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Chungará (Arica)

versión On-line ISSN 0717-7356

Chungará (Arica) v.36  supl.espect2 Arica sep. 2004

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-73562004000400030 

  Volumen Especial, 2004. Páginas 923-933
Chungara, Revista de Antropología Chilena

FUNCIONALIDAD DE ASENTAMIENTOS CORDILLERANOS DURANTE EL ARCAICO TARDÍO Y EL AGROALFARERO TEMPRANO (CHILE CENTRAL)1
 
 

Paulina Peralta G.* y Carolina Salas E.**

* Brasil 9100, Depto. H, Santiago. pauli_andrea@yahoo.es
** Santo Domingo 1160, Of. 511, Santiago. casalaseg@hotmail.com


En la cordillera de los Andes de Chile Central, evidencias arqueológicas indicarían que una serie de aleros rocosos fueron ocupados probablemente de manera ocasional y eventual. En búsqueda de inferir las actividades que se llevaron a cabo en dichos espacios y así contrastar tal hipótesis, se realizó un estudio integral de estos contextos desde una perspectiva comparativa tanto a nivel intra como intersitio. De este modo, se esclarece el rol funcional que cumplió este tipo de sitios en los patrones de asentamiento cordilleranos durante los períodos Arcaico IV y Agroalfarero Temprano.

Palabras claves: Zona central de Chile, cordillera de los Andes, patrones de asentamiento, aleros rocosos, cazadores- recolectores, período Arcaico, período Agroalfarero Temprano.
In the Andean mountain range from Central Chile, archaeological evidences would indicate that a series of rock shelters was probably occupied on occasional and eventual way. In order to deduce the activities that were carried out in such spaces and therefore contrast such hypothesis, it was carried out an integral intra and intersite study of these contexts from a comparative perspective. In this way, is clarified the functional role of this type of sites in the settlings patterns of mountain range during the Periods Archaic IV and Early Agroceramic.

Key words: Chilean Central Zone, Andean mountain range, settling patterns, rock shelters, hunter gatherers, Archaic Period, Early Agroceramic Period.


En el ecosistema cordillerano de la zona central de Chile, diversas evidencias prehispánicas han sido reconocidas gracias al estudio de una serie de sitios arqueológicos, ubicados principalmente en la cuenca del río Maipo. Las investigaciones en esta zona comenzaron a fines de la década de 1950 y han avanzado de acuerdo a distintas perspectivas y orientaciones metodológicas desarrolladas sistemáticamente sólo a partir de la década de 1980. Mediante dichos estudios, se han esclarecido numerosas características de las ocupaciones humanas en una secuencia cronológica que se extiende por más de 10.000 años (ca. 11.000 a.C. a 900 d.C.) desde los inicios del período Arcaico, hasta el período Agroalfarero Tardío (Cornejo et al. 1998).

En líneas generales, se han identificado dos grandes componentes culturales diacrónicamente diferenciales (Cornejo y Sanhueza 2000; Cornejo y Simonetti 1993, 1997-98; Saavedra y Cornejo 1995). El primero de estos componentes corresponde a la presencia de grupos con una orientación económica dirigida a la caza y recolección, probablemente de permanencia estacional o transitoria en la zona, durante los períodos Arcaico (ca. 10.000 a 400 a.C.) y Agroalfarero Temprano (ca. 400 a.C. a 900 d.C.). El segundo componente, en cambio, se asocia a grupos que integran los cultivos en la economía, dominando una tecnología en la cual la cerámica cobra una importancia principal, durante los períodos Agroalfarero Temprano (PAT), Intermedio Tardío y Tardío (ca. 400 a.C. a 1.535 d.C.).

Los grupos cazadores-recolectores dejaron su testimonio particularmente en aleros o abrigos rocosos; algunos de estos lugares funcionaron como campamentos habitacionales base o campamentos de tareas específicas2, mientras que otros corresponderían a sitios de ocupaciones esporádicas. Considerando la relevancia de estos últimos como elementos clave para comprender el uso del espacio por parte de cazadores recolectores cordilleranos, previamente (Peralta y Salas 2000) analizamos comparativamente algunas características formales y contextuales de Las Cortaderas 2, 3, La Paloma y Condominio 1 (Figura 1), sitios que se encontrarían bajo esta categoría y presentan ocupaciones contemporáneas entre sí asignables a los períodos Arcaico IV y Agroalfarero Temprano.


 
Figura 1. Ubicación de sitios. Cajón del Maipo, Región Metropolitana, Chile.

