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Chungará (Arica)

versión On-line ISSN 0717-7356

Chungará (Arica) vol.52 no.2 Arica jun. 2020

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-73562020005000501 

ARQUEOLOGÍA Y PATRIMONIO

PUNTAS PEDUNCULADAS PEQUEÑAS: VARIABILIDAD MORFOMÉTRICA Y DISTRIBUCIÓN ESPACIAL EN EL NORTE DE LA PROVINCIA DEL CHUBUT (PATAGONIA ARGENTINA) DURANTE EL HOLOCENO TARDÍO

SMALL STEMMED POINTS: MORPHOMETRIC VARIABILITY AND SPATIAL DISTRIBUTION IN THE NORTH OF CHUBUT PROVINCE (ARGENTINE PATAGONIA) DURING THE LATE HOLOCENE

Anahí Banegas1 

María Soledad Goye2 

Julieta Gómez Otero1  3 

1 Instituto de Diversidad y Evolución Austral (IDEAus- CONICET). Puerto Madryn, Chubut, Argentina. banegas.anahi@yahoo.com.ar

2 Universidad del Chubut, Puerto Madryn, Chubut, Argentina. msgoye@yahoo.com.ar

3 Facultad de Ciencias Sociales y Humanidades, Universidad Nacional de la Patagonia “San Juan Bosco”, sede Trelew, Argentina. julietagomezotero@yahoo.com.ar

Resumen:

Se presentan los resultados del análisis morfométrico y técnico de 103 puntas líticas pedunculadas de tamaño pequeño del norte de la provincia del Chubut (Patagonia argentina). Fueron halladas en tres ambientes próximos, pero ecológicamente diferenciados: la costa, el valle medio e inferior del Río Chubut y la meseta centro-norte. Los ejemplares provienen de muestreos arqueológicos y de una colección particular. El objetivo es reconocer tendencias y explorar su relación con decisiones tecnológicas y con la circulación de materias primas, objetos, diseños e información entre distintos grupos. Se registró alta diversidad morfológica intra e interareal, pero predominio de tres subtipos de puntas de limbo triangular recto o ligeramente convexo, aletas salientes o entrantes y pedúnculos diferenciados de bordes rectos y bases cóncavas. Dos de ellos no fueron identificados en la bibliografía disponible para otras partes de Patagonia. Se realizaron análisis estadísticos -ANOVA y ACP- sobre las variables métricas del pedúnculo que no arrojaron diferencias significativas. Se comprobó la utilización mayoritaria de calcedonias, obsidianas y xilópalos de fuentes espacialmente circunscritas. Los resultados indican circulación de diseños y materias primas entre las tres áreas, lo que avala distintos modelos de intensificación de los contactos en el centro y norte de Patagonia hacia el Holoceno Tardío final.

Palabras claves: puntas de proyectil pedunculadas pequeñas; variabilidad morfométrica; Holoceno Tardío; Patagonia

Abstract:

The results of morphometric and technical analyses of 103 small stemmed projectile points from the north of Chubut province (Patagonia, Argentina) are presented. These artifacts were collected in three ecologically differentiated but adjacent environments: the maritime coast, the middle and the lower valley of the Chubut River, and the northern-central plateau. The specimens were obtained during archaeological research and from a private collection. The goal of this research is to identify trends and to explore their relationship with technological-based decisions and the circulation of raw materials, objects, designs, and information among different groups. Although highly intra and interarea morphological diversity is recorded, three subtypes predominate: straight or slightly convex triangular edges, stems with straight edges and concave bases. Two of these subtypes have not yet been identified in the archaeological literature from other parts of Patagonia. Statistical analyses - ANOVA and PCA, carried out on the metric attributes of the stem, did not show significant differences. Chalcedony, obsidian, and fossilized wood from spatially circumscribed sources were proven to be the most frequent raw materials among the three areas, supporting different models of intensification of exchanges in central and northern Patagonia by the end of late Holocene.

Key words: Small stemmed projectile points; morphometric variability; Late Holocene; Patagonia

A través del análisis de variables de forma y tamaño de las puntas de proyectil la arqueología abordó el estudio de diversos aspectos de las poblaciones humanas, entre ellos, las estrategias de subsistencia, los sistemas técnicos e incluso las relaciones sociales intra e intergrupales (Banegas et al. 2014; Bettinger y Eerkens 1999; Buchanan et al. 2007; Charlín y González José 2012; Franco et al. 2009; Nelson 1991; Ratto 2003; Thomas 1978; Wiessner 1983). Los trabajos pioneros se focalizaron en identificar tipos morfológicos que fueron considerados “fósiles guía”, indicadores de complejos culturales espacialmente acotados (Knecht 1997). Por su parte, la corriente difusionista sostuvo que la presencia y la propagación espacial de los diseños señalaban las áreas de interacción entre grupos, y que los préstamos culturales y la aculturación eran los mecanismos responsables de la incorporación de un nuevo rasgo (Knecht 1997). Estos abordajes netamente tipológicos tuvieron fuertes críticas. En este sentido, se señaló que la variabilidad artefactual está influenciada por la forma en que se organiza la tecnología en relación con las actividades realizadas, la movilidad y la subsistencia (Binford 1973, 1979). Por otra parte, dada la dificultad de reconocer su forma original luego de los episodios de mantenimiento de que son objeto a lo largo de su vida, se cuestionó la validez de utilizar la morfología de los instrumentos como indicador cultural o cronológico útil (Dibble 1987; Kuhn 1990; Shott y Weedman 2007; entre otros). A partir de la década de 1990 las corrientes procesuales enfatizaron el rol social de la tecnología, sobre todo a partir de la incorporación del enfoque de la organización tecnológica (Nelson 1991). En consecuencia, la morfología y el diseño de las puntas comenzaron a ser evaluados en función de establecer los límites sociales y étnicos entre distintas poblaciones, explorar decisiones técnicas y tradiciones estilísticas y, a través de ellas, acceder a la territorialidad y la interacción de las poblaciones humanas (Bettinger y Eerkens 1999; Odell y Cowan 1986; Verhart 1990).

En lo que respecta a los estudios sobre puntas líticas en Patagonia argentina, las investigaciones siguieron la misma trayectoria: los primeros estudios se enfocaron en caracterizar su morfología y tamaño para distinguir tipos morfológicos y vincularlos con secuencias cronológicas y culturales (Aschero 1983, 1988; Crivelli Montero et al. 1993; Fernández 1988-90; Gradin 1980; entre otros). Trabajos posteriores se dedicaron a explorar los procesos de manufactura (Nami 1997), las técnicas de caza y los sistemas de armas (Aschero y Martínez 2001; Banegas et al. 2014; Charlin y González-José 2012; Ratto 2003; entre otros).

