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Chungará (Arica)

versión On-line ISSN 0717-7356

Chungará (Arica) vol.52 no.2 Arica jun. 2020

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-73562020005001001 

ARQUEOLOGÍA Y PATRIMONIO

LA OCUPACIÓN INCA EN LA CUENCA DE RATONES, PUNA DE SALTA, ARGENTINA. PRIMERAS APROXIMACIONES SOBRE EL ANÁLISIS DE LA CERÁMICA DE LOS SITIOS CUEVA INCA VIEJO Y ABRA DE MINAS

THE INCA OCCUPATION IN THE RATONES BASIN, PUNA OF SALTA, ARGENTINA. FIRST APPROACHES TO THE ANALYSIS OF THE CERAMIC OF THE SITES CUEVA INCA VIEJO AND ABRA DE MINAS

Federico I. Coloca1 

1 CONICET, Instituto de Arqueología, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires, Argentina. fedeigco@hotmail.com

Resumen:

En este trabajo se presenta una primera aproximación sobre el análisis de la cerámica perteneciente a la cuenca de Ratones, Puna de Salta, Noroeste de Argentina. El objetivo es contribuir al estudio sobre la expansión Inca en la región y, más particularmente, en las tierras altas de la puna. La muestra analizada proviene de los sitios Cueva Inca Viejo y Abra de Minas, los cuales contienen indicadores de ocupaciones humanas principalmente en los períodos Tardío preincaico e Inca. La evidencia arqueológica relevada hasta el momento ha permitido sostener que la intensa ocupación del Tawantinsuyu en el área de estudio estaría vinculada con la explotación de turquesa. Por otra parte, un conjunto de indicadores, entre los que se destaca la presencia de arquitectura ceremonial, señala la importancia que desempeñó la propiciación de prácticas rituales. En este contexto, el análisis de la cerámica realiza un aporte para comprender la naturaleza y el impacto de la expansión imperial en la cuenca de Ratones, fundamentalmente en relación con la organización de la explotación minera y la utilización de la ritualidad como estrategia para una dominación más efectiva.

Palabras claves: cerámica; Cuenca de Ratones; Puna de Salta; Incas; prácticas rituales; minería

Abstract:

The present work is a first approach to the analysis of the ceramics of the Ratones basin, Puna of Salta, north-western Argentina. The objective of this paper is to contribute to the study of the Inca expansion in the region and, more specifically, in the highlands of the Puna. The analyzed sample comes from the sites Cueva Inca Viejo and Abra de Minas, which show indicators of human occupation, mainly in the Late pre-Inca and Inca periods. The archaeological evidence recorded so far suggests that the intense occupation of Tawantinsuyu in the study area would be linked to turquoise mining. Additionally, a set of indicators where ceremonial architecture stands out,emphasizes the role played by ritual practices. In this context, the analysis of ceramics contributes to understanding the nature and impact of imperial expansion in the Ratones basin, mainly in relation to the organization of mining activitiesand the use of rituals as a strategy for a more effective domination.

Key words: Ceramics; Ratones basin; Puna of Salta; Incas; ritual practices; mining

En este trabajo se presenta una primera clasificación del conjunto cerámico de la Cuenca de Ratones, Puna de Salta, Noroeste argentino. La misma se realizó en el marco más general del estudio de los procesos ocurridos durante los periodos Tardío e Inca en la región (ca. 900-1536 DC)1.

Dentro de la arqueología del Noroeste argentino, los análisis de los conjuntos cerámicos ocupan un lugar de importancia. Para el periodo Tardío (ca. 900- 1430 DC), a nivel general han sido descritos una gran variedad de estilos alfareros (Ávila 2006; López 2004; Palamarczuck 2009; Pérez 2008; Pérez Pieroni 2015; Puente 2012; Ratto et al. 2007; Sprovieri 2014; Tarragó 2000; Zaburlín 2012; entre otros). Esta diversidad se encontraría en sintonía con los procesos de cambio ocurridos a nivel social, político y económico, asociados con una creciente expansión de la agricultura, el pastoreo y la producción artesanal, un aumento de la densidad de población y modificaciones en las formas y la distribución de los asentamientos (Albeck 2001; Aschero 2000; Tarragó 2000; entre otros). Dichos procesos se habrían visto interrumpidos hacia el siglo XV por la introducción Inca en la región (Raffino 1981).

El Inca fue un Estado expansivo que se constituyó en imperio a partir de la conquista e integración de diferentes regiones bajo su dominio (D’Altroy 2002; Tantaleán 2015; Williams 2000). Se ha establecido que el Tawantinsuyu ejerció un control tanto directo como hegemónico sobre las poblaciones y los territorios conquistados, actuando como una entidad política dinámica que enfrentó circunstancias particulares en cada región anexada (D’Altroy 2002). En este sentido, los Incas establecieron una dominación que se caracterizó por un manejo conjunto del control económico, político, militar e ideológico (Berenguer 2007; González y Tarragó 2004; Hyslop 1990; Morris 1998 [1987]; Rowe 1982; Williams et al. 2005). Así, dependiendo de los objetivos buscados, y de las estrategias llevadas a cabo para conseguirlos, el Imperio construyó paisajes particulares en cada zona que fue ocupando (Acuto 2011; Raffino 1981; Williams 2000; Williams et al. 2005).

En el Noroeste argentino se ha destacado que la administración política imperial ocupó los diferentes sectores neurálgicos del periodo previo. De esta manera, se reconocen distintos centros de importancia en la quebrada de Humahuaca (p.ej., Tilcara, Los Amarillos, La Huerta), los valles Calchaquies medio y sur (p.ej., La Paya, Cortaderas, Potrero de Payogastas, Tolombón), el valle de Hualfín (p.ej., El Shincal), el valle de Santamaría (p.ej., Fuerte Quemado), o el valle de Abaucán (p.ej., Watungasta) (González 1980; Raffino 1981; Williams 2000; entre otros). A su vez, las instalaciones incas incluyeron otros tipos de asentamientos tales como tambos, fortalezas, almacenes y enclaves productivos (Raffino 1981; Williams 2000).

Por otra parte, existe una gran cantidad de emplazamientos estatales que se encuentran bastante alejados y aislados de dichas zonas centrales, evidenciando una importante heterogeneidad de asentamientos incas (Vitry et al. 2007). Esta diversidad en las estrategias de ocupación demuestra la alta adecuación, versatilidad y flexibilidad que el Tawantinsuyu implementó en la región (D’Altroy 2002; Williams y D’Altroy 1998). En cuanto a su expansión sobre las tierras altas (por encima de los 3.500 msm), se observa que los Incas aprovecharon los sectores productivos preexistentes (agrícola, ganadero y minero) y con mejores condiciones para el tránsito y la visibilidad (Vitry et al. 2007).Asimismo, las instalaciones de la Puna habrían sido mantenidas a partir de diferentes motivaciones, como asegurar el acceso a espacios rituales (p.ej., santuarios de altura) o ejercer un control de pasos cordilleranos (Ratto et al. 2002). Dentro de este contexto, la naturaleza de las relaciones entabladas con las poblaciones de este sector, y la particularidad en las políticas implementadas, estarían indicando un vínculo distintivo del Estado con las sociedades de la Puna, donde jugaría una marcada importancia la presencia de elementos simbólicos del paisaje (p.ej., cumbres, cursos de agua, cuevas, etc.) (Acuto 1999; Berenguer 2007; González 1980; Raffino 1981).

