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Revista chilena de nutrición

versión On-line ISSN 0717-7518

Rev. chil. nutr. vol.46 no.6 Santiago dic. 2019

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-75182019000600727 

Artículo Original

Creencias alimentarias en estudiantes universitarios mexicanos: Una aproximación cualitativa

Eating beliefs among Mexican university students: a qualitative approach

Julieta Sánchez1  3  * 

Alma Martínez2 

Gabriela Nazar3 

Constanza Mosso1 

Leslie del-Muro2 

1Departamento de Nutrición y Dietética, Facultad de Farmacia, Universidad de Concepción, Concepción, Chile.

2Centro de Investigaciones en Comportamiento Alimentario y Nutrición, CUSur, Universidad de Guadalajara, Ciudad Guzmán, México.

3Departamento de Psicología, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Concepción, Concepción, Chile.

RESUMEN

Objetivo:

Identificar las creencias conductuales, normativas y de control que subyacen a la alimentación saludable en estudiantes de la Universidad de Guadalajara, México.

Método:

Estudio cualitativo y exploratorio, basado en la Teoría del Comportamiento Planeado realizado a partir de 3 grupos focales (n= 25). La información se analizó con la técnica Análisis Temático a partir de tres categorías definidas a priori: creencias conductuales, normativas y de control.

Resultados:

Los universitarios creen que alimentarse de manera saludable beneficia la salud física y mental, dentro de las desventajas de este tipo de alimentación se encuentra que la compra y preparación de alimentos saludables es más costosa y les toma mucho más tiempo que alimentarse en base a comida rápida. Paralelamente, declaran que implementar una alimentación saludable sería más sencillo si vivieran en familia y sus madres se hicieran cargo (creencias de control). Con respecto a las creencias normativas, señalaron que sus figuras parentales serían más felices si los participantes se alimentaran sanamente, pero que en lo concreto, no sienten ninguna presión social por alimentarse adecuadamente.

Conclusión:

Las características poco saludables de la conducta alimentaria de los universitarios, está condicionada por las creencias que subyacen a ella. Al profundizar en estas creencias se puede comprender la perspectiva del estudiante frente a su alimentación, siendo esta información clave y contextualizada para diseñar intervenciones efectivas en las universidades.

Palabras clave: Conducta Alimentaria; Creencias Alimentarias; Teoría del Comportamiento Planeado; Universitarios y Alimentación Saludable

ABSTRACT

The aim of this study was to inquire into the behavioral beliefs, normative beliefs and control beliefs underlying the healthy eating in students of the Guadalajara University, México.

Methods:

Qualitative and exploratory study based on Ajzen's Theory of Planned Behavior, 3 focus group interviews were carried out (n:25). The information was analyzed using the Thematic Analysis method from three previously defined categories: behavioral beliefs, normative beliefs and control beliefs.

Results:

University students considered healthy eating to be beneficial for physical and mental health, they also believed that healthy food purchases and preparation were expensive and time consuming (behavioral beliefs). In parallel, they informed that implementing a healthy diet would be easier if their mothers helped them and if they lived in a family (control beliefs). Regarding normative beliefs, they stated that their parental figures would be happy if the participants made changes in their diet but they did not feel any particular social pressure to eat healthier.

Conclusions:

The eating behavior of the university students is conditioned by the beliefs that underlie the eating decision making process. By understanding student eating beliefs, we can obtained key and contextualized information to design effective interventions in the university.

Keywords: Eating Behavior; Food Beliefs; Healthy Eating; Theory of Planned Behavior; University Students

INTRODUCCIÓN

Estudiar la alimentación y la dieta de las personas es complejo, debido a los diferentes aspectos culturales, geográficos, económicos, biológicos, nutricionales y psicológicos que inciden en ello1. La última Encuesta Nacional de Salud y Nutrición realizada en México, aborda el estudio del consumo de alimentos y sus consecuencias en la salud, señalando que el 42.6% de los hombres mayores de 20 años presentan sobrepeso y el 26.8%, obesidad, mientras que las mujeres mayores de 20 años presentan un sobrepeso del 35.5% y un 37.5% en obesidad. Estas cifras demuestran que siete de cada diez adultos mexicanos presentan un exceso en el peso corporal2,3. Lo anterior se explica en gran medida por el comportamiento alimentario de los mexicanos, el cual ha sido ampliamente estudiado desde el punto de vista cuantitativo, existiendo gran detalle de los patrones alimentarios de esta población4,5,6,7,8.

