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Chungará (Arica)

versión On-line ISSN 0717-7356

Chungará (Arica) v.36  supl.espect2 Arica sep. 2004

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-73562004000400025 

 

Volumen Especial, 2004. Páginas 847-860
Chungara, Revista de Antropología Chilena

POR CERROS, VALLES Y RINCONADAS: INVESTIGACIONES ARQUEOLÓGICAS EN EL VALLE DEL RÍO PUTAENDO, CUENCA SUPERIOR DEL RÍO ACONCAGUA

 

Daniel Pavlovic B.*, Andrés Troncoso M.**, Paola González C.*** y Rodrigo Sánchez R.****

* Suárez Mujica 978, Santiago. danielpavlovic@vtr.net

** Universidad Internacional SEK. andrestroncoso@sekmail.com

*** Sociedad Chilena de Arqueología, Emilia Téllez 5277. Ñuñoa Santiago. paoglez@123click.cl

**** Departamento de Antropología, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Chile. Ignacio Carrera Pinto 1045, Ñuñoa, Santiago. rsanchez@uchile.cl


Se presentan los resultados de las investigaciones arqueológicas realizadas en el curso superior del río Putaendo, importante afluente de la cuenca alta del río Aconcagua, las cuales han permitido establecer una caracterización preliminar del patrón de asentamiento, los contextos de cultura material, la cronología y las relaciones con áreas aledañas de las ocupaciones humanas desarrolladas durante el período Alfarero en la zona.

Palabras claves: Río Aconcagua, río Putaendo, secuencia alfarera, patrón de asentamiento, cultura material, cronología.


This paper presents the results of the archaeological investigations carried out in the valley of Putaendo, in the upper basin of the river Aconcagua, central zone of Chile. These have permitted to characterize in preliminary form the settlement pattern, the material culture contexts, the chronology and the relations with adjacent areas of the human occupations developed during the prehispanic period in the valley.

Key words: Aconcagua river, Putaendo river, ceramic sequence, settlement pattern, material culture, chronology.


 

Durante la década recién pasada la investigación arqueológica de la cuenca superior del río Aconcagua, estancada por casi medio siglo, ha experimentado un renacimiento gracias al desarrollo de una serie de proyectos de investigación que, con variados enfoques teórico-metodológicos, han estado orientados principalmente a sistematizar el conocimiento acerca de los grupos que habitaron esta región durante el período Alfarero, desde el período Temprano (PAT) hasta el incaico (Hermosilla y Saavedra 1999; Sánchez et al. 2000; Stehberg 1995).

Entre las áreas de la cuenca sometidas a estudios se cuenta el valle del río Putaendo, un importante afluente del río Aconcagua que une sus aguas a este último en el punto en que la amplia cuenca de San Felipe-Los Andes se diluye y el último valle transversal vuelve a angostarse, con dirección a la costa.

El presente trabajo tiene por objetivo presentar los resultados de los estudios realizados a la fecha en el curso superior del valle de Putaendo, los cuales han permitido caracterizar inicialmente las ocupaciones prehispánicas del período Alfarero presentes en el área, cuyas evidencias presentan importantes diferencias con las conocidas para grupos contemporáneos en otras áreas de Chile Central mejor estudiadas (Costa Central, Cuenca del Maipo-Mapocho) y con otras zonas recientemente estudiadas de la cuenca superior del río Aconcagua (Sánchez et al. 2000; Hermosilla y Saavedra 1999). Lo anterior, sumado a la constatación de que la comarca de este río presenta vías naturales de comunicación con áreas aledañas utilizadas hasta la actualidad, hace necesario evaluar a fondo las características culturales particulares que presentaría el valle durante el período Alfarero y los posibles contactos entre grupos asentados en Putaendo y en las áreas señaladas en diferentes períodos.

Esta primera aproximación sistemática a la prehistoria del valle de Putaendo es resultado del desarrollo de los proyectos Fondecy 1970531 y 1000172.

Ubicación y Características Generales del Área de Estudio

Geográficamente, el valle del río Putaendo se ubica en la zona septentrional de la zona central de Chile y su pertenencia a la cuenca del río Aconcagua lo ubica en una zona de transición tanto geomorfológica (paso de los sistemas transversales del Norte Chico al valle longitudinal de Chile Central) como climática (tipo semidesértico a tipo templado mediterráneo).

Con un curso que desarrolla primeramente una orientación sudoeste y que luego enfila casi en línea recta hacia el sur, su disposición predominantemente longitudinal lo transforma en vía de comunicación natural (a través de sus tributarios) entre la zona central y áreas adyacentes como los valles transversales nortinos (La Ligua, Petorca y Choapa) y la vertiente oriental de los Andes (nacientes del río Los Patos, Provincia de San Juan) (Figura 1).

El río nace como cajón precordillerano de la unión de sus tributarios principales, el estero Chalaco y el río Rocín, a la altura de la localidad de Resguardo de Los Patos. Progresivamente, su caja fluvial se va ensanchando y, luego de recorrer aproximadamente 34 km, une sus aguas a las del río Aconcagua en el marco de un amplio valle con terrazas fluviales de importante desarrollo, en las cercanías de la ciudad de San Felipe. El río y sus afluentes riegan una cuenca total que alcanza los 1.192 km2 (Niemeyer y Cereceda 1984).

