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Chungará (Arica)

versión On-line ISSN 0717-7356

Chungará (Arica) v.38 n.1 Arica jun. 2006

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-73562006000100003 

Chungara, Revista de Antropología Chilena
Volumen 38, Nº 1, 2006. Páginas 9-12

OBITUARIO

 

In memoriam Olaff Olmos Figueroa, testimonio de Lautaro Núñez A.2

2 Instituto de Investigaciones Arqueológicas y Museo, Universidad Católica del Norte, San Pedro de Atacama, Chile. lautanunez@netline.cl

 

Su muerte me pareció contraria a las leyes naturales.
Era uno de esos productos duros de la tierra: Un hombre mineral.

(Pablo Neruda)

 

Estaba allí con sus escasos 54 años en el centro mismo del rito funerario, tranquilo y be-llo, atrás de su última mirada abatida y perdida en el contra-sentido de alejarse de esta tierra cuando recién aprendía a revelar sus afectos y esperanzas con la debida y justa profundidad.

Olaff fue de aquellos arqueólogos privilegiados que nacido en medio del desierto tarapaqueño vio transitar su pueblo lleno de vida salitrera hacia una increíble ruina arqueológica industrial. Es esta visión la que le confiere seguridad sobre su propia disciplina, como si él se transformara de súbito en sujeto y objeto de una misma agonía evolutiva. Nació en la oficina salitrera Peña Chica un 19 de noviembre de 1951 entre el proletariado más ilustrado de Chile. Descendió a Iquique que “es grande como un salar”……tras la enseñanza secundaria en el Liceo de Hombres (1965- 1970) y de allí a sus estudios universitarios Antofagasta (1972-1976), estremecido por la pérdida de la democracia y con ello su temprana participación en el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), para sustentar primero la luego en la clandestinidad su apasionada resistencia antifascista. De aspecto pasivo hasta la aparición de sus arrebatos juveniles y sus puños callejeros solía acecho. No era precisamente un alumno de comunicación fácil y complaciente. Se crió ciencias sociales y la propuesta política militante, como un buen líder de aquellos de verdad, destinados a cambiar el mundo más que conquistar una pequeña "posición" oprotunista. Era de esos jóvenes que cubrieron de martiriología la política chilena porque creían en sus caudillo y sus idearios al margen de esa frasecita que apela a los "pecados de la juventud".

Olaff en Cerros Pintados, 1995 (Fotografía gentileza de Jane Watson).

Se nos acerca como alumno serio, alejado totalmente de la risa, mitad estudiante que quiere saber más, mitad comisario político que quiere resistir por su camino "correcto", hasta decidir por fin que se debe también conquistar un espacio en nuestroa pequeños y grandes desafíos políticos a través del ejercicio del ofocio con excelencia, para darle un sentido antropológico a las postergaciones de nuestros pueblos, y otro debe también conquistar un espacio en nuestros pequeños y grandes cicio del oficio con excelencia, para darle sentido antropológico a las postergaciones de nuestros pueblos, y por otro, para sobrevivir lejos del exilio a través del filo mismo de la vida.

Vivió desde muy joven el frenético estado del arte de la antropología panandina, antes del golpe militar, cuando asistiera al Primer Congreso del Hombre Andino, itinerando entre Arica, Iquique y Antofagasta. Es que su interés por acercarse a los eventos formativos fue su principal característica, como aquel año 1978 que fuera seleccionado para participar en el Taller Internacional sobre tecnología Pale-indio, que organizamos en la Universidad del Norte de Antofagasta con la participación de investigadores de Norte y Sudamérica. Este hábito juvenil, el de estar allí donde pcurrían reuniones de interés, lo acompañó durante toda su carrera científica y administrativa.

