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Chungará (Arica)

versión On-line ISSN 0717-7356

Chungará (Arica) vol.46 no.1 Arica  2014

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-73562014000100001 

EDITORIAL

EL INNOVATIVO LEGADO DE ARTHUR AUFDERHEIDE A LA PALEOPATOLOGÍA

THE INNOVATIVE LEGACY OF ARTHUR AUFDERHEIDE TO THE PALEOPATHOLOGY

 

Vivien G. Standen1, Bernardo T. Arriaza2, Calogero M. Santoro2,3 e Iván Muñoz1

1. Departamento de Antropología, Universidad de Tarapacá, 18 de Septiembre 2222, Arica, Chile. vstanden@chungara.cl; imunoz@uta.cl
2. Instituto de Alta Investigación, Universidad de Tarapacá, Antofagasta 1520, Arica, Chile. barriazaarica@gmail.com; calogero_santoro@yahoo.com
3. Centro de Investigaciones del Hombre en el Desierto, Av. General Velásquez 1775, Piso 2, Arica, Chile. csantoro@cihde.cl


 

Recientemente falleció Arthur Aufderheide, paleopatólogo norteamericano, profesor Emérito de la University of Minnesota, Duluth, y Director del Laboratorio de Paleobiología de su Universidad. Arthur Aufderheide realizó importantes investigaciones bioantropólogicas que contribuyeron sustancialmente a una mejor comprensión de los modos de vida y las enfermedades a que se vieron expuestas las poblaciones prehispánicas andinas, en particular del norte de Chile y sur del Perú. Llegó a Arica por primera vez a inicios de la década de 1980. De ahí en adelante mantendría visitas científicas permanentes por casi dos décadas, para posteriormente intensificar sus investigaciones en el sur de Perú y en otras regiones del mundo.

Arthur Aufderheide nació en New Ulm, una pequeña ciudad en el estado de Minnesota, Estados Unidos, el 9 de septiembre de 1922 y falleció en Duluth el 9 de agosto de 2013, es decir, ¡tuvo la dicha de vivir 90 años! Mary fue su infatigable y talentosa compañera, versátil en el manejo de distintas lenguas y concertista de violín clásico. Realizó sus estudios de medicina, graduándose de la University of Minnesota, donde posteriormente se mantuvo como profesor en el Medical School, entre los años 1978 y 2009. A partir de mediados de la década de 1970 comenzó a descubrir el ámbito antropológico de su profesión en la medida que como médico entró en contacto con culturas tradicionales como los Inuit. En 1983 visitó Arica en un programa de turismo científico organizado por Marvin Allison, que lo llevó a descubrir la punta del iceberg de la paleopatología. En ese contexto participó en una expedición arqueológica al valle de Codpa, donde años más tarde reconocería que había sido una de las experiencias más fascinantes y temerarias realizadas en su vida, debido a que parte del viaje se realizó a lomo de mula, cosa que nunca antes había realizado (Figura 1). Pero sin lugar a dudas, descubrir que era posible contribuir innovativamente al conocimiento de las enfermedades y patologías que afectaron a las poblaciones del desierto de Atacama fue el mejor legado de su primera experiencia de Chile, a partir de la cual sistemáticamente amplió la perspectiva de los análisis paleopatológicos a nivel planetario. Aplicó metodologías de la biología molecular, la química, la inmunología, la imagenología, entre otras, que revolucionaron los procedimientos metodológicos y técnicos para conocer mejor el origen y características de los vectores que provocaron enfermedades en el pasado y su relación con la ecología, como así también los modos de vida y la cultura. Esto lo llevó a trabajar con distintos grupos de científicos de distintas regiones del mundo (China, Medio Oriente, Sudamérica, Europa y Estados Unidos), donde llevó su entusiasmo, su gran capacidad de trabajo y generosidad, rasgos que se distinguieron de su enérgica personalidad.

Arthur (en el medio) en la expedición arqueológica al valle de Codpa, 1983 (fotografía de Calogero Santoro).