En la zona de estudio, ubicada entre sus nacientes y la localidad de San José de Piguchén, se evidencia precisamente cómo su restringido curso serrano va dejando paso al amplio valle, y cómo se intercalan en este unidades geomorfológicas menores pero significativas, tales como diversas quebradas, imponentes conos de deyección y amplias rinconadas (con cursos de agua esporádicos y/o estacionales) que se abren al valle (Instituto Geográfico Militar 1984).


Figura 1. Ubicación cuenca superior del río Aconcagua y su tributario, el río Putaendo, en Chile Central con respecto al Norte Chico y el Centro-Oeste Argentino.

La existencia de un régimen de lluvias más regular que en el Norte Chico, y el hecho de que sus afluentes se hallen insertos en los contrafuertes cordilleranos, permite clasificarlo hidrográficamente como un río de régimen mixto, con un importante caudal formado en invierno por las lluvias de temporada y en verano por los deshielos (Niemeyer y Cereceda 1984).

En la actualidad el valle corresponde a las comunas de Putaendo y San Felipe, pertenecientes a la provincia de Aconcagua de San Felipe, Quinta Región de Valparaíso, y las principales actividades económicas son la agricultura, la ganadería y la pequeña y mediana minerías.

Antecedentes Generales

El significativo asentamiento indígena existente en la zona a la llegada de los europeos (Bibar 1979 (1558); Farga 1995; Stehberg 1995), su cercanía a Santiago, centro inicial del desarrollo científico y museológico del país, y la presencia en el valle de los impresionantes cementerios de túmulos o "ancuviñas", son algunas de las razones que explican por qué el valle del Aconcagua se cuenta entre las primeras zonas de nuestro país en donde se desarrollaron investigaciones arqueológicas a fines del siglo XIX y principios del XX (Fonck 1896; Oyarzún 1912, 1934; Latcham 1928; Looser 1931).

Este auspicioso comienzo de la investigación no tuvo continuidad, y durante gran parte del siglo XX sólo se realizaron en la zona estudios de rescate o de sitios particulares sin problemáticas de fondo, ni el respaldo de análisis regionales (Madrid 1965; Gajardo-Tobar y Silva 1970; Sanguinetti 1972; Hermosilla 1983; Durán y Coros 1991). Como resultado de lo anterior, toda la zona ha sido incorporada sin un análisis a fondo a las áreas de dispersión de los desarrollos culturales alfareros definidos para áreas mejor estudiadas de Chile Central, tales como el litoral central del Pacífico y la cuenca del Maipo-Mapocho.

Tal como hemos señalado, esta situación ha comenzado a ser superada durante los últimos años con la ejecución en la región de investigaciones con problemáticas específicas y marcos teórico-metodológicos definidos, lo cual ha permitido comenzar a conocer la especificidad cultural y cronológica de los procesos culturales del curso superior del río Aconcagua. En ese marco es en el cual se han estudiado distintas zonas de la región, tales como el estero Lo Campo (Hermosilla y Saavedra 1999; Hermosilla et al. 2004), el curso cordillerano del río Aconcagua (Stehberg 1995; Coros y Coros 1999), el estero Pocuro (Sánchez et al. 2000) y el curso superior del valle del río Putaendo (Sánchez 2000; Sánchez et al. 2000; Pavlovic et al. 1999) (Figura 2).

Al iniciarse las investigaciones en este último valle, los antecedentes arqueológicos se reducían a las excavaciones en cementerios de túmulos realizadas por Fonck en Piguchén a fines del siglo XIX (Massone 1978), por Núñez (1964) en Bellavista, a la escueta descripción de Madrid (1965) de las investigaciones desarrolladas por Berdichewsky en el mismo sitio y al reconocimiento de petroglifos en el sector Piguchén por parte de Sanguinetti en 1968.

Resultados Generales

Las investigaciones en el valle de Putaendo se han centrado en su curso superior, un tramo que se extiende entre su origen a la altura de Los Patos y la rinconada de Piguchén (un tramo de 14 km de largo). Al interior de esta área se han definido varias zonas de estudio (Casa Blanca, El Tártaro, Piguchén, Ramadillas y Los Patos), las cuales se han prospectado en forma intensiva, lo que ha permitido incluir en el estudio distintas formaciones geomorfológicas (terrazas fluviales, rinconadas, quebradas y cerros) y ambientes ecológicos diferenciados (Figura 3).

El área prospectada corresponde aproximadamente a 27 km2, habiéndose identificado un total de 73 sitios arqueológicos, de los cuales la mayoría corresponde a asentamientos habitacionales (32%) y estaciones de arte rupestre (30%).

El análisis de los materiales registrados en la prospección y en las excavaciones practicadas en algunos sitios, en conjunto con las dataciones absolutas obtenidas, permitió identificar un total de setenta y nueve ocupaciones culturales, de las cuales cuarenta y ocho corresponden al período prehispánico (60%) y treinta y una a momentos históricos (40%)1.

Las ocupaciones prehispánicas fueron separadas en cinco categorías, tres de las cuales corresponden a períodos culturales definidos, tales como período Alfarero Temprano (PAT) (18%), período Intermedio Tardío (PIT) (6%) y período Inca (3%).


Figura 2. Ubicación río Putaendo y otras áreas de estudio de la cuenca superior del río Aconcagua.


