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Chungará (Arica)

On-line version ISSN 0717-7356

Chungará (Arica) vol.50 no.4 Arica Dec. 2018

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-73562018005001601 

Antropología e Historia

LA PARADOJA ENTRE CULTURA Y REALIDAD: EL ESFUERZO DE CRIAR NIÑOS Y NIÑAS MAPUCHE EN COMUNIDADES INDÍGENAS DE CHILE

THE PARADOX BETWEEN CULTURE AND REALITY: THE CHALLENGE OF RAISING MAPUCHE BOYS AND GIRLS IN INDIGENOUS COMMUNITIES IN CHILE

Ana M. Alarcón1 

Marcela Castro G.1 

Paula Astudillo D.2 

Yolanda Nahuelcheo S.3 

1 Dpto. Salud Pública, Facultad de Medicina, Universidad de La Frontera. Manuel Montt 112, Temuco, Chile. ana.alarcon@ufrontera.cl; marcela.castro@ufrontera.cl

2 Dpto. Cirugía y Traumatología, Facultad de Medicina, Universidad de La Frontera,Chile paula.astudillo@ufrontera.cl

3 Seremia de Salud Región de La Araucanía, Temuco, Chile. Yolanda.nahuelcheo@salud.gov.cl

RESUMEN

El 35% de la población de la región de La Araucanía en Chile es Mapuche y habita mayoritariamente en comunidades campesinas rurales. Este trabajo, aborda el significado del desarrollo de niños y niñas mapuche en un contexto de conflicto interétnico desde la perspectiva de sus cuidadores. Es un trabajo etnográfico desarrollado en comunidades mapuche de Ercilla, Temuco, Lumaco y Collipulli, Puerto Saavedra y Curarrehue. Participaron 60 personas; entre padres, madres, abuelos/as, y profesores rurales, quienes relataron sus experiencias sobre criar niños y niñas en un territorio caracterizado por pobreza y conflictos socio-políticos. Los resultados muestran que criar niños/as es un proyecto social y cultural como pueblo mapuche; el cual se caracteriza por la colusión entre las políticas externas que impiden el buen desarrollo de los niños, y procesos de resistencia cultural que intentan fortalecer la cultura propia. Las familias enfrentan la paradoja de enseñar a ser persona correcta, justa, conocedora del mundo Mapuche, fuerte y genuina en un ambiente de hostilidad, de imposición de patrones de crianza, educación y desarrollo ajenos a la cultura propia. Las bases que fundan el bienestar de la comunidad mapuche es el equilibrio, la tranquilidad; en consecuencia es un imperativo ético político observar que los niños mapuche se desarrollen en un ambiente de paz.

Palabras claves: niños indígenas; Mapuche; crianza indígena; conflicto

ABSTRACT

35% of the population in the Araucanian region of Chile is Mapuche and lives mainly in rural areas. This paper focuses on the development of Mapuche indigenous children and how their families cope with raising them in a territory characterized by poverty and socio-political conflicts. It is an ethnographic study carried out in Mapuche rural communities (Temuco, Ercilla, Lumaco, Collipulli). Sixty people participated by sharing their experiences through in-depth interviews. The results showed that raising and protecting children is a social and cultural endeavor for the entire community. This is a critical task due to historical political and social constraints. Their culture, history and language strengthen their Mapuche identity and resistance to colonialism. Mapuche families face the paradox of teaching Mapuche culture within an environment of hostility and Chilean ethnocentrism.

Key words: Mapuche children; indigenous; Mapuche childrearing; political conflicts

La UNICEF (2102) ha señalado que la población de niños y niñas indígenas constituye una de las poblaciones más vulnerables y marginadas a nivel mundial, para la cual es urgente generar medidas político-sociales a nivel de países, que aseguren su supervivencia y calidad de vida. Diversos estudios Latino Americanos indican que desde el punto de vista sanitario los niños indígenas presentan mayores tasas de mortalidad, problemas asociados a mal nutrición y dificultades en su desarrollo general (Amigo et al. 2010; Díaz et al. 2015). En Chile, el 8,7% de la población menor de 18 años es indígena y de esta el 85% es Mapuche, lo cual equivale a aproximadamente 340.000 niños y niñas mapuche que se concentran en las regiones Metropolitana y de La Araucanía; se indica además que el 29,5% de los niños y niñas indígenas de Chile viven en situación de pobreza (Ministerio de Desarrollo Social. Encuesta de Caracterización Socioeconómica [MDS-CASEN] 2015; Instituto Nacional de Estadísticas [INE] 2013).

La región de la Araucanía se encuentra a 679 kilómetros al sur de la capital de Santiago de Chile y tiene aproximadamente un 35% de población indígena mapuche que vive mayoritariamente en comunidades rurales (Figura 1). El territorio Mapuche se ha caracterizado históricamente por procesos de resistencia indígena hacia la colonización española y chilena. Los últimos 15 años la región de La Araucanía ha sido escenario de conflictos permanentes entre el Estado y pueblo mapuche, intentos fallidos de diálogos interétnicos e intersectoriales, y propuestas políticas sin éxito para abordar un fenómeno que se arrastra por años (Marimán et al. 2006). Independiente de las complejas causas asociadas a estos problemas y sus diversas aproximaciones teóricas, políticas, o indigenistas, existen en La Araucanía comunidades rurales, en donde se ejerce violencia y vulneración de los derechos de los niños indígenas; situación que afectaría en el largo plazo su desarrollo pleno. El ejercicio de la violencia política sobre grupos con identidades tiene el poder de afectar no solo a los receptores directos del hecho, sino también a generaciones futuras; así en las comunidades Mapuche rurales niños y niñas son testigos de acontecimientos que afligen su actual bienestar y también su futuro.

Figura 1 Mapa de la Región de La Araucanía en Chile. Map of Araucanian Region in Chile. 

