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Revista chilena de nutrición

versión On-line ISSN 0717-7518

Rev. chil. nutr. v.31  supl.1 Santiago nov. 2004

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-75182004031100002 

 

Rev Chil Nutr Vol. 21, Suplemento N° 1, Noviembre 2004, pásg: 154-160

Artículos de actualización

EVALUACIÓN DE LA SITUACIÓN DE ACIDOS GRASOS ESENCIALES Y DERIVADOS DE CADENA LARGA EN LA DIETA DE LACTANTES MENORES DE UN AÑO EN CHILE

ASSESSMENT OF THE STATUS FOR ESSENTIAL FATTY ACIDS AND LONG-CHAIN DERIVATIVES IN THE DIET OF CHILDREN YOUNGER THAN 1 YEAR OLD FROM CHILE

 

Eduardo Galgani F.

Laboratorio de Metabolismo Energético, Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos (INTA), Universidad de Chile.

Dirección para correspondencia


Resumen

Los ácidos grasos esenciales (AGE) son precursores de ácidos grasos de muy larga cadena. Se concentran en el tejido nervioso, habiéndose sugerido que tienen un rol crítico en el desarrollo cerebral y visual. Se desconoce si la conversión de AGE a estos ácidos grasos es suficiente para sustentar una función óptima, por lo tanto es prioritario definir los requerimientos de AGE y sus derivados. Algunos autores sugieren incorporar estos ácidos grasos derivados en las fórmulas lácteas. Este artículo revisa y evalúa la ingesta aparente de ácidos grasos esenciales y derivados a partir de la fórmula láctea consumida por los lactantes beneficiarios del Programa Nacional de Alimentación Complementaria durante el primer año de vida, comparándola con las recomendaciones de lípidos recientemente propuestas. Se observó una ingesta deficitaria de ácido docosahexaenoico en lactantes alimentados con fórmulas lácteas no modificadas o sin adición de derivados de cadena larga.

Palabras claves: Acidos grasos esenciales, Acido docosahexaenoico, lactancia materna, Fórmulas lácteas.

Abstract

Essential fatty acids (EFA) are precursors for very long-chain fatty acids. The latter fatty acids are highly concentrated in neural tissue, having a critical role in the visual and brain development. It is unknowin if bioconversion of EFA is sufficient to support an optimal function. Then, to define the EFA and derivatives requirements is needed. Several authors have suggested to add these derivatives fatty acids in milk formula. This article reviews the apparent dietary intake of EFA and very long-chain fatty acids in chilean infants fed with the National Program of Complementary Feeding and its relation with the current lipid recommendations. A critical situation for docosahexaenoic acid was observed in infants fed with non-modified milk formula or modified milk formula without addition of very long-chain fatty acids.

Key words: Essential fatty acids, docosahexaenoic acid, breast feeding, milk formula.


Introducción

Los lípidos dietarios son una gran familia de compuestos de naturaleza apolar. La mayoría de ellos pueden ser sintetizados por células de mamíferos, exceptuando algunos ácidos carboxílicos específicos, conocidos como ácidos grasos esenciales (AGE). Estos son los ácidos linoleico (AL) y (-linolénico (ALN). Su importancia nutricional radica fundamentalmente en ser precursores de ácidos grasos de mayor longitud de cadena y grado de insaturación (ácido araquidónico -AA- y ácido docosahexaenoico -DHA-), los que poseen potentes efectos biológicos. De esta forma, los AL y ALN pudieran ser prescindibles en la dieta si los AA y DHA son ingeridos en cantidad suficiente (1).

Recién nacidos y lactantes requieren de estos derivados para un desarrollo óptimo de tejidos, entre ellos el cerebral (2). Aún no se ha determinado si a partir del AL y ALN se puede sintetizar los AA y DHA en una magnitud acorde para realizar una función óptima. En reuniones de Expertos se ha recomendado aportarlos como preformados en la dieta (o fórmula láctea), como una medida prudente ante la falta de información concluyente (3), más aún, al considerar que la leche humana los provee. Así, quienes sean alimentados con fórmulas lácteas sin adición de AA y DHA pueden representar un grupo de riesgo nutricional.