En este marco, la cerámica fue un elemento de importancia para que el Tawantinsuyu enfatizara su posición como benefactor simbólico y físico (Giovannetti 2015; Williams 2004; Williams et al. 2009). La alfarería habría funcionado no solo para transportar y proveer al Estado dentro de un sistema de complementariedad (Morris 1985; Murra 1975), sino también para el intercambio de información simbólica como expresión ideológica de la dominación (Acuto 2011; Giovanetti y Páez 2011; González Carvajal 2004; Lechman 1993; Orgaz et al. 2007; Williams et al. 2005). De esta manera, la cerámica cumplió un rol dentro de determinadas estrategias de control sobre las poblaciones conquistadas. Por ejemplo, las vasijas incas fueron utilizadas en festividades propiciadas por el Estado, a través de las cuales se sellaría la afiliación de la población local al nuevo régimen, como también las alianzas y la disponibilidad de una numerosa y necesaria mano de obra (Cremonte y Williams 2007; D’Altroy et al. 1994; Hyslop 1993; Raffino 1981; Williams et al. 2005). Dentro de estas estrategias, el Tawantinsuyu utilizó mecanismos de identificación más básicos que se encontraban en las sociedades andinas. Mediante el principio de reciprocidad, la propiciación de estas festividades, caracterizadas por la hospitalidad y el agasajo, fueron utilizadas como medio para reencausar el trabajo hacia los objetivos estatales (Morris 1985).

El registro arqueológico de la Cuenca de Ratones se inserta dentro de estas discusiones vinculadas con la expansión Inca en el Noroeste argentino, y en particular en las tierras altas. En trabajos previos se ha sostenido que la Cuenca de Ratones representó para el Tawantinsuyu un lugar de importancia desde el plano económico, producto de la explotación minera de turquesa; político, a través del control del tránsito y la comunicación entre distintas regiones; sociocultural, al introducir materialidad y tradiciones imperiales; y simbólico, por medio del control de prácticas rituales y la propiciación de festividades (Coloca 2017b; López et al. 2018a).

Partiendo de esta base, el objetivo del presente trabajo es contribuir a la caracterización de la ocupación imperial de la Cuenca de Ratones a partir de los resultados de la clasificación de la cerámica de los sitios Abra de Minas y Cueva Inca Viejo (Figura 1). Particularmente, se discute el rol que pudo cumplir la alfarería no solo como instrumento para el transporte y abastecimiento de bienes, sino también dentro de los aspectos vinculados con relaciones de dominación. Al respecto, nos centraremos sobre determinadas estrategias implementadas por el Estado en el área de estudio, las cuales envolvían el control por medio del desarrollo de rituales propiciatorios, como también el comensalismo y la hospitalidad, dentro de un contexto de explotación, en este caso asociado con la minería (López et al. 2018a; Soto y Salazar 2016; Williams et al. 2005).

Figura 1 La cuenca de Ratones con la ubicación de los sitios Cueva Inca Viejo y Abra de Minas. Ratones basin with the location of the sites Cueva Inca Viejo and Abra de Minas. 

Área de Estudio. Características Generales de los Sitios Abra de Minas y Cueva Inca Viejo

La Cuenca del Salar de Ratones se localiza en la Puna de Salta, Noroeste argentino, y es un área que comenzó a ser investigada de manera sistemática recientemente a partir del relevamiento y estudio de dos sitios que han sido denominados Abra de Minas y Cueva Inca Viejo (Coloca 2017a; Coloca 2017b; López y Coloca 2015; López et al. 2009; López et al. 2015; López et al. 2018b) (Figura 2). Ambos sitios están siendo estudiados de forma integrada ya que presentan información complementaria para la comprensión de la ocupación del área durante los periodos Tardío preinca e Inca (ca. 900-1536 DC).

Figura 2 Ubicación de Abra de Minas y Cueva Inca Viejo. Location of Abra de Minas and Cueva Inca Viejo. 

Las citas acerca de estos sitios en la bibliografía son escasas y se remiten a un relevamiento de Raffino (1969, 1972), quien menciona Abra de Minas como un asentamiento incaico, asociado con un camino y cercano a una cueva con arte rupestre (la Cueva Inca Viejo). Por otra parte, en 1978 unos exploradores del Club de Amigos de la Montaña de Salta visitaron la cueva y recuperaron distintos materiales arqueológicos que donaron al Museo de Cachi “Pío Pablo Díaz”. Dicha colección ha sido revisada y fotografiada (López et al. 2015).

Abra de Minas se localiza a 4.250 msm y su emplazamiento se relaciona con una vega con agua y pasturas. El sitio se destaca por la presencia de 92 estructuras que se extienden sobre una superficie aproximada de 15.000 m2, en donde se evidencia una gran cantidad de material superficial (Coloca 2017b; López y Coloca 2015). A su vez, en el sector sur del sitio se registró un mortero múltiple con seis hoyos (López y Coloca 2015). La arquitectura presenta características incas, tanto en su patrón constructivo como en su morfología, entre las que se destacan rectángulos perimetrales compuestos o RPC (Madrazo y Ottonello 1966; Nastri 1997/1998), una kallanka y una plataforma cuadrangular (Coloca 2017a) (Figura 3). Esta última estructura mide 3,12 m x 3,37m y en su interior presenta un piso confeccionado con rocas canteadas. Su localización en el centro de la vega y la alta inversión de energía destinada a su construcción permitió vincularla con fines rituales (Coloca 2017a, 2017b).

Se debe aclarar que Abra de Minas ha sido reocupado en épocas históricas recientes, cuando algunos edificios sufrieron ciertas modificaciones. Este sería el caso de la denominada kallanka, un recinto de forma rectangular alargada (20 m x 6 m), que se encuentra en el sector central del sitio, al cual se le adosó otro recinto de grandes dimensiones (Coloca 2017a) (Figura 3).

Figura 3 Abra de Minas. Estructuras arqueológicas (izquierda) y planimetría del sitio (derecha). Abra de Minas. Archaeological structures (left) and site planimetry (right). 

Desde una perspectiva distribucional se realizaron 10 transectas (6.000 m2). Las mismas registraron una muy alta densidad de material en superficie (superior a 1,3 artefactos/m2). Los trabajos de excavación comprendieron hasta el momento nueve sondeos estratigráficos (0,5 m x 0,5 m) y seis cuadrículas (1 m x 1 m) en diferentes estructuras (simples, dobles, complejas, RPC). En términos generales, la estratigrafía del sitio es homogénea y se evidenciaron dos capas con material arqueológico (Coloca 2017b; López y Coloca 2015).

Los fechados obtenidos muestran cierta variabilidad temporal, desde ca. 650 DC hasta contextos históricos, aunque predominan las fechas de los periodos Tardío preinca e Inca (para más información ver López et al. 2018a). Por su parte, la evidencia arqueológica demuestra una fuerte presencia Inca, quienes habrían solapado las ocupaciones previas mediante una gran inversión e intensidad constructiva que incluyó la remoción de suelos y materiales arqueológicos (Coloca 2017b). En este sentido, se debe destacar la importancia del sector dentro del tráfico macrorregional. Particularmente para el periodo Inca, Abra de Minas figura como un nodo dentro de la red vial que unía las instalaciones estatales. El sitio se encuentra asociado con un camino principal que atravesaba la Puna y podía conectarse, mediante rutas secundarias, tanto con los valles y quebradas hacia el este, como con Chile hacia el oeste (Raffino 1981).

