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Chungará (Arica)

versión On-line ISSN 0717-7356

Chungará (Arica) v.32 n.1 Arica ene. 2000

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-73562000000100006 

Chungara, Revista de Antropología Chilena Volumen 32, N° 1, 2000. Páginas 27-32

ESTUDIO DEMOGRÁFICO DE LA POBLACIÓN
GUANCHE DE TENERIFE

Conrado Rodríguez-Martín*

Los Guanches, habitantes prehispánicos de Tenerife (la mayor de las islas Canarias), llegaron al archipiélago entre el siglo V A.C. y el comienzo de la Era Cristiana. Durante casi dos mil años, poblaron la isla y trataron de adptarse a sus particularidades medioambientales hasta que en 1496 fueron sometidos por las tropas españolas tras un siglo de luchas, guerras y conflictos armados. En este trabajo se exponen sus características demográficas, su esperanza de vida, las tasas de mortalidad, los perfiles demográficos, y los varios factores que influyeron en las diferencias observadas entre sexos, entre «menceyatos» (cacicazgos) y entre los distintos nichos ecológicos. Sorprende comprobar como un territorio tan pequeño como Tenerife de apenas 2.000 km2 ofrece panoramas tan variados según el lugar estudiado.

Palabras claves: Momias guanches, paleodemografía, dieta, aislamiento geográfico.

The Guanches, pre-hispanic inhabitants of Tenerife (the largest of the Canry Island), arrived to the archipielago between the 5th Century BC and the beginning of the Christian Era. During almost two thousand years they populated the island and tried to adapt to its environmental peculiarities until 1496 when they were suppressed by Spanish troops over a century of fighting, wars and armed conflict. In this work, their demographic characteristics, life expectancy, mortality rates and demographic profiles and the various factors that influenced the differences between the sexes, between "menceyatos" (chiefdoms) and the distinct ecological niches will be presented. It is surprising how a territory as small as Tenerife (2.000 km2 offers panoramas so varied.

Key words: Guanche mummies, paleodemography, diet, geographic isolation.

El Archipiélago Canario se localiza en el Océano Atlántico a 115 km de la costa del Africa noroccidental y está formado por siete islas mayores y seis islotes. Las investigaciones arqueológicas, lingüísticas y antropológicas han demostrado que las poblaciones que colonizaron las islas antes de la conquista europea (siglo XV) son de origen bereber. Esta gente fue traida al archipiélago en sucesivas fases, situadas entre el 2500 y el 2000 A.P. por navegantes fenopúnicos con el fin de establecer colonias con fines comerciales (González Antón et al. 1995). Hacia el inicio de la Era Cristiana el comercio fue abandonado y los canarios quedaron aislados del mundo exterior desde entonces hasta el siglo XV, salvo esporádicas incursiones de romanos y árabes.

Tenerife es la mayor de las siete islas con 2034 km2. Sus habitantes prehispánicos fueron denominados «Guanches» por los españoles, siendo una corrupción del término bereber wa n zenet que significa «el que es de Zanata» (Muñoz Jiménez 1994). Antes de la conquista española en 1496 la isla se dividía en nueve menceyatos o reinos: Tegueste, Tacoronte, Taoro e Icoden en el norte; Güimar, Abona y Adeje en el sur; Anaga en el este; y Daute en el oeste. El Norte de la isla es verde, fértil y con abundante agua mientras que, por el contrario, el sur es árido y seco.

Material y Métodos

Para el presente trabajo se ha seleccionado una muestra de 951 individuos procedentes de los nueve menceyatos y de los que se disponían todos los datos arqueológicos y tafonómicos exactos, incluyendo datación radiocarbónica. 478 eran de sexo masculino y 473 femenino. Por edades la muestra se divide del modo siguiente:

  Total M F
0-4 a. 35 17 18
5-9 a. 39 08 21
10-14 a. 46 24 22
15-19 a. 64 29 35
20-24 a. 1100 58 52
25-29 a. 1370 06 61
30-34 a. 1490 77 72
35-39 a. 1210 58 63
40-44 a. 1090 56 53
45-49 a. 74 34 40
+ 50 67 31 36

Para el diagnóstico de sexo en los individuos adultos se han seguido los criterios clásicos a nivel de la pelvis, del sacro y del cráneo. Para la determinación sexual en fetos, neonatos e individuos inmaduros, hemos seguido las indicaciones de Fazekas y Kósa (1978) y Krogman e Iscan (1986) que se basan en el estudio de la pelvis y las vértebras. La edad se ha determinado en función de los criterios clásicos y cuando fue necesario se recurrió al examen microscópico.