Según los resultados de dicho estudio preliminar, realizado sólo a nivel intersitio, planteamos hipotéticamente que estos aleros se relacionan funcionalmente conforme a características que apuntan a su ubicación geográfica, además de ciertas particularidades físicas y contextuales. Con el objeto de contrastar tal hipótesis, advertimos la necesidad de comprender en mejor medida las actividades que se realizaron en estos aleros, desde una perspectiva tanto sincrónica como diacrónica. En esta ocasión, por lo tanto, realizamos un análisis comparativo a nivel intra e intersitio, en búsqueda de detallar en mejor medida la función de estos sitios arqueológicos e inferir así su rol dentro de los patrones de asentamiento cordilleranos a través del tiempo.

Material y Criterios Metodológicos

Los materiales analizados fueron recuperados de sus contextos en campañas de terreno realizadas durante 1999. La disposición de las excavaciones dependió en parte del poco espacio exterior que rodea a estos aleros y se distinguieron siempre niveles arbitrarios de 10 cm (respetando los estratos que se diferencian naturalmente). Se ocuparon harneros de 2,5 y 3 mm para rescatar el material arqueológico que en su mayoría corresponde a restos líticos y osteofaunísticos (Tabla 1). 


Tabla 1. Frecuencias y porcentajes de material arqueológico en los sitios estudiados.

Material

Las Cortaderas 2

Las Cortaderas 3

La Paloma

Condominio 1


Osteofaunístico

176(69,6%)

210(66,0%)

2.842(83,3%)

1.788(76,3%)

Lítico

72(28,5%)

105(33,0%)

537(15,7%)

525(22,4%)

Cerámico

5(1,9%)

3(1,0%)

33(1,0%)

31(1,3%)


Total

253

(100%)

318

(100%)

3.412

(100%)

2.344(100%)


La metodología empleada para el análisis específico de los conjuntos líticos constó principalmente de tres etapas consecutivas: obtención de datos, relación comparativa entre variables e interpretación de las relaciones observadas. La primera etapa consistió en la observación macroscópica de una serie de atributos presentes en las piezas según sus categorías3. En el caso de los artefactos (instrumentos tallados, filos vivos y sobre guijarros) se observaron atributos morfológicos, funcionales y tecnológicos, mientras que en núcleos y derivados de talla (incluyendo microdesechos), se distinguieron principalmente atributos tecnológicos.

Una vez obtenida esta base de datos, los diversos atributos observados se tomaron como variables para un análisis tecnológico comparativo. Las posibles relaciones entre dichas variables se definieron de acuerdo a los siguientes criterios: frecuencia de piezas según categoría lítica y tipos de materia prima, frecuencia de artefactos según su función y materia prima, frecuencia de artefactos tallados según grado de formatización y frecuencia porcentual de derivados de talla según tipo, categoría tecnológica, materia prima, cobertura de corteza y tipo de talón. Cabe señalar que, en forma paralela, se intentó hacer una aproximación al problema atingente a los procesos postdepositacionales del registro lítico, evaluando tanto la condición de completitud de las piezas, como también las posibles causas de su fragmentación (naturales, tecnológicas, por uso, pisoteo, etc.).

Consiguientemente, la interpretación de los datos obtenidos se realizó en búsqueda de inferir qué tipos de actividades están mejor representadas en el universo lítico. Según esto, se intentó identificar la naturaleza de las materias primas empleadas (selección y aprovechamiento); qué fase de la secuencia operativa de reducción lítica fue llevada a cabo en los sitios arqueológicos, de acuerdo con los distintos tipos de materia prima reconocidos; la elaboración y/o reciclaje local o no local de los artefactos; la función y el grado de formatización de estos y, por último, las técnicas de talla que fueron aplicadas en su confección.

Con el fin de obtener información relevante para discutir tareas relacionadas con el aprovechamiento de fauna, se analizó el material osteofaunístico desde una perspectiva fundamentalmente tafonómica, tomando en cuenta la abundancia taxonómica, la frecuencia y abundancia relativa de partes esqueletarias, consumo por parte del hombre y las modificaciones producidas por agentes no humanos. Cada pieza ósea fue catalogada como elemento o espécimen, identificándola anatómicamente para luego realizar una determinación taxonómica4.

Para reconocer los procesos naturales que afectan la condición de los huesos después de su descarte (por ejemplo, por efecto de carnívoros), se intentó precisar el repertorio de acciones vinculadas a su acumulación. Esto se hizo mediante la observación de una serie de atributos presentes en estos restos, además de la identificación y aislamiento de diversas variables que permiten diferenciar las modificaciones culturales de las naturales, tales como grado de combustión, fracturas y grado de meteorización, entre otras.

