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Chungará (Arica)

versión On-line ISSN 0717-7356

Chungará (Arica) v.41 n.2 Arica dic. 2009

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-73562009000200002 

Volumen 41, N° 2, 2009. Páginas 173-177 Chungara, Revista de Antropología Chilena

 

OLIVIA HARRIS (1948-2009), CATEDRÁTICA DE ANTROPOLOGÍA EN LA LONDON SCHOOL OF ECONOMICS

 

Thérèse Bouysse-Cassagne1 y Tristan Platt2

1 Université de la Sorbonne Nouvelle, París, France, therese.bouysse.cassagne@gmail.com

2 University of St. Andrews, St. Andrews, Scotland. tp@st-andrews.ac.uk


 

Resulta difícil para nosotros descifrar las intenciones detrás de los escritos de Olivia, sin considerar cómo se relacionaban sus textos con su vida, cuando ésta fue no sólo una colega sino una querida amiga a lo largo de más de treinta años. Naturalmente, esto no significa que sus textos no sean comprensibles por sí solos. Pero en el caso de Olivia, la multiplicidad de sus centros de interés se combinaron y entretejieron íntimamente con su vida, correspondiendo a distintos períodos, o mejor dicho temas, de su desarrollo personal. Lo que nos invita a una presentación de su obra junto con algunas referencias biográficas que permiten apreciar su personalidad compleja, generosa, competitiva, leal, musical, apasionada por la gente y las ideas: una intelectual reflexiva y comprometida... al mismo tiempo que una hija, una hermana, una madre y una compañera.

Olivia Harris era una brillante antropóloga, especializada en los Andes y en América Latina, aunque sus intereses y publicaciones abarcaron mucho más. Radicada en Londres la mayor parte de su vida, fue una docente y supervisora dedicada, quien despertó gran afecto y lealtad entre sus estudiantes, y una administradora hábil y abnegada, primero en el Goldsmiths College y después en la London School of Economics. Como la inagotable trabajadora que era, escogió el trabajo como uno de sus temas de predilección. Trabajar significaba también para ella compartir alegría, y se identificaba mucho con los mitayos andinos prehispánicos y coloniales que iban engalanados a pelear con las minas de Porco y Potosí, o con los incaicos que cantando y bailando labraban las tierras del Estado en Cochabamba. Uno de sus últimos artículos inéditos, dedicado a John V. Murra, tiene precisamente estas formas de trabajo como temática.

Nació en una familia vinculada con la alta política británica. Su padre, un alto funcionario del Estado, sirvió a la Corona en India, Birmania y Egipto. Además de otros oficios, fue encargado de las finanzas de la Iglesia Anglicana (1969-1982) y coordinaba el Consejo gubernamental de las Artes (1962-1976) (R. Harris 1987). Olivia, aunque a menudo crítica del cristianismo, heredó la sensibilidad estética y religiosa de su familia, además de la tenacidad y dedicación al servicio público de su padre. La poesía inglesa y los ritmos sonoros de la liturgia anglicana formaron parte de sus fuentes de inspiración. Además, en uno de sus textos reconocía que "la forma más segura de la comunicación para mí fue siempre a través de la música" (O. Harris 1987:60). Estudió violín en Inglaterra y Roma; y la escuela para jóvenes violinistas de Yehudi Menuhin fue creada en una granja de la casa paterna. A su vuelta de Bolivia en 1974, añadió a su afición por la música clásica un talento especial para íocwjigs y reels irlandeses, que la llevaría a animar muchos pubs londinenses.

La muerte precoz de su madre en 1954, cuando tenía tan sólo siete años, de alguna manera prefiguró, trágicamente, su propio fallecimiento. Aquella muerte la dejó a ella y a sus tres hermanos con su padre como principal acreedor de su amor, de su lealtad y de su rebeldía. Con la llegada de una madrastra y de dos hermanastros, a quienes quería mucho, la topología de las relaciones familiares se modificaron. Experimentó lo que sería uno de los temas de sus trabajos posteriores, lo limitado que era el tomar la "familia nuclear" consanguínea como equivalente al hogar, y la importancia de otras categorías no consanguíneas en la formación de muchas familias.

