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Chungará (Arica)

versión On-line ISSN 0717-7356

Chungará (Arica) vol.47 no.3 Arica set. 2015  Epub 22-Ago-2015

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-73562015005000031 

LOS FUTUROS IMAGINADOS DE LA PESCA ARTESANAL Y LA EXPANSIÓN DE LA SALMONICULTURA EN EL SUR AUSTRAL DE CHILE

 

IMAGINED FUTURES FOR ARTISANAL FISHING AND AND THE EXPANSION OF SALMON FARMING IN THE FAR SOUTH OF CHILE

 

Gonzalo Saavedra Gallo1

1 Instituto de Estudios Antropológicos, Universidad Austral de Chile, Valdivia, Chile. gonzalosaavedragallo@gmail.com


Resumen: Este artículo analiza la problemática relación entre la mega-industria productora de salmones en cautiverio y los sistemas pesquero-artesanales emplazados en el Sur Austral de Chile, en Patagonia insular occidental. Se contrastan los discursos que los actores del territorio elaboran en el marco de situaciones conversacionales -diseñadas como espacios de intersubjetividad reflexiva entre investigadores y actores locales- y las representaciones específicas acerca del futuro imaginado de la pesca artesanal. El referente de estas representaciones, es decir, lo que activa el ejercicio de imaginación, son cuatro escenarios que la investigación ha propuesto como puntos de partida y que expresan posiciones diversas y matices respecto de las encrucijadas modernizantes que ocurren en el Sur Austral chileno. Lo anterior, al tiempo que permite observar los intersticios socioculturales-localizados de los espacios tensionados y conflictivos del desarrollo, invita a repensar el lugar y la "naturaleza" de lo político en un marco relacional que congrega especialmente a empresas, Estado, ONG y comunidades locales.

Palabras claves: pesca artesanal, salmonicultura, resistencia, imaginación, sur de Chile.


Abstract: This article analyses the problematic relationship between the mega-industrial production of salmon in captivity and the artisanal non-industrialised fishing systems used in the far south of Chile, in the islands of western Patagonia. The discourse elaborated by those actors involved in fishing in this territory, in conversational situations designed as spaces of reflexive intersubjectivity between researchers and local actors, is contrasted with specific representations of the imagined future for artisanal fishing. The references that trigger this imagination are four scenarios which in this research are taken as starting points, and which express varied positions and attitudes regarding the dilemmas of modernisation in Chile’s far south. This approach allows observation of the localised, socio-cultural interstices in spaces where development creates tensions and conflicts, and also invites us to re-think the place and the "nature" of the political in a relational framework where companies, the State, NGOs and local communities congregate.

Key words: Artisanal fishing, salmon-farming, resistance, imagination, Southern Chile.


 

Las sociedades litorales, de base pesquero artesanal, emplazadas en el Sur Austral chileno se encuentran inmersas en una de las tantas encrucijadas históricas que les han afectado. En particular, una serie de constricciones modernizantes que inciden negativamente en la sustentabilidad ambiental, hidrobiológica y económico-cultural del territorio. Se trata de una compleja interrelación entre economías tradicionales y dinámicas empresariales y de mercado que, sobre todo en los últimos 30 años, se han visto favorecidos por políticas estatales de corte ortodoxo imperantes en Chile (Harvey 2007; Larraín 2001; Salazar y Pinto 1999).

Desde mediados de la década de 1990 la industria productora de salmones en cautiverio (en adelante IS) -el más emblemático de esos proyectos empresariales- se expande por sus costas no sin tropiezos pero con un vigor expansivo explicable en su concepción lineal de crecimiento y acumulación de capital1. Si bien la IS no es la única fuerza expansiva constitutivamente ajena al espacio tradicional, es sin lugar a dudas la que ha generado mayores impactos y externalidades negativas en el ecosistema (Claude y Oporto 2000; García 2005; Niklitschek et al. 2013). Los escenarios constrictivos, casi siempre observados estructuralmente, admiten además lecturas desde posiciones menos convencionales, desde las "víctimas" de esta globalización neoliberal (Barkin y Rosas 2006; Hinkelammert 2001; Leff 2002), en donde más que evidenciar las deudas del "victimario" (los capitalistas y la complicidad del Estado) cabe también la pregunta por el lugar de la base social en la construcción del tiempo que está por venir.

Cuatro escenarios tipo permiten retratar relacionalmente las expresiones problemáticas de un contexto modernizante dinámico pero recurrente en sus tendencias: (a) el escenario de la destrucción del ecosistema; (b) el escenario de la integración funcional de la pesca artesanal al proyecto empresarial; (c) el escenario de las resistencias confrontacionales de la base social frente a la avanzada industrial; (d) el escenario de la resistencia creativa de la base social.

La investigación se basó en un trabajo etnográfico con aplicación de registros de campo, entrevistas semi-estructuradas y grupos de discusión (adaptados como grupos de conversación). De norte a sur tuvieron lugar en San Antonio (isla Quihua, Calbuco), Quellón (extremo sur de la isla de Chiloé), Puerto Melinka (archipiélago de las Guaitecas) y Puerto Cisnes (en el canal Puyuhuapi). En forma simultánea se trabajó con fuentes documentales, en especial prensa escrita y registros históricos. El trabajo de campo iniciado en diciembre de 2011 concluyó en agosto de 2013. Los escenarios reseñados se plantearon inicialmente en términos hipotéticos a partir de fuentes secundarias y de registros etnográficos previos, ampliando los casos a los años 2006 y 2007 e incluyendo testimonios de Puerto Aguirre (Saavedra 2011). A nivel empírico fueron reconstruidos y cotejados desde un enfoque prospectivo territorial (Medina 1999, 2003) basado en la modelación imaginaria de los futuros posibles (Ther 2011). Se trata de expresiones representadas de un territorio que no se reduce ni se limita a ninguno de ellos, pero que, por otro lado, admite cada una de estas posibilidades. Las localidades son entonces los espacios sociales desde donde se construyen representaciones que, en cierto modo, son transversales del Sur Austral. La opción de trabajar con escenarios se fundamentó en las posibilidades que esta perspectiva reportaba para el trabajo de análisis y discusión colectiva, sobre todo a la hora validar las imágenes que se construyeron por localidad y que fueron debatidas en la segunda etapa del trabajo de campo.

Los Sistemas Pesquero-Artesanales del Sur Austral de Chile: Encrucijadas Modernizantes y Perspectivas de Base Socio-Cultural

El Sur Austral chileno comprende un territorio vastísimo, socialmente diverso, geográficamente intrincado, climatológicamente extremo y de notable riqueza en biodiversidad. Geoculturalmente se proyecta desde la isla de Chiloé hacia el extremo sur, incluyendo la vertiente cordillerana continental. Su emplazamiento, localizado entre los 41,2° y 49,1° latitud sur, se despliega desde el seno del Reloncaví hasta el extremo sur del golfo de Penas. En la práctica, incluye los territorios costeros de las regiones de Los Lagos y Aysén. Una cualidad característica es la presencia del mar interior, particularmente en la zona del archipiélago de Chiloé, comportándose como un complejo sistema de integración económico-cultural de consistencia bordemarina (Mansilla 2007; Skewes et al. 2012; Ther 2008; Urbina 1988). Lo anterior supone la configuración de diversas expresiones asociadas a la pesca artesanal, a la marisquería tradicional y a la agricultura a escala doméstica. Esta situación cambia, más al sur, en los archipiélagos de Aysén debido a la delgada capa vegetal presente en las islas. Esta diferencia explica que la condición mixta -agrícola y pesquera- de las economías familiares sea una cualidad predominante en Chiloé -insular y continental-, pero no en las islas de Aysén, en donde la dependencia marítima es notoria.