Los métodos y unidades de cuantificación permitieron sistematizar la información arqueofaunística y hacer comparables los conjuntos óseos provenientes de distintos sitios. De este modo, se utilizó el número de especímenes óseos identificados por taxón (NISP) y un número mínimo de individuos (MNI). Cabe señalar que todos los métodos de este tipo tienen deficiencias y en cierta medida inducen a errores, por lo cual en este estudio se complementaron y usaron en conjunto.

Integrando todos los datos provenientes del análisis de conjuntos líticos y osteofaunísticos, obtuvimos un cúmulo de información que necesariamente tuvimos que sintetizar conforme a los propósitos de este trabajo. Los resultados que presentamos a continuación, por tanto, representan las características generales identificadas a nivel intrasitio en cada alero, diferenciando siempre entre los períodos de tiempo distinguidos en sus contextos.

Alero Las Cortaderas 2

Este sitio arqueológico se ubica en el borde de una morrena lateral sobre la terraza del río Yeso, cerca del estero Las Cortaderas, a 2.200 msnm. Mediante las investigaciones realizadas, fue posible identificar que sus ocupaciones más tempranas se enmarcan en el período Arcaico IV, con una fecha radiocarbónica entre los años 2.585-2.330 cal. a.C. (p = 0,95) (calibrados a 2 sigmas con el programa INTCAL 98 Radiocarbon Age Calibration de Stuiver et al. 1998, Radiocarbon 40(3)p1041-1083).

En este componente temporal, predominan ampliamente los microdesechos y derivados de talla de materias primas silíceas por sobre los artefactos e instrumentos formatizados (Tabla 2). Aunque debemos considerar que la alta proporción de piezas incompletas (70%) representa un sesgo para la correcta interpretación de este contexto, se ha podido inferir que el tallado de piezas líticas fue una de las principales labores realizadas en el alero. En este sentido, aunque están presentes todas las fases de reducción lítica, predomina el astillamiento final y retoque de artefactos formatizados confeccionados sobre materias primas de grano fino, principalmente de un sílice opaco que aparentemente no se encuentra en las inmediaciones del sitio.


Tabla 2. Frecuencia porcentual de categorías líticas en los sitios estudiados.

 

Las Cortaderas 2

Las Cortaderas 3

La Paloma Condominio 1

Categorías Líticas





A IV (%)

PAT (%)

A IV (%)

PAT (%)

A IV (%)

PAT (%)

A IV (%)

PAT (%)


Microdesechos de talla

63,8

0,0

68,2

73,8

79,8

71,6

53,2

58,6

Derivados

30,6

33,3

25,4

16,6

16,5

26,8

44,4

37,7

Raspadores

1,4

33,3

1,6

2,4

0,0

0,0

0,0

0,5

Cuchillos

1,4

0,0

1,6

0,0

0,0

0,0

0,0

0,2

Lascas de filo vivo

1,4

0,0

1,6

4,8

0,7

0,0

0,0

1,2

Cepillos

1,4

0,0

1,6

0,0

0,0

0,0

0,8

0,2

Núcleos

0,0

33,3

0,0

0,0

1,8

0,0

0,0

0,2

Puntas de proyectil

0,0

0,0

0,0

0,0

0,0

1,3

0,8

1,2

Sobre guijarro

0,0

0,0

0,0

2,4

1,2

0,3

0,8

0,2


Total

100,0

100,0

100,0

100,0

100,0

100,0

100,0

100,0


A IV: Período Arcaico IV.
PAT: Período Agroalfarero Temprano.

En cuanto al conjunto osteofaunístico, durante este período la proporción de este tipo de restos es baja, lo que junto al alto grado de fragmentación de las piezas (64%) dificultó la identificación de taxas específicas. No obstante, el estado de conservación es bueno si se considera la baja frecuencia de modificaciones no humanas y de signos de meteorización. Se lograron reconocer algunas piezas de roedores (no identificados) y de un Octodon degus (Tabla 3). Conforme a esto, vemos que el consumo de roedores probablemente fue una actividad que también se llevó a cabo bajo el alero, tal como lo demuestra el grado de combustión de algunas piezas. Esto se apoyaría también en algunos antecedentes que señalan el consumo de roedores en la zona que nos ocupa (Simonetti y Cornejo 1991).

