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Chungará (Arica)

versión On-line ISSN 0717-7356

Chungará (Arica) v.36  supl.espect2 Arica sep. 2004

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-73562004000400018 

 

Volumen Especial, 2004. Páginas 753-766
Chungara, Revista de Antropología Chilena

 

CURSO SUPERIOR DEL RÍO ACONCAGUA. UN ÁREA DE INTERDIGITACIÓN CULTURAL PERÍODOS INTERMEDIO TARDÍO Y TARDÍO

 

Rodrigo Sánchez R.*, Daniel Pavlovic B.**, Paola González C.*** y Andrés Troncoso M.****

* Departamento de Antropología, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Chile. Ignacio Carrera Pinto N° 1045, Ñuñoa, Santiago, rsanchez@uchile.cl
** Suárez Mujica 978, Santiago. danielpavlovic@vtr.net
*** Sociedad Chilena de Arqueología. Emilia Téllez 5277, Ñuñoa Santiago. paoglez@123click.cl
**** Universidad Internacional SEK. andrestroncoso@sekmail.com


Se presentan los resultados de una investigación destinada a caracterizar la prehistoria del período Intermedio Tardío, en el curso superior del río Aconcagua (Proyectos Fondecyt 1970531 y 1000172). Estos dan cuenta de que durante los períodos Intermedio Tardío y Tardío la cultura Aconcagua no se encuentra presente, con las características propias de su área nuclear: la cuenca del Maipo-Mapocho. Por otra parte, también se da cuenta de que el área posee una dinámica cultural propia y distintiva, aunque estrechamente interrelacionada con las culturas vecinas (cultura Diaguita del Norte Chico y cultura Aconcagua de la cuenca del Maipo-Mapocho).

La persistencia de formas de cultura material, diagnósticas de las zonas originarias o "nucleares", de cada cultura "foránea" presente en el área, y la persistencia de los rasgos culturales "autóctonos" de la propia área, a pesar de que comparten un espacio común por un largo período de tiempo, hacen posible pensar en una suerte de manejo intencionado de las distintas identidades culturales que confluyen en el área, que hemos conceptualizado como interdigitación. Esta mantención de las diferencias culturales, que se mantiene hasta el período Inca, abre la discusión en la ruta de las identidades étnicas y sus fronteras. Este nuevo panorama, aunque todavía es provisional, invita a una reconsideración de la prehistoria de Chile Central y su relación con el mundo andino.

Palabras claves: Curso superior del río Aconcagua, período Intermedio Tardío, período Tardío, cultura Aconcagua, Inca, interdigitación cultural.


In the following paper we shall present the advances achieved in the characterization of the Late Intermediate period, at the upper course of the Aconcagua river (Fondecyt Projects 1970531 and 1000172). We have been able to visualize that, during the Late Intermediate period and Late period, the Aconcagua culture does not present the typical characteristics of its' nuclear area, the Maipo-Mapocho basin. It has been also noticed that the area has its' own and distinctive cultural dynamic, that vaguely may be interrelated with the neighboring cultures (Diaguita culture of the Semi Arid North and Aconcagua culture of the Maipo-Mapocho basin).

The persistence of types of material culture of each of the foreign culture present in the area, that are diagnostic of their original or nuclear zone, and the persistence of local cultural elements, has led us to think of the use of a type of intentional regulation of the different cultural identities that converge in the area. This has been conceptualized as cultural "interdigitation". The maintenance of the different cultures, which persist until the Inca period, opens the discussion about ethnical identities and their frontiers. This new insight, although provisional, invites us to reconsider the prehistory of Central Chile and its' relation with the Andean world.

Key words: Upper course of the Aconcagua river, Late Intermediate period, Late period, Aconcagua culture, Inca, cultural interdigitation.


 

Este artículo es parte de una investigación, destinada a caracterizar el período Intermedio Tardío, en el curso superior del río Aconcagua. El objetivo principal al comenzar el estudio era caracterizar a la cultura Aconcagua, en esta área, su expresión material, bioantropología y cronología. Además, se pretendía poner a prueba la hipótesis sobre la existencia de una oposición dual, en la inscripción material de la cultura Aconcagua, entre las cuencas del Maipo-Mapocho y del Aconcagua, planteada por Durán, Massone, y Massone (1991) y Durán y Planella (1989). El primer trabajo planteaba la oposición de los contextos cerámicos de ambas áreas y la consideraba como la exteriorización material de una organización social de tipo dualista. En tanto, el segundo planteaba que la diferencia se debía principalmente a factores ambientales del valle del Aconcagua, más favorable a la agricultura y al pastoreo y otros, relacionados con la mayor cercanía a grupos culturales del Norte Chico, los que ejercerían influencias tanto en la cultura material como en la organización social, provocando lo que podríamos llamar un proceso de "aculturación" y mayor complejidad para esta otra mitad de la cultura Aconcagua.

En este marco se han llevado a cabo extensas prospecciones arqueológicas en las subáreas de Putaendo, Pocuro y Campos de Ahumada, en las que se han localizado 111 sitios; se han excavado 13 de ellos, tanto domésticos como funerarios; se han relevado 37 estaciones de arte rupestre; se han revisado cuatro colecciones cerámicas y cinco bioantropológicas y se han obtenido hasta el momento 38 dataciones absolutas de los distintos contextos registrados. Adicionalmente se realizaron estudios sobre el período Alfarero Temprano y la presencia del Tawantinsuyu.

Los resultados alcanzados hasta ahora sobre la presencia de los rasgos más diagnósticos de la cultura Aconcagua, su cerámica y funebria, demuestran que estos poseen significativas diferencias con la que consideramos su área de origen o nuclear: la cuenca del Maipo-Mapocho. Su contexto cerámico y sus tipos cerámicos emblemáticos son virtualmente inexistentes y los cementerios de túmulos, si bien están presentes, no constituyen la única modalidad de enterratorio, además de presentar una mayor variabilidad, que hace difícil considerarlos diagnósticos de la presencia de la cultura Aconcagua. Incluso son "ocupados" recurrentemente por los otros grupos culturales presentes en el área. En síntesis, no se registró un solo asentamiento habitacional o cementerio que pudiésemos considerar como inconfundiblemente propio de la cultura Aconcagua, tal como la conocemos en la cuenca del Maipo-Mapocho. Con relación al período Tardío y la presencia del Tawantinsuyu, se han hecho interesantes registros, que nos indican una temprana presencia del inca y una variabilidad de asentamientos, que no sólo se remiten a su red vial, sino que incluye también pucaras y probablemente wakas o adoratorios.

