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Chungará (Arica)

versión On-line ISSN 0717-7356

Chungará (Arica) vol.50 no.2 Arica jun. 2018

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-73562018005000501 

ARQUEOLOGÍA Y PATRIMONIO

OBSIDIANAS, TURQUESAS Y METALES EN EL SUR DE CHILE.PERSPECTIVAS SOCIALES A PARTIR DE SU PRESENCIA Y PROVENIENCIA EN ISLA MOCHA (1.000-1.700 D.C.)

OBSIDIAN, TURQUOISE, AND METALS IN SOUTHERN CHILE.SOCIAL PERSPECTIVES FROM THEIR PRESENCE AND PROVENANCE IN MOCHA ISLAND (AD 1000-1700)

Roberto Campbell2 

Hugo Carrión3 

Valentina Figueroa4 

Ángela Peñaloza

Maria Teresa Plaza6 

Charles Stern7 

2Programa de Antropología, Instituto de Sociología, Pontificia Universidad Católica de Chile, Macul, Chile. roberto.campbell@uc.cl

3Centro de Estudios Arqueológicos e Históricos Aikén, Chile. hcarrionmendez@gmail.com

4Instituto de Arqueología y Antropología, Universidad Católica del Norte, San Pedro de Atacama, Chile. vfigueroa@ucn.cl

6University College London, London, United Kingdom. maria.plaza.12@ucl.ac.uk

7University of Colorado, Boulder. USA. Charles.Stern@colorado.edu

Resumen:

Los análisis composicionales realizados a piezas de obsidiana, cuentas de turquesa y artefactos metálicos de isla Mocha, permiten plantear un escenario de gran movilidad de bienes para los últimos 1.000 años en el sur de Chile. Dichos análisis permiten plantear hipótesis respecto a vínculos con zonas como la cordillera de la costa en la Araucanía (35 km), Neuquén central en Argentina (390 km) y el Altiplano boliviano/Noroeste argentino (1.900 km). La presencia de estos bienes en isla Mocha y el Sur de Chile formaría parte de las profundas transformaciones sociales que experimentaron las sociedades de estos territorios hacia fines del primer milenio d.C. y que hacen parte de la constitución del complejo El Vergel.

Palabras Claves: Sur de Chile; Isla Mocha; Complejo El Vergel; estudios de proveniencia; análisis composicional; complejidad social.

Abstract:

Compositional analyses performed on obsidian pieces, turquoise beads and metallic artefacts from Mocha Island allow us to propose a high mobility scenario for these goods for the last 1000 years in Southern Chile. These analyses lead us to hypothesize about the connections with areas such as the Coastal Range in Araucanía (35 km), central Neuquén in Argentina (390 km), and the Bolivian Altiplano/Argentinian Northwest (1900 km). The presence of these goods in Mocha Island and Southern Chile would be part of the deep social transformations undergone by the societies that inhabited these territories toward the end of the first millennium AD, leading to the formation of the El Vergel complex.

Key words: Southern Chile; Mocha Island; El Vergel complex; provenance studies; compositional analysis; social complexity

La presencia de bienes exóticos y el establecimiento de redes de intercambio a larga distancia han sido consideradas como “fuerzas” originadoras de la diferenciación social (Drennan 1995:307-308), como también parte de las estrategias usadas por losaggrandizers(Hayden 2001:260). Por tanto, son una de las facetas tradicionales en el estudio de los procesos de complejización social temprana. Dichos bienes exóticos (junto con aquellos que son considerados peculiares, escasos y/o que requieren una alta inversión en manufactura), pueden pasar así a ser objetos de prestigio social (Hayden 1998). De esta forma adquieren la capacidad de servir para forjar alianzas entre líderes, y entre líderes y sus seguidores, ayudando a consolidar nacientes diferencias (Brumfiel 1994:6, 10; Drennan 1991:280; Hayden 2001:260;Helms 1994:58-59). Del mismo modo, pueden hacer parte de diferentes mecanismos de competencia entre facciones (Brumfiel 1994:12).