Al referirnos al comportamiento alimentario se entiende que es todo aquello que hace un organismo para alimentarse, desde buscar comida, prepararla, almacenarla, seleccionar el tipo o el tamaño de la porción, socializar mientras se come, excretar la comida, etc., siendo un fenómeno integrado por conductas particulares que se relacionan entre sí como: la producción, el procesamiento, la conservación y el consumo de alimentos9.

Dado que el foco de este estudio es identificar factores psicológicos, específicamente las creencias alimentarias que podrían influir en el comportamiento alimentario de estudiantes universitarios mexicanos, es importante caracterizar la composición de su dieta en términos de consumo de alimentos y hábitos. Diversos estudios describen la alimentación de los universitarios como una alimentación baja en frutas, verduras, lácteos y carnes, siendo también alta en azucares y alcohol; igualmente, se describen alteraciones en los hábitos alimentarios como saltarse los tiempos de comida, principalmente el desayuno4,5,6,7,8.

Los hallazgos de estas investigaciones son una clara evidencia de que la ingesta de alimentos en los estudiantes mexicanos dista de ser una alimentación saludable o equilibrada. La mayoría de los estudios pretende relacionar la alimentación con factores biológicos como el estado nutricional y las enfermedades crónicas no transmisibles; otras áreas abordan aspectos sociales como la cultura, el mercado y la disponibilidad de alimentos4,5,6,7,8. Sin embargo, los factores psicológicos implicados en la ingesta alimentaria tales como autoeficacia, percepción de control alimentario, estilos de ingesta y las creencias acerca de los alimentos y patrones alimentarios son una temática reciente y poco explorada. En este trabajo se pretende estudiar las creencias alimentarias de estudiantes universitarios bajo una perspectiva cualitativa, definiendo las creencias como proposiciones que las personas consideran verdaderas y que influenciarían sus comportamientos10. La relevancia de abordar este fenómeno desde el paradigma cualitativo, es principalmente epistemológica, dado que modifica la forma en que se obtiene el conocimiento respecto a la alimentación de los sujetos, que ha sido históricamente estudiado de manera cuantitativa y a través de la perspectiva del investigador. En este caso la atención se centra en comprender la perspectiva de las personas respecto a su forma de alimentarse, lo que vendría a complementar las justificaciones médicas, salubristas o económicas que tradicionalmente se utilizan para explicar la alimentación de las personas11.

Un marco teórico útil para entender la relación entre las creencias y el cambio conductual, es el propuesto por la Teoría del Comportamiento Planeado (TCP) de Ajzen12,13,14,15, cuyo planteamiento propone que se puede predecir y explicar el cambio de conductas a partir de la identificación de creencias conductuales, de control y normativas, que incidirían directamente en la intención de realizar la conducta y finalmente en la conducta desplegada (Figura 1).

Figura 1 Modelo Teoría del Comportamiento Planeado, Ajzen. 

Los tres tipos de creencias planteados en la teoría y su aplicación a la alimentación corresponden a: a) creencias conductuales, descritas como las consecuencias positivas o negativas de implementar una alimentación saludable y el juicio que hace el estudiante respecto de cuán positivo o negativo es para él o ella esta consecuencia, b) creencias de control, que corresponden a los factores que facilitan o dificultan la implementación de una conducta de alimentación saludable y c) creencias normativas, entendidas como la percepción a cerca de la presión social o la norma subyacente a los cambios en la alimentación. En conjunto estas creencias influirían indirectamente en la conducta alimentaria a través de la intención conductual, definida como la probabilidad que una persona intente realizar su evaluación en base a los determinantes anteriores12,13,16. Finalmente, la intención es el predictor más directo de la conducta alimentaria, pero está fuertemente determinado por las creencias alimentarias de las personas. Este modelo cognitivo sugiere incorporar técnicas cualitativas de elicitación de estas creencias para conocer en profundidad el punto de vista de las personas respecto a cómo ellas explican su propia conducta de alimentación y también para identificar factores personales y del contexto que los podrían ayudar a tener un cambio positivo en este sentido16,17,18,19.

