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Chungará (Arica)

versión On-line ISSN 0717-7356

Chungará (Arica) v.36  supl.espect2 Arica sep. 2004

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-73562004000400042 

 

Volumen Especial, 2004. Páginas 1069-1080
Chungara, Revista de Antropología Chilena

 

ANÁLISIS DE PASTAS CERÁMICAS TARDÍAS DEL VALLE CALCHAQUÍ CENTRAL (SALTA, ARGENTINA)

 

Lidia Baldini* y Gabriel Balbarrey**

* CONICET-FCNYM, UNLP. Museo de La Plata, Depto. Arqueología. Paseo del Bosque S/Nº, 1900 - La Plata, Argentina.
** FCNYM, UNLP. Museo de La Plata, Dpto. Arqueología. Paseo del Bosque S/Nº, 1900 - La Plata. Argentina. Lidia Baldini y Gabriel Balbarrey


En el valle Calchaquí el Período de Desarrollos Regionales se ha asociado fundamentalmente a la entidad Santa María. En la cuenca del río Molinos, los poblados concentrados muestran mayor profundidad temporal, hacia el siglo IX, así como alfarerías diferentes de la santamariana. Presentamos los primeros resultados de un análisis de pastas cerámicas diseñado con el fin de obtener una caracterización del conjunto de la alfarería tardía que aporte a la identificación de relaciones entre asentamientos y grupos sociales.

Palabras claves: Cerámicas tardías, valle Calchaquí, Salta, Argentina.

In the Calchaquí valley the Regional Development Period is associated to the Santamaría cultural entity. In the Molinos river basin, concentrated villages show older dates, begginning by the 9th Century, as well as pottery type different from the Santamaría. We present the preliminary results of pottery analysis, to characterize it and to the identify the relationships between sites and social groups.

Key words: Late pottery, Calchaquí valley, Salta, Argentina.


Numerosos poblados con viviendas concentradas y áreas de cultivo con cuadros, terrazas y sistemas de riego, así como la documentación de la Conquista, señalan que el valle Calchaquí, ubicado entre el macizo puneño y parte de la cordillera oriental en la provincia de Salta (Argentina), fue uno de los escenarios de mayor desarrollo en los últimos siglos prehispánicos. Sin embargo, aún no son claros los patrones de asentamiento y las prácticas económicas y sociopolíticas de las poblaciones del período de Desarrollos Regionales (900-1470 d.C.), al que se asocia fundamentalmente la sociedad Santa María o Santa María-Calchaquí, aludiendo a la especificidad de sus correlatos materiales en este ámbito, entre ellos la alfarería.

La alfarería santamariana del valle Calchaquí, integrada por variedad de cuencos, ollas y urnas decoradas con motivos geométricos, zoomorfos y antropomorfos pintados en negro, o negro y rojo, sobre crema y en ocasiones con aplicaciones modeladas, fue descrita y clasificada por Ambrosetti (1907) con los materiales de 202 entierros que excavara en La Paya, pocos kilómetros al sur de Cachi (Figura 1). Décadas después estos entierros, y la cerámica incluida, se asignaron a tres épocas: Calchaquí, Transicional e Inca (Bennett et al. 1948) y se distinguieron algunos pucos y urnas de La Paya del conjunto de la alfarería santamariana (Serrano 1958). Análisis posteriores discriminaron modalidades particulares entre las urnas santamarianas propias de distintos sectores del valle Calchaquí que poseen distintos grados de similitud con las urnas del valle de Santa María (Baldini, 1980, 1983; Caviglia 1985). Y con el estudio de un grupo de pucos pintados de La Paya, se distinguió una subtradición estilística relacionada con la alfarería del valle de Santa María y otra propia del área de Cachi, que tendrían un correlato con grupos étnicos registrados por la etnohistoria y sugieren relaciones con el valle de Lerma y la Quebrada del Toro (Calderari 1991). Otros tipos cerámicos reiteradamente asociados a urnas y pucos, como los tipos ordinarios o las vasijas negras pulidas fueron objeto de descripciones generales.

