste entre el grabado y la superficie de la roca. En la mayor parte de las estaciones, los bloques grabados se encuentran dispersos en la superficie de tierra o de arena, salvo en la quebrada de El Toro de Pabellón, donde la acumulación de los bloques alcanza varios metros de altura.

La Figura 2 permite observar la estructura en V asimétrica de las pendientes montañosas, en la parte alta del valle. La Figura 3, donde se ve en primer plano la ruta que sigue el valle, muestra, en segundo plano a la izquierda, una parte de la estación de la Cuesta de Pabellón. La Figura 4 presenta un mascariforme de la estación rupestre de San Agustín. Las Figuras 5 y 6 muestran los grandes planchones grabados de la Cuesta de Pabellón y la Figura 7 un rodado grabado de la estación del Potrero El Damasco.

Figura 1. Mapas de Chile continental con la localización del Norte Chico (derecha), entre las hoyas de la quebrada Los Choros y del no Illapel (izquierda), y de la zona estudiada en 1991 con la localización de los cinco sectores descritos (arriba). Las seis áreas geográficas estudiadas por los autores desde los años 70 están marcadas por las letras (a) a (f), y la zona de la cuenca alta del río Hurtado (c) se destaca en un rectángulo (izquierda).

Figura 2. Vista general del río Hurtado, aguas arriba de la estación de San Agustín.

Cada estación ha sido integralmente levantada según un método descrito por Ballereau y Niemeyer (1998). Durante nuestras investigaciones hemos identificado numerosos testigos arqueológicos, como material lítico y restos de cerámica, pruebas de una ocupación sedentaria.

La totalidad de grabados del valle del río Hurtado superior se presenta en 40 láminas (Figuras 8 a 47). El orden de ellas sigue el flujo de las aguas, desde San Agustín a la Hacienda El Bosque. Las figuras mascariformes de estas láminas han sido numeradas entre paréntesis cuadrados, entre (1) y (81), a fin de ser analizadas en un párrafo ulterior.

El Llano de San Agustín

Esta estación es la más elevada (2.000 msnm) y la más oriental del valle. Se trata de un llano cubierto de rodados, formado por el cono fluvial del estero del mismo nombre que desemboca en la ribera sur del río Hurtado. Registramos 38 petroglifos diseminados en medio de una vegetación abundante y repartidos en una superficie de varias decenas de hectáreas. La roca es de naturaleza granodiorítica. Nos fue posible encontrar ciertos grabados publicados por Iribarren (1953a), en particular la máscara del petroglifo N° 4. La temática del sitio está constituida por las siguientes representaciones.



 

Figura 3. Vista parcial de la estación de la Quebrada El Toro, sector de Pabellón. En primer plano, se ve la carretera principal.

Representaciones de máscaras y mascariformes. Se trata de grabados que evocan una cara humana con ornamentos que se supone podrían ser tatuajes o pinturas corporales. También existe la hipótesis que serían representaciones de una máscara. Esta representación está, a menudo, complementada por adornos exteriores, líneas, espirales, etc., como se ve también en otros sitios del Norte Chico. Los grabados de las Figuras 8A y 8B son los más notables de la estación y presentan un cierto parentesco con los del Valle del Encanto, por la exuberancia del contenido y la presencia de un tocado en abanico.

El segundo de los grabados es más realista, con una estructura de simetría vertical, dividido en un número elevado de células. La boca es subrayada por un doble contorno. Muy cerca de este mascariforme se encuentra otro de tamaño pequeño y muy estilizado.

Otras representaciones de mascariformes de San Agustín presentan atributos cefálicos semejantes: rayos divergentes superiores (Figura 9B), boca circular y ornamentos laterales cuadrados (Figura 10B), estructura reticulada rodeada por un ornamento que le envuelve totalmente (Figura 11 A), rectángulo dividido irregularmente por segmentos horizontales y tocado constituido por 11 líneas en abanico (Figura 12A), etc. Ciertas representaciones (Figuras 13A, 14B, 13E, 10B derecha, 15C, 15E, 11D) han sido grabadas con un alto grado de estilización.



 

Figura 4. Mascariforme con ornamento cefálico grabado en una roca de la estación de San Agustín. Grabado reproducido en la Figura 8B.

Representaciones antropomorfas. Los antropomorfos son más bien escasos en el sitio de San Agustín. Los personajes están representados de manera lineal y esquemática y están provistos de algunos atributos suplementarios. Son notables los de las Figuras:

- 13B con brazos asimétricos, pies prolongados por dos líneas onduladas opuestas que lo rodean y se unen sobre la cabeza; en cada mano tiene un objeto de morfología indeterminada

- 16B personaje con la cabeza estirada horizontalmente

- 14F un probable danzante en acción

- 8B dos personajes, el de la derecha lleva un cuadrado a nivel de la pelvis, lo que podría estimarse ser un vestido

- 11F interacción hombre-animal.

Representaciones animales. Como para las representaciones humanas, las representaciones animales son poco numerosas en San Agustín. Tres animales están agrupados en la Figura 13D; dos animales CASI tocan con la nariz un personaje en la Figura 9B; dos camélidos levantan el cuello en la Figura 15B.



Figura 5. Gran planchón cubierto con grabados, en la estación de la Cuesta de Pabellón sector de Pabellón ("La Piedra de Las Vinchucas"). Grabado reproducido en la Figura 19A

Figura 6: Gran planchón fragmentado cubierto con grabados, en la estación de la Cuesta de Pabellón, sector de Pabellón. Grabado reproducido en la Figura 26A.

Los otros cuadrúpedos se encuentran aislados en medio de otros motivos (Figuras 17B y 10C). Iribarren (1953a) reproduce una escena de este sitio en que aparecen siete figuras humanas y cuatro cuadrúpedos, que él interpreta como una escena de caza.

Figuras reticuladas irregulares. Estas figuras cubren superficies importantes que pueden llegar a ser la totalidad de un planchón o de la cara de un bloque. Están formadas por una gran cantidad de pequeñas superficies alveoladas (o reticuladas) y/o un conjunto de líneas desordenadas que les dan un aspecto caótico. Las Figuras 18 y 12 son los prototipos: la primera por sus elementos de superficie múltiples, a veces aislados, a veces agrupados, a menudo subdivididos por series de trazos; la segunda por una estructura mucho más anárquica en que aparecen algunos subconjuntos reticulados, uno de los cuales está integrado a un mascariforme. Aparte de este mascariforme ningún otro signo realista puede reconocerse.

En San Agustín, otras figuras complejas similares llaman nuestra atención: grupo compacto de estructura reticulada (Figura 16C), serie de líneas onduladas paralelas (Figura 9A), cadena lineal de elementos alveolados (Figura 10C), conjunto de líneas onduladas regulares contenidas en un contorno casi cerrado (Figura 15F).

Figuras reticuladas regulares. Se trata de superficies cerradas con contorno cuadranglar o curvo, subdivididas por conjuntos de rectas paralelas. Algunas de estas figuras parecen representar mascariformes (Figuras 13E, 14B, 14C, 1 IC). Debemos también señalar, en la Figura 9B, la presencia de una superficie aproximadamente oval dividida en 18 sectores, asemejándose a la figura humana vecina.

Figura 7. Gran piedra de la estación del Potrero El Damasco, sector de la Hacienda El Bosque, grabada en sus dos lados. Cara reproducida en la Figura 47A.

El sector de Pabellón

Pabellón, situado a 24 km aguas arriba del pueblo de Hurtado, pertenece a la segunda zona agrícola del valle y comprende una casa principal y dos dependencias cerca de una roca con tacitas. En un radio de 1 km se han reconocido y relevado tres estaciones rupestres: quebrada El Toro, Cuesta de Pabellón y Potrero de La Casa de Pabellón.



Figura 8. Petroglifos de la estación de San Agustín.

Figura 9. Petroglifos de la estación de San Agustín.