De acuerdo con estos estudios, las puntas -tanto pedunculadas como apedunculadas- muestran variedad de diseños y materias primas. Las apedunculadas son más frecuentes en latitudes septentrionales (Alberti y Cardillo 2016; Crivelli Montero et al. 1993; Fernández 1988-90; Martínez 2017); las pedunculadas en el centro y el sur (Aschero et al. 1983; Banegas et al. 2014; Bird 1988; Gradin 1980; Franco et al. 2009; Franco et al. 2010). Las más pequeñas fueron halladas en contextos del Holoceno Tardío final y se las vinculó con el uso del arco y la flecha (Aschero 1988; Gradin 1980).

En este trabajo se analiza comparativamente la variabilidad morfológica y métrica de una muestra de 103 cabezales líticos hallados en tres ambientes próximos, pero ecológicamente diferenciados del norte de la provincia de Chubut: (1) la costa, (2) el valle medio e inferior del Río Chubut y (3) la meseta centro- norte. Desde el enfoque de la Organización Tecnológica (Nelson 1991), se exploran tendencias y se las discute en función de decisiones tecnológicas y circulación de materias primas, objetos, diseños e información entre distintos grupos.

Antecedentes

Caracterización sintética de la oferta de recursos líticos y antecedentes arqueológicos generales

Las tres áreas comparten un clima árido, con temperaturas medias anuales entre 9°C en la meseta central y 12-13°C en la costa norte y valle inferior. La pluviosidad anual es inferior a 225 mm anuales, agregándose precipitaciones nivales en la meseta centro-norte (Beeskow et al. 1987). Prevalecen los vientos intensos del cuadrante oeste, aunque los del norte son frecuentes y tienen alto impacto en la costa. La vegetación dominante es la estepa arbustiva- subarbustiva y el matorral (Beeskow et al. 1987).

El sector aquí definido como “Costa Norte” (en adelante CN) se extiende desde la desembocadura del Arroyo Verde al norte y Bahía Cracker al sur (Figura 1). El paisaje se caracteriza por mesetas que no superan 110 msm. La geología del área es bastante simple: predominan las rocas sedimentarias de edad terciaria (Formación Gaiman y Formación Puerto Madryn) y cuaternaria (Rodados Tehuelches y rodados marinos) (Haller 1982). La oferta de materias primas está mayoritariamente dada por las fuentes secundarias de rodados de tamaño guijarro (sensu Bonorino y Teruggi 1952) y diversas litologías (Banegas y Goye 2015; Banegas et al. 2015). Las de mejor calidad para la talla -muy buena- son los basaltos (55%) y las sílices (18%). En la zona del Arroyo Verde se encuentran los únicos afloramientos de rocas “duras” del área, representados por la Formación Marifil (Malvicini y Llambías 1974) de edad jurásica, que ofrecen ignimbritas, tobas silíceas y también vetas de calcedonia blanca de muy buena a excelente calidad para la talla (Massaferro y Haller 2000).

Figura 1 Áreas de estudio: sitios arqueológicos y localización de las fuentes de algunas materias primas líticas. Referencias. Costa Norte: (1) Rincón de Elizalde; (2) El Progreso; (3) La Azucena; (4) Las Ollas; (5) Playa Fracaso; (6) Punta Delgada; (7) Ea. La Laurita; (8) Caleta Valdés; (9) Bajo Norte; (10) El Golfito; (11) Bahía Cracker. Valle inferior y medio del Río Chubut: (12) Rawson; (13) Los Altares; (14) Laguna Bombilla; (15) Cabeza de Buey. Meseta centro-norte: (16) Cerro Chenque; (17) Cañadón de los Fósiles; (18) Sucesión Montenegro; (19) Puesto Arsenio Balbo. Study areas: archaeological sites and location of some lithic raw materials sources. References: Costa Norte: (1) Rincón de Elizalde; (2) El Progreso; (3) La Azucena; (4) Las Ollas; (5) Playa Fracaso; (6) Punta Delgada; (7) Ea. La Laurita; (8) Caleta Valdés; (9) Bajo Norte; (10) El Golfito; (11) Bahía Cracker. Valle inferior y medio del Río Chubut: (12) Rawson; (13) Los Altares; (14) Laguna Bombilla; (15) Cabeza de Buey. Meseta centro-norte: (16) Cerro Chenque; (17) Cañadón de los Fósiles; (18) Sucesión Montenegro; (19) Puesto Arsenio Balbo. 

El registro arqueológico se distingue por el predominio de sitios de superficie y a cielo abierto en relieves dunarios o al borde de terrazas marinas bajas (Gómez Otero 2006). Estos contextos evidencian alto impacto por procesos postdepositacionales de origen natural (erosión eólica, hídrica, exposición solar, bioturbación, entre otros) y antrópico (urbanización creciente, obras de infraestructura, actividades recreativas y coleccionismo) (Gómez Otero 2008). Los estudios realizados señalan que el área fue ocupada desde 7.400 AP por cazadores-recolectores con rangos de acción regular a lo largo del perímetro costero y con dieta mixta (marina-terrestre) (Gómez Otero 2006; Gómez Otero et al. 1999). Los análisis tecnológicos muestran el aprovechamiento intensivo de los rodados locales de sílice y basalto de buena calidad para la talla (Banegas 2016, Banegas y Goye 2015). En muy escasa proporción también se explotaron rocas foráneas como xilópalos (Banegas et al. 2016) y obsidianas de seis fuentes: tres desconocidas y tres conocidas: Telsen (T/SCI), Sacanana (SI) y Pampa del Asador (PDAI) (Stern et al. 2000; Gómez Otero y Stern 2005).

El área denominada “Valle medio e inferior del Río Chubut” (en adelante VCH) comprende una muestra del área suburbana de Rawson (valle inferior) y otras de la localidad Los Altares (valle medio) que forman parte de una colección privada (Figura 1). La geología es diferente en estos dos sectores del valle. En Los Altares, el río presenta un hábito encajonado entre formaciones rocosas y serranías bajas de la Formación Marifil que aportan distintas litologías -ignimbritas, tobas y sílices (Ichazo 1994; Panza et al. 2002); las dos últimas de muy buena calidad para la talla. Por su parte, el tramo final del valle inferior es ancho, meandroso y está labrado sobre sedimentitas del Terciario de la Fomación Gaiman (Haller 1981). Se observa el desarrollo de albardones y también de cordones litorales formados por un mar en regresión (Ichazo 1994). Banegas et al. (2015) determinaron el predominio de basaltos (30%) y sílices (24%) de muy buena calidad para la talla. En frecuencias muy bajas (3,6%) se identificaron calcedonias y xilópalos de calidad excelente. Hacia el oeste del valle, a unos 150 km lineales de Rawson, existe un bosque petrificado en la zona del Dique Ameghino (Brea et al. 2006), aunque se desconoce la aptitud de esos xilópalos para la talla (Figura 1).