De esta forma es que los estudios de proveniencia vienen a complementar las reflexiones sobre diferenciación y complejidad social (Drennan y Peterson 2012:79), pues nos permiten conocer la fuente de origen de los bienes implicados, o al menos sus posibilidades de ocurrencia, como también hipotetizar sobre los medios físicos y sociales de su tránsito desde dicha fuente hasta el lugar de su consumo. En este contexto el Sur de Chile se presenta como un área en la cual un proceso de complejización social alcanza un hito alrededor del 1.000 d.C., marcando la transición desde el periodo Alfarero Temprano (350-1000 d.C.) al periodo AlfareroTardío (1000-1550 d.C.), y cuya cristalización corresponde al denominado Complejo El Vergel (Adán y Mera 2011; Aldunate 2005; Menghin 1959-60). Este proceso está señalado por la aparición de la producción de alimentos en la forma de agricultura -o en su defecto, por una clara intensificación de ésta- (Roa 2016; Silva 2010, 2014), de arquitectura pública representada en la construcción de montículos (Campbell y Pfeiffer 2017; Dillehay 2007, 2014), el desarrollo de una tradición de trabajo de metales (Campbell 2004, 2015b; Campbell et al. 2015); una diversificación de los patrones funerarios (Aldunate 1989; Dillehay 2007), y de un claro sedentarismo y aumento demográfico (Adán et al. 2016; Campbell 2014). A la par de esto vemos, y que es el aspecto que fundamenta este trabajo, la aparición de bienes no-locales en distintas áreas del Sur de Chile. Una de estas zonas es isla Mocha. Investigar una isla tiene la potencial ventaja metodológica de poder segregar fácilmente que es “lo local” y que es “lo foráneo”, más aun si es que las características de su medioambiente (biótico y/o abiótico) difieren suficientemente de aquellas del continente. Estos aspectos se tornan fundamentales al momento de comprender la presencia y proveniencia de los elementos presentes en cualquier lugar, y poder enmarcarlos en un contexto social e histórico.

Isla Mocha

Isla Mocha se ubica a los 30,35° S, tiene un área de 52 km2y se encuentra separada del continente por un canal de 30 km de ancho. Su geología mayormente sedimentaria, acota significativamente el conjunto de recursos abióticos que podemos considerar locales a esta8. Por ello el estudio de la presencia de elementos foráneos es factible y sumamente promisorio y relevante.

Esta isla cuenta con una peculiar historia de ocupaciones y abandonos que se inicia alrededor del 2000 a.p. (Campbell 2015a; Quiroz y Sánchez 1997, 2004). En los proyectos que hemos desarrollado desde 2009 nos hemos abocado principalmente al periodo enmarcado por el desarrollo del Complejo El Vergel (1.000-1.550 d.C.) y hasta el desalojo de su población indígena en tiempos históricos (1.687 d.C.). Al inicio de este periodo se observa la consolidación de una ocupación estable de la isla (Campbell 2014, 2015a), junto a una economía marcada por la producción de alimentos (cultivos y manejo de animales) acompañadas de prácticas de caza, recolección y pesca (Roa 2016; Roa et al. 2015; Sánchez et al. 2004), la construcción de espacios públicos (montículos y plataforma) (Campbell y Pfeiffer 2017) y el despliegue de evidencias de diferenciación social representadas en distribuciones disímiles entre los sitios arqueológicos (asimilables a comunidades) debienes considerables como de prestigio (cerámica decorada, materias primas líticas de buena calidad, piezas de metal, entre otros) (Campbell 2011, 2014, 2015c).

Obsidianas, Turquesas y Metales

Considerando estos antecedentes es que presentamos a continuación los resultados y propuestas obtenidos a partir de los estudios composicionales realizados a tres conjuntos materiales hallados en los sitios arqueológicos de isla Mocha: (a) las obsidianas, usadas como materia prima para la manufactura de distintas piezas líticas, (b) las turquesas, usadas como cuentas y (c) diversas piezas de metal, correspondientes principalmente a artefactos de adorno. Estos materiales provienen exclusivamente de sitios y contextos domésticos, con la excepción del aro del sitio P21-1 que proviene de un entierro (Tabla 1). Todos ellos tienen una cronología post-1.000 d.C. Dada la ausencia en isla Mocha de las materias primas mencionadas -o de las materias primas para la manufactura de estas piezas-, es que su estudio nos entrega información interesante respecto a la articulación de los grupos isleños con aquellos del continente como también sobre el sistema social isleño mismo.

Tabla 1 Materiales analizados en este trabajo. Analyzed materials in this paper. 

  Obsidiana Turquesa     Metales    
Sitio Sollipulli Portada Covunco Cupuro Cobre Arsenical (Cu-Sn) Bronce (Cu-Sn) Latón (Cu-Zn) Plata-Cobre
P29-1 7 3            
P31-1 3 1           1
P5-1 17 4     3 1    
P12-1           1    
P21-1               1
P22-1     1          
P23-2       1        
P25-1     1   1 1 1  
  27 8   1 4 3 1 2
  35 2 11

Las obsidianas

La muestra de obsidianas sometida a análisis corresponde a aquellas obtenidas en los proyectos dirigidos por Campbell9y disponibles al año 2013 (Figura 1). Por temas logísticos y presupuestarios no se incluyeron aquellas obtenidas en los proyectos dirigidos por Quiroz y Sánchez10, depositadas en el Museo de Historia Natural de Concepción.

Figura 1 Ejemplos de piezas de obsidianas de isla Mocha estudiadas: línea superior, de Portada Covunco (PC); línea inferior, de Nevados de Sollipulli (NS). Examples ofMochaIsland obsidian pieces analyzed: upper row, fromPortadaCovunco(PC); lower row, fromNevados de Sollipulli(NS). 