Su tesis de titulación sobre contextos arcaicos de Tulán y Puripica, que guié con sumo afecto, refleja su temprana participación en nuestras investigaciones llevadas a cabo en dos quebradas atacameñas, donde compartimos los primeros indicios de complejidad socioeconómica entre formaciones de caza y recolección. Por cierto, en esta misma dimensión teórica se involucró con el Dr. B. Hesse, zooarqueólogo enviado por la Smithsonian Institution para evaluar desde su especialidad nuestra tesis de domesticación de camélidos en la circumpuna, como un proceso independiente de los Andes centrales, situación que en esta época la compartimos como una propuesta original, aunque cercana a la irreverencia científicafica. Olaff, efectivamente estuvo a mi lado durante varias excavaciones compartiendo con viejos colegas ya fallecidos y retirados, que nos moldearon en un estilo de hacer ciencia sin perder de vista los acontecimientos del país real, aquel que no basta conocerlo, sino transformarlo desde sus materiales más ardientes.

Fue ayudante en su Escuela de Arqueología y de allí surgió como investigadorr potencial participando con el Dr. T. Lynch (Universidad de Cornell) en el sitio Catarpe de San Pedro de Atacama (1976), mientras que conmigo se educó en los problemas paleoindios y arcaicos en Quereo-Los Vilos, Tulán, Tilomonte, San Lorenzo, Tiliviche y Tuina, tras las primeras cronoestratigrafías que nos liberaban de los tiempos de una arqueología dominada por el principio que sólo el orden tipológico tenía valor cronológico.

De su paso por el Centro Isluga de Investigaciones Andinas de la Universidad del Norte de Iquique recoge el espíritu magnífico de los Martínes de cuya fina sensibilidad antropológica aprende a valorar el mundo aymara y excava en el altiplano introduciendo por primera vez los rituales andinos al procedimiento científico.

Al tiempo acepta mi propuesta de radicarse en San Pedro de Atacama para colaborar con las investigaciones de mi amigo ya medio anciano el R.P. Gustavo Le Paige (1977-1980), resultando ser su más leal colaborador hasta su fallecimiento. En todos esos años convivimos en torno a los problemas de los primeros poblamientos andinos, junto a Ema su esposa y compañera. Fallecido Le Paige, se le exige su renuncia voluntaria a la subrogancia de la dirección del Museo en el contexto de una brutal exoneración política: emigra a Ecuador con toda su familia. Allí su preocupación por su perfeccionamiento arqueológico lo lleva a conducir la Estación de Campo del Programa de Ecuador (1981).

Posteriormente, continúa sus estudios en Lima, de modo que desde el año 1983 su acercamiento a las cuestiones rurales y étnicas lo apegan más a la antropología social y desde ya ha alcanzado su candidatura en la Maestría de la Pontificia Universidad Católica de Lima. Regresa de Lima a Iquique en 1984 y ahora es investigador en diversas ONGs donde participa en múltiples consultorías a través de proyectos orientados al desarrollo cultural, étnico y turístico de la Región de Tarapacá. Por fin con el advenimiento del año 1990 el arco de la democracia iluminó al país y allí Olaff, el arqueólogo, le da la mano al político y gestor público en términos de participar en una nueva institucionalidad, desde adentro, optando por el camino laico y socialdemocrático del Partido Radical. Su ejemplar desempeño en la conducción de un turismo social, desde la la antropología, lo acerca a plicarse aún más esta vez a cargo de los programas y estudios de la Corporación Nacional de Desarrollo (1997-2002).

Su particular parsimonia y eficiencia administrativa definitivamente lo sacan de su escenario antropológico por el año 2002 para aceptar ahora el cargo de Secretario Regional Ministerial de Minería. Sin embargo, me decía que ya no podía vivir lejos de la arqueología y así medio apesadumbrado este SEREMI defensor inclaudicable de los intereses del Estado y de los Derechos Humanos advertía su irreversible acercamiento a los quehaceres políticos del Gobierno Reginal.