Las investigaciones arqueológicas en el valle inferior registraron sitios a cielo abierto en superficie y en estratigrafía, ubicados sobre albardones y terrazas bajas. Los contextos señalan distinta funcionalidad: campamentos-base, campamentos transitorios, talleres líticos, enterratorios individuales y múltiples (Gómez Otero y Dahinten 1997-98; Gómez Otero et al. 2010; entre otros). En su gran mayoría están altamente impactados por los mismos agentes que en la costa norte, aunque en este sector se suman la dinámica del río y la intensa explotación agraria. Las ocupaciones cubren un rango temporal de 3.800 a 200 años AP y corresponden a cazadores-recolectores que hicieron aprovechamiento de recursos terrestres, fluviales y también marinos en la desembocadura (Gómez Otero et al. 2010; Goye y Weiler 2017; Svoboda y Gómez Otero 2015). Los conjuntos artefactuales muestran el aprovechamiento mayoritario de las sílices locales de muy buena calidad y en menor proporción, de rocas alóctonas como xilópalos (Banegas et al. 2016) y obsidianas de tres fuentes: dos desconocidas y la de Sacanana (SI) (Gómez Otero y Stern 2005).

En cuanto al valle medio-inferior, el registro arqueológico permanece poco conocido y hasta la fecha no hay dataciones radiocarbónicas. Se reportaron hallazgos aislados de cerámica (Gómez Otero et al. 1996), sitios de superficie a cielo abierto y estratificados bajo roca (Aschero et al. 1983-85; Schuster y Massaferro 2017). También se describieron pinturas y grabados rupestres (Gradin 1985).

La Meseta centro-norte (en adelante MCN) incluye sitios entre Telsen y Sacanana (Figura 1). El relieve está conformado por serranías bajas en la zona oriental, mientras que la zona occidental alcanza la mayor altura (1.100 msm). La geología de la región es sencilla, afloran las vulcanitas y piroclastitas ácidas de la Formación Marifil (Malvicini y Llambías 1974), también son relevantes los afloramientos de basaltos de la Formación Somún Curá (Ardolino 1981) y las emisiones centrales de piroclastitas y lavas de las sierras de Apas y Telsen. Los principales procesos postdepositacionales naturales que afectan el registro arqueológico son la erosión eólica, hídrica, la bioturbación, la exposición solar y el congelamiento del suelo en invierno. Entre las antrópicas predomina el coleccionismo.

El área se destaca por la alta disponibilidad de materias primas de muy buena a excelente calidad (Gómez Otero et al. 1999). La mayoría proviene de rodados de distinto tamaño de sílices, calcedonias y obsidianas. Con respecto a las obsidianas, existen dos fuentes secundarias separadas entre sí por 150 km: la de Sacanana (SI) y la de Telsen (T/ SCI) (Gómez Otero y Stern 2005; Stern et al. 2000). Visualmente son muy distintas: SI es negra brillante y de textura lisa; T/SC II varía entre el negro oliva y gris oliva, es brillante, translúcida y a veces presenta bandas más claras (Gómez Otero y Stern 2005:98- 99). Artefactos de estas dos fuentes aparecieron desde la costa a la cordillera entre las latitudes 41° S y 45°S (Stern 2018). En Telsen también existe una fuente primaria de calcedonia blanquecina opaca (Gómez Otero et al. 1999) (Figura 1).

Los estudios arqueológicos corresponden a relevamientos de pinturas rupestres (Boschín 2009) y excavaciones en la zona de Cerro Castillo, cerca de Sacanana (Belardi 1996). Se determinaron ocupaciones posteriores a 3.470 años AP (Stern et al. 2000), aprovechamiento de recursos terrestres y estacionalidad centrada en verano (Belardi 1996). Las rocas seleccionadas fueron vulcanitas, tobas silicificadas, calcedonias y obsidianas de las fuentes (SI) y otra desconocida (Gómez Otero y Stern 2005; Ratto y Belardi 1996; Stern et al. 2000). En la localidad arqueológica Sucesión Montenegro, además de pinturas rupestres y materiales en superficie, se registró un enterratorio tipo chenque de dos individuos infantiles datados en 350 años AP (Gómez Otero 2006).

En síntesis, las tres áreas presentan materias primas de muy buena a excelente calidad para la talla, aunque hay diferencias en cuanto a la distribución y frecuencia de las fuentes de calcedonias, xilópalos y obsidianas.

Estudios previos sobre variabilidad morfológica de puntas líticas en el noreste de Chubut

En el marco del proyecto “Puntas de proyectil y circulación humana en los últimos 12.000 años. Un estudio tecnológico comparativo de puntas de proyectil en Argentina”

1, se publicaron dos trabajos sobre cabezales líticos de la provincia del Chubut, específicamente de la costa norte y el valle inferior del Río Chubut (Franco et al. 2010; Gómez Otero et al. 2011) (Figura 1). Uno de ellos analizó la variabilidad morfométrica de 144 puntas halladas en distintos tipos de contextos, en su mayoría de superficie (Gómez Otero et al. 2011). Entre las 110 que tenían el suficiente grado de integridad para identificar tipos y subtipos, se determinó la presencia de cabezales pedunculados (77%) y apedunculados (23%). Todos están confeccionados en rocas de muy buena calidad para la talla, destacándose las silíceas (80%), seguidas por basaltos, dacitas y andesitas (15%) y en baja proporción, obsidianas (5%). Prevalecen los ejemplares de 2 a 4 cm (61%) sobre los de 4 a 6 cm (28%). Se reconocieron diseños similares a puntas registradas en sitios de diversa antigüedad de otras partes de Patagonia. Por ejemplo, las apedunculadas medianas de limbo triangular (Figura 2: 1a) o foliáceo (Figura 2: 1c) muestran semejanza con ejemplares del Holoceno Temprano a Medio de Patagonia septentrional (Crivelli Montero et al. 1993; Fernández 1988-90); central (Cardich et al. 1973; Gradin et al. 1979) y meridional (Bird 1988). Por su parte, las de tamaño pequeño (Figura 2: 1b y 1d) son similares a las típicas del Holoceno Tardío en el norte de Patagonia (Fernández 1988-90; Martínez et al. 2017; Orquera 1987; Prates 2008; entre otros). En cuanto a las pedunculadas, se identificaron 10 subtipos; algunos de ellos presentan rasgos similares a puntas de contextos tardíos del “Complejo Patagoniense” de Patagonia central (Figura 2:2 a-2b) (Aschero et al. 1983, 2006; Gradin 1980), y de las fases “Magallanes IV” (Figura 2:2e-2f) y Magallanes V (Figura 2:2i) de Patagonia meridional (Bird 1988). De todas estas variedades se destacan dos subtipos (Figura 2:2c-2d) que alcanzan el 52% de la muestra, y que aún no fueron identificados al norte y sur de las áreas aquí tratadas.