Aunque aún los resultados son provisionales, invitan a replantearse la prehistoria del área y de todo Chile Central, que es lo que intentaremos a manera de una tesis en las conclusiones.

Período Intermedio Tardío

Contexto cerámico

La forma en que se presentan los tipos cerámicos de la cultura Aconcagua es totalmente distinta a la de la cuenca del Maipo-Mapocho; de hecho, no se presentan como un contexto unitario, sino que aparecen en asociación a otros grupos cerámicos, con muy bajas frecuencias o simplemente están ausentes (Sánchez 2000a; 2000b). El T. A. Negro sobre Salmón se presenta tan escasamente en cementerios y sitios habitacionales que parece un elemento intrusivo. En Putaendo se registró minoritariamente en un contexto incaico (Pavlovic et al. 1999), y en el Estero Pocuro representó sólo un 2% de la fragmentería de los contextos habitacionales. El T. A. Rojo Engobado se presenta; sin embargo, no es sencillo etiquetarlo bajo este rótulo, ya que su asociación con los otros tipos de la cultura Aconcagua es muy débil y por la problemática que significa la gran dispersión de cerámica roja, adscribible al tipo desde el Maipo al Norte Chico, y por su distribución diferencial, puesto que se presenta sólo en Pocuro. Respecto al T. A. Trícromo Engobado, siendo exclusivo del valle de Aconcagua, no se podría considerar como un tipo emblemático, ya que no esta homogéneamente distribuido y su frecuencia es muy baja. Por último, con relación al T. A. Pardo Alisado, si bien existe cerámica que corresponde al tipo, ésta se asocia a cerámica utilitaria monocroma que representa casi el 80% en los contextos habitacionales del área, haciendo difícil segregarla; además, no se asocia a otros tipos de la cultura Aconcagua.

Los contextos cerámicos locales domésticos, del período Intermedio Tardío, de las subáreas de Putaendo y Pocuro, presentan un patrón general común en cuanto a manufactura, forma, tratamiento de superficie y funcionalidad de las piezas alfareras. Las principales diferencias registradas estarían expresados en elementos más relacionados con la decoración. Respecto a Campos de Ahumada, sólo se han registrado contextos del período Alfarero Temprano. Lo más destacable de los contextos cerámicos del Intermedio Tardío, es la baja frecuencia de la cerámica decorada, en comparación con los contextos clásicos de la cultura Aconcagua. En la alfarería monocroma, que constituye cerca del 80% de los contextos domésticos, predominan las formas restringidas alisadas. Con respecto a las formas monocromas no restringidas, se registran fuentes de distinto tamaño y posiblemente cuencos subglobulares. El segundo grupo cerámico lo constituye la fragmentería engobada, principalmente con engobe rojo, que constituye aproximadamente el 18%. En este grupo predominan las piezas no restringidas, tipo escudilla, y secundariamente se presentan las restringidas tipo jarro. El último grupo lo constituye la fragmentería decorada, que representa alrededor del 2% de los contextos cerámicos domésticos. En los contextos de Putaendo se presenta un tipo de decorado exclusivo, el denominado "estrellado" y con respecto a las vasijas tipo Diaguita II, estas estarían presentes en ambos sectores.

La caracterización de los patrones decorativos, resultado del análisis de colecciones de El Tártaro, El Palomar, Bellavista A y Piguchén, permitió lograr una aproximación a las condicionantes estilísticas que pautaron el período Intermedio Tardío. En cuanto a los motivos decorativos, observamos que el diseño denominado "estrellado" es recurrente junto con la cruz diametral, presente en cerca del 50% de las escudillas con lóbulos opuestos. En general, los patrones decorativos de la cerámica del Intermedio Tardío del valle de Aconcagua presentan marcadas diferencias con los patrones estilísticos definidos para la cultura Aconcagua. Además, estos presentan fuertes relaciones estilísticas con desarrollos culturales de las áreas situadas en su frontera septentrional, dados por La Ligua (Becker et al. 1994; Rodríguez et al. 1995) y el río Illapel, donde se registran escudillas rojo engobadas, asociadas a cerámicos Diaguita I y II. En nuestra opinión, entre Illapel, La Ligua y Aconcagua se percibe un gran parentesco cultural (González 2000).

Contextos Funerarios

Ahora al analizar uno de los rasgos más distintivos de la cultura Aconcagua, los cementerios de túmulos, es posible apreciar una situación semejante a la que ocurre con los contextos cerámicos. Estos se encuentran presentes en el área pero no son la única forma de contexto funerario, y los que existen presentan diferencias notorias con aquellos de la cuenca del Maipo-Mapocho; en síntesis, se presenta una gran variabilidad en la prácticas mortuorias del área.

Contextos funerarios que no corresponden a cementerios de túmulos se registran en la localidad de Pocuro (PC 4 Los Rosales y PC 8 El Sauce), a pesar de que en su cercanía inmediata se encuentran grandes cementerios de túmulos como lo son PC 1 Santa Rosa y PC 6 El Guindo (Ramírez 1990). En cualquier caso, los cementerios sin túmulos tampoco son homogéneos entre sí, en PC 4 Los Rosales las inhumaciones fueron hechas bajo una ocupación habitacional y PC 8 El Sauce, es sólo un cementerio. Otro cementerio que no presenta túmulos, cercano al área en estudio, es El Triunfo, en la cercana localidad de San Esteban (Durán y Coros 1991).

Con relación a los cementerios de túmulos del área, muchos de ellos presentan un rasgo que los diferencia notoriamente de los de la cuenca del Maipo-Mapocho, nos referimos a la presencia de cámaras al interior de los túmulos. Esta característica está presente en Bellavista y CB 1 Ancuviña El Tártaro, y el rasgo ha sido fechado en forma previa a la presencia del Tawantinsuyu (Sánchez 2000a, 2000b). Además, debemos mencionar que probablemente existen cementerios con un solo y gran túmulo como Ancuviña El Tártaro, en Putaendo.

Otro elemento interesante, y compartido por los cementerios de túmulos y los que no los presentan, es la ocupación continuada desde los inicios del período Intermedio Tardío hasta momentos de presencia del Tawantinsuyu. Así es como Bellavista, PC 1 Santa Rosa, PC 6 El Guindo y PC 8 El Sauce, presentan contextos cerámicos, como ajuar u ofrenda, que claramente corresponden a la fase Diaguita-Inca, y que generalmente se encuentran segregados de los del período Intermedio Tardío. A esto debe sumarse la presencia de cementerios que sólo presentan contextos adscribibles al Tawantinsuyu, como El Triunfo.