Si bien para isla Mocha los estudios de proveniencia de obsidiana están recién iniciándose (Campbell et al. 2016), esta línea de investigación tiene una historia más larga en el sur de Chile (Navarro 2012; Stern et al. 2002; 2008; 2009; 2017). A su vez, la naturaleza volcánica de esta materia prima permitió establecer inmediata y fácilmente su condición de foránea en zonas extra-volcánicas como isla Mocha (Jackson 1997).

En términos cronológicos, se sabe de la presencia de obsidiana en algunos sitios continentales y en Chiloé durante el periodo Arcaico (10.500-1550 cal a.p.). Sin embargo, esta materia prima parece desaparecer del valle central y costa durante todo el periodo Alfarero Temprano (350-1000 d.C.), no así en áreas cordilleranas como los lagos Villarrica y Calafquén donde se la puede considerar como local en una escala regional (Adán y Mera 2011). De hecho, en contextos del Complejo Pitrén solo se sabe de su presencia en el sitio funerario Villa JMC-1 (Mera 2014:75), fechado alrededor del 1150 d.C. Es así que desde el 1000 d.C. en adelante estamateria prima re-aparece en el valle, alcanzando esta vez la costa septentrional (sensu Aldunate 1989) y también isla Mocha e isla Santa María.

En el caso de isla Mocha, esta materia prima lítica corresponde a alrededor del 1% de los restos líticos recuperados en los sitios habitacionales. Por el contrario, las materias primas locales como basaltos, cuarzos y areniscas, entre otros, son las que predominan. Estas últimas solucionan así perfectamente las necesidades tecnológicas requeridas por la población local, y por ello mismo destaca la presencia de obsidianas y sílices, no disponibles localmente. En el caso de las obsidianas, los análisis por XRF y ICP-MS11realizados a 35 piezas, han permitido establecer que estas corresponden a los tipos NS12y PC (Campbell et al. 2016). Las primeras provienen de la zona de Nevados de Sollipulli (Melipeuco, Chile) (Stern et al. 2008; 2009), mientras las segundas provienen de la zona de Portada Covunco (Neuquén central, Argentina) (Stern et al. 2012), distantes 200 y 350 km de isla Mocha, respectivamente (Figuras 2 y 3).

Destaca el que las obsidianas negras y grises (presentes en ambas fuentes) aparezcan en isla Mocha como todo tipo de resto (desde núcleos a puntas de proyectil y desechos). En cambio, las obsidianas “atigradas” (solo provenientes de Portada Covunco) aparecen solamente como puntas de proyectil, con una morfología muy definida (triangulares de base escotada o cóncava con borde recto o ligeramente convexo y finamente dentado) (Campbell et al. 2016;Peñaloza et al. 2017).

A su vez, es interesante el que las obsidianas tipo NS solo aparezcan en territorio chileno. Las obsidianas tipo PC aparecen en ambas vertientes de la cordillera andina, alcanzando incluso la costa atlántica en el Golfo San Matías (Alberti et al. 2016). Debemos señalar también la ausencia en isla Mocha de obsidianas proveniente del Volcán Chaitén, la que está ampliamente distribuida a lo largo de la costa pacífica desde la zona de Valdivia al sur (Stern et al. 2002), como también de aquellas de las fuentes de Cerro de las Planicies/Lago Lolog (López et al. 2009), Laguna del Maule y Las Cargas (Durán et al. 2012).

Las turquesas

Para los análisis de las cuentas en “piedra verde”13se consideró solo aquellas obtenidas en los proyectos dirigidos por Campbell (Figura 4A); se excluyó aquellas recuperadas en los proyectos dirigidos por Quiroz y Sánchez por las mismas razones ya referidas en el acápite anterior.

Esta es una materialidad con una historia inexistente de análisis composicionales en el sur de Chile. Sin embargo, su presencia en contextos arqueológicos es conocida desde hace más de un siglo. De hecho, su más temprana referencia corresponde a siete cuentas verde gris, verde-blanquecinas y verde-esmeralda de isla Mocha (Philippi 1903:16, Lámina VI). Estas cuentas fueron también halladas por los proyectos dirigidos por Quiroz y Sánchez (Daniel Quiroz y Mauricio Massone comunicaciones personales 2002) y fortuitamente por los mismos habitantes de isla Mocha.

Las dos cuentas en “piedra verde” recuperadas por nosotros, fueron analizadas por XRD11siendo identificadas como turquesa. Éstas tienen una morfología discoidal con un agujero central (Carrión 2015), que coincide con la morfología referida para las cuentas previamente descubiertas.