Figura 2 Puntas líticas: subtipos morfológicos según Gómez Otero et al. (2011). Lithic points: morphological subtypes sensu Gómez Otero et al. (2011).  

El otro trabajo (Franco et al. 2010) se enfocó en el análisis comparativo de puntas pedunculadas de tamaño mediano, conocidas como “Magallanes IV” o “Bird IV” (Bird 1988), de amplia distribución en el extremo meridional de Patagonia. La muestra incluyó ejemplares de 4.000 a 200 años AP provenientes de dos áreas: (a) entre puerto San Julián (49°S) y el estrecho de Magallanes (52ºS), y (b) el nordeste de Chubut. Si bien se identificaron leves variaciones morfométricas entre las distintas latitudes, estas puntas comparten varios atributos: el ancho y espesor de la raíz, la longitud, el ancho y el espesor del pedúnculo y la razón entre el espesor de la raíz y el espesor del limbo. En este caso, las del nordeste de Chubut (Figura 2:2e-2f) se diferencian por presentar un pedúnculo un poco más angosto. Sobre la base del trabajo de Bettinger y Eerkens (1999), se postuló la existencia de una única población o diseño exitoso que fue replicándose a lo largo de más de tres mil años (Franco et al. 2010). En síntesis, ambos estudios señalan alta variabilidad en diseños y tamaños para el noreste de Chubut, lo que podría vincularse con cambios a través del tiempo, con el uso de diferentes sistemas de armas o técnicas de caza y/o con contactos intrarregionales e interregionales de antigua data (Gómez Otero et al. 2011).

Materiales y Métodos

Para este trabajo se estudiaron 103 puntas líticas pedunculadas de tamaño pequeño con alto grado de integridad (más del 80% del total de la pieza) y medidas máximas (reales o proyectadas) iguales o menores a 40 mm de longitud e iguales o inferiores a 20 mm de ancho. Este criterio métrico se basó sobre los módulos I (muy pequeños) y II (pequeños) de Bagolini (1968). La procedencia de las 103 puntas se distribuye de la siguiente manera entre las áreas: CN (n= 43; 42%); VCH (n= 23; 22%) y MCN (n= 37; 36%) (Tabla 1). De las recuperadas en el marco de investigaciones sistemáticas (n= 62), 50 ejemplares (80%) provienen de muestreos en superficie y 12 en estratigrafía (20%) (Tabla 1). Las 41 piezas restantes (40%) corresponden a la “Colección Anselmo Cadene”, recolectadas en superficie de manera asistemática en el valle medio del Río Chubut y en la meseta centro-norte, desconociéndose otros datos contextuales (Tabla 1). Salvo las puntas de los sitios Las Ollas 1, El Golfito 1 y Rawson, las demás no cuentan con cronologías absolutas por tratarse de hallazgos en superficie (Tabla 1). Los ejemplares no datados fueron atribuidos al Holoceno Tardío según dos criterios: (a) asociación con indicadores cronológicos indirectos de ese período como la presencia de cerámica y placas grabadas, y (b) similitud en tamaño y forma con puntas halladas en contextos estratificados de otras zonas de la provincia que están fechados y/o presentan asociación con cerámica (Aschero 1975a:1-2 Lámina II; Aschero et al. 1983-85:Figura 5-4; Bellelli 1983:Figura 7 c-d; Aguerre et al. 2018: Figura 4, 1-6; entre otros). Las edades radiocarbónicas más tempranas para la tecnología cerámica en Chubut son: 1.500 años AP en el valle inferior (Gómez Otero et al. 2010), 980 años AP en la costa norte (Gómez Otero et al. 2017) y 1.250 años AP en la meseta centro-sur (Gradin 1980).

Tabla 1 Distribución de tipos de sitios y proporción de materias primas en cada área. Distribution of the site types and percentage of raw materials in each area. 

Áreas de estudio y sitios arqueológicos Contexto de hallazgo Edad C14 Asignación cronológica al HT N Referencias
CN
Rincón de Elizalde 2 M1 Superficie -- Presencia cerámica 3 Gómez Otero 2006
El Progreso 3 M3 Superficie -- Presencia cerámica 1 Idem
La Azucena 2 Superficie -- Presencia cerámica 26 Idem
Las Ollas 1 Fogón 1 Estratificado 610 ± 60 AP 640 ± 60 AP 4 Idem
Playa Fracasso M1 Superficie -- Presencia cerámica 1 Idem
Punta Delgada 3 M1 Superficie -- Presencia cerámica 1 Idem
Salina Chica 1 M1 Superficie -- Presencia cerámica 1 Idem
Caleta Valdés TP 6 Superficie -- Presencia cerámica 1 Idem
Bajo Norte M1 Superficie -- Presencia cerámica Idem
El Golfito 1 - Ind. 2 Enterratorio estratificado 770 ±50 1062-1295 AD 1 Idem
Bahía Cracker Hallazgo aislado -- -- 1 Inédita
VCH
Rawson Enterratorio múltiple estratificado 270-200 AP -- 7 Gómez Otero y Dahinten 1997
Los Altares Col. A.C. -- -- 7 --
Laguna Bombilla Col. A.C. -- -- 7 --
Cabeza de Buey Col. A.C -- -- 2 --
MCN
Sucesión Montenegro M1 Superficie -- Presencia cerámica 10 Gómez Otero y Stern 2005
Cañadón de Los Fósiles M1 Superficie -- -- 1 Stern et al. 2000
Cerro Chenque 2 Enterratorio en alero -- Presencia cerámica 1 --
Puesto Arsenio Balbo Col. A.C. -- -- 25

La clasificación de las materias primas se realizó con el apoyo de material comparativo de la litoteca del laboratorio de Arqueología del IDEAus. Con respecto a las puntas de obsidiana, no se efectuaron estudios de composición química porque aún no se dispone de la técnica arqueométrica de radiación no destructiva o Fluorescencia de Rayos X. Por lo tanto, la identificación de variedades de esta roca fue macroscópica, considerándose el color, el brillo y la textura (Gómez Otero y Stern 2005). También se tuvo en cuenta la cercanía respecto de los lugares de hallazgo a las fuentes SI o T/SC I y/o la asociación contextual con artefactos ya analizados geoquímicamente (Gómez Otero y Stern 2005; Stern et al. 2000). La calidad para la talla de todas las materias primas se evaluó según los criterios de Franco y Aragón (2004).