Figura 3. Curso superior del río Putaendo. Áreas de estudio y sitios arqueológicos registrados.

Las dos restantes, período Tardío No Definido (10%) y Período Prehispánico General (23%), incluyen ocupaciones detectadas sólo superficialmente y que no han podido ser asignadas a alguna etapa determinada2.

Los sitios por lo general muestran una sola ocupación (53%), aunque los de naturaleza bicomponente presentan un alta frecuencia (37%).

En este trabajo solo consideraremos la información de sitios con ocupaciones claramente pertenecientes a los períodos PAT, al PIT y al período Inca.

Secuencia Cultural Alfarera del Valle de Putaendo

Período Alfarero Temprano

El período Alfarero Temprano (PAT)3 corresponde a una extensa etapa de la prehistoria de Chile Central (300 a.C.-900 d.C.), durante el cual se registran las primeras evidencias de utilización de cerámica en esta región (Falabella y Stehberg 1989) y el cual estaría caracterizado por una fuerte variabilidad cultural, expresada en la presencia de grupos humanos con estrategias de subsistencia, expresiones funerarias y tradiciones alfareras diferenciadas. Recientes estudios señalarían que la variable cronológica (o temporal) habría tenido poca significación en la diversidad registrada, y que esta estaría mas relacionada con aspectos de tipo social (Vásquez et al. 1999). Esta heterogeneidad ha quedado demostrada tanto en la costa central con la presencia de dos desarrollos o tradiciones culturales distintos: el Complejo Cultural Llolleo y la Tradición Bato (Falabella y Planella 1980; Falabella y Stehberg 1989), como en la cuenca interior del Maipo-Mapocho, en donde, junto a las ya mencionadas, se registrarían otras tradiciones aún escasamente conocidas (Sanhueza 2000; Vásquez et al. 1999).

A pesar de los escasos y fragmentarios antecedentes existentes hasta recientemente para este período en la cuenca superior del Aconcagua (Igualt 1970; Sanguinetti 1972), las evidencias recuperadas en las últimas investigaciones realizadas señalarían que en esta región el PAT también presentaría contextos heterogéneos. Es así como se registrarían algunos claramente relacionados con Llolleo y Bato, tales como los estudiados en el área del estero Lo Campo (Hermosilla y Saavedra 1999) y Pio Río (Sánchez et al. 2000), junto a otros con más similitudes con los propios de otras regiones aledañas, tales como el Norte Chico y la vertiente oriental de los Andes (Pavlovic 2000). Entre estos últimos se incluirían el sitio El Cebollar, en las cercanías de Llay-Llay (Hermosilla et al. 2004), la cuenca de altura de Campos de Ahumada (Pavlovic y Sánchez 2001) y el curso superior del río Putaendo (Pavlovic 2000; Pavlovic et al. 1999), situación a la que nos referimos en adelante.

Patrón de Asentamiento: El modo de utilización del espacio desarrollada por los grupos PAT en Putaendo está caracterizado por la ocupación de cuatro distintos espacios del valle: a la salida de las rinconadas y al alero de cerros-islas, en la zona en que estas toman contacto con las terrazas fluviales; en terrazas fluviales; en cerros con planicies de media altura, y en tierras interiores de rinconadas, adyacentes a quebradas. Los dos primeros tipos de emplazamiento se registran en sectores como El Tártaro y Casa Blanca, en donde ha sido posible establecer que los sitios ocupados durante el PAT luego son reocupados por grupos del PIT y del Tardío, y en los cuales hacen ver evidencias domésticas. El tercer espacio de ocupación esta representado por sitios que presentan condiciones privilegiadas para servir como avistadero, dominando grandes sectores del valle y con un contexto material que indicaría que se trataría de campamentos de ocupación temporal, en los cuales se habrían realizado distintas actividades domésticas (aprovisionamiento y trabajo de materias primas de grano fino, labores de recolección y molienda de alimentos vegetales, etc.). Cabe señalar la presencia en uno de estos (Los Patos 6) de un bloque con una tacita aislada. Finalmente, el cuarto espacio corresponde a los sitios PAT identificados en la rinconada de Piguchén, los cuales están situados en las terrazas de una quebrada de caudal permanente. El estado inicial de investigación en que se encuentran impide, por ahora, caracterizarlos y establecer el papel que jugaron en el patrón de asentamiento de estos grupos.