Sobre este componente Arcaico IV se detectaron unidades estratigráficas asociadas a evidencia cerámica con una fecha TL de 1.050 ± 80 años cal. d.C. Según la posición de estas capas y las características del contexto, estas ocupaciones podrían asignarse al período Agroalfarero Temprano, pese a que esta fecha absoluta es algo tardía para dicho período.

A diferencia del componente anterior, en estas ocupaciones más tardías disminuye notoriamente la cantidad de piezas líticas y la cadena operativa de reducción no está completa (Tabla 2). En este caso, pese a que el 100% de las piezas está completo, la casi ausencia de material lítico imposibilitó caracterizar claramente las actividades llevadas a cabo en el alero y sólo se obtuvieron antecedentes aislados de las piezas. Por ejemplo, la presencia de un núcleo de materia prima de grano grueso nos sugirió que en algún grado hubo aprovechamiento de rocas que se encontraban en las cercanías del sitio.

Por otro lado, se notó un incremento en el conjunto de piezas osteofaunísticas. Si bien el grado de fragmentación de estos restos aumenta levemente (73%), el conjunto en general acusa un bajo grado de meteorización y sólo algunas piezas presentan rastros de modificaciones no humanas, por lo cual pensamos que el estado de conservación de éstas es parcialmente bueno. La identificación de taxas fue igualmente dificultosa; pese a esto, se reconocieron especies de roedores no identificadas, además de un Octodon degus (Tabla 3). Algunas piezas presentaron rasgos de combustión; sin embargo, los datos obtenidos son escasos y no permiten plantear con alguna certeza el consumo de fauna, y tampoco su procesamiento, ya que no hay huellas de modificaciones humanas.


En suma, el estudio comparativo de los componentes temporales identificados en este sitio deja entrever que las acciones culturales más claras se denotan durante el Arcaico IV y apuntan principalmente a la reparación de herramientas líticas, además del posible consumo de ciertas presas. En cuanto a las ocupaciones más tardías del sitio, parecieran ser más efímeras que las anteriores y no existen datos suficientes para sugerir un cambio en la funcionalidad de lugar.

Estos antecedentes contextuales, asociados a la ubicación geográfica del alero, sugieren que se trata de un sitio arqueológico cuya función probablemente estuvo relacionada con el paso circunstancial de las poblaciones cazadoras-recolectoras por los cordones montañosos.

Alero Las Cortaderas 3

Este alero se ubica sólo a 800 m al NE del anterior, también a 2.200 msnm, cerca del estero homónimo y sobre la terraza del río Yeso. Ambos aleros guardan estrechas similitudes contextuales. Sus primeras ocupaciones se asignan al período Arcaico IV, según fecha radiocarbónica entre los años 2.590-2.150 cal. a.C. (p = 0,95) (calibrados a 2 sigmas con el programa INTCAL 98 Radiocarbón Age Calibration de Stuiver et al.1998, Radiocarbon 40(3)p1041-1083).

Las evidencias de estas tempranas ocupaciones se caracterizan principalmente por una mayor cantidad de microdesechos y derivados de talla por sobre los artefactos, predominando siempre el uso de materias primas silíceas. Los artefactos por su función sugieren labores de procesamiento; sin embargo, parece claro que la actividad preponderante realizada en el alero fue el retoque final de piezas bifaciales, esto insinúa que probablemente las tareas de tallado en el sitio fueron limitadas a la reparación de artefactos, más que a la confección de los mismos (Tabla 2). Por otro lado, aunque el 85% de las piezas se encuentra fragmentado, en alguna medida están representadas todas las fases de la secuencia de reducción lítica, destacando el desbaste de núcleos y adelgazamiento de matrices de materias primas no silíceas.

La proporción del conjunto osteofaunístico durante el Arcaico IV es baja. Aunque la presencia de signos de meteorización de las piezas no es alta y no se observan huellas de modificaciones antrópicas, el conjunto presenta un alto grado de fragmentación (75%), por ello puede señalarse que el estado de conservación de los restos es regular. Lo anterior influyó en la identificación de taxas; sin embargo, se lograron reconocer algunas piezas de roedores (no identificados) y de un Octodon degus (Tabla 3). En cuanto a actividades realizadas, tales como el consumo de fauna o su procesamiento, el bajo grado de combustión que presentan las piezas (sólo una pieza de roedor se presenta quemada) y la nula evidencia de modificaciones humanas en ellas no constituyen evidencias claras al respecto.