Las variables analizadas

Para distinguir tipos morfológicos se consideraron variables morfométricas y técnicas de acuerdo con la metodología de Aschero (1975b, 1983), de uso generalizado en la arqueología de Patagonia. Este autor define un “tipo morfológico” a partir de la suma descriptiva de los atributos incluidos en la definición de una “serie”, un “grupo” y un “subgrupo”, que surgieron de la comparación y descripción de cada segmento de piezas individuales (Aschero 1975b:5). Sobre esta base se relevaron las siguientes variables:

Morfológicas.Métricas:Blac JackTecno-morfológicas

Para diferenciar entre diseños básicos y mantenidos o transformados se tuvieron en cuenta los criterios de la caracterización de Martínez (2003) y Aschero et al. (2011). Así, el diseño “básico” es el que conserva su morfología original; el “mantenido” es producto de la reactivación del filo (“rejuvenation” sensu Aschero et al. 2011) para seguir desempeñando la misma función, y “transformado” el que sufre modificaciones morfológicas para cumplir alguna otra función. En todas las muestras se identificaron los distintos tipos de diseños, pero solo en las recuperadas arqueológicamente se exploraron algunos indicadores de reactivación de limbos como la superposición y tipos de lascados, la sección transversal de los ejemplares y la proporción entre el largo total del limbo y el largo del pedúnculo. El análisis estadístico se aplicó únicamente para las variables métricas del pedúnculo (largo, ancho y espesor de la raíz; ancho y espesor de la base) porque es el sector con mayor grado de integridad de la punta y no suele ser tan frecuentemente reactivado o transformado como el limbo (Banegas et al. 2014; Flenniken y Raymond 1986; Franco et al. 2009; Ratto 2003; entre otros). Las medidas de los pedúnculos de cada área se compararon con ANOVA de un factor. Para verificar los supuestos de normalidad y homocedacia se aplicaron las pruebas de Shapiro Wilks-W y la prueba de F respectivamente (Sokal y Rolf 1995). Para explorar y definir la variación interareal se aplicó el Análisis de Componentes Principales (Manly 1994). En ambas pruebas estadísticas se utilizó el software Past 2.1 (Hammer et al. 2001).

Resultados

Variables tecno-morfológicas del limbo, aletas y pedúnculo

En el conjunto de las tres muestras sobresalen los limbos triangulares con proporciones similares de cortos (entre 40 y 52%) y alargados (entre 43 y 49%). Los cordiformes y lanceolados solo fueron registrados en MCN (3%) (Tabla 2). El borde de los limbos es recto en 65% de las puntas (37% de ellos aserrados); en segundo lugar se ubican los bordes convexos en MCN (35%) y CN (21%) y los cóncavos en VCH (17%) (Tabla 2). En relación con la forma de las aletas y la diferenciación del pedúnculo, las tres áreas muestran prevalencia de aletas salientes (56 a 38%) y entrantes (38 a 30%); en orden decreciente les siguen las aletas “en hombro”, aunque solo se registraron en MCN y VCH (24 a 14 % respectivamente) (Tabla 2).

Tabla 2 Características morfológicas del limbo, aletas y de la inserción del pedúnculo. Morphological features of the blade, notches, and the hafted stem. 

Limbo Borde Limbo
Triang. corto Triang. alargado Cordiforme Lanceolado Indet. Recto Recto aserr. Convexo Cóncavo Indet.
CN (43) 19 (44%) 21 (49%) -- -- 3 (7%) 15 (35%) 15 (35%) 9 (21%) 1 (2%) 3 (7%)
VCH (23) 12 (52%) 11 (48%) -- -- -- 12 (52%) 5 (23%) 2 (8%) 4 (17%) --
MCN (37) 15 (40%) 16 (43%) 1 (3%) 1 (3%) 4 (11%) 17 (46%) 5 (13%) 13 (35%) -- 2 (6%)
Diferenciación aletas
Salientes Entrantes En hombro Indet.
CN (43) 19 (44%) 17 (39%) 2 (5%) 5 (12%)
VCH (23) 13 (56%) 7 (30%) 3 (14%) --
MCN (37) 14 (38%) 14 (38%) 9 (24%) --
Diferenciación del pedúnculo
Diferenciado Destacado Esbozado Indet.
CN (43) 32 (75%) 6 (14%) 1 (2%) 4 (9%)
VCH (23) 22 (95%) 1 (5%) -- --
MCN (37) 29 (79%) 6 (16%) 2 (5%) --

La mayoría de los pedúnculos (95 a 75%) corresponde a la categoría diferenciado con predominio de los rectos divergentes (52 a 30%), ubicándose en segundo lugar (32 a 25%) los rectos paralelos con valores similares en todas las áreas (Tablas 2 y 3). Las bases de los pedúnculos son preferentemente cóncavas atenuadas (65 a 57%), aunque también hay cóncavas profundas (39 a 24%) (Tabla 3).

Tabla 3 Características morfológicas del borde y de la base del pedúnculo. Morphological features of the edge and the base of the stem. 

Borde pedúnculo
Paralelo recto Divergente recto Divergente convexo Paralelo cóncavo Cóncavo recto Divergente cóncavo Convexo Indet.
CN (43) 11 (25%) 13 (30%) 9 (21%) 3 (7%) 2 (5%) 2 (5%) 1 (2%) 2 (5%)
VCH (27) 6 (26%) 12 (52%) 2 (9%) 1 (4%) -- -- -- 2 (9%)
MI (37) 12 (32%) 13 (35%) 8 (22%) 2 (5%) 1 (3%) 1 (3%) -- --
Base pedúnculo
Recto Cóncavo atenuado Cóncavo profundo Indet.
CN (43) 1 (2%) 25 (58%) 14 (33%) 3 (7%)
VCH (27) -- 13 (57%) 9 (39%) 1 (4%)
MCN (37) 3 (8%) 24 (65%) 9 (24%) 1 (3%)

Prevalecen las secciones biconvexas simétricas (52 a 31%) seguidas por las plano-convexas (36 a 33%). Sobresale la formatización mediante microrretoque (profundo entre 52 y 42%; marginal entre 32 y 22%), preferentemente irregular (más de 35%). En el tratamiento de las bases predomina el lascado simple no laminar: en CN (70%), en VCH (52%) y en MCN (73%). El acanalado solo fue significativo en MCN (16%), mientras que dos puntas -una de CN y otra de MCN- fueron adelgazadas por retoque.