Por último, estudios bioantropológicos de colecciones osteológicas de los sitios Bellavista A, Ancuviña El Tártaro, El Sauce, Pocuro 4 y Viña Sánchez, determinaron que estas poblaciones presentaban una gran homogeneidad, en lo que respecta a sus características bioantropológicas, con las de la cultura Aconcagua. También se estableció que corresponderían a sociedades que estaban viviendo un proceso de transición desde el modo de vida cazador-recolector, hacia un estilo de vida agricultor. Los resultados apoyan la idea de que las diferencias culturales observadas entre la cultura Aconcagua y aquellas del Intermedio Tardío del curso superior del Aconcagua no poseen un sustento o determinan una diferenciación biológica de las mismas.

Arte Rupestre

Una de las diferencias más sustanciales que presentan los contextos del período Intermedio Tardío del área en estudio, con los de la cultura Aconcagua, del Maipo-Mapocho, es la masiva presencia de manifestaciones de arte rupestre, que corresponden a cerca del 33% de los sitios registrados en las prospecciones.

El estudio de las estaciones de arte rupestre identificadas en las zonas de Casa Blanca, Ramadillas, El Tártaro y Piguchén permitieron definir, en forma preliminar, la existencia de tres estilos diferentes de arte para el valle de Putaendo (Troncoso 1998). El primer estilo, definido como Estilo I o Estilo de Arte Rupestre del río Aconcagua, seria propio del período Intermedio Tardío y se caracteriza por una notoria supremacía de la figura circular como elemento decorativo básico. A partir de la aplicación de apéndices lineales, decoración interior y yuxtaposiciones, se genera gran parte de las figuras pertenecientes a este estilo. Las figuras humanas aquí presentes están también sujetas a similar normativa constructiva, siendo posible diferenciar entre antropomorfos con un bajo grado de esquematización y antropomorfos con una mayor esquematización. Figuras lineales y cuadrangulares están presentes también, pero tienen una muy baja representación. Temporalmente, tal como lo propusiera Niemeyer (1964), este estilo se asociaría al período Intermedio Tardío, idea ratificada en nuestro caso debido a la asociación espacial existente entre zonas de asentamiento del período Intermedio Tardío y sitios de arte rupestre. Con relación a esta asociación espacial, se observa una diferenciación en los ámbitos de realización de la vida cotidiana y emplazamiento de las estaciones, pues aunque comparten espacio nunca conviven ambas manifestaciones en un mismo punto.

Cronología

La obtención de una batería de 24 fechados absolutos, de los distintos contextos estudiados, pone de manifiesto la contemporaneidad de las variadas manifestaciones cerámicas y funerarias del área durante el período Intermedio Tardío, con excepción del T. A. Trícromo Engobado y del motivo decorativo del "estrellado" (Tablas 1 a 8).

Tabla 1. Sitio Pocuro 2 "Los Rosales 1".


Sitio

Unidad

Material

Edad

Fecha TL

UCTL

     

(años AP)


Pocuro 2

Recolección Superficial

T. A. Negro sobre Salmón

960 ± 90

1.040 d.C.

1256

     

Pocuro 2

Cuadrícula 2

Rojo Engobado ext. Negro

980 ± 100

1.020 d.C.

1257

 

Nivel 60-70 cm

ahumado int. (Var. Decorada.)

     

Pocuro 2

Cuadrícula 2

Café Alisado ext./int.

1.060 ± 90

940 d.C.

1258

 

Nivel 60-70 cm

 
     

Pocuro 2

Cuadrícula 2

T. A. Negro sobre Salmón

1.050 ± 100

950 d.C.

1259

 

Nivel 70-80 cm

       

Tabla 2. Sitio Pocuro 4 "Los Rosales 2".


Sitio

Unidad

Material

Edad

Fecha TL

UCTL

     

(años AP)


Pocuro 4

Cuadrícula 2

T. A. Negro sobre Salmón

930 ± 60

1.070 d.C.

1261

 

Nivel 40-50 cm

 
     

Pocuro 4

Cuadrícula 2

Café Alisado ext./int.

680 ± 70

1.320 d.C.

1260

 

Nivel 40-50 cm

 
     

Pocuro 4

Contexto Funerario 3

Rojo Engobado ext. café pulido int.

665 ± 70

1.335 d.C.

1247

 

Tumba 2

(Var. Decorada)


Tabla 3. Sitio Pocuro 8 "El Sauce".


Sitio

Unidad

Material

Edad

Fecha TL

UCTL

     

(años AP)

   

El Sauce

Tumba 2

Café Alisado Ext/ Int.

875 ± 90

1.125 d.C.

1248

 

Individuos 2 y 3

       

Tabla 4. Sitio Casa Blanca 1 "Ancuviña el Tartáro".


Sitio

Unidad

Material

Edad

Fecha TL

UCTL

     

(años AP)


Casa Blanca 1

Tumba 3

Escudilla Policroma. Decorada

955 ± 80

1.040 d.C.

1020

 

Individuo 3

roja sobre blanco interior y

     
   

exterior. La superficie interior se

     
   

decoró en idéntica manera,

     
   

produciendo un diseño estrellado

     
   

(Pieza 3).

     
           

Casa Blanca 1

Tumba 2

Cuenco Subglobular. Engobado

885 ± 90

1.110 d.C.

1021

 

Individuo 6

rojo exterior, interior café alisado

     
   

(Pieza 14).

     
           

Casa Blanca 1

Tumba 2

Escudilla con lóbulos opuestos

835 ± 80

1.160 d.C.

1022

 

Individuo 2

por el borde. Presenta dos lóbulos

     
   

semicirculares y opuestos en el

     
   

borde con tres incisiones verticales

     
   

y paralelas en cada uno. Superficie

     
   

exterior e interior café alisada

     
   

(Pieza 4).

     

Tabla 5. Sitio Casa Blanca 10.


Sitio

Unidad

Material

Edad

Fecha TL

UCTL

     

(años AP)


Casa Blanca 10

Cuadrícula 1

Decorado

805 ± 60

1.190 d.C.

1102

 

Nivel 0-10 cm

Motivo Estrellado

     

Casa Blanca 10

Cuadrícula 1

Rojo Engobado int./ext.

765 ± 60

1.230 d.C.

1104

 

Nivel 10-20 cm

 
     

Casa Blanca 10

Cuadrícula 2

Naranja Alisado int./ext.

930 ± 80

1.065 d.C.