A pesar de que no se obtuvieron más fechas absolutas en este sitio, las ocupaciones que siguen también pueden ser enmarcadas en el PAT, según la presencia de fragmentos cerámicos en los niveles superiores de la excavación. En este caso, la cantidad de piezas líticas disminuye y el 90% de estas está incompleta; sin embargo, pudimos identificar que el conjunto presenta en general una mayor variabilidad. De acuerdo a la función de los artefactos recuperados (por ejemplo, raspadores y lascas de filo vivo para raspe y corte) vemos que probablemente se realizaron actividades de procesamiento, no obstante siguen siendo más importantes las labores de talla lítica (Tabla 2). En este sentido, se puede observar que no están representadas todas las etapas de la cadena operativa de reducción lítica, predominando más bien el retoque final de instrumentos confeccionados en materias primas silíceas y el astillamiento de matrices sobre materias primas no silíceas, las cuales parecieran provenir de núcleos desbastados fuera del sitio según la ausencia total de derivados de talla de primera serie de reducción.

Por su parte, la evidencia osteofaunística en este período se encuentra en una mayor proporción. La meteorización y fragmentación (81,2%) del conjunto son altas, y las modificaciones no culturales están ausentes, lo cual sugiere un regular estado de conservación del material. En este componente, además de roedores (entre ellos un Abrocoma bennetti), se identificaron partes esqueletarias de camélidos que se presentan en su mayoría con signos de combustión (Tabla 3). Si bien las modificaciones humanas se encuentran ausentes, más de la mitad del conjunto total evidencia algún grado de combustión, lo cual da bases para señalar que en este sitio hubo consumo de fauna, especialmente de camélidos no identificados.

Considerando tanto el período Arcaico IV como el Agroalfarero Temprano, vemos que las primeras evidencias señalan la realización de tareas de tallado y sólo permiten suponer que hubo en algún grado labores de procesamiento, de acuerdo a las características de los conjuntos líticos. Durante el PAT, en cambio, se identificaron con mayor claridad actividades de faenamiento y consumo de fauna, además del tallado de piezas líticas. Más allá de tales diferencias, la función del alero pareciera ser la misma a través del tiempo. Al igual que el sitio anterior, el contexto aparentemente representa ocupaciones más bien esporádicas, conformes a las características físicas del lugar y a su ubicación.

Alero La Paloma

El alero La Paloma (1.050 msnm) se ubica en la quebrada homónima que conforma un tributario menor y estacional del río Maipo, cercano a la confluencia con el río Colorado. La secuencia cronológica obtenida en este sitio nos señala nuevamente que las ocupaciones más tempranas corresponden al período Arcaico IV, con fecha radiocarbónica entre los años 1.425-1.190 cal. a.C. (p = 0,95)(calibrados a 2 sigmas con el programa INTCAL 98 Radiocarbon Age Calibration de  Stuiver et al. 1998, Radiocarbon 40(3)p 1041-1083). Cabe señalar que este alero corresponde a un sitio arqueológico de características particulares, denotadas especialmente en una inhumación humana que se recuperó de su contexto Arcaico (Peralta y Salas 2000).

Durante estas primeras ocupaciones, la funcionalidad de los artefactos líticos recuperados no señala claramente una actividad específica preponderante, excepto por la presencia de manos de moler que posiblemente dan cuenta del manejo de recursos vegetales. Asimismo, nos enfrentamos con un conjunto altamente fragmentado (76%), no obstante, en cuanto a actividades de tallado de piezas obtuvimos interesantes conclusiones. Al igual que en los otros sitios arqueológicos, existen evidencias de todas las fases de reducción lítica durante el Arcaico, prevaleciendo siempre el retoque final de instrumentos formatizados confeccionados en materias primas silíceas, además de una importante representación del retoque final de artefactos confeccionados en materias primas no silíceas (Tabla 2).

Por otro lado, estas ocupaciones contienen una baja proporción de restos osteofaunísticos. La alta fragmentación (81.5%), el tipo y frecuencia de meteorización de las piezas (agrietamientos iniciales), junto a la baja cantidad de huellas de modificaciones no humanas, manifiestan un estado de conservación relativamente bueno. Durante la etapa de identificación de taxas se observó la presencia de roedores (no identificados y Octodon degus) y de algún tipo de camélido, presumiblemente de guanaco, piezas que presentan evidencias de combustión en algún grado (Tabla 3). Si bien las huellas de combustión de todo el conjunto en general son bajas, este atributo se advirtió particularmente en piezas del esqueleto apendicular, al igual que las huellas culturales (cortes). Esto nos da pie para señalar que -a diferencia de los sitios anteriores- en este alero hay indicios más claros de faenamiento y consumo de animales durante el período Arcaico IV.