Durante su niñez vivió en Surrey, y Londres fue, en alguna medida, el lugar misterioso donde desaparecía su padre cada día, volviendo regularmente por la noche: "Se iba y volvía como la marea", escribió en un ensayo muy sentido, que le dedicó (O. Harris 1987: 63). Los días y los fines de semana eran marcados por oraciones e himnos. Las vacaciones familiares se pasaban en el campo (su familia aún comparte una casita en el País de Gales) o en la Europa continental. Estos ritmos, junto con la pérdida brusca de su madre, afirmaron en ella un singular interés en las rupturas, las continuidades y las pulsaciones del tiempo, que iría desarrollando en una serie de artículos a partir de su primer trabajo de campo con los Laymis de Bolivia. Descubrir que el fin del mundo o Juicio (juysyu), por ejemplo, podía suceder repetidas veces en los Andes la dejó intrigada (O. Harris 1987)...

En Oxford (1965-1969) compartía casa con Barbara Bradby, una compañera de colegio futura antropóloga andinista, y con Trilby Shaw; las tres eran aficionadas a la música. Olivia se dedicó al estudio de las lenguas clásicas, la historia antigua y la filosofía, antes de integrar el ambiente radical y políticamente comprometido del Departamento de Antropología de la London School of Economics (1969-1971). Allí conoció a Tristan recién regresado de Bolivia y, aconsejada por él, decidió realizar su trabajo de campo entre los Laymi al Norte del Departamento de Potosí (Bolivia, 1972-1974), donde llegó en compañía de su violín. El trabajo etnográfico y la lengua aymara cambiaron el rumbo de su vida. Tuvo muchos amigos en el campo, especialmente Eusebio Inca y Abel Sánchez, y el jesuíta Jaime Bartrolí, quien le brindó su constante apoyo en la parroquia de Uncía. En una carta que escribió a su padre desde el campo, describe con júbilo esta primera experiencia:

La aspereza y el silencio y la grandiosidad eran un desafío que sólo cabía aceptar, y me sentí en comunicación con una cultura que era increíblemente antigua, surgiendo de las profundidades de las montañas... Dormimos en pieles de oveja, tendidos sobre el suelo, cubiertos por hermosos tejidos... Estoy a medio camino del cielo... He bajado minas de estaño, he subido cerros dorados, he pasado por desiertos y torrentes. Estoy aprendiendo dos hermosos instrumentos musicales, cómo tejer, y cómo cultivar papas a 13.000 pies sobre el nivel del mar, y cómo vivir alegremente. ¿Qué más se puede pedir? (R. Harris 1987:250).

En La Paz conoció a Xavier Albo y a otros jesuítas que trabajaban con los campesinos de Bolivia, de quienes se hizo amiga. La ayudaron a comprender la complicada política rural boliviana. Hasta hoy, sus amigos de aquel entonces en el campo y en las ciudades bolivianas se acuerdan afectuosamente de ella. Con Xavier publicó su primer texto, sobre las relaciones políticas y económicas entre campesinos y mineros: Monteras y Guardatojos (1975); y este interés político Olivia lo continuó, directa e indirectamente, en muchos escritos ulteriores.

En 1974, la vuelta a Inglaterra y a Londres fue dura, y Olivia tuvo que enfrentarse a la angustia de todos los etnógrafos: el "choque cultural". Su sensibilidad política, agudizada por su estadía en Bolivia, se encontró entonces con el marxismo y con el feminismo ("primero como inspiración, después como instrumento espinoso") (O. Harris 1983:60) mientras seguía un ideal de vida comunitaria y desarrollaba su interés por el cine, la imagen y la memoria, que compartía con su prima, la antropóloga Hermione Harris, y con Mark Carlin. Los afanes de liberación de 1968 seguían latiendo en aquella sociedad estudiantil y Olivia ingresó en un grupo de antropólogas que sentían que se debía criticar el supuesto matriarcado, que les parecía un tópico decimonónico: en las sociedades matrilineales conocidas por la etnografía, los hijos pertenecían al grupo de su madre, pero era el hermano de ésta quien ejercía autoridad y les otorgaba su pertenencia social. A partir de aquel entonces se relacionó con otras feministas de América Latina (Grupo Flora Tristan en el Perú, Lourdes Arizpe en México). También entró en el Comité Editorial de Critique of Anthropology, fundado en 1974 por el London Alternative Anthropology Group (LAAG), donde se encontró con los antropólogos Kate Young, Joel Kahn y Josep Llobera (quien la ayudó a publicar en la Editorial Anagrama de Barcelona). Con Kate Young, de la Universidad de Sussex, Olivia trabajó en varios textos pioneros, en inglés y en castellano, sobre la mujer, el matrimonio y el mercado, que fueron los trabajos que empezaron a fraguar su reputación mientras enseñaba en la Universidad de Kent en Canterbury.