La influencia isleña es patente en toda la macrorregión y en todos los ámbitos de la vida social, en cada poblado costero o interior parece recrearse el estilo chilote. La nomenclatura "Chiloé continental", otrora utilizada para nombrar los territorios al este del gran canal de Chacao, retrata aquella influencia cultural. Esto cobra significación al observar que, desde los primeros "contactos" con conquistadores, exploradores y misioneros, a principios del siglo XVII, ocurre una reproducción de sistemas de vida en continuo proceso de mestizaje e hibridación (García Canclini 1990, 2000), en algunos casos con la persistencia de una matriz indígena pero siempre basados en la apropiación tradicional del borde costero y sus recursos. Se ha configurado aquí una forma de vida cuya peculiaridad, en tanto cultura del trabajo, reside en desplegar horizontes de sentido desde el sistema de significaciones que cabría asociar a la sociedad chilota. Ahora bien, estas dinámicas no han estado exentas de constricciones estructurales asociadas a las asimetrías que persisten en diversos contextos sociopolíticos, algo que, por cierto, es muy patente en Chiloé (Rebolledo 2012; Skewes et al. 2012; Ther 2008) y en diversas latitudes latinoamericanas (Escobar 2010; García Canclini 2000; Ribeiro 2007).

De tal manera que el análisis no soslaya la heterogeneidad del espacio económico Sur Austral, sin embargo toma como eje de referencia el componente del sistema que posiblemente mayores constricciones ha enfrentado en los escenarios contemporáneos: el pesquero artesanal, en donde habría que diferenciar sistemas bentónicos, demersales y pelágicos2.

Los sistemas bentónicos, ampliamente extendidos, están asociados a prácticas de marisquería tradicional con una base de subsistencia que en el curso del tiempo, en especial desde la década de 1980, evolucionó hacia una especialización de mercado. Actualmente las principales pesquerías bentónicas, erizos (Loxechinus albus), locos (Concholepas concholepas) y almejas (Venus antiqua), entre otras, están mayoritariamente destinadas a exportación. Las pesquerías demersales, por su parte, tuvieron un apogeo a comienzos de 1990 cuando, al descubrirse prolíficos caladeros de merluza austral (Merluccius australis) en la zona de reserva de la pesca artesanal se activa una importante demanda desde el mercado español (Brinck et al. 2011; Ramírez 1998; Saavedra 2011). En ese contexto, muchos pescadores locales reconvierten sus prácticas bentónicas hacia la pesca con espineles, otros, en plena crisis económica, emigraron desde diversas regiones y probaron suerte en los "inhóspitos" canales del sur. Como es frecuente en las economías primario-exportadoras, se observa aquí una relación perversa entre mercado y esfuerzo pesquero. Perversión que remite a esas cualidades indeseadas de la "modernidad tardía" (Giddens 1997) y que expresan relaciones destructivas fragmentariamente eficientes (Hinkelammert 2001). En cierto modo, lo anterior retrata las constricciones que el capitalismo transnacional ejerce sobre los sistemas costeros tradicionales en diversas latitudes del planeta, incentivando por un lado el aumento en las capturas pero simultáneamente hipotecando la biomasa (Cunningham y Bostock 2005).

Identitariamente predomina una configuración económico-cultural chilota, evidenciándose como núcleo de una diáspora que instaura un estilo de flujo y translocalización (Appadurai 2001; Clifford 1997), que abarca prácticamente toda el área en cuestión (Martinic 2004, 2005; Urbina 1988). Esto no implica desestimar la preponderancia del "lugar" en los escenarios analizados (Escobar 2000). Esta es una zona de marcados arraigos a partir de una historia compartida, en donde el mestizaje entre las tradiciones indígenas -huilliche en especial, aunque también canoeras- y las criollas -de matriz hispánica- implicaron el desarrollo de una vida material bordemarina, cuyas expresiones y diferencias locales se despliegan por todo el archipiélago patagónico.

Las encrucijadas y las tensiones

Desde la década de 1990 los territorios costeros del Sur Austral vienen siendo objeto de una expansión acuícola salmonera sin precedentes (Blanco 2008; Claude y Oporto 2000; Niklitschek et al. 2013), pero también -aunque en menor medida- de la industria cultivadora de mitílidos (Fernández y Giráldez 2013). Si bien sus habitantes tradicionales -pescadores, recolectores de orilla y familias campesinas del bordemar- coexistieron desde siempre con agentes foráneos que explotaron las bondades de sus bosques y aguas, solo en las últimas tres décadas el influjo del mercado activa un condicionamiento cultural profundo en su vida económica.

Al despliegue de la industria acuícola añadimos la presencia de otras empresas como las conserveras y las pesqueras. Eso en el ámbito productivo marino, porque en términos amplios estos litorales han atraído también otro tipo de inversiones. Entre ellas plantas de celulosas y empresas medianas y pequeñas vinculadas al "cluster acuícola", y desplegadas sobre todo en el eje continental que une la ciudad de Puerto Montt con Chiloé. En realidad lo que tenemos aquí es un vastísimo territorio, que históricamente ha sido decidido desde fuera y desde arriba (Sáenz 1999), en esa lógica del cluster, muy incidente en el Chile del naciente siglo XXI (Bustos 2012; OCDE Chile 2009; Pérez-Alemán 2005) y que en su acepción convencional implica la definición de geografías optimizadas para aprovechar sus vocaciones económicas objetivas. Territorio culturalmente diverso, tensionado desde esa diversidad que también se expresa en desencuentros por usos/apropiaciones diferenciadas. Ribeiro (2007) ofrece una imagen sugerente al definir la "consorciación" como un entramado de relaciones de poder que consolidan la posición de un conjunto de instituciones que intervienen en los espacios de la expansión capitalista. Aquella consorciación implica el establecimiento de alianzas estratégicas, jerarquizadas y funcionales a los propósitos de articulación a los mercados. Por cierto, desde 1986 SalmonChile -entidad que representa a diversas empresas del rubro- procura sostener su posicionamiento técnico, investigativo y comercial. Su importancia estructural es relevante en la defensa y consolidación de intereses comunes (Figura 1).

Figura 1. Sur Austral de Chile. Elaborado por Zamir Bugueño. Far south of Chile. Prepared by Zamir Bugueño.

La imagen instrumental de un territorio "prístino"

La imagen de las costas Sur Australes es paradójica, por una parte se idealiza como reserva de la biósfera, y por otra aparece como inagotable fuente de recursos naturales rentabilizables. El emplazamiento territorial tiene particularidades que conviene destacar. En primer lugar, la baja densidad demográfica (sobre todo en Aysén), condición que permite pensar en un territorio prístino, prácticamente deshabitado, y que por lo mismo puede ser literalmente explotado y rentabilizado; segundo, la lógica de uso económico-productivo del territorio Sur Austral ha sido extractiva, sea por costumbres, por limitaciones geoclimáticas o bien por decisiones estratégicas. Chiloé parcialmente es la excepción, pues si bien allí también ha pesado el extractivismo simultáneamente ha existido una importante tradición del cultivo agrícola y más recientemente un desarrollo artesanal de la microindustria local, de la acuicultura artesanal de mitílidos y, en una escala mayor, algunas iniciativas empresariales de conservería y procesamiento de pesquerías. Tercero, la construcción discursiva del Sur Austral como un territorio exuberante y en parte mítico (Martinic 2005; Osorio 2007), y aquí Chiloé no es la excepción sino más bien el eje articulador. Esta condición identitaria, algo ambigua, tiende a incidir en las respuestas locales frente a los procesos de modernización, y en particular a la expansión de la IS. Se trata de representaciones hegemónicas que, como ha evidenciado Escobar (2010) en el Pacífico colombiano, en parte consagran al Sur Austral como territorio a modernizar, como "entidad desarrollable".