Figura 10. Petroglifos de la estación de San Agustín.

Figura 11. Petroglifos de la estación de San Agustín.

 

 

Figura 12. Petroglifo de la estación de San Agustín.

Figura 13. Petroglifos de la estación de San Agustín.   

 

Figura 14. Petroglifos de la estación de San Agustín.

Figura 15. Petroglifos de la estación de San Agustín

Figura 16. Petroglifos de la estación de San Agustín.

Figura 17. Petroglifos de la estación de San Agustín.

Figura 18. Petroglifo de la estación de San Agustín.

Las tres estaciones están constituidas por bloques diseminados, cuyas superficies horizontales grabadas pueden tener varios metros cuadrados. En algunos casos, los grabados aparecen sobre paredes verticales de varios metros de alto. El bloque que hemos llamado "Piedra de Las Vinchucas" (ver Figuras 5 y 19A), ligeramente inclinado, está casi totalmente cubierto de signos sin contacto entre ellos.

En ciertos casos, las rocas presentan un desgaste notorio (Figura 6), de origen sin duda humano y probablemente voluntario. Estos grabados, aunque no han desaparecido totalmente, son muy difíciles de identificar debido a la falta de contraste. Otros planchones grabados están también reproducidos en las Figuras 20A y 21 A.

La quebrada El Toro (Figuras 22 y 23)

La quebrada El Toro (1.865 msnm) desemboca en el río Hurtado, por su ribera norte, al nivel de Pabellón. Allí identificamos 11 bloques, algunos de los cuales están grabados en varias caras.

Los mascariformes son los grabados más numerosos, aislados o integrados a diversos conjuntos. El ejemplo de la Figura 22A, que integra un conjunto complejo, tiene una estructura realista simplificada. Los de la Figura 22B son rectángulos en posición vertical, poseen un tocado y están asociados con cuadrúpedos, probablemente camélidos. Esta asociación es frecuente en el Norte Chico. La Figura 23B, en su parte derecha, posee dos mascariformes de estructura única en la zona. Están constituidos de una cara humana simplificada con un ornamento cefálico desmesurado con forma de pera. Este ornamento tiene, encima, un ornamento horizontal vaciado. Al interior de ellos, vemos sistemas de líneas onduladas, una de las cuales está cerrada. El mascariforme que se ve al centro de la Figura 23E tiene un contorno circular, con divisiones internas formando 13 alveolos.

Los mascariformes aislados de la quebrada El Toro presentan morfologías que podrían denominarse de realistas-estilizadas, porque ellos presentan los ojos, nariz y boca. El resto del grabado está constituido por estructuras en alveolos (Figura 22E) o a dominante curva.

Entre los motivos encontrados en la quebrada El Toro, la cruz con contorno (o cruz americana) merece un examen particular. En la Figura 22A vemos cuatro ejemplares, uno de los cuales no presenta el motivo cruciforme central. Pese a las degradaciones, la Figura 23E nos presenta una cruz rodeada por un círculo provisto de cuatro segmentos radiales simétricos. La cruz de la Figura 23A está incluida en un círculo provisto de cuatro triángulos bisectados.

La cuesta de Pabellón (Figuras 20 y 21, 24 a 36)

La cuesta de Pabellón (1.895 msnm) es una colina de la ribera norte del río Hurtado, situada entre Pabellón y el villorrio de El Bolsico. Sus dos pendientes y la cresta están sembradas de numerosos bloques de origen volcánico, algunos de los cuales llevan grabados. La mayoría de esos bloques grabados se encuentran en la pendiente oriental de la colina. En este sitio, hemos podido reportar 40 bloques grabados.

Máscaras y mascariformes. La Figura 20A muestra los grabados de un gran planchón (la Figura 24 reproduce algunos dibujos en detalle). Se puede observar que los motivos están dispersos, lo que hace pensar en un grabado elaborado de manera progresiva en el tiempo. El contorno de los mascariformes va del rectángulo al círculo; algunos de ellos poseen una separación horizontal, ya observada en otros sitios. Al parecer, sólo los ojos han sido representados.

La Figura 19A (la "Piedra de Las Vinchucas") muestra el conjunto grabado más instructivo del valle del río Hurtado, en el cual hemos podido contar alrededor de 70 signos (algunos de ellos están dibujados en la Figura 25). Los mascariformes presentan estructuras conforme a lo que ya hemos visto en otras estaciones: muy estilizados, imágenes faciales de simetría vertical (Figuras 25D, 25G y 25J), representaciones irregulares que, sin embargo, muestran los ojos (Figuras 25D, 25E derecha, 25G, 25J, 25K). Los ornamentos externos son raros: un tocado alveolado, una "barba" y tres "ganchos" (Figura 25B); segmentos paralelos en forma de tocado y pequeños rectángulos en lo alto de la cabeza. Esos pequeños rectángulos son un ornamento frecuente en los mascariformes del Norte Chico, especialmente en el valle El Encanto y el cerro El Buitre (Mostny y Niemeyer 1983). El personaje de la Figura 25 J debería estimarse como un antropomorfo enmascarado, si tomamos en cuenta la presencia de un cuerpo completo de tamaño reducido.



Figura 19. Petroglifo de la estación de Cuesta de Pabellón ("La Piedra de Las Vinchucas"), sector de Pabellón.

Figura 20. Petroglifo de la estación de Cuesta de Pabellón, sector de Pabellón.



Figura 21. Petroglifo de la estación de Cuesta de Pabellón, sector de Pabellón.

Figura 22. Petroglifos de la estación de Quebrada El Toro, sector de Pabellón.

Figura 23. Petroglifos de la estación de Quebrada El Toro, sector de Pabellón.

Figura 24. Petroglifos de la estación de Cuesta de Pabellón, sector de Pabellón. Ampliaciones de algunos grabados de la Figura 20.

Figura 25. Petroglifos de la estación de Cuesta de Pabellón ("La Piedra de Las Vinchucas"), sector de Pabellón. Ampliaciones de algunos grabados de la Figura 19.

Del gran planchón de la Figura 26 se han hecho las ampliaciones que aparecen en la Figura 27.a De los cuatro mascariformes presentes, los indicados por las letras A y C tienen una estructura aproximadamente simétrica y el de la letra D está dividido horizontalmente en tres zonas, dos de las cuales son de estructura reticulada.

Los otros mascariformes de la cuesta de Pabellón merecen ser descritos en detalle:

- el 28A, con eje de simetría vertical, está constituido por una red de cinco segmentos paralelos cortados por un segmento vertical; los dos ojos están puestos sobre uno de los cinco segmentos; este mascariforme tiene un ornamento cefálico formado por nueve trazos verticales

- el 28C tiene un contenido muy desordenado, donde sólo aparecen claramente los ojos

- el 29A, de forma rectangular-curvilínea con una separación interior horizontal, tiene varios motivos geométricos, entre los cuales se reconocen dos elementos estelares, que forman los ojos, y dos pequeñas lunas-crecientes simétricas

- el 30A, realmente excepcional por su estructura: forma rectangular-oval, con eje de simetría vertical, lleva un ornamento cefálico formado de una doble red de líneas paralelas, siete a la derecha, cinco a la izquierda y, entre ellas, otras cinco líneas en abanico que sirven de unión a las dos redes; la cara posee dos pequeños ojos rectangulares con punto central y una boca formada por una línea horizontal cortada por tres segmentos verticales; ojos y boca se pierden en una red muy sofisticada de 52 alveolos con eje de simetría vertical

- el 30B (izquierda) tiene una forma rectangular-curvilínea, con una separación horizontal; los ojos son dos círculos pequeños con punto central; la parte inferior posee numerosos elementos curvos, unos de los cuales tienen simetría vertical

- el 30B (derecha) tiene forma de semicírculo; contiene elementos desordenados de trazos rectilíneos y cuadrilátero cruzado en la parte superior

los mascariformes representados en las Figuras 31A, 31B, 31C, 31E, 31F y 31H, de concepción abstracta, tienen estructuras curvilíneas o rectilíneas; sólo los ojos pueden adivinarse, bajo la forma de puntos o círculos pequeños.