Cultura Material: A pesar de que los restos alfareros del PAT de Putaendo presentan las mismas características que comparte la mayoría de los desarrollos culturales pertenecientes al primer milenio d. C., ubicados entre el Norte Chico y la zona Centro-Sur (piezas restringidas monocromas, pulidas por el exterior, con pastas de granulometría fina o regular y decoraciones fundamentalmente modeladas, incisas y con la presencia de hierro oligisto) y otro tipo de evidencias de amplia dispersión, tal como los tembetá y las orejeras, las principales semejanzas morfológicas y decorativas se dan con los conjuntos alfareros de desarrollos contemporáneos del Norte Chico (Niemeyer et al. 1989; Castillo 1991; Rodríguez et. al. 1998) y del Centro Oeste Argentino (Gambier 1993). Los elementos que permiten realizar esta aseveración corresponden a rasgos morfológicos y decorativos. Entre los primeros destaca el registro de fragmentos alfareros correspondientes a vasijas restringidas con bases mayoritariamente cóncavas, planas sencillas y planas en pedestal. Con respecto a los rasgos decorativos se cuentan los incisos toscos y posiblemente en chevrón, el inciso lineal punteado de trazo grueso y la combinación de modelado con inciso punteado de trazo grueso. La mayoría de estos elementos no se registra en forma frecuente en los contextos tempranos de Chile Central definidos hasta el momento, y de ningún modo corresponden a rasgos diagnósticos de estos. Al contrario, gran parte de estos elementos está presente en los conjuntos alfareros pertenecientes a la cultura El Molle de los valles de Huasco, Elqui y Limarí (Niemeyer et al. 1989) y sobre todo entre los heterogéneos y aún poco conocidos contextos Alfareros Tempranos de los ríos Illapel y Chalinga de la cuenca del Choapa (Castillo 1991; Rodríguez et al. 1998). Del mismo modo, muchos de estos rasgos también están presentes en los desarrollos agroalfareros tempranos definidos por Gambier (1993) para la provincia argentina de San Juan, en la vertiente oriental de los Andes, los denominados cultura de Ansilta, fase cultural Punta del Barro y cultura Calingasta, desarrollos ubicados cronológicamente entre el 500 a.C. y el 1.200 d.C.

Cronología. En el valle se ha obtenido un total de cuatro dataciones por TL para este período. Dos de ellas fueron obtenidas de sitios ubicados en el sector de Casa Blanca (Casa Blanca 10 y Casa Blanca 30), mientras las dos restantes provienen del sitio Los Patos 6 (Tabla 1). Las fechas obtenidas hasta el momento señalan la contemporaneidad de las ocupaciones y permiten, en conjunto con los contextos materiales, sugerir cierto grado de identidad sociocultural. Por otro lado, las dataciones ubican estas ocupaciones en un rango temporal bien acotado, ubicado entre los siglos IX y X d.C., situándolas en los momentos finales del extenso período Alfarero Temprano (Falabella y Stehberg 1989) y en momentos contemporáneos con el inicio de las ocupaciones del PIT. Al no tener información para otros momentos de este período, no es posible por ahora extrapolar las interpretaciones preliminares obtenidas a todo el período Alfarero Temprano del río Putaendo.


Período Intermedio Tardío

Ubicado cronológicamente entre el 900 y el 1.400 d.C., la literatura especializada ha señalado que este período está representado en Chile Central por la cultura Aconcagua, desarrollo caracterizado por el registro de la clásica cerámica Negro sobre Salmón y su emblemático motivo del trinacrio (tipo Aconcagua Salmón) y la utilización de túmulos como señalizadores funerarios (Durán y Planella 1989; Sánchez y Massone 1995). Aunque las primeras evidencias de este desarrollo cultural se recuperaron en el valle homónimo (Oyarzún 1912, 1934; Latcham 1928; Looser 1931), los estudios que han permitido definirla en profundidad han sido realizados fuera de esta zona, en el litoral central de Pacífico (Falabella y Planella 1980) y en la cuenca del Maipo-Mapocho (Massone 1978; Stehberg 1981; Sánchez 1993; Pavlovic et al. 2000).

El estancamiento que se produjo en las investigaciones sistemáticas en el valle de Aconcagua luego de las primeras décadas del siglo XX significó que toda su cuenca superior, incluyendo al valle de Putaendo, fueran incorporados al área de ocupación de grupos de la cultura Aconcagua (Durán y Planella 1989) sin un análisis acabado de la verdadera significación de las características particulares que presentarían los contextos del período Intermedio Tardío de esta región, rasgos que han sido señalados e interpretados por distintos investigadores (Massone 1978; Durán, Massone y Massone 1991; Durán y Planella 1989).

Los contextos del Intermedio Tardío del valle de Putaendo no escapan a esta situación particular. Es así como en las excavaciones de Fonck en Piguchén (Massone 1978) y Núñez (1964) y Berdichewsky en Bellavista (Madrid, 1965), se recuperaron conjuntos alfareros y ciertos rasgos mortuorios que impiden incorporar estos sitios a la cultura Aconcagua y plantean la presencia de contextos locales. Es así como se comprueba la escasez (Bellavista) o bien la ausencia (Piguchén) de la cerámica emblemática de la cultura Aconcagua, el tipo Aconcagua Salmón (Sánchez y Massone, 1995), y la presencia de variedades decorativas particulares como el estrellado, el tipo Aconcagua tricromo engobado, piezas del tipo rojo engobadas con decoración cuatripartita y piezas de posible filiación diaguita-inca. Además, en Bellavista se registran rasgos mortuorios tales como emplantillados y bóvedas funerarias, estas últimas no registradas en sitios de la cultura Aconcagua. Por último, cabe destacar que, al realizar el análisis del variado conjunto alfarero de Piguchén, Massone (1978) definió a este sitio como representativo de un desarrollo local, diferenciado del Aconcagua.

Las recientes investigaciones realizadas en el curso superior del río Putaendo no han hecho sino confirmar los resultados obtenidos en Piguchén y Bellavista, en torno a la escasez o definitiva ausencia del tipo Aconcagua Salmón y, en general, a la presencia de conjuntos alfareros claramente diferenciados de los definidos para la cultura Aconcagua y fechados en forma contemporánea a estos, además de modalidades funerarias no registradas en los cementerios de este desarrollo. Estos señalarían fuertes relaciones con poblaciones asentadas en los valles transversales ubicados al norte (La Ligua, Petorca y posiblemente la cuenca del Choapa) (Sánchez 2000; Sánchez et al. 2000).