Una revisión respecto de las minas y formaciones minerales indica una ausencia de turquesa para el sur de Chile. Esto es coherente con el conocimiento geológico que indica que la formación de turquesa suele darse en climas áridos o semiáridos. Esto se debe a que es un mineral que junto a otros óxidos de cobre tiende a formarse en niveles someros de sistemas de pórfidos cupríferos (Sillitoe 2010). Es poco probable que estos yacimientos minerales se preserven en el sur de Chile debido a que la erosión es muy rápida producto del clima lluvioso. De hecho, las ocurrencias más cercanas reportadas de esta piedra se ubican en ambientes con aquellas características. Estas son: Barda González (Confluencia, Neuquén, Argentina [Pons et al. 2009]), a 450 km de isla Mocha y casi a su misma latitud; Cerro Blanco (Punilla, Córdoba, Argentina [Berón 2012; Mindat 2016]), a 1.150 km; diversos puntos en la región de Atacama (Chile) (Mindat 2016; Westfall y Gonzalez 2010), a más de 1.200 km; y a mayor distancia también se encuentra en la Provincia de Salta y de Jujuy (Argentina) y región de Antofagasta (Chile) (Mindat 2016; Salazar et al. 2010). Por tanto, dichas zonas deberíamos señalarlas como las posibles fuentes de proveniencia de las cuentas de turquesa presentes en isla Mocha, aunque sin poder determinar cuál específicamente (Figuras 2 y 3).

Figura 2 Cono Sur sudamericano. Sitios arqueológicos (estrellas blancas), fuentes de obsidiana (triángulos negros) y fuentes de turquesas (círculos grises). Minerales de cobre hay en toda la cordillera andina a lo largo de la frontera chileno-argentina. South American Southern Cone. Archaeological sites (white stars), obsidian sources (black triangles), and turquoise sources (gray circles). There are cooper ores in the entire Andean cordillera along theChile-Argentinaborder. 

Figura 3 Sur de Chile y Norpatagonia argentina. Sitios arqueológicos (estrellas blancas), fuentes de obsidiana (triángulos negros) y fuentes de turquesas (círculos grises). Minerales de cobre hay en toda la cordillera andina a lo largo de la frontera chileno-argentina. SouthernChileand Argentinean NorthernPatagonia. Archaeological sites (white stars), obsidian sources (black triangles), and turquoise sources (gray circles). There are cooper ores in the entire Andean cordillera along theChile-Argentinaborder. 

Debemos indicar, además, que en el sur de Chile sí hay presencia geológica -no así en contextos arqueológicos reportados- de otras “piedras verdes”, por ejemplo, de serpentinita (Barra et al. 1998) y de malaquita (Alfaro y Gajardo 1978; Oyarzun et al. 1982). Por tanto, nuestros resultados no deben ser interpretados como que todas las “piedras verdes” del Sur de Chile son turquesas, sino por el contrario, solo las dos cuentas de isla Mocha que fueron analizadas composicionalmente.

También hay que considerar que en los sitios arqueológicos de isla Mocha se han recuperado cuentas en otros materiales (concha, roca sedimentaria, hueso y metal) (Figura 4B-G). Con excepción de las de metal -detalladas en la siguiente sección-, es muy probable que dichas cuentas estén manufacturadas sobre materias primas locales, dada su disponibilidad en la misma isla Mocha.

Figura 4 Variedad de cuentas de isla Mocha. A: turquesa; B-D: concha; E: roca sedimentaria; F: hueso, G: metal. Variety ofMochaIsland beads. A: turquoise, B-D: shell; E: sedimentary rock; F: bone, G: metal. 

El fenómeno de las cuentas, incluso más allá de su materia prima, es importante, pues desde las crónicas europeas más tempranas estas-también denominadas como llancas o chaquiras- son referidas por el gran valor que los indígenas les confieren (Góngora Marmolejo 1990 [1575]:166, 193, 227;González de Nájera 1889 [1614]:47; Mariño de Lobera 1865 [1595]:348). Sin embargo, esto contrasta con los escasos contextos arqueológicos prehistóricos donde han sido reportadas (Padre Las Casas [Gordon 1978], La Candelaria [Bahamondes et al. 2006], JMC-01 [Mera 2014]), todos ellos con una temporalidad post-1000 d.C.

En específico, la presencia arqueológica de cuentas en “piedras verdes” en el sur de Chile, la encontramos, con excepción de Isla Mocha, solo en el sitio cordillerano de Challupén 5, en el lago Calafquén (Berdichewsky y Calvo 1971-72:542). Este contexto parece ser ya de tiempos históricos dado el hallazgo de cuentas de vidrio, sin embargo, corresponde a una tumba removida. En este caso la roca fue descrita como “malaquita”, aunque ante la ausencia de análisis composicionales adecuados, preferimos denominarle como de “piedra verde”.

Para el sitio Chenque I (La Pampa, Argentina) (Berón 2012), y con una cronología contemporánea a aquellos de isla Mocha, fueron identificadas por XRD cuentas de turquesa de morfología y tamaño similar a los de esta isla. Es intrigante saber si la distribución de estas cuentas responde a problemas de muestreo y avance de la investigación, o si efectivamente revela un aspecto muy peculiar de la circulación de estos bienes en el sur de Chile y Norpatagonia argentina (Figura 5A-B).