En 1976, se reunió en Londres con Tristan, recién regresado de los Andes, y con Thérése que llegó desde París. Thierry Saignes apareció también en Londres aquel mismo año, y los cuatro empezamos a compartir juntos nuestro común interés por los Andes. Al correr de los años nuestras discusiones se transformarían en un proyecto franco-británico de etnohistoria andina. En 1976 también viajó a Londres John V. Murra, en aquel momento profesor invitado en Paris X-Nanterre, quien visitaba a Tristan, y cuya seductora influencia de intelectual militante fue, por largo tiempo, fundamental en la vida de Olivia. Fue a través de Murra que conoció a Sidney Mintz, quien había contribuido a crear el Departamento de Antropología en la Johns Hopkins University, donde participó en un taller.

En 1979 fue contratada por el Goldsmiths College, que después de años de lucha llegaría a formar parte de la Universidad de Londres. Impulsada por un compromiso político, en 1986 fundó con otros (entre ellos su supervisor Maurice Bloch) el Departamento de Antropología, que al inicio formó parte de la sección de "Educación para Mayores" de Goldsmiths. También llegarían Brian Morris, Steve Nugent y su amiga Sophie Day, con quienes compartió su vida docente y muchos de sus intereses científicos. A través de Sally Alexander del Departamento de Historia de Goldsmiths, con quien también tocaba violín, Olivia se acercó a los trabajos del History Workshop Journal, y conoció entre otros a Raphael Samuel, a Keith McClelland y a Bill Schwartz. Entonces, su interés por la familia entró en resonancia con la discusión que algunos historiadores ingleses llevaban sobre la familia en la temprana modernidad. Olivia, que procedía de una familia recompuesta y que se dedicaría a componer la suya con Marina y Harry, no se separó nunca de este interés por el parentesco, como lo demuestra uno de sus últimos trabajos aún por publicar.

En 1982 -a pesar del boicoteo de muchos colegas latinoamericanos, debido a la Guerra de Las Malvinas- Olivia coordinó en el Congreso Internacional de Americanistas de Manchester una mesa redonda sobre indios y mercados alti-plánicos. Al año siguiente coorganizó en Sucre con Gunnar Mendoza, Director del Archivo Nacional, con Brooke Larson de la Universidad de Nueva York en Stonybrook, y con Enrique Tandeter del Instituto Ravignani de Buenos Aires, el primero de tres Congresos apoyados por el Social Science Research Council (SSRC) de Nueva York. Olivia trabajó intensamente con sus colegas para preparar el primer resultado de este programa ambicioso: una compilación ya clásica sobre la Participación Indígena en los Mercados Surandinos que se editó primero en castellano en Bolivia (CERES, Cochabamba 1987), y algunos años después en inglés en los EE.UU. (Larson et al. 1995).

Efectivamente, los mercados y la circulación de bienes fueron otro de sus temas de interés. Se originaba en sus primeros trabajos feministas y en su etnografía, y fueron precedidos por una publicación sobre la economía vertical de los Laymi presentada en el Congreso Internacional de Americanistas de París (1976). Este trabajo, también editado en la Revista Avances de La Paz en 1978, fue revisado para dar lugar al texto publicado en el libro Economía y Ecología en los Andes (1982), editado por David Lehmann, y más tarde fue republicado con modificaciones en La Paz por su amigo Javier Medina como folleto en castellano con el título de Economía Étnica (HISBOL 1986). Este librito llegó a ser un best seller en Bolivia. Asimismo, el poder fertilizante de los antepasados andinos, y su presencia en forma de diablos entre los vivos, la llevó a tratar, en dos artículos justamente celebrados, el tema de "la plata" de los antepasados y el papel multiplicador que desempeña en la circulación monetaria actual (O. Harris 1982, 1989).