Además de la alfarería englobada en el conjunto santamariano, excavaciones en un cementerio y un sector de viviendas de Las Pailas (Cachi Adentro) proporcionaron otra clase de cerámica: cuencos decorados con motivos lineales y entrecruzados pintados en negro sobre rojo y, en algunos modelados, que producen un aspecto ornitomorfo. A raíz de sus semejanzas estilísticas con urnas y pucos Shiquimil del valle de Santa María (Catamarca), con una cronología estimada hacia el 900 d.C., se propuso que aquella señalaría la presencia de una entidad sociocultural diferente de la santamariana hacia el siglo X (Tarragó 1980).

Nuestras investigaciones en el sitio Molinos I confirmaron que en el valle Calchaquí los asentamientos con numerosas viviendas concentradas y los procesos socioeconómicos que singularizan al período de Desarrollos Regionales se retrotraen al siglo IX, en vinculación con sociedades cuya producción cerámica difiere de la santamariana. El sitio Molinos I, emplazado frente a la localidad homónima (Figura 1) es un poblado con unos 150 recintos de paredes de piedra y planta subrectan-gular o subcuadrangular concentrados, fechado por 14C entre 1.160±100 y 870±90 a.p., donde está ausente la cerámica santamariana recurrentemente asociada a este tipo de asentamientos, a excepción de unos pocos fragmentos en la superficie (Baldini 1992a)1.


Figura 1. Ubicación de las localidades mencionadas en el texto, valle Calchaquí.

La alfarería de Molinos I incluye una cerámica decorada y de buena calidad y dos clases de cerámica ordinaria: una de paredes más espesas y superficies alisadas irregularmente y otra de paredes delgadas y superficies cepilladas que recurrentemente presenta manchas de hollín. En la variedad decorada se incluyen cántaros (vasijas de cuerpo globular y cuello troncónico que en algunos hallazgos aislados en localidades cercanas contenían restos de párvulos), ollas, cuencos y platos en que el motivo más frecuente es una serie de bandas de trazos rectos y ondulados; en menor proporción bandas de ángulos de línea simple o doble, triángulos solos o formando guardas, pintados en negro sobre crema y alternando con bandas lisas, a veces con un baño rojo en la superficie externa. En la superficie interna poseen una guarda formada por líneas onduladas en el borde y, en algunos cuencos, otras dos que se cruzan en el fondo de la pieza; con menor proporción, presentan series de bandas verticales similares a las de la cara externa (Baldini 1992b, 1996/7) (Figura 2).


Figura 2. Izquierda: urna y puco Santa María (tomado de González 1977); derecha: cántaro y puco Molinos.

En síntesis, en el valle Calchaquí se distingue una época inicial de los Desarrollos Regionales, y uno de sus indicadores más claros es, por el momento, la alfarería. Vasijas similares a las de Molinos halladas ocasionalmente entre Seclantás y Molinos, en las cuencas de Colomé y Luracatao, subsidiarias occidentales del valle troncal, y hacia el sur del mismo en Angastaco y Animaná, sugieren una serie de poblaciones contemporáneas establecidas en los tramos central y sur del valle Calchaquí y al interior de la cuenca del río Molinos. Pero aún es necesario localizar sus asentamientos y analizar la articulación entre las poblaciones de los siglos IX a XI con las de la sociedad santamariana ligeramente posterior.

La información arqueológica regional es diferencialmente representativa según las localidades y la identificación de sitios de principios de los Desarrollos Regionales requiere, según las evidencias de Molinos I y Las Pailas, reconsiderar la asociación de la arquitectura de plantas rectangulares y paredes dobles de piedra en poblados complejos y extensos exclusivamente con la sociedad santa-mariana. Creemos que en sitios asignados a la misma investigaciones más detenidas pueden proporcionar, como en aquellos, evidencias de una mayor profundidad temporal, vinculada a sociedades con una producción cerámica diferente.

Partiendo de esa idea, iniciamos prospecciones en el sector central del valle (entre las cuencas de Cachi y Angastaco) orientadas a localizar sitios, establecer patrones de asentamiento e identificar indicadores de interacción en el contexto regional y con otras poblaciones del Noroeste Argentino y los Andes Meridionales. En una primera etapa incrementamos la cantidad de sitios conocidos y constatamos cierta regularidad en su disposición que señala sendas agrupaciones de asentamientos: una en estrecha relación espacial con la cuenca del río Cachi, otra ligada a la del río Molinos (Baldini y De Feo 2000).