Cueva Inca Viejo se encuentra a una altura de 4.312 msm, en el cerro homónimo ubicado 2 km al oeste de Abra de Minas. Se trata de una cavidad rocosa con una boca de entrada de 6,3 m de ancho, una galería principal de una profundidad de 13 m desde la línea de goteo y diferentes galerías presuntamente abiertas antrópicamente, asociadas con trabajos mineros (López et al. 2018a) (Figura 4). El acceso a la cueva se realiza por un camino que se extiende por el faldeo del cerro. El mismo se encuentra delimitado hacia el oeste por un muro de doble hilera (López et al. 2015).

Figura 4 Cueva Inca Viejo. Imagen de la boca de entrada (izquierda) y planimetría del sitio (derecha). Cueva Inca Viejo. Image of entrance (left) and site planimetry (right). 

Siguiendo una metodología distribucional se excavaron 12 sondeos estratigráficos (0,5 m x 0,5 m) y una cuadrícula (1 m x 1 m) en distintos sectores de la cámara principal (Coloca 2017b; López et al. 2015), en donde se reconocieron dos capas. La evidencia arqueológica de la cueva demuestra su importancia dentro de procesos de interacción macrorregional. Entre ellas se pueden destacar los motivos de arte rupestre vinculados al caravaneo, como también la presencia de distintos elementos exóticos (p.ej., macrorrestos vegetales como maíz y algarrobo, plumas, obsidianas de fuentes distantes, entre otros) procedentes de distintas regiones, como los valles o incluso las yungas, ubicadas a casi 300 km (López et al. 2015).

La evidencia recuperada en los últimos años permitió señalar una intensa explotación minera prehispánica, particularmente en relación con el periodo Inca (Coloca 2017b; López et al. 2018a). Asociado con ello, recientes investigaciones corroboraron que el Cerro Inca Viejo constituye una fuente de turquesa (López et al. 2018b). Entre los indicadores artefactuales vinculados con minería prehispánica se destaca la presencia de martillos líticos, en capa y en superficie tiras de cuero presuntamente utilizadas para su enmangue y una alta representación de fragmentos de turquesa que habrían sido extraídos de la cueva (López et al. 2018a).

Por otra parte, Cueva Inca Viejo contiene una variedad de indicadores asociados con prácticas rituales. Entre ellos sobresale una estructura ceremonial Inca, ubicada en la entrada de la cueva, compuesta por un muro superior, una plataforma, una escalera delimitada por muros dobles, un recinto central y un muro inferior (López et al. 2018a, 2018b). Este tipo de arquitectura ha sido registrada en otros sitios asociados con espacios productivos, tales como las minas, y se ha sugerido su vínculo con un dominio económico-ideológico por parte de los Incas, a través del uso de rituales de producción y el control de ceremonias (Soto y Salazar 2016). Asimismo, entre el material arqueológico relacionado con prácticas rituales se pueden nombrar ofrendas con huesos de camélidos, semillas de cebil, cuentas de turquesa, plumas de aves exóticas, trenzas de pelo humano y cordeles vegetales y animales (López et al. 2015; López et al. 2018a).

Los fechados radiocarbónicos obtenidos sitúan las ocupaciones humanas de la cueva en los periodos Medio, Tardío pre-incaico e Inca (López et al. 2018a). Sin embargo, hasta el momento no se ha podido realizar una asociación estratigráfica clara, ya que, al igual que en Abra de Minas, se evidencia una fuerte modificación producto de la ocupación Inca, relacionada en este caso principalmente con la explotación minera y la ejecución de prácticas rituales (Coloca 2017b).

Metodología para la Clasificación de la Cerámica de la Cuenca de Ratones

La muestra analizada corresponde al material cerámico recuperado en los dos sitios investigados. En Abra de Minas se determinaron dos conjuntos, conformados por los fragmentos de capa y superficie. Las excavaciones proporcionaron 221 tiestos y una vasija entera, la única de toda la muestra. El conjunto superficial corresponde por un lado a una recolección dirigida (N=23), realizada en las primeras campañas de reconocimiento del sitio; y por otro, a una recolección sistemática (N=7.736) mediante el trazado de transectas (Coloca 2017b). En el último caso se decidió analizar una muestra del 20% por considerarse suficientemente representativa para caracterizar el conjunto total. Dicha muestra se seleccionó de forma azarosa, separándose para el análisis 1.646 tiestos (Coloca 2017b). Por su parte, el conjunto de Cueva Inca Viejo (N=153) proviene en su totalidad de las excavaciones llevadas a cabo dentro de la cueva.

Los tres conjuntos analizados presentan una alta fragmentación, con tamaños relativamente similares22. Este patrón puede ser producto de diferentes agentes destructores, entre los que se incluyen la alteración térmica y la abrasión, que actuaron sobre conjuntos que sufrieron un descarte similar (primario) (Coloca 2017b).

En esta instancia, se optó por implementar un abordaje que permitiera evaluar la diversidad de la alfarería recuperada en ambos sitios. Para ello, se decidió realizar una primera clasificación basada en los atributos que nos permitieran reconocer y comparar los estilos presentes dentro de la muestra. Esta decisión se sostiene por considerar que los aspectos estilísticos son los que mejor reflejan los procesos de cambio, además de plasmar de manera más efectiva las expresiones simbólicas (Acuto 2011). Por esta razón, la clasificación se realizó sobre las cerámicas decoradas.

Se consideraron como decoradas las cerámicas que presentaron algún tipo de pintura y/o grabado. Entre ellas se incluye la aplicación de engobe, ya que, al igual que la pintura, sirve para otorgarle color a la superficie (Pérez Pieroni 2015). Así, las cerámicas decoradas se encuentran representadas por tiestos de tonos monocromáticos, bicolores y tricolores. Las diferentes tonalidades fueron registradas en base a la escala Munsell (Coloca 2017b).

Los grupos estilísticos fueron reconocidos principalmente a partir de los motivos decorativos y, en menor medida, por morfologías diagnósticas, establecidas por ciertos fragmentos de bordes, bases y asas, especialmente en las cerámicas Incas (Bray 2004).

Por otra parte, los aspectos tecnológicos fueron considerados de manera complementaria para la clasificación. Estos atributos permitieron a su vez observar la variabilidad interna dentro de los grupos estilísticos reconocidos. De esta manera, se registraron los atributos de atmósfera de cocción, textura de pasta y tratamiento de superficie3 (Orton et al. 1993; Primera Convención Nacional de Antropología 1966; Rice 1987). En cuanto a las inclusiones de las pastas, si bien se pudieron reconocer ciertos elementos como cuarzo, mica y litoclastos oscuros, la falta de precisión para su caracterización no permitió incluirlas como un atributo confiable para la clasificación. En este sentido, el análisis de pasta es una problemática específica que requiere estudios particulares que serán considerados para trabajos futuros, destinados a determinar posibles procedencias de arcillas e inclusiones de antiplásticos (Cremonte 1983/1985).

Resultados de la Clasificación de la Cerámica de Ratones

Sobre la muestra total de tiestos estudiados (N=2.033) el 53,2% corresponde a cerámica decorada (N=1.082). A continuación, se presentan los resultados de la clasificación de la cerámica decorada de cada conjunto analizado. Como fue descrito en el apartado anterior, la clasificación se realiza en base a los grupos estilísticos reconocidos en cada conjunto. Dentro de este análisis, las características decorativas y tecnológicas apuntan a observar posibles patrones de variación entre los diferentes estilos, como también la diversidad al interior de cada uno de ellos.

