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Revista chilena de nutrición

versão On-line ISSN 0717-7518

Rev. chil. nutr. v.30  supl.1 Santiago dez. 2003

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-75182003030100003 

Rev Chil Nutr Vol. 30, Suplemento Nº1, Diciembre 2003

IMÁGENES Y RECUERDOS DE LA SOCIEDAD
CHILENA DE NUTRICIÓN

PAINTINGS AND MEMORIES OF THE
CHILEAN NUTRITION SOCIETY

Antonio Arteaga L.
Departamento de Nutrición. Facultad de Medicina, Pontifivia Universidad Católica de Chile.

Este trabajo fué recibido el 15 de Octubre de 2003 y aceptado para ser publicado el 28 de Noviembre de 2003.

El año 1951 fue el año que tomé contacto con la nutrición, al solicitar y obtener una ayudantía en la Cátedra de Nutrición y Dietética de la Facultad de Medicina de la Pontificia Universidad Católica, de la que era Profesor Titular el Dr. Julio Santa María Santa Cruz, hombre complejo pero sin lugar a dudas un pionero y líder en el área. Como se puede ver han transcurrido más de cincuenta años desde ese entonces. La memoria es frágil, uno tiende a recordar los hechos positivos y a olvidar lo ingrato y además muchos hechos se sitúan en una nebulosa entre lo real e imaginario, a veces es posible que se trate de hechos que uno hubiera deseado que sucedieran, en un principio con conciencia de su irrealidad, pero a medida que son relatados, se terminan aceptando como sucedidos.

En ese contexto, y perdonando inexactitudes, me referiré a mis recuerdos de la entonces Sociedad Chilena de Nutrición, Bromatología y Toxicología.

Desde los primeros años de mi ayudantía, el Dr Santa María, me invitó asistir a las sesiones de la Sociedad «para que observara y aprendiera de los perros viejos»

La Sociedad se reunía en forma mensual, presidida por el Presidente de turno y organizada y promovida por el Secretario. No se organizaban como es en la actualidad Congresos Nacionales ni Internacionales, sino que una Jornada Anual que se dedicaba a exponer y discutir algún problema específico. Los socios pertenecían a diferentes profesiones: médicos clínicos, básicos y especialistas en salud pública, dietistas en esa época, bioquímicos, ingenieros en alimentos, agrónomos, veterinarios, industriales, e involucrados en el área económica. Entre ellos me recuerdo por supuesto al Dr. Santa María, al Dr. Jorge Mardones, al Dr. Herman Schmidt-Hebbel, al Dr. Alfredo Riquelmey al Dr. René Miranda (eterno secretario).

La Sociedad tenía un órgano de comunicación, la Revista de Nutrición, Bromatología y Toxicología, en la cual se exponían los trabajos originales y otros, que reflejaban la política de sus integrantes en el área de la nutrición a nivel nacional.

Una de los hechos que más me llamó la atención fue la capacidad de la Sociedad de hacer realidad en el ámbito nacional muchas de las iniciativas que se originaban en su seno. Ello se debía a que gran parte de los ejecutivos del entonces Servicio Nacional de Salud involucrados en el área de nutrición, pertenecían a la Sociedad. Ello no significa que las decisiones fueran fáciles, ya que las discusiones eran acaloradas y a veces llegaban a pugilato.

En esa época existía una alta tasa de la mortalidad infantil, un deterioro del crecimiento y desarrollo de la población infantil especialmente en aquellos perteneciente a los estratos socioeconómicos más bajos. La desnutrición de la población adulta no era muy significativa, pero era posible detectar signología carencial de vitaminas específicas en la población adulta e infantil. La desnutrición predominaba en las embarazadas subsidiarias del Servicio Nacional de Salud (SNS), y ella se asociaba a un bajo peso de nacimiento y una mortalidad neonatal elevada. La carencia de hierro, ya sea déficit o anemia ferropriva tenía una alta prevalencia, en embarazadas, en mujeres fértiles, en lactantes y preescolares. En resumen estabamos afectados de los problemas comunes al subdesarrollo social y económico.

Frente a ese panorama la Sociedad Chilena de Nutrición, Bromatología y Toxicología, se encontraba fuertemente comprometida con la realidad nacional. lo que era posible como ya se dijo, debido a que las principales autoridades del SNS estaban involucrados con la Sociedad e igualmente estaban dispuestas a aceptar estrategias conjuntas.

Así se fueron delineando programas de intervención, ejecutados por el SNS. Uno de ellos que prevalece en mi memoria fue el enriquecimiento del pan con tiamina, riboflavina, niacina, hierro y calcio. Después de largas discusiones se decidió enriquecer la harina con una mezcla que representara las pérdidas que se producían al refinar la harina. Se decidió por el pan por ser un producto habitual, barato y que no modificaba en forma significativa sus características organolépticas con el agregado de la mezcla.