La comisión de determinantes sociales de la Organización Mundial Salud (2014), indica que la pertenencia étnica es uno de los factores estructurales de inequidad en salud, es decir corresponde a una variable que se asocia a pobreza, menor escolaridad, menor ingreso, entre otras situaciones que profundizan la vulnerabilidad de los pueblos originarios. En la región de la Araucanía son la etnia y la ruralidad aquellas variables estructurales más gravitantes en la condición de inequidad social en la infancia mapuche. Esto significa que un niño o niña mapuche que nace en una comunidad rural de La Araucanía presenta una brecha mayor para lograr bienestar que otro que no está en esa condición, y dado que esa sola diferencia es injusta y evitable, se genera una inequidad y vulneración del derecho fundamental de la infancia a la posibilidad de alcanzar su máximo potencial.

En un ambiente de vulnerabilidad, como el que se describe en La Araucanía, velar por el bienestar de niños y niñas mapuche es un imperativo ético-político; la Convención de Derechos del Niño de las Naciones Unidas considera al desarrollo infantil como un derecho sustantivo y un estándar para la protección de los niños contra experiencias que atenten su curso normal (Woodhead 2005). La noción de desarrollo infantil es muy amplia y contiene diversas interpretaciones teóricas, la mayoría alude a procesos de crecimiento, cambio y transformaciones individuales progresivas, relacionadas en alguna medida con las competencias físicas, cognitivas, socioemocionales y morales de los niños. Desde la perspectiva de la antropología y psicología transcultural, el desarrollo infantil revela la pluralidad de los itinerarios evolutivos, el rol activo de niños y niñas con su ambiente sociocultural, para el modelamiento del desarrollo infantil basado en los requerimientos y principios de la propia cultura (Estep 2002; Woodhead y Moss 2008). El acento del enfoque psicoetnocultural se ubica en la interacción social, es decir en los procesos que gatilla el propio niño-niña (como sujeto) en vínculo con su entorno sociocultural, familia, espacio social, cultura y naturaleza (Keller 2014; Keller y Karnet 2013; Rogoff 2014; Vigosky 1978a, 1978b).

Los enfoques tanto de determinación social de la salud como de desarrollo etnocultural de la infancia confluyen y se complementan para comprender el proceso de criar y cuidar a niños y niñas mapuche en La Araucanía.

La cultura Mapuche en relación a la caracterización de la familia, pautas de crianza y educación infantil, ha sido foco de atención hace largo tiempo en Chile (Hilger 2015 [1957]; Llanquileo 2011; Quidel y Pichinao 2002; Sadler et al. 2006). Estos escritos han identificado al menos tres principios de la cultura Mapuche involucrados en el desarrollo y crianza de niños y niñas.

Primero, una concepción de salud relacionada al bienestar y al equilibrio del ser mapuche con todos los elementos que pueblan la naturaleza, en donde el ser humano es parte de ese conjunto. Para la cultura mapuche: tierra, agua, aire, fauna, flora, hombres y mujeres son portadores de espíritu; en este contexto el ser humano es un todo inseparable, y es inconcebible dividir entre cuerpo y mente, o persona y naturaleza (Marileo 2000).

Segundo, existen al menos cuatro valores fundamentales del ser persona mapuche: correcto o genuino, justo, conocedor de la naturaleza y mundo mapuche, y fuerte [de fortaleza]. Estos principios guían la formación y educación de los miembros de pueblo mapuche (Marileo 2000; Quilaqueo et al. 2016). La familia mapuche, como también la comunidad transmiten estos valores asumiendo culturalmente, la tarea de crianza en una dimensión biológica, social y moral (Quidel y Pichinao 2002; Quintriqueo y Torres 2012). Finalmente, la pertenencia a un territorio Mapuche y la presencia de idioma propio son elementos esenciales de la identidad cultural y política (Cuyul 2012; Marimán 2012). De aquí la importancia de la transmisión de los orígenes de la familia y la historia mapuche, junto a la preservación del mapudungun en el desarrollo de niños y niñas mapuche.

Este trabajo, articula los enfoques de antropología y desarrollo etnocultural para el estudio de la percepción del desarrollo de niños y niñas mapuche, en su contexto social, histórico, cultural y político económico. El objetivo del estudio es describir los significados culturales y contextuales asociados al proceso de desarrollo y bienestar de niños y niñas mapuche de la primera infancia, desde las experiencias de sus familias o cuidadores en la Región de La Araucanía-Chile. El propósito es aportar a profesionales que trabajan con la infancia mapuche de La Araucanía, algunos elementos empíricos para abordar el desarrollo y bienestar de estos niños desde una perspectiva crítica, cultural y contextual.

Material y Método

Este estudio es una investigación etnográfica realizada en las comunas de Temuco, Ercilla, Puerto Saavedra, Lumaco, Collipulli y Currarehue de la región de La Araucanía. Los criterios para la selección de participantes fueron: familias mapuche con niños de 0 a 4 años, habitantes de comunas rurales con altos índices de población mapuche (>50%), y divididas en las zonas geológicas de la región (cordillera, centro y costa). En total participaron 60 personas entre los que se encuentran: 15 abuelos/as, 31 madres, 10 padres, cuatro profesores rurales; de estos hay 13 hombres y 47 mujeres; y sus edades están entre los 19 y 84 años de edad. La selección de las personas y su acceso se realizó siguiendo el protocolo mapuche de conversación y visita, mediado por dirigentes de organizaciones mapuche y asesores culturales. El protocolo consistió en visitas reiteradas a las comunidades para conocerse personalmente, estrechar lazos de confianza con las familias y agentes tradicionales; haber sido presentado por un dirigente, asesor cultural o longko (jefe tradicional) de la comunidad, y tener participación activa de sus reuniones y ceremonias; finalmente al reconocer la importancia colectiva del proyecto los dirigentes contribuyeron a seleccionar a los participantes y acompañaron al equipo investigador a realizar sus entrevistas y observaciones. Esto implicó un proceso que respetaba los tiempos y protocolo social de la cultura Mapuche no imponiendo una agenda de investigación, pero al mismo tiempo ser reconocido como equipo de investigación confiable por una larga trayectoria de trabajo en la región del estudio.

