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Chungará (Arica)

On-line version ISSN 0717-7356

Chungará (Arica) vol.40 no.2 Arica Dec. 2008

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-73562008000200001 

 

Volumen 40, N° 2, 2008. Páginas 107-119
Chungara, Revista de Antropología Chilena

ARQUEOLOGÍA

 

LA OCUPACIÓN PREHISPANICA DE COMBARBALA (NORTE SEMIÁRIDO, CHILE): UNA PROPUESTA SINTÉTICA

PREHISPANIC OCCUPATION OF COMBARBALA (SEMIARID NORTH, CHILE): A SYNTHETIC PROPOSAL

 

César A. Méndez M.1 y Donald G. Jackson S.1

1 Departamento de Antropología, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Chile. Ignacio Carrera Pinto 1045, Ñuñoa, Santiago. cmendezm@uchile.cl; djackson@uchile.cl


Se presenta una síntesis de las investigaciones arqueológicas conducidas en la localidad de Combarbalá (Provincia de Limarí) al interior del Norte Semiárido de Chile. Se exponen trabajos espaciales y estratigráficos conducidos en la región, los métodos implementados y resultados obtenidos. Se hace alusión a las características principales de la zona y su estructura de recursos a fin de ilustrar algunos factores que podrían haber condicionado el asentamiento humano. Los estudios arqueológicos realizados a la fecha han expuesto contextos que permiten efectuar una propuesta ordenadora relativa que se remonta, al menos, a todo el Holoceno.

Palabras claves: Norte Semiárido interior, síntesis ocupación prehispánica, cambio y continuidad.


We synthesize archaeological research at Combarbalá (Limarí Province), an inland locality in the Semiarid North of Chile. We describe the spatial and stratigraphic work conducted within the región, the methods used and the results obtained. The main characteristics and resource structure ofthe study área are outlined in order to illustrate some factors that may have conditioned human settlement. Archaeological research carried out up to now has exposed contexts which allow a schematic proposal which extends at least throughout the Holocene.

Key words: Semiarid North Interior, prehispanic occupation synthesis, change and continuity.


Nuestras investigaciones en la localidad de Combarbalá han estado mediadas por el hallazgo de manifestaciones culturales que se extienden a lo largo del Holoceno. Durante las campañas de prospección (2003), sondeo (2003,2005 y 2006) y excavación (2004) se ha podido recuperar información muy rica que excede al momento cronológico que motivó nuestro acercamiento a la localidad (transición Pleistoceno Holoceno). Esta aproximación arqueológica ha concillado una serie de aciertos y desaciertos que nos proponemos organizar en las páginas siguientes. El ordenamiento propuesto no deja de ser sino un ejercicio tentativo que se sustenta sobre: una cantidad limitada de dataciones absolutas (C14 -AMS y convencionales- y de Termoluminiscencia [TL]) y conocimientos tecno-tipológicos para una región más vasta (i.e. Norte Semiárido - NSA). Pensamos que la construcción de un ordenamiento histórico cultural puede ser considerada, tanto un objetivo de investigación en sí mismo, como una etapa inicial, necesaria para guiar problemas específicos. Dentro de este proceso, estamos seguros que nuestra propuesta, o bien alguno de sus constituyentes, serán precisados a futuro, mientras que otros podrían refutarse. En esta línea consideramos que las unidades cronológicas debieran precisarse en rangos de mayor confiabilidad que permitan comparaciones con áreas aledañas dentro del NSA y eventualmente una región más amplia.

El Ambiente Actual y Pasado de Combarbalá en el Norte Semiárido

El NSA (-29° a 32° S) corresponde a un área de transición climática y vegetacional entre el desierto de Atacama y territorios mediterráneos de Chile central (Viet 1993). Se caracteriza por un déficit de humedad durante todo el año, con precipitaciones invernales que aumentan en sentido N-S (Romero 1985), controladas por el cinturón de vientos del Pacífico Oeste (Viet 1996).

Particularmente, el área de Combarbalá (Figura 1) forma parte de cordones transversales del sistema montañoso andino costero (Börgel 1983) y corresponde a un sector de grandes cuencas de sedimentación aluvial. Geológicamente, se emplaza en un área donde colindan los miembros Quelén (lavas, brechas y aglomerados andesíticos y niveles subordinados de areniscas y conglomerados) y Santa Virginia (conglomerados y areniscas rojas con escasos niveles de lutitas) y donde se observan depósitos de relleno -fluvial y lacustre- cuaternarios (Rivano y Sepúlveda 1986). Destacan importantes áreas de alteración hidrotermal, como las que conforman las concentraciones de combarbalita (Rivano y Sepúlveda 1986), roca característica de la zona. Consecuentemente, las rocas disponibles superficialmente exhiben altos niveles de calidad para la talla (silíceas) en vastas áreas de concentración, aprovechadas sistemáticamente en época prehispánica.