El objetivo de este artículo fue revisar el aporte de AA y DHA en la nutrición infantil en Chile. Se hace particular énfasis en estimar la ingesta de AL, ALN, AA y DHA en lactantes chilenos alimentados con fórmula y la comparación con la ingesta recomendada.

Metabolismo de ácidos grasos esenciales

Al metabolizarse a nivel celular el AL (18:2n-6) y ALN (18:3n-3) se oxidan a CO2 y agua o bien se convierten a otros ácidos grasos. El AL se convierte a AA (ácido eicosatetraenoico, 20:4n-6), mientras que el ALN se transforma a DHA (22:6n-3) (4). Estos derivados confieren propiedades estructurales y funcionales específicas a las membranas celulares, son sustrato para la formación de mediadores lipídicos de múltiples procesos orgánicos (inositol-fosfoglicéridos y eicosanoides), están implicados en señalización celular y en la regulación de la expresión de genes relacionados al metabolismo energético celular (5-7).

La conversión de AGE a sus derivados se produce por sucesivas elongaciones y desaturaciones de la cadena alifática. Este proceso comparte las enzimas involucradas en dicha conversión, las cuales presentan mayor afinidad por ácidos grasos n-3 respecto a los n-6 (¡Error!Marcador no definido.). El balance dietario entre el AL y ALN es un factor determinante de la tasa de formación de sus derivados. Este proceso es inhibido por sus sustratos y productos (8-10), habiéndose observado la mayor tasa de conversión con dietas con un bajo aporte de AL y DHA. Por otra parte, el mayor enriquecimiento tisular con DHA se logra cuando se entrega como tal en la dieta (11). Dado lo anterior, diversos estudios sugieren que la razón AL/ALN dietaria en dietas pobres o carentes en derivados preformados será crucial en la disponibilidad tisular de sus derivados. Esto es particularmente relevante en períodos donde las reservas del AA y DHA son formadas (final del embarazo y 1er año de vida) (3).

La eficiencia de la transformación del ALN a DHA se ha evaluado a través del ciclo vital en humanos, siendo en general inferior al 5% (4), con resultados recientes menores al 1% (13). En particular, recién nacidos de pretérmino y de término poseen una eficiencia de conversión del ALN a DHA de (1%, y de LA a AA de (3% (14, 15). Se desconoce si estos datos son aplicables a tejidos específicos como el cerebro y la retina, puesto que esta información se obtuvo de modelos plasmáticos. Por otra parte, no se ha determinado si tales tasas de conversión son suficientes para satisfacer la demanda del DHA y AA en tejidos críticos. Esto plantea el desafío de relacionar la ingesta de AGE y/o derivados con variables funcionales.

Necesidades de AGE y sus derivados en lactantes

En humanos, el AL y ALN requieren ser provistos por la dieta, dado que las células animales son incapaces de retirar hidrógenos en carbonos específicos de la cadena alifática para la formación del doble enlace (¡Error!Marcador no definido.). Cuando existe carencia del AL en la dieta, ésta se manifiesta por retardo en el crecimiento y anormalidades dermatológicas (16). La deficiencia del ALN ha sido descrita escasamente, correspondiendo el primer caso conocido a una niña que presentó anormalidades neurológicas y visuales (17).