Los datos se recolectaron a través de entrevistas en profundidad y observación de interacciones familiares en los hogares; lo cual fue logrado mediante un extenso trabajo de campo en las comunidades Mapuche, con permanencia o visitas reiteradas como se describió con anterioridad. Las actividades observadas y las entrevistas fueron grabadas, transcritas e ingresadas a una base de datos en el programa Atlas.ti8. Para el análisis de las narrativas se utilizó el enfoque de dominio cultural propuesto por Spradley (1980), el que consiste en la identificación de una estructura de significado cultural o dominio que se expresa como: adjudicación de un término semánticamente inclusivo, constituido por unidades homogéneas denominadas símbolos o categorías, y sus diversas relaciones de significado. El procedimiento se realizó en tres etapas: lectura repetida del contenido (segmentación en unidades de significado), identificación de símbolos culturales (códigos) y agrupación en dominios (unidades analíticas). Los datos fueron triangulados por lectura independiente de las entrevistas, diversas fuentes de datos y participantes, y finalmente discutidos con dirigentes y asesores culturales (Strauss y Corbin 1997). El estudio fue aprobado por el comité de ética científica de la Universidad de La Frontera y los entrevistados participaron voluntariamente bajo la firma de un consentimiento informado.

Resultados

Los resultados fueron agrupados en dos grandes dominios culturales. El primero relacionado con el valor que tienen los niños en la cultura mapuche expresado en el término “Infancia mapuche es la continuidad del pueblo y su cultura”, que se compone de tres categorías: significado de cuidar, criar, hacer crecer a los niños; los responsables de llevar a cabo esta tarea y la forma en que los niños aprenden. El segundo dominio consiste en el desarrollo de la persona desde niño denominado “La construcción del Che (corresponde al sentido de ser mapuche, ser persona en un sentido ético)”; compuesto por dos categorías: constricciones sociopolíticas y económicas, y fuerzas culturales que contienen o preservan la cultura propia.

Los Niños Representan la Continuidad del Pueblo y la Cultura

Los niños tienen un valor simbólico de continuidad y perdurabilidad para el pueblo mapuche, independiente de las condiciones económicas de la familia. Los relatos señalan que siempre un niño o niña es bienvenido en la familia, las personas se proyectan a través de los niños. Algunos de los siguientes relatos muestran estas observaciones: “Un niño/a es una gran alegría aunque no tenga nada, es una forma de darle continuidad al pueblo mapuche, que sigamos creciendo” (abuela, Collipulli). “¿Cómo no va ser lindo la llegada de un niño? la raza Mapuche no se pierde, nuestro pueblo crece, nadie lo elimina” (padre, Ercilla); “a medida de los años las culturas han ido desapareciendo, porque si nosotros no tenemos hijos mapuches se va perdiendo el apellido, la cultura, todo porque empiezan a nacer huinca, no son mapuche mapuche” (dirigente, Lumaco).

La mayoría de los participantes coinciden en que los niños gatillan el ejercicio de la cultura en los espacios domésticos. Cuando hay niños o niñas los adultos demuestran cómo se deben hacer y nombrar las cosas, los niños y niñas aprenden a comunicarse porque lo observan entre los adultos, y pueden reconocer su rol y jerarquía en la familia y comunidad debido a la forma en que los adultos se comunican con ellos. Los siguientes relatos ejemplifican lo anterior: “Cuando hay niños/as deben aprender a respetar las palabras, es importante, que los niños no sean atrevidos, eso se les va prohibiendo a los niños, para que sean buenos mapuche (…) no se pierda eso de ser mapuche” (abuelo, Lumaco). “Aquí estamos todos para enseñarle cómo se dicen y deben hacer las cosas, da alegría verlos hacer cosas como una papai o chachai (personas adultas mujer y hombre), champurrear un poco, así nadie nos eliminará como mapuche” (padre, Ercilla).

Otra de las formas de aprender roles socioculturales es la entrega de objetos culturales asociados al género por ejemplo: “la niña tiene su chawai (aros) y el niño su pontro (manta), (…) antes se hacían más diferencias, claro, había que entregar frazadas tejidas o caballos” (madre, Collipulli).

Los niños y niñas son una forma de tener apoyo y compañía, tanto para el trabajo que enfrentarán en la vejez como en lo afectivo y social: “Los mapuche no desconocen a sus padres, ni a sus abuelos, los niños saben que lo van a tener que apoyar como sea, ayudándolo en algunas cositas o acompañándolo, no dejarlo solo (…) se le enseña cuidar y respetar sus mayores” (abuela, Ercilla); “los he criado con mi pobreza a toda mi familia, pero gracias a Dios todos crecidos, ahora mi familia (hijos) me está devolviendo, toda la alimentación que yo les he dado” (abuela, Collipulli).

Los niños también tienen importancia en la vida doméstica y económica, realizan tareas propias de la familia rural, como cuidar animales pequeños y ayudar en actividades proporcionales a su condición de niño o niña. Algunas de las observaciones de terreno fueron muy ilustrativas en este sentido: “Niña de tres años, toma desayuno y acompaña a su tía a limpiar el gallinero, lleva una escoba pequeña en una mano y con la otra comparte el peso de una vasija de metal, más adelante una orden de la tía… ¡vaya a ver por qué ladra el perro!” (observación rural, Temuco). Una abuela relató: “cuando tuvo cuatro años el abuelo le dio un cordero, él (el niño) tenía que venir del colegio en la tarde a atender a su cordero, a ver cómo estaba, así pues lo hacemos nosotros los mapuche para que tenga algo, para que sea responsable” (abuela, Temuco). Otro entrevistado comentó: “el niño de chico hay que enseñarle todas las cosas en el campo, todo los trabajitos que uno hace y entonces el niño que salga a trabajar a otro lugar no está ignorante de ningún trabajo” (padre, Temuco).

