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Chungará (Arica)

versión On-line ISSN 0717-7356

Chungará (Arica) vol.51 no.3 Arica set. 2019

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-73562019005002007 

RESEÑAS DE LIBROS

Al Canto del Agua. Poesía, Testimonio y Libro de la Comunidad Andina de San Pedro de Casta, Huarochirí

Joaquín José Antonio Molina Molina1 

1 Centro de Investigaciones Estéticas Latinoamericanas (CIELA), Facultad de Artes, Universidad de Chile, Santiago, Chile. joaquinmolinam@gmail.com

Al Canto del Agua. Poesía, Testimonio y Libro de la Comunidad Andina de San Pedro de Casta, Huarochirí. ., Rengifo de la Cruz, Elías. ., , Silbaviento Ediciones, ,, , Huancayo, Perú: ,, , 2018. , pp., , 102p. .,

Este libro del profesor de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Elías Rengifo de la Cruz, constituye una nueva y destacada contribución al corpus de investigaciones que se construyen a partir del aporte de heteróclitas disciplinas provenientes tanto de las humanidades como de las ciencias sociales, necesidad que emerge a partir del análisis de objetos de estudio cuya comprensión resulta insuficiente sin considerar la complejidad que las realidades socioculturales andinas suponen. Siguiendo el principio de Sahlins acerca de la indisociabilidad de fenómenos propios de la vida social como la economía, las relaciones políticas y la ritualidad en realidades etnográficas particulares (1983 [1972]), Rengifo, es dable postular, adopta esta impronta, en cuanto aborda los rasgos distintivos del caso que afronta el libro y sus detalles bajo una perspectiva metodológicamente amplia, interdisciplinaria y multiforme.

Como ya esbozan en su prólogo Gonzalo Espino Relucé, catedrático de la previamente mencionada casa de estudios, y, en el exordio, Marco Martos, expresidente de la Academia Peruana de la Lengua y destacadísimo poeta de la generación peruana del 60, este trabajo sobresale por incluir en su análisis elementos teóricos tributarios de los New Literacy Studies, basados fundamentalmente en las ideas de Víctor Vich (2001) respecto de los discursos orales que se fundamentan en textos escritos, además de orientar sobre el giro que han adoptado los estudios sobre alfabetización, evolucionando desde una perspectiva netamente cognitivista a una donde resulta imprescindible considerar los aportes de los estudios sociales, culturales, históricos e institucionales (Gee 2010). Asimismo, Rengifo emplea técnicas propias del análisis del discurso, provenientes de la semiótica de Algirdas Greimas y Paolo Fabbri, como lo son el esquema actancial y el programa narrativo. También destaca la aportación de la noción de ‘intertextualidad exoliteraria’ desarrollada por José Enrique Martínez Fernández (2001), que corresponde, grosso modo, a injertos en el texto literario provenientes de producción originalmente no literaria. Cabe mencionar además el concepto utilizado de ‘tecnología del intelecto’ de Jack Goody (1996) respecto del desarrollo de los métodos técnicos asociados a la escritura. Adicionalmente, Rengifo incluye en este trabajo los resultados propios de los procesos asociados a la investigación etnográfica, a partir de su observación participante realizada en un extendido período de trabajo de campo, que comenzó el año 1999 y se desarrolló intermitentemente por una década, con múltiples visitas a la comunidad de San Pedro de Casta, ubicada en la Provincia de Huarochirí, Departamento de Lima, Perú.

Al Canto del Agua se enfoca en las particularidades de la Fiesta del Agua, también llamada Champería, que efectúa esta comunidad año a año y que corresponde a una celebración de nueve días llevada a cabo en los meses de septiembre y octubre, cuyo fin persigue la consecución de la rogativa a propósito de la presencia del agua en el pueblo, la fertilidad de su territorio, la alegría que provoca la fiesta y el pago a las divinidades locales, entre otras determinaciones que el autor destaca. La Fiesta del Agua se conforma a partir del trabajo comunitario de limpieza de las acequias que rodean los accidentes geográficos aledaños e incluye actividades como corridas a caballo y cantos tradicionales de comuneras. La estructura del libro se compone en función de tres capítulos. En el primero se aborda la problemática que emerge a partir de la contradicción entre oralidad y escritura, frente a la dinámica que se desarrolla en esta comunidad respecto de la tensión entre su tradición oral y la fijación de la memoria mediante textos escritos de carácter sagrado, como lo es su libro ceremonial llamado Entablo. Para Rengifo, la intertextualidad exoliteraria representa una herramienta teórica útil para comprender los procesos de traspaso de información desde el campo de la oralidad al de la escritura en tanto este mecanismo operaría como una trasfusión de tecnología del intelecto desde la cultura occidental a la andina mediante un préstamo tecnológico de naturaleza transcultural. La categoría de intertextualidad que despliega el autor evidencia la relación dual entre la ya mencionada tecnología del intelecto, donde la escritura da paso a que “lo que la gente dice y piensa puede rescatarse de la transitoriedad de la comunicación oral” (p. 27), y el concepto de ‘artefacto oralizable’, encarnado este último en la figura del Entablo, donde quedan fijadas las leyes del calendario festivo de San Pedro de Casta.