Como paleopatólogo no sólo estuvo interesado en el estudio de los esqueletos, sino también en el estudio de los tejidos blandos disecados por factores ambientales en distintos desiertos del mundo, incluyendo cuerpos momificados por efecto de la acción humana. Todo este mundo se le abrió en Arica, inserta en el desierto de Atacama, conocido mundialmente por su hiperaridez y por lo tanto un ambiente extremadamente apropiado para la conservación de restos orgánicos milenarios, incluidos los cuerpos humanos. Por aquellos años trabajaba en la Universidad de Tarapacá Marvin Allison, pionero junto a Juan Munizaga de los estudios paleopatológicos en Chile, línea de investigación a lo que se sumó luego Arthur (Aufderheide y Allison 1995). Esto permitió darles valor a las colecciones conservadas en el Museo Universidad de Tarapacá, San Miguel de Azapa, una de las más importantes y mejor documentadas colecciones de esqueletos y momias de toda Sudamérica, excavadas por miembros del Museo. Así entonces, la conjugación de estos factores le permitió a Arthur aplicar enfoques epidemiológicos y evolutivos en el estudio de la paleopatología, lo que determinó su interés por trabajar en esta zona de la costa andina, un lugar ideal para sus objetivos científicos.

En cada visita que lo traía a Arica, venía siempre acompañado de su querida Mary, quien contribuía entusiastamente en distintas tareas, desde la toma de fotografías, apuntes en los cuadernos de notas y el llenado de fichas (las que se encuentran en los archivos del Museo Universidad de Tarapacá, San Miguel de Azapa). Desde mediados de los años ochenta, Arthur trabajó ampliamente con científicos chilenos y extranjeros aplicando enfoques interdisciplinarios. Arthur fue pionero en Chile en los estudios arqueométricos "tan en boga en la actualidad". Hace justo 20 años, con su espíritu visionario ya aplicaba los métodos y técnicas de la química analítica para reconstruir la dieta de las antiguas poblaciones de Arica y de Acha en particular (Aufderheide et al. 1993). A través del estudio de isótopos de 12C,13C, 15N, 34S, 87Sr, determinó que esta población, correspondiente a una de las más tempranas evidencias bioarqueológicas de la costa pacífica de Sudamérica, tuvo una dieta compuesta básicamente de recursos marítimos (peces, moluscos y mamíferos marinos) que complementó en mínima proporción con algunos vegetales silvestres y los esquivos mamíferos terrestres. Estos resultados se plasmaron en la publicación del libro sobre Acha-2 (Muñoz et al. 1993) y fueron plenamente consistentes con la información de la tecnología y los análisis malacológicos e ictiológicos del sitio. Además realizó estudios de isótopos a los cuerpos procedentes de Chinchorro-1, Camarones-8 y Camarones-17 (Aufderheide et al. 1993). Estudios posteriores de isótopos en las poblaciones Chinchorro y Alto Ramírez, y esta vez en colaboración con Mario Rivera, confirmaron la dieta básicamente marítima (Aufderheide et al. 1994). La importancia de los recursos costeros se volvió a constatar con los análisis de isótopos aplicados a poblaciones del Intermedio Tardío y Tardío del valle de Lluta (Aufderheide y Santoro 1999). Este desarrollo fue posible gracias a Tieszen y Chapman (1995) quienes generaron índices comparativos a partir de muestras marinas y terrestres colectadas en el norte de Chile. Esta iniciativa, promovida por Arthur, hoy en día es una importante referencia para los investigadores que realizan análisis isotópicos en la región.

En esa misma línea de la "arqueometría", junto con Larry Cartmell y colaboradores (Cartmell et al. 1991) exploraron innovativamente la posibilidad de aplicar estudios de radioimmuno assay a cabellos de momias, con miras a detectar presencia de me-tabolitos (benzoylecgonine) de las hojas de coca (Erythroxylum spp.). Consecuentemente, lograron documentar científicamente que la práctica de consumir hojas de coca dejaba su señal química en los cabellos de las momias prehispánicas del norte de Chile. Confirmaron, también que esta práctica se inició en el periodo Formativo; descartando su uso para las poblaciones Chinchorro.