Significado de cuidar y desarrollar integralmente

El concepto de desarrollo se representa en la palabra tremümün, que significa criar o hacer crecer en forma integral; implica cuidar, proteger, proporcionarle fortaleza, y hacerlos buenas personas. El cuidado y crecimiento están inmersos en el concepto de salud del pueblo mapuche, que según los entrevistados significa bienestar en forma integral y holística; un entrevistado clarifica: “tremümün es eso… criar bien todo sano, así que esté bien con todo su cuerpo, su espíritu, con lo que lo rodea… eso!” (madre, Ercilla); “los niñitos son personas chicas, personas! esa es la diferencia con el wingka … nosotros le decimos pichikeche (personas pequeñas), ya puede ser pichi zomo (se refiere a la niña mujer) o pichi wentru, (al niño hombre); igual no más hay que tratarlos como mapuche que son” (padre, Puerto Saavedra). Otro entrevistado expuso: “tremümün es crecer y bienestar para los niños, es criar dándole todo lo que necesita para que se críe como buen mapuche ya sea hombre o mujer, tienen que hacer lo que están llamados a ser, mapuche” (dirigente, Ercilla); “a medida de que vaya creciendo, van aprendiendo los ideales mapuche de la mejor manera. El niño que tenga un buen desarrollo de su cultura será mejor todavía” (madre, Curarrehue).

La mayoría de los entrevistados relevó la importancia de algunos cuidados para el buen desarrollo y crecimiento de los niños y niñas, entre éstos mencionaron alimentación, abrigo, protección espiritual, e inclusión en la vida social. Por ejemplo, durante los primeros años el cuidar bien a un niño o niña, significa alimentarlo con productos naturales y variados, por ejemplo: “darles a probar todo tipo de alimentos en complemento con la leche materna (…), todo deben conocer, darle cositas naturales, agüita fría y caliente, caldito así va estirando sus huesitos” (madre, Temuco); “comer harina tostada todas esas cosas, para tener fuerza comienza harina con leche, de todo alimento natural” (abuela, Collipulli). A los niños se les protege para evitar daños provenientes de terceras personas o espíritus de la naturaleza, realizando algunas ceremonias como se relata a continuación: “se les hace oraciones o rogativas para que le vaya bien, que sea buena persona, para darle fortaleza (…) hay que bañarlo con lawen (hierbas medicinales) para protegerlo, pocos hacen eso ahora, pero hay que hacerlo porque ya anda gente mala, envidiosa de la alegría de los niños” (abuela, Temuco). Se espera que el niño o niña sea autónomo a muy temprana edad, participando en tareas o haciéndose cargo de pequeñas labores: “él va desarrollando nuevas habilidades, compartir, estar con otras personas, nombrar cosas, trato de que él vaya desarrollando esa parte intelectual; vea los animales afuera, las vacas, los pollos, los chanchos, se vaya acostumbrado a cuidar” (padre, Lumaco); o “que vayan adquiriendo conocimientos de la cultura, tratar de sacarlo a las ceremonias que se hacen, que vaya aprendiendo las comidas, los juegos, los animales, los utensilios, entonces yo quiero que aprenda eso, el lenguaje Mapuche igual” (madre, Puerto Saavedra).

El propósito de la crianza y desarrollo es formar el carácter o la personalidad del niño o niña para que sean fuertes (con newen) ante la adversidad; este valor aparece muy recurrente entre los entrevistados. Las siguientes citas muestran esta idea: “la fortaleza física y espiritual hará que los niños no sufran la humillación y discriminación que nosotros sufrimos” (dirigente, Ercilla); “yo creo que en el colegio miran diferente los niños que son mapuche y los que no son, ahí lo discriminan… tienen que aprender a tener fortaleza desde chicos” (abuelo, Collipulli); “tienen que aprender a ser fuertes, a salir adelante porque todo le va a costar más como mapuche, más si es de campo, mucha humillación” (madre, Temuco)”; “que aprenda a levantarse una y otra vez, así va aprender a ser fuerte de carácter, vean cómo nos tratan a los mapuche aquí mismo vienen a perseguirnos” (padre, Ercilla).

Responsables del cuidado: familia y comunidad

Cuidar y proteger un niño o niña, es una responsabilidad social colectiva. La familia tiene un rol trascendental, no solo los padres son los encargados de cuidar y hacer crecer a los niños. En la familia mapuche, los abuelos se encargan de igual manera de la crianza y enseñanza de los niños, los niños grandes cuidan a los más pequeños, y la protección es tarea de todos. En diversos territorios se mencionó que el cuidado del niño o niña se realiza dentro de la familia. De la misma forma los miembros de la comunidad protegen a los niños y niñas de cualquier peligro posible cuando éstos participan en actividades colectivas. Las siguientes aseveraciones demuestran este aspecto: “si un niño o niña no hace lo correcto en el nguillatun (ceremonia mapuche), cualquiera puede corregir con cariño ya llevándolo de la manito o así enseñando la manera mapuche nuestra; en rogativa o cualquiera otra cosa estamos todos pendientes de los niños, cuidar que nada malo les pase, que no los tome algo malo” (dirigente, Puerto Saavedra); “a los niños no se les deja encargados a extraños ellos van a todas partes con nosotras, uno lo lleva afuera para que sienta el viento, para que vea cosas” (madre, Currarehue); “dejar encargado a un katripache (desconocido) no puede ser, no se puede encargarle a alguien que se responsabilice por hacer lo que usted debe hacer, porque los niños pueden transformarse en personas inadecuadas” (profesor rural).