En el segundo capítulo se ahonda en la explicación del mito de origen del espíritu tutelar andino Wallallo y la gran divulgación que este mantiene en la actualidad en el Ande, desafiando mediante su tenaz persistencia los avasalladores efectos de la cultura occidental predominante, propia de la globalización. También se incluyen testimonios de algunas autoridades de San Pedro de Casta, llamados Principales, que son comuneros que han pasado por todos los cargos de importancia de la comunidad y que, por lo mismo, controlan las fiestas, la tradición y las costumbres. En el tercer apartado se abordan testimonios de comuneras quienes profundizan respecto de los problemas en torno a los cambios que ha sufrido la celebración en el devenir del tiempo y su relación con el pasado incaico, el presente campesino y la propensión a un futuro comunitario. Hacia el final del libro se incluye una antología de hualinas, canciones interpretadas en la Fiesta del Agua, que corresponderían a poemas tradicionales: “Las hualinas pueden ser solo cantadas por hombres o mujeres, adultos o jóvenes, residentes o emigrantes, en el pueblo o en el campo, acompañadas con instrumentos musicales (chirisuya, tinya y/o cascabeles) o también con bailes” (Fernández 2003:138), y que serían interpretadas, según el autor, en honor al apu Wallallo, a quien también se le llama Wala Wala. Las hualinas corresponderían a productos estéticos andinos que surgen fruto del trabajo comunitario realizado durante el momento liminal de la Fiesta del Agua, proceso de trabajo que satisfaría tanto necesidades de subsistencia, funcionamiento de las acequias y fluir adecuado del agua, como también necesidades asociadas a la sensibilidad de la comunidad, como lo son las canciones y bailes que allí se desarrollan, expresándose, de este modo, una doble determinación del telos ‘subsistencia- sensibilidad’ que persigue el producto final obtenido a partir de un proceso de trabajo unitario, como lo es la limpieza de acequias.

El Entablo es un texto escrito ritualizado cuya función es regular las fiestas de la comunidad de San Pedro de Casta, estableciendo sus preceptos. Con la figura del Entablo se pondría en juego la “fijación de la memoria indígena” (p. 14) en cuanto mediante diversas negociaciones transculturales que implican, entre otras acciones, la adopción de desarrollos técnicos, como la escritura, impuestos por la Conquista y posterior Coloniaje, se comprometen modos de expresión cultural y memoria ancestrales, hecho que también ocurre en otras culturas americanas como en el caso Mapuche. La correspondencia entre oralidad y escritura se presenta en la Fiesta del Agua como una tensión, en cuanto que la comunidad, al adoptar la escritura como método de establecimiento de la legalidad propia de sus rituales, debe generar necesariamente una activación del discurso escrito mediante la enunciación oral de su contenido, para de esta manera alcanzar la eficacia perlocutiva que se busca, a razón de la intervención de un mediador, un Principal, en el momento en que la fiesta se ejecuta, de otro modo el Entablo permanecería relegado al terreno exclusivo de la escritura, sin poder ejercer el rol preceptivo que la comunidad le atribuye. La escritura como mecanismo de aseguramiento de la memoria local necesita de la oralidad encarnada en un acto performático de lectura para así poder asegurar su validez y posterior continuidad de este rito comunitario. El Entablo también supondría una función de representación simbólica del poder del discurso escrito frente a la oralidad independiente, necesitando de este texto para validar las acciones rituales asociadas a la Fiesta del Agua. Al valerse de la escritura como método de fijación de la memoria de la comunidad de San Pedro de Casta, lo que se busca justamente es globalizar el conocimiento de la comunidad, adecuarlo y expandirlo desde una particularidad a una universalidad, que se encontraría fuera del ámbito local comunitario, por tanto se constituye como mecanismo de supervivencia de su cultura y aseguramiento de sus costumbres en el largo plazo. Las conceptualizaciones desarrolladas por el autor compendiadas hasta aquí exigirían asumir el carácter asociado a una transculturación más que a un aculturación que encarnan las prácticas de esta comunidad en tanto sugieren “una doble vía de adopción y adaptación, un tipo de interacción dialógica y no la simple operación unidireccional de un sujeto sobre un objeto” (Levin 2007:26).

Los comuneros de San Pedro de Casta atribuirían gran valoración a distintos métodos foráneos de fijación de la memoria, como lo son los videos registrados por personas externas a la comunidad que han documentado sus procesos culturales, como también las fotografías y trabajos académicos, sin embargo, son los videos y fotografías los que gozan de mayor estima. Este hecho, según el autor, responde a una lógica integracionista “pues el mundo andino se percibe como parte del mundo actual, globalizado” (p. 63). Resulta relevante destacar que son los propios Principales quienes deciden si estos registros son autorizados para su divulgación, lo que da cuenta del activo rol de la comunidad respecto de la difusión de información fuera del contexto comunal y del trabajo etnográfico propiamente tal.