En general, estas anormalidades parecen depender de la concentración de AA y DHA tisular, en vez de sus precursores, dado el alto contenido de DHA y AA en los tejidos involucrados (2). Por lo tanto, promover un enriquecimiento tisular óptimo (por ahora similar al obtenido con lactantes alimentados al pecho) es una medida prudente, más aún cuando se desconoce si el AL y ALN pueden ser suficientemente transformados a AA y DHA (1,3). Así, se observa que lactantes alimentados con leche humana tienen mayor concentración de DHA cerebral que lactantes alimentados con fórmula láctea sin DHA (5). De manera similar, poseen menor contenido de DHA plasmático y eritrocitario, lactantes de nodrizas vegetarianas respecto a omnívoras (6). Estos estudios, junto a otros similares indican que el DHA dietario es incorporado en mayor magnitud respecto al proveniente del ALN ante condiciones equimolares (¡Error!Marcador no definido.).

En consecuencia, se han efectuado y continúan siendo ejecutados diversos estudios, con el fin de evaluar el efecto de la razón de AGE dietarios, como también del contenido de AA y DHA dietario y/o tisular, sobre variables funcionales en lactantes. Los resultados de estos estudios no son concordantes, en parte dado la disparidad de los diseños experimentales utilizados (razón AL/ALN, inclusión de AA y/o DHA, tipo de test aplicado), criterios de selección, insuficiente poder estadístico, entre otros (1,20).

Entre las variables dependientes evaluadas en estos estudios se encuentra el crecimiento y el desarrollo neuro-visual. Sobre el primer tópico, una revisión reciente (21) concluyó que no existe evidencia para afirmar que los ácidos grasos n-3 afectan negativamente el crecimiento. Por su parte, el contenido tisular de AA mostró una asociación con el crecimiento (aunque no en todos los estudios) (¡Error!Marcador no definido.). Las conclusiones son confundidas por las razones anteriormente señalados, junto a la dificultad de aislar el efecto de un ácido graso en particular, dado que su metabolismo depende mutuamente. Más aún, pocos estudios han sido diseñados para evaluar el crecimiento de manera específica (1,21).

En cuanto al desarrollo neuro-visual, algunos estudios muestran efectos positivos, otros no detectan modificaciones y ninguno comunica efectos adversos (20). Con el fin de identificar la influencia del contenido de DHA de la fórmula láctea sobre la agudeza visual (evaluada a los 4 m de edad) se realizó un análisis de regresión (meta-regresión) a partir de estudios clínicos controlados disponibles (¡Error!Marcador no definido.). El contenido de DHA total en la fórmula láctea se obtuvo a partir del contenido de DHA preformado más la síntesis endógena, considerando tasas de conversión de 1, 5 y 10%. Este análisis mostró que la varianza en la agudeza visual es explicada entre el 41 al 58% por el contenido del DHA en la fórmula láctea (mayor influencia con el 10% de conversión).

En razón de lo anterior, existe consenso de la importancia de los AGE y/o derivados en el desarrollo infantil, sin embargo, sustentar una recomendación de ingesta que permita asegurar un desarrollo óptimo aún no está disponible. Uauy y Castillo (22) sugirieron una ingesta de AGE que cubra los requerimientos de éstos, esto significa, que el nivel de ingesta prevenga sígnos de deficiencia, lo cual no corresponde necesariamente al nivel de ingesta que asegure un óptimo desarrollo orgánico. Para AL, se recomienda una ingesta de al menos 3 a 4.5% de la energía total diaria, con un máximo de 10% para ácidos grasos poliinsaturados n-6 totales. Respecto a ALN, la ingesta mínima recomendada es de 0.5% de la energía total diaria, con un máximo de 5% para ácidos grasos poliinsaturados n-3 totales.

En términos absolutos, y considerando un aporte de 70 kcal/100 mL de leche humana (23), se estima la recomendación para el AL en 233-350 mg/100 mL y para el ALN en 39 mg/100 mL. Con relación al contenido de AL y ALN de la leche humana (24-32) (Tabla I), estas cifras corresponden a (50% del contenido de AL y son adecuados para el de ALN.