Los estilos fueron definidos en base a la bibliografía especializada. Se reconocieron los estilos Belén (Basile 2005; González 1977; Puente y Quiroga 2007; Wynveldt 2007; Wynveldt y Iucci 2009), Santa María (Marchegiani 2012; Palamarczuk 2009; Podestá y Perrotta 1973; Serrano 1976 [1958]; Weber 1978), Yavi (Ávila 2006, 2008) e Inca (Bray 2004; Calderari y Williams 1991; Raffino 1981). Asimismo, se incluyó como un grupo estilístico la cerámica Negra Pulida, perteneciente a una tradición regional, que se encuentra registrada en el Noroeste argentino al menos desde el periodo Medio (p.ej., González 1959; Ledesma y Subelza 2009; Scattolin 2006).

Debemos aclarar que el grupo estilístico Inca se consigna en su categoría más inclusiva, abarcando las diferentes variedades internas (Williams 2004). Se establece la filiación más general de Inca por considerar el hecho de haber sido producidas bajo la influencia estatal. En el apartado posterior se discutirá la presencia de variaciones dentro de dicho grupo estilístico, especialmente las que podrían asociarse con distintas zonas de producción (Calderari y Williams 1991).

Abra de Minas: cerámica de superficie

Dentro de la muestra superficial de Abra de Minas (N=1503) la cerámica decorada representa la mayor proporción (N=909; 60,5%). En este conjunto predominan las decoraciones monocromáticas (62,7%), destacándose las tonalidades rojas y naranjas, y, en menor cantidad, las marrones y antes. Las cerámicas polícromas están representadas principalmente por las bicolores de pintura negra sobre bases rojas, antes, naranjas y marrones (Figura 5). La variabilidad interna de dicho grupo es producto de diferentes tratamientos de superficie, atmósferas de cocción y texturas de las pastas. Sin embargo, se puede observar cierta tendencia hacia las caras pulidas (81%) por sobre las alisadas (18%) y las bruñidas (1%), atmósferas de cocción oxidantes (86%) por sobre reductoras (8%) y parcialmente oxidantes (6%) y una textura compacta (76%) por sobre la porosa (24%).

Figura 5 Tipos de cerámica decorada del conjunto superficial de Abra de Minas Types of decorated ceramic from the surface set of Abra de Minas. 

Del total de la cerámica decorada superficial de Abra de Minas, solo en el 25,5% (N=232) se pudo reconocer alguna asociación estilística. Este bajo porcentaje puede relacionarse con la alta fragmentación del conjunto, lo cual dificultó diferenciar motivos y/o formas originales de muchas piezas. Entre los fragmentos identificados se reconoce la presencia de los estilos Belén, Santa María, Yavi, Negro Pulido e Inca (Figura 6).

Figura 6 Proporción de los grupos estilísticos reconocidos en la cerámica superficial de Abra de Minas. Proportion of recognized stylistic groups identified in the surface ceramic from Abra de Minas. 

El estilo Belén se encuentra representado por 16 fragmentos, todos en Negro sobre Rojo (Figura 7 A y B). Esta cerámica presenta una baja variación interna, reflejada en superficies pulidas, atmósferas oxidante u oxidante incompleta, y pastas entre más y menos compactas.

Figura 7 Fragmentos cerámicos de la recolección superficial de Abra de Minas asignados a grupos estilísticos: (A) y (B) Belén, (C) y (D) Santa María. Ceramic fragments from the surface collection of Abra de Minas assigned to stylistic groups: (A) and (B) Belén, (C) and (D) Santa María. 

El estilo Santa María se reconoció en siete fragmentos, decorados en Negro sobre Ante (Figura 7 A, C y D). Las atmósferas de cocción son oxidantes y las superficies alisadas. La escasa variación reconocida en esta cerámica se relaciona principalmente con las texturas de las pastas, las cuales varían de compactas a porosas.

El estilo Yavi se evidenció en tres fragmentos, en Negro sobre Rojo y Negro sobre Ante (Figura 8), de cocciones oxidantes, pastas compactas y superficies pulidas.

Figura 8 Fragmentos cerámicos de la recoleccion superficial del Abra de Minas asignados al grupo estilístico Yavi. Ceramic fragments from the surface collection of Abra de Minas assigned to the Yavi stylistic group. 

Las cerámicas Negras Pulidas se componen de 16 tiestos. Este grupo se caracteriza por piezas confeccionadas en atmósfera reductora y textura tanto compacta como porosa.

La cerámica Inca, con 189 fragmentos, es el grupo estilístico más representado (82%) (Figuras 6 y 9) y el que contiene mayor variedad. En cuanto a la decoración, se reconoció una diversidad marcada por los tipos polícromos Negro y Rojo sobre Naranja, Negro y Rojo sobre Ante, Negro y Blanco sobre Rojo, Negro sobre Naranja, Negro sobre Marrón, Negro sobre Ante, Negro sobre Beige, Negro sobre Rojo y Negro sobre Borravino. Entre los tipos monocromáticos se encuentran Naranja, Rojo, Ante, Borravino y Marrón.

Figura 9 Fragmentos cerámicos de estilo Inca pertenecientes a la recolección superficial de Abra de Minas. (A) Plato tricolor, (B) y (D) aríbalos tricolores, (C) aríbalo bicolor. Inca style ceramic fragments from the surface collection of Abra de Minas. (A) Three-color dish, (B) and (D) three- color aryballos, (C) two-color aryballos. 

Asimismo, la cerámica Inca evidencia una heterogeneidad en las diferentes combinaciones empleadas en tratamientos de superficies atmósferas de cocción y texturas de las pastas. Entre ellas predominan las pastas oxidantes por sobre las oxidantes incompletas y reductoras, de texturas tanto compactas como porosas y superficies principalmente pulidas, aunque también alisadas y en ciertos casos bruñidas.

Abra de Minas: cerámica de capa

Respeto a la muestra proveniente de las excavaciones realizadas en Abra de Minas (N=194), la cerámica decorada alcanza el 56,2% (N=109). Dentro de este conjunto se reconoce una alta diversidad, destacándose los tipos monocromáticos (61,5%), principalmente los tonos rojos y marrones, y, en menor medida, el ante. Entre las cerámicas polícromas prevalecen las bicolores del tipo Negro sobre Rojo (Figura 10).

Figura 10 Tipos de cerámica decorada del conjunto de capa de Abra de Minas. Types of decorated ceramic from the layer set of Abra de Minas. 

Por otra parte, los atributos tecnológicos presentan proporciones muy similares a los registrados para el conjunto superficial. De esta manera, se reconoce una recurrencia hacia atmósferas de cocción oxidante (86%) por sobre las reductoras (10%) y las parcialmente oxidantes (4%); textura compacta (64%) por sobre la porosa (36%) y acabados de caras pulidas (81%) sobre los alisados (19%).

Asimismo, de manera similar al conjunto superfi el porcentaje de los tiestos en los que se pudo vincular alguna filiación estilística fue bajo (N=27; 24,7%). Los estilos representados son Belén, Yavi e Inca (Figura 11).

Figura 11 Proporción de los grupos estilísticos reconocidos en la cerámica de capa de Abra de Minas. Proportion of recognized stylistic groups identified in the layer ceramic from Abra de Minas. 