A partir de muestras de cerámica obtenidas en esos sitios, y ateniéndonos a la problemática planteada, también iniciamos una caracterización de la variabilidad alfarera tardía del valle Calchaquí central dirigida a la definición de estilos tecnológicos (Cremonte 1991) que aporten, en primera instancia, a establecer cronologías relativas, filiaciones culturales y vinculaciones entre esos asentamientos estructuralmente similares.

Ese análisis comenzó con una caracterización de pastas cerámicas, considerando la posibilidad de correlacionar fragmentos con vasijas completas, de contextos fundamentalmente funerarios, pertenecientes a distintas colecciones del valle. Para los primeros estudios se consideró una muestra de Molinos I, como referencia de una de las variantes regionales. Las muestras restantes se seleccionaron en función de contrastar la cerámica de Molinos I con la de un sitio cercano y atribuido previamente a la sociedad santamariana (San Isidro), otro emplazado hacia el extremo sur del sector central del valle Calchaquí (El Carmen, Angastaco), a fin de lograr una primera visión de similitudes y diferencias entre las cerámicas de sus distintos tramos, y de una de las cuencas occidentales al valle principal. En este último caso se seleccionó el sitio Loma de Luracatao por la mayor variabilidad cerámica que evidenció un primer examen de la misma.

El Análisis Cerámico

Procedencia de las muestras

En esta oportunidad presentamos los primeros resultados del estudio de pastas cerámicas de las muestras de Molinos I y San Isidro, un sitio ubicado 10 km al norte de Molinos y asignado a la sociedad santamariana (Raffino 1984; Raffino y Baldini 1983) en el cual nos interesaba corroborar la presencia de cerámicas similares a las de Molinos I que sugieren algunos hallazgos aislados en sus alrededores.

La primera caracterización de la cerámica de Molinos I, que enfatizó en la forma y la decoración de las vasijas, se realizó con fragmentos superficiales y de sondeos efectuados en un recinto y en estructuras monticulares. La muestra que tratamos aquí procede de todo el nivel de ocupación de otro recinto, de 4 por 9 m y paredes de piedras ajustadas regularmente que conservan alturas variables entre 0,50 y más de 1 m y no poseen abertura de entrada. Hacia el centro del piso, debajo de derrumbes y desplomes de las paredes, se conservaban restos de dos postes para techado alineados en sentido longitudinal y un fogón2 sobre la pared este, aproximadamente a la mitad de la longitud de la estructura. En el sector noroeste del recinto se halló una lente de cenizas y carbones, fragmentos de una ollita y de un cántaro de cerámica ordinaria, una punta de obsidiana fracturada y parte de un artefacto recortado en una concha de Strophocheilus sp. En el resto de la planta se esparcían fragmentos cerámicos, desechos líticos y astillas óseas.

San Isidro, un poblado de dimensiones importantes con viviendas concentradas, se emplaza sobre el piedemonte y la terraza occidental del valle Calchaquí, 2 km al sur de Seclantás (Figura 1). En el sector más elevado del piedemonte hay un área con recintos de muros de piedra y planta rectangular, constituyendo unidades simples o compuestas por dos recintos comunicados, y áreas levemente monticulares que podrían ser espacios de descarte. Entre los recintos se disponen tumbas de planta circular y, hacia el extremo norte del sector, dos construcciones circulares incluidas en una plataforma, todas estas estructuras están saqueadas. En sentido de la pendiente el terreno forma una angosta franja con algunos recintos aislados y en la parte baja de la terraza hay otra agrupación de estructuras, afectadas por intensos procesos destruc-tivos (Baldini y De Feo 2000).

Las muestras de cerámica superficial se tomaron de modo exhaustivo en unidades de recolección delimitadas en el área de recintos de la parte superior del piedemonte.