Escenarios del Desarrollo Pesquero-Artesanal en el Sur Austral Chileno

Los cuatro escenarios fueron construidos a partir de una triangulación metodológica que incorporó (1) la sistematización del análisis documental de fuentes de prensa y estudios temáticos sobre la IS en el Sur Austral; (2) los resultados parciales de registros etnográficos realizados durante el trabajo de campo; y, (3) la conformación de un grupo de discusión-conversación organizado en cada una de las localidades visitadas durante la investigación. Una vez sistematizados los datos, se construyó una imagen discursiva -un relato- de cada escenario a nivel local, cada uno formulado con una proyección de diez años aproximadamente, esto según lo solicitado en las entrevistas y en el grupo de discusión. En una segunda visita, realizada varios meses después a cada localidad, vuelve a convocarse el grupo de conversación con el propósito de mostrar y discutir la imagen propuesta por el equipo de investigación. Esta imagen discursiva se complementó en cada caso con la organización de los elementos en una matriz jerarquizada o de prioridades, según preponderancia en cada escenario. La construcción de escenarios -y la reflexión en torno a ellos- ha sido trabajada bajo el concepto de imaginación, entendida como elemento creativo de una racionalidad que, en su despliegue modernizante, pareciera haber quedado reducida a su dimensión más instrumental (Morin 2006). En este marco, y teniendo como referencia la perspectiva de Appadurai (2001), se admite que la imaginación es un componente de "lo cultural" que favorece pensar y reorganizar la experiencia compartida de un colectivo en particular. Llevando la tesis de Anderson (1993) al plano identitario, el antropólogo indio ve en ello la potencia de reconstruir o de reconfigurar la comunidad en su dimensión imaginada (más allá de los límites de la nación o más allá de las estructuraciones convencionales de la modernidad). En términos de los "futuribles", advertidos por Ther (2011), cabría incluso referir a la fórmula de Godelier (1990) en cuanto a pensar conscientemente que las relaciones (sociales) de producción (de la vida material) pueden llegar a ser de otro modo.

Los escenarios puestos en discusión dan lugar a representaciones conscientemente imaginadas de los territorios vividos (Ther 2008), y que en la práctica expresan los presentes y los futuros posibles de las costas sur australes. Ciertamente es en los escenarios de "resistencia creativa" en donde con mayor nitidez se revelan los futuros pensados y/o imaginados desde el lugar (Escobar 1999), ello explica la importancia analítica del cuarto escenario. Debe añadirse que el concepto de resistencia, asociado a un orden social establecido y dominante, tiene al menos unas dimensiones prácticas y discursivas, y que en este último ámbito sus expresiones más radicales se despliegan fuera de los espacios donde la dominación está consagrada (Scott 2000). De manera que los grupos de conversación recogen en parte esa idea, la de ser un espacio propicio para expresar discursos -ocultos o no explícitos- de resistencia.

La destrucción del espacio marino-costero Sur Austral

Naturaleza administrada como "capital natural" (Leff 2002), espacio económico y lugar sin límites para la reproducción de una "naturaleza manufacturada", que en la lógica de su linealidad alcanza un límite crítico y expresa su capacidad autodestructiva (Giddens 1997, 1999). Es un escenario observable desde parámetros científico-convencionales -hidrobiológicos- que constatan las consecuencias del proyecto expansivo de la IS y de la presión generalizada sobre el ecosistema. Los primeros reportes que advierten sus impactos en Chiloé se consignan en el estudio de Claude y Oporto (2000), en donde visualizan problemas que en el curso de una década serían progresivamente patentes: la fuga de salmones, con la consecuente transmisión de patologías a especies nativas -o desde éstas a los salmónidos- y su capacidad depredadora en libre despliegue; la alteración de la columna de agua, por sedimentos depositados en el fondo marino y/o producto de la liberación de vacunas, antibióticos y componentes similares que han alterado su composición, entre otros (Buschmann y Fortt 2005; Niklitschek et al. 2013). Este tipo de estudios revela una notoria desregulación del sistema y, si consideramos la estrecha relación entre base material y economías de pesca artesanal, la tendencia observada admite proyecciones pesimistas en el plano sociocultural.

Hacia 2008 el escenario se torna aun más complejo, la evidencia sobre una producción drásticamente afectada por la Anemia Infecciosa del Salmón o virus ISA es patente. La patología se expande vertiginosamente, a tal nivel que en el curso de un año la mortandad merma la productividad en torno al 50%. La crisis desbordaría lo ambiental y expresa una inquietante situación social.

En la misma época es recurrente la caligidosis (producida por el parásito Caligus rogercresseyi), popularmente conocida como piojo del salmón o piojo de mar. Sus consecuencias más preocupantes aparecerían con posterioridad. Caligus es un parásito que se aloja originalmente en el robalo (Eleginops maclovinus) y que luego de varios ciclos de cultivo fue adquirido por los salmones, que -debe subrayarse-comparten el medio acuático en condiciones límite de maximización. Según la literatura especializada esas condiciones incidieron en que el parásito desarrollara mayores niveles de resistencia a los antibióticos, hecho que en el corto plazo implicó graves consecuencias ecológico-productivas tanto en salmones como en otras especies (Rozas y Asencio 2007). Al momento de realizar nuestros últimos trabajos de campo el piojo seguía causando estragos, al punto que las empresas ya anticipaban una situación compleja y tal vez otra inminente debacle. En la antesala los trabajadores advertían los acontecimientos. "Tremenda mortandad en los centros allá abajo", comenta un hombre al que le acababan de preguntar si estaba trabajando en la salmonera. Su interlocutor añade: "dicen que ahora vienen nuevos químicos para echarle a las jaulas, quieren llegar al 60% porque ahora están al 35% de cosecha". El registro es de febrero de 2013 y reproduce un breve diálogo entre dos pasajeros de un furgón entre Puerto Melinka y Repollal, en las Guaitecas. Es necesario añadir que aun cuando la caligidosis no está del todo controlada, entre 2007 y 2011 se registró un descenso significativo de su prevalencia (Servicio Nacional de Pesca y Acuicultura [SERNAPESCA] 2011). Esto coincide con la caída de la productividad debido al cierre de los centros contaminados con ISA, lo que implicó una serie de medidas destinadas a mejorar las condiciones de los individuos en engorde. Ambos factores están relacionados, pues a mayor hacinamiento, mayor incidencia de caligidosis y un mayor número de parásitos por individuo aumenta la prevalencia del ISA, puesto que las heridas hacen más vulnerable al pez3.