El estilo Belén se reconoció en un solo fragmento Negro sobre Rojo, pulido, de atmósfera oxidante y pasta porosa.

La cerámica Yavi presentó dos fragmentos Negro sobre Rojo (Figura 12), con paredes pulidas, atmósferas oxidantes y pastas compactas.

Figura 12 Fragmentos cerámicos del conjunto de capa de Abra de Minas asignados al grupo estilístico Yavi. Ceramic fragments from the layer set of Abra de Minas assigned to the Yavi stylistic group. 

El estilo Inca se encontró en 24 ocasiones, conformando el 89% de los casos asignables (Figura 11). La variedad de la cerámica Inca se relaciona principalmente con los diferentes tipos decorativos utilizados (Figura 13). Por un lado, se evidencian cerámicas de muy buena calidad, confeccionadas con atmósferas de cocción oxidantes, pastas compactas, y superficies pulidas, con decoraciones Negro y Rojo sobre Ante, Negro sobre Naranja y Negro sobre Marrón. Por otra parte, los tipos Rojo, Negro sobre Rojo y Negro sobre Naranja presentan atmósferas oxidantes, superficies pulidas y una variedad de pastas, de más compactas a más porosas.

Figura 13 Fragmentos cerámicos de estilo Inca del conjunto de capa del Abra de Minas. Inca-style ceramic fragments from the layer set of Abra de Minas. 

Por último, se destaca el hallazgo de la única pieza entera en Abra de Minas, y en Ratones en general, recuperada en un recinto de un RPC (Coloca 2017b; López y Coloca 2015). Se trata de un plato decorado Negro sobre Rojo, con superficies pulidas, de 16 cm de diámetro de boca, 4 cm de diámetro de base, levemente cóncava, y 5 cm de altura. El mismo ostenta un asa en arco de 3 cm de diámetro y 5 cm de ancho. Si bien los motivos no pueden distinguirse del todo por el desgaste de la pintura, se reconocen líneas rectas paralelas sobre el asa y parte de un motivo sobre el borde interior, conformado por dos líneas paralelas unidas por líneas rectas perpendiculares. Sus características morfológicas y decorativas la adscriben al estilo Inca (Figura 14).

Figura 14 Plato de estilo Inca recuperado en la excavación de un RPC en el sitio Abra de Minas. En el círculo se destaca parte del motivo interno reconocido. Inca-style plate recovered from the excavation of an RPC at the Abra de Minas site. Part of the identified internal motif is encircled. 

Cerámica de Cueva Inca Viejo

El material cerámico analizado de Cueva IncaViejo procede en su totalidad de los trabajos de excavación. Del total de la muestra (N=79) las cerámicas decoradas son las más representadas, alcanzando el 81% (N=64). El mayor porcentaje de dichas cerámicas son monocromáticas (95,3%), imponiéndose las de color Negro (71,9%). Los restantes tipos decorativos lo conforman el Negro sobre Naranja, el Rojo sobre Marrón y el Negro Inciso (Figura 15).

Figura 15.  Tipos de cerámica decorada de Cueva Inca Viejo. Types ofdecorated ceramic from Cueva Inca Viejo. 

De manera inversa a Abra de Minas, la cerámica de Cueva Inca Viejo exhibe una baja diversidad estilística y decorativa. A su vez, las características tecnológicas muestran tendencias hacia los artefactos pulidos (61%) por sobre los alisados (39%), una atmósfera de cocción reductora (80%) por sobre la oxidante (20%) y textura porosa (53%) por sobre la compacta (47%).

El porcentaje de los tiestos en los que se pudo reconocer alguna filiación estilística fue de 51,9% (N=41). Se registraron los estilos Negro Pulido, Negro Inciso e Inca (Figuras 15 y 16). El Negro Pulido es el más representado del conjunto (N=39; 95%) (Figuras 16 y 17A). Este estilo exhibe las mismas características que en Abra de Minas, definidas por caras pulidas, atmósferas de cocción reductoras y texturas tanto porosas como compactas.

Figura 16 Proporción de los grupos estilísticos reconocidos en la cerámica de Cueva Inca Viejo. Proportion of stylistic groups identified in the ceramic from Cueva Inca Viejo. 

Figura 17 Fragmentos de cerámica de Cueva Inca Viejo. A) Negra Pulida; B) Negra Incisa. Ceramic fragments from Cueva Inca Viejo. (A) Black Polished; (B) Black Engraved. 

Los estilos Negro Inciso e Inca están representados cada uno por un solo fragmento. El primero ostenta una superficie pulida, atmósfera reductora y pasta compacta (Figura 17B). Por su parte, el fragmento Inca se caracteriza por una decoración Negro sobre Naranja (Figura 18A), superficie pulida, atmósfera oxidante y textura porosa.

Figura 18 (A) Fragmento de cerámica Inca de Cueva Inca Viejo; (B) cuello de aríbalo del Museo de Cachi “Pío Pablo Díaz” (N° de inventario 2757). (A) Inca ceramic fragment from Cueva Inca Viejo; (B) aryballos neck from “Pío Pablo Díaz” Museum, Cachi (Inventory No. 2757). 

Finalmente, se destaca un cuello de aríbalo Inca con decoración tricolor, relevado en el Museo de Cachi “Pío Pablo Díaz”, proveniente de Cueva Inca Viejo (Figura 18B).

Aspectos Relacionados con la Diversidad de la Cerámica Inca de Ratones

En base a los resultados de la clasificación de los conjuntos cerámicos de la Cuenca de Ratones, se pueden destacar algunas consideraciones. En primer lugar, se observa una elevada proporción del estilo Inca que, a su vez, y a diferencia de los otros, presenta una alta heterogeneidad. Dicha diversidad, evidenciada principalmente en la decoración, pero también en las técnicas de manufactura, estaría indicando que la fabricación de la alfarería estatal no cumplió un patrón unificado. En lo referido a su manufactura, se reconocen fragmentos de vasijas de alta calidad, que requirieron una mayor inversión de energía en su producción. Dichos casos presentan terminaciones de caras pulidas e incluso bruñidas, con pastas generalmente compactas. Asimismo, el mismo estilo Inca también se encuentra confeccionado en cerámicas de menor calidad, con pastas de grano grueso y terminaciones menos lucidas.

Por otra parte, si bien la alta fragmentación de la muestra no permite desarrollar una discusión detallada sobre las formas presentes en la cerámica de Ratones, consideramos la presencia de ciertas morfologías vinculadas con la cerámica Inca que pudieron ser reconocidas, por su particularidad y estandarización, a partir de partes diagnósticas como ciertos bordes, cuellos, pies y asas (Bray 2004). De esta manera, se asignaron las formas originales de 119 tiestos, principalmente pertenecientes a vasijas asociadas con el Imperio: platos (N=87, 73%), aribaloides (N=30, 25%) y pies de pedestal (N=2, 2%) (Figuras 19 y 20). Respecto a los platos, además de asas en arco se recuperaron diferentes asas ornitomorfas (Figura 19), característica por la cual han sido denominados “platos patos”. Por otra parte, se destaca cierta homogeneidad en sus diámetros (entre 16 y 17 cm). Esta particularidad refleja una estandarización en las formas y tamaños de la vajilla, propia de la cerámica Inca.