Representaciones antropomorfas. Las cuarenta representaciones humanas reportadas en la estación de la cuesta de Pabellón, aunque son realistas, presentan diversos grados de esquematización. Un motivo notable es el que aparece en las Figuras 19A (izquierda) y 32B, un personaje en un círculo, especie de medallón del arte rupestre. La Figura 33 muestra asociaciones de antropomorfos y objetos de naturaleza desconocida: A tiene un objeto acodado en su mano izquierda; G tiene en el codo derecho una estructura en forma de cuarto de círculo; e I tiene un objeto circular con dos apéndices en su mano izquierda.

Algunos personajes presentan morfologías particulares: presencia de un doble sistema de brazos acodados paralelos, levantados al cielo en posición de un orante (Figura 33H); brazos y/o piernas en semicírculo dirigidos hacia el cuerpo (Figuras 29B, 29F, 29G, 32G, 34C y 31J); el tronco y las extremidades hacen parte de una red de cuadrángulos (Figuras 32E, 34G y 341).

Ciertos personajes están asociados a cuadrúpedos (Figuras 33H y 35A). Esta última nos muestra la interacción entre un personaje en posición dinámica y un cuadrúpedo, probablemente un cánido. También existen los antropomorfos con estructuras particulares: decoraciones cefálicas circulares (Figura 29F), cabeza triangular dividida en tres sectores (Figura 35E), con túnica rayada y tocado de líneas rectas (Figura 36D).

Representaciones de carácter geométrico. La Cuesta de Pabellón posee el conjunto habitual de representaciones de reticulados. Éstas son de dos tipos. El primero posee un contorno regular, formado por curvas o por segmentos rectilíneos (Figuras 241, 28E, 28F). EÍ segundo está formado por la yuxtaposición irregular de círculos, a veces ornados por un punto central (Figuras 33E, 29C, 29D, 29H, 32A y 31I); círculos simples o concéntricos, óvalos, rectángulos, contornos irregulares con o sin orden, que, a veces, acompañan personajes o animales (Figuras 33B, 36D, 36E, 36F, 34H, y 31D).



Figura 26. Petroglifo de la estación de Cuesta de Pabellón, sector de Pabellón.

Figura 27: Petroglifos de la estación de Cuesta de Pabellón, sector de Pabellón. Ampliaciones de algunos grabados de la Figura 26.

Figura 28. Petroglifos de la estación de Cuesta de Pabellón, sector de Pabellón.

Figura 29. Petroglifos de la estación de Cuesta de Pabellón, sector de Pabellón.

Figura 30. Petroglifos de la estación de Cuesta de Pabellón, sector de Pabellón.

Figura 31. Petroglifos de la estación de Cuesta de Pabellón, sector de Pabellón.

Figura 32. Petroglifos de la estación de Cuesta de Pabellón, sector de Pabellón.

Figura 33. Petroglifos de la estación de Cuesta de Pabellón, sector de Pabellón.

Figura 34. Petroglifos de la estación de Cuesta de Pabellón, sector de Pabellón. Ampliaciones de algunos grabados de la Figura 21.

Figura 35. Petroglifos de la estación de Cuesta de Pabellón, sector de Pabellón.

Figura 36. Petroglifos de la estación de Cuesta de Pabellón, sector de Pabellón.

La Cuesta de Pabellón posee el conjunto habitual de representaciones geométricas: círculos simples o concéntricos, óvalos, rectángulos de contorno regulares o no, ordenados o no, asociados a personajes o animales o simplemente aislados. Encontramos también numerosos reticulados, algunos presentan un cierto grado de regularidad como, por ejemplo, grupos de rectas paralelas que se cruzan, y los más numerosos, de una irregularidad tal que son imposibles de describir.

El Potrero de La Casa de Pabellón (Figuras 37 a 42)

La estación El Potrero de La Casa de Pabellón (1.810 msnm) está al oeste de Pabellón, entre la ruta principal y la ribera derecha del río Hurtado. Está constituida por doce bloques grabados. Dos de ellos son grandes planchones planos y horizontales, cuyos numerosos motivos merecen un examen particular.

La Figura 37A reproduce una roca granítica ligeramente inclinada sobre el plano horizontal, de color claro y que presenta, en consecuencia, poco contraste. Los grabados, como puede observarse, están distribuidos irregularmente. Se pueden ver tres grupos de signos: (1) cinco mascariformes de forma cuadrada, dos de los cuales están muy gastados. Uno de ellos presenta un adorno sobre la cabeza que recuerda aquellos del Valle del Encanto; todos presentan una separación horizontal así como los ojos, nariz y boca y elementos ondulados o rectilíneos; (2) posible rebaño de una veintena de cuadrúpedos agrupados alrededor de un personaje con cabeza circular (algunos de estos cuadrúpedos parecen ser cánidos) y, finalmente, (3) un conjunto de líneas onduladas, reticulados y un motivo que recuerda un peine.

Probablemente la roca de la Figura 38A es andesita de color oscuro. El conjunto de sus grabados forma un triángulo de 1,5 m2 y entre ellos se cuentan 4 personajes, 16 cuadrúpedos y varios reticulados (Figuras 39A a F y 40A a D). El antropomorfo más notable es un arquero (Figura 39B), cuya cabeza presenta un tocado formado por cinco rectas en abanico; el animal cazado se encuentra frente a él a nivel de la cabeza (Figura 38A). Entre los cuadrúpedos presentes, dos tienen una cuerda al cuello, uno es bicéfalo (Figura 40A), otro tiene las patas anteriores bisulcas y cuatro llevan un jinete, uno de los cuales lleva en su mano derecha un objeto en forma de globo. Este conjunto presenta también algunos reticulados, uno de ellos está en contacto con la cabeza de un probable cánido. En la estación de El Potrero de La Casa de Pabellón se observan otros grabados: cuadrúpedos, reticulados y círculos con punteado ligero (Figuras 41A y 41B); conjunto de círculos con un posible antropomorfo (Figura 42A); antropomorfo con decoración cefálica en abanico (Figura 42B); un mascariforme rectangular que presenta sólo los ojos y la boca (Figura 42C).

El Arenoso del Bolsico (Figura 43A) y El Potrero El Puquio (Figuras 43B a 43D)

La estación El Arenoso del Bolsico es un afloramiento de bloques graníticos que se levantan en una extensión arenosa, a 300 metros del villorrio del Bolsico, al lado norte de la ruta. El único grabado del sitio (Figura 43A) muestra cinco rectángulos donde la curvatura de los costados se dirige al interior. Tres de ellos poseen en la parte alta una decoración en semicírculo y en dos de ellos, líneas rectas parten de ese semicírculo. El interior de un cuadrilátero está vacío, dos contienen círculos y el último muestra tres diagonales. La morfología de ese signo nos lleva a interpretarlo, como lo hace Castillo (1985), como una figura humana vestida con una túnica. El cuadrilátero que se encuentra en el centro del conjunto está en contacto con una "luna creciente".

Hemos identificado catorce ejemplares de este motivo rectangular particular, propio del Norte Chico, en el valle del río Illapel superior (Ballereau y Niemeyer 1998). También se han encontrado algunos ejemplares, descritos por Mostny y Niemeyer (1983), en la región de Ovalle. En los sitios rupestres septentrionales del Norte Chico, este signo no está presente. Niemeyer y Weisner (1991) han estudiado algunos ejemplares, vecinos a la región que estudiamos, en la hoya del río Petorca. Niemeyer lo ha encontrado en el sitio Oruro, a orillas del río Limarí, cerca de la Panamericana (trabajo inédito).