1105

 

Nivel 0-10 cm

 
     

Casa Blanca 10

Cuadrícula 2

Café Alisado int./ext.

1.060 ± 60

935 d.C.

1103

 

Nivel 20-30 cm

 

Tabla 6. Sitio Casa Blanca 30.


Sitio

Unidad

Material

Edad

Fecha TL

UCTL

     

(años AP)


Casa Blanca 30

Cuadrícula 2

Decorado

430 ± 50

1.565 d.C.

1106

 

Nivel 0-10 cm

Motivo Estrellado

     

Casa Blanca 30

Cuadrícula 2

Café Alisado int./ext.

1.115 ± 70

880 d.C.

1107

 

Nivel 20-30 cm

 

Tabla 7. Sitio Cementerio El Palomar.


Sitio

Material

Edad

Fecha TL

UCTL

   

(años AP)


Cementerio El Palomar

Puco T. A. Tricromo Engobado.

540 ± 60

1.455 d.C.

1165

 

Registro MHN 11.848

   

Cementerio El Palomar

Puco T. A Negro sobre Salmón (Trinacrio Exterior).

800 ± 80

1.195 d.C.

1166

 

Registro MHN 3.899 / 5.258

   

Cementerio El Palomar

Puco T. A. Rojo Engobado.

1.055 ± 110

940 d.C.

1167

 

(Decorado con cruz diametral). Registro MHN 11.796

   

Cementerio El Palomar

Jarro Cuarto Estilo.

1.125 ± 120

870 d.C.

1168

 

Registro MHN 11.887


Tabla 8. Sitio Cementerio Bellavista A.


Sitio

Unidad

Material

Edad

Fecha TL

UCTL

     

(años AP)


Cementerio

Túmulo Z.

Café alisado interior y exterior

945 ± 100

1.050 d.C.

962

Bellavista A

Individuo 13

 
 

Nivel: 40 cm

 
     

Cementerio

Túmulo B.

Café alisado interior y exterior

910 ± 90

1.085 d.C.

963

Bellavista A

Individuo 2

 
 

Nivel:40-60 cm

 
     

Cementerio

Túmulo X.

Café alisado interior y exterior

915 ± 100

1.080 d.C.

964

Bellavista A

Individuo 11

 
 

Nivel: 65-75 cm

       

Período Tardío: el Tawantinsuyu

Nos interesa el problema Inca sobre todo desde el punto de vista de su relación con la población local y las características de la cultura Aconcagua en el área. De cualquier modo, antes de partir creemos necesario declarar, como un a priori con relación a las características del Tawantinsuyu, en tanto organización sociopolítica, que estamos más cerca de la escuela francesa que declara que "a pesar de haber acontecido la idea de Estado en los Andes, se trasladó, al parecer, de unos intentos de desarrollo infructuosos en Tihuanaco, Huari a un intento inacabado en el Cuzco" (Renard-Casevitz et al. 1988:200). Así es como nos dicen que

el imperio se presenta de hecho como un Estado en camino hacia el Estado, ni socialista ni unificado, cuajado de contradicciones estructurales nacidas de las dinámicas divergentes del orden salvaje y del orden estatal (Renard-Casevitz, et al. 1988:200).

Ahora la caracterización preliminar que poseemos del Inca, desde sus asentamientos, alfarería, arquitectura, y cronología, conlleva una reinterpretación del por qué de su presencia, de sus formas de expansión, de su relación e impacto con la población local y de sus "fronteras".

Asentamientos

Los asentamientos que hemos investigado corresponden a un pucara denominado El Tártaro, en el Valle de Putaendo, descubierto en nuestras prospecciones; un probable tambo o centro administrativo denominado El Castillo, a orillas del estero Pocuro, y el complejo arquitectónico de cerro Mercachas, que luego de un estudio preliminar postulamos como un adoratorio o waka. Este último se localiza en el cerro Mercachas o La Mesa, al nororiente de la ciudad de los Andes, el cerro es flanqueado por el río Aconcagua por el norte y el estero Pocuro por el sur.

Dos de los asentamientos se localizan en posiciones estratégicas que les permiten el dominio de importantes rutas de tránsito, de hecho, ambos se asocian a capacñam y probables rutas preincaicas. El Castillo, que hemos definido como un tambo o centro administrativo, se asocia directamente al Camino del Inca trasandino, que bordea la ladera sur del cerro Mercachas, entroncando con el camino longitudinal incaico (Stehberg et al. 1998; Coros y Coros 1999). Además, se han localizado varios tambos, entre ellos Ojos de Agua, en el primer camino mencionado (Coros y Coros 1999). No se puede dejar de mencionar que inmediatamente al noreste del sitio, en la margen norte del estero Pocuro, se localizan el complejo arquitectónico de Cerro Mercachas y los cementerios de Santa Rosa y El Guindo. Los dos primeros reputados como de origen incaico, aunque la información disponible es escasa. En tanto, el Pucara del Tártaro se asocia a los caminos del Inca que Stehberg denomina ramal trasandino incaico de río Los Patos - paso Valle Hermoso - Resguardo Los Patos - río Putaendo y Camino Inca Longitudinal Andino (1995:88-89). Además, se asocia directamente a una ruta, al parecer de origen preincaico, que comunica el valle de Aconcagua con el Choapa.

El Castillo y Pucara el Tártaro parecieran estar funcionando como articuladores del tráfico de personas y bienes, entre los asentamientos Incas del área. Se podría hipotetizar que estos asentamientos son parte de una estrategia destinada a satisfacer intereses particulares del Tawantinsuyu, de los cuales quedarían mayormente excluidos los grupos locales, pero que se ajusta a los mecanismos preestablecidos desde el Intermedio Tardío. Esto se vería reforzado por la presencia de cementerios monocomponentes diaguita-incaicos como El Triunfo (Durán y Coros 1991) o por la ocupación segregada de otros como Bellavista (Madrid 1965). La situación sería distinta a la sucedida en el área diaguita, donde González interpreta los patrones decorativos de la fase Diaguita-Inca como un "proceso de integración" de sociedades con una tradición andina común (1995:183). En Aconcagua el inca ocupa puntos específicos del territorio, hilados por el capacñam, quedando la población local al margen, no produciéndose al parecer una interrelación cultural mayor.