Figura 19 Fragmentos de platos incaicos recuperados de Abra de Minas: (A) y (B) bordes; (C) y (D) asas ornitomorfas. Fragments of Inca dishes fragments recovered from Abra de Minas: (A) and (B) edges; (C) and (D) ornithomorphic handles. 

Figura 20 Fragmentos de aríbalos incaicos de Abra de Minas. Inca aryballos fragments from Abra de Minas. 

En este apartado, sin embargo, nos centraremos en la diversidad encontrada en los tipos decorativos y en los motivos (diseños) representados en los esticos Incas de la cuenca de Ratones. Estas características pueden ayudarnos a definir ciertos rasgos dentro de la variación interna del estilo imperial, relacionados con cuestiones de identidad y relaciones de poder.

En la Figura 21 se presentan los motivos reconocidos en las cerámicas con decoración pintada. La gran mayoría de dichos motivos se encuentran directamente asociados con la cerámica estatal, como los geométricos (triángulos en fi rombos, cuadrados, y líneas paralelas en cruz) y los fitomorfos, más específicamente los motivos de “helecho”, mientras que otros se pueden asociar con estilos locales.

Figura 21 Motivos decorativos presentes en la cerámica de Ratones. Decorative motifs present in the ceramics of Ratones. 

Se destaca la presencia del Inca Provincial, caracterizado por mostrar motivos imperiales, pero de una factura imprecisa y/o tosca (Calderari y Williams 1991). Asimismo, se reconoce también cerámica Inca Mixto, definida por la presencia de rasgos estatales mezclados con elementos provenientes de otras tradiciones estilísticas (Calderari y Williams 1991; Raffino 1981). Finalmente, se distinguen ciertos tiestos de posible tradición Inca Cuzqueño, de factura de alta calidad, con superficies bruñidas o pulido fino un trazo preciso y motivos más complejos (Figura 9C).

Entre las cerámicas Inca Mixto se evidencian motivos que remiten a diferentes escalas regionales. En este contexto se destaca la cerámica Inca Pacajes o Saxamar (Figura 22), con sus motivos característicos de llamas figurativas y círculos vacíos (Figura 21:12 y 13). En cambio, en el Noroeste argentino son propios los motivos de cruces, círculos, diseños punteados, volutas y espirales rectas y signos con forma de “E” (Páez y Giovannetti 2008; Williams 2004). La presencia de algunos de estos motivos combinados con elementos de estilos incaicos, principalmente en cerámica polícroma, han sido denominados como Inca Paya, la cual circuló tanto por el Noroeste argentino como por diferentes regiones de Chile y Bolivia (Calderari y Williams 1991; Williams 2004). En la cerámica Inca de Ratones se observan diseños con círculos, espirales y puntos en banda, mezclados con los motivos geométricos, sobre morfologías estatales. Este sería el caso, entre otros, del cuello de aríbalo de Cueva Inca Viejo, en donde se distinguen tanto rombos alineados como círculos en banda (Figura 18B).

Figura 22 Fragmentos de cerámica Inca Pacajes o Saxamar de Abra de Minas. Inca Pacajes or Saxamar ceramic fragments from Abra de Minas. 

Por otra parte, el estilo Yavi se reconoce por motivos pintados característicos como espiralados y alguna “banda recta con reticulado” (Ávila 2006; Krapovickas 1975), en tipos Negro sobre Rojo y Negro sobre Ante (Figura 21:9, 26 y 27). Particularmente, se destaca un diseño compuesto por dos motivos que han sido asociados a la cerámica Yavi Chico (Williams 2004). Se trata de un triángulo con espiral flanqueado por una banda con líneas paralelas sinuosas (Figura 8A, Figura 21:23 y 25).

Otros fragmentos de cerámica Inca Mixto presentan motivos que no pudieron ser identificados en la bibliografía. Entre estos motivos resalta uno en particular, ya que se encuentra de forma recurrente en la decoración de platos Negro sobre Ante y Negro y Rojo sobre Ante. Se trata de unas “medialunas” alineadas diagonalmente y delimitadas por líneas rectas (Figura 21:15), combinadas con triángulos alineados horizontalmente y paralelos al borde (Figura 19B).

Por otra parte, se debe considerar que el solapamiento de técnicas presente en la cerámica Inca con otros estilos del Noroeste argentino (Belén, Santa María yYavi), podría estar indicando una confección de alfarería por parte de poblaciones locales de sus propios estilos, pero bajo el dominio imperial. Dichas cerámicas han sido definidas como Fase Inca (Calderari y Williams 1991). Al respecto, dentro de la cerámica Santa María se reconoce un motivo de serpiente bicéfala que ha sido identificado por Serrano (1976 [1958]) como perteneciente a la variedad Valle Arriba, asociada con momentos de dominación incaicos (Figura 7C, Figura 21:29).

Discusión: Implicancias de la Tecnología Cerámica en la Cuenca de Ratones

En esta instancia inicial del estudio de la cerámica de la Cuenca de Ratones se decidió implementar un abordaje con el objetivo de evaluar las características generales de la muestra. Particularmente, se apuntó a realizar una clasificación que permitiera reconocer la diversidad de los conjuntos de los sitios Abra de Minas y Cueva Inca Viejo. Para ello, nos enfocamos específicamente en los aspectos decorativos y estilísticos, y de forma complementaria en las técnicas de manufactura. Como dijimos anteriormente, se decidió centrar el análisis en dichos indicadores por ser los que mejor reflejan las expresiones simbólicas y permiten reconocer los procesos de cambio (Acuto 2011). Por esta razón, el abordaje se planteó en base a una clasificación que se apoyó en la tipología reconocida dentro de los estudios cerámicos de la región. Asimismo, las características tecnológicas fueron consideradas para determinar posibles diferencias que estarían asociadas con las funcionalidades de las vasijas. En este sentido, la alta representación de cerámica decorada podría vincularse con funciones específicas o que excede las prácticas cotidianas, a diferencia de la cerámica de manufactura más tosca, denominada ordinaria.

Dentro de las cerámicas decoradas se pudo comprobar una alta diversidad, caracterizada por la representación de diferentes grupos estilísticos. Los estilos reconocidos se adscriben cronológicamente a los periodos Tardío e Inca, sin embargo, se reconocen estilos que podrían pertenecer a periodos previos. Este podría ser el caso de la cerámica de estilo Negro Pulido, la cual presenta características que han sido descritas en otros sectores de la Puna (Muscio 2004) y en el sector central y norte de los valles Calchaquíes (p.ej., González 1959; Ledesma y Subelza 2009; Scattolin 2005). Asimismo, la cerámica Negra Incisa de Cueva Inca Viejo exhibe una similitud con estilos registrados en contextos “formativos tempranos” o periodo Medio (Gordillo 2009; Ledesma y Subelza 2009).

La cerámica Inca es la que presenta la más alta proporción. Esta particularidad se vincula con una fuerte presencia del Tawantinsuyu en la cuenca de Ratones. Se debe aclarar que, si bien se considera que el área habría sido importante desde el punto de vista económico-simbólico desde contextos preincaicos, el Imperio intensificó la ocupación en base a la explotación minera, apropiándose efectiva y simbólicamente de este sector de la Puna (Coloca 2017b; López et al. 2018a). Por esta razón, no se descarta del todo la posibilidad que parte de la cerámica local encontrada pueda pertenecer a ocupaciones previas que luego fueron obliteradas por el asentamiento incaico. A su vez, la diversidad evidenciada entre los distintos grupos estilísticos, como también al interior de la cerámica Inca, permite plantear algunas discusiones. En primer lugar, la convivencia de estilos tardíos preincaicos del Noroeste argentino con estilos imperiales informa sobre la naturaleza de la interacción entablada entre el Tawantinsuyu y las sociedades locales. En este sentido, la variabilidad en las características morfológicas y, principalmente, las decorativas de las vasijas, se encontraría vinculada con una situación política y social que involucró los intereses imperialistas y su relación con los diferentes grupos locales.