Caracterización de estándares de pasta

La caracterización de pastas cerámicas se efectuó por observación de fondo de pasta e inclusiones en fracturas frescas, en lupa binocular con reglilla graduada en milímetros, a quince aumentos y considerando los siguientes atributos: grado de compactación, textura y color de la matriz; tipo, cantidad, proporciones y forma de inclusiones y cavidades. A nivel del fragmento se consideró tipo de cocción, fractura, espesor y dureza, según la Escala de Mohs.

Las dimensiones de las inclusiones no plásticas se clasificaron según la siguiente escala: pequeño (0,06 a 0,25 mm), medio (0,25 a 0,50 mm), grande (0,50 a 2 mm) y muy grande (mayores de 2 mm). En el caso de las cavidades se consideraron las siguientes dimensiones: pequeño (menor de 0,5 mm), medio (0,5 a 1 mm), grande (1 a 2 mm) y muy grande (mayores de 2 mm), siguiendo lineamientos propuestos por Cremonte (1999). La abundancia relativa (densidad) de inclusiones y cavidades en relación con el fondo de pasta, se estimó según las Cartas de Comparación para estimación visual de Matthew et al. (1991). A partir de la recurrencia de atributos combinados se establecieron los siguientes estándares de pasta:

Estándar 1 (278 fragmentos). Pasta compacta, de textura fina y compacta, color rojizo y/o grisáceo, en algunos casos con núcleo gris negro y bordes rojizos. Inclusiones de cuarzo blanco y cristalino pequeños a medianos y esporádicamente granos grandes aislados, de formas redondeadas y angulosas, en menor proporción hay mica visible como puntos y, con menor frecuencia, láminas pequeñas. Algunos fragmentos tienen inclusiones blancas y de poca dureza aisladas, o clastos grises pequeños a medianos. La distribución de las inclusiones no es uniforme y la densidad baja, menor al 10%. Las cavidades, no muy abundantes, son alargadas y alargadas irregulares, de tamaño mediano y pequeño, con predominio del primero. La cocción es oxidante incompleta. Los fragmentos tienen un espesor entre 6 y 8 mm y fractura regular (Figura 3).


 
Figura 3. Representación del aspecto general de cada clase de pasta cerámica.

Estándar 2 (96 fragmentos). Pasta poco compacta, de textura media y laminar, y color negro a negro rojizo. Inclusiones abundantes de mica y cuarzo blanco y cristalino. La mica tiene tamaños variables, desde la forma de puntos hasta láminas de tamaño grande. Los granos de cuarzo son de tamaño mediano a grande. La distribución es uniforme, y con una densidad del 20%. Las formas predominantes son angulosas y redondeadas. Las cavidades se presentan en una proporción media, son de tamaño mediano y de formas redondeadas y alargadas irregulares. La cocción es oxidante incompleta, y los fragmentos tienen un espesor medio de 7 mm y una fractura irregular.

Estándar 3 (185 fragmentos). Pasta poco compacta, de textura media y color rojizo y/o gris. Inclusiones de cuarzo, clastos grises y rojizos, escasos clastos blancos, de tamaño pequeño a mediano, algunos puntos de mica. Son angulosas y redondeadas, se distribuyen de modo no uniforme y con una densidad baja, de alrededor del 10%. Las cavidades son alargadas e irregulares, de tamaño medio, y se presentan en una proporción media. La cocción es oxidante incompleta y los fragmentos tienen un espesor medio de 7 mm y fractura regular.

Estándar 4 (21 fragmentos). Pasta compacta, de textura media y porosa y color rojizo. Inclusiones de rocas grises abundantes, con una densidad entre 25 y 30%, de formas angulosas, tabulares y algunas redondeadas, de tamaño mediano a grande y distribuidas uniformemente. En forma aislada hay granos de cuarzo cristalino grandes. Cavidades abundantes, medianas a grandes, de formas alargadas y alargadas redondeadas. La cocción es oxidante, y los fragmentos tienen un espesor entre 12 y 13 mm y fractura irregular.

Estándar 5 (20 fragmentos). Pasta floja, con una textura gruesa y laminar, de color gris. Inclusiones de cuarzo blanco y cristalino grandes, de formas predominantemente angulosas, y algunas redondeadas, distribuidas de manera no uniforme y escasas, con una densidad entre 5 y 7%, fragmentos y láminas de mica negra, pequeñas y aisladas. Alta proporción de cavidades grandes y de formas alargadas irregulares. La cocción no es oxidante. Los fragmentos tienen un espesor de 7 a 9 mm y la fractura es irregular.