Figura 5 Piezas de Isla Mocha, Norpatagonia argentina y Chile Central comparadas. A y B: Cuentas de turquesa de P22-1 y P25-1, y Chenque I, respectivamente. C, D y E: cuentas tubulares de P5-1, Chenque I y El Paso del Buey, respectivamente. B: Berón (2012); D: Berón y González (2006); E: Durán et al. (1999). Comparison of artifacts fromMochaIsland, Argentinian NorthPatagonia, and CentralChile. A and B: Turquoise beads from P22-1 and P25-1, andChenque I, respectively. C, D and E: metal tubular beads fromMochaIsland,Chenque IandEl Paso del Buey, respectively. B:Berón(2012); D:BerónandGonzález(2006); E:Duránet al. (1999). 

Los metales

Se consideraron para análisis las piezas de metal obtenidas en los proyectos dirigidos por Campbell y por Quiroz y Sánchez (Figura 6). En este último caso, dichas piezas formaron parte de la tesis de pregrado de Campbell (2004). Esto implicó en su momento la toma de muestras desde las piezas y el montaje de estas en resina, además de contarse con la ubicación precisa de estas en el depósito del Museo de Historia Natural de Concepción. Esta es una materialidad que ha sido objeto de distintos análisis en los últimos años, y que presenta una gran heterogeneidad composicional, lo que complejiza abordar la proveniencia de las materias primas empleadas.

Figura 6 Piezas de metal de isla Mocha estudiadas. A: alambre en cobre de alta pureza; B: aro cuadrangular con muesca de latón; C: aro circular plano en aleación plata-cobre (fragmentado); D: alambre en aleación plata-cobre; E-G: cuentas tubulares de bronce; H: anzuelo en bronce; I-J: pendientes de cobre arsenical; K: pulsera de cobre arsenical. MochaIsland metallic artefacts analyzed. A: high-purity copper wire; B: notched quadrangular earring with brass notch; C: flat circular earring (fragmented) on silver-copper alloy; D: wire on silver-copper alloy; E-G: tubular beads on bronze; H: fishhook on bronze; I: arsenical copper pendants; K: arsenical copper wristband. 

En el sur de Chile, las piezas de metal aparecen por vez primera hacia el 1000 d.C. en contextos del periodo Alfarero Temprano (350-1.000 d.C.) (Mera et al. 2015), popularizándose durante el periodo Alfarero Tardío (Campbell 2004; Campbell et al. 2015) y continuando esta hasta tiempos prácticamente actuales (Campbell 2015b). Estas piezas corresponden principalmente a artefactos de adorno, como aros, pulseras, pendientes y anillos.

En el caso de las piezas de isla Mocha hemos realizado análisis por PIXE, XRF y SEM-EDS4a un universo de 11 piezas (Tabla 2). Estos nos han permitido (Campbell y Figueroa 2013; Campbell y Plaza 2015; Campbell et al. 2015; Plaza 2016) establecer la presencia de:

  • - cobre de alta pureza (cobre > 99%) (una pieza)

  • - cobre arsenical (cobre-arsénico) (tres piezas)

  • - bronce (cobre-estaño) (cuatro piezas)

  • - latón (cobre-zinc) (una pieza)

  • - aleación plata-cobre (dos piezas)

Tabla 2 Composición química de las piezas de metal analizadas. Chemical composition of the metallic artefacts. 

    Resultados en % en peso Resultados en partes por millón (ppm)
Pieza / N° Sitio Técnica Cu Zn Ag As Sn Sb Pb P Al Ca Fe S Ni Cd Au Bi Na Mg Si Cl Sc
Alambre P23-2 SEM-EDS 100,0 = = = = = = = = = = = = = = = = = = = =
Pendiente P5-1 XRF 98,5 = = 1,3 = 0,2 = = = = = = = 350 = = = = = = =
Pendiente P12-1 PIXE 97,2 - 0,7 2,0 - - - - - 0,02 0,01 - - - - 499 - 73 93 130 -
Pulsera P25-1 PIXE 93,4 - 0,1 5,7 - 0,5 0,1 - - - - - - - - 983 - 109 24 - -
Anzuelo P25-1 PIXE 87,8 - 0,1 - 12,0 - - - - - 0,1 22 - - - - - - 42 50 -
Tubo chico P5-1 XRF 85,8 = = 0,2 10,0 0,4 1,3 = = 1,2 = 971 690 = = = = = = = 870
Tubomediano P5-1 XRF 83,6 = = 0,2 8,6 = = 5,6 = 1,4 = = = = = = = = 760 = 840
Tubo largo P5-1 XRF 66,3 = 0,04 = 7,8 = = 10,3 1,3 2,6 = = = = = = = = 11695 = =
Aro P25-1 PIXE 61,8 36,5 0,1 - - - 1,3 - - - 0,2 - - - - - 1127 - 26 - -
Alambre P31-1 PIXE 1,7 - 98,2 - - - - - - - - - 169 - - 785 - 388 139 219 -
Aro P21-1 PIXE 2,7 - 96,9 - - - 0,2 - - - - - 18 - 562 - - 260 35 138 -

“-” elemento bajo el límite de detección. “=” elemento no detectado. “x” elemento no analizado.