En agosto de 2007 conversamos con Lorena, pescadora de Puerto Aguirre, con algo de nostalgia nos relataba que ".. .hubiera sido mejor conservar lo natural del litoral de Aguirre, o sea no que llegue una salmonera y no me pueda comer un erizo. porque está contaminado". Cinco años más tarde, en febrero de 2012, un pescador merlucero de Puerto Cisnes se respondía sus propias preguntas: "¿Pero cuál será el beneficio? el beneficio ha sido contaminarnos, quitarnos donde los pescadores trabajaban". En marzo de ese mismo año organizamos nuestro primer grupo de conversación en la isla Quihua, entonces aseguraba uno de los anfitriones: "La industria ha traído contaminación, ha traído también violencia, así que nosotros no estamos tan contentos con los salmoneros".

Fracasan los dispositivos de control que la propia industria tiene sobre sí misma (Bauman 1996; Beck 1999), pero también fracasa el aparato estatal y la institucionalidad científica (Bustos 2012). Un desborde en la perspectiva de la gestión del riesgo y un desajuste mayor pero previsible en la proyección ilimitada, lineal y/o sin regulación, un salto al vacío. Algo falla en la formulación de la "naturaleza manufacturada", en ese proyecto empresarial orientado a la acumulación de riquezas. En general un sinnúmero de problemáticas derivadas de unas cuantas acciones y prácticas muy "arraigadas" en las empresas. Subjetivamente hay un escasísimo compromiso del sector respecto del medioambiente. Prevalece la lógica de la mitigación, pero el condicionante del sistema es la rentabilidad, es decir, los cálculos costo/beneficio orientados a la productividad. "El que contamina paga", es cierto, pero ese costo es absorbido en la inmediatez del negocio, queda atrapado en la misma "racionalidad fragmentaria" que pretende castigar (Hinkelammert 2001).

En cuanto a la sobreexplotación y al colapso de algunas pesquerías, son patentes las dinámicas perversas -en el sentido reseñado más arriba- que constriñen a la pesca artesanal hacia prácticas insustentables. Esto no implica una justificación, pero sí revela una situación recurrente a nivel global (Goodlad 2005), y que en Chile se agrava por una lógica administrativa que subordina la capacidad reproductiva del ecosistema a la rentabilidad de las inversiones (Barkin 2002; Hinkelammert 2001; Leff 2002). En la práctica se trata de dos expresiones de una misma racionalidad prevalente en la matriz administrativa/gerencial del Estado chileno.

Las percepciones locales aparecen condicionadas por sus experiencias relacionales con la IS. Quienes habitan el borde costero coinciden en que la industria contamina y que a su vez ha implicado nuevas fuentes laborales para las comunidades. Las visiones se despliegan en un plano que transita desde las experiencias cotidianas/sumergidas en las aguas, pasando por aquellas que solo han tenido la vivencia en tierra, hasta los testimonios que rememoran experiencias de familiares y vecinos. Los primeros, buzos principalmente, observan in situ las huellas de la IS, algo interesante pues anticipan lo que más tarde la investigación científica detecta en sus escasos estudios, o, más aún, en un ámbito más político, lo que la propia industria declarará cuando la situación sea insostenible. Así sucedió con el ISA y con el "piojo" entre 2007 y 2008. Así parece estar sucediendo en la actualidad. Estos testimonios son pesimistas, a ratos resignados, a ratos combativos, pero también con perspectivas de futuro a reconstruir.

El fondo marino es un espacio significado y subjetivado en las interacciones que allí se suceden desde tiempos remotos, es un espacio que dota a la realidad costera de sentidos profundos. En isla Quihua uno de los buzos nos relata que cuando se iban las salmoneras y abandonaban las jaulas (hundiéndolas en el mar) él "necesitaba" ir a ese lugar, bucear en ese espacio, re-conocer ese fondo deteriorado. Lo interpretamos como una ritualización que permitía recuperar simbólicamente un lugar que nunca dejó de sentirse ni concebirse como propio... "eso es como más o menos la ideología del pescador, de volver a sentirnos dueños de" (mujer, pareja de buzo mariscador, Isla Quihua, marzo 2012).

Cabe matizar también la experiencia no sumergida. Hay quienes han aprovechado la llegada de la IS y han desarrollado prósperos servicios. Desde ahí que su testimonio sea favorable, puesto que el presente es auspicioso y el futuro es en alguna medida esperanzador. Hay quienes han encontrado en la IS un trabajo temporalmente más estable -precariamente más estable-, es un contrasentido, sin lugar a dudas. Ello también arroja una visión menos dramática, tal vez más intensamente vivida en el presente. En todos estos casos -posiblemente debido los matices experienciales de los sujetos- en general no se aprecia un énfasis en la dimensión destructiva de la industria. Aunque en el flujo de la conversación su constatación es patente.

La integración funcional de los sistemas pesquero-artesanales y económico-costeros al proyecto empresarial

Cabe hacer al menos dos lecturas. Por una parte, la lectura estructural en el sentido convencional y, por otra, la lectura a nivel de las subjetividades e intersubjetividades. En el primer caso hay unos datos objetivos, por ejemplo asociados al empleo y a los indicadores de productividad. Al respecto 2008 sigue siendo el punto de inflexión, hasta ese entonces la versión oficial entregada por la multigremial SalmonChile publicitaba la existencia de 53.000 empleos directos e indirectos, se situaban básicamente en las regiones de Los Lagos y en Aysén. Según sus propias estimaciones, una vez desatada la crisis, las cifras mermaron en torno al 50%, eso sí, con un repunte a partir de 2010 y 2011 significando una recuperación de prácticamente la mitad de los empleos directos y alcanzando hacia 2013 las cifras previas a la crisis.

La caída en la producción, y el efecto concomitante en el empleo, evidencia además la precariedad del mismo, ciertamente es ese marco jurídico-institucional el que requiere la IS para funcionar. Es decir, con la flexibilidad suficiente -que recomienda la ortodoxia- como para prescindir legalmente de los/as trabajadores en momentos de apremio. Como sucedió durante la citada crisis y como podría suceder a propósito del efecto Caligus o de cualquier otra patología de importancia.

¿Existe relación entre caída productiva de la IS y aumento de los desembarques pesquero-artesanales? Habría que entender la lógica económico-cultural de la pesca artesanal. Es razonable pensar en el dinamismo del Registro Pesquero Artesanal y de las propias capturas, puesto que, por ejemplo, en varias localidades es solo una de las actividades económicas. La complejidad/integralidad del sistema ha sido escasamente analizada y por tanto cuesta visualizar a cabalidad el comportamiento de la pesca artesanal (y de la industria) en tiempos de crisis. Hay cierta similitud con las economías campesinas, en tanto despliegan estrategias diversas -no todas situadas en la pesca artesanal- para asegurar la reproducción de "la base" que sustenta la unidad familiar (Gudeman y Rivera 1990). Indudablemente la IS es una de esas alternativas. En efecto, al menos en Calbuco y Guaitecas se observa una tendencia al incremento de ciertos desembarques artesanales en períodos de crisis en la industria4.