Patrón de Asentamiento. A pesar de que muchos de los eventos ocupacionales pertenecientes a este período se emplazan por sobre ocupaciones del PAT, durante este período se produce una reducción de los espacios de ocupación con respecto a la etapa anterior. Es así como sus evidencias se registran de preferencia en las terrazas fluviales y en los sectores bajos de las rinconadas, muchas veces al abrigo de algún cerro-isla y se caracterizan por la presencia de materiales culturales dispersos en amplias zonas, registrándose con regularidad la presencia de conanas fragmentadas y manos de moler. En el caso de las rinconadas, formaciones geográficas características de los espacios de valles interiores de la zona central, su ocupación estaría relacionada con el hecho de que estas poseen vertientes y quebradas cuya provisión de aguas, aunque escasa, es permanente. Gracias a estas fuentes hídricas, se pueden desarrollar labores agrícolas sin necesidad de obras de regadío de importancia, tal como lo ha demostrado Weischet (1976) para tiempos coloniales tempranos. El emplazamiento en rinconadas también disminuye el peligro de inundaciones a que están expuestas las tierras adyacentes a las cajas fluviales.

Las evidencias de arte y ecofactuales sugerirían, en su mayoría, que estos eventos de ocupación tendrían una orientación doméstico-habitacional. La excepción la constituye la presencia en el sector de Casa Blanca de un sitio funerario (Casa Blanca 1 "Ancuviña El Tártaro"), constituido por un túmulo funerario de grandes dimensiones, el cual presentaba en su interior entierros colectivos e individuales.

La ubicación de este sitio funerario en forma adyacente a varios sitios habitacionales, sumado a la presencia de bloques de petroglifos que se ubican en formaciones geográficas que delimitan espacios y a la reducción de los espacios ocupados permanentemente, permiten establecer que la modalidad de asentamiento desarrollada por estos grupos estuvo definida por la implantación de nociones de territorialidad y propiedad más rígidas que las existentes para el período anterior no solamente relacionadas con el acceso y uso de recursos, sino también por las interacciones generadas con grupos asentados en sectores vecinos (Troncoso, 1998). Otro rasgo significativo del patrón de asentamiento evidenciado para esta etapa sería la existencia de un patrón disperso, en el cual las distintas unidades domésticas no habrían formado agrupaciones a modo de aldeas o pueblos, sino que se encuentran distribuidas en el paisaje, a distancias regulares unas de otras.

Con respecto a las actividades desarrolladas en los asentamientos habitacionales, toda la información señalaría que estos grupos habrían desarrollado labores de subsistencia basadas en una agricultura de baja escala, junto a la cual tanto la caza como la recolección habrían seguido siendo importantes. En estos sitios no sólo se habría procedido a la producción, procesamiento y consumo de alimentos, sino también a la producción de distintos artefactos, tales como los instrumentos líticos.

En estos asentamientos habitacionales se ha verificado la puesta en práctica de un modo de subsistencia basado en una agricultura de baja escala, la caza y la recolección, detectándose en sus contextos evidencias de una serie de actividades, tales como la producción, el procesamiento y el consumo de alimentos, así como la elaboración de una gran variedad de instrumentos.

La importancia de estos modos de ocupación del espacio es que habrían definido las bases de un modo de vida muy bien adaptado al medio geográfico particular, como se verificaría de su perduración hasta la actualidad y en las fuertes similitudes que presentan, con los desarrollados por los grupos pertenecientes a la cultura Aconcagua, asentados en espacios geográficos semejantes (Falabella y Planella, 1980; Durán y Planella, 1989; Pavlovic et al. 2000).

Patrón Funerario. Las modalidades de enterratorio registradas en el único sitio funerario identificado presentan claras diferencias con las definidas en forma tradicional para la cultura Aconcagua, las cuales no sólo se refieren al conjunto alfarero recuperado, sino también a las características propias del túmulo (Sánchez 2000; Sánchez et al. 2000). Es así como, como el sitio Casa Blanca 1 "Ancuviña El Tártaro", se registró, a diferencia de los cementerios de túmulos múltiples de la cultura Aconcagua, la presencia de un solo montículo de gran tamaño (dos m de altura y 50 m de diámetro), el cual presentaba una cantidad indeterminada de entierros individuales y colectivos, señalizados por emplantillados de distintas dimensiones. Los individuos presentaban asociados una serie de ofrendas compuestas mayoritariamente por piezas alfareras decoradas y monocromas y otros elementos como instrumentos de molienda, puntas de proyectil y colgantes. Los cuerpos se encontraban depositados preferentemente extendidos decúbito ventral y orientados este-oeste. A su alrededor, se registró algún tipo de fibra vegetal o animal semidescompuesta, lo que indicaría, en conjunto a la posición de los cuerpos, su enfardamiento.

Cultura Material. El análisis de los contextos tanto domésticos como funerarios identificados para ese período indican la similitud de la cultura material.