Al respecto, se ha destacado que en su expansión en el Noroeste argentino el Imperio empleó una serie de estrategias relacionadas con la elaboración y circulación cerámica. De esta manera, los Incas introdujeron cambios en la manufactura y confección de los estilos locales a la vez que estimularon una amplia distribución de la cerámica de estilo estatal. Dentro de esta organización, la producción era destinaba sobre los alfareros locales en sus propios asentamientos y/o de los mitmaqkuna como complemento de las actividades principales que desarrollaban (Raffino 1981). Dichos artesanos reproducían ciertas formas e imitaban algunos diseños estatales, aunque también plasmaban los propios (Bray 2004; González Carvajal 2004; Hayashida 1999; Williams 2004; entre otros). Dentro de este contexto, la recurrencia de determinadas morfologías imperiales demostraría que la demanda habría sido impuesta principalmente sobre la reproducción de ciertas formas -estandarización propia del Imperio- más que sobre las características decorativas de las piezas. Esta particularidad puede observarse en los estilos Inca Provincial e Inca Mixto (Calderari y Williams 1991). Algunos autores han planteado que, si bien estas características sincréticas presentes en la cerámica pueden vincularse con una relación relativamente flexible con los conquistadores, también pudo constituir una vía de resistencia, mediante la cual las poblaciones locales mantenían su identidad bajo la dominación estatal (Bray 2011; Giovannetti y Páez 2011; González Carvajal 2004).

Por otra parte, la presencia de cerámica regional que fuera confeccionada bajo el yugo imperial, denominada Fase Inca (Calderari y Williams 1991), estaría informando no solo sobre una dominación permisiva del Estado, sino también sobre la importancia y el valor que éste habría otorgado a determinadas alfarerías locales. En este sentido, se ha sugerido que, dentro de las estrategias de dominación, el Tawantinsuyu estimuló la producción de determinadas cerámicas de alta calidad tecnológica, que habría hecho circular a nivel interregional (Calerari y Williams 1991; Williams 2000, 2004). Todas estas particularidades le otorgan una mayor complejidad y variabilidad al repertorio alfarero de los sitios incas.

En consecuencia, la diversidad registrada en la cerámica puede brindar información sobre los procesos de interacción macrorregional desarrollados en este periodo. Al respecto, en la cerámica de la cuenca de Ratones se reconocieron estilos vinculados con otros sectores del Noroeste argentino, como los valles Calchaquíes, Santa María y Hualfín, y zonas aledañas, ubicados hacia el este y hacia el sur. A su vez, se evidenciaron elementos decorativos de la tradición Yavi que pueden asociarse con el sector noreste de la Puna de Jujuy y el sur de Bolivia (Ávila 2006; Tarragó 2000). Por otra parte, la presencia de alfarería Inca Pacajes o Saxamar indicaría conexiones que podrían remontarse a la región de Arica, en el norte de Chile (Muñoz 2005) o inclusive más al norte, al Altiplano de Bolivia, en particular el área sur del Lago Titicaca (Cremonte et al. 2015).

Ante dicha evidencia, se puede suponer que la variabilidad de vasijas Incas presentes en el área de estudio, con tratamientos y/o diseños tanto estatales como locales, hayan sido trasladadas como parte de la circulación de piezas manejada por el Estado. Sin embargo, aun no se puede determinar de manera precisa bajo qué mecanismos llegaron dichos estilos. A su vez, queda por resolver la existencia de producción local de cerámica. La obtención de muestras de arcilla y los análisis de pastas permitirán avanzar al respecto, como también determinar de manera más precisa diferentes proveniencias.

En este marco, la circulación y consumo de cerámica de alta calidad tecnológica constituye otro indicador que refl el poder que el Estado desplegó en la región. En Abra de Minas se reconoce cerámica de alta calidad, principalmente asocida con los estilos Yavi e Inca, en donde destacan las manufacturas de pastas compactas con finos acabados pulidos y bruñidos. Estas características implican costos adicionales en la producción, demandando una alta inversión de trabajo y mayores conocimientos técnicos para su manufactura (Muscio 2004).

Por otra parte, la alta proporción de cerámica decorada en la Cuenca de Ratones podría vincularse con eventos en donde se utilizaba vajilla de alto valor simbólico y/o ritual (Bray 2004; Giovannetti 2015). En este sentido, se debe volver a señalar que la presencia Inca en el Noroeste argentino no se caracterizó simplemente por una reorganización del espacio, sino también por una incorporación de nuevos significados y símbolos relacionados con el Imperio, cuya expresión material debieron ser objetos suntuarios, entre los que se destacó la cerámica. Estos objetos de producción y diseño particular habrían reemplazado los elementos locales en los diferentes contextos de uso, influyendo y modificando a su vez las prácticas sociales en las que intervenían (Williams 2004). De esta manera, los Incas empleaban la alfarería para crear y reforzar las relaciones con las poblaciones dominadas, utilizándola como un medio para comunicar y materializar las nuevas relaciones sociopolíticas impuestas por el poder estatal (D’Altroy et al. 1994; Raffi 1981; Williams 2000).

Por lo tanto, las características de la cerámica registrada en la Cuenca de Ratones permiten discutir la función que pudo desempeñar la alfarería dentro de las estratégias de dominación del Tawantinsuyu en el área. En relación con esta problemática, se ha sostenido que en los territorios dominados por el Imperio una de las prácticas comunes en las que se usaba cerámica con simbología estatal era el desarrollo de ceremonias de hospitalidad y comensalismo, efectuadas por los Incas para con las sociedades locales (Berenguer y Salazar 2017; Williams et al. 2005). La importancia ideológica y política de los banquetes y los intercambios de alimentos es reconocida también a través de la etnohistoria (Bauer 1996; Morris 1985; Murra 1980[1956]), en muchos casos asociada con políticas de reubicación de poblaciones (D’Altroy 2002; Morris 1985). Mediante estas festividades, el Imperio ejercía la amplificación de muchos principios de la reciprocidad andina como un gesto que aseguraría a su vez los derechos para reclutar mano de obra (Morris 1985; Murra 1980 [1956]; Rostworowski 1988). Por lo tanto, a través de la manipulación activa de objetos y conductas rituales, el Estado desarrolló una conquista ritual, mediante la cual pudo dominar los grupos locales de manera más efectiva (Nielsen y Walker 1999). El Tawantinsuyu materializó su ideología imponiéndola sobre los idearios de las poblaciones locales. Dicha materialización habría sido un proceso continuo que se efectivizaría por medio de la realización de ceremonias, la circulación de objetos simbólicos como la cerámica y la implantación arquitectura estatal (De Marrais et al. 1996).