Otra recomendación de AGE, la cual será próximamente oficializada es la del Instituto de Medicina de Estados Unidos. En este caso el criterio utilizado para fijar la recomendación de AGE se basó en la ingesta observada de AL y ALN en lactantes sanos alimentados de manera exclusiva al pecho materno hasta el 6º mes de vida, agregando luego el proveniente de alimentación no láctea.

Respecto a la ingesta recomendada de AA y DHA, una reciente reunión de expertos (3) sugirió para el AA y DHA una ingesta de al menos 0.35 y 0.20% del total de ácidos grasos de la fórmula láctea, respectivamente. Esto corresponde a alrededor de 12 y 7 mg de AA y DHA por 100 mL de leche, respectivamente, asumiendo un contenido de grasa láctea de 4 g/100 mL y una proporción de ácidos grasos del total lipídico de 88% (23).

Ingesta de AGE y derivados de cadena larga en lactantes chilenos

Los estudios anteriormente comentados avalan los beneficios de la lactancia materna respecto a otro tipo de alimentación. Por lo tanto, quienes estén impedidos de recibirla, merecen la mayor preocupación por entregar una fórmula láctea que asemeje, al menos nutricionalmente, las ventajas de la leche humana. La prevalencia de lactancia materna exclusiva el año 1999 en una muestra del sector urbano del SS Metropolitano Sur, encontró que al 4º y 6º mes de vida era de 60 y 50%, respectivamente (33). Así, un número importante de lactantes pudiera tener una ingesta de AGE inferior a la recomendación, siendo crítico en los lactantes alimentados parcial o totalmente con leche de vaca convencional, como son los beneficiarios del Programa Nacional de Alimentación Complementaria (PNAC).

La relación entre el aporte de ácidos grasos de la fórmula láctea sugerida por el Ministerio de Salud (MINSAL) (34) para lactantes menores de 6 meses de vida y la ingesta recomendada de ácidos grasos se presenta en la Tabla II. El contenido de ácidos grasos de la leche Purita fortificada con minerales del PNAC se estimó a partir del estudio de Milad (¡Error!Marcador no definido.). Dado que la fórmula láctea incluye aceite vegetal al 1.5%, en el cálculo se consideró aceite de maravilla (según la norma del MINSAL) o aceite de soya. Este último es una mejor opción, dado que posee una composición de ácidos grasos más equilibrada, tiene alta disponibilidad y menor precio. La composición de ácidos grasos de los aceites vegetales se obtuvo a partir de datos nacionales (¡Error!Marcador no definido.). En la estimación de la disponibilidad del AA y DHA, se consideró lo proveniente de la bioconversión del AL y ALN, para lo cual se utilizó un valor de 5% (20).


De esta comparación se obtiene que la mejor adecuación a la ingesta recomendada de ambos AGE se consigue usando aceite de soya (>100%), en lugar de maravilla, en que sólo la ingesta recomendada de LA es cubierta.

Respecto al AA y DHA, sólo para el AA es cubierta la ingesta recomendada, cualquiera sea la fórmula láctea empleada. Mientras que para el DHA, una adecuación cercana al 90% es lograda al usar aceite de soya y de 16% al utilizar aceite de maravilla. Por lo tanto, independiente de los supuestos asumidos en el cálculo, la elección del aceite de soya para la formulación láctea representa una mejor alternativa. Es necesario enfatizar que la ingesta estimada de AA y DHA consideró una tasa de bioconversión de 5% a partir de AL y ALN, respectivamente, lo cual pudiera de algún modo ser un valor optimista de acuerdo a la información disponible (12-15). De este modo, pudiera ser previsible una situación aún más crítica.

Respecto a la situación a observar en un lactante >6 meses, el aporte de AGE y sus derivados a partir de la fórmula es pobre dado que no incluye aceite vegetal, según la norma del MINSAL. Los AGE y sus derivados debieran provenir del aceite vegetal agregado a la alimentación no láctea, junto con el consumo de alimentos como yema de huevo, pescado, hígado y sesos. Dado que el consumo de éstos últimos se evita antes del primer año (por riesgo de alergia o infección) es probable que el consumo de AA y DHA sea muy bajo a esta edad.