Formas de enseñar y aprender: observación, participación y enseñanza cultural

El aprendizaje de los niños es por observación de las tareas que realizan otros niños o niñas y sus familias, luego por imitación, ser partícipes de la vida sociocultural familiar y a través de enseñanzas simbólicas de adultos mediante consejos o cuentos. A los infantes se les va incorporando gradualmente en tareas domésticas, responsabilidades familiares y posteriormente comunitarias. Muchas de las interacciones que ocurren con los niños /as en el seno de la familia son en silencio activo, lo cual significa participar observando. Los relatos indican que antiguamente a los niños se les colocaba en küpülwue (artefacto de madera y lana que permitía mantener al niño en posición vertical) para que puedan observar e integrarse a las actividades de la familia. A modo de ejemplo, una abuela describe: “se les tenía así paraditos, con la cabecita bien afirmada, para que acompañen a la mamá en la huerta, así miran todo” (abuela, Temuco); “ya no se pone en ese küpülwue, pero yo los dejo sentados en un sillón para que estén ahí mirando con nosotros” (madre, Collipulli). En otra ocasión hablando acerca de los coches para bebes un padre señaló: “ese invento wingka que los niños miren para arriba todo el tiempo, no… cuando ya pueden, tienen que estar mirando a su alrededor para que comprendan, para participar como pichiche en todo” (dirigente, Lumaco).

A los niños se les enseñan algunas tareas las que primero observan con atención y luego realizan bajo la supervisión de un adulto, por ejemplo:

el hijo debe aprender el trabajito que está haciendo el papá, tenerlo cerca, mire hijo, así se trabaja esto, este otro trabajo se hace así, así se pesca la moto, así se pesca la yunta de buey para enyugarlo, así se enyuga, así se cuelga el arado, el carro y así de esta manera se pesca el arado para trabajar… (padre, Puerto Saavedra).

Los niños y niñas imitan a los adultos porque han tenido oportunidad de observarlos y de acompañarlos en todas sus actividades; a modo de ejemplo, en una reunión de la comunidad se observó lo siguiente:

las niñas y niños pequeños, entran a la sede acompañando a sus padres (acude la familia completa) saludando de mano a todos los asistentes, si eventualmente no lo hacen los padres dicen: -salude hijo (o hija); los adultos responden de igual forma a los niños dándoles la mano, saludándolos en mapudungun, incluso los adultos saludan a los bebés en brazos de sus madres como personas pequeñas (nota de campo, Ercilla).

En contacto diario con la naturaleza y vida social, los niños rurales aprenden el valor del silencio y la observación. Una informante expresó esta idea de la siguiente forma: “los niños miran todo, escuchan todo cuando están en silencio, aprender a no molestar a los animalitos, a respetarlos, ser cariñoso no pegarle a los perritos nada, respetar todo” (abuela, Temuco). También imitan a los adultos en juegos de roles; una madre relata los siguiente: “ellos juegan, toman una rama ahí, y hacen como oración, en silencio, lo mismo que uno no más” (madre, Curarrehue); otro informante menciona: “los niños son personas abiertas, toda una construcción de Che, aprenden como hace el zorzal y lo copian, después ya lo reconocen” (dirigente, Lumaco).

El aprendizaje simbólico es otra de las formas en que se introduce a los infantes a reconocer códigos culturales y morales. Los aspectos internos de la cultura se trasmiten a través de la expresión oral en los llamados consejos, conversaciones, cuentos, relatos, dichos, o cantos. El contenido de esos relatos en general corresponde a la historia, cultura y origen Mapuche. Muchas enseñanzas de cómo ser y actuar correctamente provienen de historias mediante se aprenden errores, aciertos y castigos por no respetar reglas culturales. Varios abuelos señalaron que esta forma de enseñanza se practica en algunas comunidades más tradicionales, especialmente si hay personas mayores en las familias o comunidad. Al respecto un padre comenta:

a los niños hay que enseñarle valores desde la primera infancia, después ya se hace más difícil, hay que hacer nütramtu (conversación) y ngülamtun (consejo), uno no lo sienta y le dice vamos a hacer tal cosa, se va dando cuando se da la oportunidad (…) [desde cuando se le pregunta], desde we pichiche (nuevo ser pequeño) bebé como se dice (padre, Ercilla).

Un segundo dominio cultural encontrado en los relatos de los participantes, es representado bajo el nombre “construcción del Che”, el cual expresa el proyecto social de desarrollo de una persona mapuche. Uno de los participantes ejemplifica este concepto:

la importancia en sí de tener un hijo es poder mantener un linaje familiar, un hijo para una persona mapuche es en quien puedes confiar, preparar y entregarle el conocimiento para que algún día ellos sean gente que cumpla las cuatro estructuras que los mapuches debiésemos ser, un kümeche, norche, newenche y kimche (padre, Ercilla).

Los participantes señalaron la existencia de una serie de fuerzas sociales y políticas adversas que afectan la construcción de este ser Mapuche tal como ellos lo conciben; pero al mismo tiempo indican fortalezas internas como pueblo que se oponen a estas constricciones.

La Construcción del Che

El concepto de Che es el eje ético y valórico que conduce la formación de niños y niñas; el cual está integrado por los siguientes valores:

Sabiduría “kimche”: se espera que el niño o niña conozca su cultura y la naturaleza social y espiritual del pueblo mapuche. Deben reconocer las responsabilidades que les corresponde en una ceremonia (en algunos casos deben jugar roles tradicionales), aprender la historia, el origen del pueblo mapuche y de su propia familia, tal como lo indica un participante:

Che

Sabiduría Rectitud “norche”: es una persona correcta, transparente, que actúa con rectitud y responsabilidad frente a los miembros de la cultura. La persona en equilibrio es una condición propia del norche, alguien capaz de ponderar las distintas fuerzas y pensamientos para tomar decisiones correctas. Un entrevistado dice: “se nos enseña el control desde chicos, lo que es y no correcto, el equilibrio de todas las fuerzas, no ser welu zuam (desviado)”; también se enseña la responsabilidad frente a otro ser, haciéndose cargo de su cuidado: “se le va regalando un caballo cerdo, oveja, una avecita para que aprenda a convivir y a compartir con un ser que tiene las mismas necesidades que él, se le dice ese chanchito tiene hambre igual que usted, así que vaya a darle de comer usted es el responsable de eso, esa es la forma de enseñarlo”(padre, Puerto Saavedra). Rectitud y responsabilidad se logra además cuidando a hermanos menores, ayudando a quienes son más pequeños o frágiles como lo señala una madre: “ya se pone a cuidar a la hermana chica, darle cualquier cosita, que la mire y la saque del peligro (…) también compartir su pancito, porque ella es más chiquita” (madre, Curarrehue).