La pesca artesanal en el Sur Austral ha sido funcional a la IS, en tanto provee fuerza de trabajo a bajo costo, espacios y en general servicios. Esta funcionalidad podría leerse en clave transicional como una dimensión objetiva del proyecto modernizante del desarrollo. Ahora bien, en seguida habría que relativizarlo puesto que es un proyecto/proceso que ocurre más allá de los límites del Sur Austral, en realidad el territorio en cuestión y sus recursos (de todo tipo) son materia prima de unas modernizaciones que están emplazadas en otras latitudes. Como señala Wallerstein (2005), la globalización, en su expresión transnacional, no necesariamente supera la tensión entre centro y periferia, por el contrario, progresivamente tiende a agudizarse bajo otras nomenclaturas. Pero la cuestión es todavía más compleja porque en esa funcionalidad reside también una cierta prosperidad, en los espacios locales y gestionada por actores locales. La funcionalidad tiene matices y no solo implica la desestructuración de las formas tradicionales ni la pasividad del territorio.

La lectura subjetiva e intersubjetiva de este escenario también tiene que ver con ello. Por una parte los actores del lugar deciden aprovechar las oportunidades y optan por el empleo directo e indirecto en la IS. Pero también hay una cuestión a nivel de percepciones, pues más allá de las estadísticas existe muy arraigada la idea de que la gente "se fue a las salmoneras", o que "se irá a las salmoneras". No pocas veces seguida de una reflexión en cuanto a que "nosotros los pescadores artesanales vamos a desaparecer", pesimismo que se evidencia parcial si tenemos en cuenta los variados significados prácticos que la IS ha implicado para las personas y para sus vidas cotidianas. Por ejemplo para quienes, aun siendo conscientes de la potencia contaminante de los centros de producción, valoran la oferta de empleos. Precarios y volátiles pero empleos al fin y al cabo.

Ahora bien, es pertinente diferenciar las subjetividades interpeladas en este proceso. Por una parte, cabe identificar a empleados que se trasladan desde otras latitudes del país en turnos de 15 o 20 días. Muchos de ellos -hombres en su mayoría- provienen de ciudades sureñas como Puerto Montt, Temuco o Concepción, aunque también hay "temporeros" que viajan desde Valparaíso y Santiago. En general estamos hablando, en este caso, de habitantes "urbanos" y que suelen ser valorados en la industria pues están acostumbrados a cumplir horarios y a trabajar por turnos. Sin embargo, por otra parte, la IS depende para algunas de sus operaciones clave de la fuerza de trabajo local. Posiblemente esto sea más evidente en el caso de los buzos mariscadores que se han empleado en los centros de engorde, autorizados como "buzos intermedios", para realizar labores de reparación de redes y limpieza de mortandad. Lo mismo ocurre con las mujeres que se desempeñan en maquila o en otras funciones -desde la administración a la limpieza de instalaciones- y también en el caso de hombres que prestan servicios de transporte de pasajeros.

En julio de 2007 visitamos las Guaitecas, el testimonio de Carola, secretaria en una empresa de limpieza de redes, es representativo de lo que pudimos escuchar de otras mujeres: "Mucha gente ve a las salmoneras como que vienen a contaminar, pero también hay un gran progreso para Melinka...". También en Puerto Melinka, Héctor, buzo mariscador y patrón de lancha estimaba que "no queda más del cuarenta por ciento de gente que se dedica todavía al mar", y con orgullo nos comentaba su permanencia. En febrero de 2013 lo volvimos a visitar, ahora tiene dos lanchas que prestan servicios de acarreo en la IS. Su prosperidad es notoria. En marzo de 2012 los pescadores calbucanos refrendaban estas impresiones: "Hoy día la mayoría está trabajando en las empresas salmoneras [y] en cuanto a lo económico no está tan malo.".

Luego del repunte de la crisis del virus ISA, las percepciones tienden a ser igual de variadas y los matices son más explícitos. Por un lado respecto de los límites de las empresas en cuanto a su capacidad productiva/destructiva, y por otro respecto de las dinámicas reales o empíricas en la relación pesca artesanal/salmonicultura. Esto último, analizado en el cuarto escenario, supone reconocer que la IS no implicó el abandono de la pesca artesanal. Ambos matices, bajo la perspectiva de este segundo escenario, conllevan a pensar que el territorio debe admitir una funcionalidad inclusiva en donde quepa la industria -no solo acuícola- y especialmente la pesca artesanal.

Las resistencias confrontacionales de la base social y la expansión de la IS

No se constatan movimientos sociales de pescadores/as sostenidos en el tiempo que evidencien la activación organizada de una resistencia confrontacional a la expansión de la IS. Esto es algo que sí podemos hallar en otras instancias, por ejemplo en la dinámica interpelativa respecto al Estado (gobiernos) sobre cuotas de captura, o bien entre las mismas organizaciones de pescadores artesanales en cuanto al acceso a determinados lugares de extracción (p.ej., zona contigua). Pareciera ser que los quiebres, evidentemente tensionantes entre pescadores e intereses empresariales (muy privilegiados), tienden a ser mediados por el Estado. O mejor dicho, los pescadores artesanales identifican en el Gobierno a su antagonista, a su deudor. Y muchas de estas acciones de protesta se hacen en la interfaz Estado/comunidad.

Al revisar las movilizaciones de la pesca artesanal en el Sur Austral desde el 2001 en adelante, en su amplia mayoría se deben a problemas por cuotas de capturas y zonas contiguas. Sino en su totalidad5. Por ejemplo, en la gran movilización de Aysén, de 2012, aparte de la dilatación del tema pesquero-artesanal y de la evidencia de sus conflictos internos, la tensión comunidad/IS no aparece sustancialmente reflejada.

Sin embargo, y esto llama la atención, sí es patente en el discurso, aunque no como algo predominante. No obstante esto permite advertir un posible decurso político potencialmente más radicalizado en caso de no regular, limitar, controlar la expansión de la industria o de cualquier proyecto empresarial de gran envergadura. Ahora bien, esto ocurriría solo en la medida en que la vida política se torne más consciente en cuanto a ciertas condiciones de la existencia económica de los sistemas de pesca artesanal, y en la medida en que la configuración identitaria del Sur Austral consolide más significativamente una base territorial, una suerte de desarrollo mayor de sentidos de pertenencia y apropiación de determinadas localizaciones. ¿Cómo decirlo?, hasta cierto punto una politización de espacio costero Sur Austral, como espacio de la vida material, como espacio condicionado-construido culturalmente desde unas particulares significaciones. La interpelación recae sobre los escenarios en tanto futuros posibles: ¿existen otros proyectos de vida económico-cultural sobre el espacio costero Sur Austral más allá de la funcionalización, la evidente destrucción y la eventual resistencia como confrontación discursiva a la IS?, ¿qué otras respuestas son posibles desde el lugar? El cuarto escenario indaga en ello.

Las resistencias creativas no confrontacionales como base para la construcción de futuros imaginados

Interesa aquí superar las dinámicas netamente estructurales que ejercen un marcado condicionamiento del campo del desarrollo Sur Austral y sus actores (Bourdieu 2000; Ribeiro 2007), para atender a los dinamismos político-culturales que entretejen la vida social local. Tales dinamismos, que Long (2007) ha observado en el espacio microsocial denominado interfaz, permite, a su juicio, matizar las posiciones relacionales de los actores implicados, de sus posibilidades y capacidades de negociación y respuesta frente a otros interlocutores y frente a vectores -por ejemplo, empresariales- que estructuralmente tienden a observarse como determinantes.

