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Chungará (Arica)

versión On-line ISSN 0717-7356

Chungará (Arica) vol.48 no.2 Arica jun. 2016  Epub 12-Mayo-2016

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-73562016005000019 

Será hasta la Vuelta de Año: Bailes Chinos, Festividades y Religiosidad Popular en el Norte Chico. Rafael Contreras Mühlenbrock y Daniel González Hernández. Primera edición. Edición Consejo Nacional de la Cultura y las Artes de Chile, Santiago, 2014, pp. 873.

Comentado por Andrés Donoso Romo1

 

1Centro de Estudios Avanzados, Universidad de Playa Ancha, Valparaíso, Chile. andres.donoso@upla.cl

 

 

Será hasta la vuelta de año, libro escrito por los antropólogos Rafael Contreras Mülhenbrock y Daniel González Hernández -con la colaboración de Agustín Ruiz Zamora, Sergio Peña Álvarez, Danilo Petrovich Jorquera y Manuel Morales Requena-, es tanto una invitación a explorar la riqueza de la religiosidad que desde hace siglos florece alrededor de la Virgen del Rosario de Andacollo, como una vía privilegiada para acceder a la intimidad de los que han sido uno de sus cultores más fieles, los chinos.

En esta monumental obra, compuesta por veintidós capítulos, se puede disfrutar de un relato poblado de fotografías, ilustraciones, versos y documentos. Cuatro partes organizan el texto. En la primera se realiza una cuidada reconstrucción histórica para esclarecer las múltiples variables que explican el surgimiento de los bailes chinos de Andacollo, foco de atención que mantendrá el libro en sus casi novecientas páginas. En la segunda se describen algunos de los bailes más representativos del área geográfica conocida como el "norte chico" chileno. En la tercera la cartografía ritual se enriquece con la caracterización de una parte de las múltiples fiestas en que estos bailes participan. Y en el último apartado se repasan los principales hitos que fueron dando forma al complejo ritual estudiado.

Para poder construir este libro los autores, durante los últimos diez años de ejercicio profesional, complementaron un acercamiento etnográfico que incluyó incontables horas de terreno, observación y entrevistas, con una aproximación histórica que se materializó en largas temporadas de trabajo de archivo y en una revisión exhaustiva de las fuentes bibliográficas más autorizadas en la materia. Entre los sellos que tuvo este particular abordaje metodológico el diálogo, comprendido como proceso comunicativo en el cual todas las perso-nas involucradas pueden/deben aportar, uno de los más sobresalientes. Aquí uno de los pasajes donde mejor se aprecia esta disposición:

El texto que sigue es el resultado de sucesivas conversaciones en la casa de don Pedro, donde pudimos hablar en forma abierta y coloquial acerca de nuestra investigación, de nuestra visión de las fiestas y de lo que buscábamos en nuestro diálogo con él. Después de que se crearon las confianzas necesarias pudimos concertar una conversación que se grabó, la que luego transcribimos y redactamos, para finalmente someterla a la revisión de nuestro interlocutor, quien además la comentó y corrigió para ser reescrita finalmente por nosotros (p. 686).

En términos epistemológicos, por tanto, el trabajo se inscribe dentro de las perspectivas así llamadas populares, liberadoras y/o concientizadoras, las mismas que a mediados del siglo XX tuvieron su apogeo entre las disciplinas humanas y sociales latinoamericanas. Todas tradiciones que dan importancia a tornar inteligibles las realidades que a simple vista no pueden ser aprehendidas y a fortalecer los procesos de autonomía de los sectores populares, en este caso, "la participación ritual y el poder local de las comunidades en y sobre el territorio" (p. 17).

Entre los principales aprendizajes que entrega el texto destaca el modelo de interpretación histórica que se ofrece sobre los bailes chinos. Y es que hasta antes de este libro los bailes han tendido a comprenderse, también entre los especialistas, como una expresión cultural inmemorial que habría permanecido invariable con el correr de los siglos. Ahora, gracias a Será hasta la vuelta del año, es posible comprenderlos como una respuesta elaborada por el bajo pueblo -esa mixtura de mestizos e indígenas de las más diversas etnias- a los abusos y constricciones que acompañan los procesos de mercantilización económica o, si se quiere, al devenir del capitalismo. Con otras palabras, los bailes serían, entre tantas otras cosas, una expresión de las búsquedas de alivio y consuelo que tendrían primero los encomendados, luego los peones mineros y posteriormente también los trabajadores rurales semiasalariados, a las duras condiciones de vida y de trabajo enfrentadas.