Sabiduría Genuino “rufche”: significa ser verdadero, decir la verdad. Según los entrevistados este valor se asocia a credibilidad y consecuencia entre lo que se dice y se es como persona. Muchos señalaron que actualmente hay un cambio en la conducta de los jóvenes, y eso afecta el rufche: “muchos niegan su ser mapuche, o parecen que no fueran, actúan como wingka pero se sabe que al fi les perjudica a ellos no más” (madre, Temuco); “las personas no deben desconocer su ser mapuche, su küpalme (origen), después lo que logran son enfermedades por no seguir lo que es correcto” (dirigente, Puerto Saavedra).

Sabiduría Bondad “kümeche”, persona que hace el bien y vive según las reglas de la cultura Mapuche. Corresponde al valor de la solidaridad y entregar apoyo a quienes están en dificultades. A los niños se les enseña a participar en las ceremonias de nguillatun, ayudar en un rukantun (construir casas colectivamente), visitar a las familias con personas enfermas y dar ofrendas a los espíritus de la naturaleza. Una madre dice:

Sabiduría continua explicando el sentido económico de la retribución:

“nosotros los Mapuche no vamos con las manos vacías, llevamos algo… huevito, pan… cualquier cosita de regalo para la familia (…) también le regalamos a chao ngenechen (ser supremo Mapuche) que nos da todo, dejamos ofrenda a los ngen (dueños espirituales) del bosque” (madre, Collipulli). Una abuela comenta, “a los niños se les enseña a quererse a sí mismos y a los demás como iguales” (abuela, Temuco).

Sabiduría Fortaleza “newenche”: ser persona con fortaleza. El ser fuerte como se mencionó anteriormente es parte de la construcción del Che. La fuerza o newen proviene de diferentes fuentes, entre las que se mencionaron las siguientes: de chao ngenechen que otorga vida y protección; de la familia y territorio en que habitaron los antepasados; del idioma mapudungun como una de las mayores fortalezas del pueblo mapuche; y de una historia compartida de guerras. Al respecto uno de los entrevistados resume este sentido de fortaleza: “hay momentos tristes de la vida pero así uno yo creo que como dicen en la cultura no mapuche, esa capacidad de resiliencia que tiene el pueblo mapuche se nos ha traspasado históricamente a cada uno de nosotros, de poder superarse ante la adversidad” (dirigente, Lumaco).

La forma en que estos valores del Che se transmiten es mediante el diálogo entre adultos y niños o niñas, y los consejos que surgen a partir de las acciones cotidianas u observaciones, en donde los niños y niñas son tratados con respeto y considerados igual que adultos. La siguiente cita ejemplifica esta idea:

existe este tema de las relaciones horizontales donde el niño es tratado como un individuo que se va formando desde pequeño como pichiche, gozando derechos igual que los demás integrantes de la familia (abuela, Collipulli).

Las personas coinciden en que la formación del Che es la base del desarrollo de niños y niñas, el concepto de ser Mapuche, tener identidad propia, ser diferente, y necesidad de preservar la cultura es común a todos los entrevistados. El esfuerzo por formar este ideal de persona es una tarea compleja debido a la serie de constricciones sociales, económicas y políticas que enfrenta la familia mapuche, las cuales se describen más adelante.

Constricciones que afectan la construcción del Che

La pérdida gradual del ecosistema es una gran constricción para el pueblo mapuche. Dado su fuerte vínculo con la naturaleza, la pérdida del ambiente natural afecta directamente el desarrollo como pueblo; a modo de ejemplo se mencionó:

el kimün es debilitado si no existen los bosques y el agua donde habitan muchos de los espíritus que nos protegen, esto también afecta a la medicina Mapuche y debilita el poder de las machi (agente tradicional y espiritual de sanación) quienes deben buscar sus lawen cada vez más lejos de su propio territorio (dirigente, Lumaco).

Algunos mencionaron la falta de regulación hacia las empresas forestales, lo cual influye o altera directamente el ecosistema:

ya no hay los animalitos, flores, plantitas que habían, toda la medicina ya no está (...), pasan los camiones forestales en medio de la comunidad afuera de la casa, nadie les dice no pasen por ahí porque no les pertenece, o hay un cementerio, o es un bosque…nadie (abuelo, Lumaco).

La precariedad económica junto a la pérdida gradual de las tierras son otros factores que generan inquietud sobre el futuro de los niños y niñas mapuche, como se ilustra en los siguientes relatos:

(…) ojalá mi hijo que tuviera una profesión, de una oficina por ahí, haciendo, trabajando, esa es la esperanza que yo tengo, que puedan estar en una oficina por ahí trabajando (…) Aquí ya no quedan tierras, todas las han ido comprando o apoderándose, en el campo así de pobre no tienen futuro (padre, Collipulli).

El pueblo mapuche tuvo todo en su territorio, fue un pueblo rico y tuvo todo, animales, tierra, tuvo una naturaleza que era muy rica que le daba de todo, pero hoy día la naturaleza esta arrasada, muerta no existe nada, no hay ni maqui, ni zarza, no hay esos productos, ¿te fijas? Y antes cosechábamos todo eso ahora no, entonces cómo van a ser los próximos Mapuche con todo esto? (profesor rural).