Combarbalá corresponde a una zona de estepa de gran sequedad atmosférica y extraordinaria insolación (Romero 1985; Dirección Meteorológica de Chile 2001) con precipitaciones concentradas en invierno (mayo a agosto) que no superan los 230 mm (año normal). Esta condición tiende a cambiar en años de ENSO (El Niño Oscilación del Sur) activo, en donde la lluvia puede ser torrencial (Carihuinca y Piuzzi 2004). Estas condiciones permiten una vegetación de matorral estepario interior, caracterizado por su escasez y nula influencia directa del océano (Gajardo 1995). No obstante su relativa lejanía del litoral (63 km), la zona expone esporádicas manifestaciones de niebla costera. La vegetación dominante es fundamentalmente arbustiva y cactácea, y sólo en ocasiones con una cubierta herbácea muy irregular y somera.

Otro recurso biótico de importancia debió constituir la fauna (mayor y menor), hoy escasamente disponible en vistas del accionar antrópico. Quebradas estacionales y permanentes y cuencas lacustres debieron congregar al guanaco (Lama guanicoe), especialmente durante la temporada invernal.

Observaciones actuales en San Juan (Argentina) han sindicado a las fuertes nevadas cordilleranas como principal agente de mortandad masiva de estos animales (Cajal y Ojeda 1998), elemento que motivaría la migración estacional y presencia en los valles bajos a ambas vertientes cordilleranas (Gambier 1993; Llagostera et al. 2000).

Por otra parte, los estudios paleoambientales del NSA se concentran principalmente en la zona costera (síntesis en Maldonado y Villagrán 2006), de ahí que se deban extrapolar datos desde áreas con mayor disponibilidad de archivos ambientales. Esto se debe a que durante el Holoceno en el sector occidental andino dominó la erosión de los suelos generados durante el Pleistoceno, producto de la incapacidad de conformar cubiertas vegetadonales (Vietl993,1996). Durante la transición Pleistoceno Holoceno en el NSA dominaron condiciones húmedas (Núñez et al. 1994; Villa-Martínez y Villagrán 1997) que hacia los 9.400 años cal. a.p. cambian hacia una fase de intensa aridez (Maldonado y Villagrán 2006). La reaparición de indicadores de ambientes de mayor humedad primero alrededor de los 6.200 años cal. a.p. y luego con mayor intensidad hacia los 4.200 años cal. a.p. (Grosjean et al. 1997; Jenny et al. 2002; Maldonado y Villagrán 2002) permiten sugerir el establecimiento de condiciones similares a las actuales. Aún así, durante el Holoceno Tardío, se ha detectado la alternancia de condiciones áridas y húmedas con interesantes correlatos con la intensidad de ocupación de algunas áreas litorales del NSA (Maldonado y Villagrán 2002).

Antecedentes Arqueológicos Regionales

La propuesta presentada se nutre de un trabajo iniciado hace poco más de medio siglo por quien fuera uno de los primeros estudiosos interesados en la arqueología del entonces "Departamento de Combarbalá". En 1973, Jorge Irribarren dio a conocer una serie de hallazgos, entre los cuales se encontraban talleres líticos de grandes bifaces, bloques con petroglifos (incluso pictografías) y piedras tacitas, y contextos alfareros tempranos y Diaguita. Practicó recolecciones superficiales, efectuó mediciones y descripciones de las piedras tacitas y grabados en rocas, excavó algunos sitios y describió sus contextos. En dicha publicación sugirió posibles relaciones tipológicas entre las puntas de proyectil lanceoladas pedunculadas de la zona y las registradas en la vertiente oriental de la cordillera andina (Irribarren 1973). Hoy reconocemos acertada dicha apreciación en vistas de los vínculos entre poblaciones tempranas de ambas vertientes de la cordillera (Gambier 1993; Jackson 1997a). Así también, se observó que si bien abundaban las evidencias Molle (periodo Alfarero Temprano, PAT) y Diaguita, la ocupación propiamente Inca fue mínima. Como síntesis, Irribarren (1973) consideró que los datos permitían vincular los hallazgos de la localidad con una región más vasta del Norte Chico, enfatizando la continuidad geográfica y ecológica que esto representaba.