En 1986, en una fiesta navideña, conoció a Harry Lubasz, en aquel entonces profesor de Historia en la Universidad de Essex, quien a partir de ese momento compartiría su vida. Olivia se fijó en él mientras él cantaba en voz baja la Rapsodia para Alto de Brahms; y pasaron la velada bailando. En su casa, en la pared, un grabado representando una pareja bailando tango presidió alegremente a muchas de nuestras reuniones de trabajo.

Le encantaban a Olivia las ideas imaginativas, y la osadía, pero siempre procuraba definir su propia postura en confrontación con las distintas propuestas de los que la habían precedido en un tema. En su caso, no se trataba solamente de un artificio didáctico, sino de una necesidad de afirmar su lugar personal en el seno de la "gran familia" de los antropólogos. Como filóloga, era sensible a la etimología de las palabras. Escribía dándole vueltas a sus datos etnográficos, considerándolos desde diferentes perspectivas, aclarando las distintas opciones lingüísticas, a veces subrayando lo que no quería decir, antes de decidirse por el concepto que, con todas sus ambigüedades, fuese la fiel expresión de su pensamiento. A prueba de ello está su libro To Make the Earth Bear Fruit, publicado en 2000 por el Instituto de Estudios Latino-Americanos de Londres (ILAS), donde enseñaba cursos para la Maestría en Estudios Latino-Americanos de la Universidad.

Por varios años fue docente invitada en la Universidad de Oslo. A raíz de la Tercera Conferencia del European Association of Social Anfhropologists (EASA) sobre "Moralidades" convocada por Signe Howell, que tuvo lugar en aquella ciudad en 1994, y en la que dirigió un simposio sobre la Ley, Olivia editó un libro colectivo bajo el título provocativo de Inside and Outside the Law (1996). Escribió el prólogo de este libro, desde Bolivia, en el hervidero de la ley de participación popular, cuando ayudaba a los juristas bolivianos a reformular el estatuto de mucha gente hasta ese entonces excluida. El tema tenía su origen en sus clases sobre la "Política de la Tradición" que también desembocaron en muchos artículos en los que analizó las nociones de memoria y temporalidad de los llamados "pueblos sin historia", y la paradoja que representa para los antropólogos el estudiar la temporalidad de "los otros" a partir de "nuestras" propias experiencias del tiempo. En una de sus críticas señalaba que el enfoque de la larga duración propuesto por Fernand Braudel era paradójico en cuanto que Braudel también consideró que su enfoque representaba una ruptura para la historiografía. Con James Dunkerley y otros de sus fieles colegas y amigos, Sinclair Thomson y Seemin Qayum, tenía la intención de "repensar la revolución boliviana" y seguir reflexionando sobre la temporalidad.

En 2005 fue docente invitada en la Universidad de Chicago y el mismo año llegó a ser Catedrática de Antropología en laLondon School of Economics. En 2006, hace tan sólo tres años, llegamos a publicar juntos Qaraqara-Charka, en la editorial de José Antonio Quiroga (Plural Editores de La Paz), libro en el que nos habíamos involucrado durante más que 20 años (Platt et al. 2006). Este libro fue una piedra de Sísifo que cargamos juntos, además de un proyecto utópico de coescritura. El libro se tomó, se retomó y se dejó varias veces, hasta que, en un momento dado, los tres que sobrevivimos a la dolorosa muerte de Thierry Saignes en 1992, tomamos juntos la decisión de darle prioridad ante todos nuestros otros compromisos. En aquel tiempo, Olivia fue frecuentemente la anñtriona de nuestras reuniones y su vitalidad y generosidad, a la vez que su entusiasmo y su tesón, constituyeron elementos esenciales para que pudiésemos acabar la labor. El libro nos procuró a todos la sensación de un trabajo hecho y acabado. Y así lo expresaba Olivia en la presentación colectiva que hicimos en el Congreso de Bolivianistas de Sucre en 2006, que fue también su último viaje a Bolivia.