La violencia política también fue mencionada como contexto de vida mapuche que afecta el desarrollo y bienestar de los infantes. Como observadores del devenir de su cultura, los niños y niñas son testigos de acontecimientos que no se presentan en otras partes de Chile, por ejemplo allanamientos, golpizas a sus familias, o vehículos policiales rondando sus casas y sus escuelas. Los siguientes relatos ejemplifican cómo estos hechos afectan su bienestar:

los niños están asustados, no tienen la vida de niño, ya harto tienen con la discriminación que vana sufrir en la escuela y ahora tienen violencia en sus mismas casas (…) los niños juegan a los pacos (fuerza policial chilena) y comuneros (forma de llamar a los mapuche de comunidades rurales) porque eso es lo que les toca ver (madre, Ercilla).

Los niños aprenden a ser fuertes pues observan la adversidad: “no es como decirles párese no más hijo, es ver cómo nos tratan, así tienen que aprender cómo ser Mapuche, los niños miran eso en la tele…¡y cómo le va decir uno, sea bueno mi hijo!. No… tiene que ser más fuerte” (padre, Puerto Saavedra).

El sufrimiento de las familias es un sentimiento que presencian los niños y niñas en reiterados discursos de los adultos. En una de las reuniones del proyecto de investigación y como parte de la presentación de la comunidad, se relató lo siguiente:

esta es una comunidad que ha sufrido mucho… hemos perdido a hermanos… aquí mismo vienen, a nuestras casas a golpearnos a matarnos…estamos rodeados, vigilados día y noche, por qué? Porque somos campesinos, porque somos mapuche? (dirigente, Lumaco).

Algunas políticas públicas que no incorporan la identidad cultural fueron consideradas también como elementos constrictores de la cultura Mapuche. Por ejemplo, en el desarrollo y crianza de niños y niñas, ciertas actividades o recomendaciones provenientes del sector educación y salud, colisionan con las prácticas de la cultura, entre ellas, se mencionó a las pautas de valoración de competencias de desarrollo que no se adaptan a los contextos sociales o culturales de las familias. Las siguientes citas aluden a estos temas: “él (enfermero) me decía andador por si yo tenía andador y yo le dije que no porque los andadores de coligüe, esos de cáñamo son mejores igual que dos barandas así, pones los coligües tú y los niñitos se afirman así” (madre, Curarrehue); “ser Mapuche no es delito, lo que pasa en nuestra raza, hoy día hay más civilización, yo siempre protesto por el Estado chileno por las injusticias que se han hecho con nuestras razas, por las cosas que nos imponen hacer” (padre, Collipulli); “de repente nos evalúan a nosotros con tecnología y resulta que para acá los niños no te agarran un teléfono” (padre, Curarrehue).

Se señala que el ingreso al sistema escolar afecta el fortalecimiento de la cultura Mapuche en los niños y niñas. Las siguientes narrativas ejemplifican esta afirmación:

(…) las familias asumen la responsabilidad de trasmitir la formación del Che, la responsabilidad de entregarle kimün desde la cultura, pero después las escuelas, jardines infantiles, iglesias, lamentablemente son agentes de formación (…) entonces se pierden los afectos y se asume este tema de no pertenecer a algo, la pérdida de la raíz, todo (abuela, Temuco). Cuando hablan de sala cuna ya la guagua se sale de la cultura, de guagüita ya no van a saber lo que es cultura. Ahí igual olvidan su cultura, su mapudungun, entran al colegio y puro andan hablando castellano por estar estudiando la letra wingka y ahí es donde se olvidan de su lengua, por la lucha que hay miran para atrás la lengua de los mapuches, habrá discriminación (madre, Collipulli).

Fortalezas para la crianza de niños y niñas

A pesar de las dificultades para criar a los niños y niñas de acuerdo a los principios de la cultura, se reconoce la existencia de una fortaleza que proviene de la propia identidad Mapuche. Su forma de transmisión continúa siendo la enseñanza en mapudungun, y participación de los niños y niñas en las actividades de la familia y comunidad. Esto se ejemplifica en las siguientes citas: “hay enseñanzas buenas pero si los niños los dejan así como un animalito nunca le va interesar, después hacen lo que quieren” (madre, Temuco); “cuanto mejor sería si ellos hablaran su lengua porque así no negarían su sangre ellos muchas veces se avergüenza de hablar” (madre, Puerto Saavedra); “los niños son muy importantes dentro de la cultura porque ellos son los que están recibiendo los conocimientos de sus mayores y son los que van a seguir transmitiendo a las generaciones que vienen posteriores. Nuestra cultura, nuestra lengua es también nuestra fortaleza” (profesor rural).

Conclusiones

Este trabajo tuvo el propósito de conocer el significado de criar o cuidar niños mapuche pequeños desde la mirada vivencial y cultural de los adultos. Resume la perspectiva de familias rurales que tenían bajo su cuidado a niños o niñas menores de cuatro años que aún permanecen en el espacio familiar, sin contacto con cuidadores o educadores externos en escuelas o jardines infantiles.

En ese contexto, los resultados muestran que para las personas del pueblo mapuche el crecimiento y desarrollo de los niños y niñas mapuche rurales, es una tarea que se asume como familia y comunidad. La llegada de un niño o niña representa la continuidad de la cultura y pueblo, implica perdurarse en tanto identidad social y cultural; en tal sentido es un proyecto social en el que adultos, adolescentes e incluso niños y niñas mayores tienen una cuota de responsabilidad ya sea enseñando, protegiendo, cuidando, o alertando de peligros.

El niño y niña, tiene la condición de persona o Che desde que nace, al igual que un adulto con derechos y deberes. Estos últimos se van asumiendo de acuerdo a las capacidades propias de los niños o niñas, específicamente cuando los adultos observan que los pequeños están preparados para realizarlos; de ésta forma niños y niñas van contribuyendo a la dinámica familiar doméstica y también en la función social de la familia, como atender a visitas por ejemplo. Para los adultos mapuche, los niños o niñas no tienen una condición de inferior en la escala social jerárquica como ocurre en muchas sociedades gerontocráticas (Lancy 2015); para las familias mapuche los niños o niñas tienen la misma importancia social que los adultos, por esta razón son nombrados personas pequeñas ya sea hombres pequeños o mujeres pequeñas.