Estudios arqueológicos en la zona fueron retomados durante la década de 1970 a través de algunas prospecciones y la excavación de los reparos rocosos: La Olla y Flor del Valle (Rivera y Cobo 1996). Similitudes morfológicas de las puntas de proyectil en el primer sitio se argumentaron para proponer una filiación Huentelauquen la cual, asociada a una edad 1.300 a 1.700 años cal. a.p., permitían sugerir que:

La Olla representa parte de la tradición cazadora recolectara que (...) manteniendo su identidad, perdura en el tiempo hasta la culminación agroalfarera Molle. (...) en Flor del Valle, las puntas de proyectil y otros elementos de la cultura material (...) asegura la proyección de Huentelauquen como fenómeno de una tradición de cazadores recolectores en tiempo Molle (Rivera y Cobo 1996:97).

Una revisión de la información publicada (Jackson 1997b) cuestionó lo propuesto en atención al hecho que similitudes en los cabezales líticos pueden responder a etapas de manufactura, variantes funcionales o -incluso- fenómenos de anticua-rismo y no necesariamente relación de identidad. Asimismo, existen aspectos morfológicos comunes entre algunas puntas de proyectil Huentelauquen (13.000 a 9.000 años cal. a.p.) y Molle (2.000 a 1.150 años cal. a.p.), aunque con diferentes dimensiones. Finalmente, Jackson (1997b) estableció que no se discutían las evidencias cerámicas en el sitio, había imprecisiones en comunicar "otros" indicadores y no se discutían con claridad los contextos, procesos de formación y factores relativos a la datación presentada.

A partir del año 2003 retomamos las investigaciones en Combarbalá. Hasta el momento se ha discutido la información de distribuciones arqueológicas espaciales con énfasis en las posibles evidencias de cronología temprana (Méndez et al. 2004), iniciado trabajos de tafonomía regional (Hernández 2004), realizado diagnósticos de conservación de los sitios arqueológicos (Ladrón de Guevara 2004) y reportado un sitio de cronología tardía (Miranda 2006).

Método

En Combarbalá se han llevado a cabo prospecciones sistemáticas, sondeos restringidos en cuevas y sitios a cielo abierto, excavaciones estratigráficas en cuevas, excavaciones en área en sitios a cielo abierto y recolecciones superficiales sistemáticas. Las prospecciones pedestres sistemáticas se desarrollaron a lo largo del curso del río Pama/Valle Hermoso y tributarios estacionales menores (Figura 1) en un rango de altitud entre los 750 y 1.550 msm (Méndez et al. 2004). Tenían por objeto identificar yacimientos de "cazadores recolectores", por lo que se dirigieron hacia áreas de reconocido mayor potencial (i.e. quebradas pequeñas, sectores con reparos rocosos, afloramientos de rocas aptas para la talla; a diferencia de fondos de valle, propicios para la agricultura). Éstas se complementaron con la exploración sistemática de dos cuencas lacustres hoy drenadas, por cuanto podrían corresponder a masas de agua que en el pasado hubieran congregado recursos, análogos a los que sugieren Lynch (1986) y Núñez y colaboradores (1987) para el Norte Árido. La información recuperada de la totalidad de los sitios arqueológicos fue estandarizada a partir de variables de referencia absoluta, dimensiones, condicionantes de la selección del emplazamiento, procesos de formación de sitios, manifestaciones formales de los hallazgos, registro material e inferencias cualitativas (Méndez et al. 2004).

Por su parte, los sondeos permitieron evaluar el potencial estratigráfico y material de sitios seleccionados (Tabla 1). Fueron llevados a cabo por niveles artificiales en correlación con estratigrafía natural, todos los sedimentos fueron tamizados (mallas <2 mm) y cuando estuvo disponible, se implemento harneo con agua (CBL 096). Estas labores permitieron identificar yacimientos con mayor potencial de intervención, que se tradujeron en:

(1) Recolecciones superficiales sistemáticas en talleres líticos y campamentos donde aflora abundante cantidad de rocas silíceas (CBL 093, CBL 094-096).
(2) Una excavación estratigráfica en el reparo rocoso Los Zorros (CBL 054), realizada por capas naturales/culturales, aislando plantas (n=2) y rasgos (fogón playo, margen de enterratorio) y posicionando la totalidad de artefactos en planta.
(3) Una excavación en área (15 m2) en un sitio a cielo abierto en el margen de la paleocuenca al S de Combarbalá (CBL 066). Ésta se llevó a cabo considerando un único depósito, ya que no superaba los 15 cm de profundidad, en donde se registró en planta todas las piezas sobre ~2 cm. Se aisló también rocas, aunque no trabajadas, sí manipuladas en la acomodación del campamento.