Dado que la alimentación de los universitarios mexicanos ha sido descrita como poco saludable y la importancia de comprender los procesos cognitivos asociados a la conducta observable, es que se plantea en este estudio comprender las creencias alimentarias que subyacen al comportamiento alimentario poco saludable en universitarios. Es un hecho que los estudiantes universitarios mexicanos requieren herramientas y colaboración para lograr un cambio de alimentación, de lo contrario no se podrá revertir el hecho de que México sea el país con mayor prevalencia de malnutrición por exceso (72,3%), en población adulta en el mundo, después de Estados Unidos20. Este estudio permitirá comprender en profundidad los factores que, desde la perspectivas de los estudiantes, inciden en la toma de decisiones con respecto a su alimentación y también aportará antecedentes para intervenciones efectivas, contextualizadas e innovadoras, que consideren las creencias como base del proceso piscoeducativo para el cambio conductual en alimentación21,22,23.

MATERIAL Y MÉTODOS

La investigación se llevó a cabo con estudiantes del Centro Universitario del Sur (CUSur) de la Universidad de Guadalajara, México. La muestra fue intencionada24, específicamente una muestra por conveniencia25 y estuvo conformada por 25 universitarios de pregrado, 13 hombres y 12 mujeres, con edades comprendidas entre 18 y 30 años, pertenecientes a carreras del área salud (Enfermería y Psicología) y otras áreas (Medicina Veterinaria, Ingeniería, Derecho y Turismo Sustentable). Los criterios de inclusión fueron, a) ser estudiante de pregrado de carreras de salud y otras áreas del CUSur de la Universidad de Guadalajara, b) tener nacionalidad mexicana. Como criterio de exclusión se estableció el pertenecer a la carrera de Nutrición por la influencia de esta disciplina en el objetivo de estudio.

Una vez aprobada esta investigación por el Comité de Ética de la Junta Académica del programa de Doctorado en Ciencias del Comportamiento con Orientación en Alimentación y Nutrición del CUSur, perteneciente a la Universidad de Guadalajara, se procedió a contactar a los estudiantes mediante una carta de invitación a participar en el estudio y que explicaba en detalle los objetivos, riesgos y alcances de la investigación.

En la recolección de información se utilizó la técnica del Grupo Focal descrita como discusiones semiestructuradas con grupos de 8-12 personas, teniendo como objetivo la exploración de un conjunto de temas específicos26. Se conformaron 3 grupos procurando la máxima homogeneidad interna en cuanto a áreas de estudio. El primer grupo estuvo compuesto por 9 universitarios de sexo masculino pertenecientes a las carreras de Medicina Veterinaria e Ingeniería en Geofísica, el segundo por 3 hombres y 4 mujeres pertenecientes a las carreras de Derecho y Turismo y el tercer grupo por 8 estudiantes de las carreras de Enfermería y Psicología de sexo femenino.

Se utilizó una pauta de entrevista semi-estructurada con 8 preguntas que abordaron los siguientes tópicos: a) preguntas introductorias generales de alimentación saludable, b) creencias conductuales c) creencias normativas y d) creencias de control. A continuación, se presentan ejemplos de preguntas utilizadas para elicitar cada tipo de creencia (Tabla 1).

Tabla 1 Ejemplo de preguntas de pauta semi-estructurada. 