Aguas abajo del Bolsico, la estación del Potrero El Puquio comprende varios bloques dispersos en una viña. Las Figuras 43B, 43C y 43D provienen de este sitio. Están compuestas por círculos, rectángulos o reticulados. La Figura 43B presenta, a la derecha, un objeto que tiene una fuerte semejanza con un propulsor con contrapeso central.



Figura 37. Petroglifo de la estación del Potrero de La Casa de Pabellón, sector de Pabellón.

Figura 38. Petroglifo de la estación del Potrero de La Casa de Pabellón, sector de Pabellón.

Figura 39. Petroglifos de la estación del Potrero de La Casa de Pabellón, sector de Pabellón.
Ampliaciones de algunos grabados de la Figura 38.

Figura 40. Petroglifos de la estación del Potrero de La Casa de Pabellón, sector de Pabellón.
A, B y D: ampliaciones de algunos grabados de la Figura 38.

Figura 41. Petroglifos de la estación del Potrero de La Casa de Pabellón, sector de Pabellón.

Figura 42. Petroglifos de la estación del Potrero de La Casa de Pabellón, sector de Pabellón.

Figura 43. Petroglifos de las estaciones del Arenoso del Bolsico (A) y del Potrero El Puquio (B a D), sector de El Bolsico.

El Rincón del Bolsico (Figuras 44 y 45A)

Este pequeño sitio, formado por algunos bloques graníticos grabados, está situado a 200 metros del curso del río Hurtado, en la ribera izquierda, y a 5 km aguas abajo del villorrio del Bolsico. La superficie de ciertos bloques ha sido severamente degradada, sin duda por vándalos. La superficie restante representa menos de la mitad del original. Las Figuras 44A y 44B muestran algunos reticulados irregulares y formas onduladas abiertas o cerradas. La Figura 45 A muestra círculos con diámetros cruzados o únicos.

La Hacienda El Bosque (Figuras 45B a 47)

La zona de La Hacienda El Bosque, a algunos kilómetros aguas arriba del pueblo de Chañar, posee algunos sitios rupestres descritos por Iribarren (1957). Hemos podido reportar dos sitios, El Potrero El Molino (Figuras 45B a 45F) y El Potrero El Damasco (Figuras 46A y 47A), separados únicamente por un cerco.

El Potrero El Molino (Figuras 45B a 45F)

La Figura 45E presenta un mascariforme de estilo muy cercano a aquellos que se encuentran aguas arriba en el valle. La cara rectangular está cubierta por una red irregular de alveolos rectangulares, algunos de los cuales están abiertos. La parte alta del mascariforme lleva un tocado de trazos rectos en abanico. Los otros grabados del potrero El Molino son estructuras reticuladas completamente irregulares.

El Potrero El Damasco (Figuras 46 y 47)

Un gran bloque desprendido de la montaña presenta dos importantes superficies grabadas (Figuras 46A y 47A). En la primera cara se puede ver una representación humana con los brazos curvados hacia el cuerpo y el pie izquierdo en contacto con un círculo con punto central. El resto de los signos son círculos, líneas onduladas y lo que podríamos llamar "punta de flecha pedunculada" con punteado interior, al centro del petroglifo. Algunos elementos más realistas aparecen en la Figura 47A: seis antropomorfos esquemáticos con los brazos tendidos horizontalmente y, a la derecha, lo que pareciera ser un antropomorfo integrado en una serie de motivos circulares o irregulares y cerrados.

Análisis Global de los Grabados

Hasta ahora hemos descrito, estación por estación, los principales grabados registrados en el valle del río Hurtado superior. Las 40 láminas (Figuras 8 a 47) representan la totalidad de los 140 grabados registrados. Ellos constituyen un corpus único que permite analizar en profundidad el estilo rupestre de la región, calcular la frecuencia de aparición de los signos preponderantes y su distribución espacial. Un número muy limitado de grabados no pudieron reproducirse por causas diversas: fracturas, desgaste o falta de contraste.

Este estudio es la continuación de aquellos realizados por los autores desde comienzos de los años 90, cuyos resultados son objetos de dos publicaciones. La primera, dedicada al cerro La Silla (Niemeyer y Ballereau 1998b), concierne los trabajos de 1990 y 1992, en los cuales fueron registrados 790 grabados situados en los alrededores del Observatorio Europeo Austral. La segunda publicación analiza los 204 grabados de los 8 sitios del valle del río Illapel superior (Ballereau y Niemeyer 1998).

Análisis estadístico de los grabados. El análisis estadístico de los sitios se basó en la totalidad de los grabados. Esto permitió constatar que existe un gran parentesco estilístico entre los grabados del valle del río Hurtado superior y los del río Illapel superior, distantes 120 km a vuelo de pájaro. Es por esto que hemos decidido reutilizar la Tabla 1 de Ballereau y Niemeyer (1998). La Tabla 1 de la presente publicación lista los 14 signos elementales y su número, estación por estación. Los tres primeros corresponden a "seres vivos": antropomorfos, zoomorfos y mascariformes. Los siguientes representan figuras geométricas elementales o signos particulares, característicos de la región. Se hará un comentario particular de cuatro de ellos: cruz con contorno (cruz americana), cuadrilátero con lados cóncavos, círculo con rayos exteriores paralelos y el signo escudo. Estos datos numéricos nos permitirán discernir, en función de los signos dominantes, las tendencias de cada estación rupestre.

En primer lugar, podemos observar que la casi totalidad de los "seres vivos" se encuentran en las estaciones de altura de San Agustín y Pabellón. Los mascariformes aparecen en gran número (81) y repartidos regularmente entre los cuatro sitios de la parte alta del valle. La ausencia casi total de este signo fundamental en las estaciones de la parte baja del valle podría explicarse por el hecho de que los autores han explorado y registrado sólo una parte de los sitios de ese sector. Iribarren (1957) describe mascariformes provenientes del sector de La Hacienda El Bosque, que no logramos encontrar. Los antropomorfos no presentan una distribución geográfica regular: muy abundante en la Cuesta de Pabellón (51), están prácticamente ausentes en la quebrada El Toro (1). La Cuesta de Pabellón posee un número limitado de zoomorfos (19), pero son muy abundantes en la estación El Potrero de La Casa (41). Finalmente, entre los signos geométricos, los círculos con punto central (56) y los círculos con diámetros perpendiculares (36) son los más frecuentes.



Figura 44. Petroglifos del sector de El Rincón del Bolsico.

Figura 45. Petroglifos del sector de El Rincón del Bolsico (A) y de la estación del Potrero El Molino,
sector de La Hacienda El Bosque (B a F).



Figura 46. Petroglifo de la estación del Potrero El Damasco, sector de La Hacienda El Bosque.

Figura 47. Petroglifo de la estación del Potrero El Damasco, sector de La Hacienda El Bosque.

Si en la Tabla 1 dividimos cada una de las cantidades de la columna Total por el número de petroglifos que hemos relevado en la cuenca alta del río Hurtado (140), obtenemos un parámetro que representa la importancia relativa del signo en esta área, que podemos llamar "densidad" media del signo. Si aplicamos este criterio de "densidad" a Hurtado, podemos observar un valor de 0,58 (81: 140) para los mascariformes. En Illapel, en cambio, donde hemos relevado 47 mascariformes de un total 204 petroglifos, el valor es de 0,23, y muestra la importancia de este signo en el Hurtado. Por el contrario, los zoomorfos presentan un valor de 1,04 para Illapel y de 0,66 para Hurtado y los antropomorfos tienen valores semejantes en ambos lugares (0,59 para Hurtado y 0,57 para Illapel).