En el conjunto total de las tres áreas prevalecen los diseños básicos: en CN alcanzan el 72% (n=31), enVCH el 61% (n=14) y en MCN el 41% (n=15). Se observaron coincidencias con tres subtipos pedunculados definidos por Gómez Otero et al. (2011): el 2a (17,4%), el 2c (41,7%) y el 2d (15,5%). El subtipo 2a se caracteriza por un limbo triangular corto y recto, pedúnculo diferenciado, ancho y espeso, de bordes paralelos rectos o cóncavos y base cóncava. El subtipo 2c presenta limbo triangular mediano y convexo, aletas entrantes agudas, pedúnculo diferenciado, de bordes divergentes cóncavos y base cóncava (atenuada o escotada). El subtipo 2d se distingue por el limbo triangular alargado y recto, aletas entrantes agudas, pedúnculo diferenciado de bordes paralelos cóncavos y base cóncava (atenuada o escotada). Este subtipo fue datado en el enterratorio Rawson en 270 ± 60 años AP (edad no calibrada) (Gómez Otero 2011). La proporción de cada subtipo varía entre las áreas: el más abundante en CN y MCN es el 2c (49%) y en VCH el 2a (26%), les siguen el 2d en CN (21%), el 2a en MCN (24%) y el 2c y el 2d en VCH (17%, cada uno) (Figura 2).

Los diseños “mantenidos” ocupan el segundo lugar de manera bastante pareja: 16% en CN, 13% en VCH y 19% en MCN. Del total de 62 puntas recuperadas por el equipo, 10 (16%) presentan evidencias de reactivación del limbo. En CN corresponden a los ejemplares LAzu 95 y BNorte 151 (de sílice); LAzu 122 (de xilópalo) y LAzu 132, 134, 135 y 141 (de calcedonia). En VCH hay una de xilópalo -Raw 61- y en MCN dos de obsidiana tipo SI: Chenque 19A y Suc.Montenegro 1/14 (Figura 3). Las más reactivadas fueron las de calcedonia (40%). Los cabezales fracturados presentan similar frecuencia en las tres áreas: 9% en CN y en VCH y 8% en MCN; los “transformados” solo se registraron en MCN (16%) y en CN (2%).

Figura 3 Puntas de proyectil: diseños mantenidos. Projectile points: resharpened points. 

Variables métricas del total de la pieza

En cuanto a las diferencias métricas entre las áreas: las puntas de CN presentan el rango de variación más amplio en todas las variables, mientras que las de VCH y MCN muestran diferencias equivalentes entre los valores máximos y mínimos (Tabla 4). Respecto de los valores promedios para las tres áreas, en ancho son similares (entre Ẍ 14,1 mm y Ẍ 13,5 mm); en longitud, los más altos son los del VCH (Ẍ 23,3 mm), los menores los de MCN (Ẍ 20,8mm), mientras que el espesor más elevado fue registrado en CN (Ẍ 3,4mm) y el inferior en VCH (Ẍ 2,9mm) (Tabla 4).

Tabla 4 Largo, ancho y espesor de las piezas completas. Length, width and thickness of the whole points. 

Variables CN VCH MCN
Máx Mín Prom Máx Mín Prom Máx Mín Prom
Largo 34,4 14,1 21,2 33,1 15,4 23,3 28,8 12,8 20,8
Ancho 24,8 10.6 14,1 18,4 10,5 14,2 19 8,8 13,5
Espesor 4,5 1,7 3,4 4,08 2,2 2,9 4,28 2 3,2

Variables métricas y análisis estadístico del pedúnculo

Los pedúnculos de CN y MCN presentan los valores más altos en longitud, ancho de la raíz y de la base. Las tres áreas muestran valores parejos en el espesor de la base, pero en el espesor de la raíz, la máxima dispersión y máximos valores se encuentran en CN (Tabla 5). No se observaron diferencias interareales en los valores promedio (Tabla 5).

Tabla 5 Variables métricas del pedúnculo (máximas, mínimas y promediadas). Metric variables of the stem (maximum, minimum, and average). 

Variables Largo Ancho Raíz Espesor Raíz Ancho Base Espesor Base
Mín Máx Prom Mín Máx Prom Mín Máx Prom Mín Máx Prom Mín Máx Prom
CN 3,67 12,7 5,22 5,26 14,53 8,6 2,53 5,67 3,3 6 13,1 9,3 1,13 3,6 2,1
VCH 3,05 8,53 5,73 6,16 9,96 7,9 2,24 3,67 2,9 6,81 10,3 8,64 1,02 3,3 2,1
MCN 2,6 13,07 5,6 5,2 11,45 8,2 2,07 4,09 3,09 1,66 13,4 8,73 1,37 10,24 2,4

Por su parte, el análisis de la varianza ANOVA de un factor efectuado a las piezas con pedúnculo no fracturado (93%), mostró diferencias estadísticamente significativas solo para el espesor de la raíz (F=3,14; p=0,04). En cuanto al ACP, los resultados indican que los dos primeros componentes -CP1 y CP2- explican el 82,9% de la varianza de la muestra. En el CP1 (63,3% de la varianza), los atributos definitorios fueron el ancho de la raíz y el ancho de la base; en el CP2 (19,6%) el más influyente fue el largo del pedúnculo (Tabla 6). A partir de estos dos componentes se realizó un gráfico de dispersión para ilustrar las relaciones de similitud entre las puntas (Figura 3). Se observó la superposición parcial de la mayoría de los ejemplares de las tres áreas, aunque hay mayor dispersión de las puntas de CN y de MCN (Figura 3). Tres cabezales -BNorte 151 (CN), CChenque 19A (MCN y AC 180 (MCN- se comportan como “outliers”, diferenciándose por los valores del espesor de la raíz y el ancho de la base (Figura 3). Los dos primeros presentan los valores más altos y el tercero los más bajos. Esto refuerza el resultado del test ANOVA para la variable “espesor de la raíz”.

Tabla 6 Variables métricas del pedúnculo (máximas, mínimas y promediadas). 