Con respecto al conjunto alfarero, predominan las formas monocromas alisadas (vasijas tipo escudillas de gran tamaño, con lóbulos incisos opuestos diametralmente, ollas medianas con asas verticales y horizontales y formas de perfil compuesto), junto a las cuales se presentan en número significativo vasijas Rojo Engobadas, representadas tanto por formas no restringidas (escudillas de perfil continuo, algunas con lóbulos opuestos por el diámetro) como restringidas (jarros y jarros "cerveceros"). En relación a la cerámica decorada, la modalidad más característica está representada por la cerámica con el motivo del estrellado, correspondiente a ángulos inscritos abiertos hacia el borde realizados en rojo sobre blanco, presente mayoritariamente en piezas no restringidas (escudillas de perfil continuo), con la ocasional presencia de lóbulos opuestos diametralmente. Por último, se ha registrado la presencia de piezas con formas y decoraciones similares a la fase Diaguita II del norte chico, pero con trazos más gruesos y menos logrados y ligeras variaciones en la forma, lo cual podría indicar una producción local a partir de la imitación de piezas diaguitas originales. Cabe mencionar, finalmente, la presencia como ofrenda en uno de los entierros detectados en Casa Blanca 1 de piezas pareadas o dobles (dos jarros, dos escudillas tipo Diaguita II, dos ollas). Este rasgo no se había registrado en los desarrollos culturales locales del PIT, ni del norte chico ni la zona central, siendo asociado tradicionalmente a contextos de la época de presencia Inca.

La ausencia del tipo aconcagua salmón y de la variedad decorada del tipo Aconcagua rojo engobado, grupos cerámicos característicos de la cultura Aconcagua, en los contextos del PIT del curso superior del río Putaendo, no permite asignar estos sitios a esta cultura, al menos como ha sido definida hasta el momento. Por el contrario, las evidencias recuperadas señalan una relación más fuerte con contextos de la parte meridional del norte semiárido (cuenca del Choapa) y los pequeños valles transversales de la llamada zona intermedia o de transición (La Ligua, Petorca). Ello queda en evidencia al comparar los contextos del río Putaendo con los registrados en sitios contemporáneos como Valle Hermoso en La Ligua (Rodríguez et al. 1997) y Los Coiles 136, en la costa de la provincia de Petorca (Rodríguez y Ávalos 1993). En todos ellos se dan elementos comunes, tales como la abundancia de vasijas rojo engobadas, formas cerámicas monocromas similares y, en algunos, la presencia de cerámica de características diaguita. Con respecto a la cuenca del Choapa, las relaciones son de tipo más laxo, aunque es significativa la presencia en Putaendo de modalidades decorativas de los desarrollos diaguitas preincaicos que sólo tienen antecedentes en sitios del río Illapel (Sánchez et al. 2000).

Con respecto a las relaciones con la vertiente oriental de los Andes, sólo podríamos indicar ciertas semejanzas (cerámica rojo engobada con lóbulos) con los contextos identificados en sitios ubicados en las cabeceras de los ríos que riegan los valles interandinos de la provincia de San Juan, los cuales han sido asignados por Michiele y Gambier (1998) a desarrollos tardíos del norte chico (cultura Diaguita) o la zona central (cultura Aconcagua).

Por último, otra característica de los contextos estudiados para este período está dada por la presencia de una industria lítica con escaso nivel de formatización, aunque evidenciando una asociación entre categorías monofuncionales y tipos de materias primas. Gran parte de los materiales líticos corresponde a derivados de núcleo sin modificaciones intencionales, utilizados como instrumentos de filos vivos, polifuncionales y de rápido descarte, realizados en materias primas locales. Con respecto a los instrumentos formatizados, estos están representados por aquellos utilizados en la molienda (conanas y manos de moler), y los destinados a la caza, destazamiento y procesamiento de presas animales (puntas de proyectil triangulares y de base escotada pequeñas, cuchillos y raspadores), habiendo sido estos últimos elaborados con materias primas líticas de grano fino, obtenidas fuera del espacio inmediato de ocupación, posiblemente en las estribaciones cordilleranas.

Cronología. Para este período se han obtenido un total de siete fechados por TL, todos ellos en sitios ubicados en el sector de Casa Blanca, provenientes tanto de contextos funerarios (Casa Blanca 1) como habitacionales (Casa Blanca 10 y Casa Blanca 30)3 (Tabla 1). El rango temporal en que se ubican las dataciones va desde el siglo XI al XVI de nuestra era, aunque existe una clara concentración en los siglos XI y XII. Estas fechas no sólo permiten comprobar la identidad de los sitios investigados en esta área, sino también establecer que son contemporáneos a los definidos para la cultura Aconcagua y afirmar que las diferencias registradas con respecto a los contextos de este desarrollo no están relacionadas con la variable temporal.

Período Tardío Incaico

En la cuenca superior del río Aconcagua se han registrado importantes evidencias pertenecientes a este período, tales como instalaciones administrativas (Rodríguez et al. 1993; Sánchez et al. 2000), asentamientos defensivos y/o rituales (Sanguinetti 1975), sitios funerarios (Durán y Coros 1991) y rutas incaicas (Stehberg 1995; Coros y Coros 1999).

En ese marco, los únicos antecedentes específicos para Putaendo corresponden a la mención que realiza Stehberg (1995) con respecto al paso del camino inca longitudinal por el valle y el registro de piezas posiblemente pertenecientes a este período en los sitios de Piguchén (Fonck 1896; Massone 1978) y Bellavista (Madrid 1965).