La heterogeneidad de elementos presentes en las piezas metálicas sugiere que las materias primas o las piezas mismas fueron adquiridas en distintas áreas. En este contexto es importante tener en cuenta que el sur de Chile no es una zona de raigambre minera, ni donde estos recursos estén ubicuamente distribuidos como en el norte de Chile (Enami 1988), y donde la cobertura vegetal es un obstáculo para el mapeo y hallazgo de minerales (Alfaro y Gajardo 1978; Oyarzún et al. 1982a).

También debemos considerar la existencia de posibles aleaciones naturales, como pudiera ser el caso del cobre arsenical o la aleación plata-cobre, en contraste con metales que se encuentran separados y cuya aleación sería intencional, como sería el caso del bronce o latón.

En relación a la disponibilidad de los diferentes metales y elementos identificados (cobre, arsénico, estaño, zinc y plata), podemos establecer preliminarmente que algunas materias primas pudieron ser adquiridas localmente, mientras que otras sugieren una proveniencia -y con ello, una circulación- bastante amplia (Figuras 2 y 3).

De esta forma, es que los minerales de cobre se encuentran disponibles abundantemente en toda la cordillera andina (Cunningham et al. 2008; Sillitoe 1986), a lo largo de la frontera chileno-argentina. Asimismo, más localmente, se los encuentra también en un acotado sector de la Cordillera de la Costa entre los 38,3° y 39,3° S (aproximadamente entre Tirúa y Loncoche) (Collao et al. 1986; Duhart et al. 2005; Oyarzún et al. 1986). En todos los casos estos corresponden principalmente a sulfuros.

Asociados a aquellos minerales cupríferos andinos, también se encuentran minerales de arsénico (Lechtman 2007; Oyarzún 2000; Sillitoe 1986), como es el caso de la enargita (un sulfuro de arsénico y cobre) detectado hasta la latitud de Temuco (Lechtman 2003). Finalmente, habría minerales argentíferos en algunos puntos de la cordillera andina (Oyarzún 2000), asociados tanto a cobre como a plomo (Lechtman 2007).

Por tanto, menas de cobre puro o con impurezas de arsénico y/o plata, son comunes a lo largo del territorio chileno, algunos muy cercanos a isla Mocha. Por otra parte, estos recursos no representan necesariamente aleaciones intencionales, pero es altamente probable que los mineros prehispánicos hayan reconocido los distintos minerales -puros o impuros- y los hayan seleccionado intencionalmente, conociendo sus propiedades al transformarlos en metal. Respecto a los lugares de ocurrencia de metales y minerales, es importante señalar también que estos puntos refieren a aquellos donde sabemos de su presencia basados en estándares económicos modernos o bien donde la geología local indica su posible presencia.

En otro sentido, en el caso del sur de Chile e isla Mocha en particular, no se han encontrado hasta ahora evidencias de minería o metalurgia. Con anterioridad (Campbell 2004, 2005, 2008) habíamos planteado la presencia de posibles restos de procesos metalúrgicos (escorias, lingoteras, crisoles) en isla Mocha, lo que daría cuenta de un trabajo de manufactura local. Sin embargo, estudios recientes a estas evidencias han refutado dicha posibilidad (Plaza 2016). Por lo que no podemos descartar el que tanto la materia prima como objetos terminados provengan de áreas vecinas como Chile Central o Norte Chico, donde éste tipo de minerales y adornos se encuentran también presentes (Latorre y López 2011; Plaza y Martinón-Torres 2015). Tampoco es claro aún, si el material que circula corresponde a piezas terminadas, fragmentos de objetos que son reciclados, materia prima refinada (gotas, lingotes) o materia prima en bruto (mineral). Por estas razones, la existencia de un trabajo metalúrgico local en isla Mocha y el sur de Chile queda a la espera de evidencia que permita validarlo. Sin embargo, no está demás decir que dicho trabajo, dadas las condiciones de conservación y de su escala productiva, puede ser altamente elusivo al arqueólogo.

Un panorama diferente nos proponen las piezas hechas en bronce y latón. Los contenidos de estaño en las primeras (7-12%) y de zinc en la segunda (36%) son lo bastante altos para ser considerados aleaciones producidas intencionalmente. En el caso de los minerales estañíferos, éstos solo se encuentran en el altiplano boliviano y noroeste argentino (González 2004; Oyarzún 2000), algunos asociados a minerales cupríferos (Lechtman 2003). Esto no quiere decir que las piezas de bronce presentes en isla Mocha fueron traídas directamente desde el altiplano, sino que su circulación articuló dos áreas distantes por 1.900 km.

En el caso de la pieza de latón, debemos indicar que el beneficio del zinc fue desconocido en América hasta el arribo europeo. Por tanto dicha pieza correspondería a tiempos históricos, estando mediada por los europeos voluntaria o involuntariamente. A nivel técnico, el trabajo en bronce y latón involucra un conocimiento y manejo de tecnologías de fundición y metalurgia diferente a la tecnología necesaria para trabajar el cobre puro o impuro.