El análisis anterior ha contemplado sólo el uso de fórmulas lácteas no modificadas, lo cual puede ser una situación usual para los beneficiarios del Servicio Nacional de Salud. Fórmulas lácteas modificadas son la mejor opción cuando la lactancia materna no es posible. En la Figura 1 se compara el contenido de AA y DHA preformado (a partir de la información del fabricante) y derivado por síntesis endógena (equivalentes de AA o DHA) de algunas fórmulas lácteas comerciales disponibles en Chile con su ingesta recomendada (3). Se distingue que las fórmulas lácteas con adición de AA y DHA poseen un contenido superior al mínimo recomendado, el cual se magnifica aún más al considerar la conversión a partir de AGE (5% de bioconversión estimada). Respecto a las fórmulas sin adición de derivados de cadena larga, la ingesta mínima recomendada sólo se alcanza para el AA cuando se considera su derivación a partir del AL. Mientras, el contenido de DHA se mantiene bajo el mínimo recomendado, incluso al considerar un 5% de bioconversión.


Figura 1.

Disponibilidad de ácido araquidónico y docosahexaenoico en fórmulas lácteas en Chile.

 
 
El contenido de AA y DHA preformado según la información del fabricante. Los equivalentes de AA y DHA corresponden al AA o DHA preformado + AA o DHA derivado de síntesis endógena, considerando una tasa de bioconversión de 5% a partir de ácido linoleico o (-linolénico, respectivamente. La recomendación de AA y DHA deriva de un Comité de Expertos3, el cual sugiere un contenido de AA y DHA de al menos un 0.35 y 0.2% del total de ácidos grasos de la fórmula láctea, equivalente a 12 y 7 mg/dL de AA y DHA, respectivamente.

Finalmente, la composición lipídica de la leche Purita del PNAC no ha sido un tema ajeno a la discusión. Próximamente se introducirán modificaciones al contenido y calidad de la grasa de la leche destinada a niños entre 18-60 meses (Leche Purita extracalcio), correspondiendo a una leche semidescremada (18% MG), con un límite máximo para ácidos grasos saturados + trans y mayor aporte de ALN (400 mg/100 g de producto en polvo).

Ciertamente, en razón de lo indicado anteriormente, un ajuste de la fórmula láctea en el perfil de ácidos grasos para el resto de la población infantil requiere ser considerado.

Conclusión y recomendaciones

La relevancia nutricional de los lípidos, no está sólo circunscrita a los AGE (LA y ALN) sino mas bien a sus derivados (AA y DHA). Determinar su esencialidad en períodos críticos de crecimiento, para luego identificar la magnitud en la cual deben ser consumidos (como preformados o a partir de AGE) y su asociación con variables funcionales es prioritario para promover un crecimiento y desarrollo infantil óptimo. Se reconoce que la lactancia materna es la mejor alternativa nutricional durante el primer año de vida, por lo que la primera acción para asegurar un suministro óptimo de AA y DHA es la promoción de esta práctica, junto con el consumo de alimentos marinos por la nodriza. De no ser posible, fórmulas lácteas que asemejen la composición lipídica y nutricional de la leche materna es altamente recomendable. En quienes el acceso a este tipo de producto sea limitado, probablemente para un grupo importante de población, la inclusión de aceite de soya contribuirá, aunque aún de manera insuficiente, al mejoramiento del perfil de ácidos grasos dietarios del lactante.

 

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Dirigir la correspondencia a:

Señor
Eduardo Galgani F.
Macul 5540 - Macul
Teléfono: 293 1268
Fax: 2214030
E-mail: jgalgani@inta.cl

Este trabajo fué recibido el 13 de Agosto de 2004 y aceptado para ser publicado el 4 de Octubre de 2004.

 

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