La cruz americana (o cruz regular con contorno) se presenta en número parecido en Hurtado (5) y en Illapel (4); los cuadriláteros con lados cóncavos se presentan en relación de simple a doble (7 para Hurtado, 14 para Illapel). Debemos insistir en el hecho que en Hurtado seis de estos signos se encuentran en un mismo petroglifo del Arenoso del Bolsico (Figura 43A). De la misma manera, si observamos los otros signos de nuestra clasificación, vemos que las diferencias de densidad son notables entre Hurtado e Illapel: círculos con punto central (0,40 y 0,31, respectivamente), círculos con diámetros perpendiculares (0,26 y 0,03), círculos con rayos exteriores (0,04 y 0,40), signo escudo (0,12 y 0,17) y líneas onduladas regulares (0,09 y 0,25).



Tabla 1. Lista de los catorce principales motivos rupestres encontrados en las nueve
estaciones rupestres de la cuenca alta del río Hurtado, estudiados en febrero de 1991, con su frecuencia en cada sitio.

Máscaras y mascariformes. En el valle del río Hurtado superior, el número de mascariformes es excepcionalmente elevado (81), casi el doble de lo encontrado en el valle del río Illapel superior. Ningún otro sitio del Norte Chico presenta tantos ejemplares, lo que nos permite postular que se trata de uno de los signos más representativos de la variante Hurtado del Estilo Liman. El examen de esos mascariformes pone en evidencia, de la misma manera que en todos los sitios del Norte Chico, que ninguno de ellos es semejante a los otros, cualquiera que sea el criterio de observación. Tomando en cuenta esta diversidad, hemos intentado establecer un cierto número de criterios morfológicos a fin de realizar un análisis estadístico. Los 18 criterios aparecen en la Tabla 2. Pero antes de todo es fundamental definir lo que llamamos máscara o mascariforme.

Definición del mascariforme. La representación del cuerpo humano se constituye con cuatro elementos estructurales primarios: el tronco al que se unen la cabeza, los brazos y las piernas. Estos cuatro elementos aparecen en una representación antropomorfa completa, esquemática o no. La cabeza puede presentarse en forma de un gran punto, círculo u otra superficie cerrada. El tronco y los brazos son, generalmente, lineales, pero pueden también presentarse en forma volumétrica. Tres de esos elementos bastan para identificar un antropomorfo, pero en todo caso, la presencia del tronco es necesaria, aun si él es esquemático (serie de puntos o líneas verticales).

Algunos elementos estructurales secundarios pueden aparecer en un antropomorfo, como los ojos, nariz, orejas, manos y pies (con o sin dedos), sexo (masculino), lo que permite clasificarlo en un estilo regional. Sin embargo, ninguno de estos elementos aislados permiten definir un antropomorfo. También pueden aparecer algunos elementos complementarios: ornamentos cefálicos, aros, máscaras, vestidos, armas. En muy raros casos, el antropomorfo puede presentar un carácter mixto, es decir rasgos animales, como una cabeza, por ejemplo.



Tabla 2. Lista de los 18 criterios tipológicos (segunda columna) de los mascariformes encontrados en cinco sectores seleccionados de la cuenca alta del río Hurtado; la primera columna da el código de cada criterio.

La representación de la cara humana obedece a criterios morfológicos semejantes. La cabeza es representada por un contorno cerrado, que presenta todas las formas intermedias del cuadrado al círculo. En su interior encontramos, si está completo, tres elementos estructurales: ojos, nariz y boca. Solamente los ojos, en un contorno cerrado, permiten definir la imagen esquemática de una cara, pero no la nariz y/o la boca aisladas. Representaciones más sofisticadas de la cara pueden poseer elementos complementarios como tocados o decoraciones cefálicas, y elementos geométricos sencillos sobre la cara que, en algunos casos y con bastante imaginación, podrían interpretarse como pinturas corporales o tatuajes.

El problema que se presenta es cuándo un grabado, realista o esquemático, representa una cara o una máscara. Se podría pensar que la estructura realista lo acerca a una cara y un cierto grado de sofisticación a una máscara. Dada la imposibilidad de establecer una frontera bien definida entre ambos casos, nos fiaremos de nuestra interpretación personal, estando totalmente conscientes del alto grado de subjetividad que ello implica.

Clasificación de los mascariformes. Los 18 criterios tipológicos de la Tabla 2 están repartidos en cinco grupos, cada uno de ellos con un número variable de subdivisiones. Los resultados del análisis morfológico se muestran en las Tablas 3 (San Agustín), Tabla 4 (Quebrada El Toro), Tabla 5 (Cuesta de Pabellón) y Tabla 6 (Potrero de La Casa y Potrero El Molino). Los otros sitios no son citados porque carecen de mascariformes. Las columnas de estas cuatro tablas señalan el número del mascariforme (que se ve entre paréntesis cuadrados en las Figuras 8 a 47), el número de la Figura en que se encuentra, así como los 18 criterios de clasificación. La última columna entrega los subtotales de los criterios, transferidos a las columnas A, B, C y D de la Tabla 2. En la Tabla 2 se entrega el número total de mascariformes para los sitios elegidos y su porcentaje, calculado sobre los 81 mascariformes del valle del río Hurtado superior.

El grupo I concierne al carácter del mascariforme: realista o estilizado, con el carácter intermedio realista-estilizado. Debemos reconocer que el uso de estos términos significa un alto grado de subjetividad en la apreciación de este carácter. En general, podemos decir que un mascariforme realista es aquel en que se pueden observar los elementos básicos de un rostro: ojos, nariz y/o boca. Pero también pueden aparecer otros detalles, tal como red de células (superficies cerradas), conjuntos de rectas o de puntos, etc. Ejemplos de mascariformes realistas pueden reconocerse en las representaciones (23) y (24) (Figura 22). Por el contrario, un mascariforme estilizado es aquel en que estos elementos son solamente sugeridos por la presencia de otros elementos complementarios exteriores. Los mascariformes (7) (Figura 8A) y (81 ) (Figura 45E) son buenos ejemplos de ellos.

El grupo II concierne a la forma del contorno del mascariforme, que puede variar de los lados rectilíneos (rectángulo, cuadrado) a lados curvilíneos (círculo, óvalo). Entre ambos extremos, encontramos las variantes mixtas, donde los cuatro lados, bien identificados, son lineales (o ligeramente curvos), con ángulos redondeados. A veces, uno o dos lados son rectos, mientras los otros son curvos. Los mascariformes (45) (Figura 25D), (61) (Figura 27D) y (62) (Figura 30A) son buenos prototipos de estos grupos.

En el grupo III podemos observar la presencia o ausencia y la localización de los elementos decorativos periféricos del mascariforme, cualquiera sean estos elementos y sea la decoración completa o incompleta.

El grupo IV trata de la presencia o ausencia de una separación horizontal en el interior del mascariforme, así como de los elementos estructurales del rostro que son los ojos, la nariz y la boca. Numerosos trabajos muestran una proporción elevada de mascariformes del Norte Chico que presentan esta separación. A menudo, los ojos y la nariz se encuentran en la parte superior y la boca en la parte inferior, y estos dos espacios contienen signos lineales, puntiformes o meándricos.

Finalmente el grupo V presenta la naturaleza del reticulado que, en ciertos casos, se presenta en el interior del mascariforme: rectilíneo, curvilíneo o mixto. No hemos incluido en este grupo los mascariformes cuyo contenido nos parece irregular o demasiado particular.

Aunque el carácter subjetivo de la apreciación de los grabados hace delicada la atribución a algunos de los criterios de clasificación, a partir del análisis de los 81 mascariformes pueden establecerse algunas tendencias. Por ejemplo, los mascariformes estilizados representan 70%, (57), de los presentes, mientras los realistas representan 11% (9). En cambio, la forma exterior de los mascariformes, que varía del cuadrado al círculo, se presenta en porcentajes sensiblemente iguales.



Tabla 3. Análisis cuantitativo de los 19 mascariformes del sector de San Agustín,
en relación a los 18 criterios tipológicos de la Tabla 2.