Según el autor, la comunidad de San Pedro de Casta conjuga la utilización de la letra, que correspondería en este caso a un elemento registral de lo sagrado comunal mediante un elemento exterior perteneciente a una ‘modernidad-profana’, con la voz del intermediario que vendría a constituirse como el ámbito interno de lo ‘tradicional-sagrado’ y, también, la adopción y aprobación de los códigos del otro. De esta manera, es posible observar una propensión a una suerte de modernización dual que pondera lo sagrado y lo profano en la medida de no transgredir radicalmente los límites de cada uno. El hecho de valorar la importancia y poder ritual de la escritura por parte de las comunidades andinas y de los propios conquistadores es un fenómeno que se extendió durante la Colonia, como puede observarse en el caso de los planteamientos de Rappaport y Cummins respecto del proyecto de conquista español y la importancia de los documentos, los que “were worth more than simply their contents. They became objects subject to ritual manipulation, operating as symbolic representations of the colonizing project” (Rappaport y Cummins 2012:113).

A propósito de las variadas reglas que impone el libro sagrado de la comunidad de San Pedro de Casta, Rengifo destaca una: “El Entablo dispone, en principio, que el día domingo por la tarde, en una ceremonia secreta encabezada por el Teniente Gobernador del pueblo, se dicten ‘todas las medidas precautorias’ y se tracen “planes sobre los cumplimientos de las obligaciones que corresponde” (p. 38). Los Principales llevarán a cabo esta tarea y sacralizarán las zonas de trabajo como las acequias o lagunas de donde proviene el agua, para, el día posterior, donde se dará comienzo a las actividades, se nombre a los distintos encargados del trabajo en las acequias. El Entablo, además, establece la jerarquización y asignación de responsabilidades de la comunidad en la fiesta respecto de los distintos papeles a encarnar como la entonación de las hualinas, la danza, la relación con los foráneos presentes, la bendición del padre, del hijo y del espíritu santo, que puede realizarse tanto como por el párroco del pueblo como por una “persona notable” (p. 40), entre otras reglas. Se manifiesta en estas leyes, según el autor, un discurso que va de lo autoritario a la bendición cristiana. El Entablo, entonces, “puede considerarse un resumen del saber y las prácticas tradicionales, cuya interacción con la memoria colectiva resulta gravitante en los procesos de producción de textos poéticos y memorísticos.” (p. 43).

Resultan particularmente valiosos los testimonies de las informantes del tercer capítulo en tanto dan cuenta de la relación entre la música de la fiesta, las canciones, el libro sagrado Entablo y el pasado incaico, poniendo énfasis en lo apreciado que resulta para las comuneras el canto de hualinas o su baile, el hualinar, donde “los cantos de las mujeres de San Pedro de Casta, más allá de manifestar una agenda local, están orientándose a crear las condiciones discursivas para enfrentar nuevas relaciones interculturales” (p. 74). A modo de ejemplo, incluimos un fragmento del testimonio de Marisela, de 40 años en 2002:

(…) cuando celebramos Champería, un día antes que empiece, en la noche, se hacía la ceremonia, se reunían las autoridades en secreto, nadie tenía que estar en el pueblo andando, todo silencio, porque se dice que si caminaba una persona quería la muerte, la acequia se lo tragaba, le invitaban a la acequia como sacrificio. Los dueños de la acequia eran los gentiles, pues, y antes dice había brujos, las autoridades le contrataban a ellos y hacían la ceremonia, invitando a la acequia, cuy, coca, cal, cigarro, maíz, habas y al brujo lo presentaba el dueño de la acequia, en el sitio especial que tiene para invitar a los gentiles (p. 75).

A partir de los testimonios de estas mujeres, concluye el autor, todos apuntan hacia la construcción colectiva de una utopía cultural que estaría basada en la integración de ‘lo necesario’ (agua es vida), ‘lo placentero’ (agua es canto) y ‘lo ritual’ (agua es pago). Las hualinas, que al final del libro se compendian, respaldarían la consecución de esta utopía cultural integrando los aportes tecnológicos de occidente y la ritualidad tradicional andina, tomando como base el pasado inca y el aporte de sus técnicas asociadas al transporte de agua y mitos de origen, vinculándose con un presente campesino festivo, junto con la prospección de un futuro comunitario donde se privilegiaría lo ritual cíclico, y donde música, canto, trabajo, escritura y mito articulan la memoria de San Pedro de Casta, cuyo orientador por excelencia es el artefacto oralizable del Entablo.

Referencias Citadas

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1“Para los Mapuche, los documentos oficiales y la Biblia estaban vinculados al poder político y legal del Estado Nación Chileno y de la Iglesia. Los Mapuche asocian estos textos con la usurpación de sus tierras y con la evangelización cristiana forzada. El Estado impone leyes, delimita las fronteras del territorio Mapuche a través de títulos de merced y controla a los Mapuche y a sus tierras mediante censos y mapas”. (Bacigalupo 2013:17)

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