La estrategia de ocupación planteada sería refrendada por el tercer asentamiento estudiado, el complejo arquitectónico de cerro Mercachas, que como veremos más adelante dista mucho de ser una fortaleza o atalaya, y que de acuerdo a nuestro estudio hemos definido como un adoratorio o waka. De esta forma, parece que el Tawantinsuyu trataría de apropiarse del espacio y reproducir su propio cosmos, al margen de los grupos locales. De más está decir que cerro Mercachas se encuentra cercano a las rutas incaicas antes nombradas y a todos los sitios del estero Pocuro y El Sauce, pero lo más relevante es su amplia visibilidad hacia las más altas cumbres de la zona, comenzando por el Aconcagua, y otras como el Mocoven.

Contexto cerámico

La cerámica, y especialmente sus patrones decorativos presentes en los asentamientos incaicos estudiados (El Castillo, Pucara el Tártaro y Cerro Mercachas), corresponden a lo que se ha denominado en el Norte Chico fase Diaguita-Inca o Diaguita III (González 1995). Las formas identificadas revelan la existencia de platos playos y aríbalos que tradicionalmente acompañan la expansión incaica, así como escudillas diaguita de la fases II y III. Los motivos presentes en las formas incaicas también son característicos de esta población, nos referimos a los rombos en hilera, clepsidras, reticulados, ajedrezados y bastones paralelos.

Sin embargo, existen diferencias entre los sitios estudiados, así es como en El Castillo la casi totalidad de la alfarería corresponde al Diaguita III, no percibiéndose una incorporación de grupos cerámicos locales. En tanto, en el Pucara del Tártaro, sumado a la mayoritaria presencia de cerámica Diaguita III se suman otros dos componentes menores, la cerámica local del valle de Putaendo, con su característico motivo del estrellado y cerámica emblemática de la cultura Aconcagua, el T. A. Salmón en su variedad Negro sobre Salmón. La presencia de la cerámica de la cultura Aconcagua es notable, dado que no se había registrado durante las extensas prospecciones en el valle de Putaendo, apareciendo ahora sólo como parte de un contexto mayoritariamente Diaguita-Inca. Esta situación parece repetirse en Cerro La Cruz, en el curso medio del Aconcagua (Rodríguez et al. 1993). Con relación al complejo arquitectónico Cerro Mercachas el material está aún en estudio, pero es importante destacar que si bien el contexto se puede incluir dentro de la fase diaguita-inca, en ella sólo se encuentran los elementos decorativos y de forma, más típicamente cuzqueños de la fase. Pensamos preliminarmente que esto pueda deberse a las características del sitio, que hemos redefinido como una waka.

De forma completamente preliminar, podemos conjeturar que los contextos cerámicos "incaicos" del curso superior del río Aconcagua no son el resultado de ninguna clase de "mixtura" entre cerámica inca y otra local; por el contrario, parece la implantación directa de un contexto cerámico desarrollado en el Norte Chico. A este contexto se agrega sólo ocasionalmente y en forma minoritaria cerámica local u otra no propia del área, como la de la de cultura Aconcagua en Putaendo. Respecto al denominado T. A. Tricromo Engobado, este no se encuentra presente en los contextos "incaicos", aunque sus patrones decorativos son muy cercanos a los Inca-Diaguita y su posición cronológica indica contemporaneidad. Es el único elemento del contexto alfarero, de las poblaciones locales, que denota alguna influencia Inca.

Patrones arquitectónicos

Antes que nada, debemos decir que si bien el Tawantinsuyu en su expansión al sur presenta algunos elementos arquitectónicos comunes, reconocidos por los estudios de Raffino (1981) y Stehberg (1995), creemos que por su variabilidad no pueden tomarse como un decálogo para determinar la presencia o naturaleza Inca de los asentamientos. De hecho, Stehberg debió ampliar radicalmente los criterios que Raffino definió para el Noroeste Argentino, al enfrentar el estudio de la presencia incaica en la vertiente suroccidental de los Andes.

De todas formas, con relación a la presencia de elementos arquitectónicos claramente incaicos en el área, tenemos poca información. En el Castillo no se conservan estructuras, y en el Pucara del Tártaro el mal estado de conservación, debido al colapso de los muros de las múltiples unidades arquitectónicas, sólo permite reconocer algunos rasgos de lo que se ha dado en denominar como incaico. Dentro de estos, tenemos rasgos arquitectónicos Incas de primer y segundo orden. Entre los rasgos de primer orden presentes en el sitio están los recintos perimetrales compuestos (RPC), sistema defensivo con torreones (atalayas) y plaza. Dentro de los de segundo orden encontramos collcas circulares, muro doble y muros perimetrales defensivos.

Para el complejo arquitectónico de Cerro Mercachas, debemos resaltar que sus patrones arquitectónicos son a lo menos singulares, aunque igual podemos reconocer rasgos Incas de segundo orden. La prospección sistemática del Cerro Mercachas permitió constatar errores relevantes en el levantamiento topográfico del yacimiento, que presenta Sanguinetti (1975). En primer lugar, se logró reconocer que el denominado muro 1 (muro perimetral exterior) presenta continuidad por el lado oriental de la planicie, constituyendo un cierre perimetral completo del sitio. Otro punto que es clave, incluso para entender la naturaleza inca del yacimiento, dice relación con las formas de los recintos, que fueron descritos como mayoritariamente "...circulares y algunos ligeramente elípticos" Sanguinetti (1975:131), argumento que Stehberg repite (1995:157). La revisión de los denominados recintos 1, 2, 24 y 25, que son los de mayor tamaño y se localizan en el noreste del complejo, demostró que estos se ajustan a un patrón rectangular, situación que también observaron Coros y Coros (2001). Es importante subrayar, para la definición de la funcionalidad del sitio, su gran elevación con respecto al piso del valle, entre 800 m y 600 m, que impide la visión de cualquier detalle en el valle, menos observar la circulación de personas; además, tampoco es observable desde el valle, así que malamente podría cumplir una función siquiera intimidatoria; la mayoría de los recintos más grandes, incluyendo los de patrón rectangular, se localizan en el extremo noreste del complejo, con una amplia visibilidad hacia las más altas cumbres de la zona. De esta forma, creemos encontrarnos ante un nuevo rasgo de la presencia Inca en el área, la instauración de sus propias wakas, tratando de legitimar un dominio político-religioso sobre todo el territorio. Cuando hablamos de wakas nos remitimos a la definición de Ziolkowski

Es un dispensador de energía vital para sus feligreses, sus tierras y todo el territorio bajo su protección... entre el grupo y su waka se establece una relación de reciprocidad, siendo consideradas las ceremonias y ofrendas dirigidas al waka como la contraparte del grupo para su benefactor divino (Ziolkowski 1996:36).