Creencias conductuales ¿Cuáles son las consecuencias (identificar las positivas y negativas) de alimentarse de manera saludable?
¿Qué aspectos influyen en la alimentación de los universitarios?
Creencias de control ¿Qué facilita/ Qué dificulta la adquisición de una alimentación saludable (Identificar aspectos contextuales y personales)?
Creencias normativas ¿Para quién sería importante que tuvieras una alimentación saludable y por qué?
¿A quién o quienes necesitarías tú para tener una alimentación saludable?

Las entrevistas grupales se realizaron en dependencias de la Universidad de Guadalajara, durante los meses de febrero y marzo de 2017, fueron conducidas por dos investigadores y fueron grabadas y transcritas en su totalidad. La técnica utilizada para el análisis de la información fue el Análisis Temático de Braun y Clarke, entendido como un método para identificar, analizar y reportar patrones o “temas” dentro de los datos. A través del análisis temático se describe en detalle un fenómeno y también se pueden realizar interpretaciones acerca del objeto de estudio27. En esta investigación se tomaron como categorías establecidas a priori, las creencias de control, conductuales y normativas (propuestas por la TCP)12, por lo tanto, en el desarrollo de los grupos focales se buscó a través de la pauta semi-estructurada obtener la mayor información posible en torno a estos tres temas.

Posteriormente y de manera inductiva se siguió el método propuesto por Braun y Clarke donde se generaron códigos, se identificaron y revisaron los temas, se nominaron y se definieron, para luego ser organizados en una estructura con sentido27.

RESULTADOS

Una vez analizada la información de los grupos focales, se obtuvo una malla temática a partir de los tres tipos de creencias determinado a priori desde la TCP la cual se encuentra esquematizada en la tabla 2.

Tabla 2 Síntesis de creencias alimentarias. 

Creencias conductuales Consecuencias positivas:
  • Bienestar físico y mental

  • Más energía

  • Mejor estado nutricional

  • Prevención de enfermedades

Consecuencias negativas:
  • Pérdida de tiempo

  • Mayor gasto de dinero

  • Falta de saciedad

Creencias de control Factores del contexto:
  • Escasez de tiempo

  • Economía restringida

  • No vivir con la madre

Factores personales:
  • Falta de disposición, iniciativa y voluntad

  • Falta de hábitos alimentarios adecuados desde la niñez

Creencias normativas
  • Apoyo de la madre y otras figuras parentales

  • Apoyo de los compañeros de habitación

  • Otros referentes en alimentación externos (actores, deportistas, entre otros)

Los resultados en torno al primer grupo de creencias abordadas, creencias conductuales, fueron organizados en dos dimensiones: consecuencias de la alimentación saludable y juicio respecto a esas consecuencias. En relación a las consecuencias positivas de alimentarse de forma saludable, los participantes reconocieron dos tipos: a) bienestar físico y b) bienestar mental o emocional. Asociados al bienestar físico, mencionaron que una alimentación saludable contribuye a tener buena salud, más energía, mejor estado nutricional y físico en general, así como al buen funcionamiento de los órganos y la prevención de enfermedades crónicas no transmisibles. En cuanto al rol de la alimentación saludable en el bienestar emocional o mental, los universitarios señalaron que les permitía sentirse mejor, más realizados, con mejor autoestima y que su rendimiento o desempeño académico sería mejor.

…. “Te vas a sentir hasta bien mentalmente, sentir bien como…. no sé…. realizada”

Así mismo los estudiantes reportaron creencias conductuales negativas, entendidas como consecuencias negativas de alimentarse saludablemente, donde refirieron aspectos económicos, suponiendo que la alimentación saludable es más costosa, y problemas en el ámbito emocional derivados del malhumor generado por el hambre o la falta de saciedad. También señalaron que esto último podría incluso afectar las relaciones con los pares.

“…. También puede ser como en al ámbito social, como que si traes hambre no andas de buenas con las personas,…… nada te hablan y como que … ¡no me hables!…”

Además apareció la idea de que no comer de acuerdo a sus “antojos” o gustos tiene una connotación negativa para ellos, ya que ellos valoraron el poder elegir libremente lo que comen.