Estándar 6 (41 fragmentos): Pasta compacta, con matriz de una textura fina y color rojizo y grisáceo. Inclusiones de cuarzo grandes y muy grandes, escasos litoclastos rojizos y negros grandes, puntos de mica y granos blancos aislados. Las formas son redondeadas y angulosas. Distribuidos de manera no uniforme y con una densidad baja, entre 5 y 10%. Cavidades medianas y de formas redondeadas y alargadas, en una proporción media. Cocción oxidante incompleta. Los fragmentos tiene fractura regular y un espesor de 10 a 12 mm. 

Estándar 7 (26 fragmentos). Pasta compacta, con matriz de textura media y porosa, de color rojizo, con manchas grisáceas. Inclusiones de cuarzo y litoclastos grises abundantes y de tamaño grande, litoclastos rojizos escasos y aislados, con predominio de formas angulosas y algunas redondeadas. La distribución no es uniforme y la densidad baja, entre 10 y 15%. Cavidades de tamaño medio a grande, alargadas y redondeadas, en proporción media. La cocción es oxidante, los fragmentos tienen fractura regular baja y un espesor de 8 mm.

Estándar 8 (ocho fragmentos). Pasta compacta, con matrix de textura fina y porosa, y color pardo rojizo y grisáceo. Inclusiones de cuarzo y mica dorada y negra, de tamaño pequeño a mediano, poco abundantes y distribuidas de manera no uniforme y en baja densidad, entre 7 y 10%, de forma predominantemente angulosa; inclusiones de rocas blancas aisladas. Baja proporción de cavidades, pequeñas a medianas y de formas alargadas. La cocción es oxidante incompleta. Los fragmentos tienen un espesor de hasta 10 mm y fractura regular.

Estándar 9 (86 fragmentos). Pasta poco compacta, de matrix de textura media y porosa y color rojizo. Inclusiones abundantes de cuarzos, lito-clastos grises y láminas de mica. Los cuarzos son de tamaño mediano a grande, las micas van desde puntos a pequeñas láminas de tamaño mediano y los litoclastos grises son de tamaño mediano, distribuidos de manera no uniforme y con una densidad media, 15 y 20%. Predominan las formas angulosas. Alta proporción de cavidades medianas a grandes, y algunas muy grandes, de formas irregulares y alargadas irregulares. La cocción es oxidante, los fragmentos tienen un espesor medio de 10 mm y la fractura es irregular.

Estándar 10 (19 fragmentos). Pasta compacta, de textura media y compacta, de color rojizo a grisáceo. Inclusiones de cuarzo, litoclastos grises y negros, de tamaño grande a muy grande, distribuidas de manera no uniforme, y en baja densidad, entre 7 y 10%. Predominan formas angulosas, aunque hay redondeadas. Cavidades en una proporción media, de tamaño mediano a grande y formas variables, redondeadas y alargadas irregulares. La cocción es oxidante incompleta, los fragmentos tienen fractura regular y un espesor de 12 mm.

Estándar 11 (dos fragmentos). Pasta compacta, de textura gruesa y color rojizo. Inclusiones abundantes de tiesto molido de tamaño mediano a grande y formas angulosas y tabulares, en forma aislada granos de cuarzo de tamaño mediano, angulosos. Cavidades abundantes de formas alargadas y alargadas irregulares y tamaño mediano a grande. La cocción es oxidante, los fragmentos tienen un espesor de 10 y 15 mm y fractura regular baja.

Estándares de pasta y variedades cerámicas

El análisis de las pastas se efectuó sin proceder a agrupar los fragmentos según otros caracteres, tales como la presencia o ausencia de decoración o su procedencia. Una vez establecidos los estándares de pasta se observaron las otras características de los tiestos, a fin de correlacionarlos con variedades cerámicas y se analizó su ocurrencia en los sitios.