A esto podemos añadir lo planteado por Szeminsky

las wakas... tienen también su lugar en el terreno _un cerro, un lago_ lo cual le da a la waka el significado de dueño territorial representado por un fragmento de terreno (1987:35, citado en Ziolkowski 1996)

y de esta forma "las wakas aparecen como símbolos de organismos políticos" (1987:92, citado en Ziolkowski 1996).

Es importante resaltar dos puntos respecto a la presencia de arquitectura monumental en el área, exceptuando los cementerios de túmulos. Primero, que esta aparece en el área sólo con el Tawantinsuyu y segundo que por la existencia de fortalezas, centros administrativos y wakas se diferencia claramente de la presencia incaica en el área diaguita que conocemos actualmente.

Arte rupestre

Otro aspecto interesante es el arte rupestre, asociado al Inca; generalmente se había pensado que en el río Aconcagua existía un solo estilo de arte rupestre, el denominado por nosotros estilo de Arte Rupestre del Río Aconcagua o Estilo I. El descubrimiento del pucara El Tártaro y su asociación a un panel de arte rupestre, unido a otros resultados de la investigación, permiten comenzar a definir un segundo estilo que se asociaría con la ocupación incaica.

El primer elemento que permite definir este estilo es la existencia de una superposición identificada en un panel adyacente al sitio pucara El Tártaro. En esta superposición se identifica la presencia de un motivo lineal de trazo fino, posiblemente elaborado con un instrumento metálico, sobre una figura de trazo grueso asignable al Estilo I. También existe una serie de paneles de arte rupestre en el cordón montañoso en que se emplaza el pucara, que por su asociación espacial con este sitio como las diferenciales características de sus motivos sugieren una relación con lo Inca.

Estas nuevas manifestaciones presentan diferencias en la construcción del referente y en ocasiones se aprovechan sendas rocas opuestas para la plasmación del arte rupestre, generando una manera diferente de experimentar el arte rupestre. Espacialmente, el conjunto de petroglifos asociados a este período se caracteriza por: i) localización en áreas cercanas al pucara y ii) superposición sobre paneles anteriores. En el primero, referido al pucara, creemos que la presencia de una idea fundacional de un nuevo espacio puede ser argumentado como hipótesis interpretativa, mientras que en el segundo caso, referido al sitio Casa Blanca 14, el argumento se desliza por los mismos caminos interpretativos, donde el fundamento rector habría sido el apropiarse del que era, sin duda, un importante panel del valle de Putaendo y su simbología, a partir de una superposición que se localiza en un lugar claramente visible desde el área de tránsito del sector.

En tal sentido, el arte rupestre incaico podría estar jugando un importante papel en el intento de apropiarse del espacio y legitimar un nuevo orden a partir de la manipulación de la simbología por medio de las superposiciones rupestres, las que se localizan en el área que presentan las más importantes estaciones de arte rupestre del Estilo I. Todo lo anterior no hace más que refrendar la idea que en estos momentos de la prehistoria local el espacio adquiere connotaciones políticas desconocidas previamente y se transforma en una importante herramienta en las estrategias de legitimación de la presencia del Inca.

Sin embargo, debemos dejar de manifiesto que esta situación no es patente en el Cerro Mercachas, donde se registraron siete paneles de petroglifos que se encuentran incorporados a las estructuras incas. La mayoría de los paneles presenta motivos geométricos, destacando la presencia de signos, escudos, círculos en distintas modalidades y otros motivos, que se corresponden el denominado Estilo I.

Cronología

Luego de la obtención de una batería de 11 fechados absolutos, tiende a confirmarse una mucho más temprana presencia del Tawantinsuyu en el área (Tablas 9 y 10). Esta situación ya había sido advertida por Rodríguez et al. (1993) y también por Stehberg, quien afirmó que las dataciones en sitios incaicos y la propia evidencia material sugerían que la conquista incaica del Kollasuyu se efectúa antes de 1.470 d.C. (1995). Podemos plantear de esta forma que una fecha de 1.400 d.C., para los inicios de la presencia incaica es coherente e incluso conservadora. Es notorio que la presencia por más de un siglo del Tawantinsuyu, no haya producido modificaciones mayores en la cultura material de los grupos locales, contrastando con lo sucedido en el área diaguita.

Recapitulación

Sintetizando las características de la presencia del Tawantinsuyu, podemos resaltar los siguiente aspectos: a) establecimiento de una red vial; b) asentamientos localizados estratégicamente, como Pucara El Tártaro y El Castillo, para controlar el tránsito, tendiendo a ser monocomponentes en cuanto a cultura material; c) incrustación de un contexto cerámico foráneo, correspondiente a la denominada fase Diaguita-Inca, segregado de los contextos locales; d) presencia de arquitectura monumental, dada por tambos, centros administrativos, fortalezas y wakas, diferenciándose claramente de la presencia incaica en el Norte Chico; e) instauración de wakas y expresión a través de un estilo de arte rupestre que sugieren la idea de fundación de un nuevo espacio, y claras connotaciones apropiativas simbólicas y políticas; y f) una temprana presencia del Tawantinsuyu, con una estimación conservadora que la sitúa hacia el 1.400 d.C.

Tabla 9. Sitio Pocuro 3 "El Castillo".


Sitio

Unidad

Material

Edad

Fecha TL

UCTL

     

(años AP)


El Castillo

Cuadrícula 1

Reg. 9. Plato Playo

485 ± 50

1.515 d.C.

1243

 

Nivel 10-20 cm

(Rojo Ext. / Negro sobre Rojo)

   

Int. Decoración: Línea horizontal

   

bajo el borde

     

El Castillo

Cuadrícula 1

Reg. 66. Aríbalo

590 ± 60

1.410 d.C.

1244

 

Nivel 10-20 cm

(Alisado Int. /Negro y Rojo sobre

   

Blanco) Ext. Decoración:

   

Bastones en hileras

     

El Castillo

Cuadrícula 1

Reg. 128. Escudilla Diaguita II

615 ± 60

1.385 d.C.

1245

 

Nivel 10-20 cm

(Negro y Rojo sobre Blanco)

   

Ext. / Blanco Int. Decoración:

   

Patrón Zig-Zag

     

El Castillo

Cuadrícula 1

Reg. 95. Aríbalo

600 ± 60

1.400 d.C.

1246

 

Nivel 20-30 cm

(Negro sobre Blanco)

     
   

Ext. / Alisado Int.

     
   

Decoración: Lineal

     

Tabla 10. Sitio Tártaro 1. "Pucara El Tártaro".