Tabla 4. Análisis cuantitativo de los 14 mascariformes de la Quebrada El Toro, sector de Pabellón,
en relación a los 18 criterios tipológicos de la Tabla 2.

Tabla 5. Análisis cuantitativo de los 37 mascariformes de la Cuesta de Pabellón,
sector de Pabellón, en relación a los 18 criterios tipológicos de la Tabla 2

Tabla 6. Análisis cuantitativo de los 1 I mascariformes de las estaciones del Potrero de La Casa de Pabellón, sector de Pabellón, y del Potrero El Molino, sector de La Hacienda El Bosque, en relación a los 18 criterios tipológicos de la Tabla 2.

En el grupo III, que identifica y localiza las decoraciones periféricas, se observa 38% de mascariformes sin decoración externa. Para aquellos que las presentan, 29 ejemplares (36%) tienen un tocado. Este tocado está formado por un conjunto de trazos paralelos o en abanico (16), por una superficie en forma de abanico (3), una serie de rectángulos contiguos (5) o simplemente una estructura irregular. En este mismo grupo, 14 mascariformes presentan decoraciones laterales y 11 tienen decoraciones inferiores (trazos paralelos o en abanico). Las decoraciones externas completas sólo aparecen en tres ejemplares, Nos (1), (15) y (58) (Figuras 13A, HA y 27A, ver en Figura 26A para este último).

En lo que concierne a los grupos IV y V de la clasificación, ellos presentan un alto número (47%) de figuras con una separación horizontal y una frecuencia muy irregular de la presencia de ojos, nariz o boca. La frecuencia de ojos duplica el número de narices y bocas. Los mascariformes con una red cuadrangular en su interior son numerosos (22) en el valle del río Hurtado superior, estando casi totalmente ausentes en el valle del río Illapel superior.

Para concluir, podemos afirmar que un mascariforme de la zona del Hurtado superior es más bien estilizado, cuyo contorno varía del cuadrilátero al círculo sin preferencia particular, con el interior a veces tapizado con un reticulado rectangular. Uno de cada dos presenta una separación horizontal que crea dos áreas donde se reparten, cuando existen, los ojos, la nariz y/o la boca. Este mascariforme posee una decoración sobre la cabeza y rara vez en los lados y bajo el mentón. El parentesco estilístico con las figuras del valle del río Illapel superior se hace evidente.

Figuras antropomorfas. La Tabla 1 muestra que los sitios del río Hurtado superior presentan un total de 80 antropomorfos que se reparten de manera homogénea entre aquellos sitios. Un simple cálculo estadístico muestra que hay un antropomorfo por cada dos conjuntos grabados, cifra semejante a lo que se encuentra en el valle del río Illapel superior (120). Aparte de los grandes planchones, pocos petroglifos presentan varios personajes, salvo los presentados en las Figuras 8B, 29B, 32F y 47A.

Todas las representaciones humanas muestran gran variedad morfológica, siendo, en su gran mayoría, esquemáticas. A veces los personajes tienen brazos y piernas en posición asimétrica o dirigidos hacia lo alto. Numerosos son los que tienen los brazos y/o las piernas en semicírculo que se cierra hacia el cuerpo (Figuras 29B, 32G, 34C y 31J). En la Figura 33H, el personaje presenta los dedos de las manos y los pies y un par de brazos suplementarios. Por el contrario, el de la Figura 35E no tiene brazos, pero tiene la cabeza curva-triangular. Una forma particular son los antropomorfos de las Figuras 32E, 34G y 341, en que las extremidades y el tronco hacen parte de un reticulado regular. Algunas raras representaciones muestran una parte del cuerpo formando una superficie parcial o totalmente picada: la cabeza y, más frecuentemente, el cuerpo (Figuras 13B, 9B, 8B, 41B y 46A).

Puede ocurrir que los antropomorfos lleven objetos en las manos o se unan entre ellos a través de los pies (e.g. Figuras 13B, 8B: dos personajes en contacto con un motivo central en forma de escudo; 33A portando un hacha; 33G con brazo derecho en contacto con figura triangular; 331 que blande algo semejante a un globo; el arquero de la Figura 39B; el jinete de la Figura 39E que lleva una cuerda con una especie de globo con dos diámetros perpendiculares; o el personaje de la Figura 46A, cuyo pie izquierdo está en contacto con un círculo con punto central). También se pueden observar algunos antropomorfos enmascarados (Figuras 9B y 25J) y aquellos con decoraciones cefálicas. Otro grupo es el de los antropomorfos con decoraciones cefálicas: "cuernos" dirigidos hacia arriba o hacia abajo (Figuras 13B, 32G y 34A), elementos ondulados (Figura 14C), "orejas" desmesuradas (Figura 29F), cabeza triangular (Figura 32F), "abanicos" de varias puntas (Figuras 39B y 42B).

El último grupo corresponde a antropomorfos asociados a otros motivos: personajes en medallón (Figuras 24H, 19A izquierda y 32B), interacción humano-animal, quizás una escena de domesticación de un camélido o un cánido (Figuras 11F y 35A), personajes montados en un cuadrúpedo (Figuras 38A, 39D, 39E y 40B).

Representaciones animales. En los sitios rupestres del valle del río Hurtado superior hemos contabilizado 93 zoomorfos, todos cuadrúpedos (Tabla 1), aproximadamente igual número que los mascariformes y los antropomorfos. Este resultado muestra, comparativamente con otras regiones del país, un impacto menor de la representación animal en el arte rupestre local. Entre esos cuadrúpedos algunos son, evidentemente, camélidos, con un cuello tan largo como las patas (Figuras 13D, 9B, 10C, 15B, 22B, 23G, 41A, 37A y 38A). El cuello normalmente se eleva a la vertical y, en raros casos, se inclina casi hasta la horizontal. Si el animal se siente en peligro, pone sus orejas de punta, sino las pone horizontalmente. También algunos raros ejemplos muestran la patas bisulcas (Figura 39C). Hemos observado que ciertos cuadrúpedos con largo cuello son montados por un jinete (Figura 38A). En lo que se refiere a los camélidos bicéfalos (Figuras 38A, 40A), de relativa frecuencia en Chile semiárido, Castillo (1985) explica su presencia porque "el ganado puede ser integrado activamente al mundo religioso". Mostny (1969) atribuye igualmente a este signo un contenido mágico-religioso. Otro ejemplo de camélido (Figura 41 A) muestra un objeto vertical fijado en el lomo. Los cuadrúpedos que presentan un cuello corto podrían representar animales, como el zorro o el gato montes andino. Por ejemplo, en las escenas de interacción (Figuras 11F, 35A), la pareja hombre-animal podría evocar un pastor y su perro.

Un solo cuadrúpedo posee un cuerpo vaciado y el vientre marcado (Figura 33H). Destaca también una tropilla de cuadrúpedos en un gran planchón (Figura 37A). Los animales rodean un personaje y un motivo circular reticulado. La mayoría de esos cuadrúpedos poseen un cuello corto. Aun cuando los cuadrúpedos se presentan en número reducido, las asociaciones formadas con personajes o mascariformes no son, sin duda, fortuitas.

Si nos referimos a las publicaciones de Iriba-rren (1953b, 1957), podemos constatar que las representaciones de animales son muy raras en el valle del río Hurtado inferior. En los sitios de las estancias La Laguna y Piedras Blancas no parece existir ninguna. Se encuentra solamente una en la Hacienda El Bosque. Looser (1929) publica dos cuadrúpedos de un sitio cercano a Chañar, uno de los cuales lleva un trazo vertical en el lomo, lo que podría sugerir un jinete estilizado o el símbolo de un objeto o adorno particular. Su diseño es semejante al de la Figura 41 A.