Patrón de Asentamiento. Con el Inca se producen ciertos cambios respecto a los patrones de utilización del espacio definidos para el PIT, los cuales indicarían la aplicación de una planificación en la ubicación de los asentamientos, con el fin de asegurar el cumplimiento de los objetivos de la presencia del Tawantinsuyo en la zona. Es así que, para este período, las investigaciones han identificado un asentamiento defensivo o pucara emplazado en la cumbre del cerro El Castillo (Tártaro 1 Pucara El Tártaro) y varios sitios habitacionales en tierras llanas adyacentes.

Con respecto al Pucara El Tártaro, el cerro en que se ubica corresponde a una estribación de fuerte pendiente en casi todo su contorno, desde cuya cumbre se logra una inmejorable visión de amplios sectores del valle del río Putaendo. El sitio presenta doble muro perimetral, concentraciones de piedras huevillo (transportadas), posibles atalayas, plazas intramuros, diversas estructuras, posibles bases de collcas. Fuera de las labores de vigilancia y de fortaleza, es posible sugerir que en el sitio se habrían desarrollado labores domésticas (instrumentos de molienda, cerámica con huellas de exposición al fuego, instrumentos líticos), lo que indicaría la presencia permanente en el sitio de grupos de personas, que tuvieron que ser mantenidas por poblaciones asentadas en las cercanías, posiblemente en los sitios habitacionales que hemos asociado a este período.

Estos últimos se encuentran emplazados en tierras llanas a la salida de las rinconadas que se ubican al norte y al sur del cerro El Castillo y son incorporados a este período tentativamente a partir de materiales cerámicos colectados en superficie, algunos de los cuales muestran elementos de decoración atribuidos al Inca. Por tratarse de sitios reconocidos sólo en superficie, se dificulta establecer las actividades específicas que se desarrollaron en ellos o realizar aproximaciones al patrón de asentamiento en que estaban insertos, fuera de señalar, como ya indicamos, su posible relación con el Pucara El Tártaro (Tártaro 1).

El emplazamiento del pucara y los sitios adyacentes es estratégico en virtud de dos itinerarios posibles para el camino del Inca, uno planteado por Stehberg (1995), recorriendo el valle del Putaendo, y otro presente en la historia local informal y en datos etnohistóricos preliminares (Sánchez et al. 2000), el cual vendría desde Alicahue por Las Minillas y pasaría por las cercanías del pucara, para cruzar el río Putaendo, entrar por la rinconada de Piguchén y luego tomar la quebrada de Jahuel, llegar al Aconcagua y cruzarlo para seguir hacia Curimón.

Cabe señalar, por último, que la ubicación de los sitios Incas detectados en el valle coincide con sectores que habrían estado densamente poblados durante el PIT, tal como se puede extrapolar de las prospecciones realizadas. Esta situación podría estar indicando que otra variable que sopesó el Inca para seleccionar esta zona para ubicar sus asentamientos habría sido el acceso a mano de obra local, elemento que ha sido planteado por diversos autores al momento de estudiar los modos de presencia y dominación desarrollados por el Tawantinsuyo (Llagostera 1976; Stehberg 1995; Sánchez et al. 2000).

Cultura Material. En el Pucara El Tártaro se registró una cantidad importante de material alfarero en superficie y estratigrafía que indica la presencia de variedades diaguita-incas (Diaguita II, Diaguita III, cuarto estilo y otros), cerámica de la cultura Aconcagua (correspondientes a los únicos hallazgos realizados hasta el momento en esta zona) y elementos locales (estrellados). Cabe destacar la presencia de piezas restringidas con un alisado interior de tipo escobillado, el cual también ha sido registrado en el tambo o centro administrativo Inca de El Castillo, ubicado al sur de la ciudad de Los Andes (Sánchez et al. 2000) y en sitios de la fase Diaguita III o Inca de la cuenca del Choapa (Troncoso et al. 2004).

Fuera de lo anterior, en el pucara se han recuperado algunos materiales líticos y un fragmento de instrumento musical, correspondiente a una antara o flauta de pan en combarbalita. Este último elemento también está presente en otros sitios Inca de la zona (Rodríguez et al. 1993).

Cronología. Para el período Inca en el curso superior del río Putaendo se cuenta con un total de siete dataciones, todas ellas obtenidas por TL y provenientes del sitio Pucara El Tártaro (Tártaro 1). Entre estas se cuentan materiales de filiación Diaguita-Inca, Aconcagua Salmón y PIT Local (Tabla 1). Estas fechas han permitido verificar la asignación del sitio al período de presencia del Tawantinsuyo en la zona y también verificar la contemporaneidad de los tipos alfareros pertenecientes a distintas sociedades asentadas en distintas zonas de Chile Central y el norte chico registrados en el sitio.

Discusión y Conclusiones

Las investigaciones realizadas en el curso superior del río Putaendo han permitido comenzar a caracterizar la secuencia cronocultural, las modalidades de ocupación del espacio y las estrategias de subsistencia desarrolladas por los grupos humanos pertenecientes al período Alfarero que habitaron este importante tributario de la cuenca superior del río Aconcagua. De este modo es posible señalar que en, términos generales, tanto el período Alfarero Temprano como el Intermedio Tardío están representados por contextos que presentan importantes diferencias con los desarrollos definidos para estos períodos en Chile Central hasta el momento. Las particularidades son tan significativas, que incluso permiten distinguir el área examinada de otras zonas de la cuenca alta del Aconcagua estudiados recientemente (Sánchez et al. 2000).