Otras contribuciones relevantes fueron sus estudios en paleoparasitología con distintos colaboradores nacionales e internacionales, como Karl Reinhard. La identificación del parasito Tripanosoma cruzi desde los 9.000 años a.p. logró trazar la historia evolutiva de la enfermedad de Chagas en el norte de Chile (Aufderheide et al. 2004). En relación con la presencia de enfermedades infecciosas, determinó mediante métodos y técnicas histológicas y de la biología molecular, junto a Bernardo Arriaza, Willmar Salo y colaboradores, la presencia de diversas bacterias, en particular la Mycobacterium tuberculosis y el Treponema responsables de la tuberculosis y de la treponematosis respectivamente, infecciones crónicas que afectan a los individuos dejando claras marcas en algunos huesos del esqueleto (Ortner y Putschar 1981).

Arthur plasmó sus investigaciones en más de 100 artículos publicados en las más prestigiosas revistas científicas de EE.UU., Europa y Chile, incluyendo Chungara Revista de Antropología Chilena. Contribuyó con capítulos de libros y escribió cuatro libros, entre los que destacan Paleopathology: Current Synthesis and Future Options (1991), editado en coautoría con Donald Ortner y publicado por la Smithsonian Press; Encyclopedia of Human Paleopathology (1998), en coautoría con Conrado Rodríguez-Martín, una completa obra sobre las enfermedades y la paleopatología de las poblaciones antiguas; The Scientific Study of Mummies (2003), un libro que ilustra el potencial que tienen los estudios de momias desde la perspectiva científica y multidisciplinaria, ambas obras publicadas por Cambridge University Press. Finalmente publica Overmodeled Skulls (2009), Heide Press, Llc., con la colaboración de diversos especialistas, una puesta al día acerca de cráneos modelados distribuidos por diversas regiones del planeta, inmersos en contextos culturales e históricos de distintas épocas.

Desde la perspectiva de la difusión de los avances científicos, Arthur fue clave en la organización de los Congresos Científicos de Estudios sobre Momias, siendo un miembro activo y responsable de los ocho congresos que se han desarrollado hasta la actualidad. Junto a Marvin Allison, Juan Munizaga y Enrique Gerszten, Arthur fue uno de los pioneros en los estudios de momias en el área andina, cuando estas no eran de interés científico ni patrimonial eran dejadas en los sitios. Sin embargo, al inicio del siglo XXI -en Chile- la realización de autopsias a momias comenzó a ser duramente cuestionada por la comunidad científica local, debido a los métodos invasivos y destructivos. Consecuentemente, surgieron nuevos paradigmas y procedimientos metodológicos (Cassman et al. 2007). En la actualidad se realizan pequeñas disecciones o biopsias a los cuerpos para extraer muestras de tejidos y seguir avanzando en el conocimiento científico acerca de las condiciones de vida, la dieta, la salud y las enfermedades de las poblaciones antiguas. Por otro lado, se ha avanzado considerablemente en la conservación de los cuerpos en nuestros museos, mejorando sus condiciones de almacenaje en nuevos depósitos, con controles rigurosos de temperatura y humedad.

Uno de sus últimos actos en beneficio del desarrollo de la investigación de las poblaciones prehispánicas del norte de Chile fue el retorno a Arica de numerosas muestras de tejidos blandos. Estas pequeñas muestras de tejidos fueron extraídas de las autopsias que realizó Arthur junto con Marvin Allison y Enrique Gerszten, en el norte de Chile. Las muestras actualmente se encuentran conservadas en el laboratorio de Bioarqueología del Instituto de Alta Investigación de la Universidad de Tarapacá. Estas muestras están en contenedores apropiados y debidamente rotulados y constituyen un completo archivo documentado de muestras de tejidos antiguos. Esta es una gran reserva científica para futuras investigaciones con métodos y técnicas que se hacen cada vez más precisas y sofisticadas para el estudio de las enfermedades de las poblaciones del pasado. Calogero Santoro fue clave en concretizar este reenvío desde EE.UU. a Chile, con el apoyo del Centro de Investigaciones del Hombre en el Desierto y Natalia Allende de la Embajada de Chile en Washington.