A fin de construir un esquema temporal local, se seleccionó muestras para datación absoluta (C14 y TL principalmente). Dada la condición de imperante erosión de los suelos (Viet 1993, 1996), la conservación del material orgánico es muy precaria, especialmente lo atingente a los huesos. Estudios tafonómicos sugieren una rápida tasa de meteori-zación y significativo arrastre que atenta contra la integridad del registro (Hernández 2004). A esto debemos sumar la intensiva actividad de producción artesanal de carbón de Acacia cavens y el arado de los predios; combinación que ha tenido correlatos nefastos para nuestros propósitos (p.ej. CBL 066: 160 ±40 a.p., Beta-200188, carbón; CBL 094-096: 108 ±0,4 pMC [porcentaje de carbón moderno], Beta sin número, carbón). Todas las edades discutidas en el texto se expresan en años calendarios antes del presente (años cal. a.p.) calibradas (salvo las de TL) con el programa Calib 5.0 (Stuvier et al. 2005).

Integración de Datos y una Propuesta Cronológica Cultural

Los primeros habitantes de Combarbalá

Hasta el momento, pensamos que los primeros habitantes en explorar el área de estudio fueron poblaciones del Holoceno Temprano reconocidas regionalmente como el Complejo Cultural Huentelauquén, identificado a través de su registro subregional característico, la "Industria tipo Cárcamo" (Ampuero 1969; Castillo y Rodríguez 1977-78) (CCH-IC). Dicha suposición se sustenta sobre la ausencia de sitios más tempranos, la proximidad del "sitio tipo" de Cárcamo (Figura 1), similitudes tecno-tipológicas (puntas lanceoladas con aletas y grandes pedúnculos, bifaces en diversos estadios, grandes desechos de desbaste bifacial y piezas denticuladas) registradas principalmente en el sitio CBL 094-096 y la existencia de litos poligonales -característicos del CCH-IC (al menos uno en combarbalita).

Hasta la fecha se han registrado sólo cuatro contextos que permiten sugerir una filiación CCH-IC más clara. CBL 094-096 es un extenso campamento en la desembocadura de una pequeña cuenca. Sus evidencias son claros indicadores formales de filiación temprana (Figura 2), comparables a otros sitios del interior y contextos contemporáneos costeros. CBL 085, 093 y 099 (los últimos dos en una cuenca aledaña) corresponden a canteras talleres en donde el tamaño de los bifaces coincide con los requerimientos técnicos para la confección de los grandes cabezales líticos del CCH-IC. Otros cuatro sitios poseen filiación dudosa, por cuanto sólo se han registrado preformas de litos geométricos y puntas de proyectil aisladas.


Nuestros trabajos más intensivos se han centrado en CBL 094-096. Las recolecciones superficiales sistemáticas -en áreas de taller y campamento- han permitido diagnosticar un aprovechamiento cercano al 100% de rocas inmediata y regionalmente disponibles. La excavación de sondeos ha permitido evidenciar sectores con profundos depósitos (~70 cm, posiblemente arados hasta los 30 primeros cm) y una extensión del asentamiento no superaría los 9.100 m2 (n= 13 sondeos de 250 cm2) entre ambos sitios funcionalmente integrados. Las piezas líticas sugieren tecnología de talla desde masas centrales y lascas. Las categorías principalmente representadas son manos de moler y molinos planos, abundantes denticulados y raspadores, cuchillos bifaciales, preferirías y puntas de proyectil lanceoladas asociadas a numerosos y grandes desechos de desbaste bifacial. Preliminarmente, planteamos que el contexto corresponde a un asentamiento habitacional transitorio (CBL 094) y taller lítico para la manufactura de grandes bifaces (CBL 096). Sugerimos que se asocia posiblemente a un sistema de movilidad residencial, puesto que se encuentra directamente inmediato a las áreas de disponibilidad de recursos y se registró evidencias de implementos de molienda y numerosas categorías de procesamiento descartadas.