Resultados

Refiriéndonos a Tenerife globalmente se observa que la esperanza de vida al nacimiento es de 30.87 años, sin que se aprecien diferencias significativas entre las dos vertientes de la isla: 30.83 en el norte y 31.02 en el sur. Por lo que se refiere a la diferenciación sexual tampoco se detectan variaciones importantes ya que en el norte sería 30.68 para los varones y 30.99 para las mujeres y en el sur 30.83 vs. 31.21. Lo mismo puede decirse de la esperanza de vida a los 15 años (edad a la que pueden ser considerados adultos) que está en torno a los 19 años y, lógicamente, de la tasa de mortalidad que se sitúa entre 32 y 33 por mil.

Donde si se aprecian diferencias bastante significativas es en la distribución territorial, especialmente en el norte y en las zonas de aislamiento. Aquí el clima, la densidad poblacional, la captación y la explotación de los recursos parecen jugar un papel importante en la esperanza de vida y en las tasas de mortalidad de los diferentes menceyatos.

Por lo que se refiere al sur, con economía basada principalmente en la ganadería, el menceyato de Güimar ofrece una esperanza de vida al nacimiento situada en 31.5 años, tanto para varones como para hembras, por unos 30 años aproximadamente en los otros dos menceyatos de esta vertiente, Abona y Adeje. Sin embargo, la esperanza de vida a los 15 años en los dos últimos menceyatos, si bien es similar en varones (alrededor de 18.80 años), difiere en hembras donde en Güimar es casi un año inferior (18.90 vs. 19.77 y 19.82). Las tasas de mortalidad fluctúan en todas las comarcas del sur entre 32 y 33.5 por mil. Así pués, el sur es bastante homogéneo en sus parámetros demográficos.

En el norte, la mayor esperanza de vida al nacimiento se encuentra en el rico, de excelente clima y economía predominantemente ganadera, menceyato de Tegueste: 35.03 años con 34.67 para los hombres y 35.32 para mujeres. La esperanza a los 15 años está situada entre 23 y casi 25 años respectivamente, y la tasa de mortalidad bruta es inferior a 29 por mil. Las poblaciones de la vertiente norte desde ahí hasta el otro extremo de la isla muestran unas bases económicas distintas a las del resto de la isla, predominando la agricultura y la recolección vegetal, con una densidad poblacional bastante superior. Ello va a influir en los parámetros de esas zonas. Así, Tacoronte, vecino a Tegueste pero de microclima distinto predominando las brumas, la lluvia y el frío, con 3/4 partes de la dieta basada en recursos vegetales, muestra una esperanza de vida al nacimiento inferior a los 27 años, aunque a partir de los 15 esta aumenta (17.66 varones y 16.67 mujeres). Su tasa de mortalidad bruta es bastante elevada, 37.30 por mil (36.05 varones y 38.71 hembras). Pegado a Tacoronte se encontraba Taoro, dominante entre todos los demás y que llevó la iniciativa en la defensa contra los conquistadores, de economía mixta y muy poblado, en el cual la esperanza de vida al nacimiento era de casi 29 años y de 17 a los 15, con una tasa de mortalidad entre 34 y 35 por mil. Por último, el menceyato de Icoden también tenía una economía mixta y presentaba los siguientes datos: esperanza de vida al nacimiento entre los 30 y los 32 años, según hablemos de hombres y mujeres, entre 18 y 23 a los 15, y tasa de mortalidad entre 31 y 34 por mil.