Pero estos bailes no se conformarían únicamente con elementos culturales tomados de los universos simbólicos que traen consigo los encomendados, desplazados o desterrados, también incorporarían los obtenidos de las tradiciones de quienes los someten a estas duras condiciones, más particularmente el clero. Por ello es que estas expresiones rituales, que tienen entre sus características fundantes el ser autónomos de toda institucionalidad eclesial/estatal, se ofrendan a la virgen y a otras deidades pertenecientes a los idearios cristianos.

Esta línea de interpretación también permite entender que aun cuando existan antecedentes para remontar el origen de los bailes chinos a mediados del siglo XVI, su auge se habría dado durante los siglos XVIII y XIX, período que coincide con el pico de la actividad minera en el territorio que se extiende entre los valles de los ríos Copiapó por el norte, Aconcagua por el sur y que incluye también algunas regiones trasandinas entre esas mismas latitudes. Huelga decir, además, que es en este momento de máximo dinamismo de los bailes chinos que ellos van a adquirir "el formato expresivo y la estética con que en la actualidad conocemos a estas hermandades (trajes, instrumentos, coreografías, etc.)" (p. 99).

Otro aspecto que se enseña en el texto es que las personas que se vinculan a estos bailes lo hacen mediados por una obligación -promesa o manda- que han contraído con la virgen o la deidad a la cual se le baila. De manera que cada integrante del baile, sea jefe, instrumentista y/o danzante, pide protección, salud o abundancia a cambio de ofrendar por un período acotado, o bien para toda la vida, sus reverencias, servicios o sacrificios a la deidad. Por ello, aunque la imagen pueda pertenecer o no a la Iglesia católica, la relación que el chino establece con ella no reconoce ni precisa de intermediarios. Él solo necesita bailarle, no necesita a un obispo que le diga por qué bailar o a un cura que le enseñe cómo tiene que hacerlo.

En este mismo sentido se inscriben las diferentes formas que, a lo largo de los siglos, han adquirido las pugnas entre chinos y autoridades eclesiales. Y es que aunque la Iglesia católica haya tratado de investirse a sí misma como la única mediación válida que tienen las personas para relacionarse con el mundo de lo sagrado, los chinos no solamente han prescindido, y prescinden, de dicha mediación, sino que vociferan públicamente, en sus cantos y plegarias, sus particulares maneras de comprender la religión. Dando un paso más allá los autores no solo identifican apropiadamente esta suerte de lucha que se verifica por la mediación entre creyente y deidad, también afirman que muchas veces el dinamismo, la emotividad y la creatividad de los cultores populares serían más atractivos que la monotonía, parquedad y homogeneidad que evidenciarían los discursos sacerdotales. Diagnóstico que insegurizaría a los párrocos y, consecuentemente, los llevaría a idear diferentes estrategias para mermar el poder de los bailes chinos. Aquí se transcribe uno de los pasajes en que mejor se da cuenta de la mecánica que adquiere la acción de la Iglesia en este sentido:

La Iglesia históricamente ha querido apropiarse de las imágenes familiares y comunitarias homenajeadas, de manera de controlar ya no solo el dinero proveniente de las mandas y limosnas, sino que también el acceso y el vínculo de las personas con las imágenes y la divinidad, supervigilando y censando la forma que el pueblo tiene de venerarlas. Una vez que la Iglesia se apodera de alguna imagen patronal que estaba en poder de alguna familia o hermandad, comienzan las reglas, los estatutos, los procedimientos, las solicitudes, la burocracia del culto y la fe. Es la institucionalización de la devoción, el control social y religioso de manifestaciones que son populares, locales y familiares, desinstitucionalizadas y, por esto, en esencia libres, sin coacciones ni moralización (p. 794).