Hasta la fecha sólo se tiene noticia de un asentamiento contemporáneo fechado para el interior del NSA. El sitio La Fundición, también a 60 km de la costa (Castillo y Rodríguez 1977-78), fuereevaluado por Llagostera y colaboradores (2000), distinguiéndose un solo evento ocupacional, aunque dentro de un lapso muy amplio entre los 9.600 a 9.900 y 10.500 a 11.300 años cal. a.p. (la segunda datación, sobre molusco, podría estar envejecida). El yacimiento posee principalmente restos de guanaco, roedores en baja proporción y casos aislados de pinípedos y valvas, elemento que sugiere desplazamientos a la costa. Adicionalmente se recuperó un entierro primario, restos de dos secundarios y un conjunto lítico muy similar a los registrados en Combarbalá. El sitio se asocia a una quebrada de paredes estrechas que se interpreta como una trampa natural asociada a áreas de abreviamiento de fauna, cuestión que también se constata a escasa distancia (~750 m) en el sitio CBL 094-096. Nos parece que dicho sitio también se ajustaría a algunas expectativas de movilidad residencial. Para los autores, La Fundición, corresponde a un sitio de la fase II, entre 11.000 y 9.000 años cal. a.p. en la zona II (NSA) del CCH-IC, momento en donde se intensifica la producción de las grandes puntas pedunculadas (Llagostera et al. 2000). Nuestros trabajos en la costa (Choapa) coinciden con lo señalado, en tanto durante el mismo lapso observamos un cambio en la orientación de los asentamientos hacia las quebradas y sus recursos, y un concomitante aumento en la producción de cabezales líticos (Jackson y Méndez 2005).

El desarrollo de patrones estacionales de caza y recolección en Combarbalá

Ateniéndonos a la cronología del sitio San Pedro Viejo de Pichasca (Ampuero y Rivera 1971) y las secuencias culturales de las desembocaduras del NSA (Choapa y Elqui) observamos que a lo largo del Holoceno medio y hasta la aparición de la cerámica durante el Holoceno Tardío (~1.800 años cal. a.p.) primó un importante conservadurismo en la manufactura de los tipos líticos más diagnósticos: las puntas de proyectil triangulares. Este extenso lapso ha sido discriminado en unidades culturales menores en la costa a partir de variables contextúales (Jackson 2002; Méndez 2004; Méndez y Jackson 2004, 2006; Schiappacasse y Niemeyer 1986). En vista de la inexistencia de trabajos semejantes en el interior y nuestra imposibilidad actual de fechar, consideraremos este segmento temporal como una unidad tecno-tipológica: la Tradición Interior de Puntas Triangulares (TIPT).

Hasta el momento hemos identificado un total de seis sitios adscribibles a la TIPT. Nuestros trabajos se han centrado en el pequeño campamento El Pendiente (CBL 066), yacimiento a las orillas de la antes mencionada cuenca al S de Combarbalá. CBL 032,035 y 077 son también campamentos efímeros o locaciones de tareas a cielo abierto, acerármeos y con puntas triangulares (Figura 3). CBL 040 (alero y talud adyacente) y 089 pareciesen tener un carácter más residencial, en vistas de la presencia de una mayor cantidad y variabilidad de categorías morfofuncionales, entre las que se incluyen implementos de molienda y una importante dispersión de evidencias líticas en superficie.


En El Pendiente (CBL 066) llevamos a cabo recolecciones superficiales selectivas y sondeos para evaluar su potencial. Considerando su privilegiada posición geomorfológica, optamos por una excavación en área en el sector que exponía mayor cantidad de material cultural en superficie. Los resultados de dicha intervención mostraron un claro ordenamiento espacial. Sus ocupantes transportaron hacia el margen NNE del área excavada las rocas que componen la matriz del cerro, liberando los sectores S y O a fin de generar una superficie limpia para la realización de actividades. Eventualmente, nuevas excavaciones permitirán evaluar si este ordenamiento, con un área de actividad interior, corresponde a un parapeto en relación a actividades de caza en la cuenca. Entre las actividades conducidas en el sitio observamos tareas de molienda, procesamiento de presas (raederas, cuchillos), raspado de cueros, horadación (horadador y taladro), confección de cabezales líticos (desechos de talla de múltiples etapas, fragmentos de preformas y puntas de proyectil) e instrumentos de filos vivos o escaso retoque (Figura 3). Las evidencias líticas exponen exclusivamente una industria sobre lascas que integra diseños formales e informales.