Igualmente en la Sociedad se desarrollaban estudios de la disponibilidad promedio estadística de alimentos y sobre la base de sus resultados se proponían las estrategias para la producción agrícola, la importación y exportación de alimentos, los programas y grupos a beneficiar con programas de suplementación alimentaria. Además se definieron las raciones modelos, con cobertura de las recomendaciones nutricionales con un costo mínimo, para distintos grupos etarios, condiciones fisiológicas y laborales, para incluirlas en la educación alimentaria poblacional. Igualmente se hacía hincapié en la incapacidad de cobertura de grandes grupos de la población y la necesidad de entregar un salario justo a estos grupos para contribuir a mejorar su situación nutricional.

El año 1960 la Sociedad se comprometió junto al SNS en la realización de la Encuesta Nutricional Nacional del «Interdepartamental Commitee on Nutrition for National Defence», quedando yo con las ganas de participar ya que los puestos estaban reservados para «Los perros viejos». Sin embargo me fue posible asistir a varias sesiones de la Sociedad, en que el Dr. Arnold H. Shaeffer expuso los resultados en población militar y civil, los cuales fueron discutidos por los miembros de la Sociedad. Uno de los hechos que me impresionó fue la información de que los niveles de excresión urinarios de tiamina, riboflavina y niacina eran tan altos que tuvieron que ser repetidos y que fueron confirmados, destacando la elevada eficiencia del programa de enriquecimiento del pan diseñado por la Sociedad en años anteriores.

Gran impresión me causó el cumplimiento de un mandato de la Sociedad de Nutrición para promover la utilización de leche en polvo en el ámbito pediátrico, para poder incorporar su uso en los programas de suplementación infantil. La sesión se desarrolló en el salón de honor en conjunto con la Sociedad de Pediatría y con la asistencia de un profesor Alemán. Concurrimos el Dr. Santa María, el Dr. Sergio Valiente y el que escribe. Después de presentar nuestros argumentos, fuimos violentamente refutados por los pro-hombres de la pediatría de ese entonces, aduciendo el carácter de vector de infecciones de las leches en polvo (posiblemente debido al bajo saneamiento ambiental). Tuvimos que abandonar el recinto bajo las pifias de los concurrentes y los golpes de mesa que daba el profesor Alemán.

En el área difusa de la memoria, descansa una iniciativa mía de tratar en las jornadas anuales el problema de la contaminación alimentaria como causa de malnutrición. El estudio fue organizado desde la Sociedad, con la colaboración de la Cátedra de Bacteriología de la entonces Escuela de Salubridad de la Universidad de Chile, el Departamento de control de alimentos del SNS, y la Dirección médica de la Posta central de Santiago. Nuestro rol fue completar una encuesta. Se estudiaron 100 establecimientos que expendían alimentos, efectuando en cada uno de ellos un control bacteriológico de alimentos seleccionados. Además se aplicó una encuesta al personal encargado de la manipulación de alimentos y una inspección de la infraestructura. En la jornada anual se dió cuenta de la elevada incidencia de patología secundaria a contaminación alimentaria. Se dió cuenta de la elevada contaminación de los alimentos estudiados, encontrando en 3 ocasiones salmonella tifoídica en el caldo de los lomitos en pleno centro de Santiago. Se señaló como altamente contaminados a la mayonesa, crema, jugos de frutas, frutillas, lomitos cocidos, ensaladas, mariscos crudos. Se estableció que la labor de los inspectores no se cumplía en parte por garantías que los dueños de establecimientos les entregaban como «coimas». Por otro lado las condiciones de higiene eran deplorables ya que menos del 50% de los manipuladores usaban papel higiénico.

Se concluyó que el problema de la contaminación de alimentos era grave, causaba de malnutrición y su principal causa era la falta de conciencia y de desarrollo sociocultural. Ello fortuitamente coincidió con la denuncia de intoxicación alimentaria con consecuencias graves por la contaminación con arsénico de una famosa pastelería de Santiago, la cual fue clausurada y reabierta al día siguiente por presión parlamentaria. Destacando que a pesar de la denuncia sensacionalista del hecho por diario y radio, la fila de espera para comprar el día que se reabrió la pastelería, daba varias vueltas a la manzana.