Asociado con esta temática, las diferentes formas de las cerámicas incas reconocidas en Ratones se vinculan principalmente con almacenamiento y, para servir alimentos y bebidas (platos y aríbalos) (Bray 2004). Asimismo, el mortero comunal hallado en Abra de Minas podría haber sido utilizado para las etapas de molienda en la preparación de dichas bebidas. Se puede plantear incluso que el Imperio proporcionó también bienes necesarios para dichos preparativos, como por ejemplo el maíz y el algarrobo, a partir de los cuales se consigue la chicha y la aloja. Esta cuestión podría relacionarse con la organización bajo la cual se instalaron los Incas en el área, en donde habría sido fundamental la conexión con zonas que estarían en condiciones de proporcionarle el abastecimiento requerido para dichas celebraciones.

Dentro de este contexto, la alta variabilidad del conjunto cerámico de Abra de Minas, con estilos estatales y locales, y la recurrencia de piezas de diversas procedencias, hacen suponer que la distribución de alimentos y bebidas habría sido realizada en un marco de poca restricción y con presencia de población local, siendo un evento festivo más bien inclusivo. Esta interpretación se encuentra reforzada por la presencia de la plataforma de Abra de Minas, la cual se ubica frente a un espacio de gran magnitud y en un sector con una amplia visibilidad y sin ningún tipo de restricción de acceso, en donde podría participar una gran cantidad de personas (Coloca 2017b). De esta manera, dichas ceremonias posiblemente hayan funcionado dentro de las estrategias de control asociadas con el comensalismo, mediante las cuales el Imperio pudo desempeñar su hospitalidad con los pueblos dominados, a manera de reciprocidad (Rostworowsky 1988), especialmente con los trabajadores que fueran destinados a los trabajos mineros.

En contraposición, la menor cantidad de cerámica Inca encontrada en Cueva Inca Viejo, podría corresponderse con prácticas rituales más restrictivas, posiblemente de culto y/o asociadas con propiciaciones estatales. La estructura ceremonial de Cueva Inca Viejo reforzaría esta hipótesis. Dicha arquitectura se encuentra de frente al sector aplanado ubicado por debajo de la boca de entrada de la cueva, en donde la cantidad de personas que podía albergar era relativamente baja. Por otra parte, el control sobre el acceso a este sector, mediante un camino estrecho, habría permitido regular la entrada de los participantes (Coloca 2017b). En consecuencia, esta construcción puede vincularse con una actividad ritual de menor escala, seguramente relacionada con deidades referentes a la montaña y la cueva.

Respecto a lo planteado en los párrafos anteriores, otros autores han señalado que los Incas actuaron sobre el sistema de creencias andinas, buscando reordenar todo un mundo sagrado y reorientarlo para sus propios intereses (Bauer 1996). De esta manera, el Imperio instauraba lugares especiales, quizás a modo de wakas, que al estar cerca de las áreas productivas como campos de cultivo, pastoreo y minas las incluyeron dentro de su propiedad (Sepúlveda 2002; Vilches y Uribe 1999). Así, los Incas mantuvieron una dominación que implicaba como estrategia la creación de espacios rituales en donde comunicaban su cosmovisión, vinculada con el nuevo orden, como también la apropiación y remodelación de espacios sacralizados de las sociedades conquistadas, usurpando wakas u objetos sagrados locales (Acuto 1999; Nielsen y Walker 1999). En relación con esto, se ha destacado que el desarrollo de prácticas rituales auspiciadas y controladas por el Estado tuvo una importancia central dentro del funcionamiento del sistema minero y sus cultos asociados. En las comunidades andinas, la dimensión económica se vincula con la dimensión simbólica, lo cual se ha denominado como rituales de producción (Martel 2011; Van Kessel 1989). La manipulación de los rituales de producción fue una de las estrategias empleadas por los Incas para legitimar y reproducir el control sobre la explotación minera en las provincias (Núñez 1999; Salazar et al. 2013; Soto y Salazar 2016).

En la Cuenca de Ratones, mediante dichos mecanismos el Imperio podría haber legitimado la propiedad sobre el Cerro Inca Viejo y el control de su producción. La Cueva Inca Viejo habría sido una waka-mina que posiblemente haya detentado un valor simbólico para las poblaciones locales. El Tawantinsuyu habría intensificado la explotación minera de la cueva y el cerro y, al mismo tiempo, se habría apoderado simbólicamente de su waka. En este marco, la cerámica pudo desempeñar un papel importante dentro de los rituales estatales destinados a estos espacios sagrados locales, como también en la instauración de cultos propios. Por otra parte, la alta frecuencia de cerámica Negra Pulida en la cueva podría relacionarse tanto con ocupaciones preincaicas como con la presencia de pobladores locales o mitmaqkuna. Estos grupos que se encontraban bajo la dominación imperial, seguramente realizando tareas mineras, tal vez pudieron haber utilizado cerámica propia para la depositación de ofrendas.

En resumen, en la Cuenca de Ratones convivieron vasijas provenientes de diferentes puntos en una escala macrorregional. Gran parte de estos artefactos habrían sido distribuidos por el Estado con fines específicos, mientras que otros pudieron ser transportados por pobladores locales de las distintas regiones que se encontraban bajo la dominación del Imperio. Esta diversidad, observada tanto en los estilos como en las técnicas manufactureras, refleja la alta circulación cerámica en la cual estaba inmersa el área. Dentro de este contexto, la cerámica decorada, caracterizada por una confección de mayor costo, podría asociarse con una producción que se encontraba bajo incentivo y/o demanda estatal para un uso específico, relacionado con el consumo a gran escala, posiblemente con fines rituales. De esta manera, la administración de la elaboración, circulación y uso de determinados tipos de vasijas, habría formado parte de las estrategias de dominación ideológica desplegadas por el Imperio para fortalecer el control económico-minero del área.

Finalmente, las características del conjunto cerámico de la Cuenca de Ratones abren una puerta a la discusión sobre la naturaleza de las relaciones que los Incas establecieron con las poblaciones locales, en donde parecería que estas últimas gozaron de ciertas libertades para la confección de estilos alfareros, dejando evidencia de la permanencia de su identidad de grupo bajo una situación de dominación.

Agradecimientos

A CONICET. A Gabriel López por sus comentarios y aportes. A María Cecilia Castellanos por sus observaciones sobre el material. A Sonia Araya, Silvina Seguí y Juan Pablo Orsi por su colaboración. A los evaluadores, cuyas observaciones y sugerencias permitieron mejorar el trabajo.

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1 Se considera el período Tardío como un rango cronológico que comienza ca. 900 DC y culmina con la irrupción del Imperio Inca (Nielsen 2003; Pérez Gollán 1973; Tarragó 2000). Por otra parte, el período Inca corrsponde al rango cronológico que inicia ca. 1430 (Bárcena 2007; Nielsen 2003; Williams 2000) y llega a su fi hacia 1536, con la llegada de los españoles a la región (Raffino 1995).

2La media de módulo de tamaño es relativamente homogénea: 3 cm para el conjunto de Cueva Inca Viejo, 3,16 cm para el conjunto de capa de Abra de Minas y 3,45 cm para el conjunto superficial de Abra de Minas (Coloca 2017b)

3La atmósfera de cocción se evaluó en la escala de Rye (1994). Los tipos de cocción en atmósferas oxidantes y reductoras se reconocieron en su sentido amplio, y se consideraron como parcialmente oxidantes las pastas que presentan un núcleo oscuro con corteza oxidante. La textura de la pasta se confeccionó en base a la escala de Shepard (1957).

Recibido: Septiembre de 2018; Aprobado: Octubre de 2019

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