Los estratos superiores del sitio fueron fechados entre los años 225-445 cal. d.C. (p = 0,95) (calibrados a dos sigmas con el programa INTCAL 98 Radiocarbon Age Calibration de Stuiver et al. 1998, Radiocarbon 40(3)p1041-1083). Según estas fechas y la presencia de fragmentos cerámicos en estas capas, podemos atribuir las últimas ocupaciones del sitio al PAT.

Con respecto al conjunto lítico, en este período la frecuencia de piezas incompletas es la misma que en el componente anterior (76%). Además, aunque la cantidad de material es mayor y predominan los microdesechos de talla, el conjunto en general es menos diverso y los artefactos formatizados sólo esclarecen una orientación hacia la caza por parte de los ocupantes del sitio (Tabla 2). En cuanto a las labores de talla de piezas líticas, éstas respondieron prácticamente a los mismo fines que en las ocupaciones iniciales, vale decir, retoque final de artefactos confeccionados tanto en materias primas silíceas como no silíceas.

Durante el PAT, el conjunto osteofaunístico muestra una mayor proporción, pero disminuye en cuanto a la fragmentación de las piezas (78.5%), mientras que la frecuencia de meteorización de éstas y la presencia de modificaciones no humanas es relativamente baja. Lo anterior da señales de un estado de conservación bastante bueno. Las taxas identificadas son Abrocoma bennetti, Octodon degus, roedores no identificados, camélidos y la posible presencia de un tipo de marsupial no identificado (Tabla 3). De estos, sólo los roedores no identificados y los camélidos presentan huellas de combustión. La presencia de modificaciones humanas o culturales se manifiesta en algunos huesos con cortes y pulidos y, si bien la combustión presente en las piezas en general es baja, en este período también se puede señalar el aprovechamiento de fauna de modo más completo al interior de este alero. De este modo, el consumo, tanto de roedores como de camélidos es evidente, al igual que su faenamiento.

En síntesis, la mayor riqueza del contexto en general permite inferir interesantes aspectos; tanto en el Arcaico IV como en el PAT, las actividades están mejor representadas que en los sitios señalados anteriormente. Podemos observar que en las ocupaciones finales del alero hay indicios más claros de actividades de caza por parte de sus ocupantes, como también es patente el consumo de fauna y su procesamiento en el lugar, además del retoque final de herramientas formatizadas. Según esto, en cuanto a la función que cumplió este sitio a través del tiempo, los conjuntos estudiados no manifiestan un gran contraste. En este sentido, el entierro rescatado del componente Arcaico IV es un antecedente a considerar. Si bien las características de esta inhumación no reflejarían algún ritual asociado (Peralta y Salas 2000), no podemos descartar la posibilidad de que, en esos momentos, este alero cumpliera una función a la cual no accedemos bajo la orientación metodológica aquí empleada. En líneas generales, la evidencia apunta nuevamente al tránsito ocasional de cazadores-recolectores, aunque probablemente estas ocupaciones fueron más intensas en comparación a los otros sitios estudiados.

Alero Condominio 1

Condominio 1 (1.000 msnm) se ubica en una ladera de la localidad El Toyo a 3 km del estero El Sauce. Sus ocupaciones iniciales, con fechas entre los años 1.525-1.290 cal. a.C. (p = 0,95) (calibrados a dos sigmas con el programa INTCAL 98 Radiocarbon Age Calibration de Stuiver M. et al. 1998, Radiocarbon 40(3)p1041-1083), son igualmente asignables al período Arcaico IV. En dichas ocupaciones, sólo el 35% de las piezas líticas se encuentra incompleto y las funciones de los artefactos dan señales de labores relacionadas con caza y molienda. El tallado de herramientas se refleja claramente, ya que están presentes todas las etapas de la secuencia operativa de reducción lítica. El retoque final de artefactos formatizados sobre materias primas silíceas sigue siendo preponderante, aunque también es importante la frecuencia de derivados que denotan astillamiento en fases intermedias de artefactos confeccionados en estas mismas materias primas (Tabla 2).