Sitio

Unidad

Material

Edad

Fecha TL

UCTL

     

(años AP)


Pucara El Tártaro

Cuadrícula 2

Escudilla Diaguita

500 ± 40

1.500 d.C.

1255

 

Nivel:0-10 cm

(Rojo Engobado Ext./Blanco Int.)

     

Pucara El Tártaro

Recolección Superficial

Escudilla Diaguita

480 ± 50

1.520 d.C.

1254

   

(Rojo Engobado Ext./Blanco Int.)

     

Pucara El Tártaro

Recolección Superficial

Rojo Engobado

630 ± 50

1.370 d.C.

1250

   

Ext./Café Rojizo Alisado Int.

     

Pucara El Tártaro

Recolección Superficial

(Negro sobre Blanco Ext./Blanco

555 ± 60

1.445 d.C.

1252

   

Int.) Decoración: Motivo

   

Subrectangualar de bordes curvos

     

Pucara El Tártaro

Recolección Superficial

Escudilla Diaguita III

640 ± 60

1.360 d.C.

1253

   

(Negro y Blanco sobre Rojo

   

Ext./ Blanco Int.) Decoración:

   

Patrón Ondas

     

Pucara El Tártaro

Recolección Superficial

T. A. Negro sobre Salmón

600 ± 50

1.400 d.C.

1249

   

Decoración: Lineal

     

Pucara El Tártaro

Recolección Superficial

Rojo sobre Blanco

420 ± 40

1.580 d.C.

1251

   

(Ext./Café Rojizo alisado Int.)

   

Decoración: Lineal (Estrellado)


Conclusiones: Curso Superior del Río Aconcagua. Un Área de Interdigitación Cultural

Ahora es el momento de retomar la problemática original, que era caracterizar a la cultura Aconcagua en el curso superior del río del mismo nombre, y la puesta a prueba de la hipótesis sobre su organización territorial dual, con mitades opuestas, representadas por las cuencas de Aconcagua y Maipo-Mapocho. El análisis sobre la presencia de sus rasgos más diagnósticos, cerámica y funebria, demostró que estos poseían significativas diferencias con su área de origen o nuclear, que es la cuenca del Maipo-Mapocho. Su contexto cerámico y sus tipos cerámicos emblemáticos son virtualmente inexistentes y los cementerios de túmulos, si bien están presentes, no constituyen la única modalidad de enterratorio y además presentan una mayor variabilidad, que hace difícil considerarlos diagnósticos de la cultura Aconcagua. No se registró un solo asentamiento habitacional o cementerio que pudiésemos considerar como típico de la cultura Aconcagua, tal como la conocemos en la cuenca del Maipo-Mapocho. En conclusión, si bien existen elementos que se podrían considerar propios de la inscripción material de la cultura Aconcagua, en el curso superior del río Aconcagua ésta no constituye la entidad representativa del período Intermedio Tardío para el área. La interpretación que hacemos de su particular presencia, a manera de "rasgos distintivos" de cultura material salpicados dentro de contextos que consideramos locales, es que corresponde a una "intrusión" en un área que no es la propia. Sin embargo, no podemos dejar de notar que si bien su presencia aparece en primera instancia como débil, ésta se da generalmente en lugares que podemos considerar significativos, como cementerios y pucaras.

Lo que apreciamos en reemplazo de una presencia fuerte de la cultura Aconcagua son contextos "locales", que si bien presentan cierta homogeneidad genérica en sus grupos cerámicos domésticos y funerarios, también se presentan muy heterogéneos en otros aspectos, siendo precipitado aún definirlos. Asociados a estos contextos encontramos la presencia de indicadores diagnósticos de culturas de áreas vecinas, como Aconcagua, Diaguita, y finalmente otras más lejanas, como la Inca, que indican un proceso de constante interrelación en el área, que parece iniciarse en el período Alfarero Temprano (Pavlovic 2000) y que continúa hasta la Conquista. En cualquier caso, aparte de la presencia de la cultura Aconcagua, la interrelación más notoria parece darse con las áreas de Illapel y La Ligua, con las que se percibe un gran parentesco cultural, reflejado en una alta coincidencia en formas y patrones decorativos. Incluso, se podría plantear la existencia de una diferenciación subregional de estilos cerámicos Diaguita I y II en la zona del río Illapel, que se vincula con los desarrollos alfareros del curso medio del río La Ligua y con los desarrollos del Intermedio Tardío del curso superior del río Aconcagua. No se puede dejar de mencionar que otro rasgo compartido es la masiva presencia de arte rupestre.

Como corolario, creemos que es posible desechar definitivamente la hipótesis de organización territorial dual de la cultura Aconcagua, con mitades opuestas representadas por las cuencas de Aconcagua y Maipo-Mapocho. Sin embargo, hay que dejar en claro que no negamos organizaciones de tipo dualista en otros aspectos de la cultura Aconcagua (Sánchez 1993; 1995; 1997).

El nuevo problema que se plantea es cómo interpretar la configuración y variabilidad cultural presente en nuestra área de estudio, y comprender las diferencias, en la inscripción material de la cultura Aconcagua entre el curso superior del río Aconcagua y la cuenca del Maipo-Mapocho. Una ruta sugerente a explorar se encuentra en la idea de interdigitación, tal como la utiliza Martínez (1998). De hecho, existe una serie de similitudes en el tratamiento previo que se ha hecho de nuestra área de estudio con las del área que investiga Martínez, que de la misma forma impedían comprender su particularidad cultural y que llevaron a Martínez a formalizar el concepto de interdigitación para reinterpretar su configuración cultural.

Dentro de estas similitudes resaltan las siguientes: la conceptualización de las distintas culturas presentes como entidades autónomas, incluso como "diferentes política y étnicamente entre sí": nos referimos a la cultura Aconcagua y a la cultura diaguita. Es así como las evidencias arqueológicas del curso superior del Aconcagua se han interpretado como parte de un proceso de influencia unilateral de lo Diaguita sobre la cultura Aconcagua, como un proceso de "aculturación" (Durán y Planella 1989). Esta imagen no permite la percepción de lo que tienen en común estos grupos y de los elementos que contribuyen a diferenciarlos. Incluso se ha llegado al extremo de proponer una hipotética organización administrativa incaica del Norte Chico y Chile Central basada en los límites de las culturas preexistentes (Rodríguez et al. 1993)

En este sentido es importante señalar, como dice Martínez, que se tiende a considerar las características de cada grupo como algo que surge principalmente "...de manera endógama y no producto de relación con lo altérico" (1998:20). La situación del curso superior del río Aconcagua parece dar sentido a la aseveración, de hecho, aparentemente que los rasgos distintivos de las culturas Aconcagua y Diaguita, tal como las apreciamos en sus áreas "nucleares", podrían ser el resultado de una continua interacción en nuestra área de estudio. Otro obstáculo común, para comprender los procesos de la prehistoria del área, proviene de la etnohistoria. De esta disciplina viene la utilización de categorías tales como "federación de señoríos" para la cultura Diaguita, incluyendo dentro de esta al valle de Aconcagua, e incluso su consideración como una organización dual social y política, a la manera incaica (Hidalgo 1989). Esta situación, amén de ser paradójica, puesto que para los arqueólogos el valle de Aconcagua era considerado territorio de la cultura Aconcagua, en tanto que para los etnohistoriadores era un territorio diaguita, por su carácter generalizador no permite comprender los procesos y particularidades propias del valle de Aconcagua.