Sin embargo, esta mixtura científica política tan íntima de Olaff lo colocó en el tiempo y preciso cuando el país es advertido de la existencia y espacio preciso cuando el país es advertido de la existencia de las fosas de genocidio. Los arqueólogos chilenos excavaron e informaron sobre tantas evidencias del terrorismo de estado, pero él en particular demostró con un preciosismo estratigráfico la ausencia y presencia de los compañeros fusilados en Pisagua. Las fotos del éxito de su prospección y de sus registros asociados circularon por el mundo como señal inequívoca del comienzo del fin de la dictadura. Sin un gesto de debilidad, Olaff dio a conocer los cuerpos acribillados de nuestros amigos iquiqueños y cuando me invitó esta vez a asistirlo en sus excavaciones y prospecciones en el área de Pisagua, pude admirarlo de nuevo como arqueólogo, en una labor que nos unía en esa difícil separación entre ciencia y conciencia. Nunca olvidaré el tratamiento metodológico que juntos aplicamos en la pampa de Pisagua donde identificamos netas evidencias de aplicación de cemento en cuerpos dispuestos junto a la cancha de aterrizaje. Postular lanzamiento de fusilados desde el aire al mar cuando aún no se publicitaban estos procedimientos, fue para nosotros una acción de convicción tan vehemente que el Ministro Guzmán no lo dudó en ningún instante.

En cada encuentro con Olaff no dejaba de recomendarle que terminara de escribir su experiencia como arqueólogo de los "desaparecidos" de Chile: Pisagua, Patio 29 de Santiago, Paine, La Rana, Pintue y Copiapó. Sí, por cierto, la Comisión de Derechos Humanos y la Vicaría de la Solidaridad y todas las organizaciones de organizaciones de los familiares de los asesinados políticos vivirán en deuda con quien tuviera la misteriosa oportunidad de integrar oficio y política en una fusión hecha a su justa medida. Su obra inédita "Arqueología del Crimen: Evidencias de una Historia Reciente" deberá ser publicada para no olvidar el genocidio y de paso advertir que la historia no se repite pero suele parecerse demasiado.

Ya cumplida esta misión, esperaba enseñar sus experiencias y ocurrió que durante el año 2004 superó su incertidumbre profesional al incorporarse a la Carrera de Antropología Y Arqueología de la Universidad Bolivariana (Sede Iquique), donde se destacó como maestro e iniciando paralelamente un Proyecto de Arqueología de Campo en la Quebrada de Tarpacá. Así estaba otra vez en medio de su disciplina cuando su secreto mejor guardado, su frágil corazón, decidió discutir con su dueño, en un tono de arr-bato mayor, de aquellos que Olaff siendo especialista ni siquiera pudo apaciguar. Falleció tan joven, en esa muerte emboscada y solitaria que nos duele hasta la maldición, porque nadie está preparado para verlos así, a quienes como estudiantes debería perdurar más del tiempo de sus maestros. Sus hijos quienes fueron a su vez sus propios estudiantes, se resignaban ante la desaparición de un "maestro de maestros", pero uno podía sentir que el legado y el oficio de Olaff se hacía parte de ellos mismos. Por mi parte sentía en su velatorio aquello que que vale en la vida es la pasión...vivimos para uno que otro momento de exaltación”….

El Olaff estudioso sólo publicó entre breves respiros administrativos una docena de artículos (ver bibliografía) que reflejan su acercamiento a los temas arcaicos de lo cual fui su mayor cómplice y otros vinculados con la realidad aymara, incluyendo por cierto varias notas sobre etnoturismo.