Representaciones con carácter geométrico. En la Tabla 1, los tres primeros signos son manifestaciones directas de la vida: antropomorfos, zoomorfos o máscaras. Los signos restantes se asimilan a formas geométricas, y, por ello, los hemos designado "signos geométricos particulares". Ellos son: cruz con contorno (cruz americana), cuadrilátero de lados cóncavos, círculo con rayos externos y el signo escudo, y constituyen una característica de todos los sitios rupestres del Norte Chico. En el caso de los sitios del valle Hurtado superior, su distribución es homogénea.

Cruz con contorno. Este signo, que se encuentra en varios países de la América precolombina, entre los Estados Unidos y Chile, ha sido llamado "cruz americana" por Ballereau y el arqueólogo norteamericano Ken Hedges (del Museo del Hombre de San Diego, California). En el valle del río Hurtado superior se han encontrado cinco ejemplares de esta cruz, cuatro de ellas en la quebrada El Toro. En las diferentes hoyas del Norte Chico este motivo aparece regularmente, aunque en número relativamente reducido. En ciertas ocasiones toma la forma de una cruz doble, es decir un eje vertical con dos ramas horizontales, lo que podría hacer pensar en un antropomorfo muy esquematizado, que recuerda un signo del Valle El Encanto (Ampuero y Rivera 1971b). La cruz con contorno se encuentra también en el sector de La Laguna, sitio El Corral (Iribarren 1953b) y en la región de Salamanca, en el sur de la hoya del río Choapa (Looser 1933).

En la parte sur de la hoya del río Limarí se la observa frecuentemente. Niemeyer y Castillo (1996) han descrito dos ejemplares con estructuras complejas, en San Pedro de Quiles. Niemeyer y Ballereau también la han estudiado en los alrededores de Combarbalá, donde han encontrado una quincena de tipo simple, y recientemente en Mialqui y en otros sitios del río Grande.

Cuadrilátero con lados cóncavos. Este signo, presente sólo en número de seis en el valle del río Hurtado superior, es uno de los que define el Estilo Limarí (Mostny y Niemeyer 1983). El conjunto del Arenoso del Bolsico (Figura 43A) presenta varios ejemplares decorados tanto interior como exteriormente y es el único en esta parte del valle. La presencia de decoraciones en el lado superior permite evocar una esquematización de un antropomorfo, probablemente con vestidos. Motivos semejantes publicados por Castillo (1985) refuerzan esta hipótesis. Iribarren (1947, 1957) publica una de estas figuras proveniente de Chañar y tres otras de Potrero El Molino.

En los sitios del valle del río Illapel superior, hemos contabilizado 14 cuadriláteros, algunos decorados por un cuadriculado. Otros cinco ejemplares, con poca decoración, están presentes en los alrededores de Combarbalá. Castillo (1985) considera que este signo desaparece al sur del río Choapa. Por nuestra parte, no hemos encontrado en la literatura ninguna referencia a la presencia de este signo en las hoyas al sur del río Choapa.

El círculo con rayo(s) exterior(es). En ciertos sitios del Norte Chico aparece frecuentemente un motivo simple: un círculo con dos segmentos exteriores paralelos o ligeramente divergentes. En algunos casos raros se ha observado este signo con dos puntos en su interior, que parecen representar dos ojos, lo que nos llevaría a interpretarlo como una representación humana estilizada. Esta idea es reforzada por el hecho que en casos, aún más raros, los rayos exteriores verticales poseen "pies". A menudo este signo aparece sólo con un rayo exterior, en otros casos con tres rayos o más, por lo que su condición antropomórfica pierde sentido. En el valle del río Hurtado, encontramos dos ejemplares en San Agustín y tres en la Cuesta de Pabellón. En este último sitio, este signo se transforma en un círculo con numerosos rayos exteriores; definido como "círculo con dos apéndices verticales" por Mostny y Niemeyer (1983), que sólo aparece en el sitio El Corral (Iribarren 1953b).

El círculo con rayo(s) exterior(es) es frecuente en el Norte Chico. No lejos de Ovalle lo encontramos en La Rinconada (presencia de ojos), Tulahuén Oriente y quebrada El Cuyano, asociado en este sitio a una cabeza tiara; todos ellos son descritos por Iribarren (1975). En el sitio de Mialqui, Niemeyer y Ballereau (1998a) han observado numerosos ejemplares, con una gran variedad de formas. En los sitios de los alrededores de Combarbalá se pueden contar hasta 70 signos. En la región de Salamanca, dos ejemplares han sido señalados por Looser (1933). En el valle del río Illapel superior, Ballereau y Niemeyer (1998) han observado 82 ejemplares y finalmente Niemeyer y Castillo (1996) presentan un ejemplo del sitio de San Pedro de Quiles.

El signo escudo. Se trata de un cuadrilátero con los lados curvados hacia el exterior y los ángulos redondeados; también puede definirse como un cuadrilátero con lados convexos. Niemeyer (1964) estima que es uno de los signos que identifica el estilo rupestre de la región de Aconcagua, donde encontró numerosos ejemplares. El interior del signo escudo normalmente es decorado con elementos geométricos tales como diagonales, reticulados, paralelas, semicírculos, círculos, triángulos. En algunos casos presentan apéndices como brazos, por lo tanto asimilables a representaciones antropomorfas estilizadas.

En el valle del río Hurtado superior existen 24 signos escudo (Tabla 1) y casi la totalidad presenta decoración interior. Algunos tienen adornos en forma de curvas opuestas simétricamente dos a dos. En un petroglifo de San Agustín (Figura 18A), hemos identificado, en la parte inferior, dos signos escudos. Uno de ellos posee un segmento mediano con un pequeño cuadrilátero en su extremo libre. En el resto del grabado se ven elementos en forma de signos escudo integrados a reticulados irregulares. Un signo escudo sorprendente une físicamente dos antropomorfos (Figura 8B). Iribarren (1947, 1953b) reproduce algunos ejemplares de este signo proveniente de la parte baja del valle.

En las estaciones rupestres alrededor de Combarbalá no hemos podido observar el signo escudo. Sin embargo, Ballereau y Niemeyer (1998) han reportado 25 unidades en el valle del río Illapel superior, con una decoración interna semejante a la de los ejemplares de Hurtado. Al norte de Hurtado, en La Silla, Niemeyer y Ballereau (1998b) observan solamente 10 signos escudo, en su mayor parte con paralelas en su interior y existe uno que posee en su interior una serie de numerosos puntos.

Arte Rupestre y Arqueología

El material de los sitios rupestres del valle del río Hurtado superior constituye una fuente iconográfica privilegiada y fácilmente accesible. En la clasificación morfológica desarrollada en la Tabla 1 hemos separado las formas que evocan seres vivos, antropomorfos, zoomorfos, mascariformes, de aquellas de carácter geométrico, como líneas, círculos, cuadrados, o formas más complejas, como la cruz americana. Por simple comodidad, hemos incluido en éstas los reticulados, regulares o no.

En este importante corpus de grabados hemos reconocido formas de complejidad variable, que se encuentran en todos los sitios de la hoya y se extienden a los valles adyacentes. Nuestra opinión es que ellas pueden considerarse como constantes culturales. ¿Se puede establecer alguna relación entre las representaciones de los petroglifos y las piezas arqueológicas o los elementos decorativos de ellas?, o dicho de otra manera, ¿intentaron los grupos culturales andinos reproducir los objetos de la vida diaria o escenas que representan actividades individuales o colectivas?

Similitud entre grabados y objetos arqueológicos. Nada es tan fácil como asimilar una representación del arte rupestre a un objeto, aun si la semejanza es vaga. Los excesos cometidos por comparaciones fáciles, y aún ilusorias o deshonestas, nos llevan a exigir un rigor extremo en el trabajo de reconocimiento y comparación de formas. Tomemos el caso de formas geométricas simples como puntos, círculos, onduladas, etc. Esas formas no pueden, en ningún caso, ser asimiladas a objetos "simples" como flechas, cuerdas y otros; pero un segmento rectilíneo unido en su extremidad a la base de un triángulo podría presentarse como la representación de una flecha o lanza. Esta posibilidad de asimilación nos obliga a conocer en profundidad el material ergológico de la región. En el valle del río Hurtado superior no se han realizado excavaciones sistemáticas, sólo se conocen trabajos puntuales, en particular de Iribarren, y los de Ampuero y Rivera (1971 a) en el alero de Pichasca. Esto es válido también para las hoyas vecinas.