Los roles de género se van configurando en forma paulatina y comienzan a ser más evidentes cuando se inicia el proceso de caminata; anterior a ésta hay pocas acciones que impliquen diferenciación de género en los niños o niñas, por ejemplo, no hay uso de colores distintivos, juguetes, o una ambientación física que denote la presencia en la vivienda de un niño o una niña. Solo en algunas localidades se practican aún ciertas ceremonias que denotan la condición de género desde un inicio como la selección del lugar de entierro de la placenta de acuerdo si es niño o niña. Existen diversos eventos culturales que van iniciando a los infantes en las destrezas sociales, habilidades y conductas apropiadas para su género según la cultura Mapuche. En general los niños acompañan más a sus padres en las tareas domésticas y las niñas más a sus madres, además de recibir obsequios diferenciadores por parte de la familia o comunidad los cuales simbolizan culturalmente el comportamiento esperado de niños o niñas.

Uno de los hallazgos más relevantes del estudio ha sido observar que, a través de la crianza y cuidado de niños y niñas se materializa un proyecto social y cultural mapuche de persona: “el Che”, el cual se va gestando con consejos, diálogos y diversas estrategias de transmisión oral de las enseñanzas mapuche. Los niños aprenden por imitación de los adultos a participar en tareas cotidianas, ceremoniales o sociales tanto al interior de la familia como en el entorno comunitario. El silencio, la observación y escucha activa son actividades esenciales para un buen aprendizaje, así los niños y niñas rurales aprenden y distinguen diversos sonidos de la naturaleza, reconocen a las personas y sus roles, y copian diversos procedimientos o actividades que realizan los adultos. Existen fuertes principios éticos y morales en la formación del Che Mapuche, que conducen a los niños y las niñas a ser correctos, conocedores de la cultura, genuinos y personas que hacen el bien. Estos principios rectores en la formación del Che se enseñan mediante el respeto a los ancianos, asumiendo responsabilidades de cuidado de otros, practicando la solidaridad con enfermos, demostrando consideración con personas, ceremonias y seres de la naturaleza, participando en actividades comunitarias y cuidando a los espíritus de la naturaleza tanto como a ellos mismos.

El crecimiento y desarrollo se expresa en el concepto tremümün, el cual integra las ideas de cuidar, proteger y fortalecer lo que va creciendo. Este concepto se funde con la noción de salud, que significa estar bien en los planos espiritual, biológico, social y con los seres de la naturaleza. La fortaleza es un valor que se estimula desde temprana edad, tanto en lo físico como espiritual, se prepara a los niños y niñas para enfrentar la adversidad de ser Mapuche en Chile.

No obstante, este proyecto de hacer crecer a niños y niñas en un ambiente cultural y socialmente apropiado, es expresado como un gran desafío para las familias del pueblo mapuche, ya que existen una serie de fuerzas adversas tanto históricas como políticas, que impiden el buen vivir de la familia mapuche y sus niños o niñas. Entre éstas se identifican: la pérdida progresiva del ecosistema natural del cual depende el sustento cultural y económico de las familias en las comunidades, la pobreza persistente en muchas localidades debida a la falta de tierra y oportunidades para el desarrollo territorial especialmente en áreas rurales, la actual violencia y conflico que persiste en diversos territorios de La Araucanía, y políticas de Estado etnocéntricas que no resguardan o no consideran a la cultura Mapuche viviente como patrimonio de nuestro país.

A pesar de las adversidades anteriormente señaladas, las familias mapuche tienen la fortaleza para transmitir su cultura, idioma, los principios y valores del pueblo mapuche a los niños y niñas en un proceso de crianza y cuidado compartido por la familia y comunidad. En el origen de esa fortaleza se ubica la propia identidad cultural, el autoreconocimiento de su ser mapuche, el apoyo de organizaciones y el consciente colectivo de procesos históricos compartidos como pueblo que se transmiten de generación en generación.

La idea que la propia identidad mapuche se constituye en una fuerza impulsora para apoyar el desarrollo y crecimiento de los niños, se presenta también en otros pueblos indígenas que han vivido una historia de despojo y que los ha transformado en pueblos vulnerados. En ese contexto, los niños y niñas indígenas representan la trascendencia de la cultura indígena, lo cual gatilla mecanismos sociales, políticos y personales de conexión de los adultos con sus raíces culturales con el fin de enseñar a través del ejemplo (UNICEF 2003). En Chile la condición de vulnerabilidad social y económica continúa siendo un tema de derecho humano no resuelto (Marimán 2012). La infancia mapuche de comunidades rurales, está inmersa en un núcleo de constante constricción; utilizando el lenguaje de Habermas (2005), estas constricciones son fuerzas colonizadoras del mundo Mapuche, que debilitarían los significados compartidos, desintegrarían lazos sociales, y desestabilizarían el orden interno. No obstante, las familias generan procesos de resistencia cultural mediante la conservación del lenguaje, identidad ancestral y territorial (García- Canclini 2004, 2002). Aquí, la diada “anciano niño”, tiene un valor ético y de resistencia como ningún otro lazo posible porque la historia y cultura se preserva en el anciano y se transmite mediante el acto educativo moral del consejo.

El propósito del estudio ha sido aportar con una mirada crítica y comprensiva lo que significa el desarrollo y crianza de niños y niñas mapuche en la Región de La Araucanía. Considerando estos resultados, las personas que trabajan en la región podrán observar en cada niño o niña el esfuerzo conjunto de un pueblo que genera constantes estrategias para conservar su cultura ante la adversidad social, económica y política.

Agradecimientos

Proyecto FONDECYT 1150833; Gobierno de Chile; Universidad de La Frontera, Vicerrectoría de Investigación y Postgrado, Cooperación Internacional. A los evaluadores de Chungara Revista de Antropología Chilena por sus valiosas observaciones.

Referencias Citadas

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Received: July 2017; Accepted: June 2018

*Autor por Correspondencia Email: ana.alarcon@ufrontera.cl

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