Con respecto al segundo grupo de creencias elicitadas, creencias de control, los estudiantes reconocieron la influencia tanto de factores del contexto como factores personales. Con respecto a los primeros, refirieron no tener tiempo para comprar, seleccionar, preparar y cocinar alimentos sanos, lo que les impide alimentarse bien, particularmente para aquellos que estudian fuera de su ciudad de origen. Además, indicaron que tener un presupuesto restringido y tener que priorizar el gasto del dinero en otros aspectos como transporte, artículos para el hogar y gastos derivados del estudio, influiría de manera negativa en su estilo de alimentación.

“…Yo que soy foráneo, me dan solamente cierta cantidad de dinero para mantenerme toda la semana, entonces, tengo que tomar en cuenta lo que me haga falta en la casa sobre productos de limpieza y otro tipo de cosas; aquí en la escuela que tengo que pagar los libros, documentos, papel…”

Paralelamente, se indicó la ausencia de una figura materna en el hogar como un factor contextual negativo a la hora de intentar comer más sano y equilibrado, ya que si la madre estuviera presente se encargaría de la elaboración de preparaciones saludables y de tenerlas disponibles para ellos.

Otros factores contextuales que facilitarían tener una alimentación saludable fueron: tener más tiempo libre, tener horarios de clases distribuidos de mejor manera, tener acceso a lugares cercanos con oferta de comida saludable (supermercados y ferias) y vivir permanentemente con sus familias.

Al explorar los aspectos personales que propiciarían una alimentación saludable emergieron componentes como tener disposición, iniciativa, voluntad y proponérselo como una meta u objetivo de vida. Así mismo se consideró facilitador el hecho de tener hábitos alimentarios saludables desde la infancia o inculcados en la familia.

“ yo pienso que (para tener una alimentación más sana) hay que tener más disposición,…y yo pienso que también está en nosotros…..”

Aquellos elementos individuales que dificultarían la implementación de una alimentación sana, aludieron a “tener flojera”, sentir cansancio, preferir comer cosas ya conocidas, comer exclusivamente basándose en el gusto y “antojo” del momento.

Respecto a las creencias normativas, los jóvenes indicaron que existen personas de su entorno próximo, principalmente figuras maternas y paternas, que se “alegrarían” si ellos comieran sanamente, aún cuando no ejercen una verdadera presión social sobre sus decisiones de alimentación. Paralelamente, los estudiantes señalaron que la implementación de una alimentación saludable se apoyaría en gran medida en el rol materno y en aquellos con los que conviven día a día, incluyendo a sus compañeros de habitación (roomings).

“…Yo creo que también influyen las amistades no? … porque o sea…. si tú a lo mejor tienes toda la disposición, todas las ganas de que ahhh…me voy a comer una ensalada….pero llega tu amiga con unas papas (fritas)… pues se te antoja y ya pues….ya quiero papas…..”

Finalmente se identificaron algunos referentes normativos de alimentación saludable como deportistas (principalmente los de alto rendimiento), actores, algunos profesores de la universidad y algunos compañeros en particular, quienes ejercerían el rol de referentes en alimentación saludable. Los profesionales de la salud como nutricionistas u otros, no aparecieron como referentes normativos.

DISCUSIÓN

El objetivo de la investigación fue identificar las creencias conductuales, normativas y de control sobre la alimentación en universitarios mexicanos con la intención de aportar en la comprensión del comportamiento alimentario de este grupo desde una mirada cualitativa. A partir de la propuesta teórica de Ajzen y los múltiples estudios basados en modelos predictivos que la sustentan, se ha demostrado que las creencias subyacen a los predictores psicológicos (Norma Subjetiva, Actitud y Control Percibido) de la conducta alimentaria e influyen de forma importante en la conducta alimentaria final15,28,29,30,31,32. A pesar de que el principal supuesto de esta teoría propone que las creencias sobre la alimentación son fundamentales para conocer los predictores psicológicos de la conducta alimentaria y la propia conducta de alimentación, no existirían, hasta nuestro conocimiento, estudios en México que permitan relacionar creencias alimentarias de los universitarios con su comportamiento alimentario, desde una perspectiva cualitativa y centrada en el estudiante.