Estrategias de prosperidad (García Canclini 1990), respuestas políticas de base cultural localizada (Escobar 1999; Grueso 2000, 2005), actividades no proletarias generadoras de ingresos (Barkin 2001), dinámicas endógenas de base distrital (Becattini 1995; Bellandi 2003), estrategias de la casa rural (the house) asociadas a la reproducción de la base (Gudeman y Rivera 1990), configuraciones institucionales para la gestión colectiva de los recursos de uso común (Ostrom 2000), solo por citar algunos ejemplos. A partir de tales nomenclaturas, al margen de sus diferencias, el eje común permite plantear que la expansión de la IS ha implicado, aun de forma incipiente, respuestas creativas de base local, en parte endógenas. Estas respuestas que, en cierto modo, son también un tipo de funcionalización apropiada, o resistencia creativa no confrontacional, implican expresiones diversas. No obstante en todas ellas hay en el trasfondo una posición deliberada de parte de los actores locales a objeto de dejar los beneficios en el lugar (Escobar 2010), pero simultáneamente continuar siendo lo que se es, o al menos tomado las decisiones -el control- respecto del futuro que se quiere vivir a partir de las condiciones del presente. Es decir, el desarrollo como proyecto político, de base cultural local. En parte volvemos sobre el problema del "control cultural" en la toma de decisiones sobre los "recursos", propios o ajenos, aludido por Bonfil (1988).

A continuación se profundiza en dos espacios pesquero-artesanales ya reseñados: Puerto Melinka, en las Guaitecas, e isla Quihua, en Calbuco. En ambos se trabajó basado en la construcción de futuros, imaginados -deseados y realistas-, y ambos dejan entrever algo más que una capacidad colectiva para pensar que la realidad puede ser de otra manera. La selección de estos dos casos está definida por su potencial ilustrativo, comparativamente mejor logrado en cuanto a matices analíticos. Siguiendo a Godelier (1990), hay aquí, posiblemente, la potencia germinal de unas voluntades locales capaces de instituir y de materializar sus mundos, bajo la nomenclatura de otro tipo de relaciones sociales.

Imaginando futuros de la pesca artesanal en Puerto Melinka

Puerto Melinka, en la comuna de Las Guaitecas, es un poblado de 1.860 habitantes estimados (muchos de origen mapuche-huilliche), que ha experimentado desde hace ya una década notables transformaciones -territoriales y sociodemográficas- producto del auge salmonero. En 2006 y 2007, trabajando en la construcción de imágenes temporales, estructuramos cuatro momentos de la economía bentónica de las Guaitecas: la imagen del pasado, relativamente compartida; la imagen del presente, subjetivamente controversial pero coincidente como vivencia contemporánea; y dos imágenes del futuro: el realista y el deseado.

La imagen del futuro deseado revela escenarios de "desarrollo" equilibrados en la relación con el medioambiente y respecto de su uso/apropiación en tanto recursos naturales. En contraste, en el futuro realista aparece una tensión asociada a cierto pesimismo frente a la potencia expansiva del proyecto modernizante. La salmonicultura y en especial las jaulas de engorde de salmones son imaginadas cubriendo todos los espacios del archipiélago. Es la interpretación nativa al modelo de naturaleza manufacturada y racionalizada. Los testimonios refieren a una proyección futura pero radicalizada de las condiciones funcionales del presente. En otras palabras, una pérdida total del control sobre el territorio y los recursos endógenos de sus economías. Esa imagen no solo retrata el espacio marino-costero como un "territorio enjaulado", además imagina a todas sus personas trabajando en los centros o en las empresas o servicios asociados. Dos frases ilustran y sintetizan este pesimismo: "esto se va a llenar de salmoneras" y "vamos a terminar todos trabajando en las salmoneras". El proyecto modernizante, como vector destructivo y funcionalizante, no es una abstracción, es una experiencia de la vida cotidiana observada en el presente y proyectada hacia el futuro.

La imagen deseada contrasta por varias razones. En primer lugar es una proyección del espacio económico diversificado, a diferencia del realista que se basa en el monocultivo, y que es visto como ajeno e impuesto. La metáfora de Vandana Shiva (2008) resulta dramáticamente perfecta: los monocultivos residen en la mente (modernizante) y se proyectan en los territorios. En 2007 los resultados de la investigación arrojaban una imagen discursiva en donde son compatibles el procesamiento local de pesquerías bentónicas, la diversificación de las capturas, el desarrollo comercial bentónico, la consolidación organizacional, la acuicultura a escala artesanal6, la coexistencia bentónica-salmonera y el turismo.

Estas proyecciones comportan una crítica a la expansión desregulada de la IS, observada más como amenaza que como oportunidad. Incluso como una figura peligrosamente ambivalente: una amenaza que además supone una oportunidad, condición culturalmente esquizoide -doble vinculante- que la hace más compleja en términos de formular alternativas reales a la misma.

Si bien la imagen deseada quiere recobrar en buena medida la centralidad de la práctica bentónica, esta proyección no deja de reconocer los factores condicionantes. Podríamos hablar de una voluntad cultural por reproducir, aunque no desde una claridad estratégica definida, la condición de pescador artesanal (de pescadores bentónicos). En las proyecciones deseadas se deja entrever lo que podría ser un proyecto económico-cultural local, en cuyas matrices es concebible la coexistencia de lógicas distintas; por ejemplo la compatibilidad de la salmonicultura, la pesca artesanal, la acuicultura artesanal y el procesamiento de recursos, revela que el problema no estriba en lógicas y prácticas excluyentes sino en cómo pueden concebirse. Germinal o potencialmente se observa una concepción de sociedad que da cabida a una diversidad de vidas económicas. En esto reside su condición cultural local.

Cinco años más tarde, de regreso en las Guaitecas en 2012, fuimos testigos del repunte local de la IS luego de la debacle desatada en 2008 (virus ISA y crisis financiera global). Ese repunte era visible en la gran cantidad de trabajadores de otras regiones que seguían llegando a la isla; en el auge de las hospederías que esperan a esos trabajadores en sus turnos de 20 x 10 días y que de paso evidencian una reubicación estratégica de la mujer en una economía masculinizada; pudimos observar la importancia que volvía a tener el trabajo en los centros salmoneros para los buzos mariscadores. Como en 2007, los testimonios aludían a que "la gente está trabajando toda en las salmoneras", pero ciertamente con una conciencia sobre la importancia de "no perder historia" en el Registro Pesquero Artesanal que implica una estrategia de usar algunas tardes y los diez días fuera del turno para mariscar7.

Las respuestas más llamativas, en este nuevo contexto, fueron las de los pescadores organizados en los sindicatos. Por ejemplo, en 2010 se puso en marcha un proyecto de procesadora artesanal de recursos bentónicos, conocida como "desconchadora". Este había sido un anhelo que durante varios años rondó en la mente de los pescadores. La desconchadora se obtuvo con recursos públicos, no obstante la idea y la base administrativa fue gestionada por la Federación de pescadores. En la actualidad el proyecto ha quedado paralizado producto de exigencias sanitarias no resueltas en la isla (agua potable, electricidad, alcantarillado). Otra iniciativa interesante fue la compra, también con recursos externos, de un camión de frío. El propósito es activar un proyecto de comercialización de productos fuera de la isla, prescindiendo de los intermediarios y decidiendo el momento más oportuno para la concreción de la venta. En ambos casos se observa la realización de parte de ese proyecto de futuro deseado imaginado en los grupos de conversación de 2007.