En síntesis, nuestra propia evidencia arqueológica sugiere la hipótesis de que en el curso superior del Aconcagua se produce una interdigitación de culturas, el desarrollo de diversas prácticas sociales y económicas que implicaban la existencia de vínculos, de arreglos culturales, en un espacio al cual todos pueden acceder. La persistencia en la utilización de ítemes diagnósticos de cultura material de las zonas originarias o "nucleares", de cada cultura "foránea" presente en el área y la persistencia de los rasgos culturales "autóctonos" de la propia área, a pesar de compartir un mismo espacio por largo tiempo, hacen posible pensar en una suerte de manejo de las distintas identidades culturales que confluyen en el área. La idea que sugiere esta situación es la de diferenciación y de mantención de las diferencias, lo que más adelante nos debería llevar a discutir problemas de etnicidad en la prehistoria del área.

Un argumento en favor de nuestra tesis, para comprender el período Intermedio Tardío, son las características que asume la presencia del Tawantinsuyu durante el período Tardío. En efecto, si bien el Inca parece segregarse de los grupos culturales locales, su presencia parece mediatizada por la cultura Diaguita, que está presente desde los comienzos del período Intermedio Tardío. En este sentido, la interdigitación seguiría estando presente, aunque en una forma modificada, quizás menos armónica. Pero el territorio sigue siendo un área a la que múltiples grupos culturales acceden. Al comparar los resultados obtenidos con las hipótesis de Llagostera sobre la presencia incaica en Chile, se produce una serie de paradojas. De acuerdo con Llagostera podríamos considerar, en un primer momento, que la ocupación del Tawantinsuyu en el área en estudio se asemeja a lo que denomina "dominación directa", ya que como él mismo plantea, los grupos autóctonos "... no practicaban el esquema archipielágico, razón por la cual los incas tuvieron que ejercer control, acá y allá, del cordón montañoso, en forma separada, sometiendo directamente a las etnias de cada localidad..." (Llagostera 1976:213). De esta forma podríamos entender la fuerte presencia de asentamientos incaicos, incluidos fortalezas, centros administrativos, red vial y wakas; sin embargo, no se cumple su segunda condición, que es la de ir "... plasmando en ellas una nueva expresión que definimos como Inca local, la que, sin duda, necesita de una evaluación diferencial en cada uno de los valles en que se detecta su presencia" (1976: 213). Como hemos señalado, hasta ahora no observamos ninguna clase de mixtura en los contextos cerámicos que nos lleve a pensar en una cerámica Inca local.

Visto desde otro punto, la ocupación del Tawantinsuyu podría considerarse "dominio indirecto". De hecho, se cumple con la premisa de que en el área existe una presencia previa de "etnias" que mantenían una fuerte interrelación con las culturas locales. Nos referimos a la cultura Diaguita Clásica, que como mencionamos se halla presente desde el siglo XII en el valle de Aconcagua. De más está decir que la presencia diaguita en Aconcagua no corresponde a ningún modelo de archipiélago, como el planteado por Llagostera para el Norte Grande. Sin embargo, como plantea González, la cultura Diaguita vivió un "proceso de integración" con el Tawantinsuyu producto de una tradición andina común (1995:183), que podría ser similar a la que el Inca mantuvo con los señoríos altiplánicos. Como ya dijimos, los contextos cerámicos "incas" del curso superior del Aconcagua corresponden todos al denominado Diaguita III, por lo que es perfectamente plausible pensar en un dominio mediatizado por esta cultura.

Dados estos antecedentes, creemos que se podría plantear la hipótesis de que la ocupación incaica del curso superior del Aconcagua corresponde a una forma nueva, que complementa las tesis planteadas por Llagostera para el Norte Grande y Norte Chico y que va más allá de la dicotomía de dominio directo/indirecto y de las diferencias ecológicas. Una fórmula de dominio incaico, que aprovecha dos circunstancias, las relaciones previas de la cultura Diaguita con el área de Aconcagua, que entendemos en el marco de la interdigitación y el sustrato cultural andino común entre incas y diaguitas que les permite cierta "integración". De esta forma, el dominio incaico en Aconcagua tiene un sustento cultural y no ecológico. Se entiende así que no exista una "aculturación" mayor de la población local por el Inca, ya que no hay inca local. El operador de las relaciones entre las culturas locales y el Inca es la cultura Diaguita. El Inca establece su red vial, sus centros administrativos, fortalezas y wakas al margen de la población local de Aconcagua, sus ánimos de dominio se limitan al establecimiento de wakas o plasmar su arte rupestre sobre el precedente.

Otro apoyo a nuestra tesis de un área de interdigitación cultural es la aseveración de que el sudoeste de la alta cordillera de San Juan (centro oeste argentino) sería partícipe de desarrollos culturales propios de la vertiente occidental de los Andes durante el período Intermedio Tardío (Michieli y Gambier 1998). Ellos tienen razón en ligar los desarrollos culturales de ambas áreas, pero no en señalar que sería la cultura Aconcagua la que encontramos en ambas vertientes de los Andes. Lo que ellos registran son contextos similares a los nuestros, de forma tal que pensamos que el territorio estudiado por ellos sería parte integrante de esta área de interdigitación cultural.

Agradecimientos: Agradecemos a Fondecyt que financió la investigación a través de los proyectos 1970531 y 1000172; al Departamento de Antropología de la Universidad de Chile y a la Sociedad Chilena de Arqueología, que nos patrocinaron; a todos los colegas y estudiantes que colaboraron con nosotros, y a la comunidad del valle de Aconcagua que nos acogió y apoyó durante las jornadas de terreno.

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