Al analizar los resultados obtenido de la elicitación de las creencias alimentarias, se pudo observar que entre las creencias conductuales los participantes señalaron que alimentarse de manera saludable podría aumentar el bienestar físico y mental, la salud, el funcionamiento de los órganos, el rendimiento académico y la autoestima. Por tanto, aspectos físicos y emocionales son considerados al momento de evaluar una conducta global de alimentación. En Chile, un estudio de creencias en alimentación saludable específicamente en el consumo de alimentos funcionales, determinó que los productos saludables ofrecen mayor cantidad de nutrientes (vitaminas y fibra) que se traducen en una mejor calidad de la dieta, además se identificó que los participantes atribuyen a la alimentación saludable un aporte en términos de la mantención de la figura corporal33. Esto se condice con lo reportado en otros estudios cualitativos, siendo el caso de un estudio en mujeres afroamericanas que señalaron que una alimentación saludable (aumentar el consumo de verduras) mejoraría su salud y la digestión, entregaría vitaminas y minerales y les ayudaría perder peso19. Así mismo, dos estudios realizados en jóvenes estadounidenses reportaron que una alimentación saludable podría mejor la salud, prevenir problemas de salud, mejor el estado corporal, proveer energía, ayudar a mantenerse en alerta y con mayor energía para sus actividades académicas16,17. Todos estos aspectos se condicen con los hallazgos de esta investigación en relación a las consecuencias positivas de una dieta sana. Por último, en un estudio holandés cuyo objetivo fue la búsqueda de la alimentación saludable a través del consumo de comida orgánica, se observó que al adoptar este estilo de alimentación, ellos se sentirían conectados con la naturaleza, aumentarían la conciencia y cultura en relación a la producción de alimentos, lo que inspiraría la práctica de alimentación sustentable. Estos últimos aspectos no fueron reportados en los estudiantes mexicanos34.

Otra creencia conductual relacionada con factores contextuales que dificultarían llevar a cabo una alimentación sana observada en nuestro estudio, fue la escasez de tiempo disponible para preparar alimentos saludables, dada por la carga y horarios académicos y las restricciones económicas propias de la etapa universitaria. En conjunto, estos aspectos fueron señalados por los participantes como aquellos que dificultarían poder adquirir, preparar o esperar por platos de comida saludable. Lo anterior está acorde a lo que indican otros estudios, es el caso del estudio antes mencionado de mujeres afroamericanas, que también señalaron como desventajas el tiempo y costo de las preparaciones saludables y la dificultad de acceder a negocios con este tipo de alimentos. También reportaron problemas gastrointestinales específicamente meteorismo asociado al alto consumo de fibra lo que no fue señalado en esta investigación19. Sin embargo, el estudio chileno refiere aspectos sensoriales de la alimentación, como un cambio de sabor, sería una barrera para la implementación de una alimentación saludable33, lo que se condice con los resultados de nuestro estudio que señala que comer por gusto y a su libre antojo es importante en las decisiones de selección e ingesta alimentaria. Lo anterior, destaca que la creencia de que el tiempo disponible para la elaboración y preparación de alimentos saludables es muy relevante y se da en diversos contextos socioculturales.