Variables CP1 (63,3%) CP2 (19,6%)
Largo del pedúnculo 0,484 O,713
Ancho de la raíz 0,571 -0,010
Espesor de la raíz 0,153 0,070
Ancho de la base 0,675 -0,497
Espesor de la base 0,037 0,488

Materias Primas

Todas las puntas fueron manufacturadas sobre rocas de calidad muy buena a excelente. La diferencia radica en el número de variedades litológicas: en la CN se usaron cinco (basalto, sílices, calcedonias, xilópalos y obsidianas), mientras que en VCH y en MCN solo tres (Tabla 7). En todas las áreas predominan las puntas de calcedonia (entre 42 y 59%), seguidas por las de sílices que en VCH alcanzan el 43%, en CN el 26 % y en MCN el 16% (Tabla 7). En cuanto a la distribución y frecuencia de las litologías usadas, las puntas de basalto solo fueron registradas en CN (14%), las de xilópalos en CN (14%) y en VCH (5%) y las de obsidianas en MCN (28%) y en CN (2%). Las puntas de obsidianas de CN son similares macroscópicamente a artefactos y nódulos de la fuente T/SCI, ubicada a 180 km hacia el oeste. Por su parte, las de Sucesión Montenegro y Cañadón de los Fósiles (MCN) son como los de la fuente SI, que se encuentra a 5 y 50 km respectivamente de esos sitios (Gómez Otero y Stern 2005; Stern et al. 2000) (Figura 1). La relación entre los subtipos y las materias primas es la siguiente: del subtipo 2a (n=10), cinco son de sílices y cuatro de calcedonias; el único ejemplar de obsidiana es de MCN; del subtipo de 2c (n=21), ocho son de calcedonias, cuatro de sílices y xilópalos respectivamente; hay dos de basalto en CN y tres de obsidiana en MCN. Entre las del subtipo 2d (n=14), ocho son de calcedonia, una de sílice en cada área, dos de basalto y una de obsidiana en CN.

Tabla 7 Porcentaje de la varianza que aportan los dos primeros componentes principales. Percentage of the variance provided by PC1 and PC2. 

Áreas de estudio y sitios arqueológicos Materias primas
Ba Sil Cal Xil Ob
Costa Norte (CN) Rincón de Elizalde -- 1 1 -- 1
El Progreso -- -- 1 -- --
La Azucena 3 6 14 3 --
Las Ollas -- 1 1 2 --
Fracaso -- -- -- 1 --
Punta Delgada 1 -- -- -- --
Ea. La Laurita 1 -- -- -- --
Caleta Valdés 1 -- -- -- --
Bajo Norte -- 2 1 -- --
El Golfito -- 1 -- -- --
Bahía Cracker -- -- -- -- 1
Total 6 (14%) 11 (26%) 18 (42%) 6 (14%) 2 (4%)
Valle del río Chubut (VCH) Rawson -- 1 5 1 --
Los Altares -- 4 3 --
Laguna Bombilla -- 5 2 --
Cabeza de Buey -- 1 1 -- --
Total -- 10 (43%) 12 (52%) 1 (5%) --
Meseta centro-norte (MCN) Cerro Chenque -- -- -- -- 1
Cañadón de los Fósiles -- -- 1 -- --
Sucesión Montenegro -- 1 1 -- 8
Puesto Arsenio Balbo -- 5 20 -- --
Total -- 6 (16%) 22 (59%) -- 9 (25%)

Discusión y Conclusiones

El análisis de las 103 puntas mostró variabilidad morfológica interna pero neto predominio en las tres áreas de tres subtipos básicos definidos por Gómez Otero et al. (2011) como 2a, 2c y 2d (Figura 2). En lo que respecta al pedúnculo, las dos pruebas estadísticas -ANOVA y ACP- no revelaron variaciones métricas significativas. Las variables técnicas tampoco dan cuenta de patrones distintos en las tres áreas, ya que casi todas las puntas fueron elaboradas sobre lascas formatizadas por microrretoque profundo y microrretoque marginal, preferentemente irregular. En líneas generales, todas estas características señalan la existencia de rasgos morfológicos, técnicos y métricos compartidos entre las áreas.

No obstante, la diferente distribución de los subtipos por área sugiere situaciones particulares. Por ejemplo, el 2a presenta similar frecuencia en VCH y MCN (26% y 24% respectivamente) y también se lo ha identificado en contextos del Holoceno Tardío del norte de Santa Cruz y de Chubut atribuidos al “Complejo Patagoniense” (Aschero 1983; Aschero et al. 2006; Gradin 1980). En Chubut fue registrado en muestras del valle medio-superior del río homónimo (Aschero et al. 1983, 2006; Castro Esnal 2014; entre otros), en la meseta centro-sur (Aguerre et al. 2018; Aschero et al. 2006; Castro Esnal 2014; Gradin y Aschero 1978; entre otros) y en el valle del Río Chico (Castro Esnal 2014). Tan amplia distribución en Patagonia central sugiere que este diseño se habría desarrollado antes que los otros. De hecho, en varios contextos del Holoceno Tardío inicial de la región se encontraron puntas morfológicamente semejantes, aunque de mayor tamaño (Aschero et al. 1983; Gradin 1980; Gradin y Aschero 1978; Gradin et al. 1976). Es probable, entonces, que esta versión más pequeña del mismo modelo se deba al cambio tecnológico que significó la adopción del arco y la flecha, tal como propusieron Gradin (1980) y Aschero (1983). En cuanto al subtipo 2c, su alto predominio en CN y MCN (49%) y bajo en VCH (17%) sugiere relaciones más estrechas entre el litoral y la meseta centro norte que entre el litoral y el valle. No se puede afirmar aún cuál de las dos áreas (CN y MCN) fue el ámbito donde se originó esta variedad morfológica. Por su parte, la proporción relativamente importante del subtipo 2d en CN (24%) pero inferior en las otras áreas, sugiere un desarrollo local en la costa norte. Por último, los porcentajes parejos de los tres subtipos más el 2f en VCH indicaría que el río habría funcionado como vector o corredor de comunicación entre el litoral y distintos tramos de su valle, por donde circularon diseños de distintas zonas.