Por último, cabe referir a la recomposición estratégica de la plataforma política local, cuya evolución ha implicado un desplazamiento hacia una escala institucional distinta. En las pasadas elecciones de gobiernos locales (noviembre de 2012) el presidente de la Federación se presentó como candidato a la alcaldía, lo acompañaron otros dos dirigentes que optaron a ser concejales. Ninguno fue elegido, no obstante, con 45% de los votos para la alcaldía se puso en evidencia que el proyecto político cultural local del desarrollo admite además otras perspectivas en cuanto a las posiciones de la base social respecto del poder (Figura 2).

Imaginando futuros de la pesca artesanal en San Antonio, Isla Quihua

En isla Quihua -comuna de Calbuco- el trabajo de campo ha tenido lugar en San Antonio, un pequeño villorrio emplazado a 8 km de Calbuco, y en donde viven cerca de 20 familias dedicadas a la pesca, a la recolección de algas y a la agricultura a pequeña escala. Como ocurre en las otras locaciones del proyecto, predominan aquí percepciones negativas y críticas sobre la expansión desregulada de la IS, en especial al dar cuenta de sus impactos medioambientales, no obstante en forma simultánea se valora su aporte en la generación de empleos. Como se ha remarcado, esta es la paradoja más evidente del proceso.

El grupo de conversación, en ambos momentos de la investigación, arrojó una luz transversal sobre el horizonte del futuro postsalmonero como localización específica. En particular como reapropiación simbólica y productiva de un espacio temporalmente perdido, incluso secuestrado. El testimonio citado más arriba -el buzo que visita los lugares donde estuvo instalado por años un centro de cultivo- ilustra el sentimiento colectivo de la recuperación del lugar. Isla Quihua es además un espacio social de mixtura productiva entre la agricultura familiar y el buceo bentónico, entonces las respuestas locales emanan de esa matriz que, por lo demás, está complementada con otras posibilidades de empleo en las distintitas actividades industriales presentes en el entorno comunal. Tres formulaciones, sugeridas en el trabajo de campo, son destacables: (1) la intermediación endógena de las capturas; (2) la venta de productos en el mercado de la ciudad; (3) el cierre deliberado y temporal de sectores extractivos como acuerdo colectivo.

La intermediación local, estructural en la pesca artesanal (Pollnac 1995), apuesta en principio por quitar al intermediario del proceso y realizar la entrega y posterior venta en y desde el sistema local. En este caso es un dirigente sindical quien hace los contactos para comerciar las capturas con las empresas o con otros compradores. En teoría esto les ha permitido mejorar los márgenes de ganancia. Posiblemente el sistema funciona en buena medida por la calidad de los vínculos al interior de la comunidad, pues en primer lugar estamos hablando de un sector de la isla en donde el grupo de familias organizadas es reducido -en no pocos casos con relaciones de parentesco-, y, en segundo lugar, en donde aparentemente hay altos niveles de confianza y transparencia organizacional8. Incluso, por sobre lo anterior, se observa una consciencia respecto de un modo de vida colectivo y lo que cabría admitir como valores de comunidad o intentos deliberados por reconstruirla (Bauman 2008).

La venta de productos locales en los mercados y ferias de las ciudades cercanas (Calbuco y Puerto Montt) evidencia una estrategia desde el sistema productivo, orientada hacia el intercambio. Cada fin de semana las mujeres del lugar, en forma colectiva, viajan muy temprano a comerciar sus productos a las ferias de las ciudades mencionadas. La oferta es diversa y refleja la composición de las economías del bordemar en gran parte de Chiloé insular y continental. Algunos de esos productos son papas, ajos, habas, arvejas, hortalizas de invernadero, almejas, erizos, mejillones, luche e incluso artesanías en lana de oveja y fibras vegetales.

Llevan también cajones y cajas con papas, bolsas con vegetales de todo tipo, un canasto de flores... ahora que las puedo ver mejor observo a la mujer: tendrá unos 60 años, en principio me pareció mayor, es delgada y de rostro huesudo. no puedo evitar pensar en lo temprano que es. seis y media de la mañana, algo pasmado me quedo mirando a los niños que viajan con ella -supongo que a Puerto Montt.9.

Es el retrato de un sistema productivo, de larga data, que integra dos espacios en una continuidad ecológico-cultural bordemarina (Skewes et al. 2012). Integración que además trasciende el extractivismo, como suele ser calificado el sistema pesquero artesanal desde la óptica administrativa. Esa amplitud económico-productiva puede verse reflejada en la tercera instancia que interesa destacar, en particular observada desde el punto de vista de la gobernanza ambiental.

En un análisis compartido con uno de los pescadores de isla Quihua, Juan C.C., quien además es secretario de un sindicato de buzos mariscadores y propietario de una huerta familiar, le explicamos la tesis de Hardin (1968) sobre la tragedia de los comunes y cómo esta había influido en las políticas de regulación (y desregulación) de las pesquerías en distintas latitudes, también en Chile. Le sugerimos que para la Subsecretaría de Pesca, entidad estatal que define los regímenes de administración, los pescadores artesanales requieren que se les transfieran soluciones estandarizadas para administrar racionalmente sus recursos.

En contraste con aquel provocador supuesto, Juan C.C. alude a las "medidas" que ellos han tomado en orden a mejorar la capacidad reproductiva del (eco)sistema. En particular nos comentó sobre el "cierre" temporal de sectores de alto valor productivo pero asimismo de fuerte presión extractivista. La experiencia ha consistido en un acuerdo de acción colectiva entre cuatro sindicatos de la comuna para dejar "descansar" por seis meses cuatro áreas contiguas, lo que ha permitido recuperar en parte su productividad. Este ejemplo permite dar cuenta de una gestión que va más allá de los límites administrativos de un sindicato, y que ha implicado una reinterpretación local y "fuera de ley" del Área de Manejo y Explotación de Recursos Bentónicos (AMERB). Ciertamente, como antecedente empírico, nos aleja de los planteamientos liberales de Hardin para situarnos en los modelos de gobernanza territorial de base colectiva que han observado diversos autores, especialmente a partir de los trabajos sobre el gobierno de los comunes (Ostrom (2000) y, en especial respecto de pesquerías en distintas latitudes (Berkes 2009), incluso en Chile (Gelcich et al. 2009) (Figura 3).

Conclusiones

Las perspectivas de las economías locales expresan diversidad de proyecciones sobre los escenarios futuros, asimismo establecen posiciones claras respecto de lo que aquí se considera componentes de un potencial proyecto económico cultural local. Ahora bien, desde nuestra experiencia investigativa, la condición de ese "proyecto" es aun parcial y relativa, no obstante sí cabe sostener que hay algunos elementos discursivos recurrentes -referidos en este análisis- que podrían favorecer su concreción. Interesa en principio el contraste entre proyecciones realistas y deseadas. En el marco realista, la salmonicultura y los servicios complementarios aparecen casi con resignación abarcando imaginariamente todo el espacio económico (el poder del consorcio y del monocultivo). Sería la expresión resignada de la funcionalización. En contraste las actividades artesanales aparecen en un rango de recurrencia menor, tal vez esto revele cierto pesimismo en cuanto a recuperar o conservar espacios. Es interesante cómo se proyecta una incipiente acuicultura artesanal -con perspectivas tecnoproductivas adversas- y la agregación de valor mediante el procesamiento de recursos. El contraste ocurre a la inversa cuando atendemos a las proyecciones deseadas, que es un escenario que exige la activación política de la "comunidad". En ese cuadro la salmonicultura es mucho menos importante, aunque sí está presente. Aquí se expresa con nitidez lo que hemos denominado un sueño realista, pues el procesamiento, la diversificación extractiva y la acuicultura artesanal constituyen actividades que existen en el repertorio práctico-simbólico de la pesca artesanal en el Sur Austral.