Los otros dos menceyatos, Anaga (en su zona de montaña) y Daute, representan las zonas de aislamiento geográfico y social en Tenerife desde antes de la conquista hasta comienzos del siglo XX. Destaca Anaga como zona multiecológica por comprender tres áreas diferenciadas: la costa, seca, de excelente clima y de abundante ganadería; la zona de medianías con economía más basada en la agricultura y clima húmedo; y la montaña de muy escasos recursos económicos por las dificultades que entraña su difícil orografía para el pastoreo y la agricultura, y con un clima muy duro debido a las constantes lluvias y brumas. Veamos: en la zona costera la esperanza de vida al nacimiento se sitúa en unos 33 años, con 32.19 para varones y 34.04 para varones, a los 15 años la esperanza de vida pasaba a ser de casi 20 años (18.69 varones y 21.08 mujeres) y la tasa de mortalidad bruta estaba entre el 29 y el 31 por mil. Vemos, pues, que esta zona era una de las más privilegiadas de la isla y se puede comparar con Tegueste y Güimar. La zona de medianías presenta características demográficas muy similares a las de Tacoronte, con una esperanza de vida al nacimiento de 27.5 años, y de 16 años aproximadamente a los 15 con una tasa de mortalidad algo superior al 36 por mil. El aislamiento del que hemos hablado no es aplicable a estas dos últimas zonas porque se encontraban comunicadas con el norte y el sur. Donde está claramente probado el aislamiento es en el interior montañoso de Anaga, ahí los parámetros son absolutamente diferentes a cualquier zona del resto de la isla: la esperanza de vida en el momento de nacer es inferior a los 20 años (19.50 para los hombres y solamente 15.75 para las mujeres), a los 15 años el panorama es aún peor con 9.60 para varones y sólo 4.87 para mujeres, y la tasa de mortalidad bruta se dispara hasta superar con mucho 50 por mil. Comparando esa zona de montaña con la otra zona de aislamiento tradicional, el menceyato de Daute con buenos espacios naturales para la ganadería y clima variable según las estaciones, se ve claramente que en esta última ese fenómeno no influyó. Su esperanza de vida al nacimiento era de casi 32 años, a los 15 pasaba a ser de 19 y su tasa de mortalidad fluctuaba entre 30 y 32 por mil, parámetros que se ajustan bastante fielmente a los de la globalidad de la isla.

Las curvas de mortalidad en Tenerife muestran un pico a los 30-34 años tanto para hombres como para mujeres, pero si bien ese pico se mantiene en el norte, tanto en varones como en hembras, en el sur baja hasta los 25-29 años, principalmente a costa de los individuos de sexo masculino. En el sur la mortalidad se dispara de modo muy marcado entre los 10 y los 29 años, mientras que en el norte esa subida es más suave. Además, la caída de la mortalidad entre los 30 y los 40 años no es tan acusada en el sur, donde se mantiene casi constante, como en el norte.

¿Cuál era el tamaño de la población Guanche en el momento de la conquista española?. Aunque un estudio de este tipo es difícil de llevar a cabo, hemos tratado de realizarlo analizando los lugares arqueológicos con cronología en torno a la conquista. Los valores serían:

Menceyato Superficie Habitantes Densidad
Tegueste 035 km2 0900 25.7
Tacoronte 065 km2 1.300 2000
Taoro 120 km2 2.500 20.8
Icoden 005 km2 1.100 12.9
Daute 140 km2 1.500 10.7
Adeje 180 km2 1.700 09.4
Abona 420 km2 2.200 05.2
Guimar 210 km2 2.500 11.9
Anaga 125 km2 1.800 14.4

La superficie ocupada de la isla alcanzaba un total de 1380 km2 aproximadamente con una zona comunal de pastos situada en la media y alta montaña de unos 654 km2 (Diego Cuscoy 1968; Tejera Gaspar y González Antón 1987). La población aproximada de la isla en el momento de la conquista puede situarse en torno a los 15.500 habitantes con una densidad media de población de 7.6 habitantes/km2 en relación a la superficie total de la isla y de 11.23 para la superficie ocupada por los menceyatos. La población total de los menceyatos del norte alcanzaría los 5.800 habitantes distribuida en 305 km2 con una densidad de 19.02/km2, y la del sur sería de unos 6.400 en un área de 810 km2 con una densidad de 7.90. Existe, por tanto, una clara desproporción de densidad entre norte y sur. Anaga y Daute agrupadas suman 3.300 habitantes en una superficie de 265 km2.