Gracias a los estudios de Arthur Aufderheide y de otros investigadores, hoy sabemos que las Américas antes de la llegada de los españoles no era un "paraíso terrenal". Los grupos humanos de todas las épocas, con distintos grados de complejidad sociocultural no vivieron exentos de padecer enfermedades infecciosas, parasitarias, degenerativas, traumáticas, entre otras. Particularmente en el desierto de Atacama, a pesar que las poblaciones prehispánicas, obviamente vivieron sin el aporte de la penicilina y otros vectores remediales como los que contamos hoy día, lograron no sólo sobrevivir, sino que progresar socialmente en uno de los ambientes más extremos del planeta. Estos aportes científicos de la bioantropología y la arqueología proporcionan una visión más real de cómo era la vida de las poblaciones antiguas del continente americano, una lección para las generaciones actuales y futuras cuyos modos de vida están poniendo, aparentemente, en riesgo la sustentabilidad de la sociedad humana en el planeta.

San Miguel de Azapa, 20 de noviembre de 2013.

 

Referencias Citadas

Aufderheide, A.C. y M.J. Allison 1995. Chemical dietary reconstruction of north Chile prehistoric populations by trace mineral analysis. Proceedings of the First World Congress on Mummy Studies Volumen 1, pp. 451-4611. Museo Arqueológico y Etnográfico de Tenerife, Organismo Autónomo de Museos y Centros, Cabildo de Tenerife.         [ Links ]

Aufderheide, A.C., M. Kelley, M.A. Rivera, L. Gray, L. Tieszen, E. Iversen, R. Krousce y Á. Carevic 1994. Contributions of chemical dietary reconstruction to the assessment of adaptation by ancient highland inmigrants (Alto Ramírez) to coastal conditions at Pisagua, north Chile. Journal of Archaeological Science 21: 515-524.         [ Links ]

Aufderheide, A.C., I. Muñoz y B.T. Arriaza 1993. Seven Chinchorro mummies and the prehistory of northern Chile. American Journal of Physical Anthropology 91: 189-201.         [ Links ]

Aufderheide, A.C., W. Salo, M. Madden, J. Streitz, J. Buikstra, F. Guhl, B. Arriaza, C. Renier, L.E. Wittmers Jr., G. Fornaciari y M. Allison 2004. A 9,000 year record of Chagas' disease. Proceedings of the National Academy of Sciences 101: 2034-2039.         [ Links ]

Aufderheide A. y C.M. Santoro 1999. Chemical paleodietary reconstruction: Human populations at late prehistoric sites in the Lluta valley of northern Chile. Revista Chilena de Historia Natural 72: 237-250.         [ Links ]

Cartmell, L.W., A.C. Aufderheide, A. Springfield, C. Weems y B. Arriaza 1991. The frequency and antiquity of prehistoric coca-leaf-chewing practices in Northern Chile: radioimmunoassay of cocaine metabolite in human mummy hair. Latin American Antiquity 2: 260-268.         [ Links ]

Cassman, V., N. Odegaard y J. Powell (eds.) 2007. Humans Remains: Guidefor Museum and Academic Institutions. AltaMira Press, Rowman & Littlefield Publishers, Inc., Lanham.         [ Links ]

Muñoz, I., B. Arriaza y A. Aufderheide (eds.) 1993. Acha-2 y los Orígenes del Poblamiento Humano en Arica. Ediciones Universidad de Tarapacá, Arica.         [ Links ]

Ortner, D.J. y W.G.J. Putschar 1981. Identification of Pathological Conditions in Human Skeletal Remains. Smithsonian Press, Washington, DC.         [ Links ]

Tieszen, L.L. y M. Chapman 1995. Carbon and nitrogen isotopic status of the major marine and terrestrial resources in the Atacama Desert of northern Chile. Proceedings of the First World Congress on Mummy Studies Volumen 1, pp. 409-425. Museo Arqueológico y Etnográfico de Tenerife, Organismo Autónomo de Museos y Centros, Cabildo de Tenerife.         [ Links ]