Se destaca, a su vez, que desde finales del siglo XIX la mayoría de las sociedades de América Latina, también del norte chico del país, viene urbanizándose e industrializándose cada vez más aceleradamente. Y se recuerda, también, que estas transformaciones han traído aparejadas cerradas disputas entre el Estado -y sus escuelas- y la Iglesia -y sus parroquias-, siendo la secularización la que hasta ahora ha primado en esta lucha por la hegemonía simbólico/cultural. Desde entonces, por tanto, la fe ha tendido a trasladarse desde Dios a las personas, lo que ha hecho que los ritos alrededor de las deidades de la Iglesia, independientemente de su carácter popular o institucional, pierdan progresivamente poder de convocatoria. Un fragmento de un canto realizado por Pedro Antonio Álvarez, integrante de uno de los bailes chinos que le danzaran a la Virgen del Rosario de Andacollo en 1902, da cuenta de la profundidad que estaba adquiriendo la secularización ya en esos años:

En otros años pasados venían devotos miles pero hoy esos varoniles de tu fe se han apartado.
Hoy en nuestra nación existen varias creencias y por esa consecuencia se pierde la devoción.
Si muchos en tu presencia invocan tu dulce nombre notamos que varios hombres critican nuestra creencia.
Si cantamos las estrofas de nuestro signo cristiano interrumpen los paganos con silbatinas y mofas.
Madre de consolación haced con vuestro poder que podamos sostener firme nuestra religión (p. 340).

El libro también deja en evidencia que las respuestas religiosas generadas por los sectores populares han sido afectadas seriamente por las transformaciones en los modos de producción y de asentamiento. Esto, lejos de significar que hubieran parado los atropellos que cometen los sectores dirigentes, es decir, que desaparecieran los motivos para buscar alivio ante los apremios e incertidumbres del día a día, obedece a que los cambios en la configuración social y económica vienen fomentando respuestas cada vez más individualizadas, atomizadas y precarizadas por parte de la población.

Por ello, así como cada vez es más difícil convencer a los jóvenes de que se integren a los bailes chinos, cada día que pasa es más complicado encontrar a artesanos que sepan confeccionar los instrumentos según patrones ancestrales y cada vez es más dificultoso encontrar a quienes puedan desempeñar los roles tradicionales al interior de estas organizaciones. En resumen, año tras año son menos los bailes chinos y menos las personas que los componen. El diagnóstico de los autores es claro, de no mediar una toma de conciencia significativa por parte de los sectores populares estas manifestaciones de autonomía popular se perderán ante las arremetidas de la Iglesia y la secularización. Parte de la complejidad que envuelve a estos procesos es bien ilustrada en el siguiente fragmento:

En general las únicas voces que se escuchan fuerte, claras y sin restricciones, en Andacollo y otras fiestas, son los discursos del cura por altoparlantes, y el himno cantado por la masa humana congregada, sin distinciones, al final de la procesión. Así como también se escucha, y mucho, el incesante y militarista sonido de las bandas de instrumentos gruesos. Las otras voces, la de los chinos, abanderados, alféreces, cantores y danzas, han perdido su posición, incluso en Andacollo se las cuentan por minutos a cada baile, callándolo si este tiempo otorgado se le agotó, apagándole el parlante y la amplificación. Son solo quince minutos, normas son normas. La moderna autoridad del tiempo medido por reloj se impone a la alegre y tradicional poesía popular de los alféreces y abanderados (p. 797).

Como se ha podido apreciar Será hasta la vuelta de año es un libro que, por sus dimensiones y pretensiones, puede ser leído de múltiples maneras. Aquí se identificaron sus anclajes metodológicos y se destacaron algunos aspectos de contenidos que tienen que ver con las determinantes socioproductivas que condicionan a los bailes chinos y con las pugnas político-religiosas entre las autoridades tradicionales y las eclesiales. Pero el texto es mucho más, es también un valioso testimonio de cómo la aproximación etnográfica puede entregar conocimientos inalcanzables por otros medios y es, al mismo tiempo, una referencia obligada para toda persona que desee conocer en profundidad los bailes religiosos de la zona central de Chile y las fiestas populares donde ellos se escenifican.

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