Discusión

Señala Boserup (1965) que el desarrollo de la agricultura se debe a la presión poblacional sobre los recursos. De otro modo ese desarrollo no tendría lugar por el costo laboral que conlleva. Por su parte, Cohen (1977) afirma que los vegetales proporcionan alimento a mayor cantidad de población que la carne y además pueden almacenarse con mayores garantías. Cierto es que aunque los recursos vegetales llegan a mayor número de gente por km2 también son menos estables y menos favorables desde el punto de vista nutritivo, siendo más proclives a fallos periódicos lo que implica una mayor susceptibilidad a las enfermedades. En efecto, según Roosevelt (1984), en la mayoría de las regiones el desarrollo de la agricultura parece haber producido un incremento en el stress fisiológico y aumento de la tasa de mortalidad. Esa potencial malnutrición de las poblaciones más agrícolas se refleja de modo especial en niños y adolescentes.

Ese cuadro general al que hemos hecho referencia se refleja de algún modo en la prehistoria de Tenerife. En opinión de del Arco y Mederos (1987), la arqueología ha demostrado que la agricultura aparece en la isla como actividad secundaria a la ganadería con producción de trigo, cebada y habas, salvo en tres de los menceyatos del norte (Tacoronte, Taoro e Icoden) donde predominarían las actividades agrícolas o éstas estarían compartidas con las ganaderas. Sería un cultivo de secano o de regadío en menor escala. El aporte de recursos marinos fue escasísimo con menos del 5% lo que no deja de sorprender tratándose de una isla (Tieszen et al. 1992). La reconstrucción química de la dieta Guanche ha demostrado un mayor consumo de vegetales en los menceyatos del norte. Para Aufderheide et al. (1992), la fracción vegetal sería de casi el 50% en esa zona frente a menos de la tercera parte en el sur donde predominaban la carne y productos lácteos. Incluso se observa que la fracción vegetal es distinta en menceyatos vecinos lo que denota un alto grado de separación social y política (el caso más significativo es el de Tegueste y Tacoronte que mostraban el 30 y el 75% de fracción vegetal respectivamente). Otros estudios paleopatológicos y dentales han demostrado esa mayor dependencia de la agricultura en el norte. Rodríguez-Martín (1992) y Rodríguez-Martín y Martín Oval (1997) han observado que las diferencias en la topografía de las lesiones relacionadas con la ocupación física (EAD, osteocondritis disecante, entesopatías y traumatismos) y los marcadores ocupacionales indican que en Tenerife existía una actividad diferencial por zonas: en el sur predominaría el pastoreo mientras que en el norte sería más preponderante la actividad agrícola y recolectora. Por su parte, Langsjoen (1992) observó una frecuencia doble de atrición dental relacionada con el consumo de harina (gofio) mezclada con partículas minerales y casi triple de caries en el norte que en el sur lo que le llevó a concluir que existía una mayor dependencia de la agricultura en la primera zona.

Referente a la existencia de líneas de Harris, Kelley y Boom (1992) observaron que, a pesar de las diferencias dietéticas norte/sur, no existen diferencias importantes entre ambas poblaciones en conjunto, sin embargo entre los 6 y los 10 años (edad pico en la frecuencia de líneas), el norte muestra un 50% más de líneas que el sur lo que es indicativo de mayor stress metabólico.

Observamos, pués, que las diferencias demográficas entre las dos grandes vertientes de la isla probablemente fueran debidas a una explotación diferenciada de recursos que, a su vez, probablemente se debió a la presión demográfica existente en la zona norte. Esa mayor dependencia de los recursos vegetales sería causa de un mayor stress fisiológico en las poblaciones norteñas que originaría una mayor morbilidad general y, en consecuencia, un incremento en la tasa de mortalidad.