Se aleja un hombre que de tanto ocultar su corazón se le paralizó de pura rebeldía: Era como él. Ambos con la misma vocación de las pasiones desatadas en brevísimos segundos, cuando aparecía mi amigo amigo pleno de convicción y doctrina. Claro, no es fácil despedir a un alumno, colega y amigo personal que practicó ejemplarmente su triple militancia con la ciencia, su polític Yy su familia. Caminará por sus calles de la oficina Peña Chica buscando los artículos que no alcanzó a estudiar para sus clases. Quizás tendrá más tiempo para sus cuatro hijos y percibir nítidamente las miradas de quienes más amó. Encontrará la paz en Iquique para escribir sus obras inconclusas y si se lo propone vivirá el pasaje de su muerte intensamente a través del largo tiempo de los arqueólogos. Se dice que manejaba los silencios y las pausas a su amaño, con esa cierta seducción capaz de enternecer a sus amigos más cercanos, pero su Diosa Cronos fue demasiado egoísta con este bello hombre atrapado en su funebria involuntaria y definitivamente fatal.

San Pedro de Atacama, septiembre de 2005.

 

Bibliografía

1980 Análisis cuantitativo y comparativo de dos tests estratigráficos de los campamentos Puripica-1 y Tulán-52, San Pedro de Atacama, Chile. Memoria de Título. Departamento de Arqueología, Universidad del Norte, Antofagasta.

1981 Usamaya 1, cementerio indígena en Isluga, Altiplano de Iquique I Región. Chile, en coautoría con Julio Sanhueza T. Chungara 8:169-208.

1981 Informe preliminar. Programa de Arqueología del área SW. Provincia de Manabí. Documentos Internos. Programa de Antropología para el Ecuador.

1983 Subsistencia y utilización de estudios faunísticos en economías de caza-recolección de la puna de Atacama, Norte de Chile. Revista Antropológica 1:99-120. Pontificia Universidad Católica del Perú, Lima.

1984 El precerámico en la Costa-Sur de Iquique, en coautoría con Julio Sanhueza T. Chungara 13:143-154.

1985 Análisis de fauna arqueológica: Un indicador cultural de adaptación humana en el desierto. Chungara 14:45-48.

1986 Muspa Uywani - Muspa Llapuni. Documentos de Trabajo. Taller de Estudios Regionales, Iquique.

1987 El boletín de difusión aymara: comunicación social alternativa. Actas del I Congreso de Antropología Chilena, Santiago.

1988 Algunas notas sobre historia de los aymara. Documentos de Trabajo 1. Taller de Estudios Regionales, Iquique.

1988 Derechos indígenas y nuevo escenario: legislación chilena y Pueblos indígenas. Apuntes para el caso aymara. Documentos de Trabajo 5. Taller de Estudios Regionales, Iquique.

1988 La Arqueología como disciplina científico social. Documentos de Trabajo 11. Taller de Estudios Regionales, Iquique.

1988 La explotación del guano y esclavos chinos en las covaderas. Revista Camanchaca 6:12-16. Taller de Estudios Regionales, Iquique.

1988 Derechos Humanos y Pueblos Indígenas. Territorialidad y Legislación en los Aymaras del Norte de Chile, en coautoría con Eduardo Pérez R. Taller de Estudios Regionales, Iquique.

2001 Etnoturismo en Mamiña: El circuito de la Cultura de Kepiskala. En Experiencias y Perspectivas en el Desarrollo Territorial de los Pueblos Indígenas de Chile. Corporación Nacional de Desarrollo Indígena, Ministerio de Planificación.

2005 Urco-Uma: Percepción del espacio, manejo de recursos y tecnología agraria en Isluga. Norte de Chile. Revista de la Secretaría Regional de Gobierno. I Región de Tarapacá (en prensa).

2005 Tiempo cíclico: Tiempo de siembra, tiempo de cosecha entre los aymara de Tarapacá, Norte de Chile. Revista de Ciencias Sociales. Universidad Arturo Prat, Iquique (en prensa).

2005 Patrimonio cultural, etnoturismo y desarrollo indígena. Revista de Ciencias Sociales. Universidad Arturo Prat, Iquique (en prensa).

2006 Arqueología del Crimen: Evidencias de una Historia Reciente. Manuscrito en preparación para su publicación.

2006 Etnografía a Color. Manuscrito en preparación para su publicación.

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