A la luz de hipótesis de uso del espacio regional (Jackson 2002) podemos pensar en una ocupación estacional de los territorios al interior de NSA durante el lapso entre 8.000 y 4.000 años cal. a.p., cuando imperaban condiciones de aridez y merma de recursos. Durante dicho periodo la movilidad involucró grandes desplazamientos que seguramente integraron territorios cordilleranos y la costa (Jackson 2002). Si consentimos que el acceso a los territorios del NSA debió ser pautado y organizado, dicho acercamiento debió ocurrir en función de los beneficios que esta área ofrecía, principalmente animales para la caza y recursos líticos. La alta frecuencia de puntas de proyectil triangulares en materias primas locales aboga en favor de dicho escenario. Así también, la selección de quebradas o pequeñas cuencas podría responder a locaciones para actividades cinegéticas durante el periodo (8.000 - 4.000 años cal. a.p.) cuando se establecieron los patrones más estables de caza y recolección en la zona. Ante el advenimiento de condiciones ambientales más húmedas (~4.200 años cal a.p., Maldonado y Villagran 2002) se ha observado una mayor frecuencia e intensidad de ocupación, tanto en la costa (Méndez 2004) como en la vertiente oriental de los Andes (Gambier 1993). Dicha situación no parece tener correlato en Combarbalá, más bien observamos una continuidad en la lógica estacional y de alta movilidad de ocupación de la zona.

Las primeras comunidades ceramistas de orientación cazadora recolectora

Anterior a nuestras investigaciones, el PAT mostraba una consistente ocupación representada por siete sitios asignables al desarrollo cultural El Molle, con cerámica diagnóstica, tembetás, pipas, figurillas antropomorfas de arcilla y piedras horadadas, en pequeños asentamientos en cuevas o a cielo abierto y en entierros ocasionalmente señalizados con ruedos de piedras (Iribarren 1973). Asimismo, numerosos sitios con piedras tacitas, petroglifos y pictografías, con o sin asociaciones a evidencias materiales diagnósticas, pueden ser considerados para este segmento. Sólo los sitios Flor del Valle y La Olla habían sido intervenidos estratigráñcamente. En el primero (CBL 086) se registró cerámica diagnóstica, puntas de proyectil lanceoladas, desechos de talla, implementos de molienda y numerosos restos óseos de camélidos, roedores y aves y escasas pictografías de color rojo (una con motivo zoomorfo); mientras que en el segundo, destacaban la cerámica Molle Incisa, puntas de proyectil pedunculadas, desechos de talla e implementos de molienda (Rivera y Cobo 1996).

Nuestras prospecciones permitieron registrar once sitios asignables al PAT (CBL 005, 020, 051, 054, 055, 061, 063, 074, 086, 098 y 101), distinguidos sobre la base de siete grupos cerámicos de colores gris, negro y pardo, pulidos y alisados, de paredes delgadas, pasta fina y compacta. Sólo uno de estos grupos presenta decoración grabada y diseños -aunque locales- similares a lo conocido como Agrelo-Calingasta de la vertiente oriental de los Andes (Sanhueza et al. 2004). Se seleccionó para sondeos los sitios bajo reparo: El Peñón (CBL 005) y Techo Negro (CBL 020), y en el sitio a cielo abierto: Los Pozones (CBL 061). Las intervenciones expusieron escasos tiestos de cerámica de lo que fueron pequeños recipientes (Figura 4), puntas de proyectil triangulares (bases rectas y cóncavas), bifaces, lascas directamente usadas (cuchillos) y retocadas (i.e. raspadores), núcleos, gran cantidad de desechos de retoque, tecnología ósea (punzones), y restos de guanaco y roedores.


Nuestros esfuerzos se centraron en la intervención estratigráfica del alero Los Zorros (CBL 054), donde se identificó una ocupación datada hacia los 900 a 1.200 años cal. a.p. (Miranda 2006). En el sitio se sucedieron ocupaciones diferentes que incluyeron su uso como campamento transitorio de caza y como lugar de entierro. Escasos tiestos de cerámica, tres manos de moler, puntas de proyectil, raederas, desechos de talla, restos de guanaco, roedores y vegetales, que incluyen semillas y una espátula de calabaza (Lagenaria sp.), componen la muestra que se asocia a un fogón playo. En los niveles superiores se registró una reocupación Diaguita efímera, mientras que a lo largo de su talud se constató fragmentos cerámicos de variadas cronologías y áreas de trabajo lítico (Miranda 2006).