El conjunto óseo en estas primeras ocupaciones se encuentra en baja proporción. La alta fragmentación (67%) y meteorización de los restos, y las modificaciones no humanas observadas indican que su estado de conservación es regular. Las taxas corresponden a roedores, camélidos y aves no identificados, todos los cuales muestran huellas de combustión en algunas piezas, mayoritariamente del esqueleto apendicular (Tabla 3). Aunque estas huellas se observan en baja cantidad, las modificaciones de tipo cultural en algunos huesos (especialmente de camélidos), tales como corte y pulido, señalan que el consumo de fauna fue una actividad realizada en este alero, al igual que su faenamiento.

Este sitio, al igual que los otros, fue reutilizado aparentemente durante el PAT, según lo demuestra la evidencia alfarera recuperada de su contexto. En estos momentos tardíos, identificamos una mayor cantidad y variabilidad lítica, así como también una mejor conservación de las piezas (51%). La funcionalidad de los artefactos expresa principalmente tareas de procesamiento, destacando una orientación a utilizar expeditivamente matrices de rocas no silíceas como artefactos de filo vivo para cortar. La actividad mejor representada, no obstante, sigue siendo el tallado de piezas líticas, predominando el retoque final de artefactos sobre materias primas silíceas, además del desbaste de núcleos de materias primas no silíceas que aparentemente fueron recolectados en el lugar (Tabla 2).

El conjunto osteofaunístico de estas ocupaciones tardías es de mayor proporción. Al igual que en el período anterior, se observó un alto grado fragmentación (69%) y de meteorización, mientras que las modificaciones de origen no antrópico son bajas, por lo que la conservación de los restos se puede caracterizar como relativamente buena. En este componente, se han identificado roedores como Abrocoma bennetti y Octodon degus, además de otros de taxas no identificadas, aves no identificadas y camélidos no identificados (Tabla 3). De este conjunto, sólo los roedores y camélidos no identificados presentan huellas de combustión. Aunque en este período este tipo de marcas es aún más baja que en el anterior, las modificaciones por efecto humano se presentan en forma más variada, observándose corte, perforado, pulido, raspado y lascado. Esto demostraría una manipulación de huesos de animales que no apunta solamente a fines comestibles. Lo anterior también es avalado por el hallazgo de un retocador de hueso que señalaría una diversificación de las materias primas utilizadas para la elaboración de herramientas (Figueroa 2001).

Al concluir los análisis de este sitio podemos apreciar que, en ambos componentes temporales, el contexto representa con mayor especificidad las actividades que se realizaron. Por un lado, al complementar el análisis óseo y lítico, vemos que durante el período Arcaico IV este lugar fue utilizado tanto para retocar instrumentos líticos formatizados como para procesar presas de animales y consumirlas en el lugar. Durante el PAT, esto queda aún más claro y no se percibe un gran cambio funcional del alero a través del tiempo, sino más bien una mayor intensidad en las ocupaciones y un mejor aprovechamiento de los recursos líticos que se encuentran en las inmediaciones del lugar. La mayor variabilidad del registro, asimismo, no nos indicaría diferencias en la función del lugar con respecto a los demás sitios; aparentemente, este alero rocoso también fue ocupado por cazadores-recolectores de manera circunstancial de acuerdo a las particularidades físicas del sitio y de su contexto arqueológico.

Discusión y Conclusiones

Gracias al análisis realizado a nivel intrasitio, podemos entrever una serie de características acerca de las ocupaciones representadas en estos aleros. Con el objeto de contrastar la hipótesis planteada, complementamos la información contenida en los conjuntos mejor representados (osteofaunístico y lítico), lo cual posibilitó conocer en mejor medida la función que cumplieron esos lugares a través del tiempo y, asimismo, relacionar estos contextos con el panorama observado en el resto de la región. Más allá de las diferencias entre estos lugares, en término de las actividades que ahí se realizaron, podemos apreciar que todos los conjuntos dan cuenta principalmente de la reparación de herramientas líticas, del consumo de algunas presas de fauna y del procesamiento de éstas, vale decir, se reflejan especialmente labores orientadas a la explotación de recursos por parte de sus ocupantes. Estos datos indicarían, por lo tanto, que los aleros se relacionan funcionalmente, manifestando el carácter móvil de grupos cazadores-recolectores que transitaron por los cordones montañosos. Con el fin de evaluar si esta situación se presenta durante toda la secuencia cronológica, comparamos los resultados obtenidos para los componentes temporales Arcaico IV y PAT.