El mayor beneficio de este estudio, recayó en mi persona ya que no volví a tener problemas gastrointestinales y en nuestros invitados extranjeros que redujeron en forma significativa «la chileitis»

Y llegamos a la época de tormentas políticas en la década del 1960, se crea el Instituto de Nutrición y Tecnología de los alimentos, e irrumpe la personalidad avasalladora del Dr. Fernando Monckeberg el cual lógicamente llega a la presidencia de la Sociedad. Sin embargo su concepción del INTA como una estructura única en el país con objetivos de estudiar la realidad nutricional y diseñar y ejecutar las estrategias, le quitó fuerzas a la Sociedad, la cual languideció hasta desaparecer durante el período del gobierno de la Unidad Popular.

Al comienzo del gobierno militar, el INTA y el Dr. Fernando Monckeberg, surgen como los rectores de la nutrición en el país, desarrollando reuniones internacionales de planificación, creando programas como el CONIN que significó una caída dramática de la mortalidad infantil. Con el fin de permitir la participación de otros especialistas en la planificación de las estrategias se creó el COMPAN a nivel del Ministerio de salud, organismo que teóricamente debería orientar la investigación de la realidad nutricional y diseñar las estrategias para solucionar los problemas. Todo ello ajeno a una Sociedad de Nutrición.

En 1978 con el apoyo del Dr. Ricardo Uauy recién incorporado al país después de una larga estadía de perfeccionamiento en el extranjero, decidimos recrear la Sociedad, redenominándola «Sociedad Chilena de Nutrición», siendo elegido presidente el que escribe y vicepresidente el Dr. Uauy. Se extendió una invitación amplia, multiprofesional y se llamó al primer congreso internacional de la Sociedad contando con la inestimable colaboración del Dr. Nicolás Velasco Fuentes actual Vicerector académico de la Pontificia Universidad Católica y del Dr. Alberto Maiz Gurruchaga actual jefe del Departamento de Nutrición, Diabetes y Metabolismo de la Facultad de Medicina de la Pontificia Universidad Católica, a académicos que posteriormente desempeñaron roles cruciales en el desarrollo de la nutrición clínica en el país.

El congreso se efectuó en el nuevo Campus San Joaquín de la Pontificia Universidad Católica, contando como invitados extranjeros al Dr. Bruce Bistrian, el Dr. George Beaton, el Dr. M. Layrisse y Fernando Viteri. Participaron en este evento activamente médicos, nutricionistas, agrónomos, veterinarios, ingenieros en alimentos, bioquímicos y educadores.

En 1980 entregué la presidencia al Dr. Uauy, el cual logró el cumplimiento de uno de los objetivos de la «nueva sociedad» que era editar una nueva revista, la Revista Chilena de Nutrición que existe en la actualidad. El Dr. Uauy pasó a dirigir el INTA transformándose sin lugar a dudas en otro líder indiscutido del área de la nutrición.

La nueva Sociedad fue distanciando las reuniones periódicas mensuales y a raíz de la proliferación de otras sociedades fue perdiendo su carácter multiprofesional. Una de las descisiones más graves fue la separación de la rama clínica, para formar la Sociedad Chilena de Nutrición Clínica. A pesar de ello sus jornadas anuales y congresos nacionales e internacionales tienen una nutrida concurrencia y en ellos se discuten los principales problemas nutricionales del país, los cuales han cambiado drásticamente, sólo persistiendo la malnutrición intrahospitalaria, deficiencias nutricionales específicas y la gran problemática actual se relaciona con la obesidad y el rol de la nutrición en las enfermedades crónicas no transmisibles.

Sin embargo en una de sus ocasionales sesiones periódicas de la Sociedad, se discutió la formación de académicos en el área de la nutrición. A mí me tocó analizar el problema de la formación de los médicos y de esa discusión nació la idea de crear un Magister en Nutrición Clínica que pudiera ser fermento y levadura en el campo de acción de los médicos. Idea que fructificó en el INTA, en la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile y últimamente en la Facultad de Medicina de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Los graduados de estos programas en la actualidad forman casi la totalidad de los académicos que se desempeñan en el área de la nutrición y a mi juicio han reactualizado la importancia de la nutrición humana.

Al escribir esta ponencia me autocalifico de ingrato con la Sociedad, ya que paulatinamente he ido limitando mi participación, parte de ello debido a mis años, pero parte también debido a que en mi quehacer actual me siento mejor interpretado por la sociedades clínicas.

El camino recorrido por mí y por la Sociedad ha sido largo, pero él acompañarnos por años me ha causado grandes satisfacciones, ya que a través de ello he podido contribuir con mi grano de arena a la nutrición del país.


Dirigir la correspondencia a:
Dr. Antonio Arteaga L.
Departamento de Nutrición
Facultad de Medicina
P. Universidad Católica de Chile
Lira 40, Piso 4
Fax: 633 8298
E-mail: arteaga@med.puc.cl

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