Por último es interesante que en zonas vecinas al sur de Chile aparezcan piezas muy similares en morfología y composición a aquellas de isla Mocha (Figuras 5 y 7). Por ejemplo, cuentas tubulares de bronce han sido recuperadas en el sitio Chenque I (La Pampa, Argentina) (Berón y González 2006). Del mismo modo en sitios de la Cultura Aconcagua de Chile Central (1000-1400 d.C.) han sido halladas cuentas tubulares (El Paso del Buey [Durán et al. 1999]) y un pendiente (Popeta [Falabella et al. 2016:391]); en ambos casos su composición no ha sido determinada, aunque su metal base es cobre.

Discusión y Conclusiones

Estos tres conjuntos materiales (obsidianas, turquesas, metales), representados en muy bajo número y que no satisfacen ninguna necesidad práctica inmediata, se alejarían así de las denominadas “tecnologías prácticas”, entendidas como aquellas orientadas a resolver problemas de subsistencia y confort básicos de una forma eficiente y efectiva (Hayden 1995:2). Por el contrario, harían más bien parte de las denominadas “tecnologías de prestigio”, en cuanto: “The purpose of creating prestigeartifacts isnot to perform a practicaltask, but to display wealth, success, and power” (Hayden 1995:11). Por tanto han de surgir a la par de una complejización política de la sociedad, al alimentar y ser parte de procesos de diferenciación social. De esta forma pasan a ser trascendentales para comprender el desarrollo social e histórico de los grupos que habitaron el sur de Chile desde el 1000 d.C. en adelante. No está demás decir que el despliegue de estas “tecnologías de prestigio” y sus efectos sociales puede darse en todos los ámbitos de la vida social, tanto domésticos como públicos.

De esta forma es que su condición de bienes exóticos-incluso sin necesidad de saber cuál es su punto de origen- como también su virtual ausencia con anterioridad al 1000 d.C., se inserta y hace parte de un novedoso contexto social en el sur de Chile. Estos objetos pasan a ser testimonio de la activación de redes de comunicación a larga distancia de una escala previamente ausente, y cuya real envergadura es posible que haya sido desconocida para sus participantes.

Proponemos que, estas redes y los bienes circulantes, denotarían el surgimiento de ciertos individuos y comunidades en distintos puntos del sur de Chile, siendo Isla Mocha el área a la que hemos accedido en detalle, con la necesidad y la capacidad de diferenciarse socialmente de otros. Por tanto, ellos estarían “compitiendo” por el acceso a estos bienes -seguramente socialmente valorizados, en razón de su escasez, peculiaridad y/o nivel de inversión requerido para su manufactura-, como también posiblemente por el manejo de las redes de intercambio que permiten su circulación (Drennan 1995). En este sentido, los estudios de proveniencia nos aportan un refinamiento de lo anterior, al poder informarnos respecto de las zonas que dichas redes articulan, sea esto directa o, más posiblemente, indirectamente.

En nuestro caso, es factible plantear hipotéticamente dos vectores de desplazamiento de bienes. El primero, en sentido longitudinal, nos ayudaría a explicar la presencia de piezas metálicas de bronce en el sur de Chile, e incluso en Patagonia Central a más de 2.500 km de distancia del altiplano boliviano y noroeste argentino(Méndez et al. 2017), lugar donde el estaño requerido para su manufactura está presente. Del mismo modo, el alambre de cobre puro reportado en este trabajo, presenta una pieza similar -en forma y composición- en el sitio inca de Cerro La Cruz (Plaza 2014; Plaza y Martinón-Torres 2015) en Chile Central (Figura 7C-D). A esto podemos agregar la siempre intrigante similitud de los aros cuadrangulares con muesca del Complejo El Vergel (Campbell 2004) con aquellos cuadrangulares de la Cultura Diaguita Chilena del Norte Semiárido (1000-1536 d.C.) (Latorre y López 2011) (Figura 7G-H). A este vector podemos agregar también la evidencia de fibras de alpaca recuperadas en el cementerio Pitrén Villa JMC-1 (Mera 2014), seguramente de origen septentrional. En una dirección ahora sur-norte, debe indicarse el hallazgo de un aro cuadrangular con muesca de morfología El Vergel en el Estadio de Quillota (Plaza 2010), sitio inca de Chile Central (1400-1536 d.C.) (Figura 7E-F).