La presencia de ocho sitios con arte rupestre (CBL 001,011,017,031,033 y 065), de los cuales sólo uno se asocia con piedras tacitas (CBL 059) y uno presenta pintura roja (CBL 086), apoyan una edad del PAT. Dominan los motivos antropomorfos y geométricos atribuibles al estilo Limarí (Castillo 1985) e Inciso Lineal Fino (Jackson et al. 2001), ocasionalmente asociados a cerámica temprana en superficie (CBL 031 y CBL 061) e implementos líticos (i.e. manos de moler, preformas bifaciales y raspadores). No obstante lo anterior, algunos de estos sitios presentan yuxtaposiciones y superposiciones, que sugieren una eventual intervención posterior.

Las evidencias constatadas en varios de los sitios descritos por Iribarren (1973), así como las cuevas Flor del Valle, La Olla (Rivera y Cobo 1996) y Techo Negro, los aleros Los Zorros (Miranda 2006) y El Peñón, más el sitio a cielo abierto Los Pozones, sugieren que durante el PAT se mantuvo una fuerte orientación cazadora en las quebradas interiores del NSA, como lo había señalado Castillo (1986). Dicha persistencia se sustenta sobre asentamientos que habrían privilegiado el uso de reparos rocosos sobre sitios a cielo abierto, ocupados como campamentos logísticos en las jornadas de caza. El uso de escasos recipientes de alfarería, de reducidos tamaños y pasta compacta con buena resistencia mecánica, habrían sido adecuados para la movilidad de estos grupos. Los contextos muestran una tecnológica conservada con predominio de cabezales líticos bifaciales y bifaces como instrumentos de usos múltiples, escasa manufactura local de instrumentos y una alta frecuencia de reactivado de filos desgastados y categorías de procesamiento (p.ej. cuchillos, raederas y raspadores). Al parecer, al interior de NSA, la alternativa de caza y recolección constituyó una estrategia económica más apropiada que una base exclusivamente hortícola durante el PAT. Situaciones análogas contemporáneas han sido alternativamente discutidas para áreas meridionales (cuenca del Maipo) donde se ha propuesto la coexistencia de grupos cazadores recolectores y hortícolas semisedentarios (Cornejo y Sanhueza 2003). El registro arqueológico de Combarbala -hasta el momento- parece apoyar el panorama descrito por nosotros.

Los periodos Intermedio Tardío y Tardío; las comunidades Diaguita y la presencia Inca

Los antecedentes para las ocupaciones de los períodos Intermedio Tardío y Tardío (PITT) en la zona están representados por al menos 14 sitios asignables a las fases Diaguita I, II y III, en la forma de pequeñas locaciones de actividad y cementerios, como el de Cogotí (Cornely 1966, Iribarren 1973). En este último sitio se definió localmente -por medio de dataciones de TL- tres fases culturales Diaguita, que fueron oportunamente discutidas por los autores en atención a posibles errores de contaminación (Suárez et al. 1991).

Nuestra investigación ha permitido obtener escasa información asignable a este segmento temporal. Por medio de prospecciones se identificó sólo seis pequeños sitios con evidencias de alfarería Diaguita Fases I, II y III (CBL 015, 045, 054, 090, 101 y 120), que se interpretan -preliminarmente- como pequeñas locaciones de actividades. La cerámica se asocia a instrumentos líticos, como núcleos, lascas e instrumentos formatizados, como puntas de proyectil triangulares e implementos de molienda (Figura 5). Las evidencias incaicas (i.e. cerámica con atributos decorativos característicos), por su parte, son muy escasas. Ello llama la atención, en consideración que se ha reconocido un tramo del camino incaico en el sector alto de Valle Hermoso, conectando Pama con el valle del Choapa (Stehberg 1995). Esta escasez podría deberse a la falta de prospecciones más intensas, diseños de prospección que consideren el problema o bien el hecho que Combarbala haya sido sólo una zona de tránsito entre los valles de Choapa y Hurtado, donde las ocupaciones incaicas son más consistentes. Sólo dos sitios (CBL 002 y 047) presentan algunos fragmentos con decoración de volutas en rojo sobre engobe blanco, diseños identificados en los aríbalos incaicos (Sanhueza 2001).

Continuidad y Cambio en Combarbalá

El área de Pama-Combarbalá corresponde a un interesante y escasamente estudiado sector al interior del NSA (Figura 1), cuyas características particulares convinieron en una serie de modos de ocupación del espacio a lo largo del tiempo. Dichas características se observan en relación a los patrones de asentamiento, movilidad y la cultura material. Nuestro trabajo sintético se resume en una propuesta construida a partir de los datos locales y extrapolaciones con áreas más intensamente trabajadas como el Elqui y Choapa. Hasta el momento observamos una primera exploración del área ya iniciado el Holoceno Temprano. Pese a no tener dataciones absolutas para el CCH-IC, observamos una clara voluntad de aproximarse hacia áreas de concentración de recursos, especialmente aquellas con materias primas para la confección de instrumental lítico. Esta movilidad residencial, si bien es esperable incluyera un territorio más amplio que el explorado por nosotros, por el momento no es posible asegurarlo, ya que los sitios (n=4) sólo muestran variedades de rocas de procuramiento local.