Cuando se exploran las creencias de control en torno a la alimentación saludable, se identifican dos dimensiones: los aspectos contextuales y los aspectos individuales. Dentro de los primeros, los estudiantes universitarios mexicanos declararon que vivir en familia y/o con la madre, facilita el hecho de tener una alimentación saludable, ya que en este caso dejarían de ser ellos los encargados de preparar la alimentación lo que hace más expedito y directo el acceso a ella. Esto concuerda con otros estudios en distintos contextos culturales35,36 y Chile37 que asignaría un rol central a las madres y a la familia en proporcionar alimentación saludable no solo en la niñez sino que también durante la vida escolar y universitaria. Específicamente, en una investigación con padres y madres peruanos, plantea que para niños y jóvenes el hábito de comer en familia tiene una relevancia como espacio de aprendizaje y socialización de normas relacionada con la alimentación y que esta práctica facilita la implementación de un conducta de alimentación adecuada a lo largo de la vida38. En esta misma línea jóvenes holandeses reportan que las experiencias pasadas de la infancia relacionadas con la alimentación, influyen sustancialmente en las prácticas alimentarias futuras, incluso generando emociones particulares en el acto de comer, así mismo destacan que la memoria vinculada a la alimentación tiene un rol formativo en las prácticas alimentarias actuales34. Lo anterior confirma la relación entre el contexto familiar pasado y actual en la práctica de una alimentación balanceada. Es importante reflexionar sobre este punto que si bien la vida universitaria presupone para los jóvenes hacerse cargo por primera vez de variadas conductas tales como vida sexual, hábito tabáquico y éxito académico, ellos adjudiquen un rol central a la madre con respecto a las decisiones de selección, compra e ingesta de alimentos.

Desde el punto de vista de las creencias de control individuales los universitarios reconocen la importancia de algunos rasgos personales como tener voluntad, disposición e iniciativa. Esto último es compartido por otros estudios donde se señala que la autodeterminación para alimentarse de forma saludable está asociada a la idea de que las necesidades humanas no son solo satisfechas de forma material, sino como parte de un estilo de vida diferente y que esta actitud condiciona un cambio en la forma de alimentarse34. En este mismo sentido adultos peruanos señalaron que la falta de conocimientos nutricionales impide la implementación de patrones alimentarios saludables, realzando la importancia de la familia como ente de transmisión de conocimientos en alimentación, nutrición y técnicas culinarias38.

Con respecto a las creencias normativas, en el ámbito familiar, los estudiantes mexicanos indican que serían las figuras parentales (madre, padre y abuelos) aquellos a quienes más les agradaría si ellos se alimentaran de forma saludable. Esto mismo fue reportado por el estudio realizado en jóvenes estadounidenses, donde se detalla en orden de importancia en las prácticas alimentarias cotidianas estas figuras parentales, padres, madre, padre, abuela y abuelo16. También se señala en el estudio de jóvenes holandeses que la elaboración y consumo de alimentos en compañía de familia y amigos, les reporta tranquilidad, bienestar y felicidad34. Sin embargo, en nuestro estudio los universitarios no les atribuyen ninguna responsabilidad formal a las figuras parentales en esta etapa de la vida, ni sienten ninguna presión por parte de ellos para alimentarse adecuadamente. Esto se contrapone con un estudio realizado en adolescentes entre 12 a 15 años, para quienes la reacción de los padres con respecto a la alimentación se considera crítica al momento en la selección e ingesta de alimentos saludables18. Estas discrepancias podrían estar dadas por el estadio en el ciclo vital ya que justamente la diferencia entre los universitarios y los adolescentes es la independencia en la toma de decisiones en todos los ámbitos de su vida.

En el espectro de amistades y referentes externos a la familia, los participantes de este estudio señalaron que el apoyo de los “roomings” sería vital para potenciar las elecciones de alimentación saludable lo que coincide con lo encontrado en otros estudios donde la norma social dada por los pares cobra cierta relevancia en esta etapa de la vida16,39.

Finalmente y con respecto al rol de los profesionales de la salud y/o profesores universitarios en la implementación de una conducta de alimentación saludable, estos hallazgos no coinciden con los estudios revisados. En el caso de un estudio realizado en adultos y jóvenes estadounidenses se mencionaron como figuras normativas a amigos, vecinos, compañeros de trabajo, profesores y profesionales de la salud17. Por lo tanto se podría inferir que no es un hecho que los profesionales de la salud sean una referencia normativa explícita para los universitarios, cuando debería serlo dada su experticia y rol para con en la sociedad.