El segundo problema consiste en la dificultad de fechar los grabados rupestres. Estas dos observaciones nos llevan directamente a la dificultad fundamental que debemos enfrentar: ¿Cómo comparar objetos que son o pueden ser grabados y los grabados mismos? Por ello nos hemos limitado a una simple comparación morfológica dejando de lado el paralelismo cronológico, teniendo cuenta del riesgo que ello implica.

Inventario del material ergológico. El material ergológico que conocemos proviene de colectas de superficie o de excavaciones y, por sus características físicas (piedras, cerámicas, conchas y metales y, eventualmente, huesos, cabellos, madera), han resistido los agentes erosivos externos. Sólo los objetos con formas simples o muy características pueden ser identificados en los grabados. Esto incluye en materiales de piedra, artefactos tales como: puntas de proyectiles, tembetá, pipas, instrumentos de música y pequeñas figuras antropo y zoomorfas. En madera, encontramos espátulas, arpones, flautas, etc.; en hueso: torteros, arpones, anzuelos, espátulas.

En la cerámica, podemos discernir todos los tipos imaginables de formas; pero lo más importante son los motivos decorativos como los grabados de la cerámica Molle, o los diseños pintados de la cerámica Animas y Diaguita. Ellos están constituidos por elementos geométricos aislados o en series. La concha de algunos moluscos se presta como materia prima para la fabricación de adornos corporales o de ciertas estatuillas, a lo que deben agregarse las formas de conchas completas, como los ostiones. Otro material que se presenta en la zona son los metales, o sus aleaciones, y que corresponden a fases culturales tardías, con los que se realizan adornos corporales o figurillas animales o humanas; estas últimas frecuentemente en oro o plata.

Identificación de objetos en el corpus de grabados. Una de las primeras constataciones es que sólo los signos aislados son susceptibles de identificación. Los grandes conjuntos de reticulados irregulares no permiten ningún tipo de identificación. Salvo raras excepciones los signos que se observan en los diferentes sitios de esta parte del valle no presentan semejanza alguna con los objetos mencionados más arriba. Haciendo uso de una imaginación desbordante, podríamos ver en la Figura 13D un anzuelo, pero los cuadrúpedos que lo acompañan son una objeción a esta interpretación. En la Figura 16B podríamos observar una piedra horadada con una cuerda para colgarla; en la Figura 9B vemos lo que podría ser un tumi y, finalmente, en la parte central de la Figura 46A vemos una punta de proyectil.

¿Correspondencia entre grabado y material ergológico? La enumeración precedente nos lleva a constatar que es imposible asimilar los signos presentes en los sitios rupestres del valle del río Hurtado superior a objetos arqueológicos, cualesquiera sean ellos. Esta imposibilidad tiene como resultado la incapacidad de fechar indirectamente estos sitios, aun cuando existe la tendencia general de atribuirlos a la cultura Molle. Lo que sí parece seguro es que esta forma de expresión tiene una larga duración y que por ello es preferible proyectarla en el tiempo y no atribuirla a una sola etapa cultural.

La segunda conclusión es que, dada la densidad diferente de los signos en los distintos sitios del valle y en los sitios de las hoyas vecinas, es necesario repensar la función o las funciones del arte rupestre en el Norte Chico. La tendencia a considerar los petroglifos como manifestaciones religiosas generalizadas parece contradicha por la distribución geográfica a menudo irregular de los signos que se repiten en una estación o en un vasto conjunto, como una hoya hidrográfica o el Norte Chico.

Conclusiones

En los párrafos precedentes se describieron los grabados contenidos en siete sitios de arte rupestre situados en el valle superior del río Hurtado, entre San Agustín, al extremo oriente, hasta la hacienda El Bosque por el poniente. Estos petroglifos manifiestan una gran riqueza temática que impresiona como variantes del Estilo Limarí. Destacan los motivos de máscaras y mascariformes, de muy variada tipología y grado de complejidad. Los más notables ostentan aparatos cefálicos circulares o en abanico, con caracteres somáticos faciales poco realistas. Las estilizaciones de animales son escasos y siempre de una manera esquemática; se presentan en rebaños y pocas veces se manifiestan como animales domésticos. Pero también hay signos geométricos que repiten figuras conocidas en la región, como la "cruz americana", retiformes, círculos con dos apéndices exteriores paralelos, círculos aislados o con punto central, cuadriláteros con lados cóncavos, entre muchos otros. Junto a estos signos y a figuras fácilmente reconocibles, que son más o menos comunes a todos los yacimientos del Norte Chico, hay figuras intrincadas como líneas meándricas y laberínticas.

Hemos intuido que los autores de estas expresiones de arte poseían una organización socio-política de orden tribal, con una cierta unidad ideológica reflejada en la temática que se repite regionalmente. Este tipo de organización, con base en aldeas (como las que se encuentran en la cuenca del río Copiapó, Niemeyer et al. 1998), necesariamente conduce a pensar en una sociedad chamánica, donde uno o varios chamanes regulaban las actividades sociales y el hiperdesarrollado ceremonialismo que caracteriza a la cultura El Molle. Ocurriría, con respecto al arte rupestre, que el propio chamán o el grupo bajo sus indicaciones entraba en trance con el fin de conseguir beneficios para la sociedad, tales como la lluvia, la fecundidad humana y de los animales, prosperidad en la caza, la erradicación de las enfermedades. También el rito de pasaje, culto de los antepasados. Este último aspecto estaría reflejado en el caso de la cuenca alta del río Hurtado, en la proliferación de máscaras antropomórficas dirigida a la producción de imágenes ¡cónicas, aunque no faltan las obras extremadamente abstractas como las grecas, las formas ameboídeas y laberínticas, enrejados y círculos concéntricos que caen en la categoría de fenómenos visuales endógenos, los que serían provocados por sustancias alucinógenas o psicotrópicas, por disposición del chamán, o sus seguidores.

Hemos tratado, a través de nuestra propia experiencia de campo y de la literatura pertinente, de relacionar el arte rupestre de Hurtado con el de los valles vecinos del Norte Chico, encontrando una unidad estilística aunque con diferencias locales. La relación es más evidente con el arte rupestre de la cuenca alta del río Illapel. Lamentamos que no sea posible, por ahora, fechar estos yacimientos de arte rupestre por falta de un método directo o de excavaciones que permitan asimilar los diseños a objetos culturalmente conocidos.

Agradecimientos: Los autores agradecen a la señora Nina Crowte por la traducción del resumen al inglés.

Notas

Este artículo es la continuación de la ponencia que los autores presentaron en el Congreso Internacional de Arte Rupestre de Cochabamba (Bolivia), que se desarrolló del Io al 6 de abril de 1997; fue organizado por la Sociedad de Investigación en Arte Rupestre de Bolivia, bajo la dirección de los señores Roy Querejazu L. y Matthias Strecker, respectivamente presidente y secretario-editor de esta organización. En los siete simposios previstos en el programa, numerosos investigadores venidos de 34 países de los cinco continentes tuvieron la oportunidad de exponer sus trabajos recientes e intercambiar sus ideas sobre los problemas que se presentan en esta disciplina. Una mesa redonda y una exposición de libros y documentos fotográficos contribuyeron al éxito de esta manifestación. Es necesario destacar la afortunada iniciativa de los organizadores que ofrecieron al gran público boliviano una serie de conferencias de divulgación sobre el arte rupestre americano.

 

Referencias Citadas

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Recibido: abril 1999. Aceptado julio 2000.

 

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