Los estándares 1, 2 y 6 se presentan en tiestos de ambos sitios; los estándares 5, 8 y 9, sólo en Molinos I, y los estándares 3, 4, 7, 10 y 11, sólo en San Isidro (Figura 4)3. Es decir, la procedencia de los fragmentos incluidos en cada estándar refleja diferencias entre los componentes cerámicos de ambos sitios.


 
Figura 4. Cantidad de tiestos por estándar en Molinos I y San Isidro.

En el estándar 1, una pasta compacta con escasas inclusiones, recaen todos los fragmentos decorados de Molinos I y una proporción importante (20%) de los de San Isidro. Es interesante destacar que en estos últimos no se advierten diferencias en las formas de vasijas reconocibles, el acabado de superficie o los motivos de la decoración, con los primeros. Es decir, en San Isidro se encuentra la misma alfarería decorada que en Molinos I.

El estándar 6, una pasta compacta que se diferencia de la del estándar 1 por la presencia de inclusiones grandes y muy grandes, se da en tiestos semejantes a los decorados de Molinos I, pero de paredes más gruesas y generalmente sin diseños pintados. Alcanza mayores proporciones en la muestra de San Isidro.

En el estándar 3, una pasta poco compacta y de textura media que sólo se registró en San Isidro, se agrupan tiestos cuyo tratamiento superficial y decoración corresponden a la cerámica santama-riana de la región (fajas de líneas y puntos, escalerados, trazos que indican motivos zoomorfos, etc., pintados en negro o negro y rojo sobre blanco), así como otros decorados con las bandas de líneas rectas y onduladas típicas de la cerámica de Molinos I.

A partir de este grupo de estándares, que incluye las cerámicas de mayor calidad, es posible adelantar algunos comentarios. En San Isidro hay fragmentos idénticos a los decorados de Molinos I, pero también se manufacturaron vasijas semejantes con la misma pasta que los tiestos santama-rianos. Esto sostiene nuestra hipótesis de que algunos sitios asignados previamente a la ocupación santamariana mostrarán indicios de ocupaciones ligeramente anteriores y/o de relaciones entre distintas entidades socioculturales.

Con relación a la inclusión de los tiestos san-tamarianos de San Isidro en un único estándar, cabe mencionar que esto no significa que dicha alfarería posea una pasta homogénea en la región. Por el contrario, la observación, a modo de prueba, de tiestos santamarianos de otros sitios, entre ellos fragmentos de un puco asociado a un entierro del sitio Ruiz de Los Llanos, al norte de Cachi y de La Paya (Baffi et al. 2001; Baldini 1983), muestran pastas diferentes que hacen necesaria la definición de nuevos estándares.

El resto de los estándares de pasta definidos se presenta en las cerámicas ordinarias. Con relación a la cerámica de Molinos I este análisis corrobora la primera distinción de dos grandes clases de cerámica ordinaria, y discrimina con mayor precisión la variabilidad de los tiestos ordinarios agrupados originalmente por presentar paredes espesas y superficies alisadas irregularmente.

La pasta del estándar 2 se presenta exclusivamente en fragmentos ordinarios de paredes delgadas y superficies cepilladas, esta correlación se da en la totalidad de los tiestos de Molinos I. En la muestra de San Isidro hay tiestos idénticos en todos sus atributos, pero en un grupo con iguales rasgos macroscópicos la pasta posee un tipo de inclusiones grises (estándar 4) ausentes en todos los otros fragmentos analizados.

Los fragmentos de otras vasijas de tipo ordinario presentan pastas más variadas, que se reflejan en los estándares 5 y 7 a 10. Los tiestos de Molinos I identificados como alfarería tosca gruesa, espesos, de superficie gris o gris rojiza alisada irregularmente, que en general pertenecen a vasijas grandes y de contornos aparentemente simples, poseen pastas de los estándares 5, 8 y 9. La mayoría de los tiestos se incluyen en el estándar 9, una pasta poco compacta, porosa y con abundante cuarzo de tamaño grande. Menor proporción alcanzan los tiestos con pasta del estándar 5, floja, con una textura laminar y desmigable que refleja poca selección de materiales y un amasado muy somero.