Respecto de la selección de las materias primas, excepto en VCH donde las sílices son locales y su uso en las puntas alcanzó un 43%, no se observó vinculación con la abundancia local de las rocas de mejor calidad en cada área. En CN el basalto (altamente disponible) solo se registró en 14% de las puntas, lo que contrasta con su aprovechamiento mayoritario para otros grupos tipológicos (Banegas 2016). En MCN, donde se encuentran las fuentes de obsidiana SI y T/SCI, los cabezales de esta roca promediaron el 11%, excepto en Sucesión Montenegro (24%), a cinco kilómetros de la fuente SI. Esta escasa representación de las obsidianas fue asimismo corroborada en diversos sitios de CN y en la desembocadura del Río Chubut donde la media general no sobrepasó el 3% (Gómez Otero y Stern 2005). De las dos fuentes conocidas para la provincia del Chubut, SI es la que muestra mayor dispersión espacial, no solo en estas tres áreas sino fuera de ellas2, mientras que T/SCI fue identificada geoquímicamente en CN y en MCN pero no en el valle inferior (Gómez Otero y Stern 2005; Stern et al. 2000). Sin embargo, en el sitio Cinco Esquinas, a 10 km al oeste de Rawson, se registraron artefactos -actualmente en proceso de análisis geoquímico- muy similares macroscópicamente a los nódulos de T/SCI (Gómez Otero et al. 2010). La representación de todas las etapas de la producción lítica en los distintos conjuntos artefactuales de la costa norte y el valle inferior indica el ingreso de nódulos enteros (Gómez Otero y Stern 2005).

Los xilópalos también mostraron baja proporción, incluso en VCH (5%) donde se encuentra el bosque petrificado cercano al dique Ameghino. Esto podría estar relacionado con su estructura interna, por ejemplo, la presencia de nudos que dificultarían la talla bifacial (Banegas et al. 2015). Es muy probable que algunas puntas provengan de esa fuente primaria, pero también pudo haberse dado el aprovechamiento oportunista de fuentes secundarias (bloques, rodados o tabletas de troncos fósiles) disponibles en el fondo de cañadones o sobre terrazas. La ampliación del estudio de nódulos y artefactos de xilópalo mediante MEB y EDAX (Banegas et al. 2016), permitirá cotejar estas hipótesis.

En contraste, a pesar de su baja disponibilidad o localización alejada de los sitios aquí analizados, la calcedonia fue la roca más utilizada en las tres áreas, llegando a ocupar alrededor del 50%. Una explicación para la selección de esta materia prima podría vincularse con su tenacidad o resistencia a las fracturas. Al respecto, un estudio de Ratto y Belardi (1996) sobre las propiedades estructurales de las rocas usadas en Cerro Castillo señala que la calcedonia es la única con tenacidad elevada, mientras que basaltos, sílices y obsidianas muestran valores medios a bajos (Ratto y Belardi 1996:Tablas 1-2). Las materias primas también pueden ser elegidas por otro tipo de razones; por ejemplo, atributos estéticos. De las cinco rocas identificadas, excepto el basalto que es opaco, las demás presentan colores vistosos y brillantes. En este sentido, la calcedonia podría haber sido la más seleccionada no solo por su calidad superior para la talla, sino por razones de comunicación visual o de prestigio, tal como se ha propuesto para otros casos (Boivin y Owoc 2004; Colombo y Flegenheimer 2013; Flegenheimer y Bayón 1999; Taçon 1991). Al respecto, el incremento estadísticamente significativo que Banegas y Goye (2015) determinaron para la frecuencia de artefactos de calcedonia en CN y el valle inferior del río Chubut a partir del Holoceno Tardío final, sugiere una utilización más intensiva de esta roca y el cambio hacia una estrategia tecnológica conservada (Nelson 1991). Algunos cabezales podrían haberse elaborado con las calcedonias de la fuente de Arroyo Verde, en el sector más septentrional de la costa norte (Figura 1).

La presencia de puntas de materias primas -obsidianas, calcedonias y xilópalos- cuyas fuentes tienen una distribución espacialmente restringida y dispar entre las áreas, señala contactos regulares entre ellas. Esto coincide con el registro de los tres subtipos mayoritarios en las tres áreas estudiadas. Estas relaciones intrarregionales en el Holoceno Tardío tienen sustento a través de otras líneas de evidencia. Por ejemplo, piezas cerámicas halladas en CN y MCN presentan rasgos litológicos, tecno-morfológicos y decorativos típicos de dos tradiciones culturales del centro-sur de Chile, como los estilos Pitrén y Valdivia (Schuster 2015). A su vez, en enterratorios múltiples del valle inferior del Río Chubut, entre ellos el sitio Rawson aquí tratado, se registraron cuentas de rocas ornamentales no locales como malaquitas, turquesas y serpentina, y también un hacha ceremonial de bronce como las de la cultura Santamariana del Noroeste argentino (Gómez Otero 2011). Por su parte, la amplia representación de los subtipos 2c y 2d en CN y MCN -probablemente originados en alguna de esas dos áreas- podría estar vinculado con un proceso de regionalización y de reafirmación de rasgos identitarios de los grupos, de manera similar a lo que Martínez et al. (2017) plantearon para las ocupaciones tardías de la desembocadura del Río Colorado. En este respecto y en escala más amplia -actual provincia de Chubut- y para tiempos posteriores a 1.500-1.000 AP se ha propuesto la ocurrencia de cambios culturales tales como diversificación tecnológica, aumento en la complejidad social e incremento en los contactos intra y extrarregionales (Gómez Otero y Bellelli 2006). En esos contactos, directos o indirectos, se habrían intercambiado materias primas, bienes, conocimientos técnicos, creencias y genes.

A modo de conclusión, este abordaje metodológico que combinó variables morfométricas, técnicas y litológicas para evaluar la diversidad de puntas de proyectil pequeñas, sumó elementos de juicio para discutir la dinámica de las interacciones sociales en tres ambientes contiguos de Patagonia central en momentos finales del Holoceno Tardío.

Agradecimientos:

Al Sr. Anselmo Cadene por permitirnos realizar el análisis de su colección particular. También se agradece a la editora de la revista y a los tres evaluadores anónimos cuyos comentarios y sugerencias significaron un valioso aporte. Este trabajo contó financiamiento del CONICET (PIP 6470 y PIP 1140100100210), ambos dirigidos por Gómez Otero.

Referencias Citadas

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1 Se trata del PICT 26040-ANPCyT (2009-2011), dirigido por la Dra. Nora Franco.

2La fuente SI trascendió ampliamente las áreas aquí tratadas: llegó hasta Aysén (sur de Chile), la meseta de Somuncurá, el bosque cordillerano del norte de Chubut y sur de Río Negro y la costa norte del golfo San Matías (Bellelli et al. 2018; Boschín y Massaferro 2014; Stern et al. 2013; Stern 2018; entre otros).

Recibido: Enero de 2019; Aprobado: Agosto de 2019

*Autor por correspondencia E-mail: banegas.anahi@yahoo.com.ar

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