Considerando los puntos anteriores en el ámbito normativo, se puede señalar que si bien tanto el entorno más cercano como el contexto general de las personas compartirían relevancia al momento de hacer elecciones alimentarias más saludables, existen diferencias entre los diversos actores sociales que rodean a los estudiantes universitarios. Luego, identificar las redes de apoyo y referencia de manera particular en cada situación es de vital importancia, tanto como para incluir esta información como para hacerlos parte de las intervenciones conductuales en alimentación como para trabajar las creencias a cerca de influencia de la norma social en las decisiones que tienen que ver la alimentación.

De acuerdo a diversos estudio empíricos y de intervención para modificar la conducta alimentaria basándose en la TCP, seria critica la etapa de elicitación de creencias y las técnicas utilizadas para ello, ya que esto garantizaría obtener información fidedigna que sea útil en la planificación de las intervenciones futuras para lograr el cambio coductual17,18,21,23,40.

Con respecto a las limitaciones de este estudio, se puede indicar que se podría cautelar la participación de una muestra de variación máxima, es decir, que otras características de los universitarios, además de sexo y edad, estuvieran representadas en el estudio (lugar de residencia, con quiénes viven, subsidio a la alimentación, otros estados, entre otros). Y por último agregar otra técnica de recolección de información complementaria a los grupos focales tales como entrevistas semiestructuradas o en profundidad para triangular la información obtenida.

Como proyección de la investigación sería muy interesante contrastarlo con las creencias relacionadas con alimentación saludable de estudiantes de diferentes países a fin de identificar la existencia de coincidencias o diferencias dadas por aspectos geográficos, culturales o sociales, a fin de enriquecer el cuerpo empírico de la TCP. Finalmente, proponer que estos hallazgos pudieran ser incorporados en programas piscoeducativos contextualizados y que sirvieran como herramientas para ayudar a mejorar las conductas alimentarias de los universitarios mexicanos mediante la modificación de las creencias alimentarias que subyacen a su conducta y desde la mirada de los actores sociales y su contexto, más que desde el punto vista de la autoridades universitarias y de salud.

CONCLUSIONES

Se identificaron las creencias conductuales, de control y normativas de estudiantes universitarios de pregrado del CusSur de Universidad de Guadalajara mediante la realización de grupos focales. Con respecto a las creencias conductuales aparece reiteradamente la idea de que una alimentación saludable favorece el estado de salud físico y emocional, rendimiento académico y autoestima. Sin embargo, como consecuencias negativas de alimentarse de forma sana se determinó que los estudiantes creían que pasarían hambre, se alteraría su estado de ánimo y se vería afectado su presupuesto semanal. En las creencias de control se destacan como factores que favorecerían alimentarse de mejor forma: el vivir con su familia y/o madre, tener más tiempo o mejores horarios para preparar y acceder a alimentos saludables y sentir apoyo de las personas con quienes viven. Aspectos que dificultarían la implementación de una alimentación saludable serían la escasez de tiempo para preparar sus alimentos, quedar con hambre o enfermarse por alimentarse de manera sana, tener cansancio de cocinar y la ausencia de la madre en el hogar. Con respecto a las creencias normativas se identifica con fuerza el rol y la responsabilidad de la figura materna en la alimentación de los estudiantes y en segundo lugar con las personas que viven. La conducta alimentaria de los universitarios está condicionada por las creencias que subyacen a la toma de decisión en alimentación, al profundizar en estas se obtiene información clave y contextualizada para diseñar intervenciones efectivas.

Agradecimientos

Al Centro de investigaciones en Comportamiento Alimentario y Nutrición y (CICAN) del Centro Universitario del Sur de la Universidad de Guadalajara, México, a la Comisión Nacional de Ciencia y Tecnología de Chile, al Departamento de Nutrición y Dietética de la Universidad de Concepción.

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Recibido: 06 de Septiembre de 2018; Revisado: 25 de Febrero de 2019; Aprobado: 06 de Agosto de 2019

*Dirigir correspondencia a: Julieta Sánchez Bizama. Departamento de Nutrición y Dietética, Facultad de Farmacia, Universidad de Concepción. Dirección: Orompello165, Concepción. Chile. Teléfono: 56(41) 2204544. E-mail: julisanchez@udec.cl

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