En el estándar 8 se incluyen exclusivamente los fragmentos de una única vasija que pudo reconstruirse en gran parte con tiestos asociados al piso del recinto de Molinos I. Es una ollita de superficie gris-negra irregularmente alisada, con cuerpo globular, de 19 cm de diámetro máximo, y borde evertido, que conserva una impronta circular de asa, posiblemente vertical. Esta relación entre un tipo de pasta y una única vasija indica que la misma no habría sido manufacturada localmente.

Los estándares de pasta 7, 10 y 11 sólo se presentan en tiestos de San Isidro. El 7, una pasta porosa y con inclusiones abundantes, se da en fragmentos ordinarios de aspecto heterogéneo, algunos de los cuales conservan restos de un baño claro en la superficie externa. El estándar 10, de textura media y compacta, con inclusiones grandes, incluye fragmentos gruesos y de superficies irregulares, semejantes a los de Molinos I. Los dos tiestos del estándar 11 se destacan por la presencia de tiesto molido agregado como antiplástico. Ambos están deteriorados y no permiten una mejor caracterización.

Consideraciones Finales

A modo de síntesis, cabe resaltar dos aspectos importantes. Uno es que las características de las pastas cerámicas reafirman la diferencia entre la alfarería Molinos de comienzos de los Desarrollos Regionales y la englobada en la denominación santamariana-calchaquí de los siglos posteriores. El segundo, que los tipos de pasta cerámica presentes en cada sitio muestran que los componentes alfareros de Molinos I y San Isidro comparten algunas variedades cerámicas y que las diferencias no se limitan a las alfarerías decoradas, sino que se presentan también entre las de tipo ordinario.

Las alfarerías de tipo ordinario no han sido objeto de mayor atención y el estudio de sus pastas contribuye a revertir esa situación. En los asenta-mientos tardíos de la región se presentan recurren-temente fragmentos de superficies externas cepilladas y con capas de hollín adherido que se estima resultan de procesos de cocción. Iniciamos este estudio con el supuesto de que la manufactura de estas vasijas incluyó la selección de atributos estrechamente asociados a requerimientos funcionales, como la reiterada exposición al fuego, y que, por lo tanto, la composición y características de su pasta mostrarán poca variación tanto en el tiempo como entre distintos sitios. Con relación a este supuesto la identidad entre los fragmentos ordinarios de paredes finas, superficies cepilladas y pasta del estándar 2 en Molinos I y San Isidro parece sostener esta hipótesis, que se refuerza por el hecho de que registramos la misma asociación de atributos en tiestos de sondeos realizados en La Paya y de una vasija ordinaria con superficies cepilladas y manchas de hollín en la superficie externa, usada como urna en el mencionado entierro de Ruiz de Los Llanos. Sí se presentan diferencias de pasta entre las cerámicas de paredes más gruesas y superficies alisadas irregularmente. Esto sugiere que la manufactura de estas clases de alfarerías ordinarias puede ser un indicador apropiado para reforzar las distinciones que expresan los tiestos de mayor calidad y con superficies decoradas, para reconocer situaciones particulares en los asentamientos. En este sentido, un resultado relevante de este estudio es la identificación de una vasija ordinaria de procedencia foránea en el nivel de ocupación de un recinto de Molinos I, cuyo origen por el momento no podemos precisar.

En síntesis, este análisis de pastas ha proporcionado indicadores importantes para juzgar una primera asignación cronológica relativa, filiaciones socioculturales y vínculos entre asentamientos estructuralmente similares del prolongado lapso de los Desarrollos Regionales.

Planteamos que los conjuntos alfareros de algunos asentamientos atribuidos a la sociedad santamariana presentarían evidencias de su vinculación, total o parcial, con entidades socioculturales algo más tempranas a través de la presencia de alfarería del tipo de Molinos I. Aunque este análisis constituye sólo un paso inicial en el conocimiento de la variabilidad total de la cerámica tardía del valle Calchaquí, en base a las pastas cerámicas fue posible visualizar ese tipo de situación en San Isidro. Es decir, se identificó un sitio que brinda la posibilidad de profundizar en el estudio de la articulación de distintas entidades socioculturales tardías de la región.