El período Arcaico en Chile Central se caracteriza principalmente por contextos arqueológicos cordilleranos, debido a la escasez de datos en el valle y la costa. Esta carencia dificulta tener una mejor apreciación de las generalidades de este período; sin embargo, se ha formulado una periodificación del Arcaico para toda la zona central (Cornejo et al. 1998) que nos ha servido para delimitar las ocupaciones más tempranas de los sitios aquí estudiados. Siguiendo a Cornejo et al. (2000b), entre los años 3.000 y 400 a.C., lapso delimitado como período Arcaico IV, las comunidades cazadoras-recolectoras que habitaron este sector aparentemente ampliarían la esfera de sus asentamientos, marcando una diferencia con los momentos anteriores. Este hecho se denota en los sitios aquí estudiados, lugares que fueron ocupados desde estos momentos en adelante de manera esporádica y complementaria a los campamentos base y campamentos de tareas específicas reconocidos en el área.

En cuanto a las ocupaciones asignadas al período Agroalfarero Temprano (ca. 300 a.C. a 900 años d.C.), no observamos patrones diferenciales con respecto al Arcaico IV, situación que puede explicarse gracias a los antecedentes que se tienen al respecto. Diversos investigadores (Cornejo y Sanhueza 2000; Cornejo y Simonetti 1997-98; Cornejo et al. 1998, 2000a; Madrid 1977; Saavedra y Cornejo 1995; Stehberg 1980) plantean que es posible distinguir grupos cazadores-recolectores especialmente cordilleranos que mantuvieron sus tradicionales patrones de movilidad y asentamiento, aun cuando en otros sectores de la zona central habitaban poblaciones alfareras que desarrollaban incipientemente un sistema agrícola u hortícola. Estos grupos cazadores recolectores portarían vasijas gracias al intercambio con poblaciones alfareras, lo cual justificaría la baja densidad de este tipo de material en ciertos contextos arqueológicos cordilleranos.

Aunque es probable que las ocupaciones detectadas en los sitios estudiados respondan a esta situación, no podemos descartar la posibilidad de que comunidades con una distinta orientación económica (cazadores recolectores u horticultores) utilizaran paralelamente estos espacios con los mismos fines, si consideramos que los grupos horticultores complementaron su dieta con recursos de caza y recolección obtenidos desde distintos ámbitos.

Sea de uno u otro modo, la hipótesis que hemos querido contrastar encuentra apoyo en los datos obtenidos. Si bien debemos reconocer que nos enfrentamos ante una muestra arqueológica limitada por su cantidad y estado de conservación en general, tanto en el período Arcaico IV como en el Agroalfarero Temprano, los aleros analizados constituyen una categoría de sitios arqueológicos cuya función responde a campamentos esporádicos o de paso, en los cuales se reflejan principalmente ocupaciones ocasionales y eventuales. Este planteamiento se basa en una serie de factores interrelacionados.

Tal como inferimos en un estudio preliminar (Peralta y Salas 2000), la ubicación de estos aleros en laderas montañosas de difícil acceso, el reducido espacio exterior con el que cuentan estos sitios y la baja densidad de sus materiales, sugieren que se trataría de lugares ocupados circunstancialmente. En esta oportunidad, hemos detectado una serie de características que clarifican aún más este aspecto. En todos estos contextos no se observan áreas de actividades específicas, predominan las fases finales en la secuencia operativa de manufactura lítica, se denota un aprovechamiento de materias primas que no se encuentran en las inmediaciones de los sitios y se advierte una baja cantidad de MNI (Mínimo Número de Individuos), preponderando el consumo de ciertas presas específicas. Creemos que estos indicadores en conjunto, al manifestarse por más de 2.000 años, admiten plantear que efectivamente estos sitios representan funciones asociadas al tránsito continuo de las comunidades que circularon por el Cajón del Maipo.

Agradecimientos: Al equipo del Proyecto Fondecyt 1970071, especialmente a Luis Cornejo por su constante apoyo y sus comentarios para la realización de este artículo.

 

Notas

1 Este estudio es resultado del Proyecto Fondecyt 1970071, "Patrones de Asentamiento de cazadores-recolectores del período Arcaico en la cordillera Andina de Chile Central", dirigido por Luis Cornejo, Miguel Saavedra y Héctor Vera.

2 Como se ha inferido, por ejemplo, en los sitios El Manzano 1 y Las Morrenas 1 respectivamente (Cornejo et al. 1998; Cornejo y Sanhueza 2000).

3 Para este análisis se siguieron los criterios delineados por Bate (1971), Galarce (1999) y Semenov (1982).

4 Para esto se utilizaron las claves de identificación de Benavente et al. (1993), Mengoni (1999), Pearson (1995) y Reise (1973), además de esqueletos de referencia.

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