El presente, por otra parte, revela que el futuro deseado, como proyecto local de existencia económica, es un escenario posible y, hasta cierto punto, en construcción. La pregunta es ¿hasta dónde es o será esto posible teniendo en cuenta las constricciones económicas y políticas que tensionan e interpelan los espacios locales? La respuesta es política antes que tecnoeconómica, ello en tanto cualquier proyecto de base local, con capacidad de sostenerse por sí mismo en el tiempo, exige como condición el acuerdo de las voluntades que habitan y construyen la vida social del territorio. Las decisiones, constatables o potenciales, respecto de la capacidad reproductiva del espacio económico local parecen demostrarlo.

Convengamos en que cada una de las experiencias o proyectos reseñados -y soñados-, pueden considerarse dispositivos de resistencia creativa solo en la medida en que forman parte de un despliegue estratégico orientado a disputar, principalmente, al Estado y a las empresas, al "consorcio" y a sus redes, el control o parte del control sobre las bases reproductivas de unos sistemas de vida marcadamente presionados por la expansión del capitalismo transnacional. La fallida desconchadora de las Guaitecas, el camión de frío y, en otro registro, el proyecto por alcanzar la alcaldía de la comuna, o bien, en Calbuco, los arreglos colectivos para proteger bancos naturales o la intervención -comercial- en la cadena de valor, podrían parecer en principio estrategias convencionales para acceder a una mejor posición en el campo del "desarrollo" o en el mercado, no obstante cabe observar en todo esto un proyecto cultural. En el sentido escobariano ello supone que además de admitir contenidos simbólicos particulares -no necesariamente inscritos en el repertorio capitalista- implica indudablemente un intento por controlar parte del proceso económico-territorial desde la base local.

Agradecimientos: Este artículo ha sido realizado en el marco de los proyectos Fondecyt de iniciación 11110542: "Escenarios del desarrollo pesquero-artesanal en el contexto de la expansión salmonera. Antropología de las dinámicas económico-culturales en las costas del sur austral chileno" y Fondecyt Regular 1121204: "Geoantropología de los imaginarios del mar interior de Chiloé: Itinerarios de temporalidades y apropiaciones socioculturales marítimas". Agradezco especialmente a mis colaboradores y tesistas, Karen Mardones, Claudio Gajardo, Claudia Torrijos, María Pía Torres, Silvana Arteche y Magdalena Navarro. A Juan Carlos Gimeno, de la Universidad Autónoma de Madrid. A las mujeres y hombres de Isla Quihua, Quellón, Puerto Melinka y Puerto Cisnes por compartir sus testimonios y por su hospitalidad. A los/as evaluadores de la Revista Chungara.

Anderson, B. 1993. Comunidades Imaginadas. Reflexiones Sobre el Origen y la Difusión del Nacionalismo. Fondo de Cultura Económica, México D.F.

Notas

1Chile continúa siendo, desde 1995, el segundo productor mundial de salmones y truchas después de Noruega, incluso luego de la crisis de 2008 -que se manifiesta con fuerza en las cifras de 2010- la IS logra un repunte sostenido. Si en 2009 las toneladas netas exportadas llegan a 368.992 y en 2010 a 296.903, en 2012 repunta a 488.124 y en 2013 alcanza las 527.700 (Fuente: SalmónChile 2014).

2En Chile existen 91.632 personas inscritas en el Registro Pesquero Artesanal o RPA (SERNAPESCA 2014), estimándose extraoficialmente que en torno a 30% no ejerce el oficio directamente y que sobre otro 30 o 40% lo hace fuera del sistema. En el Sur Austral se concentra cerca del 40% del total de pescadores inscritos, observándose una importante diversidad en cuanto a oficio, infraestructura, equipamiento y artes de pesca, tipos de emplazamiento, apropiación del espacio y tradiciones culturales. En Los Lagos habitan aproximadamente 850.000 personas, en esa región habita cerca del 35% de los pescadores artesanales de Chile (26.202), en tanto la región de Aysén tiene una población estimada de 105.000, de los cuales 3.121 son pescadores artesanales.

3La medida sanitaria de mayor impacto ha sido la implementación de los denominados barrios salmoneros, esto implica una rotación de espacios para la instalación de las jaulas, una mayor recurrencia de muestreos, y, en los últimos años, una baja en la densidad de individuos por jaula (SERNAPESCA 2011).

4En el caso de Calbuco, este incremento -observable entre 2007 y 2010- está asociado a la captura de peces, en particular merluza del sur, anchoveta y sardina. En efecto, es coincidente con la caída de la cosecha de salmones en los centros de la comuna. En Guaitecas la relación se da en las pesquerías bentónicas. Aunque el incremento en desembarques de erizos y algas (luga roja) es menos notorio con relación a la caída de las cosechas de salmones. En ambos casos -y esto también es válido para Quellón y Cisnes- entre 2007 y 2010 no se registran descensos sustantivos de desembarques artesanales. En este sentido, la pesca artesanal comporta probablemente una base de resistencia o resguardo frente a la crisis, en este caso del salmón (Fuente: Anuarios Servicio Nacional de Pesca 2000-2010).

5Los años críticos, previos a la gran movilización de 2012, fueron 2004 y 2005. En septiembre de 2004, con protestas callejeras y tomas de caminos entre Puerto Aysén y Puerto Chacabuco, los pescadores de merluza reclamaban nuevamente una redistribución de las cuotas de captura. En febrero de 2005 las tensiones se agudizan y se amplían a la cuestión bentónica, pues los sindicatos de Quellón -en el sur de Chiloé- exigen a la Subsecretaría de Pesca reconocer sus "derechos históricos" y autorizar la captura de erizos en las costas de Aysén. La figura invocada era la zona contigua, que justamente permite el acceso de pescadores a una región vecina. Lo anterior en el marco de sistema regionalizado de acceso a las pesquerías.

6Desde fines de la década de 1990 en la región de Aysén se ha venido promoviendo, principalmente por medio de la Universidad Austral de Chile, el desarrollo de la acuicultura artesanal de Mitylus chilensis (chorito o mejillón chileno). Si bien esto no ha prosperado, entre otras cosas por presencia de "marea roja", la idea ha quedado instalada en algunos pescadores y líderes locales, tal cual ha ocurrido en Chiloé, Calbuco y Reloncaví en donde los cultivos artesanales, con ciertas limitaciones, sí han prosperado.

7El Registro Pesquero Artesanal funciona reconociendo -exigiendo- como mínimo la actividad anual de los pescadores, por tanto quien no registre actividad durante ese período puede perder sus derechos específicos de captura.

8Según observaciones realizadas en otros contextos (Reloncaví, Guaitecas, Cisnes), estos modelos de intermediación tienden a generar un tipo de estratificación al interior de los sindicatos y consecuentemente en las comunidades. En ese marco, esta aproximación es solo preliminar y exige una profundización en su nomenclatura y despliegue práctico.

9Registro etnográfico Gonzalo Saavedra, Calbuco, marzo de 2012.

Referencias Citadas

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Recibido: septiembre 2013. Aceptado: noviembre 2014.

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