Retomando el hecho que uno de los indicadores más claros de las primeras sociedades del período de Desarrollos Regionales en el valle Calchaquí es, por el momento, la alfarería Molinos, y que su semejanza con cerámicas del oeste de Catamarca y La Rioja señalan vías de circulación e interacción por los valles y quebradas situadas al oeste del valle Calchaquí, sobre el borde oriental de la puna, nos detendremos en ella para señalar que abre la perspectiva de plantear hipótesis sobre posibles situaciones de interacción a una escala espacial mayor durante los comienzos de ese período.

En el valle Calchaquí las poblaciones formativas mantuvieron estrechas vinculaciones con las del altiplano meridional (Tarragó 1996) y, aunque la información arqueológica sobre las sociedades tardías es aún insuficiente para profundizar sobre situaciones de interacción precisas a nivel regional y a mayor escala espacial, sabemos que avanzados los Desarrollos Regionales las sociedades santamarianas estuvieron involucradas en mecanismos de inter-acción a escala macrorregional, que persistían durante el contacto hispano indígena. Sin embargo, la falta de indicadores arqueológicos de interacción con Atacama sugiere que a fines del primer milenio se habrían interrumpido las fuertes conexiones con el altiplano (Tarragó 1984a y b).

Aun cuando no es posible hacer mayores precisiones, observamos algunas similitudes sugestivas entre la alfarería Molinos y vasijas del norte de Chile y de Bolivia. La forma y la decoración de los cuencos Molinos, particularmente la recurrente decoración interna, compuesta por una banda de líneas ondulantes pintadas en negro desleído sobre crema o en el interior de sus bordes por debajo del labio pintado de negro, asociada a veces con dos franjas verticales que se cruzan en su fondo, es semejante a como se presentan en cuencos de las regiones de Lípez en Bolivia (Arellano López y Berberián 1981) y del río Loa en el norte de Chile (Schiappacasse et al. 1989), o en fragmentos Pucarani y Kelluyo de las regiones de Juli-Pomata y Desaguadero en Bolivia, durante el período Intermedio Tardío (Stanish et al. 1997, figs. 18, 22 y 82). (Figura 5).


 
Figura 5. Fragmentos cerámicos de la región de Lípez, Bolivia (1 a 4) (tomado de Arellano López y Berberián 1981) y de Molinos I, valle Calchaquí, Argentina.

El valle Calchaquí es una vía natural de conexión con la puna en sentido norte-sur, y en su sector central la cuenca del río Molinos comunica hacia el oeste, por los límites occidentales de los valles de Tacuil-Amaicha y Luracatao, directamente a la zona del Salar de Hombre Muerto, en la puna de Catamarca y Salta. Las semejanzas estilísticas que señalamos entre los diseños internos de los cuencos Molinos y algunas alfarerías del altiplano sugieren considerar la hipótesis de situaciones de interacción que, siguiendo la franja de salares en sentido norte-sur, articulan grupos altiplánicos con poblaciones de las cuencas que desde el borde de la puna descienden hacia el valle Calchaquí. Hipótesis sobre la que nos proponemos avanzar con mayor información y un estudio estilístico detenido de las semejanzas entre esas alfarerías.

Agradecimientos: A los pobladores de Molinos y Seclantás y a M. Andolfo, S. Peri y M. Gol-fieri, alumnos de la FCNYM de la UNLP, por su inestimable colaboración. Las investigaciones se realizan con fondos del CONICET y la UNLP.

 

Notas

1 Igualmente se registra una mayor profundidad temporal de los Desarrollos Regionales en el valle de Santa María, al sur del Calchaquí (Tarragó et al. 1997).

2 Del mismo procede la muestra fechada por 14C en 950±50 a.p., 1036-1.215 cal. d.C., a un sigma. Los restantes fechados 14C de Molinos I son: 870±90 a.p, 1.064-1.284 cal. d.C.; 1.040±110 a.p.; 967-1.168 cal. d.C.; 1.160±100 a.p., cal. d.C. 789-1.017; 1.010±50 a.p., 1.016-1.159 cal. d.C., todos a un sigma (Baffi et al. 2001).

3 En el gráfico de la Figura 4, la categoría inclasificados reúne tiestos muy pequeños o deteriorados y unos pocos que no se incluyen en ninguno de los estándares definidos hasta el momento.

Referencias Citadas

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