Con el advenimiento del Holoceno Medio (ca. 8.000 años cal. a.p.) -en conformidad con lo observado en el Elqui y Choapa- se observa una transición tecnológica desde la talla de masas centrales hacia la manufactura de instrumentos sobre lascas. Los grupos humanos redujeron los tamaños de sus herramientas y dominaron los asentamientos vinculados a la caza. Si bien es cierto recurrieron a los recursos líticos disponibles en el área, no se observa una intensidad tan marcada del uso de canteras talleres como en el caso de CCH-IC. Los nuevos tipos de puntas de proyectil se asocian regionalmente a la TIPT, unidad representada por estaciones de caza bajo reparos rocosos y a cielo abierto, incluso con la realización de acomodaciones en los campamentos. Probablemente, la movilidad continuó siendo residencial, aunque si consideramos los modelos regionales (Jackson 2002) debió integrar traslados estacionales entre ambas vertientes andinas.

Los primeros grupos ceramistas de la región -PAT- dependieron fuertemente de la caza y recolección, manteniendo una alta movilidad y una estrategia tecnológica conservadora, consistente con este modo de vida. No es posible -salvo por la cerámica- diferenciarlos del TIPT, ya que la ocupación local consistió en pequeños campamentos transitorios, principalmente en abrigos rocosos y con tecnología lítica muy similar. Algunas evidencias de cerámica Agrelo-Calingasta sugieren que durante este lapso continuaron los traslados poblacionales entre ambas vertientes de la cordillera. Una de las particularidades del PAT fue la producción rupestre. La datación más tardía para este período se sitúa alrededor de los 1.100 años cal. a.p. (CBL 054, Miranda 2006), en relativa sincronía con las fechas más tempranas de la Fase Diaguita I (1.015 años cal. a.p.) obtenidas en el cementerio de Cogotí (Suárez et al. 1991). En el asentamiento la presencia de cerámica Diaguita (labio revestido con hierro oligisto) puede interpretarse como un palimpsesto o bien algún nivel de comunidad en los atributos decorativos. Por otra parte, la presencia de tembetás, incluso algunos utilizados como colgantes, en contextos Diaguita de la zona (Irribarren 1973), apoyaría la idea de un eventual contacto con los grupos característicos del PAT. No obstante lo anterior, las evidencias de ocupaciones PITT en la zona son más bien escasas, presentándose como asentamientos efímeros. Particularmente, las ocupaciones incaicas están mínimamente representadas, a pesar de la cercanía del Camino Inca. Reflexiones en torno a las características de su asentamiento, movilidad y tecnología deberán abordarse con investigaciones sistemáticas.

Conscientes que la propuesta presentada es perfectible, a partir del esquema presentado es posible enunciar una agenda futura de primera necesidad arqueológica en la localidad de Combarbalá. Como primer punto es necesario precisar la cronología en todo nuestro ordenamiento a través de la implementación sistemática de dataciones radiocarbónicas, y correlacionarla con indicadores tecno-tipológicos diagnósticos. Esto deberá ser realizado por medio de excavaciones ampliadas en contextos de singular relevancia, en conjunto con una ampliación de la cobertura de información espacial. Así también resulta fundamental enfatizar la búsqueda de archivos que permitan una adecuada reconstrucción ambiental. Finalmente, las investigaciones futuras deberán centrarse en temas específicos, atingentes a los problemas culturales y conductuales de las poblaciones que se asentaron diferencialmente en la zona.

Agradecimientos: por sus labores realizadas en terreno a P Galarce, B. Ladrón de Guevara, C. Miranda, P López, J. Hernández, J. Torres, L. Iglesias, F. Vergara, P Larach, A. San Francisco y J. Tapia y por ayuda y conocimientos específicos a A. Troncoso, S. Alfaro, R. Izaurieta y R. Retamal. Financiamiento: FONDECYT 1030585. Agradecemos a los evaluadores del manuscrito.

 

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Recibido: noviembre 2006. Aceptado: julio 2008.

 

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