Figura 7 Piezas de Isla Mocha, Chile Central y Norte Semiárido comparadas. A y B: Pendientes (P12-1 y Popeta); C y D: alambres de cobre de alta pureza (P23-2 y Cerro La Cruz); E y F: Aros cuadrangulares con muesca (La Candelaria y Estadio de Quillota); G y H: Aro cuadrangular con muesca y aro cuadrangular con apéndices (Coronel-2 y Fundo Titón). B: Falabella et al. (2016); D: Plaza (2014); F: fotografía de M.P. Plaza; H: Latorre y López (2011). Comparison of artefacts fromMochaIsland,Central Chileand Semiarid North. A and B: Pendants (P12-1 andPopeta); C and D: high-purity copper wires (P23-2 andCerro La Cruz); E and F: Notched quadrangular earrings (La CandelariaandEstadio de Quillota); G and H: Notched quadrangular earring and quadrangular earring with appendixes (Coronel-2andFundo Titón). B:Falabellaet al. (2016); D:Plaza(2014); F: photographbyM.P. Plaza;H:LatorreandLópez(2011)

El segundo vector, de orientación latitudinal, nos permitiría entender la presencia de obsidianas tanto del actual territorio chileno como trasandino, y la ocurrencia en esta última área -siguiendo una dirección inversa- de maíz y cerámica decorada rojo sobre blanco característica del Complejo El Vergel (Berón et al. 2012; Hajduk et al. 2011; Musaubach y Berón 2017; Salazar y Berón 2013). No está demás nombrar, las similitudes ya referidas entre artefactos del sur de Chile y Norpatagonia argentina, pero en donde una direccionalidad es difícil aun de esbozar.

Lamentablemente, respecto al cobre de alta pureza, el cobre arsenical, la aleación plata-cobre y la turquesa, los datos actuales no son concluyentes como para poder inclinarse con certeza por uno u otro vector hipotéticos. Del mismo modo, no podemos descontar que junto con estos bienes también estén circulando conocimientos y/o personas (en la forma de comerciantes, migrantes, cónyuges, etc.), aspectos a los que en el estado actual de la investigación también nos es difícil acceder. Por último, más allá de la propuesta de estos vectores, no podemos descartar que la circulación de los bienes mencionados y/o de las materias primas para su manufactura, pudiera haber tomado enrevesados caminos -muy diferentes a una linealidad fuente-destino- y más de uno contemporáneamente. Debemos considerar además las posibilidades de que dichas rutas y redes de intercambio, se modificasen múltiples veces durante el lapso temporal de su funcionamiento (en nuestro caso son 700 años) en relación a los cambios (micro y macro) que sus actores sociales pudieron experimentar.

Por ello es clave que los análisis de proveniencia y los estudios sobre distribución de bienes se desarrollen a la par de propuestas socialmente contextualizadas y plausibles, las que permitan explicar -y no solo describir- el registro arqueológico abordado. Esto es válido tanto para el Sur de Chile y el Cono Sur sudamericano, como para cualquier área geográfica que sea de interés investigativo.

Agradecimientos:

A todas y todos los que han participado en los proyectos NSF BCS-0956229, FONDECYT 3130515, 11150397 y 11130651. A Benoit Mille (C2RMF) por los análisis PIXE. A Ismael Murillo por sus conocimientos geológicos. A los tres evaluadores anónimos.

Referencias Citadas

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88 En cuanto a lo biótico presenta la peculiaridad de: (a) no tener especies arbóreas del géneroNothofagus, (b) contar endémicamente solo con mamíferos pequeños y (c) tener solo cinco taxa endémicos: el roedorOctodonpacificus(degú del Pacífico), las aves terrestresAphrasturaspinicaudabullocki(rayadito de la mocha),Scelorchilusrubeculamochae(chucao de la mocha) yTurdusfalcklandiimochae(zorzal de la mocha), y la ave marina migratoriaPuffinuscreatopus(fardela blanca).

99 Proyectos NSF BCS-0956229 (2009-2011), FONDECYT 3130515 (2012-2015) y FONDECYT 11150397 (2015-2018).

1010 Proyectos FONDECYT 1921129 (1992-1995), FONDECYT 1950175 (1995-1998), FONDECYT 1990027 (1999-2002) y FONDECYT 1020272 (2002-2006).

1111 Análisis técnicos aplicados. XRF: Fluorescencia de rayos X. ICP-MS: Espectrometría de masas con plasma acoplado inductivamente. XRD: Difracción de rayos X. PIXE: Emisión de rayos X inducida por partículas. SEM-EDS: Microscopia electrónica de barrido, con energía dispersiva de rayos X.

1212 Este tipo corresponde al que fue originalmente denominado como MEL por Stern (2008); Stern (2017) ha optado por cambiar su nombre a NS

1313 En este trabajo, y en ausencia de análisis composicionales que permitan una correcta identificación, entenderemos bajo el concepto de “piedra verde” aquellos minerales cuya principal característica cromática es presentar un color verdoso, independiente de su naturaleza geológica. Esto es para evitar falsas identificaciones, en consideración de la variedad de rocas verdes existentes en la naturaleza y que responden a diferentes historias y distribuciones geológicas. Es decir, en esta categoría entran indistintamente: amazonitas, apatitas, calcedonias, crisocolas, fluorapatitas, malaquitas, serpentinitas, turquesas, entre otras

Recibido: Febrero de 2017; Aprobado: Enero de 2018

Autor de Correspondencia E-mail: campbell@uc.cl

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