Olivia murió arrebatada por un cáncer fulminante el 9 de abril de 2009, menos de un mes después de haber sido diagnosticada, dejando solos a sus seres queridos, sobre todo a su hija Marina de 13 años, y a su esposo Harry. La noticia de su inminente desaparición fue comunicada inmediatamente a sus amigos en La Paz: Silvia Natalia Rivera Cusicanqui, Cristina Bubba, Javier Medina, Xavier Albo, Seemin Qayum, Esteban Ticona, Ricardo Calla, Silvia Arce... El destino quiso que falleciera para el día aniversario de la Revolución Boliviana de 1952, que debía ser el tema de su próximo trabajo colectivo. Pidió que su funeral se desarrollara en la Catedral de Soufhwark a la orilla sur del Támesis, cerca del Puente de Londres y del teatro de Shakespeare, "The Globe". La iglesia, que se construyó encima de otros templos paganos y cristianos, y los pubs de Soufhwark fueron, durante el Medievo, el punto de partida de los peregrinos que iban a visitar la tumba milagrosa de Thomas Becket en Canterbury, y que en algunos casos proseguían el camino hasta Santiago de Compostela. En ella había sido bautizada su hija Marina y allí se casó con Harry cinco días antes de fallecer. En esa ocasión, al entrar en el templo, en camilla, contemplando la hermosura de su techo gótico, dijo: "He vuelto a casa".

Las "lluvias dulces de abril" (Chaucer), las rosas blancas y los irises, la música del grupo instrumental en el que tocaba, la poesía de T. S. Eliot, los recuerdos de sus hermanas, colegas y amigas, la voz de Violeta Parra, las lecturas de su hija y de su esposo, se alternaron sobriamente con los himnos y la bella liturgia anglicana. La ceremonia oficiada por el Deán de la Catedral, su cuñado Colin Slee, fue esplendorosa y elevada, pero desgarradora cuando el ataúd de Olivia, acompañado por su hermana Imogen y por Marina, entró en el templo. Como nos dijo su cuñado, Olivia había dispuesto toda la ceremonia desde su lecho de muerte. Sorprendió, quizás, su decisión de estar recogida en la religión. Sin embargo, en una carta escrita ya en 1982, en la que manifestaba un sentido personal de la historia, y quizás de la historia de su vida y de su muerte, decía: "Me doy cuenta que, en un nivel profundo, realmente creo que, donde no hay un sentido de lugar y una profundidad de memoria, no hay nada".

Londres-Paris-St. Andrews, 2009

Referencias Citadas

Harris, O. 1982 The dead and the devils among the Bolivian Laymi. En Death and the Regeneration of Life, editado por M. Bloch y J. Parry, pp. 45-73. Cambridge University Press, Cambridge.        [ Links ]

1983 Heavenly father. En Fathers, Reflections by Daughters, editado por U. Owen, pp. 60-74. Virago, London.        [ Links ]

1987 De la fin du monde. Notes depuis le Nord-Potosi. En Bolivie: fascination du temps et organisation de l'apparence. Cahiers des Amériques Latines, número especial, editado porThérése Bouysse, pp. 93-118. París.        [ Links ]

1989 The earth and the State: the sources and meanings of money in Northern Potosí. En Money and the Morality of Exchange, editado por J. Parry y M. Bloch, pp. 232-268. Cambridge University Press, Cambridge.        [ Links ]

Harris, R. 1987 Memory-Soft theAir. Recollections ofLife and Service with Cabinet, Crown and Church (foreword by Yehudi Menuhin). The Pentland Press, Kippielaw.        [ Links ]

Larson, B. y O. Harris con E. Tandeter 1995 Ethnicity, Markets and Migration in the Andes. At the Crossroads ofHistory andAnthropology. Duke University Press, Durham.        [ Links ]

Platt, T, T. Bouysse-Cassagne y O. Harris 2006 Qaraqara-Charka: Mallku, Inka y Rey en la Provincia de Charcas (siglos XV-XVII). Historia antropológica de una confederación ayunara. Institut Francais d'Études Andines/ Plural Editores/University of St Andrews/University of London/Inter-American Foundation/Cultural Foundation of the Bolivian Central Bank, La Paz.        [ Links ]

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