Los análisis señalarían que para el período Alfarero Temprano se darían fuertes semejanzas con desarrollos contemporáneos del norte chico o semiárido (Niemeyer et al. 1989; Castillo 1991; Rodríguez et. al. 1998) y del centro-oeste argentino (Gambier 1993; Sánchez et al. 2000).

Por otro lado, para el Intermedio Tardío, además de establecerse la ausencia de los tipos cerámicos emblemáticos de la cultura Aconcagua y de posibles variaciones con respecto a las modalidades funerarias típicas conocidas para este desarrollo cultural, la información recopilada indicaría, de un modo bastante similar a lo ocurrido para el Temprano, la existencia de significativos contactos con los valles transversales ubicados al norte (La Ligua, Petorca, Choapa) (Rodríguez et al. 1993, 1997; Rodríguez y Ávalos 1993) y de posibles contactos con la vertiente oriental de los Andes (Michieli y Gambier 1998).

Las características particulares establecidas para el valle de Putaendo no sólo se expresan a nivel de los conjuntos artefactuales, sino que también se registran al estudiar otras dimensiones, como el del arte rupestre, en especial los petroglifos. Esta manifestación es muy abundante en Putaendo (Sanguinetti 1968; Troncoso 1998) y en toda la cuenca superior del Aconcagua (Niemeyer 1964), situación que no se da en otras áreas de la zona central. Del mismo modo que con respecto a los conjuntos artefactuales del Alfarero Temprano y el Intermedio Tardío, la gran cantidad de sitios con petroglifos relaciona este sector con zonas ubicadas al norte, tales como las cuencas altas de los ríos La Ligua, Petorca y en toda la zona del Choapa (Sanguinetti 1972; Troncoso 1998).

Con respecto al período Inca, la presencia de un asentamiento defensivo y de sitios habitacionales posiblemente asociados, en un sector estratégico del valle, permite comenzar a comprender las estrategias de dominación aplicadas por el Tawantinsuyo en la zona, entre las cuales se consideraría el asentamiento en áreas fuertemente pobladas, el control de las vías de comunicación y movimiento y el posible traslado al valle de grupos poblacionales foráneos (Stehberg 1995; Sánchez et al. 2000).

Las relaciones entre Putaendo y zonas aledañas ubicadas al norte y al este, que hemos señalado para el período Alfarero, deben ser entendidas considerando las vías naturales de comunicación extrarregional que posee este valle en específico y la cuenca alta del Aconcagua en general, las cuales han favorecido el contacto y la interacción cultural, tal como podemos apreciar en sus heterogéneos contextos prehispánicos. De esta forma se confirman los planteamientos que han estado surgiendo en los últimos años acerca de un área de interacción cultural muy importante que habría estado definida entre la cuenca del Choapa por el norte y el curso superior del río Aconcagua por el sur, y que habría tenido importantes relaciones con la vertiente trasandina. Esta dinámica se habría desarrollado durante todo el período Alfarero, desde el Temprano hasta el Tardío Incaico (Durán y Planella 1989; Gambier 1993; Rodríguez et al. 1997, 1998; Sánchez 2000; Sánchez et al. 2000). La conquista hispana no habría significado el fin de esta zona de interacción, siendo patente durante la colonia, la república y hasta nuestros días, tal como hemos podido apreciar en nuestra interacción con los habitantes actuales.

Agradecimientos: Comprometen nuestros agradecimientos todos los amigos y colegas que han participado en las investigaciones, aquéllos con quienes hemos discutido sus resultados y todos los putaendinos que nos han brindado su hospitalidad y que han compartido su saber de las "cosas antiguas". Investigación financiada por los proyectos Fondecyt 1970531 y 1000172.

Notas

1 Los criterios que posibilitaron la discriminación entre ocupaciones prehispánicas e históricas fueron la existencia de rasgos arquitectónicos en algunos sitios, tales como estructuras pircadas de forma cuadrangular y presencia de restos de adobes entre otros; así como el material cultural presente en superficie, sea esta loza o cerámica. De este modo, por ocupación del Período Histórico se abarcan todos aquellos asentamientos con restos culturales no asignables a tiempos prehispánicos, por lo que se cubre un amplio rango temporal desde el siglo XVI hasta el siglo inicios del siglo XX.

2 Por ocupación tardía no definida, se entiende un asentamiento que presenta materiales culturales, específicamente cerámicos, cuyas características pueden asignarse ya sea el período Intermedio Tardío y/o Inca, como son, por ejemplo, fragmentos rojos engobados exterior/interior. Por ocupación prehispánica general entendemos cualquier asentamiento que presenta materiales culturales asignables a tiempos anteriores a la llegada de los conquistadores, pero cuya generalidad impide una clara identificación cronológica de éstos.

3 La fecha de 15.65 ± 50 d.C. para el sitio Casa Blanca 30 fue obtenida de un fragmento decorado con el motivo del estrellado, en un contexto sin elementos incaicos, por lo cual no es posible establecer si corresponde a un problema con la fecha o a un contexto local que perdura durante el período de presencia Inca.

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