Por lo que se refiere a las zonas de mayor aislamiento, ya hemos observado que en el menceyato de Daute no influyó de modo importante en cuanto a datos demográficos se refiere, asemejándose a las poblaciones sureñas (Rodríguez-Martín 1995). Todo lo contrario sucede en la zona de cumbre del menceyato de Anaga donde puede hablarse sin duda de un aislamiento negativo con una esperanza de vida muy baja al nacimiento y a los 15 años y una tasa de mortalidad muy elevada en comparación con las demás zonas (Rodríguez-Martín y Beranger Mateos 1992).

Hasta ahora son muy pocos los estudios paleodemográficos llevados a cabo sobre la población prehispánica de Tenerife. El primero se debe a Schwidetzky (1960). Aunque coincidimos con la alemana en la mayor longevidad de las mujeres no coincidimos en la frecuencia que da ni para ese sexo ni para los varones: para ella el 21.7% y 16.7% respectivamente pasarían de los 60 años, y en nuestro estudio los individuos mayores de 50 años serían el 6.48% de los hombres y el 7.61% de las mujeres. Tampoco coincidimos en que el norte mostrara un porcentaje mucho mayor de ancianos que el sur pués globalmente la diferencia sería casi insignificante 7.08 vs. 6.91. Aunque no da cifras, para la teutona el norte estaría más densamente poblado.

El siguiente estudio es de Macías Hernández (1992) y, más que a parámetros demográficos, se refiere a la cantidad de población que sitúa en torno a 35.000 habitantes con una densidad cercana a los 20 habitantes por km2 para toda la isla. A nuestro entender, esas cifras son algo exageradas y no creemos que la isla tuviera capacidad suficiente para soportar ese volumen de población. Este dato parece ser corroborado por Hernández (1997) que indica que la población tinerfeña a finales del siglo XVI, un siglo después de la conquista, se elevaba a 18.000 habitantes. Ese escaso incremento de la población en 100 años se debe a nuestro entender a dos razones fundamentales. La primera es la terrible epidemia de modorra, que probablemente se trataba de gripe, que asoló a la población aborigen coincidiendo con las campañas finales de la conquista entre 1494 y 1495 y que costó la vida a entre 3000 y 5000 guanches con lo que eso supone para el desarrollo de las futuras generaciones (Rodríguez-Martín 1994). La segunda razón se debe a la emigración de familias enteras hacia América.

Para concluir, y siguiendo a Acsádi y Nemeskéri (1970) hemos comparado con las poblaciones de Taforalt en el norte de Africa. En la primera serie de Taforalt (casi 10.000 años A.P.), la esperanza de vida al nacimiento era de tan solo 14,7 años y a los 15 de 12,6. En la serie epipaleolítica la esperanza de vida aumentaba y llegaba a los 20.79 años al nacimiento y a los 26.99 a los 15 años. Con respecto a las poblaciones europeas, los datos de los Guanches se asemejan a los de la población medieval del Inglaterra entre 1276 y 1300 que presentaba una esperanza de vida al nacimiento de 31.3 años.

Conclusiones

La población prehispánica de Tenerife muestra unos patrones demográficos variables dependiendo de las diferentes zonas que se estudien, aunque en general muestran una esperanza de vida y una tasa de mortalidad bastante satisfactorias para la época en que vivieron y para el bagaje técnico del que disponían. El desarrollo de la agricultura en varios menceyatos del norte parece que condicionó la menor esperanza de vida y la mayor tasa de mortalidad de esas poblaciones frente a las del sur y aquellas de economía basada en la ganadería. En general creemos que existía un marcado aislamiento socio-político entre los distintos menceyatos, incluso entre los colindantes. Esto es muy patente en la zona de Anaga, la más difícil de la isla, que estaría casi al borde de la extinción en el momento de la conquista debido a su aislamiento no sólo socio-político sino también biológico. La relativa mayor longevidad de las mujeres creemos que es debida a un factor secular. Con respecto al tamaño de la población, se situaría entre los 15.000 y los 20.000 habitantes con una densidad de población doble en el norte que en el sur.

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* Instituto Canario de Paleopatología y Bioantropología, Fuente Morales s/n, 38080 Santa Cruz, Tenerife, Islas Canarias, España. E-mail: mercedes@museoscabtf.rcanaria.es.

Recibido: marzo 1999. Aceptado: diciembre 2000.

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